Otra vuelta al tema de la soberanía

En otra ocasión os hablé aquí sobre este asunto, en donde planteaba la cuestión acerca de la noción de soberanía y qué implicaría. Ahora mismo, me parece interesante rescatar este tema para que se vaya puliendo un poco más ya que, al menos personalmente, podría tener tirada de nuevo para abrir un nuevo ciclo de luchas en este nuevo curso político. Como sabemos, tras las elecciones, la actividad de los movimientos sociales ha bajado bastante en estos últimos meses. Y no solo por el parón veraniego, habrá otros factores y uno de ellos es la falta de una dirección política desde fuera de las instituciones, en el sentido de una alternativa desde las calles que recoga los descontentos y las ilusiones de la clase trabajadora y no se termine apostando por la vía institucional. Bueno, esto ya es agua pasada, ahora necesitamos algo potente como base para ir tirando adelante y me parece acertado hablar de soberanía popular como un «norte» cuando hablamos de poder popular y queremos concretar qué es lo que queremos como clase, lo que servirá también para definir hacia qué modelo de sociedad aspiramos.

La clave está en que toque todos los problemas de la vida real hoy en el capitalismo. Así pues:

  • Soberanía política: control sobre los asuntos políticos que afecten al pueblo, tal que el pueblo soberano tenga el poder real de decidir qué políticas aplicar, los organismos a constituir, la diplomacia, el método de toma de decisiones, la participación, etc, de modo totalmente independiente de cualquier Estado. Un ejemplo de ello puede ser el establecimiento de una administración basada en la democracia directa y estructurado de abajo a arriba.
  • Soberanía económica: control sobre la economía del territorio, tal que el pueblo soberano decida sobre qué, cómo y para qué producir, a la vez que no dependa de las exportaciones e importaciones. Esto no quiere decir una autarquía, sino que el modelo económico esté sustentado localmente. Para ello, también implica que los medios de producción pasen a manos de quienes trabajen en ello, logrando una economía socialista de planificación descentralizada. Aquí tocaríamos temas importantes como trabajo, vivienda, modelo productivo, importaciones/exportaciones, …
  • Soberanía socio-cultural: capacidad para mantener y expresar toda la diversidad cultural del pueblo soberano, en la cual, dicha sociedad sea un «mundo donde quepan muchos mundos». En nuestro caso sería pues defender y aplicar los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, el feminismo, el internacionalismo, etc.. Aquí se podría tocar cuestiones como la religión, las tradiciones, culturas de otros pueblos, …

Lo anteriormente mencionado incluirá implícitamente lo siguiente:

  • Soberanía nacional: puede que a priori suene mal por estos lares, pero se trata más bien de la cuestión territorial donde el pueblo ejerza su soberanía, lo que en este caso se traduciría en la capacidad del pueblo para ejercer los tres tipos de soberanía mencionadas anteriormente. Además del control territorial, también habrá de tenerse en cuenta la cuestión del medio ambiente y la ecología, que entrará en lo que es la ordenación del territorio.
  • Soberanía energética: capacidad del pueblo a producir su propia energía sin tener que importarla o depender de ello.
  • Soberanía alimentaria: capacidad del pueblo para cultivar sus alimentos, producir lo suficiente para la población y decidir sobre qué producir, cómo distribuirlos, el modelo de consumo, y el control sanitario sobre los mismos.
  • Soberanía individual: no menos importante, cada individuo de la nueva sociedad será libre y podrá desarrollar todas sus capacidades como persona.

En definitiva, la soberanía popular sería una cuestión a tener en cuenta a la hora de construir poder popular y durante este nuevo ciclo de luchas que deberíamos abrir por responsabilidad política, ya que sabemos que se ha cerrado el ciclo electoral y tenemos que salir con proyectos políticos que ilusionen a la clase trabajadora, no con cantos de sirena como el «asalto institucional», sino en la conquista de la soberanía y en la lucha del día a día: sindicalismo de clase (el cual se englobarían desde los sectores más precarios como las Kellys y los manteros, hasta el sindicalismo social de los barrios, el del sector servicios y nuevas tecnologías, etc), la vivienda y contra la gentrificación, las remunicipalizaciones, la amnistía social, etc… Y, como he dicho al principio, sería interesante llevar este tema a los movimientos sociales, hablando de soberanía no en el sentido de reforzar el Estado burgués, sino en la construcción del poder popular y un nuevo modelo de sociedad como salida anticrisis y anticapitalista.

¿Por qué no hablamos de soberanía?

La Constitución española de 1978 establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado. Y nos preguntaremos, ¿realmente, hoy, en la realidad y no sobre papel, reside esa soberanía que se comenta? ¿De verdad reside en el pueblo español? Sin duda, cualquier demócrata de traje y corbata respondería que sí, pero la realidad es bien distinta: la soberanía nacional solo es una ilusión en cuanto a que España está supeditada a la UE y obedece a sus dictados, como se ha demostrado con el gobierno de Rajoy. Ni tampoco hay signos de que esa soberanía resida en el pueblo español ya que tampoco tiene voz en los asuntos del Estado. En cambio, parece que los poderes del Estado sí emana de ese pueblo, aunque más bien a costa del pueblo, pues el Estado español claramente sirve a los intereses del gran capital tanto nacional como internacional.

Bien, ¿y qué os estoy contando? El tema de la soberanía resulta que no es baladí, sino una cuestión importante a la hora de tratar temas políticos, entre ellos, la parte que tiene que ver con la construcción de contrapoderes, movimiento popular y lo que vaya asociado a la capacidad de los pueblos y la clase trabajadora de tomar las riendas de su destino. Del mismo modo, cuando hablamos de soberanía alimentaria hablamos de la capacidad de decidir de los pueblos sobre la producción de los alimentos, que implica el modelo de producción agraria, la logística y las relaciones internacionales.

No obstante, así de primeras pensamos que la soberanía tiene que ver con la cuestión nacional. Así pues, ¿qué tendría que decir sobre el proceso soberanista de Catalunya? La política al final son como los gases. Tienden a ocupar todo el espacio posible, o sea, si una fuerza política abandona un campo del escenario político, otra fuerza la ocupará. Este es el caso del soberanismo cuya bandera la enarbola la derecha, sin olvidar a la Esquerra Independentista obviamente que quiere disputar su hueco en el mapa político catalán. La cuestión nacional, como he comentado en ocasiones anteriores a este artículo, puede tener detrás muchos trasfondos políticos, y dependiendo de qué fuerza política sea la principal impulsora de de tal movimiento de liberación nacional, podrá tomar un caracter popular, liberal o fascista. Cabría mencionar, ya que estamos, el tema de la patria, que aquí en España se suele asociar a la derecha y lo rancio de este país, pero que en Venezuela por ejemplo, hablen de patria y socialismo. En todo caso, cada situación debe ser estudiado antes que descartarlo a priori y no escudarse en un anacionalismo abstracto, sin tener en cuenta si existe oportunidad para tomar la cuestión nacional como un proceso de construcción de soberanía popular.

Si la cuestión nacional está estrechamente ligada a la soberanía es porque dicha soberanía se ejercerá en un espacio físico donde el pueblo tenga el poder real, y no la adminsitración de un Estado-nación capitalista o la metrópoli, sobre dicho territorio bajo control del pueblo soberano. El caso más paradigmático actualmente es Rojava, la región del norte de Siria que tiene su propia administración y en el que el pueblo kurdo junto con otras minorías étnicas adheridas al confederalismo democrático, tienen voz y voto a la hora de tomar decisiones políticas, económicas y sociales.

Y a pesar de su importancia, estas cuestiones se encuentran (al menos lo que he visto yo) ausentes en el anarquismo europeo contemporáneo y en concreto en el anarquismo a nivel de España, un asunto que, por ejemplo, en parte del anarquismo latinoamericano sí se menciona.

Vale, ¿pero qué es expresamente esa soberanía de la que hablo? La gran debilidad del anarquismo a la hora de tratar sobre las relaciones de poder nos lleva a que este tema, tan importante para el escenario político actual, sea prácticamente una senda intransitada y abandonada para que otras fuerzas políticas metan allí su discurso. Hablaremos de soberanía como cuasi sinónimo de poder popular, algo que va a referirse a la capacidad de los pueblos para decidir sus destinos y la independencia a la hora de tomar decisiones políticas, económicas y sociales trascendentales para sus destinos. Un pueblo soberano es aquel que tiene su proyecto político y lo puede implemenentar sin que ninguna fuerza política externa lo impida u obstaculice. Esta soberanía implica la independencia para establecer una administración propia, una economía socialista que garantice el reparto de la riqueza y el trabajo, así como un nuevo orden social basado en la libertad, la solidaridad, el feminismo, el internacionalismo y la igualdad. En otras palabras, lo llamaríamos soberanía popular, el cual engloba: la soberanía nacional (autodeterminación de los pueblos, independencia frente a Estados-nación), soberanía alimentaria (capacidad para producir sus propios alimentos), soberanía energética (capacidad para producir la energía sin necesidad de importarla), además de lo mencionado.

En resumidas cuentas, hablemos de soberanía como sinónimo de la capacidad de los pueblos para decidir su destino, como derecho a la autodeterminación, como independencia frente al neoliberalismo y como un objetivo a alcanzar por la clase trabajadora en pos de la emancipación como clase. La soberanía popular llevará implícita la construcción de un proyecto político socialista libertario, y será resultado de procesos de poder popular creados mediante la lucha social. Tendremos la responsabilidad de llevar a cabo tales procesos y, por lo tanto, poner sobre la mesa la cuestión de la soberanía como algo que engloba todos aquellos aspectos de la vida que nos atañen y sobre los que queremos decidir: vivienda, suministros, energía, medio ambiente, administración territorial, política económica, organización de la vida pública, trabajo/producción, etc.

Transgénesis, ¿Sólo una herramienta?

Últimamente hay demasiados intentos por lavar la imagen de los transgénicos y parece que la opinión general comienza a aceptarlos con mayor facilidad. Por ello, desde hace algún tiempo tenía la intención de escribir algo al respecto. En este artículo trataré los transgénicos únicamente desde el punto de vista agronómico.

Antes de hablar sobre los impactos ambientales y sociales que producen (esto me lo reservo para otra ocasión) me ha parecido oportuno desmontar el principal argumento que enarbolan sus defensorxs: la seguridad alimentaria. Demasiadas veces he oído ya que el problema de los transgénicos es que están en manos de multinacionales que sólo buscan el beneficio, pero que en el fondo son una herramienta más que deberíamos aprovechar. Se argumenta también que los transgénicos sólo son un paso más en la relación del ser humano con la naturaleza, y que llevamos miles de años modificando el genoma de las plantas y los animales por medio de la selección artificial.

Es verdad que la mayor parte de los ecosistemas están antropizados, somos parte de ellos y necesariamente dejamos nuestra huella. Sin embargo hay diferencias fundamentales entre la evolución de un organismo por medio de la selección artificial y la evolución de otro por transgénesis. La evolución del primero es larga, continua y adaptada al ambiente, y no se modifica en esencia la naturaleza del organismo. Se produce por medio de la selección dentro de una misma variedad o por cruce con organismos evolutivamente emparentados. Este tipo de selección supone una relación más estrecha con la naturaleza y no requiere de medios tecnológicos para su aplicación.

En cambio el organismo que evoluciona por transgénesis lo hace de una forma disruptiva, instantánea, sin adaptarse al ambiente. El gen o genes insertados pueden provenir de un organismo emparentado evolutivamente o de uno que lo esté en mucha menor medida, y pueden llegar a cambiar radicalmente la naturaleza del organismo modificado. Además la secuencia genética introducida en el organismo está diseñada para insertarse tanto en el genoma del organimo en cuestión como en cualquier otro genoma, lo que supone un riesgo de transmisión horizontal, es decir de contaminación genética. Este tipo de evolución direccionada es muy propia de una visión reduccionista y antropocéntrica de la naturaleza.

A todxs nos han contado mil veces que los transgénicos tienen un mayor rendimiento. Es cierto que en muchos casos la producción que obtienen por hectárea es mayor, pero a costa de externalidades como los fitosanitarios, los fertilizantes sintéticos y la maquinaria este tipo de cultivos tiene un coste territorial mucho mayor. El rendimiento energético de estos cultivos tan industrializados es bajísimo. Las kilocalorías introducidas en el sistema apenas superan las kilocalorías recogidas en la cosecha.

La escasa eficiencia energética de los cultivos de transgénicos está relacionada con el hecho de que son cultivos altamente industrializados, no con la trangénesis de la planta. En el hipotético caso en el que consiguiésemos hacernos con el control de los laboratorios y pudiésemos hacer plantas transgénicas a voluntad, si quisiemos hacer una agricultura que tratase de respetar el medio ambiente habría ciertos problemas que serían de dificil solución:

  • Todas las plantas producidas serían genéticamente idénticas, por lo que nuestro sistema podría colapsar con facilidad cuando surgiese alguna plaga o enfermedad que afectase al cultivo.
  • Podría haber transferencia horizontal de los genes insertados a la planta a la microbiota del suelo y a la flora autóctona.
  • En el caso de producir plantas resistentes a una determinada plaga o enfermedad se podrían generar resistencias. Un claro ejemplo de esto es el maíz transgénico Bt, que se creó para evitar las plagas de escarabajos y sin embargo ya ha surgido un escarabajo resistente a la toxina producida por la planta (1). Los transgénicos, por el contrario, son organismos estáticos que no evolucionan con el medio.
  • Se producirían fenómenos de contaminación irreversible de otros cultivos por medio de la polinización.
  • A diferencia de las plantas cultivadas de forma tradicional, los transgénicos no han pasado por un proceso de adaptación ni de coevolución con el medio en el que van a desarrollarse. Se crean en un ambiente controlado y luego se exportan a miles de kilómetros para ser plantadas en un ambiente totalmente diferente. Si los transgénicos actuales pueden desarrollarse es por el pack tecnológico (herbicidas, fertilizantes sintéticos, funguicidas, insecticidas..) con el que van asociados. A igualdad de condiciones una planta transgénica no tiene nada que hacer frente a una seleccionada durante cientos de años.
  • Si por el contrario las plantas transgénicas manejadas siguiendo unos criterios “ecológicos” supusiesen, como alegan sus defensorxs, una mejora sustancial en la producción, implicarían también un mayor coste territorial ya que tendríamos que reponer los nutrientes extraidos con la cosecha. Para cerrar los ciclos de nutrientes y suplir las necesidades de los cultivos, se necesitaría abarcar un mayor territorio, y por lo tanto una mayor energía para el transporte de estos materiales.
  • Modificación de la microbiota del suelo, afectando a la relación entre las plantas y los microorganismos benéficos del suelo, responsables entre otras cosas de la fertilidad de los agroecosistemas y del equilibrio ecológico (2).
  • Incompatibilidad con otras biotecnologías, como las micorrizas, asociación simbiótica que tienen el 90% de las plantas y que mejora la captación de nutrientes y la protección frente a algunas enfermedades; o como los preparados de microorganismos que estimulan la formación de raíces o la descomposición de la materia orgánica.

Por último no hay que olvidar que los transgénicos suponen una tecnología altamente especializada. En el caso de que pudiesen ser manejados de acuerdo a los intereses de la sociedad y supusiesen una mejora cualitativa para esta, el simple hecho de que necesiten un alto grado de especialización generaría necesariamente una centralización de esta tecnología y una verticalidad en la toma de decisiones y se acabarían originando situaciones de poder.

Los transgénicos no son ni pueden llegar a ser una herramienta para conseguir la soberanía y la seguridad alimentaria de una forma respetuosa con el medio ambiente, y mucho menos dotarnos de la autonomía necesaria para conseguir la autogestión de nuestros proyectos.

Notas

  1. http://www.plosone.org/article/info:doi/10.1371/journal.pone.0022629#pone-0022629-g002
  2. http://aglr.agroknow.gr/organic-edunet/archive/files/3eff2e5ca92dfb371ff6d9ce7ce1964a.pdf

Definiciones

Coste territorial: Territorio necesario para sostener los procesos ecológicos (flujos de energía y materiales, y regulación natural de plagas y enfermedades) de un agroecosistema.

Principio de precaución: es un concepto que respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo.

Seguridad alimentaria: hace referencia a la disponibilidad de alimentos, el acceso de las personas a ellos y el aprovechamiento biológico de los mismos. Según la FAO, la seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen acceso en todo momento (ya sea físico, social, y económico) a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cubrir sus necesidades nutricionales y las preferencias culturales para una vida sana y activa.

Soberanía alimentaria: es un concepto promovido por Vía Campesina que hace referencia a la facultad de cada pueblo para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria. En contraste a la seguridad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen.

Unabomber, libertario y ecologista radical.

Acuerdo sobre fecha y pregunta en la consulta catalana: oxígeno para CiU

Nota Regeneración: Una vez más, publicamos un texto de Lucha Internacionalista. No precisamente por compartir todas sus ideas políticas, sino por alimentar el debate en la esfera anarquista sobre temas tan complejos como soberanía y nacionalismo. Esperamos que os sirva para reflexionar sobe dichas cuestiones.

Han salido fecha y preguntas. No entraremos en el contenido de la pregunta ni en la fecha –ninguna de las dos son las nuestras, la primera por confusa, la segunda por tardía-. La reacción fue inmediata, el PP la vetaba y el PSOE le apoyaba ratificando su posición contra el derecho de autodeterminación y, con la cabeza del Gobierno central por delante, aseguran que impedirán toda consulta. Y ¿entonces? Mas contesta, que si no le dejan no la hará y convocará elecciones en el 2016. Es decir, que en el acuerdo no hay un compromiso real de hacer la consulta. Millones han gritado autodeterminación e independencia, Mas nos quiere dar elecciones –tras 3 años más de su gobierno- a cambio de consulta, es decir, gato por liebre.

¿Por qué entonces toda la teatralización de la firma si detrás no hay el compromiso y un acto de soberanía? Porque CiU necesita tiempo, tiempo para aplicar los presupuestos de las privatizaciones contra los trabajadores/as, tiempo para intentar cambiar las encuestas y aparecer liderando una lucha contra el estado que de hecho ya ha dado por perdida… pero la foto con ERC, IC/EUiA y la CUP tras Mas avala esta maniobra, le da credibilidad y vale su peso en oro. ERC la utiliza para justificar su apoyo a unos presupuestos que imponen las medidas dictadas desde el Estado y la UE al servicio de los bancos y la deuda y contra los sectores populares. Pero la CUP-AE ha vuelto a perder la oportunidad de definir un perfil propio para explicar en la calle por qué el pacto no responde a la exigencia de tres años de movilizaciones masivas, sino que lo aleja y lo supedita a legalismos imposibles.

Habíamos dicho que diciembre era un mes crucial porque en una situación de extrema debilidad el Gobierno tenía que cerrar presupuestos y aprobar fecha y pregunta. ERC se ofrecía a intercambiar los cromos, reforzando el Gobierno y su política económica, a cambio de cualquier migaja que apaciguara sus bases. Nosotros apostábamos para que la lucha decidida y contundente en el sector público rompiera esta compra-venta de recortes por el hipotético avance de la autodeterminación, empujando ambas luchas adelante. No ha sido así, y el cambio de cromos se ha llevado a cabo con las mayores ventajas para la burguesía catalana que incluso recompone la división interna en CiU.

No sorprenden, en este marco, las muchas indefiniciones sobre la respuesta a las preguntas pactadas. Unió dice que no sabe que votará en el segundo apartado, cuando ha repetido por activa y por pasiva que no quiere la independencia… pero el tiempo juega a su favor. IC-EUiA, por boca de Herrera ya ha dicho que la fecha, “…podría variar según cual sea la reacción del Gobierno central: No todo depende de nosotros» (El Periódico, 13/12/13) y que la respuesta a la segunda parte la definirá “según «el escenario» que haya sobre la mesa el 9 de noviembre del 2014. Es decir, de si hay alguna oferta firme por parte de Madrid. «La pelota está en el tejado del Estado», ha dicho”. (Ara 13/12/13). Más claro el agua: ningún compromiso en la fecha y se apuntan a cualquier cambio de escenario de un estado monárquico que niega la autodeterminación… ¿Se están apuntando a la reforma constitucional del PSOE? El régimen monárquico, el que niega la autodeterminación –y que si es por el PSOE, la seguirá negando- ¿puede convertirse en un régimen democrático con el que, o dentro del que, Cataluña puede ser soberana y federarse?.

No hay derecho a decidir sin movilización ni sin la clase obrera catalana

La pelota no está en el tejado de la Monarquía y los partidos del régimen que ya han dicho qué harán. La pelota donde realmente está es en el tejado del movimiento popular que forzará o no la consulta que viene exigiendo, que sigue negando el estado y que tampoco garantiza la mayoría parlamentaria que acordó fecha y consulta. No pueden haber dudas: hay que exigir el derecho de autodeterminación y enfrentar la política económica y social del Gobierno de Mas. Hay que hacer justo lo contrario de lo que hace ERC: no se paga con hambre y recortes el derecho nacional. Se enfrentan unos a la vez que se defiende el otro. Un estado es un instrumento de dominio de clase e históricamente la burguesía catalana siempre ha puesto por delante ese dominio a los derechos nacionales: aunque no le guste, necesita el aparato del estado español para reprimir los trabajadores y trabajadoras (por eso apoyó por ejemplo la reforma laboral, los presupuestos o ahora la seguridad privada) y por eso tira del hilo sin querer romper al cuerda.

No habrá autodeterminación sin la clase obrera catalana, en buena parte alejada de la lucha por los derechos nacionales, pero duramente castigada por el impacto de la crisis y las políticas de los gobiernos patronales. Por eso no hay peor aliado para convencerla que presentarnos en bloque detrás de Mas. Las direcciones de CCOO y UGT declararon que defienden el derecho a decidir y Álvarez añade que también quiere el derecho a decidir las políticas económicas. Más allá que lo hagan dentro del juego institucional y den aire al gobierno, les tomamos la palabra. Hace falta que sus afirmaciones se acompañen de hechos: hace falta que lleven ese debate comité a comité, sección sindical a sección sindical, para retomar la lógica de los años 70, cuando trabajadores y trabajadoras supieron ver que su lucha, por derechos salariales y laborales o contra los despidos, iba de la mano del derecho democrático del pueblo catalán. Hoy esto es doblemente importante, cuando -aprovechando la crisis del PSC- C’s intenta consolidarse en los cinturones industriales con el discurso del nacionalismo español opresor y amenazando con choques violentos cuando Cañas afirma “Os montaremos un Ulster que hueso vais a cagar” (Directa, 22/11/13). Hay que desmontar este intento de división, y llevar la defensa del derecho nacional de la mano de la lucha contra EREs, recortes, despidos y rebajas salariales… y como decíamos ante los presupuestos, para que también se consulte a los trabajadores y las trabajadoras si queremos pagar la deuda a bancos y entidades financieras, antes de que resolver las necesidades sociales. Es esencial que la clase obrera catalana sea parte del proceso hacia la autodeterminación, porque si no éste no será, y también porque es la única garantía de que se vaya más lejos y se aborde el modelo económico y social.

Por un frente estatal sindical y político que defienda el derecho a la autodeterminación de Cataluña y las naciones sometidas por la Monarquía.

La pregunta y la fecha polarizan el enfrentamiento entre el estado y Cataluña. Somos internacionalistas y estamos convencidos que el derecho de autodeterminación en Cataluña, no se conseguirá sólo desde Cataluña, sino que cómo en tantos otros conflictos, se resuelve por la determinación de un pueblo y el apoyo de los demás pueblos que sufren al mismo gobierno opresor. Las movilizaciones históricas del pueblo ruso en defensa de la libertad de Lituania en 1991 o del yanqui contra su gobierno en la guerra de Vietnam, son ejemplos decisivos. Entonces, empezando por los dirigentes catalanes de CCOO y UGT: ¿llevarán a sus órganos estatales la propuesta de que se posicionen por el derecho a la autodeterminación de Cataluña? Sería esencial que lo hicieran. También el SAT, LAB, la CIGA…. y las organizaciones y movimientos. Es el momento de que se cree un frente de organizaciones políticas y sindicales a nivel estatal, en favor de que los catalanes/as y las demás naciones sometidas, puedan ejercer su derecho de autodeterminación. Porque, si este avanza en Cataluña, con el apoyo obrero y popular del resto del estado, el régimen monárquico y el gobierno pro burgués de turno –que no son sólo enemigos de los derechos democráticos de los catalanes sino de los trabajadores y trabajadoras de todo el territorio-, será más débil y habrá más posibilidades de, juntos, tumbar la estaca a la que estamos todos atados.

María Esther del Alcázar

Lucha Internacionalista

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