Apuntes sobre El Capital V: Producción de valores de uso y de la plusvalía

El trabajo en general y sus elementos

El uso o empleo de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar al que la vende para que produzca mercancías. Para ello, su trabajo debe ser útil, es decir, debe concretarse en valores de uso. El capitalista hace producir al obrero un valor de uso particular pero la intervención del capitalista no modifica la naturaleza misma del trabajo, por lo que vamos a examinar el movimiento del trabajo útil en general. Los elementos simples de un trabajo son los siguientes:

1. La actividad personal del individuo, o el trabajo propiamente dicho. Esta actividad constituye un gasto de las fuerzas de las que está dotado su cuerpo.

2. El objeto en que se ejerce el trabajo. Los materiales naturales a transformar (árboles, rocas…) o las materias primas, que son objetos sobre los que ya se ha ejercido un trabajo (tablones de madera, mineral lavado…)

3. El medio de trabajo. El conjunto de cosas que median entre el productor y el objeto de trabajo. La persona convierte cosas exteriores en órganos de su propia actividad, instrumentos auxiliares para realizar su acción. Además de estas herramientas, los medios de trabajo comprenden todas las condiciones materiales que, sin entrar directamente en las operaciones ejecutadas, son indispensables y cuya carencia haría defectuoso el trabajo.

En la acción del trabajo, la actividad del hombre efectúa, con ayuda de los medios de trabajo, una modificación voluntaria de su objeto. Esa acción tiene su fin en el producto terminado, es decir, en un valor de uso.

Excepto en la industria extractiva (minas, caza, pesca, recolección, tala…) en las demás ramas del trabajo entran materias primas (objetos sobre los que ya se ha efectuado un trabajo). El producto de un trabajo llega a ser así el medio de producción de otro. Además, el mismo producto puede ser la materia prima de diferentes operaciones (que dan lugar a diferentes productos) e incluso el mismo producto puede servir de medio de trabajo y de materia prima al mismo tiempo (por ejemplo el animal que, en la ganadería, funciona como materia prima trabajada y como medio de trabajo preparando estiércol). En definitiva, este carácter del producto depende del lugar que ocupa en el acto del trabajo y puede cambiar de carácter al cambiar de lugar.

El trabajo gasta los elementos materiales que lo constituyen y es también por ello un acto de consumo.

El movimiento del trabajo útil desde el punto de vista general (es decir, como actividad que tiene por objeto la producción de valores de uso) es una exigencia humana, común a todas las formas sociales.

El trabajo ejecutado por cuenta del capitalista

El capitalista compra en el mercado todo lo necesario para la realización del trabajo: medios de producción y fuerza de trabajo.

La naturaleza general del trabajo no se modifica por la intervención del capitalista, salvo por dos particularidades:

  1. El obrero trabaja bajo la inspección del capitalista, a quien pertenece su trabajo.
  2. El producto no es propiedad del productor inmediato, sino del capitalista.

La utilidad de la fuerza de trabajo del productor pertenece así al capitalista. De modo que este último ha añadido el trabajo, elemento activo del producto, a los medios de producción; es decir, a los elementos pasivos.

Análisis del valor del producto

Recordamos que en la producción mercantil (dirigida al mercado) el valor de uso (u objeto útil) solo sirve como portavalor: Lo esencial es que el objeto posea valor cambiable, pues es un objeto destinado a la venta, una mercancía. Recordamos también que el capitalista quiere que el valor de esa mercancía supere al valor de los medios de producción y de la fuerza de trabajo empleados para producirla. En definitiva, quiere producir no solo una cosa útil, sino ante todo un valor y un sobrevalor (o plusvalía).

Vamos a examinar ahora la producción desde el punto de vista del valor:

Vamos a producir 5 kilos de hilo y sabemos que el valor de esta mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que contiene. Por un lado, tenemos el valor inicial de la materia prima, por ejemplo, 5 kilos de algodón por valor de 13 €. Por otro lado, el valor del desgaste de los instrumentos empleados en la transformación del algodón a hilo, digamos que unos 3 €. Por tanto, el valor que la materia prima más el desgaste de los medios aportan al hilo es de 16 €. Falta averiguar qué valor aporta el trabajador hilandero al producto.

En relación al valor, es indiferente el género especial de trabajo o su objeto, lo importante es su cantidad; es decir, no importan las necesidades que el trabajo pretende satisfacer, sino el tiempo de trabajo. Recordemos también que el trabajo complejo no es más que cierta cantidad de trabajo simple y que el tiempo necesario en las condiciones ordinarias de la producción es el que determina la formación del valor.

Supongamos que el valor diario de la fuerza de trabajo, al realizarse la contratación del hilandero, se ha fijado en 4 €. Esta suma sería el equivalente al trabajo necesario para producir lo necesario para el sustento diario del trabajador. El trabajador aporta de ese modo un valor de 4 € al precio del producto.

Ajustemos ahora la cuenta del valor total del producto: a los 16 € anteriormente calculados habría que sumar los 4 € aportados por la fuerza de trabajo, dando un valor total de 20 € contenido en el producto. El precio final del producto (20 €) es equivalente al de los precios gastados inicialmente por la compra de los elementos integrantes del mismo: 13 € de materia prima, 3 € por desgaste de los medios y 4 € de la fuerza de trabajo. No se ha generado plusvalía y, en consecuencia, el dinero no se ha convertido en capital.

Diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que puede crear

El valor final de 5 kg de hilo es, por tanto, 20 €.

Supongamos ahora que el trabajador transforma 5 kg de algodón en 5 kg de hilo en media jornada. Eso no implica que no pueda trabajar la jornada completa o producir más: el valor que la fuerza de trabajo posee (el coste de las subsistencias que lo mantienen) y el que puede crear difieren en magnitud.

El trabajador, como todo mercader, obtiene el valor cambiable y cede el valor de uso. No puede obtener el primero sin entregar el segundo. En su venta, el valor de la fuerza de trabajo viene determinado por sus gastos de sostenimiento diario. En su uso, sin embargo, puede producir en un día más valor del que ha costado. Esta es la particularidad de la mercancía fuerza de trabajo y es lo que permite la creación de plusvalía.

El capitalista ha pagado el valor diario de la fuerza de trabajo. El hecho de que el sustento diario de esa fuerza solo cueste media jornada de trabajo pudiendo trabajar la jornada entera es lo que genera una producción de sobrevalor.

Volviendo al ejemplo: si el obrero encuentra en el taller los medios de producción necesarios para toda una jornada de trabajo, el valor total de las mercancías empleadas en la operación es de 36 €: 26 € por 10 kg de algodón, 6 € por el desperfecto de las herramientas y 4 € por la jornada de trabajo.

Sin embargo, con el precio de 5 kg de hilo establecido previamente (20 €, o lo que es lo mismo, 4 € el kilo) el precio final de los 10 kg producidos será de 40 €. De tal modo, los 36 € adelantados se convierten en capital, pues han generado una plusvalía de 4 €. Así pues, el problema de la transformación de dinero en capital está resuelto.

La transformación del dinero en capital

El capitalista compra en el mercado cada mercancía en su justo valor y luego, como cualquier comprador, consume su valor de uso. Siendo el consumo de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo, producción de mercancías, genera para el capitalista un producto: 10 kg de hilos por valor de 40 €. Tras ello, el capitalista vuelve al mercado como vendedor y vende el producto a 4 € el kilo, ni un céntimo más de su valor y, sin embargo, obtiene 4 € más de lo que había puesto.

En esta transformación del dinero en capital la circulación solo sirve como intermediaria. La fuerza de trabajo se vende en el mercado, pero es en la producción donde se revela como origen de plusvalía. Esta plusvalía, a su vez, no es más que la producción de valor prolongada más allá de cierto límite. Este límite viene marcado por el valor que porta la fuerza de trabajo en sí o, lo que es lo mismo, por el valor de las subsistencias necesarias para que un trabajador se mantenga durante una jornada completa.

Si la acción del trabajo durara solo hasta el momento en que alcanzara el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital, habría simple reproducción de valor. Al pasar de ese límite, hay producción de plusvalía.

Apuntes sobre El Capital IV: Transformación del dinero en capital

Circulación simple de las mercancías y circulación del dinero como capital

La forma inmediata de circulación de las mercancías es la transformación de la mercancía en dinero y nuevamente en mercancía: Vender para comprar. Esta es la circulación ordinaria de la mercancía para convertirse en objeto útil. Partiendo de las manos de quien no le da uso, la mercancía va a parar a manos de quien la va a utilizar. Para que esta persona pueda adquirir la mercancía, ha necesitado vender algo previamente, para disponer del dinero necesario para comprarla. Este proceso constituye un cambio de la forma mercancía-dinero-mercancía: Vender para comprar.

Podemos encontrar una forma de cambio totalmente distinta, la de dinero-mercancía-dinero, esto es: Comprar para vender. El objetivo de este movimiento es únicamente la producción de capital y solo existe como operación completa desde el punto de vista del capitalista.

Mientras que la circulación ordinaria de las mercancías empieza por la venta y termina por la compra, la circulación del dinero como capital empieza por la compra y termina por la venta.

La plusvalía y la fórmula general del capital

El cambio mercancía-dinero-mercancía se explica por las diferencias en el valor de uso (esto es, en la diversa utilidad) de las distintas mercancías. Si tengo dos pares de zapatos y necesito una silla, vendo uno de los pares de zapatos (del que puedo prescindir) y a continuación, con el dinero obtenido, compro la silla. El dinero solo media en la satisfacción de una necesidad.

¿Qué sentido tiene cambiar una cantidad de dinero por la misma cantidad de dinero, mediando la compra de una mercancía? O lo que es lo mismo ¿Qué sentido tiene la forma de cambio dinero-mercancía-dinero? En principio ningún sentido. puesto que del dinero solo es determinante el valor de cambio. ¿Y si la cantidad de dinero inicial y final varía? En ese caso esta transformación empieza a cobrar sentido. En definitiva, la circulación dinero-mercancía-dinero solo adquiere sentido si genera plusvalía (sobrevalor, aumento de valor). Por ejemplo: 100€ – varios kilos de manzanas – 150€. A este acrecentamiento del valor en 50€ lo llamamos plusvalía. Asímismo, al valor anticipado (los 100€ iniciales) lo llamamos capital.

Es importante notar que este movimiento, que tiende al aumento de valor, no tiene límites. El dinero resultante de este movimiento sirve para iniciar un nuevo movimiento del mismo tipo. El movimiento continuo de la ganancia tiene como único objetivo la ganancia misma, generar plusvalía sin preocuparse por el valor de uso de las mercancías que median en el proceso.

La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación, es la siguiente: comprar para vender más caro.

Contradicciones de la fórmula general del capital

Vamos a analizar si la circulación de mercancías es lo que permite el aumento de los valores que entran en ella, esto es, la formación de plusvalía. En principio, el cambio de 500€ de trigo por 500€ de vino no representa aumento de la riqueza para ninguno de los implicados. Estos cambios de forma no implican cambio de la cantidad de valor, como tampoco lo hay en cambiar un billete de 100€ por cinco billetes de 20€. La formación de plusvalía no puede proceder de la circulación en sí.

¿Y si admitimos el cambio de valores desiguales? Supongamos que hay 500€ de trigo en poder de Ana y 200€ de vino en poder de Bernardo. Bernardo convence a Ana de que su vino vale tanto como el trigo (o bien que Ana considera que su trigo no vale más que el vino de Bernardo) por lo que intercambian sus productos. Ahora Bernardo tiene 500€ de trigo y Ana 200€ de vino. El resultado es equivalente a que Bernardo hubiese robado 300€ a Ana. A pesar de ello, lo esencial es que la cantidad de valor se mantiene constante, aunque se haya modificado su distribución. El valor de las mercancías no ha crecido.

En definitiva, podemos afirmar que la circulación o el cambio de mercancías no genera ningún sobrevalor y, por tanto, no es el origen de la plusvalía. Debe ocurrir algo fuera del cambio que haga posible la formación de plusvalía.

Por tanto, las condiciones del problema son estas: El capitalista debe comprar primero mercancías en su justo valor, venderlas después en lo que valen y, sin embargo, recoger de esta segunda venta un valor mayor que el anticipado inicialmente. Esta transformación del dinero en capital debe operarse en el campo de la circulación (pues en la transformación dinero-mercancía-dinero es donde se adquiere la plusvalía) pero, al mismo tiempo, no se ha de realizar en él (pues, como hemos demostrado, no puede ser la propia circulación la que genere este sobrevalor).

La fuerza de trabajo, origen de la plusvalía

Tras la última afirmación, no queda más que una suposición posible: El aumento de valor tiene lugar durante el uso o consumo de la mercancía. Tras su compra y antes de su venta, la mercancía debe alterar (al alza) su valor cambiable, de manera que el acto de usarla equivaliese a crear valor. La mercancía en cuestión se llama fuerza de trabajo y comprende al conjunto de facultades físicas e intelectuales que una persona debe poner en acción para producir cosas útiles.

Por otro lado, si ciertos cambistas carecen de medios de producción (materias primas, herramientas…) serán incapaces de producir las mercancías necesarias para obtener, mediante el cambio, aquellas que satisfagan sus necesidades. Como consecuencia, se verán obligados a vender su fuerza de trabajo, única mercancía de que disponen para transformar. La falta de medios de producción para todos asegura al capitalista la disposición de la mercancía fuerza de trabajo. Esta relación entre el poseedor de los medios de producción y el asalariado, que caracteriza a la época capitalista, no tiene un fundamento natural ni es común a todos los períodos de la historia.

Valor de la fuerza de trabajo

Como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo tiene un valor determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Dicho valor viene determinado por el de los medios de subsistencia necesarios para el que la pone en acción (alimentos, vestido, vivienda…), por el de la educación que ha sido necesaria para modificar el nivel de habilidad y rapidez de este y, también, por todo lo necesario para asegurar su reproducción (las necesidades de los hijos de los asalariados).

Como apunte, el precio de la fuerza de trabajo llega a mínimo cuando se reduce al valor de los medios de subsistencia mínimos. Aquellos que no pueden reducirse sin exponer de manera inmediata la vida del trabajador. En ese caso, su precio es muy inferior a su valor.

Volviendo al valor de la fuerza de trabajo: Si este valor, que ha requerido el gasto de una cierta cantidad de trabajo social (para alimentar al asalariado, vestirlo, educarlo, etc.), estaba determinado antes de entrar en la circulación; su valor de uso, que consiste en su ejercicio, solo se manifiesta después.

El valor de uso entregado por el trabajador al comprador a cambio de dinero sólo se manifiesta en su empleo, es decir, en el consumo de la fuerza de trabajo vendida. Este consumo, que es a la vez producción de mercancías y de plusvalía, se efectúa fuera del mercado. No en el dominio de la circulación, sino en el campo de la producción.

Apuntes sobre El Capital III: La moneda o la circulación de las mercancías

La forma precio

Una cierta cantidad de oro puede fijarse socialmente (por ejemplo, mediante una ley) como unidad básica de medida de los precios. El oro pasa a cumplir una doble función. Por un lado, medir los valores de las mercancías, transformando el valor en precio. Por otro lado, como tipo de los precios, mide diversas cantidades de oro por una cantidad fija, el peso fijo de oro que constituye la unidad básica de medida.

Los precios indican dos cosas simultaneas:

1. La magnitud del valor de las mercancías.

2. Cantidad de moneda (u oro) por la cual puede cambiarse la mercancía.

Desde que el valor se convierte en precio, la relación directa entre la magnitud del valor y la del trabajo social necesario (que explicamos en anteriores entradas) aparece de forma indirecta como la relación de cambio entre la mercancía y la cantidad de moneda del precio.

Es posible que exista una diferencia cuantitativa entre el precio de una mercancía y su magnitud del valor. Esto es debido a que el precio, además de representar el valor de una mercancía, puede representar el máximo o el mínimo de moneda que su cambio produce en un momento y circunstancias dadas.

Circulación de las mercancías

El cambio transporta las mercancías de manos en que son valores negativos de uso a otras en que sirven de valores de uso. En el momento en que llegan a manos de quien las considera útiles, abandonan la esfera de los cambios y pasan al dominio del consumo.

Para el poseedor inicial que quiere cambiar su mercancía para obtener otra que le sea de utilidad, la transformación se representa en dos actos: venta (cambio de la mercancía por dinero) y compra (cambio del dinero por mercancía). Resumimos así este conjunto: mercancía-dinero-mercancía.

Esto no es más que el inicio de una nueva transformación. La compra final es también una venta, desde el punto de vista de la segunda persona implicada en el cambio, que recibe el dinero. Ese dinero servirá a esta segunda persona para comprar una nueva mercancía a un tercero, generando así una serie de movimientos concatenados que constituyen la circulación de mercancías.

La compra es el complemento obligado de la venta. Si la separación entre las operaciones se prolonga demasiado, si se acumula, la unión entre los dos actos se demuestra por la crisis que surge.

Curso de la moneda

Desde el momento en que el vendedor completa la venta con la compra, el dinero huye de sus manos. En el ejemplo anterior, el dinero dado a un segundo pasa después a un tercero. La moneda pasa así sin interrupción de mano en mano en lo que se llama curso de la moneda.

Una pregunta lógica a continuación sería ¿Cuánta moneda circula? Si consideramos que no hay relación entre ventas, para poner la mercancía en circulación la moneda debe representar las cantidades ya expresadas imaginariamente en el total de los precios. Siempre que varíe el total de los precios de las mercancías en el mercado, deberá variar la masa de moneda circulante.

Hay que considerar también otra variación de la moneda, que depende de la moneda misma. Supongamos por claridad que como moneda tenemos el oro. Antes de que el oro funcione como medida del valor del resto de mercancías, su valor se halla determinado porque es producto de un trabajo. ¿Qué pasa si ese valor propio se modifica? Cada vez que el valor del oro se altera, se alterará el precio que determina la relación de cambio con las mercancías (suponiendo que el valor-trabajo de estas permanece constante y no lo compensa) y por tanto la cantidad de moneda necesaria en circulación. Pero lo cierto es que, en la práctica, el valor del oro se fija de antemano al fijar los precios.

Hay que recordar que hemos partido de la base de que no había relación entre ventas. Pero ya hemos visto que en realidad no es así. Hay un encadenamiento entre compras y ventas que marca la circulación de la mercancía. De tal forma que si tenemos 4 mercancías distintas que valen 5€ cada una, todas ellas pueden cambiar de manos con solo 5€ en circulación. El comprador con el dinero compra la mercancía 1 al primer vendedor, este recibe el dinero y le compra al segundo vendedor la mercancía 2, que recibe el dinero con que compra al tercero su mercancía y así sucesivamente. La velocidad del curso de la moneda suple su cantidad.

La velocidad del curso de la moneda se mide por el número de transacciones en un tiempo dado. Conocida la velocidad media de circulación en un contexto, o el tiempo en que una suma de moneda realiza el total de precios, podemos determinar la masa de moneda que funciona como instrumento de la circulación. Esa masa, multiplicada por el número medio de transformaciones, debe ser igual al total de precios.

La separación entre las operaciones de compra y venta da lugar a la lentitud en el curso de la moneda y la interrupción de los cambios. Es frecuente explicar esa interrupción por la cantidad insuficiente de moneda.

El numerario y el papel moneda

El peso de oro adoptado como unidad de medida se presenta en el mercado como moneda. El Estado, igual que establece la unidad de medida, acuña la moneda y la sanciona como legal. La función numeraria del oro, desprendida de su valor metálico, pasa a ser desempeñada por cosas sin valor. Estos objetos son socialmente valederos por estar respaldados por los fondos del Estado. Sin embargo, la cantidad de papel moneda debe estar proporcionado con la cantidad de moneda real que representa, el que realmente debiera circular. Si excediera esa proporción, los hechos la reducirían al tipo indicado. Si la masa de papel moneda dobla la proporción debida (dada por la fórmula indicada en el punto anterior) una cantidad de papel moneda acabaría por representar la mitad de la moneda que se le supone. Así, un billete de 100€, al cabo de un tiempo, acabaría por comprar mercancías por un valor de solo 50€. El valor del papel moneda se devaluaría.

Reservas de oro, plata y tesoros

Las mercancías no se venden para comprar otras en el acto, por lo que todo productor debe hacer acopio de dinero. Para poder comprar sin vender, es necesario haber vendido antes sin comprar. La moneda que es detenida a propósito, se transforma en tesoro y el vendedor en acumulador de dinero, de tal modo que se forman reservas de dinero en proporciones diversas.

El dinero como medio de pago

Algunas especies de mercancías requieren para su producción más tiempo que otras (la producción puede variar por estaciones o épocas). Puede suceder que una persona esté dispuesta a vender mientras el comprador carezca aún de medios para comprar. Cuando las mismas transacciones entre las mismas personas se renuevan continuamente, las condiciones de compra y venta se regulan por las condiciones de producción: Uno comprará sin pagar en seguida, en calidad de representante de un dinero por venir. El vendedor pasa a ser acreedor y el comprador, un deudor. Sin la aparición simultanea de la moneda y la mercancía en una transacción, el dinero pasa a funcionar como medida, como medio de compra imaginario. Solo cuando se cumple la promesa del pago vuelve como medio de pago a la circulación.

Como medio de circulación, el dinero se convertía en tesoro, porque la circulación se para en la primera mitad, no siguiendo la venta a la compra. Como medio de pago, el dinero solo entra en circulación cuando ha salido ya la mercancía.

La moneda de crédito -letras, pagarés, etc.- tiene su origen inmediato en la función del dinero como medio de pago. Los documentos que acreditan las deudas contraídas también circulan para transferir a otros los créditos que representan. Esto también impone una variación en la cantidad de moneda circulante que calculamos anteriormente. La cantidad de moneda que circula, supuesta la velocidad de los medios de circulación y de pago, es igual a la totalidad de precios a realizar, sumándole los pagos que se cumplen en ese periodo y descontando la totalidad de precios que se compensan. A medida que se difunde el sistema de crédito, la moneda reviste, como medio de pago, formas de existencia especiales, gracias a ella se regulan las grandes operaciones comerciales.

Apuntes sobre El Capital II: De los cambios

Relaciones de los poseedores de mercancías

Para poner en contacto unas mercancías con otras, sus poseedores tienen que establecer mutuas relaciones, de forma que cada cual se apropia de la mercancía ajena entregando la propia, por medio de un acto voluntario común. Los poseedores deben reconocerse tácitamente como propietarios privados de las mercancías a intercambiar. Esta relación jurídica, cuya forma es el contrato, no es otra cosa que la relación de las voluntades que se refleja en la relación económica. En este caso, las personas solo existen a título de respresentantes de la mercancía que poseen.

Recordamos que por mercancía entendemos la producción destinada al cambio o venta. Para el dueño de una mercancía, esa mercancía no es un valor de uso, un objeto de utilidad. La única utilidad que le encuentra es que puede ser útil a otros: que es un instrumento de cambio y portavalor. Es un valor negativo que aspira a intercambiar por otras mercancías que satisfagan sus necesidades. Por tanto, la mercancía solo constituye un valor de uso tras el cambio, manifestando su utilidad para quien la ha adquirido. En definitiva, es necesario que las mercancías se manifiesten como valores antes de que puedan realizarse, mediante el cambio, como valores de uso.

Pero también es preciso que el valor de uso esté demostrado para que las mercancías constituyan un valor. Es decir, es necesario demostrar que el trabajo invertido en producirla haya generado algo útil.

Hay una contradicción en el proceso de cambio: Sólo cuando son útiles las mercancías pueden presentarse como valores pero, para el cambio, deben haberse presentado como valores antes de manifestar su utilidad. ¿Cómo satisfacer esta contradicción?

La relación de cambio engendra la forma moneda

Las mercancías solo pueden manifestar su carácter de valor y la cantidad de éste si se colocan sobre una base de igualdad con una cantidad determinada de cualquier cosa útil, cuyo valor esté ya demostrado. Esta mercancía que se utiliza como base de igualdad se convierte en moneda, como ya comentamos en la entrada anterior. La relación de cambio origina por necesidad la forma moneda.

El desarrollo histórico de la producción y el cambio ha impreso cada vez más a los productos del trabajo el carácter de mercancías (productos para otros). Una parte cada vez mayor de objetos útiles se han producido intencionalmente para el cambio. Es decir, que hasta en su producción los objetos se consideran únicamente mercancía. Y así, la necesidad de una forma palpable que permita comparar los objetos desde el punto de vista del valor (la forma moneda), se ha vuelto cada vez más natural.

La forma natural de la mercancía moneda queda así establecida socialmente como la única forma de existencia del valor.

La forma moneda se asocia a los metales preciosos

Algunas consideraciones adicionales sobre la mercancía que se ha convertido en forma moneda:

La relación social de cambio, que transforma al oro y la plata en moneda, no les da su valor. Estos ya tenían valor antes de ser moneda, pues servían de materia prima para fabricar numerosos artículos. La relación social de cambio solo imprime en estos metales la forma moneda, una forma especial de valor.

Como cualquier mercancía, la moneda puede expreser su propia cantidad de valor en otras mercancías. Basta leer en sentido inverso la tarifa de precios corrientes para encontrar su cantidad de valor expresada en todas las mercancías imaginables.

Apuntes sobre El capital I: La mercancía

Se entiende por mercancía la producción que está destinada al cambio o la venta y no a ser consumida directamente por el productor.

Valor de uso y valor de cambio

Por valor de uso entendemos la utilidad de una cosa, su capacidad para satisfacer una necesidad humana. Depende de las cualidades naturales y aparece en su uso o consumo.

La proporción variable en que las mercancías de especie diferente se cambian entre sí, constituye su valor de cambio.

Como valores de uso, las mercancías son de cualidad distinta pero como valores de cambio solo pueden ser diferentes en cantidad. Efectivamente, Las necesidades que satisface una mesa son de cualidad muy distinta a las que satisfacen un par de zapatos. Sin embargo, al cambio, podemos por ejemplo decir que una mesa vale tanto como tres pares de zapatos.

Si se prescinde de las propiedades naturales (del valor de uso de las mercancías) solo les queda una cualidad: la de ser productos del trabajo. Las mercancías revelan solamente que en su producción se ha gastado una fuerza de trabajo, es decir, que en ellas se ha acumulado trabajo.

Las mercancías son valores en tanto que son materialización de ese trabajo.

Magnitud del valor

La sustancia del valor es el trabajo. La medida de la cantidad de valor es la cantidad de trabajo.

El trabajo a su vez se mide por la duración, o sea, por el tiempo de trabajo. El tiempo de trabajo no considerándolo en un caso particular sino como término medio en unas condiciones sociales dadas. En definitiva, el valor viene determinado por el tiempo que exige un trabajo ejecutado conforme al grado medio de habilidad y de intensidad en las condiciones del medio social.

Esto supone que la magnitud del valor varía cada vez que se modifica la productividad del trabajo.

La productividad del trabajo depende, entre otras cosas, de la habilidad media de los trabajadores, de la amplitud y eficacia de los medios de producción y de circunstancias exclusivamente naturales. Si la productividad aumenta disminuyendo el tiempo necesario para la producción de una mercancía, el valor de esta disminuye. Recíprocamente, si la productividad disminuye, el valor aumenta. Ahora bien, independientemente de las variaciones de la producción, el mismo trabajo genera siempre el mismo valor. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. Intentaré explicarlo:

Digamos que con X trabajo producíamos Y mercancías. El valor de esas mercancías, que venía dado por el trabajo, era igualmente X, ya que la cantidad de trabajo es la magnitud del valor. Bien, ahora una mejora en los medios de producción supone que se pueda producir el doble con el mismo trabajo. En ese caso, con un trabajo de X obtendríamos 2Y mercancías (o lo que es lo mismo, con la mitad de trabajo seguiríamos obteniendo Y mercancías). El valor de esas Y mercancías se ha dividido entre 2, pasando a valer X/2. En cualquier caso, permanece siempre constante el hecho de que un trabajo de X genera un valor de X o, en este caso, un trabajo de X/2 genera un valor de X/2. Aunque los variaciones en la producción permitan que se produzca el doble, el valor de las mercancías se ve reducido a la mitad, lo que permite mantener constante la igualdad valor-trabajo.

Gracias a un aumento de productividad, hay aumento de riqueza material. Sin embargo, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo, porque aunque el número de objetos varíe, su valor se modifica para cumplir con la igualdad valor-trabajo.

A continuación matizaremos algunas cuestiones que han quedado en el aire:

Primero, es importante tener en cuenta que una cosa puede tener valor de uso sin ser un valor, es decir, sin ser una mercancía que acumula trabajo humano. Cualquier cosa que sea útil a las personas, pero que no provenga del trabajo de estas, entra en esta categoría. Como ejemplos podríamos nombrar el aire, la tierra o los prados. En definitiva, un valor de uso solo puede tener valor cuando se le acumula cierta cantidad de trabajo humano.

También una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin llegar a ser mercancía. Cuando el productor se limita a satisfacer sus propias necesidades, solo crea un valor de uso por cuenta propia. Para producir mercancía hay que producir valores de cambio, es decir, útiles con el objetivo de entregarlos al consumo general mediante el cambio. En consecuencia, el valor de cambio solo se expresa en la relación social del cambio.

Finalmente, un objeto inútil no genera valor de ningún tipo.

Doble aspecto del trabajo

Toda clase de trabajo implica un gasto físico de fuerza humana, siendo en este sentido cada trabajo de igual naturaleza. Por otra parte, dicho trabajo se acumula en cada caso en una forma productiva determinada (una mesa, unos zapatos, una caseta…). En este concepto de trabajo útil diferente, produce valores de uso o cosas útiles.

Este doble aspecto del trabajo es de alguna forma análogo al doble aspecto del valor. Por un lado el trabajo útil diferente, el del carpintero, el informático, el abogado o el médico, que remite en cierto modo al valor de uso, pues satisface necesidades humanas bien distintas. De otra parte, el trabajo como valor de cambio, que solo es diferente de otros trabajos en su magnitud.

Doble carácter social del trabajo privado

El trabajo privado también tiene un doble carácter social.

Por un lado, aunque ejecutadas independientemente, las diversas especialidades de trabajos útiles se manifiestan como partes (complementarias) del trabajo general destinado a satisfacer la suma de necesidades sociales. El resultado de esto es que, trabajando unas personas para otras, las obras privadas revisten un carácter social, ya que permiten satifacer las necesidades de todos.

Por otro lado, cada trabajo particular también tiene un segundo carácter social por su semejanza en tanto que trabajo. Dicha semejanza aparece en el cambio, esto es, en la relación social que coloca los distintos tipos de trabajo frente a frente y permite compararlos según una base de equivalencia.

Reduciendo toda clase de trabajo a cierta cantidad de trabajo simple

Trabajo simple sería el gasto de fuerza del organismo de una persona sin educación ni habilidades especiales. El término medio de trabajo simple puede variar según épocas o territorios, pero siempre puede determinarse en una sociedad dada.

Podemos así tomar este trabajo simple como base de equivalencia. De ese modo, el trabajo especializado o complejo no sería más que cierta cantidad de trabajo simple. Esta reducción se hace todos los días en todas partes, con el establecimiento de salarios mayores o menores en función del tipo de trabajo a desarrollar.

Forma de valor

En concepto de valores, todas las mercancías se expresan en la misma unidad (trabajo humano) y pueden reemplazarse mutuamente. Por consiguiente, una mercancía puede cambiarse por otra.

Pero en realidad, hay dificultades para el cambio inmediato entre mercancías. En consecuencia, una sola de ellas pasa a revestir la forma apta del cambio inmediato con todas las demás, estableciendo una forma especial de valor: la forma moneda, que simplifica la relación de cambio estableciendo una forma de valor común, una base de equivalencia.

En principio, este objeto único, forma oficial de los valores, podía ser una mercancía cualquiera. La especial, con cuya forma se ha confundido paulatinamente el valor, es el oro. De tal modo que, finalmente, todas las mercancías se reducen a cierta cantidad de oro. El uso de moneda en la relación de cambio parece hoy algo natural. Al expresar el valor de una mercancía en, por ejemplo, cantidad de tela, salta a la vista lo extraño de la afirmación. Pero cuando referimos la misma cantidad en oro o plata, euros o dólares, la proposición deja de sorprendernos. El resultado de esto es que no parece que una mercancía se haya convertido en moneda porque las demás expresen en ella su valor. Al contrario, parece que el resto de mercancías expresan su valor en esas mercancías determinadas (el dólar, el euro, el oro) solo porque es moneda.

Apariencia material del carácter social del trabajo

En definitiva, esta forma moneda o dinero contribuye a sugerir una idea falsa de las relaciones de los productores. Los productos del trabajo, que en sí mismos son cosas sencillas y fáciles de comprender, se tornan complicados, llenas de sutilezas y enigmáticos en cuanto se les considera como objetos de valor prescindiendo de su naturaleza física; en una palabra, desde que se convierten en mercancías.

El valor de cambio, que no es otra cosa que la manera social de contar el trabajo invertido en la fabricación de un objeto (por lo tanto, sólo es una realidad social) ha llegado a ser tan familiar para todos, que parece ser una propiedad intrínseca de los objetos, como la forma moneda para el oro (otra relación social que se ha naturalizado). Sin embargo, existen sistemas de producción en que la forma social de los productos del trabajo se confunden con su forma natural y en que los productos se presentan como objetos de utilidad bajo diversos conceptos, no como mercancías que se cambian recíprocamente.

Esa apariencia material que se da a un fenómeno puramente social convierte a los ojos de los productores su propio movimiento social, sus relaciones personales para el cambio de sus productos, en movimientos de las cosas mismas que los arrastra, sin que puedan dirigirlos. La producción y sus relaciones, creación humana, dominan al hombre en lugar de estarle subordinadas.

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