[Canción] Nuestra nación

«Nuestra nación es inventar el camino.
Nuestra nación es caer y levantarse.
Nuestra nación es saber que vivimos
con la mirada siempre fija hacia adelante.»

Cuando escuché esta canción, en su letra se venía reflejada una idea distinta de nación a la que se viene acostumbrada a oír en los ambientes libertarios. Al parecer, en buena parte de nuestro entorno, la palabra «nación» y todo lo relacionado a la cuestión nacional son palabras y temas tabú que no pasan por reinterpretaciones, sino que solo genera rechazos. No obstante, podemos saber que la realidad no es así, que la cuestión nacional depende de qué proyecto político sea la impulsora de los movimientos de liberación nacional. Y estos, pueden ser tanto de izquierdas como el movimiento de liberación kurdo como de derechas. Sin más, os dejo con la canción, que de verdad vale la pena escucharla;

Architects

Los cambios de tendencias vienen siempre primero por un cambio en sí mismo, de las circunstancias y del entorno. Seguramente, te hayas sentido alguna vez identificade con una canción porque describe algún acontecimiento importante en tu vida, y eso me pasa a mí y a muchas otras personas. En mi caso es esta canción de Rise Against titulado Architects que comparto con vosotras, cuya letra traduzco aproximadamente a continuación del vídeo con las letras en inglés…

¿Ya no quedan más luchadores ahora?
¿Somos la generación que habíamos estado esperandolos?
¿Estamos pacientemente en ascuas, esperando a ser salvados?

Nuestros héroes e iconos se han moderado con la edad
Siguiendo las reglas que una vez ellos desobedecieron
Ahora son dirigidos cuando ellos solían marcar el camino.

[Estribillo]
¿Aun crees en todo aquello
que sostuviste antes?
¿Estás ahí fuera en las primeras líneas
o en casa haciendo las cuentas?

¿Y te preocupa ser la capa
de ladrillos que selle tu destino?
¿O quizás prefieras ser el arquitecto
de aquello que podríamos crear?

Ellos diseñaron los planos, sentaron una base.
Soluciones concretas para ralentizar nuestra decadencia
pero cuando se fueron
¿Quién mierdas irá a sustituirles?

Sí, ¿serán los cínicos, los abundantes críticos?
el cliché apático, desmayado en el suelo
Ese confiado cómplice
a quien ignoran colectivamente.

[Estribillo]

¿No recuerdas cuando eras joven
y quisiste prenderle fuego al mundo?
En en fondo, sé que lo recuerdas.

¿Y no recuerdas cuando éramos jóvenes
y quisimos prenderle fuego al mundo?
Porque todavía lo soy y lo recuerdo.

No lo dudes, no tenemos miedo
de aguantar la carga de repetir lo que están pensando en todo momento
Subamos las apuestas sobre el desafío que hicimos
Decidamos ser los arquitectos, los dueños de nuestro destino.

Sí, todavía creemos en aquellas cosas
que sostuvimos antes
Y todo aquello que hemos visto aquí
quizá aún más.

Y sé que no somos los últimos
ni tampoco los primeros
Y sin arrepentimiento,
seguimos estando detrás de cada palabra.

———

De hecho, esta canción es, según un espontáneo, una respuesta a I was a teenager anarchist. Para mí, representa la superación de ese infantilismo anarquista que nada se involucra en lo político-social y es parte de una subcultura, ese anarquismo que hablaba de fuego, libertad, barricadas y revolución, que no son más que sueños húmedos de la efímera adolescencia, y que tras pasar este período, llegamos a la mayoría de edad y todas esas tonterías se nos va pasando ya que cada vez más nos vemos obligadas a buscar un trabajo para sobrevivir. No solo eso, cuando las expectativas chocan con la realidad, nos llega la frustración ya que dicha realidad es completamente distinta a las expectativas, y de allí comenzamos a desechar todo aquello en lo que habíamos creído. Aunque en el fondo mantengamos esa semilla revolucionaria, empezamos a ver las cosas de otra manera, al menos yo: menos emocionalmente y más racionalmente.

Y es que cuando tomé contacto por primera vez con el anarquismo, fue por lo subcultural y todo ese panfletarismo incendiario. Estuve un tiempo flipándome con esas tonterías e incluso llegué a tragar el discurso nihilista, aunque por poco tiempo, porque todo aquello no era más que literatura incendiaria radicaloide. Rompí con todo ello tras debates con otros compañeros y me di cuenta que la realidad es otra cosa, y que no se cambia con fuego y la vida pirata, sino a través de la lucha social y de la articulación política del anarquismo. Obviamente, las interpretaciones que acabo de hacer son plenamente subjetivas.

Recomendación: Arcadia

Dentro del cine negro, la posición de los personajes en la sociedad de clases suele quedar un tanto desdibujada y esto es aún más frecuente en el subgénero de los asesinos en serie. American Psycho fue una gran excepción, al centrarse en un yuppy niño de papá con un hambre narcisista por el homicidio y que permitía retratar la década de 1980 como el culmen de la frivolidad y del egocentrismo. Pues bien, Costa-Gavras daría en 2005 un paso más allá –como director y coguionista, junto a Jean-Claude Grumberg– al adaptar al cine la novela The Ax, de Donald E. Westlake, con el título Arcadia.

Lo que en principio podría ser la historia de un trabajador parado de los que llaman «de larga duración» (más de un año sin encontrar trabajo), Bruno Davert, se convierte en algo muy distinto una vez que el escenario social de atomización, de competencia fratricida de todas contra todas, se lleva más lejos. Bruno había trabajado quince años en la misma empresa cuando le echaron en un ERE para trasladar la producción a un país más barato. Cuando hace más de dos años que busca un puesto similar al perdido, sin éxito, su sueño lo encarna una empresa llamada como la idílica tierra de los pastores de la Grecia clásica, Arcadia, pero ese puesto ya está ocupado y, después de tantos procesos de selección en vano, sabe que hay algún que otro buen aspirante aparte de sí mismo. Los parados que hemos visto en otras películas –Los lunes al sol, Full Monty– están inseguros, heridos en su autoestima, pero sienten el apoyo de su círculo personal. Bruno no quiere apoyarse en su familia para sobrellevar su situación, quiere arreglar esta para que todo vuelva a ser como antes (su Arcadia personal) sin necesidad de contar a nadie cómo lo ha hecho. Es un ingeniero acostumbrado al confort de la clase media francesa y no quiere buscar un trabajo que no sea en su antiguo sector ni quiere apoyo alguno. Su plan, pues, es tan retorcido como sencillo: ir al encuentro de quien tiene el puesto de sus sueños y al de los cinco hombres cuyos curriculums pueden competir con el suyo y matarlos a todos. Una vacante abierta y ningún competidor a la altura.

A partir de aquí se abre una historia de casi dos horas que no puede tener la riqueza de la serie Breaking Bad –con la que guarda un ligero parecido en el planteamiento– ni el gancho de la intriga o del carisma de tantos asesinos en serie del cine (Bruno Davert no es, desde luego, Hannibal Lecter, Patrick Bateman ni el John Doe de Seven). Lo que sí tiene es la honestidad política de llamar a las cosas por su nombre, cosa que no abunda en el cine y menos en una película de este género y presupuesto. Arcadia se puede descargar aquí.

[Recomendación] Setenta y dos horas

Setenta y dos horas. Autonomía obrera en la Barcelona de los años sesenta es un documental de 72 minutos aparecido en 2012, con dirección de Oriol Murcia (1976), montador y guionista que ya había dirigido Free.doc, y apoyado en la tesis doctoral de Fernando Paniagua (1979), historiador que firma como documentalista.

Aunque figuraba en la web autonomiaobrera.net, este reseñista reconoce que llegó al documental buscando conocer más la figura de Manuel Murcia (1942-1982), personaje destacado del movimiento obrero autónomo en la zona de Barcelona y el Besòs. Quien, como nosotros, ya haya leído libros clave en este tema como El MIL, una historia política (de Sergi Rosés) o Luchas autónomas en los años setenta (VVAA) encontrará un mayor acercamiento a la autonomía obrera. «Mayor acercamiento» por dos motivos: el primero es que, como insinúa la repetición del apellido Murcia, Setenta y dos horas es la historia de Manuel reconstruida por su hijo Oriol -que apenas le conoció-, al igual que la de José Antonio Díaz Valcárcel (1932-1985). El segundo es que esto permite, igual que otros documentales se centran en el conflicto de Vitoria en 1975-76 o en la autonomía obrera en general, centrarse en la experiencia de fábricas míticas de Barcelona como La maquinista y el núcleo de trabajadores que pasaron del cristianismo proletario a las Comisiones Obreras y de ahí a constituir los Grupos Obreros Autónomos.

Quien no haya leído libros como esos ni visto documentales que traten el tema, encontrará una historia que probablemente le resulte desconocida, pero fácil de ver. Con ese acercamiento personal, que no nos parece que llegue a ser ñoño, la película entra de manera amena y nos cuenta una historia real. Una historia que nos habla de ética, de las grietas del franquismo, de la sociabilidad entre trabajadores y de tantas cosas que son parte de lo más digno de nuestra clase. Setenta y dos horas está disponible gratis en Vimeo para ver en streaming aquí.

[Recomendación] BLACK BLOCK

BLACK BLOCK es un documental del director italiano Carlo Bachschmidt, que relata de la mano de lxs protagonistas las multitudinarias movilizaciones que se dieron en la ciudad italiana de Genova en el año 2001 cuando en esta misma urbe se llevaba a cabo la cumbre del G-8. Más concretamente, este documental muestra de manera directa la brutalidad policial con la que se reprimió cualquier tipo de expresión de protesta y lucha ciudadana durante esos días.

En el caluroso verano del año 2001, Genova fue el epicentro de lo mejor y de lo peor que tiene la política. En esta ciudad y en ese verano, se desarrollo la cumbre del G-8, una cumbre donde se juntan los países con mayor peso económico, político y militar del mundo y como aún lo siguen haciendo y en el 2001 se reunian para decidir de todo sin contar con todxs. Pero eso no es lo que nos ocupa, durante los días que se desarrollo la cumbre, mientras unxs se empeñaban en seguir desangrando a la Tierra y a la población, otrxs se armaban de valor y juntxs, miles y miles de personas de distinas ciudades, países, sectores sociales y sectores ideológicos, ocuparon las calles, en su totalidad, como protesta contra esta cumbre y cotra la globalizacón que poco a poco avanzaba sin frenos.

Estas movilizaciones, que se desarrollo en los días 19, 20, 21 de julio del 2001 desembocaron en una muestra de unidad popular y una desorbitada y salvaje represión policial  durante los tres días que trajo lo que este documental relata concretamente. Desembocó en miles de heridxs, en la muerte de un manifestante, Carlo Giuliani, a manos de la pistola de un policía y en lo que aquí nos cuentan de manera muy detallada y que muestra como actua el Estado: el asalto a la escuela Díaz, donde el 21 de julio estaban durmiendo 93 personas, la mayoría periodistas acreditadxs además de manifestantes, y que fue asaltada de manera violenta por decenas de policias y dejando a 63 herixs, entre ellxs lxs protagonistas de este documental.

El Estado señala y la policía actua, y aliadxs entre ellxs intentan acabar a base de represión con cualquier atisbo de lucha, libertad y dignidad.

¡CARLO GIULIANI VIVE!

Aquí esta el enlace al documental: Black Block (documental)

[Recomendación] Sweatshop

La industria textil y de la moda es una de las que más dinero mueven en todo el mundo, y es un sector pionero en desarrollar las prácticas más salvajes del capitalismo y la globalización. Como ejemplos podemos nombrar la producción en maquilas, sin derechos laborales, empleando a niñas; o la contaminación de ríos (y la consiguiente destrucción de ecosistemas) como consecuencia del vertido de tintas utilizadas en la producción de ropa.

Un informe del Centre for Research on Multinational Corporations (organización independiente holandesa)  y el India Committee of the Netherlands (una ONG del mismo país) nos advierte de las prácticas “esclavistas” de algunos de los gigantes mundiales de la moda.  Entre otras marcas, citan a Tommy Hilfiger, Timberland, H&M, Marks&Spencer, Diesel, Gap, C&A, El Corte Inglés, Cortefiel, Inditex (propietaria entre otras de las tiendas Zara). Además, la ICN impulsa una campaña llamada Clean Clothes (Ropa limpia) contra la explotación vinculada al comercio textil.

Sobre Inditex, multinacional de origen gallego, hay que decir que aparece repetidamente en los medios por ser la primera de dicho sector en facturación y cuenta con tiendas en cerca de 90 países. Esta empresa es un ejemplo de todas las prácticas de explotación capitalista: Condenada en más de una ocasión por vulnerar el derecho de huelga de sus trabajadores del primer mundo, también fabricó ropa en el taller que se derrumbó en 2013 dejando más de 200 muertos.

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Sweatshop es un documental noruego en 5 partes sobre las miserias de la industria textil. Tres jóvenes (Annika, Ludvig y Frida) van a Camboya a descubrir cómo se produce la ropa que utilizan a diario. En formato reality, los protagonistas viven las condiciones de vida y trabajo de las trabajadoras textiles camboyanas. Unas condiciones que provocan diariamente pérdidas de conocimiento en el puesto de trabajo. Este documental es una oportunidad de sacar a la luz estas prácticas que hinchan los beneficios de unos pocos.

El documental fue realizado por el diario noruego Aftenposten, aunque la idea surgió de la ONG noruega Fremtiden i våre henner («El futuro en nuestras manos»). El diario prohibió a los jóvenes hablar públicamente sobre lo vivido y, sobre todo, nombrar marcas concretas. Sin embargo, una de ellas, Anniken Jorgensen, decidió señalar a H&M a través de su blog, animando al boikot a la marca. Desde entonces la multinacional ha denunciado al periódico Aftenposten por, según afirman, no reflejar la realidad del compromiso de H&M en la industria textil en Camboya.

Según denuncian el estudio Shop ’til they drop el salario mínimo para los trabajadores del textil en Camboya ronda los 80 dólares, una cantidad por debajo de lo aconsejable para vivir con garantías básicas de salud y alimentación. Los contratos suelen ser temporales y se van renovando de forma reiterada a lo largo del tiempo para evitar que los trabajadores se afilien a sindicatos (no son renovados si se asocian a colectivos relacionados con la defensa de los derechos laborales).

Sweatshop nos lleva a preguntarnos sobre nuestro fondo de armario y sobre el consumo exagerado de ropa barata para usar y tirar. Un consumo que realizamos al son de esas “modas” que nos piden renovar el armario cada temporada y que es el que permite la explotación a la que someten a millones de personas, animales y ecosistemas en todo el mundo.

Aquí puedes ver Sweatshop en castellano.

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