Introducción al anarquismo (III). Programa, articulación política y estructuración del movimiento

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En el capítulo anterior hemos visto ya la visión estratégica, y a partir de ahora en adelante, partiremos de ésta para tratar los siguientes temarios, a los cuales añado la recomendación de abordarlos colectivamente, es decir, a través de un grupo de lectura o formación, por ejemplo. Aunque igualmente válido para la formación individual.

Programa y articulación política

Una vez hayamos asumido las bases y tengamos claro qué objetivos queremos lograr, es momento de pensar en la necesidad de perfilar nuestro proyecto político que será nuestra meta final a la que queremos aspirar. Dicho proyecto será resultado de debates y experiencias militantes colectivas, así que por ahora, haremos referencia a este proyecto como el socialismo libertario. Para plasmar dicho proyecto sobre papel, elaboraremos el programa, que es un documento que recoge una serie de objetivos a alcanzar y las líneas políticas y estratégicas a seguir. Distinguiremos aquí, básicamente, dos tipos de programas:

—Programa de máximos: es aquel que recoge nuestras metas políticas finales y las líneas estratégicas que apuntan a nuestro proyecto político. Por sí solo, este programa no se puede implementar, pero marca nuestro norte y son las líneas sobre las que iremos creando los programas de mínimos u hojas de ruta.

—Programa de mínimos u hojas de ruta: es aquello que recoge las tácticas y objetivos más inmediatos. Hay cierta discusión en torno al programa de mínimos y las hojas de ruta, donde por un lado, se ve lo primero como unas metas más alcanzables y partiendo de allí, se elaboran las hojas de ruta que serían las líneas tácticas a seguir; y por otro lado, hay posturas que no contemplan el programa de mínimos, sino que toma directamente las hojas de ruta. Independientemente de estas discusiones, tanto el programa de mínimos como las hojas de ruta marcan objetivos muy concretos y específicos, en otras palabras, marcan metas coyunturales a lograr que permitan el avance cualitativo y cuantitativo de nuestro movimiento en sintonía con el movimiento popular.

La cuestión programática va parejo a la elaboración de estrategias y al análisis de coyuntura, este último tema que abordaremos en el próximo capítulo de la serie puesto que es más extenso y la metodología utilizada en este último tiene mucha sustancia. Volviendo al hilo del asunto, la estrategia consiste en una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Este concepto se detalla en el siguiente documento, donde también explico en qué consiste la táctica y qué factores se tienen en cuenta a la hora de trazar unas líneas estratégicas. A su vez, se amplía las definiciones del programa. Todas las explicaciones van acompañadas de un supuesto práctico ambientado en un conflicto laboral. Leer aquí Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario.

La articulación política es el resultado de la consolidación de una tendencia política bajo la unidad de unas líneas estratégicas, políticas y de actuación a través de las organizaciones políticas y de tendencia. En el Manifiesto comunista libertario de Georges Fontenis se explica con más detalle esta cuestión. En dicho manifiesto, explica unas nociones básica acerca del comunismo libertario y defiende una línea de clase en contraposición de una visión humanista e idealizada sobre la sociedad. También es interesante la visión que tiene acerca de la vanguardia revolucionaria vista desde el leninismo y vista desde el comunismo libertario, donde defiende que la organización política anarquista debe ir en sintonía con los movimientos populares en vez de ir separado de éstos. Plantea otros asuntos relevantes sobre la organización interna como la unidad ideológica, acción colectiva, la disciplina, el federalismo y la democracia interna; el poder, el Estado, la revolución y la libertad, donde distingue el poder directo de la clase trabajadora frente al poder dominante de la clase capitalista; y más aspectos por los que merece la pena leer este manifiesto.

Estructuración del movimiento

Una vez articulada nuestra tendencia, hemos de irnos dotando de estructuras que conformarán un movimiento. Antes de pasar a hablar de unas estructuras más amplias, es imprescindible que tratemos la cuestión organizativa, algo crucial dentro del anarquismo. En este punto, podemos encontrar tres posturas respecto al tema:

—La primera postura es la antiorganizacional, la que no concibe ninguna forma de organización al considerarla contraria a la libertad individual, aunque en la práctica se asimila el informalismo, que consisten en relaciones por afinidad en el cual no existen grados de compromiso y responsabilidades de los miembros que forman el grupo.

—La segunda premisa solo concibe la organización de las anarquistas a nivel social, como pueden ser en los sindicatos de clase o en la movilización en asambleas de barrio (el frente comunitario). En la praxis, se construyen organizaciones amplias que agrupan a muchas personas de distinta afinidad ideológica, o bien, organizaciones llamadas de síntesis donde no están definidas unas líneas comunes de actuación sino que agrupan a anarquistas de diversas tendencias. Dicho de otro modo, se les podrían denominar coordinadoras.

—La tercera tesis concibe la articulación del anarquismo a dos niveles: una que son los frentes de masas que son las organizaciones que trabajan a nivel social de la segunda premisa, y otra que consiste en organizaciones específicas que trabajan a nivel político. Este modelo también es denominado como dualismo organizacional, ya que se considera que únicamente la lucha en lo social es insuficiente y por ello, defiende la necesidad de la construcción de unas líneas políticas anarquistas comunes para todo el movimiento dotándolo de una orientación política y estratégica.

Sobre estos puntos profundizarán en este artículo «Cuestiones organizativas del anarquismo».

Para la configuración de un movimiento libertario estructurado, pasaremos de un movimiento de colectivos y grupos de afinidad a un modelo de movimiento de organizaciones. La diferencia entre éstas y los colectivos y grupos de afinidad está en el caracter y las dinámicas que llevan unas y otras. La organización nace de la necesidad de la responsabilidad política de transformación radical de la sociedad acorde al proyecto político socialista libertario. Para ello, nos dotamos de herramientas con el objetivo de implementar los programas, las líneas estratégicas y de actuación, y que dichas experiencias no se pierdan. A la vez, una organización tiene la pretensión de ser un actor político de cambio y referente en las luchas sociales. Los colectivos y grupos de afinidad siguen una dinámica distinta, y al no regirse por una responsabilidad política y disciplina interna en su mayoría, derivan en una suerte de voluntarismo y en muchas ocasiones actúan por inercias en las cuales terminan en consumo interno. Similarmente pasa con los grupos de afinidad, que debido a que en su mayoría poseen un carácter informal y al no rendir cuentas ante nadie, con el transcurso de su trayectoria, comienzan a aparecer códigos de conducta propios y liderazgos informales. Este tema queda reflejado en el artículo «Organización vs grupo de afinidad: el proceso de hiperautonomización y las debilidades estructurales de un colectivo anarquista«.

Reconocer las debilidades internas propias debe servir para solucionarlas. Necesitamos un cambio en nuestra cultura militante y en la manera de ver las cosas y de actuar. Obviamente, todas queremos el comunismo libertario, pero nuestro proyecto político ha de realizarse a través de la disputa de lo existente. Organizarse por organizarse no tiene sentido, lo que le da sentido a la cuestión organizativa es la necesidad de llevar a cabo nuestras tareas revolucionarias en el actual contexto, lo cual quiere decir que debemos también configurar un Modelo de movimiento libertario integrando las organizaciones de tendencia o políticas con organismos amplios y la inserción de nuestro movimiento en los frentes de lucha existentes en la actual coyuntura.

En la siguiente entrega, trataremos una herramienta muy importante que nos permitirá actuar en la coyuntura que nos toca. Ir a la 4ª parte.

El modelo organizativo del nuevo movimiento libertario

Desde hace tiempo quienes desde el campo libertario estamos apostando por un modelo organizativo diferente al tradicional llevamos avisando que un movimiento político basado en colectivos no funciona como movimiento político. Casi todos los colectivos libertarios están formados por personas con diversas inquietudes que se traducen en distintas tendencias dentro del anarquismo. Así, encontramos colectivos que mezclan el comunismo libertario con tendencias individualistas, o el insurreccionalismo con la autonomía obrera y el comunismo antiautoritario. En pocos casos existen colectivos con una línea concreta de cara afuera, salvo algunos colectivos exclusivamente insurreccionalistas o bien el anarcosindicalismo en general. Por tanto la mayoría de los colectivos se dedican a temas culturales, sociales o de ámbito exclusivamente local.

Las nuevas organizaciones libertarias que poco a poco van floreciendo en el estado español planteamos que el movimiento debe evolucionar desde los colectivos hacia las organizaciones. No es un paso fácil de realizar, ya que los colectivos suelen ser por naturaleza afinitarios. Y aunque no lo fueran en un principio con el tiempo es lógico que surjan las afinidades personales que marcarán la línea política del grupo. Los liderazgos informales, el asamblearismo ad infinitum en el que toman las decisiones quienes más tiempo tienen, la falta de empoderamiento de personas por miedo a no pasar por la asamblea, la adscripción a unas ideas en base a una estética y un lenguaje estético… nos parecen problemáticas. Un movimiento libertario basado en colectivos y grupos de afinidad lo lógico es que se organice en base a federaciones en las que los grupos serán autónomos. Las federaciones son así una especie de suma de recursos entre grupos diferentes y realmente suponen un avance puesto que se supera el campo de visión basado en lo local.

Pero los colectivos libertarios son fuertemente celosos de su autonomía y no estarán dispuestos a renunciar a ella. Ni en cuanto a su manera de funcionar, ni a su identidad, etc. Por ello las federaciones de grupos autónomos no acaban de ser todo lo ágiles que debieran. Las federaciones se ven limitadas por la apuesta por la autonomía total o casi total de los grupos y dejan de ser ágiles por ello. Parte del colectivo no se siente parte integrante de la federación y le parece un freno para su trabajo local, otra parte del colectivo es la que se cree la federación y va asumiendo el rol de estar en contacto con el resto de los colectivos. Entre la pasividad de una parte y la delegación en la otra se produce un desequilibrio que a la larga dificulta cualquier evolución de las federaciones.

Por ello creemos que el movimiento libertario, o la parte de él que esté dispuesta, debiera caminar hacia un modelo como el que sigue:

Organización de militantes. Sería la base fundamental del modelo. Se basa en un grupo de personas que tienen las mismas líneas de actuación e inserción social. Habrán llegado a ellas en base a un debate sobre tácticas y estrategias y no tanto en base a la ideología. Esta organización requiere de una cohesión táctica y estratégica, y no vale una convivencia entre tendencias. Antes bien, es mejor formar dos organizaciones si las diferencias internas son demasiado grandes. Es más fácil colaborar entre organizaciones que vivir en una eterna pelea interna. La organización de militantes sirve para elaborar líneas estratégicas y para planificar una inserción social adecuada de las prácticas e ideas libertarias. Al fin y al cabo nos organizamos para proyectar mejor la acción libertaria.

Organización feminista. Dada la tendencia a marginar o impedir tácitamente la participación de las mujeres inherente a la mayoría de los
colectivos y movimientos, ocurre que la mujer no se anime a participar en colectivos y organizaciones libertarias. Por tanto es necesario un espacio político propio donde podamos desarrollarnos políticamente. Será una organización tanto de formación como de debate político. En nuestro caso su enfoque debería ser hacia el feminismo de clase, dado que hay que buscar hablarle a la mayoría de las mujeres. Enfocarse en cuestiones que afectan a una pequeña fracción de ellas es un error y de cierta manera contribuye a la atomización de las luchas y la especialización. Se pueden llevar a cabo luchas propias del feminismo típico como el tema del aborto, la lucha contra la violencia de género, la discrimininación laboral, los roles de género, crianza y maternidad, la presión de la estética, etc. Pero además en denunciar cómo le afecta el capitalismo a la mujer trabajadora. Se trata de que el feminismo traspase las barreras del activismo y llegue a los barrios obreros y sus entidades. En América Latina esto lo intentan a base de obras de Teatro del Oprimido, yendo a sindicatos a hacer educación popular, creando sindicatos de mujeres, concretando cómo le afectan a la mujer los problemas que crea el capitalismo…

Organización juvenil. Es necesaria una organización juvenil que vaya formando a la juventud en las ideas libertarias y en la forma de actuar que propone la organización de militantes. La organización debería enfocarse en los problemas que tiene la juventud (paro masivo, estudios, barrios y comunidades, cultura y ocio, etc.) y debería intentar generar organismos juveniles unitarios de barrio y de comunidad como asambleas de jóvenes y otras. La función de la organización es ir empoderando y preparando a la juventud para la acción política y social. Es un campo de experimentación en y de la militancia. Se puede complementar con la gestión de locales y espacios, la organización de eventos festivos y de jornadas de formación política. Nuestro punto de vista es que hay que crear un movimiento juvenil ajeno a las corrientes antiorganización y tendientes al ghetto de autoconsumo presentes en el anarquismo.

Las organizaciones deben ser entendidas como algo compacto, cohesionado. Y se subdividen en núcleos o grupos locales y territoriales compuestos por personas de la organización que viven en una zona determinada. No debería empezarse un grupo local cuando no lo conforma gente que comparte todas las estrategias y tácticas de la Organización. La función del núcleo es llevar a cabo las líneas de la organización adaptándolas a su realidad concreta. No se trata de un colectivo más, sino que el grupo es la Organización en ese territorio.

Los Frentes

Se trata de lo que hace la militancia cuando sus líneas políticas se aplican a un campo de acción. Normalmente no se tratan de organizaciones independientes, sino que se supeditan a las necesidades de inserción social del movimiento político y son orientadas por éste. Recordemos que no queremos construir un movimiento social bajo premisas libertarias desde cero sino ayudar a fomentar el movimiento social tal como es, y que éste una vez fuerte y consolidado sea políticamente autónomo y por sí mismo evolucione a líneas libertarias. Desde luego respetamos a quienes intentan hacer lo primero, pero nos parece que hay que priorizar esfuerzos.

Se pueden plantear una serie de frentes:

Frente Estudiantil. Es el campo de acción del estudiantado en su globalidad y pluralidad. Se trata de aplicar las líneas de actuación a lo estudiantil, que generalmente es un mundo que lleva una vida propia en paralelo a los ritmos de la sociedad en general. Por lo general debería haber una relación estrecha entre la organización juvenil y este frente. También tanto la organización política como la organización feminista deberían realizar tareas de formación entre el estudiantado.

Frente Laboral. Se trata del campo de actuación del movimiento político en el mundo del trabajo. Aquí hay que buscar una pluralidad en las formas de actuación ya que buscará la adecuación a los proyectos de la organización y no será un sindicato más.

La diferencia con el anarcosindicalismo, es que éste, debido a ser un Sindicalismo Revolucionario entiende que la sociedad Socialista a la que aspira deberá tener como columna vertebral el sindicato para poder funcionar. De esta forma entiende que los distintos sectores de la población (estudiantes, jubilados, amas de casa, inquilinos…) se deben organizar sindicalmente. El anarcosindicalismo de esta forma es a la vez una organización política. Por eso se ve a sí mismo como una sociedad paralela alternativa donde todo el mundo debería militar.

Nuestro punto de vista es que hoy por hoy la sociedad no se puede organizar entera de forma sindical. Por tanto hay que partir desde los distintos puntos de vista y conectarlos en una lucha hacia el socialismo libertario. Por ello tenemos que tener una inserción en las cooperativas, entre las asociaciones de parados y paradas, entre las pensionistas y también en los sindicatos (en el movimiento obrero en general). Pero no es nuestra idea crear otro sindicato más, sino que la clase obrera organizada vaya asumiendo poco a poco las líneas de nuestro movimiento político. Y por ello también hay que dirigirse a los barrios, a los institutos y a los espacios de relación y socialización de la clase. El anarcosindicalismo es por tanto aliado, pero no somos lo mismo.

El frente laboral se entiende a sí mismo como un organismo amplio de conexión de luchas que fomentan un poder popular obrero y una conciencia de clase, que contemplan avances económicos y mejoras materiales inmediatas como pasos a dar en busca del empoderamiento colectivo.

Frente Comunitario. Este frente va hacia el resto de ámbitos de actuación que afectan a la gente: salud, vivienda, educación, cultura, energía, medio ambiente, etc. La idea es conectar las distintas luchas entre sí hacia la generación de un movimiento popular comunitario capaz de tener voz propia a nivel político. Alguno de estos ámbitos se puede convertir en Frente en sí mismo, dependiendo de lo grande que sea la militancia o de las necesidades específicas. Por ejemplo:

Frente Municipalista. Si la militancia de los barrios decidiera llevarlo a cabo se podría realizar un frente municipalista que tuviera como objetivo dar la batalla en lo local para generar contrapoderes comunitarios. En este sentido se articularía a la militancia que está en asambleas populares, asociaciones vecinales, ateneos, etc. e incluso a las militantes que participen en las instituciones con programa similar al nuestro (y que asuman nuestras líneas – al fin y al cabo mejor tenerlas de aliadas que al servicio de otros movimientos políticos). Esos contrapoderes embrionarios se deberían coordinar y fortalecer para hacerlos mayores y más estables ya que serán medios de generar poder popular.

Los grupos de trabajo

El movimiento político necesitará de accesorios que faciliten o mejoren tanto su funcionamiento como su proyección pública. En este caso nombraré algunos aspectos que me parecen interesantes y que se pueden ir implementando.

Centro de Estudios. Todo movimiento político debería tener un lobby, Think tank o un organismo que sirva para engarzar la teoría y la ideología con las líneas políticas del mismo. Además servirá para elaborar un programa formativo para la militancia.

Medios de comunicación. Cualquier movimiento político tiene sus propios medios de comunicación, sean boletines o sean redes sociales. Hay que tener una estrategia mediática y comunicativa adecuada a las intenciones del movimiento. Los medios pueden ir desde boletines hasta una editorial propia de libros, revistas de pensamiento y teoría o bien publicaciones orientadas hacia la población en general.

Unidades culturales. En línea con lo anterior se puede tener de colaboradores o pertenenciendo al movimiento político algunos grupos culturales como pueden ser muralistas, teatro social, grupos de música, etc.

Línea gráfica. El movimiento en general, o sea, tanto las organizaciones como los frentes deberían tener una misma identidad visual o línea gráfica. De esta manera las ideas fuerza lanzadas por cada una de las partes del movimiento serán reconocibles rápidamente por parte de la población.

Organismo antirrepresivo. Sea una comisión, una organización o una caja de resistencia, el caso es que un movimiento político debe disponer de este tipo de organismos. En un principio se puede asumir el de otros movimientos populares, pero con el tiempo debería haber un grupo de personas que trabajen el tema y que cubran las necesidades de todo el movimiento así como el de los colectivos afines y los movimientos sociales y populares.

En resumen, puede haber todo tipo de grupos de trabajo o comisiones que lleven a cabo tareas concretas o cortas en el tiempo. Por ejemplo un grupo de sociología o antropología social puede llevar a cabo un informe. O un grupo de periodistas afines publicar alguna cosa concreta en consonancia con las necesidades comunicativas o las campañas. Se trata de ser flexibles en la medida de lo posible.

Organización amplia

Por último cabría hablar de posibles organizaciones o frentes «de masas» impulsadas por nuestro movimiento. En principio las organizaciones de masas que buscamos son las propias que crea el movimiento popular. Pero en un momento dado podemos querer crear una organización-movimiento. Se podría crear en base a sumar todas las partes componentes anteriormente descritas que deberían funcionar coordinadas. De esta manera se sellaría la pertenencia a este movimiento y se daría entrada a toda la gente simpatizante con el mismo y no sería ya un movimiento de militantes, sino de militantes y simpatizantes. O se podría crear en base a una organización que sigue las líneas políticas del movimiento pero que se creará en base a asambleas abiertas y públicas.

@BlackSpartak

Lo estructural y las relaciones de poder

Estructura, poder y dominio son conceptos íntimamente relacionados y que debemos comprender para tener las herramientas de análisis para la transformación radical de la sociedad. Uno de los temas centrales en el anarquismo ha sido la cuestión del poder, donde se han escrito numerosos textos que apuntaban a que el ejercicio del poder resulta pernicioso y de ahí está el origen de todos los males y desigualdades en esta sociedad. Sin embargo, no podemos atendernos solo a la cuestión del poder, lo cual, he planteado ampliar el tema tratando la estructura y el dominio. ¿Es lo mismo poder y dominio? ¿Qué es la estructura? ¿Qué tienen que ver el dominio con la estructura? ¿Y el poder con la estructura? Cuestiones como éstas las iremos desarrollando a continuación.

Tenemos claro que vivimos en una sociedad con profundas desigualdades a todos los niveles: desde lo económico hasta lo político y social. Las desigualdades se producen por la existencia de grupos sociales dominantes y otros subordinados que sufren esa dominación. Dicha dominación se ejerce a través de unas bases materiales, como, por ejemplo, una posición económica ventajosa, a las cuales podemos denominar estructura o infraestructura y también ideológica llamada superestructura, en términos marxistas. Entonces, cuando hablamos de algo estructural en general, hacemos referencia a todas aquellas formas de opresión provenientes de los grupos sociales dominantes. Así por ejemplo, cuando hablamos de violencia estructural, hablamos de aquella que ejerce la clase dominante contra nosotras a través de la represión física de los porrazos, la criminalización de la pobreza, condenarnos a la miseria, etc. También, lo estructural puede hacer referencia a aquello que tiene causa directa en las bases materiales de un sistema, como por ejemplo, cuando hablamos de crisis estructural del capitalismo.

Hasta ahora, el concepto de poder en el anarquismo clásico ha ido asociado al dominio, pero las tesis sobre el poder de Foucault han abierto nuevas perspectivas para entender dicho concepto que rompe con el esquema clásico de poder igual a dominio. Según Foucault, el poder es, básicamente, una fuerza social que está presente y fluye en todo el cuerpo social sin unas direcciones determinadas, lo cual no es ejercido siempre desde el Estado o la clase dominante, sino que también puede provenir de instituciones organizadas fuera del Estado. Además, el poder no solo es meramente destructivo, también es creador, crea conocimientos y saberes en favor de los grupos sociales que los crean. Por tanto, podemos distinguir entre poder-dominio, aquel que se ejerce a través de la clase dominante y de carácter impositivo mediante la violencia y la creación de hegemonía y consenso para imponer los intereses de esa clase dominante; y el poder-fuerza social que es ejercido desde las clases explotadas a través de las organizaciones populares, la creación de contra-hegemonía y ruptura con el orden dominante para materializar los intereses de emancipación social.

Una vez aclarados los términos, es hora de relacionarlos y posteriormente ver su aplicación en la realidad social. La diferencia clave entre dominio y poder es que el dominio es un poder ejercido desde una posición ventajosa, es decir, el dominio se ejerce en un contexto donde no hay equidistancia en las relaciones de poder. Esa posición de ventaja lo da la estructura material e ideológica. Se podría decir entonces que el dominio es un poder estructural, aquel poder que se ejerce a través de una estructura material e ideológica construida a medida por aquel grupo social dominante. Es aquí donde tiene origen todas las opresiones que hoy en día conocemos: la opresión -o explotación- de clase, la heteropatriarcal y la racial. Todas estas opresiones comparten un común denominador que es la existencia de una base estructural mediante la cual se ejerce el dominio.

Así pues, en el plano económico podemos reconocer la dominación capitalista en el cual, los o las poseedoras de los medios de producción -la clase capitalista- les confieren una posición dominante frente a la clase obrera que carece de dichos medios. Es por ello que un o una trabajadora siempre está en una posición de desventaja frente al capitalista, lo que se traduce en una relación desigual de poder. No obstante, si la trabajadora se organiza junto con sus semejantes y construye a la vez un discurso que desafíe el discurso dominante, esta relación de poder puede cambiar en favor de la clase obrera mediante la lucha de clases. Asimismo, encontramos en la organización popular otra forma de articular un poder desde abajo.

Por supuesto que la opresión central es la de clases, pero no podemos restar importancia a las opresiones no clasistas, pues también sustentan el sistema capitalista. En este caso, el heteropatriarcado es una estructura socio-cultural en el cual los hombres heterosexuales adquieren una posición dominante respecto a los y las homosexuales y la mujer. Como en la opresión clasista donde la clase obrera está en una posición desfavorecida, la mujer y aquellas personas que se salen de la heteronormatividad se encuentran en una relación de poder con los hombres heterosexuales desfavorable. Consecuencia de ello es el machismo y la homofobia, manifestaciones de esta dominación heteropatriarcal. Lo mismo sucede con el racismo, en el cual el hombre blanco occidental se posiciona como dominante frente a otras etnias no blancas y no occidentales, juzgándolas en base a las concepciones sociales eurocentristas y etnocentristas, caracterizándoles principalmente como salvajes, delincuentes y esclavos.

La importancia de conocer estos conceptos nos permite reconocer correctamente las opresiones y no cometer errores como usar la misma vara de medir para un lado y para otro cuando las relaciones de poder son asimétricas. Para ello, pondré unos ejemplos breves que ilustren esta premisa: la violencia policial es ejercida desde la clase dominante y responde a sus intereses, al contrario que la violencia utilizada para la autodefensa. No es nada comparable robar artículos en un supermercado con el fraude fiscal, la fuga de capitales y con la explotación asalariada. El absentismo laboral o cualquier acto de «indisciplina» no es nada comparable a los ataques a los derechos de los y las trabajadores mediante las reformas laborales. Se culpa a la mujer de ser violada y que tiene que andarse con cuidado para evitarlo, cuando el culpable es el hombre quien comete las agresiones sexuales y que es él quien debe dejar de violarlas. Que una persona no blanca desprecie a un blanco o blanca por serlo no es nada comparable a las redadas racistas, la criminalización de la inmigración, su exclusión y discriminación, etc… Aquí de nuevo nos encontramos con el denominador común: lo estructural.

Una vez que sepamos en qué posición estamos y conozcamos las relaciones de poder en la realidad social, el siguiente paso es cómo articular respuestas contra ellas, no para crear nuevas formas de dominio sino en equilibrar la balanza de las relaciones de poder. Así por ejemplo, en el campo económico, solo podrá existir una relación de poder equidistante aboliendo el sistema capitalista e implantando un sistema socialista libertario que ponga los recursos, medios de producción e instrumentos de trabajo en común; en el político, en la abolición del Estado sustituyéndose por instituciones horizontales (asambleas, consejos, comités, confederaciones…) en las cuales los y las productoras y consumidoras sean quienes tomen las decisiones políticas; y en el plano socio-cultural, por el empoderamiento de las mujeres, homosexuales y minorías étnicas junto con la deconstrucción de los privilegios patriarcales y raciales. Suprimir el dominio implica destruir las estructuras del poder-dominio y crear otras estructuras materiales e ideológicas y junto a ello el poder popular, que sería el poder socializado donde las relaciones de poder entre distintos grupos sociales sean equidistantes.