La epidemia de gripe de 1918 en los medios de la Confederación

La famosa epidemia de gripe de 1918, llamada “gripe española”, apareció por primera vez entre los soldados americanos que iban a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. A causa de la gran movilidad de tropas de aquellos días la dolencia pudo extenderse con gran libertad entre nuevas poblaciones. De este modo mató la barbaridad de 50 millones de personas en todo el mundo. Se dice rápido. Constituye un poderoso ejemplo del potencial destructivo que tiene una pandemia.

En el Reino de España la dolencia llegó entre abril y mayo de 1918. Se conoce que al no existir una censura en la prensa, los medios españoles informaron de la epidemia a las pocas jornadas de su aparición. Por eso al principio se pensaba que la dolencia venía de España y se había contagiado hacia Europa, cuando fue al revés. Para contextualizar la dolencia, esta tuvo un rebrote en septiembre y octubre de 1918 que fue la época con mayor mortalidad. Y más tarde otro repunte en febrero de 1919, que duró un par de meses. Finalmente, en 1920 hubo otra oleada de la epidemia. En total murieron alrededor de 150.000 personas en España y el año de 1918 fue el único hasta la Guerra Civil en el cual la población total del país descendió.

Pero bien es verdad que la epidemia llegó a una España que apenas sobrevivía a la miseria. La prensa de la época destaca los aciertos de las autoridades, como, por ejemplo, la organización de brigadas de limpieza o el cierre de las escuelas. Pero siendo realistas, la mayoría de la infancia apenas pisaba una escuela, teniendo que ir a trabajar desde edades muy tempranas. Las organizaciones obreras no pudieron preocuparse de la dolencia y la solían atribuir a las pésimas condiciones higiénicas en las cuales vivía la clase obrera. De esta forma los sindicatos catalanes afectos a la CNT celebraron el Congreso de Sants, en el verano de 1918 (cuando la primera oleada de la epidemia había remitido), los mineros asturianos el suyo en septiembre y la UGT celebró su congreso nacional a Madrid en octubre de 1918 (en pleno rebrote de la dolencia).

Hay que entender que no se descubrirían los virus hasta 1935 y que la clase obrera del momento conocía los efectos del cólera, de la tuberculosis, de las diarreas y fiebres, del tifus, la polio o la viruela. Cada epidemia se cobraba las vidas de miles de personas, y se cebaba especialmente con las capas sociales más pobres. Pobreza y carencia de higiene suelen ir íntimamente unidas y esta una de las razones de la alta tasa de mortalidad. A este factor se le puede asociar también el hambre, que acompaña los periodos de crisis, y 1918, lo era. Europa vivía los últimos episodios de la “Gran Guerra” y las fábricas iban echando el cierre. Esto agravaba la situación de las familias que veían un futuro incierto. Las continuas muertes iban dando pie a procesiones religiosas y a oraciones públicas “por nuestros pecados”, como había tenido lugar durante las epidemias anteriores.

Pero también hay que tener en cuenta que se da en un periodo de altísima conflictividad política y social, como es el final de la guerra europea. La pandemia se cobró millones de vidas a Europa siente el marco en el cual se dieron las revoluciones de 1918-19. No es nada osado considerar que la gripe fue un factor más del estallido huelguístico de 1919 en Cataluña, que se abriría con la famosa huelga de la Canadiense en febrero de aquel año.

En Solidaridad Obrera – hacia octubre – aparecían cada día publicadas noticias referentes a la epidemia. Se hablaba de muertes cada día, en las calles de Barcelona y también en los pueblos españoles. Se constataba la muerte de doctores, y el traslado de sanitarios desde unos lugares poco azotados por la dolencia hacia otros más necesitados. Y se notificaban protestas ante el abandono sanitario de la villas y ciudades. Es un contraste evidente hacia el que decían las autoridades que estaban haciendo. Es obvio que no hacían bastante. El pueblo exigía el cierre de locales insalubres o establecimientos alimentarios que provocaban fuertes malos olores – recordemos que no se sabía exactamente de donde vendía la gripe. La propia Solidaridad Obrera respondía a un artículo que ante su local se vendían plátanos medio podridos. Otro factor eran las aguas negras de las ciudades que proliferaban después de los días de lluvia o de aquellos riachuelos urbanos totalmente insalubres de la época industrial.

Además se constata el colapso de los hospitales y las pompas fúnebres. En este caso hubo una huelga en Barcelona producida por el despido de 21 trabajadores para protestar ante las durísimas condiciones que tuvieron que afrontar. El Sindicato de la Madera hizo suya la protesta y convocó una huelga del sector en octubre de 1918, que ganó en pocos días. También los ebanistas de València hicieron lo mismo. En el caso barcelonés se constata la pérdida – por gripe – de Josep Escofet (15 de Octubre), uno de los principales militantes del Sindicato de la Madera. Otros ramos también hicieron huelga (caldereros de cobre, tranvías, Casa Girona, fabricantes de vehículos – todos de Barcelona, vidrio de Gijón, mineros asturianos, campo andaluz, empresas de Terrassa, Mataró, Sabadell, Sitges, etc.), en aquellos tiempos sin confinamientos. Incluso estuvo rondando por Barcelona una huelga de alquileres impulsada por la Unión de Inquilinos (con local social en c/ Santo Pablo, 83 – suyo del sindicato de fideuers) ante el encarecimiento de los pisos y habitaciones. Las reivindicaciones eran similares: además de los precios las quejas eran por pisos sin retretes ni agua corriente.

Cuando hicieron públicas estas peticiones a los propietarios, estos las recibieron con risotadas mientras el Ayuntamiento se encogía de hombros. Las propuestas de las organizaciones obreras eran totalmente lógicas. No discutían la necesidad de ir a trabajar. Están en una época a la cual quien “no trabaja no cobra”. Se pedía trabajar menos horas para tener más fuerzas para afrontar la epidemia, puesto que se pensaba, con razón, que la falta de fuerzas debilitaba los cuerpos y los hacía blancos fáciles de la dolencia. También se pedía que se instalaran lavabos en los talleres para lavarse las manos. Otra petición era instalar cocinas en las empresas para poder comer caliente. Era normal comer alimentos fríos sentados en el suelo. Además se incidía en mejorar la ventilación de los centros de trabajo, que solían estar cargadísimos de polvo en suspensión, microtejidos o humos.

En València la Sociedad Vegetariana Naturista se ofreció al gobernador de la provincia para prestar auxilio a los enfermos de gripe. El ofrecimiento fue rechazado por la Junta de Sanidad por cuestiones morales. Hablamos de la mal llamada moral cristiana, está claro. El movimiento higienista, naturista o vegetariano se fue extendiendo despacio, en parte a causa de esta epidemia, de la cual acusaban directamente el estado por haber fracasado al velar por la salud pública. También acusaban la ignorancia de la población por no saber combatir la dolencia, que entendían que se resolvía con dietas vegetarianas.

En resumen, en 1918, la epidemia fue un factor más en un mundo en plena convulsión. Esta sería una diferencia con nuestra pandemia actual: el coronavirus es el “choque”, mientras que la gripe de 1918 se daba en medio de otros “choques”. El fin de la guerra mundial produjo una profunda crisis económica y el fantasma de la revolución recorrió el mundo. No sabemos con certeza la influencia de la gripe en las revoluciones de la época. Solo se conoce que tuvo impacto en el Brasil como preludio a su insurrección (los burgueses se fueron a sus lujosas villas, mientras el proletariado moría a miles). Es conocido que después de una epidemia la vida cobra un nuevo valor y esto da pie a nuevas luchas sociales antes impensables. Veremos el que nos ofrece esta pandemia que vivimos.

@Blackspartak

Reflexiones tras 50 años del Mayo francés de 1968. Continuamos tomando los adoquines para imaginar la arena de playa.

¿Qué podemos esclarecer cincuenta años después de la rebelión de Mayo de 1968? ¿Qué caminos revolucionarios y referentes de lucha abrió este acontecimiento internacional en la Francia de su época y que siguen latentes en el presente? La imaginación al poder… porque la arena de playa bajo los adoquines, se conquista.

Este mes se cumple el 50 aniversario del Mayo francés que tanto revolvió internacionalmente a los movimientos políticos y sociales. Es evidente que no podemos vivir de la nostalgia, y aún reconociendo que fue un acontecimiento irrepetible, sin embargo no quiere decir que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo. Este acontecimiento se reinventa actualmente en los conflictos actuales, no solo en Francia, sino como referente en todo el mundo.

Como dice el militante anarquista Tomás Ibáñez, Mayo del 68 forma parte de esos excepcionales sucesos históricos que están armados del suficiente potencial como para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar. Sin vivir de la nostalgia, y no permitiendo que esta guíe nuestros pasos y estrategias, pero el Mayo Francés puede evocar un estado de disposición a la acción y a la explosión de imaginación en las formas de lucha.

Fue un acontecimiento completamente inesperado, en un año que estuvo marcado por un sentir revolucionario muy fuerte a nivel internacional. Las intensas movilizaciones en EE.UU. contra la guerra del Vietnam, las manifestaciones de Zengakuren en Japón, o la batalla de Valle Giulia en Roma; todas ellas con un gran protagonismo de jóvenes nacidos tras la Segunda Guerra Mundial. Tras años de ‘prosperidad’ económica en Francia, y el afianzamiento de un sistema social capitalista, una generación de jóvenes franceses concluyen que un ciclo debe acabar, no para iniciar otro predeterminado, sino para debatir hacia dónde quieren dirigir sus vidas fuera del imaginario capitalista.

Quienes participaron activamente del Mayo francés sintieron una transformación de sus vidas, la continua lucha en las calles parisinas consiguió que muchos jóvenes percibieran ese tiempo como un tiempo de gran intensidad de aprendizaje y experiencia de unas sensaciones lejos de los tiempos y la monotonía que determina el capital. La distinción entre el tiempo de rutina y el tiempo poético marcan una sensibilidad diferente en algunos acontecimientos en nuestra vida. No solo luchaban contra las expresiones del capital en su vertiente laboral o estudiantil, sino contra la vida rutinaria que este les sumía. La mejor manera de imaginar otro mundo posible, es mediante la beligerancia contra aquello que nos amordaza la imaginación, desatando una reacción inesperada en nuestro esquema actitudinal, poniendo en práctica todo aquello que dentro de la cotidianeidad capitalista no se puede dar. El Situacionismo le aportó al Mayo Francés el potencial para crear espacios temporales donde experimentar más allá de los límites culturales que nos propone el capitalismo. La Internacional Situacionista existió desde los años 40 en Francia hasta 1972 cuando decide autodisolverse. Esta recoge el bagaje revolucionario del marxismo, el consejismo y el anarquismo, tratando de superar estas antiguas corrientes. El pensamiento revolucionario se alcanza mediante la realización y la supresión, es decir que realiza lo que el anarquismo no logró realizar, y supera las formas políticas marxistas abogando por la supresión de la dominación estatal.

Mayo del 68 supone un segundo asalto al capitalismo tras los años de prosperidad posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recoge la plasmación del repunte de las ideologías sociales y movilizaciones políticas que se tejen durante toda esa década, pero que estallan de forma muy inesperada. Sin duda un tiempo muy corto en comparación con el primer asalto al capitalismo que sucedió en los años 30 del siglo XX y que se venía fraguando desde decenas de años atrás. Con la Comuna de París de 1871 en el corazón, pero un contexto radicalmente distinto, Mayo del 68 se convierte en referente contemporáneo de lucha contra el capitalismo, pero también como una herramienta para mercantilizar la lucha por parte del sistema décadas después. Se hace necesario enlazar este acontecimiento con los conflictos actuales, no en un discurso teórico de recreación en forma de anhelo de un pasado ideal, sino en la práctica revolucionaria actual.

Los acontecimientos del Mayo francés destacaron entre otros a nivel mundial, tuvieron un impacto enorme y sirvieron de aliento. No se trataba de conquistar el Poder en bruto, nada se hubiera hecho con ese Poder, pero se consiguió politizar espacios, colectivos y dinámicas que habían caído en la despolitización impuesta por los regímenes de postguerra y el falso sueño de la recuperación económica que adormeció a las sociedades. El objetivo era romper con la pasividad y el aislamiento individual, aboliendo las caducas herencias recibidas y planteando una actividad de transgresión de la vida cotidiana desde la creatividad. Muchas expresiones libertarias fueron rescatadas de los guetos donde se habían anclado, y fueron lanzadas como piedras sobre la sociedad para despertarla.

A pesar de haber pasado al imaginario como una revuelta estudiantil, lo que hizo que Mayo del 68 no se convirtiera en un simple descontento de jóvenes que habían logrado llegar a una universidad a la que se comenzaba a acceder masivamente, fue el hecho de lograr la vinculación con el mundo laboral, y que la clase trabajadora se sumara a este reclamo ocupando fábricas y uniéndose al hórdago lanzado desde los movimientos estudiantiles. Esta reacción laboral, igualmente estuvo protagonizada por un rechazo al vanguardismo y las burocracias de los sindicatos tradicionales, que trataron de evitar este encuentro en la barricada, pero que marcaron una senda de autonomía obrera organizándose al margen de las centrales sindicales y partidos de izquierdas.

Se plantea como crítica al Mayo francés la falta de una dirección clara o de estructuras organizativas contra el enemigo común, si bien es probable que no pudiéramos hablar de la espontaneidad en el camino que tomaron los acontecimientos si se hubieran encauzado esas energías hacia planteamientos preestablecidos. Son esos planteamientos los que fueron cuestionados por ese cóctel ideológico, es evidente que no pretendía construirse un proyecto concreto, y eso no debe ser entendido como algo malo, sino que surgió como una semilla que si se germinaba podría llegar a ofrecer caminos revolucionarios a explorar donde nada estaba escrito. De hecho, la marcha de acontecimientos se asentó sobre esa premisa: se construía, se experimentaba y se incidía con creatividad sobre el devenir cotidiano de los sucesos.

Wallerstein le da la denominación de rebelión cultural, ya que el ciclo revolucionario de 1968 no plantea la toma del poder político. La rebelión social se traslada a cambiar radicalmente la vida cotidiana, la irrupción de esta insubordinación no se materializa en un proyecto político concreto. Sin embargo, no hay nada más revolucionario que querer cambiar la cotidianeidad. Supone un cambio de prácticas, no se trata de conquistar territorialmente, ni de dar un golpe para la obtención del poder, sino sentar las bases de la organización que permita una emancipación integral de la vida cotidiana alejada del capitalismo y su vacía existencia. El enemigo era el tipo de vida gris y vacía que ofrecía el sistema, una vida que no era producción creativa y autónoma, sino reproducción de un modelo determinado y encauzado para alimentar al propio capitalismo; un enemigo que sigue siendo común actualmente.

Acontecimientos en Mayo de 1968 en Francia:

El 22 de abril de 1968 miles de estudiantes se concentraron ante la Universidad de Nanterre a las afueras de París como protesta por la detención de varios estudiantes acusados de atentar contra empresas estadounidenses implicadas en la Guerra del Vietnam. Los últimos días de abril los enfrentamientos con la policía fueron habituales, hasta tal punto que el decano de la Universidad ordenó su cierre el 28 de abril, pretendiendo frenar el movimiento estudiantil, y además, con la intervención de grupos de extrema-derecha que atacaban a los estudiantes.

El 3 de mayo miles de estudiantes se concentraron en la plaza de la Sorbona de París en apoyo a los compañeros que debían declarar ese día en los tribunales por su detención en los altercados a finales de abril en Nanterre. El ataque por parte de la policía francesa provocó que el conflicto se extendiera más allá de los recintos universitarios y estallara en las calles parisinas; mientras los principales dirigentes sindicales y estudiantiles trataban de controlar ordenadamente esta situación, los y las estudiantes rebasaron estas directrices y actuaron desde su sensibilidad encontrando que la revuelta prendió en el Barrio Latino parisino. Situaba el centro de la acción en la solidaridad con los detenidos, la actuación directa sin mediaciones, sin exigencias o demandas al Poder, sencillamente practicando la autoorganización y la autonomía para tomar decisiones que se llevaban a cabo sin limitaciones.

El 6 de mayo se repitieron los enfrentamientos con la policía en la declaración de los estudiantes ante el Comité de Disciplina de la Universidad de Nanterre. La solidaridad se extendió entre miles de estudiantes que encontraron el apoyo de una sociedad francesa hastiada, los acontecimientos dejaron medio millar de detenidos y cientos de heridos.

El 10 de mayo por la noche se daba lo que se ha conocido como ‘la noche de las barricadas’, decenas de miles de estudiantes se unen a las luchas en el Barrio Latino de París tratando de liberar a sus compañeros detenidos, las fuerzas policiales atacan las barricadas levantadas y al día siguiente sacan carros blindados a las calles de París, procediendo a una militarización urbana no vista jamás por estos jóvenes estudiantes.

Un punto de inflexión que le otorgaría una relevancia impredecible a esta revuelta fue la convocatoria de una huelga general el 13 de mayo, a la que se unieron varios millones de trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda Francia, congregando en una manifestación a más de 200 mil personas en la ciudad de París. Los estudiantes tomaron la Universidad de la Sorbona y establecieron un Comité de Ocupación, mientras que al día siguiente miles de trabajadores tomaban algunas de las principales fábricas de la Francia industrial. Durante esa semana se dan tensiones con las centrales sindicales que pretenden moderar el movimiento, produciéndose una respuesta activa de los estudiantes para seguir trazando su camino en la práctica cotidiana de esta insurrección.

La huelga se extiende a numerosos centros de trabajo, los Comités de Huelga debaten sobre la cuestión del poder popular, y a través de sus críticas a la autoridad estatal se genera un vacío moral del poder, cuestionado de raíz por la violencia ejercida y abriéndose numerosas oportunidades por las que discurrir desde el sentir revolucionario.

La noche del 24 de mayo París vivió un estado de auténtica insurrección frente al Poder estatal, que obligó al Estado francés a reaccionar dividiendo al movimiento obrero, proponiendo unas negociaciones establecidas a varias bandas y haciendo propaganda de determinadas concesiones, obviando de que para la mayoría de estudiantes y trabajadores el gobierno no era un interlocutor de referencia, y sus pasos se dirigían hacia otras posturas. Sin embargo, el 12 de junio el presidente Charles De Gaulle decreta la disolución e ilegalización de todos los grupos de izquierda revolucionaria, mientras continúan las negociaciones son las centrales sindicales moderadas. A lo largo de este mes de junio, grupos incontrolados de extrema-derecha son lanzados contra los movimientos rebeldes, que junto con la violencia policial continuada, las negociaciones aprobadas por los dirigentes autodenominados representantes de los obreros, y la celebración de elecciones legislativas a finales de junio; llevaron al movimiento a diluirse en una experiencia que había marcado un camino, irrepetible como ya se anticipaba, pero al fin y al cabo necesario para sentar algunos análisis y prácticas revolucionarias en el presente.

Ya en el 2018, este pasado mes de abril los estudiantes franceses han iniciado huelgas ocupando facultades por toda Francia, los ferroviarios comenzaron una huelga hace semanas, y han establecido contactos de apoyo con los estudiantes. Miles de personas han salido a la calle en solidaridad con la ZAD, territorio ocupado con un proyecto de autoorganización que ha sido agredido e intentado desalojar por el actual gobierno de Emmanuel Macron. Los sectores obreros franceses llevan alimentando una confrontación social contra el capitalismo estos últimos años, las comunidades racializadas y el antifascismo francés vienen trabajando arduamente en potenciar esta lucha. Todos los años cuando llega el mes de mayo a Francia, se tiene en la vista aquél año 1968, que si bien no se dará nuevamente en los mismos términos, puede servir como potencial para extender el bloqueo y la actividad obrera por todo el país.

[CAST/CAT] El 1 de Mayo y el Viña Rock

[CAST]

Se acerca el 1 de mayo y las convocatorias de movilizaciones comienzan a brotar. Me llegan uno, dos, tres correos y los pongo directos en la carpeta de spam. Lo tengo decidido, este año no me veréis: el concertillo de Barcelona empieza a hacerse pesado. Lo que debería ser el día internacional de la lucha laboral se ha convertido últimamente en una batalla de gallos para ver quien saca más seguidores en Twitter.

Para comenzar, tendremos a las viejas glorias roqueras que todas conocemos. Sus años como revolucionarios han pasado a la historia y ahora sólo tocan en grandes escenarios patrocinados. Los sindicatos amarillos, aquellos que ya hace años que raramente se mueven y que pactan más con la patronal que con sus propias afiliadas, harán el paseo de rigor, y gritarán las cuatro reivindicaciones de cartón-piedra que poca gente se cree.

En segundo lugar, subirán al escenario las jóvenes promesas de la escena barcelonesa. Saben que decenas de fans están viendo su actuación, por lo que no dudarán en sacar pecho y mostrarse como los únicos salvadores de la música rebelde, si hace falta, tocando alguna cover. Los actores político-sindicales combativos (izquierda independentista, anarcosindicalismo, IAC …) intentarán reunirse unas 4-5 veces antes de afirmar, un año más, que no hay consenso ni en el recorrido de la manifestación de la tarde y que cada uno irá por su cuenta. Aunque habrá quien glorificará «aquellos años con una manifestación anticapitalista de más de 20.000 personas» en medio de un enérgico y totalmente necesario debate sobre estelades si/no, medios de comunicación si/ no y el orden de los diferentes bloques. Un éxito, si en cada bolo hay más de 1000 asistentes.

Finalmente, en el escenario externo al festival, encontraremos la auténtica alternativa al rock. Con un viejo generador y unos tambores de batería hechos polvo, los diversos grupúsculos anarquistas e insurreccionalistas lanzarán la enésima llamada al disturbio a la mani que les quede más cercana (ideológicamente) para hacernos recordar que los muertos ahora hará, más o menos, un porrón de años (no me hagáis decir cuántos!) durante el 1 de mayo eran muy, muy anarquistas. Todos estos colectivos (que prácticamente no tratan ningún conflicto laboral durante el año) esperan que este 1 de mayo, por fin, se cante a su ritmo.

El día que se supone és para las trabajadoras, acaba convirtiéndose en un concurso de bandas, cuando no una jam session improvisada. En la ciudad condal se mueven muchas cosas, pero los rifirrafes entre militancias también son muy grandes. Se trata de un problema grave si pensamos que sólo nuestra apuesta política tiene la llave para escapar del capitalismo. Se nos llena la boca cuando decimos que la revolución la hará el pueblo organizado cuando somos incapaces de juntarnos con nuestras compañeras más cercanas (ideológicamente) para caminar durante un rato y hacer cuatro gritos. Sarcásticamente, parece como si nosotros no formáramos parte de este pueblo que debe organizarse: claro que no, si pensamos que sólo somos músicos sobre un escenario!

Creo que hay que intentar dar pasos para que el 1 de mayo pueda volver a convertirse en un importante día para mostrar una clase trabajadora unida: no para generar ninguna mani-ritual sin sentido, sino como punto de partida para trabajar codo a codo, día a día, de manera coordinada. Hay debates que se pueden dar, pero de cara a incluir propuestas y no al revés. Lo he dicho en broma, pero ojalá pudiéramos volver a ver aquellas manifestaciones anticapitalistas unitarias que se atrevían a subir a Pedralbes a mostrar la cara rabiosa de la explotación laboral. Ojalá el 1 de mayo pudiera ser un Woodstock.

Este año sin embargo, ya me perdonaréis, pero prefiero descansar y cuidarme (y ahora que lo digo, donde hemos dejado a las feministas?). Con el dinero que no me gaste en pancartas y petardos, me compraré una entrada para el Viña Rock que, como en Barcelona durante el 1 de Mayo, siempre tocan los mismos grupos.

[CAT]

S’acosta l’1 de maig i les convocatòries de mobilitzacions comencen a brollar. M’arriben un, dos, tres correus i els poso directes a la carpeta de brossa. Ho tinc decidit, aquest any no m’hi veureu: el concertillo de Barcelona comença a fer-se pesat. El que hauria de ser el dia internacional de la lluita laboral s’ha convertit, últimament, en una batalla de gallos per veure qui en treu més seguidors a Twitter.

Per començar, tindrem a les velles glòries roqueres que totes coneixem. Els seus anys com a revolucionaris han passat a l’història i ara només toquen a grans escenaris patrocinats. Els sindicats grocs, aquells que ja fa anys que rarament es mouen i que pacten més amb la patronal que amb les seves pròpies afiliades, faran la passejada de rigor, i cridaran les quatre reivindicacions de cartró-pedra que poca gent es creu.

En segon lloc, pujaran a l’escenari les joves promeses de l’escena barcelonina. Saben que desenes de fans estan veient la seva actuació, pel que no dubtaran en treure pit i mostrar-se com a els únics salvadors de la música rebel, si fa falta, tocant alguna cover. Els actors polític-sindicals combatius (esquerra independentista, anarcosindicalisme, IAC…) s’intentaran reunir unes 4-5 vegades abans d’afirmar, un any més, que no hi ha consens ni en el recorregut de la manifestació de la tarda i que cadascú anirà pel seu compte. Encara hi haurà qui glorificarà «aquells anys amb una manifestació anticapitalista de més de 20.000 persones» enmig d’un enèrgic i totalment necessari debat sobre estelades si/no, mitjans de comunicació si/no i l’ordre dels diferents blocs. Un èxit, si a cada bolo hi ha més de 1000 assistents.

Finalment, a l’escenari extern al festival, trobarem a la veritable alternativa al rock. Amb un vell generador i uns tambors de bateria fets pols, els diversos grupúscles anarquistes i insurreccionalistes llançaran l’enèsima crida al disturbi a la mani que els hi quedi més propera (ideològicament) per tal de fer-nos recordar que els morts ara farà, més o menys, un porró d’anys (no em feu dir quants!) durant l’1 de maig eren molt i molt anarquistes. Tots aquests col·lectius (que pràcticament no tracten cap conflicte laboral durant l’any) esperen que aquest 1 de maig, per fi, es canti al seu ritme.

El dia que suposa ser per a les treballadores, acaba esdevenint un concurs de bandes, quan no una jam session improvisada. A la ciutat comtal es mouen moltes coses, però els rifi-rafes entre militàncies també son molt grans. Es tracta d’un problema greu si pensem que sols la nostra aposta política té la clau per escapar del capitalisme. Se’ns emplena la boca quan diem que la revolució la farà el poble organitzat quan som incapaces d’ajuntar-nos amb les nostres companyes més properes (ideològicament) per caminar durant una estoneta i fer quatre crits. Sarcàsticament, sembla com si nosaltres no forméssim part d’aquest poble que s’ha d’organitzar: clar que no, si pensem que només som músics sobre un escenari!

Crec que s’han d’intentar donar passes perquè l’1 de maig pugui tornar a esdevenir un important dia per mostrar una classe treballadora unida: no per generar cap mani-ritual sense sentit, sinó com a punt de partida per treballar colze a colze, dia rere dia, de manera coordinada. Hi ha debats que es poden donar, però de cara a incloure propostes i no a l’inrevés. Ho he dit de broma, però ojalà poguéssim tornar a veure aquelles manifestacions anticapitalistes unitàries que s’atrevien a pujar a Pedralbes a mostrar la cara rabiosa de l’explotació laboral. Ojalà l’1 de maig pogués ser un Woodstock.

Aquest any però, ja em perdonareu, però prefereixo descansar i cuidar-me (i ara que ho dic, on hem deixat a les feministes?). Amb els diners que no gasti en pancartes i petards, em compraré una entrada pel Viña Rock que, com a Barcelona durant l’1 de Maig, sempre toquen els mateixos grups.

Joan García

La huelga de ‘La Canadiense’

La llamada huelga de ‘La Canadiense’ fue un paro importante del sector eléctrico, convirtiéndose después en Huelga General, que comenzó el 5 de febrero de 1919 y que se prolongó durante 44 días paralizando el 70% de toda la industria de Cataluña. Dicha huelga se convirtió en la más importante, por sus logros, de la historia del movimiento obrero hispano. En ella se consiguió el aumento salarial, la readmisión de los trabajadores despedidos y lo más importante de todo: la promulgación del Decreto de la jornada de ocho horas de trabajo, siendo así el Estado español el primer Estado en promulgar dicha ley.

Nos encontramos a finales de enero de 1919, y la compañía Riegos y Fuerzas del Ebro -conocida popularmente como La Canadiense ya que el principal accionista era el Canadian Bank of Commerce of Toronto– baja drásticamente los sueldos a sus trabajadores, bajo la excusa de que los obreros eventuales han pasado a ser fijos. Paralelamente, el sindicato anarquista CNT crea el Sindicato Único de agua, gas y electricidad, al que se afilian gran parte de los trabajadores de La Canadiense. La guerra social entre la patronal y el proletariado militante aumenta desde que el sindicalismo revolucionario deja de estar fragmentado y pasa a conformar sindicatos únicos de ramo o industria. Ante esta situación, con los primeros despidos de trabajadores por quejarse, el 5 de febrero de 1919 parte de la plantilla da inicio a una huelga de “brazos caídos”, siendo reprimidos y expulsados de los puestos de trabajo por la propia policía. Y como si se tratara de un efecto dominó, la solidaridad se va extendiendo por todas las secciones de la empresa y por otras empresas de energía.

La huelga comenzaba a ser ya un gran problema desde el primer día, pues la población –y el resto de industrias- dependía de La Canadiense para vivir. La acción de protesta en el sector eléctrico e hidráulico no solo lo paralizó, sino que obligó a suspender las demás industrias que dependían de él para seguir en funcionamiento. Durante las siguientes dos semanas se unió a la huelga la industria textil, tan importante en la Cataluña de principios del siglo XX, reivindicando la jornada laboral de ocho horas y el fin del trabajo infantil. La situación de Barcelona y casi toda Cataluña no tenía precedentes; tranvías paralizados, hogares e industrias sin energía, interrupción de la prensa y fallida del alumbrado público.

Ante tal situación, el Conde de Romanones confiscó La Canadiense y puso en los puestos de trabajo a ingenieros del ejército español. A finales de febrero -con el 70% de la industria catalana totalmente paralizada- entre la participación del capitán general, Milans del Bosch, que pretendía declarar el estado de guerra, y la del Gobernador Civil de la ciudad, que buscaba negociar con los trabajadores, la empresa dictó sentencia: o volvían a sus puestos de trabajo el 6 de marzo todos los trabajadores o serían despedidos. Tal sentencia no hizo más que avivar la llama revolucionaria, provocando que el Sindicato Único de artes gráficas de la CNT proclamara la llamada censura roja. Esta consistió en una acción conjunta de todos los periodistas de Barcelona que comunicaron a sus directores que no publicarían ninguna noticia considerada negativa para la clase trabajadora. Llegado el mes de marzo, la situación era ya incontrolable por parte del Gobierno, así que decidió declarar el estado de guerra, con un nuevo Gobernador Civil llamado Carlos Montañés (encargado de la empresa) y un nuevo jefe de policía, Gerardo Doval. A mediados de mes, el castillo de Montjuïc ya albergaba a tres mil trabajadores presos.

Finalmente, el 17 de marzo de 1919, los representantes de La Canadiense y el comité obrero llegaron a un acuerdo, en el que se aumentó el salario, se promulgó el decreto de la jornada laboral de ocho horas, la libertad de los presos y la readmisión de los primeros huelguistas despedidos.

El 19 de marzo de 1919, entre 20.000 y 35.000 trabajadores, según diversas fuentes, se reunieron en la plaza de toros de las Arenas de Barcelona para ver si los huelguistas aprobaban la negociación entre la patronal y el comité obrero. Finalmente, se aceptaron los resultados de forma unánime y se dio un margen de tres días a las autoridades para liberar a los presos bajo jurisdicción militar, con la amenaza de otra huelga general si no se llevaba a cabo.

De esta manera, el 3 de abril de 1919 el Conde de Romanones promulgaba el Decreto de la jornada de ocho horas.

Sin embargo, antes de la promulga, la huelga no se había terminado del todo, pues ante la traición del acuerdo y la falta de libertad de muchos huelguistas, el 24 de marzo se inició otra huelga general para conseguir excarcelarlos –tal y como habían amenazado-.

Los trabajadores más radicales de Barcelona y alrededores se lanzaron a la calle, no solo por la libertad de sus compañeros presos, sino como forma de protesta contra la línea posibilista que, liderada por Salvador Seguí, hacía un llamamiento a la calma y a la negociación con la patronal. El 25 de marzo, frente a esta situación, el Gobierno español decidió suspender las garantías constitucionales en todo el Estado; así, el ejército y el Somatén tomaban las calles para reprimir a cualquiera que fuera sospechoso de ser sindicalista, además de obligar a los comercios a abrir. Se ilegalizaron los sindicatos, se clausuraron sus locales y se incautó toda su documentación, seguidamente del procesamiento a todos los delegados sindicales. También se prohibió cualquier tipo de ayuda económica a los huelguistas. La Canadiense acusó a la Gobernación de Barcelona de “débil”, lo cual provocó la dimisión del jefe de policía y del propio Conde de Romanones. Se formaba así un nuevo gobierno presidido por Antonio Maura.

El 9 de abril, desde la patronal se amenazó con el ‘locaut’, es decir, con el cierre de las empresas si los trabajadores se ponían en huelga y así no tener ningún derecho económico. Tras la marcha del Gobierno de Maura tres meses después, y la continua guerra social que parecía no tener fin, el 11 de octubre de 1919 se creó la Comisión Mixta de Trabajo. Esta estaba conformada por representantes obreros y de la patronal, en un intento de dar solución al problema; sin embargo, debido a la radicalidad de unos y de otros, tal comisión no sirvió para su cometido original.

Los ‘locauts’ patronales comenzaron a hacer estragos en la clase trabajadora, la cual se veía abocada al paro forzoso y a la más estricta miseria; esto no hizo más que avivar aun más la llama de la guerra entre la clase empresarial y el proletariado militante. La CNT no se quedó de brazos cruzados y sus militantes radicales, los que casi 10 años después conformarán la FAI, empezaron a ganar terreno a los militantes más moderados, comenzando así la etapa de los atentados personales contra policías, empresarios y esquiroles, siendo esto el preludio de lo que meses después se llamaría el pistolerismo.

El conflicto, lejos de solucionarse, se agrandó cada vez más y más. Durante la huelga de La Canadiense se sucedieron hasta tres gobiernos (el de Romanones, Maura y Sánchez de Toca), y ninguno supo poner fin a la guerra social entre clase trabajadora y patronal.

La huelga de La Canadiense fue un punto de inflexión para la clase obrera catalana en general, y para la clase obrera anarcosindicalista de la CNT en particular, pues debilitó al sindicato anarquista pero, por contrapartida, auspició el aumento de los militantes radicales frente a los moderados o posibilistas.

Los continuos estados de guerra, la represión generalizada y los ‘locauts’ mantuvieron a casi toda Cataluña paralizada, con un sindicalismo echando un pulso con la burguesía y el Estado, del cual salió derrotado y débil. La respuesta a partir de aquí fue el terrorismo ‘de masas’, es decir, el pistolerismo generalizado contra los enemigos de la clase obrera y la revolución, a la cual la burguesía no iba a esperar de frente, pues se defendería –y atacaría- con sus propios pistoleros mercenarios y con el llamado Sindicato Libre.

@borjalibertario

El anarquismo en el laberinto ideológico: Una aproximación histórica

Si alguien estudia la historia del movimiento ácrata podrá darse cuenta, entre otras cosas, que el caso del anarquismo hispano es paradigmático en la historia, tanto por su posición vanguardista a principios del siglo XX, como por la dotación de unas organizaciones y unos procedimientos de lucha que fueron pioneros en lo que respecta a la consecución de derechos sociales y la dotación de una conciencia social y obrera. Y fue, precisamente, por su posición vanguardista, que provocó inevitablemente que el movimiento anarquista tuviera que enfrentarse a diversos debates internos sobre la colaboración con otras ideologías obreristas y de izquierdas, así como saber a quién considerar amigo o enemigo en los tiempos de la guerra social contra la burguesía.

Movimiento libertario y catalanismo progresista

Si hubo una zona del Estado español donde el anarquismo arraigó desde un principio y demostró su gran potencial, fue, sin duda, en Cataluña. Y si era en el ‘Comtat Gran’ donde mayor presencia anarquista hubo, fue de esperar que el movimiento ácrata tuviera que relacionarse con los elementos más progresistas del catalanismo. Dicha relación, alcanzaría su máximo apogeo entre los últimos años de la década de los años ’10 hasta 1923, concretamente hasta el 10 de marzo de este último año, en la que el dirigente cenetista Salvador Seguí murió asesinado por el Sindicato Libre. Y es que Salvador Seguí fue el máximo exponente del anarquismo de corte catalanista y, por extensión, de la relación entre la C.N.T con diversos partidos independentistas, como fue el caso del partido Estat Català, presidido por Francesc Macià. “El Noi del Sucre”  aseguraba que hablar catalán y desear la liberación nacional de Cataluña no implicaba la renuncia a las inquietudes internacionalistas. Por aquellos años, todo el mundo sabía de la gran amistad existente entre Francesc Macià y Salvador Seguí. El Seguí sindicalista y el Macià separatista estaban muy de acuerdo en diversos puntos, tanto referentes a la liberación nacional, como en las reivindicaciones proletarias. Salvador Seguí mostró su catalanismo en el ateneo de Madrid, el 4 de octubre de 1919, como Secretario regional de la C.N.T:

Nosotros, lo digo aquí en Madrid, y si conviene también en Barcelona, somos y seremos contrarios a estos señores que pretenden monopolizar la política catalana, no para conseguir la libertad de Cataluña, sino para poder defender mejor sus intereses de clase y siempre atentos a socavar las reivindicaciones del proletariado catalán. Y yo os puedo asegurar que estos reaccionarios que se autodenominan catalanistas lo que más temen es el enderezamiento nacional de Cataluña, en el caso de que Cataluña dejara de estar sometida. Y como que saben que Cataluña no es un pueblo servil, ni siquiera intentan desligar la política catalana de la española. En cambio, nosotros, los trabajadores, como con una Cataluña independiente no perderíamos nada, al contrario, ganaríamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo. Estad seguros, amigos madrileños que me escucháis, que si algún día se habla seriamente de independizar Cataluña del Estado español, los primeros y quizás los únicos que se opondrían a la libertad nacional de Cataluña, serían los capitalistas de la Liga Regionalista y del Fomento del Trabajo Nacional.

El cenetista Simón Piera, en sus memorias, explica que en el exilio francés durante la dictadura de Primo de Rivera, en 1924, era habitual ver a anarquistas viviendo –y conspirando- con miembros de Estat Català, y añade que “Los obreros afiliados a la C.N.T no se opondrían nunca a la liberación de una determinada región del poder central que, por su voluntad soberana, decidiese federarse y no ligarse al poder central. No podrían combatir un sistema orgánico que ellos mismos practican por la defensa de sus intereses de clase”.

Joan García Oliver, nos muestra en su autobiografía “El eco de los pasos”, unas palabras muy reveladoras en cuanto a relaciones entre el sindicato C.N.T y Estat Català durante los años ’20 y ’30; García Oliver cuenta que “En Esparraguera y en otras partes de Cataluña, en virtud del acuerdo de la regional catalana de la C.N.T de luchar conjuntamente con el “Comité d’Estat Català” que presidía Macià en París, existían estrechas relaciones entre los sindicalistas y separatistas catalanes”. García Oliver prosigue, esta vez sobre su amistad con Macià: “(…) Visité varias veces a Macià. El aislamiento en que lo tenían los demás políticos acrecentó mi simpatía por él. Perdió su carrera en el ejército español al pasar a ser político separatista, lo que a mí no dejaba de ser un antecedente a su favor”.

La dictadura de Primo de Rivera no hizo más que reforzar esta colaboración entre dos movimientos aparentemente con pocos elementos en común. Tal dictadura hizo que una razón de interés, el interés de la libertad, unificara –aun más- en el combate contra el Estado español a las dos fuerzas más atacadas por el régimen, que eran el independentismo catalán y el anarcosindicalismo. Sobre este tema, el anarcosindicalista Ricardo Sanz en “El sindicalismo y la política” explica que “la dictadura (de Primo de Rivera) había logrado limar asperezas y hasta antagonismos entre el catalanismo y sindicalismo. La mayoría de separatistas eran obreros, por tanto, como tales, conocían la vida de los explotados. Por otra parte, los anarcosindicalistas, cuanto más cultos y capacitados, mejor conocían, por haberlo estudiado, el llamado problema separatista. (…) Frente a la dictadura militarista, los elementos revolucionarios del separatismo catalán no se conformaron con vivir de rodillas, sino que pasaron a la acción subversiva, desde la propaganda escrita al atentado organizado.

Como se ha apuntado anteriormente, fue durante el régimen de Primo de Rivera (1929-1930) cuando el catalanismo de base popular alza su vuelo. En ese preciso momento el catalanismo dejó de ser un ideal romántico perteneciente a los sectores intelectuales y pequeñoburgueses para convertirse en un elemento político más de las masas explotadas, tanto de cariz socialista como anarcosindicalista. El centralismo del Estado español, una vez más, fue contraproducente a la hora de intentar frenar el nacionalismo. La dictadura de Primo de Rivera hizo mucho más por el crecimiento del sentimiento nacionalista e independentista catalán que los partidos nacionalistas catalanes de entonces.

El movimiento anarquista y el marxismo

En el II Congreso de la C.N.T celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid se aprobó la adhesión (provisional) del sindicato libertario a la III Internacional con el respectivo envío de una comisión de delegados a Moscú para dar información de primera mano y establecer relaciones “diplomáticas”. Desde el principio de la Revolución Rusa de 197 el anarquismo hispano se mostró, mayoritariamente, entusiasta y favorable a dicha revolución, gracias a la propaganda anarquista que llegaba desde Rusia y que veían la revolución rusa como la oportunidad para establecer la ansiada sociedad sin clases. Aunque corría un mayor entusiasmo dentro del movimiento ácrata español sobre el proceso revolucionario ruso, sobre todo a raíz del establecimiento de ‘soviets’ (consejo o junta en ruso), el periódico anarquista Tierra y Libertad, hacía apología formal de la revolución proletaria acaecida en Rusia, mientras que Solidaridad Obrera, máximo órgano propagandístico de la C.N.T., se mostraba más reticente a la “dictadura del proletariado”. En verano de 1920, el dirigente anarcosindicalista Ángel Pestaña partió hacia Rusia para entrevistarse con Lenin. Pestaña no debió salir muy contento de dicha entrevista ya que a partir de ese verano todo el apoyo anarquista a la revolución rusa desapareció, a partir, también, de la propaganda “antibolchevique” del movimiento anarquista ruso, el anarquismo hispano empezó a criticar duramente la no existencia de ‘soviets’, la excesiva burocratización y el autoritarismo bolchevique que habían convertido la “dictadura del proletariado” en “dictadura del partido”. Se criticaba, a partir, también, de las noticias traídas por el socialista Fernando de los Ríos, el cual también se entrevistó con Lenin en 1921, la supeditación de los sindicatos rusos al Partido comunista y la gran represión hacia todo el movimiento ácrata.

Paralelamente a esto, hubo un sector, aunque minoritario, del anarcosindicalismo que cada vez se iba acercando más y más a las posturas soviéticas. Fueron el caso de personalidades como Maurín, Pere Bonet o Eusebio Rodríguez, que, aunque intentándolo con todas sus fuerzas, no consiguieron ‘controlar’ ningún sindicato. El 28 de abril de 1921 se decidió elegir a una delegación anarcosindicalista con el propósito de que viajaran a Moscú. Tal delegación estuvo formada por las personalidades anteriormente citadas más Andreu Nin y el francés Gaston Leval. A excepción de Leval, todos los demás abandonaron definitivamente la ideología anarquista y abrazaron el marxismo.

A partir de aquí, las diferencias entre el naciente movimiento comunista y el anarquista son cada vez mayores. Periódicos como Tierra y Libertad, Solidaridad Obrera o La Revista Blanca comenzaron a traducir todos los textos de críticas a la joven Unión Soviética escritos por personalidades de renombre internacional en aquel momento como Emma Goldman o Rudolf Rocker. Estas diferencias tendrían su punto álgido en la Guerra Civil española, concretamente en los sucesos de mayo de 1937, en los cuales se produjo una verdadera “intra-guerra” civil entre el sector anarquista y el sector republicano-comunista.

Anarquismo y republicanismo

El movimiento anarcosindicalista se vio obligado, desde la dictadura de Primo de Rivera, a tener que acercar posturas si querían acabar con la dictadura militar. Alfonso XII, al ver lo impopular que estaba siendo el gobierno de Miguel Primo de Rivera, decidió deshacerse de él, poniendo al mando al General Berenguer en enero de 1930, con la idea de que el nuevo gobierno retornara a una situación constitucional y pacífica. Fue imposible. Las conspiraciones, tanto civiles como militares, contra la monarquía de Alfonso XIII iban en aumento, y republicanos y anarquistas colaboraban cada vez más y más para derrocar al régimen. El marzo de 1930, las fuerzas conspiradoras contra el régimen firmaban el Manifiesto de Inteligencia Republicana, el cual estuvo firmado, también, por la C.N.T. Ángel Pestaña, por aquel entonces, optaba por las vías reformistas y colaboracionistas con el republicanismo, y supo esparcir bien esa idea dentro del seno del movimiento anarcosindicalista. Desde los plenos regionales se censuraba de forma sistemática la oposición de la FAI al reformismo y se abogaba por la vuelta a la legalidad del sindicato rojinegro. La C.N.T. mostró su apoyo a la opinión mayoritaria tendente a la convocación de unas Cortes Constituyentes. Además pedían “el respeto a la jornada legal de ocho horas, libertad sindical y la libertad de todos los presos políticosociales”. En un manifiesto de la CNT, publicado en 1930, se decía:

La CNT debe proclamar su solidaridad circunstancial con todas las fuerzas políticas y sociales que coincidan al exigir la convocatoria de Cortes constituyentes que liquiden el pasado y abran un nuevo cauce a la corriente de pensamiento moderno.

Vemos, pues, como desde la CNT, se consideró que no era incompatible la “solidaridad circunstancial” con el republicanismo, con el ideal anarquista y revolucionario. Asimismo, el Comité Nacional de la CNT, para no recibir críticas desde el sector más ortodoxo del anarquismo y de la FAI, concretó lo siguiente:

El Comité Nacional manifiesta clara y terminalmente que no se ha comprometido con nadie, absolutamente con nadie, para ninguna acción revolucionaria. Ni pactos ni compromisos.

De esta forma la CNT mandaba un aviso a las fuerzas republicanas para hacerles saber que solo apoyarían la voluntad del pueblo a acabar con el régimen monárquico pero que, una vez establecido el futuro régimen republicano, el movimiento anarcosindicalista volvería a ser un movimiento “al que se le deberían apretar los tornillos” desde el Estado.

Las firmas del Manifiesto de Inteligencia Republicana y las distintas acciones conspirativas contra Alfonso XII, hicieron que un sector importante del anarquismo estableciese cada vez más contactos amistosos con las fuerzas republicanas, sobre todo con el republicanismo catalanista. En octubre de 1930, se firmó el famoso Pacto de San Sebastián, en el cual todas las fuerzas republicanas del Estado español expondrían la necesidad de proclamar la República española y poner fin a la monarquía. A la firma de este pacto la CNT no se adhirió, pero sí que envió a dos delegados en calidad de observadores. La monarquía se tambaleaba, y las reuniones clandestinas con planes conspirativos iban en aumento. La CNT consiguió arrastrar a sus filas a algunos militares de la sublevación de Jaca, tales como Fermín Galán, Alejandro Sancho o el mismísimo Ramón Franco, hermano del ‘Caudillo’. Pero las primeras desavenencias con el republicanismo iban apareciendo, y la CNT, considerando como “política dilatoria” los procedimientos de las fuerzas firmantes del Pacto de San Sebastián, decidió ir por libre y comenzar a preparar acciones insurreccionales por toda la geografía española. Se formó un comité anarquista formado por Salvador Quemades y Rafael Vidiella que, con la ayuda de elementos del nacionalismo catalán, se encargaron de preparar las distintas acciones. Se produjeron distintas huelgas y sabotajes en Levante, Zaragoza y Logroño, pero de poca relevancia ya que el diez de octubre de 1930 el gobierno detuvo y encarceló a los militares republicanos implicados, a los republicano-nacionalistas Lluís Companys y Joan Lluhí y a los anarquistas Ángel Pestaña y Clara Sirvent.

El 29 de octubre, una delegación venida desde Madrid y formada por Miguel Maura y Ángel Galarza, se entrevistaron con los cenetistas Joan Peiró y Pere Massoni, con los que acordaron “establecer una inteligencia con los elementos políticos para crear un movimiento revolucionario”. En el mismo momento en que la conspiración antimonárquica alzaba el vuelo, la CNT se dividía en dos. Por una parte el sector más ortodoxo, representado por la FAI, criticaba que el sindicato tuviera relaciones con el movimiento republicano y hacia énfasis en ir por vía libre y dar comienzo a la revolución. Por otra parte, el sector más moderado y pragmático, que consideraba necesario establecer relaciones con el sector republicano y avanzar hacia la Segunda República española. La CNT, en su mayoría, después de las reuniones con los elementos republicanos, apoyó el movimiento pero no pactó nada, no quería hipotecar su libertad. En ese momento, la CNT jugaba un doble papel, por una parte la de no poner obstáculos a las conspiraciones republicanas contra la monarquía, y, por otra, la de mantener una imagen limpia de toda política institucional. Una última acción conjunta del republicanismo y el anarquismo fue la huelga general convocada el 15 de diciembre de 1930, que acabó en represión policial y con las prisiones del Estado repletas de conspiradores ácratas y republicanos. Pero la monarquía de Alfonso XIII ya estaba herida de muerte. El 12 de abril de 1931 se producen las elecciones municipales que, a modo de elecciones plebiscitarias, darían la victoria a las fuerzas republicanas. El voto obrero, y en parte anarquista, fue altamente decisivo para el triunfo de las fuerzas progresistas. Así lo explicaba Joan Peiró:

No voy yo a negar, que los sindicalistas revolucionarios, contribuimos indirectamente al triunfo electoral del 12 de abril. Las masas del pueblo, que sabían del dolor de los aguijonazos de la tirana Dictadura, sentían irresistibles ansias de cambiar el decorado político de España. Sus ansias trocaron en el anhelo republicano y nosotros –y todos los anarquistas también- impotentes por encauzar aquella formidable corriente antimonárquica por cauces superiores a la República, nos echamos a un lado y dejamos que el pueblo desbordado en santo entusiasmo hiciera su voluntad. No dijimos jamás a los trabajadores que acudieran a las urnas electorales; pero tampoco les dijimos que dejaran de ir a ellas.  

Borja

Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX

Nota del traductor: No conozco mucho sobre la historia del anarquismo ruso, y encontré este artículo interesante ya que este se presenta con el objetivo de desmontar el tópico, escuchado por algunos marxistas de que el anarquismo es fruto de la pequeña burguesía. Hoy también se escucha el tópico de que los “okupas”,”antisistema” o ”anarquistas” son hijos de familia de bien, reproduciendo el argumento para desprestigiar.

Así que a pesar de la propaganda soviética que tuvo que justificar su dominio, en un periodo tan interesante como la Revolución Rusa creo importante rescatar las experiencias sepultadas por las autoridades de autogestión que se dieron, recordando que no solo en la España del 36 se dieron procesos de colectivización libertaria. Por eso he traducido este artículo de Anatoly Dubovik.


Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX
por Anatoly Viktorovich Dubovik

En nuestra ciencia histórica nativa, la base social del movimiento anarquista ruso en el comienzo del siglo XX es tradicionalmente vista como pequeña-burguesa. Esta, en obras de la época soviética aparece de manera típica en opiniones como la de S.N. Kanyev, quien escribió que los elementos dominantes entre los anarquistas rusos fueron “la pequeña burguesía campesina… pequeños propietarios, artesanos, y parte de la intelligensia.” [1]. Nociones similares sobre “el típico anarquista” ha persistido incluso después del colapso de la USSR y de la liberación de las ciencias históricas de muchos dogmas previos. Por ejemplo, la enciclopedia de “Partidos políticos de Rusia” nos informa: “la base social de las organizaciones anarquistas estuvieron compuestas predominantemente de artesanos, pequeños trabajadores, aunque el movimiento también atrajo campesinos, trabajadores y a la intelligensia. [2] Paradójicamente, estos mismos autores, cuando era momento de elaborar eventos concretos y hechos de la historia del anarquismo ruso, no descubrieron entre sus adherentes ni trabajadores ni artesanos, y se vieron obligados a limitar su discusión principalmente hacia los trabajadores anarquistas.

Nos parece que el único método fiable de determinar la “base social de las organizaciones anarquistas” al principio del ultimo siglo es el uso matemático de las estadísticas para encontrar las proporciones de los miembros de los diferentes estatus sociales. El autor de este ensayo ha estado ocupado el mismo durante varios años colectando y sistematizando información biográfica acerca de los participantes del movimiento anarquista en el territorio del imperio ruso y de la USSR, usando fuentes publicadas y no publicadas (de archivo). El resultado obtenido refuta las nociones estándar a priori que originaron ya en el periodismo político pre-revolucionario de los socialdemócratas. Por las razones de hacer más comprensible el texto, hemos dividido estos resultados en tres periodos: 1) el pre-revolucionario, des del origen del movimiento anarquista en Rusia en 1900 hasta 1916, 2) la revolución y la Guerra Civil de 1917 a 1921; 3) El periodo del fin de la Guerra Civil Rusa hasta la destrucción física de los últimos anarquistas Ruso a finales de la década de los 30.

En el periodo que va de 1900 a 1916 hemos identificado 2400 anarquistas: se han establecido profesiones para 1,593 de ellos. De este número, la mayoría (59.1%) eran representativos de la clase trabajadora (fabricas, transporte, y otros trabajadores) Otras 72 personas (4,5%) pertenecían a las ocupaciones de cuello blanco (trabajadores de correos/telégrafos, trabajadores del clero, asistentes de tiendas, contables, paramédicos, profesores, etc.) situados socialmente cerca del proletariado. Dejarnos enfatizar especialmente en que el 59% no incluye ex trabajadores sirviendo en las fuerzas armadas o los “llamados” revolucionarios profesionales, ni tampoco incluye los hijos de los trabajadores estudiando en la escuela elemental o secundaria. En algunos sitios, el porcentaje de los trabajadores de fábrica o de transportistas son incluso más altos aun. Por ejemplo, en Yekaterinoslav estos constituían alrededor del 78% de los miembros de la Federación de Anarquistas local. Sus ocupaciones profesionales más comunes entre los trabajadores anarquistas fueron los trabajadores del metal y los maquinistas (111) sastres y costureras (47), impresores (40) trabajadores de la industria de la comida (37) marineros de la marina mercante (35), y también un numero significante de trabajadores del ferrocarril, metalúrgicos, zapateros, ebanistas y mineros.

El movimiento anarquista ruso nunca fue capaz de conseguir una unidad en asuntos de tácticas y organización. En el momento de la Revolución de 1905-1907, una fracción significante de anarquistas, incluyendo aquellos que pertenecían a los trabajadores, consideraron que su tasca era dirigir la lucha directa contra el gobierno zarista y la burguesía, concentrándose en las acciones militantes y el rechazo a la participación en cualquier movimiento “no revolucionario” y “oportunista”, incluyendo el movimiento sindicalista. En el mismo momento, los seguidores de Kropotkin y algunos otros ideólogos anarquistas defendieron la organización de sindicatos de trabajadores y campesinos, los cuales ellos concebían como los “órganos naturales de la lucha directa contra el capital” y los embriones de la futura sociedad socialista libertaria. Ellos también estuvieron a favor de “preparar la Huelga General de los desposeídos, tanto de las ciudades como de los pueblos, los cuales… podrían empezar la Revolución Social” [3]. Los defensores de estas perspectivas, llamados así mismos “anarcosindicalistas”, fueron participantes activos en el movimiento laboral organizado, que incluía los sindicatos. En consecuencia, en Petersburgo, los anarquistas y sus aliados ideológicos, los “sindicalistas revolucionarios”, ejercieron una fuerte influencia en los sindicatos de impresores, patronistas, electro-tecnicistas, litógrafos y metalúrgicos. En Moscú, miembros del grupo anarquista “Buntar” (insurgente), “Svoboda” (Libertad) y “Svobodnaya kommuna (Comuna libre) trabajaron en el “Sindicato de Refinamiento del Metal” y en los sindicatos de los trabajadores de la construcción/arquitectura, fontanería, impresión e ingenieros de centrales eléctricas; ellos lideraron huelgas de trabajadores de instalaciones eléctricas y del gas, así como varias huelgas de fundiciones y fábricas de maquinaria. En Kharkov los anarquistas cogieron la iniciativa creando el “Sindicato de los trabajadores por la defensa de nuestros derechos”; En Riga fue formado el “Sindicato del Trabajo Libre” [4]. La participación de los anarquistas en los sindicatos tomo lugar también en Baku, Warsaw, Nikolayev, Petrokov (Piotrków), y otras ciudades. La organización anarcosindicalista más conocida de ese tiempo fue “Registración” [Registración, elegido y gestionado por los mismos marineros, su nombre deriva del hecho de que realizaba un intercambio laboral rellenando las vacantes en todos los barcos de Odessa. (Nota del traductor original)] de Odessa y su sucesor, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, activo en 1906-1918 y responsable de la organización de varias huelgas de los marineros de la marina mercante y de los trabajadores del puerto durante 1906-1907 [5]. En otras regiones las organizaciones anarquistas fueron fruentemente formadas de manera simultánea a diferentes oficios y así de este modo adquirieron características de los sindicatos. Por ejemplo, el núcleo de la Federación Anarquista de Yekaterinoslav en 1907 consistió en las federaciones anarcocomunistas de la fábrica de tuberías, los talleres de ferrocarriles, la fábrica de Briansk y de interfábrica, [6]; El grupo anarcocomunista de Bialostok fue reorganizado al final de 1905 en una asociación de federaciones de trabajadores del textil, del cuero, sastres y ebanistas [7]; El grupo federado de Vilna fue compuesto por organizaciones de trabajadores del cuero, carniceros y sastres [8]. La actividad entre el proletariado era considerada como de de vital importancia incluso por aquellos anarquistas que no pertenecían a la clase obrera. Fue típico el ejemplo del grupo anarcocomunista de Kiev “Bandera Negra”, compuesto básicamente por estudiantes, pero centrado en la organización y la propaganda entre los trabajadores de la fábrica “Arsenal”, trabajadores de la industria alimenticia, carreteros y trabajadores de la refinación del azúcar. [9]

A parte de tomar parte en la actividad sindical, realizando agitación y propaganda, creando grupos de estudio obreros, y etc. – formas tradicionales de acción en el movimiento de los trabajadores – una característica distintiva de la practica de los anarquistas y de los Socialrevolucionarios-Maximalistas, ideológicamente cercanos a ellos durante los aproximadamente primeros doce años del siglo XX, fue la aplicación extendida del terror económico. Durante las huelgas, los anarquistas fruentemente ideaban actos de subversión y sabotaje, destruyendo equipamiento y bienes manufacturados. Los ejemplos mas bien conocidos de estas practicas fueron la serie de actos de sabotajes que acompañaron las huelgas prolongadas de los marineros del Mar Negro (noviembre 1906- 1907), cuando varios barcos de vapor fueron volados por anarquistas y el numero de perdidas totales de la Flota Rusa de Vapor y de la Sociedad de Comercio excedió un millón de rublos [9]. Las huelgas fueron fruentemente acompañadas de confiscaciones armadas y transferidas a los trabajadores en huelga con dinero, comida y otros bienes de primera necesidad; La mayoría de este tipo de actos fueron reportados en la Rusia Noroccidental, pero también tuvieron lugar en Odessa. De todos modos, la forma más extendida de terror económico fueron los intentos de asesinato dirigidos a los empresarios, los gerentes de fábrica, y los rompehuelgas. Los anarquistas llevaron a cabo su primer acto de terror económico en Agosto de 1904 en el pueblo de Krynki, en la gobernación de Grodno, cuando N. Farber, trabajador anarquista de Bialostok mató a A. Kagan, propietario de un gran taller de manufactura de zapatos. [10]; El último incidente conocido de este tipo en la historia del anarquismo antes de 1917 ocurrió en la primavera de 1912, cuando los miembros del revivido grupo anarcocomunista de Riga realizaron diferentes ataques a ingenieros y capataces de las fabricas locales. [11]. Dejarnos anotar que el terror económico no fue aplicado no solo como herramienta de presión hacía la administración de las empresas, sino que también fue un medio de venganza exigente hacía la “clase enemiga”. Por ejemplo, en Mayo de 1906, después de que la huelga de trabajadores de transportes de Moscú fuera suprimida, el trabajador anarquista Zuyev asesino el ingeniero Krebs, administrador de la cochera de tranvías de Miusskiy; y en Abril de 1907, los anarquistas de Yekaterinoslav P. Arshinov y V. Babeshko dispararon a Vasilenko, cabeza de los talleres de ferrocarriles Alexandrovsk, en represalia por los disparos en masa hacía los huelguistas [12].

Durante la Revolución de 1905-1907, los eslóganes, y especialmente la práctica, de los anarquistas rusos, llamaban a una parte significante de la clase obrera, sobretodo a los elementos más determinados y radicales de esta. Su punto de vista fue expresada, por ejemplo, en las famosas palabras de A.N Matyushenko, líder de revuelta en el acorzado Potemkin: “Cuanto más golpeen a los propietarios, mejor son ellos”. Esta práctica terrorista llevó hacia la más severa represión dirigida hacia los participantes del movimiento anarquista. Los líderes veteranos y la nueva generación de anarquistas que apareció en la víspera de la Primera Guerra Mundial, acabó con la necesaria conclusión de las lecciones que habían recibido: durante los últimos años de la era zarista, los anarquistas tomaron parte del movimiento obrero revolucionario como antes, pero el uso del terror se volvió un fenómeno extremadamente raro.

Para el segundo periodo bajo análisis (1917 – 1921), analizamos las biografías de más de 2.800 anarquistas. La profesión de ellos fue establecida para unos 2.062 de ellos, de los cuales 886 (43,0) fueron trabajadores de collar azul, y 127 (6.2) fueron empleados de collar blanco de bajo nivel de las categorías mencionadas antes. La caída de los números relativos de trabajadores entre los anarquistas es explicada tanto por la expansión de las ideas anarquistas entre los campesinos (la proporción de campesinos anarquistas incremente del 8,5% al 16,3%) como por el descenso de la fuerza numérica de la clase trabajadora rusa debido a la Guerra Mundial y la devastación económica. Las principales profesiones representadas entre los trabajadores anarquistas de este periodo fueron obreros del metal y maquinistas (87) trabajadores de ferrocarriles (45), metalúrgicos (44) y trabajadores de la industria alimenticia (39); menos cantidades fueron identificadas para otras como trabajadores del transporte marino, tipógrafos, mineros y electricistas.

Durante estos años los anarquistas tomaron parte de todas las organizaciones de la clase trabajadora – soviets, sindicatos, comités de fábricas, cooperativas de producción y consumo, etc. A juzgar por los registros de los congresos de los sindicatos panrusos que fueron realizados en 1918-1920, los anarcosindicalistas disfrutaron de una influencia significativa en los sindicatos de los trabajadores del metal, de los ferrocarriles, del textil, del transporte marítimo y de los trabajadores portuarios, panaderos, mineros y entre los empleados del telégrafo y del servicio postal. Una amplia serie sindicatos fueron operados bajo liderazgo de anarquistas, incluyendo el Sindicato de Moscú de Panaderos, el Sindicato de Moscú de Químicos y Perfumistas, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, el Sindicato de Correos y Telégrafos de Petrogrado, el Sindicato de Trabajadores de Transporte del Rio Volga, el Sindicato de trabajadores del Metal, Madera y Otros oficios de Gulyai-Polye, Sindicato de Mineros de Oro de funcionamiento sobre Principios Cooperativos de la Trans-Baikal, etc. En el comité central del Sindicato del Metal Panruso (VSRM), los anarquistas fueron representados por A.K Gastev y A.Z Gol’Tsman. Los anarquistas fueron también elegidos para líder posiciones en las ramas locales del VSRM en las provincias de Yekaterisnoslavskaya, Orlosvkaya y Kharkovskaya como también en los Urales. Los anarquistas fueron también miembros del comité central del Sindicato de Empleados de Correos y Telégrafos Panruso [13]

Una fracción importante de los anarquistas vio los sindicatos como una “forma obsoleta” del movimiento obrero, opuesta a los comités de fábrica (fabzabkoms). Anarquistas de diferentes tendencias vieron en estos órganos novedosos en Rusia el instrumento mediante el cual podrían permitir al proletariado establecer un “control obrero real”, seguido de la autogestión de la producción y la distribución, culminando en la reorganización de de toda la vida económica del país en la base de un socialismo sin Estado. Fue con esta perspectiva con la que delegados anarquistas participaron en las conferencias de los fabzabkcoms de Petrogrado y cercanías en Junio-Diciembre de 1917, en el Primer Congreso de Fabzabkoms Panruso en Octubre de 1917, y en el Primer Congreso de Sindicatos Panrusos en Enero de 1918. Entre los más conocidos activistas del movimiento anarquista trabajando en los Fabzabkoms, incluso dirigiéndolos, podemos mencionar a K.V. Akashev y G.P Maksimov (Petrogrado), V.P Bekrenyev y M.S Khodunov (Moscú), M.A Petrovsky (Odessa), Yu. Rotenberg (Kharkov), I.P Zhuk (Schlüsselburg), B. K. Shatilo (Kuzbass), y otros activistas. El anarcosindicalista de Petrogrado V.S Shatov fue elegido al final de 1917 en el comité ejecutivo central panruso de los fabzabcoms. [14]

A finales de 1917 – principios de 1918, mientras el viejo sistema estatal se desintegraba y el nuevo, el Estado Bolchevique, aun estaba tomando forma, los anarquistas procedieron a la llamada socialización de las empresas, es decir, la transición hacia el control total de los colectivos de trabajadores. Desde el punto de vista de los propios anarquistas, este era solo el primer paso, del cual después vendría la reorganización de todas las regiones, y después de todo el país. La socialización fue concebida como la realización directa de uno de los principales eslóganes de la Revolución de Octubre: “Las fábricas para los trabajadores”. Pero poner este programa a la práctica ya había encontrado oposición de las autoridades Soviéticas, las cuales sus economías políticas se limitaron a un sistema de control obrero, y después fue reducido a la nacionalización total de toda la economía. A pesar de la oposición, los anarquistas disponían del apoyo de colectivos obreros, llevando a cabo la socialización de la flota mercante del Mar Negro (junto los puertos de Odessa y sus astilleros), las fábricas de la industria del cemento y maquinaria industrial, negocios en los sectores de servicio (cafeterías, restaurantes, hoteles) en el óblas [División administrativa dos escalones inferior a lo nacional (nota de traducción)] de Kubano-Chernomorskaya, minas en la cuenca de Cheremkhovskaya (gobernación de Irkustk), y empresas individuales de otras regiones, incluyendo algunas grandes como la fábrica de pólvora de Schlüsselburg [15].

Estos experimentos en socialización de la economía no duraron mucho. Alrededor de la primavera- verano del 1918, los anarquistas se encontraron así mismos de vuelta a la clandestinidad en Ucrania, Siberia, los Urales y en las regiones del Volga y de Kubano-Chernomorskaya, todas las cuales fueron ocupadas por intervencionistas y la Guardia Blanca. En el mismo tiempo, las autoridades Soviéticas empezaron a perseguir a los anarquistas. A pesar de esto, una facción de anarquistas continuó viendo a los Bolcheviques como unos aliados en la lucha contra el sistema burgués, quedándose en sus puestos en los órganos del Estado Soviético. Otros se levantaron en oposición al régimen bolchevique, que incluyó la participación en huelgas económicas (Petrogrado, Bryansk, Tula, Ryazan, etc.) [16] y la creación de sindicatos ilegales, un ejemplo del cual fue la “Federación de Trabajadores de la Industria Alimenticia”, organizada en Moscú por anarquistas y Socialrevolucionarios-Maximalistas a comienzos de 1920. Finalmente, muchos anarquistas participaron en luchas abiertas armadas contra el Bolchevismo, principalmente en las filas del movimiento insurgente Majnovista. Roles importantes de este movimiento fueron realizados por destacados activistas del movimiento de trabajadores ruso como P.A Arshinov, que fue miembro del comité central del Sindicato de Trabajadores del Textil Panruso, y P.A Rybin, que estuvo en el Buró territorial del Sindicato de Trabajadores del Metal del Sud de Rusia.

EL tercero intervalo de nuestra periodización del movimiento anarquista abraza los años del 1922 hasta el final de los años 30 de la década siguiente. De los aproximadamente 1.100 anarquistas que conocemos de este periodo, hemos establecido la ocupación de 543. Entre ellos solo encontramos 156 trabajadores (28.8%); no es posible hasta el momento de ser más específico sobre las ocupaciones representadas.

Los estudios sobre la historia del anarquismo ruso de las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX han sido pocos y fragmentados en su naturaleza. Sin embargo, hay información disponible sobre unos cuantos grupos anarquistas de esos tiempos, incluyendo grupos de anarquistas de clase trabajadora. Los grupos y círculos ilegales, compuestos tanto de veteranos del movimiento como de representantes de la nueva generación de anarcocomunistas y sindicalistas, fueron activos predominantemente en Moscú. Leningrado, Kharkov, Odessa y Yekaterinoslav (Dnepropetrovsk). En estos centros históricos del movimiento, hacia los principios de 1930 la agitación fue continuada entre varios estratos de la población, incluyendo los trabajadores. Hubo intentos de publicar literatura ilegal, y se realizaron huelgas para demandas económicas. [17]. De acorde a diferentes fuentes, un de los últimos grupos anarquistas clandestinos estaba activo en 1937 entre los trabajadores de la fabrica de tractores de Stalingrado [18].


Este artículo fue presentado en la Conferencia Internacional Cientifico-Práctica sobre “El movimiento obrero y la Izquierda contra el Autoritarismo y el Totalitarismo: pasado, presente y perspectivas futuras (Moscú, noviembre 3-4-2011).

Anatoly Viktorovich Dubovik, un activista anarquista desde 1989, ha publicado un amplio abanico sobre la historia del anarquismo.

Traducido del ruso al inglés por Malcom Archibald. Traducido del inglés al castellano por Víctor A.

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Fuentes bibliográficas:

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2. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty. // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka. [Anarquistas. // Partidos políticos de Rusia. Final del siglo XIX – primer tercio del siglo XX] (Moscú: ROSSPEN, 1996), p. 31.

3. Rezolyutsii Londonskikh s»yezdov anarkhistov-kommunistov 1904 i 1906 gg. [Resoluciones del congreso anarcocomunista de Londres 1904 y 1906]// Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 1. 1883-1916 gg. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 1. 1883-1916.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 68, 167-170.

4. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. [Anarcosindicalistas.] // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka. [Partidos políticos de Rusia. Final del siglo XIX – primer tercio del siglo XX] (Moscú: ROSSPEN, 1996), pp. 38-39; Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ros-sii. T. 1. [Almanaque. Una colección de artículos sobre la historia del movimiento anarquista en. Vol. 1.] (Paris, 1909), pp. 55-57, 60-61; B. I. Gorev, Apolitichnyye i antiparlamentskiye gruppy (anarkhisty, maksimal-isty, makhayevtsy) [Grupos apolíticos y antiparlamentarios (anarquistas, maximalistas y Majnóvistas)] // Ob-shchestvennoye dvizheniye v Rossii v nachale KHKH veka. T. 3. Kn. 5. [Movimientos sociales en Rusia al principio del siglo. Vol. 3. Bk. 5.] (St. Petersburg, 1914), p. 23.

5. D. Novomirskiy, Anarkhicheskoye dvizheniye v Odesse. [The Anarchist movement in Odessa.] // Mikhailu Bakuninu. 1876-1926: Ocherki istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. [Para Mikhail Bakunin. 1876-1916: Esbozos de la historia del movimiento anarquista en Rusia] (Moscú: Golos truda [La voz del trabajo], 1926), pp. 246-278; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913). [Terrorismo anarquista en Odessa (1905-1913).] (Odessa: Optimum, 2006), pp. 120-123, 186-188, 190-193; A. Sukhov, Odesskiy port v 1906 godu. Vospominaniya agitatora. [EL Puerto de Odessa en 1906. Memorias de un agitador.] // Kandal’nyy zvon. [The Clanking of shackles.] Izdaniye Odesskogo otdeleniya Vsesoyuznogo ob-shchestva byvshikh politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [A Publication of the Odessa branch of the All-Russian society of former political prisoners and exiles.] (1926, № 5), pp. 15-29.

6. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 2. 1917-1935.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 642-643.

7. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p. 19.

8. Anarkhizm. Iz dokladnoy zapiski Departamenta Politsii v 1909 g. [Anarquismo. De los informes del departamento de la policía en 1909] // Chernaya Zvezda [Estrella Negra], (Moscú, 1995).

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10. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 128-130.

11. See the biographies of V. Ya. Krevin, Ya. Ya. Krumin, y otros anarquistas rusos en: Politicheskaya katorga i ssylka. Biograficheskiy spravochnik chlenov Obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Katorga política y exilio. Directorio biográfico de los miembros de la Sociedad de prisioneros políticos y exiliados] (Moscú, 1929).

12. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p.63; P. Arshinov, Dva pobe-ga. Iz vospominaniy anarkhista. 1906-1909 gg. [Dos escapes. De la memorias de un anarquista. 1906-1909.] (Paris: Una publicación de Dielo truda [La Causa Obrera], 1925), pp. 18–21.

13. 14. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka., pp. 38-39; P. Avrich, Russkiye anarkhisty. 1905-1917. [Los anarquistas rusos. 1905-1917. (Moscú: ZAO Tsetnrpoligraf, 2006), pp. 154, 175; O. M. Movchan, O. P. Reínt, Mízhpartíyna polítichna bo-rot’ba u profspílkovomu rusí Ukraí ̈ni (1917-1922) [La lucha política interior en el movimiento sindicalista ucraniano (1917-1922)] // Ukraí ̈ns’kiy ístorichniy zhurnal [Revista de Historia Ucrania] (Kiev, 1995), № 5, p. 11; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii. [Sindicalistas en la Revolución Rusa] n. d., n. p.; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913), pp. 200-201; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v.: Antigosudarstvennyy bunt i negosudar-stvennaya samoorganizatsiya trudyashchikhsya: Teoriya i praktika. [El movimiento anarquista en Siberia en el primer cuarto del siglo XX: Rebelión antiestatista y la autoorganización no-estatista de la clase trabajadora: Teoría and practica.] (Omsk: Izd-vo OPU, 1996), Part 1, pp. 146-147; Politicheskiye deyateli Rossii. 1917. Biograficheskiy slovar’. [Activistas políticos de Rusia. 1917. Diccionario Biográfico.] (Moscú: BRE, 1993), p. 404; Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 39-41, 264-265.

15. V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913)., pp. 214-215. V. Degot’, Pod znamenem bol’shevizma. Zapiski podpol’shchika. [Bajo la bandera del bolchevismo. Notas de un activista clandestino.], Izdatel’stvo Vsesoyuznogo obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Una publicación de la sociedad de todos los presos políticos y exiliados.] (Moscú, 1933), pp. 232, 255; A. I. Kozlov, Vo imya revoly-utsii. [En el nombre de la revolución.] (Rostov, 1985), pp. 104-107; ; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii., n. d., n. p.; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v., Part 1, pp. 183-186.

16. See, e. g., Grazhdanskaya voyna i voyennaya interventsiya v SSSR [LA Guerra Civil y la intervencion militar en la URSS] (Moscú, 1983), p. 34; Goneniya na anarkhizm v Sovetskoy Rossii. [La persecución del anarquismo en la Rusia Soviética.] (Berlin, 1922), p. 50.

17. A. Razumov, Pamyati yunosti Lidii Chukovskoy [Memorias de juventud Lidiya Chukovskaya] // Zvezda (San Petersburgo, 1999, № 9), pp. 117-136; Unknown Anarchists: Nicholas Lazarevitch // Kate Sharpley Library Bulletin (Londres, 1997, № 11); Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha. [Las confesiones de Viktor Fedorovich Belash.], del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los majnovistas] (Mariupol, 1995). V. A. Savchenko, Anarkhistskoye podpol’ye v Odesse v 20-30-ye gg. XX veka. [ Los anarquistas clandestinos en Odessa en los 1920-1930] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2009). № 7, pp. 108-135; A. V. Dubovik, K istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ukraine (1922-1938). [Hacia una historia del movimiento anarquista en Ucrania (1922-1938).] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2011), № 7, pp. 182-198; D. I. Rublev, Istoriya odnoy listovki i sud’ba anarkhista Varshavskogo (iz istorii anarkhistskogo soprotivleniya totalitarizmu). [La historia de un folleto y el destino del anarquista Warshavskiy (De la historia de la resistencia anarquista al totalitarismo) // 30 oktyabrya, № 66, 2006; materiales del grupo «Soprotivleniye rossiyskikh sotsialistov i anarkhistov posle oktyabrya 1917 g.» [«Resistencia de los socialistas y anarquistas rusos después del Octubre de 1917»] en NIPTS «Memorial» [Información Científico y Centro Educativo «Memorial»] (Moscú).

18. Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha, del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los Majnóvistas] (Mariupol, 1995).

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