Recuperando el derecho a rebelión (III)

Aquí está la última entrega del ensayo sobre el derecho a la rebelión

La pregunta que hay que hacerse sobre el Estado es ¿Representa el Estado la voluntad general? Los juristas, intelectuales defensores de él dicen que es una cuestión de orden público, el Estado surge de un pacto social donde los individuos rechazan una parte de su libertad a cambio de seguridad reconociendo al Estado y a la ley que emana de él como la idea de justicia, los estatistas dicen que el Estado actúa en el bien del pueblo o de la voluntad general, conciben a la sociedad como un todo, como individuos iguales cuando ya hemos visto antes que la sociedad está dividida por asuntos económicos y que tienen intereses diferentes y contrapuestos, así que la idea de “voluntad general” es errónea y solo esconde los intereses de la clase dominante, la abstracción del Estado esconde la lucha de clases, niega el conflicto social y eso solo beneficia a los que se encuentran en una posición privilegiada, ya que se acepta esa situación como normal. Descartada la idea del Estado como representación de la voluntad general vuelve a surgir la pregunta de que es el Estado y de donde surge. Bakunin no vaciló en su definición del Estado:

“El Estado es la suma de la negación de la libertad de todos sus miembros”

La diferencia entre el Estado autoritario autárquico y el republicano reside en que en el primero la burocracia estatal oprime y explota al pueblo en beneficio de la clase dominante y lo hace en nombre del líder; en un régimen republicano hace exactamente lo mismo pero en nombre del pueblo o de la “voluntad general”.

Ningún Estado vela por los intereses del pueblo, ya que lo que éste busca es la libre organización de sus intereses sin interferencia o coacción de un ente superior. El Estado es un instrumento diseñado para gobernar desde arriba y dirigido por una minoría que impondrá sus intereses al pueblo, por esa razón el pueblo y el Estado son antagonistas y es una contradicción la concepción del Estado como popular.

Como el Estado no puede satisfacer los intereses del pueblo pues no le queda otra formar de asegurar su hegemonía que la violencia, el mismo papel que juegan las grandes empresas en el ámbito económico es desempeñado por el Estado en la sociedad, acaba con los estados pequeños y comunidades en beneficio de un gran Estado monopolizador, esto produce que cuando mas grande sea un Estado mas se alejará del pueblo y mas oprimirá a éste. Como hemos dicho antes una de las características principales del Estado es que éste tiene el monopolio de la fuerza, lo que quiere decir que toda violencia que se ejerza desde fuera de éste será considerada ilegal mientras que la que se ejerza en su nombre será considerada legal. Ante esta situación los explotados se encuentran indefensos porque la “justicia” está al servicio de la clase dominante.

¿Cómo se puede justificar el derecho a rebelión y el uso de violencia revolucionaria?  Los explotados se encuentran obligados a aceptar su situación por medio de la coacción que ejerce el Estado, esa situación es violenta ya que supone la imposición de una voluntad sobre la de los demás, frente a esa violencia algunos pensadores como Errico Malatesta justifican el uso de la autodefensa que no sería violencia como tal sino una respuesta a la violencia ejercida por un opresor.

“La violencia es justificable solo cuando es necesaria para defenderse a uno mismo o a los demás de la violencia[…] El explotado siempre está en estado de legítima defensa así que su violencia contra el opresor está moralmente justificada y tiene que ser regulada con el criterio de su utilidad y la economía del esfuerzo y sufrimiento humano […] No existe otro medio de defensa frente a la violencia que la propia violencia, pero no es violento quien ejerce la autodefensa, sino quien obliga a otros a utilizarla[…] La revolución debe ser necesariamente violenta porque sería una locura esperar que los privilegiados decidieran renunciar a su posición voluntariamente”

Para Malatesta, lo que empuja a la rebelión es la dignidad del individuo, la lucha contra el Estado estaría justificada ya que éste se basa en la fuerza para imponer su voluntad y genera una situación de desigualdad y opresión. El límite de opresión de un gobierno solo está limitado por la resistencia que el pueblo pueda oponer, puede haber un conflicto abierto o que pase mas desapercibido, pero siempre hay existencia de conflicto, cuando el pueblo se somete a la ley y no muestra resistencia el gobierno actúa a su antojo sin tener en cuenta las necesidades populares, solo cuando nota el peligro de insurrección es cuando se encuentra entre la disyuntiva de ceder o reprimir. Pero aunque ceda o reprima la revolución es inevitable ya que si no cede el pueblo acabará por rebelarse, pero si cede le valdrá para tomar confianza en sí mismo hasta que la pugna entre libertad y autoridad se haga evidente y se produzca el conflicto abierto.

Esta es la concepción clásica, hoy en dia podemos ver que no es así exactamente, la capacidad de recuperación del capitalismo y los nuevos métodos de control social han hecho que el poder sea capaz de gestionar las contradicciones , el sistema designa a la violencia revolucionaria como “terrorismo”, con este concepto pretende abarcar a todo lo que suponga una amenaza al Status Quo, los predicadores de la paz social manejan un discurso ideológico donde niegan el conflicto social y los mismos opresores se atreven de hablar de paz y fraternidad. Los medios de comunicación de masas difunden estas ideas y la opinión pública general coincide con ellas. El derecho a la rebelión es considerado como algo del pasado que fue útil en su momento pero ahora que se vive en “democracia” no tiene sentido ya que se gobierna por el bien de la sociedad.

El principal problema de justificar el derecho a la rebelión contra este sistema es enfrentarse a la opinión pública y al discurso mediático que tiene muchísimo más alcance y es hegemónico, en algunos medios se considera como “apología al terrorismo” y puede acarrear hasta consecuencias penales, la difusión de las teorías del derecho a la resistencia en la sociedad actual es marginal comparado con la que tiene la lógica del sistema.

Conclusión

Si se analiza el sistema de forma abstracta no podría ser considerado como una tiranía, pero en la práctica se cumplen las tres condiciones que citamos anteriormente en el primer apartado, ya que el Estado actúa como un gran tirano en beneficio de la clase dominante, es antipolítico porque pervierte el significado de la política que es la gestión de los asuntos del pueblo y como hemos visto el Estado no puede satisfacer los intereses de éste y se limita al uso de la fuerza, y está sujeto a leyes pero porque las leyes son el garante del mismo Estado, no suponen una limitación de su actuación sino una ampliación, el Estado se reserva la capacidad de actuar tiránicamente (la mayoría de ordenamientos jurídicos recogen los Regímenes de excepción donde las libertades individuales y políticas son suspendidas en caso de verse el Estado en peligro).

La tiranía del sistema actual no solo se sostiene con la fuerza física, principalmente utiliza medios de control social como los medios de comunicación de masas que manipulan la opinión pública y hacen que acepten las condiciones de vida existentes, además últimamente está apareciendo la figura del ciudadano-policia donde el  individuo se somete voluntariamente y cumple labores de control social sobre otros miembros de la sociedad, el mismo individuo rechaza a los que se rebelan contra el sistema y podría a llegar a servir al propio Estado. Se han dado varios casos donde los propios ciudadanos han denunciado a sus iguales, como recientemente en las protestas de Barcelona de la huelga general del 29M donde la policía llevó a cabo una campaña para identificar a manifestantes y se publicó una página web con fotografías de estos para que se recibieran denuncias anónimas. Cada vez se avanza más en el control social y éste toma carácter más totalitario, la definición de totalitarismo que dio Orwell en 1984 fue un régimen donde los mismos oprimidos renunciaran a rebelarse y se vieran incapaces de ello, donde el Estado se funde con la sociedad y resulta imposible distinguir una cosa de la otra, donde se acepte el Status Quo como una ley inmutable y se pierda toda esperanza de cambio, lo describió de esta manera:

“Si quieres hacerte una idea de como será el futuro imagínate una bota aplastando un rostro humano incesantemente”

Actualmente vamos por ese camino y lo único que puede cambiarlo es la recuperación de la legitimidad del derecho a rebelión, de la dignidad humana, pero sobre todo que se pierda el miedo que es la principal arma que utiliza este sistema para perpetuarse.

Bibliografía:

–          F. Engels, El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. (1884)

–          A. Tocqueville, La democracia en América (1840)

–          Guy Debord, La sociedad del espectáculo (1967)

–          M. Bakunin, Escritos de filosofía política I, Crítica de la sociedad (1876)

–          Alfredo. M. Bonano, Errico malaesta y la violencia revolucionaria (2009)

–          G. Orwell, 1984 (1849)

–          M. Bakunin, Estatismo y anarquía (1873)

Recuperando el derecho a rebelión (II)

Anteriormente publiqué la primera parte del ensayo donde definía y analizaba los conceptos de tiranía, derecho a rebelión y democracia, en esta segunda parte me centraré en el modelo económico y político actual.

Tiranía democrática

“La democracia, que debe venir a proporcionar la libertad al mundo, puede ser la fuente de una tiranía inédita, de un poder absoluto cuya característica es  someter no solamente a una clase, sino a la totalidad de los individuos que componen un pueblo. La democracia es un instrumento de liberación que puede devenir, por sí mismo,  siguiendo su propia pendiente, un fabuloso instrumento de opresión” Tocqueville

La democracia que está instaurada actualmente tiene poco que ver con la forma ideal de ésta, se dice que hay democracia porque se producen elecciones «libres» y están reguladas por un ordenamiento jurídico, pero esto solo teoría, en la práctica la mayoría de partidos políticos tienen pocas diferencias entre ellos y éstas son básicamente culturales, algunos aspectos sociales y diferencias en las doctrinas económicas, pero manteniendo el dogma del liberalismo, ninguno pone en tela de juicio la propiedad privada, el Estado y el modelo socioeconómico en su totalidad.

Las elecciones se convierten en un mercado, donde los políticos venden un programa (que luego no suelen cumplir) y los votantes deciden o no si comprar el producto (mediante el voto). Los medios de comunicación de masas convierten el periodo electoral en un circo mediático donde se llevan a cabo debates entre partidarios de diferentes partidos, se sacan trapos sucios de la legislatura anterior…etc. El periodismo pierde toda su esencia y se convierte en una actividad mercenaria, donde la opinión depende de que conglomerado empresarial estás detrás de cada medio de comunicación y a que opción política apoye (En el Estado español Prisa o Vocento son las mas destacadas).

Todo este despliegue produce un clima competitivo donde cada votante se identifica con un partido político como si fueran hinchas de fútbol, esta situación es ampliada por los mismos candidatos que se dedican a echar mas leña al fuego durante mítines y demás demostraciones de fuerza. El militante o el simpatizante de un partido tiene claro que opción votar y la mayoría de las veces ni reflexiona sobre su decisión.

El llamado votante medio es el objetivo de las campañas políticas, suele ser indeciso y no se identifica con una formación política concreta, es mas reflexivo y se informa sobre los programas electorales y la trayectoria de un partido antes de votarlo, aunque ese perfil es una minoría ya que la mayoría simplemente se deja llevar por la opinión pública. También es frecuente que utilice el llamado “voto de castigo” que consiste en votar a la opción política que ocupa el lugar de la oposición para perjudicar al partido que ha ejercido la legislatura, esta conducta provoca un bipartidismo turnista donde cada vez que un partido decepciona a sus votantes, éstos en las siguientes elecciones depositarán su confianza en el partido opositor y así sucesivamente. Algún votante medio al darse cuenta del engaño opta por la abstención o el voto nulo y se implicará en algún proyecto político extraparlamentario, pero este porcentaje representa una minoría, con lo que se mantiene la hegemonía del sistema “democrático”.

Pero el sistema político solo es la punta del iceberg, solo es la forma de la que la burguesía administra su poder,  cuya fuente viene del sistema económico y de las relaciones de explotación, como dijo Bakunin:

“Mientras el pueblo alimente, mantenga y enriquezca a los grupos privilegiados de la población mediante su trabajo, incapaz de auto-gobierno por verse forzado a trabajar para otros y no para sí, estará invariablemente regido y dominado por las clases explotadoras. Esto no puede remediarlo ni siquiera la constitución más democrática, porque el hecho económico es más fuerte que los derechos políticos, que sólo pueden tener significado y realidad mientras reposen sobre él”

Mientras se mantenga el sistema capitalista la democracia no pasará de su carácter “de fachada” además de servirle a sus intereses, el capitalismo necesita al Estado para someter a los asalariados, sin la coacción de éste los trabajadores no aceptarían las condiciones de explotación ni reconocerían la propiedad privada de los medios de producción. El funcionamiento del sistema capitalista es de todo menos democrático, el proceso de acumulación de capital provoca una concentración de riqueza en manos reducidas, la especulación siempre va en aumento y la competencia aniquila las pequeñas y medianas empresas. Los grandes beneficios de la clase dominante se consiguen a expensas de la precarización de las vidas de los que los sostienen, los intereses de la burguesía y el proletariado son opuestos, están en una pugna continúa, en ese contexto no se puede hablar de justicia social ni democracia, el mercado es tiránico, los trabajadores se encuentran a merced de éste y tienen que aceptar sus condiciones de trabajo, si un trabajador no las acepta habrá otro que sí y forzados por la necesidad no opondrán mucha resistencia ya que necesitan mantenerse así mismo y a sus familias. El Estado que estaba pensado como un instrumento nivelador se encuentra al servicio de la clase dominante y no dudará en utilizar la represión contra todo lo que pueda poner en peligro la hegemonía de este modelo.

Derecho a la rebelión contra la “democracia”

“Un Estado republicano, basado sobre el sufragio universal, puede ser extraordinariamente despótico, incluso más despótico que un Estado monárquico, cuando bajo el pretexto de representar la voluntad de todos hace caer sobre la voluntad y el movimiento libre de cada miembro el peso abrumador de su poder colectivo” Bakunin

El principal problema que se encuentra uno a la hora de justificar la rebelión contra el Estado es que éste se presenta como un ente imparcial y justo al tener el monopolio de la coacción y la fuerza normativa. Además en la sociedad de bienestar el Estado proporciona servicios públicos, pero no son gratuitos como algunos piensan, el Estado se financia mediante el cobro de impuestos que no solo van destinados a presupuestos sociales, una gran parte de los impuestos van para los presupuestos de Defensa y para la financiación del sistema represivo que garantiza el mantenimiento del Status Quo, no solo se reprime al pueblo, sino que esa misma represión la paga el mismo pueblo.

Continúa y finaliza en la tercera entrega.

 

Recuperando el derecho a rebelión (I)

En este ensayo me propongo rescatar de la historia el «Derecho a rebelión» contra la tiranía y adaptarlo al contexto actual, es algo extenso por lo que he decidido dividirlo en tres partes. Aquí va la primera entrega:

Definición de tiranía

La tiranía en su interpretación clásica equivale al despotismo, pero con el paso del tiempo con su mala aplicación ha perdido parte de su sentido y con la aparición del concepto de “totalitarismo” se le aplicó por igual a distintos tipos de gobierno opuestos o sencillamente al enemigo ideológico. Para que un gobierno sea tiránico tiene que tener al menos cuatro rasgos fundamentales: arbitrariedad (el ejercicio de poder no está regulado, sino que obedece a la voluntad de los gobernantes, se produce una situación de indefensión y de incertidumbre), imposición (los gobernantes tienen miedo de los gobernados y los gobernados de los gobernantes, no existe una legitimación del poder), imposibilidad de cambio pacífico (al no tener un fundamento racional solo se mantiene por la fuerza y solo puede ser derribado con ésta) y el uso de la demagogia para camuflar la fuerza.

Etimológicamente la tiranía designa el mando de una minoría sobre una mayoría con la existencia de un poder ilimitado no regulado por las leyes, aunque no solo eso las caracteriza, las dictaduras y autocracias también comparten este rasgo pero con algún matiz, en los autoritarismos el gobernante está sujeto a las leyes hasta que decide modificarlas. La tiranía se caracteriza además por ser el “gobierno antipolítico”. 

La tiranía no es un régimen político sino una situación política, corrompe lo político ya que implica un dominio directo sobre los gobernados, es un desorden donde domina la fuerza, además es un gobierno en beneficio del tirano y de su entorno.

El Derecho a rebelión

«Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo la insurrección es para el pueblo y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes» Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano

El derecho de rebelión es un derecho reconocido al pueblo frente al gobernante ilegítimo, los griegos y los romanos rechazaban el gobierno tiránico pero se limitaban a evitarlo mediante una forma mixta de gobierno, durante la edad media es cuando se empieza a tomar forma el derecho a la resistencia, bajo el nombre de tiranicidio, en esa sociedad contractual lo legítimo era lo legal, cuando se deja de tomar al Derecho como lo justo es cuando se produce la separación entre legalidad y legitimidad, ya que la idea de justicia que tiene el poder político puede ser muy diferente a la que tenga el pueblo, pero esta solo adquiere carácter legal cuando es impuesta. El proceso de resistencia se encontraba arbitrado por el Papa o el Emperador.

Los primeros autores que se encargaron de teorizar sobre el tiranicidio fueron Juan de Salisbury y Santo Tomás de Aquino. Se distinguía entre dos tipos de tiranía: Ex defectu titutli (cuando el gobernante era un usurpador sin título para ello) y A regimene (ejercicio injusto del poder, abuso de autoridad). En el primer caso se trata de una tiranía política y en el segundo de una diferencia entre legal y justo.

Juan de Mariana estableció las condiciones para el tiranicidio: primero se advertía al tirano para que cambiase su comportamiento, luego se le amonestaba, luego se legitimaba la insumisión al gobernante y por último se justifica matar al tirano en acto de legítima defensa.

En la edad moderna apareció el Estado con la pretensión de ser un órgano imparcial que arbitrara las disputas de la sociedad, este acabó con el derecho a la resistencia y al tiranicidio. La dificultad estaba en que la resistencia tendría que ejercerse contra el mismo Estado que se presentaba como impersonal.

En la época contemporánea con el reconocimiento de la soberanía popular y con el constitucionalismo surgió el problema de distinción de leyes tiránicas, ya que la constitución era una garantía frente a gobiernos absolutistas, pero todavía podía darse el caso de que se produjesen leyes tiránicas, según Jaime Balmes eran las que eran contrarias al bien común, no tenían por objeto el bien común, que otorguen privilegios, que excedan las facultades del legislador y que no se ajustasen a los procedimientos establecidos según la constitución. Durante la edad contemporánea el derecho a la rebelión tomo un carácter social y fue desarrollado sobre todo por el movimiento obrero y los teóricos del socialismo.

Definición de democracia

La democracia es el poder de la mayoría o en interés del mayor número”Tocqueville

La Democracia en teoría es el “gobierno de todos”, se caracteriza porque el poder se encuentra repartido entre la totalidad de sus miembros, por lo que la toma de decisiones es fruto de una voluntad colectiva. También puede entenderse como la igualdad de condiciones que es uno de sus aspectos claves, ya que supone la ruptura con los privilegios del antiguo régimen, la sociedad estamental estaba formada por rangos que se adquirían por el nacimiento y era casi inexistente la movilidad social, la sociedad democrática está formada por individuos con iguales derechos y deberes.

Esta es la definición ideal, el modelo que se pone en práctica es la llamada “democracia representativa” donde el pueblo a través de un proceso de elecciones confiere confianza a unos representantes para que gobiernen en su nombre, este tipo de democracia necesita una serie de instituciones pero fundamentalmente al Estado que es la entidad superior y desde donde se ejerce el poder político, el ejercicio de poder está regulado por un ordenamiento jurídico además de estar divido en tres funciones: la ejecutiva (Gobierno, consejo de ministros y jefe de Estado), legislativa (cámaras de representantes: Congreso y Senado) y judicial (administración de justicia).

El sistema de representación está organizado mediante los partidos políticos, estos son organizaciones constituidas por individuos que se identifican con unos ideales comunes y tienen como meta tomar el control político, cada partido presenta una serie de candidatos para ocupar cargos públicos mediantes las listas y los electores deciden. El desarrollo de los partidos ha estado ligado al del parlamentarismo desde sus inicios como nexo entre el electorado y el Estado. Se distinguen cuatro etapas: La primera son los llamados partidos de cuadros (durante el sufragio censitario), con el sufragio universal aparecieron los partidos de masas, cuando apareció la clase media y se consolidó el Estado de Bienestar los partidos perdieron su carácter ideológico y se convirtieron en Catch-all, la última etapa es la de los partidos cártel, donde la mayoría de ellos se financian públicamente y forman una “clase política” independiente con sus propios intereses que principalmente es obtener subvenciones y mantenerse.

Aquí termina la primera parte, continúa en la siguiente entrega.