Por la destrucción de la objetividad

El capitalismo deshumanizador en el que vivimos está basado en una idea básica: que solamente existe una única verdad. Esta verdad configura lo que es válido y lo que es inválido, lo que es moral y lo que es inmoral, lo que es útil y lo que es inútil… Así como también define la supuesta «naturaleza» del ser humano y sus relaciones.

Si existe una única verdad, su acceso, adquisición, y desarrollo se convierten entonces en un privilegio de unes poques que poseen la supuesta «objetividad» que confiere el estar cerca de la «verdad.» Para alcanzar la «realidad» o la «verdad» hay que ser «objetive», pero poco se cuestiona que existan multitud de grupos humanos que dicen poseer la «objetividad» de la «verdad verdadera.» De ahí que no solamente el capitalismo se base en la objetividad, sino que también lo hacen multitud de ideologías distintas. Les comunistas dirán que elles poseen la verdad absoluta, y que estudiar la «realidad social» desde el marxismo es alcanzar la «objetividad» requerida. Les liberales dirán que no, que son elles quienes están más cerca de la «verdad», porque estudian la «realidad» por medio de la econometría, que se basa en avanzadas fórmulas matemáticas (¿y qué hay más «objetivo» que los números?). Y muches anarquistas también dirán que no, que son elles quienes poseen la verdad de las verdades al rechazar todas las demás. ¡Cosas de la vida!

El problema de la objetividad es que es, en realidad, una subjetividad institucionalizada. Puede estar institucionalizada a un nivel sistémico (ejemplo: el capitalismo es lo mejor que podemos tener). O puede estar institucionalizada a un nivel menor (ejemplo: el Partido Comunista de España sabe de qué va la sociedad, y no el PSOE). Cuando se institucionaliza una visión del mundo tenemos el problema de crear jerarquías, las cuales siempre derivan en poder asimétrico e injusticia. Así, muches dirán que Santiago Carrillo sabía más que el muchacho que se afilió ayer al partido. U otres podrían decir que el anarquismo español está más avanzado por tener a la CNT, que es muy vieja. En definitiva: que unes saben mucho y otres saben poco, que viene a ser lo mismo que decir que unes saben más que otres.

En todos estos grupos, sean de izquierdas, de derechas, o libertarios, hay mucho de paternalismo y autoritarismo. Cualquier discurso que diga ser objetivo lo es de facto. Tendemos a pensar que les que no piensan como nosotres son o menos inteligentes, o menos atentes, o menos concienciades. «Menos», «menos»,»menos». Todes son menos que nosotres, ¡pues nosotres tenemos la verdad!

Una forma sencilla de pillar este tipo de discurso es ver cuándo una persona empieza a universalizar lo que dice. Si alguien os dice que sus ideas son universales, empezad a dudar.

Creer que existe una «única verdad», o que la «objetividad» ha de ser la medida de todas las cosas, es rechazar la evidente variedad de seres humanos que existen en este planeta. Todes y cada une de nosotres somos unes disidentes en potencia. Todes tenemos el potencial de pensar distinto, de ver las cosas distintas y, por lo tanto, de crear mundo y realidades distintas. ¿Por qué? Porque cada une de nosotres tenemos un contexto vital distinto. Sí, vivimos en las mismas metrópolis capitalistas, sufrimos la misma explotación del trabajo asalariado… pero aun así dentro de estos nichos de impuesta uniformidad existe la variedad. De ahí que tengamos obreros votando a la derecha, y amas de casa que son machistas [1].

Querer buscar la «objetividad» es denegar al ser humano per se porque es un intento de imponer una determinada subjetividad (que puede ser más o menos colectiva en tanto que es compartida por más o menos gente, pero nunca por la totalidad). Cuando esta subjetividad se «objetiva» y se institucionaliza tenemos hegemonía ideológica e intrincadas redes de control social que van más allá de lo físico.

Por otro lado, reconocer el carácter subjetivo de la existencia humana es entrar en contacto con la vida social de una forma más plena, pues cuando se hace así suceden dos cosas al mismo tiempo:

  1. Reconocer la subjetividad es pensar que une misme puede estar equivocade, o que las decisiones de nuestras vidas son fruto de nuestro contexto y de nuestras reacciones a él. Esto conlleva darse cuenta que vivimos en un planeta con más seres humanos que pueden discrepar, pensar, y ver las cosas de manera diferente, sin que esto signifique que no podamos construir un espacio social en el que las personas se pongan de acuerdo y lleguen a decisiones consensuadas sin tratar de imponer ningún tipo de «objetividad.»
  2. Reconocer la subjetividad también nos lleva a pensar que les otres tienen algo que aportar al conjunto social que habitamos, dando un carácter autónomo y autosuficiente al resto de personas que no piensan como nosotres. La conclusión, una vez más, es que nada evita que empecemos a construir espacios de convivencia y discrepancia respetuosa.

No hace falta decir que existen posturas subjetivas que nunca podrán conciliarse. Por ejemplo, los atentos racistas e imperialistas del Estado de Israel no pueden encontrar ningún acuerdo común con el pueblo palestino que sufre tales barbaridades. No obstante, esto no implica de ninguna manera que el pueblo palestino tenga la «verdad universal.» Simplemente su subjetividad está contrapuesta a otra subjetividad que intenta imponerse a modo de «objetividad», de ahí que rechacemos la postura de Israel y apoyemos la causa palestina (entre otras cosas, por supuesto).

Como regla útil para la vida: nunca te fíes de alguien que dice ser objetivo. Menos todavía cuando dice tener la verdad absoluta. Sea esta persona conservadora, socialista, o anarquista.

Notas

[1] El porqué de estas dos cosas no entra en el análisis de este texto. Simplemente quiero reflejar que existe una gran variedad de discrepancias en espacios sociales supuestamente «uniformes.»

Información e ideología rancia

A estas alturas la declaración de José Manual Lara—presidente del Grupo Planeta—no debe extrañar a nadie. Como sabéis, el otro día esta persona deseaba en público que el canal La Sexta fuera un medio de centro-izquierda respetuosa con la derecha, cosa que para él todavía no lo es (click aquí para leer la noticia). Sus palabras montaron cierto revuelo en las redes sociales que no tardaron en mostrar los típicos comentarios a los que ya estamos acostumbrades. El más sonado, tal vez, fue aquel de: «¿no se supone que un informativo a de ser neutral y mostrar las cosas como son?» Que sirva esta reflexión como respuesta a tal ingenua pregunta.

En el mundo de lo social pocas cosas se pueden tildar de «neutrales» u «objetivas», y las que así son nombradas siempre dejan un resquicio de duda para las mentes más críticas. Respecto a la sociedad podemos decir que «el 25% de la población activa no tiene trabajo», o que «el 12% de la población migró de otro país.» Ambos enunciados son fácilmente calificables como neutrales: aluden a hechos «objetivos» que se pueden medir empíricamente de una forma sencilla. No obstante, que estos dos enunciados se puedan medir empíricamente no les hace absolutamente objetivos, pues cualquier investigación social parte de un marco teórico que define qué se está investigando, cómo se califican los conceptos, y cómo se desarrolla dicha medición. Así pues, la «neutralidad» de los dos enunciados emana de su empiricidad pero también del consenso teórico que existe en la sociedad a la hora de definir «desempleo» y «migración.»

La cosa se complica cuando nos movemos hacia otros terrenos. Por ejemplo: «¿por qué un cuarto de la población en edad de trabajar está desempleada?» Algunes dirán que es porque las personas somos vagas y nos gusta cobrar el paro. Otres dirán que es un problema sistémico, inherente al desarrollo capitalista. Y a saber lo qué dirán otres muches. Sea como sea, aquí la «objetividad» de un enunciado social empieza a tambalearse, precisamente porque no existe un consenso fuerte sobre las causas del desempleo. Sí, la ciencia económica nos proporciona datos empíricos sobre esto y aquello, pero dentro de la misma disciplina hay voces discordantes que, sosteniendo paradigmas distintos, también nos proveen con datos empíricos que muestran cosas diferentes. ¿Acaso no estábamos midiendo la misma realidad social?

El gran error de muches es pensar que la «neutralidad» de las distintas ciencias sociales es sagrada. Grave error que siempre—o casi siempre—va acompañado de otro error: pensar que algo «neutral» es «objetivo.» Yo puedo ser objetivo y decir que «el 25% de la población activa está desempleada», pero al mismo tiempo puedo decir que «está desempleada porque se lo merecen, por vagues e ineficientes.» Cuando nos ponemos a explicar el porqué de un fenómeno social inevitablemente caemos en enunciados normativos, es decir, pasamos a decir—explícita o implícitamente—cómo deben ser las cosas. Y hay un gran paso entre decir «qué es» y decir «cómo debe ser.» De hecho, habría que poner también en duda si todas esas «mediciones empíricas» son realmente objetivas y neutrales—qué realmente la mayoría no lo son.

Pues bien, de ahí que pensar que un medio informativo ha de ser neutral y objetivo sea una insensatez. La información ha de servir a las personas para transformar la realidad; para crear una sociedad mejor. «No tomar bando» es en el mejor de los casos una tontería; en la mayoría de casos es una irresponsabilidad. Decir que un medio informativo ha de ser «neutral» es decir que las cosas tienen que seguir como están ahora; es negar el cambio y, por lo tanto, es cerrar puertas a un posible futuro mejor. Avocar por la neutralidad de los medios de información no es solamente una muestra de desconocimiento sobre las dinámicas de producción del conocimiento social, es también una falta de pensamiento crítico que nos apalanca en la realidad estática en la que vivimos—¿cuántas veces nos habrán dicho que las cosas han cambiado, precisamente, para que nada cambie?

Si el señor José Manuel Lara quiere que La Sexta sea un medio de centro-izquierda, que así lo sea. Él es un capitalista—de los gordos—y tiene todo el apoyo de la ley burguesa para hacer lo que le plazca con algo que el Estado le otorga como suyo. Ante esto, las mentes críticas no deberían estar proclamando la «bendita neutralidad de la información», que debe ser como aquel bar mitológico del que las madres tanto hablan, aquél en el que la gente te echa droga en la bebida.

Las palabras de José Manuel Lara no han de sorprender a nadie, pero la respuesta ha de ser un «vete a la mierda» claro y rotundo. Poques nos vamos a tirar de los pelos si La Sexta se vuelve de «centro-izquierda», ¿acaso no lo era ya? Pero sí que nos tenemos que tirar de los pelos por la apabullante pasividad de la gente que pide un «medio neutral.» Por suerte, en el Estado español tenemos varios, y muy buenos, medios de información libre y comprometida, que dicen las cosas claras y sin esconder la ideología de las personas que nos hacen llegar esas informaciones.

Como os habréis dado cuenta, todo esto tiene mucho que ver con aquello de «en qué lado de la barricada estamos», lo que nos lleva a una cuestión de ética y principios—¿por qué es mejor defender una sociedad libre e igualitaria que una en la que un 1% explota al resto? No es mi intención meterme en tal berenjenal ahora, pero sí que es pertinente mencionar que la «objetividad» o «universalidad»—como cualidad de lo «verdadero»—de tales postulados es, cuanto menos, cuestionable. Como ya me expresé en otro artículo, todo termina por resumirse en lo que las «entrañas» te dictan, aunque pareciera que hay dictámenes más racionales y virtuosos que otros. Desde luego, lo que nos pueda contar La Sexta, Cuatro, Telecinco, etcétera, nunca lo será—por razones que les lectores de Regeneración entenderán de sobra.