Apuntes sobre El capital I: La mercancía

Se entiende por mercancía la producción que está destinada al cambio o la venta y no a ser consumida directamente por el productor.

Valor de uso y valor de cambio

Por valor de uso entendemos la utilidad de una cosa, su capacidad para satisfacer una necesidad humana. Depende de las cualidades naturales y aparece en su uso o consumo.

La proporción variable en que las mercancías de especie diferente se cambian entre sí, constituye su valor de cambio.

Como valores de uso, las mercancías son de cualidad distinta pero como valores de cambio solo pueden ser diferentes en cantidad. Efectivamente, Las necesidades que satisface una mesa son de cualidad muy distinta a las que satisfacen un par de zapatos. Sin embargo, al cambio, podemos por ejemplo decir que una mesa vale tanto como tres pares de zapatos.

Si se prescinde de las propiedades naturales (del valor de uso de las mercancías) solo les queda una cualidad: la de ser productos del trabajo. Las mercancías revelan solamente que en su producción se ha gastado una fuerza de trabajo, es decir, que en ellas se ha acumulado trabajo.

Las mercancías son valores en tanto que son materialización de ese trabajo.

Magnitud del valor

La sustancia del valor es el trabajo. La medida de la cantidad de valor es la cantidad de trabajo.

El trabajo a su vez se mide por la duración, o sea, por el tiempo de trabajo. El tiempo de trabajo no considerándolo en un caso particular sino como término medio en unas condiciones sociales dadas. En definitiva, el valor viene determinado por el tiempo que exige un trabajo ejecutado conforme al grado medio de habilidad y de intensidad en las condiciones del medio social.

Esto supone que la magnitud del valor varía cada vez que se modifica la productividad del trabajo.

La productividad del trabajo depende, entre otras cosas, de la habilidad media de los trabajadores, de la amplitud y eficacia de los medios de producción y de circunstancias exclusivamente naturales. Si la productividad aumenta disminuyendo el tiempo necesario para la producción de una mercancía, el valor de esta disminuye. Recíprocamente, si la productividad disminuye, el valor aumenta. Ahora bien, independientemente de las variaciones de la producción, el mismo trabajo genera siempre el mismo valor. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. Intentaré explicarlo:

Digamos que con X trabajo producíamos Y mercancías. El valor de esas mercancías, que venía dado por el trabajo, era igualmente X, ya que la cantidad de trabajo es la magnitud del valor. Bien, ahora una mejora en los medios de producción supone que se pueda producir el doble con el mismo trabajo. En ese caso, con un trabajo de X obtendríamos 2Y mercancías (o lo que es lo mismo, con la mitad de trabajo seguiríamos obteniendo Y mercancías). El valor de esas Y mercancías se ha dividido entre 2, pasando a valer X/2. En cualquier caso, permanece siempre constante el hecho de que un trabajo de X genera un valor de X o, en este caso, un trabajo de X/2 genera un valor de X/2. Aunque los variaciones en la producción permitan que se produzca el doble, el valor de las mercancías se ve reducido a la mitad, lo que permite mantener constante la igualdad valor-trabajo.

Gracias a un aumento de productividad, hay aumento de riqueza material. Sin embargo, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo, porque aunque el número de objetos varíe, su valor se modifica para cumplir con la igualdad valor-trabajo.

A continuación matizaremos algunas cuestiones que han quedado en el aire:

Primero, es importante tener en cuenta que una cosa puede tener valor de uso sin ser un valor, es decir, sin ser una mercancía que acumula trabajo humano. Cualquier cosa que sea útil a las personas, pero que no provenga del trabajo de estas, entra en esta categoría. Como ejemplos podríamos nombrar el aire, la tierra o los prados. En definitiva, un valor de uso solo puede tener valor cuando se le acumula cierta cantidad de trabajo humano.

También una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin llegar a ser mercancía. Cuando el productor se limita a satisfacer sus propias necesidades, solo crea un valor de uso por cuenta propia. Para producir mercancía hay que producir valores de cambio, es decir, útiles con el objetivo de entregarlos al consumo general mediante el cambio. En consecuencia, el valor de cambio solo se expresa en la relación social del cambio.

Finalmente, un objeto inútil no genera valor de ningún tipo.

Doble aspecto del trabajo

Toda clase de trabajo implica un gasto físico de fuerza humana, siendo en este sentido cada trabajo de igual naturaleza. Por otra parte, dicho trabajo se acumula en cada caso en una forma productiva determinada (una mesa, unos zapatos, una caseta…). En este concepto de trabajo útil diferente, produce valores de uso o cosas útiles.

Este doble aspecto del trabajo es de alguna forma análogo al doble aspecto del valor. Por un lado el trabajo útil diferente, el del carpintero, el informático, el abogado o el médico, que remite en cierto modo al valor de uso, pues satisface necesidades humanas bien distintas. De otra parte, el trabajo como valor de cambio, que solo es diferente de otros trabajos en su magnitud.

Doble carácter social del trabajo privado

El trabajo privado también tiene un doble carácter social.

Por un lado, aunque ejecutadas independientemente, las diversas especialidades de trabajos útiles se manifiestan como partes (complementarias) del trabajo general destinado a satisfacer la suma de necesidades sociales. El resultado de esto es que, trabajando unas personas para otras, las obras privadas revisten un carácter social, ya que permiten satifacer las necesidades de todos.

Por otro lado, cada trabajo particular también tiene un segundo carácter social por su semejanza en tanto que trabajo. Dicha semejanza aparece en el cambio, esto es, en la relación social que coloca los distintos tipos de trabajo frente a frente y permite compararlos según una base de equivalencia.

Reduciendo toda clase de trabajo a cierta cantidad de trabajo simple

Trabajo simple sería el gasto de fuerza del organismo de una persona sin educación ni habilidades especiales. El término medio de trabajo simple puede variar según épocas o territorios, pero siempre puede determinarse en una sociedad dada.

Podemos así tomar este trabajo simple como base de equivalencia. De ese modo, el trabajo especializado o complejo no sería más que cierta cantidad de trabajo simple. Esta reducción se hace todos los días en todas partes, con el establecimiento de salarios mayores o menores en función del tipo de trabajo a desarrollar.

Forma de valor

En concepto de valores, todas las mercancías se expresan en la misma unidad (trabajo humano) y pueden reemplazarse mutuamente. Por consiguiente, una mercancía puede cambiarse por otra.

Pero en realidad, hay dificultades para el cambio inmediato entre mercancías. En consecuencia, una sola de ellas pasa a revestir la forma apta del cambio inmediato con todas las demás, estableciendo una forma especial de valor: la forma moneda, que simplifica la relación de cambio estableciendo una forma de valor común, una base de equivalencia.

En principio, este objeto único, forma oficial de los valores, podía ser una mercancía cualquiera. La especial, con cuya forma se ha confundido paulatinamente el valor, es el oro. De tal modo que, finalmente, todas las mercancías se reducen a cierta cantidad de oro. El uso de moneda en la relación de cambio parece hoy algo natural. Al expresar el valor de una mercancía en, por ejemplo, cantidad de tela, salta a la vista lo extraño de la afirmación. Pero cuando referimos la misma cantidad en oro o plata, euros o dólares, la proposición deja de sorprendernos. El resultado de esto es que no parece que una mercancía se haya convertido en moneda porque las demás expresen en ella su valor. Al contrario, parece que el resto de mercancías expresan su valor en esas mercancías determinadas (el dólar, el euro, el oro) solo porque es moneda.

Apariencia material del carácter social del trabajo

En definitiva, esta forma moneda o dinero contribuye a sugerir una idea falsa de las relaciones de los productores. Los productos del trabajo, que en sí mismos son cosas sencillas y fáciles de comprender, se tornan complicados, llenas de sutilezas y enigmáticos en cuanto se les considera como objetos de valor prescindiendo de su naturaleza física; en una palabra, desde que se convierten en mercancías.

El valor de cambio, que no es otra cosa que la manera social de contar el trabajo invertido en la fabricación de un objeto (por lo tanto, sólo es una realidad social) ha llegado a ser tan familiar para todos, que parece ser una propiedad intrínseca de los objetos, como la forma moneda para el oro (otra relación social que se ha naturalizado). Sin embargo, existen sistemas de producción en que la forma social de los productos del trabajo se confunden con su forma natural y en que los productos se presentan como objetos de utilidad bajo diversos conceptos, no como mercancías que se cambian recíprocamente.

Esa apariencia material que se da a un fenómeno puramente social convierte a los ojos de los productores su propio movimiento social, sus relaciones personales para el cambio de sus productos, en movimientos de las cosas mismas que los arrastra, sin que puedan dirigirlos. La producción y sus relaciones, creación humana, dominan al hombre en lugar de estarle subordinadas.

El capitalismo puede cambiar de color

Se piensa en muchos casos que el capitalismo es un solo sistema económico que se diferencia de otros como el socialismo, el fascismo o el comunismo. Muchas veces se han hablado de alternativas al sistema capitalista, incluso se repite miles de veces el sistema de economía mixto y se muestra el éxito de la economía de los países nórdicos así como se critica el imperialismo de EEUU y la economía planificada de la antigua URSS. Incluso ahora se está hablando mucho de un retroceso por el desmantelamiento del Estado del Bienestar en donde unos creen que vamos para la Edad Media y otros para el siglo XIX. No obstante, pretendiendo un análisis más a fondo, descubrimos que el capitalismo es un sistema flexible que puede adquirir diversas formas y camuflarse bajo diferentes colores. Pasemos pues a señalar las variadas formas que éste adquiere.

La forma más sutil y más amable del capitalismo lo vemos en los casos de los países nórdicos (el modelo escandinavo) donde los salarios son muy elevados y la economía parece muy estable, y que ahora Islandia se está sumando al carro. En este caso los beneficios se reparten entre la sociedad, aunque no llega a toda ella, por supuesto y por ello suaviza e incluso llega a encubrir la explotación, alienación y cosificación de los individuos que hay detrás de ello. Menos amable fue el capitalismo en épocas de bonanza en el resto de países europeos donde se implantó también el Estado del Bienestar. Llegando a este estado, el sistema capitalista se mantiene fuerte ya que prácticamente ha terminado con la resistencia comprando las conciencias ya que casi toda la clase trabajadora se le identifica con las clases medias debido a sus altos poderes adquisitivos, lo cual lleva a que necesariamente estén continuamente gastando en productos novedosos y muy atractivos pero inútiles en muchos casos. Se consolida pues la paz social, siendo la izquierda institucionalizada que, usando un discurso keynesiano, consigue absorber el descontento entre la clase trabajadora llamando a seguir a los sindicatos concertados y sentarse para negociar las condiciones de explotación por parte del patrón. No comentan, sin embargo, que este estilo de vida es extremadamente aburrido y bastante gente termina en la neurosis y el suicidio, por no hablar de una mayor garantía para la perpetuación de la explotación al haber una estabilidad notable..

Debemos ahora de diferenciar el liberalismo económico clásico y el neoliberalismo. El liberalismo clásico consistía más bien en una economía productiva y masiva donde la explotación laboral se notaba exageradamente. Adam Smith creía que los mercados no deben ser regulados por el Estado y que éste mismo en libertad corregiría sus propios defectos. La libre competencia era el motor del avance y las empresas privadas estaban a niveles más igualados. En esos tiempos, aún no existía un Estado que palíe o suavice de algún modo la condición miserable de los obreros y campesinos. Entonces, las instituciones solo se encargaban de las tareas represivas mientras adquiere una faceta demócrata. Los valores que se implantaron fue la libre competencia y la supervivencia el más fuerte, algo que se sigue manteniendo hoy en día.

No obstante, el neoliberalismo va mucho más allá que el liberalismo clásico y también es político. Este nuevo sistema económico se está implantando a escala mundial y necesita de flujos masivos de capital internacionalmente, teniendo más peso el capitalismo financiero frente al productivo que se concentra mayormente en países del llamado «Tercer Mundo», frente a la economía nacional y más proteccionista del liberalismo clásico. También, el capitalismo va teniendo cada vez más a los monopolios ya que la diferencia de las empresas se hace cada vez mayor y la competencia más desigual. Los Estados modernos deben ser gobiernos títeres que tengan el papel del control social mientras favorece a los grandes banqueros, inversores y empresarios.

Mientras que en el liberalismo los Estados-nación tenían cierto poder sobre la economía, en el neoliberalismo los Estados son superados por las multinacionales y el desmantelamiento de derechos conquistados responde a la necesidad de aumentar el poder de las grandes fortunas y los monopolios, acentuando cada vez más la brecha entre ricos y pobres. Ello conlleva pues que el sistema represivo se fortalezca para contener la disidencia e incluso neutralizarla al absorberlos e invitarlos a las mesas de negociación. El Estado neoliberal puede también ser de dos tipos: dictadura al estilo Pinochet o democracia representativa tipo Thatcher, por poner un ejemplo, aunque también añadiría las actuales democracias modernas. La diferencia radica en los diferentes grados de dureza de la represión ejercida y las estrategias de control social utilizados, pero el trasfondo es el mismo.

Otro gran error es confundir el nazismo y el fascismo con el régimen de Stalin y la economía desarrollada por dichos regímenes. El fascismo en realidad es la herramienta utilizada por la burguesía conservadora en épocas de crisis y de gran crispación social. Pese a mostrarse anticaptalistas, lejos están de serlo. Los regímenes totalitarios fascistas buscan la autarquía, es decir, una economía nacional fuerte que dependa lo menos posible del comercio con el exterior. Así pues, clase trabajadora y patronal deben ir unidos para levantar la nación, producir para el beneficio de la patria y donde la intervención estatal en la economía básicamente es para adaptarla a producir material de guerra y controlar la disidencia obrera. Este modelo económico se le denomina capitalismo corporativo o corporativista.

En cambio, la URSS después de la centralización del poder de los soviets en uno solo (en el Soviet Supremo), instauránose la dictadura del proletariado, el socialismo real ha degenerado en un capitalismo de Estado. Se diferencia de los totalitarismos fascistas en que éstos han abolido la empresa privada, pasando a ser el Estado una única empresa que controla (monopoliza) todos los aspectos de la economía, siendo el propietario de todas las tierras y fábricas. El Estado pasa a ser quien decide sobre la producción, la colocación de la mano de obra, la distribución, etc. A parte, también el Estado adquiere una función represiva similar al fascista pero ya no por cuestiones raciales ni nacionalistas sino ideológica. Vemos pues una clara diferencia entre capitalismo de Estado y capitalismo corporativo.

No sería completo mi análisis si no tratara de la utopía capitalista mal -o falazmente- llamada «anarco»capitalismo. En realidad es simplemente «capitalismo sin Estado», «capitalismo anti-estatal» o similares. No debemos confundirlo con el liberalismo de Adam Smith ni con el neoliberalismo, pues el capitalismo anti-estatal propone la desaparición total del Estado, quedando sus funciones sustituidas completamente por empresas privadas y que el mercado sea completamente libre, frente al liberalismo clásico que quieren un Estado que garantice el derecho a la propiedad y los derechos de la ciudadanía (solo los propietarios en realidad) o el neoliberalismo que persigue un Estado títere represor. Esa utopía capitalista sí defiende las jerarquías en las empresas y sobre todo el mercado verdaderamente libre, sin traba alguna donde sean las leyes de la oferta y la demanda las que rijan su funcionamiento por encima de cualquier moral o ética.

Todos estos capitalismos tienen grandes diferencias. Sin embargo, podemos extraer un denominador común:

  • La explotación asalariada, sea llevada a cabo por una empresa privada en el caso del liberalismo clásico, el neoliberalismo, el capitalismo corporativo y la utopía capitalista o por una empresa estatal o el Estado, en el caso del socialismo de Estado.
  • El sistema bancario y el dinero, pilar fundamental del sistema capitalista indispensable para la emisión de moneda y el dinero para el intercambio de productos y servicios, que por ser acumulable, genera desigualdades. Sea la banca privada o nacionalizada, posee casi la misma función.
  • La propiedad. Privada o estatal, queda en manos ajenas al trabajador, lo cual supone el despojo del fruto del trabajo y la venta de la fuerza de trabajo por parte de la clase obrera para poder subsistir, careciendo de poder de decisión sobre lo que produce.
  • Y el punto más importante: la continua necesidad de explotar nuevos mercados. Esto quiere decir que el sistema capitalista solo se mantiene si consigue conquistar nuevos mercados creando a la vez nuevas necesidades. No siempre el ritmo de crecimiento coincide con el ritmo de conquista de nuevos mercados y muchas veces éstos mercados acaban saturándose provocando las crisis cíclicas. Ejemplos los tenemos en el siglo XIX con el imperialismo. La colonización de África, las Américas y Oceanía supuso un mercado enorme donde dar salida a los productos industriales y a la vez consiguir acceder a más recursos naturales. Por ello, tanto el liberalismo clásico como el neoliberalismo y el capitalismo corporativista tienden al imperialismo, es decir, a conquistar nuevos mercados para perpetuarse. En el caso del neoliberalismo, mediante la corrupción de los Estados objetivos y transformarlos en gobiernos títeres en favor de las grandes multinacionales y otros gobiernos neoliberales (ejemplo: la Alemania de Merkel); mientras que los fascismos utilizan la economía de guerra y la guerra abierta para su expansión (ejemplo: la Alemania de Hitler). No obstante, el capitalismo de Estado no pudo salir de su crisis y colapsó porque sus mercados saturados impedían que se dinamizara la economía, que unido a la negación de conquista de nuevos mercados, terminó por colapsar y regresar de nuevo al capitalismo de libre empresa.

A partir de este análisis extraemos la conclusión que la verdadera alternativa al capitalismo es la abolición del trabajo asalariado, del sistema bancario, del dinero, de cualquier tipo de gobierno que protege los intereses del Capital y de la propiedad privada y estatal. Nosotros proponemos que la propiedad sea colectiva y las relaciones de producción sean en base a la máxima de «de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad» (Kropotkin), siendo los medios de producción puestos bajo control obrero y sean quienes decidan sobre la producción. Que la autoridad del Estado sea abolida por considerarla innecesaria y que si no se erradicara, terminaría por restaurar la propiedad individual y la desigualdad social.

1 3 4 5