Anarquismo y movida nacional

Anarquismo y movida nacional

Leo con sorpresa el último texto de @borjalibertario, sobre Anarquismo y Cuestión Nacional. Sorpresa porque frente al rigor de otros textos de este autor tengo que decir que en este texto se juntan una serie de supuestos pomposos en clave doctrinaria anarquista y que responden al enésimo intento de conciliar el sueño por parte de quién se mueve en la militancia libertaria catalana, algo que nos ha pasado a muchas. Sumarse a la ola de la autodeterminación, de los postulados más simplones del independentismo catalán y condimentar todo con la liberación de clase es un lugar muy común no solo de cierto anarquismo sino de gran parte del movimiento popular. La defensa del derecho de autodeterminación en abstracto para luego aplicarlo sin miramientos sobre el contexto inmediato en el que nos movemos no es suficiente. Por muy aguda que sea la contradicción que se vive en la sociedad catalana, la consigna de la «liberación nacional y de clase» se nos queda pesquera a la vista de los resultados y los riesgos de que haya planteamientos burgueses filtrándose en las contradicciones de ese discurso. Sirvan estas líneas para agitar el debate más allá de lo ya escrito.

Que la relación entre movimiento libertario y cuestión nacional ha tenido idas y venidas no es algo obvio para quienes consideran que existen unos principios anarquistas entre los que están la radical autodeterminación de cada individuo, sin más matices. En este texto defendí la idea basada en diversas fuentes de la existencia de una compleja relación entre un Internacionalismo propio de distintas corrientes socialistas que admiten el hecho nacional y un Cosmopolitismo de corte individualista que lo cuestiona, como forma de sintetizar las posturas que predominan ante la llamada cuestión nacional en nuestro ambiente. A mayores de esas posturas merece la pena subrayar las tesis al respecto que maneja el llamado «comunismo de izquierda» o «consejismo», cuyas tesis principales se pueden sacar de Lucha de Clases y Nación, de Pannekoek, donde se desprende la idea de la existencia de comunidades de destino que están completamente insertas y subordinadas al conflicto de clases y que por lo tanto, no hay liberación nacional a la vista que no sea una simple estrategia de la liberación de clase. Es importante contemplar esta postura porque combate la idea esencialista de la nación que está en el texto que motiva estas líneas.

Con esto tendríamos 3 posturas entre «los clásicos»:

  • un «cosmopolitismo» que abarcaría las posturas desde el individualismo al liberalismo y que parte de la radical universalidad existencia del individuo esencialmente humano

  • un «internacionalismo» que se bifurca entre quienes entienden las luchas nacionales como algo completamente dependiente de las luchas de clase o quienes señalan que la cuestión nacional tiene «cierta autonomía»

Salta a la vista para cualquiera que lo conozca que el texto de Borja nace del contexto catalán, no sólo por que se cite explícitamente sino porque las consignas que maneja son muy comunes para distintas vertientes de la izquierda, incluida la libertaria. La idea de que existe una “cuestión nacional”, paralela a la opresión de clase o de género y que todas se interrelacionan es el núcleo de esta interpretación, en contraposición a quienes –como Pannekoek y otras corrientes comunistas- defienden que la cuestión nacional está completamente subordinada a la contradicción de clase. La postura de Borja, predominante en las izquierdas catalanas, supone automáticamente asumir los presupuestos de la autodeterminación propia de la lucha anticolonial del siglo XX. Pero si la pregunta está mal planteada la respuesta difícilmente es correcta.

La complejidad del caso catalán en parte lo invalida para generar soluciones universales partiendo sólo de ese caso, si es que tales existen. El nudo catalán está profundamente atravesado por la historia de los últimos 50, que condiciona la percepción actual más que de los últimos 300. Es en estos últimos 50 años de desarrollismo, migraciones y transformaciones sociales profundas en las que se ha construido una visión de la realidad nacional catalana que ha afectado muy profundamente al resto de percepciones de las españas. En el caso catalán hay una fuertísima influencia de las posturas burguesas, que por cierto llegan tocar la caricatura. Aunque hay otras cuestiones que están en disputa entre las fuerzas vivas catalanas sobre el proyecto de país o la relación con el resto de pueblos, hay un elemento construido desde posiciones burguesas que desgraciadamente se ha hecho hegemónico y que se cita como ejemplo en el texto que motiva estas líneas. Es la contraposición entre nación española y nación catalana, entendidas como pueblos. Esta tesis es una auténtica trampa que si bien puede entenderse en términos de propaganda no puede tener ni un pase a la hora de hacer análisis serios sobre nuestra historia y menos sobre los conflictos de nuestra época.

Mal que les pese a los imperialiebers, el origen de la España rojigualda del siglo XX y XXI no está en las glorias imperiales del siglo XVI, aunque hayan servido de mito fundacional. Esa España surge en el siglo XIX, como forma de diferenciarse de La Gran Francia y como herramienta para el despliegue del dominio liberal en la península. Para ello no sólo se define en contraposición a lo de fuera -Francia, Portugal- sino a lo interior -las españas, lo diverso, lo atrasado. La construcción de esa nación española se hace desde entonces sumando las distintas fuerzas hegemónicas de los distintos pueblos y para finales del siglo ya había parido una configuración estable. Como bien teoriza Iñaki Gil de San Vicente se da una alianza entre las burguesías industriales vascas y catalanas con las oligarquías caciquiles rurales de Castilla y Andalucía, poniendo el tablero de la actividad política a su disposición mientras les dejen operar en sus respectivos territorios. Así es como se funda la España que surge de la desaparición del «sueño imperial». Esto provoca contradicciones en País Vasco y Cataluña por tener desarrollados estratos sociales intermedios entre la gran burguesía españolista y el proletariado migrante, que empezaron a poner en marcha sus propios intereses locales, construyendo a su alrededor una nación con perspectiva moderna.

Las intensas luchas populares de la primera mitad del siglo XX se articulan para disputar el marco nacional recién creado, aunque haya contradicciones en determinados territorios. Los grandes movimientos populares se movieron en torno al proyecto de país español y eso es algo que aunque hoy cueste hay que admitir. Sin hacer una radiografía muy extensa y quedándonos con el movimiento libertario de los años 30, resulta evidente:

a) que había proyecto de país
b) que ese país era España. Una.

Aunque en las declaraciones y acuerdos, como el del mítico congreso de Zaragoza de CNT, se hablara de península, Confederacion Ibérica, etc…esto en la práctica no tuvo ningún reflejo, siendo la relación del movimiento popular de las españas con el portugués igual o menor al mantenido con otros pueblos. Así se trasluce de la propaganda y los textos de entonces. Como máximo exponente de esta realidad habría que rescatar el texto de Los Amigos de Durruti del año 1938, «Hacia una nueva revolución«. En ese texto, lúcido con su época en general, se incluye un capítulo entero en defensa de «La independencia de España», donde se describe la épica española y refleja nítidamente la percepción del propio país que manejaba el movimiento popular en aquellos tiempos.

Lo cierto es que en paralelo a esto y como explica también Iñaki Gil, es en las luchas de aquellos años 30 en las que la conciencia nacional en el caso vasco empieza ya no a empapar desde fuera, sino a emerger desde dentro de las luchas obreras. Este proceso continuo casi sin ruptura durante el franquismo. Eso explica que tras 30 años de represión, exilio, autodestrucción y capitulación el tablero nacional hubiera cambiado sustancialmente en Cataluña y País Vasco, donde la lucha contra la dictadura se había vertebrado fusionando la idea de España a la idea de España de Franco, como se relata en el reciente libro de Emmanuel Rodriguez. Esa idea-fuerza del antifranquismo se adopta desde posiciones burguesas para plantear un nacionalismo construido como diferencia a esa España y se convierte en uno de los discursos más exitosos de los 70 por la extensión que adquiere, pero que entra en contradicción flagrante con la realidad histórica de los territorios donde ese planteamiento tiene éxito por ocultar que estos fueron parte fundadora y fundamental de esa España. Entonces toda una maquinaria intelectual empieza a construir mitos y relatos que expliquen las diferencias históricas entre España y Cataluña/País Vasco, que aunque se basen en realidades históricas indiscutibles, ocultan el hecho de que esa España Una es también hija de lo peor de sus pueblos: sus oligarquías.

El marco nacional actual se asienta sobre lo que ocurre en parte en los 70 y principalmente en los 80, porque a la vez que ese proceso de construcción de discursos y mitos para algunos pueblos, en otros se daba otro proceso que hoy se mantiene intacto porque es la piedra de toque del régimen del 78. Hay una gran variedad de casos entre los pueblos ibéricos que se han dado con el régimen del 78, donde por contraste se puede aprender mucho de cómo la construcción de relatos nacionales/regionales partiendo de una realidad institucional se utiliza como herramienta de domesticación -País Valenciano, Navarra, Comunidad de Madrid- o para la acumulación de fuerza popular -Canarias, Galicia, Asturias. Merece la pena detenerse en el caso andaluz y castellano, por su relevancia en la construcción de la España moderna y postmoderna, en el pasado y en el presente.

El caso andaluz nace de una leve conciencia regional en los 70 que con la creación de las autonomías y por equiparación, especialmente, con Cataluña va creciendo hasta convertirse hoy en una realidad indiscutible: Andalucía existe como pueblo y por lo tanto como marco de disputa de intereses de clase. Este hecho se aprecia en cualquier campaña política –sea electoral o no- que se dé donde Andalucía es el marco de referencia y sirve como entidad política que equilibra España frente a las otras entidades políticas de su mismo nivel en el Reino de España.

Por contra el caso castellano, país en el que operan las fuerzas más brutales del españolismo político y donde el franquismo fue especialmente quirúrgico con el fin de extirpar toda memoria rebelde, se desbarató como país y llegó al siglo XXI como una reliquia turística de museo. No es casualidad, y así se percibe cuando se analiza el proceso de descomposición en autonomías de lo que hasta entonces fueron las castillas. La segregación de lo que a partir de entonces fueron Cantabria, La Rioja y la Comunidad de Madrid, mientras se mantenía dentro de la tradicional diversidad de las castillas a La Mancha y a León hizo que las 5 comunidades autónomas haya generado o bien regionalismos sin fundamento ni capacidad ni movilización o bien en la idea de que las autonomías son simplemente como aparatos de «gestión» pública sin un contenido más que casual -lo que, por cierto, explica en parte la furia antiautonomías del cuñadismo. La desaparición de Castilla como realidad política, social y cultural hoy es un hecho cercano, la señal es que ya ha sido dada por muerta por todas las fuerzas políticas significativas que sin embargo la consideraban como tan en los 70/80. Esto se puede explicar por la enorme complejidad, y por tanto riesgo político, del caso castellano por su diversidad y sus conflictos «provincianos», cuya contradicción más estridente se da en las comarcas del País Leonés. Por otro lado en los 80 era imprescindible para las élites gobernantes que no se produjera en Castilla el fenómeno que ya empezaba a darse en Andalucía y a la vez que se aislara Madrid para una «gestión mas eficiente», de la que ya hemos visto resultados, siendo estas dos condiciones un elemento central para el régimen del 78, cosa que aún hoy quienes hablan de romper candados no han puesto en duda. Ese abandono por parte de toda fuerza política del marco castellano produce una asimetría que supone que varios millones de paisanos se vean sin más referente nacional ni territorial sólido que España, lo que dispara un conflicto irreal entre «nacionalistas periféricos» y «españoles del centro» cuando se plantea la cuestión nacional, lo que crea esa imagen de que Cataluña o el País Vasco se independizan de España como si esta fuera una metrópolis colonial, confundiendo ahí a España con Castilla y generando una situación incómoda que mira su reflejo en Yugoslavia. Esto le hace el caldo gordo tanto al españolismo político como a quienes han construido relatos nacionales que ocultan que un sólo empresario catalán tenía más intereses en la victoria de Franco que todo el proletariado agrario castellano junto.

Dicho esto quede por delante que analizar como se articula el régimen del 78 no supone entederlo como neutro e inevitable y señalar sus carencias no supone posicionarse del lado de un «modelo territorial» distinto. El hecho de que Portugal, Aragón o Andalucía sean hoy marcos políticos disputables por su movimiento popular y que Castilla no lo sea es una realidad que nos condiciona completamente a las Castellanas, pero también al resto de nuestra gente súbdita de los Reyes de España y eso es lo que aquí se quiere señalar. Que Castilla se convierta y se identifique con el bastión del españolismo no nos puede convenir a nadie y para ello, en ese puzzle de pueblos que es la península de los últimos 30 años, habrá que trazar estrategias para la «liberación nacional y de clase» contemplen esa realidad. Plantear cualquier “liberación” en Olot o Gerona que implique considerar que existe una España de la que separarse y que está compuesta por un magma de pueblos mesetarios desestructurados más alguna región anexa es un torpeza estratégica que nos tiene con los pies atados, porque no puede haber una solidaridad de tú a tú entre Cataluña y España porque efectivamente el hecho de que Cataluña haya sido parte fundamental de España la sitúa en otro nivel de referencia, otro marco mental, independientemente de la materialización institucional de estos procesos. Que se pretenda hacernos españoles a algunas para después decirnos que “una parte de nosotros se va” provoca esa desagradable contradicción en la que se nos sitúa y que tan bien manejan para tenernos jodidas los encorbatados de La Caixa y Bankia.

Siguiendo con el hilo temporal, hay que reconocer y asumir que en esta época de transición y conflictos esto de la «cuestión nacional» no es un campo inmutable donde nos sirvan las categorías del siglo XIX. Entonces el desarrollo de los mercados nacionales y del imperialismo -con una determinada capacidad técnica de producción, distribución y comunicación- generó unas lógicas y unas dinámicas de gobierno para la sociedad que necesitaban de las herramientas «nación» y «estado moderno». Hoy, con otra capacidad técnica, son otras las herramientas que se están poniendo en marcha. Que el proyecto neoliberal está superando los marcos estatales y por tanto, los proyectos nacionales e incluso el concepto de sociedad, el algo ampliamente sabido. Todas las descripciones apuntan a que el territorio se está reordenando en centros y periferias, haciendo del territorio capitalista una red de metrópolis hipercomunicadas y conectadas por grandes infraestructuras y un espacio fragmentado física y socialmente de periferias de donde extraer recursos. Estos análisis se pueden encontrar desde el mundo sindical a las «vanguardias» teóricas anticapitalistas. ¿qué espacio deja esto para la «cuestión nacional»? ¿de qué sirve conjurar la «liberación nacional y de clase» cuando las naciones dejan de ser territorios en disputa? Tener esta perspectiva es imprescindible para preveer estrategias, porque aunque las transiciones entre estadios de desarrollo nunca son perfectas hay que ser conscientes de en cual nos encontramos. Esto es, igual que hoy vivimos con una reliquia feudal como jefe de un estado moderno, mañana podemos vivir en el sueño neoliberal con gobernanzas nacionales.

Pero aparte de carencias en el análisis concreto de nuestra realidad y de cuales son los nudos a los que nos enfrentamos, es más estimulante cuestionar la idea de que «lo nacional» es un terreno de disputa preexistente sobre el que se da una lucha de clases que hay que ganar, que subyace en todo el texto de Borja. Esta es otra idea clásica, el esencialismo nacional, que cuestionarla abre un abanico de posibilidades para nuestros intereses. En el pequeño y supersimplificado resumen que hay unas líneas más arriba del desarrollo del tablero nacional actual de las españas se cita la idea de que en el caso vasco la identidad emerge de las luchas obreras, osea, que la nación vasca no es un sujeto histórico con miles de años de historia común, sino que es una comunidad que se ha forjado hace menos de cien años en torno a algunos mitos y rasgos comunes e históricos pero sobre todo, en torno a la lucha y el conflicto. Podríamos decir lo mismo en el caso catalán, en el que la lengua y la lucha en defensa de la lengua ha sido el principal eje de conflicto en la historia reciente y que de hecho es el nexo que fundamenta el proyecto de Paises Catalanes. Y lo mismo de la identidad asturiana y sus conflictos obreros o andaluza con los conflictos del campo. Si la identidad nacional surge en la lucha y no tanto en los mercados, textos académicos y en el revisionismo histórico, la pelota está en nuestro tejado. Si es el conflicto nuestra herramienta para poner el tablero político, de la misma forma que quien gobierna lo pone mediante instituciones, la lucha nacional y de clase se funden en una a medio plazo, aunque sea sin la consideración o la designación de nacional. Se le llame cuestión nacional o con el nombre que sea, son de plena actualidad las luchas «situadas», insertas en realidades territoriales, culturales y sociales concretas y no universales. Las llamadas «luchas en el territorio» son el mejor ejemplo de estas, pero los conflictos más llamativos de nuestro tiempo nos enseñan esto sin parar: desde Chiapas a Kôbane pasando por la defensa del territorio ante las grandes infraestructuras en Europa. El hecho de que haya justificaciones históricas, culturales o incluso étnicas o que no las haya -dicho de otro modo, que los elementos del conflicto sean modernos o postmodernos- son elementos a valorar en cada situación y a cada nivel, pero lo importante es que estamos en un tiempo en el que las luchas ceden cierta pretensión universalista para centrarse en su situación concreta, y ahí lo que en las izquierdas castellanoparlantes llamamos «cuestión nacional» se pone de plena actualidad para definir programas y proyectos rupturistas y revolucionarios, que a nivel país van a tener que cruzarse necesariamente con las identidades históricas de los pueblos peninsulares.

@botasypedales

Mitología de hadas y anarquismo

Aunque a alguien le pueda parecer ridículo o absurdo, existen unos fuertes vínculos entre el espíritu libertario, revolucionario y ecologista con los seres mágicos de la naturaleza, las brujas y lo referente al mundo feérico y maravilloso.

Silvia Federici:

La caza de brujas fue instrumental a la construcción de un orden patriarcal en el que los cuerpos de las mujeres, su trabajo, sus poderes sexuales y reproductivos fueron colocados bajo el control del Estado y transformados en recursos económicos. Esto quiere decir que los cazadores de brujas estaban menos interesados en el castigo de cualquier transgresión específica, que en la eliminación de formas generalizadas de comportamiento femenino que ya no toleraban y que tenían que pasar a ser vistas como abominables ante los ojos de la población.

La caza de brujas, así como la trata de esclavos y la conquista de América, fue un elemento imprescindible para instaurar el sistema capitalista moderno, ya que cambió de una manera decisiva las relaciones sociales y los fundamentos de la reproducción social, empezando por las relaciones entre mujeres y hombres y mujeres y Estado. “

Por otro lado, los diferentes grupos de feministas radicales surgidos en los Estados Unidos en los años 1968 y 1969 conocidos como WITCH (Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell) exponían esto en su manifiesto:

«La persecución de las brujas dio paso al capitalismo, las brujas, lejos de su imagen de poseedoras del mal y de su pacto con Satán, representaban el espíritu feminista y la oposición al patriarcado, ellas siempre fueron mujeres sin miedo de existir, valientes, agresivas, inteligentes, inconformes, curiosas, independientes, liberadas sexualmente, revolucionarías (tal vez eso explica porque nueve millones de ellas fueran quemadas). Las brujas fueron las primeras en practicar el control de los nacimientos y el aborto, las primeras alquimistas (¡transformar piedra en oro, es muy peligroso para el capitalismo!), ellas no se quedaron de rodillas frente a ningún hombre, eran sobrevivientes de la más antigua cultura, antes que la represión espiritual, económica, sexual, mortal de la sociedad fálica, imperialista, fuera severa, destruyendo las sociedades humanas y la naturaleza». (Extracto del Manifiesto WITCH)

Ahondando en este asunto, nos encontramos con esos seres llamados «gente pequeña» como lo son las hadas, elfos, duendes, gnomos, trolls, etc. Estas criaturas, en palabras de Pierre Dubois fundador de la elficología (disciplina encargada del estudio de estos espíritus de la naturaleza) y anarquista, simbolizan las revueltas y los rebeldes que dicen «no» al orden establecido.

Pierre Dubois asiente que “El hada es rebelde, es el feminismo, el espíritu de la naturaleza a la que se quemaba como la bruja”. “Así pues las hadas y seres similares haciendo de ellos otra lectura diferente serían en cuestión libertarios, fogosos, desenfrenados, pero apoyados en experiencias inmemoriales que hablan del respeto a los elementos, de la armonía natural”. Pierre Dubois, militante anarquista y amigo del entartador belga Noël Godin y del cineasta Jean Rollin, continúa: “Hace falta sacar del fondo de la marmita, la utopía” “Es un patrimonio, todo esto pertenece al pueblo, esto nos pertenece. Y nos lo quitaron”.

Pierre Dubois también afirma que los pequeños genios de la naturaleza son herencia de Mayo del 68. Representando así las fuerzas ocultas de la naturaleza frente al status quo que ahoga toda posibilidad de creer en la magia.

Siguiendo en esta línea y entroncado con esto que estoy tratando, nos encontramos con toda una filosofía de vida llamada Ecopaganismo. Defendido, teorizado y llevado a la práctica por grupos ecologistas revolucionarios.

El paganismo enfatiza la naturaleza como algo sagrado, en ocasiones los paganos sienten el deber de proteger la tierra a través del activismo y causas medioambientales como la protección de los bosques , la agricultura ecológica , permacultura, derechos de los animales, etc. Estas ideas comenzaron a tomar cuerpo en la década de los años 60 y 70 donde paganismo, magia y activismo medioambiental confluyeron para dar paso a multitud de corrientes relacionadas, entre ellas surgieron el Ecopaganismo y la Ecomagia.

El Ecopaganismo y la Ecomagia son corrientes enmarcadas dentro del activismo de grupos ecologistas de acción directa, o grupos ecologistas revolucionarios como el Frente de Liberación de la Tierra o la organización Earth First! que hacen un fuerte énfasis en la imaginación y en la creencia de la posible interacción de los seres mágicos de la naturaleza (hadas, pixies, gnomos, elfos, y otro seres de la naturaleza y mundos paralelos). Piensan que estos seres representan la defensa radical de la naturaleza frente a los poderes tiránicos del capitalismo.

Así pues, el Ecopaganismo se perfila como una conjunción de activismo político y simbología o creencia en los feéricos. Partiendo de la base de que los feéricos son los cuidadores y/o protectores de la naturaleza, surgieron, como bien digo anteriormente, en los años 70 grupos que defendían la naturaleza desde una perspectiva revolucionaria y tomaban la simbología de los feéricos, creyendo en su existencia y en la interacción de estos en nuestro mundo.

Estos seres mágicos de los bosques eran vistos como ecoguerreros que en complicidad con activistas por la liberación humana, animal y de la tierra velaban por la preservación de la naturaleza y propagaban el ataque directo contra las estructuras responsables de la devastación medioambiental. Un término creado por estos grupos con connotaciones feéricas es el llamado “pixieing” que significa algo así como “duendeando” venía a significar un acto de sabotaje contra las instituciones responsables de la destrucción ambiental.

Los principales grupos ecopaganos que a su vez suelen tener tendencias situacionistas, eco-anarquistas, y primitivistas, son los ya citados Frente de Liberación de la Tierra y Earth First!.

Los seres feéricos también han sido tomados como símbolos de lucha ecoanarquista. Como por ejemplo un símbolo que conjuga el activismo de acción directa y de imaginería feérica: El leprechaun usado por el grupo Environmental Life Force, en la década de los 70 con un arcabuz como arma. O diferentes diseños como el creado por Green Anarchist que serigrafió camisetas en las que se leía «I believe in Faeries,» (creo en las hadas); el dibujo estampado era el de un hada sentada sobre un bulldozer mientras lo destrozaba.

Ya para concluir, solo citar a una escritora, activista anarquista y autodenominada bruja. Llamada Starhawk. Es conocida como teórica del neopaganismo y del ecofeminismo.

Es también internacionalmente conocida como entrenadora en no violencia y acción directa, y como activista en el movimiento pacifista. Actúa dentro del feminismo y del movimiento altermundista. Con lo que sería la vertiente pacifista de la lucha ecologista en conjunción con el ecopaganismo y los feéricos a diferencia de otras luchas más confrontativas como las diversas corrientes explicadas más arriba.

Solo pretendo con este artículo ver los nexos de unión entre la mitología de las hadas y el Anarquismo, ya que como se pueden ver los hay pero apenas son conocidos. Es lo bueno que tiene el Anarquismo que es una filosofía política holística la cual tiene alternativa y opinión sobre todas las temáticas existentes.

“Basta de obediencia, vida mágica”

Anarkaoss

Insurrección abierta

«Nos parece que lo que verdaderamente quita la libertad
y hace imposible la iniciativa,
es el aislamiento que vuelve impotente»
Errico Malatesta.

Se tiene una idea cuantitativa de revolución, algo así como una sobreproducción de actos de revuelta individual. Émile Henry escribió: «No perdamos de vista que la revolución no será sino el resultado de todas estas revueltas particulares». La historia desmiente abiertamente esta tesis. La revolución es el choque de un acto cualquiera (la toma de una prisión, una nueva okupación, el suicidio de alguien desahuciado) y la situación en general, y no la suma aritmética de actos de revuelta por separado. Aquellos que parten de esta tesis cuantitativa tienen el camino señalizado, ya que su desenlace es previsible: uno se agota en un activismo que no va a ninguna parte, uno se abandona a un discurso agotador de la acción donde todo gira entorno a actualizar su identidad radical. Esto dura un tiempo (el tiempo de la depresión o la represión). Y resulta que uno no ha cambiado nada. Su condición parece ser el autohundimiento permanente. Ninguna forma de acción es en sí misma revolucionaria. El sabotaje ha sido practicado tanto por reformistas como por fascistas. El grado de «violencia» en una manifestación no dice nada de su pretensión revolucionaria. No se mide el grado de «radicalidad» por el número de vitrinas rotas; este criterio únicamente es utilizado por aquellos preocupados en medir cuantitativamente los fenómenos políticos.

Un gesto es revolucionario no por su contenido propio, sino por los efectos que engendra. Revolucionario es aquello que efectivamente causa revoluciones. Es por el sentido que toma al entrar en contacto con el mundo que una acción es subversiva, o no. La verdadera actividad para los revolucionarios es la de hacer crecer las potencias en las que participan, en tratar bien a todas las personas susceptibles de abarcar una situación revolucionaria, independientemente de su ideología. Aquellos que oponen los «radicales» a los «ciudadanos», los «rebeldes» a la «población pasiva», solamente consiguen construir obstáculos para que se abarque dicha susceptibilidad. Y de paso anticipan el trabajo de la policía al señalarse a sí mismos como «revolucionarios profesionales». Es bastante sencillo entender que no están ocupados en construir una fuerza revolucionaria real, sino en mantener una fantasmal carrera hacia la radicalidad. Se teme ya no ser radical, como se teme en otras partes no ser cool o hipster. El aislamiento de estos medios es algo estructural: han puesto entre ellos y el resto del mundo el criterio de la radicalidad, y mientras no se entienda esto solo seremos impotentes con muchas ganas de perder el tiempo. Tiempo que, por otro lado, corre en nuestra contra.

Separar a los gobernados de su potencia de actuación política es lo que hace la policía cada vez que, al finalizar una manifestación, trata por todos los medios de «aislar a los violentos». Para aplastar una insurrección nada es más eficaz que producir una escisión en el seno de la población insurrecta, entre la minoría militarizada, generalmente clandestina y pronto «terrorista», y el resto de la población. Resulta interesante analizar los hechos ocurridos en Irlanda del Norte a finales de los años sesenta y principios de los setenta. En agosto de 1969, la fuerza del IRA formó un bloque con los barrios católicos que se habían declarado autónomos. Los guetos se habían sublevado, habían levantado barricadas en cada entrada y estaban cerradas a la policía. Algunos compraban comida para aquellos que ya no podían moverse libremente debido a su clandestinidad. Otros jóvenes alternaban la escuela por la mañana y las barricadas por la tarde. El IRA se fundió con el tejido extremadamente denso de esos guetos. En 1972 todo parecía posible. La respuesta de Gran Bretaña no se hizo esperar; vaciaron los barrios, seccionaron las comunicaciones y lograron separar a los revolucionarios profesionales del resto de la población amotinada, arrancándoles así las mil complicidades que habían logrado tejer. De esta manera se constriñó al IRA para que no fuese más que un grupo paramilitar, una fracción armada condenada al agotamiento, al encarcelamiento y a las ejecuciones. La táctica de la represión consistió en hacer existir a un sujeto revolucionario radical, para luego separarlo de todo lo que hacía de él una fuerza viva de la comunidad. Todo esto sumado a los falsos atentados atribuidos al IRA produjo que este fuese visto como un monstruo políticamente desligado. Conclusión: el aislamiento (producido por nosotros mismos o por el Estado) conduce al fracaso de cualquier levantamiento o insurrección.

No pensemos que se busca «destruirnos». Partamos más bien de que se busca «producirnos». Producirnos como sujetos políticos. Como «anarquistas», como «Black Bloc» o como «antisistemas». Disolvamos de una vez al sujeto-terrorista que el Estado se toma tanto trabajo en imitar.En el fondo esto abre el viejo debate de saber si hay que ir al encuentro de la sociedad para cambiarla, proponiéndole y dándole el ejemplo de otros modos de organización, o si hay simplemente que destruirla sin tomar en cuenta a aquellos que, por su pasividad o sumisión, aseguran que se perpetúe. Un error común es que los revolucionarios tratan de concienciar a la «población» desde la exterioridad vacía de no se sabe qué «proyecto de sociedad».

Es imposible establecer una comunicación eficaz cuando una de las partes es completamente ajena a la otra.

La minoría consciente tiene que partir más bien de su propia presencia, de los lugares que habita, de los territorios que les son familiares y cotidianos, de los vínculos que los unen a su alrededor. Raúl Zibechi escribía tras la insurrección de Bolivia en 2003: «Acciones de esta envergadura no pueden consumarse sin la existencia de una densa red de relaciones entre las personas; relaciones que son también formas de organización. El problema es que no estamos dispuestos a considerar que en la vida cotidiana las relaciones de vecindad, amistad, compañerismo, camaradería, son organizaciones de la misma importancia que el sindicato o el partido. Las relaciones y acuerdos pactados y codificados formalmente suelen tener más importancia que las fidelidades tejidas por vínculos afectivos. Son los mismos órganos que sostienen la vida cotidiana (asambleas de barrio) lo que sostienen el levantamiento».

Tenemos que conceder a los detalles más cotidianos, más ínfimos de nuestra vida común, el mismo cuidado que concedemos a la revolución. La mayoría de organizaciones y sindicatos hablan estando separados, aislados de toda vida comunitaria, y de esta manera es imposible incrementar potencia alguna. Al contrario, nos quema y al mismo tiempo el aislamiento nos señala ante el Estado como «sospechosos». El tacto con los demás, hoy en día, es el aspecto cardinal de todo revolucionario que se precie.

«La lucha está en la calle» no quiere decir solamente ir a tropecientas manifestaciones, pasearse por la ciudad o romper escaparates. La lucha en la calle tiene otro componente más simbólico, pero no por ello menos importante. Calle es vivirla, sentirla y estar con la gente, compartir, escuchar, aprender. Es recrear comunidades y barrios mediante la secesión. Es establecer vínculos, redes, solidaridades. Es disolverse en la comunidad para no tener un rostro reconocible que facilite el trabajo del Estado. A menudo la militancia nos aparta del mundo y de la calle real. Es hora de desembarazarse de toda la morralla mental que arrastramos y partir de lo que se da. La historia del movimiento revolucionario es, en primer lugar, la historia de los lazos que le otorgan su consistencia. La tarea revolucionaria se ha convertido en una tarea de traducción. No hay un «esperanto» de la revuelta. No se trata de que los demás aprendan a hablar anarquista, sino de que los anarquistas seamos políglotas.

Tampoco se trata de escoger entre el cuidado hacia lo que construimos y nuestra fuerza de choque política. Nuestra fuerza de choque está hecha de la intensidad misma de lo que vivimos, de las formas de expresión que se inventan, de la capacidad colectiva para soportar la prueba de aquello a lo que se enfrenta. Lo real es lo que resiste.

«¿Qué es la felicidad?
El sentimiento de que la potencia crece;
de que un obstáculo está a punto de ser superado»
Friedrich Nietzsche.

Radix

Anarquismo y marxismo, la asignatura pendiente

Parece que fue ayer cuando en una agitada I Internacional las diferencias entre Bakunin y Marx, radicadas básicamente en una interpretación del modelo a seguir por la clase obrera, que abrirían un cisma insalvable que permanece hasta nuestros días. Un cisma que nunca benefició a la clase obrera, sino que más bien la dividió. Creó un barranco en la lucha obrera, que ha sido un hándicap en la mayoría de luchas obreras, dinamitándose entre ellas, como por parte de los marxistas, como por parte de las libertarias.

Está claro. Este cisma es difícilmente salvable. Les anarquistas, siempre con sus aspiraciones contra el Estado, han sido siempre reprimidos, sea del color que sea el Estado, sea negro fascista, azul democristiano, rojo socialdemócrata o granate marxista. Las anarquistas, que ciertamente antaño han gozado de mayor aceptación entre la clase obrera que un marxismo que a menudo se antojaba intelectualista y bastante alejado de las masas y los centros de trabajo, no han tenido ni paz ni descanso hasta bien entrada la democracia burguesa y los modernos Estados de democracia burguesa, donde pueden gozar de la falsa libertad que ofrece el capitalismo, sin que se salven de los complots que éste organiza contra la disidencia, aunque ahora en un movimiento menguado, casi marginal y desorganizado, debido, entre otras cosas, a la decepción de la URSS y sus Estados satélites, que lejos de cumplir la utopía de hacer desaparecer el Estado, se recrearon en él, y en una especie de despotismo ilustrado, una cúpula del Partido gobernaba en nombre del pueblo, con resultados más o menos satisfactorios, y una progresiva invasión del socioliberalismo y la socialdemocracia alternativa que, en muchos casos, es heredera del marxismo pero que reniega de él.

Los Estados marxistas, como dije en el párrafo anterior, se gobernaban bajo una especie de despotismo ilustrado. Una cúpula del Partido que concentraba todo el poder gubernamental, unos consejos de trabajadores sin poder ni consultivo, verticales e inútiles para una correcta organización de la clase obrera. Un Estado que, lejos de tener un objetivo transitorio hacia una sociedad mejor, se recreaba en la mejora de la clase de vida de la clase obrera. Sí, puede que sea un Estado socialista. Pero completamente contrario a un Estado obrero y científico. Por si no fuera poco, los traidores de la clase obrera fueron escalando pisos en el Partido, y la clase obrera, inútil y fagocitada su voz en las instituciones, no pudo hacer absolutamente nada. La Perestroika llamaba a la puerta, y de repente, se encontraron con un hecho innegable: lo que aspiraba a ser una dictadura del proletariado, derivó en un Estado socialista represivo, en el que la voz de la clase obrera era más inútil que quizá la que podría haber tenido en una democracia parlamentarista. Se confundió, la dictadura del Proletariado, por la dictadura del partido en el que se suponía que debería de haber estado el proletariado, y no sólo eso, sino que, sin haber podido hacer absolutamente nada, la democracia burguesa estaba llamando a la puerta, entrando a través de un camión de CocaCola por Berlín Occidental. Seguir mirando atrás, y ver esos Estados como verdaderos logros de una revolución obrera, es, con todos mis respetos, el más vacuo y contrarrevolucionario de los análisis y opiniones, y la más folclórica de las actitudes.

Pero eso pasó hace ya 24 años. Y la verdad es, que en la penosa situación en la que nos encontramos la clase obrera hoy en día, las heridas de un pasado pseudomarxista marchito que minó las aspiraciones de la clase obrera siguen haciendo daño. Unas personas, marxistas convencidas que las anarquistas tenían la única y mera voluntad de dinamitar todo el movimiento que se había generado. Unas utópicas, idealistas personas que quieren frenar el imparable movimiento revolucionario que en ese momento gozaba de una imagen de desarrollo trepidante. Después, las anarquistas, convencidas de que una alianza con sus represoras, de que tender la mano a quién se la cortaba hace años, es un movimiento cuanto menos indeseable. Y razón no les falta.

Yo me defino como marxista-leninista. Sí, lo reconozco: soy marxista-leninista. Pero como tal me siento (y soy) responsable del cisma que ocurre en la actualidad. Pertenezco a un movimiento folclorista, empecinado en no aprender los errores que cometimos. Empecinados en seguir hablando de la URSS como un modelo, de ver a Stalin como un gran dirigente obrero, de seguir pensando que es más importante recitar el evangelio según san Lenin que de hacer verdadero materialismo dialéctico, que es más útil leerte cien páginas de análisis obsoletos del siglo anterior que conocer de primera mano las necesidades y las cuestiones de a pie de la clase obrera de hoy en día, que es más urgente reconstituir el Partido que actuar y concienciar, de seguir pensando que el lenguaje retórico de Lenin es más obrero que las quejas de un encargado de mantenimiento de una subcontrata. ¿Cómo pretendemos que la clase obrera se una en una lucha contra el capitalismo y sus condiciones sociales, si no aprendemos? Es normal, pues, que se reciba este rechazo de la bancada anarquista. Si yo lo fuera, y viera que esa gente, con una línea ideológica bastante indeseable, y que encima te descalifica sólo por no compartir un análisis para contigo, tampoco estaría por la labor de involucrarme en un, contiguo movimiento común.

Y me despido con un ruego. Por una parte, a mi grupo: dejemos de lado el folclore. Dejemos la teoría obsoleta. Salgamos a la calle, conozcamos a las masas. No las tratemos como ganado a las que hay que atraer al Partido. El objetivo no es aglutinar gente en una agrupación, el objetivo es concienciar. Que la gente se despierte. Dejemos también de tratar al resto de gente como dógmatas idealistas. Es contrarrevolucionario descalificar a la amiga, a la camarada, a tu compañera. A las anarquistas: sé que tenemos diferencias. Sé que, en los medios, en la base, nuestro mensaje a veces es complejo de unificar, de conciliar, o de compartir. Pero unámonos. La clase obrera combativa, tanto como la que tiene como objetivo arreglar lo más esencial e inmediato, como la que tiene por objetivo la emancipación obrera y la eliminación de las contradicciones de la sociedad opresiva en la que vivimos, debe estar unida. Siempre unida. Los dos grupos juntos, por una vez desde 1890, estoy seguro de que, tarde o temprano, podremos conseguir grandes cosas, dejar de, como dice mi compa Lus últimamente, ponernos palos en las ruedas.

Cito también a un amigo mío como despedida: Ya basta de hablar de lavanderías: hablemos del precio de las lavadoras.

Enrospv

Anarquía a pie de calle (II)

Primera parte aquí.

¿Lucha social?

“Mañana para los jóvenes estallarán como bombas los poetas; mañana las caminatas por el lago, las semanas de perfecta comunión; mañana los paseos en bicicleta en las tardes de verano. Pero hoy la lucha” (W.H. Auden, España, 1937).

Vaya por delante que quien les habla de lucha social se tiene por individualista. Soy individualista porque soy celoso de mi independencia y criterio personal, pero también por razones pragmáticas. Para implicarse en la lucha social es imprescindible conservar grandes dosis de individualismo: para no corromperse, para no dejarse arrastrar por impulsos gregarios y apetitos mayoritarios, para saber por qué haces lo que haces.

Pero me repugna el aristocratismo; soy individualista porque quiero, para todos y cada uno, una personalidad única y fuerte, y que cada uno desarrolle su “yo” sin límites ni cortapisas ambientales. Pero, ¿cómo domar el ambiente para que sean los individuos los que le den forma a este y no este el que de forma a los individuos? Implicándose en la lucha social, no hay otra.

Nuestro desprecio por la sociedad actual puede llevarnos a la resignación. Tanto a un nihilismo satisfecho (“nada se puede cambiar y es mejor vegetar y vomitar esporádicamente a través de las redes sociales o un artículo bien escrito”) como a la actitud del náufrago (“aunque no queramos este es nuestro hábitat, adaptémonos y salvemos los pocos muebles que llegan a la orilla”). Pedir que todo arda sin mover un dedo o enzarzarse en pedir reformas electorales o iniciativas legislativas populares son muestras de ambas actitudes. Resignación más o menos activa, pero renuncia al fin.

Resignarse es rendirse, y eso es morirse por dentro. Hay que implicarse en la lucha social porque sólo así conseguiremos cambiar algo, aunque sólo sea una parte de la porción de mundo que nos ha tocado en suerte. Pero hay que implicarse con grandes dosis de realismo; tanto realismo que duele a veces.

Hay que saber antes que nada que puedes implicarte, tener éxito, conseguir cambiar la vida de la gente, sin que en nada hayan cambiado sus mentes. Una persona mezquina hambrienta no es diferente de una persona mezquina satisfecha salvo en su capacidad material para hacer daño. Tendrá más o menos posibilidades, distintas prioridades, pero en lo sustancial es igual. Idealizar a las “clases sociales” (categoría que si no se limita a fijar la línea entre oprimidos y opresores sirve de poco) es absurdo. Ni el obrero es el personaje de los carteles soviéticos ni la obrera es la de los carteles americanos de la II Guerra Mundial. Los excluidos y los marginados, los “sin-clase”, entre los que me encuentro por nacimiento y vocación, no responden tampoco a una visión romántica prefijada de nómadas y espíritus libres. Somos seres de carne y hueso que no pueden ser observados desde fuera, sino vividos desde dentro.

Poner defectos o cualidades donde no los hay de forma ingénita es una fuente de injusticias o expectativas frustradas. Los que trabajamos por la revolución tenemos que tener una cosa clara: ésta no se hará con superhombres nietzscheanos; se hará con personas con prejuicios, cargadas de tabúes, lastradas por ideas machistas, racistas y xenófobas. Ese es el material humano de las revoluciones porque la gente no cambia de un día para otro por mucho que se intenten cambiar los acontecimientos. El entusiasmo inicial tamiza esas actitudes, pero sin una pedagogía previa no podemos pretender que las personas tiren su equipaje mental de forma instantánea.

¿Seguro que cambiando las condiciones materiales no conseguimos cambiar las condiciones mentales? No necesariamente. Kropotkin es uno de mis pensadores de referencia, y después de haberlo estudiado y tratar de llevar a la práctica algunas de sus propuestas –las que me parecían más urgentemente realistas– puedo confirmar que al menos en algunos presupuestos de La Conquista del Pan (1892) se equivocaba. O más bien, para ser justos con Kropotkin, el error no consiste en la tesis principal de esta obra (capital, por otro lado), según la cual la primera cuestión a solucionar de la revolución es la del pan; los que nos equivocamos somos nosotros si creemos que por ser la primera debe ser la única. La primera misión del fenómeno revolucionario debe ser, ciertamente, saciar las necesidades básicas, pero seremos muy ingenuos si creemos que este sólo hecho derrumburá toda forma de jerarquía. Si como ya nos recordaba Tolstói no se le puede hablar de cosas no comestibles a alguien con el estómago vacío¹, tampoco podemos esperar que llenando ese estómago obtengamos un cambio conductual en esa persona. Podemos dar abrigo, techo y pan como nos recomienda Kropotkin, pero si las estructuras mentales capitalistas no se han tambaleado, las mejoras de las condiciones materiales no habrán modificado en los sustancial la naturaleza ni las aspiraciones de los afectados. Podemos crear una sociedad de necesidades satisfechas e igualitarismo económico que no por ello, si no se hace un trabajo de fondo, quedará erradicado el poder y la sumisión. Kropotkin decía que si la gente tenía los medios de producción ya no necesitaría arrastrarse ante un Rothschild; no se arrastraran por pan, pero pueden someterse igualmente por el influjo de la fuerza bruta, el miedo o el engaño. La igualdad económica no erradica el autoritarismo ni los vicios jerárquicos, ni borra de un plumazo los tics capitalistas.

Esto puede comprobarse con el ejemplo de las comunas y comunidades de resistencia. Una microsociedad que se organice con un modelo anarquista, y en la que este modelo se demuestre eficiente y eficaz, puede ser una muestra de que la anarquía funciona “demasiado bien”, porque consigue mejorar las condiciones de vida de los afectados, saciar sus necesidades, pero con muy poco esfuerzo por parte de estos. No se puede crear una oasis de anarquía rodeado de un desierto de capitalismo, porque tarde o temprano la arena te entra por la puerta².

La mayoría de comunidades libertarias de finales del siglo XIX y principio del XX, y aún las comunas hippies de la segunda mitad del pasado siglo, fracasaban por una cuestión muy clara: se constituían en comunidades cerradas, aisladas, sin ser conscientes de que la gente no deja su “vieja mentalidad” en la entrada. Esto ya lo explicaba Reclús en su texto Las Colonias Anarquistas (1902). La sociedad no tiene vida propia ajena a la de sus miembros, sin embargo la existencia de cierta psicología colectiva, de grupo, la hace comportarse como un organismo vivo. Como tal, muere si permanece encerrado y sin aire, y vive cuando se ventila, cuando respira y se nutre del exterior.

Esas cualidades centrífugas y centrípetas de las que que hablaba en el artículo anterior, no son sólo aplicables a distintos tipos de anarquismo, sino también de comunidad y de militancia. En mi experiencia comunitaria he podido comprobar que los periodos de aislamiento y endogamia forzada mueven a la depresión y la desmovilización, pero cuando se interactúa con el entorno en el que se está inserto y se reciben estímulos del exterior el organismo que es la comunidad se renueva y se revitaliza. Lo mismo pasa con la militancia. La actividad centrada en el propio grupo, en el propio movimiento, que no se abre y se expande ni quiere relacionarse con el exterior, es inútil y tiende a la esclerosis. Es imprescindible moverse hacía afuera, irradiar. La sangre que no circula se tromba y produce gangrena; el movimiento es la base de la vida, la base del cambio.

Pero se me preguntará: ¿por qué enredarse en la lucha social si el cambio material no tiene las repercusiones inmediatas que se pretende? Y en caso de que fuera deseable, ¿qué estrategia seguir?

La gran aspiración anarquista revolucionaria, y la de mayoría de movimientos sociales, es llegar a la gente. Puede que a través de la lucha social, de ayudarles y promover vías de autogestión, su mentalidad no cambie, pero es esa la única forma real de llegar a ellos, de entablar contacto. Entiendo las buenas intenciones, pero a una familia que busca alimentos en la basura, que está discriminando entre lo podrido y lo descompuesto, no se le puede hablar de las virtudes del veganismo o de los malos efectos de los transgénicos; suena a insulto, a broma macabra. Esas cosas, que realmente son una muestra de consciencia, interesan cuando uno tiene sus necesidades básicas satisfechas y un estatus estable; al desnutrido lo que le interesa es no morirse de hambre. Cuando se hablan de cosas ajenas a la realidad inmediata de la gente y tratamos de arrastrarlos a nuestro terreno, en vez de evaluar que tiene nuestra forma de concebir el mundo que ofrecerles a ellos, estamos estableciendo una línea entre la gente sin ideología y el anarquista que, mentalmente, no dista mucho de la que hay entre el desposeído y el propietario: intereses distintos cuando no contrapuestos.

Hay que analizar qué interés legítimo y coincidente con nuestras ideas y praxis tiene la gente y tratar de meterle mano. La FAGC se dio cuenta en 2011 de la alarmante necesidad de vivienda que había en la Isla de Gran Canaria: entre 25 y 30 desahucios diarios con 143.000 casas vacías en el archipiélago. La gente necesitaba techo; pues eso había que ofrecerles, porque nuestras herramientas son ideales para ello y porque históricamente, desde la Comuna de París al Movimiento Okupa, ha sido parte de nuestro acerbo.

Ya he dicho que con la política del pan, siendo lo prioritario, no basta. Hay que usar grandes dosis de pedagogía (alejándose radicalmente del adoctrinamiento y el proselitismo), socializar herramientas formativas, fortalecer la independencia de la gente y crear círculos de compromiso dispuestos a no perder las conquistas conseguidas. Sí, el pan no lo es todo; pero es la única forma de que esa entelequia informe e indefinible a la que llamamos “pueblo” te tenga en cuenta y te distinga de los vendedores de humo. Sí, la propaganda por el hecho tiene sus límites, y mostrar el camino correcto y recorrerlo no es suficiente para que otros lo hagan; pero es la forma más honesta y coherente de difundir una idea y de intentar que la gente la adopte. La vía vivencial, de hacer lo que se predica, es lo único que te legitima a poner una propuesta encima de la mesa. Si no lo has vivido antes no me lo vendas. Darle a las necesidades básicas la prioridad que les corresponde, y no ofrecerle poesía, liturgia o escolástica al que necesita proteínas es la única forma de empezar a hablar en serio, la única forma de no demostrarse enajenado de la realidad.

Ciertamente los pruritos capitalistas y los raptos de burguesismo pueden permanecer en la mente del que gracias a tu ayuda ha dejado de ser un paria. Alejado de la miseria quizás se incremente más esa mentalidad consumista. Pero si se ha conseguido cambiar su situación vital a través de procedimientos libertarios, con tácticas de acción directa al margen de la legalidad, aunque esto no altere la psique del afectado, la realidad es que el hecho, el ejemplo, queda y subsiste, y es lo que sirve de referente para demostrar que si el material humano falla, las ideas y las prácticas no. De todas maneras, basta con que en uno de cada diez individuos germine la semilla de tu ejemplo de apoyo mutuo o autogestión para que la lucha social iniciada haya valido la pena.

Wilde nos hablaba en su El Alma del Hombre bajo el Socialismo (1890) de lo aburridos que eran los “pobres virtuosos”. Exigir que los pobres sean virtuosos, además de pobres, no es una cuestión de “aburrimiento”, si no de brutal e injusta insensibilidad. En la lucha social podrás descubrir personas que llevan años sin socializarse con nadie, que han sido excluidas de las más mínimas comodidades, que llevan décadas viviendo en estado de guerra permanente, que sienten que cuánto les rodea es hostil. Lo raro no es que desconfíen o incluso traten de aprovecharse de quien le tienda una mano; lo raro es que no se le tiren a la yugular. En vez de eso, muchas personas que han sido tratados como fieras peligrosas desde la infancia, constantemente hostigadas por su entorno, se embeben de una solidaridad dada a cambio de nada, salvo de compromiso, y de una forma de actuar que no acepta liderazgos ni servilismos. Se embeben tanto que la reproducen. Aprenden a ayudar a los demás, abren casas para familias sin hogar tal y como se les abrió a ellos; llegan a darse cuenta de que el siguiente paso está en defenderse por sí mismos, en la autonomía; la ilegalidad a la que antes recurrían por necesidad ahora tiene una finalidad más profunda. Puede que empiecen a interesarse por las ideas que les han llevado hasta ahí y empiecen a hablar de anarquismo; y si no, al menos ya no desconocen ese término ni lo temen. Se produce en ellos un cambio de paradigma.

Sin embargo, deberíamos de tener una cosa muy clara: el modelo anarquista que proponemos no necesita convertir a la gente en anarquistas para funcionar; sería aberrante. El anarquismo destinado a los anarquistas es chovinismo. El anarquismo es útil cuando se dirige a los que no son ni serán anarquistas. Es ahí cuando se demuestra que un proyecto y un modelo funcionan.

Nuestro objetivo es llegar a los que nada tienen, no para hacerlos anarquistas conscientes, sino porque sólo ellos, los que más sufren y padecen, tienen motivos objetivos para querer cambiar de vida y la razón para romper convulsamente con todo. El mensaje anarquista de libertad y autonomía acoge a toda la humanidad; el de tres comidas diarias y un techo sobre la cabeza sólo puede ir destinado a los que carecen de ello. La anarquía para los satisfechos, para los aburridos intelectualmente, es un artefacto inútil. Los principios libertarios son asumibles por todos, pueden cambiar la vida interior de quién los asuma, sin importar su ascendente; pero su programa económico y social va dirigido a cambiar la vida de los que hoy comen barro. Por eso es imprescindible intervenir en esa lucha; no hay otra forma de cambiar lo que nos rodea.

¿Cómo hacerlo? Desde dentro, sin partenalismos ni dirigismos. La táctica del “paracaidista” que salta sobre un conflicto, venido de quién sabe dónde, para arrojar luz, es la táctica del fracaso. Sólo cuando se te ha visto mancharte, sudar y sangrar estás legitimado para intervenir, y ni siquiera eso vence todos los recelos. Se debe crear un proyecto en el que las diferencias entre los anarquistas que lo inician y las personas generalmente no ideologizadas que lo vayan integrando se difuminen, sin rangos, ni vanguardismos ni primacías.

Participando en las inquietudes reales del pueblo, en las que se han generado en ellos, y no en la que nosotros queremos introducirles desde fuera. Una vez hemos tomado parte de sus intereses, de su lucha, de su reivindicación, nuestra misión como anarquistas es tratar de llevarlos un poco más lejos, un pasito más allá. Malatesta lo entendió con lucidez:

“Hagamos comprender a todos aquellos que mueren de hambre y de frío, que todas las mercancías que llenan los almacenes les pertenecen a ellos, porque ellos fueron los únicos constructores, e incitémosles y ayudémosles para que las tomen. Cuando suceda alguna rebelión espontánea, como varias veces ha acontecido, corramos a mezclarnos y busquemos de hacer consistente el movimiento exponiéndonos a los peligros y luchando juntos con el pueblo. Luego, en la práctica, surgen las ideas, se presentan las ocasiones. Organicemos, por ejemplo, un movimiento para no pagar los alquileres; persuadamos a los trabajadores del campo de que se lleven las cosechas para sus casas, y si podemos, ayudémoslos a llevárselas y a luchar contra dueños y guardias que no quieran permitirlo. Organicemos movimientos para obligar a los municipios a que hagan aquellas cosas grandes o chicas que el pueblo desee urgentemente, como, por ejemplo, quitar los impuestos que gravan todos los artículos de primera necesidad. Quedémonos siempre en medio de la masa popular y acostumbrémosla a tomarse aquellas libertades que con las buenas formas legales nunca le serían concedidas. En resumen: cada cual haga lo que pueda según el lugar y el ambiente en que se encuentra, tomando como punto de partida los deseos prácticos del pueblo, y excitándole siempre nuevos deseos”³.

Lo que intentó la FAGC con el Grupo de Respuesta Inmediata contra los desahucios y la Asamblea de Inquilinos y Desahuciados fue intervenir en una aspiración real de la población (la vivienda) y lejos de las propuestas moderadas y legalistas de las plataformas y colectivos locales, llevar la lucha por el derecho al techo a otros presupuestos, más profundos y más radicales. Esa es la primera etapa de nuestra lucha. Parando desahucios de forma combativa y realojando familias sin techo en casas unifamiliares expropiadas a los bancos, iniciamos el contacto con la gente y demostramos que se podía actuar de otro modo, más comprometido y más eficiente.

Inmersos en las aspiraciones habitacionales populares iniciamos la etapa de la Comunidad “La Esperanza”, porque hacía falta una demostración de fuerza, un proyecto lo suficientemente grande y llamativo cómo para que no pudiera ser ocultado a la opinión pública por mucho que se quisiera. Ante el victimismo de que hagamos lo que hagamos se nos silencia, hemos intentado mostrar que a despecho de las manipulaciones y tergiversaciones mediáticas, si se hace algo de gran magnitud es imposible que pueda quedar solapado y barrerse bajo la alfombra (a esto obviamente hay que sumarle una gran capacidad de trabajo y saber diseñar una buena “guerra de tinta”). Llega después una tercera etapa que ya explicaré en el último artículo de esta serie.

Lo hecho en esta segunda etapa tiene su importancia y significado, no sólo evidentemente por su dimensión social, por dar techo a un número tan ingente de adultos y menores, sino también en otros aspectos. En nuestro movimiento parece que ciertos think tank se disputan una ridícula hegemonía. Invalidan lo que dice su competidor con palabras, siempre con palabras. Si una propuesta se les antoja muy radical o muy reformista no tratan de contraponerle un ejemplo práctico que la desbarate; le contraponen otra idea. Cuando se criticaba por ejemplo la ILP de la PAH por inservible y legalista, la crítica podía ser muy certera (de hecho lo es), pero si no se le contrapone otra alternativa a la gente no le quedará más remedio que aferrarse a la única alternativa que hay puesta sobe la mesa. Nosotros criticábamos la ILP y como aval a nuestra crítica dimos vida, por ejemplo, a “La Esperanza”. Lo que hace falta es un action tank, grupos de acción que realicen actos que secunden nuestras teorías, un respaldo activista con resultados reales y cuantificables. Eso es lo que válida tu propuesta; lo demás es retórica, verborrea y papel, y eso tiene el mismo peso que un puñetazo sobre la mesa de un bar.

Empero, hay que ser realistas: si la línea vivencial debe quedar borrada entre los anarquistas y los realojados (pues esta es la única manera no sólo de evitar vanguardismos sino de propiciar la autoemancipación y sumar a los afectados a la lucha por su propia causa), hemos de saber detectar las diferencias y semejanzas de nuestras aspiraciones; ahí se hallan lo límites de la lucha social. Personalmente, como anarquista, y en relación a la Comunidad “La Esperanza”, podría preferir una ocupación sine die, un desafío constante al Estado y las entidades financieras, sobreviviendo en situación constante de emergencia. Pero precisamente, como anarquista, no me gusta disparar con pólvora ajena. No puedo lanzar a la gente, cargados de hijos menores, a luchar con molinos de viento espoleados por mis ideas. Debo conocer y comprender cuales son sus aspiraciones reales y hasta dónde están dispuestos a llegar y si ya han llegado lo más lejos que les era posible no tratar de forzarles a iniciar formas de lucha que aún no han nacido en ellos. La necesidad crea al órgano, y esas formas se darán de forma natural cuando sea el momento. Hay que entender que si para mí la ilegalidad es una opción y un recurso a defender, para ellos es una obligación nacida de la necesidad. Después de la guerra la gente quiere paz y eso no es criticable. En base a eso redacto documentos legales que me repugnan porque la comunidad de la que formo parte los necesita y confía en mi capacidad para darles cuerpo. “La Esperanza” ha decidido regularizar su situación, lanzar un órdago: si sale mal seguirá al margen de la legalidad y no abandonará las viviendas; si sale bien habrá conseguido vencer en su desafío al Sistema y haberle arrancado sus demandas.

¿Conseguir esas exigencias será el final de todo? Como Comunidad puede que sí, pero a nivel de estrategia global de la FAGC evidentemente no. Conseguir esta victoria sería un ejemplo de lo que se puede lograr mediante la ocupación, sometiendo a los bancos y los poderes públicos a una política de hechos consumados. Debe y puede reproducirse en más sitios. Pero si a esta estrategia no se le da una vuelta de tuerca final su resultado práctico, de tener éxito y propagarse de forma viral, será llenar el Estado de viviendas de protección oficial y aumentar el parque de vivienda pública, y ese no es nuestro objetivo. Nuestro objetivo es darle techo a las familias, pero cambiando completamente el paradigma social.

Cuando se interviene por ejemplo en la lucha sindical y se intenta una mejora en los horarios o en los salarios, lo que conseguimos, si triunfamos, es una victoria parcial y una demostración de fuerza. Esa necesidad de práctica, de hacer músculo, es lo importante. Pero si nos quedamos en la disminución de horarios o en el aumento de salario en sí, no haremos más que reforzar el modelo capitalista laboral. Si decimos que nuestras aspiraciones son otras, habrá que demostrarlo con hechos y no sólo con una declaración de intenciones. Lo mismo ocurre con el tema de la vivienda. La idea es que nadie se muera en la calle, esa es la prioridad; pero entendiendo que lo que propicia que eso pase es el modelo actual, y que por tanto no sólo hay que poner remedio a sus consecuencias sino también a sus causas. Dando techo y consiguiendo que no se eche al realojado de su casa demostramos fuerza y respondemos a una atrocidad, atajándola; pero si detrás de eso no hay un tercer movimiento esa demostración se quedará ahí, como un fin en sí misma.

La lucha no es un automatismo (luchar por luchar). Se lucha para destrozar barreras y alcanzar objetivos. ¿Cuándo sabes que la lucha es importante? Cuando alcanzado ese objetivo tienes la sensación de que aún no has hecho más que empezar.

¡Venga entonces el tercer movimiento!

Ruymán Rodríguez, FAGC


1 “Antes de proporcionarle al pueblo sacerdotes, soldados, jueces, doctores y maestros, deberíamos averiguar si por ventura no se está muriendo de hambre” (El trabajo y la teoría de Bondarev, 1888).

2 Aunque en honor a la verdad, a no ser que se produzca una dificultosa revolución global, cualquier forma de anarquía se dará siempre inicialmente rodeada de capitalismo, se dé en un pequeño pueblo, en una gran ciudad o en toda una región. Cambian los recursos, las competencias y la escala, pero en su imperfección es una manifestación de anarquía. Por eso tal vez yo pueda decir que he vivido en anarquía, y que es hermosa y es dura.

3 “En Tiempo de Elecciones”, 1890.

La Cruz Roja recauda 500 millones para reconstruir Haití y construye 6 casas. La contrarrevolución de las ONGs

La Cruz Roja es otra de las Corporaciones dedicadas al negocio de la Caridad en el punto de mira desde hace décadas siendo las polémicas más recientes sus intervenciones en el 11-S en el que cedió 564 millones de $ al Liberty Found o el caso de 14 empleados acusados del desvío de 200 mil $ durante la crisis del huracán Katrina. El último escándalo se produce en Haití a partir de las evidencias del desvío de unos 500 millones de $ destinados a proyectos inmobiliarios de los que solo construyeron 6 casas.

Homes made by the Spanish Red Cross for local residents who lost their houses in the 2010 earthquake in rural Leogane. In this picture Elda Papillon is shown in her home where she lives with her two sons.La Cruz Roja está trabajando para sí misma. Las estafas levantan ampollas, primero por el beneficio de un parásito y después por el daño en el orgullo por el engaño. Pero cuando a demás la realiza sistemáticamente una empresa que se aprovecha del altruismo y la solidaridad de la sociedad, genera dependencias y promueve los valores de las élites la cuestión se vuelve personal.

Fue creada en 1863 con sede en Ginebra durante el apogeo de la primera globalización. Su actividad fue enfocada a la asistencia en guerras, desastres y la promoción de sociedades de socorro. Su actividades rápidamente ha transcendido a distintos áreas constituyéndose en trasnacional presente en más de 175 países. Como corporación asegura que sus principales fuentes de ingresos provienen la publicidad, donaciones, su legión de voluntarios defensores y subvenciones estatales al formar parte de los Servicios Asistenciales de medio mundo. Todavía está por ver.

Declarada organización no gubernamental de interés público colabora con todo tipo de Instituciones , destacando la ONU, y el Ejércitos de la OTAN. Declarada neutral es expulsada de los campos de batalla y conflictos acusada de funcionar como medio de transporte y espionaje. Declarada sin ánimo maneja astronómicos presupuestos que se dedican a inversiones financieras, dudosos proyectos y lo más importante, a enriquecer a sus jerarquías. Declarada caritativa evita el desarrollo de redes sociales locales implantando su propia red clientelar y absorbiendo las subvenciones.

La catástrofes son desastres para algunos y bendición para otros. Donde unos ven muerte otros ven dinero. Donde unos ven enfermedad otros ven publicidad. Así de triste es el mundo. Son los buitres los que nos alimentan en el lecho de muerte. Si la contrarrevolución, la desinformación y el neuromarketing tuvieran cara esas podrían ser las de ONGs siendo la Cruz Roja una de las más importantes del mundo.

Fuente-http://tarcoteca.blogspot.co.uk/2015/06/cruz-roja-recauda-500-millones-para-la.html

_____________
500 millones para el proyecto inmobiliario Lamika, construidas 6 casas

“Humanitarian Aid” to Haiti: How the Red Cross Raised Half a Billion Dollars ­and Built Six Homes | – Global Research  and ProPublica

EL BARRIO DE CAMPECHE se extiende hasta una empinada ladera en la capital de Haití, Puerto Príncipe. Las cabras pastan tranquilas entre la basura que nunca será recogida. Los niños patean una pelota de voleibol desinflada jugando en un campo de polvo aledaño a una pared con un logotipo pintado a mano de la Cruz Roja Americana.

A finales de 2011, la Cruz Roja propuso un proyecto multimillonario para transformar esta zona desesperadamente pobre, duramente golpeada por el terremoto que azotó a Haití el año anterior. El objetivo principal del proyecto -denominado LAMIKA, siglas en creolo de «A Better Life Mi Barrio» – era la construcción de cientos de viviendas permanentes.

Hoy en día, ni una sola casa ha sido construida en Campeche. Muchos residentes viven en chabolas hechas de planchas de metal oxidado, sin acceso a agua potable, electricidad o saneamiento básico. Cuando llueve, sus casas se inundan y los residentes tienen que ser rescatados entre barro y agua.

La Cruz Roja recibió una lluvia de donaciones después del terremoto, cerca de 500 millones de $.

La campaña publicitaria lo es todo

La corporación ha celebrado públicamente el éxito de su misión. Pero, de hecho, la Cruz Roja ha fracasado estrepitosamente en Haití. Informes confidenciales, correos electrónicos de altos cargos preocupados por la situación, y las cuentas de una docena de expertos frustrados y decepcionados muestran que la ONG de caridad ha roto sus promesas, ha malgastado donaciones , y hace alarde de un dudoso éxito.

La Cruz Roja dice que ha proporcionado viviendas a más de 130.000 personas. Sin embargo el número real de hogares permanentes que ha construido en todo Haití es de 6.

Después del terremoto, la Consejero Delegada de la Cruz Roja Gail McGovern reveló ambiciosos planes  para «desarrollar nuevas comunidades». Ninguna jamás se ha construido.

Las organizaciones asistenciales de todo el mundo han participado en Haití, el país más pobre del hemisferio occidental. Pero la investigación ProPublica y de NPR muestra que muchos de los supuestos fallos de la Cruz Roja en Haití habían seguido planeados. Son parte de una pauta de acción mucho más amplia en la que la organización ha evitado la entrega de la ayuda después de desastres, como sucedió después de laSupertormenta Sandy.

A pesar de sus dificultades, la Cruz Roja sigue siendo la beneficencia de elección para los ciudadanos yempresas estadounidenses por igual después de desastres naturales comunes.

Problemas de integración

Un problema que ha dificultado el trabajo de la Cruz Roja en Haití es una dependencia excesiva de personal extranjero que no hablaban francés o creolo, según los actuales y antiguos empleados.

En un informe 2011 que levanta ampollas, la entonces Directora del Programa de Haití, Judith St. Fort, escribió que la corporación estaba fallando en su misión y que los altos directivos habían hecho comentarios despectivos «muy preocupantes» a cerca de sus empleados haitianos. St. Fort, haitiana estadounidense, denunció comentarios como: «él es el único trabajador de todos» o «los que hemos contratado no son tan trabajadores, así que probablemente no deberíamos prestar mucha atención a los CV de Haitianos.»

El grupo dijo haber respondió rápidamente a los problemas internos, incluyendo la contratación de un experto para capacitar al personal en competencia cultural después de la nota de St. Fort.

Dinero volatilizado en subcontratas y cargos: los misterisosos Gastos Generales

La Cruz Roja dice que 91% de las donaciones se destinó a ayudas a los haitianos. Eso no es cierto. No ha revelado detalles de cómo se ha gastado los 500 millones de dólares donados para Haití. Pero nuestros informes muestran que llegó mucho menos dinero a los afectados de la que dijo la Cruz Roja.Al carecer de la experiencia necesaria para montar sus propios proyectos, la Cruz Roja acabó dando la mayor parte del dinero donado a otras empresas para hacer su trabajo. Cada una se llevó un pedazo del pastel para cubrir sus Gastos Generales y de Administración. Incluso en un caso  la Cruz Roja incluyó sus propios significativos Gastos Generales en los proyectos encargados a otras empresas, llevándose un tercio del presupuesto del proyecto.¿De dónde vino el medio billones recaudado para Haití? La Cruz Roja no lo quiere decir.

Excusas del ladrocinio

1- Territorio hostil
En declaraciones, la Cruz Roja citó los desafíos a los que todos los grupos se han enfrentado durante el post-terremoto de Haití, incluyendo un disfuncional sistema de títulos de propiedad del país.

«Al igual que muchas organizaciones humanitarias responder en Haití, la Cruz Roja Americana se ha encontrado con complicaciones en relación a los retrasos en la coordinación del gobierno, las disputas sobre propiedad de la tierra, los retrasos en las aduanas de Haití, problemas para encontrar personal cualificado, que eran escasos y de alta demanda, y el brote de cólera, entre otros», dijo la organización benéfica.

2- Desviaciones a otros proyectos
Mientras que el grupo no proporciona un desglose de sus proyectos, la Cruz Roja dijo haber concluido más de 100. Los proyectos incluyen la reparación de 4.000 viviendas, dando refugios temporales a varios miles de familias, la donación de 44 millones dólares para la comida después del terremoto, y ayudando con fondos a la construcción de un hospital.

«Millones de haitianos viven más seguros, más sano, más resistentes y mejor preparados para desastres futuros gracias a las generosas donaciones a la Cruz Roja Americana,» escribió McGovern en un informe reciente que marca el quinto aniversario del terremoto.

En sus propios materiales publicitarios la Cruz Roja dijo haber ayudado a «más de 4,5 millones» haitianos «a volver sobre sus pies». A pesar de todo no ha proporcionado detalles para respaldar tal reclamación. Jean-Max Bellerive, primer ministro de Haití en el momento del terremoto, duda de la propaganda, señalando toda la población del país es de sólo 10 millones.

«No, no», dijo Bellerive de la reivindicación de la Cruz Roja, que «no es posible». Jean-Max Bellerive, primer ministro de Haití 2011.

_______
El negocio de las beneficencias y las catástrofes

Cuando el terremoto de Haití sacudió en enero de 2010 la Cruz Roja se enfrentaba a una crisis interna. McGovern se había convertido en la Jefa Ejecutiva sólo 18 meses antes, heredaba un gran déficit presupuestario y una organización que había enfrentado los escándalos del 9/11 y del Katrina.

Dentro de la Cruz Roja, el desastre de Haití fue visto como «una oportunidad espectacular de recaudación de fondos», recordó un ex funcionario que ayudó a organizar la colecta. Michelle Obama, la NFL y una larga lista de celebridades pidieron donaciones para el grupo.

La Cruz Roja continuó solicitando dinero a pesar de que tenía suficiente para la ayuda de emergencia. Médicos Sin Fronteras, en cambio, dejaron de recaudar fondos después de que considerar que tenían suficiente. Las donaciones a la Cruz Roja ayudaron la corporación a borrar sus más de 100 millones $ de déficit.

La Cruz Roja en última instancia se llevó mucho más que ninguna otra organización benéfica.

Un año después del terremoto, McGovern anunció que la Cruz Roja usaría las donaciones para tener un impacto duradero en Haití.

Le preguntamos a la Cruz Roja para mostrarnos sus proyectos en Haití y que pudiéramos ver los resultados de su trabajo. Se negó. Así que a principios de este año fuimos a Campeche para ver uno de los proyectos de la firma del grupo para nosotros mismos.

Punto de vista de un trabajador de Cruz Roja Haitiano

Los vendedores ambulantes de la polvorienta zona inmediatamente nos señalaron a Jean Jean Flaubert, la cabeza de un grupo de la comunidad que la Cruz Roja estableció como contacto local.

Sentados con nosotros en su apenas oficina de una sola habitación, Flaubert y sus colegas se enfadaron hablando de la Cruz Roja. Señalaron la falta de progreso en el barrio y los generosos salarios pagados a trabajadores no residentes en Haití.

«Lo que la Cruz Roja nos dijo es que vienen aquí para cambiar Campeche. Cambiarlo totalmente «, dijo Flaubert. «Ahora no entiendo de qué cambio estaban hablando. Creo que la Cruz Roja está trabajando para sí misma«.

El plan inicial de la Cruz Roja sería la construcción de viviendas – a propuesta interna unas 700. Cada uno tendría un piso terminado con aseo, ducha, incluso los sistemas de recogida de aguas pluviales. Se suponía que las casas estarían terminadas para enero de 2013.

La Cruz Roja se comprometió a construir cientos de nuevas viviendas en Campeche, pero ninguna ha sido construida. Muchos residentes siguen viviendo en chabolas. (Marie Arago, especial para ProPublica). Nada de lo anunciado sucedió. Carline Noailles, quien fue gerente del proyecto en Washington, dijo que se estaba demorado indefinidamente debido a la Cruz Roja «no tiene forma de saber cómo» llevarlo a cavo.

Otro ex funcionario que trabajó en el proyecto Campeche dijo: «Todo tarda cuatro veces más tiempo porque sería microgestionando en Washington DC, y no tienen ninguna experiencia e desarrollo.»

Por medio de un  comunicado de prensa en Inglés en la página web de la Cruz Roja, Flaubert se quedó atónito al enterarse de que el proyecto, con un presupuesto de 24 millones $, finalizaría a el próximo año.

«No es sólo que [la Cruz Roja] no lo esté haciendo», dijo Flaubert, «ahora me estoy dando cuenta de que la Cruz Roja se va el año que viene. No entiendo». La Cruz Roja dice que le comunicó a los líderes comunitarios la fecha de finalización del proyecto. También nos acusó de «crear mala disposición en la comunidad que puede dar lugar a incidentes de seguridad. «

 

Modificaciones sobre el proyecto: ya no hay dinero para casas

El proyecto ya ha sido remodelado y reducido. Se está construyendo un camino. Algunas casas que aún existen han sido reforzadas y algunas escuelas están siendo reparadas. Se han instalado algunas farolas solares, aunque muchas se rompieron y los residentes dicen que son poco fiables.

Más reciente en comunicado de prensa del grupo sobre el proyecto menciona logros con los niños de la escuela de formación construida en respuesta a los desastres.

La Cruz Roja dijo que tiene que reducir sus planes de vivienda, ya que no pueden conseguir los derechos de los terrenos. Las casas no se construirán.

Otros proyectos no presupuestados que también fracasaron

Acondicionamiento de las áreas de vivienda para Lamika con la USAID, 30 millones
Un esfuerzo de la Cruz Roja para salvar a los haitianos del cólera fue paralizado por cuestiones internas. «Ninguna de estas personas tenía por qué haber muerto», dijo un funcionario haitiano.

En enero de 2011, McGovern anunció una asociación por 30 millones dólares con la USAID, Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, [tapadera de la CIA, en]. La agencia se propuso construir carreteras y otras infraestructuras en al menos dos lugares donde la Cruz Roja construiría las nuevas viviendas.

Pero tuvieron que pasar más de dos años y medio, hasta agosto de 2013, para la Cruz Roja acaba de firmar un convenio con la USAID en el programa, e incluso eso era para un solo sitio. El programa fue cancelado en última instancia, a causa de una disputas sobre los terrenos.

Un informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno atribuyó los retrasos a graves problemas «en la obtención de títulos de propiedad y problemas de negocios de los líderes de la Cruz Roja» en su programa de Haití.

Otras beneficencias también tuvieron problemas con los títulos de propiedad y otros asuntos. Pero también, en última instancia construyeron 9.000 viviendas en comparación con la seis de la Cruz Roja.

Preguntado acerca de los proyectos de vivienda de la Cruz Roja ‘en Haití, David Meltzer, Consejero General del grupo y director internacional, dijo que las condiciones cambiantes forzaron modificaciones en los planes. «Si hubiéramos dicho: «Todo lo que vamos a hacer es construir nuevas viviendas,» todavía estaríamos buscando terrenos», dijo.

La cancelación del proyecto con la USAID dejó a la Cruz Roja intentando enganchar otras oportunidades para gastar el dinero.

«¿Alguna idea sobre cómo gastar el resto de este ?? (Además de la maravillosa idea del helicóptero?)», escribió McGovern a Meltzer en un noviembre de 2013 en email obtenido por ProPublica y NPR. «¿Podemos financiar el hospital de Conrad? O algún otro PIH [Partners in Health]? Cualquier otro proyecto de vivienda? «

No está claro cuál es la idea helicóptero a la que McGovern se estaba refiriendo a o si se llevó a cabo nunca. La Cruz Roja se limitó a decir que sus comentarios fueron «fundados en la estrategia y prioridades, que se centran en la salud y la vivienda de la Cruz Roja de Estados Unidos ‘.»

Caminos rurales y saneamientos 13 millones
Otros proyectos de la firma, conocida en creolo como «un Gran Norte más resistentes», se supone que se dedicaría a rehabilitar caminos en las comunidades rurales pobres y ayudar a conseguir agua potable y saneamiento.

Pero dos años después de su inicio, el proyecto de $ 13 millones fue fallando gravemente. Una evaluación interna de marzo encontró que los residentes estaban molestos porque no se había hecho nada para mejorar el acceso al agua o infraestructuras o hacer «ningún tipo de contribuciones para el bienestar de los hogares», dijo el informe.

Tal malestar se generó entre la población que la comunidad «rechazó el proyecto«.

Campañas educativas innecesarias
En lugar de hacer mejoras concretas para las condiciones de vida, la Cruz Roja puso en marcha campañas de educación para guardar las formas. La evaluación interna señaló que ésto «no es eficaz cuando las personas no tienen acceso a agua y jabón.» (La Cruz Roja se negó a comentar sobre el proyecto).

La crisis de los brotes de cólera y el desvío de fondos

Los fracasos de la Corporación fueron más allá de las infraestructuras.
Cuando una epidemia de cólera asoló Haití durante los nueve primeros meses después del terremoto, la respuesta de la parte más amplia de la Cruz Roja «- un plan para distribuir las sales de rehidratación oral, jabón y – fue paralizado por «cuestiones internas que permanecen sin resolverse «, escribió el director del programa en Haití en su informe de mayo 2011.

A lo largo de ese año, el cólera era un continuo asesino. En septiembre de 2011, cuando la cifra de muertos había superado los 6000, el proyecto todavía se clasificaba como «muy por detrás de lo programado», según otro documento interno.

La Cruz Roja dijo en otro comunicado que su respuesta al cólera, incluyendo una campaña de vacunación,  habían sido activa durante años y ayudado a millones de haitianos.

Pero mientras que otros grupos también luchaban a principios de la crisis por responder al cólera, algunos se desenvolvían bien.

«Ninguna de estas personas tenía por qué morir. Eso es lo que me molesta «, dijo Paul Christian Namphy, funcionario haitiano de agua y saneamiento que ayudó a dirigir los trabajos para combatir el cólera.

Los fracasos de la Cruz Roja y otras organizaciones no gubernamentales en estos primeros momentos tuvieron un impacto devastador. «Estos números deberían haber sido cero.»

_____________
Problemas de gestión evitaron que llegara la ayuda a tiempo

Así que ¿por qué los esfuerzos de la Cruz Roja se quedan tan cortos? No era sólo que Haití fuese un lugar difícil para trabajar.

«Recaudaron cerca de medio billón de dólares», dijo un miembro del personal del Congreso que ayudó a supervisar la reconstrucción de Haití. «Pero tenían un problema. Y el problema era que no tenían absolutamente ninguna experiencia «.

Lee Malany estaba a cargo del Programa de Refugios de la Cruz Roja en Haití desde 2010. Se acuerda de una reunión en Washington donde se da cuenta de que los oficiales no parecían tener alguna idea de cómo gastar los 500 millones de dólares destinados a viviendas. Malany dice que los funcionarios querían saber qué proyectos generarían buena publicidad, no qué proyectos proporcionarían el mayor número de casas.

«Cuando salí de esa reunión Miré a la gente que estaba trabajando y le dije: ‘Usted sabe que esto es muy desconcertante, esto es deprimente,'», recordó.

La Cruz Roja dijo en un comunicado que en su programa de ayuda a Haití nunca había dado publicidad a la entrega de ayuda.

Malany renunció al año siguiente a su trabajo en la CR de Haití. «Le dije que no hay razón para que me quede aquí. Me subí al avión y me fui. »

Los asentamientos provisionales [campos de refugiados] como los situados a las afueras de Port-au-Prince, pagados por la Cruz Roja, por lo general duran de tres a cinco años.

A veces no era una cuestión de experiencia, pero alguien tenía que ocupar los puestos clave. Un organigrama de abril 2012 obtenido por ProPublica y NPR enumera 9 de 30 posiciones de liderazgo en Haití comovacantes, incluyendo los de expertos en la salud y en vivienda.

La Cruz Roja dijo que las vacantes y el recambio de personal eran inevitables debido a «la situación de seguridad, separación de la familia para el personal internacional, y la naturaleza exigente de la obra.»

La agitación constante pasó factura. Los documentos internos se refieren a los repetidos intentos durante años para «finalizar» y «completar» un plan estratégico para el programa de Haití, los esfuerzos se retrasaron por los cambios en la jefatura. En marzo de 2014, más de cuatro años después, en un programa de seis años, una comunicación interna cita una «estrategia revisada» todavía a la espera de «firma final».

La Cruz Roja dijo que decidirse por un plan demasiado pronto hubiese sido un error. «Era difícil crear el plan perfecto desde el principio en un lugar tan complicado como Haití», dijo. «Pero también teníamos que empezar, así que creamos planes que se revisarían continuamente.»

Cargos y subcontratas se comieron los 500 millones de presupuesto!

La Cruz Roja dice que proporcionó hogares a más de 130.000 haitianos. Pero no lo hicieron.

Esos planes fueron socavadas aún más por la dependencia de la Cruz Roja de los trabajadores en el extranjero. Noailles, el profesional de desarrollo de Haití que trabajó para la Cruz Roja en el proyecto Campeche, dijo empleados expatriados lucharon en las reuniones con los funcionarios locales.

«Ir a reuniones con la comunidad cuando no se habla el idioma no es productivo», dijo. A veces, recordó, los empleados extranjeros omitían dichas reuniones por completo.

La Cruz Roja dijo que ha «convertido en una prioridad contratar a los haitianos» a pesar de la mucha competencia de los profesionales locales, y que más del 90 por ciento de su personal es de Haití. La organización dijo que utilizaría una empresa de recursos humanos local para ayudar. Sin embargo, muy pocos haitianos han alcanzado niveles altos en las jerarquías de las corporación benéfica en Haití, de acuerdo con cinco empleados actuales y anteriores de la Cruz Roja, así como listas de personal obtenidos por ProPublica y NPR. Eso no sólo afectó la capacidad del grupo para trabajar en Haití, sino que también salía caro.

De acuerdo con un documento interno sobre el presupuestos de la Cruz Roja para el proyecto en Campeche, el Director del proyecto, un puesto reservado para un extranjero, tenía derecho a subsidios para vivienda, alimentación y otros gastos, viajes al país de origen, vacaciones cuatro veces al año, y los gastos de traslado. En total hasta 140.000 $ al año.

La paga de un Ingeniero veterano en Haití – el cargo local equivalente- fue menos de un tercio de esa cantidad, 42,000 $ al año.

Shelim Dorval, un administrador haitiano que trabajaba para la Cruz Roja coordinando los viajes y el alojamiento para empleados extranjeros, apuntó que era un desperdicio gastar tanto en traer a gente con poco conocimiento de Haití cuando los locales estaban disponibles.

«Por cada uno de esos cargos en el extranjero, se disponía de los salarios más altos, se alojaban  en una casa de lujo, y se disponían viajes de vacaciones a sus países», dijo Dorval. «Una gran cantidad de dinero se gastó en esas personas que no eran de Haití, que no tenían nada que ver con Haití. El dinero sólo iba de regreso a Estados Unidos «.

_____________
Cuentas poco claras para presupuestos entre amiguetes

Poco después del terremoto, McGovern, la Jefa Ejecutiva de la Cruz Roja, dijo que la compañía se había asegurado de que los donantes habituales supiesen exactamente lo que pasaba con su dinero. La Cruz Roja sería «líder en los esfuerzos en materia de transparencia,» prometió. «Estamos contentos de compartir la forma en que estamos gastando nuestro dinero.»

Eso no ha sucedido. Informes públicos de la Cruz Roja sólo ofrecen cuentas sobre las grandes categorías en donde han ido a parar los $ 488 millones en donaciones. Nunca al pormenor o concretizado.

La partida de gastos más grande es la Vivienda, en alrededor de $ 170 millones. Los otros incluyen la Salud, la Ayuda de emergencia y la Preparación para Desastres.

Después del terremoto, la Consejera Delegada de la Cruz Roja Gail McGovern dio a conocer sus planes de«Desarrollo de Nuevas Comunidades». Ninguna jamás se ha construido.

Se han denegado las reiteradas solicitudes a CR de desglosar los presupuestos a los proyectos específicos, para explicar cuánto dinero fue a cada uno o decir cuáles fueron los resultados de cada proyecto.

Hay razones para dudar de las afirmaciones de la Cruz Roja de ‘que ayudó a 4.5 millones de haitianos’. Una evaluación interna encontró que en algunas zonas, la Cruz Roja informó de ayudar a más personas que las que vivían en las comunidades. En otros casos, las cifras eran bajas, y en otros, la doble contabilidad fueron corregidas.

En la descripción de su trabajo, la Cruz Roja también fusiona diferentes tipos de Ayuda, por lo que es más difícil evaluar sus trabajos y gastos.

Por ejemplo, mientras la Cruz Roja dice que proporcionó casas a más de 130.000 personas.
-eso incluiría a miles de personas que no están en realidad recibiendo tales hogares, sino que fueron «capacitados en técnicas de construcción«. Todo esto fue denunciado por primera vez por el blog de Haití elCentro para la Investigación Económica y Política.

– La cifra de CR también incluye a las personas que recibieron ayuda de alquiler a corto plazo o que se alojaron en los varios miles de «refugios de transición», que son estructuras temporales que puede ser comido por las termitas o volarse por las tormentas y mejoras modestas en 5000 de estos refugios temporales.

¿Cómo dice la Cruz Roja  que se gasta el dinero?

La Cruz Roja tampoco quiere decir qué porción de las donaciones fue destinada a los misteriosos Gastos Generales.

La Cruz Roja asegura que por cada 1 dólar donado, 91 centavos fueron a Haití. Pero esto es lo que ocurrió a 5,4 millones $ gastados en los proyectos de mejora para Refugios Temporales.

Pero las declaraciones financieras de la propia beneficencia muestra que los Gastos Generales son significativamente mayores de lo que McGovern y otros gerifaltes afirman. En los últimos cinco años, los pagos al departamento de Recaudación de Fondos son de unos 17 centavos por cada dólar donado.

Gastos CR en Haití
Lo que CR dice:

  • Gastos Generales y Gestión 9%
  • Gastos en Trabajos de la Cruz Roja 91%

Gasto real de CR en Haití:

  • Gastos Generales y Gestión 9%
  • Gastos en Trabajos de la Cruz Roja 60%
  • Gestión de Programa de la Cruz Roja, Cargos y otros 24%
  • Gastos en subcontratas+ 7%

Fuente: Cruz Roja Americana y Análisis ProPublica

McGovern dijo a la CBS News unos meses después del terremoto: «91 centavos de dólar irán a Haití. Y te doy mi palabra y mi compromiso, estoy confiando mi integridad y mi propio sentido personal de la integridad en esta declaración «.

Pero la realidad es que ni de lejos que el 91% del  dinero llegó a Haití. Y esto es porque además de un 9 % en Gastos Generales de la Cruz Roja, también otros grupos en calidad de subcontratas recibieron donaciones de la Cruz Roja, que también tienen su propios Gastos Generales.

De este modo la Cruz Roja Americana se autoenvió $ 6 millones por medio de la Federación Internacional de la Cruz Roja FICR en concepto de subsidios de alquiler y ayudas a los haitianos para abandonar los campamentos. Después la FICR tomó el 26 % para sus Gastos Generales y lo que la Federación Internacional tituló como «Administración, Finanzas y Recursos Humanos» y costes similares.

Más allá de todo esto, la Cruz Roja también se come un 24% de cada dólar en lo que describe como «los costes del programa abordados por la Cruz Roja Americana en la gestión de proyectos propios» o encargados a otros grupos. El trabajo actual de mejora de los refugios es realizado por las sociedades de la Cruz Roja  suizos y Española.

«Es un ciclo de Gastos Generales», dijo Jonathan Katz, periodista de The Associated Press en Haití en el momento del terremoto, que rastreó el gasto después del desastre para su libro El gran Camión que pasaba por allí. «La Cruz Roja Americana cogía una mordida del 9%, y subcontrataba a otra empresa, que procedía a tomar su parte, el 9%».

Dados los resultados producidos por las proyectos de la Cruz Roja, Bellerive, el ex primer ministro de Haití, dijo que tiene dificultades para llegar a percibir lo que le ha pasado con el dinero de los donantes.

«Quinientos millones de dólares en Haití es mucho dinero», dijo. «Yo no soy un gran matemático, pero puedo hacer algunas sumas. Sé más o menos el costo de las cosas. A menos que usted no pague por la gasolina el mismo precio que estaba pagando yo, a menos que usted paga sueldos 20 veces mayores a los que estábamos pagando, a menos que el costo de la casa que construyese fue cinco veces el costo que se pagaba, estas cuentas no tienen sentido para mí «.

Si tienes información acerca de la Cruz Roja u otros proyectos internacionales de ayuda, por favor escribe a justin@propublica.org.

Justin Elliott es un reportero de política y responsabilidad estatal para ProPublica. Anteriormente, fue un reportero en Salon.com y TPMmuckraker y editor de prensa en Talking Points Memo.

Documentos Mencionados
Memoria confidencial que advierte del «resultado fallido» del proyecto
Informe sobre proyecto clave no encuentra «contribuciones de ningún tipo para el bienestar de los hogares»
Mensajes de correo electrónico del CEO de la Cruz Roja sobre la «idea maravillosa del helicóptero» para gastar dinero
How the Red Cross Raised Half a Billion Dollars for Haiti ­and Built Six Homes – ProPublica
In Search Of The Red Cross’ $500 Million In Haiti Relief : NPR
The Red Cross’ Secret Disaster – ProPublica

1 19 20 21 22 23 53