El papel de las jóvenes y las hijas de las trabajadoras de las flores

Ponencia presentada al Primer foro regional de floricultura: miradas al trabajo, el territorio y a su gente, Marzo de 2014. Revisado y corregido en Abril de 2015.

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Pasa la infancia en la escuela entre semana, esperando a ser recogido por algún familiar o encontrándose en la necesidad de aprender a llegar solo a su casa a muy corta edad. Los sábados y varios domingos debe permanecer en la guardería de la flora, aquella que existe gracias a jornadas de lucha por parte de trabajadoras para no dejar a sus hijas solas en la casa.

Llega una de las peores épocas para cualquiera de estos niños: la temporada. Debe madrugar junto a sus padres, quienes cocinan las 3 comidas de un día en menos de una hora. Despierta junto a la niebla de estas frías tierras, condensada en las llamadas “heladas”. Debe esperar a que algún familiar o vecina lo lleve cuando ya el sol haya despertado. De nuevo espera a alguno de sus padres: son las 6, las 7, las 8, las 9 y hasta las 10 de la noche. Entre dormido ve a sus padres durante varias semanas, no hay tiempo de calidad para generar una familia feliz como la que ve en la niñera silenciosa que le acompaña, es decir, la televisión.

Quizás esa misma niña tenga que trabajar en algún momento de su juventud en una flora: muy probablemente ahí se quede un par de años o todos, prácticamente. Esa persona buscará crear una nueva familia: dar educación a sus hijos, quizás comprar una vivienda de interés social, ayudar a sus padres, etc. Y en esas necesidades vuelve y entra al negocio que va a reproducir otra generación, no de las flores, sino de las vidas, donde se negocia la salud, el alimento, el buen vivir… la felicidad“- Relato de una hija de una ex-trabajadora de flores.

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La industria de las flores es la marca “distintiva” de la región de la Sabana de Bogotá, tanto por su poderosa capacidad económica como por su campo de influencia en el tejido social y los procesos históricos que se han dado a lo largo de las últimas décadas en este territorio, comprendido por los municipios aledaños a la capital del país en el Norte (Cajicá, Chía, Cogua, Cota, Gachancipá, Nemocón, Sopó, Tabio, Tenjo, Tocancipá y Zipaquirá) y el Occidente (Bojacá, El Rosal, Facatativá, Funza, Madrid, Mosquera, Subachoque y Zipacón).

La familia de la sabana que se enmarca dentro de esta dinámica (directa o indirectamente) reproduce en su seno el cuadro cultural y social que genera la maquina de la floricultura. Es precisamente la familia de la sabana y sostenida por el trabajo en la floricultura el objeto de estudio de esta ponencia, centrada en el papel de la juventud y las hijas de trabajadoras de flores, que a veces pasan por tangenciales a las problemáticas que desarrolla la floricultura, pero que también participan en el ramaje que compone esta industria económica, social y territorial.

Un breve panorama de las jóvenes y la infancia en Colombia:

Las personas entre los 14 y los 26 años representan el 28% de la población del país. El desempleo para la juventud asciende hasta el 16,4%, pero con el riesgo de caer en la ingenuidad de estas bajas cifras es importante destacar que tres cuartas partes sobreviven con menos de un salario mínimo mensual (nótese que para el gobierno la edad “laboral”, disimuladamente, va desde los 14 años). Sin embargo es preciso darle mayor contundencia a los datos enfocándolos a las capas productoras de población: para los hogares más pobres el 40% de jóvenes entre los 20 y los 24 años no tienen empleo. El 44.4% de las personas pobres y el 15.3% de las indigentes son jóvenes.

Las mujeres son las más afectadas en el plano económico, ubicándose en los últimos sondeos alrededor de 10 puntos por encima de los hombres para casi todos los parámetros. Además, ser joven en nuestro país en 5 veces más “mortal” que el promedio para Latinoamérica. El 75% de las muertes en jóvenes están relacionadas con la violencia que vive Colombia. Sólo 6 de cada 10 jóvenes están afiliados al sistema de salud. El servicio militar en varones aún es una obligación, o en su defecto, el valor de la libreta es básicamente impagable.

Para los niños el panorama no es mejor: 1 de 4 combatientes menores de 14 años en el mundo son colombianos. Entre unos 5000 y 8000 niños han sido asesinados en masacres, la gran mayoría propiciadas por paramilitares y con ayuda de fuerzas del Estado. Más de 20 mil niños menores de 5 años mueren por desnutrición aguda y miles más padecen de hambre, producto de la falta de políticas alimentarías relacionadas, entre otras practicas, con el monocultivo, que en la Sabana de Bogotá ha sido durante muchas décadas ocupado por la industria floricultora.

La región de la sabana y la juventud:

La región de la Sabana de Bogotá, incluida la Capital, es para el país la región estratégica más importante, es, simplemente, el centro del poder económico, político y socio-territorial. En ese mismo sentido, las políticas públicas para la juventud están diseñadas para orbitar alrededor del modelo implementado desde la estructura nacional y aplicadas por las autoridades locales al pie de la letra, casi sin matices entre municipios de la región. La instalación del pie de fuerza bajo las lógicas de la seguridad democrática durante el gobierno Uribe (y la continuación bajo el mandato de Santos) añadió una nueva dinámica para la sociedad y las jóvenes, por vía institucional o para-institucional, que es la militarización del territorio, que no es nueva pero si aparece con paradigmas reestructurados y repensados dentro del marco de la consumación de la apertura económica.

La entrada, casi completada, de Colombia al sistema mundial del mercado, impulsado por las descarriladas locomotoras de Santos y sus antecesores, ha hecho de la región un lugar en el que acelerar el progreso y arrasar cualquier cosa que lo detenga es la meta en los modelos de desarrollo. El plan ciudad-región se convierte en el foco central de la actividad económica de la región e invade los escenarios políticos y sociales para que se acoplen a aquel sistema: mega aeropuertos, nodos financieros y políticos descentralizados, centros gigantescos de almacenamiento y distribución, entro otros, son la estructura que viene definiendo el ideal de megápolis. Es aquí donde la juventud tiene un papel fundamental que se viene prefigurando desde su infancia a través de las planes de desarrollo y las políticas sociales, educativas y económicas.

Desde la infancia. Las hijas de las trabajadoras de flores:

El ambiente para las hijas e hijos de los trabajadores tiene bastantes particularidades: gran parte de los hogares son sostenidos por madres o padres cabezas da familia (especialmente madres) con 3 hijos o incluso más, donde en evidente el hacinamiento en varias viviendas, las cuales a su vez están ubicadas por lo general en alquileres temporales. Muchos de las niñas de estas familias estudian en colegios oficiales, donde pocas participan de actividades extra-académicas y sobreviven junto con sus familias en los más precarios barrios de los municipios de la Sabana, azotados por la militarización y la violencia periférica.

A modo de recuento histórico es importante señalar que en décadas anteriores muchas personas iniciaban trabajando en la floricultura desde los 14 o 13 años, edad donde todavía se consideraban legalmente infantes, practica que cambió con la aplicación de leyes de protección hasta hace pocos años. Estas personas hoy, en su mayoría, no superaron la educación primaria y continúan trabajando en la industria de flores, o en su defecto, son ex-trabajadoras que duraron varias décadas acumulándole grandes ganancias a las transnacionales floricultoras mientras sobreviven con bajas pensiones.

En las familias el cuidado de los niños es a menudo responsabilidad de vecinos, familiares o amigos, con quienes no se comparte vivienda, y en otros casos, son los mismos niños quienes deben estar en casa solos durante las jornadas de trabajo de sus padres y madres. Esta inatención se traduce en problemas futuros como la deserción escolar, embarazos no deseados, delincuencia, entre muchos otros.

La mal nutrición, producto de los bajos salarios de la industria floricultora, además de los comunes retrasos en pagos de nominas, liquidaciones o prestaciones sociales, afectan la adquisición de elementos básicos y de buena calidad de la canasta familiar, repercutiendo especialmente de manera negativa en las personas infantes: el déficit de ingesta de proteínas, vitaminas y minerales y el exceso de carbohidratos dañan la salud física y mental de los niños, que además, deteriora su rendimiento escolar, la capacidad de relacionarse en su entorno y su proyección personal en diferentes aspectos. La falta de espacios de esparcimiento, de un salario digno y políticas públicas que puedan garantizar el derecho a la recreación en familia y de respeto a los tiempos laborales para compartir pesan también en el déficit de las niñas. A su vez, el deterioramiento del medio ambiente no genera un buen lugar donde crecer: las fuentes hídricas contaminadas, la acidificación de los suelos (que rápidamente hace desaparecer las zonas verdes aledañas a los cascos urbanos), entre otros, afectan el derecho a un desarrollo sano.

Gran parte de estas niñas y niños se ven obligados a asumir roles que no son de su edad, que van desde el cocinar para sus padres, madres o incluso para todo el núcleo familiar, y van hasta el cuidado de hermanos o parientes menores, asumiendo responsabilidades extra-limitadas. Los trabajos informales para muchachos menores de 14 años son común denominador en las familias que viven de la floricultura, quienes deben dividir su tiempo de manera que puedan sobrellevar varias responsabilidades.

En término de garantías laborales debemos hablar de la licencia de maternidad posparto de 3 meses, que entre otras cosas, no es suficiente para el cuidado que requiere un recién nacido y su madre, igualmente la licencia de 8 días para el padre. La ausencia de políticas de responsabilidad social para las hijas e hijos de los trabajadores de flores en el plano educativo obliga a muchos de ellos a abandonar desde temprana edad el colegio o truncar sus proyectos académicos. La violencia intrafamiliar se convierte en un problema constante dentro estas familias, sumada al hecho de la poca o nula relación afectiva de padres e hijos (quienes pueden pasar semanas sin estrechar lazos personales), además se debe tener en cuenta la falta de comunicación entre acudientes y profesores o administrativos de colegios, que dificulta la compresión sobre las condiciones de los niños en el aprendizaje, y a su vez, sobre los programas pedagógicos necesarios. Hablando de la educación básica debemos mencionar el hacinamiento, el déficit financiero y el carácter mercantilista, problemas estructurales de la educación en Colombia.

Debemos anotar que el aislamiento y la falta de nichos de formación familiar generan vacíos que llenan fácilmente espacios que pueden repercutir negativamente en la proyección personal y social del niño o niña.

La juventud y la floricultura:

La situación de las jóvenes trabajadores no varía mucho, especialmente porque la mayoría crecieron en un entorno familiar dentro del círculo de la industria floricultura, y del mismo modo, se enmarca dentro de las mismas dinámicas: bajos salarios, extensas jornadas laborales, malos tratos, falta de libertades sindicales y demás. Es importante señalar que varios de estos jóvenes también provienen de diferentes regiones del país y llegan en busca de oportunidades laborales, dejando atrás sus familias y teniendo que soportar la carga psicológica y material de tener que vivir lejos de sus hogares y la mayor parte de veces solos.

Empero, las jóvenes padecen problemas que se agudizan dada su particular condición. Muchos de ellos ven truncada la posibilidad de acceder a la educación superior por varias razones: la dificultad en el pago de matriculas, exámenes de admisión, transportes caros y la competitividad desigual del sistema educativo imposibilita muchas veces la oportunidad de estudiar en una universidad. Y muchas de quienes pueden estudiar se ven obligadas a trabajar por temporadas vacacionales para floras, meses en donde también es fácil encontrar estudiantes de bachillerato o jóvenes sin acceso a cualquier tipo de educación.

Las oportunidades laborales para una persona recién graduada del colegio son muy limitadas, prestándose fácilmente a la industria de la floricultura. La situación se agudiza para quienes desertan de sus estudios antes de culminarlos. Por lo general, la falta de experiencia obliga a aceptar cualquier empleo sin prestaciones sociales mínimas. Varias empresas de flores aprovechan la ingenuidad o poca preparación de los jóvenes para ahorrarse el dinero que deberían pagar (pensiones, cesantías, liquidación). Para los hombres la situación es se complica al tener en cuenta que en varias empresas es necesario presentar la libreta militar como requisito, y en las que no, las condiciones laborales son más deprimentes. A la larga, entre jornadas laborales paupérrimas y temporadas de desempleo muchos de estos jóvenes terminan haciendo parte de grupos armados, legales o ilegales, o buscando redes económicas clandestinas para suplir sus necesidades y las de sus familias.

La nula estabilidad laboral de las floras se presenta como expresión casi general para todos los trabajadores de la región, pero obtiene un mayor provecho en los menores. Muchos empleos ofrecidos para personas jóvenes duran solo un par de días o semanas como mucho, luego sin mayor razón son despedidos al cumplir tareas. Esta práctica “jornalera” es común en las temporadas de San Valentín, día de las Madres, de la Mujer y Amor y Amistad, donde la demanda internacional aumenta.

La mayoría de floras recurren a las cooperativas de trabajo que pocos escrúpulos tienen en términos de publicidad para atraer a jóvenes sin experiencia, situación militar definida o educación básica. Los despidos son seguidos muchas veces por demora en los pagos de nomina, liquidaciones o prestaciones sociales. La firma de contratos estables para los jóvenes no es más que un ideal alejado de la realidad. Así mismo, la historia de los hijos de trabajadores de flores se repite para aquellos jóvenes que se convierten en padres o madres a temprana edad, muchas de ellas que tienen que cargar con la responsabilidad extra de ser madres solteras.

La negación del derecho a compartir con la familia, a la recreación y al buen descanso se manifiesta también para las personas jóvenes: el cierre de oportunidades académicas, culturales, artísticas y deportivas en los municipios genera de una elitización del saber, por tal razón, la mayor parte de jóvenes de barrios populares son vistos bajo la lógica económica imperante del país, es decir, clasificados como mano de obra barata y poco calificada. La educación técnica y tecnológica está presta para aumentar esta brecha, y las mínimas oportunidades educativas se convierten en educación para el trabajo: los planes curriculares giran en torno las necesidades del mercado de las flores y las otras industrias de explotación, pero no para las necesidades sociales y económicas del pueblo de la sabana.

Los jóvenes, al igual que los demás trabajadores, están expuestos a sufrir las bancarrotas o momentos de “crisis” del mercado (la patronal por el contrario no), y sin explicación alguna deben muchas veces ser retirados de sus puestos sin los mínimos legales para que ello se efectué, desconociendo liquidaciones, experiencia o cesantías. La falta de garantías laborales y de libertades organizacionales juega un papel fundamental en este plano, siendo de nuevo la poca experiencia la razón principal para que las burocracias de las floras incentiven prácticas antisindicales, contratos amarillos o blindajes legales frente a cualquier tipo de protesta. Muchos de los esquiroles en huelgas son, tristemente, jóvenes empujados por el hambre, la desesperación o la miseria.

Las exigencias internacionales en alza ha permitido, y seguramente lo seguirán haciendo, que todas estas condiciones se agudicen en las familias dependientes de la floricultura, sea por un cambio de demanda de productos o por la continuación de la lógica neoliberal.

La propuesta es defender el derecho al buen vivir y a la felicidad:

Las jóvenes del territorio solo tenemos una salida para mejorar estas condiciones: el estrechamiento con todas aquellas trabajadoras de la sabana, así como otros sectores sociales, nos debe dar una mayor cohesión que nos permita ser escuchadas, instalando demandas de los mínimos de dignidad y presionando para conseguir políticas públicas que sean favorables para nosotras, la infancia y las trabajadoras de flores.

El derecho a ganar es, visto a groso modo, del buen vivir: el derecho a que los niños puedan compartir mayor espacio con sus padres, el derecho a la recreación, a una buena educación, a barrios pensados para seres humanos, a la no militarización de nuestras vidas y territorios, a una soberanía y autonomía alimentaría, al trabajo estable y digno, etc. Es importante ir avanzando paulatinamente en las demandas sociales y económicas, paso a paso, acumulando cada vez mayor capacidad organizativa y fomentando la solidaridad y autogestión como ejes fundamentales para la transformación de la realidad concreta.

Es importante anotar la pertinencia hoy de banderas como las 8 horas de trabajo, los contratos por empresa, las libertades sindicales, el abandono de prácticas de subempleo (que tienen una relación directa con la política de las cooperativas de trabajo), el derecho a la salud y educación pública pensadas para las comunidades, el aumento de los salarios, el no trato militar a conflictos laborales, a un mayor tiempo vacacional y demás, para que podamos pasar de ser mano de obra barata a pensarnos progresivamente una nueva forma de relacionarnos, no como mercancías sino como seres humanos. Estas luchas no son el fin en si mismo, son el comienzo de una nueva etapa para ir por cada vez más, ya no solo en esta región sino en el mundo entero.

Pero todas estas no son cosas que ganamos las jóvenes solas, únicamente las ganará el pueblo organizado.

Steven Crux


Bibliografía

• Reporte infancia mundial 2012. CRIN. http://crin.org/docs/REPORTEINFANCIAMUNDIAL2012.pdf

• Habitando el territorio. Jóvenes de la Sabana de Bogotá: Entre la pobreza, el conflicto y la esperanza. Corporación Cactus http://www.cactus.org.co/archivos/documentos/Publicacio…l.pdf

• Vídeo: Los hijos e hijas de las flores. Corporación Cactus http://www.youtube.com/watch?v=xwJvjInTsCA

• Cifras de la situación de los y las jóvenes en Colombia. Civis. http://civis.se/Cifras-de-la-situacion-de-los-y

• Un día en la vida de una trabajadora de la floricultura. Proyecto de Solidaridad Laboral Las Ameritas. http://www.usleap.org/usleap-en-espa%C3%B1ol/proyectos-…-y–0

[Colombia] Ejército Nacional asesinó a un campesino en Cauca

Tomado del Centro de Comunicación y Educación Popular Enraizando: https://enraizandoprensalibre.wordpress.com/2017/09/21/ejercito-nacional-asesino-a-un-campesino-y-dejo-dos-mas-heridos-en-zona-rural-de-corinto/

Ejército Nacional asesinó a un campesino y dejó dos más heridos en zona rural de Corinto, Cauca:

La fuerza publica de nuevo dispara de manera indiscriminada contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto-Cauca. En los hechos fue asesinado el campesino José Alberto Torijano, coordinador de la Guardia Campesina de la vereda Río Negro, además fueron gravemente heridos Jonathan Alexander Hernández Guevara y Gonzalo Iquinas Perdomo.

Desde las 4am efectivos del Ejercito Nacional iniciaron un allanamiento que buscó la destrucción de un laboratorio de coca en la vereda Medía Naranja. En el operativo dos comuneros fueron retenidos por el Ejercito Nacional, lo que ocasionó una acción espontanea de  solidaridad de las comunidades indígenas y campesinas, buscando la liberación de los comuneros retenidos. Ante la presión comunitaria los militares cedieron y liberan a los dos comuneros retenidos. Escoltados por las comunidades el Ejercito inició su retirada de la zona, pero entre las 8 y las 9am, a la altura de la vereda Pueblo Nuevo, comenzaron a disparar contra las comunidades, es allí que es asesinado José Alberto Torijano, mientras que otros dos civiles caen heridos por el fuego de los militares.

Es muy preocupante que militares y policías operen con impunidad, disparando de manera reiterada contra las comunidades indígenas y campesinas, como si la vida de los sectores populares de Corinto no tuviera valor. Es común que las comunidades indígenas de Corinto sean recibidas por ráfagas de fusil, disparadas por efectivos policiales durante la realización de las Mingas de Liberación de la Tierra. El asesinato del joven indígena Daniel Felipe Castro Basto, el pasado 9 de mayo, es el resultado de este modo de proceder represivo de los uniformados.  La reiteración de los hechos de muerte por parte de policías y militares indica que el asesinato registrado el día de hoy no es un hecho aislado, es evidente que existen ordenes expresas de altos oficiales de la Fuerza de Tarea de Conjunta Apolo y de la Policía del Cauca para disparar con impunidad y asesinar a las comunidades.

Este no es el primer ataque contra la comunidad campesina de Corinto, en octubre 19 del año pasado dos hombres armados en una moto llegaron a las 8pm hasta la casa de Esneider Gonzalez, ubicada en el casco urbano de Corinto, Cauca, y le dispararon en repetidas ocasiones, dejándolo gravemente herido con dos disparos en la espalda y uno en la cabeza.

Las guardias campesinas y populares han sido impulsadas en el departamento por la Organización para el Desarrollo Urbano y Campesino del Cauca, (ORDEURCA), como una forma de apropiación y ejercicio del poder campesino en los territorios, pero también como una forma de defensa de la vida de las comunidades. Este proceso campesino se encuentra inspirado en la experiencia exitosa de organización de las comunidades indígenas nasa del Cauca, ya que la Guardia Indígena o Kiwe Thegna, ha permitido que las comunidades ejerzan un control efectivo sobre el territorio y defensa de las comunidades en su lucha por la tierra.

De acuerdo con el reciente informe de Somos Defensores, sobre la violación de derechos humanos contra activistas sociales en Colombia, de enero a junio de 2017 se presentaron 335 agresiones y 51 asesinatos de activistas sociales. De acuerdo con diferentes fuentes, desde el 2016 el departamento del Cauca continua siendo el más golpeado por la violencia contra las organizaciones populares en Colombia.

Por otro lado el allanamiento realizado por el Ejercito el día de hoy fue una medida arbitraria de parte  de la fuerza publica ya que, desde inicios de este año, las comunidades han buscado mecanismos de dialogo con el Gobierno Nacional para realizar un acuerdo que permita  la sustitución permanente de cultivos de coca. Para el mes de abril German España,  funcionario de la Dirección para la Atención Integral de Lucha Contra las Drogas, se reunió con las comunidades de Corinto y reitero la disposición de dialogo del Gobierno Nacional, sin embargo nunca dieron respuesta a la propuesta de sustitución de cultivos presentada por las comunidades. El Estado no solo desconoce la voluntad de dialogo de indígenas y campesinos, por el contrario procede a criminalizar, perseguir y violentar a las comunidades que, abandonadas por la inversión estatal,  acosadas por las políticas económicas neo-liberales, se han visto obligadas a subsistir a través de los cultivos de coca.

Denunciamos el asesinato de José Alberto Torijano

Rechazamos la política de muerte contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto

Hacemos un urgente llamado a las organizaciones de derechos humanos para que realicen un seguimiento permanente de la violencia registrada contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto

No más represión, no más persecución , basta ya de tanta muerte contra los sectores populares en Colombia.

(Foto: Tomada hoy por comunero indígena en el lugar de los hechos. A quien le agradecemos y reconocemos su importante trabajo de registro fotográfico )

¿La hipocresía de colarse en Transmilenio?

Publicado originalmente en Junio del 2013.
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Dejémonos de hipocresías. Las cosas como son: el sistema de injusticia en el que vivimos no merece ninguna consideración. Resulta que ahora, debido al hambre que sufren millones de seres humanos y a la humillación a la que nos somete el orden en permanente “crisis”, el sistema saca a sus ideólogos baratos (disfrazados de periodistas) para mitigar lo que producen, que es la razón de su existencia.

De nuevo salen los pseudo-investigadores con argumentos simples y poco elaborados, atacando donde no es, todo con el fin de defender el estatus-quo y el ejemplo del “buen ciudadano”. Este texto nace de la indignación e ira al saber que la ley es, de nuevo, una herramienta de uso fácil para los de arriba, quienes para justificar su actuar llaman a sus medios de desinformación para llenar las ciudades, medios virtuales y mentes con argumentos que solo pretenden ocultar el trasfondo de las cosas.

No nos colamos porque sí, no es una cuestión de poner nuestra vida por debajo de la “pereza”, la “malicia” o las ganas de sentirse “el más vivo”. Sabemos que a veces la situación se torna absurda, al punto de colarse solamente por grabar un vídeo; pero por lo general existan razones más complejas. Muchas debemos escoger entre sacar copias para nuestros estudios o pagar por un sistema de transporte indigno e injusto, eso en el mejor de los casos, pero también sabemos que personas cercanas tienen que escoger entre no comer o 1.700 pesos. ¿Esto pasa? ¡SI!. Parece que ciertos periodistas no se han dado de cuenta donde viven, pues el aislamiento de la realidad social que producen los sectores acomodados y los edificios altos y pomposos les hacen olvidar que vivimos en Colombia. Razones sobran para decir porque la gente se tiene que colar (altas cifras de desempleo, inestabilidad laboral, malas condiciones de trabajo, desigualdad social, corrupción y un sinfín de elementos que hay que tener en cuenta), pero no es preciso profundizar en eso, simplemente salir, caminar y charlar en las calles del centro de las ciudades o en sus periferias.

Pero parece que los medios de incomunicación masivos no sólo ignoran la realidad social, sino que de hecho la niegan con frases estúpidas como “colarse por torniquete causa accidentes” (¿?) o “si transmilenio fuera gratis, se seguirían colando”… ya empezamos a ver por dónde va la cosa. Como ha dicho durante toda la historia por parte de ellas, la culpa de la desigualdad y la injusticia es de “la falta de educación de los pobres”, además de su “malicia indígena” (término que también tiene su trasfondo racista), pero parece que se les olvida la “malicia burguesa” de las multinacionales que nos roban la vida y los recursos, se les olvida la “falta de educación de los gobernantes nacionales” que regalan mano de obra a bajo costo y juegan con nuestra salud y dignidad. Obvio no nos colaríamos sí transmilenio fuera gratis, pero más que eso debe ser algo más: sí el transporte fuera digno, y ello involucra no solo dejar de ser sardinas enlatadas en un bus rojo, además es que el producto de su servicio sea retroalimentado a la sociedad en general y no a unos cuantos bolsillos. En ese sentido nos colaremos hasta que la transformación sea realidad.

Para los escritores de esos medios es válido hacer paralelos donde se cita la “cultura de pagar” que se tienen otros países, haciendo la salvedad de que son sistemas de transportes similares pero con condiciones socio-económicas completamente diferentes. Sin querer defender gobiernos de otras latitudes, es importante saber que la corrupción y la desigualdad impuesta aquí han adquirido niveles altísimos, diferentes a otros lugares. Entonces se peca de mala fe con estos paralelos. ¿Cómo no nos vamos a colar, si desconfiamos de quienes son dueños del transmilenio?, nuestras vecinas, familiares y compañeras de estudio o trabajo lo hacen, sin necesidad de que lean teorías económicas avanzadas, pero sabiendo que la cantidad de dinero robado por medio de impuestos, impunidad y excesivas ganancias, se lo llevan otros, quienes por cierto tienen costosísimos carros y viajan en limusinas privadas, a costa de nuestra incomodidad y falta de derechos en transporte digno. La “cultural del pago” es un plan para naturalizar el descontento popular, para esta cultura es más indignante que una persona prefiera guardar $1700 para comer o estudiar a que un millonario ,con sus arcas llenas, quiera poseer siempre más dinero a costa de la esclavitud de otras.

Y ya que se toca la cuestión de los derechos que deberíamos tener como usuarios, no podemos pasar por alto que el sistema de transmilenio en Bogotá, al estar enmarcado en una de las burocracias más corruptas del mundo, sea de los más caros, indignos e inseguros de América latina. Vimos los años pasados que tras olas de manifestaciones pacificas, que terminaban siendo violentamente reprimidas no sin una respuesta de quienes están indignadas, las directivas deciden bajar el precio del tiquete en ciertas horas. Esto no hay que entenderlo como un regalo que nos dieron las de arriba, lo vemos una conquista que se lo logró a punta de movilización, y sabemos que aún falta y seguimos en ese mismo camino.

La prensa oficialista, no bastándole con insultarnos, nos pone al mismo nivel (o quizás peor) que el de los Nule o los Moreno, asegurando que las mismas razones que nos motivan a colarnos son las mismas que motivaron a estos avaros a sacarse buenas tajadas de dinero, aparte de lo legalmente permitido que de por sí ya es un robo. Quisiéramos ver que, por la tacañería, un ladrón de cuello blanco salte una puerta de transmilenio.

Pero en algo estamos de acuerdo con estos señores de los grandes periódicos: toca atacar más profundo, cambiar lo cultural. Buscamos atacar la cultura de la competencia, del odio, de la desigualdad, del conformismo y de la resignación, aunque no sea la misma idea a la que se refieren los grandes medios al decir que el “buen ciudadano” es quien pide sus derechos de manera “que no altere el orden” –para que le nieguen sus exigencias- y al otro día vuelva y pague su pasaje, hacer lo que en la escuela llaman “lo correcto”. Lo importante, para ellas, no es que transmilenio se digne a dar un buen servicio, sino que el dinero siga llegando diariamente, si eso es así, todo está bien en la lógica de lo antilógico.

Todo lo anterior nos lleva a una serie de reflexiones más profundas. La prensa oficialista está al servicio de los bolsillos de los empresarios y gobernantes, nunca mira más allá de las cortinas de humo y termina por justificar la desigualdad legalmente impuesta, y así seguimos en lo mismo de siempre: atacan a las hambreadas pero no al hambre, niegan la lucha de clases porque son dueños de quienes cuentan la versión de la realidad. En esa misma dirección, para la no sorpresa nuestra, las leyes están hechas para blindar el bolsillo de los explotadores, obligando al explotado a seguir dejando su dignidad y vida en largas jornadas de trabajo, en oportunidades de educación perdidas o en una tarjeta electrónica, ejemplo de ello es la forma más “correcta” que encuentra el aparato estatal para controlar a quienes se colan, que en su mayoría no tienen dinero pues no se colarían, exigiéndoles más de medio millón de pesos como retribución por “robar” $1.700, y para hacerlo sonar “humanitario” se dice que el objetivo último es “salvar vidas”, ¿No será salvar bolsillos?, bueno, suponiendo que las mismas personas que nos condenan a morir en las puertas de los hospitales quieren salvaguardar nuestra integridad física y se preocupan de que el 23% de las muertes anuales alrededor del mundo sean por accidentes de tránsito, parece no importarles que la gente fallezca por enfermedades producidas por alimentos tratados con transgénicos, por las guerras impuestas por la avaricia del petróleo, por el hambre y la sed, por la desigualdad social y por la violencia que nace de todo lo anterior, quizás todo ello sea más del 23%.

Pero para exigir nuestros derechos inmediatos como usuarios, llámense servicios más regulares, menos congestionados y más baratos, y teniendo en cuenta que todo va más allá, debemos seguir una serie de papeleos que probablemente no terminarán en nada al cabo de meses o años, papeleos que para castigar a quienes se colan y proteger los ingresos de parásitos si son rápidos, pues existe eso de “leyes express”, que se hacen en cuestión de días o semanas, donde los recursos materiales y humanos (vehículos de la policía, uniformados, cámaras, etc) están a disposición del capital privado a primera hora. Pero para terminar de hacerlo más orwelliano, cada peatón usuario del sistema debe convertirse en “veedor” del mismo, es decir, esta cultura del pago y el rechazo social a colarse garantizan que cada una de nosotras sea un potencial policía de las demás, imaginémonos cuanto se ahorraría transmilenio en celadoras.

Sabemos que muchas veces el acto de colarse lo hacen personas con bastante dinero, que lo hacen por diversión o por el deseo de adrenalina, como también hay casos absurdos donde jóvenes han muerto por no esperar un semáforo en rojo o teniendo varios pasajes en sus bolsillos, esto es también criticable. Somos conscientes de que nuestra vida no vale menos que $1.700, por eso cuando nos colamos lo hacemos con seguridad de no morir en el intento. Estamos de acuerdo con que es importante desarrollar conciencia social en nuestros barrios y centros de estudio, sin hacerle el juego al sistema de injusticia. Somos conscientes también que debemos dejar salir primero, cruzar el puente peatonal, utilizar los semáforos y caminar por la derecha, son cosas simples que ayudarían a mejorar muchas cosas, pero que quede claro que aquí lo importante y primordial es la transformación de las condiciones económicas, sociales y culturales que nos imponen los de arriba, luego de ello podremos hablar de un sistema digno de transporte, de educación, de salud, de producción… de vida.

En resumen, porque no tenemos salarios dignos y porque nos burlamos del poder, seguiremos colándonos: por la puerta, abriéndola o subiéndonos al primer articulado que se detenga; por torniquete, saltándolo o devolviéndolo… ¡Colémonos hasta que todo cambie!.

“NADA PARA ATRÁS, TODO PA’ DELANTE” Liberador de la Madre Tierra herido por el Ejército Nacional

El día de ayer, 14 de septiembre, desde las 9:00am, en pleno ejercicio de control territorial por parte del pueblo Nasa, se buscó expulsar del Territorio Ancestral la maquinaria perteneciente al Ingenio INCAUCA que pretendía retomar territorio liberado del monocultivo de caña; esta actividad comunitaria tuvo como respuesta la amenaza de múltiples agentes de la fuerza pública (Policía Nacional y Ejército) quienes se prestan de continuo como seguridad privada de los terratenientes y así mismo del agronegocio del azúcar y el biocombustible. Leer más

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