Cinco tesis fundamentales sobre el capitalismo, hoy

 

(Balance. Cuaderno número 34, Barcelona, noviembre de 2009, páginas 68 y 69)

1.- El capitalismo es UNA RELACIÓN SOCIAL que se da entre los capitalistas, que compran la mercancía fuerza de trabajo, y el proletariado, que vende su fuerza de trabajo por un salario.

2.- El capitalismo es UNA RELACIÓN HISTÓRICA entre dos clases antagónicas, que obliga y coacciona a la mayoría de la población a vender al capital su fuerza de trabajo por un salario.

[Sin este proceso histórico de acumulación primitiva del capital y de expropiación y expulsión del campesino de las comunidades rurales a las fábricas y grandes centros industriales no existiría la relación social del punto 1]

3.- El capitalismo provoca UNA CONTRADICCIÓN, o conflicto, entre el desarrollo SOCIAL de las fuerzas productivas y las actuales relaciones sociales de producción, de apropiación privada del valor, que no se corresponde con el carácter social de esas fuerzas productivas.

[Esto se traduce en un reparto desigual de la riqueza en el mundo: en 2007 tres ciudadanos estadounidenses (Bill Gates, Paul Allen y Warren Buffett) poseen, juntos, una fortuna superior al PIB de las 42 naciones más pobres, en las cuales viven 600 millones de habitantes; las 356 personas más ricas del mundo superan la renta anual del 40% de la humanidad; Estados Unidos representa el 6% de la población mundial, pero consume el 48% de la riqueza total del planeta].

4.- Se da hoy, UNA CRISIS (iniciada a mediados de los años setenta) de valorización del capital y, por lo tanto, de las relaciones de producción capitalistas, que no garantizan ya el proceso de reproducción de la fuerza de trabajo. Aparece un enorme ejército industrial de reserva (global) a causa de la insuficiente absorción de la fuerza de trabajo en el proceso de producción capitalista, que produce fenómenos nuevos:

a) Desmantelamiento de las conquistas sociales del llamado Estado del Bienestar.

b) Exclusión de países y continentes enteros del proceso de producción capitalista; fenómenos migratorios masivos por motivos económicos, bélicos o catastróficos, con países o regiones dispuestos a darles solo una acogida parcial y selectiva.

c) Procesos de acumulación primitiva del capital en China y la India.

d) Límites ecológicos a la explotación masiva e indiscriminada de los recursos naturales, sin medidas efectivas contra la contaminación. Peligro de extinción de la especie humana, sin respuestas adecuadas de prevención.

e) Aparición de múltiples focos y sectores de trabajo infantil esclavizado.

f) Aparición de una economía virtual, fruto de una enorme especulación financiera descontrolada, que provoca un abismo insalvable con la economía real, con el consiguiente riesgo de crisis financieras y depresión económica.

g) Guerras imperialistas por el control del petróleo y otros recursos naturales.

h) Crecimiento económico sin generación de empleo.

i) Toyotismo, o nuevas fórmulas de organización empresarial para incrementar la productividad laboral, flexibilizar la fuerza de trabajo (en cuanto a salarios y en cuanto a disponibilidad espacial), destruir las conquistas sociales del Estado del Bienestar, e impedir las asociaciones sindicales, que no sean de empresa.

j) En Japón, el toyotismo apareció en los años cincuenta para atender las necesidades bélicas de los Estados Unidos en la Guerra de Corea. Se destruyeron los sindicatos nacionales manu militari, sustituidos por dóciles sindicatos de empresa. Las grandes empresas se concentraron en comarcas que dominaban despóticamente. Se crearon equipos de calidad que consiguieron establecer la norma de la competitividad entre los trabajadores para alcanzar los objetivos de la empresa. Aparecieron las subcontrataciones de unas empresas a otras, con una escala salarial que disminuye en cada subcontratación. Es habitual una elevada tensión en el trabajo, que produce al año unas 10.000 muertes por Karoshi. (“Karoshi” es una palabra compuesta, formada por “karo” y “shi” que significan respectivamente trabajo excesivo y muerte, y combinadas pasan a significar “muerte repentina como consecuencia del trabajo excesivo”; es decir, muertes por estrés.)

5.- El comunismo no es un BELLO IDEAL, sino una NECESIDAD MATERIAL, cuyas premisas han sido puestas por el capitalismo, con un crecimiento de las fuerzas productivas que puede asegurar ya una sociedad que cubra todas las necesidades materiales de la humanidad. El proletariado ha de destruir el Estado, porque éste es la organización política de la explotación económica del trabajo asalariado. La destrucción del Estado es una condición sine qua non del inicio de una sociedad comunista. Pero el Estado capitalista no puede destruirse realmente si antes la clase proletaria no siega inmediatamente las condiciones económicas, sociales e históricas de la existencia del trabajo asalariado y de la ley del valor, en un ámbito mundial.

¿Qué sustituye al Estado?: la administración de las cosas en el comunismo. Pero la revolución proletaria no es una cuestión de partidos o de organización. Lo que determina la posibilidad del comunismo es un alto desarrollo de las fuerzas productivas y de la extensión de la condición de asalariado y de proletario. La experiencia histórica del proletariado internacional señala los soviets rusos, los rater alemanes y los comités españoles, esto es, la organización del proletariado en consejos obreros como la forma organizativa revolucionaria de la clase obrera.

Estamos, pues, hablando no de tal o cual forma organizativa de comité o de consejo sino de la organización consejista de la sociedad. Los consejos no representan a los obreros, son el proletariado organizado. Es un órgano de clase y de lucha. No es un órgano político, es la organización de la sociedad en unas nuevas relaciones de producción, y por lo tanto no es democrático, ni dictatorial, está más allá de la política, y evita la separación entre lo público y lo privado, característica del capitalismo. Soviets, rater y comités han sido la respuesta obrera al vacío dejado por la burguesía, más que resultado de la radicalización del combate.

Los consejistas sustituyen el concepto “partido” de los leninistas por el concepto “consejo”. Ambas ideologías son estériles. Los consejos serán sólo lo que el proletariado consiga hacer en el combate por destruir el Estado y construir el comunismo.

Balance. Cuadernos de historia

[Recomendación] Revolución hasta el fin

El texto que vengo a recomendar es probablemente el más importante y profundo de todos cuanto elaboraron los miembros del MIL. El conocimiento de este grupo nos ha llegado habitualmente a través de sus acciones armadas, atracos y, especialmente, por la ejecución de Salvador Puig Antich. Sin embargo, el contenido, el desarrollo teórico llevado a cabo por este grupo cuenta con una riqueza que normalmente se pasa por alto. Algunos como Sergi Rosés, autor de la mejor obra hasta la fecha sobre este grupo, afirman que nos encontramos ante el grupo más avanzado en teoría revolucionaria que ha habido en España al menos hasta el momento de su aparición.

Este documento es uno de los pocos transcritos de los originales, escritos a máquina y con cierta dificultad de lectura, alojados en esta web. Con el fin de animar a la recuperación de todo lo que sea posible y práctico recuperar para nuestra realidad actual he transcrito el prólogo inédito de este trabajo, que incluyo aquí, enlazando también el texto completo.

Revolución hasta el fin

(Prólogo inédito del mamotreto del mismo título, Barcelona, 1970-1971. Borrador).

Cuando la revolución no se plantea con pleno radicalismo, hasta el fin, el movimiento revolucionario no logra conseguir sus auténticos objetivos. La lucha internacional de la clase está rompiendo con los viejos moldes teóricos, políticos y organizativos: las recientes experiencias del movimiento obrero en España ponen de manifiesto también este ajuste de cuentas con los viejos mitos y dogmatismos, condición indispensable para el único planteamiento revolucionario, para la revolución hasta el fin.

El presente texto no se limita a plantear de forma explícita una situación de ruptura del movimiento obrero con respecto a los pasados errores, sino que se propone provocar nuevas formulaciones revolucionarias en el terreno mismo de la lucha y mantener a todo lo largo del proceso una actitud eminentemente crítica. Planteamos aquí la compleja y heterogénea problemática de la lucha de la clase: los nuevos conceptos, las nuevas realidades, el proyecto revolucionario (el auténtico…). Los revolucionarios deben llevar estas cuestiones fundamentales hasta el fin.

Hemos recurrido para este estudio al bagaje teórico clásico, así serie de aportaciones que han clarificado su alcance y sentido real: las obras fundamentales de Marx y Engels, en especial La ideología alemana, los Grundrisse, y la primera para de El capital, El Estado y la revolución, de Lenin, La revolución traicionada, de Trotsky, La acumulación del capital y Marxismo contra dictadura, de Rosa Luxemburgo, Historia y conciencia de clase, de Georg Lukács; publicaciones de clásicos como Paul Lafargue, Karl Kautsky, Rudolf Hilferding, Max Adler, Amadeo Bordiga, Antonio Gramsci, Anton Pannekoek, Herman Görter, Otto Ruhle, Anton Ciliga, Tomori, etc; revistas como Socialisme ou barbarie, International Situationniste, Arguments, Autogestión, Anthropos, Cahiers Spartakus, Invariance, Cahiers du Communisme des Conseils, Sozialismus-Politik, Informations Correspondance Ouvrières, etc; autores actuales como Henri Lefebvre, Lucien Goldmann, Edgar Morin, Pierre Neville, Ernst Mandel, Daniel Guérin, Jacek Kuron, Karol Modgelewski, etc. Es decir, un amplio abanico de aportaciones críticas a ampliar en forma permanente hasta el fin.

El bagaje crítico que implica todo nuestro estudio de la compleja problemática revolucionaria actual no se presenta como algo infalible y plenamente coherente, puesto que constituye la trama de un estudio que no se considera como completo y acabado, como definitivo y exhaustivo, sino que quiere ser fundamentalmente un punto de partida más que un punto de llegada; nuestro intento es el de reflejar críticamente el grado de conciencia reflejado por el movimiento obrero en las últimas luchas, aquí y hoy. Este escrito es solo el inicio, vinculado al momento actual del movimiento obrero y a sus exigencias críticas. Sin embargo, la lucha continúa, hasta el fin…

Los de abajo y la clase obrera (aportación al debate con Pablo Iglesias y Nega)

El libro de reciente publicación ‘Chavs. La demonización de la clase obrera’, del periodista británico Owen Jones y publicado en el Estado español por Capitán Swing, ha tenido la virtud de devolver al debate público la cuestión central de la clase en nuestras sociedades capitalistas, que desde el ICEA también hemos intentado abordar en algún aspecto recientemente, como en este trabajo del compañero Gaspar Fuster (1).

Por nuestras latitudes, el libro ha generado un interesante debate. Pablo Iglesias lo abría hace unas semanas con un artículo (2), al que contestaba Nega posteriormente (3). Hay que agradecer a ambos abrir un debate que algunos consideramos crucial para las posibilidades de la transformación social, e intentaré a continuación aportar algunos elementos que veo necesarios.

El mítico “fordismo”

Comparto con Nega que Iglesias se deja llevar por un cierto lugar común (que Nega identifica con la “izquierda postmoderna” o “negrista”) que viene a decir en resumidas cuentas que ya no sirve la identificación de la clase obrera con los trabajadores fabriles del sistema fordista, y que por lo tanto el concepto de clase obrera pierde sentido para muchas y diferentes realidades de trabajadores caracterizadas por la “precariedad”. A esto responde Nega, correctamente, que “la precariedad —aunque según algunos autores pudiera parecerlo— no es ninguna novedad ni el último grito en las relaciones laborales”, y que es un error pensar “que la clase obrera es únicamente un tipo con mono azul que fuma ducados”.

Puedo añadir que, mientras que es cierto que la extensión de la clase obrera es restringida asiduamente por casi todo el mundo por los más variados motivos, no conozco absolutamente a nadie que la restrinja exclusivamente a unos obreros fabriles mitificados, excepto precisamente quienes mantienen una línea similar a la de Iglesias. De hecho, aquellos que “llegan al orgasmo cuando trabajadores sindicados de los astilleros o de la minería defienden con sus familias los puestos de trabajo y a sus comunidades frente a los antidisturbios”, en palabras de Iglesias, alcanzan su clímax con un oficio como el de minero que, si nos ponemos estrictos, no es “fordista”.

Quizá el equívoco se puede deber a seguir la teoría de unos intelectuales que suelen proceder precisamente de lugares donde el capitalismo industrial alcanzó unos niveles muy superiores a los del Estado español, como norte de Italia, Francia, Inglaterra o Alemania. Quizá allí el peso político del proletariado fabril fue mayor que aquí, y la adjudicación de su papel de vanguardia resultó más extendido, a lo que le podemos añadir un mayor peso de interpretaciones restrictivas de los escritos de Karl Marx.

Pero desde luego en el Estado español esto es más dudoso. No se puede negar que el proletariado de las fábricas tuviera su peso como uno de los sectores más organizados, pero como sugiere Nega, no fue el único. Por no hablar de que aquí la época dorada de la organización proletaria no fue ninguna época “keynesiana” (concepto que se suele confundir con el “fordismo”, que comienza anteriormente) sino el primer tercio del siglo XX.

Un repaso de cualquier documento histórico muestra la variedad de la “vanguardia obrera”. Por ejemplo, el registro de sindicatos asistentes al Congreso de la CNT de 1936 muestra la presencia de una pléyade de sindicatos no precisamente fordistas ni industriales, como un sindicato de obreras del hogar de Cádiz (775 cotizantes), sindicato de vendedores ambulantes de Granada (156), sindicato de espectáculos públicos de Sevilla (507), sindicato de albañiles de León (440), sindicato de barberos de Barcelona (838), sindicato de construcción de Barcelona (15.000), sindicato de camareros de Sant Feliu de Guixols (60), sindicato de gastronomía de Madrid (1.600), sindicato de porteros y porteras de A Coruña (205), y otros muchos ejemplos similares (4). De hecho, la lucha proletaria no sólo se daba en la producción sino, como señala por ejemplo Chris Ealham en su fantástico ‘La lucha por Barcelona’, en lo que Marx denominaba “formas secundarias de explotación”, con acciones generalizadas de huelga de alquileres, obstaculización de desahucios o expropiación de comercios, que cuando se practican ahora nos parecen “novedosas” cuando no lo son en absoluto. En este sentido, merece la pena echar un vistazo al nuevo libro de David Harvey, ‘Rebel cities’, que pone como ejemplo la Comuna de París, de hace casi siglo y medio, como insurrección de un proletariado urbano muy variado.

Por otro lado, tanto Iglesias como Nega patinan al sugerir, el primero, que el sindicalismo hoy en día tiene que ver con el fordismo, y, el segundo, que quien tiene estudios universitarios no se sindica porque es (o se cree que es) clase media. Precisamente uno de los sectores más sindicalizados, dentro de la ridícula tasa de afiliación sindical en este país, es el sector público, donde el nivel de estudios es bastante alto comparativamente.

¿Clase media?

Al mismo tiempo que Nega acierta en algunas cosas, falla en otras. Si lo que él denomina “postmodernos” hacen uso de un lenguaje restrictivo al hablar de clase obrera, él comete el mismo error al meter en el saco de la “clase media” nada menos que a todos los estudiantes universitarios.

No negaré que el perfil del universitario español no se suele adaptar al de las capas más desfavorecidas de la sociedad (aunque también pueden provenir de ellas), pero identificar al 20%, 30% o porcentaje similar de trabajadores muy pobres con la clase obrera en su totalidad carece de rigor y también beneficia a la clase dominante.

Desde luego, una de las tareas pendientes de economistas y sociólogos es intentar definir qué es esa “clase media” en la que, según se desprende de la absurda versión oficial, estamos todos a no ser que estemos pidiendo limosna en la puerta de la iglesia o, en la otra punta de la pirámide, navegando en el yate de Botín. No hace falta ser un lince para darse cuenta del uso propagandístico del concepto de clase media, pero a falta de definiciones útiles por parte de quienes se supone que se dedican a estudiar estas cosas, intentaré aventurar una que se pueda adecuar a la realidad.

En primer lugar, creo que es correcto señalar que el concepto obrero tradicional de lo que es la clase media, que la identificaba con la burguesía cuando ésta no se había impuesto todavía a la aristocracia, ya no tiene sentido. En segundo lugar, podemos afirmar que sí es necesario identificar con el término a quienes se mueven entre la mayoría social, conformada por la clase trabajadora, y la clase capitalista, dueña de la mayor parte del capital productivo, comercial y financiero. Así pues, se podría decir que la clase media está formada por tres grupos: 1) Pequeña burguesía o propietarios de medios de producción con asalariados, con importancia marginal en el sistema económico;  2) Personas que obtienen altas rentas de su fuerza de trabajo y a la vez desempeñan roles intermedios directivos, de mando o de responsabilidad en las actividades políticas o económicas y 3) Personas que, asalariadas o no, obtienen una importante proporción de sus rentas en base a actividades especulativas o rentistas (alquiler de viviendas o locales, acciones en Bolsa…), siendo éstas marginales en el sistema económico.

Por lo tanto, la mayoría de estudiantes universitarios ni son hijos de la clase media ni pertenecerán a ella cuando accedan a un trabajo acorde a su formación (como los arquitectos que menciona Nega y que en su gran mayoría son proletarios y bastante mal remunerados). Menos todavía podemos decir que el grueso de participantes en el 15-M o en las Mareas forman parte de ninguna clase media.

El proletariado en sentido amplio

Para concluir, mi opinión es que lo importante no es cómo se llama a sí mismo el sujeto revolucionario. Si preferimos llamarnos “los de abajo”, “clase obrera” o “proletariado” es irrelevante. Como dice un compañero, el sujeto revolucionario “somos los que estamos jodidos y queremos cambiar las cosas”. Pero para saber dónde estamos y cómo podemos incidir para transformar la realidad, también es imprescindible darnos cuenta de que estamos jodidos, en gran parte, por nuestra relación con los medios de producción y reproducción de la sociedad. No los poseemos y nos vemos obligados a vender nuestra fuerza de trabajo en forma de mercancía, o los poseemos sin explotar a nadie, como los trabajadores autónomos o cooperativistas, pero el resultado es similar al no poder competir con el poder oligopólico de la clase capitalista. Es esta situación la que nos hace sufrir de forma brutal las “formas secundarias de explotación” de las que hablaba Marx.

En este sentido merece la pena explorar la idea lanzada por Harvey en el libro antes mencionado:

“Las distinciones entre las luchas basadas en el trabajo y las basadas en la comunidad empiezan a desvanecerse, como también lo hace la idea de que clase y trabajo se definen en un lugar de producción aislado del lugar de reproducción social en el hogar. Aquellos que traen agua corriente a nuestras casas son tan importantes en la lucha por una mejor calidad de vida como aquellos que hacen las tuberías y los grifos en la fábrica. Aquellos que llevan la comida a la ciudad (incluidos los vendedores callejeros) son tan importantes como los que la cultivan. Aquellos que cocinan la comida antes de que se coma (los vendedores de maíz tostado o perritos calientes en las calles, o aquellos que trabajan como bestias en las cocinas de los hogares o en parrillas) añaden también valor a esa comida antes de ser digerida. El trabajo colectivo involucrado en la producción y la reproducción de la vida urbana debe por lo tanto ser fuertemente incorporado en el pensamiento y la organización de la izquierda. Distinciones anteriores que tenían sentido –entre lo urbano y lo rural, la ciudad y el campo- se han vuelto irrelevantes en los tiempos recientes. La cadena de suministro tanto hacia como desde las ciudades conlleva un movimiento continuo, y no tolera ninguna ruptura. (…)

Para terminar, mientras que la explotación del trabajo vivo en la producción (en el sentido amplio ya definido) debe seguir siendo central para la concepción de cualquier movimiento anticapitalista, las luchas contra la recuperación y realización de la plusvalía de los trabajadores en sus espacios de vida tienen que recibir el mismo estatus que las luchas en los diferentes puntos de la producción de la ciudad. Como en el caso de los trabajadores temporales e inseguros, la extensión de la acción de clase en esta dirección plantea problemas organizativos. Pero también ofrece innumerables posibilidades”.

Urge, en definitiva, reconstituir el proletariado en sentido amplio, que como hemos visto no es nada nuevo sino una idea “tradicional”. No tiene sentido negar las múltiples diferencias culturales, étnicas o de nivel de vida que existen dentro de nuestra clase, que siempre han existido, sino de examinar cómo se pueden acoplar esas diferencias en base a todo lo que nos une, para desde ahí poder plantear nuestra táctica y estrategia, como clase, para avanzar hacia la democracia política y la democracia económica, imposibles la una sin la otra.

Eduardo Pérez

Miembro del Instituto de las Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA)

1. http://iceautogestion.org/attachments/article/541/metrica-gaspar.pdf

http://iceautogestion.org/index.php?option=com_content&view=article&id=540%3Aevolucion-y-cambio-en-la-clase-trabajadora&catid=19%3Anoticias&lang=es

http://iceautogestion.org/index.php?option=com_content&view=article&id=514%3Arecomposiciones-de-poder-entre-clases&catid=19%3Anoticias&lang=es

http://iceautogestion.org/index.php?option=com_content&view=article&id=512%3Asalir-del-aislamiento&catid=19%3Anoticias&lang=es

2. http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/291/quienes-son-los-de-abajo/

3. http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/63046-la-clase-obrera-hoy-canis-e-inform%C3%A1ticos-respuesta-a-pablo-iglesias.html

4. http://www.acracia.org/G797a132Calero.pdf