Se buscan líderes anarquistas… ¡y referentes!

Seguramente os sonarán nombres como August Spies, Carlo Cafiero, Angel Cappelletti, Camilo Berneri, Nestor Makhno, Errico Malatesta, Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Emma Goldman, Federica Montseny, Conchita Guillén y un sinfín de nombres que no cabrían en la lista. Os sonará igualmente David Graeber, Abdullah Öcalan, Felipe Correa, Murray Bookchin, Carlos Taibo… Todos ellos anarquistas, no anónimos y anónimas, pero tampoco dirigentes. Ni siquiera ocupan ni representan ni pretenden ser sus representantes del movimiento libertario. Estos personajes, tanto actuales como históricos, tanto de acción como teóricos y teóricas, realmente no inventaron nada nuevo aunque fueron personas creativas. De las primeras, simplemente, sintetizaron las ideas y las praxis a partir del estudio y articularon todos estos conocimientos bajo un ideario documentado que posee referencias a ideas de muy diversas autoras. De las segundas, personas de acción tales como Makhno, Durruti entre otras, destacan por su perseverancia, iniciativa, compromiso y voluntad férrea, con visión estratégica y sagacidad, ambición y capacidades comunicativas. Estas características son propios de líderes/lideresas, y esta es una de las razones por las que he querido responder a nuestro compañero La Colectividad, cuyo artículo es de lectura recomendada para seguir el hilo del temario. Y ya que estamos, ¿por qué no echarle un vistazo a éste también del sabio lagarto Acratosaurio?

Para ir abriendo boca, quisiera matizar una cuestión conceptual importante: no es lo mismo hablar de líderes que de dirigentes o jefes. La diferencia está en que los líderes y lideresas son personas que describí en el anterior párrafo: personas que destacan por su iniciativa, por su agudeza intelectual, su creatividad y su lucidez. Personas que dinamizan, que saben transmitir sus pensamientos y las opiniones de otras personas, que saben cómo comunicar sus mensajes (capacidad comunicativa), que mueven al grupo e instigan la participación de otras personas, que tienen ambición, que escuchan y resuelven, que consiguen su legitimidad y reconocimiento ganándose el respeto de las demás. Sin embargo, el dirigente, jefe o jefa es quien se impone por la fuerza, con base en la idea del respeto y obediencia a una autoridad. Un dirigente impone sus intereses sobre los de los demás, no es legitimado realmente por su base social (con algunas excepciones). Aunque el difigente pueda compartir características con los líderes y lideresas, hay un matiz que en la práctica se nota y mucho. Pongamos otra vez a Nestor Makhno y Buenaventura Durruti como ejemplos de líderes. Sí, líderes anarquistas;

Nestor Makhno era una persona que aparenta un temperamento frío y calculador, pero sentía dolor cuando veía caer a sus compañeros de lucha, aunque sabía ocultarlo bien, impidiendo así que se debilitara emocionalmente ante las pérdidas de sus compañeros. Poseía un caracter fuerte, fue un gran estratega y lo que aprendió en las cárceles, lo supo transmitir e implementar. Supo mover y organizar unos destacamentos guerrilleros en un Ejército popular compuesto principalmente por campesinos y campesinas. Supo sintetizar los problemas por los que atravesaba las mayorías campesinas entonces y recoger esa necesidad revolucionaria de derrocar toda forma de opresión a través de la lucha armada y la construcción de un nuevo orden social basado en el comunismo libertario. Allá donde su Ejército Negro libertaba pueblos del yugo de las diversas reacciones tanto monárquicas como capitalistas, allá se ganaba la simpatía de la población. Y desde allí creó movimiento. Este ejército se erigió como un ejército de liberación que defendía la libertad del campesinado y el proletariado, y así lo hizo. Así pues, Makhno lideró esta fuerza político-militar, pero no lo hizo porque se haya impuesto, sino porque se ganó el puesto por sus actuaciones, su personalidad, iniciativa y firmeza. Mucha gente admiraba su valor y sus grandes dotes estratégicos, y por ello, llegó hasta allí y cumplió su papel de liderar una buena parte del movimiento en el campo militar, pues lo demás no era competencia del Ejército. Dentro del Ejército Negro, la disciplina se aceptaba voluntariamente, nadie estaba obligado a ingresar en él, pero quien entrase, tenía que aceptar esta disciplina por voluntad propia, por ser consciente y estar convencido de formar parte de un ejército de liberación, cuya lucha es la defensa de la revolución.

Buenaventura Durruti en los inicios de su trayectoria política, ingresó en la UGT, aunque posteriormente haya sido expulsado por la radicalidad de sus ideas. Poco después conocería la CNT, donde se convenció firmemente de las ideas anarquistas. Durruti realmente no fue un gran teórico, ni fue un gran orador como Salvador Seguí, sino un hombre de acción. Pero su fuerza en los discursos y lo directo en cómo los transmite, con su entonación como a martillazos, junto con sus acciones, instigaba al resto de obreros a la lucha. Sus discursos transmitían esa fuerza y espíritu necesarios para avanzar, esa energía que motivaba y levantaba ánimos a quienes le escuchasen. No se andaba con rodeos ni se perdía en términos demasiado técnicos. Iba muy directo y sabía transmitir perfectamente su perseverancia e iniciativa. De hecho, su famosa frase «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y este mundo está creciendo en estos instantes», recogía el anhelo de todos y todas las anarquistas de aquella época y a la vez describía la expansión del anarquismo como fuerza política revolucionaria. Desde el inicio de su militancia anarquista hasta su muerte, estuvo siempre en pie de guerra, pasando por las cárceles y el destierro, formando parte del famoso grupo Los Solidarios y como uno de los comandantes de la célebre Columna Durruti, que comenzó reuniendo a unos 2.500 hombres y consiguó llegar a tener hasta más de 6.000.

Ambos hombres de acción murieron sin acumular ningún patrimonio. Su entrega a la lucha fue total y jamás disfrutaron de privilegio alguno cuando estuvieron al frente de la comandancia. Makhno huyó a Francia, llegando a París y murió allí enfermo en la miseria. Durruti murió en Madrid por una bala perdida, sin dejar tampoco nada de valor. No obstante, ¿qué tendría que ver esto con la actualidad? ¿Qué hay de la diversidad del movimiento libertario… o más bien su atomización? ¿De verdad la existencia de líderes y lideresas coarta la libertad individual? El caso de la okupación de la Universidad de Zagreb que menciona La Colectividad es bastante interesante e ilustrativo que sustentaría su argumentación. No obstante, el liderazgo no siempre supone una sola cabeza destacada y visible. El liderazgo se puede dar a cualquier escala. Cualquiera que en una asamblea o un grupo lleve cierta iniciativa, que dinamice, que cree, sintetice y exprese lúcidamente las inquietudes del resto, que sepa transmitir las demandas colectivas al exterior, jugaría su papel de líder o lideresa. Otra característica del liderazgo es que no siempre recae en una única persona, sino que puede rotar según qué circunstancias y cuánta base social sea su apoyo, así como cuántas les toman como referente.

Y ya que estamos, vamos a añadir la figura del o de la referente. Un o una referente sí que es una persona pública, que destaca sobre todo por su capacidad comunicativa y por su formación teórica, quienes son reconocidos por otras personas las cuales acuden a dichos referentes como fuentes de inspiración y conocimientos. Bakunin, Malatesta y demás hombres y mujeres de ideas son ejemplos de referentes ¡y hasta Bonnano para las insurreccionalistas!. Gracias a estos nombres conocidos, tanto líderes como referentes, el anarquismo sigue vivo hoy, y que con el anonimato y sin liderazgos, seguramente en las páginas de la historia no se habrían escrito revoluciones sociales como la del ’36, la Comuna de Shinmin o la Makhnovitschina, ni hubiésemos presenciado, desde la historia reciente hasta hoy, la resistencia del pueblo Mapuche, el levantamiento zapatista ni el Movimiento de Liberación Kurdo ni la Revolución social en Rojava (he de matizar aquí que Öcalan no es expresamente un líder, sino un referente, un símbolo que inspira la lucha del pueblo kurdo, que le guarda un profundo respeto).

El Acratosaurio posiblemente nos hable de referentes más que líderes, personajes públicos que recojan y transmitan a la sociedad las opiniones comunes de los y las anarquistas. Hemos de reconocer que los mass media siguen teniendo mucha más difusión que nuestros medios, y que ni nuestras páginas web, ni nuestros canales de vídeo ni la difusión en las redes sociales en las calles, pueden igualarse a los mass media. Seguramente, en un debate en La Sexta donde salga Carlos Taibo (o alguna otra cara visible del movimiento libertario) haga llegar el mensaje anarquista a más personas que personas anónimas difundiendo por medios alternativos. Y ahora bien, ¿qué es lo que queremos: comunicar mensajes a otras anarquistas o visibilizar nuestras alternativas políticas? En otras palabras, ¿hacemos política para sí o política para fuera? ¿Nos comunicamos únicamente dentro de nuestros círculos militantes o queremos transmitir nuestros mensajes de cara a los movimientos sociales y a la sociedad, en concreto, a las clases explotadas?

La necesidad de cabezas visibles y presencia mediática del anarquismo responde a la necesidad de visibilización, porque el aislamiento es nuestra condena. Sí es cierto que no puede haber nadie que represente y recoja TODAS las opiniones y pensamientos de la diversidad del movimiento, pero la idea no es tener solo una persona, sino muchas: destacados anarcosindicalistas, cabezas visibles de los feminismos, intelectuales académicos, economistas que promuevan la autogestión, y activistas y militantes de diversos ámbitos en los movimientos sociales y políticos.

Ahora bien, La Colectividad habla de que con los sabotajes también comunican, ¿pero qué? ETA también quema cajeros para comunicar un mensaje. De hecho, cualquiera lo puede hacer, hasta un hooligan del Ultras Sur. Entonces, ¿qué sentido tiene? Caer en lo mismo que critican las propias insurreccionalistas: el espectáculo. Quemar cajeros, levantar barricadas y demás acciones de guerrilla urbana, sin llevar detrás una base social amplia, no es más que simple espectáculo, el cual solo alimenta el riotporn, algo con lo que disfrutan otras anarquistas que no viven en directo las revueltas y se dejan llevar por el morbo del fuego y los cristales rotos. Dejando a un lado esto, analicemos la forma comunicativa en sí. ¿A quiénes se dirigen? ¿Realmente consiguen instigar las luchas? ¿Qué aportan? Este tipo de mensajes materializados en acciones desde el anonimato son mensajes que únicamente parecen enfocados a anarquistas convencidas, pero que dejan de tener sentido para aquellas que no lo son realmente, ni tampoco instigan a otras personas a luchar aunque hayan quienes odien a los bancos pero éstas únicamente se quedan con un «ya era hora de que ardan…» pero no mueven, no se organizan y solo disfrutan del espectáculo de la guerrilla urbana, ¡craso error creer que por liberar animales, quemar cajeros y montar barricadas lleven por arte de magia que ciertas personas se hagan anarquistas y sigan esas acciones! Porque no aportan nada constructivo, ni ofrecen más alternativas que reivindicaciones maximalistas por la libertad tras ataques simbólicos pero únicamente se enfrentan al brazo armado del Estado, sin ser conscientes de la enorme diferencia de fuerzas, motivo principal por el que a la represión le es fácil aislar al insurreccionalismo, y al anarquismo ya de paso, de posibles apoyos sociales.

Por otro lado, el fuego utilizado para comunicar algo en Gamonal o Can Vies o desde la misma Echarxia destaca no por su espectacularidad, sino que dicho mensaje fue legitimado por una base social, la cual es la fuerza real que le da contenido político-social a los cajeros rotos y sucursales en llamas.

Por último, ¿qué sentido tiene decir que somos ingobernables mientras vamos a la deriva y continuamente forzadas por la coyuntura, sin tener unas hojas de ruta ni estrategias políticas que permitan al movimiento libertario ser un actor político real para transformación social? La Colectividad acierta al decir que tenemos potencial, pero no toda persona es capaz de desarrollarla. Así como que las clases explotadas y los colectivos sociales oprimidos (de etnia y de género)  tienen el potencial de ser las únicas clases sociales con potencial revolucionario, no podrán materializarla si no existen referentes ni líderes ni lideresas que articulen discursos acordes a la coyuntura, que proponga hojas de ruta y que lleven iniciativas.

Ya para ir terminando, se necesitan líderes y lideresas anarquistas para callar la boca… ¡de quienes nos calumnian, de quienes nos explotan por costumbre y constantemente atacan el anarquismo! Necesitamos personas que no tengan miedo a hablar en público, que dinamicen las asambleas, que sean creativas y resolutivas, que en todo momento se mantengan constructivas, que dialoguen, que muevan y motiven al resto… Obviamente, esto NO significa que tengamos que quedarnos esperando a que salgan lideresas de debajo de las piedras, sino que no rechacemos de antemano los liderazgos, algo que siempre va a existir en cualquier grupo humano, y por ello lo aceptemos en sentido positivo, tal y como como nos dice el Acratosaurio, «necesitamos líderes anarquistas, personas que […] sepan articular todas esas ideas que tenemos en el ambiente: ese desdén por los partidos; ese rechazo a la política profesional; esa exaltación de la asamblea; ese impulso a la participación política de todos[as]; ese igualitarismo que exige el fin del saqueo; esas necesidades insatisfechas en vivienda, educación, sanidad, alimentación; esa indignación ante la explotación y el abuso… Ese anhelo de una sociedad diferente, y tal y cual.«. Eso sí, debemos cuidarnos de que los liderazgos no degeneren en dirigismos y jerarquías informales. No tengamos miedo de aquellas personas que recopilen y sinteticen las inquietudes libertarias y cree a partir de esos conocimientos y experiencias, nuevas formas de acción e intervención social y política, que nos saque del estancamiento, que se visibilice y mueva iniciativas y que, en general, construyan.

Se busca líder anarquista… para callarle la boca

Normalmente me leo los artículos de Acratosaurio rex con gran interés, por los temas que trata y con el humor tan característico suyo que gasta. Unos me gustan más, otros me gustan menos. Aun así me los leo todos. Pero en un artículo relativamente reciente, titulado «Se busca líder y anarquista», no sé si su psiquiatra le habrá subido la medicación o qué, pero al «Rex» se le ha ido del todo. Para todas aquellas personas que no hayan leído el artículo todavía, lo resumo de forma muy esquemática:

  1. El anarquismo necesita de líderes (anarquistas, por supuesto).
  2. El líder es aquella persona que representa lo que todo el mundo piensa, pero que nadie «sabe cómo decirlo.»
  3. El líder, además de «articular el pensamiento colectivo», es aquella persona que no da importancia a ser señalado y reconocido.

Ahora, no sé cómo de serio estaría Acratosaurio el día en que escribió tal cosa (porque nunca se sabe por dónde van su tiros exactamente), pero suponiendo que lo que dice va en serio, lo mínimo que puedo hacer es exponer mi reacción (¿me convierte esto en líder de aquellas personas que difieren en este tema? Pregunto). Aun si su artículo era pura sátira, el tema merece cierto tiempo para reflexionar sobre la cuestión (también ha dado que hablar en el foro de ALB. El hilo lo podéis leer aquí).

Lo primero (y que más me choca) es esa distinción  subyacente entre «buen líder» y «mal líder» en el texto. El «buen líder» es una persona que, por una u otra causa, está más capacitada para articulas públicamente lo que «todo el mundo piensa.» Asimismo, el «mal líder» sería aquella persona que crea personalismos y no articula con coherencia el sentimiento colectivo (usando las mismas palabras del texto). Esta distinción me choca por varias razones, pero sobre todo porque no llego a entender del todo cómo diablos una persona puede articular mejor que otra lo que «todo el mundo piensa.» No entiendo cómo otra persona puede expresar por mí lo que yo, como ente individual que puede (o no) compartir ciertas ideas y emociones con otros entes sin ello erradicar mi individualidad excepcional, pienso por dentro y quiero ver reflejado en la realidad en la que vivo. Vamos a ver si me aclaro con lo que se está proponiendo: dado que unas personas tienen mejores cualidades para comunicar (por hablado o por escrito) lo que «todes pensamos», estas personas deberían «salir públicamente» a gritar al mundo entero lo que «todes queremos.»

Este planteamiento no simplemente me parece erróneo, sino que creo humildemente (sin querer generar liderazgo) que hace un flaco favor a todo aquello por lo que el anarquismo apuesta. ¿Cómo diantres puede saber alguien lo que «todo el mundo» piensa? Y si lo supiera, ¿por qué no soy «yo misme» la persona más cualificada para dar mi opinión sobre algo? De fondo, aquí, hay otro planteamiento: la persona que mejor se desenvuelve en comunicar cosas es la que debería articular «la voz de la gente.» Lo primero (como ya he expresado en otros artículos), es que no creo que «la gente», como sujeto unitario, exista con la facilidad que ciertas teorías políticas defienden. Y lo segundo es que de esta forma (la de crear e impulsar líderes) no se da valor alguno (es más, se desprecia por completo) a la potencialidad que toda persona dispone para expresar por sí misma lo que piensa, quiere, y hacer. De nuevo me encuentro con el debate entre «colectivo» e «individuo.» El líder, dice Acratosaurio, canaliza y articula con coherencia lo que el colectivo piensa. Qué forma más bonita de matar al potencial individual, a la fuerza interna de las personas para actuar e interaccionar de forma libre e individual (que, desde mi punto de vista, es la única forma de crear un colectivo real).

Hace tiempo (de hecho fue en abril de 2013, ya llovió lo suyo) escribí una reseña de «The occupation cookbook.» Este libro-manual, escrito por las personas protagonistas de los hechos, trata de la okupación de la facultad de humanidades y ciencias sociales de Zagreb. Uno de los temas que tratan es la del liderazgo. Su okupación fue toda una experiencia de autonomía en continuo aprendizaje, y para hacer «saber» al resto de la sociedad lo que elles pensaban y lo que querían, lejos de elegir a un par de figuras líder (con buena facha, con buen vocabulario, etcétera) decidieron que cada día, una persona voluntaria y sin dar nombres y apellidos, aparecería en la rueda de prensa para explicar ante los medios lo que iban planeando hacer con la okupación. Y funcionó. Funcionó porque el anonimato es mucho más fuerte que la cara bonita del líder. Pero sobre todo funcionó porque esta dinámica creo el deseo en las personas de comprometerse todavía más; de no querer delegar nada en nadie ni en ningún momento; de potenciar las cualidades de cada cual y aprender a realizar cosas que antes pensaban imposibles para ellas. Les líderes niegan la existencia del potencial humano para la autonomía individual, y lo que al principio puede ser un acto de mera representación de lo que el colectivo piensa, si se perpetúa en el tiempo se termina convirtiendo en lo que todes sabemos (y no nos hacen falta líderes para expresarlo): se termina convirtiendo en delegación.

Que conste que con todo esto no estoy diciendo que les anarquistas no necesitamos representación en algún momento. Si yo participo de una asamblea y, en dado momento, necesitamos establecer puntos en común con otras asambleas de similar opinión, entonces puede que necesitemos un par de representantes para comunicar lo decidido en común. Pero dichas personas representantes no tienen por qué ser líderes, no tienen por qué ser siempre las mismas (ni es deseable, por lo expuesto más arriba). La existencia de líderes, se quiera o no, crea una especialización de labores en el seno del anarquismo, y todes sabemos que ciertas labores, al fin y al cabo, tienen más repercusión que otras para lo que se decida o haga al final en nombre del colectivo.

Otra cosa que me choca del texto de Acratosaurio es eso de (y aquí copio y pego) «[n]ecesitamos a líderes dispuestos a dar la cara, a señalarse, a ser reconocidos y conocidos…, y capaces de aguantar lo que les caiga encima.» ¿A ser reconocides por quién? ¿A aguantar lo que les eche encima quién? Entiendo que aquí se habla de comunicar al grueso de la sociedad lo que les anarquistas piensan, o mejor dicho, lo que les anarquistas de tal o cual grupo piensan (porque pensar que todes les anarquistas pensamos lo mismo sería un gran disparate). También entiendo que aquí se está hablando de salir en la televisión convencional, en la prensa tradicional, y ese tipo de cosas, porque si estamos hablando de comunicar dentro del ámbito anarquista, para eso está claro que no necesitamos «caras conocidas» (les que participan regularmente en conferencias y reuniones de cierto tamaño son de sobra conocides por les que estamos dentro del tinglado. Y aun así esto me produce cierta agonía). A todo esto yo me pregunto: ¿qué le podemos comunicar a la «gran sociedad» con nuestres líderes? Ya no es cuestión de si Fulanito o Manolita se desenvuelven mejor al hablar, o de si tienen tan poca autoestima como para querer ser líderes de algo, es cuestión de si estamos contentes con la ya existente expresión de nuestras ideas ácratas.

Cada vez que un cajero amanece destrozado en Atenas, la gente (alguna) está comunicando. Cada vez que un coche patrulla arde a las afueras de París, la gente (alguna) está comunicando. Cada vez que una granja de animales esclavizados es liberada en los Estados Unidos, la gente (alguna) está comunicando. Y todas estas «comunicaciones» me parecen mucho más directas y claras que mil horas de debate televisado entre líderes anarquistas y otras persona. Y también sobra decir que todas estas «comunicaciones» no necesitan de portavoces, líderes, o guías espirituales, pues en el anonimato reside su fuerza y la propia posibilidad de realizar dichas «comunicaciones.»

No hay mejor líder que tú misme. No hay mejor persona para comunicar abiertamente a la sociedad lo que piensas que tus actos diarios de sublevación y desobediencia, sea más pequeña o sea más grande. No necesitamos líderes, necesitamos creernos más que en toda persona reside el potencial para subvertir la paz social que tanto nos ahoga, y que esto es el mejor mensaje que podemos lanzar desde todos los rincones del planeta. Les que imaginativamente participan de estas pequeñas insurrecciones cotidianas saben que no necesitan ningún líder para transmitir esto o aquello, pues el conocimiento de las acciones de nuestras hermanas y hermanos en otros lugares nos comunican (y bien articulado) todo lo que necesitamos saber: que somos ingobernables.

Comunicándonos III

Superando la endogamia. ¿Qué imagen proyectamos?

El objetivo de la comunicación es, fundamentalmente, llegar a un público no afín o que no conoce el mensaje que queremos transmitir. Sin embargo, con regularidad el tipo de material, el canal utilizado o el lenguaje elegido hacen inviable salir de los círculos más próximos, generando esa cultura de la autoreferencialidad, del gueto.

El desconocimiento de los distintos públicos y la forma de acercarse a cada uno de ellos hace que muchos movimientos sociales generen materiales supuestamente orientados a la difusión externa que, sin embargo, terminan siendo de uso interno. De ahí que resulte fundamental el desarrollo de una buena estrategia comunicativa haciendo uso de las herramientas que hemos mencionado (u otras).

Pero más allá de eso, también resulta necesario tener en cuenta el imaginario social que se construye sobre nosotros a raíz de nuestras charlas, talleres, ruedas de prensa, comunicados, artículos, entrevistas en radio o televisión, etc. Este imaginario no es unívoco y mucho menos estático. Se construye a distintos niveles, pero da como resultado la imagen que la sociedad tiene de nosotros.

En todo momento es necesario tener las siguientes preguntas presentes:

¿Qué actitud tenemos como asociación ante la imagen que proyectamos a la sociedad?

¿Es posible que algunas de nuestras principales cualidades no estén siendo proyectadas?

¿Cómo difundir aquellas cosas que mejor nos definen en vez de las anecdóticas o las que a algunos medios interesa difundir?

Decimos que este imaginario es dinámico porque parte de la interacción social: lo que decimos como organización o colectivo es decodificado para ser comprendido, pero esto ya supone del procesamiento y la interpretación por parte de los receptores (la sociedad receptora). Este eje pragmático señala que el receptor interpreta los signos según las reglas sociales, culturales y psicológicas que determinan el uso particular del lenguaje en un momento dado.

Esto es importante porque muchas veces caemos en el idealismo de pensar que el receptor interpreta nuestros signos en base a nuestras reglas, las nuestras como emisores. Al contrario, somos nosotros como emisores lo que debemos adecuar la forma al receptor si aspiramos a comunicarnos y que se nos entienda. El uso de códigos indescifrables (palabras de uso determinado en nuestros círculos), anticuados o directamente hostiles a los utilizados en el contexto en el que nos movemos suele ser habitual y muchas veces solo sirve para dificultar nuestra labor comunicativa. Alterar las formas comunicativas para hacerlas más efectivas no tiene que entrar en contradicción con el mantenimiento de las ideas de fondo.

Caso de estudio: El conservadurismo estadounidense

Los conservadores estadounidenses, explica Lakoff en No pienses en un elefante, han invertido billones de dólares desde los años setenta en think tanks, en financiar investigadores y encuentros dedicados a estudiar la mejor forma de estructurar y comunicar sus ideas y de destruir las posibilidades de su adversario. Lo lograron. Consiguieron definir las grandes cuestiones políticas en sus términos y etiquetar a sus opositores desde su lenguaje y sus valores.

Las políticas conservadoras se fundamentan en una visión de la moral familiar, que se extienden a la política y a otros ámbitos. La familia conservadora se estructura en torno a la imagen del padre estricto que cree en la necesidad y el valor de la autoridad, que es capaz de enseñar a sus hijos a disciplinarse y a luchar en un mundo competitivo en el que triunfarán si son fuertes, afirmativos y disciplinados.

El gran logro de la estrategia de los conservadores ha sido el de estructurar todos los asuntos políticos en torno a estos valores básicos y profundamente asentados en la mentalidad de gran parte de los ciudadanos. Profundizando ese sistema de conceptos y valores, los intelectuales al servicio de los republicanos estadounidenses han sido capaces de elaborar un discurso articulado y un lenguaje eficaz. Eficaz porque reconoce el poder de nombrar, que es el de empotrar cada denominación en un marco conceptual que implica valores y sentimientos de los que las audiencias son generalmente inconscientes. Y ese lenguaje bien armado con sus implicaciones morales y emocionales tiene el poder de definir las realidades una vez introducido y reiterado en los medios de comunicación. La «guerra contra el terror» es un ejemplo. Activa el miedo a un terror difuso —y con el miedo, el marco del padre estricto— y asocia terrorismo con «guerra», que requiere un comandante en jefe, un «presidente de guerra», poderes especiales para la guerra, así como naciones que atacar, etc.

Competencia discursiva

A la hora de tratar determinada cuestión, el espacio discursivo se va construyendo con la interacción de las distintas visiones de una misma idea. De esa forma, el discurso libertario se mezcla con el discurso del resto de tendencias políticas en los movimientos sociales, entrando en competencia comunicativa con otros discursos ideológicos. El discurso (también las prácticas) de los movimientos sociales se construirá en base a cómo se distribuya la hegemonía de las distintas tendencias dentro del movimiento social. De la habilidad de los libertarios dependerá evitar la preponderancia de las tendencias reformistas o autoritarias, manteniendo la autonomía del movimiento.

Asimismo, el discurso resultante de los movimientos sociales entrará en competencia discursiva con el de otros agentes de la sociedad: Empresas, instituciones estatales, think tanks y grupos de poder. Por ejemplo el discurso ecologista sobre el cambio climático entra en competencia con el discurso del gobierno, el discurso empresarial favorable a las renovables, el discurso que niega el cambio climático… De esa competencia la mayoría de la sociedad integrará su visión sobre el tema. De ahí que sea esencial desarrollar nuestras habilidades comunicativas para ser un vector de influencia en la construcción del discurso hegemónico.

Más allá de eso, también se intuye ahí la necesidad estratégica de “empujar hacia la izquierda” el discurso del resto de actores sociales. A la inversa del caso del conservadurismo estadounidense que nombrábamos, si son los valores propios de la izquierda libertaria los que se establecen socialmente, es decir, los que se vuelven hegemónicos, el resto de actores tendrá que construir sobre ellos su discurso, lo que dificultará su labor comunicativa. De ahí que sea interesante para los anarquistas que ciertos valores que les son propios se generalicen (lo que entra en contradicción con el “cuanto peor, mejor” que defienden algunos).

El marco discursivo

Como hemos dicho, estamos comunicando nuestro proyecto político a cada momento. Sin embargo, hay espacios discursivos de especial notoriedad, como los que de vez en cuando surgen en los grandes medios de comunicación.

Resulta necesario valorar la oportunidad y la capacidad de un marco discursivo a la hora de participar en él. ¿Va a salir reforzada nuestra posición o va a ayudar a dar a conocer nuestro argumentario? ¿Tenemos capacidad para expresarnos en ese marco? Si es así debemos aprovecharlo. La pregunta, en definitiva, no es otra que: ¿Merece la pena?

Parte del movimiento anarquista se ha negado a hacer uso de los medios de masas casi por principio, pero la cuestión es más bien estratégica. Por supuesto, para aprovechar los espacios de especial notoriedad debemos estar preparados, tener una buena estrategia comunicativa (saber qué y cómo se va a decir) y habilidades comunicativas (capacidad para expresarse adecuadamente).

Otros actores tienen clara la necesidad de expresar su argumentario en los medios de masas. Es paradigmático el caso de Pablo Iglesias, apareciendo como tertuliano habitual en cada vez más programas televisivos. ¿Está ayudando a reforzar socialmente su argumentario político? Y, sobre todo ¿Podría el anarquismo hacerlo con el que le es propio? ¿Por qué no lo hace?

Comunicándonos II

Desarrollando una estrategia comunicativa efectiva

Una estrategia comunicativa efectiva exige determinar de manera previa dos variables. Primero, el público objetivo. Segundo, los fines de la comunicación o, lo que es lo mismo, el tipo de relación que se quiere establecer con el público (o los públicos) seleccionados.

Respecto a los públicos, la edad, la condición social o la tendencia ideológica son variables que permiten distinguir distintos tipos. La estrategia comunicativa decidirá centrarse en uno o algunos de ellos.

Respecto a la relación a establecer con el público: informar, educar o provocar son fines distintos y determinan modelos de actuación que no siempre pueden o deben coexistir en una campaña comunicativa. Estos tipos de acciones comunicativas tienen sentido o no siempre en función del público al que se dirigen.

Para desarrollar una estrategia comunicativa efectiva es necesario tener en cuenta las siguientes cuestiones:

Presencia de la comunicación. Normalmente los movimientos sociales no parten de la necesidad de elaborar una estrategia comunicativa coherente, sino que directamente comunican cuando consideran que hace falta. De esta forma, entre las actuaciones comunicativas no hay un hilo conductor predefinido, sino que gana el día a día (lo urgente frente a lo importante). Es necesario reconocer la necesidad de la comunicación desde el primer momento, situando la comunicación como parte orgánica del trabajo del colectivo.

Comunicación planificada. Delimitar plazos concretos para cada paso de la campaña e indicadores para evaluar su influencia (cantidad de material repartido, apariciones en prensa, incremento de visitas en web…) Hacer un listado general (aproximado) de la gente con la que contamos para cada acción, evento, labor de la campaña…

Comunicación concreta. Buscar pocas ideas-fuerza importantes a transmitir. Análisis de 1. objetivos que se persiguen, 2. público al que nos dirigimos y 3. mensajes que se quieren difundir. Esencial especificar lo máximo posible estos objetivos para evitar sensación de “incumplimiento de metas”. En consecuencia, seleccionar metas alcanzables y que sea posible evaluar.

Comunicación enfocada. ¿Qué efecto queremos producir en el público? informar, divertir, provocar una actitud o una conducta específica, transmitir valores, enseñar… Conocer los públicos a los que podemos llegar es esencial para toda actuación comunicativa.

Algunas técnicas para la selección del público y la estrategia comunicativa

Dinámica de los círculos concéntricos de afinidad

Dos objetivos: Delimitar los públicos e intentar conocerlos y reflexionar sobre nuestro papel comunicativo.

Pasos

  1. Elaborar un gráfico con 6 o 7 círculos concéntricos. El círculo más interno representará nuestra asociación. Los círculos más cercanos a este (más internos) representarán los públicos más afines, mientras que los más externos representarán grupos sociales más alejados de nosotros, menos sensibilizados con los temas que tratamos.
  2. Durante unos 15 minutos y de manera individual, cada participante en la dinámica incluirá en los círculos los grupos que considere adecuados, valorando de manera personal la proximidad de cada público con nuestra asociación. Los grupos deben incluir tanto aquellos a los que ya llegamos como aquellos a los que nos gustaría llegar (estos pueden haberse consensuado previamente, pero no es necesario).
  3. Puesta en común. Se consensúa entre los participantes en la dinámica un gráfico con los distintos colectivos y su nivel de proximidad.
  4. Selección de públicos objetivos. Se decide a qué públicos queremos darles prioridad en nuestra labor comunicativa. Se clasifican los públicos en una lista de prioridad. Parece evidente que no necesariamente son los públicos más afines los más prioritarios, a veces nos puede interesar dirigirnos al público menos sensibilizado con las temáticas que tratamos o bien a un público en una posición intermedia.
  5. Se reparten los públicos objetivos entre las personas de la dinámica, con el fin de investigar más en profundidad a ese público y elaborar un propuesta estratégica para mejorar la comunicacación con ese grupo. Es importante asesorarse sobre los distintos canales de comunicación con cada grupo.
  6. Unos días después cada persona trae los resultados de su investigación, se debate y se elabora un manual que describe los distintos públicos y define estrategias comunicativas para llegar a cada uno de ellos. Este manual servirá de referencia para dirigir la labor comunicativa de las campañas de la asociación.

Estudio de los públicos: Recursos sociológicos

El estudio de los públicos puede realizarse utilizando material disponible de manera pública: Encuestas de opinión, investigaciones sociológicas, estudios de mercado sobre preferencias y gustos, etc. Hay que tener cierta experiencia para analizar toda esa información, pero el coste es bastante menor que tratar de realizarlos nosotros mismos. Algunas de estas fuentes:

  • Estudios del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Los barómetros del CIS permiten comparar históricamente la opinión de los encuestados y además de temas generales, incluyen temas específicos que pueden sernos de interés.

  • El INE, Instituto Nacional de Estadística nos ofrece mucha información sobre la población y sus hábitos. Cuenta con publicaciones periódicas y temáticas.

  • En el ámbito europeo, el Eurostat ofrece multitud de informes y estudios. También el portal de la Unión Europea permite acceder a esa información.

  • El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo realiza publicaciones anuales. Una de las más conocidas es el Informe Sobre Desarrollo Humano.

  • Informes del Observatorio de Sostenibilidad en España (OSE), sobre distintos aspectos de nuestro modelo de desarollo (uso de los recursos, del suelo, de las tecnologías, etcétera..). El OSE realiza informes anuales y otros informes temáticos.

Test del material comunicativo

El objetivo de esta técnica es probar el impacto real del material que elaboramos sobre el público al que lo dirigimos. Un test del material comunicativo entre un grupo de personas que representan los distintos públicos potenciales a los que queremos llegar puede ayudarnos a mejorar su diseño, el tono del lenguaje utilizado, etc. Tendremos que elaborar un cuestionario con los elementos que investigamos. Por ejemplo, si ponemos a un representande de nuestro público obejtivo ante un tríptico, podríamos elaborar un cuestionario como el siguiente:

  1. ¿Se entiende correctamente el tríptico?
  2. ¿Cuál es la idea más importante que destaca el texto? (pregunta para corroborar la correcta comprensión del texto)
  3. ¿Te ha gustado el diseño del tríptico? ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Qué cambiarías?
  4. ¿La tipografía utilizada te parece adecuada? ¿Se lee bien el texto?

Integrar la comunicación

Por encima de todo, resulta necesario integrar la labor comunicativa en el trabajo diario del grupo. De acuerdo a las siguientes fases:

  1. Planificación: Estudio del público, la orientación de la campaña, análisis del material, establecimiento de objetivos y de indicadores para evaluación de la campaña
  2. Coordinación: Reparto eficaz de las tareas comunicativas, desde la elaboración del material al reparto del mismo.
  3. Realización: Llevar efectivamente a cabo las tareas repartidas.
  4. Evaluación: Análisis de los resultados en función de los indicadores establecidos previamente.

Comunicándonos I

Comenzamos una serie de entradas sobre comunicación para movimientos sociales. Esperamos que puedan servir para mejorar nuestras habilidades comunicativas con el objetivo de dar a conocer la propuesta política anarquista.

Los movimientos sociales juegan un importante papel en la difusión de ideas críticas y la sensibilización de la mayoría de la sociedad en determinadas problemáticas. Por ello, su dimensión comunicativa es innegable. Dentro de los MMSS, cada grupo se ve regularmente ante la necesidad de dar a conocer su trabajo, sus posicionamientos ideológicos, su argumentario y su propuesta de acción. Sin embargo, la capacidad comunicativa de estos movimientos es muy limitada. Muchas veces por falta de recursos e ideas, pero también por la falta de estrategias comunicativas coherentes. No dar a la labor comunicativa la suficiente importancia resulta en falta de habilidad a la hora de transmitir, con formas de comunicación que reproducen una y otra vez los mismos errores, que condenan a los colectivos al aislamiento y a sentirse incapaces de influir.

La comunicación es una parte esencial del quehacer político que puede llevar a un verdadero proceso de transformación social: Romper con el aislamiento, llegar a la sociedad, construir conciencia crítica… para todo ello resulta esencial integrar en el trabajo de los colectivos algunos métodos para evaluar y mejorar los procesos comunicativos.

En concreto los anarquistas, a nivel comunicativo, nos encontramos en el vagón de cola de las tendencias políticas de clase. Parece evidente que la influencia social del anarquismo es más que limitada, a pesar de que ciertas ideas-fuerza libertarias tienen bastante aceptación dentro de las luchas sociales: El asamblearismo, el rechazo a los partidos… todo eso parece ocurrir a pesar del movimiento anarquista y no gracias a él. La autorreferencialidad, la obsesión por determinadas estéticas, el minusvalorar las formas en que se produce la comunicación, ignorar la comunicación no verbal, repetir los mismos esquemas comunicativos, conformarnos con las mismas técnicas de siempre… Todas esas miserias constituyen los límites a nuestra capacidad comunicativa.

Sirvan estos apuntes sobre comunicación para tratar de mejorar nuestras habilidades en este campo.

Algunas consideraciones previas sobre la comunicación

La comunicación no es solo algo verbal y no es siempre intencionada

Tenemos asociada la comunicación a las palabras que pronunciamos (lo que decimos o escribimos) pero en realidad la comunicación va mucho más allá. Nos comunicamos con nuestra ropa, con nuestras acciones…. Nuestros logos, carteles e incluso la maquetación de nuestras revistas influyen en el proceso de la comunicación. Comunicamos al demostrar compromiso y capacidad en nuestros proyectos (por ejemplo, no abandonándolos a las primeras dificultades, cumpliendo los objetivos marcados, manteniendo la calidad…). Comunicamos con nuestra actitud ante determinada situación (por ejemplo, la solidaridad que mostramos durante un conflicto sindical). En muchas ocasiones también estamos diciendo algo sin ser conscientes de ello, por ejemplo con nuestros gestos. En realidad estamos comunicando continuamente nuestro proyecto a la sociedad.

La forma es tan importante como el contenido

En la comunicación entran en juego varios factores, el elemento informativo siempre está conectado al sentido que le aportan el canal, el contexto o el propio código del mensaje. Las cosas se pueden decir de muchas maneras, hasta el punto de negar lo que el mensaje afirma. Es el caso de esas campañas publicitarias cuyo slogan parece ir contra lo que promocionan, donde habitualmente la imagen contradice el slogan. También influye de manera determinante el contexto en el que se desarrolla la comunicación, modificando sustancialmente el mensaje a transmitir. Por ejemplo, un cartel que anuncie tabaco no funciona igual en un estadio que en un cementerio.

El lenguaje visual es complejo

Solemos menospreciar las posibilidades de los lenguajes no verbales y, sin embargo, los códigos que se manejan en el lenguaje gráfico dan para decir mucho. Muchas veces una imagen vale más que mil palabras. Conviene recordarlo.

Seguiremos en la próxima entrada

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