Enlaces del mes: Julio 2014

  • ¿Cuál puede ser el aporte del movimiento libertario a una transición post-capitalista? A esta pregunta nos responde Emilio Santiago en su blog Los Niños Perdidos. Donde podemos leer: la acción anarquista siempre ha sido una militancia ligada a los movimientos de masas y las grandes luchas sociales.  Y esto significa, sencillamente y aunque no nos encontremos del todo cómodos, estar ahí, como dice Jorge Riechmann en una reflexión ética y poética cargada de sentido político: tenemos que estar ahí y participar no en el mejor de los procesos revolucionarios, no en la verdadera lucha que siempre parece que está ausente (como decía Rimbaud de la verdadera vida), sino en estos procesos y en estas luchas, que son los que tenemos y los que decidirán las cosas. También leemos en este blog una reflexión del autor sobre el manifiesto Última Llamada, que pretende llamar la atención sobre la urgente cuestión ecológica y que se presentó a principios del mes de julio con un importante apoyo de figuras mediáticas de la izquierda.
  • El manifiesto de la asamblea Orgullo Madrid 2014 en defensa de la diversidad sexual y de género y contra la precarización de nuestras vidas.
  • En el diario La Jornada, Raúl Zibechi nos relata el legado de represión dejado por el mundial de la FIFA en Brasil.
  • Rafael Narbona se pregunta en La Haine: ¿Es Podemos una alternativa de izquierdas?
  • Cooperativas, sindicatos, municipalismo, pueblos recuperados… ¿Con qué herramientas contamos para la superación del Estado? Leemos al respecto en alasbarricadas.org: Es decir, que siendo “posibilistas” respecto a lo que tenemos aquí y ahora, en realidad hay varios organismos que si se coordinaran en un proyecto coherente en realidad podrían gestionar la sociedad. Se necesitan grandes dosis de formación en todos los niveles, y de voluntad de derrotar el Estado, y no dejarlo a un lado. La lucha es multifacética y debe construir sus propias instituciones post-revolucionarias a partir de lo que hay. Este es el reto de nuestros días.
  • La soberanía alimentaria es la base para una autonomía popular real, nos lo argumenta Concepción Cruz en Borroka Garaia Da.
  • En La Marea, Antonio Baños repasa cómo las empresas tecnológicas, bajo la fachada del consumo colaborativo y el buen rollo, imponen entre las personas el capitalismo más salvaje.
  • ACTUALIZACIÓN: Entrevista a Francisco Sainz, del Frente de Estudiantes Libertarios (FEL) en El Desconcierto.

 

 

Enlaces del mes: Junio 2014

En La Marea, Anita Botwin hace un breve repaso del mes de junio, desde la imposición de un nuevo monarca a la mayoría a la entrada en prisión de Carmen y Carlos.

Desde Colombia nos llega una ponencia sobre la organización anarquista, presentada en el marco de las 3ras jornadas comunistas libertarias: «los anarquistas que nos pensamos construir socialmente estamos en el deber no solo de trabajar para organizarnos sino de estar dispuestos a construir con las demás anarquistas, con el resto de la izquierda y en general con la gente a nuestro alrededor. No tenemos por que estar de acuerdo en todo para trabajar juntos, podemos construir desde pequeñas afinidades, y con aquellas con que tengamos más afinidades planear más proyectos conjuntos.«

Una crónica del juicio a los encausados por rodear el Parlamento catalán. La encontramos en el periódico anarquista Todo por Hacer.

Una historia sobre la otra cara del mundial: La copa del pueblo: «La cronista de Pikara estuvo en la otra Copa, la del carnaval callejero en la que quienes no tienen nada se dan el lujo de compartir todo.«

La cronista de Pikara estuvo en la otra Copa, la del carnaval callejero en la que quienes no tienen nada se dan el lujo de compartir todo. – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2014/06/la-copa-del-pueblo/#sthash.EDELoqOT.dpuf
La cronista de Pikara estuvo en la otra Copa, la del carnaval callejero en la que quienes no tienen nada se dan el lujo de compartir todo. – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2014/06/la-copa-del-pueblo/#sthash.EDELoqOT.dpuf

Cerámica Neuquén (Argentina) será reactivada bajo control obrero después de 100 días de huelga.

Ya podemos escuchar el programa 33 de Radio Toma la Tierra, cargado de contenidos: Transgénicos, Candeleda en lucha, música antifracking y otras noticias y convocatorias. Sobre transgénicos, agricultura industrial y campesinas también nos habla Silvia Ribeiro en su artículo A Desalambrar: «se desprenden seis conclusiones: 1) la vasta mayoría de los que proveen alimentos son productores de pequeña escala, cada vez menos y más pequeños; 2) las campesinas y campesinos están confinados a un cuarto de la tierra agrícola global; 3) se están perdiendo más parcelas campesinas, mientras crecen grandes instalaciones agrícolas industriales; 4) las campesinas y campesinos proveen la mayor parte de la comida en el mundo; 5) las parcelas campesinas son en general más productivas que las grandes granjas industriales y 6) la mayoría de los campesinos son en realidad, campesinas.«

Añoranza de un pasado que no volverá, en Borroka Garaia Da!, que habla sobre las alternativas socialistas para los trabajadores y la necesidad de profundizar en las transformaciones sociales sin competir en los mismos términos que el capitalismo.

Por último, un pequeño video, fragmento de la película Samsara, que sin decir nada nos cuenta mucho sobre la producción industrial y el consumo.

Transgénesis, ¿Sólo una herramienta?

Últimamente hay demasiados intentos por lavar la imagen de los transgénicos y parece que la opinión general comienza a aceptarlos con mayor facilidad. Por ello, desde hace algún tiempo tenía la intención de escribir algo al respecto. En este artículo trataré los transgénicos únicamente desde el punto de vista agronómico.

Antes de hablar sobre los impactos ambientales y sociales que producen (esto me lo reservo para otra ocasión) me ha parecido oportuno desmontar el principal argumento que enarbolan sus defensorxs: la seguridad alimentaria. Demasiadas veces he oído ya que el problema de los transgénicos es que están en manos de multinacionales que sólo buscan el beneficio, pero que en el fondo son una herramienta más que deberíamos aprovechar. Se argumenta también que los transgénicos sólo son un paso más en la relación del ser humano con la naturaleza, y que llevamos miles de años modificando el genoma de las plantas y los animales por medio de la selección artificial.

Es verdad que la mayor parte de los ecosistemas están antropizados, somos parte de ellos y necesariamente dejamos nuestra huella. Sin embargo hay diferencias fundamentales entre la evolución de un organismo por medio de la selección artificial y la evolución de otro por transgénesis. La evolución del primero es larga, continua y adaptada al ambiente, y no se modifica en esencia la naturaleza del organismo. Se produce por medio de la selección dentro de una misma variedad o por cruce con organismos evolutivamente emparentados. Este tipo de selección supone una relación más estrecha con la naturaleza y no requiere de medios tecnológicos para su aplicación.

En cambio el organismo que evoluciona por transgénesis lo hace de una forma disruptiva, instantánea, sin adaptarse al ambiente. El gen o genes insertados pueden provenir de un organismo emparentado evolutivamente o de uno que lo esté en mucha menor medida, y pueden llegar a cambiar radicalmente la naturaleza del organismo modificado. Además la secuencia genética introducida en el organismo está diseñada para insertarse tanto en el genoma del organimo en cuestión como en cualquier otro genoma, lo que supone un riesgo de transmisión horizontal, es decir de contaminación genética. Este tipo de evolución direccionada es muy propia de una visión reduccionista y antropocéntrica de la naturaleza.

A todxs nos han contado mil veces que los transgénicos tienen un mayor rendimiento. Es cierto que en muchos casos la producción que obtienen por hectárea es mayor, pero a costa de externalidades como los fitosanitarios, los fertilizantes sintéticos y la maquinaria este tipo de cultivos tiene un coste territorial mucho mayor. El rendimiento energético de estos cultivos tan industrializados es bajísimo. Las kilocalorías introducidas en el sistema apenas superan las kilocalorías recogidas en la cosecha.

La escasa eficiencia energética de los cultivos de transgénicos está relacionada con el hecho de que son cultivos altamente industrializados, no con la trangénesis de la planta. En el hipotético caso en el que consiguiésemos hacernos con el control de los laboratorios y pudiésemos hacer plantas transgénicas a voluntad, si quisiemos hacer una agricultura que tratase de respetar el medio ambiente habría ciertos problemas que serían de dificil solución:

  • Todas las plantas producidas serían genéticamente idénticas, por lo que nuestro sistema podría colapsar con facilidad cuando surgiese alguna plaga o enfermedad que afectase al cultivo.
  • Podría haber transferencia horizontal de los genes insertados a la planta a la microbiota del suelo y a la flora autóctona.
  • En el caso de producir plantas resistentes a una determinada plaga o enfermedad se podrían generar resistencias. Un claro ejemplo de esto es el maíz transgénico Bt, que se creó para evitar las plagas de escarabajos y sin embargo ya ha surgido un escarabajo resistente a la toxina producida por la planta (1). Los transgénicos, por el contrario, son organismos estáticos que no evolucionan con el medio.
  • Se producirían fenómenos de contaminación irreversible de otros cultivos por medio de la polinización.
  • A diferencia de las plantas cultivadas de forma tradicional, los transgénicos no han pasado por un proceso de adaptación ni de coevolución con el medio en el que van a desarrollarse. Se crean en un ambiente controlado y luego se exportan a miles de kilómetros para ser plantadas en un ambiente totalmente diferente. Si los transgénicos actuales pueden desarrollarse es por el pack tecnológico (herbicidas, fertilizantes sintéticos, funguicidas, insecticidas..) con el que van asociados. A igualdad de condiciones una planta transgénica no tiene nada que hacer frente a una seleccionada durante cientos de años.
  • Si por el contrario las plantas transgénicas manejadas siguiendo unos criterios “ecológicos” supusiesen, como alegan sus defensorxs, una mejora sustancial en la producción, implicarían también un mayor coste territorial ya que tendríamos que reponer los nutrientes extraidos con la cosecha. Para cerrar los ciclos de nutrientes y suplir las necesidades de los cultivos, se necesitaría abarcar un mayor territorio, y por lo tanto una mayor energía para el transporte de estos materiales.
  • Modificación de la microbiota del suelo, afectando a la relación entre las plantas y los microorganismos benéficos del suelo, responsables entre otras cosas de la fertilidad de los agroecosistemas y del equilibrio ecológico (2).
  • Incompatibilidad con otras biotecnologías, como las micorrizas, asociación simbiótica que tienen el 90% de las plantas y que mejora la captación de nutrientes y la protección frente a algunas enfermedades; o como los preparados de microorganismos que estimulan la formación de raíces o la descomposición de la materia orgánica.

Por último no hay que olvidar que los transgénicos suponen una tecnología altamente especializada. En el caso de que pudiesen ser manejados de acuerdo a los intereses de la sociedad y supusiesen una mejora cualitativa para esta, el simple hecho de que necesiten un alto grado de especialización generaría necesariamente una centralización de esta tecnología y una verticalidad en la toma de decisiones y se acabarían originando situaciones de poder.

Los transgénicos no son ni pueden llegar a ser una herramienta para conseguir la soberanía y la seguridad alimentaria de una forma respetuosa con el medio ambiente, y mucho menos dotarnos de la autonomía necesaria para conseguir la autogestión de nuestros proyectos.

Notas

  1. http://www.plosone.org/article/info:doi/10.1371/journal.pone.0022629#pone-0022629-g002
  2. http://aglr.agroknow.gr/organic-edunet/archive/files/3eff2e5ca92dfb371ff6d9ce7ce1964a.pdf

Definiciones

Coste territorial: Territorio necesario para sostener los procesos ecológicos (flujos de energía y materiales, y regulación natural de plagas y enfermedades) de un agroecosistema.

Principio de precaución: es un concepto que respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo.

Seguridad alimentaria: hace referencia a la disponibilidad de alimentos, el acceso de las personas a ellos y el aprovechamiento biológico de los mismos. Según la FAO, la seguridad alimentaria existe cuando todas las personas tienen acceso en todo momento (ya sea físico, social, y económico) a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cubrir sus necesidades nutricionales y las preferencias culturales para una vida sana y activa.

Soberanía alimentaria: es un concepto promovido por Vía Campesina que hace referencia a la facultad de cada pueblo para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria. En contraste a la seguridad alimentaria definida por la FAO, que se centra en la disponibilidad de alimentos, la soberanía alimentaria incide también en la importancia del modo de producción de los alimentos y su origen.

Unabomber, libertario y ecologista radical.

Vidas de laboratorio. Transgénicos

Al igual que es innecesario ser un catedrático y licenciado en ciencias políticas para hablar de anarquismo, tampoco hace falta ser estudiante de biología para tratar sobre este asunto, pues en los libros de texto dan conocimientos muy parciales y santifican la bio-tecnología como panacea. La falacia del progreso tecnológico ha contaminado hasta la biología. Con el pretexto de acabar con el hambre en el mundo, muestran a la opinión pública que modificar los genes de un organismo para que adquiera ciertas características, como resistencia a pesticidas y plagas así como un mayor crecimiento, no afecta a la biodiversidad ni a nuestra salud. No obstante, veremos que detrás de esas bonitas palabras, se esconden intereses económicos, como es la monopolización de la industria agroalimentaria.

Un transgénico es un organismo al cual se le introdujo un gen de otro para que éste adquiera una determinada característica que pueden ser, desde una mayor resistencia a pesticidas hasta variar su rendimiento. No obstante, hay que hacer una distinción entre lo que es la obtención de una nueva variedad mediante los cruces y lo que es implantar un gen extraído de una bacteria, planta o animal. En el primer caso, el nuevo individuo resultado del cruce, contiene una mezcla del 50% de los genes de sus progenitores. Mientras que en el otro, esa nueva “variedad”, denominada OMG (Organismo Modificado Genéticamente) o ‘transgénico’, no proviene de la unión de dos gametos masculino y femenino sino que ha salido de un laboratorio con un nuevo gen en su ADN. Los defensores de la bio-tecnología dicen que la modificación genética es igual que el método de los cruces pero siendo este primero, un proceso más rápido. Sin embargo, observamos claramente la diferencia entre un cruce natural y la introducción de genes de otras especies. No tienen nada en común, lo cual es una falacia para justificar su industria.

Todo tiene sus pros y contras. Así pues, la manipulación genética permite crear plantas más resistentes a condiciones climáticas, pesticidas, herbicidas, aumentar su rendimiento, reducir la cantidad de abono necesario, etc… No obstante, todo ello responde a principios productivistas que vienen dadas en el sistema capitalista, lo que quiere decir que la producción de transgénicos no está destinada a paliar el hambre en el mundo sino a crear nuevos mercados y aumentar las ventas. Como apunte antes de continuar, hay quienes alegan que los OMG en sí no son malos sino las multinacionales que monopolizan el mercado de las semillas transgénicas. Sin embargo, hoy por hoy nadie puede cultivar esas plantas porque están patentadas y porque dichos cultivos necesitan agroquímicos específicos para poder dar sus frutos y cosecharlos, con el añadido de que las nuevas semillas no pueden replantarse y solo se pueden adquirir de las multinacionales con derecho a comercializar las semillas transgénicas, lo cual, ese argumento no tiene validez alguna.

La proliferación de los transgénicos tiene un gran impacto medioambiental, las vastas tierras de América del Sur, la India y parte de África se están convirtiendo -de hecho ya lo son- en enormes campos de monocultivo de soja, algodón, arroz, maíz y otros productos, destruyendo miles de variedades locales y amenazando gravemente la biodiversidad -viene a ser aproximadamente, la cantidad de especies y variedades de seres vivos que conforman un ecosistema, siendo cuanto más variedades haya, más estable, mejor se defiende ante posibles plagas y mayor probabilidad de supervivencia de las especies que habiten en la zona- de esos lugares porque el polen de las plantas transgénicas puede llegar a contaminar las variedades no modificadas genéticamente que se encuentren cerca.  Añádase también, que los transgénicos son producidos mediante las técnicas de la agricultura moderna e industrial, es decir, utilizando inmensos campos de monocultivo, agroquímicos que contaminan suelos y aguas degradando la tierra en donde se cultiva, haciendo imprescindible el uso de fertilizantes, o sea, depender de la industria química.

Pese a sus supuestos puntos a favor, no es nada comparable a sus nefastos efectos negativos. El cultivo de transgénicos, a parte de atentar contra la biodiversidad de la región, arruina a los pequeños y medianos agricultores, amenazando también a la agricultura tradicional y ecológica, dejando sin tierra a miles de campesinos y comunidades indígenas obligándoles a, o que trabajen para otro en sus tierras robadas, se mueran de hambre o se marchen lejos. Además, la mayoría de los OMG se destinan a la elaboración de piensos para alimentar al ganado industrial, con que, lejos de resolver el problema del hambre del mundo, lo agrava, puesto que es en países en vías de desarrollo donde más hectáreas ocupan.

Sobre todo, el modelo de agricultura industrial junto a la proliferación de transgénicos ha supuesto la pérdida de la soberanía alimentaria del pueblo, esto es, nuestra capacidad de decidir qué y cómo obtener nuestros propios alimentos sin depender de otra institución o empresa opacos ante el pueblo. Hoy tenemos abundancia de alimentos y en Occidente se tiran toneladas de comida para mantener los precios mientras en el Sur muchos mueren de hambre. No obstante, el día de mañana todos pagaremos caro el precio tanto de la manipulación genética en laboratorios como su modelo industrial. Existen alternativas al uso de OMG y una de ellas es la permacultura, un sistema de cultivo que trata de imitar la naturaleza, es decir, en crear un mini-ecosistema productivo que satisfaga nuestras necesidades alimenticias sin depender de industrias químicas ni laboratorios biotecnológicos.

Nota: este artículo-ensayo fue publicado en Sección Libertaria, pero a raíz del cierre de mi blog, he decidido rescatarlo y publicarlo aquí, eso sí, con algunas modificaciones.