Hay juego más allá del fútbol negocio

"Requiere menos esfuerzo intelectual el condenar que el pensar". —Emma Goldman

En época de vacaciones conviene mirar al mundo del trabajo. Los datos sobre la temporalidad en España nos hablan de un país en el que las condiciones laborales son cada vez más precarias. Por si fuera poco, los salarios son peores (y sin visos de mejorar) y la brecha de género permanece.
Vemos también como los brigadistas antiincendios gallegos trabajan sin recibir ni siquiera una botella de agua y un bocadillo. Eso en un verano en que los incendios se han multiplicado como resultado de decisiones políticas lamentables, como nos señalaba la portada de El Jueves con ironía.
También el análisis feminista tuvo mucho que decir sobre el machismo en la cobertura mediática de las olimpiadas. Y no sólo en los medios, sino también en los uniformes de las deportistas.
Y siguiendo con el deporte, fijamos la mirada en aquel que levanta más pasiones, que mueve más dinero: El fútbol, un negocio podrido en manos de auténticas mafias. «Lo que los ha protegido es la autorregulación y casi cero transparencia del negocio del fútbol, comparable solo al de las instituciones financieras de las islas Caimán. Pero tienen un aliado aún más poderoso: nosotros, los aficionados; los que les pagamos la fiesta; los que, pese a todo, preferimos no saber. La FIFA tuvo la mala suerte de que un cuerpo ajeno a los encantos del fútbol se entrometió en sus asuntos. Algunos que se pasaron de listos, como los Messi, tuvieron la mala suerte de ser descubiertos. […] Nos lo ponen difícil a los cientos o miles de millones que hemos descubierto en el fútbol la gran diversión y el gran consuelo de la vida, pero llegada la hora de la verdad –llegado el partido–, seguimos siendo cómplices del secretismo que permite que los amos roben con impunidad.«
¿Hasta qué punto puede una comunidad cambiar los hábitos individuales de sus miembros? Un compañero de la FAGC nos habla sobre los límites del comunitarismo.
Los y las compas de Rojava Azadi nos reproducen este artículo de Alejandro Martí sobre Turquía, Siria y la situación kurda.
Y finalizamos con un artículo que se sirve de la etimología de la palabra puta para evidenciar el machismo en el lenguaje. «…el hombre atrevido es valiente, pero las mujeres atrevidas somos maleducadas, unas putas; un tipo rápido es un tipo inteligente pero una mujer rápida es una puta. Si tomamos las calles para reclamar por nuestros derechos o simplemente salimos a divertirnos somos callejeras: putas, si tenemos mucha experiencia en la vida, somos mujeres de la vida: putas. El hombre público es el que actúa en los ámbitos sociales y políticos, la mujer pública es la que ejerce la prostitución.«
El caso del asesinato de Jimmy.
Se ha cumplido un año de que el aficionado del club Deportivo de la Coruña, conocido como Jimmy, fuera asesinado por el Frente Atlético a orillas del río Manzanares, después de que le propinaran una paliza y lo arrojaran al propio río. Inmediatamente la maquinaria de los mass-media se puso en funcionamiento, inventando hechos cuyo beneficio social favorece al espíritu acrítico que quieren inculcarnos.
En las televisiones y la prensa comenzaron a afirmar con total seguridad, que había sido una pelea concertada por ambas hinchadas futbolísticas, que no pudo ser evitada por la policía y que son cosas de la violencia en el fútbol, además de situar al chico asesinado en la posición de un ultra radical, haciendo desaparecer el análisis social y político profundo que habría que aplicarle correctamente a este hecho. Un año más tarde, muchas de estas afirmaciones se demostraron que fueron mentira, pero no han sido aclaradas ni rectificadas, por lo que esa ha sido la información que quedó retenida en la cabeza de la mayoría de las personas.
Si confiamos en los medios de comunicación, nos harán creer que las víctimas son los culpables. Hay que llamar a las cosas por su nombre, y lo sucedido hace un año fue una agresión fascista que se llevó por delante la vida de un muchacho y seguidor de fútbol. El fútbol como deporte y elemento cultural tiene una vertiente de incidencia sobre la sociedad, nos guste o no ese deporte es una realidad innegable. El fútbol debería servir para exportar valores antirracistas y antifascistas, y servir de cohesión en torno a valores humanos, solidarios y de apoyo mutuo frente a las injusticias. Labor con fuerte contenido social y de barrio que pretenden realizar grupos como Bukaneros, Riazor Blues, Biris, Celtarras, Herri Norte, etc.
Sin embargo, muchos grupúsculos nazis de la sociedad aprovechan, por el contrario, el fútbol y la condescendencia de los clubes y la policía para difundir un ideario autoritario, racista y nacionalista. Introduciendo en ese marco sus agresiones de índole fascista, que son presentados a la sociedad por estos mass-media como reyertas ocasionales y que nada tienen que ver con un problema social como es el auge del fascismo y su terrorismo. En esta vida nuestras decisiones son importantes y somos granitos de arena, podemos decidir actuar en pos de construir una organización y una lucha con valores alternativos a este sistema social, o podemos apoyar al capitalismo con nuestro silencio, y a su brazo armado de carácter fascista.
Un concepto como ultra de la izquierda no es un término aséptico, lleva una carga ideológica evidente pues ha sido elaborado por la propia prensa burguesa. No creo que sufrir una agresión nazi organizada, y permitida por la policía, haga a nadie responsable de su propia muerte, pero al fascismo en este país se le justifica hasta límites insospechados siempre. Ante esos valores antifascistas y solidarios en el fútbol que tratan de transmitir algunos grupos e hinchadas, les convierte en grupos ultras a ojos del capitalismo que combaten.
Una enseñanza de los principios antifascistas y antirracistas, es que frente al nazismo, la unión hace la fuerza y el apoyo entre compañeros es fundamental. Evidentemente entre aficiones de izquierdas existen buenas relaciones, son grupos que pretenden denunciar públicamente el racismo y luchar contra el fascismo en el fútbol. Por lo tanto si sufren agresiones de esa índole, es completamente legítimo para plantar cara a ese autoritarismo con la unión entre antifascistas. No se trata de violencia en el fútbol, se trata de autodefensa y acción directa contra una ideología criminal. La violencia en el fútbol está presente de otras muchas maneras completamente normalizadas, consecuencia de permitir una competitividad agresiva y antideportiva en el mismo.
El fútbol moviliza una cultura social con grandes potenciales.
Mezclar política y deporte puede ser intentar inculcar a través del fútbol valores como solidaridad, antirracismo, unión frente a injusticias. El fútbol es un deporte de masas que no puede ser entendido como un elemento ajeno a la cultura social, por lo tanto esa acción política sobre el fútbol no solo me parece positiva, sino necesaria. Por otro lado, y cosa muy distinta es aprovechar el fútbol como excusa para difundir un ideario nazi. Las perspectivas y maneras de actuar de ambas posturas frente al fútbol me parecen completamente antagonistas, en ningún caso comparables. A la vista han quedado los intereses económicos y mafia que ha tenido montada durante años Ultras Sur con el club Real Madrid, mientras otros en el barrio de Vallekas se dedican a ayudar a personas desahuciadas de sus casas. Los valores humanos son evidentemente distintos, y me reitero en lo anterior, si no se vierten actitudes políticas humanas en el fútbol, por mucho que se quiera evitar mezclar política y fútbol, el fascismo lo instrumentaliza y lo utiliza como medio para cometer agresiones.
Los comportamientos inducidos por los clubes, federaciones y personalidades futbolísticas son inútiles, puesto que dependen de unos intereses económicos y de poder. Es parte del entramado fútbol-mafia que muchas personas conocemos, pero también existe un fútbol entendido de manera popular, activa y en el que podemos ser partícipes. El surgimiento por lo tanto de seguidores que se agrupen en torno a un equipo de fútbol y unos valores conscientemente sociales, no implica actitud fanática o ultra, sino todo lo contrario, la difusión cultural de unos principios humanos y solidarios a través de un evento tan masivo como el fútbol, y la incisión en barrios para generar unidad y tejido social comunitario en torno al deporte.
Hay quien define el fútbol, parafraseando a Von Clausewitz, como la continuación de la guerra por otros medios. Efectivamente, el fútbol no es más que la representación de un enfrentamiento entre oponentes, una batalla desarmada por lograr una victoria. Una representación que, sin embargo, supera con frecuencia el marco en el que se desarrolla para irrumpir con fuerza en conflictos mucho más tangibles y reales.
El ejemplo de la batalla en Port Said (Egipto) es paradigmático. En febrero de 2012, al término de un partido entre el Al-Masry (local) y el Al-Ahli (de la ciudad de El Cairo) los hinchas de ambos equipos de fútbol llevaron la batalla más allá del deporte. Los aficionados del Al-Ahli, visitante, luchaban como defensores de las revueltas árabes frente a los hinchas del Al-Masry, partidarios del régimen de Mubarak quienes asaltaron el campo tras la victoria de su equipo, con la permisividad de las fuerzas policiales. 74 personas murieron. Paradigmático fue también aquel partido que en el año 90 enfrentó al Dinamo Zagreb con el Estrella Roja de Belgrado y que acabó en una batalla sangrienta con trasfondo étnico, el enfrentamiento entre serbios y croatas.
El club de fútbol como símbolo propiamente político es una identificación que se ha vuelto natural con el tiempo. Vázquez Montalbán definió acertadamente al Barça como el «ejército simbólico desarmado de Cataluña» y hoy, la relación conceptual entre este club y buena parte del independentismo en Catalunya es innegable.
Tampoco extraña a nadie que la labor de Bukaneros, seguidores del Rayo Vallecano, tenga un claro componente político y social, muy ligado al barrio trabajador que da nombre al equipo. O que como resultado de tal compromiso, la represión a los grupos de izquierdas y revolucionarios en Vallecas se cebe especialmente con ellos. El ejemplo de Alfon, detenido durante la última Huelga General, es claro; así como el del resto de Bukaneros detenidos durante los últimos meses, con el único motivo de ser activos políticamente y parte de la izquierda.
Ken Loach también remarca esta relación de la clase trabajadora con el fútbol en Buscando a Eric. En ella, un cartero británico aficionado al Manchester United se apoya en su ídolo futbolístico, Eric Cantoná, para retomar las riendas de su vida. Más allá del equipo y del ídolo, el director nos recuerda la importancia del sentimiento comunitario que se genera en torno al fútbol. El mismo sentimiento que lleva a muchos chavales en su día a día a convertir un par de jerséis en una portería y un bote de refresco en una improvisada pelota.
Al otro lado del espectro son bien conscientes de la capacidad de este deporte como elemento propagandístico. A estas alturas resulta ya un lugar común repetir que el sentimiento españolista se ha multiplicado a raíz de las recientes victorias de la selección nacional. Por poner otro ejemplo, también muy claro, los grupos políticos más fachas y reaccionarios han sabido situar al Real Madrid como una institución de su entorno ideológico. Esto se deja notar tanto en el lenguaje que esgrime el club y sus mandatarios como, desde luego, en la actitud de la mayoría de sus aficionados. El franquismo dejó notar su influencia sobre un club que, en algún momento, llegó a ser una referencia para la izquierda. La imagen del Madrid republicano, con sus jugadores alineados puño en alto, refleja esto a la perfección. Sin embargo, tras la dictadura el ya de nuevo renombrado como Real Madrid queda retratado en la expresión atribuida a sus aficionados: «Yo solo creo en Dios, en Franco y en don Santiago Bernabéu». Tal cambio también se dejaría notar en su escudo, que perdería en 2001 el color morado de su banda (color que había adoptado en 1931 en representación de su origen castellano).
La capacidad simbólica del fútbol está, por tanto, más allá de toda duda. Anima conversaciones y debates, enfrentamientos y acuerdos imposibles, pasiones desatadas y rechazo absoluto. Sorprende aún que el fútbol reuniese, en plena guerra mundial, a los soldados de ambos frentes en la Navidad de 1914. Quizá influido por este relato real, el Atlético de Madrid realizó un anuncio televisivo en el que dos combatientes de la Guerra Civil, militantes de bandos contrarios, se encontraban en el bosque. Cuando ambos tenían ya los fusiles apuntados y poco antes de lanzarse a matar o morir, descubren que son los dos aficionados del atlético. Esto cambia el desarrollo de los acontecimientos y los dos combatientes, antes enfrentados, se reconocen ahora como personas afines. El fútbol tendiendo puentes a pesar de la brecha ineludible de la guerra. Aunque se trate de ficción, su fondo remite a una idea muy real: la importancia cultural del fútbol en la psicología y la personalidad de muchos.
La más grande de las cosas pequeñas parece convertirse a veces en lo único importante. Una vía de escape que no soluciona nada, pero que ocupa (o malgasta) grandes cantidades de tiempo. Pero el fútbol, más allá del espectáculo de los grandes clubs, es también una expresión cultural, una forma de socialización y una manera de hacer deporte considerada de manera positiva por muchos.
Un análisis sobre el verdadero papel social de este deporte (de todo el deporte, en realidad) y de los valores que porta está aún por desarrollar. Un análisis que valore tanto sus aspectos negativos como los positivos, que no son pocos.
La crítica al espectáculo y al negocio del fútbol está presente en mayor o menor medida en el movimiento libertario; sin embargo, existen aún muchas implicaciones que no han sido exploradas ni discutidas. Habría mucho que decir, por ejemplo, de la cultura del fútbol desde una óptica feminista y contraria a la heteronormatividad. También está por explorar la función del deporte en la formación cultural de muchos chavales que pasan horas pegando patadas a un balón. Sirvan estos apuntes como caminos abiertos a la exploración y al debate.