El campo de batalla

A estas alturas de la escalada capitalista, cuando la mercantilización del territorio en su conjunto es un hecho, parece poco acertado plantear la lucha antidesarrollista en términos de campo y ciudad, de medio rural y medio urbano. Tales ámbitos han ido perdiendo progresivamente su singularidad y acortando diferencias hasta convertirse en lo que observamos hoy: un único espacio interconectado real y virtualmente donde la simbiosis mercado-fábrica determina la configuración física y orgánica, así como las relaciones que en él se establecen. Un ejemplo es la degradación que ha sufrido la ciudad en su tránsito desde el modelo medieval y pre-industrial hasta lo que hoy conocemos como megaurbe.

Actualmente, los procesos de gentrificación y rehabilitación de los centros históricos, unidos a la expansión sin límite de las periferias urbanas, han acabado por difuminar, si no borrar, las líneas de ese espacio humano de cohabitación y organización político-social. Lo que queda es un lugar indefinido, inabarcable, irreconocible, donde la opresión y la desidentificación se anudan a una total dependencia de la población hacia las normas institucionales y las empresas que ejercen el control. Se trata, sin duda, de un modelo totalizador que prioriza el interés de la mercancía e insensibiliza a los seres (humanos y no humanos) adecuando el comportamiento de éstos a sus necesidades. Valores como la proporcionalidad, la comunicación, la utilidad pública o la salud del entorno han sido reemplazados por la megalomanía, la atomización, la insalubridad y la lógica del máximo beneficio al menor coste. El individuo solo, inhibido y hostil, extraño de sí mismo y de cuanto le rodea, medicalizado y reprimido es la expresión máxima de este modelo: la ciudadanía moderna.

Por supuesto, no todo son grandes metrópolis impracticables. También encontramos núcleos urbanos de tamaño medio esparcidos por todo el territorio y cuyo aspecto es muy parecido al de la antigua ciudad. ¿Son acaso supervivientes, residuos de un tiempo pretérito en pleno siglo XXI? Lamentablemente, no. Una ciudad no sólo la componen sus edificios y sus calles, sino también sus habitantes y su modelo de organización. En Calibán y la bruja, Silvia Federici refiere que en la Baja Edad Media la diferencia entre pueblo y ciudad residía en que ésta estaba dotada de consideración oficial y, sobre todo, de mercado1. Es decir, no era sólo el tamaño lo que daba a un núcleo poblado la categoría de ciudad, sino la naturaleza de las relaciones que tenían lugar en él. En esta línea, es posible afirmar que, hoy día, las ciudades ―y la ciudadanía― han sido  transformadas por el sistema dominante; el resultado son versiones más grandes o más pequeñas del ámbito metropolitano o megaurbano, puesto que las relaciones entre sus habitantes ―salvo honrosas excepciones― son decididamente capitalistas o ultracapitalistas.

Sin embargo, esta realidad no es exclusiva de las megalópolis, sino que es propia del espacio urbano en general, es decir, del conjunto del territorio que sufre la reconfiguración física y política en función de la plusvalía. En esta clasificación entra, desde luego, eso que llamamos campo o medio rural, de tal manera que sería más acertado hablar de medio urbano-rural o de áreas de deslocalización urbana, por seguir con la tendencia actual del modelo productivo. Cualquiera que conozca el medio rural sabe hasta qué punto se ha convertido en parodia de sí mismo, en mero sucedáneo. Si ya en la transición del feudalismo al capitalismo se situó en el punto de mira de quienes poseían la riqueza y los medios de producción, el ataque alcanzó su punto álgido a lo largo del siglo XX —sobre todo en el franquismo—, poniendo en práctica un proceso generalizado de desprestigio y criminalización. Hoy, como resultado de aquéllo, la vida en pequeñas localidades no se concibe sin dependencia del mercado, la maquinización y el crédito; los recursos están en manos de entidades privadas o de la burocracia administrativa ―en cualquier caso, fuera del control popular―; la mecanización del sector primario y la sistemática legislación contra el interés del campesinado ha expulsado a éste de las tierras o le ha atado de pies y manos; y quienes buscan su medio de vida fuera del ámbito agropecuario se ven empujados a un sector de servicios cada vez más precarizado, a mendigar en las bolsas públicas de empleo o a aceptar jornales en condiciones que rozan la esclavitud. Mientras tanto, los ayuntamientos y sus sucesivos equipos de gobierno dedican su esfuerzo a vender los bienes comunales, fomentar la destrucción de la fisonomía tradicional y poner en riesgo el medio ambiente.

A pesar de la situación de pobreza económica y de precariedad en que el último reajuste del sistema capitalista ha dejado a miles de personas en los últimos seis años, no se ha producido un “éxodo urbano”, en contraposición al llamado “éxodo rural” de mediados del pasado siglo; por más que nos pueda sorprender, la realidad sigue hablando de una huida en sentido inverso. Aún se escucha entre quienes migran el viejo argumento de la búsqueda de “mejores condiciones de vida”, de “oportunidades de empleo”, de “nuevos horizontes”, mientras que en la otra parte, entre aquellas que se quedan, se propaga la necesidad de adoptar un estilo de vida que recorte diferencias con la ciudad. En este sentido, la publicidad ha realizado una ingente labor de propaganda: promete distinción, pero bajo su dictado la homogeneidad es la norma.

Hasta hace no tanto tiempo, en muchos pueblos ―incluso en algunas ciudades pequeñas― eran posibles una economía, una política y unas relaciones sociales acordes a las necesidades de sus habitantes y no del poder macroeconómico de los grandes capitales o del poder macropolítico del Estado. Si bien estaba muy presente la religión, el caciquismo y diversas formas de oligarquía, las personas se reconocían mtuamente bajo la opresión, establecían lazos de solidaridad y de cooperación, eran capaces de crear espacios de libertad y a veces incluso fórmulas de rebeldía; podían, de alguna forma, sentirse parte de una comunidad y de un proceso colectivo. Hoy, en cambio, el referente comunitario ha dejado literalmente de existir. La interdependencia que trenzaba el equilibrio de un pueblo, que lo unía esencialmente (más allá de disputas y rencillas) y lo hacía funcionar como organismo vivo, autónomo y sustentable ha sido sustituida por la dependencia del mercado laboral, los subsidios, las prestaciones sociales y el turismo, hasta el punto de que muchas localidades son inviables económicamente si no albergan atractivos para atraer visitantes y empresas.

Pero quienes se marchan del pueblo, atraídos por el skyline que vislumbran en el horizonte y sus supuestas bondades, no encuentran la ciudad, sino la megaurbe; son migrantes de un lado a otro del ámbito megaurbano. Hacen suya la preceptiva de la disponibilidad y se ofrecen a la maquinaria empresarial practicando ese nomadismo tan propio del discurso capitalista: del “hay que ir donde está el trabajo” hemos pasado al “hay que ir donde está el consumo”; aunque la deslocalización ha cerrado las fábricas, los productos siguen necesitando compradores. Estas migrantes del capitalismo van donde les dicen que vayan, donde creen que está la vida real —porque lo vieron en la tele, porque se lo contó un amigo—, pero ciertamente ese lugar no es la ciudad; aunque usemos tal palabra para mantener la pretendida diferencia de espacios, lo cierto es que la ciudad no existe. “Ha existido efectivamente la ciudad antigua, la ciudad medieval y la ciudad moderna; no hay ciudad metropolitana. La metrópolis requiere la síntesis de todo el territorio […] es la muerte simultánea de la ciudad y del campo” (La insurrección que viene).

Esbozado ya el carácter ubicuo del capitalismo moderno y su colonización del territorio, ¿qué hay de la lucha contra el desarrollo, cómo y dónde plantear nuestra respuesta? Creo necesario partir de esta premisa: las alternativas que planteamos deben ser entendidas como estrategias parciales y temporales que permitan cierto grado de coherencia dentro del sistema hasta su destrucción. Son medidas urgentes de supervivencia. Y también caldo de cultivo y experimentación para ese nuevo modelo que las más optimistas vislumbran ya a la vuelta de la esquina y al que han denominado poscapitalismo. Dicho lo cual, cabe señalar la dificultad de construir esas alternativas en el ámbito al que denominamos “ciudad”, incluso de resistir y adaptarse, puesto que se trata de un espacio físico tremendamente opresivo, con un nivel de tensión ambiental extremo y un coste de la vida inasumible. Del otro lado, en el “campo”, a pesar de la aparente amabilidad del medio, la inevitable fricción con el sistema subyacente genera una confrontación fatal e impide, a largo plazo, la consecución de un proyecto alternativo no basado en el régimen de propiedad y en la producción de bienes o servicios de consumo, sobre todo si se carece de redes de apoyo (lo que cada vez es más habitual). Quizá la subsistencia resulte más cómoda, menos violenta y estresante, que permita un estilo de vida más satisfactorio, pero estará, en todo caso, lejos de constituir una resistencia eficaz contra el sistema y, más aún, de generar una alternativa a éste. No existe un afuera incontaminado de capitalismo, y, por más voluntad que le pongamos, la experiencia en este sentido nos habla de continuos fracasos.

Así las cosas, no debiéramos hablar de campo y ciudad como espacios de resistencia y construcción de alternativas, respectivamente, sino como el doble reflejo de una misma cara: la cara de la opresión capitalista. Si la vida en la ciudad se perfila como pugna desesperada, el horizonte rural no es mucho más alentador. Ambos medios, por tanto, requieren de la confluencia de las prácticas de lucha, del proceso destructivo y constructivo necesario para lograr la transformación, y es urgente comprender que tal objetivo sólo se alcanzará mediante la solidaridad y el empuje común. El éxodo urbano es negación de la megaurbe, pero también es creación del tejido capaz de reapropiarse del territorio y recuperar la autonomía en las ciudades, en los pueblos y en todas partes. Entender, pues, que sólo hay un frente de lucha —contra el capital y su modelo de desarrollo depredador y deshumanizador— es primordial para construir el mundo nuevo.

Juako Escaso

Enlaces del mes: Mayo 2014

  • En alasbarricadas.org pudimos aprender sobre los orígenes del primero de mayo.
  • Como única referencia a la abstención activa de los anarquistas, en apoyomutuo.org podemos leer ¿Por qué no votan los anarquistas? Los anarquistas hemos votado en muchos lugares e instancias: sindicatos, cooperativas, centros sociales y populares, asambleas. El problema no es el voto ni la democracia. La cuestión es a qué mecanismo pertenece tal voto y de qué democracia hablamos.
  • En Píkara, un artículo sobre la seducción desde un punto de vista feminista, muy distinto de lo que podemos esperar del gurú del machismo.
  • A principios de mes nos encontrábamos con una ola de indignación por el racismo presente en los campos de fútbol. En La Marea, Nuria Varela reflexiona en torno a cómo el sexismo, sin embargo, no ha generado tantos comentarios.
  • En Anarkismo.net, una traducción de un artículo de Rafael Viana da Silva, donde repasa de forma crítica las formas organizativas que puede tomar el anarquismo.
  • El mundial de Brasil es un mundial contra el pueblo, tal como nos lo argumentan en este artículo de Todo por Hacer.
  • Sobre la reciente e incendiaria resistencia al derribo de Can Vies podemos leer un análisis en Argelaga.
  • Sobre Bakunin traemos un pequeño documental del grupo anarquista Albatros, con motivo de su 200 aniversario. Geniales las entrevistas a Julián Vadillo y Ana Sigüenza.
  • En La Marea nos informan sobre el aburguesamiento de los barrios y su transformación en espacios-marca para la atracción de capitales.
  • No binarios en un mundo binario: 6 artistas que se rebelan contra el género.
  • La entrevista a José Luis Carretero para la revista Letras Rojas, que podemos encontrar en su blog. Nos habla sobre la vigencia del anarquismo: «va a ser imprescindible, ante el fracaso de las opciones clásicas basadas en un  socialismo autoritario y estatista o en el pacto entre clases con una clase dirigente acosada por sus propias contradicciones,  desarrollar un nuevo socialismo, una renovación profunda del proyecto histórico levantado por las clases populares […] Ese nuevo socialismo, que tendrá que ser, inevitablemente, un ecosocialismo claramente consciente de los problemas medioambientales y de reproducción natural de la vida que el despliegue del capitalismo ha acabado por producir, tendrá también que tener entre sus elementos centrales muchas de las cosas que el anarquismo ha defendido siempre: la democracia directa, el fomento de la producción cooperativa y autogestionaria, la mínima delegación, la rotatividad de funciones, el respeto por la pluralidad y la ausencia de dogmas.«

Enlaces del mes: Abril 2014

  • En Público, un artículo de Jorge Moruno en torno al empleo nos deja una idea clave: Quizá la única solución colectiva, antes que seguir precarizando nuestras vidas y dando alas a la injusticia para ser competitivos, sea un cambio radical que priorice el bienestar social sobre la obtención de beneficios para unos pocos. «El empleo estaba pensado como un medio para vivir y si no cumple esa función, sino garantiza seguridad vital, no sirve. Si el empleo dicen, tiene que ser cada vez más precario tendremos que buscar otras vías para garantizar bienestar y seguridad, vías que no tengan que pasar únicamente por el hecho de tener o no tener empleo. No puede ser que cada vez haya más riqueza en menos manos, y cada vez haya más pobreza entre más gente. Repartamos también la riqueza más allá del empleo, cambiemos de medios para alcanzar mejores fines. Para ello necesitamos repensar cómo encontrar a la fuerza del trabajo en la separación entre el trabajo y el empleo. Buscando construir la autonomía social sobre el tiempo propio, desvinculando el acceso a los medios de subsistencia de los medios de empleo, es decir, de la obligatoriedad de ser valorizables por otro para poder vivir. Estamos ante dos formas de ver un mismo cambio de paradigma civilizatorio: o caminamos hacia la neoservidumbre o asentamos las bases de un nuevo tiempo de bienestar para todos y todas.«
  • En el blog colaborativo de Tecnoácratas nos revelan la cara más retrógrada de La Sexta, ese canal que se pretende de izquierdas. Aprovechamos desde aquí para mandar ánimos a los compañeros que se han lanzado con este proyecto.
  • En Pikara Magazine, Beatriz Gimeno lanza la pregunta, ¿por qué las mujeres no devuelven los golpes? ¿Por qué no se enfrentan de forma violenta al patriarcado? Los hombres que pegan a las mujeres no lo hacen porque sean más fuertes y estén seguros de que van a ganar la pelea. Pegan porque saben que en ningún caso la víctima se va a revolver. […] Pegan a una mujer porque saben que pueden, porque ella está completamente desempoderada, también físicamente.
  • José Luis Carretero nos da su visión del encuentro euro-mediterraneo de fábricas recuperadas que tuvo lugar a finales de enero de este 2014 en Marsella.
  • Respecto a la Huelga en la FNAC, Álex Portero y Daniel Bernabé apoyan a los trabajadores y se dedican a cerrar las bocas de algunos escritores aburguesados que prefieren promover la insolidaridad por puro interés. Desgraciadamente el mundo del que venimos -ese en el que el orgullo de la identidad obrera se lleva como una condecoración- está en retroceso; a cambio se nos ofrece un páramo posmoderno en el que el egoísmo, la frivolidad y lo ruín campan a sus anchas: serviles con el fuerte despiadados con el débil es la máxima a seguir.
  • En el blog de Testigo Incómodo una reflexión en torno a la violencia, la mafia, el Estado y la verdad de aquello que hace girar al mundo.
  • Por último, enlazar a varios textos de la revista Argelaga que han sido publicados en internet en este mes de abril:
    • Crítica de la denuncia jurídica como estrategia de lucha contra los centros de menores: Jorge del Arco plantea en este artículo un cambio de perspectiva en la lucha contra las cárceles para niños «infractores» y la denuncia del maltrato que es habitual en ellas. Considera insuficiente el recurso jurídico y propone una transformación de la sociedad, creando otra que no necesite confinar a una parte creciente de la población, sea adulta, menor de edad o extranjera. Aboga por la coordinación de colectivos y asociaciones específicas en pro de una transformación radical de las relaciones sociales.
    • Interrogantes sobre el cenit del petroleoJosé Ardillo nos introduce en los cauces y remolinos que el más que probable agotamiento del crudo o peak oil abre en el proceso de acumulación capitalista y en cada uno de nosotros.
    • Breve exposición de la noción de territorio y sus implicaciones: Miquel Amorós analiza la noción de territorio: Cómo su ordenación corresponde a la ordenación de la propia vida y cómo, en su defensa y desorden, se encuentra la resistencia.

Territorio, dominaciones y Anarquía

La cuestión nacional en el medio anarquista ibérico(1) es un tema que se debate entre la repetición mecánica de consignas y el seguidismo de corrientes leninistas. Ni lo uno ni lo otro supone herramientas teóricas ni prácticas que nos estén sirviendo para tomar posiciones efectivas y a propagar la lucha contra toda dominación a la vida real.

La “cuestión nacional”, lejos de ser un complemento circunstancial del capitalismo o una simple cortina de humo de algún político, lleva en su interior una cuestión mucho más compleja a la que nuestra practica inercial de movimiento no se está enfrentando abiertamente y es la cuestión del territorio y la cuestión identitaria. Son cuestiones cruciales.

La primera, la cuestión territorial es fundamental en el desarrollo de una teoría y una práctica revolucionaria pues el territorio es la base material del proceso de ruptura, entendiendo el territorio como las relaciones entre un medio natural y su población humana (2). La segunda, la cuestión identitaria es un tema tabú en el anarquismo, siempre despreciado por no entrar en los esquemas mentales clásicos o que se llevan en el movimiento. La identidad es la condición psicológica con la que se identifica un grupo humano y que permite que ese grupo humano pueda definirse diferenciadamente. Las identidades vinculadas al territorio o a la pertenencia a un pueblo es un hecho social e histórico y que por el desarrollo social e histórico que vivimos aparecen vinculadas inevitablemente a la dominación (3). La identidad territorial es el sustrato sobre el que se edifican los enormes engaños que la clase dominante utiliza para dividir a las clases dominadas.

Entrando en materia, los dos sistemas de dominación a los que nos enfrentamos a día de hoy que nos plantean retos en la cuestión territorial e identitaria son principalmente 2: el Estado y el Capitalismo industrial.

1º Estado, territorio e identidad.

El análisis de cómo los estados modernos se han servido del sustrato cultural de los pueblos para frenar la lucha de clases e impedir la destrucción comunista de los estados ha sido ampliamente estudiado en textos clásicos. Sin embargo, en este texto se va a presentar una esquematización del proceder estatista con respecto al territorio y a la identidad basándonos en el texto L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista” de Xabier Oliveras. En él se nos explica como el uso del sustrato emocional de la identidad territorial ha sido utilizado para la construcción de entes estatales a la europea. En este sentido la caracterización con respecto a identidades y territorios de un ente estatal pasa por 5 puntos:

1º todo el territorio y toda la población debe estar asignada en un ente.

2º no deben existir dobles asignaciones, cada territorio y cada población sólo debe pertenecer a un ente.

3º cada ente debe ser homogéneo tanto en su territorio como en su población.

4º los entes se dividen y diferencian mediante el concepto de Frontera.

5º todo ello se debe revestir de justificación científica y natural.

La obra y la crítica tradicional del anarquismo se dirige al nacionalismo como justificación del estado, que sería la 5º característica descrita aquí de los estados modernos. En este sentido, la obra más reseñable por lo riguroso y lo completo del estudio es “Nacionalismo y Cultura” de Rudolf Rocker. En ella encontramos una diferenciación entre Pueblo y Nación(4) que es uno de los matices importantes en las diversas discusiones entre ramas del socialismo y que siempre llevan a equívoco. Para Rocker la nación es un sujeto político separado del pueblo, que es el sujeto natural. Vemos sin embargo como otros autores clásicos, como Bakunin, utilizan los términos nación y patria en el sentido que Rocker da tan solo a pueblo(5). La contradicción es puramente terminológica, ambos entienden que existen colectivos humanos formados de forma natural y que es sobre estos colectivos existentes sobre los que se deben dar las condiciones para una revolución social. Hecha esta aclaración debería quedar claro que ninguna corriente anti-estatista ha querido utilizar el término nación para la legitimación ideológica de algún estado nacional liberal, fascista, socialdemócrata o leninista. Lo que en general el anarquismo siempre ha admitido y defendido es la radical separación entre el “pueblo” y los estados que justifican su existencia en las naciones vinculadas artificialmente a esos “pueblos”.

Por otro lado la naturaleza intrínsecamente dominante, autónoma de otras dominaciones y auto-perpetuadora del Estado está ampliamente estudiada en la obra de otros autores como Bakunin, Kropotkin o Capeletti.

En suma, podemos encontrar que el anarquismo tiene un amplio bagaje de crítica contra el Estado como entidad vinculada al territorio y las identidades.

2º Capital, territorio e identidad.

La relación entre el Capital, el territorio y la identidad ha tenido varias fases. La primera fase ha sido la que se ha desarrollado hasta la segunda mitad del siglo XX, en la que el capital se relacionaba con el territorio y las identidades mediante la instrumentalización de Estados, por lo que no había fuertes contradicciones entre la práctica estatal y la capitalista. Esta relación es la que dio lugar al imperialismo y a su respuesta en los movimientos de liberación nacional, que empiezan a marcar cierta distancia entre el capital y el sistema de estados-nación dado que estos movimientos eran principalmente estatistas. Aparecen aquí  contradicciones entre los intereses de Estado y Capital, contradicciones cuyo único resultado ha sido una dominación más perfeccionada.

Sin embargo el principal factor que marca a día de hoy la relación entre el territorio y el capital no es su relación con los estados sino su relación con la “Industria”. Se entiende en este texto que la industria es un sistema de tecnificación de la realidad basado en una ideología “industrialista” y que se presenta como sistema de dominación en sí mismo con cierta autonomía con respecto al Capital aunque opera bajo la forma de este (6). Esta afirmación y este análisis si bien no supone un amplio consenso en el movimiento anarquista, se va a asentando y extendiendo mediante la crítica llamada antidesarrollista. Así pues, la Industria, el Desarrollismo, han ido imponiendo su ideología tecnificadora en el territorio deformando tanto el medio como a las poblaciones. La época de la Globalización ha supuesto el paradigma práctico de lo que este desarrollismo implica: una red mundial de megápolis interconectadas por las telecomunicaciones, la energía y materia abundantes y la mano de obra deslocalizable. Frente a las megápolis enormes extensiones de periferias de las que explotar tanto pobladores como recursos naturales. El territorio del planeta, y lo podemos comprobar en nuestra realidad inmediata, ha quedado dividido en centros y periferias rompiendo tanto con la perspectiva estatista como con cualquier perspectiva liberadora, social y anárquica.

Podría entenderse esta nueva fase de desarrollo con la explicación de que es un neo-imperialismo y trazar la misma respuesta que a la fase imperialista. Sin embargo lo que da validez a la crítica al desarrollo como ente autónomo de capital y estado, únicos factores de la dominación imperialista, es que esta nueva fase se sustenta en unos intereses que van más allá de aumentar el poder estatal o el lucro privado y que son los intereses de la industria en una huida hacia delante para salvarse a sí misma del colapso que se empezó a esbozar en los años 70. Es por ello que se hace necesario elaborar nuevos análisis y herramientas de lucha respecto a la época de la descolonialización.

La movilidad constante de mercancías y personas y la ruptura de la homogeneidad interior a las fronteras estatales suponen una marcada contradicción entre el desarrollo industrial-capitalista y el sistema de estados-nación con respecto a la gestión del territorio.

Con respecto a la identidad, el capital también utiliza unos criterios que confrontan con los estatistas y que pasan por la pura mercantilización. En este aspecto, el desarrollismo no ha sido tan determinante. Uno de los ejemplos de la actitud del capital con respecto a las identidades colectivas se puede ver con la aparición de amplios flujos migratorios ocasionados por los desequilibrios económicos del planeta. El capital ha reaccionado simplemente absorbiendo para la explotación dichas identidades, a diferencia de los estados que han reaccionado con vallas y expulsiones. Así vemos hoy en día como hay diferentes mercados para cada identidad cultural, sexual, religiosa, popular, territorial…tanto en la producción como en la distribución y el consumo. Desde la lógica de aumento de beneficios, la maleabilidad de las identidades en tanto que nichos de mercado es un factor a explotar, volviendo a chocar con la lógica estatista de la homogeneidad de la población.

Visto como se relacionan con la cuestión territorial e identitaria los sistemas de dominación a los que nos enfrentamos queda ver que propuestas y procesos estamos impulsando desde el medio anárquico.

Anarquía, territorio e identidad.

Una síntesis rápida de cómo la “cuestión nacional” ha ido pasando por entre los teóricos anarquistas la podemos encontrar en el texto “Nación y anarquismo” de Manuel de la Tierra (Ekintza zuzena nº38). En él se expone como (sin entrar en el debate terminológico pueblo-nación antes señalado) el debate nacional en un principio se teorizó hacia un acercamiento a las posturas “nacionales” y como posteriormente ganó peso en el movimiento la visión más “anacional”. Esto es cierto a grandes rasgos.

Profundizando un poco más,  el desarrollo de las ideas anarquistas con respecto al territorio nace con Proudhon y el federalismo. Su fusión con las ideas de Bakunin sientan la base doctrinal del anarquismo en este tema. Al respecto, un texto muy clarificador es “Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera”” de Daniel Guérin.(7) En aquella época todas las facciones del movimiento obrero se declaraban como internacionalistas y así se organizaban, en una organización internacional por todo el mundo hoy conocida. Pero el internacionalismo proletario que se practicaba entonces residía en los términos bakuninianos de solidaridad entre pueblos, entre naciones, en vez de en la negación de los pueblos y las naciones como hay quién afirma hoy(8).

Lo que sucede después de las obras de Bakunin es la irrupción en la historia de lo anárquico de la teorización de un individualismo que lleva consigo la asimilación de la idea, muy extendida en la Europa de finales del siglo XIX, del cosmopolitismo. En la práctica, esto supone una superación del internacionalismo proletario por otra tendencia, anacionalista esta, si bien es cierto que los herederos de la tendencia cosmopolita se han seguido reivindicando como auténticos internacionalistas al igual que hicieron tendencias autoritarias y estatistas. Uno de los vehículos transmisores de este cosmopolitismo sería el Esperanto, que se asume como parte del programa político y de la práctica culturas del movimiento libertario como muestra de la aceptación de la propuesta anacional.

El cosmopolitismo, de origen en la Grecia clásica, se adopta de la mano de la visión progresista que a posteriori ha dado origen al desarrollismo y que en ocasiones este utiliza como muestra efectos positivos del desarrollo planetario de la industrialización. Además, aunque encuentra réplicas en otras líneas culturales del planeta, esta corriente es fuertemente eurocéntrica y basada en el caso europeo, lo que lleva a sus defensores anarquistas a obviar situaciones en las que el cosmopolitismo se ha podido alinear con la dominación estatal (9). El cosmopolitismo ha ido evolucionando dentro del anarquismo ibérico en una especie de comodín frente a la problemática territorial e identitaria que se ha desarrollado a nuestra sociedad especialmente desde el tardo-franquismo. En este sentido, son de máxima vigencia las observaciones sobre la actitud del anarquismo ante la cuestión nacional que hace A.M. Bonnano en 1976 en el texto “Anarquismo y lucha de liberación nacional.” En él apunta que se padece de un universalismo heredado del cosmopolitismo que además de pecar de idealismo y ahistoricismo nos aleja de los conflictos prácticos, que en aquella época y a los que el texto se refiere son de corte anti-imperialista(10).

De esto nos podemos hartar a ver ejemplos en la península ibérica. De entre todos estos ejemplos merece la pena destacar, por lo completo del texto, el monográfico “Que ardan todas las patrias” del Grupo anarquizante Stirner. En él, se hace un repaso de la historia del anarquismo y de lo que ellos llaman la unión de nacionalismo e izquierda para inmediatamente cargar con furia contra todos los regionalismos y nacionalismos ibéricos que no son ni español ni portugués. Evidentemente esto no quiere decir que apoyen lo que obvian en criticar, pues esa crítica va implícita. Lo que descalifica la obra es la falta de rigor histórico que supone, por poner un solo ejemplo, considerar a todo el espectro independentista que se ha desarrollado especialmente en los Paises Vascos y Catalanes como una unidad uniforme heredera de los primeros regionalismos burgueses o tradicionalistas pero disfrazada tácticamente de izquierdas sin una mayor explicación de cómo cinco décadas de represión y recuperación han ido conformando unos movimientos populares amplísimos. Para entender esta postura hemos de partir de la máxima que afirma que todas las identidades populares construidas a lo largo de la historia son cómplices en potencia o en acto de la dominación estatal. Su propuesta territorial pasa por un federalismo ideal, al que los individuos se agregan por propia voluntad y sin ningún tipo de influencia ni injerencia social o histórica (11).

Esta muestra no es una anomalía sino que es una opinión muy representativa de la propuesta respecto a la territorialidad y a las identidades que hacen suya muchos anarquismos hoy en día: barrer con absolutamente todo lo anterior con un movimiento revolucionario que tenga como elemento agregador sólo la idea de revolución independientemente de las particularidades de la revolución en cada territorio.

También es cierto que en la península vemos en algunos territorios como se han alzando ciertos anarquistas que defienden la autodeterminación de unos pueblos que ellos afirman están reivindicándose como tal. Gente como los catalanes de Negres Tempestes o los vascos de anarkherria, se baten en medio de un movimiento popular muy identitario y en los que predominan políticamente las corrientes estatistas para introducir discursos anarquistas haciendo una suerte de anarco-independentismo que peca de hacer un cierto seguidismo del independentismo mayoritario en cuanto a lo identitario o lo territorial.

Pero no son estas las únicas propuestas y reconocerlas nos puede permitir abrir un debate amplio como movimiento que nos sirva para perfilar posiciones que vayan más allá de las trampas estatistas. En el anteriormente citado texto de Xabier Oliveras hay un apartado muy interesante sobre la construcción de una territorialidad e identidad anárquica, en el que se propone nada menos que reivindicar como geografía e identidades anárquicas todas las expresiones históricas que hayan compartido los principios de autonomía, libertad, autodeterminación…que a lo largo de la historia han sido múltiples y diversas (12). No falte decir que la ausencia en estas territorialidades anárquicas de dominación estatal o capitalista no exime de otras dominaciones como la patriarcal o la especista, por lo que los ejemplos puestos no son perfectos en sí mismos, pero sí valiosos indicadores. Así, su propuesta pasa por generar una red de territorios e identidades anárquicas, autónomas y sobre todo autodeterminadas.

Por otro lado, quienes se llevan a cabo prácticas antidesarrollistas están generando una visión del territorio y de la territorialidad fuertemente vinculada a las tradiciones populares de autosuficiencia económica y en abierta hostilidad al modelo territorial del desarrollismo antes expuesto. Esta visión del territorio, ampliamente explicada en la obra reciente de Miguel Amorós y en revistas como Argelaga, propone avanzar hacia un territorio con un medio rural más densamente poblado y autosuficiente así como por unas ciudades que no sean la superposición de personas y mercancía sino lugares caracterizados por sus amplios espacios públicos. Esta concepción de la territorialidad está enmarcada en la cosmovisión del ecologismo con fuertes ascendencias Kropotkinianas, como el modelo de ecología social propuesto por Bookchin.

Concluyendo.

Quien aspire a transformar la realidad debe conocer esa misma realidad en que se desenvuelve. Es por ello que los análisis sobre los fenómenos identitarios y territoriales deben volver a nuestros medios sin idealizaciones ni autocomplacencias y evitando la trampa estatista de vincularlo todo al “hecho nacional”. Saber reconocer las poblaciones tal y como son en esta época, fruto de largos procesos de dominación estatista y capitalista y por supuesto de resistencias centenarias. Este conocimiento nos será indispensable para conocer los potenciales advenimientos de los fenómenos fascistas que siempre, en tanto que nacionalistas, nacen de la manipulación de esas identidades existentes. Pero este análisis no sólo nos sirve de manera defensiva. Con él podremos, desde lo local y lo comarcal, trazar estrategias que nos permitan ir construyendo esos territorios e identidades anárquicas, por supuesto, en base a lo ahora existente y no con castillas en el aire.

El objetivo, y esto es común a todo lo anárquico, es la construcción de nuestras comunas. Comunas en las que autodeterminarnos frente a capital, estado, patriarcado, especismo, industrialismo…en suma, frente a toda dominación. Y comunas con las que federarnos siendo iguales, autónomos y soberanas.

Valladolid. Julio de 2013.

@botasypedales

Notas:

(1) El presente texto está escrito desde la óptica del anarquismo ibérico y en un ambiente social castellano, por lo que muchas de las afirmaciones estarán referidas a este contexto.

(2) Miguel Amoros. El Sabor de la Tierruca. de Perspectivas antidesarrollistas 2011:

“Territorio es el espacio geográfico donde ocurren todas las actividades humanas. Lo que llamamos territorio es un hecho histórico; en la medida en que la humanidad interacciona con él. Encontramos historia en cada uno de sus rincones, que podemos seguir en las variaciones del concepto de naturaleza dominantes en cada época, en las distintas representaciones filosóficas o religiosas de la idea. Vida, trabajo, instituciones, economía, naturaleza, forman un todo articulado. Las ciudades también son inseparables de los pueblos, los campos, los bosques y las montañas.”

(3) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“La identitat territorial, en tant que construcció social, no és neutral[…] Amb aquell sentit és fàcilment utilitzada com a mecanisme de poder i dominació, d’espai i persones, per part dels individus i grups socials que exerceixen el domini. Especialment pel que es refereix al control de persones (en totes les vessants: social, corporal, intel·lectual…) Pot dir-se que constitueix una pràctica biopolítica i anatomopolítica…”

(4) Rudolf Rocker. Nacionalismo y Cultura. Libro 1 capítulo 4.

“Un pueblo es el resultado natural de las alianzas sociales, una confluencia de seres humanos que se produce por una cierta equivalencia de las condiciones exteriores de vida, por la comunidad del idioma y por predisposiciones especiales debidas a los ambientes climáticos y geográficos en que se desarrolla. De esta manera nacen ciertos rasgos comunes que viven en todo miembro de la asociación étnica y constituyen un elemento importante de su existencia social. Ese parentesco interno no puede ser elaborado artificialmente, como tampoco se le puede destruir de un modo arbitrario, salvo que se aniquile violentamente y barra de la tierra a todos los miembros de un grupo étnico. Pero una nación no es nunca más que la consecuencia artificiosa de las aspiraciones políticas de dominio, como el nacionalismo no ha sido nunca otra cosa que la religión política del Estado moderno.”

(5) M. Bakunin. Patria y Nacionalidad.

“La patria, la nacionalidad, es como la individualidad, un hecho natural y social, fisiológico y al mismo tiempo histórico; no es un principio. Solo puede darse el nombre de principio humano a aquello que es universal, común a todos los hombres; pero la nacionalidad los separa; no es por lo tanto, un principio. Principio es el respeto que todos debemos tener para con los hechos naturales, reales o sociales. Y la nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos.”

(6) Los amigos de Ludd. Notas preliminares. De Antología de Textos de los Amigos de Ludd.

“La industria no es, en ese caso, un mero sistema de producción entre otros, no significa una majestuosa adecuación de medios a fines según el sentido de los intereses reales de la sociedad. La industria y su robusta ideología, el industrialismo, significa la dominación tecnificada de los medios del capital para los fines del capital, a costa del sometimiento de lxs trabajadores y de la explotación irracional de los recursos naturales. La industria no es simplemente un medio, sino EL medio objetivo del capital donde éste consigue intensificar la producción y dirigirla hacia su rentabilidad máxima, mientras incorpora a lxs trabajadorxs a la actividad ciega de las máquinas y no al contrario”

(7 ) Daniel Guérin  Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera” de Por un marxismo libertario.

“Siempre es muy difícil separar a Bakunin de Proudhon, por cuanto Bakunin conocía a fondo la obra de Proudhon y seguí sus puntos de vista, pero los desarrollaba, los mejoraba, los superaba. Uno de los temas en los que precisamente Bakunin se alejó más de las clases de Proudhon, es el del federalismo. Bakunin, mucho más que Proudhon o, en todo caso, mucho más lúcidamente que él, elaboró un concepto de autodeterminación y el derecho de secesión que, según el, era la única forma de garantizar una verdadera unidad, porque sólo a partir del momento en que un pueblo tiene el derecho y la libertad de asocial su destino a otro pueblo, puede, por un acto de libre voluntad, asociar su destino al de otro pueblo. Creo que esta noción bakuniniana tiene una indudable importancia histórica, porque no fue directamente de Proudhon sino de Bakunin de donde extrajo Lenin su concepción de la liberación nacional y, sobre todo, su teoría de lo que hoy llamamos “descolonización”. No creo, por consiguiente, que se pueda decir una sola palabra sobre el federalismo de Proudhon sin mencionar los complementos indispensables que le aportó Bakunin. Bakunin precisó también el pensamiento de Proudhon: subrayó el hecho de que el federalismo en sí no era específicamente revolucionario, que la parabra “federalismo” puede cubrir toda clase de mercancías, reaccionarias o contrarrevolucionarias. Basta con evocar por ejemplo el regionalismo francés de un Charles Maurras. Basta con evocar como en los EEUU de hoy, los esclavistas del sur explotan el federalismo de la constitución, los famosos “derechos de los estados”, para impedir la emancipación de los negros. Bakunin proclamó con energía que sólo el socialismo puede aportar un contenido revolucionario al federalismo.

Pi i Margall fue un proudhoniano regionalista español, y son precisamente los equívocos que se encuentran en la obra de Proudhon sobre el Principio federeativo, lo que hizo posible que unos burgueses regionalistas como Pi i Margall y los suyos se dijesen, de buena fe, discípulos de Proudhon. En cambio, Bakunin y sus amigos, especialmente durante el corto episodio de la I república española de 1873, mantuvieron siempre las distancias frente a Pi i Margall y los cantonalistas, precisamente por que les reprochaban el contenido burgués y no socialista revolucionario de su regionalismo. Hay aquí, pues, una confusión que Bakunin contribuyó a acalarar.

Proudhon no entendía la cuestión nacional, en absoluto, y lo demuestra en el caso de Polonia. Bakunin, en cambio, apoyó a fondo la rebelión polaca de 1863. Pero no tomaba aquella posición desde un punto de vista de un nacionalismo estrcito. A sus ojos toda revolución de independencia nacional ajena al pueblo y que, por tanto, no podría triunfar sin apoyarse en una clase privilegiada, tendría que hacerse contra el pueblo y, por consiguiente, sería un movimiento retrógrado, funesto y contrarrevolucionario. Y Bakunin concluía que “La cuestión nacional se borra históricamente ante la cuestión social, fuera de la revolución social no hay salvación”.

(8)Capi vidal .El internacionalismo como aspiración moral y política REFLEXIONES DESDE ANARRES 6-abril-2013

“Desde el punto de vista ácrata, es tan sencillo como considerar que las fronteras políticas, las naciones, son una evidente consecuencia de la existencia de Estados; por lo tanto, las naciones y las identidades colectivas son también fruto de una degeneración autoritaria y violenta de la sociedad.[…] En el anarquismo, a diferencia del marxismo y su visión histórica, se considera el internacionalismo o cosmopolitismo como un hecho natural y, sobre todo, como una exigencia ética”

(9) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Així, per exemple, James C. Scott (2009) mostra que la construcció dels espais estatals a l’Àsia sud-occidental anteriors al colonialisme es basava més aviat en una identificació directa amb el projecte estatal i la possibilitat d’enriquir-se, sense recórrer a la imposició d’una única identitat etnolingüística com a fonament principal, d’altra banda estructurada a l’entorn de la religió i l’agricultura. L’existència d’un cosmopolitisme simbolitzava l’èxit de la construcció de l’estat, en tant que indicava la captació de diferents col·lectius.”

(10) Alfredo Maria Bonanno Anarquismo y lucha de liberación nacional 

“El anarquismo es internacionalista, su lucha no se confina a sí misma a una región o un área del mundo, sino que se extiende a todos los lugares donde el proletariado lucha por su propia liberación. Esto requiere una declaración de principios que no sean ni vagos ni abstractos, sino concretos y bien definidos. No estamos interesados en un humanismo universal […]

Hoy en día aún quedan, incluso entre anarquistas al enfrentar el problema de la nacionalidad, residuos de razonamiento idealista. No sin razón, el anarquista Nido escribió en 1925: “El desmembramiento de un país no es considerado un ideal deseable para muchos revolucionarios. ¿Cuántos camaradas españoles aprobarían la histórica desaparición de España y su reorganización entorno a una base regional constituida por grupos étnicos castellanos, vascos, gallegos y catalanes? ¿Se resignarían los revolucionarios alemanes a un desmembramiento parecido al tipo de organización libertaria que estuviese basada en los grupos históricos de Baviera, Baden, Westfalia, Hannover, etc.? Por otro lado, a estos camaradas con completa seguridad les gustaría ver el desmembramiento del actual Imperio Británico, y una libre e independiente reorganización de sus colonias en Gran Bretaña (Escocia, Irlanda, Gales) y en el extranjero, ¡lo que no sería agradable para los revolucionarios ingleses! Así son los hombres, y en este sentido, en el curso de esta última guerra (la 1ª Guerra Mundial), vimos la coexistencia del concepto de nacionalidad en su sentido histórico, al lado de las reivindicaciones de los anarquistas.” (Obviamente se refiere a Kropotkin y al Manifiesto de los Dieciséis).
Nido hace referencia a un estado mental que no ha cambiado demasiado. Incluso hoy en día, ya sea por la persistencia de ideales iluministas o masónicos en una cierta parte del movimiento anarquista, ya sea por la pereza mental que saca a muchos compañeros de los problemas más candentes y los lleva a aguas menos turbulentas, las reacciones respecto al problema de la nacionalidad no son muy diferentes de aquellas descritas por Nido.
En sí mismo el problema no nos concerniría demasiado, si no fuera porque tiene una salida histórica precisa, y porque la falta de claridad tiene efectos extremadamente negativos en muchas de las luchas reales que se desarrollan. En definitiva, el problema de la nacionalidad se mantiene a un nivel esencialmente teórico, mientras que la lucha por la liberación nacional está tomando, y cada vez más, una relevancia en la práctica considerable.[…]

Los anarquistas deben proporcionar todo su apoyo, concretamente en la participación, teóricamente en los análisis y estudios, a las luchas de liberación nacional. Esto debe empezar desde las organizaciones autónomas de los trabajadores, con una visión clara de las posiciones enfrentadas de clase, que ponga a la burguesía local en su correcta dimensión de clase, y prepare la construcción federalista de la sociedad futura que vendrá tras la revolución social. Bajo estas premisas, que no dejan lugar a determinismos ni idealismos de especies varias, cualquier instrumentalización fascista de las aspiraciones de los pueblos oprimidos puede ser fácilmente combatida. “

(11) Grupo Anarquizante Stirner. Que ardan todas las patrias. 2011

“En consecuencia, el federalismo ácrata no debe tener en cuenta los intereses de ninguna nación pequeña, mediana o grande, independizada o por independizar, sino la libertad del individuo. De hecho, desterrada la idea de nación, la articulación del territorio bajo un sistema federal y anarquista debería llevarse a cabo sobre bases funcionales y prácticas teniendo en cuenta las necesidades concretas (materiales e intelectuales) de los individuos y no abstracciones metafísicas como la “patria” o la “etnia”, o incluso, puesto que vivimos una realidad cada vez más cosmopolita, la “cultura”. Todo ello implicaría borrar las fronteras y los nombres de las antiguas naciones (términos como España, Euskadi, Galicia, Cataluña, etc. Deberían pudrirse en el basurero de la historia). Desde aquí proponemos rescatar el tipo de nomenclatura universalista, válida para toda la humanidad, que emplearon los socialistas “utópicos” para nombrar los primeros experimentos de vida comunal. ¿Por qué no Nueva Armonía en honor a Owen? ¿O Progreso? ¿O Libertad? ¿O Igualdad? ¿O Fraternidad?”

(12) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Al llarg del temps i a tot arreu, diferents col·lectius han posat en pràctica territoris i altres estructures de pensament per a concebre’ls. Seguint els passos de Kropotkin (1989) o de Harold Barclay (1982), són espais anàrquics els territoris d’aquells pobles sense estat ni govern (com els hazda), dels que fugen i eviten reproduir les relacions de domini (quilombos i palenques), dels que reclamen espais d’autonomia (passeries, escartons i ciutats lliures medievals) i, amb l’etiqueta d’anarquista, aquells que creen colònies llibertàries, col·lectivitzacions o centres socials okupats.”

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