Fascismo, migración y asistencialismo

En el actual escenario socio-político en el que nos encontramos se puede observar por un lado un significativo aumento de las guerras imperialistas y como consecuencia el surgimiento de grupos religiosos radicales y por otro facciones ultra-nacionalistas que buscan expandirse aprovechando vacíos de poder.

Estas guerras están suponiendo como todo el mundo sabe un éxodo enorme de las poblaciones que huyen de escenarios de guerra hacia occidente. Este hecho ha captado la atención de los medios de comunicación y de la población de los países desarrollados y ha puesto el foco (otra vez) sobre la inmigración generando una serie de consecuencias sociales y políticas.

Por un lado nos encontramos a las instituciones, ONGs y partidos promoviendo, en su mayoría, el acceso de estas inmigrantes a sus países, concretamente en España se ha promovido el recibo de un gran número de inmigrantes y la asistencia de este tipo de organizaciones hacia estas.

Por otro lado movimientos relacionados con el fascismo, que en los últimos años han experimentado un ligero crecimiento han aprovechado la circunstancia para lanzar mensajes xenófobos sobre este tema y promover campañas de «prioridad nacional»
En ultimo lugar y como hecho menos mediático, grupos de personas anónimas se han organizado de forma más o menos espontanea para intentar organizar ayuda hacia las personas refugiadas y también hacia aquellas personas migrantes que ya se encontraban en el país.

En este artículo pretendo analizar la parte quizá más llamativa y novedosa de este problema (sin olvidarme de las otras partes) que es el auge del fascismo, en España, y concretamente en Madrid. Este hecho que ha sorprendido a mucha gente, era esperable por otro lado, teniendo en cuenta la coyuntura social en la que nos encontramos, pero para tener una visión más global del problema intentaré poner en situación de forma corta sobre qué es y cómo surge el fascismo.

Los origenes del fascismo como ideología moderna se remontan al periodo de entre guerras en el cual Italia se ve sacudida por una fuerte crisis económica y un aumento de los grupos revolucionarios que crean una sensación de temor en la burguesía y las clases medias. Ante esto apoyan a grupos para-militares y contra-revolucionarios como los «fascii di combatimento» que acabarán tomando el poder e instaurando un estado militarista, totalitario y corporativista.

Pero ¿qué pasa con el fascismo en la actualidad?

Tras la muerte de Franco surgen en España los primeros germenes del fascismo actual en forma de grupos tardo-franquistas como los Guerrilleros de Cristo Rey, la triple A o el Batallón Vasco Español que atacan objetivos materiales y humanos relacionados con la «izquierda revolucionaria», el ejemplo más conocido es el secuestro de la activista estudiantil Yolanda González y su posterior asesinato.
Ideologicamente estos grupos tienen poco que ver con el fascismo actual sin embargo con los años derivaran en las actuales organizaciones políticas.

En los años 80 surgen en España los primeros grupúsculos más cercanos al fascismo clásico y otros relacionados con el tercer-posicionismo, algunos ejemplos son CEDADE o Bases Autónomas que se posiciona como nacional-revolucionaria y que tienen su auge con motivo de la llegada del fenómeno skin y ultra a España. Se trata de grupos muy violentos pero muy marginales y con gran presión policial. En esta época los nazis ganan un importante espacio en las calles de Madrid. Con la llegada de los 90 los antifascistas se reorganizan en torno a la Coordinadora Antifascista que tendrá que pelearle la calle a unos nazis que continuaban con los ataques racistas planificados como el de Lucrecia Pérez en 1992.

A partir de este hecho se comienza a expulsar a los grupos nazis que irán perdiendo fuerza progresivamente hasta quedar relegados a pocos barrios donde pueden actuar con cierta comodidad. A comienzos de los 2000 el fascismo comienza a organizarse en torno a partidos y organizaciones que intentan evitar escándalos y estéticas nazis o skins, surgiendo partidos como MSR con un mensaje confusionista y ambiguo.

En el año 2007 con el asesinato de Carlos Palomino, estos grupos que habían surgido vuelven a la marginalidad por la reorganización del movimiento antifascista. Sin embargo en torno al año 2012 se produce un punto de inflexión en el cual a partir de la crisis económica estos grupos consiguen cierto margen de maniobra y construyen un espacio político especialmente en torno a los «Hogares Sociales» y otros proyectos basados en la llamada «prioridad nacional» que principalmente se aprovechan de la pobreza de algunos barrios y la ausencia de organizaciones obreras en estos.

En las ultimas semanas hemos asistido a un acontecimiento preocupante como ha sido la manifestación del Hogar Social Madrid por el barrio de Tetuán, lo cual no solo ha supuesto una demostración de fuerza si no algo más peligroso, una capacidad de dicha organización para atraer a gente normal y por tanto generar su propio espacio políticos.

Ante este hecho la respuesta en una ciudad como Madrid ha sido vergonzosa, evitando culpas, pero señalando problemas como las quejas a la policía y a la Subdelegación de individuos u organizaciones que se describen como «antifascistas», lo cual no solo refleja que asumen un papel débil y de inferioridad si no que avalan a las fuerzas represivas para actuar contra ellas también.

El fascismo está todavía muy lejos de calar en la conciencia general y de generar un peligro político más allá de lo anecdótico pero su derrota no pasa por pedir ayuda a terceros o por embarcarse (exclusivamente) en una guerra callejera, la derrota del fascismo pasa por cosas mucho más «simples» y «cotidianas» como ayudar a las vecinas de tu barrio, crear alternativas para las personas sin recursos que no sean pedir y esperar (repartos de comida, ayudas económicas, etc) si no que impliquen a las propias afectadas en la solución de sus problemas.

Solo entonces cada barrio será una muralla contra el fascismo.

Perspectiva libertaria

El comunismo libertario en el movimiento anarquista. Historia de una tendencia. 1ª Parte 1868-1950

Este texto pretende verter luz teórica sobre la teoría revolucionaria aportada por el movimiento anarquista desde su creación, a partir de la Alianza por la Democracia Socialista, en 1868, hasta el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, momento en el que la corriente libertaria sufrió un profundo corte generacional. Este texto será completado por otro estudio de la época de la post-guerra hasta nuestros días.

Como dice el subtítulo, se trata de una historia de la tendencia comunista libertaria o anarco-comunista, poniendo énfasis en las propuestas concretas tanto teóricas como prácticas de las diferentes organizaciones del movimiento libertario a lo largo de su historia e, intentando analizar aciertos y errores, trataremos de llegar a unas conclusiones básicas que le dan forma a la tendencia en nuestros días.

Anarquistas, ¿Partido o anti-partido?

En la historia del anarquismo como movimiento político rara vez se ha utilizado la palabra Partido para designar a una organización libertaria. Esto se debe a la mala fama que comenzó a tener el parlamentarismo en los medios obreros a partir de la segunda mitad del siglo XIX. El parlamentarismo se entiende como la forma de gobierno basada en el juego democrático de los partidos políticos que se disputan un parlamento y, mediante ello, el control de las instituciones del estado. De esta forma los partidos controlan los mecanismos del poder estatal, y desde allí, a las personas y los pueblos, les voten o no.

Está poco difundido que, en su militancia activa Pierre Joseph Proudhon, probó suerte como diputado. Proudhon era bien conocido en París de finales de los años 1840s por su labor periodística. En 1848 decidió probar suerte en la Asamblea Constituyente de la Segunda República. Tras un primer intento fallido en abril, fue elegido en las elecciones de junio de aquel año. Sin embargo, su estancia en la Asamblea Nacional francesa duró apenas 3 meses, ya que nada más ser elegido tomó parte por los obreros en la insurrección de junio, aunque con una actitud conciliadora. A pesar de eso, su presencia en el parlamento sirvió para que por primera vez se oyeran discursos contra la propiedad privada e insultos contra el presidente Luis-Napoleón Bonaparte (luego conocido como Napoleón III), lo que le llevó a prisión1. Ni el parlamento ni la cárcel lograron aplcar su espíritu rebelde y siguió escribiendo obras valiosas hasta su muerte en 1865.

Los parlamentos burgueses nunca han sido prioridad en el accionar político de los anarquistas. Tras la desagradable experiencia vivida por Proudhon, y algunos otros, participar en las instituciones del estado fue visto cada vez con peores ojos. Una cuestión importante constituye la constatación de no poder cambiar nada desde esta institución, dada la impotencia de ser siempre la minoría de la minoría. Más tarde crecería un desagrado visceral hacia el parlamentarismo que, aunque tenía causas totalmente justificadas, iba más allá de lo racional. Por ejemplo, para la época de Kropotkin, ya era habitual considerar que quienes participaban en el parlamento era más que probable que fueran sobornados de una manera u otra por el enemigo de clase. Quienes se dedicaban a la política partidaria lo hacían para enriquecerse personalmente. No ha cambiado mucho el concepto en el siglo XXI.

El anti-parlamentarismo incluso traspasó fronteras ideológicas y a menudo fue compartido por grupos marxistas, como durante la primera etapa de los partidos comunistas en Europa (1919-1923), gran parte de los cuales era furibundamente anti-parlamentarios. Tan era así que tuvo que tomar cartas en el asunto el propio Lenin para disciplinar a tanta organización díscola que se negaba a aceptar tener que participar en esa cueva de ladrones por la que tomaban los parlamentos. En el comunismo de entonces predominaban las corrientes revolucionarias, contra las que Lenin escribió su obra La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo2.

Los bolcheviques empezaron su lucha victoriosa contra la república parlamentaria (burguesa de hecho) y contra los mencheviques con suma prudencia y no la prepararon, ni mucho menos, tan sencillamente como hoy piensan muchos en Europa y América. En el principio del período mencionado no incitamos a derribar el gobierno, sino que explicamos la imposibilidad de hacerlo sin modificar previamente la composición y el estado de espíritu de los Soviets. No declaramos el boicot al parlamento burgués, a la Asamblea Constituyente, sino que dijimos, a partir de la Conferencia de nuestro Partido, celebrada en abril de 1917, dijimos oficialmente, en nombre del Partido, que una república burguesa, con una Asamblea Constituyente, era preferible a la misma república sin Constituyente, pero que la república «obrera y campesina» soviética es mejor que cualquier república democráticoburguesa, parlamentaria. Sin esta preparación prudente, minuciosa, circunspecta y prolongada, no hubiésemos podido alcanzar ni consolidar la victoria en octubre de 1917. 3

De todas formas el parlamentarismo es una cosa y los partidos otra. Cuando Marx y Engels fundan la Liga Comunista nunca piensan en presentarse a ningunas elecciones. Se trata de una organización política de militantes. A este tipo de organizaciones se les conoce por partido de cuadros, organización de militantes u organización de cuadros. La idea básica es que se trata de una organización que tiene militantes con una experiencia política basada en unas líneas programáticas. La función de estos militantes – cuadros – es la de influir en un cuerpo social más grande que el de su propia organización. Es decir, que el programa de su organización sea asumido también por una organización de masas. Un cuadro, además, no necesitaría estar conectado directamente con su organización, ya que gran parte de su militancia la hará tomando decisiones de forma autónoma inserto en las organizaciones de masas, pero siempre en línea con su programa.

¿Y todo esto para qué? Pues porque tanto el parlamentarismo como las organizaciones de militantes o los partidos de cuadros son formas de encarar la cuestión del poder. El poder está en manos de una clase social, que se ha dado en llamar burguesía. Y la clase explotada, supeditada a la otra, la clase obrera, es quien trabaja para ella. Esta clase, si quiere algún día librarse de la explotación tendrá que organizarse para arrebatarle el poder a la otra. Es por ello por lo que algunas corrientes políticas apuestan por hacerlo mediante una acumulación de poder institucional, parlamentario, y otras mediante la conquista rápida (y a menudo violenta) del poder, revolucionario.

Este poder, aunque se tome de forma abstracta, tiene manifestaciones muy concretas. La más poderosa es el Estado, que no es más que una serie de instituciones que le sirven de herramientas a quien obstenta el poder para poderlo mantener mejor. El Estado defiende unos intereses de clase muy claros, aunque en algunas ocasiones, por pura estrategia, decida que no es mala idea de vez en cuando echarle una mano a la clase explotada. Y en contra de este poder y de este Estado, se alzan los grupos revolucionarios que se organizan como mejor saben y pueden.

Aunque no sea muy conocido, en el bando anti-autoritario también han existido organizaciones de cuadros. Es la intención de este artículo de dar a conocer intentos previos de grupos y organizaciones libertarias históricas que han defendido esta forma de funcionamiento y otras que aunque no son exactamente así (algunas federaciones anarquistas, organizaciones libertarias sociales), son compatibles. Así pues, en este artículo cuando hablemos del “partido de los anarquistas”, lo hacemos siguiendo la 5ª acepción del diccionario de la R.A.E., que dice así:

Conjunto o agregado de personas que siguen y defienden una misma opinión o causa.”4

Es decir, un grupo de militantes que piensan de forma similar y que se organizan para lograr los mismos objetivos.

Creemos que existen también “partidos anti-partido”. En este caso se trata de organizaciones formales o informales de individuos que se oponen a los partidos políticos y siguen una línea política determinada y se organizan para que ésta tenga éxito, es decir, que forman un partido opuesto a los partidos políticos. Hay corrientes anarquistas que conforman partidos anti-partido muy bien organizados. En este caso entra en juego una influencia cultural muy importante, ya que quienes forman parte de estas corrientes tienen una afinidad natural práctica y teórica, que hace que se expresen de forma parecida y que tengan una conciencia de pertenecer al mismo grupo humano, aunque sean de organizaciones distintas.

Así pues en la gran mayoría de textos los anarquistas utilizan el término partido, lo hacen refiriéndose a un “partido que se presenta a las elecciones”. Es decir, un partido que apuesta por el parlamentarismo como medio para ejercer su propuesta política. Y fueron Kropotkin, Malatesta, Volin o Berkman, entre otros, quienes equipararon ambos términos, que hoy resultan casi inseparables. A pesar de ello en ocasiones estos mismos autores mencionan el partido entendido de la forma de agrupación política de anarquistas. Intentaremos, pues, diferenciar entre un partido que se presenta a las elecciones (y/o busca conquistar el poder gubernamental), una organización anarquista de síntesis y una organización de militantes / partido de cuadros.

La Alianza por la Democracia Socialista

La primera organización anarquista reconocida como tal fue la Alianza por la Democracia Socialista, creada por Mijail Bakunin y un grupo de simpatizantes de varios países en 1869. Su organización se basaba en dos programas, uno público y el otro interno, secreto, en línea con las clásicas sociedades secretas que habían predominado en la primera mitad del siglo XIX. Podríamos considerar esta Alianza como una organización de cuadros. La Alianza tuvo unos 70 militantes por toda Europa, y otros centenares repartidos por varias organizaciones nacionales bien estructuradas (en España, Francia, Italia, el Jura, etc.). La intención de este movimiento político era influir en el cuerpo social en el que se desarrollaba: la Asociación Internacional de los Trabajadores, la Internacional. La Alianza actuaría como corriente interna de la AIT.

Esta Sociedad tiene por objeto el triunfo del Principio de la Revolución en el mundo, por consecuencia la disolución radical de todas las organizaciones e instituciones religiosas, políticas, económicas y sociales actualmente existentes, y principalmente la reconstitución de la sociedad Europea, y enseguida mundial, sobre las bases de la Libertad, la Razón, la Justicia y el Trabajo.

Tal obra no podría ser de corta duración. La asociación se constituye entonces por un tiempo indefinido y no cesará de existir más que el día en que el triunfo de su principio en el mundo entero sea su razón de ser.5

Fragmentos del Catecismo Revolucionario de 1866. Precedente de la Alianza

La Alianza lograría imponer su visión sobre la organización del movimiento obrero de la época en varios países, justo en los que tenía mejor organización. Su traducción práctica más clara sería la Comuna de París de 1871, en la que participarían varios “aliancistas”. Además éstos intentarían extender el incendio revolucionario por toda Francia mediante las ‘comunas’ de Marsella o de Lyon – hacia donde se dirigió el propio Bakunin. Los revolucionarios bakuninistas fueron participantes de primera fila en las grandes revueltas europeas de la época (las comunas en Francia, la revolución cantonal en España y las revueltas de Florencia, Bolonia o Nápoles en Italia).

Yendo a lo concreto. Recordemos la misión española de Fanelli6, que en 1869 hizo una gira de propaganda a petición de Bakunin y fundó dos núcleos de la Internacional y de la Alianza en Madrid y en Barcelona, lo que puso las bases de ambas organizaciones en España. Anselmo Lorenzo, Tomás González Morago y Francisco Mora harían lo mismo en Lisboa en 1872. Estos militantes actúan con una misión en la cabeza, que es la de fundar nuevos núcleos para su organización. Así pues contactan con gente proclive a unirse, se les explica el programa, y tras un debate si los han logrado convencer saldrá adelante el núcleo. Es algo parecido a las posteriores campañas de propaganda de los sindicalistas, pueblo a pueblo, aldea a aldea, fábrica a fábrica. Sólo que la Alianza es una organización política y la Internacional es social y sindical. En algunos casos requería que el militante estuviera meses en el mismo lugar, de tal manera que pudiera traspasar los conocimientos necesarios para que todo funcionara correctamente. Y recordemos también que Fanelli era un diputado del parlamento italiano. La particularidad estriba en que no obedecía a su cargo político parlamentario sino que estaba sujeto al programa de la Alianza. De hecho ya era parlamentario cuando conoció a Bakunin, y éste decidió aprovechar el cargo del otro para los fines de la Alianza y de la Internacional. Toda una lección de pragmatismo.

Sin embargo, tras la muerte de Bakunin, la división de la Internacional y el duro enfrentamiento entre marxistas y bakuninistas, y la feroz represión de las revoluciones fallidas, se produjo una dispersión que echará a perder la claridad de miras de antes. Comenzarán 20 años de auge de un anarquismo insurreccional cargado de individualismo y de desconfianza hacia todo tipo de organizaciones, tiempo que aprovecharía el marxismo para imponerse a todos los demás socialismos.

Del Congreso de Londres al Congreso de Ámsterdam

A pesar de su gran influencia en el período 1870-1874, las ideas libertarias pierden fuelle a finales de la década. No obstante, el impulso constructivo se trasladó a nuevos lugares como sudamérica, norteamérica y el norte de África, en donde se irían fundando nuevas sociedades obreras cargadas de influencias libertarias. Pero en Europa comenzará a predominar un anarquismo impulsivo, dispuesto a devolver golpe por golpe todas las ofensas que el poder estatal le estaba profesando al recién organizado movimiento obrero.

El Congreso de Londres de 18817 sería la confirmación oficial de esta tendencia, que hasta entonces había tenido una primera manifestación práctica en la llamada Internacional Negra, que era el intento de continuar con la AIT, desaparecida tras el Congreso de Verviers en 1877. En Londres fracasaron los intentos de construir una nueva Internacional libertaria, y triunfaron las tesis de la propaganda por el hecho y de la dinamita.

En este congreso Piotr Kropotkin propuso combinar las organizaciones de masas con grupos pequeños clandestinos dispuestos a la acción revolucionaria violenta. Incluso esta idea fue rechazada ya que entonces prevalecía la idea anti-organizacionalista del anarquismo. Curiosamente las circunstancias político-sociales harían que en aquellos años destacaran sociedades obreras de masas de carácter libertario en España y en los Estados Unidos y se pusieran las bases para la creación de los sindicatos a una escala mucho mayor que hasta entonces. Volviendo a Kropotkin, este pensaba que:

Yo no veo otro campo de actuación para todos aquellos que no pueden incorporarse a grupos secretos que la de agruparse bajo las banderas de la Internacional huelguista. Es sólo en ésta donde se podrán agrupar las fuerzas obreras, la masa. No veo por otra parte ningún inconveniente en ello. La huelga no es ya una guerra de brazos cruzados. El gobierno se encarga continuamente de transformarla en motín. Esto por un lado. Por otro lado, los grupos secretos se encargarían de organizar la conspiración obrera: hacer saltar una fábrica, ‘tranquilizar’ a un patrón o a un capataz, etc. etc. lo que reemplazaría con ventaja la propaganda de los congresos. 8

Se podría hablar en descargo de esta deriva hacia la acción por la acción si echásemos un vistazo un poco más amplio a otras corrientes revolucionarias de la época. En aquellos años, y hasta los años 20 y 30 del siglo XX, otras organizaciones políticas nacionalistas, republicanas, socialistas o populistas defendieron las tácticas de la propaganda por el hecho. Por ejemplo, fue abundantemente practicada por los nacionalistas irlandeses de la corriente “feniana”, por los populistas y socialistas revolucionarios rusos, por los nacionalistas serbios (que sirvieron de excusa para desencadenar la Primera Guerra Mundial) o por los republicanos portugueses.

Pero este camino del movimiento libertario haría que no pocos militantes que previamente habían destacado en su crecimiento y organización, abandonaran el movimiento. Uno de ellos fue Andrea Costa, que participó con Errico Malatesta, Cafiero o Ceccarelli en la insurrección del Benevento, Italia, en 1877; lenvatamiento al más puro estilo garibaldiano9. Costa fundaría el Partido Socialista Anarquista Revolucionario y fue el primer diputado socialista italiano electo en 1892. Su partido daría origen al Partido Socialista Italiano. Su partido era puramente parlamentario porque en su opinión se habían cerrado todas las demás vías alternativas de cambiar el estado de las cosas en Italia. Aún no se conocía el sindicalismo revolucionario.

La trayectoria de Costa es un ejemplo de la de otros militantes que no estaban en la línea de la mayoría de su movimiento. Cuando se funda la II Internacional, en 1889, en el seno de varios partidos socialdemócratas europeos existe una corriente libertaria. La Internacional tenía varias corrientes socialistas, siendo la marxista la que terminaría ganando la partida, asimilando o expulsando a las demás. Los anarquistas serían una de estas corrientes expulsadas por el sectarismo marxista en 1896.

Los militantes, insertos en el ambiente obrero de la época, poco a poco van entrando en las sociedades obreras. Al cerrárseles la puerta de la organización política, prueban con los sindicatos. En aquellos años los sindicatos comenzaban a ser tolerados por las autoridades. Esto provocaba una llegada de obreros concienciados que iban adquiriendo conciencia de clase y un primer contacto con las ideas libertarias. Entre la década de 1896 y 1906 tiene lugar la creación del sindicalismo revolucionario, que será en varios países la forma de socialismo mayoritaria durante años. Su auge coincidió con la progresiva desacreditación de la práctica de la propaganda por el hecho, que se había llevado por delante a varios reyes y ministros, pero que no provocó la tan esperada insurrección. Con la puesta en práctica de las tácticas sindicalistas revolucionarias (la huelga general, el sabotaje, el boicot y el label), el movimiento anarquista cambió de rumbo.

En el Congreso de Ámsterdam, en 1907, se constató este cambio. Aparecieron nuevos defensores de la teoría del sindicalismo revolucionario, Pierre Monatte, Amedé Dunois, Rudolf Rocker o Christian Cornelissen que pudieron contrastar sus prácticas e ideas con la élite del movimiento anarquista de la época: Errico Malatesta, Emma Goldman, Luigi Fabbri… Sin embargo, a efectos prácticos el congreso sirvió de poco ya que se aprobaron cuatro declaraciones de tendencia contrapuesta, queriendo contentar a todos. Era la tradición para que la mayoría no marginase a la minoría, pero a nuestro entender, hizo un flaco favor a la acción política posterior de los anarquistas en tanto a movimiento10.

Ahora bien, prosiguen, su lugar como anarquistas está en la unión obrera, y ahí nada más. La unión obrera no es solamente una organización de lucha, es ella el germen viviente de la sociedad futura, y ésta será lo que el sindicato nos haya hecho. El error, es quedarse entre iniciados, rumiando siempre los mismos problemas de doctrina, dando vuelta sin fin en el mismo círculo de pensamiento. Por ningún pretexto, hay que separarse del pueblo, pues por muy atrasado, por muy limitado que sea, es él, y no el ideólogo, el motor indispensable de toda revolución. ¿Tienen ustedes entonces, como los socialdemócratas, intereses diferentes de los del proletariado que hacer valer -intereses de partido, de secta o de camarilla? ¿Debe el proletariado acudir a ustedes, o ustedes ir hacia él para vivir de su vida, ganar su confianza e incitarle, por la palabra y el ejemplo, a la resistencia, a la rebeldía, a la revolución?

[…]La revolución social sólo puede ser obra de la masa. Pero toda revolución viene necesariamente acompañada de actos, que por su carácter -de alguna manera técnico-, no pueden ser más que el hecho de un pequeño número, de la fracción más atrevida y más instruida del proletariado en movimiento. En cada barrio, cada ciudad, cada región, nuestros grupos formarían, en periodo revolucionario, tantas pequeñas organizaciones de combate, destinadas a la realización de las medidas especiales y delicadas para las que, la mayoría de las veces, la gran masa es inhábil.11

El marxismo como corriente política organizada superó al anarquismo en las décadas de 1880 y 1890. Cuando éste comenzó a tener una nueva orientación (hacia el sindicalismo revolucionario) los partidos socialdemócratas y/o el reformismo obrero (las Trade Unions en el mundo anglosajón, la American Federation of Labor en Estados Unidos, etc.) ya habían tomado el liderazgo del movimiento obrero (en Alemania, Estados Unidos, Rusia, Italia, Francia…). El sindicalismo revolucionario fue considerado como un gran avance, y durante algunos años logró desafiar al marxismo, pero más tarde apenas pudo resistir el poderoso prestigio de la Revolución rusa. Al fin y al cabo el mundo se mueve mediante victorias y al sindicalismo le faltaba una visión más global, política, de la que posteriormente hablaremos.

El PLM y Ricardo Flores Magón

Otro ejemplo histórico de interés es el del Partido Liberal Mexicano (PLM). Se trata de una organización política mexicana creada en 1901 y fundada para oponerse a la dictadura de Porfirio Díaz. El partido se crea combinando un órgano de propaganda, el periódico Regeneración, con grupos locales que se llamaban círculos liberales. En el partido confluyeron militantes liberales, republicanos, libertarios y socialistas y en 1906 lanzarían un manifiesto y un programa12, que más tarde sería la base de la propia Constitución mexicana y sería un modelo para numerosos planes y programas de una década después.

A pesar de la composición heterogénea del partido, hacia 1906-07 tomaría el control de la organización la vertiente libertaria, capitaneada por los hermanos Flores Magón, Librado Rivera, Práxedis G. Guerrero, entre otros. Este grupo de libertarios controlaron la Junta Revolucionaria del PLM, que era el organismo que dirigía la orientación política y militar del movimiento. La Junta fue responsable de la insurrección de 1908, y de llevar a cabo en 1910 las operaciones insurreccionales de las milicias que acabaron iniciando lo que sería la Revolución mexicana.

La fuerza del PLM no eran los anarquistas sino su programa, que ofrecía un profundo cambio social en México. Fue el programa lo que atraería a muchas personas y a otras organizaciones al terreno revolucionario. El PLM pudo haber logrado esa victoria moral que necesitaba el anarquismo a escala global. Sin embargo, hay que comprender que las ideologías son herramientas para la liberación. Y que en cuanto una no es capaz de conseguirlo le tocará el turno a otra. El PLM cometió algunos errores estratégicos importantes, que le privaron de la victoria, y la pusieron en manos de Francisco I. Madero que tomó el poder. La guerra civil que inició la insurrección duraría toda la década. En 1911, el PLM lanzaría un nuevo manifiesto llamando a la acción revolucionaria:

La expropiación tiene que ser llevada a cabo a sangre y fuego durante este grandioso movimiento, como lo han hecho y lo están haciendo nuestros hermanos los habitantes de Morelos, sur de Puebla, Michoacán, Guerrero, Veracruz, norte de Tamaulipas, Durango, Sonora, Sinaloa, Jalisco, Chihuahua, Oaxaca, Yucatán, Quintana Roo y regiones de otros estados, según ha tenido que confesar la misma prensa burguesa de México, en que los proletarios han tomado posesión de la tierra sin esperar a que un Gobierno paternal se dignase hacerlos felices, conscientes de que no hay que esperar nada bueno de los Gobiernos y de que «La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos».13

En la Revolución mexicana tenemos un ejemplo de esta falta de visión que se le achaca al sindicalismo revolucionario. En Ciudad de México, nació en 1912 una central sindical, cuyos referentes eran la CGT francesa, la CNT española y los IWW de norteamérica. Muy pronto logró asentarse entre los obreros de la capital y de algunas ciudades industriales y colonias mineras, y para 1913 ya lograba convocar a 30.000 obreros en sus manifestaciones. Pero en cuanto la guerra civil mexicana llegó a las puertas de la capital, fueron incapaces de distinguir entre aliados y enemigos. De esta manera, en 1915, los sindicalistas se pusieron a las órdenes del gobierno, reclutando a unos 7.000 trabajadores en los llamados “batallones rojos”, para ir a combatir directamente al ejército de Emiliano Zapata, que veían como una horda de campesinos atrasados y religiosos. Para entonces la influencia del PLM en la revolución se había evaporado, ya que Ricardo Flores Magón se hallaba preso en Kansas, Estados Unidos, y faltó una visión más amplia de miras.

La Revolución rusa: Nabat y la makhnovischina

En la revolución más importante del siglo XX también hubo una importante participación anarquista. Sin embargo, tal como menciona Volin14, al estallar la revolución de Febrero de 1917, el movimiento anarquista estaba totalmente desorganizado. Mientras que los marxistas bolcheviques tenían ya en febrero o marzo de aquel año 8.000 militantes organizados, los anarquistas apenas tenían algunos grupos dispersos en las ciudades más importantes. La prensa anarquista tardó varios meses en aparecer mientras que los bolcheviques ya tenían decenas de periódicos.

Pero lo más importante, una vez más, es la capacidad de hacer política, de luchar por un determinado ordenamiento de la polis. Así pues, en cuanto Lenin puso los pies en Rusia, comenzó a orientar a su partido hacia la toma del poder. Para ello, viendo el ambiente que se respiraba en la calle, trazó un programa revolucionario que copiaba en buena medida el lenguaje de los anarquistas. Y gracias a ello se atrajo a los sectores más avanzados del proletariado urbano, que podrían haber sido la base social de un movimiento libertario en Rusia.

Los anarquistas aún así apenas reaccionarion y no participaron como movimiento organizado en los congresos de Soviets (consejos obreros) que se realizaron en Rusia en junio y en octubre de 1917. Tuvieron que ser algunos militantes individuales quienes mantuvieran la llama anarquista en medio de grandes organizaciones de masas dominadas por otros movimientos. La acción de los libertarios en aquel año se centró en fortalecer la Guardia Roja, en crear sindicatos, y en la cuestión cultural y vivencial del anarquismo. Por ello, hubo trasvase de militantes libertarios hacia el partido de los bolcheviques, que estaban participando en los organismos de contrapoder o poder dual, que eran los soviets.

No creemos en la posibilidad de cumplir la Revolución social por el procedimiento político.

No creemos que la obra de la nueva construcción social ni la solución de los problemas tan

vastos, varios y complicados de nuestro tiempo puedan ser realizados por actos políticos,

mediante la toma del poder, desde arriba, desde el centro…15

El movimiento anarquista comenzó a hacer su aparición en la primavera de 1918, pero entonces ya era demasiado tarde. Los bolcheviques una vez conquistado el poder, se habían asentado y no permitieron ya ninguna competencia por su izquierda. Barrieron a los anarquistas de los soviets y fueron dominando o marginando los sindicatos libertarios y los comités de fábrica con presencia libertaria organizada. Su acción posteror se reduce a valientes insurrecciones puntuales.

Hemos adquirido el hábito de culpar del fracaso del movimiento anarquista en Rusia entre 1917-1919, a la represión estatal del Partido Bolchevique. Lo cual es un grave error. La represión Bolchevique dificultó la expansión del movimiento anarquista durante la revolución, pero fue sólo uno de los obstáculos. Mas bien, fue la inefectividad interna del propio movimiento anarquista una de las principales causas de este fracaso, una inefectividad emanada de la vaguedad y de la indecisión que caracterizaron a sus principales posiciones políticas respecto a organización y tácticas.16

Pero en Ucrania, entre 1918 y 1922, un movimiento anarquista logró dominar la situación y en plena guerra civil supo cómo maniobrar en medio de todos los obstáculos posibles. Durante aquellos años de guerra civil el movimiento makhnovista (llamado así por su cabecilla, Nestor Makhno) tuvo un territorio liberado en donde se implantó el comunismo libertario y los soviets fueron realmente ‘libres’, y en donde vivieron millones de personas.

En este caso la orientación política de los anarquistas era distinta de la de sus camaradas de Rusia. Mientras que en Rusia predominaban las organizaciones de síntesis, en Ucrania los grupos anarquistas eran anarco-comunistas, es decir, comunistas libertarios kropotkinianos revolucionarios. Tenían las ideas bastante claras, y una vez vividos los golpes represivos en Rusia, intentaron mantener una línea capaz de alcanzar la victoria en su territorio. De todas formas, los enemigos a los que se enfrentaron eran demasiado fuertes, y eventualmente serían derrotados.

Lo que nos muestra la revolución en Ucrania es la potencialidad de un movimiento político bien organizado, mediante la estrecha relación entre una organización anarquista (en este caso de síntesis), Nabat17, los soviets locales y el ejército insurreccional makhnovista18. Esta alianza política, social y militar constituyó el corazón de la nueva sociedad comunista libertaria.

Los años rojos

La Revolución rusa supuso un cambio en la mentalidad de buena parte del movimiento obrero. Era posible la victoria, Rusia lo demostraba. Y su ejemplo cundió en el movimiento obrero organizado de numerosos países. A partir de 1918 estallaron revoluciones, revueltas, insurrecciones, motines y huelgas en medio mundo que pusieron el capitalismo contra las cuerdas. No se recordaba algo similar desde las revoluciones de 1848 y en este caso el movimiento revolucionario de aquellos las superó con creces.

Al igual que a la Revolución rusa el anarquismo internacional llegó a aquel evento histórico desarmado política y teóricamente, con algunas excepciones. En cada lugar el anarquismo tuvo que apañárselas como mejor pudo. A veces actuando heroicamente, en otras de forma torpe. No es casualidad que una parte de la militancia libertaria de aquellos años terminara engrosando las filas de los partidos comunistas en Brasil, México, Checoslovaquia, Hungría, Francia, China, etc.

Uno de los eventos destacados del momento, en la que los anarquistas fueron protagonistas, fue en la insurrección de Río de Janeiro de 1918. La huelga fue la culminación de un proceso de guerra social en la ciudad. Los obreros, organizados en sus sindicatos, pusieron contra las cuerdas a las autoridades de la ciudad, que entonces era la capital de la República. Su movimiento revolucionario fracasó, pero durante meses tuvo en jaque a los capitalistas y al estado brasileño19. Podemos ver un paralelismo con la toma del poder de los bolcheviques en Petrogrado, capital de Rusia, un año antes. La insurrección anarquista buscaba derrocar al estado combinando la huelga general con una insurrección en la que participaban incluso los soldados de los batallones de la ciudad. Sin embargo, algunos soldados aliados de los obreros, en realidad eran infiltrados del ejército, que echaron a perder el factor sorpresa y echaron al traste la insurrección.

En Alemania, los libertarios eran poco numerosos, pero aún así lograron destacar e impulsaron brillantes ejemplos como el del Soviet de Baviera de 191920 (encabezado durante un tiempo por Gustav Landauer, Ret Marut, Silvio Gessell, Erich Mülhsan, Ernst Toller…). El movimiento de los consejos obreros fue una potente obra de construcción de un verdadero poder popular. Le faltó un impulso mayor de sustitución del estado por las nuevas estructuras sociales. Ese era el papel que debían jugar los anarquistas (y para el caso cualquier otro movimiento revolucionario). Digamos que si los anarquistas tuvieron cierto impacto en Baviera, fue porque estaban organizados en una federación de grupos anarquistas llamada la Liga Socialista21, presente en toda Alemania pero que en Munich tenía cierta fuerza.

También en Italia tuvieron una postura clara en el verano de 1920, momento en el que se había fundado la Unione Anarchica Italiana22. Su intención era combinar una huelga general con la creación de organismos de contrapoder obrero, que serían los consejos como el Consejo de Turín, de septiembre de 1920. La huelga fue más allá acabando en expropiación masiva de los activos del capitalismo, es decir, que se ocuparon las fábricas23. Los anarquistas tuvieron una postura valiente y consecuente proponiendo prácticamente la toma del poder mediante la asociación de las organizaciones obreras y revolucionarias. Sin embargo, no fueron seguidos por los socialistas que dejaron morir la huelga. El precio que pagaron fue terrible, ya que el fascismo tomó el poder dos años después apoyado por los capitalistas que habían sido expropiados.

La Unione se dotó de un programa, redactado por Malatesta24, que en el congreso de fundación propuso la necesidad de armarse, de crear un frente único revolucionario, de instaurar en el campo y en la ciudad una nueva manera de funcionar y de pasar de las huelgas a las ocupaciones. De la misma manera se expresaba Luigi Fabbri que veía que el anarquismo tenía que ser un motor de la revolución:

La función del anarquismo no es tanto la de profetizar un porvenir de libertad como la de prepararlo. Si todo el anarquismo consistiera en la visión lejana de una sociedad sin Estado, o bien en afirmar los derechos individuales, o en una cuestión puramente espiritual, abstracta de la realidad vivida y concerniente sólo a las conciencias particulares, no habría ninguna necesidad de un movimiento político y social anarquista. Si el anarquismo fuera simplemente una ética individual, para cultivar en sí mismo, adaptándose al mismo tiempo en la vida material a actos y a movimientos en contradicción con ella, nos podríamos llamar anarquistas y pertenecer al mismo tiempo a los más diversos partidos; y podrían ser llamados anarquistas muchos que, no obstante ser en sí mismos espiritualmente e intelectualmente emancipados, son y permanecen en el terreno práctico como enemigos nuestros.

Pero el anarquismo es otra cosa. No es un medio para encerrarse en la torre de marfil, sino una manifestación del pueblo, proletaria y revolucionaria, una activa participación en el movimiento de emancipación humana con criterio y finalidad igualitaria y libertaria al mismo tiempo. La parte más importante de su programa no consiste solamente en el sueño, que sin embargo deseamos que se realice, de una sociedad sin patrones y sin gobiernos, sino sobre todo en la concepción, libertaria de la revolución, en la revolución contra el Estado y no por medio del Estado, en la idea que la libertad no sólo es el calor vital que animará el nuevo mundo futuro, sino también y sobre todo hoy mismo, un arma de combate contra el viejo mundo. En este sentido el anarquismo es una verdadera y propia teoría de la revolución. 25

En aquella época el anarquismo italiano estaba muy influido por la táctica del sindicalismo revolucionario. Pero esta táctica no garantizaba tener una visión política capaz de derrotar al capitalismo y al estado. La huelga general por sí misma no garantizaba el derrumbe de las instituciones. Servía para crear estructuras de contrapoder, los comités de huelga, que gestionaban la vida en los barrios y pueblos en los que se desarrollaba la huelga. Así tenemos muchísimos ejemplos de ciudades que fueron gobernadas por comités dee huelga en períodos de conflicto social agudo. A diferencia de Río de Janeiro, por ejemplo, en Buenos Aires no se tuvo la misma determinación de derrotar insurreccionalmente a las fuerzas del estado26. Ni tampoco en Seattle, Calgary, Edmonton, Winnipeg, Limerick, Saint Denis (barriada de París), Barcelona y otros lugares que vivieron heroicas huelgas que no llegaron a buen puerto.

Las huelgas se quedan a menudo en lo económico movilizando un enorme contingente obrero, pero incapaces de avanzar más allá hasta que son derrotadas por la vía militar (las huelgas revolucionarias). Podemos ver que los anarquistas eran capaces de conseguir paralizar un país, pero no arrastrarlo hacia una revolución social que justo entonces estaba bien vista por una gran parte de la sociedad. Faltaba un método, una teoría de la revolución. Faltaba la capacidad de combinar huelgas con insurrecciones y de que el país entero siguiera la senda revolucionaria como había ocurrido en Rusia y se había intentado en Brasil.

Digamos que los marxistas tampoco tuvieron muy claro el asunto visto su papel en las revoluciones alemana y húngara. En el primer caso, no fueron capaces de superar a la socialdemocracia que dominaba entre la clase obrera impidiendo una revolución más profunda. Y en el segundo su papel una vez en el gobierno del país dejó mucho que desear, dado su nulo apoyo al campesinado, o a su empecinamiento en entrar en guerra expansivas contra todos su países vecinos.

La Plataforma

Habría que decir que hemos presentado previamente tres organizaciones de síntesis (Nabat en Ucrania, la Liga Socialista alemana y la Unión Anarquista Italiana) que jugaron un papel muy destacado en un proceso revolucionario. Las tres tuvieron un papel destacado y combinaron hábilmente una organización política con un movimiento de masas (en Ucrania el makhnovismo, en Alemania los consejos obreros y en Italia la USI y los consejos de fábrica). Pero de alguna manera su organización carecía de coherencia interna. No era lo mismo un grupo que otro, ni una sección que otra. Por eso a nivel de localidad la intensidad de la revolución variaba enormemente. Las organizaciones de síntesis del momento agrupaban a comunistas libertarios con anarcosindicalistas, con otros libertarios de tipo individualista o insurreccionalista. El resultado eran decisiones poco vinculantes y ciertas vacilaciones a la hora de actuar unitariamente. De todas formas la participación de las tres organizaciones mencionadas en sus procesos revolucionarios fue encomiable.

En 1926 un grupo Dielo Truda, de exiliados rusos en París (Nestor Makhno, Piotr Arshinov, Ida Mett, entre otros), después de un proceso de análisis de la revolución rusa, señalaron los errores cometidos por su movimiento y se propusieron idear una metodología para superarlos en futuras revoluciones. Su reflexiones fueron recogidas en la Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas27.

El documento también propone una forma organizativa para la militancia libertaria que se basaba en una unión de anarquistas en base a un programa, es decir, una unión de anarquistas que conciben el anarquismo de forma similar, buscando una unidad teórica y táctica como paso previo a la acción revolucionaria y la necesidad de una disciplina interna. Este documento sería duramente atacado por los anarquistas de la época. Sobretodo destacan las críticas de Malatesta, Volin y Faure que creen que el modelo de organización propuesto es autoritario, y que entraría en contradicción con los principios del anarquismo ya que daría pie a una vanguardia. Como contra-propuesta se lanzará la idea del “anarquismo de síntesis”, que ya se venía poniendo en práctica en las organizaciones libertarias desde el siglo XIX, en el que caben dentro de las mismas tendencias diferentes anarco-comunistas, anarco-sindicalistas e anarco-individualistas.

En todos los países, el movimiento anarquismo está representado por organizaciones locales, con teorías y prácticas contradictorias, sin tener perspectivas de futuro ni una constancia en la militancia, y que suelen desaparecer sin dejar casi ninguna huella. Tal estado del anarquismo revolucionario, tomado como un todo, sólo puede ser calificado de «desorganización crónica». Como la fiebre amarilla, esta enfermedad de la desorganización se introdujo en el organismo del movimiento anarquista y nos sacude desde hace decenios.28

A pesar del revuelo levantado por el documento, y por el debate posterior en el movimiento libertario internacional, la posición partidaria de la Plataforma lograría tener influencia solamente en Francia y en Bulgaria, en donde se desarrollaba un potente movimiento libertario que tuvo serias opciones de victoria, y que como nos ha ocurrido siempre, se enfrentó a enemigos muy superiores y salió derrotado. La Plataforma fue reivindicada por grupos franceses e italianos en los años 50 y 60, hasta terminar como una de las principales corrientes organizativas libertarias de nuestros días.

Los anarco-comunistas de los años 20 y 30

En Argentina, así como en otros países, la Revolución rusa produjo un formidable impacto. El movimiento anarquista tuvo turbulentos debates que a menudo provocaron escisiones y expulsiones. Ya hemos dicho que en varios países los partidos comunistas salieron de grupos de anarquistas fascinados por Rusia. En Argentina el movimiento obrero de carácter más radical se había fracturado en 1915 durante su IX congreso, cuando la central sindical revolucionaria, la FORA, se dividió en dos ramas, una mayoritaria de carácter sindicalista revolucionario y la otra minoritaria de carácter explícitamente anarquista.

Para complicar más las cosas dentro de la FORA anarquista, la que defendía la declaración del V Congreso (es decir, una organización gremial de finalidad comunista anárquica), hubo una ruptura entre quienes apoyaban a la Revolución rusa y quienes la criticaban por autoritaria. Los primeros fueron denominados “anarco-bolcheviques”. Hemos de reconocer que en aquellos años la información no circulaba con rapidez, y que en un principio se tomaba a la Revolución rusa como liberadora. Al menos hasta Kronstadt una mayoría tácita del movimiento libertario internacional simpatizaba con los bolcheviques, inconscientes de lo que acontecía realmente.

La FORA del V congreso defendía un movimiento obrero libertario, era una organización político-sindical. Es decir, que su objetivo era organizar a los trabajadores e irlos acercando a su finalidad, el comunismo anárquico. Pero en los períodos en los que se hablaba de confluencia de diferentes corrientes del movimiento obrero, esa misma finalidad la hacía caer en el sectarismo.

Tras la dura represión de la Semana Trágica de Buenos Aires, y otras masacres del movimiento obrero, (como las de la Patagonia) en 1922 se funda la Unión Sindical Argentina, a partir de la FORA sindicalista y del sector anarco-bolchevique. Los grupos anarco-bolcheviques se organizaron ese mismo año efímeramente en la Alianza Libertaria Argentina. Pero el movimiento libertario está dividido y más preocupado de luchar contra las otras tendencias que de desarrollar conflictos con el estado y el capitalismo. Estas luchas internas hacen que el movimiento obrero se vaya alejando del anarquismo, y vaya progresivamente acercándose al socialismo y a posturas menos ideologizadas.

En los años 30, hay un nuevo proceso de unidad entre anarquistas, que da origen a la Federación anarco-comunista argentina, la FACA, que es una federación de síntesis anarquista. Sin embargo de este proceso saltará un grupo de tendencia anarco-comunista que fundará el periódico Spartacus, que más tarde tendrá un grupo con el mismo nombre, la Alianza Obrera Spartacus. Fue uno de los pocos grupos en difundir la Plataforma. La Alianza defendía el paso de sindicatos gremiales a sindicatos de industria, como había hecho la CNT española en 1919. También defiende la unidad por la base del movimiento obrero, aunque hubiera marxistas en esta unidad. La Alianza tuvo su momento de apogeo en las huelgas de 1936. Pero tras el estallido de la Guerra Civil española todo el movimiento volcará su actividad en el apoyo solidario con la CNT. La derrota de la República y la falta de referentes libertarios en el extranjero hará que el movimiento no sepa sobreponerse y que acabe superado por los comunistas y más tarde por los partidarios de Perón.

En Francia la Plataforma tuvo cierto impacto. Desde 1920 existía una organización específica, la Unión Anarquista (UA) en donde cabían todos los anarquistas. En 1926 se transformó en la Unión Anarquista Comunista (UAC) Pero las discusiones derivadas por la aparición de la Plataforma hicieron que los partidarios de la síntesis abandonaran la organización. La UAC, por lo tanto, queda a partir de 1927 como una organización mayoritariamente plataformista.

Pero con el auge de los Frentes Populares en Europa en los años 30 hay también un nuevo impulso hacia la unificación de los libertarios. Entre 1930 y 1934, en dos tandas, hay procesos de unificación que irán evolucionando hasta formar la Federación Anarquista Francesa, aunque sin disolverse la UAC. Pero al par que se da este proceso también habrá un grupo de plataformistas que abandonan la nueva organización. Este grupo formará la Federación Comunista Libertaria. Es decir, que hay una tendencia a juntarse todos los libertarios en una organización, pero cada vez que esto ocurre, los anarco-comunistas se dan cuenta de que necesitan la suya propia.

La guerra mundial hará que el movimiento pase a la clandestinidad, jugando un papel discreto, a menudo supeditados a otras fuerzas políticas. En 1945 se funda la Federación Anarquista, como única organización libertaria en Francia. Desgraciadamente el anarquismo no jugará en Francia un papel relevante hasta las revueltas de mayo de 1968.

En Italia, se podría decir que la UAI, fundada en 1920, era una organización de síntesis, pero no olvidemos que esa federación había surgido de la Unione Anarco-Comunista Italiana, para la que Malatesta había escrito un programa el año 191929. Si se funda la UAI como organización de síntesis es por la insistencia de Malatesta, que quiere organizaciones más abiertas. En la práctica la UAI simplemente añadía anarcosindicalistas a los comunistas libertarios ya previamente organizados. A efectos prácticos, la UAI funcionaría de forma muy coordinada, teniendo una influencia importante en las ocupaciones de fábrica operando en los comités de fábrica y en los sindicatos. De todas formas en la UAI había diversas formas de entender la organización anarquista, por ejemplo Armando Borghi, secretario general de la USI y militante de la UAI, llegará incluso a proponer la fusión de ambas organizaciones, a imitación del modelo de la FORA.

Pero tras el período de ascenso al poder de Mussolini, toda la lucha política y práctica se vuelca hacia el anti-fascismo. Hasta la II Guerra Mundial, no se podrá realizar una labor política alejada de esta línea. Y precisamente se comenzará a realizar durante la guerra civil italiana a partir de 1943 (la guerra entre partisanos y fascistas que fue paralela a la guerra entre los Aliados y los nazis en suelo italiano). Los anarquistas organizan no pocas unidades milicianas (a unos 15.000 partisanos de entre 200.000 en total). En aquellos años se crea la Federación Comunista Anarquista Italiana, que se convertiá más adelante en la FAI. En las zonas liberadas los anarquistas también pudieron implantar brevemente su modelo social.

En los años de la post-guerra una buena parte de los anarquistas del norte de Italia buscaban un contacto con las organizaciones de masas. Se produjo una escisión, dando pie a la Federación Comunista Libertaria de la Alta Italia, que tendría también una rama juvenil. Esta organización atrajo a algunos comunistas. También se fundarían en otras regiones organizaciones de tipo anarco-comunista. Todos estos grupos confluirían en 1951 en los Grupos Anarquistas de Acción Proletaria (GAAP).

En Italia el enorme peso del movimiento comunista hacía imposible que una acción autónoma tuviera posibilidades de éxito. Los comunistas supieron capitalizar la lucha de liberación nacional italiana, apareciendo como el movimento político que dirigía la guerra contra el fascismo. Por ello ganaron un prestigio enorme que ningún otro movimiento pudo desafiar. A pesar de su potencialidad y de su influencia en las huelgas del biennio rosso (1919-20) los anarquistas fueron desarticulados por el fascismo en 1921-24, aunque lograron reaparecer con la cabeza bien alta en el período 1943-45.

Mala suerte tuvieron los libertarios búlgaros. Fueron aniquilados en el golpe militar de 1923, en el que murieron 30.000 personas. Y una vez más anulados por otro golpe de estado fascista en 1934. Y más tarde machacados por la ocupación nazi de Bulgaria en 1941. Y las tres veces lograron sobreponerse al desastre y organizar un movimiento popular envidiable, con guerrillas incluso. La Federación Anarquista Comunista de Bulgaria30, fue el único movimiento libertario importante de la época que se rigió por la Plataforma. Supo navegar a contracorriente, y organizar grandes organizaciones populares que rivalizaban con las comunistas (que estaban financiadas por la Unión Soviética). Sin embargo, tras la ocupación del país por el Ejército Rojo en 1944, los comunistas se hicieron con el control del país. Aún así los anarquistas aguantarían hasta 1948.

Es sobre todo todo necesario para los partidarios del anarquismo comunismo estar organizados en una organización ideológica anarquista comunista. Las tareas de estas organizaciones son: desarrollar, realizar y extender las ideas anarquistas comunistas; estudiar las cuestiones vitales de hoy que afecten a las vidas diarias de las masas trabajadoras y los problemas de la reconstrucción social; la lucha multifacética por la defensa de nuestro ideal social y la causa de la clase trabajadora; participar en la creación de grupos obreros al nivel de producción, profesión, intercambio y consumo, cultura y educación y todas las otras organizaciones que puedan ser útiles en la preparación de la reconstrucción social; preparación y organización de estos eventos; el uso de todos los medios para lograr la revolución social. Las organizaciones anarquistas comunistas son absolutamente indispensables para la total realización del comunismo libertario tanto antes de la revolución como después.31

El caso español

España siempre fue quedó descolgada de los debates anarquistas internacionales. El movimiento obrero ibérico (incluyendo a Portugal) se había orientado hacia el anarcosindicalismo y su fuerza en lugar de ser sobrepasada por la socialdemocracia o el comunismo incluso aumentó siendo hegemónica en varias zonas. Esta fuerza con la que contaban hizo que no prestaran mucha atención a los anarquistas extranjeros, que en los años 30, ya podían ser considerados representantes de un movimiento en declive.

Las necesidades organizativas del movimiento dieron lugar a la creación de una organización específica, la Federación Anarquista Ibérica (FAI), a partir de varios grupos y otras federaciones de grupos libertarios. También se fundó en una base de organización de síntesis anarquista, mezclando grupos con intenciones culturales, con otros más dedicados al anarcosindicalismo o al comunismo libertario.

En cambio, sí hubos grupos federados en la FAI con una visión más política. Por ejemplo el grupo de Los Solidarios, después llamado Nosotros era un grupo con una orientación politica y militar, que no dudaba en combinar ambos conceptos en cuanto tocara. Formaban parte del mismo (Buenaventura Durruti, Joan García Oliver, Francisco Ascaso, Gregorio Jover, Ricardo Sanz, etc.) Su influencia fue grande, aunque no terminara de arrastrar a toda la FAI. Otro de estos grupos era el grupo Nervio, que en Barcelona sí que consiguió arrastrar a otros grupos, y que de aquí salió la corriente colaboracionista de la guerra civil española. Otro grupo a destacar sería el grupo Renacer, el germen de Los Amigos de Durruti.

Al grupo Nosotros se debe una parte de las insurrecciones populares de 1932 y 1933. Precisamente, serían las mejor preparadas. En realidad la mayoría de las insurrecciones locales se producían por la represión de la Guardia civil y por la desesperada situación social en que se encontraba el campesinado y la clase obrera. El grupo Nosotros sirvió como instigador y coordinador de varios levantamientos, que por lo general estuvieron mal preparados. Sin embargo, su experiencia se trasladó a los comités de defensa que constituyeron los sindicatos durante los años 30. Gracias a estos comités el movimiento libertario comenzó a tener una rama militar que posteriormente sería capaz de derrotar al ejército en varias ciudades españolas.

Todos estos grupos estaban opuestos a otra tendencia libertaria. A los treintistas. Los treintistas eran firmantes del Manifiesto de los Treinta, que defendía que para llevar a cabo una revolución social triunfante era necesaria la consolidación de la organización obrera (la CNT) y la consolidación también de un régimen republicano en el que poder operar con tranquilidad. Se trataba de militantes obreros que habían dirigido a la CNT durante los años 20. Estaban, de alguna manera, de acuerdo con una especie de período de transición que pudiera fortalecer a las organizaciones revolucionarias. Los más destacados partidarios de esta línea fueron Joan Peiró, Juan López, Domingo Torres o Ángel Pestaña.

Somos revolucionarios, sí; pero no cultivadores del mito de la revolución. Queremos que el Capitalismo y el Estado, sea rojo, blanco o negro, desaparezca; pero no para suplantarlo por otro, sino para que hecha la revolución económica por la clase obrera pueda ésta impedir la reinstauración de todo poder, fuera cual fuere su color. Queremos una revolución nacida de un hondo sentir del pueblo, como la que hoy se está forjando, y no una revolución que se nos ofrece, que pretenden traer unos cuantos individuos, que si a ella llegaran, llámase como quieran, fatalmente se convertirían en dictadores al día siguiente de su triunfo.32

La corriente se organizaría mediante la Federación Sindicalista Libertaria, opuesta a la FAI. Sin embargo, a pesar de tener cierta influencia en la organización confederal no lograron ser seguidos, y quedaron en una pequeña minoría. Pestaña, por su parte pensando que había llegado el turno de los partidos políticos formó el Partido Sindicalista33, que estaba concebido para ser el partido de la CNT. Era una plataforma electoral que tenía la intención de conectar el movimiento obrero (a la CNT) con la pequeña burguesía y los profesionales liberales. Hubo muchos intentos de “partido de la CNT”. Por ejemplo el PCE o el POUM intentaron serlo, arrastrando consigo a algunos militantes. Pero en la mayoría de los casos los militantes confederales (de la CNT) se decantaban por apoyar a los partidos republicanos. Se podría decir que era una contradicción estar por un lado defendiendo ideas anarquistas, pero cuando llegaban las elecciones, votar a los republicanos y no apoyar partidos aparentemente más propios.

En la Revolución asturiana de 1934 se desarrollaron varias estrategias. Por un lado la de la huelga general revolucionaria, por otro lado la insurreccional. Pero fueron los socialistas quienes dirigieron en todo momento la insurrección, y quienes a pesar de ser superados por las bases pudieron capitalizar el movimiento. A pesar de todo los anarquistas sacaron valiosas lecciones prácticas de Asturias que adaptaron a sus tácticas militares.

Cuando llegó el levantamiento militar del ejército español, y el estado republicano se hundió, el movimiento obrero logró salvar la situación. Pero cuando tenía el poder en la mano, renunció a él, pactando con los partidos de la clase media (republicanos, nacionalistas y socialistas). Del movimiento anarquista se fue formando una tendencia nueva hasta entonces que surgía de los militantes de los barrios, de los comités de fábrica, de los sindicatos, de las milicias, que apoyaba la revolución y que hablaba de la supresión del estado mediante la toma del poder por parte de la clase obrera. Esta corriente cristalizó en la Agrupación de Los Amigos de Durruti34, en marzo de 1937. Y tendría un papel protagónico en los Hechos de Mayo de aquel año35.

Desde luego, hay mucho que explicar del tema, pero por espacio no podemos dedicarnos a ello. Nos quedamos pues con tres momentos: el de los treintistas que vieron claro que había que consolidar sus organizaciones antes de intentar cualquier movimiento insurreccional y que habían puesto en el imaginario colectivo del anarquismo ibérico de los años 20 el concepto de la “autogestión”, que como se vio durante la revolución española alcanzó cotas espectaculares; el del grupo Nosotros que supo organizar militarmente el movimiento libertario, cuyas raíces se encuentran también en los años 20 en medio de la guerra callejera entre la patronal y los sindicalistas; y finalmente el de Los Amigos de Durruti, cuya mayor aportación fue la de poner sobre el tapete una teoría revolucionaria pero que llegó desgraciadamente demasiado tarde.

Para que un movimiento revolucionario pueda tener opciones algún día, tiene que ser capaz de conjugar estas tres vertientes, la socio-económica, la militar-insurreccional y la política. En España los defensores de cada una de estas tres vertientes acabaron enfrentándose en lugar de complementar sus prácticas. Por ello la FAI a la hora de la verdad fue una organización política inoperante y dejó en manos de la CNT toda la resposabilidad en el campo político, asumiendo el doble papel de “partido-sindicato”.

Las revoluciones sin una teoría no siguen adelante. «Los Amigos de Durruti» hemos trazado nuestro pensamiento que puede ser objeto de los retoques propios de las grandes conmociones sociales, pero que radica en dos puntos esenciales que no pueden eludirse: un programa y fusiles.36

El anarquismo fuera del área europea

En los años 20 y 30 del siglo XX, en el perído de entreguerras, se desarrollaron movimientos poco conocidos de clara influencia libertaria. En aquellos años llega el anarcosindicalismo a nuevos territorios como Perú, Ecuador o Bolivia. Pero también tienen lugar diversas intentonas revolucionarias en Paraguay y en Corea.

En Paraguay, el movimiento anarquista a pesar de ser pequeño tuvo un intento de insurrección en 1931 que fracasó37. Los insurrectos buscaban la instauración de una «república comunera» bajo control sindical, algo así como la “socialización” del estado, y organizar la economía mediante la socialización o la nacionalización de los medios de producción. Su inspiración venía de la Comuna de París. Nos vemos en un caso muy similar al de las insurrecciones de Brasil en 1918. Al igual que las insurrecciones españolas de aquel momento, es muy probable que sobrevaloraran sus propias fuerzas. No todo es tener programa.

Otro de los grandes hitos del anarquismo, al par de las revoluciones mexicana, ucraniana o española, es la revolución de Corea en 1929-3238. Se trata de una lucha de liberación nacional que escoje el anarquismo como forma de lograr su libertad. A menudo se lo confunde con los movimientos nacionalistas, pero visto su pensamiento y su obra teórica y práctica nos encontramos ante un movimiento claramentet anarquista. Y como tal se reivindicaban.

Aquellos años de lucha anti-colonial contra el imperialismo japonés habían hecho del movimiento libertario una potencia política y militar a tener en cuenta. Su organización política de hecho era una organización de masas, con muchos miles de afiliados, cosa rara para una federación anarquista (con la excepción histórica de la época de la Rusia y la España revolucionarias, que tuvieron federaciones de decenas de miles de afiliados). A finales de 1929 la federación anarquista decide destinar sus recursos a crear una zona liberada en el norte de Corea y el sur de Manchuria (norte de China). Se trata de la Comuna Autónoma de Shinmin, en la que vivieron 2 millones de personas. Su sociedad declinó cuando los estalinistas fueron asesinando a sus militantes clave. Y también porque a finales de 1931 los japoneses van atacando Manchuria con el objetivo de anexionarla a su imperio, y pasan por encima de la sociedad liberada. Se trata de un bello ejemplo de la potencialidad estratégica de una organización libertaria, con mala suerte una vez más.

En China y en Japón a pesar de contar con grandes grupos anarquistas el movimiento no pudo desarrollarse con soltura. En Japón la represión fue feroz y lo hizo siempre permanecer a la defensiva, además el movimiento cayó en un purismo ideológico que lo fue separando del movimiento obrero. En China el movimiento no tuvo capacidad de organizarse a escala nacional y todo lo que había ganado a base de influenciar el Movimiento Cuatro de Mayo, lo perdió precisamente por no tener una política revolucionaria. Sus esfuerzos fueron poco a poco capitalizados por los comunistas que a lo largo de la década se atraerían a los anarquistas más válidos.

Conclusiones

El movimiento anarquista internacional vivió su apogeo entre 1910 y 1940. En estos años jugó un papel determinante en las revoluciones mexicana, rusa (y ucraniana), coreana y española. Además participó en, o instigó, muchas revueltas e insurrecciones que no lograron prevalecer (Brasil en 1918, Alemania en 1918-19, Shanghay en 1919, Paraguay en 1931, Asturias en 1934…) e innumerables movimientos huelguísticos (Semana Trágica de Barcelona de 1909, Semana Roja italiana en 1914, Semana Trágina de Buenos Aires en 1919, Italia en 1919-20, Patagonia en 1921…).

Antes de este período, el movimiento anarquista había participado también en otra larga lista de levantamientos contra la autoridad y el capitalismo (París 1871, Revolución cantonalista 1873, Florencia y Bolonia 1874, Benevento 1877, Chicago 1886, Jerez 1892, Macedonia y Tracia 1903, Rusia 1905…) que los preparó para la etapa siguiente. Aunque nunca olvidaron la experimentarción formando también parte del movimiento cooperativista y mutualista o creando comunas libertarias, colonias o escuelas libres.

El sindicalismo revolucionario se desveló como una gran idea a principios del siglo XX y fue impulsada entusiastamente por los anarquistas. Su dinamismo y sus tácticas lograron poner contra las cuerdas a los capitalistas. Sin embargo pronto llegó a su máxima extensión. Si era una vía para llegar a la revolución, ¿cómo sería ésta? Se podía organizar a los trabajadores, pero no se les daba un objetivo claro, un método para ir hasta el final. Una vez en plena huelga general, el comité no optaba por tomar el poder, sino que se quedaba a veces en reivindicaciones economicistas. Eran más amplios de miras cuando en las huelgas participaban otros grupos revolucionarios, normalmente socialistas, que entendían la cuestión de la toma del poder como esencial.

La acción sindical servía, y se ha demostrado así, como proceso de organización de la clase obrera, de cohesión, y de creación de un poder popular. Los obreros comenzaban a vislumbrar victorias gracias al hecho de estar organizados, y entraban en contacto con la concepción socialista de la gestión de los medios de producción. El sindicalismo es el proceso de preparación para la autogestión.

De todas las revueltas y construcciones de sociedades nuevas antes mencionadas, podemos extraer algunas enseñanzas útiles. Por un lado que las insurrecciones tienen que estar bien preparadas y desatarse en el momento justo. Por ejemplo, la insurrección del Benevento (sur de Italia) en 1877 recuerda a la de los barbudos cubanos del Granma en 1956. Los primeros eran 30 voluntariosos revolucionarios a caballo, y los segundos 18 guerrilleros subidos en un bote rumbo a Cuba. Pero los segundos escogieron un momento en el que el movimiento popular estaba en auge, y los primeros justo un momento de calma social en el territorio.

Las insurrecciones anarquistas de 1932 y 1933 en España resultaron experiencias fallidas, poco preparadas y mal dirigidas y fueron disueltas por la Guardia Civil. Y en cambio la huelga asturiana de 1934 se convirtió en un hito histórico internacional en el que tuvo que intervenir un ejército en pie de guerra durante dos semanas para derrotarlo. La práctica insurreccional tiene que estudiar el momento, contar con los aliados necesarios y tener unos objetivos claros. Como hemos visto, los bolcheviques ganaron en Petrogrado y los obreros libertarios brasileños fracasaron en Río de Janeiro en una insurrección que realmente no estuvo mal planteada a priori (los errores fueron otros) y que tuvo posibilidades de salir triunfante.

Un movimiento revolucionario debe tener en cuenta la correlación de fuerzas existente en cada momento antes de realizar actos insurreccionales. Debe ser capaz de dilucidar si esta insurrección, lo colocará en un escenario más propicio para sus intereses o la represión posterior lo hundirá. Debe ser capaz de elegir correctamente el momento de desatar la ofensiva. Debe ser capaz de escoger los aliados adecuados para una posible lucha larga. Son cuestiones con las que los movimientos insurreccionales se encuentran, y a menudo no se plantean previamente con claridad.

La constatación de que los comunistas han sabido ganar allí donde los anarquistas han fracasado ha hecho que durante décadas los espíritus rebeldes se acercaran a los primeros aceptando acríticamente su método revolucionario. Durante mucho tiempo la humanidad ha estado buscado caminos hacia la liberación y ninguno ha demostrado ser sencillo. Y a veces los atajos esconden peligros, como el que desveló la estrategia de la conquista del estado como forma de liberación. A pesar de los errores ajenos está claro que es necesario lograr victorias. El leninismo lo logró, y el anarquismo se quedó a las puertas, a veces por intentar competir con gigantes, pero en muchas otras por errores propios.

En Rusia las cosas cambiaron radicalmente. Al tomar el control del estado mediante la insurrección, los bolcheviques crearon una nueva tendencia. Pronto hegemonizaron el movimiento obrero, mediante sus partidos comunistas, que despreciaban el sindicalismo como método revolucionario. La Revolución rusa supuso el triunfo de la insurrección y de la guerra como medio para llegar al socialismo. Lamentablemente una vez en el poder, el “gobierno proletario”, se convirtió en un fin en sí mismo, en un sustituto de la clase. La etapa de transición al socialismo se alargaba indefinidamente produciendo monstruosas desviaciones.

Pero realmente estas tácticas ya las habían probado previamente los anarquistas; Bakunin varias veces, Malatesta otras más y después de 1917 se probaron varias veces más. Podríamos escribir auténticos catecismos o manuales de la insurrección y la revuelta, pero debemos reconocer que desde el anarquismo no se escribió una “teoría de la revolución”. Ricardo Flores Magón a pesar de encender la mecha de la Revolución mexicana no sistematizó su pensamiento revolucionario en una obra coherente y fácil de imitar. Los anarquistas europeos seguían a rajatabla la consigna del sindicalismo revolucionario (y del anarcosindicalismo). Y el fracaso de las insurrecciones y revoluciones en las que participaron anarquistas en los años 10 y 20 hizo que se llegara a los años 30 con pocas ideas concretas de cómo encarar un proceso revolucionario.

Un intento de solución de este problema fue la Plataforma del grupo Dielo Truda. Aportó mucha claridad, pero apenas pudo ponerse en práctica en una Bulgaria aprisionada entre dos poderosos ejércitos (los nazis y los estalinistas) – destino idéntico del del anarquismo italiano, del coreano o incluso el español. No haber llegado más lejos en 1917-1921 abrió el camino de esta situación reaccionaria en 1936-1945.

El otro gran hito teórico fue la conclusión a la que llegaron Los Amigos de Durruti durante el año 1937. Destaparon la carencia de una teoría revolucionaria en el anarquismo e intentaron generar un programa que la supliera. Desgraciadamente llegaron demasiado tarde y fueron ignorados y vilipendiados por la historia. La revolución española ya había perdido.

Concluyeron que la organización política del anarquismo tiene que ser capaz de compaginar una idea económica, es decir, de autogestión, con unas posiciones políticas, es decir, de disputa del poder a la burguesía. Y para disputarle la dirección del país a la burguesía, era necesario disponer de un programa y de un “ejército de la clase obrera”. Este fue el legado de Los Amigos de Durruti. Y también de la Plataforma, y de otros grupos anarquistas que fueron llegando a las mismas conclusiones.

Después de tener un planteamiento adecuado a priori, se puede hablar de escoger los momentos adecuados. Parece ser que la historia de los movimientos de liberación nacional – ya sea contra los fascismos nacionales (Italia 1924-1943, España 1936-1975, Chile 1973-1988) o ya sea contra los estados imperialistas coloniales (en Macedonia, China, Corea, Argelia, etcétera) – está tan llena de ejemplos de revoluciones sociales como la lucha del movimiento obrero.

Hay que tener en cuenta siempre que el anarquismo es una herramienta para logar la liberación colectiva. Hay que aprovechar todas las contradicciones del sistema para prevalecer. Esperemos que en las próximas oportunidades históricas se puede algún día poner en práctica todas estas valiosas enseñanzas.

@BlackSpartak

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3.- La enfermedad intantil del izquierdismo en el comunismo, pag. 15. Lenin, 1920

8.- Fragmento de la intervención de Kropotkin.

14.-La Revolución Desconocida, Volin. El libro en pdf

15.-Golos Truda, 20 de octubre de 1917.

25.- Revolución no es dictadura. La gestión directa de las bases en el socialismo. Luigi Fabbri, 1920

28.-Introducción a la Plataforma, Piotr Arshinov, París 1926.

31.-Fragmento de la Plataforma de La Federación Anarquista Comunista de Bulgaria, 1945.

32.-Fragmento del Manifiesto de los Treinta, Barcelona, agosto de 1931

36.-Fragmento del manifiesto que se puede leer en El Amigo del Pueblo, nº5. 20 de julio de 1937

En la espiral de la energía

Vol. 1 Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo)

Vol. 2 Colapso del capitalismo global y civilizatorio

Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes

Edita : Baladre y Libros en Acción

A la hora de abordar una obra tan vasta y ambiciosa, dos volúmenes que abarcan entre los dos unas novecientas páginas, sesenta de ellas sólo en bibliografía, descartamos desde el primer momento hacer algo así como un comentario exhaustivo de todo lo que en ella se trata. Incluso intentando ser muy esquemáticos, dicho comentario desbordaría la extensión de cualquier publicación periódica.

Nos conformaremos más bien con dar nuestra opinión sobre lo que vemos de mayor interés, sin obviar las críticas y objeciones que nos parezcan oportunas.

En cuanto a la forma, extensión y presentación general del libro, comenzaremos con un reproche que se refiere al título, En la espiral de la energía, y el subtítulo del primer volumen, Historia de la humanidad desde el papel de la energía (pero no solo). Dado el contenido de esta primera parte, el subtítulo que acompaña puede dar lugar a confusión. La mayor parte de la obra está compuesta por apartados históricos y descriptivos de gran extensión donde la energía sólo adquiere un protagonismo discreto, llegando en ocasiones a borrarse. Y ese “pero no solo”, que parece un poco añadido in extremis, no hace sino recargar el título general, sin arreglar gran cosa.

Se podría decir que el primer volumen es más bien una historia general de los sistemas de poder. Dentro de la argumentación que se desarrolla a través de los diferentes apartados, la energía no se coloca en el centro sino que hay otros polos como la agricultura, la técnica, la expansión de los mercados, el nacimiento del Estado, el colonialismo, la demografía o el fenómeno urbano, que van formando la trama de una gran narración histórica. Y tampoco podemos decir que la energía sea el hilo delicado con el que se va tejiendo todas estas cuestiones. Estaríamos más bien ante una historia de la humanidad desde el punto de vista de la dominación social, tomando como base la ecología política y, por tanto, todo lo que concierne la cultura material (agricultura, agua, ciudades, deterioro ambiental, cambio tecnológico y, claro, energía). No negamos, claro, que los autores hayan concedido un papel muy importante a la energía, sólo que nos parece que ese papel no es principal, y a su lado desarrollan tantos aspectos, y a veces con tanto detalle, que necesariamente eclipsan el supuesto objeto central.

En el segundo volumen, el subtítulo se correspondería mejor con el contenido. Hay tres grandes apartados. El primero explica los entresijos de la crisis financiera, articulándola en ocasiones con la cuestión de la energía. El segundo apartado aborda de manera explícita la cuestión del agotamiento de los recursos energéticos y sus posibles recambios. Finalmente, el tercer apartado, de más de 150 páginas, constituye más bien un conjunto de ensayos que analizan temas muy variados, ya sugeridos en las partes finales del primero volumen: tecnología, colapso, agricultura, urbanismo, nuevas claves del capitalismo, factores ideológicos, nuevos conflictos, etc.

La segunda objeción que tendríamos que hacer al conjunto de la obra es que su enorme extensión, junto con el carácter de algunos de los apartados, nos hace pensar a veces en una suma de pequeños libros cuya articulación no parece siempre bien conseguida 1. Pensamos que hay muchos desarrollos que se podrían haber condensado. En ocasiones se dan explicaciones detalladas, por ejemplo de la teoría marxista del capital, que en el año 2015 nos parece que sobran. Así mismo los apartados 6 y 9, analizando cuestiones de actualidad tan semejantes, podrían hacer sido sintetizados en una sola sección, con lo que se habría aligerado la obra. En muchas ocasiones, leyendo el libro, se tiene la impresión de que los autores han querido abarcarlo y explicarlo todo y el lector pierde el camino a través de inacabables páginas de apretado texto. Un libro siempre es importante por lo que dice, pero también por lo que omite. Y la voluntad de esta obra parece la de no querer omitir nada, con lo que muchas veces se pierde la aportación verdaderamente personal y tenemos la molesta sensación de encontrarnos delante de un manual o de una obra divulgativa de gran formato.

En fin, todo esto por lo que respecta al aspecto formal. Excúsenos si pecamos de quisquillosos, pero la forma del libro no es en absoluto ajena a los contenidos. Hablemos de estos.

Como ya lo hemos señalado antes, el primer volumen podría ser considerado como un tratado de historia, antropología y ecología política que intenta ofrecer un cuadro de la formación de los sistemas de dominación social. Uno de los aciertos de la obra es justamente la radicalización del lenguaje con respecto a otros textos producidos por militantes o teóricos de la ecología en los últimos tiempo. Es verdad que las aportaciones de Ramón Fernández Durán, sobre todo en los últimos años de su vida, fueron cada vez más al encuentro de la ecología libertaria y de los movimientos anti-desarrollistas. En esta obra estas aportaciones parecen revisadas y matizadas por Luis González. Aparecen, con saludable insistencia, términos como “megamáquina” o “dominación”, lo que hace diez o quince años, dentro de un documento escrito por miembros de Ecologistas en Acción, no habría sido tan usual. En el prólogo podemos leer: “Otra relación determinante es la existente entre energía y dominación. Una cantidad y calidad mayor de la energía disponible ha permitido controlar a más personas y más territorios.” No habría estado de más que los autores lanzaran una mirada crítica retrospectiva sobre la manera en la que el movimiento ecologista fue marginando hasta hace pocos años este tipo de perspectivas que, sin embargo, estaban bien presentes en los años setenta, cuando la ecología, en muchos casos, estaba aún vinculada a una crítica radical de la sociedad.

Pero volvamos al contenido. Ante el formidable aparato histórico y antropológico del primer volumen, poco tenemos que decir. No podemos sino estar de acuerdo con el análisis político que asocia el despliegue del potencial energético a la nueva forma planetaria de la dominación social:

“La restricción en el acceso a la energía había sido una de las limitaciones fundamentales para la dominación de unos seres humanos sobre otros. Con el uso masivo de la energía fósil este límite se diluyó. La conversión de energía fósil en mecánica dio unos poderes sin precedentes a las organizaciones jerárquicas, coercitivas y centralizadas, que desbordaron el aparato estatal, que hasta entonces era el espacio principal donde se manifestaban, para reproducirse en la gran empresa capitalista, expandiendo su influencia por todo el cuerpo social.” (p. 253, primer volumen).

Dentro del último apartado, donde se habla de la “era trágica del petróleo”, se analizan todos los desastres y situaciones de conflicto que una economía basada en los combustibles fósiles ha provocado: explosión urbana y demográfica, luchas sociales, colonialismo, desigualdades, una ideología del consumo ahora alimentada por esa “tercera piel” digital y, sobre todo, una agricultura industrial, altamente destructiva, que se define de manera muy lúcida: “Así la agricultura dejó de ser una fuente energética para convertirse en un transformador energético para que los cuerpos humanos pudiesen metabolizar los combustibles fósiles.” (p. 426, primer volumen)

A veces, aparecen no obstante apuntes sobre cuestiones laterales que habrían necesitado de un desarrollo más consecuente para poder ser entendidas. Un caso claro es la cuestión relativa al patriarcado y la situación de la mujer. Por ejemplo:

“Ya vimos que, como consecuencia del inicio de la Revolución Industrial, se produjo una primera crisis de los cuidados. Para afrontarla, en esta época se terminó de implantar la visión de que los dos sexos eran naturalmente distintos y el femenino, inferior.” (p. 297, primer volumen)

No creemos que hiciera falta mucha implantación para que el común de la gente aceptara que entre los dos sexos, aunque sólo fuera a nivel morfológico, había algunas diferencias naturales bastante evidentes. Otra cosa puede ser la elaboración social de las funciones de hombres y mujeres. Ese es otro cantar. En cuanto a la supuesta inferioridad de la mujer, aún a riesgo de generalizar mucho, seguramente era un lugar común que venía de períodos anteriores, ya que el machismo no nacía, por desgracia, entonces.

Otro ejemplo:

“Y en la familia fueron las mujeres quienes se tuvieron que encargar de estas labores básicas, por lo que les impusieron socialmente dos valores básicos: amor y sacrificio.”

Sin embargo, todo esto es bastante inexacto. A partir de la Revolución Industrial, también muchas mujeres, y niñas, son incorporadas al sistema del trabajo asalariado, dentro de la mina o la fábrica, y con un sueldo inferior al de los hombres, cosa que los autores de este libro no ignoran. Por otro lado, si muchas mujeres tuvieron que aceptar un cierto tipo de sacrificio, también lo hicieron millones de desgraciados varones que sucumbieron física y moralmente durante la industrialización. Quizá podríamos afirmar que si el varón tuvo que sufrir la industrialización, la mujer, además de la industrialización, tuvo que soportar a su hombre industrializado. ¿Podríamos aceptar entonces que el sacrificio de la mujer fue doble? Tal vez, pero para entender esta cuestión crucial no podemos despacharla en cuatro párrafos 2.

Ocurre algo parecido con el asunto del “individualismo”, cuestión que es recurrente en la obra. Se establece una relación, a nuestro juicio simplificadora, entre el nacimiento progresivo de la persona individual en la edad moderna, en detrimento de una personalidad relacional, lo que daría lugar al individualismo y a la atomización social, pilares ambos del sistema capitalista. Sin embargo, en la evolución histórica de las sociedades, la tensión entre grupo e individuos es siempre contradictoria y paradójica. Para que haya verdadera relación tiene que haber individuos diferenciados. En cualquier caso, el concepto de persona individual, o de individuo, no se opone necesariamente al de cooperación, mientras que el individualismo no tiene por qué ser siempre sinónimo de “egoísmo”. Habría que ver más bien como todas estas nuevas “partículas elementales” humanas de la edad contemporánea se integran hoy en una amorfa sociedad de masas, donde queda poco de persona individual o de cooperación.

Estos dos problemas, el de la situación de la mujer y el individualismo, convergen en el apartado “Crisis de los cuidados”, contenido en el segundo volumen, en una interesante reflexión:

“Así, un porcentaje creciente de mujeres han desarrollado una identidad individual, como la de los hombres, en la que desvalorizan las necesidades emocionales. El trabajo doméstico ha ido pasando a verse como una atadura del pasado de la que hay que huir. Pero la situación de las mujeres, en general, es distinta a la de los hombres pues, junto al aumento de su conciencia individual, son responsables de las labores colectivas de reproducción social, lo que les obliga a enlazar la identidad individual con la colectiva en una identidad relacional-individual.” (p.165)

Los autores vuelven sobre este problema en el apartado 9.10, en concreto entre las páginas 300 y 312, que nos parecen de lo más valioso del segundo volumen ya que abundan sobre la cuestión del individuo y la relación, ofreciendo pistas en cuanto a valores y emociones que deben extenderse si queremos emprender un cambio social en un sentido emancipador. La revalorización de la empatía y la compasión, en su sentido literal, sentimientos atribuidos tradicionalmente a la mujer, podría revelar una dimensión política plena de promesas.

En cuanto a la cuestión de la energía y el colapso, en el segundo volumen estas cuestiones se abordan abiertamente. En el segundo apartado se empieza dando algunas nociones básicas sobre el fenómeno del famoso “peak oil”. En la página 87 podemos leer:

“Sin embargo, es importante entender que el “pico de extracción” es un concepto que solo se basa en las características geológicas del recurso, obviando otros factores fundamentales, como los políticos (ayudas públicas, inestabilidad), económicos (inversiones), sociales (resistencias a la explotación), ambientales (falta de recursos necesarios para la extracción) o tecnológicos (mejoras en la maquinaria). Todos ellos condicionan cuando será el cenit y, sobre todo, cómo será el descenso de la extracción una vez se sobrepase.”

Todo ello es exacto, pero los autores deberían precisar si estas consideraciones justifican o no seguir utilizando, en general, el concepto de cenit o “pico de extracción”. En efecto, es ésta una noción poco nítida que tal vez se pueda utilizar con sentido a la escala de una región productora o incluso de una nación pero, ¿y a la escala del planeta? Se sabe, por ejemplo, que los Estados Unidos, ya desde finales de los años cuarenta, fueron progresivamente “descuidando” la prospección en sus propios territorios en el momento en que comprobaron que el petróleo que venía de Oriente Medio podía ser más barato, siempre por causas políticas (a parte de que materialmente, tuviera un costo de extracción muy bajo). Esto condicionó necesariamente la evolución de su industria. Las limitaciones geológicas son pues evidentes pero la manera en que estas se imponen a la ambición de los imperios deja lugar a muchas incógnitas. Lo que interesa entonces no es tanto saber si estamos antes o después de ese hipotético cenit mundial, sino cómo los Estados industriales van reaccionando al encarecimiento de la extracción de los combustibles fósiles según las estrategias políticas y de mercado. El caso del petróleo de esquisto es significativo ya que a finales de los años noventa, muy pocos analistas críticos habrían anticipado que los gobiernos de las naciones desarrolladas llegarían a interesarse por métodos de extracción tan costosos a todos los niveles. No sugerimos que la extracción de petróleos no convencionales pueda contrarrestar sustancialmente el imparable descenso de la producción, pero hay que poner el énfasis no en la fragilidad del sistema, que evidentemente no negamos, sino más bien en la obstinación de la sociedad capitalista a la hora utilizar todos los medios para seguir asegurando su dominación.

Hace una década la posición de base de las organizaciones ecologistas con respecto a estas cuestiones era, resumiendo bastante, la siguiente: el cenit petrolero es ya un hecho y hay que prepararse para el descenso; la energía nuclear es una energía en declive, por su carestía y sus problemas técnicos, y no tardará en declinar; existen no obstante energías alternativas, como la eólica y la solar, que pueden poco a poco substituir a las convencionales e incluso llegar al famoso 100% renovables. Dado el estado de deterioro ambiental y el avance del cambio climático, junto con la inminencia de las burbujas financieras, la única vía posible que se abre para los Estados es emprender una transición energética que nos lleve a una sociedad más justa, igualitaria y respetuosa con el medio ambiente.

Insistimos, hemos sintetizado la cuestión pero, en esencia, las posiciones eran estas. ¿Qué ha ocurrido en estos diez últimos años? El descenso de la capacidad general para extraer petróleo barato sigue presente pero esto no ha impedido que la industria y los Estados continúen, desesperadamente, buscando nuevas formas de extracción. El proceso es más lento y penoso de lo que muchos habían pensado. En cuanto a la energía nuclear, incluso con el desastre de Fukushima, hoy por hoy parece que se mantendrá durante mucho tiempo. Es verdad que, grosso modo, sus perspectivas de crecimiento en el mundo actual se volatilizan. Muchos siguen insistiendo en que el aporte de energía de las centrales nucleares, en términos globales, es mínimo. En la obra que nos ocupa se nos recuerda: “A nivel mundial la aportación nuclear a la generación de electricidad ronda el 15%, pero su contribución a la energía primaria mundial es mucho menor, del orden del 2%.” De acuerdo, pero lo importante es que la mayor parte de la producción de energía nuclear se concentra en algunos de los países más poderosos del mundo y no es inocente que hoy China, que poco a poco se coloca al lado de estos países, haya optado también por desarrollar este tipo de energía. En términos cuantitativos puede que la energía nuclear esté en declive pero en lo que respecta a las estrategias industriales y militares de los poderosos, es una opción que está muy presente. En cuanto a las llamadas energías renovables, que organizaciones como Ecologistas en Acción apoyaban hace una década, no se tuvo en cuenta, o no lo suficiente, que aquellas no podían escapar, dadas las condiciones en que se implantaban, a una lógica de desarrollo industrial y empresarial, como ha sido el caso. Ya cuando Fernández Durán sacó su libro sobre el declive del petróleo, año 2008, había justamente en sus páginas un oportuno rechazo a las panaceas tecnológicas renovables.

En cuanto a las energías renovables, en esta parte no se dedican apartados específicos a su análisis. Pero se ofrecen algunas pistas. Se insiste, de todas formas, en que su desarrollo está ligado a la evolución del petróleo y a la extracción de minerales cuyas reservas están también comprometidas en el futuro. En ocasiones, se habla de “renovables centralizadas”, lo que nos parece acertado, ya que de todas formas, salvo muy contadas excepciones, es la forma que adquieren hoy este tipo de energías. Otros aspectos que nos parecen interesantes en el segundo volumen es la crítica del mito tecnocientífico, de la desmaterialización, de la sociedad de Internet y del “capitalismo verde”. Como se dice en la página 174: “La “vía verde” consistiría en intentar hacer una transición energética sin poner en cuestión la lógica del actual capitalismo global, es decir, sin parar su necesidad intrínseca de crecimiento y acumulación constante.” Cierto. Y más adelante: “La economía verde sigue siendo una apuesta especulativa y gran parte del negocio consiste en decir que habrá grandes beneficios y, con ello, conseguir la inversión pública y privada, siempre con la garantía última del Estado.” También muy cierto.

¿Cual sería el resultado de todo ello? Una de las partes más discutibles del segundo volumen sería precisamente su inmersión en la naturaleza de un hipotético colapso donde se adelantan escenarios más o menos desastrosos para el siglo XXI. Sobre esta cuestión poco podemos decir ya que en el intento de anticipación, fuera del campo de la ficción, o nos atenemos a generalidades que aportan poco, o intentamos escrutar con detalle un futuro que siempre es el terreno de la incertidumbre. Los autores descartan el escenario de un colapso ordenado, o “decrecimiento justo” e indican que la probabilidad mayor se inclina por un colapso caótico (decrecimiento injusto): “Como ha ocurrido en otros momentos históricos de quiebra de distintas organizaciones sociales, habrá fuertes crisis económicas y cortes en los mercados; rebeliones y caídas de regímenes; reducción de la estratificación social y simplificación de las formas de vida; desurbanización; aumento de las migraciones; y disminución de la población. Aunque, dentro de este gran marco caben muchos grises, que serán resultado de las articulaciones sociales que se pongan en marcha.” (p. 198)

A continuación, en las “Etapas del colapso” los autores glosan algunas de las posibles perspectivas a contemplar en el futuro. Valgan como posibles líneas de orientación, teniendo en cuenta que su contenido poco tiene de novedoso con respecto a lo que se viene escribiendo sobre estas cuestiones.

Evidentemente, si aceptamos un declive más o menos rápido de la civilización industrial tenemos que estar de acuerdo en que asistiremos a un desmoronamiento de la complejidad de la sociedad. Uno de los apartados más interesantes es el titulado “Menos energía y en formatos más descentralizados dificultarán la dominación”. En realidad, sobre este punto no hay tampoco mucha certidumbre. Se nos dice: “Además, en la medida que el ser humano vuelva a ser un vector energético importante socialmente, su poder se incrementará. A la vez que “sobrará” población por la falta de alimentos, “faltará” para sostener una producción más intensiva en mano de obra. Será lo contrario de lo que ocurrió con el proceso de mecanización. Todo esto conllevará una gestión de la dominación más difícil, como sucedía en las sociedades dominadoras agrarias.” (p. 208) Pero también podemos explicarlo afirmando simplemente que se volverá a una gestión de la dominación más rudimentaria y brutal. La descomposición de esta sociedad como la conocemos puede conllevar la disgregación de sus redes de energía, transporte y producción, pero como ignoramos la verdadera naturaleza de esa futura disgregación poco podemos decir de cómo afectará al mantenimiento de las estructuras de poder y jerarquía. Se abre delante de nosotros un inmenso interrogante. Un poco más abajo, los mismos autores llegan a admitirlo cuando afirman: “El tipo de organización social es una opción política humana, no una imposición ambiental.” En cualquier caso, podemos estar de acuerdo cuando hablan de un desplazamiento del conflicto y una vuelta a la “centralidad de la tierra” 3.

En cuanto a las conclusiones políticas finales, sólo podemos dedicarles algunas líneas. Ramón Fernández Durán falleció justo en el momento en que se iniciaba el movimiento del 15 de mayo que sembró de esperanzas y de tiendas de campaña no pocas plazas urbanas del territorio español. Por lo que cuenta el autor del prólogo, suponemos que íntegramente escrito por Luis González, el libro se terminó de redactar y componer en los tres años posteriores. Esos tres años han sido de una notable agitación política en el país y la obra en su conjunto se hace eco de esa efervescencia 4. De alguna manera, la crisis económica y las respuestas espontáneas de un sector de la juventud dieron en buena parte razón a la línea de reflexión que Fernández Durán llevó a cabo especialmente en sus últimos años de vida, en la medida en que esta reflexión exigía una ecología radical, desengañada de los dogmas del progreso 5y de las actitudes dialogantes con el poder. Y el trabajo de continuación de Luis González, aunque por nuestra posición de simples lectores es difícil de evaluar y valorar, parece ser fiel a ese legado. El movimiento del 15 de mayo ha defraudado, sin embargo, estas exigencias. En las partes finales del libro se insiste sobre una revuelta institucional, profunda, que acentúe la dispersión del poder, la adecuación de medios y fines, la profundización de la democracia asamblearia, la revalorización de lo femenino, etc. Por supuesto, la cuestión ecológica como cuestión de primer orden 6.

En ese sentido, creemos que los dos volúmenes recogen lo más prometedor no sólo de la última obra de Ramón, que suponemos ampliado y profundizado por Luis González, sino que al mismo tiempo muestran una posible vía para un ecologismo que estaba estancado en el laberinto institucional, en el diálogo estéril con el poder, en la ecotecnocracia. ¿Servirá este libro para despertar las conciencias del ecologismo reducido a cogestión del desastre? ¿Representa de todas formas la opinión generalizada de la organización que respalda la edición?

Esperamos que, desde esta consideración, el libro no sólo remueva las conciencias y la opinión pública en general, sino que promueva un necesario debate en el seno de las mismas organizaciones ecologistas. De ser así, ya habrá servido para mucho.

José Ardillo

1En el prólogo ya se nos previene del carácter independiente de los textos, pero esto no nos parece precisamente una virtud ya que en este caso se pierde la integridad del conjunto.

2A diferencia de otras nociones, explicadas en el libro in extenso de manera prescindible, aquí los autores deberían haber desarrollado más la argumentación.

3« Pero lo determinante será el control de la tierra. En la medida que los recursos energéticos y materiales se vayan volviendo cada vez más escasos, volverá la relación directa entre poder y tierra que observamos durante toda la etapa agraria de la humanidad. » p. 209

4Decimos tres años porque es justo en 2014 que surge Podemos y otras plataformas que intentan recuperar lo poco de sano e interesante que podía haber en el movimiento del 15 de mayo.

5Así se afirma lúcidamente en el segundo volumen : « Las sociedades que tenían fe en el progreso han sido más fácilmente gobernables. » (p.299)

6 Es una pena, no obstante, que en el libro, dentro del apartado de las luchas anti-desarrollistas, no se haga mención significativa a algunos ejemplos del estado español (la lucha contra el TAV en País Vasco o la acción directa contra la agricultura transgénica).

Organización versus grupo de afinidad: el proceso de hiperautonomización y las debilidades estructurales de un colectivo anarquista

Tomando como marco de experiencia el complejo panorama del movimiento libertario heleno, el autor realiza un análisis del funcionamiento de los grupos de afinidad anarquistas que, de una manera más o menos generalizada, funcionan como base del movimiento libertario en Grecia. En el texto se repasan las limitaciones prácticas de este modelo organizativo, centrándose especialmente en el proceso de hiperautonomización derivado del progresivo aislamiento de muchos grupos de afinidad que operan en este país. Finalmente, el autor plantea la necesidad de mejorar la coordinación e integración de los frentes de lucha a través de la paulatina consolidación de una organización libertaria que contribuya, por un lado, a la federación de grupos ácratas y, por otro, a superar las debilidades organizativas del movimiento anarquista heleno.

«Por nuestra experiencia hasta el momento, creemos que la falta de acceso a la sociedad es lo que nos hace inofensivos para el poder estatal. Porque la revolución social no la hacemos nosotros y nuestro grupo de afi nidad, sino el conjunto de los explotados, convirtiendo en realidad el sueño anarquista. Esto significa que quien no ve la necesidad de estructurar y organizar nuestro ámbito –con los correspondientes golpes seleccionados contra el Estado– está poniendo, inconscientemente y con una práctica dogmática y corta de miras, obstáculos a la evolución del movimiento anarquista en Grecia y convirtiendo el sueño anarquista en una pesadilla cotidiana». Es cierto que, en la mayoría de los casos, y debido a las cortas edades imperantes en el movimiento griego anarquista, el proceso por el cual se forma un colectivo anarquista/ antiautoritario se realiza en términos de grupo de afinidad. Esto, en un primer momento, no se juzga de facto como algo negativo: nadie puede, por ejemplo, considerar una desgracia la creación de un colectivo a partir de un grupo de amigos ya existente que se politiza al mismo tiempo en una ciudad de provincias o un barrio de Atenas. Estructuralmente, pues, la creación de un colectivo político basado inicialmente en relaciones de confianza y amistad no es algo negativo. El problema se localiza en un estadio ulterior, en la evolución y la forma que el grupo experimenta a lo largo del tiempo.

Una vez formado todo colectivo, comienza el proceso de construcción de un espacio común entre sus miembros. Los miembros van tomando forma colectivamente, desarrollan su discurso político común y construyen una cotidianeidad colectiva, que en la mayoría de los casos se convierte en “su propia” realidad. En este último punto se encuentra, en nuestra opinión, la fuente del problema.A falta de un control exterior (nos referimos evidentemente al control colectivo en el marco de una Organización o Federación más amplia), el grupo crea una concepción exclusivamente suya sobre el acontecer social y político, por no estar comprometido con ningún otro colectivo, se hace más real a cada momento y con cada acción, al encarnarse en una experiencia vivida colectivamente (el proceso de hiperautonomizacion de la asamblea). Esta concepción aparece como una coordenada de diversos factores como las lecturas comunes, la cotidianeidad común, las experiencias comunes del movimiento y, por último, la infl uencia de personalidades destacadas de cada asamblea, que por diversos motivos dotan al grupo y a sus miembros de la terminología, las fuentes teóricas y la estructuración central de su pensamiento.

Los “capitanes invisibles” o “luchadores influyentes”, de acuerdo con el término más condescendiente son, en nuestra opinión, un fenómeno natural e inevitable, congénito a los principios de la organización colectiva y la evolución humana (edad, experiencia, agudeza, sustrato cultural), muy cerca de la microfísica del poder de Foucault. Pero el problema no es este fenómeno en sí, sino el marco informal en el que se desarrolla y la dinámica que adquiere.

La jerarquía informal no se afronta refunfuñando, sino mediante el control colectivo, democrático y político que emana no solo de la voluntad de algunos, sino de la propia estructura. El dirigismo político de algunas asambleas por parte de ciertas personas no es problema exclusivo de esas personas, sino sobre todo de la propia asamblea, de su propio sistema de funcionamiento.

Una personalidad ocupa el espacio que le dejan libre los demás; no es casual que haya grupos que, privados de una o dos personas, vegetan. Y ahí es donde llegamos a la cuestión de la acumulación de capital de experiencia y conocimientos (una especie de capital social al nivel pequeño de una asamblea).

Lo referido demuestra que los “luchadores influyentes” tienen cierto tipo de “conocimientos técnicos”. Conocimientos técnicos que, en lugar de ser compartidos con la asamblea, constituyen un monopolio en manos de ciertas personas que consiguen dominar en una relación de dependencia. Estos conocimientos técnicos no proceden exclusivamente de su capacidad retórica, sino de un proceso de acumulación de plusvalía intelectual: del capital experiencial acumulado de toda la asamblea que, en su redistribución, sufre un cortocircuito. Por decirlo más llanamente, todo colectivo acumula a través de sus acciones y experiencia un capital experiencial y de conocimientos. Inicialmente, este capital existe solo como producto colectivo, es decir, existe como capital colectivo del grupo, sin ser individualizado. Pero la inercia de muchos miembros, a falta de objetivación y posicionamientos políticos concretos a nivel de grupo (atribuimos la responsabilidad a las estructuras y no a las personas), en combinación con las capacidades naturales del “luchador influyente”, llevan este capital acumulado a manos de unos pocos, que se benefifician así (muchas veces sin querer) de las desigualdades estructurales del informalismo.

Lo que necesitamos, pues, no es expulsar a esos pocos, sino crear un mecanismo que distribuya igualitariamente el capital en cuestión entre todos los miembros de la asamblea. El informalismo es el libre mercado de un movimiento, y donde hay libre mercado, hay quienes dominan el capital.

El proceso de hiperautonomización descrito anteriormente no se ve interrumpido tampoco por los nuevos miembros de un colectivo que, en mayor o menor medida, se ven obligados a ser absorbidos por la microrrealidad del grupo y a velar por la preservación de la deseada autonomía.

Los nuevos miembros tienen que afrontar a su vez una serie de problemas: desde un sistema ya establecido de comunicación interna en el grupo (terminología, frases hechas, humor interno, cuestiones tabú, referentes políticos), hasta el respeto informal (espontáneo) a sus miembros más destacados/activos y, en defi nitiva, la aceptación o el confl icto con una estructurada concepción de su propia realidad, la “realidad” del colectivo antes mencionada.

Bajo el peso de la obligación de adaptarse a un nuevo microcosmos, estructurado sin ellos, estos nuevos miembros tienen tres opciones fundamentales: (a) adaptarse al marco existente y aceptar las normas, (b) intentar cambiarlo en mayor o menor medida, y, por último, c) rechazarlo y abandonar el grupo. El problema es que, entre las dos primeras opciones existe una desigualdad inherente que, en nuestra opinión, procede también de la falta de estructura.

En un examen más atento observamos que, en la inmensa mayoría de los casos, la balanza se inclina a favor de la primera opción (dejamos de lado la tercera). Es decir, un nuevo miembro se adapta antes o después a la ya configurada realidad del grupo, sin intentar siquiera cuestionar el marco existente. Esto se debe, principalmente, a la inseguridad que experimenta, no solo en relación con si tiene capacidad para hacerlo, sino con si ha entendido el propio marco, si ha entendido a qué se va a enfrentar. Dicha desigualdad reside en la debilidad estructural de los nuevos miembros para cambiar el marco existente. Una debilidad que se debe a dos razones fundamentales: (a) la diferencia de edad entre nuevos y “veteranos”, con lo que ello conlleva, y (b) la relatividad del marco político de cada colectivo.

De entrada, es bien sabido que nuestro “ámbito” atrae nuevos miembros casi exclusivamente de corta edad, especialmente de estudiantes y jóvenes. De este modo, para un chaval, la diferencia de edad, experiencia y sustrato teórico entre él mismo y los miembros más antiguos, se percibe enormemente, sobre todo por su parte. Además, en la mayoría de los casos, desgraciadamente, el nuevo miembro no se va a encontrar con un marco de posicionamientos políticos coherente, confi gurado por un conjunto de personas más amplio que supere los estrechos límites del colectivo. Por el contrario, se va a enfrentar a un conjunto de ideas y prácticas que conforman, como se ha dicho, la realidad de un grupo de veinte personas. La relatividad del objeto, pues, que potencialmente podría ser cuestionado, priva de sentido el cuestionamiento.

Para decirlo más claramente, esta relatividad reside en la falta de posicionamientos políticos formulados expresamente y en irresponsabilidad (política) que campa en los pequeños colectivos desconocidos, en ausencia de un ente político más amplio con nombre y reconocible. A consecuencia de esta relatividad, toda crítica choca con un funcionamiento casi ritual de cada grupo que, en la mayoría de los casos, tiene por consecuencia que no se puedan resolver políticamente las diferencias. A falta de posicionamientos políticos bien establecidos, estatutos, etc., toda crítica se produce exclusivamente sobre la “táctica” de un colectivo, y no en la correlación de esta táctica con sus posicionamientos. Además, mientras la necesidad de adoptar tal o cual acción se juzga siempre a partir de la percepción o la voluntad de las personas que forman un colectivo, y no viene determinada por la propia necesidad social o por el peso de una decisión más amplia para una acción a nivel de toda Grecia, la diferencia aflorará en términos de crítica personal dentro del colectivo, y no en términos de coherencia política y responsabilidad social. Lo que defendemos, pues, es que las presiones externas (en el marco de una Organización) no “someten” a un colectivo, sino que, por el contrario, lo ayudan a clarificar su marco político, a tomar distancia con respecto a los puntos ambiguos y a politizar sus diferencias y sus conflictos internos.

Por otra parte, su hiperautonomización lo convierte en un grupo de amigos que resuelve sus diferencias con el único criterio de su cohesión y la correlación cualitativa entre sus particulares aspiraciones políticas y el rendimiento de sus miembros. De acuerdo con el marco actual, si un colectivo consigue materializar sus anhelos políticos, con independencia de lo que las circunstancias políticas impongan, marcha bien. Es decir, su compromiso comienza y termina en las coordenadas de los deseos y aspiraciones de sus miembros.

En resumen

Por ejemplo, cinco colectivos que a veces se encuentran en procesos del movimiento y colaboran en un marco de nula responsabilidad política uno con respecto a otro (que no va más allá de la solidaridad y el apoyo mutuo), son en realidad cinco grupos diferentes, con un sustrato ideológico común, muy en general, que aportan en cada ocasión cinco realidades diferentes. Esto ocurre, como hemos dicho al comienzo, porque en el momento de su formación no había ningún compromiso, ninguna comunicación (política) esencial y ningún control colectivo por parte de un ente político superior (Organización, Federación), con el resultado de que la visión de la realidad no se ve “fi ltrada” colectivamente y no es directamente cuestionada por ninguna fuerza que no sea el propio colectivo.

El grupo de afifi nidad, de este modo, crece dentro de su propio mundo, a merced de las desigualdades naturales y sociales implícitas en las relaciones entre personas de diferente edad, clase social, vivencias, experiencia, tendencia, etc., y se queda luchando solo con sus propios demonios.

Sin el apoyo de un ente político, el colectivo aislado se percibe a sí mismo no como parte de un organismo que construye la revolución social, sino como un organismo independiente, que colabora con los demás por voluntad y no por necesidad. Como parte de un organismo, estás obligado a trabajar, a fin de que todo el organismo funcione en una relación de interdependencia, mientras que como organismo independiente basta desear colaborar con otros en un momento determinado, en un marco y bajo unos términos que nadie sabe cómo se van a determinar.

El organismo/colectivo/grupo de afinidad autónomo es el rey de su microcosmos. Tiene su propio territorio, su sede, su ejército, su consejo y el entorno de allegados que de vez en cuando refuerzan sus bloques y sus actos. Todos estos reyes juntos conforman el ámbito antiautoritario griego; un mundo dispersamente poblado con una fuerte comunicación interna formal, estructurado sobre un extraño principio: el informalismo y los conflictos internos que este conlleva es la base de su existencia, un medio de cohesión y armonía internas.

Por decirlo brevemente, el informalismo domina como un mal menor para evitar tempestuosos confl ictos en el interior del ámbito anarquista. Es decir, como un intercambio para mantener una amistad y una comunicación internas, basadas en la proximidad ideológica entre colectivos que conviven, estableciendo una solvencia ideológica abusiva no temporal, a costa de la responsabilidad social y política de su época.

La realidad del colectivo aislado, su visión global de las cosas, que a veces no es sino la visión de un solo individuo, la relatividad de su marco político y su hiperautonomización toman, a través del informalismo, elementos de absolutismo, alienación y heteronomía. Por otra parte, la organización en un ente político anarquista más amplio crea los imprescindibles mecanismos de control colectivo, basados en principios y posicionamientos decididos colectiva y públicamente por el conjunto de colectivos que la componen; desarmando así estructuralmente la arbitrariedad y el abuso y cimentando la verdadera autonomía de cada parte de ese cuerpo. Adoptando, en pocas palabras, el marco político de un “anarquismo social, que busca la libertad a través de estructuras y responsabilidades mutuas (…)”. Por tanto, mientras el informalismo siga desempeñando el papel de la metadona, el movimiento anarquista griego seguirá pareciendo un cuerpo enfermo, que se esfuerza conscientemente por mantener sus dependencias. Y como la historia, según parece por la práctica mantenida hasta ahora, se transmite más oralmente que por escrito para cada generación, la obsesión anti-organizativa conlleva el riesgo de que el anarquismo en Grecia acabe siendo una palabra “inofensiva desde el punto de vista político y social, un simple capricho que escandalice de manera divertida a los pequeñoburgueses de todas las épocas”. En estos tiempos en que el movimiento anarquista, como la parte más orgánica del mecanismo para dar la vuelta a lo establecido, está pagando un alto precio por su actitud, la estructura no se presenta ya como una simple posibilidad, sino como una necesidad para que el anarquismo siga siendo una palabra peligrosa política y socialmente.

Antonis Drakonakis. Traductor: Rafael Herrera, (SOV de Málaga de la CNT-AIT).

El nuevo sindicalismo libertario

Este artículo pretende ser una revisión de mi anterior escrito “Precariedad juvenil y viejo sindicalismo” a partir de los comentarios realizados y los sucesos ocurridos desde entonces. En pocas palabras, argumentaba que los jóvenes precarios no podemos tener como referencia la organización sindical, ya que esta era propia de un mundo anterior: el fordismo-keynesianismo. Planteaba la necesidad de llegar a la autonomía a través de colectivizaciones de empresas y la creación de cooperativas.

Sin embargo, debo reconocer que la precariedad no es un invento reciente. Un repaso a la historia de las luchas obreras nos muestran como se conquistó la jornada laboral de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil o la mejora de la higiene en los barrios obreros. Las conquistas obtenidas en el mal llamado “Estado del Bienestar” han sido un paréntesis en el desarrollo capitalista, no la norma.

No deja de ser curioso que este año hayamos sido testigos de una huelga indefinida que entre otras cosas pedía la jornada laboral de ocho horas, derecho por el que murieron miles en la masacre de Haymarket o en la huelga de la Canadiense en Barcelona.

Hablamos de la huelga de técnicos de Movistar.

Estos técnicos tienen poca estabilidad laboral, una carga ingente de trabajo y sufren la externalización de servicios, son contratados como falsos autónomos y deben poner hasta la furgoneta con la que trabajan. Su lucha ha sido mediática y comprometida, movilizando a un sector totalmente post-industrial y clave en el desarrollo de las TIC en el estado español. La huelga indefinida ha sido promovida por el pequeño sindicato AST, que se declara autónomo y de clase, rechazando la burocracia UGT-CCOO y las subvenciones estatales.
Los sindicatos alternativos, que han tenido la iniciativa en la lucha, a pesar del intento de boicot de UGT y CCOO, han cedido el protagonismo a las asambleas de base, que han conformado una auténtica Marea Azul con impacto en las agendas mediáticas y políticas. A día de hoy, el movimiento se encuentra en una fase de recomposición después del agotamiento de la huelga: las promesas de los pactos acordados no se cumplen y caen represalias sobre los participantes en la huelga indefinida.

Tal y como se me argumentó, hay otros ejemplos de huelgas en las que participaron sujetos políticos no asimilables a la categoría de “clase trabajadora tradicional”. Se trata del sector de la informática, un sector innovador dentro del capitalismo español y que atrae a miles de trabajadores jóvenes (y precarios). Las huelgas protagonizadas por la Coordinadora de Informática de la CGT han conseguido resucitar el sindicalismo en un sector normalmente ajenos a las actividades anticapitalistas. Cito un párrafo de un artículo de la Coordinadora que sitúa perfectamente esa transformación:

“(…) Los seguimientos han sido muy elevados, en Capgemini y Atos se paró un artículo 41, en Alten se puso a la empresa contra la espada y la pared y mención aparte los 7 días de huelga de HP seguidos por más del 85% de sus 2300 trabajadores, con piquetes de 300 personas, manifestaciones y asambleas masivas diarias que permitió la retirada del recorte salarial del 10% por parte de la empresa. El conflicto de HP y sus imágenes podrían haber sido extraídas del imaginario de cualquier lucha relevante del sector industrial. Jugamos a ser clase obrera y resultó que lo éramos.

Además, creo que también se puede destacar otra gran huelga que se realizó en el ámbito de la educación pública: la oposición al TIL por parte de la Assemblea de Docents de les Illes Balears. La huelga consiguió una gran repercusión. Los padres, profesores y alumnos implicados pudieron participar a través de las asambleas en los centros y de una asamblea central, de dónde surgió el comité de huelga (desgraciadamente monopolizado por CCOO, UGT y STEI).

Por último, creo que interesante echarle a un ojo a la propuesta de la Oficina Precaria en Madrid. Este colectivo del entorno del 15M y de Juventud Sin Futuro intenta luchar contra la sustitución de puestos de trabajo estables por becarios sin derechos laborales a través de su campaña “No más becas por trabajo” y la asesoría para la creación de cooperativas. Desde un punto de vista estratégico, la Oficina Precaria tiene poca capacidad de activación y debe ser un apoyo a un Frente Estudiantil, que es el que tiene la potencia necesaria como para oponerse a la contratación de becarios y la creación de la Universidad/FP supeditada a las empresas.

Creo que todas estas experiencias recientes muestran un camino a seguir, que nadie ha diseñado desde ningún despacho, sino que nace espontáneamente de la adaptación a la nueva realidad social. Este nuevo sindicalismo combativo es una fusión perfecta entre dos elementos: el anarcosindicalismo clásico y el activismo propio de las protestas del 15M.

Haciendo una pequeña lista, creo que las principales características de este renovado sindicalismo libertario son las siguientes:

Asambleas de base. Todos pueden participar en asambleas en las que los colectivos políticos se diluyen para conformar una Coordinadora o Marea que representa a todos los afectados.

Redes sociales. Sirven para “rompen el hielo” y llegar a más gente, difundiendo las acciones y exigencias. Dan una imagen pública de la organización y además permiten una mayor coordinación. Se debe vigilar su seguridad claro, ya que es evidente que la privacidad está muy limitada por Corporaciones y Estado.

Presión mediática. Lo que sale en los medios es objeto de debate y discusión. Sin unos medios de comunicación libres y autogestionados, estaremos sometidos a la criminalización y la manipulación de los medios del capital. Sin embargo, salir en el telediario puede conseguir una mayor difusión.

Huelgas indefinidas sectoriales. Ante la inutilidad de las huelgas de uno o pocos días, las huelgas indefinidas con exigencias concretas pueden poner contra la cuerdas sectores enteros, como la educación o las telecomunicaciones.

Acción directa. Las asambleas están por encima de Comités y Delegados y si existen deber de estar bajo el control directo de las asambleas. Se abandonada la cultura pactista típica de CCOO y UGT para ir al ataque. Si bien el anarcosindicalismo jamás ha abandonado esta línea, mi opinión es que los nuevos movimientos potenciados por el 15M también adoptan la acción directa. Son, como diría Carlos Taibo, libertarios sin ser “identitariamente” anarquistas.

El papel de los anarquistas, en mi opinión, puede ser clave para que este nuevo sindicalismo se consolide y sustituya lo antes posible a la actual burocracia traidora. Queda pendiente saber si pueden haber puentes entre el cooperativismo autogestionario y el sindicalismo de clase, para que se potencien mutuamente. Los anarquistas de la tendencia Organizativa y Social podemos acercar estos movimientos a la autonomía, alejándolos de las injerencias de los partidos autoritarios que pretenden poner en el foco en las instituciones. Construir un Frente Laboral fuerte puede ser un gran avance para alcanzar el mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones.

Anónimo

Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX

Nota del traductor: No conozco mucho sobre la historia del anarquismo ruso, y encontré este artículo interesante ya que este se presenta con el objetivo de desmontar el tópico, escuchado por algunos marxistas de que el anarquismo es fruto de la pequeña burguesía. Hoy también se escucha el tópico de que los “okupas”,”antisistema” o ”anarquistas” son hijos de familia de bien, reproduciendo el argumento para desprestigiar.

Así que a pesar de la propaganda soviética que tuvo que justificar su dominio, en un periodo tan interesante como la Revolución Rusa creo importante rescatar las experiencias sepultadas por las autoridades de autogestión que se dieron, recordando que no solo en la España del 36 se dieron procesos de colectivización libertaria. Por eso he traducido este artículo de Anatoly Dubovik.


Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX
por Anatoly Viktorovich Dubovik

En nuestra ciencia histórica nativa, la base social del movimiento anarquista ruso en el comienzo del siglo XX es tradicionalmente vista como pequeña-burguesa. Esta, en obras de la época soviética aparece de manera típica en opiniones como la de S.N. Kanyev, quien escribió que los elementos dominantes entre los anarquistas rusos fueron “la pequeña burguesía campesina… pequeños propietarios, artesanos, y parte de la intelligensia.” [1]. Nociones similares sobre “el típico anarquista” ha persistido incluso después del colapso de la USSR y de la liberación de las ciencias históricas de muchos dogmas previos. Por ejemplo, la enciclopedia de “Partidos políticos de Rusia” nos informa: “la base social de las organizaciones anarquistas estuvieron compuestas predominantemente de artesanos, pequeños trabajadores, aunque el movimiento también atrajo campesinos, trabajadores y a la intelligensia. [2] Paradójicamente, estos mismos autores, cuando era momento de elaborar eventos concretos y hechos de la historia del anarquismo ruso, no descubrieron entre sus adherentes ni trabajadores ni artesanos, y se vieron obligados a limitar su discusión principalmente hacia los trabajadores anarquistas.

Nos parece que el único método fiable de determinar la “base social de las organizaciones anarquistas” al principio del ultimo siglo es el uso matemático de las estadísticas para encontrar las proporciones de los miembros de los diferentes estatus sociales. El autor de este ensayo ha estado ocupado el mismo durante varios años colectando y sistematizando información biográfica acerca de los participantes del movimiento anarquista en el territorio del imperio ruso y de la USSR, usando fuentes publicadas y no publicadas (de archivo). El resultado obtenido refuta las nociones estándar a priori que originaron ya en el periodismo político pre-revolucionario de los socialdemócratas. Por las razones de hacer más comprensible el texto, hemos dividido estos resultados en tres periodos: 1) el pre-revolucionario, des del origen del movimiento anarquista en Rusia en 1900 hasta 1916, 2) la revolución y la Guerra Civil de 1917 a 1921; 3) El periodo del fin de la Guerra Civil Rusa hasta la destrucción física de los últimos anarquistas Ruso a finales de la década de los 30.

En el periodo que va de 1900 a 1916 hemos identificado 2400 anarquistas: se han establecido profesiones para 1,593 de ellos. De este número, la mayoría (59.1%) eran representativos de la clase trabajadora (fabricas, transporte, y otros trabajadores) Otras 72 personas (4,5%) pertenecían a las ocupaciones de cuello blanco (trabajadores de correos/telégrafos, trabajadores del clero, asistentes de tiendas, contables, paramédicos, profesores, etc.) situados socialmente cerca del proletariado. Dejarnos enfatizar especialmente en que el 59% no incluye ex trabajadores sirviendo en las fuerzas armadas o los “llamados” revolucionarios profesionales, ni tampoco incluye los hijos de los trabajadores estudiando en la escuela elemental o secundaria. En algunos sitios, el porcentaje de los trabajadores de fábrica o de transportistas son incluso más altos aun. Por ejemplo, en Yekaterinoslav estos constituían alrededor del 78% de los miembros de la Federación de Anarquistas local. Sus ocupaciones profesionales más comunes entre los trabajadores anarquistas fueron los trabajadores del metal y los maquinistas (111) sastres y costureras (47), impresores (40) trabajadores de la industria de la comida (37) marineros de la marina mercante (35), y también un numero significante de trabajadores del ferrocarril, metalúrgicos, zapateros, ebanistas y mineros.

El movimiento anarquista ruso nunca fue capaz de conseguir una unidad en asuntos de tácticas y organización. En el momento de la Revolución de 1905-1907, una fracción significante de anarquistas, incluyendo aquellos que pertenecían a los trabajadores, consideraron que su tasca era dirigir la lucha directa contra el gobierno zarista y la burguesía, concentrándose en las acciones militantes y el rechazo a la participación en cualquier movimiento “no revolucionario” y “oportunista”, incluyendo el movimiento sindicalista. En el mismo momento, los seguidores de Kropotkin y algunos otros ideólogos anarquistas defendieron la organización de sindicatos de trabajadores y campesinos, los cuales ellos concebían como los “órganos naturales de la lucha directa contra el capital” y los embriones de la futura sociedad socialista libertaria. Ellos también estuvieron a favor de “preparar la Huelga General de los desposeídos, tanto de las ciudades como de los pueblos, los cuales… podrían empezar la Revolución Social” [3]. Los defensores de estas perspectivas, llamados así mismos “anarcosindicalistas”, fueron participantes activos en el movimiento laboral organizado, que incluía los sindicatos. En consecuencia, en Petersburgo, los anarquistas y sus aliados ideológicos, los “sindicalistas revolucionarios”, ejercieron una fuerte influencia en los sindicatos de impresores, patronistas, electro-tecnicistas, litógrafos y metalúrgicos. En Moscú, miembros del grupo anarquista “Buntar” (insurgente), “Svoboda” (Libertad) y “Svobodnaya kommuna (Comuna libre) trabajaron en el “Sindicato de Refinamiento del Metal” y en los sindicatos de los trabajadores de la construcción/arquitectura, fontanería, impresión e ingenieros de centrales eléctricas; ellos lideraron huelgas de trabajadores de instalaciones eléctricas y del gas, así como varias huelgas de fundiciones y fábricas de maquinaria. En Kharkov los anarquistas cogieron la iniciativa creando el “Sindicato de los trabajadores por la defensa de nuestros derechos”; En Riga fue formado el “Sindicato del Trabajo Libre” [4]. La participación de los anarquistas en los sindicatos tomo lugar también en Baku, Warsaw, Nikolayev, Petrokov (Piotrków), y otras ciudades. La organización anarcosindicalista más conocida de ese tiempo fue “Registración” [Registración, elegido y gestionado por los mismos marineros, su nombre deriva del hecho de que realizaba un intercambio laboral rellenando las vacantes en todos los barcos de Odessa. (Nota del traductor original)] de Odessa y su sucesor, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, activo en 1906-1918 y responsable de la organización de varias huelgas de los marineros de la marina mercante y de los trabajadores del puerto durante 1906-1907 [5]. En otras regiones las organizaciones anarquistas fueron fruentemente formadas de manera simultánea a diferentes oficios y así de este modo adquirieron características de los sindicatos. Por ejemplo, el núcleo de la Federación Anarquista de Yekaterinoslav en 1907 consistió en las federaciones anarcocomunistas de la fábrica de tuberías, los talleres de ferrocarriles, la fábrica de Briansk y de interfábrica, [6]; El grupo anarcocomunista de Bialostok fue reorganizado al final de 1905 en una asociación de federaciones de trabajadores del textil, del cuero, sastres y ebanistas [7]; El grupo federado de Vilna fue compuesto por organizaciones de trabajadores del cuero, carniceros y sastres [8]. La actividad entre el proletariado era considerada como de de vital importancia incluso por aquellos anarquistas que no pertenecían a la clase obrera. Fue típico el ejemplo del grupo anarcocomunista de Kiev “Bandera Negra”, compuesto básicamente por estudiantes, pero centrado en la organización y la propaganda entre los trabajadores de la fábrica “Arsenal”, trabajadores de la industria alimenticia, carreteros y trabajadores de la refinación del azúcar. [9]

A parte de tomar parte en la actividad sindical, realizando agitación y propaganda, creando grupos de estudio obreros, y etc. – formas tradicionales de acción en el movimiento de los trabajadores – una característica distintiva de la practica de los anarquistas y de los Socialrevolucionarios-Maximalistas, ideológicamente cercanos a ellos durante los aproximadamente primeros doce años del siglo XX, fue la aplicación extendida del terror económico. Durante las huelgas, los anarquistas fruentemente ideaban actos de subversión y sabotaje, destruyendo equipamiento y bienes manufacturados. Los ejemplos mas bien conocidos de estas practicas fueron la serie de actos de sabotajes que acompañaron las huelgas prolongadas de los marineros del Mar Negro (noviembre 1906- 1907), cuando varios barcos de vapor fueron volados por anarquistas y el numero de perdidas totales de la Flota Rusa de Vapor y de la Sociedad de Comercio excedió un millón de rublos [9]. Las huelgas fueron fruentemente acompañadas de confiscaciones armadas y transferidas a los trabajadores en huelga con dinero, comida y otros bienes de primera necesidad; La mayoría de este tipo de actos fueron reportados en la Rusia Noroccidental, pero también tuvieron lugar en Odessa. De todos modos, la forma más extendida de terror económico fueron los intentos de asesinato dirigidos a los empresarios, los gerentes de fábrica, y los rompehuelgas. Los anarquistas llevaron a cabo su primer acto de terror económico en Agosto de 1904 en el pueblo de Krynki, en la gobernación de Grodno, cuando N. Farber, trabajador anarquista de Bialostok mató a A. Kagan, propietario de un gran taller de manufactura de zapatos. [10]; El último incidente conocido de este tipo en la historia del anarquismo antes de 1917 ocurrió en la primavera de 1912, cuando los miembros del revivido grupo anarcocomunista de Riga realizaron diferentes ataques a ingenieros y capataces de las fabricas locales. [11]. Dejarnos anotar que el terror económico no fue aplicado no solo como herramienta de presión hacía la administración de las empresas, sino que también fue un medio de venganza exigente hacía la “clase enemiga”. Por ejemplo, en Mayo de 1906, después de que la huelga de trabajadores de transportes de Moscú fuera suprimida, el trabajador anarquista Zuyev asesino el ingeniero Krebs, administrador de la cochera de tranvías de Miusskiy; y en Abril de 1907, los anarquistas de Yekaterinoslav P. Arshinov y V. Babeshko dispararon a Vasilenko, cabeza de los talleres de ferrocarriles Alexandrovsk, en represalia por los disparos en masa hacía los huelguistas [12].

Durante la Revolución de 1905-1907, los eslóganes, y especialmente la práctica, de los anarquistas rusos, llamaban a una parte significante de la clase obrera, sobretodo a los elementos más determinados y radicales de esta. Su punto de vista fue expresada, por ejemplo, en las famosas palabras de A.N Matyushenko, líder de revuelta en el acorzado Potemkin: “Cuanto más golpeen a los propietarios, mejor son ellos”. Esta práctica terrorista llevó hacia la más severa represión dirigida hacia los participantes del movimiento anarquista. Los líderes veteranos y la nueva generación de anarquistas que apareció en la víspera de la Primera Guerra Mundial, acabó con la necesaria conclusión de las lecciones que habían recibido: durante los últimos años de la era zarista, los anarquistas tomaron parte del movimiento obrero revolucionario como antes, pero el uso del terror se volvió un fenómeno extremadamente raro.

Para el segundo periodo bajo análisis (1917 – 1921), analizamos las biografías de más de 2.800 anarquistas. La profesión de ellos fue establecida para unos 2.062 de ellos, de los cuales 886 (43,0) fueron trabajadores de collar azul, y 127 (6.2) fueron empleados de collar blanco de bajo nivel de las categorías mencionadas antes. La caída de los números relativos de trabajadores entre los anarquistas es explicada tanto por la expansión de las ideas anarquistas entre los campesinos (la proporción de campesinos anarquistas incremente del 8,5% al 16,3%) como por el descenso de la fuerza numérica de la clase trabajadora rusa debido a la Guerra Mundial y la devastación económica. Las principales profesiones representadas entre los trabajadores anarquistas de este periodo fueron obreros del metal y maquinistas (87) trabajadores de ferrocarriles (45), metalúrgicos (44) y trabajadores de la industria alimenticia (39); menos cantidades fueron identificadas para otras como trabajadores del transporte marino, tipógrafos, mineros y electricistas.

Durante estos años los anarquistas tomaron parte de todas las organizaciones de la clase trabajadora – soviets, sindicatos, comités de fábricas, cooperativas de producción y consumo, etc. A juzgar por los registros de los congresos de los sindicatos panrusos que fueron realizados en 1918-1920, los anarcosindicalistas disfrutaron de una influencia significativa en los sindicatos de los trabajadores del metal, de los ferrocarriles, del textil, del transporte marítimo y de los trabajadores portuarios, panaderos, mineros y entre los empleados del telégrafo y del servicio postal. Una amplia serie sindicatos fueron operados bajo liderazgo de anarquistas, incluyendo el Sindicato de Moscú de Panaderos, el Sindicato de Moscú de Químicos y Perfumistas, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, el Sindicato de Correos y Telégrafos de Petrogrado, el Sindicato de Trabajadores de Transporte del Rio Volga, el Sindicato de trabajadores del Metal, Madera y Otros oficios de Gulyai-Polye, Sindicato de Mineros de Oro de funcionamiento sobre Principios Cooperativos de la Trans-Baikal, etc. En el comité central del Sindicato del Metal Panruso (VSRM), los anarquistas fueron representados por A.K Gastev y A.Z Gol’Tsman. Los anarquistas fueron también elegidos para líder posiciones en las ramas locales del VSRM en las provincias de Yekaterisnoslavskaya, Orlosvkaya y Kharkovskaya como también en los Urales. Los anarquistas fueron también miembros del comité central del Sindicato de Empleados de Correos y Telégrafos Panruso [13]

Una fracción importante de los anarquistas vio los sindicatos como una “forma obsoleta” del movimiento obrero, opuesta a los comités de fábrica (fabzabkoms). Anarquistas de diferentes tendencias vieron en estos órganos novedosos en Rusia el instrumento mediante el cual podrían permitir al proletariado establecer un “control obrero real”, seguido de la autogestión de la producción y la distribución, culminando en la reorganización de de toda la vida económica del país en la base de un socialismo sin Estado. Fue con esta perspectiva con la que delegados anarquistas participaron en las conferencias de los fabzabkcoms de Petrogrado y cercanías en Junio-Diciembre de 1917, en el Primer Congreso de Fabzabkoms Panruso en Octubre de 1917, y en el Primer Congreso de Sindicatos Panrusos en Enero de 1918. Entre los más conocidos activistas del movimiento anarquista trabajando en los Fabzabkoms, incluso dirigiéndolos, podemos mencionar a K.V. Akashev y G.P Maksimov (Petrogrado), V.P Bekrenyev y M.S Khodunov (Moscú), M.A Petrovsky (Odessa), Yu. Rotenberg (Kharkov), I.P Zhuk (Schlüsselburg), B. K. Shatilo (Kuzbass), y otros activistas. El anarcosindicalista de Petrogrado V.S Shatov fue elegido al final de 1917 en el comité ejecutivo central panruso de los fabzabcoms. [14]

A finales de 1917 – principios de 1918, mientras el viejo sistema estatal se desintegraba y el nuevo, el Estado Bolchevique, aun estaba tomando forma, los anarquistas procedieron a la llamada socialización de las empresas, es decir, la transición hacia el control total de los colectivos de trabajadores. Desde el punto de vista de los propios anarquistas, este era solo el primer paso, del cual después vendría la reorganización de todas las regiones, y después de todo el país. La socialización fue concebida como la realización directa de uno de los principales eslóganes de la Revolución de Octubre: “Las fábricas para los trabajadores”. Pero poner este programa a la práctica ya había encontrado oposición de las autoridades Soviéticas, las cuales sus economías políticas se limitaron a un sistema de control obrero, y después fue reducido a la nacionalización total de toda la economía. A pesar de la oposición, los anarquistas disponían del apoyo de colectivos obreros, llevando a cabo la socialización de la flota mercante del Mar Negro (junto los puertos de Odessa y sus astilleros), las fábricas de la industria del cemento y maquinaria industrial, negocios en los sectores de servicio (cafeterías, restaurantes, hoteles) en el óblas [División administrativa dos escalones inferior a lo nacional (nota de traducción)] de Kubano-Chernomorskaya, minas en la cuenca de Cheremkhovskaya (gobernación de Irkustk), y empresas individuales de otras regiones, incluyendo algunas grandes como la fábrica de pólvora de Schlüsselburg [15].

Estos experimentos en socialización de la economía no duraron mucho. Alrededor de la primavera- verano del 1918, los anarquistas se encontraron así mismos de vuelta a la clandestinidad en Ucrania, Siberia, los Urales y en las regiones del Volga y de Kubano-Chernomorskaya, todas las cuales fueron ocupadas por intervencionistas y la Guardia Blanca. En el mismo tiempo, las autoridades Soviéticas empezaron a perseguir a los anarquistas. A pesar de esto, una facción de anarquistas continuó viendo a los Bolcheviques como unos aliados en la lucha contra el sistema burgués, quedándose en sus puestos en los órganos del Estado Soviético. Otros se levantaron en oposición al régimen bolchevique, que incluyó la participación en huelgas económicas (Petrogrado, Bryansk, Tula, Ryazan, etc.) [16] y la creación de sindicatos ilegales, un ejemplo del cual fue la “Federación de Trabajadores de la Industria Alimenticia”, organizada en Moscú por anarquistas y Socialrevolucionarios-Maximalistas a comienzos de 1920. Finalmente, muchos anarquistas participaron en luchas abiertas armadas contra el Bolchevismo, principalmente en las filas del movimiento insurgente Majnovista. Roles importantes de este movimiento fueron realizados por destacados activistas del movimiento de trabajadores ruso como P.A Arshinov, que fue miembro del comité central del Sindicato de Trabajadores del Textil Panruso, y P.A Rybin, que estuvo en el Buró territorial del Sindicato de Trabajadores del Metal del Sud de Rusia.

EL tercero intervalo de nuestra periodización del movimiento anarquista abraza los años del 1922 hasta el final de los años 30 de la década siguiente. De los aproximadamente 1.100 anarquistas que conocemos de este periodo, hemos establecido la ocupación de 543. Entre ellos solo encontramos 156 trabajadores (28.8%); no es posible hasta el momento de ser más específico sobre las ocupaciones representadas.

Los estudios sobre la historia del anarquismo ruso de las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX han sido pocos y fragmentados en su naturaleza. Sin embargo, hay información disponible sobre unos cuantos grupos anarquistas de esos tiempos, incluyendo grupos de anarquistas de clase trabajadora. Los grupos y círculos ilegales, compuestos tanto de veteranos del movimiento como de representantes de la nueva generación de anarcocomunistas y sindicalistas, fueron activos predominantemente en Moscú. Leningrado, Kharkov, Odessa y Yekaterinoslav (Dnepropetrovsk). En estos centros históricos del movimiento, hacia los principios de 1930 la agitación fue continuada entre varios estratos de la población, incluyendo los trabajadores. Hubo intentos de publicar literatura ilegal, y se realizaron huelgas para demandas económicas. [17]. De acorde a diferentes fuentes, un de los últimos grupos anarquistas clandestinos estaba activo en 1937 entre los trabajadores de la fabrica de tractores de Stalingrado [18].


Este artículo fue presentado en la Conferencia Internacional Cientifico-Práctica sobre “El movimiento obrero y la Izquierda contra el Autoritarismo y el Totalitarismo: pasado, presente y perspectivas futuras (Moscú, noviembre 3-4-2011).

Anatoly Viktorovich Dubovik, un activista anarquista desde 1989, ha publicado un amplio abanico sobre la historia del anarquismo.

Traducido del ruso al inglés por Malcom Archibald. Traducido del inglés al castellano por Víctor A.

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Fuentes bibliográficas:

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2. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty. // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka. [Anarquistas. // Partidos políticos de Rusia. Final del siglo XIX – primer tercio del siglo XX] (Moscú: ROSSPEN, 1996), p. 31.

3. Rezolyutsii Londonskikh s»yezdov anarkhistov-kommunistov 1904 i 1906 gg. [Resoluciones del congreso anarcocomunista de Londres 1904 y 1906]// Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 1. 1883-1916 gg. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 1. 1883-1916.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 68, 167-170.

4. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. [Anarcosindicalistas.] // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka. [Partidos políticos de Rusia. Final del siglo XIX – primer tercio del siglo XX] (Moscú: ROSSPEN, 1996), pp. 38-39; Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ros-sii. T. 1. [Almanaque. Una colección de artículos sobre la historia del movimiento anarquista en. Vol. 1.] (Paris, 1909), pp. 55-57, 60-61; B. I. Gorev, Apolitichnyye i antiparlamentskiye gruppy (anarkhisty, maksimal-isty, makhayevtsy) [Grupos apolíticos y antiparlamentarios (anarquistas, maximalistas y Majnóvistas)] // Ob-shchestvennoye dvizheniye v Rossii v nachale KHKH veka. T. 3. Kn. 5. [Movimientos sociales en Rusia al principio del siglo. Vol. 3. Bk. 5.] (St. Petersburg, 1914), p. 23.

5. D. Novomirskiy, Anarkhicheskoye dvizheniye v Odesse. [The Anarchist movement in Odessa.] // Mikhailu Bakuninu. 1876-1926: Ocherki istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. [Para Mikhail Bakunin. 1876-1916: Esbozos de la historia del movimiento anarquista en Rusia] (Moscú: Golos truda [La voz del trabajo], 1926), pp. 246-278; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913). [Terrorismo anarquista en Odessa (1905-1913).] (Odessa: Optimum, 2006), pp. 120-123, 186-188, 190-193; A. Sukhov, Odesskiy port v 1906 godu. Vospominaniya agitatora. [EL Puerto de Odessa en 1906. Memorias de un agitador.] // Kandal’nyy zvon. [The Clanking of shackles.] Izdaniye Odesskogo otdeleniya Vsesoyuznogo ob-shchestva byvshikh politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [A Publication of the Odessa branch of the All-Russian society of former political prisoners and exiles.] (1926, № 5), pp. 15-29.

6. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 2. 1917-1935.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 642-643.

7. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p. 19.

8. Anarkhizm. Iz dokladnoy zapiski Departamenta Politsii v 1909 g. [Anarquismo. De los informes del departamento de la policía en 1909] // Chernaya Zvezda [Estrella Negra], (Moscú, 1995).

9. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 316-317, 641; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913). (Odessa: Optimum, 2006), pp. 120-121, 130-131.

10. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 128-130.

11. See the biographies of V. Ya. Krevin, Ya. Ya. Krumin, y otros anarquistas rusos en: Politicheskaya katorga i ssylka. Biograficheskiy spravochnik chlenov Obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Katorga política y exilio. Directorio biográfico de los miembros de la Sociedad de prisioneros políticos y exiliados] (Moscú, 1929).

12. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p.63; P. Arshinov, Dva pobe-ga. Iz vospominaniy anarkhista. 1906-1909 gg. [Dos escapes. De la memorias de un anarquista. 1906-1909.] (Paris: Una publicación de Dielo truda [La Causa Obrera], 1925), pp. 18–21.

13. 14. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka., pp. 38-39; P. Avrich, Russkiye anarkhisty. 1905-1917. [Los anarquistas rusos. 1905-1917. (Moscú: ZAO Tsetnrpoligraf, 2006), pp. 154, 175; O. M. Movchan, O. P. Reínt, Mízhpartíyna polítichna bo-rot’ba u profspílkovomu rusí Ukraí ̈ni (1917-1922) [La lucha política interior en el movimiento sindicalista ucraniano (1917-1922)] // Ukraí ̈ns’kiy ístorichniy zhurnal [Revista de Historia Ucrania] (Kiev, 1995), № 5, p. 11; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii. [Sindicalistas en la Revolución Rusa] n. d., n. p.; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913), pp. 200-201; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v.: Antigosudarstvennyy bunt i negosudar-stvennaya samoorganizatsiya trudyashchikhsya: Teoriya i praktika. [El movimiento anarquista en Siberia en el primer cuarto del siglo XX: Rebelión antiestatista y la autoorganización no-estatista de la clase trabajadora: Teoría and practica.] (Omsk: Izd-vo OPU, 1996), Part 1, pp. 146-147; Politicheskiye deyateli Rossii. 1917. Biograficheskiy slovar’. [Activistas políticos de Rusia. 1917. Diccionario Biográfico.] (Moscú: BRE, 1993), p. 404; Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 39-41, 264-265.

15. V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913)., pp. 214-215. V. Degot’, Pod znamenem bol’shevizma. Zapiski podpol’shchika. [Bajo la bandera del bolchevismo. Notas de un activista clandestino.], Izdatel’stvo Vsesoyuznogo obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Una publicación de la sociedad de todos los presos políticos y exiliados.] (Moscú, 1933), pp. 232, 255; A. I. Kozlov, Vo imya revoly-utsii. [En el nombre de la revolución.] (Rostov, 1985), pp. 104-107; ; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii., n. d., n. p.; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v., Part 1, pp. 183-186.

16. See, e. g., Grazhdanskaya voyna i voyennaya interventsiya v SSSR [LA Guerra Civil y la intervencion militar en la URSS] (Moscú, 1983), p. 34; Goneniya na anarkhizm v Sovetskoy Rossii. [La persecución del anarquismo en la Rusia Soviética.] (Berlin, 1922), p. 50.

17. A. Razumov, Pamyati yunosti Lidii Chukovskoy [Memorias de juventud Lidiya Chukovskaya] // Zvezda (San Petersburgo, 1999, № 9), pp. 117-136; Unknown Anarchists: Nicholas Lazarevitch // Kate Sharpley Library Bulletin (Londres, 1997, № 11); Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha. [Las confesiones de Viktor Fedorovich Belash.], del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los majnovistas] (Mariupol, 1995). V. A. Savchenko, Anarkhistskoye podpol’ye v Odesse v 20-30-ye gg. XX veka. [ Los anarquistas clandestinos en Odessa en los 1920-1930] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2009). № 7, pp. 108-135; A. V. Dubovik, K istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ukraine (1922-1938). [Hacia una historia del movimiento anarquista en Ucrania (1922-1938).] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2011), № 7, pp. 182-198; D. I. Rublev, Istoriya odnoy listovki i sud’ba anarkhista Varshavskogo (iz istorii anarkhistskogo soprotivleniya totalitarizmu). [La historia de un folleto y el destino del anarquista Warshavskiy (De la historia de la resistencia anarquista al totalitarismo) // 30 oktyabrya, № 66, 2006; materiales del grupo «Soprotivleniye rossiyskikh sotsialistov i anarkhistov posle oktyabrya 1917 g.» [«Resistencia de los socialistas y anarquistas rusos después del Octubre de 1917»] en NIPTS «Memorial» [Información Científico y Centro Educativo «Memorial»] (Moscú).

18. Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha, del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los Majnóvistas] (Mariupol, 1995).

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