Nikos Romanós, la lucha sigue

Muchas cosas han pasado en Grecia en estas dos últimas semanas. Comenzando con la manifestación de estudiantes del 17 de noviembre, el ambiente ya se iba caldeando en relación a dos eventos de suma importancia. Uno de ellos era la situación del compañero Nikos Romanós, en huelga de hambre por un mes y con un deterioro físico muy notable. El otro evento, relacionado hasta cierto punto con el primero, era el asesinato a sangre fría de Alexis un 6 de diciembre de 2008. Del 17 de noviembre al 6 de diciembre las acciones anarquistas se sucedieron por todo el territorio del Estado griego. La solidaridad se expandió en múltiples formas: concentraciones a las afueras del hospital donde Romanós se encuentra, acciones contra cajeros automáticos, barricadas incendiarias en el barrio de Exarheia, varios compañeros presos se sumaron a una huelga de hambre solidaria con Romanós, etcétera. Hace unos días, un numeroso grupo de personas se concentró en Syntagma para pedir justicia. Aquella noche, el encargado griego de Justicia iba a hablar en el parlamento sobre la situación del compañero Nikos. Entre las personas que se congregaron aquella noche se encontraba el padre del compañero, Giorgos, quien instó a la gente a desplazarse a eso de la medianoche al hospital donde su hijo se encuentra preso. A pesar de las horas, y a pesar de la espontaneidad de toda la noche, un gran número de personas volvió a gritar a las afueras del hospital que «nuestro deseo de libertad es más fuerte que las cárceles.»

El día 10 de diciembre el gobierno conservador cedió: Nikos irá a la universidad con una de esas pulseras de seguimiento. La propuesta de la «pulsera» surgió de los grupos parlamentarios de izquierda. Aunque al principio el gobierno no la aceptó, finalmente el 10 de diciembre por la razón que fuera terminó por ser aprobada en el parlamento. La alegría se expandió entre los círculos anarquistas, aunque dudo que alguien piense que todo ha acabado. Para empezar, el compañero Nikos está por recuperarse de su larga huelga de hambre, quién sabe cuáles serán las consecuencias en el futuro de su lucha por un «aliento de libertad.» Las miradas siguen puestas en él, y la prensa (y las mentes esclavizadas de les estúpides en Internet) siguen vertiendo porquería contra la lucha anarquista. Segundo, numerosos compañeros siguen tras las rejas del Estado sufriendo humillaciones y torturas a diario, por lo que la lucha no acabará hasta que todos y cada uno de los tentáculos del Estado sean incinerados hasta sus mismos cimientos. La solidaridad desencadenada por Romanós y su lucha no es sino una minúscula parte de una lucha todavía más grande, más profunda, y más dura: la lucha por la libertad, la lucha anti-autoritaria contra el poder de la sociedad estatista.

La resistencia mostrada el 6 de diciembre deja claro una vez más que cierta gente no se deja doblegar por el Estado. Tras la manifestación en las calles del centro varias centenas de personas se concentraron en Exarheia para sacar a la policía del barrio. 296 personas detenidas fue el resultado de tal resistencia, de las cuales, si la memoria no me falla, 25 serán llevadas a juicio (solidaridad para ellas). No todo era cuestión de sacar a la policía del barrio, sino también sacar al Estado de nuestras individualidades adoctrinadas en sociedad. Era y es cuestión de crecer juntes en la experiencia revolucionaria, aprender juntes en el camino de la resistencia activa, devolviendo golpe tras golpe los embates del Estado y sus instituciones. Es así que se crea una individualidad revolucionaria que se ve reflejada en los grupos de solidaridad anarquista, una individualidad que tiende a la libertad sin dejarse influenciar por las palabras de les esclaves del sistema. Ahí esperanza, sobre todo cuando en el 6 de diciembre se pudo ver un gran número de adolescentes (entre 12 y 16 años) activamente participando en la destrucción de la sociedad que nos oprime. Algunes dirán que sólo son «críes» jugando a ponerse la «capucha», sin contenido político, sin consciencia crítica. Me da igual si es así. Me da igual si eses «críes» solamente vinieron el 6 de diciembre para romper cristales y tirar piedras. Me da igual porque eses chavales (niñas y niños) no se quedaron en casa jugando a la maldita Xbox o bebiendo en el parque. Eses «críes», con o sin política en sus mentes, ya han alcanzado algo que muches adultes nunca soñarán tener: la libertad espiritual de actuar contra la autoridad, porque participar en un disturbio requiere mucho más que política, requiere romper con todos los esquemas mentales en los que nos han adoctrinado desde la cuna. Bravo por elles.

Luego vinieron, y vendrán más, las voces que plantean la utilidad de todo esto, hablando de números y resultados, de estrategias y programas políticos… Hablando de teorías y planes idealizados sin tener la mínima experiencia. Es decir, hablando de ser revolucionarie en un futuro nada concreto sin aceptar que se puede ser une ya mismo. Esas voces ya no importan, o al  menos no creo que tengan una gran influencia en el movimiento anarquista griego. Quien quiere hacer, hace. Quien quiere hablar, habla. Los hechos siempre han tenido un mayor impacto que las palabras, y hechos no faltan en el Estado griego. Cada cual decide cómo vivir su vida, dónde poner los límites al Estado, y cómo expulsar al poder de nuestros cuerpos y mentes. Estas dos semanas de lucha han sido vitales para ver quién es quién cuando llega la «hora de la verdad.» Pero estas semanas han sido todavía más importantes para crear nuevos y renovados lazos de solidaridad, como también han sido fundamentales para revitalizar, en lo espeso del gas lacrimógeno, la confianza que se tiene en las ideas anarquistas puestas a funcionar. Aquí y ahora.

Nikos Romanós y la solidaridad

La región griega, y en concreto la ciudad de Atenas, viven momentos de tensión importante. Resumo en un par de párrafos la situación. Como sabréis, Nikos Romanós, quien fue detenido, torturado, y acusado a principios de 2013 por un caso de expropiación bancaria, sigue firme en huelga de hambre desde el 10 de noviembre. Tras pasar los exámenes de entrada a la universidad, al compañero Nikos (de 21 años de edad) le ha sido denegada la asistencia a la universidad sin ningún tipo de excusa, buena o mala, inteligente o estúpida, por parte de las autoridades griega. De ahí su huelga de hambre: el mismo sistema y sus leyes represivas que encarcelan a las personas que luchan por la libertad, deniega al mismo tiempo la aplicación de sus propias «normas de juego.»

Desde finales de la semana pasada, en Atenas se han dado numerosas asambleas para poner en marcha la solidaridad anti-autoritaria, a la cual numerosas individualidades se han ido sumando de forma independiente. La marcha motorizada que partió el sábado pasado desde el centro de la ciudad al hospital donde se encuentra confinado nuestro compañero, terminó por congregar a un par de millares. A las motos se le unieron numerosas personas que llegaron a pie, bicicleta, metro, etcétera, formando así una gran concentración a las afueras del hospital Gennimatas, que se ubica al norte de la ciudad, muy cerca de una gran base militar y de los barrios de clase alta del norte. Varias personas encaramadas a la valla conversaban con Nikos, quien escuchaba las últimas noticias de boca de los compañeros. De rato a rato se le animó con eslóganes y vítores, lo cuales retumbaban con fuerza en el patio del hospital. Un hombre con acento inglés también le comunicó que en Londres hubo una concentración solidaria. La gente aplaudió con ganas mientras más pacientes del hospital salían a la ventana para ver qué sucedía afuera. La madera se concentró en gran número frente a la entrada principal, haciendo gala de su equipamiento represivo y sus caras llenas de odio. Todo tipo de gente se pudo ver en aquella concentración del sábado, la cual se desplazó hacia las 18:20 al otro hospital donde el compañero Yannis Michailidis también se encuentra en huelga de hambre solidaria. La noche se cerró con disturbios en Exarheia, donde el fuego intentó morder con rabia a las fuerzas represoras del Estado.

A todo esto se suman numerosas acciones de solidaridad que van más allá del territorio griego. En Atenas los cajeros automáticos arden en llamas solidarias, avisando que si Nikos no recibe justicia la rabia anti-autoritaria seguirá expandiéndose más allá de las máquinas. Ayer un grupo anti-autoritaria hizo una visita a domicilio al vice-presidente Venizelos, y más personas presas se suman a la huelga de hambre solidaria. Hoy 2 de diciembre hay convocada una marcha solidaria en Atenas, de la cual se espera renovar la solidaridad anarquista con aquellas personas que se encuentran tras los barrotes del Estado. Y a la vuelta de la esquina, el 6 de diciembre (que es el próximo sábado), llega el día en el que el compañero Alexis fue asesinado por la policía en Exarheia. Para aquellas personas que no conozcan demasiado el contexto griego, es importante recordar que el compañero Nikos era el mejor amigo de Alexis, quien murió a brazos del propio Nikos (ambos estaban celebrando el «santo» de éste último). Aquella experiencia debió marcar, sin duda, las convicciones políticas del compañero Nikos. Ahora nos toca al resto mostrar la solidaridad que se merecen las personas luchadoras. Ninguna cárcel, ninguna celda, es más fuerte que nuestra ansia de libertad.