Las razones del anarquismo social. ¿Es necesario otra vez explicarlo?

Cuando alguien pregunta espontáneamente “Si el anarquismo de por sí es social, ¿por qué creáis otra etiqueta?”, la respuesta rápida viene a ser “Agárrate que vienen curvas” con los Creedence Clearwater Revival sonando de fondo. No precisamente por el tema de la etiqueta, ya que es lo de menos, sino por la explicación del contexto. De todos modos, si a alguien le importa la etiqueta, creo que puede venir de un libro que generó bastante polémica escrito en 1995 por Murray Bookchin y titulado “Anarquismo social o anarquismo personal. Un abismo insuperable”. Ahí es donde diferenció dos grandes corrientes por sus prácticas políticas: una en la que a la práctica no tiene como objetivo la revolución social, y la otra en que sí (lo explico más adelante). Ese libro nació de la frustración del autor de no encontrar ningún espacio anarquista que tuviese arraigo en el territorio, donde la gran mayoría de colectivos se dedicaban a vivir la vida pirata despreocupados de los problemas cotidianos de la clase trabajadora estadounidense.

Para empezar

Más en concreto haciendo hincapié en el mundo occidental, uno de los males que nos ha acompañado desde el fin del mayo del ‘68 y sobre todo desde el comienzo del s.XXI, es la costumbre de reinventar la rueda. Cada vez que se inventaba la misma rueda nacían nuevos mitos y romantizaciones de épocas pasadas, mientras se repiten fórmulas fracasadas de la anterior generación. Ésto impedía el estudio y conocimiento de las memorias reales sobre la militancia y la acción política de organizaciones anarquistas que tuvieron un papel importante en la historia. Pero, ¿no estamos inventando una nueva rueda con ésto del anarquismo social? No. Nuestra principal razón es recuperar la herencia del anarquismo que se materializó en organizaciones fuertes y en militantes comprometidos, capaces de hacer la revolución social e implementar un nuevo modelo de sociedad. Es la tradición socialista con el que nació el anarquismo y razón por la cual fueron posibles las revoluciones sociales.

Lo que hoy llamamos “anarquismo social” por la categoría que vino del libro de Bookchin, en verdad en otras épocas tenían otros nombres, pero encontramos similitudes en la práctica, los principios, los objetivos, las tácticas y estrategias. Una mirada hacia atrás, hace unos cien años, Piotr Arshinov escribió algo similar allá por la dédada de 1920 que viene relacionado con este tema: «La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemenate los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea de respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio ‘yo’ comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.»

Y sin ir tan lejos en la misma época pasada, la militancia anarquista organizaba sindicatos, creaba ateneos populares, escuelas racionalistas, periódicos, …hasta algunos equipos de fútbol. Todas esas estructuras sociales estaban insertas en la clase trabajadora, y creaban a la vez una cultura obrera, atendiendo a las necesidades de la clase a la que pertenecían y trabajaban también en proyectos políticos como el comunismo libertario. A ésta práctica política es a la que denomino como tradición socialista, basada en la confrontación con el sistema capitalista teniendo como modelo de sociedad el socialismo libertario, entendiendo éste como un sistema basado principalmente en la democracia directa, en la planificación económica descentralizada y una sociedad igualitaria. En la actualidad, recuperar la tradición socialista pasa por nuestra participación activa en los movimientos sociales y sindicales, reforzando las dinámicas de lo común, la democracia directa y los lazos entre diferentes sectores en lucha. Encontramos esa similitud primero en el anarquismo organizado latinoamericano, que trabajaría recogiendo el legado dejado por el plataformismo de Makhno. Por mencionar algunas organizaciones, encontramos a la FAU (Uruguay), CAB (Brasil), Vía Libre (Colombia)… y llegando después a occidente las cuales encontramos a Black Rose (EEUU), UCL (Francia), Embat (Catalunya)…

Un abismo insuperable

Después de la destrucción del tejido sindical a finales de los ’70 a causa de las reconversiones industriales, la introducción de la cultura de masas y el consumismo, de algo había que beber. Y aquí importamos lo peor de cada casa: el insurreccionalismo italiano y las americanadas de libertad individual y máxima autonomía. Sí, la década de los ‘90 y ‘00 supusieron la desconexión del anarquismo con los problemas de clase en el mundo occidental, donde estaban de moda la idea de crear sociedades libres a pequeña escala y vivir al margen del sistema mientras la OTAN destruía Yugoslavia y Bosnia e invadía Iraq.

Entonces ese nuevo anarquismo abogó por organizarse en grupos informales o de manera individual, crear islas de libertad o dedicarse meramente a actividades culturales y educativas. Sin embargo, estas prácticas también se dieron en la historia: atentados individuales contra la patronal sin contar con la organización sindical, los grupos naturalistas o simplemente anarcoindividualistas que formaban sus pelotones de milicias independientes para combatir en la revolución. Tanto el insurreccionalismo italiano como el anarquismo vivencial fueron una salida hacia adelante resultado del estancamiento de las viejas guardias.

A pesar de todo, el hecho de haber superado el estancamiento fue positivo ya que evitó la muerte definitiva del anarquismo. No obstante, estas corrientes eran incapaces de influir en la lucha de clases y en algunos casos, ciertos colectivos en la práctica renunciaron a la revolución social, al verse tan lejana y tan poco probable que decidieron apostar por la libertad del aquí y ahora (anarquismo vivencial). Ésto puede tener dos lecturas: la parte positiva es poder experimentar modelos de sociedad no capitalistas que tengan potencial para conectarse con las luchas locales, y la contraparte es la reproducción de actitudes propias del sistema en los espacios y terminen siendo un ghetto. Esta pérdida de la tradición socialista por el inmediatismo (lo queremos aquí y ahora) los deja como un subproducto del liberalismo. El capitalismo tolera otros estilos de vida que no supongan una amenaza al statu quo.

Nuestras razones

Sin embargo, en nuestras razones no entra la confrontación con ese anarquismo, ya que ante la actual coyuntura es necesario destinar recursos y fuerzas a construir nuestro propio proyecto, siguiendo el legado de generaciones anteriores así como aprendiendo o aportando experiencias con quienes compartimos luchas inmediatas y proyectos de futuro. Del mismo modo, nos lleva a tener que compartir espacios y colaborar entre diferentes actores siempre y cuando podamos trabajar, ya que en la práctica se trabaja con quien se pueda y esté dispuesto. Lo que nos ha llevado hasta aquí es el fruto de reflexiones y debates originados en el ciclo de movilizaciones de las primaveras árabes y aquí del famoso 15M, allá por la década del 2010.

En la década del 2010, los debates giraron en torno a las esencias: ¿a favor o en contra del poder? ¿Y los nacionalismos? ¿Social o antisocial? ¿Cantidad o calidad? ¿Reformismo? ¿Etapismo?… Sin embargo, no es el tema a tratar aquí y se pueden consultar en la hemeroteca. Aun así, sí es necesario explicar otra vez las razones del anarquismo social, pero esta vez aterrizamos más en la realidad actual. Podemos resumir aquí las siguientes cuestiones claves:

– El nivel político. El gran olvidado

«La política son como los gases, los cuales tienden a ocupar el mayor espacio posible. Si una fuerza política abandona un espacio, otra la ocupará»

Hablar de hacer política fue un tema tabú en las últimas tres décadas. Los grupos de afinidad, los colectivos y el anarcosindicalismo lo eran todo. ¿Por qué montar organizaciones formales que parecen leninistas, si basta que nos juntemos los anarquistas para hacer cosas? Las acciones por entonces no dejaban de ser activismo con proclamas maximalistas y actos culturales. Estas dinámicas activistas no se diferenciaban tanto de otros activistas no ideologizados, que no pasan más allá de campañas concretas yendo a la defensiva y con objetivos cortoplacistas. Del mismo modo, el “hacer por hacer”, “hay que hacer algo”, y el medir la fuerza en base a la cantidad de movilizaciones, no nos lleva a ningún lado. Las lecciones aprendidas de las experiencias militantes recientes nos han demostrado las limitaciones del activismo y el movimentismo. También nos dimos cuenta que otras fuerzas políticas juegan en el terreno social y sindical. En casi todos los espacios amplios se encuentran militantes de distintos partidos políticos de la izquierda tanto institucional como extraparlamentaria. Y dependiendo de las intenciones de cada partido, habrán quienes los usen para tener algo de calle y/o para hacer de correa de transmisión al partido que predomine en tales colectivos, activando o desactivando luchas según intereses partidistas.

Aquí comenzamos a ver, tras el fin del ciclo del 15M y el inicio del asalto a las instituciones, que cuando no hacemos política, otros lo harán en detrimento nuestro. Y nos quedamos con cara de instrumentos de usar y tirar para que otros hagan sus carreras políticas. Tocó mudarnos al rincón de pensar. Así pues, ¿recordáis cuando la gran mayoría de anarquistas veían la Plataforma de Nestor Makhno como autoritaria? Pues resulta que la minoría de anarquistas que adoptaron el modelo plataformista consiguieron ser una fuerza política con una base social notable en Bulgaria. Volviendo a Makhno, la unidad ideológica, táctica y estratégica no fue un invento suyo para la plataforma. Eso ya vino de antes con otras nomenclaturas o implíticos en los documentos de Bakunin y la organización que fundó. Así es, hablo de la Alianza por la Democracia Socialista, considerada primera organización política anarquista. Nada nuevo bajo el sol, ahora toca trazar planes.

¿Hacia dónde apuntamos? ¡Objetivos! «Qué es lo que queremos». Si aspiramos al comunismo libertario necesariamente hemos de acabar con el capitalismo. Y ésto no basta con buenas intenciones o tener razón, hace falta ser una fuerza política organizada con capacidad material para implementar un nuevo modelo de sociedad, una cierta hegemonía cultural y una sociedad organizada. En todas las revoluciones de la historia veremos estos patrones comunes. Hay que traducir nuestra ideología política en objetivos y plasmarlos en un programa.

¿Cómo llegamos? ¡Estrategias y tácticas! «Cómo logramos nuestros objetivos». Esos programas no se implementan por arte de magia, hacen falta planes para poder llegar. Aquí es donde entra la necesidad de planificar las hojas de ruta, las campañas y las tácticas. Todo tiene un por qué, con qué objetivos hacemos tal o cual acción, cómo distribuimos nuestros recursos y fuerzas, con quiénes establecemos alianzas… En fin, todo aquello que nos sirva para aumentar nuestras fuerzas y, por ello, nos permita caminar con agenda propia y lanzarnos a la ofensiva, superando las limitaciones del activismo y el movimentismo.

¿Dónde está nuestro rincón de pensar? ¡Las organizaciones políticas! «La caja de herramientas. La caja, la caja». Para potenciar la lucha de clases hemos de ir organizadas, aprender en las luchas cotidianas, potenciar los movimientos sociales autónomos y de clase, tener respaldo político, encontrar herramientas como protocolos, documentación, análisis de coyunturas, mapas, etc. Finalmente, hay que dejar claro que el rincón de pensar no hará la revolución, sino la propia clase obrera. Las organizaciones políticas nos sirven para dar ese sentido revolucionario.

Otro punto muy importante son los datos y los análisis. Conocer e interpretar la realidad compleja en la que vivimos y las contradicciones del sistema capitalista es clave para poder desarrollar nuestro proyecto político.

– Cultura militante. Creer en lo que hacemos

«Somos sentimientos y tenemos seres humanos»

Desde julio del 2012 nos llegaron imágenes de milicianas con armas ligeras que rápidamente se ganaron nuestras simpatías. Tras indagar un poco sobre el norte de Siria llegamos a conocer Rojava y todo lo que había detrás montao. Desde el PKK, pasando por el cambio de paradigma, hasta las estructuras de la sociedad revolucionaria kurda, nos sorprendió la influencia de las ideas libertarias en ella. Luego nos dimos algunas hostias cuando algunas de nosotras habíamos llegado a participar en campamentos de convivencia y formaciones que organizaron personas del movimiento kurdo en Europa. La cultura militante estaba en otro nivel. Creen en lo que hacen, trabajan la autocrítica y la autodisciplina, tienen un alto grado de compromiso… y muchos dieron sus vidas por su pueblo.

Ciertamente son situaciones distintas, pero es muestra de que necesitamos trabajar ciertos aspectos para recuperar una cultura militante seria como (por mencionar algunas):

  • Trabajar por proyectos y no a salto de mata. Pasar de hacer microproyectos sin coordinación alguna a pensar proyectos donde cada organización tenga un papel en cada ámbito de actuación.
  • Interpretar la ideología política como base para el desarrollo de proyectos revolucionarios acorde a la coyuntura en la que vivimos. Ver más allá de lo local sin despegar los pies de la tierra y tener visión estratégica.
  • Tener el valor de hacernos autocrítica, mejorar nuestras actitudes, conocer nuestras limitaciones y ser capaces de asumir y confrontar nuestras propias contradicciones.
  • Asumir responsabilidades individuales y colectivas, trabajarnos la autodisciplina.
  • Pensar más en realizar alianzas en base a qué compartimos en común en vez de enemistarnos.
  • Ser capaces de resolver asertivamente las rupturas y diferencias estratégicas.
  • Ser el germen de sociedad que queremos construir. Eliminar los vicios del pensamiento capitalista.

En general, construir una cultura militante que nos permita desarrollar el proyecto político que queremos, no necesariamente desde sociedades paralelas, sino desde lo cotidiano y en contacto con la sociedad. Aunque sea fácil decirlo, aplicarlo es cuestión de voluntad y la claridad que le veamos al proyecto político que defendemos. Hoy más que nunca es necesario recuperar unos valores éticos que el capitalismo nos intenta arrebatar, comola defensa de lo común, el respeto, la humildad, la empatía, la diversidad…

– Inserción social. Meternos en el fregao

«No debemos bajo ningún pretexto, separarnos del pueblo, pues no importa cuán atrasada o limitada puedan ser las personas, son ellas y no el ideólogo, quienes son la fuerza motor indispensable de toda revolución social»

Quizás “inserción social” sea uno de los términos que haya causado bastantes malentendidos, dando a entender erróneamente como sinónimo de paracaidismo o entrismo en los movimientos sociales. Nada más lejos de la realidad, la frase que abre este capítulo es parte de una intervención de Amélée Dunois en el Congreso Anarquista de Amsterdam en 1907, donde salió el debate sobre la necesidad del anarquismo de participar en el sindicalismo.

Queremos que nuestro programa sea asumible por los movimientos sociales y podamos crecer mutuamente, y ésto solo será posible si la militancia anarquista se encuentra a pie de calle y participando activamente en los movimientos sociales. Nuestra manera de hacer política está en el trabajo de base, y hemos de ir organizadas no para instrumentalizar las luchas, sino para radicalizarlas a través de las propuestas y puestas en práctica de tácticas y estrategias que permitan el avance cualitativo de dichas luchas.

– Capacidad de convocatoria. Ganar la batalla cultural

«La neutralidad no existe»

El sistema constantemente está fabricando discurso y propaganda. La no-ideología es su ideología, es la ideología dominante. Cualquier fuerza revolucionaria debe disputarse la hegemonía. Necesitamos que nuestras prácticas tengan altavoces y sirvan como propaganda por el hecho, enfrentando nuestra alternativa política frente a la barbarie capitalista también a nivel discursivo, es decir, defender la legitimidad de nuestros discursos. Tenemos que ser capaces de crear una cultura obrera y un imaginario colectivo socialista libertario que cuestione de raíz este actual sistema. Esto implica que podamos tener capacidad para movilizar a la clase trabajadora ante determinadas coyunturas, tener músculo en la calle y marcar agenda en la acción social y política. En otras palabras, ser la fuerza política que lleve la iniciativa en la lucha de clases.

A modo de conclusión

La revolución no está a la vuelta de la esquina, sino que será un proceso largo que depende de multitud de factores. Nos encontramos actualmente un escenario difícil, con amenazas serias como la derechización de la socidedad y la crisis climática y de recursos. Pero mejor que nos pille lo más preparadas posibles o enfrentaremos escenarios mucho peores. El anarquismo no debería quedarse como ideología que solo sea aplicable a pequeña escala y solo valga para gestionar ecoaldeas, sino que debería ser un proyecto político que pueda implementarse también en las actuales sociedades occidentales complejas, a través de una planificación descentralizada y una sociedad organizada con altos grados de participación social.

Insurrección de 1933 en Zaragoza

Revuelta en la perla del anarquismo.

 

Las calles de Zaragoza agitaban la bandera rojinegra, el pueblo salía con sus armas a defender la insurrección, se había proclamado la huelga general que se extendería por un amplio territorio de Aragón. Si bien la fama de la Rosa de Foc revolucionaria la albergaba Barcelona como la cuna del anarcosindicalismo, Zaragoza era la perla del anarquismo colectivista.

El 8 de diciembre de 1933 se iniciaba la insurrección anarquista, organizada desde la CNT, y que sería la última del ciclo de insurrecciones anarcosindicalistas antes de la Revolución Asturiana de octubre de 1934. Previamente ya se había organizado la huelga revolucionaria del Alt Llobregat en Catalunya en enero de 1932, y la Insurrección de enero de 1933 en la que tuvieron lugar los sucesos de Casas Viejas al proclamarse el comunismo libertario en un municipio gaditano.

 

Frente a la República burguesa y elitista: boicot, huelga y sabotaje.

 

Tras la proclamación de la República española el 14 de abril de 1931, la clase obrera organizada había comprobado con desilusión que el gobierno progresista prometía un conjunto de reformas sociales para mejorar la vida de los sectores más vulnerabilizados de la sociedad, pero que de la estructura estatal solo se podía esperar injusticia social, más capitalismo clientelista y brutalidad militar. El problema de la reforma agraria, de la educación, y del ámbito laboral, no estaban siendo abordados por el gobierno azañista desde la raíz, y no por una cuestión de impotencia política, sino por falta de voluntad ideológica. Evidentemente, ese gobierno no pretendía transformar la sociedad, sino adaptarla y hacerla claudicar lo mejor posible a las necesidades de una clase liberal dominante que se reivindicaba ilustrada. Los sectores populares organizados y los sindicatos vinculados a la CNT contenían un potencial revolucionario enorme, y pronto establecerían una estrategia insurreccional frente a esta república burguesa.

Después de varios estallidos sociales previos, llegaron las Elecciones Generales del 19 de noviembre de 1933, y la coalición de derechas ganó unos comicios en los que la coalición socialista rápidamente responsabilizó a la CNT por su campaña de abstención activa, en lugar de realizar una autocrítica y ver la contundente derrota electoral en la práctica de la violencia que habían ejercido desde el aparato estatal contra el movimiento obrero organizado.

Todavía no se había constituido el nuevo gobierno de derechas, cuando estalló la insurrección anarquista, que pretendía no dar ni un respiro a las fuerzas burguesas vencedoras. La decisión de esta revuelta obrera se había tomado tan solo una semana después de conocerse el resultado electoral. Se reunió un Pleno Nacional de la CNT en Zaragoza el 26 de noviembre, donde se decidió nombrar un comité revolucionario encargado de organizar esta insurrección, y que estaría integrado, entre otros, por Buenaventura Durruti, Isaac Puente, Cipriano Mera o Joaquín Ascaso. La consigna era iniciar un levantamiento popular de masas que se extendiera por otros territorios, que derivara en un enfrentamiento directo entre clases sociales y que determinara el inicio de un proceso revolucionario. Si bien voluntad no faltaba, ni siquiera potencial obrero y una conciencia proletaria muy extendida, esa estrategia no matizaba el camino a recorrer para dar una salto cualitativo de la revuelta a la revolución, y a la defensa de los núcleos liberados.

 

Se inicia la huelga revolucionaria decembrina en Zaragoza y se extiende por Aragón.

 

El 8 de diciembre se reunían por primera vez las Cortes republicanas tras las elecciones, y todavía no se había formado el gobierno que estaría dirigido por la coalición de derechas. Ese mismo día por la mañana el Gobernador Civil de Zaragoza, Elviro Ordiales, un militar que sería posteriormente Director General de Prisiones, declaró el cierre de los locales de CNT en la capital aragonesa y desplegó a las fuerzas represoras por la ciudad. Se había proclamado la huelga general en Zaragoza bajo el lema «Frente a las urnas, la revolución social», y se llamó a la insurrección armada en otros territorios, con un gran seguimiento en las provincias aragonesas.

La misma tarde del 8 de diciembre tuvieron lugar en Zaragoza los primeros enfrentamientos entre los obreros y las fuerzas represoras, que tendrían como consecuencia la muerte de doce personas solamente en el primer día. Se había logrado la paralización total de la ciudad, y al día siguiente estos enfrentamientos se generalizaron cuando los anarquistas logran el control de barrios como el de San Pablo, Delicias, y San José. Los tiroteos se sucederán durante los siguientes seis días, y los revolucionarios instalaron su centro logístico en la iglesia de San Juan de los Panetes. Hubo incluso un intento de asalto a las prisiones de la ciudad donde se encontraban presos anarquistas para ser liberados, por un lado la cárcel en el barrio de Torrero al sur de la ciudad, y también el Palacio de la Aljafería que funcionaba como presidio, sin embargo, estos ataques son repelidos por la Guardia Civil.

El 11 de diciembre los anarcosindicalistas se hacen fuertes en la calle del Conde Aranda y resisten en la Plaza del Portillo, donde al lado se encontraba la Fundición de Averly, fábrica obrera en huelga. Desde ese punto estratégico se ataca un cuartel en el cercano Paseo de María Agustín, que necesitó ser auxiliado por un batallón de zapadores y minadores. Esa misma tarde los insurrectos anarquistas consiguen controlar la Estación del Mediodía, y solo tras fuertes combates una compañía de infantería con ametralladoras logra recuperarla. Las fuerzas policiales intentarán recuperar el barrio de San Pablo donde se encontraban numerosos anarcosindicalistas detrás de las barricadas levantadas, sobre todo en el entorno de la actual Plaza de Santo Domingo. También se desatan enfrentamientos en la Plaza Aragón, donde los anarquistas disparan a las fuerzas militares desde los tejados, habiendo también tiroteos en calles perpendiculares desde el Paseo Independencia hasta Plaza Constitución.

Durante una semana la ciudad está en disputa con las fuerzas represivas republicanas, el Gobernador Civil ordena el cierre de teatros, casinos y cafés; y los obreros habían paralizado parte de los transportes como autobuses, taxis o tranvías. El gobierno republicano enviará al Ejército para aplastar esta insurrección, situando ametralladoras en las calles de Zaragoza, llegando carros de combate y sobrevolando aviones militares el espacio aéreo de la capital maña. Finalmente la insurrección será sofocada el 14 de diciembre, y al día siguiente la propia CNT reconociendo la derrota estratégica decide poner fin a la huelga proclamada. El total de las cifras de estos sucesos serán un centenar de muertos, la mayoría de ellos revolucionarios anarquistas, aproximadamente 300 heridos, y casi 6 mil detenciones en todo el territorio español. Algunas semanas más tarde, el 24 de enero de 1934, una treintena de anarquistas maños asaltaron los juzgados donde se encontraba el Sumario de la insurrección y lo robaron para entorpecer las investigaciones judiciales represivas.

 

El fallido intento de un movimiento revolucionario insurreccional en otros territorios.

 

Este movimiento insurreccional tuvo su epicentro en Zaragoza, pero también trató de superar los límites de la territorialidad aragonesa. En la ciudad de Huesca y en municipios como Amudévar o Gurrea de Gállego, la insurrección resistió durante varios días. En Teruel capital y otras localidades turolenses como Valderrobres o Beceite, se proclamó el comunismo libertario. La proclamación del comunismo libertario en algunos municipios siempre seguía un mismo esquema: apoderarse del cuartel de la Guardia Civil, la detención y reducción de las autoridades o de las fuerzas de poder terrateniente, la quema de los archivos de propiedad y documentos oficiales, y el abastecimiento de productos según una economía de base comunista. Sin embargo, más allá de esas medidas, no se podían defender posteriormente las conquistas realizadas debido a la dura represión gubernamental y la imposibilidad de hacer frente a una fuerza brutal que siempre les superaba en número, en armamento y en estrategia militar.

Hubo igualmente alzamientos anarquistas en algunos puntos aislados de Extremadura, en la cuenca minera de León, o en Catalunya. También incluso en Andalucía, concretamente en la localidad cordobesa de Bujalance, donde tras proclamarse el comunismo libertario, hubo diez muertes y una docena de detenciones. En Euskal Herria, salvo algunos disturbios y sabotajes puntuales no hubo una especial incidencia, salvo en el municipio alavés de Labastida donde hubo un enfrentamiento directo de treinta revolucionarios contra las fuerzas de la Guardia Civil en la madrugada del 9 de diciembre, siendo sofocada en la mañana siguiente con la llegada de refuerzos de la Guardia de Asalto republicana. Una semana después en todos los puntos la situación había sido dominada por las fuerzas represivas republicanas.

 

Las consecuencias políticas inmediatas y el legado histórico anarquista emancipatorio

 

El balance de fuerzas revolucionarias caídas o detenidas en los enfrentamientos con las fuerzas represivas fue un coste demasiado alto a pagar por una insurrección que no consiguió unos objetivos revolucionarios de masa mínimos. A los implicados directamente en esta lucha obrera y su organización táctica se les aplicó una represión brutal a través de la recientemente aprobada Ley de Orden Público de 1933, deportando a bastantes revolucionarios anarcosindicalistas a Guinea Ecuatorial y las islas Canarias, entre otros a Buenaventura Durruti, en el barco mercante Buenos Aires.

Esta derrota insurreccional llevó a la CNT a una grave desarticulación de sus fuerzas más activas, viéndose afectados también sus órganos de expresión. Debió reorganizarse en tiempo récord el anarcosindicalismo para la preparación del Congreso Nacional de la CNT en mayo de 1936 en la capital aragonesa. La memoria social de las revueltas de militantes anarcosindicalistas en el pasado deben rescatarse desde la mirada estratégica en la lucha contra el capitalismo actual. Se elaboran mapas y caminos de aciertos y errores en la historia, y la realidad práctica es que insurrecciones mayoritariamente fueron derrotadas sin lograr una articulación de emancipación de masas. Nuestro desafío en la actualidad consiste en seguir construyendo caminos que superen esas brechas insurreccionales, articular los pasos que conduzcan a una fuerza social y no al vanguardismo desconectado de la realidad política común, porque decididamente nos va la vida en ello.

 

Agradecimiento a la compañera ilustradora y anarcosindicalista Ana Resya, que desde el territorio de Aragón ha inspirado y servido de fuente para la elaboración de este artículo de memoria libertaria.

 

Artículo escrito por Ángel, militante de Liza.

 

 

Bibliografía:

 

«Diario de una ciudad libertaria. Zaragoza, 1871-1936».

 

«La España rojinegra. La insurrección anarquista de diciembre de 1933», Fermín Escribano Espligares, Asociación Isaac Puente.

 

«La Zaragoza anarquista en los años 30. Guía anarcosindicalista de Zaragoza», editada por CNT Aragón y La Rioja.

 

https://www.zaragozamemoriahistorica.com/

 

 

El Anarquismo ante el nuevo ciclo político

Está finalizando un ciclo político y comenzando otro. No sabemos cuáles serán las características de este nuevo periodo, lamentablemente no disponemos de una máquina del tiempo, no terminamos de creer en el tarot y los posos del café nunca nos han ayudado demasiado. Por eso tuvimos que inventarnos algunos métodos de análisis social que usamos para intentar conocer las características socioeconómicas, detectar las diferentes fuerzas políticas y sus operaciones, limitar los agentes políticos y clasificarlos correctamente y, sobre todo, para poder planear con la mayor claridad posible los pasos que nos acercaban a nuestros objetivos, que son hoy, y siempre han sido, la superación de este sistema criminal por otro mundo nuevo donde la igualdad y la libertad sean la base de las relaciones sociales.

Todos nuestros esfuerzos por comprender la sociedad, nuestra obsesión por historizar y contextualizar los sucesos y las condiciones materiales e ideológicas, tienen esta pretensión: ayudarnos en nuestra lucha por el socialismo libertario. Son estos análisis los que nos dicen que en nuestro entorno más cercano un ciclo político está finalizando y comenzando otro.

 

¿De qué ciclo político estamos hablando?

Los ciclos políticos son herramientas analíticas que deben servir para clarificar los fenómenos sociales. Llamamos “ciclos políticos” a los periodos donde las dinámicas sociales siguen un curso determinado coherente. Estos ciclos entran en crisis y se agotan cuando los cauces que se establecieron con anterioridad quedan desbordados por el flujo del acontecer social o se cierran desde sectores de las instituciones.

Nosotros afirmamos que el ciclo que comenzó con la crisis económica de 2008 está tocando a su fin porque las actuaciones de los diferentes agentes políticos que intervinieron en aquel periodo están dejando de producir los efectos que pretendían. En 2011 vivimos un periodo de conflictividad social que algunos llamaron de “Los indignados”. No podemos entrar en profundidad en el análisis de este momento histórico reciente, pero podemos decir que sobre esa fuerza social que se congregaba en las plazas derivó en una institucionalización de la protesta. Esto no pasó por arte de magia, sobre aquellos manifestantes operaron agentes políticos que consiguieron reconducir aquella conflictividad a través de la construcción de un partido político: Podemos.

Aquel desvío se produjo bajo la promesa de defensa de las demandas políticas por los nuevos responsables. Si bien es cierto que aquellas demandas nunca conformaron un programa claro, lo que sucedió en los años siguientes nada tuvo que ver con lo que se planteaba en aquellas plazas. Ni se consiguió más democracia, ni los bancos pagaron la crisis, ni el régimen tuvo que exponerse al poder popular, ni se derogaron las leyes más represivas. Por el contrario, la democracia siguió estando al servicio de las élites. Los bancos y empresas del Ibex siguieron acumulando beneficios a costa de los trabajadores y de las arcas públicas, el régimen monárquico y heredero de la dictadura se consolidó y se profundizo en la desigualdad social y económica amparada por ley y protegida por la fuerza.

Todo esto fue posible por (y no a pesar de… como se empeñan en decir) la entrada en el gobierno de coalición de Unidas Podemos. La fuerza social quedó desactivada, desviada y luego defraudada. Evidentemente esto pasó factura a la formación de Iglesias que, como peces en el agua en la realpolitik, se fracturó, refundó y pseudo radicalizó discursivamente, dependiendo del momento y de sus necesidades particulares.

Mientras tanto la derecha (nueva y vieja, extrema y “centrada”, tradicional y online, conservadora y liberal) no dejó pasar la oportunidad. Con la izquierda institucional escorada cada vez más hacia la derecha, mandando policías a manifestantes, haciendo reformas cosméticas, peleando por asientos y likes, acompañando la militarización de las fronteras y de la protesta, fue sencillo aparecer como una alternativa realista e incluso moderada. Cuando todo se desplaza hacia la derecha el centro también lo hace. Y ante esta situación la izquierda institucional empezó a perder apoyos y poder.

Y a esto nos referimos con un ciclo que empieza y acaba. De la crisis de 2008 y el descontento social, hacia el desvío neorreformista y su posterior hundimiento como opción política. Lejos de aceptar las explicaciones deterministas que nos quieren hacer creer que la calle se moviliza y desmoviliza sola, como si fuese fenómeno climático, nos servimos de herramientas analíticas para comprender qué pasó. Así sabemos que no estamos ante una borrasca, sino ante un fenómeno social y podemos entender mejor, que puede estar por venir y como debemos actuar para lograr nuestros propósitos.

 

¿Y la izquierda radical?

La izquierda radical no estaba preparada ante lo que pasó. No supo intervenir en los procesos de combatividad social que se produjeron durante la crisis y no supo entender ni defenderse del desvío que realizó el neorreformismo.

Muchos sindicatos, asociaciones vecinales y otros proyectos amplios que luchan por las mejoras de las condiciones laborales y sociales tuvieron serios problemas para realizar su actividad frente al “gobierno más progresista de la historia”. Tanto las burocracias reformistas como los medios de comunicación desactivaron gran parte de la conflictividad social. Algunas organizaciones decidieron “experimentar” sumándose o impulsando la vía institucional con lamentables resultados. Los movimientos sociales sufrieron un parón considerable al no poder adaptar su discurso crítico a unos representantes políticos supuestamente afines.

Pero igual que pasó a nivel institucional, fuera de los salones y de los pasillos, también comenzó un periodo de crisis y reflexión con las derivas tomadas. En los últimos años hemos presenciado un estimulante proceso de autocrítica (a veces muy limitada) y de ruptura con prácticas previas y con ella la emergencia de organizaciones nuevas. Aún está por ver cómo de “nuevos” son los planteamientos y las practicas que surgen de este sector, pero lo que no se puede negar es que no es un claro síntoma de fin de ciclo político.

 

¿Y el Anarquismo?

El anarquismo adquiere diversas expresiones, más o menos conscientes y explicitas, que es preciso apuntar para poder producir un análisis. Tradicionalmente es el anarcosindicalismo la expresión más asentada en el estado español. Zarandeado por las agresiones que viene sufriendo la clase trabajadora y sus formas de auto organización y defensa, y desprestigiado por las prácticas de los sindicatos amarillos y o grupúsculos sectarios, el anarcosindicalismo no ha pasado por sus mejores momentos. Se han implementado ciertas tácticas con diferente éxito en sus resultados: la apertura de algunas organizaciones a formulaciones de masas, la reconversión en espacio para movimientos sociales, cierto acercamiento entre las diferentes organizaciones, la modernización del discurso… El anarquismo sindical en el estado español es muy variado, pero su apuesta por la Síntesis (la unión de diferentes corrientes del anarquismo y de trabajadores no libertarios en una misma organización) está generalizada y ni siquiera es explicita y consciente. Allí donde ha virado hacia configuraciones más amplias y abiertas se ha experimentado cierto crecimiento, siempre en detrimento de la posibilidad de generar unidad ideológica y estratégica, como es obvio.

El anarquismo autonomista, integrado principalmente por CSOs, cooperativas y pequeños colectivos integrados en movimientos sociales y diferentes proyectos del anarquismo cultural, ha sufrido por partida doble. A la vez que la conflictividad social bajaba y se reducía su llegada a las masas sociales, se derechizaba la política institucional y mediática, lo que hacía que aumentase la presión y criminalización sobre ellos. esto ha supuesto un claro repliegue del panorama autónomo.

Ante esta situación de resaca generalizada, al igual que pasó en el resto de la extrema izquierda, han surgido procesos de reflexión y autocritica que están produciendo una serie de propuestas teóricas y prácticas que no se habían desarrollado con anterioridad en el espacio libertario.

Anarquismo Social y Organizativo

La crisis del anarquismo quizás ha sido más profunda que la que se ha producido en otros espacios del socialismo. El anarcosindicalismo como máxima expresión de la estrategia de síntesis y el anarquismo autonomista próximo a las dinámicas de los movimientos sociales está en punto muerto. En su seno se producen debates, nuevas y viejas propuestas rescatadas, mucha autocritica y la aparición de proyectos con otras líneas estratégicas. Quizás los dos síntomas más claros de que estamos ante un cambio de ciclo también en el movimiento libertario sean el abandono de mucha militancia hacia el autonomismo socialista con clara apariencia de constitución de un partido marxista leninista y la emergencia del especifismo latinoamericano y del plataformismo, a los que se ha venido a denominar como Anarquismo Social y Organizativo.

Esta corriente, el Anarquismo Social y Organizativo, dentro del movimiento libertario no es nueva. Hunde sus raíces en las propuestas tácticas teorizadas por Bakunin: la estrategia de militancia dual. A diferencia de las propuestas de Síntesis, se apuesta por la construcción de una organización específicamente anarquista, donde se construye una fuerte unidad ideológica y estrategia, así como unos compromisos militantes, desde la que se interviene en los movimientos de masas para potenciar la fuerza social de los mismo. En otras palabras, la organización anarquista interviene en la realidad social intentando producir las condiciones más favorables para la acumulación de fuerza en manos de los trabajadores y trabajadoras en su enfrentamiento con las fuerzas capitalistas.

Lo importante de todo este asunto, de esta reflexión estratégica, es que supone una ruptura con el sentido común que se ha ido imponiendo en el entorno libertario a base de costumbre y falta de reflexión. Y es que este posicionamiento estratégico supone un radical cuestionamiento a las estrategias autonomistas y de síntesis, al insurrecionalismo organizado en pequeños grupos de afinidad y al anarquismo educacional sumido en posiciones reformistas.

 

El estado actual del Anarquismo Social y Organizativo en el estado español

Aunque hablamos de ruptura, no es justo imaginar este proceso como la irrupción repentina y surgida de la nada de unas cuantas iluminadas. La realidad es que este proceso reflexivo lleva años aterrizando en nuestro entorno más cercano, solo es que ahora ha encontrado el terreno fértil y los oídos ligeramente más abiertos a otras ideas. Es necesario por tanto agradecer el duro e ingrato trabajo que han realizado algunas organizaciones y militantes en este sentido. La implantación y la fuerza de las organizaciones del Anarquismo Social y Organizativo en Latinoamérica son sin duda el otro factor que ha posibilitado la llegada de estos planteamientos estratégicos a nuestro territorio.

En la actualidad se han formado en el estado español media docena de organizaciones anarquistas alineadas con el especifismo o el plataformismo. Algunas de ellas ya han iniciado un proceso de coordinación y se han implicado en un profundo debate sobre la posibilidad de la creación de una organización a nivel estatal. Hay que tener en cuenta que “Federación” no significa lo mismo aquí, que en las estrategias de síntesis. En coherencia con la estrategia dual bakuninista, implica la construcción de unidad ideológica y estrategia, por lo que es más laborioso de construir y perfilar. Creemos que están por llegar muchas nuevas y buenas noticias desde esta corriente del anarquismo, lo que nos llena de esperanza y ayuda a sacar los pies de ese pantanoso estado de derrotismo e impotencia.

 

¿Y ahora qué podemos hacer?

Partimos de que estamos ante un cierre de ciclo con el agotamiento de parte del neorreformismo, pero ojo, que esto no significa que hayan dejado de existir. Es más, ahora mismo, los diferentes sectores dentro de Sumar están intentando cerrar todas las grietas que hay abiertas para estabilizar la situación o capitalizarla a su favor. Esto implica que no podemos entender el periodo que se abre como un momento político resuelto a favor de los planteamientos revolucionarios. Esto no es un; el neorreformismo ha fracasado es nuestro turno.

Por el contrario, es el momento de organizarse, plantear alternativas y estrategias aprovechando la experiencia reciente. Esta vez tenemos que estar preparados para evitar que las burocracias y los tecnopopulistas consigan desviar la fuerza social que surgirá del descontento y la indignación. Allí es donde deben estar las anarquistas, organizadas y armadas de una estrategia coherente que nos permita avanzar en el camino hacia la emancipación.

Escrito por Miguel Brea, militante de Liza.

Rezos, saludos fascistas e insultos homófobos por la unidad de España

La extrema derecha toma las calles de Madrid

Estas semanas hemos podido presenciar el dantesco espectáculo que se producía en torno a la sede del PSOE en la calle Ferraz, situado en el “noble” barrio madrileño de Argüelles. Muchos de los que leerán este artículo que sean de la capital sabrán que es una zona conocida para salir de fiesta y tomar algo, pero que tiene el ligero inconveniente de que, de vez en cuando, es parte del recorrido de neo-nazis es sus cacerías nocturnas. En principio no parece el sitio más idóneo para ubicar la sede de un partido que se autodenomina socialista y obrero, pero sabiendo qué entiende por ambos términos y cuál es su función, se convierte en un lugar como cualquier otro.

El contexto lo conocemos: se preparan las negociaciones entre el PSOE y Junts, se comienza la redacción de una ley de amnistía como condición para recibir los apoyos necesarios para revalidar la toma del gobierno, la derecha mediática y política de toda índole y ralea azuza el avispero y las calles arden durante casi dos semanas.

Pero antes de avanzar en un breve análisis de los diferentes sectores allí reunidos y de ofrecer alguna reflexión sobre cuestiones que nos parecen interesantes debemos matizar eso de “las calles arden”. Sin subestimar la gravedad de las imágenes que nos han ofrecido los medios de comunicación y los propios manifestantes, sin ignorar el asco que producen sus cánticos y pancartas y sin rebajarle ni un ápice de importancia a las declaraciones golpistas de algunos de sus protagonistas, estamos hablando de un apoyo social muy limitado, las cifras como siempre bailan, pero en las estimaciones más abultadas no suelen superar los 2000-3000 participantes.

Madrid es la capital de la derecha y de la extrema derecha

Esto es una obviedad. La ciudad que consiguió frenar el avance del fascismo en una de las defensas más heroicas de las guerras modernas, una vez derrotada, fue transformada en el cortijo del nacional catolicismo, el capitalismo que se enriquecía a su costa, el fascismo más rancio, el tradicionalismo cristiano criminal, centro de las fuerzas armadas represoras y también la monarquía que lo sucedería. Madrid fue el centro de la reconstrucción del poder reaccionario tras el proceso revolucionario y sus calles derrotadas acogían a tullidos de la división azul y a nazis que huían tras su derrota.

Madrid supuso la recentralización del poder territorial para castigar y controlar a los disidentes periféricos y el núcleo desde el que se irradiaba la ideología franquista de la raza, el honor y los valores tradicionales. Y esto estaba planeado antes de que consiguiesen doblegar al pueblo madrileño a base de hambre y bombardeos, por eso el mapa de la ciudad muestra que el hostigamiento desde los aires no afectó a todos los barrios por igual. No bombardearon sus casas en el barrio de Salamanca, para poder llenarlas con lo saqueado una vez traspasasen las defensas.

Desde entonces hasta ahora han cambiado muchas cosas. Pero Madrid sigue siendo una ciudad donde el conservadurismo impera y donde sus formas más oscuras operan. Pijos y nazis. Empresarios y fascistas. Donde las excepciones fiscales hacen del impuesto de sucesiones a las herencias un chiste. Un paraíso para la burguesía y el empresariado del país.

Los objetivos políticos de los diferentes actores

Pero ojo, en este artículo pretendemos ofrecer algunas claves analíticas que quedarían completamente arruinadas si cayésemos en generalizaciones populistas. Nuestra tesis es que la ley de amnistía que han negociado las elites nacionalistas catalanas con el partido socialista es un intento de cierre de la crisis política que estalló el primero de octubre de 2017 con el Referéndum de autodeterminación. Ambas fuerzas políticas quieren sacar partido a ese asunto o, mejor dicho, dependen de que aquello quede “resuelto” para poder proseguir con su actividad. Mientras las elites catalanas quieren poder regresar a su actividad y mostrarse como los protagonistas de las demandas independentistas, Sánchez necesita sus apoyos para poder mantener el gobierno y de paso mostrarse como un político de “talante” negociador y un hombre de Estado.

Evidentemente, a la derecha institucional española esto no le viene nada bien. Entre otras cosas porque les quita la oportunidad de apuntarse el tanto de la resolución del “problema catalán”, sin olvidar que las narraciones de los acuerdos hablen de “lawfare”, es la continuación de la batalla PSOE vs PP por el control del poder judicial.

Por otro lado, tenemos a Vox que quiere adelantar por la derecha a los populares y eleva el tono aún más. Su objetivo es aumentar la crispación y capitalizar el descontento, y como sabemos tiene cierta ventaja en este terreno. La formación popular tiene al menos una mano atada. Tiene que mostrarse como un partido de orden, constitucional, moderado… Vox sabe que su crecimiento institucional le convierte a lo sumo en un partido bisagra para condicionar los gobiernos a los que aspire el PP, y dada la debacle de apoyos electorales que ha sufrido y sus muchos escándalos y fracturas internas, juega esta baza para recolocarse en el tablero.

Nazis, tradicionalistas, fanáticos radicales y cayetanos

Este es el perfil de las manifestaciones que asedian la sede del PSOE. Tenemos a hooligans del Real Madrid y del Atlético, pijos con fachaleco y pulserita, carlistas, conspiranoicos, ultraliberales, fanáticos cristianos, machistas, homófobos, racistas, empresarios de la extorsión y la agresión como desokupa…

Hemos visto gracias a su propia prensa -Ok Diario- a frikis, gente que no se entera de nada, invocaciones a la virgen para que interceda, gritos contra la monarquía y la masonería, peticiones de insurrección a los policías… es difícil no ridiculizarlo, pero hacer bromas sería un error por nuestra parte que nos puede costar caro. Si bien es cierto que han llevado a cabo en sus propias carnes el lema de su heroico legionario Millán-Astray “muerte a la inteligencia”. Hay intereses claros y bien tramados detrás de estas movilizaciones no tan espontaneas.

Los estrategas operando

Como adelantábamos, podemos entender estos sucesos callejeros como parte de una lucha de posiciones entre las diferentes fuerzas de la derecha. Nuestra hipótesis es que Vox, y la parte más populista y radical del PP, logró adelantarse a los movimientos de los populares y llevar las movilizaciones a unos términos en los que poco puede rascar el PP.

Veréis que los voceros mediáticos en los medios de comunicación repiten que el PSOE está perdiendo apoyos por llevar a cabo esta ley de amnistía, y puede que sea cierto, aunque a menor escala de la que vaticinan los opinologos expertos. Pero tampoco es menos cierto que ese fascismo televisado les hace un grato favor a las bases más moderadas del PP. Esta es la razón que ha empujado a realizar concentraciones masivas impulsadas por el PP donde el tono es otro.

Los jueces

La separación real de poderes es un mito fundacional de las sociedades burguesas al servicio del capital tan importante como su supuesta imparcialidad. Los jueces en España, por tradición, por parentesco y por las condiciones que impone su propio nombramiento (años de estudio y de oposición que son incompatibles con las necesidades de las familias trabajadoras), hacen del poder judicial una fuerza principalmente conservadora, cuando no directamente reaccionaria.

Lo hemos visto mil veces: qué difícil es que se juzguen los delitos de corrupción o de violencia policía y que fácil que se condene a los trabajadores que hacen política y luchan por sus derechos, las sentencias asquerosas que exculpan a violadores, o cómo se intentan tumbar leyes en los tribunales que reconocen derechos sociales.

Aquí debemos centrarnos en tres aspectos. El primero es que la judicatura burguesa es irreformable. Al igual que la policía y las prisiones, su función es servir a los intereses de las élites capitalistas. El segundo punto es incidir en que se está produciendo una pelea por el control de este poder del Estado. El PP bloque la renovación del Tribunal Supremo contra el mandato institucional y el PSOE se ve obligado a cuestionar el principio de imparcialidad. En tercer lugar, y por mucho que se empeñen en negarlo, el lawfare es una práctica corriente en el Estado español, que se lanzó contra los independentistas catalanes y que se usa frecuentemente contra todo proceso que cuestione el statu quo. No se restringe, como nos quieren hacer pensar, a ciertas interpretaciones judiciales, hechas por jueces particulares, donde se cuela su ideología normalmente reaccionaria. Es una práctica común y organizada contra cualquier cuestionamiento al sistema.

Los jueces son un agente político y como tal han actuado. Declaraciones de prensa, denuncias públicas de una ley que todavía no se había presentado, oposición al gobierno…

La actuación policial

Los que conocemos bien cómo se desarrolla la actuación policial para disolver y contener protestas sabemos que lo que estamos viendo estos días en la tele es un chiste de mal gusto. Hemos visto a agentes pedir por megafonía que por favor no se arrojasen objetos contra los policías, y sabemos que esta no es una práctica habitual. Lo habitual en manifestaciones donde se llegan a producir más de 40 heridos entre las fuerzas de seguridad es que la otra parte cuente por decenas sus detenidos y heridos y esto no está pasando.

Nosotras sabemos bien que una manifestación no autorizada y violenta jamás sería escoltada por una de las vías principales del centro de la ciudad. Sabemos muy bien que la policía dispone de archivos y registros de militantes y que, si quiere, y normalmente lo hace, continua su represión en los siguientes días tirando puertas de viviendas y llevando a los calabozos a los manifestantes.

Jamás pediremos más represión a la policía ni más contundencia en su función. Pero no podemos dejar de señalar que lo que está pasando no es lo habitual en este tipo de concentraciones y que estamos seguros de que se debe a que desde sus direcciones se les ha pedido no actuar como normalmente lo hacen y que también está suponiendo un problema para muchos de los policías tener que reprimir a sus compañeros políticos. Ya lo dicen los cánticos “Nazi de día, de noche policía.”

El Frente Obrero

El frente obrero se ha presentado en las manifestaciones con banderas republicanas. Esto ya no sorprende a nadie, pero desde la extrema izquierda deberíamos plantearnos cómo hemos actuado ante el crecimiento de este engendro. El miedo a su matonismo, cierta connivencia con sus planteamientos y sobre todo mucho mirar a otro lado ha permitido que la bestia crezca y salga de su guarida.

Ahora toca enmendar el error y combatirles sin cuartel.

La derechización del sentido común y la izquierda institucional y reformista

Muchos periodista, intelectuales y representantes políticos de la izquierda institucional están poniendo el grito en el cielo y pidiendo más presión policial y más democracia. La pregunta es ¿Qué entienden por democracia cuando piden más? La democracia es justo esto: jueces, policías, prensa y legisladores al servicio del sistema capitalista.

Estamos viendo como políticos de Sumar, Podemos, Más País y otras fuerzas reformistas están creando argumentos que criminalizan la protesta. Dicen, por ejemplo: no está bien protestar contra procesos democráticos y legales. Dicen también: no está bien realizar manifestaciones no autorizadas o enfrentar a las fuerzas de seguridad. Debemos señalarles públicamente y preguntarles ¿Lo que estás diciendo es que no debemos movilizarnos contra leyes aprobadas democráticamente como la Ley Mordaza? ¿Qué no debemos participar en el paro de desahucios y frenar a la policía? ¿Qué no debemos tomar las calles si no nos autorizan?

Es imperativo entender que la extrema derecha se fortalece y el sentido común se derechiza cuando la izquierda institucional hace políticas reaccionarias, tiene peticiones represivas y, en definitiva, traslada el sentido común hacia la derecha. Quizás este sea uno de los resultados más desastrosos políticamente hablando de la coalición de gobierno: una vez dentro de él han realizado un éxodo sin precedentes de los posicionamientos más progresistas.

Hemos visto como el PSOE del 155 y del “a por ellos” se intenta mostrar como el conciliador de la ley de amnistía y esto es posible porque la izquierda institucional le ha hecho la cama con tal de asegurarse carteras en su gobierno.

Miguel Brea, militante de Liza

 

Los cimientos para organizarse politicamente: por una cultura militante revolucionaria

En estos úlitmos años hemos puesto sobre la mesa la cuestión de organizarse a nivel político, a raíz de que cada vez más militantes anarquistas se están involucrando en espacios sociales amplios como los sindicatos laborales y de vivienda. Pero nos estamos encontrando un techo que nos está limitando a la hora de aspirar a proyectos más allá de la mera resistencia. La fórmula de la síntesis (organizaciones o colectivos donde entra cualquier anarquista a pesar de las diferencias ideológicas y estratégicas), de nuevo, está demostrando ser incapaz de superar ese techo. Esta falta de organizaciones políticas y estrategias propias nos deja en situación de trabajar para otros proyectos que no son el nuestro.
¿Qué quedó de aquellos movimientos anarquistas que articulaban movimientos de masas, creaba las estructuras de la nueva sociedad y lideraba revoluciones sociales? De esas experiencias revolucionarias históricas podría decir que solo quedan en algunas regiones del Sur Global, en la actual coyuntura del Estado español es inexistente.

Buena parte del espacio libertario lleva desde la Transición sin referentes claros y, en cierta medida, sin entender que nuestro trasfondo político y militante está influenciado por el sustrato cultural occidental. La falta de memoria, de experiencias acumuladas, de relevos y de romper temas tabú, son un cúmulo de factores que han derivado en la situación actual del anarquismo, con nuevas generaciones que repiten los errores de las anteriores y hechos que se dan por asumidos sin cuestionamiento alguno. Somos en buena medida el resultado de ésta herencia, sin plantearnos qué hay más allá de lo que siempre se ha estado haciendo.

De dónde venimos

Para entrar en contexto, repaso la historia reciente del anarquismo español en general. La época post-mayo del ‘68 en la cual las izquierdas fuera del bloque soviético salieron derrotadas políticamente. Todo ello se juntaba con la ofensiva neoliberal representada por el eje Reagan-Thatcher. A la par del retroceso de los sindicatos de masas, esta derrota política provocó que las tendencias de la izquierda revolucionaria occidental acaben encontrando una salida hacia adelante en lo subcultural y vivencial. De ahí el movimiento punk, el skin, el okupa (squats), bajo el lema “no future”, que descartaron la idea de una revolución de masas y por tanto, construir un nuevo modelo de sociedad a través de la revolución social.

Tras la muerte de Franco, los movimientos sociales volvieron a aflorar en España, entre ellos el anarquismo (mención a parte tendría el MIL y la resistencia armada, en cierto grado, vinculada a las luchas populares y obreras). La CNT del interior que estaba en la clandestinidad, donde parte de esa militancia pasó a los maquis y Defensa Interior, junto con sindicalistas que se metieron a los sindicatos católicos y luego a CCOO, que en sus inicios era combativo hasta que lo instrumentalizó el PCE, para agitar las luchas obreras, vieron una oportunidad para volver a ser un movimiento de masas. Pero la CNT del exilio se volvió conservadora. Boicoteaba el interior desde una posición estancada y a la vez alejada del anarcosindicalismo de años 20-30 (que construía movimientos de masas) y de la realidad del momento, quedándose en una especie de guardián de las esencias y sobreideologizada. Esta tendencia, a la legalización de la CNT después de los pactos de la Moncloa, comenzó a regresar a España. Las divisiones internas ya estaban servidas: entre partidarios de entrar en comités de empresa y elecciones sindicales y detractores de ello. Ésto terminará en una dura excisión en el V Congreso, donde nacerá la CGT. El Caso Scala terminaría por rematar la faena y la afiliación caerá a mínimos, no solo al ver las duras peleas de la división, sino también por la infiltración policial y las campañas masivas de criminalización del anarcosindicalismo.

En la CNT se acabará imponiendo la línea ortodoxa del exilio entrados en los ‘80, incapaces de remontar el duro golpe del Caso Scala y quedándose como microsindicatos con apenas actividad sindical pero mucho de contracultural de autoconsumo. En esa época el movimiento okupa y el punk tuvieron sus mejores momentos y a la vez los peores: los barrios obreros comenzaban a sufrir el azote de la droga con la complicidad de la policía y luego la posterior estigmatización de los medios y la política del país. Una gran parte del movimiento punk acabó también en la droga y en el nihilismo. Tampoco la CGT se libraba del todo de esta influencia tribuurbanista y contracultural. Se hablaba de un movimiento libertario con poca base social, muy identitario y endogámico.

Entrados en los ‘90-’00 llegaron las ideas del insurreccionalismo italiano. La crítica a la burocratización de las centrales anarcosindicalistas, e incluso de los resquicios de las viejas organizaciones del movimiento libertario como la FIJL y la casi inexistente FAI propiciaron una huida hacia adelante a través de la acción directa y el ataque directo contra el sistema. La oleada insurreccionalista fue un toque de atención a las viejas glorias y se dieron duras críticas hacia éstas, pero descartaron un punto clave para el desarrollo de cualquier movimiento: el trabajo de base. No existía ninguna conexión con la clase trabajadora en sí ni había voluntad de ello, algo que sí que lo tuvo el MIL durante su existencia en ‘70, que atracaba bancos para financiar huelgas y luchas sociales.

Esta oleada insurreccionalista terminaría siendo derrotada fácilmente al carecer de dicha base. La criminalización del Estado no se hizo esperar: aislar el anarquismo de la sociedad calificándolos de guerrillas urbanas y terrorismo de baja intensidad. Han aprovechado para fabricar un nuevo enemigo interno a la vez que desgastaba la bandera del terrorismo de ETA. En cuanto comenzaron los golpes represivos, la actividad comenzó a girar en torno a eventos de recuadación de dinero para los costes antirrepresivos y a volcarse en la lucha anti-carcelaria, a los cuales siempre acudían las mismas caras. Cayeron en una espiral repreresiva del cual no salieron, y muchas terminaron abandonando la lucha sufriendo penas desorbitadas. Una lucha de grupos reducidos de personas contra todo un aparato represivo sin una estrategia ni un vínculo con el pueblo era un completo suicidio. A los pocos años, esta represión dejó un balance desolador: montajes policiales, penas desorbitadas de prisión, multas… Entretanto, la paranoia, el aislamiento, los personalismos, roles de poder informales y los dramas internos fueron un desgaste en salud mental arrollador.

Los 2000 sería la década de la bonanza económica. El anarquismo fue pasando esos años sin pena ni gloria entre las okupas, lo contracultural, saliendo de las campañas antimilitaristas y haciendo campañas por apostatar (darse de baja de la Iglesia Católica, básicamente). Paralelamente, surgían los movimientos anti-globalización, que acostumbraban a organizar black blocs allá donde se celebraban las cumbres. Entretanto, lxs anarquistas en parte participaban de ese movimiento, pero sin ser tendencia organizada. En 2003 tuvieron lugar las movilizaciones masivas contra la guerra de Iraq y las mentiras del 11M. El anarcosindicalismo tendría poca influencia en este período. Las luchas más sonadas fueron a la campaña de boicot al Mercadona y la SGAE (autores y copyright, que también salpicó al portal alasbarricadas.org).

El anarquismo en el Estado español se quedó sin referentes fruto de la desmemoria y de la derrota política del ‘68. Por eso la herencia actual del anarquismo en general es un amalgama de esta ortodoxia purista e identitaria de la CNT del exilio, lo contracultural y vivencial de aquella época dorada del movimiento punk y okupa, y las dinámicas informales propias del insurreccionalismo italiano. No nos hemos reconstituido como una fuerza política, al contrario, se rechazaba la organización formal y el trabajo político, grandes errores que nos han llevado a ser algo marginal, haciendo del anarquismo una parodia de sí mismo donde nunca se planteó el traducir los principios y la ideología en línea política, estrategia y táctica para tener capacidad para desarrollar un trabajo de base real.

La conclusión hasta aquí es que hay una parte del anarquismo ha renunciado al objetivo revolucionario de construir un nuevo modelo de sociedad. No es la excepción, en los países occidentales la influencia de la ideología liberal en todos los aspectos de la vida desde los ‘70 (comienzo de la ofensiva del proyecto neoliberal) ha apartado de los movimientos revolucionarios de este objetivo último en la práctica. Otro ejemplo desastroso es el anarquismo estadounidense en los 90-00, volcado hacia el individualismo y lo vivencial.

Mi perspectiva política

Parto de las lecturas de otras experiencias militantes de algunos compañeros de Embat y de lecturas políticas del movimiento anarquista tanto histórico como actual, cuyo denominador común es la de organizar movimientos de masas y ser una fuerza política impulsora de las revoluciones sociales. Este anarquismo en la actualidad queda reflejado en las revueltas populares y movilizaciones masivas en Chile, Brasil, Ecuador, Argentina y Colombia, y en las revoluciones sociales con inspiraciones en el anarquismo como la zapatista y la kurda.

Este anarquismo social es el anarcocomunismo, la corriente política del anarquismo que tiene como estrategia general la articulación de movimientos populares de masas (poder popular) y la apuesta política de que dichas masas sean el sujeto político de la revolución social (el pueblo trabajador) y como objetivo político la configuración del nuevo modelo de sociedad, usando como modelo organizativo el dualismo: un nivel de masas y un nivel político. Esta tendencia en la actualidad recoge la herencia de las revoluciones sociales de la historia, las cuales destacan la mexicana de 1910, la Makhnovista del 1919, la comuna de Shinmin y Shangai en los años 20, la revolución social del ‘36, junto con las experiencias sindicalistas revolucionarias de Alemania e Italia de la misma época y el anarcocomunismo búlgaro. A nivel teórico-organizativo, la línea comienza en la Alianza por la Democracia Socialista de Bakunin, pasando la plataforma de Makhno, el partido de Malatesta y llegando al especifismo latinoamericano.

En los años ‘20, con los makhnovistas en el exilio, se dio un importante debate en torno a la organización anarquista. La publicación Dielo Truda fue la que divulgó las experiencias makhnovistas y puso sobre la mesa un modelo para la organización anarquista basada en la unidad ideológica, estratégica, táctica y de acción: la plataforma. Este modelo fue criticado y Volin defendió un modelo organizativo en el cual cabían anarquistas de cualquier tendencia: individualistas, sindicalistas, colectivistas y comunistas. A la práctica, los hechos les darían la razón al modelo plataformista, ya que el modelo de síntesis era incapaz de desarrollar trabajo político porque a la hora de discutir estrategias, responsabilidades y disciplina conjuntas era imposible el acuerdo.

Aquí pongo como ejemplo la Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, quienes adoptaron el plataformismo como modelo organizativo mientras el anarquismo a nivel internacional lo rechazó y se decantó por la síntesis. Esta organización articuló, desde 1920, un movimiento popular de masas, consiguiendo ser 3a fuerza política en un país muy convulso políticamente en aquella época, habiendo sido capaz de sobrevivir a ejecuciones de militantes y dos golpes de Estado fascistas hasta los años 40 que fue destruida por la represión estalinista.

La II Guerra Mundial mató todas esas luchas revolucionarias. Sin embargo, muchos luchadores siguieron combatiendo en la resistencia contra la ocupación nazi en Francia o lucharon como partisanos.

En la post-guerra, el anarcocomunismo comenzó a sacar cabeza aunque muy tímidamente. En los años ‘50 George Fontenis rescató el modelo plataformista y escribió “El manifiesto comunista libertario”, un texto que recoge la herencia de todas esas revoluciones históricas y planteará la necesidad de organizar el anarquismo como opción política.

En Sudamérica, esta corriente se tradujo en el especifismo de la cual la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) fue pionera (1968). Fue realmente una actualización del plataformismo en el cual el sujeto político ya no es únicamente la clase trabajadora y pasa a ser el pueblo, de la cual la lucha de clases sería un frente. Desde entonces, la corriente especifista se extendió y de las cuales heredaron organizaciones como Resistencia Libertaria, y heredan hoy Acción Socialista Libertaria, Federación Anarquista Rosario, Federación Anarquista Río de Janeiro, Coordinadora Anarquista Brasilera, Vía Libre (Colombia), entre otras.

Una mirada hacia nuestras experiencias recientes

La actualidad en el Estado Español tiene, sin embargo, unas experiencias de anarquismo social muy enriquecedoras. Todo vino al calor del 15M, fue un ciclo político que despertó conciencias e hizo que muchas personas nos replanteemos todo. Hablaré aquí de las más sonadas y de las que más tengo por la mano.

– La FAGC (Federación Anarquista de Gran Canaria)
Nacieron como cualquier colectivo anarquista al uso hasta un punto en que, según las palabras de Ruymán, en un momento que estaban repartiendo panfletos sobre veganismo, un señor había tomado uno de ellos y a pocos metros lo encontraron buscando comida en un contenedor. En ese momento a algunas personas se les rompieron esquemas. ¿cómo es posible que hablemos de veganismo teniendo personas que no tienen nada para llevarse a la boca? Ahí comenzó la ruptura. Quienes se quedaron fueron los que se volcaron de lleno al trabajo de base, comenzando por parar desahucios y poco a poco irían abriendo casas. Pasaron muchas contradicciones y se encontraron que nada era perfecto: desde personas que se aprovechaban para conseguir entrar en un piso y vender la llave hasta gente que una vez hecho la entrada chantajeaba con denunciar si no cumplían con lo que querían. Pero de ahí llegaron a construir la okupa más grande de España: unas 200 personas en un bloque de viviendas, la Comunidad La Esperanza, todas ellas gente que no tiene ni idea del anarquismo y con actitudes de mierda que con pedagogía aprendieron a convivir. Ahora es una comunidad autogestionada en que la FAGC había hecho de asesores.

Actualmente mientras escribo estas líneas el trabajo de la FAGC no ha parado: han creado el Sindicato de Inquilinas de Gran Canaria, han okupado huertos donde ahora viven personas sin papeles en autogestión y han conseguido ganar el conflicto de la Marisma, una pequeña comunidad víctima de una estafa inmobiliaria.

Sin saberlo, la FAGC acabó reproduciendo el modelo del dualismo organizacional del anarcocomunismo, estando la FAGC actuando como organización específica/política y el Sindicato de Inquilinas como organización de masas. La diferencia es únicamente semántica y elles lo llaman “anarquismo de barrio”, un anarquismo que se involucra en primera línea luchando al lado del pueblo ofreciendo las herramientas y metologías del anarquismo al servicio de la clase trabajadora y de la comunidad, no de forma asistencial, sino empoderándola.

– La FES-FEL (Frente Estudiantil y Social)
Actualmente la FEL ha tenido un cambio generacional, pero tuvo sus mejores años durante las movilizaciones del 15M (~2012 en adelante). La etapa del FES Zaragoza, que en poco tiempo acabarían siendo la FEL montando sus núcleos en la UAM, Somosaguas, Carlos III (Madrid), habría sido de las mejores en el movimiento estudiantil. Caso es de las experiencias del FES-FEL Zaragoza, logrando a ser referentes del movimiento estudiantil en la Universidad de Zaragoza durante unos cuantos cursos consiguiendo además implementar la unidad táctica a través de una política de alianzas de otros actores del movimiento estudiantil. Aquello impulsó aún más el movimiento estudiantil en la uni, llegando a realizar huelgas exitosas y con un grado de participación considerable, manteniendo además a raya a entidades estudiantiles filofascistas.

– Apoyo Mutuo
Esta organización nació como una red de militantes allá por el 2015 que pasó poco a poco a consolidarse como organización política que pretende ser de ámbito Estado español. Actualmente el núcleo que está teniendo rodaje es en Aragón, donde están sacando “Colectiviza!” una publicación de las luchas sociales en Aragón y han tenido su I Congreso.

– Embat
También al calor del 15M, Embat nació primero como un “procés” de construcción de una organización política de Catalunya. Tuvo el proceso similar a Apoyo Mutuo, comenzando a ser una Este proceso le llevó unos años de debates y formaciones sobre cuestiones que estoy yo escribiendo en esta carta. La organización como tal no se habrá formalizado hasta 2016-17. Desde entonces hay militantes en CGT Ensenyament, en habitatge y sindical. Fue parte del grupo motor del 1er Congrés d’Habitatge de Catalunya y también parte del grupo motor de Batzac. Actualmente como organización política ya tiene terminada la línea política.

Todas estas experiencias militantes están en nuestras memorias, pero gran parte de las nuevas generaciones que se politizan no la conocen.

La praxis política del anarquismo dista mucho de ser una parodia de rebeldía adolescente. Pongo los ejemplos del Estado español porque considero que no es necesario buscar ejemplos lejanos (que los hay), sino que ya son parte de la historia reciente y continúan a día de hoy a pesar de no ser tan visibles en algunos casos. Son ejemplos a tomar porque necesitamos preservar la memoria de estas experiencias para que no se pierda lo acumulado y poder aprender de ellas.

Un cambio de cultura militante. Recuperar nuestra tradición socialista

El ciclo de muchos colectivos anarquistas vienen a ser períodos cortos donde se hace activismo y en cuanto las circunstancias de la vida de las personas del colectivo cambian, el colectivo muere. Así vuelta a empezar de 0. Parece que nos guste reinventar la rueda para volver a hacer lo mismo, es la pescadilla que se muerde la cola.

La debilidad del anarquismo actual radica en las pocas responsabilidades y disciplina exigidas, así como la no-resuelta cuestión del poder y los liderazgos nos llevan a ser incapaces de tomar decisiones con agilidad. Se da mucha manga ancha a la libertad individual sin buscar ese equilibrio necesario en la responsabilidad colectiva. La militancia en una organización no es para que cada cual exponga su pedrada sino luchar por unos objetivos políticos en base a una unidad estratégica y de acción usando la organización como herramienta.

Es necesaria una disciplina interna y voluntaria, compromiso, decisión, sentido de organización, visión estratégica, sinceridad, humildad y tener visiones realistas. Capacidad para asumir liderazgos, saber cederlos, delegar, crítica y autocrítica, ser constructive, transmitir conocimientos, escuchar, comunicar… Si nos queremos tomar en serio el proyecto que asumimos, hemos de trabajarnos estos aspectos. Estar en una organización no es para reafirmarse en la identidad anarquista ni limpiarse la conciencia ni hacer colegas, estar en una organización implica luchar por aquello que creemos colectivamente y encontrar esta afinidad en el proceso.

Una disciplina militante tiene sentido si hay objetivos por los que luchar y tener estrategias para lograrlos, tanto para los inmediatos como para los finalistas. Es por ello que una Línea Política es esencial en una organización, ya que da el marco de actuación y marca las estrategias a seguir.

Queremos abarcarlo todo (capacitismo, antiespecismo, transfeminismo, antirracismo…) y estamos siendo débiles en todo. Nos creemos que todo es igual de importante sin tener siquiera una línea política trabajada, sin conocernos a nosotres mismes ni de dónde venimos. Seguimos haciendo lo mismo de siempre una y otra vez: anticarcelario, vivir okupando haciendo kafetas, ponernos la etiqueta por delante, crear comunidades endogámicas y herméticas (el ghetto anarco) con dinámicas tóxicas que vienen de no cuestionar la ideología liberal y la moral cristiana de nuestra cultura occidental. Negamos el poder reproduciendo roles de poder, negamos el liderazgo reproduciendo liderazgos informales, incluso en otros espacios donde se rechazan los partidos, se reproducen de manera informal el accionar partidista. Acusamos de reformista todo aquello que no nos guste pero reproducimos la ideología liberal en nuestros colectivos camuflado bajo un lenguaje radical, cuando la diferencia entre reforma y revolución, radica en que lo primero acepta el sistema de dominación con maquillaje, y lo segundo aspira a implementar un modelo de sociedad construyendo un contrapoder propio. Tachamos de marxista aquello de línea política y estrategia.

Esa ética militante por la que hemos pasado bastantes militantes y que actualmente se sigue reproduciendo en algunos entornos, queda reducido a una épica digna de cuentos de fantasía completamente desconectada de todo accionar político real, reduciendo la política en lo vivencial. Esa es la ilusión de radicalidad y de creer que eso es revolucionario. Pero la realidad no llega ni a ser reformista, ya que en la práctica aceptan el liberalismo puesto que en vez de confrontar el sistema articulando movimientos populares, crean falsas “islas de libertad”. Al fin y al cabo, estilos de vida que el capitalismo tolera.

Por tanto, todo anarquismo que no aspira a la creación y articulación de un movimiento de masas con la finalidad de que las actuales estructuras de autoorganización popular pasen a ser los futuros organismos de administración de la futura sociedad, es liberalismo. Así es que tanto el anarcoindividualismo como la práctica del anarquismo vivencial son liberales, ya que a la práctica están de acuerdo con el sistema puesto que su accionar político se basa en vivir el momento y realizar actividades de autoconsumo en comunidades cerradas ajenas en su mayoría a los problemas de la sociedad bajo un discurso radicaloide, renunciando a crear movimientos de masas y ser una opción política, y por tanto, renunciar al objetivo final socialista o comunista libertario. Este anarquismo vivencial no es más que liberalismo radical. Del mismo modo se podría aplicar a otras tendencias que en la práctica no realizan ningún trabajo de base.

No obstante, las experiencias de economía colectiva y de infraestructuras libertarias no entran dentro de ese anarquismo viviencial si dichas experiencias se conectan con las luchas populares. Por ejemplo, el proyecto de Fraguas nació siendo vivencial pero a raíz de la amenaza de desalojo, se reconvertió en un proyecto de repoblación rural y recuperación de la memoria de ese pequeño pueblo. De la misma manera, Can Tonal (St Antoni de Vilamajor) es una experiencia de economía colectiva que participa también de las luchas sociales en el pueblo.

Ser opción de poder no significa tomar los aparatos del Estado, sino ser una opción política con capacidad material de implementar nuestro modelo de sociedad tomando, no solo los medios de producción y la economía, sino el control territorial y la administración política de la nueva sociedad: el socialismo libertario, entendido éste como modelo en el cual convivan diversos modelos como el colectivismo, el cooperativismo, el comunismo, entre otros. Es el modelo que tienen los territorios zapatistas, Rojava, los territorios mapuches, la Minga y los territorios naxalitas (maoístas de India, muy cercanos a lo libertario). En otras palabras, es recuperar la libertad y la soberanía de los pueblos: la capacidad de los pueblos para decidir su propio destino y todos los aspectos de la vida. El anarquismo que yo defiendo apunta a ésto. Recuperar la tradición socialista consiste en volver a nuestros orígenes, y así lo demuestran todas aquellas experiencias revolucionarias donde el anarquismo ha sido fuerza política protagonista.

La ética militante del movimiento kurdo y de cualquier proceso revolucionario queda reflejada en personas comprometidas con la causa del pueblo, las cuales asumen la responsabilidad de, no solo crear la tesis política de emancipación social sino materializarla. En el movimiento kurdo, esta figura de máximo compromiso es el quadro, quien posee formación política, capacidad de liderazgo y experiencias de organización comunitaria. De la misma manera, la figura del ‘organiser’ del sindicalismo revolucionario anglosajón (la línea sindical de IWW) son militantes sindicales y van allá donde se necesite organizar campañas y secciones sindicales. En los movimientos populares latinoamericanos se les denominan “líderes sociales”, que son personas motoras y activadoras de luchas populares, pues se dedican a organizar comunidades en lucha desde el arraigo territorial. Estos ejemplos de compromiso distan muchísimo de la actual cultura militante y demuestran el error de crear comunidades con base en la afinidad ideológica con nula proyección hacia el pueblo y cero arraigo territorial. Hay que hacer política para el pueblo y la clase trabajadora.

Tal propuesta de cambio de cultura militante es un proceso que nos debe interpelar a toda la militancia, es un planteamiento que debe llevarse a cabo desde el conjunto de las organizaciones anarquistas y de las diferentes organizaciones de masas del pueblo, la clase trabajadora y el conjunto de oprimides. Estar al lado del pueblo es nuestro deber y saber el encaje que tendremos en el futuro movimiento libertario.

Unas palabras finales

Recuperar nuestra memoria es clave para situarnos y conocer nuestro papel. He visto con rabia e impotencia cómo militantes libertarios acaban buscándose otros espacios políticos tras ver que nada cambiaba y tanto por el cambio de las circunstancias de vida personales, como tener problemas y necesidades a las cuales no encontrarán en la militancia libertaria, o como tener la necesidad de una militancia más a nivel político, se encontraron con el vacío. Caso es un compañero que antes llevaban la editorial Klinamen de Madrid que terminó en Más País (Héctor Tejero), es también Íñigo Errejón que vino de las JJLL de Madrid, de Jordi Martí Font o David Fernández que terminaron en la CUP, y otras más anarquistas que acabaron militando en los círculos de Podemos allá en 2014-2015.

Es un reflejo de que cómo las dinámicas autodestructivas de siempre terminan quemando a la gente y la militancia más válida acabe trabajando para otros proyectos políticos que no son el nuestro. Necesitamos ser una opción política real y no una suerte de paraguas donde caben todas las frikadas posibles haciendo del anarquismo una parodia de sí mismo y una estética de rebeldía adolescente. Es la única manera de salir del círculo vicioso de siempre: la militancia veterana se quema y se marcha, entra una generación nueva, reproduce las mismas dinámicas y cuando se dan cuenta de que no funcionan, están en minoría y al final acaban yéndose. Repitiéndose ese ciclo generación tras generación ya que nada se acumula y constantemente se reinventa la rueda.

Afortunadamente, en la actualidad estamos observando cambios positivos: tanto la CGT como la CNT están creciendo en afiliación y secciones sindicales, a la vez que se consolidan poco a poco las organizaciones políticas del anarquismo social. Cada vez hay más militancia anarquista participando en los movimientos sociales locales y están saliendo debates para organizarse político. Por tanto, hay un cambio positivo en la cultura militante, aunque es un proceso largo y requiere de consolidarla y materializarla en un movimiento libertario estructurado en organizaciones de distinto ámbito. Dar estos pasos hacia un anarquismo capaz de intervenir en la sociedad ahora es clave para construir nuestro futuro.

La coyuntura política actual está sufriendo cambios acelerados ante una creciente conflictividad social: desde el colapso de Líbano y Sri Lanka, pasando por la toma del poder de los talibanes, las revueltas populares en Latinoamérica y sus cambios de gobierno…, hasta las revueltas en Irán. Nos encontramos ante un mundo cada vez más multipolar. Occidente ahora mismo es el único bloque que aún preserva cierta paz social, pero tampoco exenta de movilizaciones sociales y huelgas (Francia y en menor medida Reino Unido en este último trimestre del 2022). La coyuntura post-covid en rasgos generales es de crisis a todos los niveles, y ya hay quienes apuntan que el colapso ya está en proceso.

Sin embargo, al capitalismo aún le queda vida por delante, vendiéndonos falsas promesas de un futuro próspero a la vez que continúa provocando guerras. La amenaza de la ultraderecha es real, la actual opinión pública está virando hacia la derecha. Del mismo modo, estamos contemplando el rearme y la reorganización de la ultraderecha. Todo ello con el horizonte del cambio climático, el fin de los combustibles fósiles y la escasez mundial de recursos.

La reacción al momento político que vivimos contrasta entre aquellos intentos de huida hacia adelante aparentando que todo va bien y que habrá futuro, y aquellas perspectivas de lucha contra la incertidumbre y construir un mundo nuevo. Si decidimos tomar el camino de luchar por el mundo que queremos hemos de recuperar la esperanza. Aspirar a ser opción de poder no es más que implementar el modelo de sociedad que queremos superando el capitalismo. Evitemos caer en el basurero de la historia como perdedores, necesitamos estar a la altura del momento histórico en que estamos y recuperar ese anarquismo capaz de articular movimientos populares de masas e implementar el socialismo libertario.

«CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora», entrevista al secretariado de la CGT

Entre los días 9 y 12 de junio de este año, la Confederación General del Trabajo (CGT) ha celebrado en Zaragoza su XIX Congreso Confederal, bajo el lema Contra las desigualdades. Durante el mismo, además de considerar más de un centenar de ponencias de los afiliados, se ha elegido a un nuevo Secretariado Permanente (SP) para los próximos cuatro años. De las dos candidaturas que se presentaban, ha salido elegida la conocida como CGT para todas, liderada por Miguel Fadrique.

Desde Regeneración hemos querido hacer algunas preguntas al nuevo SP y desearle acierto en su labor para los próximos años. Responde a las preguntas, en nombre de todo el SP, su secretario de comunicación, Jose Alberto Villaverde, afiliado al Sindicat d’Administració Pública CGT Barcelona.

Antes de nada, queremos daros la enhorabuena por la victoria de la candidatura CGT para todas al Secretariado Permanente (SP) del Comité Confederal de la CGT. ¿Cómo estáis viviendo esta victoria? ¿Lo esperabais? ¿Os sentís respaldadas por la organización después de este resultado?

El resultado lo estamos viviendo con intensidad. Es un cambio grande a nivel personal para cada una de las personas que nos hemos presentado. Es una responsabilidad más en nuestro día a día y hay que reorganizarse para poder dar lo mejor de nosotras mismas al conjunto de la organización.

La verdad es que ha sido un resultado agridulce. Ha sido un trabajo de meses, incluso de años. El hecho de montar una candidatura desde la base no ha sido sencillo. Hemos tenido que poner encima de la mesa problemáticas y cuestiones con las que no ha sido fácil lidiar pero, al mismo tiempo, con un análisis común de cómo creemos que la CGT debía afrontar el futuro de la clase trabajadora. El hecho de sacar adelante el conjunto de acuerdos sociales y sindicales a los que hemos llegado es algo con lo que nos sentimos muy motivadas el equipo actual.

Contadnos un poco sobre quiénes sois y qué os llevó a presentar una candidatura propia al SP. ¿Hay más gente implicada o es un proyecto liderado únicamente por los miembros del SP?

Aunque el SP lo componemos 13 personas de diferentes sindicatos y de varios territorios y sectores, es importante que quede claro que no somos más que la cara visible de un proyecto muy amplio que pretende representar a toda la CGT. De hecho, muchas de las personas que inicialmente impulsaron este proyecto y esta candidatura no forman parte del SP puesto que es una candidatura colectiva.

Lo que nos llevó a presentar la candidatura fue la necesidad de rejuvenecer el sindicato, tejer redes con los movimientos sociales aportando una perspectiva sindical, estrechando lazos para trabajar codo con codo y abordar los problemas socioeconómicos de la clase trabajadora desde todas las visiones: bien para que te suban el salario 900€ o bien para que te bajen el alquiler 900€, estamos defendiendo derechos colectivos.

¿Qué objetivos os marcáis hasta el próximo congreso? ¿Hay algunas líneas que os gustaría desarrollar especialmente?

Lo que creo que debemos abordar es un proyecto común en lo que es la acción social y sindical, que responda a nuestras necesidades inmediatas haciendo frente a los recortes y opresiones bajo las que vivimos como trabajadoras en el mundo capitalista. En ese sentido, en este congreso se han aprobado ponencias importantes, por ejemplo la relativa a una huelga general el año que viene o aquellas que hablan sobre la estabilidad del personal en abuso de temporalidad en la administración pública, que es uno de los problemas a los que creemos que hay que responder con inmediatez desde el sindicato.

¿Cuáles creeis que son las principales amenazas y oportunidades que vamos a tener que afrontar el conjunto de la clase trabajadora en estos próximos años?

Nos encontramos en un escenario post COVID y en mitad de una guerra imperialista en Ucrania. Ambas situaciones nos han llevado a un aumento del gasto público y, por tanto, de la deuda pública, que nos conducen a un futuro escenario de crisis que pagarán las trabajadoras, como ya sucedió con la crisis de 2008. En este contexto, creo que el sindicato tendrá que afrontar y dar una respuesta contundente, con perspectiva de clase, en su debido momento y junto a la sociedad.

Creemos que esta es una de las situaciones que nos espera a nivel social y global. No hay que olvidar en todo esto la perspectiva internacionalista, porque no va a ser una crisis que haya que abordar solo a nivel del Estado español, en los diferentes territorios, sino que además habrá que hacerlo a escala global. Es fortalecer lazos con las diferentes asociaciones y sindicatos que comparten ideología y objetivos de forma amplia, para poder afrontar esta realidad de forma colectiva.

¿Qué puede aportar CGT al conjunto de la clase, y, como nuevo SP de la CGT, qué pretende aportar CGT para todas?

CGT para todas lo que pretende y ha pretendido en todo momento es mejorar la coordinación y el reparto de recursos dentro del sindicato, para mejorar y fortalecer nuestra acción sindical y social.

CGT para todas pretende estar al servicio de cualquier afiliada, para lo que necesite, y que ésta sienta que los medios del sindicato son suyos porque, de hecho, lo son desde todos los puntos de vista: el sindicato no tiene ningún sentido si no es de todas las personas que lo integran.

Una trabajadora cualquiera, ¿por qué debería apostar por afiliarse a la CGT?

Entendemos que CGT debería ser el sindicato de referencia para cualquier persona de la clase trabajadora que quiera tomar las riendas de su vida, que busque construir más y delegar menos con el objetivo de acabar con el sistema deshumanizador en el que vivimos. Las militantes de CGT trabajamos desde el apoyo mutuo, la solidaridad y la sororidad para destruir todas aquellas dinámicas individualistas y competitivas que rigen nuestras relaciones sociales. Tenemos claro que la fuerza de la clase trabajadora se basa en la unidad desde la horizontalidad y la igualdad entre todas las personas que la integran. Estos principios son el ADN de la organización.

Al respecto de la acción sindical, ¿qué aspectos positivos destacaríais del trabajo de la CGT en estos años y en qué aspectos os gustaría mejorar? ¿Alguna victoria de la que estéis especialmente orgullosas?

Uno de los primeros hechos que destacaría es la cantidad de movilizaciones que el sindicato ha sido capaz de encabezar. A pesar de toda la crisis del COVID, con lo que ha supuesto, hemos visto en algunos territorios manifestaciones masivas y huelgas que han funcionado y que el sindicato ha estado abanderando. Las movilizaciones del metal en Cádiz, por la estabilización del personal en la administración pública o los múltiples días de huelga en el sector de la enseñanza son ejemplos que para nosotras son escuela.

El hecho de responder socialmente y en colectivo a las necesidades concretas del momento es el camino para demostrar que nuestro sindicato es capaz de hacer unos buenos análisis de la realidad además de ofrecer la alternativa en las calles dando respuesta a las necesidades de la clase trabajadora.

¿Y respecto a la acción social y la relación con los movimientos sociales (vivienda, feminismo, ecologismo…)?

Por ejemplo, la verdad es que la experiencia que tenemos de colaboración con el sindicato de inquilinas es muy positiva. Es un movimiento que está creciendo, que demuestra que funciona, que consigue resultados tangibles y que responde a necesidades inmediatas. Además, comparte espíritu con CGT: desde abajo, plantando cara contra los grandes capitales que están expoliando este territorio, los fondos de inversión que están hurtando el derecho a la vivienda a las trabajadoras. El sindicato de inquilinas demuestra una capacidad de respuesta que es admirable y que creo que tiene que ser un espejo de lo que nosotras deberíamos llegar a hacer. Es necesario trabajar con movimientos como éste que dan ejemplo de cómo afrontar el futuro de esta sociedad. Porque si no nos enfrentamos contra el Estado, que es quien protege a todos estos grandes capitales, no hay una alternativa real. No existe un mundo mejor sin poner en duda todos estos poderes fácticos que benefician a los grandes capitales en contra de la clase trabajadora.

Otro ejemplo que no puedo dejar de destacar son las compañeras feministas en todo el Estado poniendo en jaque al capital. Cada feminicidio tiene una respuesta colectiva, cada día no cesan en señalar al patriarcado como aliado indiscutible del sistema. Entendemos que más allá de que muchas afiliadas y militantes del sindicato participen en los espacios del movimiento feminista, como pueden ser todas las asambleas feministas de barrios, pueblos y ciudades en todo el territorio, es necesario que su sindicato, la CGT, sea feminista y les de el apoyo necesario para que sigan luchando por un mundo nuevo donde las relaciones entre las personas sean entre iguales.

¿Alguna cosa que os gustaría añadir?

Nos gustaría añadir un agradecimiento a todas las personas que han estado colaborando y que han puesto su granito de arena para que este proyecto salga adelante. También a todas aquellas que siguen apoyando y seguirán estando ahí para que el sindicato sea realmente un actor principal en la defensa de la clase trabajadora, para que realmente lleguemos a emanciparnos socialmente. No desistiremos en sacar este proyecto adelante. Aunque el enemigo sea más grande nosotras somos más y estamos mejor organizadas. Animamos a toda la afiliación, y a las personas que se lo estén pensando, a que participen en este proyecto de forma activa.

Muchas gracias.

Gracias a vosotras. Suerte y acierto.

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