No todo va a ser crimen organizado

Ante las malinterpretaciones que se han hecho de mi anterior artículo Funcionar como el crimen organizado, me veo obligado a aclarar unas dudas que han quedado en el aire por lo pretencioso que es el título además. Es cierto que el artículo es muy escueto y sin entrar en profundidad para nada. Lo hice así por ser algo que no resulta prioritario en estos momentos, sino unas ideas para cuando el movimiento libertario sea una fuerza política con capacidad real de cambio y sea por ello referente para buena parte de la clase trabajadora. Esta situación, como podemos ver, es todavía muy lejana y que está por construir. Por esa razón dije en el otro artículo que ni pensarlo, que en la actual coyuntura es prioritario construir el movimiento y si logramos que éste se consolide, se puede o no plantear. En otras palabras, el tema se toma como una hipótesis por si en algún momento surge la necesidad.

Como he apuntado en el último párrafo del anterior artículo, sin proyecto político ni movimiento, el tener redes del crimen organizado (o inspirados en algunas de sus artimañas) no tendría sentido alguno, al contrario, sería un contrasentido y solo serviría para que el anarquismo se hundiera definitivamente o acabar siendo otra banda criminal organizada más que acabaría desarticulada y de allí, directo al baúl de los recuerdos. Entonces, ¿qué proyecto político y qué movimiento tenemos que levantar en estos momentos? Para empezar, nada que ver con el crimen organizado, sino la necesidad de un cambio en la cultura militante predominante ahora en el mundillo anarquista como paso previo a consolidar un movimiento libertario:

De asambleas infinitas a órganos de decisión operativos. Otro de los vicios internos es alargar las discusiones infinitamente sobre detalles sin importancia relevante y acaban siendo de todo menos horizontales y operativos, porque en la práctica, esto se traduce en que en dichas asambleas se imponen las opiniones de quienes más tiempo tienen. Ya lo dije en otras ocasiones, la asamblea no es una tertulia ni una reunión, sino un medio para sacar decisiones que sirvan para que las organizaciones avancen en materias, sea para poner en funcionamiento la estructura orgánica interna (crear secretarías y comisiones con legitimidad para ejecutar decisiones), tomar acuerdos, para sacar programas, para realizar unas acciones, determinar unas líneas estratégicas, etc, pero no para discutir sobre el sexo de los ángeles.

Pasar de colectivos y grupos de afinidad a organizaciones. La dinámica de los colectivos y grupos de afinidad en su mayoría no pasan de ser grupos de amistad que se reúnen para consumir ideología. Una organización, en cambio, tiene que tener una dinámica muy distinta, y principalmente, debe servir como medio y soporte para realizar una actividad enfocada a la intervención social, lo que conlleva cierta cohesión y disciplina interna. Hay un modelo de organizaciones comentado en esta web en donde se distinguen tres tipos de organizaciones: la de militantes que tienen el papel de elaborar programas, líneas estratégicas, análisis de coyuntura, etc, donde se hace trabajo político, la feminista, con el papel de tratar la cuestión de género y actuar en los problemas específicos de las personas leídas mujer, y la juvenil que sería campo de experimentos y de preparación de la militancia juvenil. Para más detalles, consultar aquí.

Del individualismo y el estilo de vida al socialismo y la política. Arshinov escribió en su día «…Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.» La atomización del «cada anarquista en su mundo» no es más que ideología individualista neoliberal, del mismo modo que se interprete el anarquismo como estilo de vida personal frente a un anarquismo como vía política hacia el socialismo libertario. Creo que es necesario partir de lo último para poder desarrollar un trabajo político serio, si lo que buscamos es la revolución social.

Los puntos anteriores son los principales fallos a corregir y ya están surgiendo iniciativas para levantar un proyecto político que aspire a la revolución social a través de la estrategia del poder popular y en lo inmediato, que ofrezcan respuestas ante los problemas actuales de la clase trabajadora, creando a la vez las estructuras y herramientas necesarias para la lucha social y de clases con vocación de mayorías. Básicamente eso.

Volviendo al tema del crimen organizado, la idea no era que todo el movimiento funcione como el crimen organizado, algo muy descabellado que carece de sentido ya que el movimiento libertario que tenemos que construir, como me comentaron en otros sitios, es de caracter político-social y tiene que estar pivotando sobre un proyecto político socialista libertario, tener un programa de mínimos (líneas de actuación en lo inmediato, es decir, a corto y medio plazo), estar bien estructurado (con sus organizaciones trabajando bajo unas líneas comunes), con presencia en las luchas sociales y en los movimientos populares, con una identidad propia (no identitario, sino con una imagen pública reconocible y asociado a un movimiento popular de caracter anarquista) y teniendo como estrategia la articulación del poder popular. Esto sí es un modelo acertado en esta coyuntura para ir construyéndolo en el corto y medio plazo, y nada tiene que ver con el crimen organizado, que para el caso, sería una hipótesis que se plantearía como algo accesorio, un medio no prioritario y no como redes integradas en el movimiento. Sobre lo de infiltrarse en la policía, la justicia y demás, no sería tarea fácil, obviamente, así como lo de malversar fondos, la falsificación de documentos, los sobornos, etc. Sin embargo, por ahora, solo es una hipótesis, que se trabajará en ella o no dependiendo de las circunstancias y necesidades en cada etapa, ciclo de movilizaciones, cambios de coyuntura y la trayectoria del movimiento que está aún por construir. Hago esta aclaración para aquellas personas que han malinterpretado la idea exagerándolo hasta tal punto de pensar que quisiera que funcionemos como tal, cuando realmente los tiros no van por allí. Así que dejemos de echar balones fuera.

Funcionar como el crimen organizado

Una vez vi un capítulo del programa de La Sexta denominado «Equipo de Investigación» sobre un mecánico que robaba coches de alta gama y los vendía una vez legalizados. Obviamente, esto no lo pudo hacer solo, sino que tenía unas redes de cómplices para abrir garajes, pasar la ITV e incluso pasarlos a la frontera por Marruecos. Esto me hizo plantearme muchas cosas. Así por ejemplo, el mecánico tenía algún cómplice infiltrado como trabajador en una estación concreta de ITV para legalizar los coches robados y que su dueño no lo haya podido recuperar.

El crimen organizado no tiene nada de revolucionario de por sí. No obstante, llama la atención su desafío a la legalidad con muchas artimañas ingeniosas y las complicidades y redes clandestinas que se crean. Entonces me pregunto, ¿por qué no aprender de las maniobras del crimen organizado para no tener que estar esquivando los golpes?

Antes, miremos por un momento a la ultraderecha. Al margen del garrulismo, los nazis y fascistas se infiltran en los cuerpos de seguridad del Estado, tanto en la policía como en las fuerzas armadas. Incluso probablemente tengan miembros en la Justicia. Si a esto le sumamos que también están en consejos de administración de empresas y tienen partidos políticos, no nos deberíamos sorprender mucho de la impunidad en sus actuaciones, como aquel caso ejemplar de la absolución «por falta de pruebas» a unos nazis a quienes se les incautaron pistolas, fusiles de asalto y bazookas.

Mirando en el mundillo libertario, un caso que me viene a la cabeza es el de Lucio Urtubia, un albañil que durante el franquismo se dedicó a falsificar documentos como DNIs y pasaportes para quienes cruzaran la frontera con Francia clandestinamente. Luego, se dedicó a falsificar cheques bancarios que puso en jaque uno de los mayores bancos del mundo. No lo hizo solo, claro, sino que tuvo sus redes de imprentas clandestinas y cómplices. También en el movimiento obrero del siglo XX, se realizaban expropiaciones bancarias para financiar huelgas, comprar armas o lo que fuere.

De todo se puede sacar algo, y precisamente del crimen organizado sería interesante aprender de ciertas artimañas: a infiltrar gente de nuestra tendencia en sectores clave en donde pensamos que sería una importante ayuda como es por ejemplo, en la Justicia, en la policía, en las cárceles como funcionarios de prisión, en las administraciones públicas, en las ITV, etc. Y a tener redes clientelares para conseguir financiación sin tener que estar continuamente haciendo fiestas, comedores y conciertos.

Sin embargo, ni las redes clandestinas del crimen organizado ni el ilegalismo tendrían sentido si no se ponen al servicio de un proyecto político serio, es decir, bien estructurado con organizaciones políticas que marquen tendencia, con estrategias, presencia en todos los frentes… y se materialice en un movimiento popular amplio. Entonces sí sería necesario poner ese lado oscuro a trabajar para facilitar el avance de tal proyecto político y de nuestro movimiento. Porque, ¿quién dice que no sería útil tener infiltrados como funcionarios de prisión que den tratos de favor a nuestras presas? ¿O las absoluciones a encausadas por la lucha social? ¿O financiar huelgas, medios de comunicación afines, fondos para pagar fianzas y multas, etc, con fondos malversados y estafas o expropiaciones a entidades bancarias a parte de las aportaciones solicarias? Y quién sabe si tendríamos que infiltrar militantes en el Ejército para conseguir armas cuando las circunstancias lo requieran. Todo esto puede parecer una flipada, pero si hay que jugar sucio, se juega sucio, eso sí, contra nuestros enemigos y aprovechar todos los huecos posibles para facilitar la acumulación de fuerzas en nuestro favor. Hay que tener en cuenta en todo momento que funcionar como el crimen organizado debe ser un medio para lograr ciertos objetivos, o sea, cuando en el crecimiento de nuestro proyecto político tengamos que recurrir a ello y se haya decidido optar por tácticas de ese tipo como parte de una estrategia del poder popular previo a una fase de guerra popular. Pero por ahora, cuando el proyecto aún está en desarrollo y todavía no somos movimiento, ni pensarlo.

Si algo no has entendido bien, consulta aquí unas aclaraciones.