Somos anarquistas. Un alegato contra la indefinición política.

 

Hablando con algunos compañeros del movimiento libertario y poniendo en común las ideas y las prácticas que rigen nuestra militancia, ha surgido en más de una ocasión el cuestionamiento de la necesidad de definirnos como anarquistas, aunque todos lo seamos y nos entendamos como tal. Es importante partir de la base de que el anarquismo es un movimiento muy amplio que engloba distintas corrientes, aunque algunos discursos y críticas interesadas pretendan hacer un solo monstruo indiferenciado. Estas corrientes dentro del espectro ácrata parten de presupuestos teóricos, análisis y propuestas estratégicas concretas y diferenciadas, que sitúan a los anarquistas que se ubican en cada una de estas “líneas” en posiciones separadas. Aunque hay acuerdos amplios en cuanto a los principios y valores, y también en torno a los objetivos emancipadores, las lecturas y apuestas de cada corriente hacen que no podamos hablar de un solo anarquismo.

La duda sobre si es necesario o contraproducente que un colectivo se defina abiertamente como anarquista tiene que abordarse desde un análisis estratégico y no identitario. En otras palabras, hacer público un posicionamiento y una adscripción a una corriente determinada es una cuestión táctica que responde a unos análisis y objetivos concretos dentro de una estrategia mayor. Me explico: una parte muy amplia de los anarquistas consideran que la actividad de los militantes libertarios debe producirse en espacios de masas, lo más amplios posibles, en los que apoyar los procesos de auto organización y toma de conciencia. Y hasta aquí todo conforme, desde el anarquismo social y organizativo y en especial desde las organizaciones plataformistas o especifistas apoyamos esta lectura. La diferencia surge porque algunas creemos que esa actividad es mucho más efectiva cuando se realiza de forma organizada con aquellos con los que tienes un alto grado de acuerdos estratégicos e ideológicos. A esta forma de organizarnos la llamamos militancia dual y defendemos que no incurre en ninguna contradicción ideológica siempre que se opere en pro de la construcción de fuerza social, concienciación, auto organización y bajo códigos éticos claros.

Como podemos ver, entendemos que explicitar nuestra orientación política en aquellos entornos donde nos implicamos activamente es también una garantía libertaria y antiautoritaria. Lo que conseguimos no escondiendo que somos anarquistas, que pertenecemos a una determinada corriente y organización, que realizamos unos análisis coyunturales concretos y públicos, y que proponemos una línea estratégica determinada (también pública) es explicitar nuestros objetivos en contraposición a esas vanguardias ocultas que operan en las sombras y pasillos y que son capaces de dinamitar aquellos espacios que no controlan. Si bien abogamos por la estrategia dual que enunció Bakunin, nos distanciamos radicalmente de su propuesta de hacerlo de forma clandestina.

Junto a estos dos beneficios de la militancia explícita como anarquistas, claridad y potencia, encontramos otros objetivos que podemos afrontar con una práctica explícita: confrontar con la idea de que solo hay un anarquismo y contrarrestar una imagen negativa a veces asociada a los anarquistas (en ocasiones por culpa de las caracterizaciones que hacen de nosotros otras corrientes socialistas y, en otras, por nuestras propias prácticas).

 

Por qué algunos compañeros libertarios no quieren definirse como anarquistas

 

No es que no quieran definirse como tal. Es más, si les preguntas, no tienen ningún problema en reconocerlo y se sienten orgullosos. Lo que consideran es que tácticamente no aporta, es más, puede llegar a restar. Como decimos, intentan desvincularse de los prejuicios que se han creado en torno a la figura del anarquista y que han sido construidos por rivales y adversarios políticos y, ¿por qué no decirlo?, en algunas ocasiones algunos militantes que se definían como libertarios han dejado poco que desear con su comportamiento.

Aquí hay una diferencia táctica clara, como nosotras creemos que el anarquismo es una ideología que puede aportar a la lucha obrera por la emancipación y por la superación del capitalismo, creemos que comportarnos de acuerdo con estos objetivos es una forma de combatir esa mala imagen que nos precede, construida o merecida.

En segundo lugar, y quizás más importante, no compartimos el presupuesto de que la táctica más efectiva y coherente con los principios y objetivos anarquistas sea diluirnos entre las obreras, el pueblo o lo movimientos sociales. Este posicionamiento tiene mucho que ver con cuál consideramos que es el sujeto revolucionario (el pueblo, el proletariado, la ciudadanía…) y qué significa ser vanguardista. Lo desarrollamos brevemente: aquellos libertarios que consideran que el sujeto con capacidad emancipadora es un sujeto interclasista tenderá a adoptar autodefiniciones menos “tradicionales” o claras, frente a aquel que piensa que la lucha depende de la creación de conciencia de clase. A su vez, los que consideran que organizarse para intervenir en los movimientos de masas implica necesariamente una agresión contra los principios de igualdad y libertad que defiende la Idea, participarán a título individual, como afectado, vecino y obrero. Desde nuestra perspectiva, ni intentar dotar a los movimientos de masas de una conciencia de clases lo más desarrollada posible implica caer en prácticas autoritarias, ni intervenir bajo seudónimos políticos asegura que tu práctica no tenga intenciones directivas.

También tiene que ver con: si entendemos que la revolución es posible o no, y cuál es el camino para llegar a ella en las mejores condiciones posibles para vencer. Pero este es otro tema que ya abordaremos más adelante, aunque cabe decir que nosotras creemos que la revolución es posible y que es el único camino de transformación real.

 

Anarquistas por cuestiones estratégica y no identitarias

 

Nuestra identificación como anarquistas responde a que nos alineamos con una tradición socialista que expresa una serie de valores y objetivos sociales y políticos, y que a su vez está compuesta por una serie de corrientes con diferencias estratégicas considerables. Somos anarquistas porque creemos que los valores que deberían condicionar toda realidad social son los de igualdad en libertad y viceversa. A su vez, proyectamos nuestra práctica hacia a la consecución de un sistema que permita que esos valores sean los que rijan todas las relaciones sociales. Lo que nos diferencia dentro del socialismo es cuál creemos que es el camino que nos puede llevar desde donde estamos, hacia donde deseamos llegar sin que por el camino traicionemos nuestros principios. Es más, creemos que algunos caminos nos alejan inevitablemente del punto de destino al que aspiramos.

Mientras que hay corrientes dentro del socialismo que consideran que la construcción de organizaciones radicalmente jerarquizadas son la herramienta de intervención política con más potencial, otras tendencias advierten que estas organizaciones no solo no respetan los principios de igualdad y libertad, sino que además son incapaces de producir sociedades igualitarias y que tienden a reproducir sistemas clasistas. Mientras que hay compañeras que piensan que las asociaciones temporales y poco estructuradas tienen una capacidad de incidencia social suficiente, a la vez que aseguran la coherencia entre principios y prácticas, otras señalan que muchas de las cuestiones que intentan salvar con estas formas de organización menos explícitas no se logran; sigue habiendo liderazgos, relaciones de dominio, jerarquizadas y autoritarismo, pero, encima, quedan invisibilizadas y ocultas.

El propósito de este artículo no es resolver cuál de las estrategias organizativas es la que tiene más potencial político y es más coherente. Lo que pretendemos es señalar que una identificación política es la adherencia explícita por una de estas estrategias y no una identificación basada en adjetivos más o menos llamativos o vínculos emocionales con procesos históricos concretos. Cuando nuestras organizaciones hablan de anarquismo social y organizativo, poder popular y especifismo o plataformismo, lo que hacemos es un ejercicio descriptivo de nuestras posiciones políticas.

Ojo: sin descripciones políticas, sin adhesiones a estrategias, sin categorías claras, no se puede construir una crítica profunda y honesta, que es condición necesaria para la construcción de alianzas, coordinaciones y espacios amplios.

 

La indeterminación como táctica de crecimiento

 

La definición tiene por tanto riesgos, como toda apuesta táctica. Definirte claramente y asumir una estrategia concreta va a suponer que el resto de sujetos políticos te ubiquen. Esta delimitación de tus propuestas va a entrar en conflicto con otros planteamientos estratégicos, y no podemos negar, que también con aquellos que se definen políticamente desde posiciones puramente identitarias.

Por dejarlo más claro, definirte política y estratégicamente genera un límite, una muralla. Deja dentro a aquellos con los que se comparten ideas y excluye a quienes de forma más o menos reflexiva optan por otros posicionamientos. Como venimos defendiendo, el problema no es solo que haya gente con la que no compartes análisis, una hoja de ruta u objetivos, es que una parte no desdeñable de la gente activista o militantes se adhiere a etiquetas políticas de forma emocional, es decir, de forma identitaria.

Así, cuando decimos que nuestra organización es anarquista dentro de la corriente social y organizativa y que adoptamos una táctica de intervención dual y una estrategia de Poder Popular, todos aquellos que no hagan los mismos análisis coyunturales que nosotras, los que no compartan nuestras líneas estratégicas, los que entiendan que el sujeto político por el que apostamos es erróneo o no compartan nuestros valores y objetivos, simplemente no entrarán en nuestra formación.

A su vez, todos aquellos, que, sin conocer nuestros presupuestos estratégicos, entiendan que nuestra propuesta es incompatible con los valores que defendemos y con los objetivos que enunciamos, independientemente de que estén en lo cierto, hayan asumido bulos o tergiversaciones, se hayan comido un muñeco de paja o se esfuercen lo más mínimo por contrastar sus ideas, simplemente nos rechazarán.

Cuando decimos que definirse crea límites al crecimiento de una organización, también decimos que algunas organizaciones evitan definirse o apuestan por mantener un grado alto de indeterminación y ambigüedad porque su principal objetivo es crecer lo máximo posible. Nosotras no podemos asumir esa táctica de crecimiento porque buscamos una profunda unidad ideológica y estratégica. Queremos que quien quiera participar hombro con hombro con nosotras lo haga porque cree y entiende lo que pensamos y proyectamos.

Este problema está íntimamente relacionado con el anarquismo, aunque evidentemente no solo atañe al movimiento libertario. Es quizás la mayor limitación que encontramos a las organizaciones que apuestan por estrategias de Síntesis. ¿Qué sería esto? Pues grosso modo, la idea de que hay que construir espacios amplios, integrados por diferentes sensibilidades políticas o por diferentes formas de entender el anarquismo, porque lo que nos une es más que lo que nos separa. Coordinadoras antifascistas, libertarias, antirrepresivas… que por sí mismas no son problemáticas, siempre que se entiendan como espacios donde se reúnen diferentes tendencias en búsqueda de objetivos comunes. El problema empieza cuando se las entiende como la única forma, o la forma natural de organizarnos. En esos casos, lo que sucede es que presuponemos que tenemos una afinidad política y estratégica mayor de la que realmente hay entre nosotras. Ya sea porque nos definimos en oposición a algo (antifascistas, antirrepresivo…) o porque nos identificamos con un sujeto político poco definido (anarquistas en genérico, vecinos…). En estos espacios, lo hemos visto mil veces, pronto surgen los desacuerdos, las jornadas infinitas de debate, las peleas…

Evidentemente apostamos por la creación de diversos espacios de lucha, lo más amplios e integradores posibles, pero en ellos participamos explícitamente como anarquistas organizadas en una organización específica y no como individualidades o cualquier otra categoría ambigua.

 

La indefinición para la formación de una base de operaciones

 

Hay organizaciones en nuestro entorno que rehúsan construir presupuestos teóricos y estratégicos claros, o que teniendo una producción considerable no se esfuerzan por extender estos postulados en sus bases. Y que quede claro que esto no solo pasa en organizaciones políticas con un posicionamiento más clásico, hay movimientos sociales que utilizan estrategias muy similares abriendo espacios amplios donde están claramente diferenciados los espacios de proyección estratégica y de dirección de los espacios de los “usuarios”.  Y es que la ampliación cuantitativa y no cualitativa de las bases es el síntoma más evidente de que se está construyendo una base de operaciones al servicio de un grupo de dirigentes.

Pero no solo es una cuestión táctica la que nos lleva a no poder asumir esta forma de crecer. El problema es aún mayor. Incurriríamos en una incoherencia con nuestros valores si asumiésemos esa táctica de crecimiento, porque en una organización donde no hay un alto grado de afinidad ideológica y estratégica, o esta se impone desde direcciones opacas, o directamente no se puede hablar de organización. O bien es una coordinadora donde se relacionan espacios y sujetos políticos que buscan acuerdos mínimos, tan mínimos que se limita mucho la capacidad de incidencia, o se apuesta por una radical segmentación entre los dirigentes y los que entran, que no lo hacen porque saben dónde entran con claridad, y que se espera que puedan ser formados en la peor acepción de la palabra. Un crecimiento grande y prolongado basado en una falta de determinación política, solo puede responder a que se está construyendo un espacio inoperante o bien una base de operaciones a la que dirigir.

Organización anarquista vs síntesis

Este es un problema del que no se escapa al anarquismo. Dentro del sentido común anarquista está bien arraigada la idea de que juntar a todos aquellos sujetos u organizaciones que se definan como libertarias es un buen plan. Es una idea errónea que parte de análisis poco acertados. Se presupone que todo aquel que comparte ideales y objetivos los va interpreta de igual manera y que generará estrategias compatibles, y esto claramente no es real.

Es muy común en nuestro entorno la creación de federaciones o coordinadoras que presuponen que tienen una cercanía política mayor de la que realmente tienen. Al no haber definido con claridad sus presupuestos ideológicos y estratégicos, y adherirse al termino anarquista de una forma identitaria y poco crítica, pronto descubren que ni piensan lo mismo, ni quieren lo mismo, ni pueden colaborar. Por el contrario, aquellos espacios amplios que funcionan son los que no dan por sentada la afinidad y que construyen su colaboración en torno a la explicitación de objetivos, principios y estrategias.

Evidentemente que, de nada de lo que aquí se ha expuesto, se puede entender una negativa hacia los procesos de formación o por la creación de espacios amplios donde colaborar y generar coordinaciones. Somos fervientes defensores de la libre asociación, lo que implica justamente desarrollar el conocimiento más profundo posible sobre qué son y proponen los espacios políticos para comprobar el grado de afinidad y decidir plenamente informado si es el idóneo para cada cual. Por descontado apostamos por la participación activa en aquellos espacios de coordinación y cooperación, pero también en aquellos movimientos que reúnan a diferentes tendencias, pero donde podamos pelear por objetivos concretos comunes. Un posicionamiento claro es todo lo contrario a una actitud sectaria, implica que nuestras decisiones dependen de un proceso racional y no de prejuicios y lugares comunes.

Miguel Brea, militante de Liza.

Treinta aniversario del levantamiento zapatista en el sureste mexicano

La lucha contra el olvido.

 

«La lucha es como un círculo, se puede empezar en cualquier punto, pero nunca termina».

Subcomandante Insurgente Marcos

Lo que tienen en común medio milenio y treinta años, es que por mucho que midamos el tiempo, el ser humano oprimido por sistemas brutales de dominación siempre deberá luchar contra el olvido, contra el desarraigo y por una memoria que le impulse a conquistar sus libertades, la justicia social, la equidad y lograr la cooperación mutua. Tras una larga noche de quinientos años, en el filo de la madrugada del primero de enero de 1994, el EZLN supuso un destello en la oscuridad y se levantó en armas contra el gobierno mexicano en Chiapas. También contra todo el sistema capitalista representado por el FMI, el Banco Mundial y el pinche Tratado de Libre Comercio de América del Norte que entraba en vigor ese mismo día.

Los pueblos originarios del Sur Global siempre han sido objeto de masacres y genocidios, aunque esa dominación no ha sido coser y cantar, pues ha dejado huellas en el camino y semillas en la historia de las resistencias y la organización de las luchas. Los indígenas mexicanos en 1910 irrumpieron en la Revolución Mexicana exigiendo tierra y libertad; y muchas décadas después, el 17 de noviembre de 1983, se conformaron como guerrilla inspirados en la figura de Emiliano Zapata y el Ejército Libertador del Sur de aquella lejana revolución.

El EZLN tiene ante todo la impronta indígena, esta organización aprendió a escuchar y tomó el rumbo de otras estrategias de lucha sirviéndose de un aparato analítico plural, abandonando paulatinamente el estricto carácter foquista o maoísta que tuvieron otras guerrillas en América Latina. No aspiran a la toma del poder en un sentido tradicionalmente marxista, en cambio, sí que deciden la construcción social del poder en un sentido horizontal bajo el principio del «mandar obedeciendo», sin coaccionar ni suplantar la toma de decisiones del poder popular. Quizá ha sido esa una de las lecciones más interesantes que nos ha legado el EZLN en sus treinta años desde el levantamiento.

Ese 1 de enero de 1994 esos uniformes verde y café de los pueblos indígenas se situaron en la página protagonista de las noticias a nivel mundial, se taparon el rostro con pasamontañas para que les vieran más que nunca, y para ser nombrados se negaron el nombre; así se daban a conocer internacionalmente y luchaban por el presente. Se exigía la reivindicación de la posesión de las tierras arrebatadas a las comunidades indígenas, el reparto de las riquezas evitando el expolio del capitalismo global, y la participación de los pueblos de Chiapas en la organización política de sus territorios.

La respuesta gubernamental fue el envío de 70 mil hombres del Ejército Mexicano para aplastar el levantamiento indígena. Sin embargo, las movilizaciones de la sociedad mexicana lograron que, tras doce días en que las comunidades indígenas atacasen al Gobierno Federal mexicano en conflicto armado, se firmase un alto el fuego. Posteriormente, el 16 de febrero se iniciaron las primeras conversaciones entre el EZLN y el Gobierno Federal, que concluyeron con la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre el «Derecho y Cultura Indígena» en 1996, que comprometía al Estado mexicano a reconocer constitucionalmente a los pueblos indígenas y que estos gozasen de autonomía.

Esos acuerdos no han sido jamás implementados por ningún gobierno mexicano, sumándose a las muchas traiciones que en estas décadas han protagonizado contra las comunidades zapatistas. Sin embargo, a nivel interno también los diversos diálogos concretaron que se caminara hacia la fundación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en octubre de 1996, y años más tarde, en la creación de los Caracoles como entidad política regional de los municipios zapatistas. De esta manera, las bases del EZLN que habían protagonizado ese levantamiento como una lucha contra el olvido, ya tenían aprendido que las conquistas sociales solo se podrían defender con unas estructuras de toma de decisión desde abajo.

La lucha contra los malos gobiernos.

 

«La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla».

Subcomandante Insurgente Marcos

El zapatismo mostraba al mundo que era posible luchar y enfrentarse al capitalismo, y provocó una fuente de inspiración política revolucionaria en una década en la que se había proclamado el fin de la historia de las confrontaciones ideológicas y de las grandes transformaciones sociales. Reactivó las movilizaciones de masas contra las cumbres del capitalismo representadas en las reuniones de la Organización Mundial del Comercio en Seattle en el año 1999, el FMI y Banco Mundial en Praga en el 2000, o la Cumbre del G8 en Génova en el año 2001.

En el mes de marzo del 2001 una delegación del EZLN realizó la conocida como «Marcha del color de la tierra» o «Marcha de la dignidad indígena», un recorrido por casi la mitad de los estados mexicanos, en el que el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI-CG) exigía el cumplimiento de los «Acuerdos de San Andrés», la liberación de los presos y presas políticas zapatistas, y la desmilitarización de la zona de influencia zapatista. La encabezaron distintas comandantas indígenas, que además sirvió para establecer contactos con distintas organizaciones y movimientos antiglobalización.

Otra lección aprendida en estos treinta años de resistencias del EZLN y los pueblos indígenas es que no se pueden bajar las armas contra los malos gobiernos, porque estos son los que siembran la muerte. Las agresiones del Gobierno Federal de México han sido muchas, de índoles diversas y, por supuesto, independientemente del color del gobierno, ya sea este narcoestatal y conservador, o vestido de progresismo y Cuarta Transformación obradorista. Ese levantamiento demostró que no era solo una lucha de vanguardia de unos iluminados, sino que era un movimiento apoyado fundamentalmente por la mayoría indígena de Chiapas y otros territorios mexicanos. Tras todas las traiciones del mal gobierno mexicano de manera continuada que buscaban dinamitar al EZLN, una decisión histórica fue cambiar los esquemas del poder autoritario, alzándose como única interlocutora legítima la propia comunidad indígena y las entidades de poder autónomo que se estaban dotando. El neozapatismo reinventó una estrategia de lucha para las comunidades indígenas, han declarado muchas ocasiones no estar en contra de la política, sino de la manera que esta es concebida por el poder oficial; y con ello dan un ejemplo a nivel global de las luchas contra el capitalismo en otras latitudes.

La escuela del zapatismo es otra manera de hacer política, y en paralelo a una continua revisión de la praxis política en estas décadas de lucha contra los malos gobiernos, y sobre la creación de autoorganización en los municipios autónomos. No se puede disminuir su valor, pero también merece ser integrado en una crítica y autocrítica global, porque la lucha contra el capitalismo sabemos sobradamente que debe ser de articulación internacionalista. Vivir en la constante organización revolucionaria y la actuación coordinada con una estrategia común, porque al capitalismo no se le puede vencer con golpes dispersos, sino certeros y unísonos. Desde que la Comandanta Esther dijera en el en año 2001 en el Palacio Legislativo de San Lázaro en Ciudad de México: «Soy pobre, soy mujer, soy indígena», hemos visto que el zapatismo ha imbricado las demandas sociales y opresiones estructurales por cuestión de clase, de género, y de identidad.

En los últimos tiempos el capitalismo ha agredido a las comunidades zapatistas intensificando la presencia de cárteles de narcotráfico en Chiapas, sociedades criminales tales como el Cártel de Sinaloa o el Cártel Jalisco Nueva Generación se disputan los territorios, y tratan de asediar y debilitar la autonomía de las comunidades indígenas zapatistas. En palabras del EZLN «en la frontera guatemalteca el tráfico de personas es un negocio de las autoridades mexicanas que, mediante la extorsión, el secuestro y la compraventa de migrantes, se enriquecen desvergonzadamente», mientras tanto afirman cumplir los acuerdos migratorios fijados con los EE.UU. La guerra del capital no solamente consiste en tratar de aplastar militarmente con sus soldados, o paramilitares, sino la introducción de elementos desestabilizadores que inhiban el crecimiento de la organización política y la autogestión económica para crear el absoluto caos y un mundo en ruinas.

La lucha por la vida y el común.

 

«En cualquier lugar del mundo, en cualquier tiempo, un hombre o una mujer cualquiera se rebela y termina por romper con la ropa que el conformismo le ha tejido y que el cinismo le ha coloreado de gris. Un hombre o una mujer cualquiera, de cualquier color y en una lengua cualquiera, dice y se dice: ¡Ya basta!».

Ejército Zapatista de Liberación Nacional ―

En el año 2020 las comunidades zapatistas anunciaron la ‘Gira por la vida’, un viaje que les trajo hasta la Europa insumisa como la denominan, un trayecto repleto de obstáculos en los que visitaron organizaciones sociales y colectivos políticos en países como España, Francia, Suiza, Eslovenia, Italia, Alemania o Austria; un primer capítulo de una travesía que anunciaron mundial, y que continuarán cuando los tiempos zapatistas lo indiquen.

Recientemente el EZLN y los pueblos indígenas autónomos han emitido una veintena de comunicados entre el mes de noviembre de 2023, fecha en que se cumplió el 40 aniversario de su existencia como entidad guerrillera, y el mes de diciembre, en que han estado organizando el 30 aniversario del Levantamiento del 1 de enero de 1994. Desde el 30 de diciembre hasta el 2 de enero, en el Caracol «Resistencia y Rebeldía: Un Nuevo Horizonte», inaugurado hace tres años en el poblado Dolores Hidalgo, las bases zapatistas recibieron a miles de visitantes mexicanos e internacionales que quisieron desplazarse a celebrar este aniversario, donde se realizaron distintas actividades culturales, artísticas y políticas. Una de sus conclusiones más evidentes fue refrendar que el capitalismo no se puede humanizar, que construir el común solo puede realizarse fuera de ese sistema criminal. Y esa es la propuesta zapatista, establecer extensiones de tierra recuperada como del común, siendo los propios pueblos quienes trabajen y cuiden esas tierras para el sostenimiento de la comunidad y sus infraestructuras. Lo cual lleva obligadamente a proponer acuerdos, gestiones y usos colectivos teniendo como objetivo la práctica de una toma de decisión mediante democracia directa.

La retórica y literatura zapatista se hace compleja en ocasiones, tienen una manera de comunicar que roza el realismo mágico, aunque debemos reconocer en ello uno de sus potenciales dialécticos para imaginar otros mundos posibles. Primeramente nos comunicaron que «moría» el Subcomandante Galeano, que estos años había encarnado la figura del Subcomandante Marcos como interlocutor del común del EZLN, regresando a su sangre heredada, y renaciendo como Capitán Insurgente Marcos. Reconocieron, además, en estos comunicados que con los años han aumentado las dificultades para sostener esta organización autónoma y su territorio alrededor de los Caracoles y las Juntas del Buen Gobierno, sometidos a los problemas de la resistencia, a una pandemia a nivel mundial, a la presión de grupos paramilitares, los cercos informativos voraces, y la creciente presencia del crimen (des)organizado en la región.

El EZLN ha anunciado una reestructuración de su organigrama interno, fruto de la autocrítica desde hace al menos tres años; sustituyendo los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) y las Juntas del Buen Gobierno (JBG), por los Gobiernos Autónomos Locales (GAL). Según el comunicado «de acuerdo a sus necesidades, problemas y avances, varios GAL se convocan en Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas (CGAZ) y aquí se discuten y se toman acuerdos sobre asuntos que interesan a los GAL convocantes. Cuando así lo determinen, el Colectivo de Gobiernos Autónomos Zapatistas convoca a asamblea de las autoridades de cada comunidad. Aquí se proponen, discuten y se aprueban o rechazan los planes y necesidades de Salud, Educación, Agroecología, Justicia, Comercio, y las que se vayan necesitando».

Desaparece, por lo tanto, una de sus estructuras civiles más relevantes desde 1994, los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, que dotaron de una práctica política de aprendizaje cuando no se tenía un manual teórico previo. Estos son los que articulaban las Juntas de Buen Gobierno y los Caracoles, y son sustituidos a partir de ahora por entidades autónomas que se multiplican en número respecto de las anteriores estructuras políticas con el objetivo de resultar más localizadas para autodefenderse con mayor efectividad. Se trata de una reorganización y adaptación a un momento de grave conflicto criminal y territorial en Chiapas generado por los conflictos del capital.

El zapatismo siempre ha sabido crear redes de comunidades autogestivas para su supervivencia frente a la contrainsurgencia mexicana y enemigos exteriores. Sin embargo, también demuestra que esta estrategia obedece a una continuada resistencia extenuante, ya que como crítica honesta podemos afirmar que no se han logrado romper con contundencia aún esos cercos del capitalismo, que a lo largo de estos treinta años ha continuado reprimiendo y empobreciendo a gran parte de la sociedad mexicana, tanto indígena como no indígena.

Se está viviendo un recambio generacional con jóvenes que han vivido ya en la autonomía política zapatista, en la mirada a largo plazo, y lo que hay que construir no es solo en el presente, sino para mañana y para muchas generaciones por delante. No se deja de lado la digna rabia, se inicia una etapa de aprendizaje y reajuste. Desean situar en el centro del debate político la autogestión, la autonomía y el cuidado del territorio, rompiendo el cerco del capitalismo, y sus agresiones a la vida humana y al medio en que convivimos. Tal y como afirman las bases zapatistas en sus comunicados: «Si ves que va a llover o que ya están cayendo las primeras gotas y el cielo está negro como alma de político, pues sacas tu nailon y buscas dónde te vas a meter. El problema es que no hay dónde te vas a proteger. Tienes que construir tu propio refugio».

Los zapatistas analizan un escenario de guerra total, conflictos no solo de forma armada, sino comerciales, mediáticos y por los recursos energéticos, que genera grandes desplazamientos forzados. Hay un acelerado proceso de cambio climático y desastres ecológicos, pudiéndose vivir ya en la actualidad un fenómeno de magnitudes incalculables. Y sobre ese escenario, el surgimiento de grupos mercenarios y criminales que actúan en favor de estos poderes más allá de los estados-nación, con el consecuente empobrecimiento y represión a las poblaciones, también en el Norte Global, pero sobre todo con consecuencias catastróficas en las periferias del capitalismo.

Mientras la izquierda neorreformista está enfrascada en alargar la agonía del neoliberalismo, las comunidades indígenas siguen luchando aún a día de hoy por ampliar la brecha en el muro y tomando iniciativas para los nuevos retos. El EZLN marca otros tiempos y otras visiones del mundo atesoradas en su larga lucha contra el olvido, no les falta espera y esperanza, afirmando que la rebeldía llega acorde a las geografías y calendarios de cada pueblo. Sin embargo, hay que pensar que es bastante urgente conseguir una mejor unidad de tiempos y geografías de las luchas, ya que el capitalismo no esperará para continuar llevándonos a la miseria. Y, esto dicho desde la admirada y siempre renovada ilusión que nos provoca leer las palabras que nos regalan los zapatistas, porque tal y como afirman ellos mismos, allá lo que les sobra, a parte de dignidad y lodo, es, fundamentalmente, memoria.

De igual manera, en un movimiento revolucionario también se necesitan estrategias de ofensiva continuada, no darle ninguna tregua al capitalismo porque sino te aislará y te atacará en todos sus frentes. En cada latitud del mundo donde resuenan ecos contra el capitalismo, contra el patriarcado y contra la dominación colonial, se deben articular organizaciones y estrategias de lucha integradas por un movimiento de impulso a nivel internacional, en ello está la clave de una revolución social fructífera. 

Artículo escrito por Ángel, militante de Liza. 

 

 

Cine, anarquismo y revolución.

Hace unas semanas, la plataforma de cine en línea Filmin estrenaba una colección de películas catalogadas bajo la etiqueta “Juventud y revolución”. El título que daba pie a esta compilación es el largometraje Sabotaje (2022) de Daniel Goldhaber, al que han calificado como eco-thriller. A pesar de parecernos una película lamentable a nivel artístico y político, nos permite hacer algunas reflexiones que nos parecen interesantes. En otras palabras, la película es malísima, propia de un telefilm de domingo en la hora de la siesta, y además tiene un fuerte carácter reformista (a pesar de vender todo lo contrario), pero nos regala dos temas en los que debemos pensar desde el anarquismo: por qué es tan fácil vincular el radicalismo político con un posicionamiento adolescente y cómo podemos generar un imaginario atractivo desde el anarquismo de masas.

 

A modo de introducción

No vamos a perder el tiempo en hacer una reseña de una peli tan mala, ni siquiera vamos a profundizar en todos los problemas políticos que tiene. Vamos a centrarnos en tres cuestiones introductorias que nos dan pie a explicar nuestra propuesta política.

En primer lugar, esta película ya la hemos visto antes y mejor hecha. The East (2013) trata exactamente el mismo tema, con los mismos problemas políticos, pero al menos el reparto y el rodaje es mucho mejor. También se asemeja a Y mañana el mundo entero (2020) y, en cierto modo, a Los Edukadores (2004). ¿Y cómo puede ser que la misma película se repita casi en los mismos términos y replique los mismos posicionamientos políticos? Pues porque son los planteamientos políticos del sentido común militante y, en particular, diría yo, del sentido común activista libertario.

En segundo lugar, parte del posicionamiento más asentado en los movimientos sociales: el individual. Las personas implicadas en la trama no parten de un análisis coyuntural y colectivo que les lleva a proponer una estrategia capaz de superar el sistema capitalista. Es más, ni siquiera llegan a señalar al sistema capitalista como el enemigo político de sus acciones. Como mucho, señalan a algunos de sus personajes más famosos y a sus expresiones concretas. Es por esto por lo que, por mucho que no paren de hablar de revolución, no son planteamientos revolucionarios. No señalan al sistema, no desarrollan una estrategia y no plantean una alternativa. A lo sumo hablan de pequeñas comunas y de salidas individuales y parciales.

En tercer lugar, terminan siendo reaccionarias. Y lo son por los motivos que hemos anunciado en el punto anterior. Al no tener un análisis sistémico y unas propuestas realistas y generalizables, son, en el mejor de los casos, una salida para unos privilegiados e iluminados que dan un toque de aviso a un sistema que se está pasando y que tiene que reformarse; y, en el peor de los casos, muestran la lucha política como un camino sin salida, que parte de la rabia y de jóvenes caprichosos y poco maduros.

 

Sobre la discusión política en el anarquismo

Felipe Correa, historiador y militante anarquista de Brasil, propone la categorización de dos grandes corrientes dentro del anarquismo en cuanto a su propuesta estratégica y su análisis coyuntural, que aquí denominaremos como Insurreccionalismo y Anarquismos de masas.

Las diferencias entre las dos concepciones revolucionarias son profundas y radicales. Mientras que los primeros tienen un posicionamiento más individualista y en cierto modo esencialista del sujeto (creen que en cada ser humano existe cierto instinto de rebeldía de forma natural), los segundos consideran que la posibilidad de la revolución está determinada por la capacidad de que los trabajadores se constituyan como una clase social que pelee por sus intereses.

El insurreccionalismo apuesta por la propaganda por el hecho, acciones radicales que llamen la atención de los desheredados y les haga actuar y liberarse, mientras que el anarquismo de masas busca la acumulación de fuerza social, lo que implica concienciación, organización y crecimiento paulatino. El anarquismo insurreccionalista aboga en contra de las organizaciones políticas grandes y permanentes, ya que ve en ellas un riesgo de burocratización, vanguardismo y autoritarismo. Por el contrario, el anarquismo de masas entiende que la posibilidad de derrotar a las fuerzas del capital pasa por la organización obrera y es consciente de que los grupos pequeños de afinidad no son ninguna herramienta eficaz contra las derivas burocráticas, autoritarias o vanguardistas. Es más, todos estos problemas se agudizan allí donde no se explicitan y se tratan de raíz.

No podemos abordar aquí toda la discusión y evidentemente estos posicionamientos tienen matices y distintos grados de grises. Aun así, son útiles para asentar nuestra tesis: la estrategia y la lógica insurreccionalista se ha instituido como el “sentido común” de parte del movimiento libertario más radical y del activismo propio de los movimientos sociales. Sin duda esto tiene que ver con las derivas impotentes y los desvíos en los que han caído algunos proyectos organizacionales, pero también, en nuestra opinión, tiene mucho que ver con que recoge un espíritu muy típico de nuestra era: un posicionamiento individualista, experimentalista, aventurero y, por qué no decirlo, radicalmente vanguardista a su pesar.

 

¿Juventud? y ¿revolución?

Como decíamos al inicio de esta “reseña”, Filmin ha catalogado esta recopilación de películas bajo la categoría “Juventud y revolución”. Aquí sostenemos que, donde dicen juventud quieren en realidad decir algo más parecido a adolescente, impulsivo, iracundo o naif; y que cuando hablan de revolución se están refiriendo a revuelta, acción directa violenta y sabotaje.

Como decimos, la revolución es imposible si no parte de un análisis acertado y de una estrategia coherente. Lo máximo que se plantea en estas películas son acciones espectaculares para promover negociaciones parciales y reformas puntuales. Por mucho que se disfracen de radicales, disruptivas y revolucionarias, no lo son. Porque no construyen una fuerza capaz de doblegar el sistema capitalista (ni siquiera lo señalan), y por tanto no pueden aportar una estrategia realista.

Además, y esto es lo más importante de los productos culturales que analizamos aquí, se muestra esta carencia. Esta limitación es constante y palpable. Aunque empatizamos con los protagonistas, con su rabia, su dolor y sus ganas de construir un mundo mejor; somos conscientes de que lo que plantean no tiene potencial. Por eso parece más una rabieta adolescente que una propuesta política seria. Es por esto que estos productos culturales son profundamente reformistas, cuando no reaccionarios, ya que nos enseñan que esas acciones no llevan a nada (porque detrás no hay nada) y que, aunque el reformismo sea una mierda, vaya muy lento y sufra mil varapalos, al menos es un avance.

 

Hacer sexy el anarquismo de masas.

Las que nos posicionamos en el anarquismo de masas vamos en contra de todo esto. Lo que se puede decir de nuestra propuesta es que no da para una peli. Nuestras asambleas interminables, los análisis coyunturales, las discusiones estratégicas, apoyar las luchas vecinales y laborales e intentar darles más potencial emancipador, nuestras peleas con los burócratas… no dan ni siquiera para telefilm.

Es mucho más molón ver cómo se deja sin argumentos a un tipo de una ONG por reformista, cómo se construye una bomba, cómo se dejan mensajes súper ingeniosos a la policía, etc. Incluso cuando son detenidos, abatidos o reprimidos por las fuerzas de seguridad, parece una lucha épica que demuestra todo su potencial dado el nivel de represión que moviliza.

El problema es que, aunque sepamos que esas prácticas, al no tener una articulación estratégica mayor, son impotentes (porque llevamos años viéndolo y experiencias históricas recientes y lejanas no nos faltan) e incluso desatan la justificación de una represión que se desplaza a otros militantes y movimientos generando olas de criminalización y desaliento; seguimos siendo los sosos de la peli.

Pero esto no siempre fue así, y debemos luchar porque deje de serlo. Si habéis visto o leído Germinal de Zola, sabréis que los personajes más interesantes y los más atractivos, son los que pelean por la organización del proletariado y por una violencia siempre y cuando sea de masas. El personaje que representa al terrorismo insurreccionalista es mostrado como un tipo que se mantiene al margen, no se mezcla con los trabajadores porque en cierto modo los desprecia, y su desprecio le lleva a actuar por encima y en contra de la voluntad de estos.

La pregunta es ¿cómo volvemos a hacer atractiva la militancia revolucionaria? Entendida aquí como algo completamente diferente al activismo movimentista y al insurrecionalismo. En términos más pedantes ¿cómo hegemonizamos el compromiso partisano? Porque nadie quiere ser el aburrido de la historia. Los jóvenes quieren acción, quieren emociones… ¿o quieren ver avances?

Yo apuesto más por esto último. Lo que moviliza, lo que anima profundamente a la implicación, lo que inspira y emociona, es creer. Creer que se puede vencer. Por esta misma razón, los personajes revoltosos de las películas nos parecen una mezcla de romanticismo y honradez: tienen buenas intenciones, pero son unos inconscientes. Y hoy parece que muchos se han cansado de no avanzar. Se está dando un reordenamiento en la extrema izquierda. La crisis, digamos estratégica, que se está produciendo en estos días surge de la desilusión que dejaron prácticas pasadas. Pero no las prácticas de otros, las nuestras propias. Esto que algunos llaman lucha cultural aquí lo identificamos con “cambiar los protas de la peli”.

Tenemos que hacer que los personajes más atractivos no sean los más iracundos y reactivos, sino los más profundamente comprometidos con la construcción de las condiciones sociales que hagan posible la derrota del capitalismo. Pocas películas actuales caminan en este sentido y es una pena. Quizás la que más nos acerca a este posicionamiento, y que aprovechamos para recomendar, es Pride (2014). Si no la habéis visto, disfrutadla. Esperamos que os llene el corazón tanto como llenó los nuestros y que después de eso tengáis renovadas ganas de dar la pelea. Si es así, ahí nos encontraremos.

Miguel Brea, militante de Liza.

Insurrección de 1933 en Zaragoza

Revuelta en la perla del anarquismo.

 

Las calles de Zaragoza agitaban la bandera rojinegra, el pueblo salía con sus armas a defender la insurrección, se había proclamado la huelga general que se extendería por un amplio territorio de Aragón. Si bien la fama de la Rosa de Foc revolucionaria la albergaba Barcelona como la cuna del anarcosindicalismo, Zaragoza era la perla del anarquismo colectivista.

El 8 de diciembre de 1933 se iniciaba la insurrección anarquista, organizada desde la CNT, y que sería la última del ciclo de insurrecciones anarcosindicalistas antes de la Revolución Asturiana de octubre de 1934. Previamente ya se había organizado la huelga revolucionaria del Alt Llobregat en Catalunya en enero de 1932, y la Insurrección de enero de 1933 en la que tuvieron lugar los sucesos de Casas Viejas al proclamarse el comunismo libertario en un municipio gaditano.

 

Frente a la República burguesa y elitista: boicot, huelga y sabotaje.

 

Tras la proclamación de la República española el 14 de abril de 1931, la clase obrera organizada había comprobado con desilusión que el gobierno progresista prometía un conjunto de reformas sociales para mejorar la vida de los sectores más vulnerabilizados de la sociedad, pero que de la estructura estatal solo se podía esperar injusticia social, más capitalismo clientelista y brutalidad militar. El problema de la reforma agraria, de la educación, y del ámbito laboral, no estaban siendo abordados por el gobierno azañista desde la raíz, y no por una cuestión de impotencia política, sino por falta de voluntad ideológica. Evidentemente, ese gobierno no pretendía transformar la sociedad, sino adaptarla y hacerla claudicar lo mejor posible a las necesidades de una clase liberal dominante que se reivindicaba ilustrada. Los sectores populares organizados y los sindicatos vinculados a la CNT contenían un potencial revolucionario enorme, y pronto establecerían una estrategia insurreccional frente a esta república burguesa.

Después de varios estallidos sociales previos, llegaron las Elecciones Generales del 19 de noviembre de 1933, y la coalición de derechas ganó unos comicios en los que la coalición socialista rápidamente responsabilizó a la CNT por su campaña de abstención activa, en lugar de realizar una autocrítica y ver la contundente derrota electoral en la práctica de la violencia que habían ejercido desde el aparato estatal contra el movimiento obrero organizado.

Todavía no se había constituido el nuevo gobierno de derechas, cuando estalló la insurrección anarquista, que pretendía no dar ni un respiro a las fuerzas burguesas vencedoras. La decisión de esta revuelta obrera se había tomado tan solo una semana después de conocerse el resultado electoral. Se reunió un Pleno Nacional de la CNT en Zaragoza el 26 de noviembre, donde se decidió nombrar un comité revolucionario encargado de organizar esta insurrección, y que estaría integrado, entre otros, por Buenaventura Durruti, Isaac Puente, Cipriano Mera o Joaquín Ascaso. La consigna era iniciar un levantamiento popular de masas que se extendiera por otros territorios, que derivara en un enfrentamiento directo entre clases sociales y que determinara el inicio de un proceso revolucionario. Si bien voluntad no faltaba, ni siquiera potencial obrero y una conciencia proletaria muy extendida, esa estrategia no matizaba el camino a recorrer para dar una salto cualitativo de la revuelta a la revolución, y a la defensa de los núcleos liberados.

 

Se inicia la huelga revolucionaria decembrina en Zaragoza y se extiende por Aragón.

 

El 8 de diciembre se reunían por primera vez las Cortes republicanas tras las elecciones, y todavía no se había formado el gobierno que estaría dirigido por la coalición de derechas. Ese mismo día por la mañana el Gobernador Civil de Zaragoza, Elviro Ordiales, un militar que sería posteriormente Director General de Prisiones, declaró el cierre de los locales de CNT en la capital aragonesa y desplegó a las fuerzas represoras por la ciudad. Se había proclamado la huelga general en Zaragoza bajo el lema «Frente a las urnas, la revolución social», y se llamó a la insurrección armada en otros territorios, con un gran seguimiento en las provincias aragonesas.

La misma tarde del 8 de diciembre tuvieron lugar en Zaragoza los primeros enfrentamientos entre los obreros y las fuerzas represoras, que tendrían como consecuencia la muerte de doce personas solamente en el primer día. Se había logrado la paralización total de la ciudad, y al día siguiente estos enfrentamientos se generalizaron cuando los anarquistas logran el control de barrios como el de San Pablo, Delicias, y San José. Los tiroteos se sucederán durante los siguientes seis días, y los revolucionarios instalaron su centro logístico en la iglesia de San Juan de los Panetes. Hubo incluso un intento de asalto a las prisiones de la ciudad donde se encontraban presos anarquistas para ser liberados, por un lado la cárcel en el barrio de Torrero al sur de la ciudad, y también el Palacio de la Aljafería que funcionaba como presidio, sin embargo, estos ataques son repelidos por la Guardia Civil.

El 11 de diciembre los anarcosindicalistas se hacen fuertes en la calle del Conde Aranda y resisten en la Plaza del Portillo, donde al lado se encontraba la Fundición de Averly, fábrica obrera en huelga. Desde ese punto estratégico se ataca un cuartel en el cercano Paseo de María Agustín, que necesitó ser auxiliado por un batallón de zapadores y minadores. Esa misma tarde los insurrectos anarquistas consiguen controlar la Estación del Mediodía, y solo tras fuertes combates una compañía de infantería con ametralladoras logra recuperarla. Las fuerzas policiales intentarán recuperar el barrio de San Pablo donde se encontraban numerosos anarcosindicalistas detrás de las barricadas levantadas, sobre todo en el entorno de la actual Plaza de Santo Domingo. También se desatan enfrentamientos en la Plaza Aragón, donde los anarquistas disparan a las fuerzas militares desde los tejados, habiendo también tiroteos en calles perpendiculares desde el Paseo Independencia hasta Plaza Constitución.

Durante una semana la ciudad está en disputa con las fuerzas represivas republicanas, el Gobernador Civil ordena el cierre de teatros, casinos y cafés; y los obreros habían paralizado parte de los transportes como autobuses, taxis o tranvías. El gobierno republicano enviará al Ejército para aplastar esta insurrección, situando ametralladoras en las calles de Zaragoza, llegando carros de combate y sobrevolando aviones militares el espacio aéreo de la capital maña. Finalmente la insurrección será sofocada el 14 de diciembre, y al día siguiente la propia CNT reconociendo la derrota estratégica decide poner fin a la huelga proclamada. El total de las cifras de estos sucesos serán un centenar de muertos, la mayoría de ellos revolucionarios anarquistas, aproximadamente 300 heridos, y casi 6 mil detenciones en todo el territorio español. Algunas semanas más tarde, el 24 de enero de 1934, una treintena de anarquistas maños asaltaron los juzgados donde se encontraba el Sumario de la insurrección y lo robaron para entorpecer las investigaciones judiciales represivas.

 

El fallido intento de un movimiento revolucionario insurreccional en otros territorios.

 

Este movimiento insurreccional tuvo su epicentro en Zaragoza, pero también trató de superar los límites de la territorialidad aragonesa. En la ciudad de Huesca y en municipios como Amudévar o Gurrea de Gállego, la insurrección resistió durante varios días. En Teruel capital y otras localidades turolenses como Valderrobres o Beceite, se proclamó el comunismo libertario. La proclamación del comunismo libertario en algunos municipios siempre seguía un mismo esquema: apoderarse del cuartel de la Guardia Civil, la detención y reducción de las autoridades o de las fuerzas de poder terrateniente, la quema de los archivos de propiedad y documentos oficiales, y el abastecimiento de productos según una economía de base comunista. Sin embargo, más allá de esas medidas, no se podían defender posteriormente las conquistas realizadas debido a la dura represión gubernamental y la imposibilidad de hacer frente a una fuerza brutal que siempre les superaba en número, en armamento y en estrategia militar.

Hubo igualmente alzamientos anarquistas en algunos puntos aislados de Extremadura, en la cuenca minera de León, o en Catalunya. También incluso en Andalucía, concretamente en la localidad cordobesa de Bujalance, donde tras proclamarse el comunismo libertario, hubo diez muertes y una docena de detenciones. En Euskal Herria, salvo algunos disturbios y sabotajes puntuales no hubo una especial incidencia, salvo en el municipio alavés de Labastida donde hubo un enfrentamiento directo de treinta revolucionarios contra las fuerzas de la Guardia Civil en la madrugada del 9 de diciembre, siendo sofocada en la mañana siguiente con la llegada de refuerzos de la Guardia de Asalto republicana. Una semana después en todos los puntos la situación había sido dominada por las fuerzas represivas republicanas.

 

Las consecuencias políticas inmediatas y el legado histórico anarquista emancipatorio

 

El balance de fuerzas revolucionarias caídas o detenidas en los enfrentamientos con las fuerzas represivas fue un coste demasiado alto a pagar por una insurrección que no consiguió unos objetivos revolucionarios de masa mínimos. A los implicados directamente en esta lucha obrera y su organización táctica se les aplicó una represión brutal a través de la recientemente aprobada Ley de Orden Público de 1933, deportando a bastantes revolucionarios anarcosindicalistas a Guinea Ecuatorial y las islas Canarias, entre otros a Buenaventura Durruti, en el barco mercante Buenos Aires.

Esta derrota insurreccional llevó a la CNT a una grave desarticulación de sus fuerzas más activas, viéndose afectados también sus órganos de expresión. Debió reorganizarse en tiempo récord el anarcosindicalismo para la preparación del Congreso Nacional de la CNT en mayo de 1936 en la capital aragonesa. La memoria social de las revueltas de militantes anarcosindicalistas en el pasado deben rescatarse desde la mirada estratégica en la lucha contra el capitalismo actual. Se elaboran mapas y caminos de aciertos y errores en la historia, y la realidad práctica es que insurrecciones mayoritariamente fueron derrotadas sin lograr una articulación de emancipación de masas. Nuestro desafío en la actualidad consiste en seguir construyendo caminos que superen esas brechas insurreccionales, articular los pasos que conduzcan a una fuerza social y no al vanguardismo desconectado de la realidad política común, porque decididamente nos va la vida en ello.

 

Agradecimiento a la compañera ilustradora y anarcosindicalista Ana Resya, que desde el territorio de Aragón ha inspirado y servido de fuente para la elaboración de este artículo de memoria libertaria.

 

Artículo escrito por Ángel, militante de Liza.

 

 

Bibliografía:

 

«Diario de una ciudad libertaria. Zaragoza, 1871-1936».

 

«La España rojinegra. La insurrección anarquista de diciembre de 1933», Fermín Escribano Espligares, Asociación Isaac Puente.

 

«La Zaragoza anarquista en los años 30. Guía anarcosindicalista de Zaragoza», editada por CNT Aragón y La Rioja.

 

https://www.zaragozamemoriahistorica.com/

 

 

Otra Ley de Amnistía al servicio del poder

Llevamos meses oyendo críticas a una ley de amnistía que provienen casi en su totalidad de la extrema derecha. No es la primera en España; la transición y el régimen del 78 se fundamentaron sobre una ley, ley de amnesia, que no incendió tantas pasiones entre la extrema derecha como lo está haciendo esta. A su vez, como decimos, no son tantas las voces que se han alzado desde posiciones de la izquierda radical como cabría esperar. Para muchos está resultando difícil posicionarse políticamente ante una medida de gracia, que tiene como objetivos últimos la obtención de los apoyos suficientes para revalidar el gobierno por el PSOE y el de solucionar la cuestión legal de las élites burguesas nacionalistas catalanas.

Silencio que resulta complicado de entender porque hay mucho que decir y sobre lo que pensar al respecto. Desde su contenido más concreto, ¿a quién afectará esta ley y quién ha quedado fuera?, hasta sus implicaciones más amplias, ¿qué supone políticamente este cierre en la cuestión catalana y sus reclamaciones democráticas? Y, sobre todo, porque nos permite entender cómo sus leyes y su supuesta inmodificable constitución no son tan sagradas como nos pintan y están al servicio de los intereses de las minorías capitalistas y sus expresiones institucionales. Dicho de otro modo, desde el anarquismo social y revolucionario entendemos que posicionarnos políticamente sobre estas cuestiones es esencial porque muestra las contradicciones propias del sistema y los intereses de clase puestos en juego.

 

¿Qué dice la ley de amnistía?

 

La propuesta de ley redactada por el PSOE y consensuada con Junts afectará a unos 300 encausados del movimiento democrático catalán. Sin embargo, dejará fuera a más de 2500 activistas por los derechos sociales, laborales o climáticos que fueron encausados en el mismo periodo y en el mismo territorio. Por supuesto, en su obsesión de convertir Europa en una fortaleza inexpugnable y blanca, deja fuera a todos los migrantes sin papeles. ¿Qué nos dice esto? Que es una ley que solo pretende resolver las cuestiones relativas al conflicto independentista, en particular, allí donde afecta a líderes políticos de la burguesía catalana y que no pretende ampliar su impacto a cuestiones sociales donde se evidencia el conflicto de clases.

Es importante aclarar que siempre se habla de “burguesía catalana” como un concepto inseparable, como si no hubiera una burguesía gallega o castellana. Son élites. Y en Catalunya, las élites no estuvieron a favor de la independencia sino que sacaron las empresas de aquí en cuanto lo vieron negro. Quienes apoyaban la independencia eran la pequeña burguesía y la parte catalanoparlante de la aristocracia obrera. [Y el mundo rural catalán y gran parte de la juventud.] Junts son tan indepes como el PSOE es socialista. ERC representa mejor las clases medias.

Dicho de otro modo, más claro. Permite a Junts reaparecer en el tablero político y hacerlo libre de los procesos judiciales con los que fueron atacados, sin que esto suponga el mínimo reconocimiento a las luchas sociales por el derecho a la vivienda, los derechos laborales, las luchas ecoambientales, las peleas por los derechos de igualdad y reconocimiento de las migrantes y las luchas por la extensión de los derechos democráticos. Junts debe hacer equilibrios entre la presión popular que previa al Procés soberanista y el hecho de que el independentismo contradice sus intereses de clase, y también equilibrios entre los intereses de su base electoral y los intereses de la burguesía para la que trabajan.

Sin embargo, esta ley sí se encarga de exonerar de su responsabilidad penal a 73 policías. Teniendo en cuenta lo difícil que es que un policía se siente en el banquillo de los acusados en este país, podemos imaginar el alcance de la brutalidad de sus acciones para estar citados ante un juez. Fue tan alto el nivel de violencia empleado, tan brutales las imágenes de violencia de estado contra los manifestantes y ciudadanos que apoyaron el referéndum del 1 de octubre de 2017 y todas sus movilizaciones, que no pudieron contener. Ya se encarga esta ley de equiparar dichos delitos de estado con la participación en movimientos populares por el derecho a decidir. En esto sí se parece mucho a la ley de amnistía anterior.

 

¿Por qué esta ley?

 

Para el PSOE, era la condición de partida para poder conseguir los apoyos mínimos para sacar adelante cuatro años más de gobierno. Sabemos perfectamente que los “socialistas” no tienen problemas para mover sus posiciones entre la aplicación del artículo 155 y la redacción de una ley de amnistía. No se les caen los anillos. Lo segundo que consigue el partido de Sánchez es venderse como una formación moderada y con altura de estado. Saca de los tribunales el conflicto político, pero no para devolverlo a la calle. Ellos son más de pasillos, restaurantes de lujo y mesas de maderas nobles. Exonerando a los dirigentes burgueses y manteniendo la presión sobre los activistas sociales roban el potencial político de la protesta y lo rentabilizan ellos.

Con Junts pasa algo parecido. Además, consiguen mostrarse ante la sociedad catalana como duros negociadores que no se rinden ante las presiones del estado español y no se venden por cuatro pesetas. Junts no pretende posicionarse mejor ante el independentismo sino ante el empresariado de Catalunya. Está volviendo al papel del “peix al cove” de Jordi Pujol, de negociar cosas con Madrid. El independentismo radical ha quedado huérfano. Por eso han aparecido opciones ultraderechistas y racistas como FNC y similares que sacan los votantes del espacio político de Junts.

No olvidemos que no solo existe el acuerdo para la Amnistía, también hay el lado económico: cesión de impuestos a Catalunya, traspaso de Renfe y… que el PSOE y el Gobierno se trabajen la vuelta a Catalunya de las empresas que trasladaron su sede social: Caixa, Banco de Sabadell, Aigües de Barcelona, Freixenet, Catalana Occidente, Gas Natural, etc. Junts escenifica de alguna manera la vuelta de la Convergència autonomista del régimen del 78. La verdad es que es un intento de cierre del problema independentista desde las instituciones porque el acuerdo incluye la renuncia de cualquier vía que no cumpla con la constitución vigente. Y ya sabemos que la constitución está escrita en piedra para las mayorías sociales. Esto evidentemente supone un afianzamiento de la democracia burguesa y monárquica española. Con todas sus instituciones. Con todas sus corruptelas.

 

¿Por qué reacciona tan airadamente la derecha si no supone una amenaza contra la unidad de España y el régimen burgués?

 

Pues sencillamente porque no lo han tramado y realizado ellos. No pueden anotarse el tanto. Y porque esperaban hacer este mismo cierre, pero aparentando dureza, solidez y contundencia. Porque no debemos olvidar que el Procés mostró que en este sistema que parece infranqueable se abren grietas que pueden servir a los proyectos emancipadores para darle la vuelta a la relación de fuerzas.

Así que banderas de todos los tipos, cánticos fascistas, racistas, homófobos y machistas, muñecas hinchables y saludos romanos. Hablan de golpe de estado, de dictadura, de represión, de ataque sin precedente a las instituciones del estado, pero… nada, de eso no hay nada. Esta es la forma en la que se ha construido la españolidad. Una forma que no permite otras interpretaciones de la idea de España que el proyecto imperial unitario. Desde la periferia ibérica se entendía España como una confederación de pueblos. Desde el centro, se entendía una España construida a expensas de Castilla, extendiéndose entre todos los demás pueblos, al borrar sus identidades. Esta forma de ver las cosas permea desde la expulsión de los judíos, el final del reino de Granada, la expulsión de los moriscos, hasta las guerras entre el absolutismo y el liberalismo, el colonialismo y las guerras coloniales o el franquismo. Es todo un hilo histórico que caracteriza la derecha desde hace siglos.

Para la derecha, no existe el perdón. El perdón es debilidad. Su tradición histórica es arrasar a su rival, obligarle al exilio o llenar el país de tumbas. Por eso, la derecha centralista genera tanto rechazo en la periferia que en las elecciones pasadas la gente de Catalunya y Euskalherria votó al PSOE más que a sus propias opciones. Es una cuestión de supervivencia. También hay que entender que en cuanto vuelva a gobernar la derecha (PP y Vox, por ejemplo), se reactivará inmediatamente el Procés independentista, ya que nadie querrá quedarse en una España así.

 

El anarquismo social ante la ley de amnistía

 

Como decíamos en la introducción, este es uno de esos temas que a muchos anarquistas se nos hace bola. Al fin y al cabo, es una jugarreta dentro del sistema de partidos, disputándose una posición dentro del estado, citando a sus fuerzas represivas, hablando de nacionalismos… sí, no es un tema fácil para aquellos que soñamos con un mundo sin clases, sin dominio, sin naciones y sin estados.

Pero la realidad es la que es. Ignorarla es una irresponsabilidad y un acto de sectarismo. Aquellos proyectos revolucionarios que entienden que la posibilidad de superar a este sistema pasa por la acumulación de fuerza social no pueden ignorar ni todo el potencial que se movilizó en Cataluña en torno al proceso independentista ni las brechas que se abren en este nuevo momento político. Y siempre sin que esto suponga ni un ápice de posibilismo.

Estamos viendo que la ley se hace y se deshace al antojo de las élites. Luchemos y clamemos porque la ley deje de perseguir a los luchadores por la justicia social y reclamemos una amnistía para todas las luchadoras. Estamos viendo que la judicatura y la represión de estado son herramientas al servicio de las élites y del statu quo. Denunciemos una vez más su carácter instrumental para este sistema criminal. Estamos viendo que multitudes ciudadanas y populares se suman a demandas por la democratización de la sociedad. Unámonos a ellas, apoyémoslas y empujemos esas demandas más allá de las reclamas nacionalistas con un posicionamiento socialista e internacionalista, que junto con el derecho a decidir y participar incluya las reclamas por igualdad y justicia.

Escrito por militantes de Embat y Liza

El Anarquismo ante el nuevo ciclo político

Está finalizando un ciclo político y comenzando otro. No sabemos cuáles serán las características de este nuevo periodo, lamentablemente no disponemos de una máquina del tiempo, no terminamos de creer en el tarot y los posos del café nunca nos han ayudado demasiado. Por eso tuvimos que inventarnos algunos métodos de análisis social que usamos para intentar conocer las características socioeconómicas, detectar las diferentes fuerzas políticas y sus operaciones, limitar los agentes políticos y clasificarlos correctamente y, sobre todo, para poder planear con la mayor claridad posible los pasos que nos acercaban a nuestros objetivos, que son hoy, y siempre han sido, la superación de este sistema criminal por otro mundo nuevo donde la igualdad y la libertad sean la base de las relaciones sociales.

Todos nuestros esfuerzos por comprender la sociedad, nuestra obsesión por historizar y contextualizar los sucesos y las condiciones materiales e ideológicas, tienen esta pretensión: ayudarnos en nuestra lucha por el socialismo libertario. Son estos análisis los que nos dicen que en nuestro entorno más cercano un ciclo político está finalizando y comenzando otro.

 

¿De qué ciclo político estamos hablando?

Los ciclos políticos son herramientas analíticas que deben servir para clarificar los fenómenos sociales. Llamamos “ciclos políticos” a los periodos donde las dinámicas sociales siguen un curso determinado coherente. Estos ciclos entran en crisis y se agotan cuando los cauces que se establecieron con anterioridad quedan desbordados por el flujo del acontecer social o se cierran desde sectores de las instituciones.

Nosotros afirmamos que el ciclo que comenzó con la crisis económica de 2008 está tocando a su fin porque las actuaciones de los diferentes agentes políticos que intervinieron en aquel periodo están dejando de producir los efectos que pretendían. En 2011 vivimos un periodo de conflictividad social que algunos llamaron de “Los indignados”. No podemos entrar en profundidad en el análisis de este momento histórico reciente, pero podemos decir que sobre esa fuerza social que se congregaba en las plazas derivó en una institucionalización de la protesta. Esto no pasó por arte de magia, sobre aquellos manifestantes operaron agentes políticos que consiguieron reconducir aquella conflictividad a través de la construcción de un partido político: Podemos.

Aquel desvío se produjo bajo la promesa de defensa de las demandas políticas por los nuevos responsables. Si bien es cierto que aquellas demandas nunca conformaron un programa claro, lo que sucedió en los años siguientes nada tuvo que ver con lo que se planteaba en aquellas plazas. Ni se consiguió más democracia, ni los bancos pagaron la crisis, ni el régimen tuvo que exponerse al poder popular, ni se derogaron las leyes más represivas. Por el contrario, la democracia siguió estando al servicio de las élites. Los bancos y empresas del Ibex siguieron acumulando beneficios a costa de los trabajadores y de las arcas públicas, el régimen monárquico y heredero de la dictadura se consolidó y se profundizo en la desigualdad social y económica amparada por ley y protegida por la fuerza.

Todo esto fue posible por (y no a pesar de… como se empeñan en decir) la entrada en el gobierno de coalición de Unidas Podemos. La fuerza social quedó desactivada, desviada y luego defraudada. Evidentemente esto pasó factura a la formación de Iglesias que, como peces en el agua en la realpolitik, se fracturó, refundó y pseudo radicalizó discursivamente, dependiendo del momento y de sus necesidades particulares.

Mientras tanto la derecha (nueva y vieja, extrema y “centrada”, tradicional y online, conservadora y liberal) no dejó pasar la oportunidad. Con la izquierda institucional escorada cada vez más hacia la derecha, mandando policías a manifestantes, haciendo reformas cosméticas, peleando por asientos y likes, acompañando la militarización de las fronteras y de la protesta, fue sencillo aparecer como una alternativa realista e incluso moderada. Cuando todo se desplaza hacia la derecha el centro también lo hace. Y ante esta situación la izquierda institucional empezó a perder apoyos y poder.

Y a esto nos referimos con un ciclo que empieza y acaba. De la crisis de 2008 y el descontento social, hacia el desvío neorreformista y su posterior hundimiento como opción política. Lejos de aceptar las explicaciones deterministas que nos quieren hacer creer que la calle se moviliza y desmoviliza sola, como si fuese fenómeno climático, nos servimos de herramientas analíticas para comprender qué pasó. Así sabemos que no estamos ante una borrasca, sino ante un fenómeno social y podemos entender mejor, que puede estar por venir y como debemos actuar para lograr nuestros propósitos.

 

¿Y la izquierda radical?

La izquierda radical no estaba preparada ante lo que pasó. No supo intervenir en los procesos de combatividad social que se produjeron durante la crisis y no supo entender ni defenderse del desvío que realizó el neorreformismo.

Muchos sindicatos, asociaciones vecinales y otros proyectos amplios que luchan por las mejoras de las condiciones laborales y sociales tuvieron serios problemas para realizar su actividad frente al “gobierno más progresista de la historia”. Tanto las burocracias reformistas como los medios de comunicación desactivaron gran parte de la conflictividad social. Algunas organizaciones decidieron “experimentar” sumándose o impulsando la vía institucional con lamentables resultados. Los movimientos sociales sufrieron un parón considerable al no poder adaptar su discurso crítico a unos representantes políticos supuestamente afines.

Pero igual que pasó a nivel institucional, fuera de los salones y de los pasillos, también comenzó un periodo de crisis y reflexión con las derivas tomadas. En los últimos años hemos presenciado un estimulante proceso de autocrítica (a veces muy limitada) y de ruptura con prácticas previas y con ella la emergencia de organizaciones nuevas. Aún está por ver cómo de “nuevos” son los planteamientos y las practicas que surgen de este sector, pero lo que no se puede negar es que no es un claro síntoma de fin de ciclo político.

 

¿Y el Anarquismo?

El anarquismo adquiere diversas expresiones, más o menos conscientes y explicitas, que es preciso apuntar para poder producir un análisis. Tradicionalmente es el anarcosindicalismo la expresión más asentada en el estado español. Zarandeado por las agresiones que viene sufriendo la clase trabajadora y sus formas de auto organización y defensa, y desprestigiado por las prácticas de los sindicatos amarillos y o grupúsculos sectarios, el anarcosindicalismo no ha pasado por sus mejores momentos. Se han implementado ciertas tácticas con diferente éxito en sus resultados: la apertura de algunas organizaciones a formulaciones de masas, la reconversión en espacio para movimientos sociales, cierto acercamiento entre las diferentes organizaciones, la modernización del discurso… El anarquismo sindical en el estado español es muy variado, pero su apuesta por la Síntesis (la unión de diferentes corrientes del anarquismo y de trabajadores no libertarios en una misma organización) está generalizada y ni siquiera es explicita y consciente. Allí donde ha virado hacia configuraciones más amplias y abiertas se ha experimentado cierto crecimiento, siempre en detrimento de la posibilidad de generar unidad ideológica y estratégica, como es obvio.

El anarquismo autonomista, integrado principalmente por CSOs, cooperativas y pequeños colectivos integrados en movimientos sociales y diferentes proyectos del anarquismo cultural, ha sufrido por partida doble. A la vez que la conflictividad social bajaba y se reducía su llegada a las masas sociales, se derechizaba la política institucional y mediática, lo que hacía que aumentase la presión y criminalización sobre ellos. esto ha supuesto un claro repliegue del panorama autónomo.

Ante esta situación de resaca generalizada, al igual que pasó en el resto de la extrema izquierda, han surgido procesos de reflexión y autocritica que están produciendo una serie de propuestas teóricas y prácticas que no se habían desarrollado con anterioridad en el espacio libertario.

Anarquismo Social y Organizativo

La crisis del anarquismo quizás ha sido más profunda que la que se ha producido en otros espacios del socialismo. El anarcosindicalismo como máxima expresión de la estrategia de síntesis y el anarquismo autonomista próximo a las dinámicas de los movimientos sociales está en punto muerto. En su seno se producen debates, nuevas y viejas propuestas rescatadas, mucha autocritica y la aparición de proyectos con otras líneas estratégicas. Quizás los dos síntomas más claros de que estamos ante un cambio de ciclo también en el movimiento libertario sean el abandono de mucha militancia hacia el autonomismo socialista con clara apariencia de constitución de un partido marxista leninista y la emergencia del especifismo latinoamericano y del plataformismo, a los que se ha venido a denominar como Anarquismo Social y Organizativo.

Esta corriente, el Anarquismo Social y Organizativo, dentro del movimiento libertario no es nueva. Hunde sus raíces en las propuestas tácticas teorizadas por Bakunin: la estrategia de militancia dual. A diferencia de las propuestas de Síntesis, se apuesta por la construcción de una organización específicamente anarquista, donde se construye una fuerte unidad ideológica y estrategia, así como unos compromisos militantes, desde la que se interviene en los movimientos de masas para potenciar la fuerza social de los mismo. En otras palabras, la organización anarquista interviene en la realidad social intentando producir las condiciones más favorables para la acumulación de fuerza en manos de los trabajadores y trabajadoras en su enfrentamiento con las fuerzas capitalistas.

Lo importante de todo este asunto, de esta reflexión estratégica, es que supone una ruptura con el sentido común que se ha ido imponiendo en el entorno libertario a base de costumbre y falta de reflexión. Y es que este posicionamiento estratégico supone un radical cuestionamiento a las estrategias autonomistas y de síntesis, al insurrecionalismo organizado en pequeños grupos de afinidad y al anarquismo educacional sumido en posiciones reformistas.

 

El estado actual del Anarquismo Social y Organizativo en el estado español

Aunque hablamos de ruptura, no es justo imaginar este proceso como la irrupción repentina y surgida de la nada de unas cuantas iluminadas. La realidad es que este proceso reflexivo lleva años aterrizando en nuestro entorno más cercano, solo es que ahora ha encontrado el terreno fértil y los oídos ligeramente más abiertos a otras ideas. Es necesario por tanto agradecer el duro e ingrato trabajo que han realizado algunas organizaciones y militantes en este sentido. La implantación y la fuerza de las organizaciones del Anarquismo Social y Organizativo en Latinoamérica son sin duda el otro factor que ha posibilitado la llegada de estos planteamientos estratégicos a nuestro territorio.

En la actualidad se han formado en el estado español media docena de organizaciones anarquistas alineadas con el especifismo o el plataformismo. Algunas de ellas ya han iniciado un proceso de coordinación y se han implicado en un profundo debate sobre la posibilidad de la creación de una organización a nivel estatal. Hay que tener en cuenta que “Federación” no significa lo mismo aquí, que en las estrategias de síntesis. En coherencia con la estrategia dual bakuninista, implica la construcción de unidad ideológica y estrategia, por lo que es más laborioso de construir y perfilar. Creemos que están por llegar muchas nuevas y buenas noticias desde esta corriente del anarquismo, lo que nos llena de esperanza y ayuda a sacar los pies de ese pantanoso estado de derrotismo e impotencia.

 

¿Y ahora qué podemos hacer?

Partimos de que estamos ante un cierre de ciclo con el agotamiento de parte del neorreformismo, pero ojo, que esto no significa que hayan dejado de existir. Es más, ahora mismo, los diferentes sectores dentro de Sumar están intentando cerrar todas las grietas que hay abiertas para estabilizar la situación o capitalizarla a su favor. Esto implica que no podemos entender el periodo que se abre como un momento político resuelto a favor de los planteamientos revolucionarios. Esto no es un; el neorreformismo ha fracasado es nuestro turno.

Por el contrario, es el momento de organizarse, plantear alternativas y estrategias aprovechando la experiencia reciente. Esta vez tenemos que estar preparados para evitar que las burocracias y los tecnopopulistas consigan desviar la fuerza social que surgirá del descontento y la indignación. Allí es donde deben estar las anarquistas, organizadas y armadas de una estrategia coherente que nos permita avanzar en el camino hacia la emancipación.

Escrito por Miguel Brea, militante de Liza.

1 2