Nikos Romanós, la lucha sigue

Muchas cosas han pasado en Grecia en estas dos últimas semanas. Comenzando con la manifestación de estudiantes del 17 de noviembre, el ambiente ya se iba caldeando en relación a dos eventos de suma importancia. Uno de ellos era la situación del compañero Nikos Romanós, en huelga de hambre por un mes y con un deterioro físico muy notable. El otro evento, relacionado hasta cierto punto con el primero, era el asesinato a sangre fría de Alexis un 6 de diciembre de 2008. Del 17 de noviembre al 6 de diciembre las acciones anarquistas se sucedieron por todo el territorio del Estado griego. La solidaridad se expandió en múltiples formas: concentraciones a las afueras del hospital donde Romanós se encuentra, acciones contra cajeros automáticos, barricadas incendiarias en el barrio de Exarheia, varios compañeros presos se sumaron a una huelga de hambre solidaria con Romanós, etcétera. Hace unos días, un numeroso grupo de personas se concentró en Syntagma para pedir justicia. Aquella noche, el encargado griego de Justicia iba a hablar en el parlamento sobre la situación del compañero Nikos. Entre las personas que se congregaron aquella noche se encontraba el padre del compañero, Giorgos, quien instó a la gente a desplazarse a eso de la medianoche al hospital donde su hijo se encuentra preso. A pesar de las horas, y a pesar de la espontaneidad de toda la noche, un gran número de personas volvió a gritar a las afueras del hospital que «nuestro deseo de libertad es más fuerte que las cárceles.»

El día 10 de diciembre el gobierno conservador cedió: Nikos irá a la universidad con una de esas pulseras de seguimiento. La propuesta de la «pulsera» surgió de los grupos parlamentarios de izquierda. Aunque al principio el gobierno no la aceptó, finalmente el 10 de diciembre por la razón que fuera terminó por ser aprobada en el parlamento. La alegría se expandió entre los círculos anarquistas, aunque dudo que alguien piense que todo ha acabado. Para empezar, el compañero Nikos está por recuperarse de su larga huelga de hambre, quién sabe cuáles serán las consecuencias en el futuro de su lucha por un «aliento de libertad.» Las miradas siguen puestas en él, y la prensa (y las mentes esclavizadas de les estúpides en Internet) siguen vertiendo porquería contra la lucha anarquista. Segundo, numerosos compañeros siguen tras las rejas del Estado sufriendo humillaciones y torturas a diario, por lo que la lucha no acabará hasta que todos y cada uno de los tentáculos del Estado sean incinerados hasta sus mismos cimientos. La solidaridad desencadenada por Romanós y su lucha no es sino una minúscula parte de una lucha todavía más grande, más profunda, y más dura: la lucha por la libertad, la lucha anti-autoritaria contra el poder de la sociedad estatista.

La resistencia mostrada el 6 de diciembre deja claro una vez más que cierta gente no se deja doblegar por el Estado. Tras la manifestación en las calles del centro varias centenas de personas se concentraron en Exarheia para sacar a la policía del barrio. 296 personas detenidas fue el resultado de tal resistencia, de las cuales, si la memoria no me falla, 25 serán llevadas a juicio (solidaridad para ellas). No todo era cuestión de sacar a la policía del barrio, sino también sacar al Estado de nuestras individualidades adoctrinadas en sociedad. Era y es cuestión de crecer juntes en la experiencia revolucionaria, aprender juntes en el camino de la resistencia activa, devolviendo golpe tras golpe los embates del Estado y sus instituciones. Es así que se crea una individualidad revolucionaria que se ve reflejada en los grupos de solidaridad anarquista, una individualidad que tiende a la libertad sin dejarse influenciar por las palabras de les esclaves del sistema. Ahí esperanza, sobre todo cuando en el 6 de diciembre se pudo ver un gran número de adolescentes (entre 12 y 16 años) activamente participando en la destrucción de la sociedad que nos oprime. Algunes dirán que sólo son «críes» jugando a ponerse la «capucha», sin contenido político, sin consciencia crítica. Me da igual si es así. Me da igual si eses «críes» solamente vinieron el 6 de diciembre para romper cristales y tirar piedras. Me da igual porque eses chavales (niñas y niños) no se quedaron en casa jugando a la maldita Xbox o bebiendo en el parque. Eses «críes», con o sin política en sus mentes, ya han alcanzado algo que muches adultes nunca soñarán tener: la libertad espiritual de actuar contra la autoridad, porque participar en un disturbio requiere mucho más que política, requiere romper con todos los esquemas mentales en los que nos han adoctrinado desde la cuna. Bravo por elles.

Luego vinieron, y vendrán más, las voces que plantean la utilidad de todo esto, hablando de números y resultados, de estrategias y programas políticos… Hablando de teorías y planes idealizados sin tener la mínima experiencia. Es decir, hablando de ser revolucionarie en un futuro nada concreto sin aceptar que se puede ser une ya mismo. Esas voces ya no importan, o al  menos no creo que tengan una gran influencia en el movimiento anarquista griego. Quien quiere hacer, hace. Quien quiere hablar, habla. Los hechos siempre han tenido un mayor impacto que las palabras, y hechos no faltan en el Estado griego. Cada cual decide cómo vivir su vida, dónde poner los límites al Estado, y cómo expulsar al poder de nuestros cuerpos y mentes. Estas dos semanas de lucha han sido vitales para ver quién es quién cuando llega la «hora de la verdad.» Pero estas semanas han sido todavía más importantes para crear nuevos y renovados lazos de solidaridad, como también han sido fundamentales para revitalizar, en lo espeso del gas lacrimógeno, la confianza que se tiene en las ideas anarquistas puestas a funcionar. Aquí y ahora.

Nikos Romanós y la solidaridad

La región griega, y en concreto la ciudad de Atenas, viven momentos de tensión importante. Resumo en un par de párrafos la situación. Como sabréis, Nikos Romanós, quien fue detenido, torturado, y acusado a principios de 2013 por un caso de expropiación bancaria, sigue firme en huelga de hambre desde el 10 de noviembre. Tras pasar los exámenes de entrada a la universidad, al compañero Nikos (de 21 años de edad) le ha sido denegada la asistencia a la universidad sin ningún tipo de excusa, buena o mala, inteligente o estúpida, por parte de las autoridades griega. De ahí su huelga de hambre: el mismo sistema y sus leyes represivas que encarcelan a las personas que luchan por la libertad, deniega al mismo tiempo la aplicación de sus propias «normas de juego.»

Desde finales de la semana pasada, en Atenas se han dado numerosas asambleas para poner en marcha la solidaridad anti-autoritaria, a la cual numerosas individualidades se han ido sumando de forma independiente. La marcha motorizada que partió el sábado pasado desde el centro de la ciudad al hospital donde se encuentra confinado nuestro compañero, terminó por congregar a un par de millares. A las motos se le unieron numerosas personas que llegaron a pie, bicicleta, metro, etcétera, formando así una gran concentración a las afueras del hospital Gennimatas, que se ubica al norte de la ciudad, muy cerca de una gran base militar y de los barrios de clase alta del norte. Varias personas encaramadas a la valla conversaban con Nikos, quien escuchaba las últimas noticias de boca de los compañeros. De rato a rato se le animó con eslóganes y vítores, lo cuales retumbaban con fuerza en el patio del hospital. Un hombre con acento inglés también le comunicó que en Londres hubo una concentración solidaria. La gente aplaudió con ganas mientras más pacientes del hospital salían a la ventana para ver qué sucedía afuera. La madera se concentró en gran número frente a la entrada principal, haciendo gala de su equipamiento represivo y sus caras llenas de odio. Todo tipo de gente se pudo ver en aquella concentración del sábado, la cual se desplazó hacia las 18:20 al otro hospital donde el compañero Yannis Michailidis también se encuentra en huelga de hambre solidaria. La noche se cerró con disturbios en Exarheia, donde el fuego intentó morder con rabia a las fuerzas represoras del Estado.

A todo esto se suman numerosas acciones de solidaridad que van más allá del territorio griego. En Atenas los cajeros automáticos arden en llamas solidarias, avisando que si Nikos no recibe justicia la rabia anti-autoritaria seguirá expandiéndose más allá de las máquinas. Ayer un grupo anti-autoritaria hizo una visita a domicilio al vice-presidente Venizelos, y más personas presas se suman a la huelga de hambre solidaria. Hoy 2 de diciembre hay convocada una marcha solidaria en Atenas, de la cual se espera renovar la solidaridad anarquista con aquellas personas que se encuentran tras los barrotes del Estado. Y a la vuelta de la esquina, el 6 de diciembre (que es el próximo sábado), llega el día en el que el compañero Alexis fue asesinado por la policía en Exarheia. Para aquellas personas que no conozcan demasiado el contexto griego, es importante recordar que el compañero Nikos era el mejor amigo de Alexis, quien murió a brazos del propio Nikos (ambos estaban celebrando el «santo» de éste último). Aquella experiencia debió marcar, sin duda, las convicciones políticas del compañero Nikos. Ahora nos toca al resto mostrar la solidaridad que se merecen las personas luchadoras. Ninguna cárcel, ninguna celda, es más fuerte que nuestra ansia de libertad.

17 de noviembre

El 17 de noviembre Atenas amanece repleta de policías que infestan calles y esquinas de manera ostentosa. Algunos ríen bajo el humo de un cigarro acompañado de su frappé. Otros tienen cara de estar diciendo «¡eh, escoria, ya estamos aquí para daros de leches!» Entre los grupos de uniformados también se pueden ver muchos maderos de paisano, hablando con los primeros, riendo, compartiendo alguna estupidez por el walki-talkie. El ambiente está calentito por lo que sucedió el fin de semana pasado. Se espera dura represión contra el bloque anarquista. La madera parece estar teniendo un buen día.

Llegan las 15.00 y la marcha por el 17 de noviembre todavía no arranca. La columna se divide como de costumbre por grupos, quedando el bloque anti-autoritario de les anarquistas bien por detrás del comunista de EAK pero por delante de una pancarta de SYRIZA. Esperando, la gente dice que han arrestado a 28 personas antes del inicio de la marcha. Terrorismo de Estado. Al final comienza la marcha bien entradas las 17.00. Hay mucha gente, algunes informan que más de 30.000 personas. Cada cual parece hacer suya la revuelta estudiantil del 17 de noviembre: unes dicen que fue el fin de la dictadura, otres que fue una avance para la socialdemocracia, otres que fue una insurrección anti-autoritaria. Total, que por una u otra cosa todes dicen que son herederes de aquel 17 de noviembre de 1973, da igual que unes quieran social-democracia liberal y otres comunismo libertario.

Ya desde el principio la madera anti-disturbios acompaña la marcha por ambos lados. A fila de a uno, con especial presencia a la altura del bloque anarquista. Las provocaciones se suceden constantemente. Hay muches jóvenes en el bloque anti-autoritario, y antes de entrar a Syntagma algunes empiezan a encapucharse. Los maderos no quitan ojo de encima al son de las órdenes emitidas por sus «walkies.» Les anarquistas no se dejan intimidar, gritan y canturrean frases con genio político; frases directas al grano; frases que no dejan lugar a dudas qué se quiere; frases que señalan a la madera asesina. Alguien dice por ahí: «nos van a dar bien duro para que el 6 de diciembre no tengamos ánimo.» Otra voz responde por otro lado: «cuanto más duro nos den, más ganas tendremos el 6 de diciembre.» Risas sin nerviosismo. A todo esto la madera sigue «acompañando» a les anarquistas con cara de muy pocos amigues. Algunes encapuchades se acercan a un límite lateral del bloque para mirar fijamente a los maderos. Les separan dos metros escasos. Silencio sepulcral, solamente miradas de odio, miradas llenas de rabia, las miradas de una juventud sin futuro.

La marcha se va deteniendo a cada rato para «rendir tributo» a ciertos edificios institucionales. Algunas personas se agolpan tras los maderos para ver el «circo» anarquista. Les anarquistas les increpan: seguramente son residentes de Kolonaki, uno de los barrios de clase alta del centro. La marcha va desfilando por delante de Kolonaki y al pasar el gran hotel Hilton se vuelve a parar. Por medio del bloque anarquista pasan dos ambulancias. La gente abre paso sin dificultad. Alguien grita: «¡Atropellad a los maderos!» Más risas. También más gente encapuchada. Otra parada. Silencio. La marcha está llena de silencios en los que nadie grita nada. Se reanuda el paso y la primera explosión sucede de repente. La madera carga con brutalidad contra el bloque anarquista. Todo sucede muy rápido en Vasilissis Sofias. Tres carriles de carretera es el único espacio que les anarquistas tienen para maniobrar. Por ambos lados una hilera de anti-disturbios cargan con todo, incluido gas lacrimógeno. La gente grita, cae al suelo, «¡no, no, no!» La marcha ha quedado rota a la altura del bloque anarquista, y las personas que huyen de la avenida se refugian en las calles aledañas con rapidez. Tras el hotel Hilton un gran grupo de anarquistas tose, llora, balbucea entre arcadas de vómito… Una ambulancia se acerca rápidamente para atender a una chica, muy joven, que sangra por la cabeza. Está en shock. Alguien dice que está teniendo una crisis nerviosa.

Rápidamente les anarquistas golpeades dan un rodeo por detrás de la avenida para unirse, de nuevo, a la marcha, la cual no ha llegado a su destino frente a la embajada de los EEUU. Una pancarta anti-fascista hace de punto de referencia para les anarquistas, pero lleva un tiempo al bloque unirse de nuevo. Se pueden ver encapuchades pululando en grupillos por todas partes. Corriendo. Mirando. Buscando a les suyes. Miradas de rabia una vez más, pero también miradas cruzadas de confianza y seguridad. Algunes se unen a la marcha a la altura de la pancarta de SYRIZA, ese partido de supuestes «revolucionaries» que seguramente llegarán al gobierno pronto. El pensamiento viene a la cabeza con naturaleza: «¿también reprimirán de esta forma estes cabrones?» Alguien expresa un pensamiento similar en voz alta, y varias personas se ríen. El contraste entre la juventud tras la pancarta de SYRIZA y les jóvenes con los ojos rojos y doloridos que se unen a la avenida es significativo. Lo dice todo sin decir nada.

El bloque anarquista llega a la embajada de los EEUU pero se detiene un poco más arriba. Es tradicional que muchas personas consideren el final del «espectáculo» a estas alturas, pero como también es costumbre el bloque anarquista regresará a pie, unido, a Exarheia. La gente se prepara para más represión. Se inicia la marcha «de regreso.» Algunos contenedores arden en la avenida Alenxandras. Algunes encapuchades portan piedras y palos. La marcha pasará por la comisaria central de Atenas. Se esperan muchos maderos. Con todo el bloque llega a Exarheia sin ningún altercado significativo. No gas, no cargas. La madera se queda a las afueras de Exarheia preparando el ataque al barrio. Esto da tiempo a las personas que no quieren participar en los disturbios a salir de la escena. Muches se dispersan por las calles y terminan por desaparecer en las sombras. Un grupo numeroso, sin embargo, se queda en la famosa plaza de Exarheia. Al llegar el bloque de la marcha a la plaza se ve gente encapuchada preparando barricadas. Según dicen, algunes anarquistas, les «mayores» no van a la «excursión escolar» que es la marcha. Les más militantes esperan en el barrio para preparar su defensa. Una barricada parece no estar funcionando bien: la basura quema demasiado rápido. Un vagabundo, habitual de la plaza, grita: «¡defensa, defensa, defensa!»

Al poco se escuchan más gritos, esta vez de alerta. La policía se acerca. Un grupo de koukoulofores se mueve hasta un extremo de la plaza para encarar a la madera. Algunes corren con botellas en las manos. El fuego está listo para ser desatado. Pero esto no sucede al instante en el que la madera lanza varias granadas y avanza unos metros hacia la plaza. Más explosiones de granadas. Alguien grita que maderos vienen por la retaguardia en moto. La gente corre en todas direcciones menos en dos. Dos motos con cuatro maderos hacen una pasada. La gente tuerce una esquina con rapidez. Más explosiones, y de repente otra vez el ardor infernal del gas sobre la piel. Más motos se unen a la persecución. Un vecino del barrio grita: «¡por ahí no, por ahí no!» El grupo cambia de dirección para escapar, pero al poco de torcer la esquina más motos de la madera bajando por la calle a toda velocidad. Una chica sostiene abierta la puerta de su portal. Unos metros más allá otro chico hace lo mismo. La solidaridad nunca se quedó corta en Exarheia. El grupo se refugia en el primer portal al ver que la madera se acerca a toda velocidad. Hay empujones y prisa. La chica cierra la puerta y, como en una película de zombies, un segundo después un madero golpea la puerta con la mano abierta. Es propiedad privada, tus leyes dicen que aquí no puedes entrar, cabrón.

Al minuto se debate la idea de salir de nuevo. Las explosiones se suceden, así que se decide que la madera estará ocupada en otro lugar del barrio. El grupo sale y corre calle arriba, pasando de largo a la gente que espera con la puerta abierta de su portal, por si alguien tiene que tomar refugio. La noche se salda con 7 detenciones, 5 de ellas a juicio, o eso dicen las noticias a la mañana siguiente. El espectáculo acaba de la forma esperada, después de todo no es más que un ritual anual. Alguien pensó en voz alta en aquel portal: «Nos quedamos a recibir palos y gas, o nos vamos ahora.» Muches se fueron. Otres se quedaron. Se hablaba de defensa y ataque, pero siempre es, en realidad, el juego del gato y el ratón. Es obvio quiénes eran quién, y el final también era obvio. A la mañana siguiente muches se llenarían la boca diciendo que les anarquistas, una vez más, no son más que una panda violenta de personas descerebradas. Algunes intentarán llevarse más votos al bolsillo, sobre todo el voto de la gente joven. Otres criticarán la continuación de la marcha en Exarheia, dirán que es innecesario y estúpido. Tal vez sea lo último, pues el escenario estaba ya predicho desde el principio. Aún así sucedió, y sucedió porque hubo gente que así lo quiso.

Todas las bocanadas de gas, todos los palos, todas las carreras y todas las penas sufridas merecieron la pena por esas miradas tras aquellos rostros cubiertos que incendiaron las calles una vez más. Esas miradas son producto de una única cosa a la que no se la puede poner precio: la determinación honesta y sincera; la determinación de la persona que tras la bocanada de gas no se va a casa vomitando para buscar una nueva razón teórica para terminar con este sistema, sino la determinación del que reafirma la convicción de que hay que hacer algo ya, aquí y ahora, materializando teoría en acción para ganar experiencia que refuerce nuestras ideas. El 17 de noviembre es un circo estúpido, lleno de rituales y proclamas vacías. Pero es un circo muy necesario para que esas miradas encapuchadas se den cita en la exploración mutua de la anarquía en acción. De grandes «estupideces» se alimenta la libertad humana, sobre todo si las estupideces son definidas por les que te oprimen.

Dos nazis de Amanecer Dorado muertos ayer

Como sabéis, ayer dos miembros de Amanecer Dorado morían a tiros a las afueras de una de sus oficinas en Atenas. También, un tercer miembro se encuentra hospitalizado de gravedad. Si de por sí el ambiente político de Grecia ya olía a gran conflicto social, tras lo ocurrido se marca un nuevo límite de tensión en la capital griega.

Sin conocer la autoría de los hechos, solamente nos queda la especulación al respecto. Realmente podría haber sido cualquier: comunistas buscando venganza por el asesinato de Fyssas hace un mes y medio; insurreccionalistas llevan la lucha a otro nivel; o incluso el propio Estado (o el propio Amanecer Dorado) intentando crear un contexto favorable para excusar la represión que se nos viene encima.

Sea como sea, lo que tenemos que tener por seguro es que la maquinaria represiva del Estado ya ha comenzado a funcionar. Según me cuentan, Atenas ha amanecido llena de policías en las calles. Y no creo que estén allí precisamente para parar potenciales disturbios. También es seguro que simpatizantes militantes de Amanecer Dorado emprenderán sus propias acciones, por lo que hemos de esperar posibles ataques contra grupos de izquierda e inmigrantes. Les últimes, de convertirse en el objetivo de les nazis, serán les que sufran más las consecuencias de lo ocurrido ayer, pues son el colectivo más vulnerable del país (¿y dónde no lo son?).

Según se reporta en las noticias, les atacantes usaron un arma automática y una moto para huir. Las fuentes del Estado de Grecia hablan de un ataca terrorista, organizado, y ejecutado con profesionalidad. La experiencia de lucha y resistencia de les anarquistas griegues, sin duda, ha curtido a muchas personas que adquirieron a lo largo de los 1990s y 2000s los conocimientos necesarios para realizar este tipo de acciones. No obstante, ¿realmente fueron anarquistas? ¿No suena todo esto un poco descabellado dado el contexto de tensión y de inminente represión estatal?

Como la hipótesis que nos podría interesar más es la de les anarquistas, tenemos que prever lo que se nos viene encima así como pararnos a reflexionar sobre las razones para llevar una acción de esta envergadura (repito que solamente es una hipótesis a día de hoy. La idea contrario, la del Estado, podría ser también posible, pues ¿no está el Gobierno de Samaras interesado en tener un contexto que justifique la supresión completa de los grupos más problemáticos?

Así pues, tomando la hipótesis de la autoría anarquista, podríamos pensar que el acto tuvo una lógica de venganza. Sin embargo quedarnos ahí sería ridículamente simplista. Quien conozca un poco la historia del anarquismo griego sabrá que en Grecia existe un gran número de grupos insurreccionalistas que se han curtido en la lucha directa contra la policía a lo largo de estas dos últimas décadas y media. El resultado de la experiencia les permite llevar acciones que solamente pueden ser soñadas en países como España, Estados Unidos, o Italia (históricamente tres países con notable tradición insurreccionalista). Les anarquistas griegues de hoy tienen la experiencia y conocimiento necesarios para entrar en un supermercado y expropiar la mitad de la comida en tan sólo 30 segundos; tienen la experiencia necesaria para arrasar cualquier distrito comercial en cuestión de minutos y no ser arrestades; como también tienen el conocimiento necesario para ocupar edificios y parques y crear tejido social a la mañana siguiente. Y desde luego que tienen el conocimiento y experiencia necesarias para llevar a cabo una ejecución como la de ayer.

Pero de alguna forma se me antoja caprichoso el momento. Nadie duda que los elementos más radicales del anarquismo en Grecia arden en deseos de llevar la lucha de clases a un nivel de visibilidad mayor. Sin embargo, cualquiera que conozca el movimiento griego admitirá que existen ciertas cosas «que no encajan» en la hipótesis que estamos tratando aquí. Si tras la muerte de Fyssas Atenas no ardió con la intensidad de aquel diciembre de 2008, será por algo. La lógica que se expresó en ciertos grupos anarquistas de Atenas fue que la represión estatal está escalando tan rápidamente que las acciones hay que medirlas muy bien, precisamente para no provocar y facilitar la represión. La misma lógica se podría aplicar a la hipótesis de que les pistoleres fueron anarquistas.

Hasta que no sepamos más, poco se puede decir. La falta de un comunicado de autoría también se me antoja rara, aunque no habría que descartar que se esté redactando en estos precisos momentos. De cualquier manera, e independientemente de la autoría, el Estado ya ha empezado a moverse. La represión injustificada llegará de nuevo muy pronto a Atenas, y les nazis saldrán a las calles buscando venganza. De ahí que les anarquistas han de coordinarse mejor que nunca. Son les anarquistas les úniques que pueden parar potenciales ataques contra inmigrantes, homosexuales, y grupos indefensos de izquierda (no es una cuestión de paternalismo sino de experiencia en tácticas de guerrilla urbana). Como también son les úniques que resistirán la represión policial. La presencia anarquista en las calles atenienses será vital estos días, y no me cabe duda que las redes de contactos ya están funcionando a su máximo para prevenir lo que pueda venir.

A todo esto sólo queda por nuestra parte mostrar y reafirmar una vez más nuestra solidaridad para con les que luchan y resisten en Grecia. Y esto tiene que ser así hayan sido les que hayan sido les autores de los hechos de ayer.

  ¡Solidaridad con nuestres compañeres de Grecia!

Paseando por Atenas (V)

Con esta entrega cierro la serie de Paseando por Atenas, y lo hago hablando de dos okupas (centros sociales) magníficas que me dejaron alucinado: Villa Zografou y Prapopoulou.

Villa Zografou

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Tras unas cuantas cervezas en Exarchia decidimos coger un autobús en Akadimias para dirigirnos a Villa Zografou, que al parecer los sábados abre un bar para recaudar dinero para les preses polítiques. Son pasadas las once y media de la noche y, como en el Estado español, es hora de salir a pasarlo bien, por lo que cuando abandonamos Exarchia hay más jóvenes entrando que saliendo—todo lo contrario a las costumbres británicas, donde resido y no me hago a la idea de empezar a la fiesta a las ocho de la tarde.

De noche todos los gatos son pardos, o eso dicen, así que no me entero muy bien hacia dónde se dirige el autobús. En el autobús nos encontramos con una amiga de mi compañera que se nos une y nos bajamos en una calle más bien grande, desde donde caminas unos minutos hasta la villa. Es un terreno enorme, de dimensiones descomunales que no me esperaba. En el trayecto me iban contando cómo era el lugar, pero desde luego no adquirió esa forma en mi mente.

Villa Zografou—que lleva un par de años, si llega, abierta—está situada no muy lejos del centro, en un barrio de calles «normales» que alguien podría esperar de algún barrio madrileño como Arganzuela o Usera. Bloques de pisos a lo atenienses—blancos, con terrazas, más bien viejos—, coches aparcados de mala manera en las cuestas de las colinas, farolas que iluminan de poco a nada… Y allí, en medio de un barrio tan «normal», un terreno gigantesco se abre paso como si nada. Accedemos al jardín delantero por una entrada abierta en la que varias pancartas y convocatorias anarquistas nos dan la bienvenida. Dos mochileros están sentados en un terraplén, hablando, y con unas cervezas en las manos. Tras unos pasos me encuentro de bruces con la imagen de la villa: una casa enorme que perteneció en su día a algún burgués muy adinerado—véase la foto que encabeza este artículo.

La primera sensación que me viene al cuerpo al subir la escalinata de entrada y situarme en el porche soportado por columnas majestuosas es la de estar entrando en la mansión de uno de los villanos de las películas de James Bond. Las palmeras en el exterior le dan un aire latino al asunto, así que esa imagen de «mansión de villano» se torna en «mansión de capo de la droga.» Cosas mías, no me hagáis mucho caso. El interior de la mansión me deja todavía más alucinado: un enorme hall, majestuoso, de película, flanqueado por estanterías donde centenares de panfletos, carteles, pegatinas, y demás propaganda libertaria descansan esperando a ser leídos. Una puerta a la derecha da la bienvenida a la fiesta. Entramos sin antes tener que ser arrastrado por mis dos guías, pues yo sigo atontado ante tanto esplendor. ¡Cómo se lo montan les compas de Atenas!

El bar es sencillo: una mesa con las bebidas y un refrigerador al lado. La bebida es barata: un euro por una lata de cerveza y tres cincuenta por un «gin and tonic.» Una caja enorme preside la mesa, es la caja para depositar tu ayuda monetaria a les preses polítiques. La sala es grande pero está tan llena que casi no se puede respirar. Un perrito pasea alegremente entre las piernas de les allí presentes. Al final nos hacemos con un sitio en un sofá y nos ponemos a discutir primero de política y luego de nuestras vidas personales—me doy cuenta que la política y la vida sexual de une son los temas favoritos de les compañeres que he conocido en Atenas. Durante la conversación mis guías, y otras personas sentadas a nuestro lado, me explican que en Villa Zografou organizan todo tipo de eventos culturales y propagandísticos: desde conciertos y charlas políticas, hasta clases de castellano y clases de tango. ¡Wow!

Como soy curioso por naturaleza, me escaqueo de la conversación y me doy una vuelta por la mansión. Esto es enorme. En mi exploración me encuentro con al menos cuatro cuartos de baño enorme. Todo está muy limpio. El piso superior alberga una tienda libre donde la gente deja cosas que ya no necesita y coge algo que le guste del montón. Hay muchos libros, casi todos en griego. También hay ropa y zapatos. En la habitación que sigue han montado un lugar de juego para les niñes, así que me encuentro un montón de juguetes desperdigados por el suelo. Luego está la oficina y una sala con chimenea donde unos sillones y sillas descansan sin ser usados por nadie. Toda la gente está en el piso bajo, así que soy el único rondando por aquí arriba—lo que hace más excitante mi «aventura.»

El lugar es realmente grande. Para acceder al piso superior tienes que subir por una de esas escaleras enormes de madera que se abren en dos en el hall, ya sabéis, de esas escaleras que se enroscan un poco y desde las que une esperaría ver bajar a Isabel Presley con una bandeja llena de bombones. Todo es de película. Mi compañera me alcanza cuando cotilleo la oficina, y me traduce uno de los carteles que más llaman la atención: es una paloma con una frase debajo que dice «no puedo pensar en un animal más sucio que la paloma, no puede ser coincidencia que sea el símbolo de la paz.» Nos reímos.

Subimos  juntos a la azotea, que es igual de increíble que el resto de la villa. A todo esto, también cotilleamos un par de terrazas que me hacen sentir como un privilegiado al divisar desde las alturas el jardín—o parque, se podría decir—del recinto. Desde la azotea se ve gran parte de la ciudad, así que las vistas son de cine. Allí nos terminamos las cervezas, hacemos un poco de manitas, y nos bajamos de nuevo al bar, donde sigo mi conversación con la gente del lugar—la juventud de Atenas se defiende bastante bien con el inglés, por lo que no tengo problemas en comunicarme.

Antes de marcharnos, ya bien entrada la madrugada, decidimos pasear por la parte trasera de la villa, donde tienen plantados unos cuantos huertos—o eso me parece, porque se ve más bien poco. Sin duda éste es un lugar único para montar un centro social okupado, y pienso que lo mismo tendríamos que hacer les madrileñes con la mansión de Esperanza Aguirre en el centro de Madrid. No me marcho, eso sí, sin coger unas cuantas pegatinas que ahora adornan con orgullo el ordenador desde el que escribo.

Ya ha pasado una semana desde mi vista a Villa Zografou, y la noticia del ataque fascista me llega por correo. Al parecer, el sábado siguiente al que estuve yo, cuando la gente de Zografou celebraba el mismo «guateque» por les preses polítiques, un grupo de nazis atacó la villa. Los agresores fueron repelidos, y no me consta de que hubiera ninguna persona herida por nuestra parte.

Prapopoulou

prapopoulos

Prapopoulou es una okupa situada en Halandri, un barrio de clase media-alta en el norte de Atenas. Es una casa más bien grande—pero no una villa como Zografou—con un jardín igualmente grande. Aquí le dan mucha importancia a lo ecológico: tienen varios huertos, árboles frutales, un rincón con toboganes y juguetes para les niñes, y hasta un caballo que pasta alegremente por todo el recinto.

Al parecer el terreno y la casa estuvieron abandonados por varias décadas hasta que hace unos siete u ocho años un grupo anarquista decidió tomarlo para empezar un nuevo proyecto. Mi compañera, que se dejaba caer por allí todas las semanas cuando residía en Atenas, me comenta que la okupa organiza talleres y encuentros políticos, lo que terminó llamando la atención de los nazis quienes atacaron impunemente la casa—quemando el tejado, si recuerdo bien la historia. A Prapopoulou le dicen «okupa» pero en realidad no vive nadie allí, simplemente funciona como un centro político abierto a todo el mundo. En el interior tienen una biblioteca muy bien surtida, y entre las actividades que organizan me encuentro, de nuevo, con las clases de castellano—¡menuda sorpresa la mía!

Lo orgánico y la permacultura es, al parecer, una tarea muy importante para la gente de Prapopoulou. Organizan talleres en estos temas y además animan a la gente a pasarse y echar una mano en los huertos. Mi compañera me cuenta que una de las mejores cosas es el cine: al parecer proyectan películas y en verano el jardín delantero se llena de gente disfrutando mientras les niñes juegan en los toboganes o persiguiendo al caballo. Con todo, me quedo con la labor comunitaria que hace la gente de Prapopoulou en el barrio: organizan charlas, campañas de propaganda, colaboraciones con otros grupos vecinales, distribuyen parte de los vegetales cosechados, etcétera. El centro okupado está, al parecer, muy integrado en la vida del barrio,  y no parecer molestar a sus vecines de clase media-alta. «Al contrario», me cuentan, «la gente viene y se interesa por lo que hacemos.»

Tras unas horas de cotilleo y parloteo decidimos marcharnos a comer algo. Ahora, en mi mente solo hay lugar para un pensamiento: si se quiere, se puede. Bravo por nuestres compañeres atenienses.

Últimas palabras

Mi viaje a Atenas fue, a todas luces, una experiencia placentera y llena de sorpresas. Antes de ir pensaba que mi conocimiento de la situación griega y sus movimientos sociales era bastante nutrido—más que nada por mi compañera y mis amigos más cercanos en la ciudad donde resido, que también son de Atenas y anarquistas. Sin embargo, lo que me encontré allí superó mis expectativas. Cada encuentro, cada lugar, cada experiencia… todo fue muy enriquecedor.

Aunque no todo fue bonito, claro está. La pobreza, la indigencia, los problemas sociales… todos los problemas que el capitalismo y las políticas neoliberales generan están muy presentes en las calles de Atenas. Pasear por la calles de la ciudad es una experiencia única, pero por mucho que une se concentre en pensar positivamente al final siempre se termina con la cabeza en lugares más negativos. Mujeres con niñes pidiendo en la calle mientras millares de personas pasan sin tan siquiera mirar. Alguien podría decir: «bueno, eso también se puede ver en ciudades como Madrid o Barcelona.» Sí, contestaría yo, pero en Atenas la realidad supera a la ficción. No he visto tanta pobreza junta en mi vida. Por un lado te deprime, pero por otro te reafirma en tus ideas libertarias, y esto me quedó muy claro cuando conocí a los grupos políticos de Atenas—tanto les comunistas de ARAN, como a les anarquistas de las okupas.

De todo esto saco una idea en claro: Atenas es, seguramente, la esperanza de Europa. Si un día el movimiento libertario en la Península Ibérica fue el motor anarquista del mundo, hoy día es el turno para les atenienses. Sí, elles siguen viendo a la CNT como un ejemplo a seguir, pero me pregunto si no tenemos que ser nosotres quienes tengamos que mirar hacia nuestros  hermanos y  hermanas de Grecia. Elles tienen la rabia, la fuerza, y el coraje para decir ¡basta! Solamente espero que el entusiasmo y la energía de nuestres compañeres atenienses se transmita, cuanto antes, al resto de ciudades del mundo.

Paseando por Atenas (IV)

En esta entrega relataré un par de reflexiones que me surgieron al pasar un tiempo por el centro de Atenas. Me salto las partes más «turísticas» por no ser relevantes a los temas de Regeneración.

Akadimias

Akadimias

La gran avenida céntrica que delimita el barrio de Exarchia alberga numerosas tiendas y kioskos, pero lo más llamativo son los edificios de la Universidad de Atenas, en concreto la Facultad de Derecho y Políticas donde influyentes grupos estudiantiles, como ARAN, agitan las protestas. En Akadimias, o mejor dicho, en los edificios de la universidad, diviso multitud de estudiantes disfrutando del sol que nos calienta amablemente. Tendremos unos diecisiete grados, y la gente para mi sorpresa sigue con los abrigos puestos—será que por fin me he vuelto británico, o tal vez les griegues tengan una aversión extrema al frío. Quién sabe.

Paseo por entre los edificios universitarios entreteniéndome con los jóvenes estudiantes que fuman, hablan, y ríen entre elles. Los edificios de la universidad son de estilo clásico, con estatuas y demás cosas que gustan a les turistas—y a les atenienses, digo yo. De nuevo me encuentro con que las paredes están llenas de pintadas políticas. Una me llama la atención, es reciente—¿del día de la huelga general? Es una gran pintada anticapitalista con la «A» de anarquía y no podría estar más visible. Me muevo por el campus y veo más propaganda comunista que otra cosa. De alguna manera, siendo partidario de este tipo de expresión política, pienso que algunos muros son tan bellos que no deberían ser pintados de esta forma—la pintada está en el muro que se puede ver en la foto.

Akadimias por estar muy cerca de Exarchia suele ser un punto de encuentro para salir por la noche. Además, al ser una gran avenida numerosos autobuses pasan por allí, incluido el trolley. Pero amigues, Akadimias cambia mucho de la noche a la mañana. Cuando el sol ya no calienta la capital griega, Akadimias cambia sus estudiantes por drogodependientes y sintecho. Numerosas noches me tocó pasar por allí de madrugada, y la sensación que une siente no es precisamente cómoda. Paso a relatar una experiencia concreta:

Una noche volvíamos de Exarchia a eso de las cuatro de la mañana. Nos dirigíamos hacia una de las avenidas que salen de Syntagma, así que teníamos que cruzar Akadimias. Yo ya me había fijado que de noche el lugar cambiaba mucho: varones todos ellos, de ropa sucia y rota (menos los de rasgos extranjeros, curioso), gritando, peleando, o simplemente deambulando por el campus. Tenía en mente lo que mi compañera me comentó, que la policía empezó hace tiempo a mover a los elementos problemáticos cerca de Exarchia para justificar intervenciones y demás. Pero uno es anarquista y piensa que las personas tienen un potencial solidario y afable que el capitalismo les niega—pero potencial que existe no obstante. Sin embargo, por mucho que te empeñes en ver el lado bueno de la gente, pasear por Atenas es como una bofetada en la cara, un cubo de agua fría a tus buenas intenciones, porque los problemas sociales y las oscuras callejuelas no ayudan nada a ser «bienpensado.»

Mi compañera que ya había tenido problemas con las personas que habitan Akadimias de noche me alertó que pasara de largo si se acercaba alguno de ellos. Pensé que mucha coincidencia sería que se nos acercará alguien, pero así sucedió. Un hombre joven, extranjero (¿de Pakistán, tal vez?), de tez morena y ropa cuidada pero conjuntada de forma llamativa, nos cortó el paso para preguntar por un cigarro. Yo que fumo de liar le dije que no tenía, que era de liar y que quería llegar pronto a la parada del autobús. Le dije esto en inglés, porque mi griego no llega para tanto, y él me contestó con una mirada seria y «cash.» Sinceramente no creo en la caridad, ni me daba la gana estar ahí parado a las cuatro de la madrugada con un hombre que se cabreaba por momentos. Cuando le dije que no, su ira era ya innegable. Total, que nos fuimos sin decir más y el hombre nos dejó en paz.

Al parecer relatos como éste no son extraordinarios: tirones, agresiones, provocaciones, y demás problemas son el pan de cada «noche» en Akadimias. Si ya la pobreza y la exclusión social son cosas tristes y deprimentes de por sí, que la policía y las autoridades locales jueguen a mover gente para crear problemas en barrios subversivos me parece razón suficiente para gritar eso de «batsoi, gourounia, dolofonoi!»—léase «bachi, guruña, dolofoni». Es uno de los cánticos anarquistas más comunes en las manifestaciones, que vendría a significar «maderos, cerdos y asesinos.»

Volviendo al tema de las sensaciones que se sienten paseando por Atenas de noche. Son tantos los problemas que puedes ver por la calle que es imposible no sentirte insegure. Precisamente, creo yo, esto es lo que quiere la policía que sientas cuando paseas por barrios contestatarios como Exarchia. Amigues de mi compañera me relataban el otro día que la gente problemática empieza preguntando por tabaco, luego pasan al dinero suelto, y de ahí puede que se tuerza la cosa y tiren de violencia y amenazas. Yo les preguntaba que si no estaban exagerando, a lo que me respondieron con tantas experiencias propias o de gente conocida que empecé a creerme la historia. De nuevo, esto es precisamente lo que quiere la autoridad que pensemos, que pasear por Akadimias no es seguro, que les inmigrantes son todes seres perjudiciales e indeseables. Quieren que nos quedemos con la parte más cruda de la realidad capitalista, sin poner rostro humano a esas personas forzadas por una realidad material asesina. Como varies de elles eran comunistas me daban «la chapa» con la historia de siempre: que si el lumpemproletariado, que si les marginales, que si esto o que si lo otro.

Lo que este grupo comunista—de ideología leninista-maoísta, según elles mismes—pasaba por alto es que por muy «lumpen» que seas sigues siendo persona, y por tanto sigues teniendo, primero, todas las potencialidades humanas que cualquier persona posee—sentimientos de solidaridad y afectividad—, y segundo que son precisamente estas personas las que tienen todas las razones del mundo para desarrollar una conciencia revolucionaria. Mientras hablaba con elles en el bar recordé el famoso texto de Karl Marx sobre Luis Bonaparte y su «ejército de lumpemproletarios.» En palabras de Marx, este «ejército» del sobrino de Napoleón Bonaparte estaba compuesto por toda la calaña insalvable de la sociedad: rateros, asesinos, prostitutas, alcohólicos… Bakunin tuvo mucho que decir al respecto y así lo hizo él, como así lo hice yo en aquel bar. Como el «discurso» se lo sabe todo el mundo lo omitiré, pero dejaré constancia de la reflexión que intenté hacer ver a este grupo de leninistas-maoístas.

Si realmente crees que una sociedad mejor es posible, entonces, no debes dar la espalda a nadie. Entender el comportamiento social de las personas en base a conceptos tan rígidos como «realidad material» y «conciencia de clase» es, a mi parecer, un error grave. Ni la realidad material constriñe de manera determinante, ni la conciencia es algo inexorable. La agencia humana siempre jugará un rol importante en el desarrollo de la historia, si bien es cierto que ésta tiene lugar en un contexto limitado por elementos externos al individuo como pueda ser la realidad laboral, las condiciones económicas, o las estructuras políticas de una sociedad. Sea como sea, yo les intentaba hacer ver que trabajar con esa gente que elles descalificaban como «lumpen» era una de las tareas más necesarias—si bien es cierto que también es una de las más difíciles. Rebajar a ciertas personas a la categoría de «lumpen», que en el discurso marxista casi carece de humanidad, es hacerle el juego a esa clase dominante que elles tanto odian. Primero porque estaríamos reconociendo y aceptando los resultados de las dinámicas capitalistas—empobrecimiento, marginalización, alienación, anomia, etcétera—, y segundo, porque pensar de manera tan determinista no lleva a ningún lado. ¿Cuánta gente de clase obrera nos ha dado alguna vez la puñalada trapera? ¿Acaso no puede el burgués ser un enemigo de su propia clase? ¿Se olvidaron de dónde venían Marx y Engels?

Pero como decía antes, es imposible no sentir temor al pasear por ciertas calles de Atenas a dadas horas de la madrugada. Una cosa es creer que la gente puede ser buena, y otra cosa es ser imbécil. Si las autoridades de la ciudad se empeñan en dar la espalda a les más necesitados, entonces seamos nosotres quiénes les tendamos una mano, les decía yo bebiendo un poco de raki con miel—en otra ocasión hablaré de esta fabulosa bebida. Elles parecían mirarme con condescendencia, como pensando: «ay estos anarquistas, que no saben lo que dicen. Mejor se vayan a lanzar otro molotov.» Si de algo me sirvió mi contacto con les estudiantes comunistas de Atenas fue para reafirmarme en la idea de que antes del problema del capital viene el problema de la autoridad, que es mucho peor y más antiguo. Me da igual si la autoridad viene de la policía, partidos políticos, o grupos estudiantiles supuestamente revolucionarios. Si alguien o algo me dice que tengo que deshumanizar a parte de mi sociedad por el motivo que sea, entonces, apaga y vámonos.  Cómo les gusta las jerarquías a estes comunistas…

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