¿Qué hay de nuestro proyecto político?

La palabra política no es una palabra vacía, hacemos política en la medida en la que problematizamos el modelo de organización social imperante y nos implicamos activamente en cambiarlo o en crear alternativas. En el debate sobre la atomización del anarquismo surgió la pregunta de por qué sabemos de muchos colectivos y compañeras (de movimientos vecinales, colectivos de barrio, proyectos de economía social, de transición, etc.) que no participaron del encuentro del libro anarquista. En ese debate se puso en cuestión las identidades del anarquismo y las diferencias entre una identidad más «dura» u ortodoxa, con unas fronteras claras, y una identidad «blanda» que se posiciona en función de objetivos y planteamientos más concretos.

Para incidir en la sociedad (con una voluntad política) es necesario insertarse en ella y es evidente que esta, al igual que nosotras mismas, está mediada por el capitalismo y reproduce sus valores neoliberales, patriarcales, individualistas, etc. Para conseguir una inserción social es necesario disputar desde nuestros discursos espacios públicos. Ello nos exige la capacidad de cabalgar las contradicciones que vivimos en un constante proceso de construcción personal y común, y entre la teoría y la práctica.

No negamos la necesidad de cambiar nuestra forma de relacionarnos ni tampoco negamos que la vida cotidiana sea un espacio desde el que crear otro mundo. Pero reivindicamos que solo es revolucionario cuando supone un compromiso continuo contra el orden social en el que vivimos. No es posible cambiar los imaginarios sociales a golpes de decretos pero, aun en grupo, no se puede dar la espalda al contexto que limita los cambios a pequeña escala que logramos día a día.

El anarquismo como forma de vida elige explícitamente el objetivo de vivir de la forma más coherente posible con sus grupos de afinidad abandonando el proyecto de cambiar el mundo. La responsabilidad de convencer, en lugar de asumirse como un compromiso militante sano, se rechaza de plano. Esa elección me suena a rendición frente a la derrota de la historia, lo que nos lleva a concebirnos como individuos en abstracto, desligados de la historia que nos trajo al mundo y de la que estamos por construir. Supone, en definitiva, asumir como propios los postulados individualistas de la ideología liberal que atomiza nuestra sociedad. Desde ese anarquismo individualista es fácil mirar por encima del hombro a quien no se ha deconstruido, a quien come carne o a quien no se solidariza con las huelguistas. Pero se hace desde el cómodo sectarismo de la élite que no cae en contradicciones a costa de no disputar espacios al capitalismo. Otra consecuencia del individualismo que mamamos en el sistema capitalista, es la cerrazón del movimiento en torno a discursos, debates y prácticas hechas por y para las personas que se identifican como anarquistas.

Con esto no quiero decir que todo valga, no podemos dejar de lado los fines más radicales pero los medios que elijamos no pueden convertirse en un fin en si mismo.¿Ser radical es replegarse en utopía individual que salva nuestras contradicciones? En ese último caso quedan vacíos de contenido político, porque «si estáis rodeados de esclavos, aunque seáis su amo, no dejáis de ser un esclavo»i.

La carencia de un análisis histórico del presente nos lleva a no asumir la situación de derrota de la que partimos. De ahí que planteemos discursos grandilocuentes que no anclan en realidades concretas y suenan desfasados en una época en la que nuestro deber es el de acumular fuerzas. Hemos de desarrollar y difundir la idea más allá de nuestros espacios para forjar condiciones que posibiliten una revolución. A la vez que damos espalda a esta realidad, parece que la aceptemos en la práctica con un derrotismo descorazonador. Descorazonador porque parece que los ideales socialistas ya no pretenden cambiar la historia, sino estructurar una ideología que nos permita limpiarnos la conciencia con una burbuja individual de libertad burguesa. Entonces veo como el anarquismo como forma de vida encaja dentro de los esquemas de lo admisible en la dictadura neoliberalii ya que no se propone cambiar el curso de su historia.

Veo a estas sensaciones de desesperanza y pérdida de referencias emerger cíclicamente en el entorno porque la perspectiva que asumimos como movimiento no nos permite poner sobre la mesa preguntas encaminadas a construir un horizonte común para la humanidad y los ecosistemas, para nuestra sociedad. Plantear de forma concreta a qué aspiramos es necesario para orientar nuestra acción política. Sabemos que este aterrizaje en la práctica es un sendero que nos obliga a mirarnos cara a cara con las contradicciones de este sistema, pero de verdad creo que merece la pena transitarlas. Es justamente en ese camino en el que construimos un futuro mejor para todas.

La organización formal aparece como necesaria, no con la voluntad de plantear la unidad de acción, pero sí como un paso adelante en el compromiso político de las revolucionarias en pos de cambios en la sociedad y el mundo que vivimos. Supone llenar de nuevo de contenido la palabra política.

iBakunin, M. Dios y el Estado.

iiBookchin, M. Anarquismo social o anarquismo personal. Un abismo insalvable.

Álvaro, militante de FEL

El anarquismo ante el cierre del ciclo electoral

El ciclo electoral de este año va a tocar pronto su fin. Desde las elecciones Europeas, pasando por las municipales y ahora, se nos viene encima las generales. La apuesta por el asalto insticional de los movimientos sociales tras el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M pronto verá su estancamiento y fracaso. A pesar de los ayuntamientos ganados por las candidaturas ciudadanas como el de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, y algunos más, están teniendo poco margen de maniobra y en el caso de Madrid, están llegando las decepciones, como por ejemplo con esa oficina antidesahucios que no atiende casos de desahucios por alquiler. En buena parte de las medidas tomadas por estos ayuntamientos, se perciben como lentas y en ocasiones, insuficientes. Ahora se acercan las elecciones generales del 20D, donde en algunas encuestas ponen a Ciudadanos, el partido de una derecha renovada, algo ligeramente por encima de Podemos. Se especula que el PP podría gobernar pactando con C’s o con el PSOE. Podemos parece que quedaría en la oposición, o ni llega. El caso es que después de las elecciones la coyuntura cambiará y qué papel nos tocará jugar.

Primero, comencemos por superar las tendencias autodestructivas y derroteras a causa de la influencia de los valores individualistas del neoliberalismo, y luego la inercia de las campañas por la abstención activa. Cada vez que se acercan las elecciones respondemos con lo mismo una y otra vez, sin llevar a cabo una batería de propuestas alternativas enfocadas a potenciar el movimiento popular y la posibilidad de elaborar unas hojas de ruta de ofensiva, sin siquiera pretender articularnos políticamente como movimiento y fuerza política. Cada vez estoy más convencido de que esa abstención activa solo sirve para lavarse las conciencias ante la farsa electoral. En sí mismo, no estoy en contra de quien esté convencida de abstenerse por motivos de conciencia ideológica, ética y/o política, pero no podemos conformarnos con eso. La clave es que se nos presenta un futuro inmediato en que la ilusión del asalto a las instituciones se va a desvanecer (si es que ya está ocurriendo), y que ante las derrotas de las izquierdas, quedará el neoliberalismo y el fascismo. Para superar las sensaciones de derrota y las tendencias autodestructivas, es imprescindible el dejar de ir a la deriva en estos mares revueltos renunciando a disputar nuestro hueco en el espacio social y político. Tomemos el timón de una vez y pongamos rumbo a nuestro barco, pasemos del voluntarismo y las inercias a la responsabilidad política, es decir, abordar los problemas actuales a través de una política que apunte a la revolución social y a la conquista por lo existente desde la lucha de clases. He aquí una serie de propuestas e ideas a debatir y desarrollar desde lo libertario;

En cuanto a la cuestión interna

Durante este último año, el anarquismo está experimentando un cambio de tendencias y comienzan a darse procesos de debates internos y surgen nuevas dinámicas de actuación que viran hacia la inserción social y la construcción de una línea política. Este proceso se da en el Estado español con organizaciones de tendencia como la FEL en varios puntos del territorio español y Liza en el ámbito gallego, y organizaciones políticas como Embat en Catalunya y Apoyo Mutuo que pretende ser a nivel nacional. Luego cabría mencionar a la CNT que están organizando su XI congreso este mes de diciembre, y CGT, continuando con su andadura en lo sindical. Cabe mencionar también a la FAGC por su gran labor en la lucha por la vivienda digna a través de los realojos y expropiaciones de viviendas. Durante este año se han detectado los problemas que surgen al pasar al terreno de la praxis y estamos viendo las carencias que tenemos. Es momento de que vayamos encontrando soluciones y vayamos logrando experiencias militantes, a la vez que generemos aportaciones teóricas a partir de estas experiencias y los procesos de debates que se dan y se darán. Ante este nuevo ciclo, las tareas que nos competen como anarquistas que aspiramos a construir un movimiento revolucionario serían, por ejemplo, éstas:

La formación es imprescindible, pero no nos sirve la formación por la formación, sino la formación destinado a un objetivo concreto, que en nuestro caso es la construcción de la tendencia revolucionaria del anarquismo, pasando también por un cambio en nuestra cultura militante. Para ello, es necesario la creación de itinerarios formativos específicos en los siguientes aspectos: como por ejemplo, sobre teoría revolucionaria, historia del movimiento obrero y el papel del anarquismo en ella; sobre estructura orgánica interna de nuestras organizaciones, las experiencias militantes, la comunicación y las relaciones con el entorno, etc. Interesante es mencionar esta serie de Introducción al Anarquismo (I, II, III, IV y V), donde se abrirá un proceso de debate y hay aportaciones de material formativo al respecto.

Ir perfilando el modelo de sociedad que queremos trabajando estos campos: sistema político y política económica, marco de relaciones laborales, ordenación del territorio y gestión de los recursos, gestión comunitaria de los servicios públicos, la autodeterminación de los pueblos, el empoderamiento de la mujer, las cuestiones culturales y étnicas, relaciones internacionales con otros pueblos oprimidos, migración… que constituirían primero un proyecto de país y luego nuestro proyecto político socialista libertario: socialización de los medios de producción y los instrumentos de trabajo, administración política democrática, descentralización de la ordenación del territorio, soberanía alimentaria…

Elaborar los programas y hojas de ruta acordes al proyecto político que queremos construir y trazar la línea política, estratégica y de actuación comunes a seguir e implementar en conjunto con el movimiento popular. En otras palabras, articular políticamente el anarquismo e intervenir como actor político y social en la coyuntura dada.

Relaciones internacionales. En un mundo globalizado, también sería positivo tener contactos en otros países para intercambiar experiencias o aprender de movimientos revolucionarios como el kurdo en Rojava y Bakur (Kurdistán norte).

Creación de una línea gráfica atractiva y fácilmente identificable con nuestro proyecto político, nuestras organizaciones, nuestro discurso y nuestra tendencia, además de una estrategia comunicativa renovada que apunte a la inserción social y a la visibilización de nuestra alternativa política en el movimiento popular y entre la clase trabajadora. Además, necesitaremos tener contactos con periodistas que puedan darnos más cobertura mediática, y no hablo solo de crear nuestros medios que sean solventes y vayan haciéndose hueco en el espacio mediático.

Dotación de las estructuras necesarias para llevar a cabo nuestras tareas políticas y sociales: organización de militantes, organizaciones juveniles, organizaciones feministas, articulación de movimiento en frentes de masas, articulación multisectorial de los frentes que impulsamos, política de alianzas con otras tendencias políticas, consolidación de organismos del poder popular (asambleas de barrio, sindicatos, cooperativas integrales, …), configurar redes de solidaridad y apoyo mutuo, organismos antirrepresivos, medios de comunicación profesionales propios etc.

Participación en espacios amplios y configuración de una política de alianzas. En vez de crear algo libertario desde cero, insertarse ya en los espacios sociales existentes tratando de que dichos espacios vayan adquiriendo métodos libertarios, contribuir a su fortalecimiento y defender su autonomía. Fomentar la creación de estructuras amplias como asambleas de estudiantes, de parados, de trabajadores, de barrio…, secciones sindicales… Meterse en AMPAs, asociaciones de vecinos, campamentos, scouts, asociaciones deportivas, etc, y pelear desde allí con los problemas que surjan serían otras opciones a tener en cuenta. Luego, la política de alianzas es otro aspecto a desarrollar, ya que tendremos que trabajar en los frentes amplios con otras tendencias políticas y sumar fuerzas por lograr objetivos comunes.

La clave está en que después de las elecciones vayamos asentándonos poco a poco dejando atrás los vicios derrotistas, nihilistas y de autoconsumo, para ir construyendo y consolidando una alternativa política real desde la responsabilidad política, con esfuerzo, trabajo constante y paciencia.

¿Qué hacer?

Obviamente, la estructuración de nuestra tendencia debe servir como punta de lanza para producir los cambios sociales en estos tiempos. Por eso, a la vez que vamos consolidando nuestra tendencia, tenemos que ir reflejándolo en trabajo real en los siguientes ámbitos. Son muchos frentes que tendríamos que ir abriendo, así que a continuación mencionaré algunos ejemplos de ellos y pondré ideas de hojas de ruta:

Vivienda y barrios. Los desahucios seguirán habiendo, tanto por impagos del alquiler o la hipoteca como por ocupación. En este aspecto, la PAH está abordando el tema de manera bastante eficaz con las obras sociales, ocupaciones de sucursales y la ILP. Sin embargo, aún podríamos empujar un poco más, y en este aspecto, la expropiación de las viviendas de la SAREB (el banco malo utilizado para absorber los activos tóxicos financiado con dinero público y propietario de viviendas vacías), podría estar en el punto de mira.

Género. Las violencias machistas son un problema social bastante considerable. No solo hablaríamos del maltrato y los asesinatos, sino también el acoso callejero, el aborto, la brecha salarial y la desigualdad de oportunidades, los cuidados, la discriminación,  etc… Temas que deberían ser tratados a través de los feminismos y las organizaciones feministas.

Trabajo. La reducción del paro que tanto alardea el gobierno del PP es sinónimo de precariedad y trabajo temporal o a tiempo parcial. La actitud pasiva y servil de los sindicatos mayoritarios hacen que la patronal se frote las manos, y si a eso le sumamos las peleas de los sindicatos pequeños, ya se descojonan. En este sentido, potenciar estos sindicatos alternativos así como la creación de asambleas en el centro de trabajo, secciones sindicales y asambleas de parados, sería un buen punto de partida. Por otro lado, una posible estrategia de ofensiva pasaría por ganar representatividad en las empresas en pos de controlar la contratación, firmar convenios, controlar bolsas de empleo e incluso prestaciones, si nos ponemos ambiciosos. También desde el sindicalismo de clase se puede plantear la configuración de un nuevo marco de relaciones laborales que sea favorable a la clase trabajadora: derogación de la actual reforma laboral, reducción de jornada sin reducción de salario, etc.

Represión. Los golpes represivos están sangrando al movimiento popular y es necesario poner sobre la mesa medidas de contraataque. Como ya se dijo anteriormente, la represión afecta a todo el movimiento popular y es necesario responder desde allí a través de la creación de mesas multisectoriales, contactos con abogados, contar con asesoría legal y lograr visibilización mediática. Una interesante campaña desde donde articular una respuesta antirrepresiva amplia es el de la amnistía social y empujar desde allí por la absolución de activistas sociales, huelguistas y sindicalistas, ecologistas y militantes de diversas tendencias de izquierda. Por otro lado, exigir la derogación de la Ley Mordaza también sería un buen punto. Es necesario un frente amplio y coordinado a nivel estatal con sus redes para estrechar lazos solidarios e impedir que nos aíslen y criminalicen.

Servicios públicos. Ya se puso sobre la mesa desde los movimientos sociales la cuestión de la remunicipalización, propuesta bastante interesante para ir recuperando el expolio que supone las privatizaciones y las externalizaciones. En este sentido, no solo queremos que, por ejemplo, la Sanidad y la Educación sean públicos, sino lanzar una ofensiva desde los movimientos populares a por la gestión popular, que consiste básicamente en la gestión democrática de dichos servicios con la participación de profesionales y trabajadores del sector y los y las usuarias.

Y podríamos seguir tratando más asuntos como la memoria histórica, el medio ambiente, la cuestión nacional, migración, el movimiento estudiantil, etc… y aspirar a la articulación multisectorial de todos los frentes de lucha abiertos, es decir, que todas las luchas estén conectadas. Tenemos que volver a ilusionar, levantar nuestra propia moral, echar abajo las actitudes derroteras y recoger el testigo que dejó el anarquismo revolucionario del primer tercio del siglo XX. El «no hay alternativa» es influencia burguesa y de Thatcher, impropio de una tendencia política que se declara revolucionaria y aspira al socialismo. Para este próximo 2016, será nuestro momento para ir aplicando las tareas que compete al anarquismo revolucionario. Nos queda pues mucho trabajo por delante y es momento de ponernos manos a la obra preparándonos para una coyuntura que se va a presentar agitada y que si no cogemos el tren en estos momentos, seguramente lleguemos tarde y el fascismo se haga con el poder. En estas próximas elecciones, el votar o abstenerse es una decisión personal y de una importancia menor. Lo realmente importante es que al cierre del ciclo electoral vayamos preparándonos para abrir un nuevo ciclo de luchas y constituirnos como actor político referente en impulsar esas luchas.

¿Esos veganos quieren llevarnos a la ruina?

Este mismo otoño, ocurría algo no muy novedoso: eran liberados unos tres mil faisanes de una granja de Macotera (Salamanca). Para mí -me permito hablar en singular, pues esto es, en cierto sentido, personal- era otra acción exitosa por la liberación animal de la que tenía noticia. Pero tuve noticia de ello por un conocido, al que tengo en buena estima, que es familiar de los criadores de faisanes en cuestión y que estaba más que furioso por la noticia y más que asombrado de saber que existía algo como el Frente de Liberación Animal. Ver algo así y ver la distancia de ideas entre ambos me hizo ver aún más la importancia de abordar esa misma distancia.

Creo que somos unas cuantas las que tenemos la impresión de que cada vez se habla más de veganismo, pero no tanto de liberación animal, que es el principal corazón del veganismo. En esta misma web lo hemos visto a veces: está claro que las antiespecistas aspiramos a acabar, entre otras cosas, con la ganadería y la pesca, pero no tan claro qué queremos a decir a quienes directa o indirectamente dependen de ellas y que, en su mayoría, pertenecen a nuestra misma clase, la clase oprimida.

¿Qué proponen las antiespecistas a quienes viven del especismo?

El antiespecismo explica a las personas especistas -y todas o casi todas lo hemos sido durante años y años- que los animales de otras especies son más cercanos a nosotros que a los demás seres vivos (vegetales, hongos, etc.) y que en ningún caso son cosas, lo que lleva a la necesidad de darles un status moral y jurídico que sea más cercano al nuestro, considerarles en función de lo que son y no de lo que nos parece hacer con ellos. Suscita resistencia que a una le pidan que se cuestione sus relaciones con los demás animales, cosa que implica, para empezar, nada menos que dejar de comer carne y pescado (algo así como una tragedia inconmensurable, a juzgar por algunas reacciones). Cuando se trata de una persona que vive de ello, la cosa va más lejos: le estamos llamando a renunciar a su sustento del momento, el cual, a menudo y para colmo, es un trabajo heredado en la familia, algo casi tan difícil de poner en duda como el lugar en que vive o el color de su pelo.

Partiendo del antiespecismo anarquista -que es el único que entendemos y defendemos-, nos encontramos con la dificultad de explicar a otras libertarias qué proponemos exactamente. Suponiendo que podamos y queramos seguir venciendo cada vez más resistencias o, como mínimo, que queramos hablar a quienes estén dispuestas a escucharnos, aunque no sepan si posicionarse con o contra nosotras, ¿qué queremos decirles?

En realidad, un sistema comunista libertario y no especista no sería tremendamente distinto de otras formas de entender el comunismo libertario tal como lo hacemos hoy (en lo que el anarquismo ha evolucionado hasta hoy: consciencia de los límites materiales y energéticos de la economía, de la falta de neutralidad del saber y de la técnología, etc.).

Est articulista entiende que la base sería el individuo soberano en el seno de una comunidad también soberana. Comunidades soberanas que seguramente tenderían a ser mucho más pequeñas que las grandes ciudades actuales: estas cubren superficies inmensas que obligan a recorrer distancias absurdas, con el consecuente gasto de tiempo x energía (cuanto menos de lo uno, más de lo otro) que responde a lo que el mercado empujó a hacer a nuestros antepasados (emigrar a la ciudad, hacerla crecer, desarrollar medios de transporte rápidos) que a algún tipo de necesidad. Tampoco vemos cómo se podría creer una verdadera comunidad, con verdaderos lazos humanos, entre cientos de miles o millones de desconocidos. Hablamos de soberanía política para tomar decisiones, pero también de soberanía alimentaria y, en definitiva, económica: cada comunidad tendría que compensar los límites de lo que se encuentre en su territorio y trocar con otras, lo más cercanas que sea posible, aquello que les sobrase por aquello que les faltase. Y hablamos de una economía sin salario, con altísima rotación en las tareas y poca especialización (no cualquiera vale para cirujano, pero la mayoría de trabajos requieren una cualificación escasa o adquirida mediante la práctica) sin apenas servicios y cuya industria y construcción probablemente se basaría antes en la reparación de lo ya fabricado o construido que en la fabricación o construcción de cosas nuevas. De todos modos, el pricipal sector probablemente volvería a ser el primario, en este caso, en forma de agricultura y recolección. En el estado de devastación al que la agroindustria ha llevado al suelo (mención especial para la forrajera, la destinada al consumo de ganado para que sea, a su vez, consumido por nosotras) la desurbanización mencionada es especialmente importante: todo el suelo y toda la vegetación son pocas para intentar dejar a los ecosistemas reponerse del maltrato al que han sido sometidos. En este sentido, no sólo el respeto por los demás animales nos pone contra la ganadería, la preocupación por el envenenamiento del suelo por los purines nos pone contra la ganadería intensiva y especializada desde ya (comparemos la cantidad de cerdos que viven en una granja media y el territorio que ocupan: hablamos de fincas básicamente regadas con el orín de los cochinos, cosa que se reproduce a gran escala en zonas de Segovia o del interior de Catalunya, sin ir más lejos).

La agricultura sería fundamental, pero no podrá ser la de hoy día, no por mucho tiempo. El mercado ha empujado a la agricultura al envenenamiento generalizado mediante pesticidas y a los monocultivos que empobrecen el suelo y convierten algunas plagas en catástrofes, sería conveniente que la agricultura se fuera emancipando de esos lastres y tendiera a la rotación en función de lo que las diferentes especies hacen a cada suelo (y del suelo en sí: no todas las tierras sirven para el regadío, asumámoslo). En todo caso, la recolección iría de la mano de la agricultura. Muchas especies comestibles de plantas y hongos se pueden encontrar de manera salvaje y podrían consumirse de manera razonable, como han hecho históricamente comunidades de todo tipo; de hecho, hoy día solemos consumir un puñado de especies particularmente interesantes, pero históricamente se han consumido unas siete mil especies vegetales (si consideramos todo el planeta) y la inmensa mayoría de las especies comestibles (más de treinta y cinco mil)  no son nada o casi nada comidas, si bien a veces se come una parte (frutos, por lo general) y se ignoran otras que pueden también ser comestibles (raíces, tallo, hojas).

¿Hoy día se puede avanzar algo en esta dirección?

Hoy día, siendo cuatro las anarquistas y antiespecistas y dos las que estamos por ambas cosas, por así decir, probablemente lo que se pueda avanzar sea poco tirando a casi nada, pero eso ya es más que nada. El trabajo, a día de hoy, podría seguir en paralelo (en el caso del antiespecismo, denunciar las industrias ganadera y pesquera, la experimentación en animales, la caza deportiva, etc.; en el caso del anarquismo, la inserción en el ámbito sindical, en el movimiento por la vivienda, grupos de apoyo mutuo, por la asistencia sanitaria universal, etc., aunque también la elaboración y difusión de consignas y planteamientos explícitamente anarquistas). No obstante, toda confluencia puede ayudar a tender puentes que harán falta, sea el apoyo a las plantillas en conflicto de empresas especistas (en este momento, en el caso de la región española, existe el de Servicarne) o la puesta en contexto de posiciones geopolíticas respecto de intereses industriales pesqueros y del expolio de caladeros (¿qué hacen pesqueros españoles en aguas marroquíes? ¿y en aguas que administra Marruecos, pero que son reivindicadas por la resistencia saharaui? ¿y qué hacen en aguas somalíes? ¿alguien cree que todo esto no tiene contrapartidas y repercusiones?), por poner dos ejemplos.

Más allá de esto, aumentar la inserción social de las anarquistas habrá de aumentar la (especialmente escasa) inserción social en el ámbito rural. En la medida en que el tejido social, incluido el apoyo mutuo material, haga menos acuciante la necesidad de dinero procedente de estas actividades, la presión capitalista se aflojará y, además, si bien no se les proporcionaría un apoyo en un sentido proteccionista en que se suele pensar (mayores, ni siquiera, iguales subvenciones supraestatales o estatales) menos aún se haría esto con quienes les hacen la competencia desde la gran industria intensiva. Si conseguimos una presencia relevante entre asalariadas y pequeñas propietarias de estos sectores, tendrán que saber que no queremos dejarlas tiradas, sino facilitarles y acompañarles en algo que entendemos necesario antes o después: el desmantelamiento y reconversión de sus actividades a la agricultura, recolección, reforestación y demás.

Introducción al anarquismo (V). En la realidad material

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En la realidad material

Finalizamos esta serie de Introducción al anarquismo hablando un poco sobre la praxis. He de decir que teorizar demasiado respecto a ella es inútil, y que en la teoría se puede jugar a ser Dios ya que sobre papel (o formato digital) aguanta todo. No obstante, sería interesante comentar algunos tips (consejos) para ir comenzando a tener rodaje y que teoría y práctica deben mantener una relación dialéctica y de retroalimentación, ya que es imposible que exista un movimiento revolucionario solo en lo teórico, así como que una praxis sin teoría detrás está concenado a actuar por inercias, siempre forzada/arrastrada por la coyuntura y nunca capaz de insertarse en ella activamente como actor político de cambio.

Dependiendo de una coyuntura u otra, optaremos por unas vías u otras. La cuestión está en que sepamos elegir las vías adecuadas tras realizar un adecuado diagnóstico acorde a los trabajos de análisis de coyuntura explicado en la anterior entrega. Así por ejemplo, optar por la vía insurreccional sin contar con una base social amplia ni articular un aparato político-militar fuerte, sería un suicidio. En ese caso, sería más acertado una estrategia del poder popular basada en la inserción social que apunte a fortalecer los movimientos populares a la vez que vayamos articulándonos políticamente. En otras palabras, constituirnos como actor político y aumentar nuestra fuerza real para cambiar la configuración de la correlación de fuerzas en el escenario.

Optar por la inserción social requiere necesariamente participar en espacios amplios o frentes sectoriales, teniendo en cuenta que esta táctica está enmarcada en una estrategia más amplia que es la construcción del poder popular. He aquí unos pequeños tips para la inserción social:

—Lo primero es hacer un mapeo rápido de lo que nos rodea, con quiénes contamos y en qué espacios podemos participar.
—Es importante saber que no obtendremos resultados inmediatos, y que tampoco podemos forzar las cosas ni adelantarnos a lo existente. Por lo tanto, hay que abordar la praxis desde la humildad y con paciencia.
—Comenzar con pequeños detalles y realizando pequeñas tareas en colectivo.
—Mantener en lo posible una actitud constructiva, escuchando y tratando de no bloquear propuestas.
—No sobreexigirnos ni a nosotras mismas ni a nadie. Una sobrecarga de trabajo o de estrés provoca bajas en la militancia y en el activismo, lo que es algo poco deseado.

Os recuerdo que todo se va a aprendiendo con el rodaje y que el proceso que queremos impulsar necesita tiempo. Reseñaré a continuación una recopilación de una serie de artículos escrito anteriormente en la web bastante interesante al respecto que comenta acerca de cómo comenzar a movilizarse y/o participar en espacios sociales que tenemos en nuestro entorno.

Otro tema fundamental es que comencemos a trabajar en el tema de la comunicación, puesto que saber comunicar correctamente nuestro mensaje es requisito imprescindible para que nuestro movimiento se visibilice, se reconozca en las luchas sociales y ante la sociedad, y por ello, crezcamos como tendencia política. En este aspecto, debemos de dejar de hablarnos para nosotras mismas únicamente. La comunicación interna es importante para mantenernos en contacto y conocer nuestra actividad, pero también debemos saber comunicarnos con el exterior. Rescato aquí esta pequeña serie de artículos sobre comunicación: Parte1, Parte2, Parte3.

Como he dicho en la primera entrega, las experiencias militantes se adquirirán en el curso de las luchas y aprenderemos de otros compañeros y compañeras de lucha. En el terreno de la praxis, encontraremos muchos problemas, debilidades, obstáculos y contradicciones que tendremos que ir resolviendo. Tampoco existen recetas mágicas ni militantes modelo a seguir, lo importante serán las ganas, la perseverancia, la disciplina voluntaria, la responsabilidad, la humildad y, por supuesto, la solidaridad y el apoyo mutuo; aportando siempre acorde a las posibilidades de cada cual.

Espero que esta serie de artículos haya sido útil y puede que quizá sirviera para crear un itinerario formativo mejor que éste, más completo e incluyendo más disciplinas de las ciencias sociales que aquí no se pudo tratar. Ahora es el momento, pues nos espera una nueva coyuntura en la cual tenemos que ser capaces de posicionarnos como alternativa revolucionaria.

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Contra el ghetto y el derrotismo en lo libertario

Quisiera escribir un pequeño artículo a vuelapluma sobre una cuestión de actitud importante en el anarquismo actual. Se trata de la falta de militancia en espacios amplios. No quiero entrar en lo de los espacios políticos amplios, como pueden ser las campañas o las coordinadoras de grupos distintos que tratan una problemática común, ya que poco a poco el sector libertario va estando cada vez más presente; se trata de la falta de inserción en espacios sociales. Yo lo achaco a dos causas que aparentemente se contradicen: al elitismo y al derrotismo.

Comencemos. Considero que el movimiento libertario ha sido el eterno perdedor de las izquierdas durante el siglo XX. Esto nos ha llevado a una situación de marginalidad política en la mayoría de sociedades en las que tenemos presencia. Afortunadamente las ideas y los colectivos anarquistas en nuestros tiempos tienen ya un alcance mundial. Pero seguimos perdidos políticamente, sin capacidad de incidencia, más allá de campañas puntuales o de protestas callejeras visibles.

Esta situación nos conduce a dos conclusiones:

—Una es la que somos lo mejor de la sociedad. Que los demás no están a nuestro nivel teórico o que no han acertado históricamente a dar con las soluciones que han aportado las libertarias, exceptuando posiblemente consejistas, autónomas, luxemburguistas, comunistas de izquierda y otros tipos de marxismos libertarios. De aquí se desprende uno de los grandes problemas de las izquierdas a la hora de hablar con «la gente normal», el elitismo. Inevitablemente nos consideramos mejores que nuestras vecinas por el hecho de ser anarquistas. Y esto se puede trasladar a la hora de cómo consideramos a las demás tendencias políticas que hay en la sociedad. Resultado: «Yo no me junto con ésta o esta otra porque no está a mi altura y no nos entendemos».

—La otra conclusión es la opuesta. Si nos juntamos con otra gente es muy posible que nuestras ideas y prácticas queden diluidas en la cacofonía de las muchedumbres. Nuestra idea es una de tantas y no es probable que se imponga sin una larga, desagradable y desgastante pugna de ideas. Hay quien va más allá y defiende que no merece la pena entrar en espacios plurales porque otras fuerzas políticas se mueven como pez en el agua en esos terrenos. Por tanto, nuestro esfuerzo solo servirá para contribuir a la victoria de esas fuerzas. El resultado es que «yo no entro en esto porque no merece la pena el esfuerzo».

Ambas conclusiones son hijas de un hecho bastante palpable, que es la falta de seguridad, o directamente la negación de la posiblidad de una transformación social (llámese revolución) en un plazo de tiempo breve. Y como este cambio social es para dentro de muchos años, pues los años que nos quedan los aprovechamos en nuestros espacios de confort, que se suele conocer como el «ghetto» o el mundillo. ¿Para qué mezclarse con gente que no te va a comprender? ¿para qué entrar en espacios sociales donde tu existencia será una guerra constante con otras visiones? La respuesta fácil es vivir tranquilamente los años que dure tu socialización como anarquista.

Si el movimiento anarquista ha dejado de creer en la posibilidad del cambio social, ¿a qué juega? Pues a lo que puede jugar: a vivir la anarquía aquí y ahora, dentro del capitalismo. Esto no es otra cosa que dar la espalda a la sociedad que no te comprenderá e intentar una coherencia libresca que te alejará aún más de la sociedad que no te comprende.

La gente que está en los espacios plurales y comunes con otras personas de otras tendencias políticas es raro que esté de otra manera que a título individual. Participas como persona interesada en X, y no como miembro del movimiento libertario que también se interesa en X. Como digo esto cada vez más se va superando en lo social y en el activismo.

Pero donde no se está superando es en la vida cotidiana. Y por ello vemos cosas como que los padres y madres del entorno libertario prefieren crear una escuela libre desde cero a luchar desde el AMPA del cole por una educación decente en una escuela pública. O crear un grupo excursionista desde el Ateneo Libertario que durará 1 año a lo sumo, a integrate en la unión excursionista de tu ciudad. O que es mejor montar un ciclo de cine-forum en tu CSO que no entrar a participar en el grupo de cine de barrio que monta las cosas en el Centro Cívico. O que mejor tener una asamblea popular agonizante o una coordinadora de colectivos que recuperar y revitalizar las asociaciones vecinales. Todo esto son ejemplos de lo expuesto: no nos creemos el cambio social que proclamamos y no buscamos extender nuestras ideas más allá de las paredes de nuestros locales.

Por que si no haríamos como nuestros sobre-mitificados antecesores que no creaban ateneos libertarios sino ateneos obreros (hasta casi la Guerra civil no hubo el primer ateneo apellidado libertario), que participaban en las agrupaciones esperantistas, en los grupos corales, en las uniones excursionistas, en los equipos de fútbol, en los certámenes literarios y poéticos, en los juegos florales…

Por poner las cosas en su lugar, en 1870 cuando se funda la FRE, sección de la Internacional en España, el congreso decidió abrir un debate público sobre el socialismo con sus oponentes políticos. Invitaron a varios tertulianos burgueses y llevaron a cabo un debate durante varias horas. Creían en lo que hacían. Creían sinceramente en la revolución social. Querían convencer. Querían englobar en su movimiento a su vecindario, a sus compañeros de trabajo, a sus familiares… Y no querían separarse simbólica o estéticamente de su entorno. Y si lo hacían era porque estaban convencidas de su hegemonía total en el territorio.

Fue a partir de los años 50, 60 o 70 (dependiendo del país) cuando apareció la dinámica del consumismo, del individualismo, del querer diferenciarnos de los de al lado. El capitalismo nos representaba como consumidoras únicas e irrepetibles. Nos hablaba a cada una para vendernos sus productos. Con aquella bonanza (más o menos) económica llegó la educación pública para casi todo el mundo. Generaciones de jóvenes recibieron instrucción y fueron socializadas por la publicidad. En aquellos años se iba configurando una identidad juvenil que fue ayudada por la cultura popular de su tiempo, la cultura que iban creando en base a la música y a sus gustos estéticos.

La exaltación del «yo» y definir tu identidad en base a tus gustos estéticos y musicales traspasó a los movimientos contestatarios. Y cuando las opciones radicales fueron derrotadas a finales de los 70, solamente quedó una radicalidad estética y cultural, o subcultural. De esta forma el ghetto activista, izquierdista y anarquista ha estado poderosamente influido por la estética, incluso estética del lenguaje. Al tener la certeza de que tu opción política no cambiará las cosas, te pones a pulir el lenguaje y te encierras en los principios; que obviamente excluyen al resto de la población, que se rige por otros principios.

El ghetto anarquista no es algo nuevo, llegado en los 90. Escritores anarquistas nos definen muy bien el ghetto en París en 1890, en Barcelona en 1905 y en 1931, en Buenos Aires en 1925 o incluso en Moscú en 1918. El crear ghettos es una tendencia incluso lógica en el comportamiento humano que se basa en juntarte con quien tienes afinidad. El problema es cuando te consideras un movimiento revolucionario. Entonces el ghetto supone un freno en las expectativas del cambio social, ya que solamente te interesa tu gente.

Y el ghetto, que se basa en unos clichés, en unas normas sociales de comportamiento, de lenguaje y en unos cuantos principios compartidos, se vuelve en contra de toda posibilidad de cambio social. Cualquier lucha de la gente común no es lo bastante radical. Cualquier cambio, es inútil. Cualquier nuevo movimiento social masivo es reformista. Y así sucesivamente, en una dinámica de apariencia derrotista, ya que no importa lo que se haga, que no servirá para nada.

La pregunta final es, ¿queremos realmente un cambio social o nos gusta vivir la vida pirata dentro del capitalismo?

@blackspartak

La desorganización y otros cánceres

Qué bello es soñar con un mundo anarquista en armonía y libertad, ¿verdad? Ver que el viejo mundo capitalista se consume en llamas y ser parte de la gente bailando al son de la revolución social debe ser maravilloso. Tan maravilloso como para hacerse pajas con el individualismo, la violencia callejera, la estética rebelde o el nihilismo. Pero estos sueños infantiles solo son el consuelo de la impotencia en que nos vemos actualmente sumergidas ante la agudización de los conflictos sociales en medio de la tempestad neoliberal. De lo que un siglo atrás fue un movimiento amplio, diverso y revolucionario, hoy quedan sus restos que yacen desperdigados por el mundo entero, salvo honrosas excepciones donde brotan y crecen movimientos anarquistas prometedores.

La realidad material, al margen de las interpretaciones subjetivas de la misma, siempre será el escenario del que no podremos bajarnos, salvo recurriendo al suicidio, en donde la huida solo supone una salida a la desesperada y que tarde o temprano nos pillarían con el culo al aire. Y es que hoy por hoy vemos en el mundo cómo están masacrando a los pueblos: Gaza, Cisjordania, la comunidad yezedí atrapada en el monte Sinjal por el ISIS, el pueblo ucraniano, el reciente asesinato de Michael Brown y la represión militarizada en Ferguson… y cómo la dignidad rebelde de los pueblos combaten esas opresiones: las comunidades zapatistas, el pueblo kurdo de Siria y Turquía, las milicias antifascistas, las Brigadas Internacionales en Donbass, Donetsk y Lugansk… Para luego volver aquí y ver cómo derriban CSO sin esfuerzo, la impunidad de los violadores, corruptos, narcotraficantes y demás parásitos sociales, cómo endurecen el Código Penal, y cómo el fascismo avanza en el Estado Español y en Europa ante un movimiento obrero mayormente desorganizado. Nos preguntamos. ¿Dónde están los y las anarquistas? ¿Dando guerra a todas las injusticias sociales? ¡No! ¡Que si luchas reformistas, que si autoritarismos! ¡Que además del lastre que llevamos tengamos que lidiar con los machismos —pues son los que realmente dividen a la clase trabajadora y el movimiento— en nuestros espacios! Y quienes se mojan realmente, esos y esas que, con todos sus defectos, están en los sindicatos dando la cara, parando desahucios, llevando CSO adelante, en las asambleas estudiantiles, defendiendo los servicios públicos, etc sean tachadas por los guardianes de la ortodoxia y ciertos insurreccionalistas de reformistas.

Tras haber traducido la entrevista al anarquista de Donetsk, haber leído los comunicados de los brigadistas que fueron a combatir con las milicias antifascistas del este de Ucrania¹, ver cómo están haciendo la revolución social en Rojava, Kurdistán sirio, y sus milicias (YPG e YPJ) combatiendo contra ISIS, entre otros movimientos como el estudiantil chileno o las zapatistas; y luego reflexionar haciendo un balance de todo esto, no puedo sino señalar y criticar el maldito cáncer que arrastra el actual anarquismo: la desorganización. Y a todo ello le sumamos la verborrea incendiaria del caos y la violencia, las estéticas de tribus urbanas, los ramalazos puristas, el machismo y demás cánceres que no hacen más que tirar en la dirección opuesta y llevarnos a la marginalidad. Es triste ver que lo que podría ser una fuerza revolucionaria referente en la lucha de clases, se vea en buena parte de los países capitalistas avanzados, fragmentado en átomos (con sus excepciones, claro). Es triste ver cómo ciertos sectores le hacen el juego a la burguesía asumiendo que el anarquismo es violencia, caos, destrucción y terrorismo. Es triste ver que solo se haga política para el ghetto y no para los movimientos populares. Es triste ver cómo todo marcha mientras muchas de nosotras nos quedamos atrás.

A pesar de todo, tengo esperanzas en que algún día ya no tenga que escribir más sobre esto, que el problema de los elementos anti-organizacionales en el anarquismo sean historia. Pero no basta con esperar, hay que construir movimiento haciendo del anarquismo una herramienta práctica, útil y creadora, que potencie las estructuras horizontales en la lucha social, que aporte soluciones a las necesidades inmediatas y nos defina a la vez proyectos de futuro, y que a través de los movimientos sociales articulemos un anarquismo organizado para la lucha de clases. No cometamos el mismo error del anarquismo en la Revolución rusa de 1917, que fragmentado y desorganizado, fue superado fácilmente por el bolchevismo. Aún estamos a tiempo de ser otra vez movimiento social y fuerza política. Ahora más que nunca, ¡anarquismo social y organizado!

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1- Aquí y aquí

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