«No somos infiltrados»

Unión Anti Capitalista (UA), grupo hasta ahora desconocido, reivindica la acción del black bloc durante la convocatoria de Rodear el Congreso el pasado 25 de septiembre en Madrid. Nos hacemos eco de sus comunicados y trataremos de ofrecer los pocos datos disponibles de esta nueva coordinadora.

Con el objetivo de “aclarar” que los encapuchados que protagonizaron la vanguardia de la respuesta contra la policía no eran “infiltrados” y que actuaron “con la mejor de las intenciones”, Unión Anti Capitalista ha lanzado dos textos a través de Internet en el que se erigen como los responsables de la formación de un bloque negro durante el 25-S (2012). En el primero de sus comunicados, Unión Anti Captalista cree que “España es un país que jamás saldrá del sistema capitalista mientras el monopolio de las protestas lo tenga el 15M y los sindicatos”, por lo que aunque “sabían” que “desde que el 15M entró a formar parte de la convocatoria, esta no podía acabar de otra manera que no fuera corriendo como los conejos y sin dar respuesta a las agresiones policiales”, consideraron necesaria la creación de un bloque negro que, haciendo autocrítica, califican como “chapuza”. “Sentimos que el black-block no haya salido bien, y lo sentimos porque nos ha quedado claro que haya donde hippies nosotros no podemos estar”, concluyen.

La formación de este bloque negro responde al “cansancio de observar cargas policiales desproporcionadas” y que estas sean respondidas desde el pacifismo militante. “Nosotros no nos dejamos pisar la cabeza, nosotros no dejamos que pisen a nuestro pueblo mientras gritamos estas son nuestras armas, porque nuestras armas son otras, nuestras armas son la autodefensa, nuestras armas son escupir al perro policía que tengamos en frente, y eso no es negociable”.

En este comunicado también hacen referencia al ejemplo de la lucha minera en el norte peninsular y a los manifestantes griegos, apenados por que la situación en Madrid no fuese análoga. “Sentimos que habiendo puesto las condiciones para empezar a ser griegos, levantando suelos, dando armas (piedras) a la gente del 25S, estos hayan sido tan cortos de miras de rechazar la autodefensa frente a la brutalidad policial”. Además, Unión Anti Capitalista aclara que durante la primera carga policial realizada en la jornada de protestas estaban ausentes, por lo que su acción fue defensiva, amén de realizar una crítica contra los promotores de la manifestación al lamentar que “los portavoces de la plataforma En pie  sean tan zoquetes de decir que todos los encapuchados son policías (claro, tiene que quedar bien con los 15 memos) y realicen una caza de brujas de todo encapuchado que vean (…) Pero sobre todo, sentimos que el 25S sea otra oportunidad perdida, más desgaste de la clase obrera (tampoco se puede pedir mucho de los pequeños burgueses)”.

Antes de finalizar con un ¡Viva la lucha armada y la resistencia activa contra el capital! y volver a cargar las tintas contra los organizadores de la manifestación y contra el 15M (a quienes comparan con las SS alemanas), sorprende que desvelen problemas de comunicación internos en el black bloc como excusa de haber emitido la misiva semanas después. Concretamente, acusan a un miembro de haberse “limitado única y exclusivamente a mandarnos whatsapp comentándonos cuantas lecheras había y no cómo iba con el tema del black bloc, no sabiendo hasta el día 27 si realmente era nuestra gente u otra organización. Le pedimos a este miembro que por favor de ahora en adelante ponga más atención en la comunicación y que coja el teléfono de una puta vez”.

En el segundo texto, bastante más corto, se “desvinculan totalmente” de la Coordinadora 25S y la plataforma En pie, abandonando el 15M para “luchas más potentes” ya que “nos criminalizan por nuestra forma de ser”. Aprovechan, también, para pedir “al mando de Madrid que abandone sus funciones de bloque, así como mencionar el nombre de la organización salvo en las asambleas o cursos o colaboraciones ya elaboradas para fechas más avanzadas de este día”. Asimismo, anuncian que “el bloque se levanta hasta nueva asamblea”.

Queda más que patente que, si bien no hay duda de que Unión Anti Capitalista se hace responsable de la acción, tanto la sorpresiva aparición de la organización (sus primeras apariciones en la red datan de finales de junio) como la falta de seriedad de los comunicados desvelan, en el mejor de los casos, una alta inexperiencia. Su web oficial (en la que hay un espacio dedicado a una Coordinadora anarquista) también remite a este pensamiento, así como sus páginas en las redes sociales y vídeos promocionales. La única cabeza visible del grupo, Iván Riera, se define a sí mismo en las redes sociales como “Rapero y poeta catalán. Militante del PTAS-PTE. Marxista-Leninista. Coordinador Central De Unión Anticapitalista. Jugador del Candamo FS”.

Poco más se conoce de los autores del polémico bloque negro realizado el pasado 25S, más allá de su intención de colaborar en la manifestación del próximo 13 de octubre contra la deuda global.

Adrián Tarín

¿Son los encapuchados realmente anarquistas?

Todos los infiltrados van encapuchados pero no todos los encapuchados son infiltrados, al igual que no todos los anarquistas van encapuchados ni todos los encapuchados son anarquistas. ¿Cómo distinguir unos de otros? Recientemente, durante las protestas del 25S  con el objetivo de rodear el Congreso, se produjeron altercados y enfrentamientos con la policía. Sí es cierto que hubieron estupas que incluso ayudaron a los de uniforme a realizar detenciones pero también hubo gente que se dignó a responder ante las cargas indiscriminadas y les hicieron retroceder ¹. Como también hubo gente con dos cojones² que se puso entre los que lanzaban objetos a la policía y los maderos que reciben la lluvia intentando que dicha lluvia cese.

Últimamente se está poniendo de moda reventar manifestaciones infiltrando secretas encapuchados que van rompiendo cosas, amenazando, agrediendo, insultando a… y en ocasiones dejando que sus propios compañeros les apaleen «¡que soy compañero, coño!». Ante deducciones simplistas que apuntan a que todos los encapuchado son secretas, es necesario tratar con mayor profundidad el tema con el fin de poder distinguir a los verdaderos manifestantes de los estupas, con el fin de evitar que los manifestantes sean reducidos por pacifistas (ironías de la vida) mientras que los infiltrados salgan de rositas e incluso arrastrando un detenido. Por lo tanto, es preciso señalar las diferencias destacadas que sirvan para evitar, pese a no ser preciso al 100% puesto que las apariencias engañan mucho ³.

Los infiltrados:

  • Si se obseva a alguno de ellos agrediendo o tirando al suelo a un civil (transeúnte o activista) es claramente un infiltrado.
  • En la mayoría de los casos, tienen una complexión atlética y suelen ir con sudadera de colores oscuros con capucha, la cara tapada con una braga, vaqueros y zapatillas (a veces botas). No tienen mucha variedad en la vestimenta, pocas veces llevan mochilas y no se ha visto ninguno ir en chándal (de momento) ni tampoco con máscaras antigas.
  • Muchos de ellos llevan pinganillo. Jamás llevarían tirachinas ni cócteles molotov, como rara vez tirarían piedras y en su lugar pueden traer una porra extensible.
  • Tienen un comportamiento agresivo al dirigirse tanto a los manifestantes como a los transeúntes, llegando incluso a agredirlos, pero pocas veces intercambia insultos con la policía sin llegar a atacarles. Hay que tener cuidado también con quienes incitan a los activistas pacíficos a atacar a la policía y a romper cosas.
  • Atacan los objetivos fáciles como bicis, ciclomotores, ventanillas de coches y pequeños comercios. Rara vez (quizás nunca) se les ve atacando a bancos y actuando junto con otros «violentos». Pueden ir solos o en grupos pequeños.
  • En ciertos casos, pueden llevar distintivos para que la policía no los confundan con «violentos».
  • Se ha llegado a observar que se acercan a los antidisturbios y éstos los ocultan en un furgón sin recibir ninguna tunda y sin esposarlos.

El objetivo de la infiltración es crear confusión y divisiones entre activistas violentos y pacíficos, creando hostilidades entre los manifestantes con diferentes tácticas de lucha. A la vez, sirve para justificar las cargas indiscriminadas y el terrorismo policial, cargando toda la culpa sobre quienes dan un paso más allá utilizando la autodefensa frente a la violencia directa del sistema y atacando a los símbolos del capital. A pesar de todo, no son tan fáciles de identificar pero sí es necesario hacer un esfuerzo para paliar este problema y expulsar a los infiltrados de las manifestaciones, no a quienes no son estupas sino personas dignas que se han hartado de recibir palos.

Los manifestantes:

  • Suelen ir en grupos numerosos, llegando a formar bloques compactos cuando no estén causando destrozos ni enfrentándose contra la policía. Cuando pasan a la acción, no se separan mucho y actúan en conjunto, aunque hay excepciones en que son pocos los que se dignan a pasar a la ofensiva y por ello se pueden ver en grupos pequeños.
  • Hay chicos y chicas. Los hay quienes llevan capucha y palestino, otros, camisetas envueltas en la cabeza dejando solo los ojos, algunos van con casco de moto o máscaras antigas, otros solamente con la braga… Incluso hay quienes van con gafas de sol. En muchos casos van equipados con mochilas y guantes, en ocasiones llevan consigo cócteles molotov, tirachinas, martillos y banderas.
  • Nunca se les ve agrediendo a civiles y evitan en lo posible enfrentamientos con personas que no son policías.⁴
  • Seleccionan sus objetivos y no van rompiendo cosas a lo loco. Atacan sobre todo a las sucursales y locales pertenecientes a multinacionales y grandes empresas, rompen las aceras para coger piedras y queman contenedores para hacer barricadas. Se enfrentan a la policía si se ven capacitados o se requiere contener una carga.
  • Si son apalizados por los antidisturbios significa que no son estupas.

Y ahora volvemos ahora a la polémica de siempre: la de atacar a la policía o dejarse hostiar por ella y alzar las manos. No siempre encararse con los maderos es conveniente como tampoco lo es quedarse en el suelo aguantando los golpes, hay que atender a las circunstancias y al contexto. Por ejemplo, en caso de carga policial, si hay pocas salidas o la multitud está tan apretada que resulta difícil apartarse para no recibir los porrazos o si hay ancianos, niños o mujeres, sería más conveniente arrojarles objetos a los antidisturbio al menos para detenerlos. Lo mismo ocurre en caso de que estén intentando arrestar a un compañero y es posible evitar su detención, pues más vale que no caiga bajo las garras de la policía y termine con cargos imputados. Por otro lado, no siempre es preferible usar la acción directa violenta, pues en muchos casos provocan el rechazo social y sería muy contraproducente si terminamos aislados.

Puede que a nivel mediático sea contraproducente pero aun siendo totalmente pacífica una manifestación, tratarán de buscarle la pera al olmo para descalificarla y en el peor de los casos, elogiando a los pacifistas para recuperar las protestas y hacerlas inocuas, dando como consecuencia la aparición de fanatismos y con ello, pacifistas dogmáticos que son hipócritas hasta la médula aunque no lo sepan, ¿por qué? porque proponen arremeter contra todo encapuchado sin tener en cuenta que hay gente noble detrás de las caras tapadas y pasan de diferenciar entre estupas y no-estupas metiéndolos en el mismo saco «¡¡Encapuchado, estupa, a por él!! ¡¡Violentos antisistema, a por ellos!!». Patéticos aquellos fanáticos de Gandhi que se ponen del lado de quienes poseen el monopolio de la violencia, es decir, de los policías. Desgraciadamente, esto conlleva a abrir cada vez más la brecha entre partidarios de la autodefensa y detractores, siendo que somos los mismos explotados. ¿Falta de conciencia política y de clase?

Nos están ganando terreno y las infiltraciones están causando mucho daño. Por lo tanto, tenemos una necesidad urgente de cuestionar las tácticas de lucha y llevarlas a debate con el objetivo de romper con fanatismos -sean pacifistas o a favor de la violencia-, pero sobre todo para hacer frente a los infiltrados, evitar que desestabilicen los actos de protesta y mantenernos unidos, respetando la libertad de actuación de cada  individuo o colectivo.

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Notas:

[1] Podéis echar un vistazo a la Videocrónica del 25S para ver los sucesos.

[2] La cursiva resalta el tono coloquial de la expresión o palabra y resaltando ella una cierta carga irónica.

[3] La lista está basada en esta viñeta elaborada por mí [link] pero lo detallo en este artículo.

[4] En EEUU, durante las protestas del movimiento Occupy, se han dado casos en que los Black Bloc fueron atacados por ¡¡pacifistas!! y los encapuchados intentaron evitar ser agredidos por esos hipócritas que jugaban a ser policías, no respondiendo a sus agresiones. Aquí el artículo

Acumulando justa rabia

Estoy horrorizado por los vídeos y fotos de la brutal represión policial de ayer 25 de septiembre. Violencia, violencia, y más violencia. Es lo único con lo que sabe contestar el Estado cuando se le cuestiona. Y no solamente entonces, también nos oprimen cada día de nuestras vidas: violencia simbólica se llama.

Pero el tema de hoy no es la violencia simbólica, sino la brutal y visible violencia de un grupo terrorista pagado con nuestros propios impuestos. Una panda de brutos a sueldo que reproducen el sistema de clases mientras ejercen la violencia «legítima» que les otorga el sistema imperante. Y nosotres lo aceptamos; nosotres nos sentamos pacíficamente en el suelo, cantamos nuestros eslóganes, y recibimos las tortas. Las vemos caer y ahí nos quedamos.

¿Qué nos impide levantarnos y arrasar con el cordón policial? ¿Qué nos impide devolver el golpe? Son preguntas que rondan con frecuencia mi cabeza, y seguramente os pase lo mismo a vosotres. La respuesta que yo os puedo dar desde la sociología tiene que ver con la internalización de normas y valores culturales, es decir: con el aprendizaje profundo, casi indeleble, de las estructuras del sistema capitalista y sus verdades.

El filósofo francés Michel Foucault nos proporcionó un concepto muy acertado: la auto-vigilancia. La vigilancia de une misme por une misme es resultado de la deriva cultural del capitalismo occidental, el cual ejerce sobre todes nosotres el mayor control social de la historia de la humanidad. Y este control social no se ejerce externamente: no son cámaras, no son policías, sino que se ejerce desde el interior: lo ejercemos nosotres mismes.

Vivimos en una sociedad en la que nos han enseñado a querer consumir, a querer ser mandades, a querer obedecer sin casi rechistar. A través de los procesos de socialización hemos internalizado que ciertas cosas son malas, muy malas: la violencia es mala, el radicalismo es malo, lo que no es occidental (léase capitalista) es malo, y así una larga lista de etcéteras. Como hemos internalizado todas estas cosas, y nos las hemos creído del todo, el sistema reposa sobre nuestros hombros gran parte del control social que tiene que ejercer para sustentar las estructuras y relaciones de poder.

De esta manera, somos nosotres mismes quienes recriminamos a alguien por ser «demasiado radical». Somos nosotres mismes quienes nos oponemos a todo tipo de violencia. ¡Somos nosotres mismes quienes terminamos reproduciendo el sistema social que tanto nos oprime! Y la mayoría de gente lo hace sin cuestionarse el asunto, pues la ideología de la clase dominante, la misma ideología que controla las instituciones sociales, torna «natural» y «objetiva» en nuestras mentes adoctrinadas.

Y de la misma forma no nos cuestionamos que violencia y resistencia son cosas muy diferentes. No nos planteamos que la violencia de les que resisten está justificada en términos de defensa personal y dignidad. Pero tampoco vemos que una tasa de desempleo del 25% es violencia ejercida contra nosotres; que las más de 50.000 toneladas de comida fresca tiradas al año a la basura es violencia; que los miles de desahucios en el Estado español es violencia. ¿Y acaso todo esto les quita el sueño a les que viven en un ático en el centro y veranean en un yate? ¿Acaso les reconcome, aunque sea un poquito, por dentro? La respuesta es no; y es no porque elles también han sido socializades en esta sociedad.

Espero que ahora se entienda un poco mejor por qué cuando nos dan un porrazo, o dos, no nos encaramos enfurecides hacia el policía opresor y le damos de su propia medicina. De nuestro lado tenemos los números: les superamos con creces. De querer se podría, pero no se quiere. He ahí el problema. Nos han enseñado a no querer ir en contra del sistema y sus valores.

Pero el tema es mucho más complejo, porque sí que es cierto que nos dan un margen de libertad, pero un margen tan pequeño que no se puede llamar libertad. En los confines de este estrechísimo margen, nos creemos libres porque podemos salir a la calle con pancartas; porque podemos escribir en Internet; porque podemos votar cada cuatro años. Pero lo que la sociología nos enseña es que esta libertad es una falsa ilusión que sirve de trampa ideológica, porque cuando la gente se cree libre es cuando ejerce con más ahínco el control social del que yo hablaba antes. ¿Empieza a cuadrar todo?

Nos compran con libertad de expresión (limitada), con una jornada laboral humana (limitada), con sanidad y educación pública (limitadas). Nos hacen creer que vivimos en la mejor de las sociedades, y claro, cuando llega una persona que dice que el desempleo es violencia sistémica, o que los desahucios es violencia ejercida desde arriba, se la tacha de «radical» y «violenta», de «poco democrática» y se la termina marginando en el mejor de los casos. De esta forma, la «libertad» que nos conceden se convierte en nuestro verdugo de facto, porque como somos «libres», todas las personas que cuestionan eso mismo que nos proporciona «nuestra libertad» son radicales e indeseables. Y esto va en dos sentidos: se reprime y margina a las personas «radicales» (seguramente todes los que leemos esto caeríamos en ese saco), y las propias personas se reprimen a sí mismas porque la ideología socializada les impide oponerse al sistema.

Este texto no pretende ser una apología de la violencia, sino de la resistencia. Porque violencia y resistencia no son la misma cosa; porque la violencia que viene de arriba con el objetivo de oprimir y controlar no se puede equiparar a la violencia que proviene de abajo como respuesta lógica ante una agresión. Y como clase social, como personas, somos agredidas todos y cada uno de los días de nuestras vidas capitalistas. Ya va siendo hora de enseñar un poco más los dientes. No digo que salgamos mañana a la calle e incendiemos la comisaría del barrio. Ni mucho menos. Lo que pretendo con este escrito es despertar la dignidad de cada une de vosotres, esa dignididad que nos niegan el capitalismo y sus marionetas.

La próxima vez que estéis protestando en la calle y os den de porrazos hasta en el carné de identidad, apretad los puños y los dientes, y pensad: «algún día esto acabará.» Mientras tanto, sigamos acumulando justa rabia, sigamos acumulando energía para seguir construyendo tejido social, okupando centros, formándonos teóricamente. Sigamos empezando webzines y blogs libertarios. Sigamos difundiendo ideales de libertad y solidaridad mientras apretamos los dientes y acumulamos la rabia.

Sigamos resistiendo hasta que llegue el día en el que con sólo mirarnos a los ojos sepamos que ha llegado el momento. No dejes de indignarte, porque ésa es la única manera de mantenerse con cordura en este mundo lleno de locura.

#25S

 Septiembre se presenta como un mes muy agitado

“Ocupa el Congreso”, “Marea Destituyente” y “Movimiento 25 de septiembre”. Estos son los nombres, entre otros, con los que se conoce la acción que se pretende llevar a cabo en la ciudad de Madrid el próximo día 25 de este mes. Ésta no tiene entre sus postulados ocupar literalmente el edificio (sólo es un guiño al movimiento “Occupy Wall Street”), sino rodearlo durante varios días.

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