La heteronormatividad es un entorno hostil

«No te das cuenta de la importancia de un dedo hasta que te haces una herida en él»
Sabiduría popular moderna.

Hasta no hace poco, nunca me había planteado reflexionar más profundamente sobre mi sexualidad y cómo me he (o me han) construido socialmente en este ámbito. No es hasta ahora que me he planteado posicionarme con una parte que rechazaba y reprimía durante tantos años, guardándolo para mí y así centrar mis esfuerzos en otros ámbitos. La cita que abre este artículo es una parábola hacia mi experiencia. Creía irrelevante hasta que comenzaba a cuestionarme, documentarme y profundizar en cómo curar aquella herida que cada vez se abría más, ya que no era ajeno a mí sino que estaba dentro.

Una aproximación desde la experiencia

El contexto de mi pasado coincidirá seguramente con la gran mayoría de (si no todas) personas LGTBiQ+, donde se asumía que la heterosexualidad era lo normal y que todo lo que estuviese fuera de ella se consideraba patológico. Tener todo el ambiente en contra, en el cual escuchamos cada día «maricón», «nenaza» o «gay» como insultos y bromas vistas como lo más normal del mundo, así como babosear a las tías, pasar desnudos o ganar estatus hablando de ligar o tener novia, hacía que me sintiera solo. Solo no únicamente por la violencia testosterónica que podía llegar a desprender los grupos de tíos, sino que descubrieran que era un impostor entre ellos. Era tal esta hostilidad ambiental que al final la única forma de supervivencia era la mimetización. Hacerse pasar por un hetero más. Incapaz de encontrar apoyos, elegí la opción más fácil para que mi vida no termine siendo una lucha constante contra la familia y las amistades solamente por este tema, una pelea en las que tendría las de perder en esos momentos cuando las circunstancias de mi vida eran desfavorables. Entonces, la única garantía de estabilidad emocional era esconderlo y enterrarlo para centrarme en cuestiones más prioritarias. Esta mimetización se volvió en mi contra con el tiempo, ya que acabé asumiendo parte de la cultura heteronormativa y el machismo. Solo cuando las circunstancias de la vida mejoran y cuando ya ni la familia ni los entornos de amistades dejaron de tener poder sobre mi, cuando pude comenzar este proceso de reparación y deconstrucción. Encontrarme conmigo mismo implicaba, además de mis posicionamientos políticos, mi filosofía de vida, proyectos de futuro, etc, saber que ser marica es tan válido como cualquier otra orientación sexual.

Mi posicionamiento político

La heteronormatividad es este entorno hostil que impide la expresión de otras sexualidades e identidades de género. Construido en el mundo occidental y por las instituciones religiosas monoteístas como una norma social, asocia una serie de comportamientos, vestimentas, formas de ser y de actuar a una orientación sexual y a un género concreto dentro del binarismo hombre-mujer, teniendo como fin el de afianzar el modelo de familia nuclear heteropatriarcal, y en consecuencia, la reproducción de la fuerza de trabajo. El sistema capitalista necesita ese estándar. Por eso nos han patologizado, criminalizado y excluido. Todo lo que no encaje en esta heteronormatividad se queda fuera de la vida en sociedad. No interesamos porque no cumplimos con ese rol de reproducción de la fuerza de trabajo. Y solo si cumplimos dicho rol (gestación subrogada, matrimonio homosexual, no transgredir los cánones…) o somos un nicho de mercado, nos dejan existir. Combatir esta heteronormatividad pasa por construir un mundo donde no tengamos que luchar por ser nosotres mismes/por haber nacido así, ni dar explicaciones por no ser heteros, ni por saltarnos todos los convencionalismos y estándares heteronormativos. Porque tenemos una vida por delante y queremos que sea una que merezca la pena ser vivida, porque yo además creo en un proyecto político socialista libertario y pienso centrar mis esfuerzos en participar y contribuir a ello, sin tener que llevar la inseguridad encima de quién me va a juzgar, me miren diferente por ello o tenga que justificarme ante prejuicios.

No se trata de defender solamente unas orientaciones sexuales e identidades de género, sino que es una reivindicación tan básica como el derecho a existir y a una vida digna en la sociedad, poder desarrollar nuestras potencialidades en un entorno seguro y no tener que pelear de más porque exista una norma social que va en contra de una parte nuestra, y que por ello nos expongamos a esa violencia a todos los niveles: ambiental, psicológica y física. Queda aún mucha pedagogía que realizar y empoderamiento por nuestra parte, pero no por ello nos tendría que suponer dedicar la mayor parte de tiempo y esfuerzos en este ámbito. Por otro lado, sabemos que en espacios amplios las contradicciones se van a dar, y esa labor pedagógica se nos hará necesaria para ir construyendo espacios más inclusivos.

Finalmente, decir también que he podido expresar este posicionamiento gracias a que me independicé de la familia, haber encontrado complicidades, haber ganado seguridad en mí mismo al practicar artes marciales y de haber encontrado un entorno más afín. Muchas personas LGTBiQ+ aún no han tenido esa suerte. Es una llamada a que también puedan encontrar entornos seguros a pesar de estar rodeades de un entorno hostil, de heteronormatividad. Es una llamada sobre todo a las personas (sobre todo hombres) heteronormativas que ya militan en organizaciones políticas y sociales, y colectivos, al igual que los hombres con el tema de la masculinidad, cuestionen sus roles y hagan su trabajo/proceso de responsabilización/autocrítica/deconstrucción para que no tengamos que invertir más tiempo y esfuerzos de lo necesario en esta lucha, en otras palabras, que esas labores nos libere de carga de trabajo político en el ámbito del género. Porque también una buena parte somos clase trabajadora y desde lo libertario, no vemos posible la lucha contra la cisheteronormatividad y el patriarcado sin un discurso de clase, y viceversa. Hemos de entender que somos una clase obrera diversa. Queremos un entorno seguro al estar en la lucha de clases, en la lucha por la vivienda y los servicios públicos, por el medio ambiente, etc… y en mi caso, por un proyecto político socialista libertario. Sobre todo, para las personas que nos organizamos también a nivel político tener ese espacio nos es crucial. Porque nos interesa que en la lucha social y política se nos trate como a cualquier otre compañere más que pueda aportar todo su potencial sin tener que dar explicaciones a nadie, ni encontrarnos el mismo entorno hostil que en espacios fuera de la militancia.

[Reseña] Shame

Hasta 2008, Steve McQueen era el nombre de un mítico actor estadounidense ya fallecido (1930-1980). Ese año, de la mano de un guionista y director afrobritánico también llamado Steve McQueen, apareció Hunger, basada en los llamados troubles de Irlanda del norte y, concretamente, en Bobby Sands (1954-1981) y el conjunto de presos políticos republicanos, sus condiciones de encarcelamiento en aquel 1981 y su lucha contra estas.

No contento con eso, en 2011 este otro Steve McQueen nos trajo, también como guionista y director, una mirada a la masculinidad en nuestro tiempo: Shame («Vergüenza»).
Entre quienes intentamos deconstruir la masculinidad, nos gusta caricaturizar al macho típico como un hombre zafio, con sobrepeso o enclenque, sospechoso de ser autocomplaciente hasta la dejadez. Afortunadamente, Shame nos da un protagonista, Brandon, encarnado por Michael Fassbender: guapo, apolíneo, joven pero no demasiado, con un aire sofisticado y de cierto éxito. Tanto sus compañeros de empresa como su familia podrían hablarnos de ese éxito y esa imagen. También podrían decirnos que no saben bien qué hace fuera del trabajo ni qué le preocupa o qué podría hacerle feliz. Su hermana podría decirnos que Brandon no le coge el teléfono, así que, casi sin comunicación, la trama empieza cuando ella se le planta un día en casa. Ahí está el quid de la cuestión: ¿cómo se puede ser, a la vez, liberados sexuales y castrados emocionales? ¿Se puede vivir buscando la sexualidad y evitando la intimidad? ¿Cómo dar al placer su justa medida y evitar que se convierta en una evasión de aquello que nos da miedo, aunque sea porque lo desconocemos: el futuro, nuestras decisiones, nuestra autoconstrucción, … ?

Unos años antes, American Psycho nos daba otro hombre de aparente éxito y, a través de él, nos hablaba del deseo de omnipotencia y de la cultura de las apariencias y el postureo. Con Shame, Steve McQueen nos trae un protagonista  más normal que Patrick Bateman para hablar de algo más cotidiano. El abordaje de la sexualidad como mera búsqueda del placer de uno, en un mundo de posibilidades cuando se trata de cosificar al otro y, especialmente, a la otra.

Las contemporáneas interpelaciones de Mujeres Libres para la deconstrucción de nuestras masculinidades [Parte 2]

Continuamos este amplio texto que repasa las ideas inscritas en Mujeres Libres para barrer nuestras masculinidades desde la raíz, si te perdiste el comienzo, y antes de leer esta segunda parte, te recomendamos echar un vistazo a la primera parte.

 

3º  Aprendamos, reflexionemos, iniciemos la deconstrucción de nuestra masculinidad: singularidades interrelacionadas en devenires diversos.

(La pregunta es si se puede acabar con la desigualdad sin terminar también con la masculinidad y, por lo tanto, si esta se debe reformar, transformar o abolir).

La propuesta que proponemos para nosotros los hombres no es la terapéutica de mirarnos al ombliguito buscando nuestra esencia ensuciada por la dominación del capitalismo heteropatriarcal y encontrar desde la intimidad ese hombre verdadero, ese “buen salvaje natural” (como botón de muestra el gabinete psicológico terapéutico para revisar masculinidades que como experiencia piloto está desarrollando el Ayto. de Barcelona, 20 Minutos 25-04-17). Esta propuesta se aleja de las de inteligencia emocional que únicamente buscan soluciones individuales a problemas sistémicos, de ahí que nuestro deseo sea cuestionarnos el heteropatriarcado que llevamos en nuestros corazones así como, y de manera imbricada con esto, cuestionar el heteropatriarcado capitalista como forma de dominación. Queremos salirnos del dilema micro-macro, queremos asumir que “lo personal es político y lo político es personal”.

La actual crisis económica se refleja claramente en la crisis demográfica, preocupación de Estados y patronos en cuanto a la reposición y reproducción de los recursos humanos, que es como nos ven ellos/as a las personas asalariadas, en momentos de recortes de los servicios sociales que anteriormente proporcionaba el desaparecido estado del bienestar. Una de las políticas que el estado está tanteando son las campañas públicas dirigidas a reeducar a los hombres para que se conviertan en “nuevos padres” que compartan igualitariamente los trabajos de cuidados “La corresponsabilidad de los hombres en las tareas domésticas y de cuidado.  …..hay más problemas por la falta de corresponsabilidad” [postura del PP  sobre conciliación (el País  29-07-12) ]. Con nuestra propuesta no queremos propiciar cambios que terminen siendo funcionales, aprovechables para quienes nos explotan y oprimen, queremos definitivamente iniciar el camino de una radical deconstrucción creativa de la masculinidad desde una perspectiva antagonista que aúne holísticamente todos los aspectos de la jerarquía capitalista-heteropatriarcal, en la que no perdamos de vista las repercusiones estructurales de nuestra actividad cotidiana, así como emprender el camino de búsqueda, que se quiere coherente en sus límites, de la libertad y la igualdad en esa cotidianeidad.

  • Cuestionando-nos (lo personal) el heteropatriarcado capitalista

En el cuestionamiento en lo personal de ese heteropatriarcado capitalista que proponemos es entendiendo que las personas somos producto de nuestras circunstancias y de las líneas de opresión que nos cruzan; sin embargo esta opresión que tenemos incorporada no nos determina para siempre ni nos desresponsabiliza de nuestras prácticas tanto personales y cotidianas como de las más políticas (¿porqué los hombres no leemos-reflexionamos sobre feminismo aunque nos parezca importante?). A su vez esta posible y necesaria agencia para cambiar/nos no implica mostrarnos como sujetos totalmente libres y sin limitación alguna en la estela de ese producto del contemporáneo imaginario de dominación en el que vivimos como es el “self-made-man”, tan masculinista-individualista-heroico-competitivo.

Somos producto de líneas de dominación, aunque también podemos ser productores de otro imaginario y otras prácticas.

Empecemos a preguntarnos como lo hace Ana Ocaña (del Grupo de Mujeres CGT Madrid en “Rojo y Negro”, abril 2017): “Entonces bien, si encontramos que teóricamente el anarquismo es, o debe ser feminista per se, en base al objetivo de destrucción de toda jerarquía, ¿por qué a pesar de ello seguimos reproduciendo patrones de dominación propios del modelo patriarcal?”. Mirar de frente nuestros privilegios heteropatriarcales (en el hogar, en el curro, en el CSO o en el sindicato o cuando oímos y/o vemos a otros con conductas machirulas y callamos en pos de la fraternidad masculina, etc.) y la cara política de estos es nuestra labor, es nuestro trabajo si queremos verdaderamente llevar un mundo nuevo en nuestros corazones. Privilegios que gozamos en base a nuestra mirada, cómplice, no lo olvidemos, con la actual sociedad de dominación, que como Sujeto mira a la mujer como Objeto a poseer y dominar, nunca como otro Sujeto igual, que no idéntico [de ahí la violencia machista (“serás mía, nunca de otro”), los acosos y violaciones, la cosificación sexual que rompe y separa los cuerpos de las mujeres en trozos de carne, etc.]

Mirada masculina cuya estratagema es la naturalización de las mujeres (los Ilustrados iniciaron el dispositivo de la  moderna dominación patriarcal con argumentos similares a: “iguales somos, pero con distinta naturaleza, que hace que nosotros nos ocupemos de lo racional, lo público, la política y las mujeres de lo emocional y las pasiones; de lo privado”), naturalizaciónpara inculcar un falso, pero real, sentimiento  de inferioridad. Cuando estás acostumbrado al privilegio, inculcado por un falso, pero real, sentimiento de superioridad, la igualdad, los hombres la sentimos como opresión [“soy un hombre no puedo cambiar” (alguien que había acosado a una compañera en un CSO)]; desde lo personal y lo político los hombres no podemos más mirar cínicamente para otro lado respecto a lo que ha hecho de nosotros y nuestros privilegios la sociedad capitalista-heteropatriarcal [“como le voy a quitar “a mi mujer” esa ilusión que tiene en prepararme la comida y cuidarme”(veterano compañero anarcosindicalista)]. Es necesario iniciar un cambio radical, que no por tortuoso, doloroso y lento podemos dejar de iniciar humilde y pacientemente, pero iniciarlo desde ya. [“es algo a muy, muy largo plazo” (disculpa de otro veterano por no asistir a un debate sobre economía feminista)].

El proceso de deconstrucción de la masculinidad sabemos, los que lo iniciamos ahora, que nunca terminará, siempre será incompleto, parcial; tampoco será automático, ni armonioso, pues nos depara, a menudo desgarros y vergüenza propia [“recuerdo hace años que violé a mi compañera de entonces mientras dormía, aunque no lo viví como una violación”]. Utilizando, para nuestro propósito, lo que nos dice Castoriadis, referente a la autonomía y la eliminación del mensaje de la dominación incrustado en nosotros mismos , diríamos que “la deconstrucción de nuestra masculinidad no es pues elucidación racional sin residuo y eliminación total del discurso heteropatriarcal no sabido como tal”.

Este es un proceso activo, es un esfuerzo que exige, por un lado, persistencia que implica cierto dolor y tiempo para reflexionar “es lo mismo que una cerilla en medio de un campo en plena noche; una cerilla apenas ilumina, pero nos permite ver cuánta oscuridad hay alrededor”, por el otro, demanda creatividad pues “……no buscaríamos nuestro sexo verdadero, sino indagar y deconstruir nuestro sexo falseado para crear y conquistar nuestro sexo imaginario.”

Asimismo, su creación requiere una disposición interna de ironía para con uno mismo, de sentido no trágico de los propios fracasos: ser capaz de contemplar el poco edificante espectáculo de nuestros propios errores y fracasos. En contra de siglos de filosofía logocéntrica establecida que nos obliga a suplir la falta con una ultracompresión racionalista y en oposición a la ideología de la melancolía, uno debe tener, pues, la valentía de asomarse al borde del abismo, mirarlo y dejar que otras fuerzas vengan al rescate.

Desconstruir al borde del abismo, saber que la identidad es, según J. Carrey, “el ancla de un barco que no existe”. Sin embargo, habría que decirle a Carrey que ese ancla y ese barco inexistente si que están en un mar de opresión y dominación heteropatriarcal capitalista, ese sexo falseado a deconstruir mencionado más arriba,nos ha configurado, moldea nuestro deseo, enciende nuestros miedos y nos provee de las palabras para explicarnos y darnos sentido; somos su producto. No desviarnos en la quimera capitalista de los sujetos libres que nos moldeamos a nuestro antojo, del hombre hecho a sí mismo, ¡héroe de todas las batallas!, es otra de nuestras tareas .

Si sabemos que no estamos determinados totalmente y que tampoco somos dioses creadores de nosotros mismos tendremos que conjugar y asumir un doble carácter: como productos sociales (con toda la toxicidad de la dominación en nosotros mismos) y, a su vez, como productores (con el deseo de desprendernos paciente y perseverantemente de toda esa mierda) ya que “no es lo que han hecho de nosotros (el mercado, el estado, el heteropatriarcado) sino lo que nosotros hacemos con eso que han hecho de nosotros”. Deconstruir para crear, más bien para iniciar pues un proceso de destrucción de la masculinidad mediante un cultivo paciente y esforzado del tipo de interacción con los demás. Aquí la amistad es muy importante en este sentido, es el saber que nuestro trabajo y todo lo aprendido o adquirido lo es por contaminación, a través de los amigos, los compañeros en el proceso.

 Proceso opuesto a las normas de la “fraternidad” o camaradería viril que celebra la cultura heteropatriarcal, de ahí que busquemos la amistadde los feminismos y los movimientos LGTBQs(al igual que buscamos la amistad de las ideas y la tradición libertaria)si queremos aprender y activa, humilde y pacientemente deconstruirnos y crear para llegar a la igualdad en la diversidad real que no la igualdad de oportunidades estratagema en la que se conforma la sociedad contemporánea.

  • Cuestionando (lo político) el capitalismo heteropatriarcal.

En agosto de 2017 aparecía en prensa una noticia “El regreso de los clubs de mujeres”, en estos clubs se reunirían mujeres profesionales y amas de casa de clase media (el club madrileño está situado en el barrio de Salamanca) para celebrar fiestas, charlas, biblioteca, etc. El club de Madrid es el único que admite a “algunos hombres buenos”. Enfrentados a esa idea de “buenrrollismo” de algunos hombres majetes cuyo objetivo sea alcanzar la igualdad de derechos sin preguntarse siquiera por la sociedad en la que se da esa desigualdad, recogemos las palabras de Paco Vidarte: “No por caridad. No porque se nos exija ser más buena gente que nadie…..    Sino porque la homofobía, como forma sistémica de opresión, forma un entramado muy tupido con el resto de formas de opresión, está imbricado con ellas…” (Ética marica). Nos enfrentaríamos, pues que la opresión de género, de clase, de sexualidad, raza,etc,etc,  buscando coherencia “Si un negro es agredido por unos nazis, ello repercute en la misoginia de la sociedad”(P. Vidarte).

Muchos historiadores señalan los siglos XVII y XVIII como periodos de enorme cambio en nuestras concepciones del sexo y la sexualidad. Según Foucault el capitalismo pujante necesitaba nuevos métodos para controlar «la inserción de los cuerpos en la maquinaria productiva y el ajuste de los fenómenos poblacionales a los procesos productivos”; “la biopolítica de la población surgió a principios del S XIX, a medida que los pioneros de las ciencias sociales comenzaron a desarrollar los métodos estadísticos (nos hemos convertido en una “sociedad de normalización”) necesarios para supervisar y gestionar ¨la natalidad y la mortalidad, el nivel de salud, la esperanza de vida”. El conocimiento disciplinario acumulado en los campos de la embriología, la endocrinología, la cirugía, la psicología y la bioquímica ha movido a los médicos a intentar controlar el género mismo del cuerpo, incluyendo también “sus capacidades, gestos, movimientos, situaciones y comportamientos”.

Es necesario, pues, ir generando un imaginario radicalmente antagonista al andro-antropo-heterocéntrico de la barbarie social capitalista en la que ¡ya! estamos inmersas:

            Al de la mercancía y el trabajo asalariado, si, si asimismo asumimos la troncal importancia que el trabajo invisibilizado de los cuidados tiene para la reproducción social en el capitalismo; son caras de una única moneda, en la que los hombres de claros privilegios y que no se solucionará con instituciones sociales como guarderías o lavanderías. Recordemos a las feministas italianas de Lotta Feminista en los 70 quienes recibían risas burlonas de sus camaradas varones que consideraban (los cuidados) “ni siquiera como un trabajo verdadero, pues con las guarderías se resolverían todos los problemas” ellas respondían: “Maternidad, elección irreversible que condiciona toda la vida femenina y que no se resolvía llevando a las niñas a la guardería…  una mujer en casa siempre está de turno, decíamos… la disponibilidad mental para planificar y afrontar las obligaciones e imprevistos de nuestra acción”. Hace unos meses, un veterano militante anarcosindicalista nos decía que la sociedad por la que él luchaba era aquella en la que los medios de producción estarían autogestionados en base a la implantación generalizada de asambleas obreras. Las preguntas que le hicimos les que escuchábamos fueron, entre otras: ¿quién asistiría a esas asambleas? [los obreros, respondió]; ¿quién se encargaría de las labores de cuidados? [las cooperativas sociales de lavandería, la comunidad del cuidado y educación, etc. dijo]; ¿quiénes se encargarían de realizar todos esos trabajos? ¿Quién dejaría de asistir a una reunión si a la abuela hubiera que cambiarla el pañal y acostarla? […………. dijo].

            A las identidades heterocentradas, pues es muy correcto hablar del respeto que nos merecen les LGTBs. Pero ir a la raíz es asumir la crítica a la impronta de sujeción que, la medicina, la psiquiatría, la sociología, la psicología, etc. ciencias todas ellas desarrolladas, no lo olvidemos, junto y a su vez que el proceso histórico de forja del capitalismo.

Ciencias responsables de la producción de distintos binarios que representaran la realidad social (individuo/comunidad, naturaleza/cultura, privado/público, homo/hetero, masculino/femenino, sexo/género, cuerpo/mente) como extremos irreconciliables y antagónicos. Binarios que oscurecen la diversidad y el continuo entre esos supuestos pares “irreconciliables” de la realidad de las personas en un intento de ahormarnos y sujetarnos pues ¿qué hetero no ha vivido en algún momento de sus vidas un “acontecimiento” no enteramente hetero? ¿de dónde nos viene a los hombres hetero ese terror a desear a o a ser deseado por otro hombre? Sujeción que indica lo que es normal y lo perverso en los seres humanos, provocando un cambio desde lo que anteriormente era considerado como prácticas punibles a la consideración “científica” de la desviación;

            Al modelo de individuo atomizado-competitivo hasta la paranoia y las distintas formas de familias nucleares (no es más que individualismo a dos), cuya argamasa es el amor romántico;

            Al modelo de comunidad imperante: que difumina la diversidad en el 99% (sexual, racial, funcional, etc) y que promueve la emotiva y acrítica adhesión (a la empresa, al líder, a la tradición y la sangre etc, etc ); [“el ser humano es gregario, dice uno; eso solo lo puede decir o alguien que ya se considera un animal de granja o, peor aún, alguien que cree ser pastor de un rebaño humano, responde la otra];

            Al modelo extractivista de desarrollo cuyos efectos sufrimos cotidianamente (vivir mejor es vivir con menos). “Los filósofos y políticos ilustrados veían la dependencia de los seres humanos para con la naturaleza como un ultraje, un desafío al derecho del hombre a la libertad, sin más condiciones que las impuestas por él, que por lo tanto debía ser suprimida por la fuerza y violentamente.  La racionalidad occidental, el paradigma occidental de la ciencia y su concepto de la libertad se basan todos en la superación y la trascendencia de esta dependencia, en la subordinación de la naturaleza a la voluntad (masculina) y en el desentrañamiento de la magia de todas sus fuerzas” (pg. 66). “También entendimos que, desde el inicio del patriarcado, las mujeres de todo el mundo fueron también tratadas como “naturaleza”, desprovistas de racionalidad, con su cuerpo funcionando de la misma manera instintiva que otros mamíferos. Al igual que la naturaleza, podían ser oprimidas, explotadas y dominadas por el hombre” (pg. 30).

            Al racismo no solo de la extrema derecha sino al que acepta pagar menos a la trabajadora “extranjera” que cuida de nuestras personas dependientes.

Esto se acaba. Estas palabras no buscan más que intentar contribuir a un debate apenas iniciado entre los hombres que se autodenominan libertarios, debate en torno a lo íntimamente interconectados que están los ejes de dominación, la lucha de clases, el racismo, la lucha contra la dominación heteropatriarcal, etc.

Os animamos a crear espacios de debate y reflexión, grupos de hombres o lo que sean, entre les colegas del barrio, los compañeros del centro social o del sindicato, de la fábrica o las aulas que no se cieguen en la psicologización de la “identidad masculina”. Que cargados de rabia antagonista antiautoritaria en lo personal/político, con paciencia y humildad, dado que no es tarea de un día para otro desprendernos de jerarquías y privilegios e ir creando prácticas transformadoras/abolicionistas de nuestra masculinidad, prácticas anticapitalistas, prácticas comunistas libertarias.

«No es lo que han hecho de nosotros (el mercado, el Estado, el heteropatriarcado) sino lo que nosotros hacemos con eso que han hecho de nosotros».

Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

 

*  «Rebeldes periféricas del S XIX. Pioneras en tiempos salvajes».  Ana Muiña

*  «Rojas. Las mujeres republicanas en la guerra civil». Mary Nash (MN)

*  «Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres».  Martha Ackelsberg (MA)

* ”Dos intelectuales anarquistas frente al problema de la mujer: Federica Montseny y Lucia SanchezSaornil” artículo de Mary Nash (MN-2)

*”Sin vuelta de hoja. Sexismo:poder, placer y trabajo”. Mª Jesús Izquierdo

* “Transposiciones”. Rosi Braidotti.

* “La institución imaginaria de la sociedad”. Cornelius Castoriadis.

*  “Cuerpos sexuados”. Anne Fausto-Sterling.

*  Lucía Sánchez Saornil. Poeta, periodista y fundadora de MM LL. Antonia Fontanillas  Borrás y Pau Martínez  Muñoz.

*  “Ecofeminismo”.  María Mies y Vandana Shiva.

*  “Foucault y la genealogía de los sexos”. Rosa MªRodriguez Magda.

*  “Subversión feminista de la economía”. Amaia Perez Orozco

*  “Masculinidades y feminismo”. Jokin Azpiazu Carballo

*  “Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada” R. Lucas Platero [ed.]

 

Gerardo Romero Díaz,

texto presentado en las jornadas que se hicieron en el aniversario de Mujeres Libres (organizadas por los grupos de mujeres de CGT)

Las contemporáneas interpelaciones de Mujeres Libres para la deconstrucción de nuestras masculinidades [Parte 1]

Algunos comentarios de uno cualquiera para iniciar un debate entre compañeros.

 

1ª   La tradicional misoginia del movimiento obrero libertario no ha cambiado demasiado:

Desde sus inicios, los obreros forjaron un pacto implícito con los patronos (sirva de ejemplo la huelga que durante cuatro meses los trabajadores de las fábricas de pasta de sopa, de la Barcelona de 1915, para imponer a la patronal la expulsión de las compañeras y la introducción de una reglamentación laboral que las impidiera trabajar en ese ramo), que más allá de las declaraciones congresuales tomo la forma del salario familiar por la que el hombre se convertía en una especie de patrón en el hogar obrero, y por otro lado, en esa subordinación, la identidad de las mujeres se fijó  tradicionalmente en la domesticidad y maternidad. En una carta Proudhon (1857) dice  “ ….. a su imperfección sexual. Por esta palabra, cuya exactitud no puede reprocharse, entiendo la calidad de su entendimiento, que no le permite captar la relación de las cosas si nosotros, los hombres, no se las hacemos tocar con el dedo. Hay en ustedes las mujeres, tanto en cerebro como en el vientre, cierto órgano incapaz por sí mismo de vencer su inercia innata, y que sólo el espíritu masculino puede hacer funcionar……”. En respuesta a las tesis de Proudhon, Joseph Déjacque afirmó que alguien no se puede considerar anarquista si no es feminista.

Durante el exilio en Francia muchos militantes tuvieron una vida privada en contradicción con la pública [según se cuenta en “Horacio Prieto, mi padre”, “en las visitas con su madre a casa de sus amigas (compañeras de militantes y algunas de ellas activas militantes feministas como la propia Luz) cuando era un niño, César pudo escucharlas hablar de sus sufrimientos y de la deplorable conducta de sus compañeros hacia ellas. Desprecio, falta de escucha, violencia física incluso].

En la actualidad se escuchan recurrentes comentarios masculinos en los debates feministas libertarias en los que siguen interrogando por el papel que tienen las propias mujeres, en definitiva, responsabilizándolas, durante la educación patriarcal que inoculan a su prole. Nunca se preguntan por su papel, por sus privilegios al no asumir ningún papel en ese trabajo invisibilizado-naturalizado y realizado por mujeres. No se han interesado por el mensaje de los feminismos, ni siquiera han estudiado las aportaciones libertarias del anarco-feminismo de Mujeres Libres (MM.LL. de ahora en adelante). Es muy fácil autoproclamarse feminista, muchos hombres se adjudican ese adjetivo, actitud que no es más que pura estética vacía de los que no quieren incidir en sus privilegios heteropatriarcales y sin embargo prestos cogemos la pancarta feminista. Estamos cómodos en esa jerarquía, pero en el momento en que se nos reclama desprendernos de nuestros privilegios masculinos es cuando nuestros comentarios son del tipo “las feministas dividen la lucha” “paranoicas”, “histéricas”, incluso y cuando las compañeras no están, “¡feminazis!”. Cómodos en el privilegio [en los cuidados, en el sindicato, en el curro, en las relaciones] , cuando la igualdad nos involucra directamente la sentimos como opresión de “las que están sacando las cosas de quicio”.

En definitiva es mucho más grato referirse a los cuidados que amorosamente prestan tantas mujeres y a cómo los capitalistas las explotan que cuestionarse cuánto mejor vivo yo sin limpiar el váter.

2ª  Ideas de Mujeres Libres que nos interpelan a los libertarios de hoy:

  • Diversidad de miradas dentro y fuera de MM.LL.

El Congreso de Zaragoza de mayo de 1936 formuló claramente la posición igualitaria de la CNT; en su dictamen sobre “el concepto confederal del comunismo libertario” se dice lo siguiente: “…..la interdependencia creada, por razones de inferioridad económica, en el régimen capitalista entre el hombre y la mujer desaparecerá con él. Se entiende por lo tanto, que los dos sexos serán iguales, tanto en derechos como en deberes”. Aceptar la opinión de que las mujeres estaban explotadas económicamente y de que su subordinación debía ser uno de los centros de atención no significaba que se estuviera de acuerdo sobre la naturaleza de la explotación o sobre cuál era el mejor modo de superarla; muchos argumentaban que las mujeres debían contribuir a su propia emancipación apoyando a los revolucionarios varones.

El desafío anarco-feminista al discurso de la domesticidad fue minoritario en el movimiento libertario y en MM LL. Federica Montseny, por ejemplo, consideraba imprescindible educar socialmente a la mujer ya que esta era un freno para la revolución social (unos de sus series más importantes de artículos tenían el título de “la mujer, problema del hombre”), y si bien colaboró esporádicamente con MM.LL., no creía en la existencia de una opresión específica que sufrieran las mujeres. Sostenía que las mujeres podían llevar cualquier estilo de vida que quisieran si disponían de la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo: “Los dos sexos están oprimidos, no sólo las mujeres. Por consiguiente, únicamente hay una liberación por la que tienen que luchar tanto hombres como mujeres. Esa es la razón por la que no tenemos una organización exclusivamente femenina”. Respecto a los hijos, representaban un medio para la realización de la persona, aunque no revestía igual papel según los sexos: ”La madre ha de ser un artista, un poeta de la forma y del sentimiento. Y el hijo la culminación artística….” “mujer sin hijos, árbol sin fruto, rosal  sin rosas“ (los hijos) por ley natural pertenecen a la madre”(MN-2;  82).

Una de las fundadoras de MM.LL., Mercedes Comaposada declaraba: “Nuestro organismo está creado y mantenido con el fin de hacer mujeres aptas para el hogar y para la vida pública….” La mayor parte de las militantes se inclinaba por exaltar la maternidad como tarea principal de las mujeres (junto con la alfabetización, la educación y la formación profesional; sus campañas educativas en este terreno se limitaron a la preparación para la maternidad, el cuidado de los niños, y  conocimientos elementales de anatomía, etc.).

  •        El desafío de las anarco-feministas

Aunque MM.LL. no se definían como feministas, las ideas de algunas de sus militantes, creo que hay que situarlas con los avances posteriores en el Movimiento Feminista, producto de los análisis y luchas en cuanto a la crítica a la división sexual del trabajo, a la crítica que conlleva la crisis de cuidados y a la crítica al trabajo remunerado como fuente absoluta de autonomía. Así en su afirmación de que las mujeres estaban triplemente oprimidas, por su ignorancia, por el capitalismo y como mujeres, podemos ver la formulación, por parte de algunas MM.LL., una perspectiva acerca del funcionamiento de la opresión patriarcal. Suceso Portales aludía a la existencia de un sistema, patriarcal que diríamos ahora, de dominación y jerarquía, de subordinación de las mujeres “la civilización masculina”(134 MN). Lucia Sánchez Saornil, telefonista, autodidacta, poeta, lesbiana y anarco-feminista (una de las más relevantes fundadoras de MM.LL. y su secretaria nacional) consideraba que las mujeres sufrían una explotación específica por razón de la asignación histórica de un papel de sumisión uno de cuyos agentes de esta explotación era el hombre, así como también que los intereses de obreras y obreros, al ser los intereses de la humanidad, eran complementarios en su lucha contra la burguesía. No veía, Lucía Sánchez Saornil, la solución a la emancipación de las mujeres como una consecuencia mecánica de la Revolución Social (la subordinación de la lucha por la emancipación de las mujeres a la lucha principal: derrotado el capitalismo ya vendrá automáticamente la derrota del patriarcado),destacaba la necesidad de la mujer de realizar paralelamente su propia emancipación como mujer. (92 MN-2).

Sus ideas rompían con la identidad fijada por la más rancia tradición que hacía de las mujeres madres dedicadas exclusivamente al hogar (“el concepto de madre absorbiendo el de la mujer, la función anulando al individuo”) y planteaba el problema sexual y el amor libre como: “Es lamentable, pero en las campañas en pro de una mayor libertad sexual no siempre han sido bien comprendidas…   la reacción masculina sigue siendo la misma de antaño a pesar de su pomposa cultura sexual, pone de manifiesto que cuando al encontrar, luego de varios escarceos amorosos, la mujer que estiman para compañera, el “Don Juan” se convierte en “Otelo” y la mujer es restada al movimiento cuando no es que desaparecen los dos…  En definitiva, considero que el problema sexual sólo está en la propia solución del problema económico. En la revolución”.

Como veía Lucía Sánchez Saornil la revolución distaba de las concepciones, que a día de hoy aún mantienen algunas mujeres, que hablando de superestructura (reproducción) /infraestructura(producción) en las que de la subordinación de la super a la infra ofrece valoraciones que terminan afirmando: “el patriarcado-capital ha pasado a dividir la población en dos: mujeres y hombres, para iniciar una lucha de género sin cuartel”.“Hoy ser feminista….  Y esta lucha es de liberación de mujeres y hombres, y nos corresponde a todas. Los hombres como nosotras están explotados, dominados y conquistados por el patriarcado, y estos hombres son nuestros hijos, nuestros padres, nuestros compañeros y nuestros hermanos. Trabajemos para cortar juntos…”. Lucía  Sánchez Saornil comenta: “Si la revolución es reforma de costumbres, comencemos por ahí, pero pronto, rápidamente….  La revolución había de comenzar en nosotros mismos, y si no lo hacemos, perderemos la revolución social, ni nada más ni nada menos, nuestra mentalidad burguesa no hará sino revestir de ropas nuevas los viejos conceptos, conservándoles en toda su integridad”. Hablando de la infundada y placida, para nosotros los hombres ya que aleja nuestra deconstrucción y su despojo de privilegio masculino, lucha de sexos expone las diferencias entre estos: “El hombre revolucionario que hoy lucha por su libertad, solo, combate contra el mundo exterior. Contra un mundo que se opone a sus anhelos de libertad, igualdad y justicia social. La mujer revolucionaria, en cambio, ha de luchar en dos terrenos: primero por su libertad exterior, en cuya lucha tiene al hombre de aliado por los mismos ideales, por idéntica causa; pero, además, la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre disfruta desde hace siglos. Y en esta lucha, la mujer está sola.” (135 MN).…(los compañeros hagamos excepción de una docena de bien orientados)  tienen una mentalidad contaminada por las más  características aberraciones burguesas. Mientras claman contra la propiedad son los más furibundos propietarios. ….Y todo ello se deriva del más falso concepto que haya podido crear la humanidad. La supuesta “inferioridad femenina” .(MN-2; 91)

Para la secretaria nacional de MM LL había que realizar una reeducación tanto de unas (superar la triple esclavitud, de la ignorancia, como productora y de mujer)  como de los otros; por tanto en el caso de los hombres, junto con la eliminación de la falsa superioridad [hacerles superar la percepción según la cual la libertad era únicamente “lo contrario del control. Y nada más” ] y la conciencia de la igualdad en inteligencia, sensibilidad y necesidad de superación, era necesario implantar la igualdad y la justicia en el hogar antes de intentarlo en el contexto general de la sociedad (MN-2;91): “Hay que decirles que antes de reformar la sociedad es preciso reformar su casa”  (MA162). Que conlleva, en la crítica feminista actual, romper con la división sexual del trabajo,  esto es asumir los cuidados, y por tanto realizar, entre otros, una profundo cambio  político-identitario en los hombres (Denunciar la plusvalía emocional, afectiva y sexual de las mujeres en los hogares, es uno de los puntos que Feminismos Sol plantea, con toda razón, en su propuesta de huelga de cuidados para el  14-N; esta denuncia visibiliza lo que algunas economistas feministas contemporáneas llaman “los trabajos de amor”) y  la crítica al trabajo remunerado como fuente absoluta de autonomía, ya que  imponemos, en la práctica heterosexual las dobles jornadas.

Un artículo de un compañero (1935)  recriminaba a las mujeres no reclamar sus derechos ante los demasiados hombres que eran tiranos en el hogar y que era totalmente humano  aferrarse a los privilegios: al igual que los burgueses, los hombres no cederían voluntariamente sus privilegios. La contestación de Lucía Sánchez Saornil fue que la analogía era falsa, ya que si los intereses de la burguesía y el proletariado eran contrarios, los  de hombres y mujeres en la lucha por la autonomía no lo eran: “será “muy humano” que el hombre desee conservar su hegemonía, pero no será anarquista” (163 M A).

Gerardo Romero Díaz,

texto presentado en las jornadas que se hicieron en el aniversario de Mujeres Libres (organizadas por los grupos de mujeres de CGT)

Desterrar las masculinidades, construir la igualdad

En el camino por conseguir la igualdad de género la lucha contra las desigualdades sociales cotidianas, es también la lucha contra la construcción cultural de nosotros y nosotras mismas. La acción que nos permite descubrir y desmantelar las construcciones de géneros tradicionales y existentes en nuestra sociedad, es lo que nos permitirá avanzar hacia vínculos sociales y sexuales sanos y en verdadera igualdad. Esta es una labor profundamente crítica, una actividad transformadora cuya importancia se encuentra en cuestionar las estructuras y normas que en relación al género nos definen como individuos, sin antes haber podido decidir libremente.

El rol que jugamos en el patriarcado los hombres es el de individuos que debemos ocupar enteramente los espacios públicos, acaparando igualmente la cultura y por supuesto la racionalidad.  Sin embargo, entre otros muchos campos, uno fundamental que no se nos enseña en absoluto a los hombres en el patriarcado, y la faceta más importante para cualquier persona humana, es la gestión de las emociones. Es posiblemente la tarea más complicada, pero también la principal, trabajar el tema de las masculinidades desde la libre expresión de las emociones, expulsando de nuestro bagaje esa necesidad continua de demostrar sin sentir.

Debemos desarrollar conjuntamente las sensibilidades, seguramente no en grupos exclusivos de hombres, pues corremos el riesgo de retroalimentarnos en torno a nuestros privilegios. No tengamos ningún reparo en acudir a nuestras compañeras, y trabajarnos la correcta canalización de emociones, es probable que tras avanzar algunos pasos comencemos a vivir con mayor intensidad y sinceridad. Huir del oscurantismo de la demostración de quién es el más “macho”, nos alejará de la actitud de gallitos de corral en la sociedad, abandonaremos las manipulaciones para ligar, insertadas en la cultura de la violación, pues sabremos expresar y comunicar mejor qué intenciones tenemos, y comprender a nuestras compañeras, sus espacios y sus necesidades como oprimidas.

Por otro lado, los hombres debemos tomar conciencia de nuestros privilegios de género, y comprender que a costa de este hecho, estamos exentos de ser objeto de una continuada opresión en forma de cuestionamiento social constante. Estamos exentos de ser cuestionados por nuestra vestimenta, por nuestra edad, sobre si tenemos miedo de volver a casa solos de madrugada, exentos de depilarnos o de ser considerados una propiedad de otra persona. Porque a nosotros culturalmente no se nos cosifica ni se nos expone a la violencia sexual, no somos potenciales víctimas de violación, sino potenciales violadores lamentablemente. Darse cuenta de este hecho puede resultar traumático y asustarnos, pero debemos pensar que más asusta pensar que estás continuamente expuesta a una agresión sexual si eres mujer. Rechazar infantilmente esta conclusión no ayudará a resolver el problema, sino enquistarlo, y como consecuencia de ello, a seguir reproduciendo inconscientemente esas actitudes invisibilizadas y de total privilegio en nuestro favor. Tampoco debemos decidir desvincularnos de nuestras compañeras o abstenernos de ligar por miedo a ejercer acoso o agresión sexual, sino que una solución estable pasa por trabajar convenientemente nuestras actitudes sociales y junto a nuestras compañeras, estableciendo vínculos donde encuadremos una libertad sexual en igualdad y donde prevalezcan las relaciones sanas. Al formar parte de la posición de privilegio, si nos comunican que estamos ejerciendo alguna actitud de violencia, por nuestro bien y por el de nuestras compañeras, debemos dedicar toda nuestra energía en revisar dicho comportamiento.

Desde mi punto de vista personal, entiendo que el feminismo es una herramienta de lucha para la liberación de las mujeres, que conlleva en un futuro el establecimiento de de la igualdad de géneros. Como tal herramienta, nuestra posición como hombres no es de protagonista como estamos acostumbrados a serlo en otros muchos espacios públicos. Algunas mujeres deciden organizarse en colectivos no mixtos para potenciar su sororidad sin la interferencia inconsciente que pueda resultar nuestro comportamiento en torno al rol de masculinidad. Además, algunos de estos colectivos necesitan atender a mujeres que hayan sufrido violencias de género, por lo que es necesario crear colectivos no mixtos que sean espacios de seguridad para esas mujeres. No obstante, muchas organizaciones feministas no mixtas hacen actividades, eventos y comparten otros espacios con hombres donde podamos poner en práctica y de manera sana esta teorización y avance real.

Nuestro papel como aliados feministas está en revisarnos los privilegios que tenemos como hombres por el hecho de serlo, cuestionar nuestras masculinidades y sobre todo, ir cambiando nuestras actitudes y poner de relieve esto ante otros hombres. El feminismo es una guerra contra los roles de género que perpetúan la evidente opresión, y una lucha de las mujeres que deben ser apoyadas por nosotros, y cuyas consecuencias igualitarias son beneficiosas para todas las personas.

Si no nos sentimos incómodos realmente no estamos perdiendo privilegios, sino tratando de incorporar según nuestros intereses para mantener el statu quo patriarcal. No se trata de flagelarnos, ni de tomar una actitud de consentimiento inactiva, sino de entender que los esfuerzos y privilegios que nos quitemos ahora, serán una liberación en el futuro, pues las relaciones en igualdad verdadera nos aportarán una inmensa satisfacción compartida.