Apuntes para respirar más con el cerebro y menos con el corazón

Cada vez que estoy en un proyecto en el que me siento identificado, suelo ofrecerme para coger cargos de trabajo. No puedo explicarlo a ciencia cierta, pero es así. Me cargo de tareas, desarrollo ideas y propuestas… estoy en mi salsa como se suele decir. No siempre ocurre esto, lo de sentirme uno con el proyecto. En las pocas ocasiones en las que esto no pasó, bien porque dejé de sentirme identificado o porque en realidad nunca llegué a ser uno con el mismo, me disculpé por el posible daño que provoqué y abandoné el proyecto. Y ¿Cómo es que me di cuenta de que ese no era mi sitio? Pues tomando aire, me explico.

Normalmente entras en un colectivo, proyecto… bien por afinidad ideológica, afinidad práctica y/o amiguismo, es decir, si te gustan los principios e ideas que se defienden, si te gusta la actividad que se está teniendo y/o porque haces y/o tienes colegas en el mismo. El sumatorio de los diferentes grados de intensidad de cada uno de estos factores hará que te declines o no por dicho colectivo, proyecto… Esto es una vez ya has decidido en tu interior participar en algo, pero estas barajando en donde meterte dentro del “sector” (vivienda, estudiantil, laboral…). Las cuestiones del por qué decides “activarte” y cuál es el “sector” que eliges para meterte son conceptos interesantes a analizar pero que aquí no se tratan.

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Los perfiles de ejemplo son de sensibilidades muy características, no reflejan que solo existan estos tres tipos de perfiles

La actividad que vas a tener dentro del mismo también va a depender de cuál fue el factor, de los tres, que influyó más a la hora de tomar la decisión. Esto es así porque igual entraste solo por amiguismo saltándote las dos cuestiones anteriores: ¿Quiero activarme?, ¿Dónde?, y de esta manera lo más probable es que en un principio no te sientas identificada con el proyecto, colectivo… y acabes siendo un número más en un grupo de whatsapp que tienes silenciado. En el peor de los casos esto le podría ocurrir a alguna estudiante en sus primeras experiencias en el activismo, llevando a esta a abandonar su posible actividad en el movimiento estudiantil.

Pero vamos a suponer que estas dentro del proyecto y que los factores que más influyeron a la hora de entrar fueron, bien que te gusta su actividad o bien porque te gustan los principios e ideas que se defienden. En ambos de primeras sí que te vas a sentir identificada con el proyecto, colectivo… pero tu propia actividad, normalmente, tendrá sus matices.

Si el mayor empujón lo dio la actividad, seguramente tus propuestas e ideas girarán en cuanto a realizar acciones, actividades, campañas, jornadas… a cuestiones “prácticas” por así decirlo. Sin embargo, si fueron los principios e ideas las responsables de que estés ahí probablemente estarás más atenta a los análisis, estrategias y tácticas, es decir, a cuestiones “teóricas”. Esto no quiere decir que cada una solo se encargue de estas cuestiones, sino que destacan las posibles mayores sensibilidades que se pueden tener.

Al sentirte identificada y asumir como propio el proyecto, aunque no hayas formado parte de su fundación, tiendes a mirar la realidad con el corazón a parte de con el cerebro, por lo menos a mí es lo que me pasó en varias ocasiones. El problema de esto es que no te deja ver con claridad si el trabajo, tiempo y recursos que estas dedicando se corresponde con los resultados que obtienes del colectivo, proyecto… o lo que es lo mismo, mirar con el corazón y el cerebro te impide tomar aire y valorar, a priori, el rendimiento de tu actividad y la del colectivo, proyecto… en el que estas.

Valorar este rendimiento es muy importante, tanto por el objetivo por el que te estas moviendo, tanto por tu salud. Si, tu salud. Recuerdo estar en un proyecto, dedicándole cuatro horas al día, desde las doce de la noche a las cuatro de la mañana, teniéndome que levantar a las siete-ocho de la mañana para ir a clase y tras el paso del tiempo y poder tomar ese aire, darme cuenta de que estaba tirando mi trabajo, tiempo, recursos y salud en algo que no tenía ningún resultado real. Y ¿Por qué no lo pude ver antes? Porque eso que antes llamé corazón, desviaba parte del oxígeno que necesitaba mi cerebro y así no se puede pensar bien (no estudio ciencias puras así que no me fiaría mucho de esta explicación pero creo que se entiende la idea).

Una herramienta sencilla de aplicar que puede ayudar para valorar situaciones, tomar decisiones, o elegir entre alternativas, disminuyendo de manera efectiva el efecto opiáceo que hay en las mencionadas ocasiones, pueden ser los Análisis DAFO.

Para hacerlo lo primero es designar un Objetivo y elegir el Ambiente a analizar. A continuación se elabora una lista de las Debilidades (puntos flacos en el presente), Amenazas (consecuencias de los puntos flacos), Fortalezas (puntos fuertes en el presente) y Oportunidades (consecuencias de los puntos fuertes) del proyecto, colectivo… en un determinado Espacio-Tiempo. De esta forma las listas de Debilidades y Fortalezas se hacen mirando internamente el proyecto, colectivo… y las de las Amenazas y Oportunidades serán fruto tanto de las dos listas anteriores como de las posibles consecuencias del Entorno que rodea al Ambiente a analizar en ese determinado Espacio-Tiempo.

El resultado a analizar hay que valorarlo tanto cuantitativamente (el número de Oportunidades frente al de Amenazas) como cualitativamente, es decir, teniendo en cuenta la calidad o importancia de cada Oportunidad y Amenaza. Así mismo hay que sumarle el trabajo, tiempo y recursos que supondría el solucionar las Debilidades, desde una perspectiva realista.

Esta herramienta es eficaz y útil si se trata de ser exhaustiva a la hora de realizarla, dedicándole tiempo y esfuerzo, sin dejarse llevar por decisiones que ya se tengan tomadas de antemano. Si se tiene la oportunidad es mejor realizar el análisis en grupo.

Para terminar, comentar que tanto las veces que abandoné un proyecto, colectivo… porque dejé de sentirme identificado con el mismo, o porque en realidad nunca llegué a estarlo, me disculpé porque entiendo que en las primeras ocasiones, con el cese de mi actividad estaba dejando medio de lado a compañeras que dependían de mi trabajo, y en las segundas ocasiones, porque estaba ocupando un espacio y se esperaba de mi algo que no iba a aportar, creando esperanzas y/o restándole tiempo al colectivo, proyecto… para que encontrara a la persona adecuada para el sitio que yo ocupaba.

No obtuve la misma reacción siempre que decidí irme (las últimas veces con mi DAFO bajo el brazo). Unas veces perdí compañeras, otras veces compañeras se convirtieron en amigas, pero lo que si gané siempre fue en salud y oportunidades de seguir construyendo poder popular.

El papel de las egresadas

Durante los últimos años has estado estudiando mucho, agobiándote en las épocas de exámenes, pagando las matrículas una, dos, tres veces o más… igual te anotaste a la escuela de idiomas para sacarte el B2 de Inglés, quizás piensas que el tiempo que le dedicaste a la militancia en el movimiento estudiantil se lo podrías haber dedicado a los estudios y quizás así no hubieras repetido esta o aquella asignatura… o hasta te hubieras evitado aquel curso nefasto en el que casi no apruebas ninguna.

Es posible que llegues a pensar esto, o algo parecido, si tu situación es la de estar acabando la universidad y durante tus años en la misma has estado en el movimiento estudiantil. Esto es así porque en estos últimos años, pocos o ninguno son los casos en los que las organizaciones estudiantiles o el movimiento estudiantil donde lo hubiera, han tenido pretensiones reales de transformar la sociedad, de mejorarla.

Por un lado, la actividad ha estado girando en torno a inercias a la contra, de defensa contra lo que se quería imponer y recortar, pero sin tener la fuerza real como para ganar dichas resistencias. Esto implicó que no se alcanzara la victoria en tales luchas. Ejemplo de ello puede ser la implantación del plan Bolonia en la universidad, o la subida de tasas en la mayoría de territorios del estado español. En secundaria podríamos poner el ejemplo actual de la LOMCE, aunque este último tiene sus propias particularidades dada su instrumentalización por parte de la oposición parlamentaria.

Por otro lado tenemos a las organizaciones estudiantiles. Estas no han sabido o si quiera pretendido crear un movimiento estudiantil, no han trazado líneas estratégicas para intentar activar al mayor número de estudiantes, no han intentado sacar luchas asumibles que terminaran en victorias para hacer contrapeso a las derrotas que el movimiento estaba sufriendo… en definitiva, las organizaciones estudiantiles han estado en su lucha particular de siglas y “pesca” por recursos humanos para sus organizaciones juveniles y/o partidos parlamentarios, dejando de lado la creación de movimiento. Es decir, no han tenido pretensiones reales de cambiar nada, no han sido capaces de crear, con el estudiantado, un contrapoder, un cuerpo social con capacidad de transformar la sociedad… no han sido organizaciones revolucionarias.

Con este panorama, como decía, es normal que llegues a pensar que la época de practicar este “hobby” que conoces como activismo o estar organizada toque a su fin, pero hay otra forma de verlo y por lo tanto de actuar.

Esas horas que dedicaste a organizar tal o cual evento, esa experiencia a la hora de hablar en público o de moderar una asamblea, esa capacidad de buscar aquello que necesitas partiendo de cero y sin ayuda… son conocimientos, teóricos y prácticos, que adquiriste en base al ensayo error. Este conocimiento lo puede incorporar a tu currículum y completar así tu formación académica. Pero sé que tú no solo puedes hacer esto.

Tú eres una persona que ha estado estos años metida en asambleas infinitas, pegadas de carteles, reuniones improductivas, manifestaciones con mucha gente, con poca gente, procesiones, revueltas, debates… y no lo has hecho porque te daban créditos, lo hiciste porque sentías que debías hacer esas cosas, que debías estar ahí. Y esto lo sé porque si no fuera así, ya no estarías leyendo este artículo.

Es por eso que para ti tengo una propuesta, una propuesta que le puede dar un sentido a todas esas horas que aparentemente no te aportaron nada, una propuesta con la intención de que seas partícipe en la creación de contrapoder, una propuesta para llegar a transformar la sociedad… así pues, una propuesta revolucionaria.

El día de mañana cuando estés en tu puesto laboral, un puesto de “rango elevado” por así decirlo, ya que ese es tu perfil laboral como egresada, conviértete en algo más que en una trabajadora, convierte en una profesional al servicio del pueblo, sé un cuadro revolucionario dentro de la empresa en la que trabajes.

Cuando digo revolucionario no es para que quede bonito, me refiero a que seas participe con tu trabajo en la construcción de poder popular. ¿De qué forma?

Una forma puede ser el destinar un porcentaje de su salario al sindicato, teniendo de referencia no al sindicato corporativista que habitualmente tienen los puestos técnicos, sino al sindicato que busque la creación de poder obrero mediante el sindicalismo revolucionario.

Otra manera de contribuir sería el servir, dado tu puesto en el proceso productivo en la empresa, de enlace para el acceso a determinada información para dicho sindicato.

De igual modo, por tus conocimientos, podrías ayudar en la preparación para el futuro control de la empresa por parte del sindicato: desde formando a trabajadoras de planta para cubrir los puestos técnicos y no tener que “comprar en el futuro al cuerpo técnico de la empresa, hasta diseñando el proceso productivo que se planea tener en determinado momento.  Un ejemplo de esto último podría ser el proceso de expropiación y la gestión obrera del 80% de las industrias y servicios en Catalunya entre 1936 y 39.

Seguramente se me escapen otras razones por las cuales la existencia de cuadros revolucionarios dentro de las empresas será una cuestión indispensable el día de mañana si de verdad queremos transformar la sociedad y tener un pueblo organizado capaz de tomar las riendas de su futuro.

Pero de lo que si estoy seguro, es que igual que tú te activaste en el anterior periodo de movilizaciones que hubo, ahora se va a activar mucha más gente en este nuevo ciclo que comienza y en los siguientes que vendrán. Continuar avanzando y no abandonar la lucha es el combustible que hará funcionar el motor cuando todas las piezas estén listas y colocadas. Así pues, ¿Podemos contar contigo?

Apuntes para movilizar y no morirse en asambleas

Recuerdo bien mi primera asamblea. Los nervios, las caras nuevas, la forma de vestir de unas y de otras, las distintas formas de hablar… también mi primera intervención en la misma.

Le hice un gesto al moderador, esperé mi turno y entonces ahí estaban, veintitantas caras mirándome y yo haciéndome cada vez más pequeño y solo pudiendo pensar en lo mucho que me arrepentía de haber levantado la mano para hablar… “Una estrella puede significar cualquier cosa”. Se debatía sobre el logo que debía tener esa asamblea de estudiantes que incluía a todas las alumnas que en aquel ciclo de movilizaciones del 2012-2013 estaban estudiando el aquel campus. Era una acalorada discusión acerca del significado y conveniencia de poner o no una estrella en el mismo, pero eso no es lo que me lleva a escribir estas líneas.

La cuestión es que en esa asamblea, así como en otras en las que participé desde aquella, me encontré en una situación en la que aparentemente nadie era capaz de aportar la solución al problema. Estoy hablando de cuando se tiene gente con ganas de hacer algo (recursos humanos) y reivindicaciones consideradas casi como “históricas” y de las que todo el mundo ha oído hablar aunque no estuvieras metido nunca en nada (objetivos), pero que a la hora de decidir qué hacer, no se sabe dar una respuesta clara.

En una ocasión escuché de hacer una recogida de firmas, pero los que llevaban unas asambleas a las espaldas contestaron que eso ya se había intentado pero no había tenido éxito. También escuché hacer propuestas de organizar charlas, un maratón de fotos, vídeos de Harlem Shake… en fin, que se daba un popurrí de ideas hasta llegar al desánimo viendo en medio de la asamblea, flotando, la eterna pregunta: ¿Cómo hacer que el resto del estudiantado se mueva por esta causa?

Creo que tras pasar por varias de estas situaciones y compartir espacios con gente más curtida en esto del activismo, tengo una idea de cómo poder reconducir estas situaciones para poder sortear este bache.

Cuando se tengan los recursos humanos y un objetivo claro, el cual se debe elegir por su mayor “facilidad” a la hora de conseguirlo, hay que trazar unos pasos, una hoja de ruta para poder alcanzarlo. También se deber desarrollar un texto con la problemática y la justificación, tanto de la existencia del problema como de la solución que se aporta.

Al conjunto de estos dos elementos, el texto y la hoja de ruta, podemos llamarle “Campaña”. Así pues, el texto es el eje central de la campaña. Es sobre lo que orbitará todo. Una campaña estará compuesta por 3 fases:

  • Visibilización: consiste en informar del objetivo a conseguir y dar a conocer, de forma general, la justificación de la existencia del problema. Se trata de introducir el problema en la opinión pública al presentar una argumentación que haga justa la reivindicación que se pretende conseguir.
  • Sensibilización: se basa en formar a cerca de lo que se visibilizó previamente y añadir a dicha explicación detallada, la justificación de la solución que se propone. Enfocada principalmente hacia la gente que se interesó en la anterior fase, consiste en generar un discurso completo, el cual sea capaz de responder a las preguntas: ¿Cuál es el problema?, ¿Por qué es un problema?, ¿Cuál es la solución? y ¿Por qué es la solución?
  • Movilización: es cuando se actúa de cara a conseguir la susodicha reivindicación mediante la participación en masa, en nuestro caso, del estudiantado. Es importante trabajarse las otras dos fases antes para asegurarse una cierta participación inicial a la hora de empezar a movilizar.

Estas tres fases estarán superpuestas sucesivamente en el tiempo, coincidiendo dos o hasta tres, dependiendo del marco territorial que consideremos.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que tenemos una asamblea con una docena de estudiantes y que una reivindicación histórica en ese sitio es que el servicio de fotocopias tiene un precio elevado. Por todos es sabido que en otros sitios fue siempre más barato y por lo tanto es algo que, a pesar del alto relevo generacional que hay en el movimiento estudiantil, es una problemática más que conocida en dicho lugar.

Así pues tenemos los recursos humanos (la docena de estudiantes) y el objetivo (abaratamiento del precio de las fotocopias). Atendiendo a lo anterior, se podría elaborar un texto exponiendo que las fotocopias tienen un precio elevado, que para el estudiantado es un gasto regular y que al carecer, generalmente, de una fuente propia de ingresos esto es un problema de primera magnitud. Que esto es así porque con cada fotocopia estás pagando de más por un servicio que en otros sitios es más barato, dejando así a cada estudiante con menos recursos económicos para vivir.

Además se podría aportar una segunda reivindicación, como podría ser que el servicio de copistería lo llevara la universidad, si es que no es así ya, porque así se podría reducir el precio al no tener por qué buscar un beneficio económico, sino ofrecer un servicio al estudiantado.

De esta forma la primera fase podría consistir en hacer unas pegatinas para transmitir el mensaje de que se está pagando de más por ese servicio y el precio que se propone como justo. Estas se pondrían en el entorno de la fotocopiadora, así como otros lugares de tránsito.

Una segunda fase podría ser la elaboración y difusión de un tríptico donde se detallase, de forma visualmente atractiva, las argumentaciones y reivindicaciones que aparecen en el texto. Esto podría ser acompañado por la elaboración y difusión de carteles, lo cual correspondería a la primera fase, pero que de esta forma se complementarían ambas.

La tercera fase podría comenzar realizando charlas y repartiendo masivamente los trípticos y carteles, lo cual correspondería a las dos primeras fases, pero que proporcionaría un grupo con el que comenzar a hacer acciones de otro tipo, como podrían ser el celebrar asambleas de cara a organizar la movilización o impagos puntuales. Estas últimas acciones tendrían un objetivo más propagandístico de cara a movilizar cada vez más a un mayor número de estudiantes, para finalmente sacar, por ejemplo, una propuesta de impago indefinido o boicot del servicio.

Esto puede ir acompañado de negociaciones con las partes implicadas, realizando asambleas abiertas donde tomar decisiones como si seguir con la movilización o aceptar el trato que se ofrezca.

Esto no es más que un ejemplo, no sé si en algún sitio se podría dar este contexto, pero creo que de esta forma se puede entender lo que quiero transmitir. Espero haber ayudado a más de una estudiante que, como yo, se pasaba las horas de estudio intentando hallar la manera de saber como movilizar al estudiantado.