¿Por qué organizarse políticamente?

¿Alguna vez has sentido que tu asamblea de colectivo sigue unos derroteros sin estrategia alguna? ¿que se mueve por inercia o siguiendo una “moda” del activismo? ¿Te preocupa que tu paso por la militancia social no haya dejado ningún poso en la sociedad?

Yo me inicié en el movimiento libertario en 1997, ha llovido ya. Recuerdo que mi verdadero bautismo militante fue durante 2001, con el auge del movimiento antiglobalización. En aquel momento era el movimiento de referencia, el que aglutinaba a todos los colores de la izquierda política. Yo iba como un participante más.

Sin embargo, tonto no debía ser, puesto que enseguida detectaba (junto con otras compas del Ateneo Libertario de mi ciudad) que otras corrientes tenían estrategia. Había bastantes militantes de Izquierda Unida, del PCE y sus juventudes, del PCPE y de otros partidos y frentes del ámbito comunista. En cuanto vieron que aquello tenía gente, se metieron de lleno. Nada que objetar. El problema era que yo iba a mi aire, y mis compas libertarias, también. Rara vez teníamos estrategia alguna en las asambleas comunes. Esto hacía que perdiéramos algunos debates estratégicos. Cuando este movimiento derivó en el movimiento contra la guerra de Afganistán y, luego la de Iraq, el poder de la vieja izquierda marxista y socialdemócrata fue demasiado aplastante como para variar nada.

En aquel caso, el punto de unión de las personas de tendencia libertaria era un ateneo y el local de la CGT. Pero lo cierto es que no había debates estratégicos más allá de las cervezas de después de la asamblea.

Esta forma de hacer las cosas, cual pollo sin cabeza, se volvió a repetir en el 15M de 2011. El movimiento libertario era completamente movimientista e informal. Aun así, logró marcar la forma en la que se tenían que hacer las cosas. De alguna manera el movimiento de los indignados funcionó de forma horizontal y asamblearia. Desde las plazas se impulsaron muchos proyectos de ámbito social, cooperativista y eventualmente, fueron el punto de partida de las asambleas libertarias de barrio.

Pero en las plazas de los barrios y pueblos se notaba también la existencia de organizaciones políticas. La neutralidad no existe en los movimientos de masas. Es inevitable que a un movimiento plural vayan personas con ideología e incluso con una organización política detrás. En mi barrio predominaba una corriente del estilo Anticapitalistas y En Lucha. Sin embargo, se podía ver que había tantas o más militantes libertarias que de las corrientes marxistas. Pero como íbamos sin organizar, eso no tenía relevancia. Cinco personas organizadas son más fuertes que cincuenta sin organizar. Tenedlo claro.

Veníamos de años de intentar crear organizaciones libertarias aglutinando militantes sin importar su posición ideológica/práctica previa. Eso hacía que en un mismo colectivo coexistieran distintas corrientes del anarquismo (individualismo, anarcosindicalismo, anarcocomunismo, anarcofeminismo, insurreccionalismo, anarcoveganismo, anticivilización, cooperativismo, etc.). Al no coincidir en las tácticas y estrategias a gran escala (cómo se tiene que organizar la sociedad), nos teníamos que conformar con gestionar un local y hacer campañas de corto recorrido.

Todas las coordinadoras y federaciones de aquella época eran de síntesis anarquista. Se volvía a repetir lo mismo que ocurría en los colectivos, solo que a una escala mayor. Cada cual era de un palo distinto. Por tanto, las decisiones no podrían ser ambiciosas, más allá de pegar carteles o hacer agitación y propaganda. Éramos un movimiento capaz de montar ferias del libro y festivales, pero no de encabezar un movimiento popular de masas, de esos que hacen caer gobiernos como en América Latina. Hablábamos de la revolución y no éramos capaces de construir movimientos revolucionarios.

Después del 15M algunos compas le intentamos poner remedio a esta situación. Impulsamos Embat en Catalunya y Apoyo Mutuo en el resto del estado. Fue un salto cualitativo. Sin embargo, la creación de organizaciones específicas libertarias no estuvo exenta de errores. Hubo un par de casos en los que, al hacer asambleas abiertas, entraron personas contrarias al espíritu orgánico de las impulsoras. Se cumplió la premonición de José María Olaizola, que nos hizo en el 2010: “Cuando haces una organización, te vienen los que quieren hacer organización y los que no. Estos vienen para que no se haga”. No es que quieran realmente que no se haga nada. Es que parten de otros modelos organizativos. Y al chocar con el modelo propuesto, se boicotea la organización.

Los errores en gestionar este tipo de cosas hacen que la organización no se desarrolle convenientemente. Tendrá debates eternos sobre los mismos temas centrales que nunca se cierran. Por eso es vital no salirse de los postulados previos a la creación de la organización. Si hay otros postulados, es mejor crear otra organización para luego sentarse a colaborar fraternalmente entre organizaciones distintas. En este aspecto no creo en la organización-total que lo junte todo. Se volvería a caer en la organización de síntesis anarquista.

¿En qué ha mejorado mi militancia social organizarme políticamente? Sobre todo, en tener claridad. Al desarrollarse los debates en la organización política, como es lógico se van tratando todo tipo de temas particulares de cada movimiento social. Con mayor o menor acierto, se analiza cada caso, se es consciente de los actores que tiene ese movimiento (ya sea el ecologista decrecentista, el de la vivienda, el decrecimiento, el vecinal, el agroecológico o cualquier en el que andéis), de hacia donde va, de hacia donde podría ir… incluso se puede ver que ese movimiento tiene un sentido particular dentro de un plan general de construcción de movimiento popular.

A otras compañeras les da mucha seguridad saber que tienen una organización detrás. No están solas. Esto les da fortaleza para defender sus posturas en asambleas del movimiento social donde pueden estar en franca minoría. No se dejan arrastrar por la corriente mayoritaria porque están organizadas a nivel político.

Las organizaciones políticas libertarias no son un invento reciente. De hecho, la primera que hubo fue la que dio origen al movimiento anarquista. Fue la famosa Alianza Internacional por la Democracia Socialista impulsada por Bakunin. Detrás de cada revolución libertaria de la historia ha habido una organización específica: el Partido Liberal Mexicano de los hermanos Flores Magón, la Confederación Nabat y el Ejército Insurreccional en Ucrania, la Federación Anarquista Coreana, la FAI y la Federación Sindicalista Libertaria durante la revolución española, la Federación Anarco-comunista búlgara, etc.

Nunca tendremos un proceso revolucionario que evolucione hacia postulados libertarios sin una organización libertaria potente. ¿Por qué se desarrolló un proceso revolucionario en Rojava? Sin la claridad que ofrece una organización política, en ese caso el PYD confederalista democrático kurdo, cada pueblo hubiese actuado por su cuenta, siendo derrotados uno tras otro por las fuerzas yihadistas. La organización política servía para aunar estrategias locales y para lograr alianzas externas con el resto de actores democráticos de Rojava o para gestionar la alianza con potencias extranjeras que quieren instrumentalizar el movimiento kurdo.

Tras dejar claro que es vital tener organizaciones estratégicas para desarrollar cualquier tipo de movimiento revolucionario, mi frustración es lo que cuesta que éstas crezcan. Al tener un movimiento libertario generalmente formado por personas antiorganización, crear organizaciones fuertes cuesta lo suyo. Lo curioso del caso es que quienes se quieren organizar se meten en los sindicatos anarcosindicalistas. No los utilizan para hacer sindicalismo, sino como organización específica. Esta es una característica única de nuestro movimiento ibérico, que se da por ser los anarcosindicatos lo bastante grandes como para atraer a la gente.

Mi modelo es otro. Por ejemplo, es el de la Union Communiste Libertaire francófona. A parte de su militancia en el movimiento antifascista, feminista y ecologista, en el aspecto sindical la organización pretende una unidad entre la CGT, SUD y otras centrales sindicales. Tarea titánica que deben realizar sindicato por sindicato, federación de ramo por federación de ramo, unión territorial por unión territorial. Enfrentarse al PCF o al potente trotskismo francés y disputarles la hegemonía solo lo puede hacer una organización bien estructurada y de planteamientos sólidos.

Del mismo modo existen no pocas militantes de espacios como Anticapitalistas, Podemos o de los partidos comunistas dentro del anarcosindicalismo. Es una realidad con la que debemos contar porque no jugamos a este juego en solitario. Los demás también actúan. Tener un sindicato sin formación político-ideológica hace que sea fácil de cooptar por una gente organizada. Simplemente con ser los más currantes durante unos meses y ya lo tendrán en la mano. Por eso también debe surgir organización específica desde esos espacios sindicales.

Y es que nuestra tarea es convertirnos en la corriente extraparlamentaria más grande y generar un movimiento popular alrededor nuestro lo bastante grande como para disputarle la hegemonía a la socialdemocracia y a la derecha. Creamos en el futuro. Lo haremos incluso en este contexto de negatividad que nos rodea.

Publicado originalmente en alasbarricadas.org

Los que se nos van ¿Libertarios en el mundo electoral?

¿Cuantos compañeros han transitado de los movimientos sociales o libertarios a las instituciones del Estado? ¿Cuantas manos y cabezas más vamos a tener que perder antes de reflexionar acerca de los por qués?

Las militancias políticas nunca son lineales, y menos mal. El valor de la crítica y autocrítica debe estar siempre presente, debemos replantearnos constantemente si nuestra práctica política sirve a nuestros objetivos. Y claro, para ello debemos tener claro cuáles son nuestros objetivos. Que un compañero tome la vía electoral provoca tres tipos de reacciones: amigos y conocidos que dan la enhorabuena, con más o menos diferencias, quienes cargan por incoherente o por haber sido en el pasado azote de “refors” y “electoralistas” y luego están quienes simplemente se ríen de la situación. Pero ¿de verdad nadie va a reflexionar sobre cómo gente con un determinado bagaje político-ideológico acaba en la lista electoral de las magdalenas?

La madurez

Quienes con 20 años basan su actividad política en la verborrea radicaloide, quienes desde una torre de marfil ideológica se dedican a sentar cátedra sobre qué es o qué no es revolucionario, son probablemente quienes más papeletas tienen para o dejar de militar a los 35, acabar votando al PSOE o algo peor. La militancia revolucionaria es una carrera de fondo, no un sprint donde hay que quemarlo todo y ya, exige de compromiso, de buenos compañeros y de un proyecto más allá de lo vivencial.

Aguantar los ritmos de asambleas soporíferas, interminables y en las cuales se habla de lo mismo que se ha hablado en tantas anteriores asambleas no es algo sencillo. Cuando llevas años militando y ves a tu alrededor que se siguen cometiendo los mismos errores, que con cada avance hay nuevas complicaciones o que la gente con la que has convivido en la militancia toma diferentes rumbos, aguantar se torna complicado. Si encima has acabado tu etapa juvenil y llegan las responsabilidades: familia, hijos, alquiler, trabajo… Tu realidad material modela tu forma de ver el mundo y tu forma de intervenir en él.

Esto no implica que en el proceso de maduración uno deba volverse irremediablemente un reformista o un reaccionario. Implica que si no existen unas bases materiales donde desarrollar un proyecto político adecuado a las vidas post-juveniles, quienes siguen teniendo esa intención de cambiar el mundo que nos rodea opten por trabajar en espacios donde se puedan realizar parte de esos cambios. Mientras que desde los movimientos sociales se tiene una decente capacidad de movilización, tenemos una débil capacidad para proveer de unas bases materiales que nos permitan reproducir otras formas de vida. No en el plano exclusivamente vivencial, en el plano laboral, investigativo, activista, económico, de cuidados… Lo que fue la gran CNT de los años 20 y 30, un mundo dentro de otro mundo. Lo que representa el Movimiento de Liberación de Kurdistán en Turquía o los Zapatistas en México. Debemos ser capaces de generar unos movimientos políticos en los cuales las distintas etapas vivenciales tengan cabida.

La emergencia climática

La cuestión ecológica es hoy central en cualquier paradigma transformador. No es una cuestión de gusto ideológico, es un imperativo de la realidad. No se puede posponer más cualquier acción que esté encaminada a la reducción de gases de efecto invernadero, del consumo energético y del cambio de modelo productivo. La conclusión es lógica y pragmática: estrategias duales, influir en el Estado y construir alternativas populares más allá de él. Por desgracia, hoy solo los Estados, y sus distintas escalas, tienen capacidad política, legislativa y coercitiva para implantar medidas que son imprescindibles a gran escala, nacional y transnacional. Las iniciativas populares dinamizadas por la vía de los movimientos sociales apenas traspasan las escalas locales, no digamos la internacional. Por supuesto que la escala reproductiva a la que se debe tender es la local, pero su viabilidad no será posible en un mundo que siga derrochando y caminando hacia los límites del abismo climático y ecológico.

Esta necesidad de ocupar los espacios de decisión desde los que desarrollar políticas, que a la par que dan espacio a los movimientos, desarrollan políticas encaminadas al objetivo de reducción del consumo energético, cobra peso. ¿De verdad alguien piensa que da igual que un negacionista del Cambio Climático como el partido de Santiago Abascal tenga capacidad de presión sobre las políticas medioambientales? La reproducción de la vida está en peligro. Y sin vida no hay revolución.

Entiendo que esta es un poco la idea de algunos compañeros de las filas libertarias que hoy transitan por la vía Estatal. La idea no parece descabellada, el problema estará en cuanta capacidad de maniobra se logre desde dentro. Puede ser que tantos esfuerzos puestos en esa vía, y no en la alternativa, devengan en fracaso y pérdida de fuerzas del a fuera.

Altavoz mediático

Militantes revolucionarios en los parlamentos los ha habido siempre. Giuseppe Fanelli pudo introducir la 1ª Internacional en España gracias a su condición de diputado. Ángel Pestaña fue diputado por el Partido Sindicalista y anteriormente Secretario General de la CNT e impulsor de los grupos armados de defensa frente al pistolerismo patronal. Esto no es una comparativa con nuestros compañeros actuales, es un ejercicio de memoria histórica.

La estrategia de los movimientos revolucionarios que contaban con un frente electoral fue siempre la de usar los parlamentos como un altavoz de denuncia, nunca como un fin. En el mundo que vivimos donde los medios de comunicación de masas ejercen un poder determinante, nuestras charlas de movimientos sociales son incapaces de contrarrestar toda la propaganda que las élites proyectan a través de toda la industria cultural. Ser un cargo electo te da una proyección mediática que es más difícil de conseguir desde lo social. Hay una diferencia entre convencer a 50 en una charla que realizar políticas públicas que modifican la vida de millones.

Falta de proyecto

Que compañeros convencidos de la necesidad de abolir la sociedad de clases se integren en el aparato del Estado es muestra de la incapacidad de los movimientos populares. No hay una fuerza social estructurada capaz de dotar de proyección, futuro, certezas y seguridades a nuestras militancias. Nuestra reducida capacidad de influencia puede resultar insuficiente a muchas. La tarea de construir una alternativa institucional, organizativa y de base es inmensa y requiere de muchos esfuerzos, compromisos y debates lentos y colectivos. Necesitamos muchas manos y cabezas para esta tarea. Que algunas de ellas no dediquen su tiempo a esta tarea nos debilita.

Han pasado 5 años desde que la hipótesis del asalto institucional cristalizara en Podemos. 5 años en los que se han visto muchos de los límites y miserias de esa estrategia tan poco nueva. Pero también 5 años en los que no se han sentado las bases de una alternativa real. El problema no es que haya menos manifestaciones, el problema real es que la nube infinita de proyectos, colectivos, grupos, centros sociales… no se piensan así mismos como parte de un proyecto común con unos objetivos definidos, por que no lo hay. Debemos machacar esta idea en todos nuestros espacios, trabajar en común para sustentar nuestras vidas de forma colectiva, defender nuestras necesidades, ganar espacios y transformar el mundo. Solo generando algún tipo de proyecto ilusionante y con capacidad de influencia y transformación real evitaremos la fuga de militantes hacia los tentáculos del Estado.

militante ecologista en Apoyo Mutuo (@_ApoyoMutuo_)

 

Desatomizar lo atomizado. Las claves para comprender el anarquismo social

 

Hace poco la Federación Anarquista de Gran Canaria, compartía con nosotros/as por las redes sociales unas interesantes características que ayudasen a comprender de manera sencilla a qué nos referimos más o menos cuando hablamos de anarquismo social:

  1. Son colectivos y proyectos que, sin importar la estructura, nuevos o viejos, se definen por su trabajo más que por corriente ideológica.
  2. Generar teoría les importa mucho menos que a sus antecesores. Prima el trabajo y la práctica y es esta la que define el discurso.
  3. Su marco de actuación es el barrio o el pueblo, y no los clubes cerrados.
  4. Su militancia no es para los afines ideológicos. Militan con la gente del barrio.
  5. El identitarismo anarquista no es lo suyo. El anarquismo es más bien una práctica que una identidad excluyente.
  6. Trabajan en las necesidades básicas. En laboral, vivienda, etc. Y en problemas que afectan al barrio.
  7. Participan en luchas populares con intención de radicalizarlas.
  8. Detrás de su actividad hay un objetivo revolucionario. La idea de crear tejido para poder gestionar recursos de forma directa.
  9. Se niegan a comprar el discurso institucionalista y partidista que promueve alianzas con el poder y prefieren construir desde abajo.

 

Sobre la atomización del anarquismo.

Los ataques de estos últimos años al movimiento libertario reflejan que la clase dominante lo ve débil y atomizado, aunque el anarquismo como pensamiento transformador tenga un potencial social y político fundamental. Encontremos las claves en los puntos arriba expuestos, y trabajemos unas estrategias claras para hacer de nuevo del anarquismo un movimiento amplio.

La atomización refleja una ausencia de unidad, y la mayor de las flaquezas es la falta de encuentro, por lo que deberemos indagar espacios comunes de coordinación y sobre todo acercarnos a conocer otros proyectos. Esforzarnos por salir de nuestros espacios de confort militantes y mezclarnos en eventos que no supongan una continua demostración de autorreferencialismo libertario. Si creemos verdaderamente en el anarquismo como herramienta de transformación social profunda a todos los niveles, nuestra actuación más importante debe ser en este ámbito, debemos conquistar los espacios sociales cotidianos, lúdicos, deportivos etc…, y generar dinámicas comunes. Un paso en esta dirección podría ser recuperar el concepto nacido hace pocos años tras el movimiento 15M, las asambleas interbarrios o interpueblos, que podrían ser relanzadas pues su potencial tiene mucho que aportar a la configuración de comunidades locales que se establezcan como un contrapoder real a las instituciones municipales.

Padecemos de sobremilitancia en muchísimos aspectos de nuestra vida activista, lo que nos traslada a un evidente cansancio, a la desconfianza en los grupos de personas y en los proyectos, pero sobre todo nos impide reconocer los pequeños hechos libertarios en la cotidianeidad, que serían aquellos puntos que más tendríamos que potenciar como ejemplo y referente social. Este alejamiento de la realidad social nos conduce a la creación de guetos ideológicos, profundamente elitistas, donde nos puede separar la estética en ocasiones, y con un lenguaje distanciado de las clases populares. Nos quedamos en espacios de confort del militante político, donde generamos dinámicas poco abiertas a la inclusión de compañeros y compañeras que no manejen nuestros códigos, y tampoco dotamos de herramientas de análisis sencillas para dar a entender fácilmente nuestras reflexiones ideológicas. Se hace fundamental bajar del nivel del mundo de las ideas y hacer un anarquismo práctico, construyendo una didáctica transformadora con objetivo de convergencia entre los movimientos populares cuyas pretensiones sean el empoderamiento y la horizontalidad, y no la conquista de las instituciones.

La mejor propaganda es el mismo hecho, hacer mientras caminamos y construimos proyectos reilusionantes vinculados a las necesidades sociales, economía alternativa, pedagogía libre, es decir, generar alternativas sociales reales. Encontrar el espacio común para germinar trabajo cuyo fruto sea construido desde abajo, desde las personas de una comunidad local, rompiendo los estrechos límites de nuestros colectivos minoritarios y conectando con la práctica social. Una estrategia clara debería trascender nuestra participación individual a la realidad social que nos rodea, atendiendo a los problemas comunes. Volver a poner en valor las herramientas que ofrece el anarquismo en las luchas anticarcelarias, psiquiatría y salud mental, laboral… Nuestra realidad no es aislada, pero necesita de un gran movimiento de base y una reorganización amplia, encontrando sinergias con otros grupos semejantes. De poco sirve tener una nostalgia mítica del pasado, o una tentación paternalista con la sociedad. Falta muchas veces verdadero compromiso e implicación real, debiendo asumir las consecuencias de nuestras acciones dirigidas a dar respuestas a las problemáticas de la clase trabajadora.

Con algunas aportaciones y colaboración de la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC)

@FAGC_Anarquista

Introducción al anarquismo (III). Programa, articulación política y estructuración del movimiento

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En el capítulo anterior hemos visto ya la visión estratégica, y a partir de ahora en adelante, partiremos de ésta para tratar los siguientes temarios, a los cuales añado la recomendación de abordarlos colectivamente, es decir, a través de un grupo de lectura o formación, por ejemplo. Aunque igualmente válido para la formación individual.

Programa y articulación política

Una vez hayamos asumido las bases y tengamos claro qué objetivos queremos lograr, es momento de pensar en la necesidad de perfilar nuestro proyecto político que será nuestra meta final a la que queremos aspirar. Dicho proyecto será resultado de debates y experiencias militantes colectivas, así que por ahora, haremos referencia a este proyecto como el socialismo libertario. Para plasmar dicho proyecto sobre papel, elaboraremos el programa, que es un documento que recoge una serie de objetivos a alcanzar y las líneas políticas y estratégicas a seguir. Distinguiremos aquí, básicamente, dos tipos de programas:

—Programa de máximos: es aquel que recoge nuestras metas políticas finales y las líneas estratégicas que apuntan a nuestro proyecto político. Por sí solo, este programa no se puede implementar, pero marca nuestro norte y son las líneas sobre las que iremos creando los programas de mínimos u hojas de ruta.

—Programa de mínimos u hojas de ruta: es aquello que recoge las tácticas y objetivos más inmediatos. Hay cierta discusión en torno al programa de mínimos y las hojas de ruta, donde por un lado, se ve lo primero como unas metas más alcanzables y partiendo de allí, se elaboran las hojas de ruta que serían las líneas tácticas a seguir; y por otro lado, hay posturas que no contemplan el programa de mínimos, sino que toma directamente las hojas de ruta. Independientemente de estas discusiones, tanto el programa de mínimos como las hojas de ruta marcan objetivos muy concretos y específicos, en otras palabras, marcan metas coyunturales a lograr que permitan el avance cualitativo y cuantitativo de nuestro movimiento en sintonía con el movimiento popular.

La cuestión programática va parejo a la elaboración de estrategias y al análisis de coyuntura, este último tema que abordaremos en el próximo capítulo de la serie puesto que es más extenso y la metodología utilizada en este último tiene mucha sustancia. Volviendo al hilo del asunto, la estrategia consiste en una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Este concepto se detalla en el siguiente documento, donde también explico en qué consiste la táctica y qué factores se tienen en cuenta a la hora de trazar unas líneas estratégicas. A su vez, se amplía las definiciones del programa. Todas las explicaciones van acompañadas de un supuesto práctico ambientado en un conflicto laboral. Leer aquí Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario.

La articulación política es el resultado de la consolidación de una tendencia política bajo la unidad de unas líneas estratégicas, políticas y de actuación a través de las organizaciones políticas y de tendencia. En el Manifiesto comunista libertario de Georges Fontenis se explica con más detalle esta cuestión. En dicho manifiesto, explica unas nociones básica acerca del comunismo libertario y defiende una línea de clase en contraposición de una visión humanista e idealizada sobre la sociedad. También es interesante la visión que tiene acerca de la vanguardia revolucionaria vista desde el leninismo y vista desde el comunismo libertario, donde defiende que la organización política anarquista debe ir en sintonía con los movimientos populares en vez de ir separado de éstos. Plantea otros asuntos relevantes sobre la organización interna como la unidad ideológica, acción colectiva, la disciplina, el federalismo y la democracia interna; el poder, el Estado, la revolución y la libertad, donde distingue el poder directo de la clase trabajadora frente al poder dominante de la clase capitalista; y más aspectos por los que merece la pena leer este manifiesto.

Estructuración del movimiento

Una vez articulada nuestra tendencia, hemos de irnos dotando de estructuras que conformarán un movimiento. Antes de pasar a hablar de unas estructuras más amplias, es imprescindible que tratemos la cuestión organizativa, algo crucial dentro del anarquismo. En este punto, podemos encontrar tres posturas respecto al tema:

—La primera postura es la antiorganizacional, la que no concibe ninguna forma de organización al considerarla contraria a la libertad individual, aunque en la práctica se asimila el informalismo, que consisten en relaciones por afinidad en el cual no existen grados de compromiso y responsabilidades de los miembros que forman el grupo.

—La segunda premisa solo concibe la organización de las anarquistas a nivel social, como pueden ser en los sindicatos de clase o en la movilización en asambleas de barrio (el frente comunitario). En la praxis, se construyen organizaciones amplias que agrupan a muchas personas de distinta afinidad ideológica, o bien, organizaciones llamadas de síntesis donde no están definidas unas líneas comunes de actuación sino que agrupan a anarquistas de diversas tendencias. Dicho de otro modo, se les podrían denominar coordinadoras.

—La tercera tesis concibe la articulación del anarquismo a dos niveles: una que son los frentes de masas que son las organizaciones que trabajan a nivel social de la segunda premisa, y otra que consiste en organizaciones específicas que trabajan a nivel político. Este modelo también es denominado como dualismo organizacional, ya que se considera que únicamente la lucha en lo social es insuficiente y por ello, defiende la necesidad de la construcción de unas líneas políticas anarquistas comunes para todo el movimiento dotándolo de una orientación política y estratégica.

Sobre estos puntos profundizarán en este artículo «Cuestiones organizativas del anarquismo».

Para la configuración de un movimiento libertario estructurado, pasaremos de un movimiento de colectivos y grupos de afinidad a un modelo de movimiento de organizaciones. La diferencia entre éstas y los colectivos y grupos de afinidad está en el caracter y las dinámicas que llevan unas y otras. La organización nace de la necesidad de la responsabilidad política de transformación radical de la sociedad acorde al proyecto político socialista libertario. Para ello, nos dotamos de herramientas con el objetivo de implementar los programas, las líneas estratégicas y de actuación, y que dichas experiencias no se pierdan. A la vez, una organización tiene la pretensión de ser un actor político de cambio y referente en las luchas sociales. Los colectivos y grupos de afinidad siguen una dinámica distinta, y al no regirse por una responsabilidad política y disciplina interna en su mayoría, derivan en una suerte de voluntarismo y en muchas ocasiones actúan por inercias en las cuales terminan en consumo interno. Similarmente pasa con los grupos de afinidad, que debido a que en su mayoría poseen un carácter informal y al no rendir cuentas ante nadie, con el transcurso de su trayectoria, comienzan a aparecer códigos de conducta propios y liderazgos informales. Este tema queda reflejado en el artículo «Organización vs grupo de afinidad: el proceso de hiperautonomización y las debilidades estructurales de un colectivo anarquista«.

Reconocer las debilidades internas propias debe servir para solucionarlas. Necesitamos un cambio en nuestra cultura militante y en la manera de ver las cosas y de actuar. Obviamente, todas queremos el comunismo libertario, pero nuestro proyecto político ha de realizarse a través de la disputa de lo existente. Organizarse por organizarse no tiene sentido, lo que le da sentido a la cuestión organizativa es la necesidad de llevar a cabo nuestras tareas revolucionarias en el actual contexto, lo cual quiere decir que debemos también configurar un Modelo de movimiento libertario integrando las organizaciones de tendencia o políticas con organismos amplios y la inserción de nuestro movimiento en los frentes de lucha existentes en la actual coyuntura.

En la siguiente entrega, trataremos una herramienta muy importante que nos permitirá actuar en la coyuntura que nos toca. Ir a la 4ª parte.

El modelo organizativo del nuevo movimiento libertario

Desde hace tiempo quienes desde el campo libertario estamos apostando por un modelo organizativo diferente al tradicional llevamos avisando que un movimiento político basado en colectivos no funciona como movimiento político. Casi todos los colectivos libertarios están formados por personas con diversas inquietudes que se traducen en distintas tendencias dentro del anarquismo. Así, encontramos colectivos que mezclan el comunismo libertario con tendencias individualistas, o el insurreccionalismo con la autonomía obrera y el comunismo antiautoritario. En pocos casos existen colectivos con una línea concreta de cara afuera, salvo algunos colectivos exclusivamente insurreccionalistas o bien el anarcosindicalismo en general. Por tanto la mayoría de los colectivos se dedican a temas culturales, sociales o de ámbito exclusivamente local.

Las nuevas organizaciones libertarias que poco a poco van floreciendo en el estado español planteamos que el movimiento debe evolucionar desde los colectivos hacia las organizaciones. No es un paso fácil de realizar, ya que los colectivos suelen ser por naturaleza afinitarios. Y aunque no lo fueran en un principio con el tiempo es lógico que surjan las afinidades personales que marcarán la línea política del grupo. Los liderazgos informales, el asamblearismo ad infinitum en el que toman las decisiones quienes más tiempo tienen, la falta de empoderamiento de personas por miedo a no pasar por la asamblea, la adscripción a unas ideas en base a una estética y un lenguaje estético… nos parecen problemáticas. Un movimiento libertario basado en colectivos y grupos de afinidad lo lógico es que se organice en base a federaciones en las que los grupos serán autónomos. Las federaciones son así una especie de suma de recursos entre grupos diferentes y realmente suponen un avance puesto que se supera el campo de visión basado en lo local.

Pero los colectivos libertarios son fuertemente celosos de su autonomía y no estarán dispuestos a renunciar a ella. Ni en cuanto a su manera de funcionar, ni a su identidad, etc. Por ello las federaciones de grupos autónomos no acaban de ser todo lo ágiles que debieran. Las federaciones se ven limitadas por la apuesta por la autonomía total o casi total de los grupos y dejan de ser ágiles por ello. Parte del colectivo no se siente parte integrante de la federación y le parece un freno para su trabajo local, otra parte del colectivo es la que se cree la federación y va asumiendo el rol de estar en contacto con el resto de los colectivos. Entre la pasividad de una parte y la delegación en la otra se produce un desequilibrio que a la larga dificulta cualquier evolución de las federaciones.

Por ello creemos que el movimiento libertario, o la parte de él que esté dispuesta, debiera caminar hacia un modelo como el que sigue:

Organización de militantes. Sería la base fundamental del modelo. Se basa en un grupo de personas que tienen las mismas líneas de actuación e inserción social. Habrán llegado a ellas en base a un debate sobre tácticas y estrategias y no tanto en base a la ideología. Esta organización requiere de una cohesión táctica y estratégica, y no vale una convivencia entre tendencias. Antes bien, es mejor formar dos organizaciones si las diferencias internas son demasiado grandes. Es más fácil colaborar entre organizaciones que vivir en una eterna pelea interna. La organización de militantes sirve para elaborar líneas estratégicas y para planificar una inserción social adecuada de las prácticas e ideas libertarias. Al fin y al cabo nos organizamos para proyectar mejor la acción libertaria.

Organización feminista. Dada la tendencia a marginar o impedir tácitamente la participación de las mujeres inherente a la mayoría de los
colectivos y movimientos, ocurre que la mujer no se anime a participar en colectivos y organizaciones libertarias. Por tanto es necesario un espacio político propio donde podamos desarrollarnos políticamente. Será una organización tanto de formación como de debate político. En nuestro caso su enfoque debería ser hacia el feminismo de clase, dado que hay que buscar hablarle a la mayoría de las mujeres. Enfocarse en cuestiones que afectan a una pequeña fracción de ellas es un error y de cierta manera contribuye a la atomización de las luchas y la especialización. Se pueden llevar a cabo luchas propias del feminismo típico como el tema del aborto, la lucha contra la violencia de género, la discrimininación laboral, los roles de género, crianza y maternidad, la presión de la estética, etc. Pero además en denunciar cómo le afecta el capitalismo a la mujer trabajadora. Se trata de que el feminismo traspase las barreras del activismo y llegue a los barrios obreros y sus entidades. En América Latina esto lo intentan a base de obras de Teatro del Oprimido, yendo a sindicatos a hacer educación popular, creando sindicatos de mujeres, concretando cómo le afectan a la mujer los problemas que crea el capitalismo…

Organización juvenil. Es necesaria una organización juvenil que vaya formando a la juventud en las ideas libertarias y en la forma de actuar que propone la organización de militantes. La organización debería enfocarse en los problemas que tiene la juventud (paro masivo, estudios, barrios y comunidades, cultura y ocio, etc.) y debería intentar generar organismos juveniles unitarios de barrio y de comunidad como asambleas de jóvenes y otras. La función de la organización es ir empoderando y preparando a la juventud para la acción política y social. Es un campo de experimentación en y de la militancia. Se puede complementar con la gestión de locales y espacios, la organización de eventos festivos y de jornadas de formación política. Nuestro punto de vista es que hay que crear un movimiento juvenil ajeno a las corrientes antiorganización y tendientes al ghetto de autoconsumo presentes en el anarquismo.

Las organizaciones deben ser entendidas como algo compacto, cohesionado. Y se subdividen en núcleos o grupos locales y territoriales compuestos por personas de la organización que viven en una zona determinada. No debería empezarse un grupo local cuando no lo conforma gente que comparte todas las estrategias y tácticas de la Organización. La función del núcleo es llevar a cabo las líneas de la organización adaptándolas a su realidad concreta. No se trata de un colectivo más, sino que el grupo es la Organización en ese territorio.

Los Frentes

Se trata de lo que hace la militancia cuando sus líneas políticas se aplican a un campo de acción. Normalmente no se tratan de organizaciones independientes, sino que se supeditan a las necesidades de inserción social del movimiento político y son orientadas por éste. Recordemos que no queremos construir un movimiento social bajo premisas libertarias desde cero sino ayudar a fomentar el movimiento social tal como es, y que éste una vez fuerte y consolidado sea políticamente autónomo y por sí mismo evolucione a líneas libertarias. Desde luego respetamos a quienes intentan hacer lo primero, pero nos parece que hay que priorizar esfuerzos.

Se pueden plantear una serie de frentes:

Frente Estudiantil. Es el campo de acción del estudiantado en su globalidad y pluralidad. Se trata de aplicar las líneas de actuación a lo estudiantil, que generalmente es un mundo que lleva una vida propia en paralelo a los ritmos de la sociedad en general. Por lo general debería haber una relación estrecha entre la organización juvenil y este frente. También tanto la organización política como la organización feminista deberían realizar tareas de formación entre el estudiantado.

Frente Laboral. Se trata del campo de actuación del movimiento político en el mundo del trabajo. Aquí hay que buscar una pluralidad en las formas de actuación ya que buscará la adecuación a los proyectos de la organización y no será un sindicato más.

La diferencia con el anarcosindicalismo, es que éste, debido a ser un Sindicalismo Revolucionario entiende que la sociedad Socialista a la que aspira deberá tener como columna vertebral el sindicato para poder funcionar. De esta forma entiende que los distintos sectores de la población (estudiantes, jubilados, amas de casa, inquilinos…) se deben organizar sindicalmente. El anarcosindicalismo de esta forma es a la vez una organización política. Por eso se ve a sí mismo como una sociedad paralela alternativa donde todo el mundo debería militar.

Nuestro punto de vista es que hoy por hoy la sociedad no se puede organizar entera de forma sindical. Por tanto hay que partir desde los distintos puntos de vista y conectarlos en una lucha hacia el socialismo libertario. Por ello tenemos que tener una inserción en las cooperativas, entre las asociaciones de parados y paradas, entre las pensionistas y también en los sindicatos (en el movimiento obrero en general). Pero no es nuestra idea crear otro sindicato más, sino que la clase obrera organizada vaya asumiendo poco a poco las líneas de nuestro movimiento político. Y por ello también hay que dirigirse a los barrios, a los institutos y a los espacios de relación y socialización de la clase. El anarcosindicalismo es por tanto aliado, pero no somos lo mismo.

El frente laboral se entiende a sí mismo como un organismo amplio de conexión de luchas que fomentan un poder popular obrero y una conciencia de clase, que contemplan avances económicos y mejoras materiales inmediatas como pasos a dar en busca del empoderamiento colectivo.

Frente Comunitario. Este frente va hacia el resto de ámbitos de actuación que afectan a la gente: salud, vivienda, educación, cultura, energía, medio ambiente, etc. La idea es conectar las distintas luchas entre sí hacia la generación de un movimiento popular comunitario capaz de tener voz propia a nivel político. Alguno de estos ámbitos se puede convertir en Frente en sí mismo, dependiendo de lo grande que sea la militancia o de las necesidades específicas. Por ejemplo:

Frente Municipalista. Si la militancia de los barrios decidiera llevarlo a cabo se podría realizar un frente municipalista que tuviera como objetivo dar la batalla en lo local para generar contrapoderes comunitarios. En este sentido se articularía a la militancia que está en asambleas populares, asociaciones vecinales, ateneos, etc. e incluso a las militantes que participen en las instituciones con programa similar al nuestro (y que asuman nuestras líneas – al fin y al cabo mejor tenerlas de aliadas que al servicio de otros movimientos políticos). Esos contrapoderes embrionarios se deberían coordinar y fortalecer para hacerlos mayores y más estables ya que serán medios de generar poder popular.

Los grupos de trabajo

El movimiento político necesitará de accesorios que faciliten o mejoren tanto su funcionamiento como su proyección pública. En este caso nombraré algunos aspectos que me parecen interesantes y que se pueden ir implementando.

Centro de Estudios. Todo movimiento político debería tener un lobby, Think tank o un organismo que sirva para engarzar la teoría y la ideología con las líneas políticas del mismo. Además servirá para elaborar un programa formativo para la militancia.

Medios de comunicación. Cualquier movimiento político tiene sus propios medios de comunicación, sean boletines o sean redes sociales. Hay que tener una estrategia mediática y comunicativa adecuada a las intenciones del movimiento. Los medios pueden ir desde boletines hasta una editorial propia de libros, revistas de pensamiento y teoría o bien publicaciones orientadas hacia la población en general.

Unidades culturales. En línea con lo anterior se puede tener de colaboradores o pertenenciendo al movimiento político algunos grupos culturales como pueden ser muralistas, teatro social, grupos de música, etc.

Línea gráfica. El movimiento en general, o sea, tanto las organizaciones como los frentes deberían tener una misma identidad visual o línea gráfica. De esta manera las ideas fuerza lanzadas por cada una de las partes del movimiento serán reconocibles rápidamente por parte de la población.

Organismo antirrepresivo. Sea una comisión, una organización o una caja de resistencia, el caso es que un movimiento político debe disponer de este tipo de organismos. En un principio se puede asumir el de otros movimientos populares, pero con el tiempo debería haber un grupo de personas que trabajen el tema y que cubran las necesidades de todo el movimiento así como el de los colectivos afines y los movimientos sociales y populares.

En resumen, puede haber todo tipo de grupos de trabajo o comisiones que lleven a cabo tareas concretas o cortas en el tiempo. Por ejemplo un grupo de sociología o antropología social puede llevar a cabo un informe. O un grupo de periodistas afines publicar alguna cosa concreta en consonancia con las necesidades comunicativas o las campañas. Se trata de ser flexibles en la medida de lo posible.

Organización amplia

Por último cabría hablar de posibles organizaciones o frentes «de masas» impulsadas por nuestro movimiento. En principio las organizaciones de masas que buscamos son las propias que crea el movimiento popular. Pero en un momento dado podemos querer crear una organización-movimiento. Se podría crear en base a sumar todas las partes componentes anteriormente descritas que deberían funcionar coordinadas. De esta manera se sellaría la pertenencia a este movimiento y se daría entrada a toda la gente simpatizante con el mismo y no sería ya un movimiento de militantes, sino de militantes y simpatizantes. O se podría crear en base a una organización que sigue las líneas políticas del movimiento pero que se creará en base a asambleas abiertas y públicas.

@BlackSpartak

Trastornos mentales en el movimiento libertario

Nota preliminar: Mi intención principal con este artículo, antes que transmitir el mensaje que contiene, es no ofender a ninguna persona con mis palabras. Espero sinceramente que así sea. Soy consciente de mis limitaciones y posibles actitudes erradas y estoy abierto a que se me señalen para poderlas corregir. Al tratarse mi persona de alguien que no presenta ningún trastorno mental o psíquico conocido (con lo que podría decirse que soy un privilegiado dentro de la sociedad capacitista), hablo siempre desde el punto de vista de una persona no neurodivergente, con todo lo que ello conlleva.


Si nos pusiéramos a pensar, estoy seguro de que muches llegaríamos a la conclusión y caeríamos en, que, en efecto, dentro de lo que podríamos denominar movimiento anarquista, el número de personas que sufre uno o varios trastornos mentales o psíquicos es mayor de lo que estamos acostumbrades a tratar en nuestro día a día¹.

En mi caso personal, desde que tuve una experiencia muy importante con una persona de este tipo, que tenía TLP, comencé a analizar algunos casos y la vida en general de una manera distinta. Y es que, efectivamente, hay cosas que no podemos llegar a entender bien. Existen ciertas pautas de comportamiento que no nos encajan, que nos desconciertan; acciones de compañeros y compañeras que nos extrañan y nos hacen dudar y, en muchos casos, nos queman. En multitud de ocasiones, no podremos llegar a entender nunca el porqué (racional) de estas actitudes, pero, quizá, sí podremos hallar la causa que las origina, con lo cual podremos afrontarlas mejor.

En mi humilde experiencia, he llegado a la conclusión de que, ante la realidad, lo importante, a final de cuentas, no es comprender, sino aceptar, principalmente porque en la labor de comprender podemos acabar desquiciades. No podemos medir con los mismos parámetros a una persona que podríamos calificar como normal mental y estadísticamente hablando y a una que alberga uno o varios trastornos psíquicos. No podemos hacerlo porque se trata de personas distintas con unas pautas mentales que, dependiendo del caso, pueden variar de una manera extrema. Esto puede redundar en problemas de comunicación y de trabajo que frustren la labor del colectivo u organización.

Actualmente, el término que se ha acuñado para denominar a las personas que no encajan en el marco mental normal es el de neurodivergentes. Las personas neurodivergentes son aquellas cuya mente funciona de una manera “atípica” o “distinta”, que procesan el mundo de una manera no habitual.

Volviendo al caso, desde que tuve aquella experiencia en la que aprendí mucho sobre las personas neurodivergentes y los trastornos mentales, he prestado más atención a este tipo de individues y situaciones, y me he dado cuenta de que los movimientos y colectivos contestatarios, y los libertarios especialmente, presentan una tasa de personas neurodivergentes más alta de lo corriente.

Indagando con el objetivo de encontrar las razones de esta anómala diferencia, he llegado a la conclusión (contrastándolo también con otres compañeres neurodivergentes) de que dos motivos pueden ser los principales impulsores de esta causa:

  1. Que las personas neurodivergentes se ven mejor acogidas y entendidas dentro de nuestro movimiento.
  2. Que, al procesar dichas personas el mundo de una manera distinta, les surgen más conflictos con la sociedad, lo que las conduce a experimentar un rechazo directo o indirecto por parte de ésta. Ello las lleva a querer encontrar las causas y soluciones a este rechazo, así como a comprometerse a cambiarlo en la medida de sus posibilidades, derivando, así, en la inserción en los movimientos populares, y muy especialmente en el anarquista².

Dado que dichas personas son generalmente mejor acogidas y menos invisibilizadas en los colectivos y organizaciones libertarias que en la mayor parte de situaciones de nuestra sociedad, y debido también a que una buena parte del movimiento libertario actual rehuye las contradicciones y adopta una postura que podría tildarse de cómoda (dentro de la diferencia que supone), relacionándose menos con la sociedad civil y no dejando de ser espacios endogámicos a los que suele acudir siempre la misma gente, las personas neurodivergentes tienen mayor facilidad para asentarse en ellos.

Evidentemente, las personas neurodivergentes que entran en el movimiento popular o libertario son afines ideológicamente hablando (o deberían serlo) en mayor o menor medida, pero no considero que ésa sea una causa que explique la anómala diferencia que estamos tratando, dado que no creo que se pueda suponer que las personas que presentan trastornos mentales sean generalmente activistas y/o anarquistas.

De este modo, es posible encontrarse con situaciones en que compañeres neurodivergentes muestren actitudes extrañas y/o reprobables debido a su(s) trastorno(s). Escribo este artículo precisamente porque la gran mayor parte de las veces que ocurren estas cosas no somos conscientes de su origen. Esta inconsciencia puede explicarse porque la persona neurodivergente en cuestión no nos haya puesto en conocimiento de su caso (bien porque no ha deseado hacerlo o no ha visto necesidad o el momento adecuado, o bien porque ni ella misma lo sabe) o porque ni siquiera hayamos considerado la posibilidad de que esto pueda ocurrir.

Por ende, a mis compañeres no neurodivergentes les diría que, a partir de ahora, consideren esta posibilidad en sus futuras situaciones militantes y personales, y que traten digna y justamente a sus compañeres neurodivergentes, como todes nuestres compañeres se merecen³, pero que, por supuesto, no dejen de seguir construyendo sus proyectos políticos. Siempre hay que seguir adelante.

A mis compañeres neurodivergentes les diría que tienen mi apoyo y cariño para lo que necesiten (como lo tiene cualquier persona que considere mi compañera).


Notas

1. He buscado estudios e investigaciones que avalaran esta afirmación, pero al parecer no existen, o no he sido capaz de encontrarlos. Agradecería sinceramente cualquier aportación en este sentido.

2. Es importante señalar aquí que muchos casos (ojo, no todos) se encuadran dentro de la rama del anarquismo que se acerca más a lo antisocial o al nihilismo como forma de rechazo a esta misma sociedad.

3. Con estas palabras no quiero decir que se deban respetar y pasar por todas las actitudes que se pudieran presentar aguantando de una manera estoica las arremetidas de quien fuera como quien resiste los golpes de las olas como una estatua. Eso sería un error y, además, una injusticia tanto consigo como con el colectivo y la misma persona que se ve impulsada a tener actitudes reprobables por el trastorno que tuviese, al victimizarla y pasarle por alto cualquier tipo de acción. En mi experiencia vital, creo que una opción viable y saludable es buscar ayuda profesional psicóloga sana en el caso de que no se esté brindando, o apoyar/animar al compañere a pasar por terapias alternativas a la psiquiatría tradicional si se cree necesario (no todos los trastornos son iguales ni todas las personas los llevan igual). En cualquier caso, lo que nunca debe hacerse es señalar a la persona en cuestión con el objetivo de que se sienta culpable y aislada.


Querría mostrarle mi agradecimiento a les compañeres neurodivergentes que me han ayudado con el artículo por su generosidad.