¿Y las aspiraciones revolucionarias?

Sin pretensión de lanzar ofensas y queriendo incitar a la reflexión sobre la trayectoria del amplio espectro anarquista, en este artículo planteo una serie de cuestiones encaminadas a resolver la duda de si estamos perdiendo terreno en el imaginario popular como movimiento socio-político. Vivimos una amnesia colectiva ya con la memoria histórica enterrada, aunque los viejos mitos, al igual que las visiones románticas del pasado, no cayeron del todo o no supimos superarlos. No obstante, esos factores no supuso el olvido del anarquismo, aún se pudo rescatar el rico legado que nos dejaron tanto los teóricos como los hombres y mujeres de acción que pudieron materializar los principios anarquistas. Pese a ello, no todos tendrían la suerte de poderlos estudiar y recientemente, con la aparición de nuevas corrientes ligadas al anarquismo o inspiradas en él, hemos visto que en algunos casos, quedaron en la autorreferencialidad, en la contemplación del individuo y su aislamiento del resto de la sociedad. Aquí nos replanteamos, no solo la imagen que tenemos hoy en día del anarquismo, sino también las nuevas aportaciones teóricas tales como el primitivismo, la anticivilización y otros movimientos subculturales.

Aunque nos cueste asumirlo, el aislamiento moral de los individuos a causa del nuevo modo de vida impuesta por el neoliberalismo también ha influido en parte a un cierto sector de anarquistas que, tras ver el fracaso de tener presencia en la sociedad, la niegan, la ven como enemiga. Lo mismo sucede con la idea de civilización, que se ha asociado con todas las connotaciones negativas que se pudieron atribuir. No se quedan atrás las ideas de misantropía, de una visión romántica de las sociedades primitivas o de las revoluciones sociales del pasado siglo. A ello nos preguntamos; ¿y las aspiraciones revolucionarias? ¿qué es del anarquismo como ideología política que en la práctica debería constituir un movimiento político-social revolucionario, más allá de la simple autocomplaciencia, el panfletarismo de vocabulario extravagante e incendiario, de la asociación con movimientos subculturales? Es cierto que las teorías y las praxis del pasado siglo no serían aplicables al contexto actual, pero de esas teorías deberíamos rescatar ese componente político que desde sus inicios siempre ha tenido, y de la praxis, ese imprescindible componente social y clasista.

Llega a ser preocupante cuando los propios anarquistas asocian el anarquismo con el caos, cuya definición viene a ser una presencia caótica e incontrolable para el Estado y el Capital, que puede causar confusiones y malinterpretaciones a la par que no aporta realmente propuestas constructivas; cuando se asocia la lucha anarquista con los enfrentamientos callejeros; cuando la imagen del anarquista es un chico o una chica con estética punk; cuando se pone como fines la vuelta a ser salvajes, a ser niños y recuperar la inocencia perdida; y más cuando se niega la lucha de clases. En definitiva, la disociación del anarquismo con política daría como resultado el despojo del potencial transformador que posee el anarquismo si existen militantes dispuestos a llevarlo a la práctica, reduciéndose a una rebeldía juvenil, una actitud estética extravagante, bohemia y promotora del caos y la destrucción. He aquí, ¿realmente algunos anarquistas han dejado de lado las aspiraciones revolucionarias para quedarse en la estética, la contemplación del «yo» y la vida bohemia? Ni podemos negarlo ni afirmarlo con exactitud, pues paralelamente, el anarquismo social ha podido sobrevivir y sigue teniendo presencia en todo el mundo, aunque no a grandes rasgos.

Nos urge pues rescatar las teorías tanto de la Vieja Escuela como los contemporáneos de la rama social del anarquismo y saber adaptarlas al contexto actual, recuperando el componente político-social y clasista que desde sus inicios ha tenido el anarquismo, de los cuales se pudieron materializar gracias a no solo militantes comprometidos, sino la preocupación por lo social y el trabajo de acción y difusión entre la clase trabajadora, participando activamente en sus luchas y sabiendo darles una perspectiva libertaria. Sabemos que en este contexto es difícil organizarnos, que las relaciones sociales se han deteriorado mucho y la dificultad para entrar en contacto con otros es un gran obstáculo. Sin embargo, dar por sentado el fracaso de llevar la lucha en lo social y optar por separarse de la lucha social y de clases para centrarse en la autorrealización del individuo, en las revueltas espontáneas y en el rechazo de cualquier iniciativa de organización y elaboración de programas políticos antiautoritarios, supone negar las aspiraciones revolucionarias que estuvieron presentes desde los orígenes del anarquismo.

¿Qué entendemos por política?

Cuando abrimos cualquier periódico burgués y miramos en la sección ‘Política’, leemos los discursos de los partidos sobre cuestiones que afecten al país, casos de corrupción en ciertos partidos políticos, y en general, asuntos que traten sobre las decisiones de los partidos políticos, las leyes, las relaciones exteriores y lo que se debata en los parlamentos. Todo ello nos da a pensar que la política es aquello asociado a las instituciones y al Estado, siendo un tema que debe ser tratado por profesionales que han estudiado carrera y que, por ello, tienen legitimidad para representar al pueblo y decidir por éste. No obstante, lejos de esta connotación dada desde los medios de comunicación y los propios políticos, «política» significa realmente la gestión, administración y organización de las sociedades humanas, nada relacionado con la profesionalización de la política y un asunto lejos del alcance de la población.

Sin embargo, la mayoría de la gente todavía desconoce el significado real de la política y, eludiendo responsabilidades, se niega a meterse en política, ya sea porque desde ciertos partidos políticos tratan de persuadirnos de que es malo meter la política en deportes, en la vida personal, en las escuelas, en el trabajo, etc; o porque piensan que la política es un juego sucio y manchado de corrupción. Son aquellos que se declaran apolíticos y -en palabras de Bertolt Bretch- «no sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales». Pese a que no toda nuestra vida es política, sí que nuestras condiciones de vida son fruto de las decisiones tomadas por la clase dominante que ostenta el poder político.

Empero, si entendemos la política, no como una profesión, sino como lo descrito en la introducción, se nos abren muchas puertas y ponemos a nuestro alcance la capacidad para la gestión colectiva y la creación de instituciones propias emanadas de la libre asociación, entendiendo «instituciones» como órganos de gestión -en este caso- no jerárquicos en los cuales sean puntos de encuentro para que el pueblo sea quien tome las decisiones políticas y no una clase parasitaria. Por numerar unos ejemplos: asambleas, sindicatos, comités, federaciones, confederaciones, municipios, etc.

Ya con los conceptos claros, podemos distinguir la política profesional de la política real. La política profesional tiene su origen en los Estados -es decir, en una institución jerárquica y separada del pueblo, constituido para gestionar la vida del pueblo y a la vez utilizada como instrumento de dominación por las clases propietarias- y en nombre de la voluntad general se consolida como un poder legítimo para gobernar al pueblo y «velar por sus intereses». Pero la realidad es bien diferente a la teoría, y la política como profesión termina siendo prostituida, puesta al servicio de las clases dominantes en contra de los intereses del pueblo. En cambio, la política real es la que surge de las masas populares que, tomando conciencia de su condición de explotados y que la política no solo es cosa de políticos, se organizan en base a principios como el asamblearismo, la ayuda mutua, la solidaridad de clase, la cooperación… Es la política que se crea en las calles, en los tajos, en las escuelas y en todos los lados donde existan desigualdades sociales y sujetos activos dispuestos a transformar esa realidad.

Vidas de laboratorio. Transgénicos

Al igual que es innecesario ser un catedrático y licenciado en ciencias políticas para hablar de anarquismo, tampoco hace falta ser estudiante de biología para tratar sobre este asunto, pues en los libros de texto dan conocimientos muy parciales y santifican la bio-tecnología como panacea. La falacia del progreso tecnológico ha contaminado hasta la biología. Con el pretexto de acabar con el hambre en el mundo, muestran a la opinión pública que modificar los genes de un organismo para que adquiera ciertas características, como resistencia a pesticidas y plagas así como un mayor crecimiento, no afecta a la biodiversidad ni a nuestra salud. No obstante, veremos que detrás de esas bonitas palabras, se esconden intereses económicos, como es la monopolización de la industria agroalimentaria.

Un transgénico es un organismo al cual se le introdujo un gen de otro para que éste adquiera una determinada característica que pueden ser, desde una mayor resistencia a pesticidas hasta variar su rendimiento. No obstante, hay que hacer una distinción entre lo que es la obtención de una nueva variedad mediante los cruces y lo que es implantar un gen extraído de una bacteria, planta o animal. En el primer caso, el nuevo individuo resultado del cruce, contiene una mezcla del 50% de los genes de sus progenitores. Mientras que en el otro, esa nueva “variedad”, denominada OMG (Organismo Modificado Genéticamente) o ‘transgénico’, no proviene de la unión de dos gametos masculino y femenino sino que ha salido de un laboratorio con un nuevo gen en su ADN. Los defensores de la bio-tecnología dicen que la modificación genética es igual que el método de los cruces pero siendo este primero, un proceso más rápido. Sin embargo, observamos claramente la diferencia entre un cruce natural y la introducción de genes de otras especies. No tienen nada en común, lo cual es una falacia para justificar su industria.

Todo tiene sus pros y contras. Así pues, la manipulación genética permite crear plantas más resistentes a condiciones climáticas, pesticidas, herbicidas, aumentar su rendimiento, reducir la cantidad de abono necesario, etc… No obstante, todo ello responde a principios productivistas que vienen dadas en el sistema capitalista, lo que quiere decir que la producción de transgénicos no está destinada a paliar el hambre en el mundo sino a crear nuevos mercados y aumentar las ventas. Como apunte antes de continuar, hay quienes alegan que los OMG en sí no son malos sino las multinacionales que monopolizan el mercado de las semillas transgénicas. Sin embargo, hoy por hoy nadie puede cultivar esas plantas porque están patentadas y porque dichos cultivos necesitan agroquímicos específicos para poder dar sus frutos y cosecharlos, con el añadido de que las nuevas semillas no pueden replantarse y solo se pueden adquirir de las multinacionales con derecho a comercializar las semillas transgénicas, lo cual, ese argumento no tiene validez alguna.

La proliferación de los transgénicos tiene un gran impacto medioambiental, las vastas tierras de América del Sur, la India y parte de África se están convirtiendo -de hecho ya lo son- en enormes campos de monocultivo de soja, algodón, arroz, maíz y otros productos, destruyendo miles de variedades locales y amenazando gravemente la biodiversidad -viene a ser aproximadamente, la cantidad de especies y variedades de seres vivos que conforman un ecosistema, siendo cuanto más variedades haya, más estable, mejor se defiende ante posibles plagas y mayor probabilidad de supervivencia de las especies que habiten en la zona- de esos lugares porque el polen de las plantas transgénicas puede llegar a contaminar las variedades no modificadas genéticamente que se encuentren cerca.  Añádase también, que los transgénicos son producidos mediante las técnicas de la agricultura moderna e industrial, es decir, utilizando inmensos campos de monocultivo, agroquímicos que contaminan suelos y aguas degradando la tierra en donde se cultiva, haciendo imprescindible el uso de fertilizantes, o sea, depender de la industria química.

Pese a sus supuestos puntos a favor, no es nada comparable a sus nefastos efectos negativos. El cultivo de transgénicos, a parte de atentar contra la biodiversidad de la región, arruina a los pequeños y medianos agricultores, amenazando también a la agricultura tradicional y ecológica, dejando sin tierra a miles de campesinos y comunidades indígenas obligándoles a, o que trabajen para otro en sus tierras robadas, se mueran de hambre o se marchen lejos. Además, la mayoría de los OMG se destinan a la elaboración de piensos para alimentar al ganado industrial, con que, lejos de resolver el problema del hambre del mundo, lo agrava, puesto que es en países en vías de desarrollo donde más hectáreas ocupan.

Sobre todo, el modelo de agricultura industrial junto a la proliferación de transgénicos ha supuesto la pérdida de la soberanía alimentaria del pueblo, esto es, nuestra capacidad de decidir qué y cómo obtener nuestros propios alimentos sin depender de otra institución o empresa opacos ante el pueblo. Hoy tenemos abundancia de alimentos y en Occidente se tiran toneladas de comida para mantener los precios mientras en el Sur muchos mueren de hambre. No obstante, el día de mañana todos pagaremos caro el precio tanto de la manipulación genética en laboratorios como su modelo industrial. Existen alternativas al uso de OMG y una de ellas es la permacultura, un sistema de cultivo que trata de imitar la naturaleza, es decir, en crear un mini-ecosistema productivo que satisfaga nuestras necesidades alimenticias sin depender de industrias químicas ni laboratorios biotecnológicos.

Nota: este artículo-ensayo fue publicado en Sección Libertaria, pero a raíz del cierre de mi blog, he decidido rescatarlo y publicarlo aquí, eso sí, con algunas modificaciones.

Ensayo contra la conspiranoia

Prefacio

La crítica hacia el conspiracionismo -o la conspiranoia- va dedicado especialmente a aquellas personas que están integradas en algún movimiento social, especialmente hacia los libertarios, que por falta de formación política u otros motivos, vieron atractiva la conspiranoia y se adentraron en indagar en dichos laberintos. El contacto del anarquismo en concreto con la conspiranoia resultaría nocivo, convirtiendo un movimiento político-social en una suerte de pseudo-movimiento centrado en debates de salón, pues desvirtúan el funcionamiento del actual sistema económico y político atribuyendo a que todo está planificado por unos poderes ocultos superiores a nuestra especie. Ello ocasionaría una incapacidad de ofrecer análisis ajustados a la realidad social para poder incidir en ella, lo que quedaría en un anarquismo de salón totalmente inocuo. Pese a que este problema no es expresamente relevante, pues dentro del anarquismo hay todo un espectro de ramas que para bien o para mal pudieren ser más un obstáculo que una renovación, considero igualmente interesante hacer un análisis y llevar a debate este tema, pues la conspiranoia constituye una trampa para aquellos con pocos conocimientos sobre las ciencias sociales y tiendan a caer en el morbo que contienen ciertas teorías.

¿Qué es?

El conspiracionismo, teorías de la conspiración o conspiranoia trata de una serie de teorías propagadas a través de documentales o blogs por la red cuyo contenido abarca, principalmente, desde “sociedades secretas que dominan el mundo» hasta la “existencia de OVNIs y aliens”. El mensaje consta de una serie de afirmaciones con bases argumentales poco rigurosos que nos presentan dichos fenómenos como verdades indiscutibles. Su discurso consta de la simplificación de la realidad entre un grupo minoritario y apoderado que tiene prácticamente todo el control del mundo y la mayoría de subordinados insignificantes condenados a ser meros objetos.

La propagación de estas teorías se realiza a través de la red de manera anónima o citando fuentes cuya procedencia resulta dudosa. En ocasiones se utilizan verdades a medias y parten de discursos tomados desde la izquierda. Podemos destacar por ejemplo, las conspiraciones sobre el Club Bilderberg, en donde se juntan los personajes más influyentes (grandes empresarios, inversores, banqueros, financieros y personajes políticos) en reuniones secretas en las cuales toman decisiones sobre la trayectoria de la economía mundial. No es nada nuevo, aquellos que tienen gran poder económico tienden a reunirse para conocerse mejor, saber cómo han llegado hasta esas posiciones y qué estrategias a seguir para perpetuar el dominio, mantener los beneficios o acceder a más cuotas de poder.

Cualquiera con un poco de sentido crítico sabe que los medios de comunicación al servicio del capitalismo manipulan y tergiversan la realidad mostrándonos sólo la que ellos quieren que veamos porque dichos medios son empresas en las cuales los accionistas que invierten en ellas toman las decisiones que les beneficien. También sabemos que lo que llaman “sistema educativo” no es más que una simple herramienta hecha para adoctrinar a las nuevas generaciones para que sean sumisos, poco problemáticos y fieles seguidores de los dogmas neoliberales para ser “competitivos” en los mercados laborales. Ahora más que nunca, la ofensiva neoliberal sobre el sistema educativo se está realizando a pasos agigantados, tratando de convertir las escuelas y universidades en un negocio. Todo ello responde al mantenimiento de la hegemonía del sistema capitalista, lo que da como consecuencias la interiorización del individualismo burgués y narcisista, la insolidaridad, el rechazo del conocimiento, etc… No responde expresamente a los intereses del poder a controlar totalmente las vidas de la gente, en otras palabras, a instaurar un totalitarismo orwelliano.

Origen

Éstas teorías teñidas de “revolucionarias” son discursos que provienen, en la mayoría de los casos, de los llamados libertarians, un colectivo con una ideología proveniente de EEUU que se considera conservadora a pesar de que rechaza la regulación de la economía por parte del Estado y tienen un partido, el Partido Libertariano. Tiene conexiones con la Escuela de Chicago y las doctrinas de Friedman sobre la economía, diferenciándose de la Escuela de Austria en que éstos no defienden la extinción total del Estado sino que su papel se relegue únicamente a su función represiva, es decir, manteniendo los cuerpos policiales, de inteligencia, el Ejército, el sistema judicial y las prisiones. Dicha ideología defiende la propiedad, las libertades individuales y la no regularización del mercado y critica la intervención de un gobierno en la economía alegando que éste lo corrompe. Además tienen vinculaciones con grupos nazis y patrióticos al mencionar a judíos o judeomasones de la dominación y de tener fines perversos. También se les puede llamar “anarcocapitalistas”.

Si quisiéramos indagar más, al buscar información sobre los teóricos de la conspiración, nos damos cuenta de que son conferenciantes que viven de ello, vendiendo esas teorías como un simple producto. Para colmo, a ellos se le unen toda una pandilla de reaccionarios y conservadores que utilizan ese discurso pseudorrevolucionario y simplista para captar adeptos.

El elemento discursivo

No solo hay que analizar el contenido del mensaje sino también la forma en que se transmite. La comunicación verbal y audiovisual es el medio por el cual se transmiten los pensamientos y por eso resulta importante analizar de qué manera nos intentan persuadir.

Analizando un poco el material audiovisual, cualquiera que haya visto películas o haya estudiado audiovisuales, notará una clara manipulación de los vídeos. Las técnicas utilizadas generalmente consisten en mezclar imágenes impactantes y efectos especiales propios de las películas de ficción con música apocalíptica y preguntas retóricas apuntando a que cuestione la realidad. Luego pasa a dar datos, una vez que el espectador haya caído en la trampa de haber sido manipulado y, fruto de la incertidumbre inducida, acaba por asimilar acríticamente lo que se dice. Lo que transmiten esos pseudodocumentales, acompañados de testimonios de gente simpatizante de las teorías de la conspiración o cortes de otros discursos, pueden ser desde tergiversaciones de la historia hasta verdades a medias y falacias que no encuentran la resistencia del individuo para ser asimilados.

En primer lugar, casi la totalidad de textos se nos presentan en forma de noticia para atraer la atención del lector utilizando títulos breves expresando algo impactante utilizando frases cortas y directas acompañado de anglicismos y otras palabras o expresiones que hacen referencia a organizaciones secretas, oscurantismo, ocultismo… que mantienen a lo largo de todo el escrito. Luego, en la introducción encontramos un párrafo (o algunos más) que nos ‘invita’ a que sigamos leyendo ya que a primera vista nos venden hechos ciertos. En el cuerpo de la noticia, los datos y argumentos que dan son una mezcla de datos reales y falsos combinados con verdades a medias e incluso utilizan el discurso de la izquierda para darle “un toque revolucionario”. Sobre todo hay que resaltar que en todos sus artículos siempre señalan como culpables de todos los males a un enemigo común claramente marcado: Illuminatis, reptilianos, Anukis…

Éste es el mismo método que usa la ultraderecha para convencer, atraer y unir a las masas con el pretexto de luchar contra un supuesto enemigo con fines oscuros y perversos. De hecho, una de sus principales reliquias es la táctica de «decir lo que la gente quiere oír». Un ejemplo de ello sería que, ante algún escándalo de corrupción o una crisis económica, se aprovechen para lanzar piedras y esconder la mano, soltando su verborrea de que todo ello tiene relaciones con «poderes ocultos» que lo han planificado todo hasta el más mínimo detalle, cuyos intereses son controlar la población y exterminarnos. Finalmente, dan un discurso esperanzador que consiste en que “despertemos”, veamos “la realidad de las cosas” que nos han expuesto, etc para dar la sensación de que hay unos salvadores al que debemos seguir por habernos mostrado una supuesta verdad. Lejos de ello, solo nos induce inconscientemente a que nos sumerjamos más en sus trampas.

Debido a la gran cantidad de material existente y a la falta de pluralidad, el individuo que caiga en esas teorías quedará reducido a la impotencia, su capacidad crítica y de generar una opinión propia se pierde así como la reflexión y la autocrítica. La consecuencia de ello es que el individuo termina por sacrificar sus propios pensamientos, sustituyéndolos por las teorías de la conspiración y haciendo de esas teorías como si fueran propias, cuando en realidad son impuestas. Por tanto, se verá incapaz de articular una respuesta fuera de los esquemas marcados y se limitará a reproducir el discurso conspiranoico.

Análisis erróneo de la realidad social

Dentro de la conspiranoia existen diversas teorías que intentan explicar la realidad. Unas están basadas en supersticiones y misticismo como la existencia de ‘conciencias superiores’ que manejan los hilos del mundo, la dinámica de energías en el universo o similares. Otras, algo más materialistas, apuntan a sociedades secretas y razas superiores alienígenas que han ido manejando la historia desde el comienzo de la humanidad. Lejos de ello, nuestra historia ha ido transcurriendo sin intervención de ningún ser superior y el rumbo que fue tomando responde más a la aleatoriedad que al determinismo, aunque no toda la realidad actual sea fruto íntegro del azar sino que ha sido el resultado de conflictos sociales en el pasado que se traducen mayormente en disputas por el poder, las rebeliones populares y las revoluciones sociales.

El gran error del análisis de los conspiranoicos es su simplificación de la realidad social en una gran masa uniforme de dominados y una élite todopoderosa que maneja todos los hilos, como si de un totalitarismo encubierto se tratase. Sin embargo, la complejidad de la actual realidad social desborda considerablemente todo lo que puedan decir los conspiranoicos. Una de las características más relevantes es que no mencionan el concepto de clase social y la conciencia de clase, surgida hace dos siglos a raíz del desarrollo del socialismo marxista, que hoy en día siguen vigentes debido a que el capitalismo sigue en pie y que hoy denominamos ‘neoliberalismo’ como su nueva etapa. Este sistema económico y político hegemónico no está planificado por una élite sino que es resultado de la evolución histórica en el cual, tras la derrota del movimiento obrero después de la II Guerra Mundial y la caída de la URSS, este sistema económico tuvo vía libre para conquistar nuevos mercados y por tanto, consolidarse como el sistema dominante en todo el mundo, que en cierta medida, también fueron decisivas las teorías económicas de la Escuela de Chicago para la expansión y consolidación del neoliberalismo.

La destrucción del medio ambiente, el deterioro de la calidad de los alimentos, la industria cárnica, las aguas contaminadas con flúor, los transgénicos, las guerras, la lobotomización de la sociedad, los recortes en derechos, las reformas laborales… son consecuencias de anteponer el máximo beneficio privado por encima de todo lo demás, responde a la necesidad de estar manteniendo, expandiendo, diversificando y conquistando nuevos mercados porque si se renunciara a ello, el neoliberalismo acabaría colapsando ya que necesita continuamente de la creación de nuevas necesidades por la iniciativa privada para que el dinero siga fluyendo. No obstante, aquí los conspiranoicos señalan que todo ello son planes de una supuesta élite (sean reptilianos, Illuminatis o los vecinos de Marte) para controlar a la sociedad y/o exterminar gran parte de la humanidad.

Sin embargo, cabe señalar ciertos puntos en que hay información cierta como algunos casos de Monsanto o relacionados con la medicina y la salud pero mayormente los acompañan con su habitual discurso apocalíptico de que existen planes perversos contra la humanidad y los evangélicos mensajes como que tenemos que despertar.

En todo caso, existen también un gran abanico de teorías dentro de la conspiranoia que ofrecen puntos de vista diferentes, aunque no tanto, pero en la mayoría de los casos siempre acusa a que todo es manipulado por poderes ocultos, incluyendo al movimiento 15M, DRY, entre otros, en el cual algunos llegaron a calificarlo como «anarcocapitalistas». Prácticamente todos los conspiranoicos carecen de conciencia política y de clase, olvidando que la raíz del problema es el sistema capitalista, los Estados que los mantiene y la ignorancia en que está sumida la mayor parte de la sociedad.

Inocuidad para el sistema e inoperancia

¿Por qué no existen presos conspiranoicos? ¿Por qué no existen casos de represión hacia ese colectivo? Precisamente porque son inofensivos. Al carecer de medios materiales que permita la organización de quienes tengan en común esas ideas ni una base teórica para la praxis, no pueden ocasionar daño alguno al sistema. La inoperancia práctica de los conspiranoicos reside principalmente en el análisis erróneo de la realidad y al no saber qué métodos existen para combatir a la supuesta élite que ellos mismos creen, son incapaces de organizarse y quedándose en la difusión de la información a través de la red o en raras ocasiones, a unirse a alguna manifestación. Pero lo que más destacamos es la carencia de estructuras organizativas, de una conciencia política y del sectarismo en el que están envueltos.

Incompatibilidad

Pero ¿por qué no son compatibles el conspiracionismo con los movimientos sociales? Sencillamente porque hay demasiada documentación y material visual difundida de manera anónima y a través de la red cuyos fines no están claros o de dudosa procedencia, además de utilizar métodos opacos en la transmisión de información y en muchos casos de manera sucia, recurriendo al miedo. Por tanto, debido a que hay infinidad de material, desvía la lucha y la lleva a los debates de salón de cuyas discusiones no es posible sacar algo útil, productivo o creativo de cara a la elaboración de estrategias para dar el salto de la teoría a la praxis. De hecho, las teorías de la conspiración carecen totalmente de aplicación práctica, siquiera son capaces de crear estructuras orgánicas que sirvan como herramienta para la lucha. Es más, presentan un enemigo tan lejos del alcance de la población y tan poderoso que se limitan en ir a rebufo de las actuaciones de los poderes ocultos que manejan los hilos. Así pues, por desconocimiento de la complejidad que ha adquirido el sistema económico actual, se crean muchas visiones falsas y simplistas que acaban siendo difusas, ocultando el verdadero problema de este sistema que es la explotación del ser humano por el ser humano, producto del capitalismo y la sociedad de clases.

Ciertamente, no podamos comparar la trayectoria que ha seguido el anarquismo a través de la historia, desde sus orígenes hasta el panorama actual, con la conspiranoia porque el anarquismo no solo es una ideología política sino también una alternativa antiautoritaria posible que se pudo realizar y cuyos principios siguen vigentes hoy en día. Mientras, la conspiranoia no es más que una serie de teorías de nula aplicación práctica. Otra de sus reliquias es que la gran mayoría son gente cerrada que solo cree lo que reproducen otros conspiranoicos y los tienen como única fuente de información, llegando a desconfiar de los medios de contra-información.

Por ello, la contaminación del anarquismo por esos sectarios constituye un gran obstáculo a la vez que distorsiona nuestras teorías, y puede que en ocasiones, hasta la práctica.Dentro del conspiracionismo no existe ningún discurso relativo a la articulación de respuestas sociales, ni la creación de organizaciones que sirvan como herramienta para la acumulación de experiencias en las luchas y un punto de encuentro de gente afín, sino que solo se paran a señalar “lo malo que son los que tienen el poder”, teniendo la cara además de criticar otros movimientos sociales como el 15M diciendo que están controlados por el poder, sin siquiera los conspiranoicos saber cómo tomar decisiones en asamblea, sino que se quedan en seguir a rebufo de las supuestas «acciones de los poderes ocultos/sociedades secretas/etc». Y así, mientras éstos se queden en debates de salón, a nosotros nos toca levantarnos y constituirnos como una alternativa política real con presencia en la clase trabajadora, lejos de inmediatismos, la autorrealización personal y la estética; comenzando siempre por la formación teórica de los militantes  que nos permitirá construir estructuras organizativas estables para poder llevar a cabo la acción social, utilizando la organización anarquista como herramienta material para la transformación.

Nota: este artículo-ensayo fue publicado en Sección Libertaria, pero a raíz del cierre de mi blog, he decidido rescatarlo y publicarlo aquí, eso sí, con algunas modificaciones.

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