Reflexiones sobre capital-trabajo

El siguiente texto solo pretende presentar de forma muy general, la teoría utilizada por un grupo procedente de Alemania ligada a las revistas “Krisis” y “Exit!” que creo puede ser relevante. Este grupo está encabezado por Robert Kurz y Anselm Jappe, desvinculados de la academia. No voy a explicar el meollo del asunto porque es complicado y prefiero dejar bibliografía recomendada para que si alguien quiere pueda hacer su propio estudio del tema. Me centraré más en implicaciones y consecuencias que tendría este análisis en caso de ser cierto.

Su análisis se basa en la teoría del valor marxiana y afirmara que el secreto real del capitalismo estaría oculto tras el fetichismo de la mercancía. Esto implica que si se profundiza en el análisis de la “doble naturaleza” de las mercancías, se llega a la conclusión de que trabajo y capital no serían antagónicos sino que serían dos cara de la misma moneda. El funcionamiento del capitalismo entonces estaría fuera del control tanto de capitalistas como de trabajadores. Los capitalistas no serían “los padres de la criatura” y el capitalismo sería algo así como una fuerza autónoma que rige la totalidad vida de sus participantes de forma inconsciente. Esta forma de funcionar llevaría inscrita también su propia destrucción.

¿Que implicaciones tendría esto?

La primera paradoja es que la lucha de clases sería un subproducto de la misma lógica del capital. Robert Kurz llega a afirmar que esta lucha de clases ayudaría, de hecho, a corregir los desequilibrios de esta lógica. Por lo tanto superar el capitalismo, aunque no implicaría abandonar la lucha de clases, pero si supondría una superación de esta, nuevas estrategias. Pongo esta paradoja como la primera por lo dura y triste que resulta.

El segundo punto sería que el peso de la lucha habría que volcarlo hacia el lado del trabajo, es decir, aboliéndolo de manera radical, ya que el trabajo abstracto sería la única forma de crear valor y el verdadero motor de esta lógica suicida. Además por supuesto, del carácter de embrutecimiento y explotación inherente al trabajo, pero esto también sería algo secundario.

El tercer punto hace referencia al carácter autodestructivo del capitalismo: llega un momento en que el sistema deja de crear valor, se estanca, tiene que despedir trabajadores y el beneficio ya no es posible. Este colapso total de la economía real habría llegado en la época Reagan-Tatcher, en la cual se estableció una economía basada en las promesas de beneficios futuros (especulación y crédito) que permitiría seguir funcionando el capitalismo aunque de forma ficticia.

Por lo tanto nuestra época sería la era del fin de esa falsificación especulativa y esta sería la última etapa del capitalismo, pero esto deja un panorama bastante gris (siendo generosos): el capital ya no necesita trabajadores así que el paro aumentará de forma exponencial, los que tengan trabajo soportarán cada vez más los esfuerzos que exige la situación y pese a la gran cantidad de recursos la gran mayoría de la población, al verse fuera del sistema mismo, no podría acceder a esos recursos ya que el trabajo sería todavía la única forma de socialización válida. Algo así como una huida hacia adelante devastadora con todas las horribles consecuencias. El capitalismo moriría de éxito, y después de él no tiene porque venir el socialismo ni mucho menos.

Hacer frente al desastre

Quiero recalcar el énfasis de la crítica al trabajo que hacen este grupo de teóricos y lo ilógico y destructivo que sería pedir más empleo como solución. Abogan por una ruptura con las categorías básicas del capitalismo: patriarcado, estado, mercado, valor, dinero, capital y por supuesto trabajo.

Para esta ruptura sería necesario la creación de espacios que puedan regirse con otras formas de socialización, formar una “contrasociedad”. El estado no tendría su papel en estas nuevas luchas, ya que según los autores, la lucha contra el trabajo sería naturalmente anti política. También critican todas las formas de personalización del problema (ya sea dirigido a plutocracias judías, banqueros o al 1%) ya que no solo erraría en señalar la raíz del problema, sino que podría tener consecuencias peligrosas.

Personalmente creo que esto deja de manifiesto la importancia de la reflexión y de la teoría, o lo que algunos llaman de forma despectiva “talleres de lectura” y replantearse seriamente las constantes movilizaciones como forma efectiva de lucha.

Repito lo que dije al principio: esto solo son brochazos de lo que yo entiendo por crítica del valor. Si a alguien le parece muy confuso le pido disculpas pero señalaré la idea principal que creo que se debe profundizar: la verdadera lógica del capitalismo estaría oculta tras el fetichismo de la mercancía, por lo tanto sería obligatorio el estudio de este concepto.

Dejo enlazado textos y referencias para aquellos que quieran entender esto de verdad.

Bibliografía recomendada:

-Manifiesto contra el trabajo: http://www.krisis.org/1999/manifiesto-contra-el-trabajo
-Crédito a muerte de Anselm Jappe
-El absurdo mercado de los hombres sin cualidades
-Dos ponencias sobre el tema muy clarificadoras: https://www.youtube.com/watch?v=nFWNx7hpvwY y https://www.youtube.com/watch?v=QhbiORA7qpA

Anónimo

Apuntes sobre El Capital VI: Capital constante y capital variable

Propiedad del trabajo de conservar valor creando valor

Hallamos en el valor de un producto el valor de los medios de producción consumidos. Por ejemplo, el valor del algodón y las brocas en los hilos. El valor de los medios de producción se conserva y se transmite al producto por medio del trabajo. Esta transmisión depende del carácter específico del trabajo, que produce bienes útiles determinados a partir de los medios de producción necesarios.

Pero en el producto encontramos también un valor añadido al que ya portaban los medios de producción. El trabajador añade este valor como trabajo en general (como gasto de fuerza humana) no porque el trabajo tenga esta o la otra forma útil particular, sino porque ha durado cierto tiempo.

El acto de añadir valor al objeto de trabajo y el de conservar el antiguo en el producto son dos resultados distintos que se obtienen en el mismo momento. Esto es debido al doble carácter del trabajo.

Este doble carácter aparece claramente cuando consideramos una invención que permite trabajar, por ejemplo, tres veces más rápido. Supongamos que tras esta invención, en 6 horas hilamos 5kg de algodón, lo que antes nos llevaba 18 horas. La cantidad de valor añadida por las 6 horas de hilanza sigue siendo la misma, solo que ahora producimos 15kg de algodón en lugar de 5kg. De tal manera que el valor por kilo que nuestro trabajo genera es tres veces menor mientras que el valor por kilo aportado por la materia prima se conserva.

El medio de producción solo transmite al producto el valor que pierde, perdiendo su utilidad inicial. Esto es claro en el caso de las materias primas y auxiliares. Para el caso de las herramientas, se puede calcular su desgaste diario en función de su duración media.

Esto indica que aunque dicha herramienta entra integramente en el proceso de producción de un bien útil, no entra más que parcialmente (su desgaste) en la producción del valor. Del mismo modo, un medio puede entrar íntegro en la producción de valor y solo en parte en la producción del bien útil. Por ejemplo, si sabemos que al hilar 115kg de algodón, de media se pierden 15kg inevitablemente como deshecho, el valor de esos 15kg se transmite a los hilos (ese valor perdido es condición de la producción) aunque no lleguen a formar parte del producto útil resultante.

No transmitiendo los medios de producción al nuevo producto más que el valor que pierden bajo su antigua forma, solo pueden añadirle valor si ellos mismos lo poseen. Su valor no se halla determinado por el trabajo en que entran como medios de producción, sino por el trabajo de donde se derivan como productos.

Valor meramente conservado y valor reproducido y aumentado

Es la fuerza de trabajo en actividad, el trabajo vivo, lo que permite conservar valor añadiendo otro valor. El capitalista debe a esta propiedad la conservación de su capital. Las interrupciones del trabajo y otras crisis, deterioran su capital (sus materias primas, utensilios, etc.) al mantenerlos inactivos.

Recordamos que el valor de los medios de producción se conserva bajo los cambios de forma, que los objetos sólo desaparecen para revestir una nueva forma útil, siempre en el ejercicio de la producción. Recordamos también que la fuerza de trabajo, al ser consumida, no sólo reproduce su propio valor sino que produce también valor de más.

En la producción, la parte del capital inicial que sirve para obtener los medios de producción (materias primas o auxiliares e instrumentos de trabajo) no cambia la magnitud de su valor. El acto de la producción solo transmite ese valor a un nuevo objeto útil. A esa parte la llamamos capital constante.

La parte del capital transformada en fuera de trabajo transforma el valor en una nueva producción. En ese acto, por un lado, reproduce su propio valor y, por otro, produce un excedente, una plusvalía mayor o menor. Esa parte del capital la denominamos capital variable.

Apuntes sobre El Capital V: Producción de valores de uso y de la plusvalía

El trabajo en general y sus elementos

El uso o empleo de la fuerza de trabajo es el trabajo mismo. El comprador de la fuerza de trabajo la consume haciendo trabajar al que la vende para que produzca mercancías. Para ello, su trabajo debe ser útil, es decir, debe concretarse en valores de uso. El capitalista hace producir al obrero un valor de uso particular pero la intervención del capitalista no modifica la naturaleza misma del trabajo, por lo que vamos a examinar el movimiento del trabajo útil en general. Los elementos simples de un trabajo son los siguientes:

1. La actividad personal del individuo, o el trabajo propiamente dicho. Esta actividad constituye un gasto de las fuerzas de las que está dotado su cuerpo.

2. El objeto en que se ejerce el trabajo. Los materiales naturales a transformar (árboles, rocas…) o las materias primas, que son objetos sobre los que ya se ha ejercido un trabajo (tablones de madera, mineral lavado…)

3. El medio de trabajo. El conjunto de cosas que median entre el productor y el objeto de trabajo. La persona convierte cosas exteriores en órganos de su propia actividad, instrumentos auxiliares para realizar su acción. Además de estas herramientas, los medios de trabajo comprenden todas las condiciones materiales que, sin entrar directamente en las operaciones ejecutadas, son indispensables y cuya carencia haría defectuoso el trabajo.

En la acción del trabajo, la actividad del hombre efectúa, con ayuda de los medios de trabajo, una modificación voluntaria de su objeto. Esa acción tiene su fin en el producto terminado, es decir, en un valor de uso.

Excepto en la industria extractiva (minas, caza, pesca, recolección, tala…) en las demás ramas del trabajo entran materias primas (objetos sobre los que ya se ha efectuado un trabajo). El producto de un trabajo llega a ser así el medio de producción de otro. Además, el mismo producto puede ser la materia prima de diferentes operaciones (que dan lugar a diferentes productos) e incluso el mismo producto puede servir de medio de trabajo y de materia prima al mismo tiempo (por ejemplo el animal que, en la ganadería, funciona como materia prima trabajada y como medio de trabajo preparando estiércol). En definitiva, este carácter del producto depende del lugar que ocupa en el acto del trabajo y puede cambiar de carácter al cambiar de lugar.

El trabajo gasta los elementos materiales que lo constituyen y es también por ello un acto de consumo.

El movimiento del trabajo útil desde el punto de vista general (es decir, como actividad que tiene por objeto la producción de valores de uso) es una exigencia humana, común a todas las formas sociales.

El trabajo ejecutado por cuenta del capitalista

El capitalista compra en el mercado todo lo necesario para la realización del trabajo: medios de producción y fuerza de trabajo.

La naturaleza general del trabajo no se modifica por la intervención del capitalista, salvo por dos particularidades:

  1. El obrero trabaja bajo la inspección del capitalista, a quien pertenece su trabajo.
  2. El producto no es propiedad del productor inmediato, sino del capitalista.

La utilidad de la fuerza de trabajo del productor pertenece así al capitalista. De modo que este último ha añadido el trabajo, elemento activo del producto, a los medios de producción; es decir, a los elementos pasivos.

Análisis del valor del producto

Recordamos que en la producción mercantil (dirigida al mercado) el valor de uso (u objeto útil) solo sirve como portavalor: Lo esencial es que el objeto posea valor cambiable, pues es un objeto destinado a la venta, una mercancía. Recordamos también que el capitalista quiere que el valor de esa mercancía supere al valor de los medios de producción y de la fuerza de trabajo empleados para producirla. En definitiva, quiere producir no solo una cosa útil, sino ante todo un valor y un sobrevalor (o plusvalía).

Vamos a examinar ahora la producción desde el punto de vista del valor:

Vamos a producir 5 kilos de hilo y sabemos que el valor de esta mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que contiene. Por un lado, tenemos el valor inicial de la materia prima, por ejemplo, 5 kilos de algodón por valor de 13 €. Por otro lado, el valor del desgaste de los instrumentos empleados en la transformación del algodón a hilo, digamos que unos 3 €. Por tanto, el valor que la materia prima más el desgaste de los medios aportan al hilo es de 16 €. Falta averiguar qué valor aporta el trabajador hilandero al producto.

En relación al valor, es indiferente el género especial de trabajo o su objeto, lo importante es su cantidad; es decir, no importan las necesidades que el trabajo pretende satisfacer, sino el tiempo de trabajo. Recordemos también que el trabajo complejo no es más que cierta cantidad de trabajo simple y que el tiempo necesario en las condiciones ordinarias de la producción es el que determina la formación del valor.

Supongamos que el valor diario de la fuerza de trabajo, al realizarse la contratación del hilandero, se ha fijado en 4 €. Esta suma sería el equivalente al trabajo necesario para producir lo necesario para el sustento diario del trabajador. El trabajador aporta de ese modo un valor de 4 € al precio del producto.

Ajustemos ahora la cuenta del valor total del producto: a los 16 € anteriormente calculados habría que sumar los 4 € aportados por la fuerza de trabajo, dando un valor total de 20 € contenido en el producto. El precio final del producto (20 €) es equivalente al de los precios gastados inicialmente por la compra de los elementos integrantes del mismo: 13 € de materia prima, 3 € por desgaste de los medios y 4 € de la fuerza de trabajo. No se ha generado plusvalía y, en consecuencia, el dinero no se ha convertido en capital.

Diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que puede crear

El valor final de 5 kg de hilo es, por tanto, 20 €.

Supongamos ahora que el trabajador transforma 5 kg de algodón en 5 kg de hilo en media jornada. Eso no implica que no pueda trabajar la jornada completa o producir más: el valor que la fuerza de trabajo posee (el coste de las subsistencias que lo mantienen) y el que puede crear difieren en magnitud.

El trabajador, como todo mercader, obtiene el valor cambiable y cede el valor de uso. No puede obtener el primero sin entregar el segundo. En su venta, el valor de la fuerza de trabajo viene determinado por sus gastos de sostenimiento diario. En su uso, sin embargo, puede producir en un día más valor del que ha costado. Esta es la particularidad de la mercancía fuerza de trabajo y es lo que permite la creación de plusvalía.

El capitalista ha pagado el valor diario de la fuerza de trabajo. El hecho de que el sustento diario de esa fuerza solo cueste media jornada de trabajo pudiendo trabajar la jornada entera es lo que genera una producción de sobrevalor.

Volviendo al ejemplo: si el obrero encuentra en el taller los medios de producción necesarios para toda una jornada de trabajo, el valor total de las mercancías empleadas en la operación es de 36 €: 26 € por 10 kg de algodón, 6 € por el desperfecto de las herramientas y 4 € por la jornada de trabajo.

Sin embargo, con el precio de 5 kg de hilo establecido previamente (20 €, o lo que es lo mismo, 4 € el kilo) el precio final de los 10 kg producidos será de 40 €. De tal modo, los 36 € adelantados se convierten en capital, pues han generado una plusvalía de 4 €. Así pues, el problema de la transformación de dinero en capital está resuelto.

La transformación del dinero en capital

El capitalista compra en el mercado cada mercancía en su justo valor y luego, como cualquier comprador, consume su valor de uso. Siendo el consumo de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo, producción de mercancías, genera para el capitalista un producto: 10 kg de hilos por valor de 40 €. Tras ello, el capitalista vuelve al mercado como vendedor y vende el producto a 4 € el kilo, ni un céntimo más de su valor y, sin embargo, obtiene 4 € más de lo que había puesto.

En esta transformación del dinero en capital la circulación solo sirve como intermediaria. La fuerza de trabajo se vende en el mercado, pero es en la producción donde se revela como origen de plusvalía. Esta plusvalía, a su vez, no es más que la producción de valor prolongada más allá de cierto límite. Este límite viene marcado por el valor que porta la fuerza de trabajo en sí o, lo que es lo mismo, por el valor de las subsistencias necesarias para que un trabajador se mantenga durante una jornada completa.

Si la acción del trabajo durara solo hasta el momento en que alcanzara el valor de la fuerza de trabajo pagada por el capital, habría simple reproducción de valor. Al pasar de ese límite, hay producción de plusvalía.

Apuntes sobre El Capital II: De los cambios

Relaciones de los poseedores de mercancías

Para poner en contacto unas mercancías con otras, sus poseedores tienen que establecer mutuas relaciones, de forma que cada cual se apropia de la mercancía ajena entregando la propia, por medio de un acto voluntario común. Los poseedores deben reconocerse tácitamente como propietarios privados de las mercancías a intercambiar. Esta relación jurídica, cuya forma es el contrato, no es otra cosa que la relación de las voluntades que se refleja en la relación económica. En este caso, las personas solo existen a título de respresentantes de la mercancía que poseen.

Recordamos que por mercancía entendemos la producción destinada al cambio o venta. Para el dueño de una mercancía, esa mercancía no es un valor de uso, un objeto de utilidad. La única utilidad que le encuentra es que puede ser útil a otros: que es un instrumento de cambio y portavalor. Es un valor negativo que aspira a intercambiar por otras mercancías que satisfagan sus necesidades. Por tanto, la mercancía solo constituye un valor de uso tras el cambio, manifestando su utilidad para quien la ha adquirido. En definitiva, es necesario que las mercancías se manifiesten como valores antes de que puedan realizarse, mediante el cambio, como valores de uso.

Pero también es preciso que el valor de uso esté demostrado para que las mercancías constituyan un valor. Es decir, es necesario demostrar que el trabajo invertido en producirla haya generado algo útil.

Hay una contradicción en el proceso de cambio: Sólo cuando son útiles las mercancías pueden presentarse como valores pero, para el cambio, deben haberse presentado como valores antes de manifestar su utilidad. ¿Cómo satisfacer esta contradicción?

La relación de cambio engendra la forma moneda

Las mercancías solo pueden manifestar su carácter de valor y la cantidad de éste si se colocan sobre una base de igualdad con una cantidad determinada de cualquier cosa útil, cuyo valor esté ya demostrado. Esta mercancía que se utiliza como base de igualdad se convierte en moneda, como ya comentamos en la entrada anterior. La relación de cambio origina por necesidad la forma moneda.

El desarrollo histórico de la producción y el cambio ha impreso cada vez más a los productos del trabajo el carácter de mercancías (productos para otros). Una parte cada vez mayor de objetos útiles se han producido intencionalmente para el cambio. Es decir, que hasta en su producción los objetos se consideran únicamente mercancía. Y así, la necesidad de una forma palpable que permita comparar los objetos desde el punto de vista del valor (la forma moneda), se ha vuelto cada vez más natural.

La forma natural de la mercancía moneda queda así establecida socialmente como la única forma de existencia del valor.

La forma moneda se asocia a los metales preciosos

Algunas consideraciones adicionales sobre la mercancía que se ha convertido en forma moneda:

La relación social de cambio, que transforma al oro y la plata en moneda, no les da su valor. Estos ya tenían valor antes de ser moneda, pues servían de materia prima para fabricar numerosos artículos. La relación social de cambio solo imprime en estos metales la forma moneda, una forma especial de valor.

Como cualquier mercancía, la moneda puede expreser su propia cantidad de valor en otras mercancías. Basta leer en sentido inverso la tarifa de precios corrientes para encontrar su cantidad de valor expresada en todas las mercancías imaginables.

Apuntes sobre El capital I: La mercancía

Se entiende por mercancía la producción que está destinada al cambio o la venta y no a ser consumida directamente por el productor.

Valor de uso y valor de cambio

Por valor de uso entendemos la utilidad de una cosa, su capacidad para satisfacer una necesidad humana. Depende de las cualidades naturales y aparece en su uso o consumo.

La proporción variable en que las mercancías de especie diferente se cambian entre sí, constituye su valor de cambio.

Como valores de uso, las mercancías son de cualidad distinta pero como valores de cambio solo pueden ser diferentes en cantidad. Efectivamente, Las necesidades que satisface una mesa son de cualidad muy distinta a las que satisfacen un par de zapatos. Sin embargo, al cambio, podemos por ejemplo decir que una mesa vale tanto como tres pares de zapatos.

Si se prescinde de las propiedades naturales (del valor de uso de las mercancías) solo les queda una cualidad: la de ser productos del trabajo. Las mercancías revelan solamente que en su producción se ha gastado una fuerza de trabajo, es decir, que en ellas se ha acumulado trabajo.

Las mercancías son valores en tanto que son materialización de ese trabajo.

Magnitud del valor

La sustancia del valor es el trabajo. La medida de la cantidad de valor es la cantidad de trabajo.

El trabajo a su vez se mide por la duración, o sea, por el tiempo de trabajo. El tiempo de trabajo no considerándolo en un caso particular sino como término medio en unas condiciones sociales dadas. En definitiva, el valor viene determinado por el tiempo que exige un trabajo ejecutado conforme al grado medio de habilidad y de intensidad en las condiciones del medio social.

Esto supone que la magnitud del valor varía cada vez que se modifica la productividad del trabajo.

La productividad del trabajo depende, entre otras cosas, de la habilidad media de los trabajadores, de la amplitud y eficacia de los medios de producción y de circunstancias exclusivamente naturales. Si la productividad aumenta disminuyendo el tiempo necesario para la producción de una mercancía, el valor de esta disminuye. Recíprocamente, si la productividad disminuye, el valor aumenta. Ahora bien, independientemente de las variaciones de la producción, el mismo trabajo genera siempre el mismo valor. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. Intentaré explicarlo:

Digamos que con X trabajo producíamos Y mercancías. El valor de esas mercancías, que venía dado por el trabajo, era igualmente X, ya que la cantidad de trabajo es la magnitud del valor. Bien, ahora una mejora en los medios de producción supone que se pueda producir el doble con el mismo trabajo. En ese caso, con un trabajo de X obtendríamos 2Y mercancías (o lo que es lo mismo, con la mitad de trabajo seguiríamos obteniendo Y mercancías). El valor de esas Y mercancías se ha dividido entre 2, pasando a valer X/2. En cualquier caso, permanece siempre constante el hecho de que un trabajo de X genera un valor de X o, en este caso, un trabajo de X/2 genera un valor de X/2. Aunque los variaciones en la producción permitan que se produzca el doble, el valor de las mercancías se ve reducido a la mitad, lo que permite mantener constante la igualdad valor-trabajo.

Gracias a un aumento de productividad, hay aumento de riqueza material. Sin embargo, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo, porque aunque el número de objetos varíe, su valor se modifica para cumplir con la igualdad valor-trabajo.

A continuación matizaremos algunas cuestiones que han quedado en el aire:

Primero, es importante tener en cuenta que una cosa puede tener valor de uso sin ser un valor, es decir, sin ser una mercancía que acumula trabajo humano. Cualquier cosa que sea útil a las personas, pero que no provenga del trabajo de estas, entra en esta categoría. Como ejemplos podríamos nombrar el aire, la tierra o los prados. En definitiva, un valor de uso solo puede tener valor cuando se le acumula cierta cantidad de trabajo humano.

También una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin llegar a ser mercancía. Cuando el productor se limita a satisfacer sus propias necesidades, solo crea un valor de uso por cuenta propia. Para producir mercancía hay que producir valores de cambio, es decir, útiles con el objetivo de entregarlos al consumo general mediante el cambio. En consecuencia, el valor de cambio solo se expresa en la relación social del cambio.

Finalmente, un objeto inútil no genera valor de ningún tipo.

Doble aspecto del trabajo

Toda clase de trabajo implica un gasto físico de fuerza humana, siendo en este sentido cada trabajo de igual naturaleza. Por otra parte, dicho trabajo se acumula en cada caso en una forma productiva determinada (una mesa, unos zapatos, una caseta…). En este concepto de trabajo útil diferente, produce valores de uso o cosas útiles.

Este doble aspecto del trabajo es de alguna forma análogo al doble aspecto del valor. Por un lado el trabajo útil diferente, el del carpintero, el informático, el abogado o el médico, que remite en cierto modo al valor de uso, pues satisface necesidades humanas bien distintas. De otra parte, el trabajo como valor de cambio, que solo es diferente de otros trabajos en su magnitud.

Doble carácter social del trabajo privado

El trabajo privado también tiene un doble carácter social.

Por un lado, aunque ejecutadas independientemente, las diversas especialidades de trabajos útiles se manifiestan como partes (complementarias) del trabajo general destinado a satisfacer la suma de necesidades sociales. El resultado de esto es que, trabajando unas personas para otras, las obras privadas revisten un carácter social, ya que permiten satifacer las necesidades de todos.

Por otro lado, cada trabajo particular también tiene un segundo carácter social por su semejanza en tanto que trabajo. Dicha semejanza aparece en el cambio, esto es, en la relación social que coloca los distintos tipos de trabajo frente a frente y permite compararlos según una base de equivalencia.

Reduciendo toda clase de trabajo a cierta cantidad de trabajo simple

Trabajo simple sería el gasto de fuerza del organismo de una persona sin educación ni habilidades especiales. El término medio de trabajo simple puede variar según épocas o territorios, pero siempre puede determinarse en una sociedad dada.

Podemos así tomar este trabajo simple como base de equivalencia. De ese modo, el trabajo especializado o complejo no sería más que cierta cantidad de trabajo simple. Esta reducción se hace todos los días en todas partes, con el establecimiento de salarios mayores o menores en función del tipo de trabajo a desarrollar.

Forma de valor

En concepto de valores, todas las mercancías se expresan en la misma unidad (trabajo humano) y pueden reemplazarse mutuamente. Por consiguiente, una mercancía puede cambiarse por otra.

Pero en realidad, hay dificultades para el cambio inmediato entre mercancías. En consecuencia, una sola de ellas pasa a revestir la forma apta del cambio inmediato con todas las demás, estableciendo una forma especial de valor: la forma moneda, que simplifica la relación de cambio estableciendo una forma de valor común, una base de equivalencia.

En principio, este objeto único, forma oficial de los valores, podía ser una mercancía cualquiera. La especial, con cuya forma se ha confundido paulatinamente el valor, es el oro. De tal modo que, finalmente, todas las mercancías se reducen a cierta cantidad de oro. El uso de moneda en la relación de cambio parece hoy algo natural. Al expresar el valor de una mercancía en, por ejemplo, cantidad de tela, salta a la vista lo extraño de la afirmación. Pero cuando referimos la misma cantidad en oro o plata, euros o dólares, la proposición deja de sorprendernos. El resultado de esto es que no parece que una mercancía se haya convertido en moneda porque las demás expresen en ella su valor. Al contrario, parece que el resto de mercancías expresan su valor en esas mercancías determinadas (el dólar, el euro, el oro) solo porque es moneda.

Apariencia material del carácter social del trabajo

En definitiva, esta forma moneda o dinero contribuye a sugerir una idea falsa de las relaciones de los productores. Los productos del trabajo, que en sí mismos son cosas sencillas y fáciles de comprender, se tornan complicados, llenas de sutilezas y enigmáticos en cuanto se les considera como objetos de valor prescindiendo de su naturaleza física; en una palabra, desde que se convierten en mercancías.

El valor de cambio, que no es otra cosa que la manera social de contar el trabajo invertido en la fabricación de un objeto (por lo tanto, sólo es una realidad social) ha llegado a ser tan familiar para todos, que parece ser una propiedad intrínseca de los objetos, como la forma moneda para el oro (otra relación social que se ha naturalizado). Sin embargo, existen sistemas de producción en que la forma social de los productos del trabajo se confunden con su forma natural y en que los productos se presentan como objetos de utilidad bajo diversos conceptos, no como mercancías que se cambian recíprocamente.

Esa apariencia material que se da a un fenómeno puramente social convierte a los ojos de los productores su propio movimiento social, sus relaciones personales para el cambio de sus productos, en movimientos de las cosas mismas que los arrastra, sin que puedan dirigirlos. La producción y sus relaciones, creación humana, dominan al hombre en lugar de estarle subordinadas.