¿Por qué no reaccionamos como en Francia?

Un día de finales de noviembre del 2020, nos despertamos viendo las calles de París arder otra vez. Las protestas se extendieron por casi todo el país contra la equivalente a la ley mordaza española y con la buena noticia de que acabó siendo echada atrás por el gobierno de Macron. Apenas cinco días duró y tras unas fuertes protestas y brutalidad policial, consiguieron que paralizasen el artículo que penalizaba grabar a la policía que entra dentro de la Ley de Seguridad Global. Dicha ley está ahora en reformulación y las protestas continúan exigiendo su completa retirada. De aquí surge la pregunta de base que se repite entre los movimientos sociales: ¿cuándo saldremos a las calles? Hay quienes además añaden la contundencia y persistencia de las manifestaciones. Sin embargo, son multitud de factores que nos llevan a ver la gran diferencia de movilización en las calles entre este lado del Pirineo y del otro. De primeras, partimos de coyunturas y culturas políticas diferentes.

En el imaginario colectivo de España, tras los casi 40 años de franquismo y engaño de Transición, las clases dominantes borraron gran parte de las luchas obreras y su memoria. Así pues, ante la derrota del movimiento obrero, la falta de referentes revolucionarios y una cultura popular donde escasean los valores de lo común, la esperanza del bienestar de la socialdemocracia junto con el relato de la clase media sustentada por el crédito fácil fue lo que terminó calando en este imaginario. Aunque con el 15M mucha gente entró en contacto con la política, al no haber unas hojas de ruta que apuntasen hacia un socialismo libertario, acabó siendo aprovechado por una minoría para hacer su carrera política en el activismo. Así pues, las calles se vaciaron en detrimento de un asalto institucional que pronto verán el fracaso al pasar por el aro de un Estado profundo, el cual impide cualquier medida social que choque contra los intereses de los viejos partidos del régimen y el capital.

En cambio, Francia tiene una historia diferente ya que no vinieron de una dictadura, pasando además en los últimos años unas huelgas generales contundentes que impidieron la entrada de reformas laborales antisociales y de pensiones. La sociedad francesa, con sus altibajos y sus lados oscuros, tienen una concepción diferente de los derechos sociales y de cómo defenderlos. A nivel de movimientos sociales, destacamos principalmente los Chalecos Amarillos y las diferentes ZAD vinculados a las luchas territoriales contra megaproyectos. Y en particular en lo que se refiere al movimiento libertario, el anarquismo organizado tiene más recorrido y fuerza que en el Estado español, siendo la UCL una organización política con presencia en casi todo el territorio francés.

No podemos quedarnos meramente contemplando y envidiando la capacidad de lucha de la sociedad francesa y en concreto, de su clase trabajadora. Preguntémonos cómo recuperar una cultura política basada en lo común, en la defensa de los derechos sociales y cómo impedir que la derecha golpista de este país sea la que marque agenda en la opinión pública y sobre todo, construir un proyecto político basado en el socialismo libertario. No está todo perdido, y de lo poco que ha sobrevivido del 15M ha sido el movimiento por la vivienda y recientemente ha habido un repunte del movimiento feminista. En el Estado español existe todavía la herida abierta de la Guerra Civil y la cuestión territorial de Catalunya y Euskadi que se junta con la crisis sanitaria y económica del momento. Tenemos que ver nuestro contexto y por dónde podemos romper, y es necesario hoy por hoy volver a activar las calles estando siempre en contacto con la población que sufre las consecuencias de estas crisis.

Enlaces del mes: Enero 2014

  • En Todo por Hacer leímos un artículo que analiza la ley mordaza, que pretende atajar la protesta social aumentando la represión y la mano dura contra los movimientos sociales.
  • Un audio donde Rafael Cid nos habla de sus impresiones sobre el proyecto de Pablo Iglesias y cómo este se sale de las dinámicas que generalizó el 15M. También podemos leer las palabras de Carlos Taibo al respecto.
  • En Borroka Garaia Da analizan la conexión de las luchas en Gamonal con las luchas en EH, concluyendo: «Lo que está ocurriendo en Gamonal está lejos de tener una conexión vasca. Y no hablo de la kale borroka sino del modelo de participación horizontal de democracia participativa, de la auto-organizacion asamblearia como punta de lanza y no accesoria y subsidiaria. Es decir, apartando parte de los males que han asediado a la izquierda, el protagonista no son ni partidos ni organizaciones sino el mismo pueblo».
  • Un texto sobre la relación entre la falta de conciencia de clase y la burla generalizada hacia los canis.
  • De cómo el gobierno utiliza el discurso de los derechos de las personas con discapacidad para limitar la libertad de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, en Pikara Magazine.
  • En alasbarricadas.org podemos leer un análisis sobre los escenarios donde podría tener cabida e incidencia el municipalismo libertario.
  • Un artículo sobre cómo distintas formas de autoritarismo estatal se asemejan al fascismo. La idea de la democracia representativa no es más que una fachada para un trasfondo de pobreza masiva, sumisión a las corporaciones, manipulación mediática, intervenciones paraestatales y, en definitiva, opresión de la mayoría a manos de una minoría en el poder.
  • El futuro ha de ser verde, rojo, negro y femenino; así se expresa Robert Jensen: «La especie humana ha de reconocer que cualquier futuro que nos permita retener nuestra humanidad tendrá que prescindir del capitalismo, el patriarcado y la supremacía blanca —y basarse en una visión del mundo ecológica—».
  • Dos entrevistas muy interesantes en el periódico CNT. La primera, a Heleno Saña: «En su fase de plenitud, el anarquismo era un movimiento de masas […] gracias a cuya militancia fue posible, en el curso de la guerra civil, colectivizar la economía, una gesta que desde entonces no se ha repetido en ningún otros sitio y que quedará como testimonio imperecedero de lo que puede ser una sociedad autogestionada. […] Lo que queda de anarquismo y anarcosindicalismo es «hoy solo una pálida sombra de lo que fue en el pasado, también en España»[…] lo más triste es la división que reina en el seno del movimiento libertario, también las rivalidades y querellas internas entre los diversos grupos y bandos y las animosidades personales». La segunda, a Laure Akai, nueva secretaria general de la AIT: «Creo que sería positivo que pasemos más tiempo discutiendo para poder desarrollar unas buenas ideas y aplicarlas a la realidad, que tratando de hacer una docena de cosas para una impresionante lista de planes. La verdadera prueba para nosotros es hacer algo viable y positivo de estas ideas».