¿Qué hacer ante un invierno sin gas en Europa?

La economía global se asoma al escenario de una profunda crisis provocada por el desarrollo de la guerra en Ucrania. La inflación se ha disparado en todo el mundo, y los bancos centrales anuncian subidas de los tipos de interés para tratar de atajarla. Los “halcones” de la austeridad y el neoliberalismo vuelven a hacerse fuertes en los think tanks de las finanzas internacionales. El breve interregno de hegemonía keynesiana vivido durante la pandemia ha llegado a su fin.

Los tipos de interés van a subir y, como ha avisado recientemente Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, la puesta en marcha de un mecanismo para evitar una nueva crisis de las primas de riesgo de las economías de la periferia europea vendrá, esta vez, acompañada de “condicionalidades”, es decir, de reformas neoliberales impuestas por Bruselas. Y nada asegura que este nuevo mecanismo logre contener, de hecho, las ofensivas de los capitales especulativos internacionales contra el euro, en un invierno que se anuncia como el del posible colapso de la Unión Europea.

Porque el otoño se prevé sumamente complicado para la economía de la Eurozona. El alza continuada del precio del gas impide asegurar que las reservas van a ser suficientes para evitar una situación casi caótica, si la Federación Rusa decide cortar el suministro durante el verano. Un accidente en una planta en Freemont (Texas) ha reducido los envíos de gas licuado (GNL) estadounidense a mínimos de los últimos meses. La convocatoria de varias jornadas de huelgas en Noruega, el más cercano suministrador alternativo a Rusia, significa una amenaza añadida para las reservas europeas, que hoy alcanzan un 60 % de la capacidad, lejos del 80 % que la Comisión se ha fijado como objetivo para noviembre. La posibilidad del racionamiento en los meses más crudos del invierno parece cada vez más cercana en países extremadamente dependientes del suministro energético ruso, como Alemania.

Europa ha empezado el año con un crecimiento del 0,3 %, según Eurostat. España, que a finales del 2021 crecía al 2 %, está incluso una décima por debajo de ese 0,3. La inflación está desbocada, superando el 10 % en España, mientras el Banco Central Europeo prevé que alcance más del 8 % en el conjunto de la Eurozona este año. La posibilidad de que, a partir de octubre, y en un escenario de corte del suministro energético ruso, Europa entre una situación de estanflación (es decir, alta inflación y caída en el crecimiento económico) es cada vez más plausible.

Pese a que al auge del turismo veraniego y los efectos de la reciente reforma laboral en la transformación de contratos temporales en indefinidos precarios mantienen el espejismo de una salida virtuosa de la crisis provocada por la pandemia, lo cierto es que la economía española difícilmente podrá abstraerse del caos general provocado por un invierno europeo sin gas. Las tímidas medidas tomadas por el gobierno para limitar el impacto de la guerra en Ucrania entre las capas populares no podrán sostener al país. La Comisión ha acordado recientemente que todos los estados miembros de la Unión deberán ser solidarios con sus reservas energéticas en caso de un shock de suministro. Será, también, difícil justificar los esfuerzos que esa solidaridad implica para las clases populares si, al tiempo, se hacen publicas las fuertes “condicionalidades” (en la forma de reformas de pensiones y degradación de los servicios públicos) que se esperan acompañen al mecanismo de salvaguarda monetaria del euro, de que hablamos anteriormente. Además. A deriva militarista de los presupuestos públicos, erosionará aún más el gasto social.

La clase trabajadora sufre los golpes de la inflación desbocada, aunque aún siga atada psicológicamente a la posibilidad de un brillante verano de desconexión de la pandemia. Christine Lagarde reconoce que los salarios reales llevan ya más de dos trimestres de descenso en Europa. El poder adquisitivo que la inflación arrebata a los trabajadores no se ve compensado por la correspondiente alza de salarios. La “responsabilidad” del sindicalismo oficialista es monolítica y suicida. Negociar congelaciones salariales y alzas de retribuciones que a duras penas superan el 2 % cuando la inflación se instala cerca del 10 % es subrayar, de nuevo, la ya tradicional visión, generalizada entre los trabajadores, de los sindicatos mayoritarios como anexos rústicos de los Departamentos de Recursos Humanos de las empresas.

En este escenario el sindicalismo combativo y los movimientos sociales se ven forzados a determinar su estrategia futura en un contexto muy problemático. Sostener al gobierno progresista y mostrar tibieza ante sus aventuras bélicas y sus medidas limitadas lleva a la izquierda social al descrédito entre los trabajadores y aumenta la confusión y la irracionalidad que, poco a poco, va instalándose en la conciencia de las clases populares. Intentar encabezar el descontento creciente y organizar la resistencia puede llevar a la elección de un gobierno de derechas y genera conflictos y tensiones cada vez más candentes con la izquierda institucional, que amenaza con vetar y maginar todo disenso con la estrategia parlamentaria de la “Nueva Política”.

Sin embargo, más allá de la confusión que ha instalado el reflujo del proceso de lucha del 15-M en la izquierda social, lo cierto es que el descontento de las clases populares es real. Se expresa, de momento, en abstención, comportamientos desviados y generalización de una cultura protofascista, tremendamente irracional y conservadora, que se presenta como “rompedora” y “antisistema”. Este descontento puede multiplicarse en un invierno de crisis y estanflación, como el fuego en una pradera seca.

No existe el vacío en política. Si el sindicalismo combativo y los movimientos sociales no expresan y dirigen el descontento, en toda su radicalidad, otros los harán. La extrema derecha está esperando su momento. Mejor digamos: la extrema derecha está aprovechando su momento y alimentando los caudales de la ira popular con irracionalismo, tradicionalismo y racismo.

El “momento hamletiano” de los movimientos sociales y el sindicalismo consecuente debe terminar. No hay que transmitir más confusión y dudas a la clase trabajadora. Debemos ser la expresión del descontento y organizar a los que sufren la crisis contra quienes la han creado. Y el gobierno ha contribuido a crearla con su megalomanía bélica y su progresismo de plastilina. Los compañeros y compañeras que están en la izquierda institucional deben elegir de qué lado combaten, y dejar de transmitir confusión y promover la inconsecuencia y la pusilanimidad entre los militantes sociales. Si el gobierno va a caer, mejor que lo haga acompañado de un proceso de autoorganización y movilización popular, que en una debacle de triste impotencia y luchas cainitas por las migajas institucionales que deja en su crisis la socialdemocracia.

En medio del caos que se avecina, transmitir claridad y elegir el bando de los de abajo sin vacilaciones es el medio más cabal para reconstruir una izquierda revolucionaria digna de ese nombre.

José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared

«CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora», entrevista al secretariado de la CGT

Entre los días 9 y 12 de junio de este año, la Confederación General del Trabajo (CGT) ha celebrado en Zaragoza su XIX Congreso Confederal, bajo el lema Contra las desigualdades. Durante el mismo, además de considerar más de un centenar de ponencias de los afiliados, se ha elegido a un nuevo Secretariado Permanente (SP) para los próximos cuatro años. De las dos candidaturas que se presentaban, ha salido elegida la conocida como CGT para todas, liderada por Miguel Fadrique.

Desde Regeneración hemos querido hacer algunas preguntas al nuevo SP y desearle acierto en su labor para los próximos años. Responde a las preguntas, en nombre de todo el SP, su secretario de comunicación, Jose Alberto Villaverde, afiliado al Sindicat d’Administració Pública CGT Barcelona.

Antes de nada, queremos daros la enhorabuena por la victoria de la candidatura CGT para todas al Secretariado Permanente (SP) del Comité Confederal de la CGT. ¿Cómo estáis viviendo esta victoria? ¿Lo esperabais? ¿Os sentís respaldadas por la organización después de este resultado?

El resultado lo estamos viviendo con intensidad. Es un cambio grande a nivel personal para cada una de las personas que nos hemos presentado. Es una responsabilidad más en nuestro día a día y hay que reorganizarse para poder dar lo mejor de nosotras mismas al conjunto de la organización.

La verdad es que ha sido un resultado agridulce. Ha sido un trabajo de meses, incluso de años. El hecho de montar una candidatura desde la base no ha sido sencillo. Hemos tenido que poner encima de la mesa problemáticas y cuestiones con las que no ha sido fácil lidiar pero, al mismo tiempo, con un análisis común de cómo creemos que la CGT debía afrontar el futuro de la clase trabajadora. El hecho de sacar adelante el conjunto de acuerdos sociales y sindicales a los que hemos llegado es algo con lo que nos sentimos muy motivadas el equipo actual.

Contadnos un poco sobre quiénes sois y qué os llevó a presentar una candidatura propia al SP. ¿Hay más gente implicada o es un proyecto liderado únicamente por los miembros del SP?

Aunque el SP lo componemos 13 personas de diferentes sindicatos y de varios territorios y sectores, es importante que quede claro que no somos más que la cara visible de un proyecto muy amplio que pretende representar a toda la CGT. De hecho, muchas de las personas que inicialmente impulsaron este proyecto y esta candidatura no forman parte del SP puesto que es una candidatura colectiva.

Lo que nos llevó a presentar la candidatura fue la necesidad de rejuvenecer el sindicato, tejer redes con los movimientos sociales aportando una perspectiva sindical, estrechando lazos para trabajar codo con codo y abordar los problemas socioeconómicos de la clase trabajadora desde todas las visiones: bien para que te suban el salario 900€ o bien para que te bajen el alquiler 900€, estamos defendiendo derechos colectivos.

¿Qué objetivos os marcáis hasta el próximo congreso? ¿Hay algunas líneas que os gustaría desarrollar especialmente?

Lo que creo que debemos abordar es un proyecto común en lo que es la acción social y sindical, que responda a nuestras necesidades inmediatas haciendo frente a los recortes y opresiones bajo las que vivimos como trabajadoras en el mundo capitalista. En ese sentido, en este congreso se han aprobado ponencias importantes, por ejemplo la relativa a una huelga general el año que viene o aquellas que hablan sobre la estabilidad del personal en abuso de temporalidad en la administración pública, que es uno de los problemas a los que creemos que hay que responder con inmediatez desde el sindicato.

¿Cuáles creeis que son las principales amenazas y oportunidades que vamos a tener que afrontar el conjunto de la clase trabajadora en estos próximos años?

Nos encontramos en un escenario post COVID y en mitad de una guerra imperialista en Ucrania. Ambas situaciones nos han llevado a un aumento del gasto público y, por tanto, de la deuda pública, que nos conducen a un futuro escenario de crisis que pagarán las trabajadoras, como ya sucedió con la crisis de 2008. En este contexto, creo que el sindicato tendrá que afrontar y dar una respuesta contundente, con perspectiva de clase, en su debido momento y junto a la sociedad.

Creemos que esta es una de las situaciones que nos espera a nivel social y global. No hay que olvidar en todo esto la perspectiva internacionalista, porque no va a ser una crisis que haya que abordar solo a nivel del Estado español, en los diferentes territorios, sino que además habrá que hacerlo a escala global. Es fortalecer lazos con las diferentes asociaciones y sindicatos que comparten ideología y objetivos de forma amplia, para poder afrontar esta realidad de forma colectiva.

¿Qué puede aportar CGT al conjunto de la clase, y, como nuevo SP de la CGT, qué pretende aportar CGT para todas?

CGT para todas lo que pretende y ha pretendido en todo momento es mejorar la coordinación y el reparto de recursos dentro del sindicato, para mejorar y fortalecer nuestra acción sindical y social.

CGT para todas pretende estar al servicio de cualquier afiliada, para lo que necesite, y que ésta sienta que los medios del sindicato son suyos porque, de hecho, lo son desde todos los puntos de vista: el sindicato no tiene ningún sentido si no es de todas las personas que lo integran.

Una trabajadora cualquiera, ¿por qué debería apostar por afiliarse a la CGT?

Entendemos que CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora que quiera tomar las riendas de su vida, que busque construir más y delegar menos con el objetivo de acabar con el sistema deshumanizador en el que vivimos. Las militantes de CGT trabajamos desde el apoyo mutuo, la solidaridad y la sororidad para destruir todas aquellas dinámicas individualistas y competitivas que rigen nuestras relaciones sociales. Tenemos claro que la fuerza de la clase trabajadora se basa en la unidad desde la horizontalidad y la igualdad entre todas las personas que la integran. Estos principios son el ADN de la organización.

Al respecto de la acción sindical, ¿qué aspectos positivos destacaríais del trabajo de la CGT en estos años y en qué aspectos os gustaría mejorar? ¿Alguna victoria de la que estéis especialmente orgullosas?

Uno de los primeros hechos que destacaría es la cantidad de movilizaciones que el sindicato ha sido capaz de encabezar. A pesar de toda la crisis del COVID, con lo que ha supuesto, hemos visto en algunos territorios manifestaciones masivas y huelgas que han funcionado y que el sindicato ha estado abanderando. Las movilizaciones del metal en Cádiz, por la estabilización del personal en la administración pública o los múltiples días de huelga en el sector de la enseñanza son ejemplos que para nosotras son escuela.

El hecho de responder socialmente y en colectivo a las necesidades concretas del momento es el camino para demostrar que nuestro sindicato es capaz de hacer unos buenos análisis de la realidad además de ofrecer la alternativa en las calles dando respuesta a las necesidades de la clase trabajadora.

¿Y respecto a la acción social y la relación con los movimientos sociales (vivienda, feminismo, ecologismo…)?

Por ejemplo, la verdad es que la experiencia que tenemos de colaboración con el sindicato de inquilinas es muy positiva. Es un movimiento que está creciendo, que demuestra que funciona, que consigue resultados tangibles y que responde a necesidades inmediatas. Además, comparte espíritu con CGT: desde abajo, plantando cara contra los grandes capitales que están expoliando este territorio, los fondos de inversión que están hurtando el derecho a la vivienda a las trabajadoras. El sindicato de inquilinas demuestra una capacidad de respuesta que es admirable y que creo que tiene que ser un espejo de lo que nosotras deberíamos llegar a hacer. Es necesario trabajar con movimientos como éste que dan ejemplo de cómo afrontar el futuro de esta sociedad. Porque si no nos enfrentamos contra el Estado, que es quien protege a todos estos grandes capitales, no hay una alternativa real. No existe un mundo mejor sin poner en duda todos estos poderes fácticos que benefician a los grandes capitales en contra de la clase trabajadora.

Otro ejemplo que no puedo dejar de destacar son las compañeras feministas en todo el Estado poniendo en jaque al capital. Cada feminicidio tiene una respuesta colectiva, cada día no cesan en señalar al patriarcado como aliado indiscutible del sistema. Entendemos que más allá de que muchas afiliadas y militantes del sindicato participen en los espacios del movimiento feminista, como pueden ser todas las asambleas feministas de barrios, pueblos y ciudades en todo el territorio, es necesario que su sindicato, la CGT, sea feminista y les de el apoyo necesario para que sigan luchando por un mundo nuevo donde las relaciones entre las personas sean entre iguales.

¿Alguna cosa que os gustaría añadir?

Nos gustaría añadir un agradecimiento a todas las personas que han estado colaborando y que han puesto su granito de arena para que este proyecto salga adelante. También a todas aquellas que siguen apoyando y seguirán estando ahí para que el sindicato sea realmente un actor principal en la defensa de la clase trabajadora, para que realmente lleguemos a emanciparnos socialmente. No desistiremos en sacar este proyecto adelante. Aunque el enemigo sea más grande nosotras somos más y estamos mejor organizadas. Animamos a toda la afiliación, y a las personas que se lo estén pensando, a que participen en este proyecto de forma activa.

Muchas gracias.

Gracias a vosotras. Suerte y acierto.