[Series] Narcos

Secuencia de Narcos

Hoy me voy a salir de lo habitual de las anteriores entradas. Qué no todo va a ser ideología-teoría-política-crítica 😉

Y es que me picaba algo en la cabeza, y de tanto rascarme…algo salió. Resulta que llevo un tiempo enfermo y he aprovechado para ponerme al día viendo series. Y de esto irán algunas entradas que iré sacando, de series. Intercaladas, eso sí, con otras cosas que están in progress.

Voy a empezar con una serie muy anunciada, y creo que ampliamente conocida: Narcos. Con sus paneles publicitarios en las carreteras anunciando el estreno de la última temporada nos regalaron alguna foto simpática, como la propaganda electoral de Feijóo (PP-Galicia) al lado de la Narcos. Para quien no lo sepa, es altamente conocida la relación entre un famoso «narco gallego» y él (sobradamente conocida es también la relación del PP y el narcotráfico):

Feijóo y un Narco

Portadas relacionadas con el caso Feijóo y el narco Marcial Dorado.

La realidad y la ficción se entrecruzan

Continúo con las series. Creo necesaria hacer esta introducción para que quede claro algo sobre el material cultural que consumismos. Quizás algo obvio para algunas personas, pero no tanto para otras. Y es que la realidad y la ficción se entrecruzan, y a veces se intenta re-escribir la realidad, o la historia, a través de un bombardeo cultural con un mensaje muy determinado.

El mítico caso sobre esto que comento es el de la segunda guerra mundial. Si preguntabas en los años 50-60, o incluso 70, quien había sido la potencia determinante que había liberado Europa del nazismo, la respuesta mayoritaria era la U.R.S.S., y si lo haces ahora la mayoría te dirá que EE.UU. ¿Qué ha cambiado? Pues un bombardeo/invasión cultural por parte de Hollywood donde nos explicaban sin más, sin aparente intencionalidad, lo imprescindible que fue la llegada de las tropas americanas a Europa (a última hora y de aquella manera…). Claro, después de décadas machacando con ese mensaje, ahora realizas la pregunta que indicaba y la respuesta ha cambiado, la percepción ha cambiado. Es decir, los bienes de consumo cultural que nos llegan y bombardean no son neutros, y reproducen la ideología dominante.

Los bienes de consumo cultural tienen un componente ideológico que no debemos dejar pasar, ni obviar. Cuando consumimos series tenemos que ser conscientes de lo que transmite más allá de la historia concreta.

Al lío, sobre Narcos

Pues este rollaco que he soltado, viene por un motivo. La serie Narcos. La he empezado a ver, como decía, estando con fiebre, pero no creo que haya sido ése el motivo para no aguantarla más de 4 capítulos. Estoy convencido que ha sido por ese relato plagado de re-escritura de la historia y la narración paternalista y plagada de superioridad moral de la voz en off.

Desde el primer capítulo se encargan de re-escribir, no sólo la historia del narcotráfico y de su incidencia en Colombia, si no que pretenden hacer un repaso al contexto político de la época. Por ejemplo, hablan de Chile y el golpe de Estado perpetrado por Pinochet & CIA como una circunstancia de simple despiste por parte de los EE.UU. el haber dado apoyo a Pinochet; ya que no previeron que después se «le iría la flapa» y mataría a miles de personas. Ya sólo ese comentario, me hizo dar un respingo y un escalofrío, que no tenían nada que ver con la fiebre.

Sí, cómo si los manuales de la CIA o los documentos desclasificados no señalasen la sistematización del apoyo logístico de EE.UU. a dictaduras y a la represión organizada por toda América Latina. Así como su relación con el narcotráfico como fuente financiadora de operaciones represivas y control de la población. También, y como no, en Colombia.

Normalmente veo las series en V.O.S. y quizás verla doblada esta vez, para no aumentar el malestar por la enfermedad, quizás ha condicionado este punto. Y es que me ha dejado descolocado, y se me han hecho insufribles los capítulos que he visto. Ha sido la voz en off del protagonista. Un agente de la D.E.A. prepotente y que te cuenta las cosas con una chulería que me resulta insoportable. No sé si está hecho expresamente para después, más adelante cambiarle el perfil, suavizarlo o «humanizarlo» pero es que no me voy a esperar a verlo. Porque no había indicios, ni insinuaciones de que así iba a ser.

Sobre el doblaje da para otro artículo entero, pero último apunte sobre el tema, y que merece mención es el intento de hablar con acento y giros colombianos del actor brasileño Wagner Moura. Aunque lo intenta, y lo intenta bastante, no acaba de colar. Cuando estás escuchando al resto del elenco, que sí que es colombiano, y de repente habla él…pues se produce una discordancia con lo que esperas a lo que oyes que también me resultó incomoda. No es fácil, no es su idioma, pero no ayuda a tener la sensación de historia falseada del conjunto de la serie.

En definitiva, no es que no la recomiende, pero tampoco le daría más vueltas a esta serie. Quizás no he visto los suficientes capítulos o sería la fiebre, o será que cuando se da tanto bombo a algo (una peli, un libro, etc). Después sabe a amargo, y a poca cosa. En fin, que si la ves y haces otra lectura, compártela por aquí.

Para la próxima entrega sobre series, si queréis echar un vistazo, trataré sobre Skam. Una serie noruega, que se sale un poco de lo convencional en «series juveniles».

¡Hasta pronto!

Los mitos y las experiencias (II)

Retomando (perdón por el retraso obligado) la segunda parte (primera parte: aquí)de esta serie de artículos me he dado cuenta que parece que quiero “machacar” a las anarquistas. Nada más lejos de la realidad, de hecho, la mayoría de mitos sirven para anarquistas y activistas de movimientos sociales varios. Porque en el Estado Español, para la bueno y para lo malo, el activismo a bebido mucho del mundo libertario. Así que, salvo algunos mitos muy “identitarios” del anarquismo de esta zona del globo, en el resto de casos podéis cambiar el susodicho palabro por, por ejemplo activista.

Sin más, sigo con esta segunda parte.

Empezando, o continuando con:

– las jerarquías informales sólo se reproducen cuando no hay estructuras claras.

Ojalá fuese así, pero siento decepcionar a quien tiene muy idealizadas las estructuras orgánicas. Porque hay otras estructuras paralelas, informales, que tienen más que ver con la cultura política que mamamos desde hace…ni sabría ponerle una fecha. Dónde las propuestas de las asambleas, congresos, y reuniones varias, “se ganan” (sí, ganar, vamos a llamar las cosas por su nombre) mediante reuniones previas, encuentros “casuales” (o no tanto), en bares, pasillos, etc. Llamadas y correos más propios de comerciales de cualquier operadora de telefonía que de gente racional, crítica y comprometida con un programa/objetivo común.

Entrados en este juego, vale desde la vertiente marrullera típica de un congreso, ridiculizando otras propuestas o personas, jugando con el victimismo para forzar una cesión de posiciones por la otra parte, etc, etc, etc.

Es decir, la estructura no lo es todo sin un cambio de paradigma en las maneras de hacer, y la cultura política que practicamos. Si hacemos de la estructura un fetiche pero no cambiamos esa cultura: con formación y prácticas completamente diferentes, estaremos creando organizaciones con pies de barro.

– las anarquistas no siguen ninguna norma, sólo las que una misma se marca

A pesar de parecer muy fuera de lo común esta frase la he escuchado por gente que al mismo tiempo reclama, advierte, y persigue, hasta llegar al acoso, a quien se plantea posiciones diferentes o sigue tácticas/estrategias que no concuerdan con su pensar. Creando el paradigma de que nunca nadie cumplirá SUS normas, seguramente ni esa misma persona, pero a ella misma se lo disculpará. De hecho, es una realidad bastante común en los entornos “politizados”, o por lo menos esa es mi percepción, que cuando alguien desarrolla una práctica con la que no se concuerda, dependiendo si esa persona es “amiga” o “enemiga” se justifica o se minimiza, o por contra se ataca con toda la vehemencia posible. Demostrando una vez más hasta que punto importa poco la ideología y la política, y la percepción subjetiva de las personas o cosas.

En mi caso he defendido que, aún no coincidiendo con las ideas de otro, reconozco que: comunica bien, le está saliendo bien su estrategia, etc. Y eso no me pone de su lado automáticamente. La política no puede ser un todo o nada continuo; primero porque es imposible, y segundo porque es una fábrica de autoislamiento que corta el aprendizaje y el conocimiento de raíz.

– las anarquistas nunca han hablado de democracia siempre de revolución

Este mito es bastante especifico, por lo menos en su uso reciente, de la época de los 90′ en que todo era un “anti”. Y había que romper con todo para no dejar nada, y nada (o poco) fue quedando.

Por suerte, el abandono de términos para dejar la alfombra tendida a sus recuperadores se está dejando atrás, y se trata de devolver o impregnar de otros valores términos que son claramente identificados por cualquiera. Sin tener que inventar meta-lenguajes crípticos, muy habituales en ambientes universitarios y activistas embriagados de posmodernidad.

Las anarquistas han hablado de democracia no representativa, de democracia directa, de transformación social, revolución y no por ello son términos excluyentes. Y si usas uno eres, pongamos, “reformista”; y si usas otro eres “revolucionario”. Por cierto, palabras éstas que de tan gastadas si que han perdido su significado.

Por otro lado, el descartar un término u otro tendría que venir determinado por el contexto, uso y capacidad de disputa del mismo. Términos que son entendidos de una forma, de manera “natural” en la sociedad se pueden ir disputando para acercar su significado hacia postulados revolucionarios. Pero para eso requiere estrategia e incidencia.

– las anarquistas no se plantean etapas intermedias, van a por todas: revolución

Quizás esta frase sea una derivación de las “conclusiones” y “aprendizaje” del manido 36, que comentaba en el texto anterior. Pero no se puede ser medianamente serio en política (o en un juego, aprendizaje, o casi en cualquier cosa) sin plantearse escenarios posibles. En una partida de ajedrez no puedes realizar un movimiento sin plantearte cual será el siguiente.

Si alguien tuviese un interruptor, y pudiese apagar el sistema actual de capitalismo y estructuras de representación estatales; y acto seguido le diese al interruptor de activar la revolución, honestamente, me imagino un desastre copado por fuerzas bien preparadas, y estructuras de corte fascista, con simbología del tipo que fuere pero con prácticas netamente fascista. Porque al fin y al cabo el fascismo puede funcionar perfectamente como resorte protector del bloque en el poder, cuando el sistema pierde el control ideológico y las tensiones sociales se agudizan.

Vamos, una tragedia y una vuelta atrás enorme. Más, cuando, recuperando anotaciones de mitos anteriores nos dejamos guiar por percepciones subjetivas e impulsivas. Sin construir un discurso sólido y una cultura política que cambie el paradigma social, profundizando en más libertades y decisiones colectivas para el bien común, sin hacer que la realidad se ajuste a la idea, haciendo una construcción/proceso de esa transformación. En definitiva, generando escenarios propicios para el siguiente escenario, que lleve a otro más cercano a una ruptura y una transformación social real. El ser humano no es un animal que destaque por su rápida adaptación al medio, por nacer y ponerse a correr y trepar a los minutos de salir del vientre de su madre… Todo cambio, todo aprendizaje, toda transformación está envuelta de un proceso continuo. La diferencia más significativa es: ser capaces de darle unos objetivos y unas aplicaciones prácticas aquí ahora para llegar a donde queremos.

– en el anarquismo no hay lideres ni dirigentes.

Esta es buena, la negación de la realidad esconde, o pretende esconder, muchas miserias. Aunque creo que ya pocas niegan que existen liderazgos informales, todavía queda quien se empeña en negar que alguien pueda dirigir una acción, comisión, comité, asamblea, etc. Dile dirigir, dile orientar, ser la persona responsable, que centralice un poco la información, etc.

A veces, de hecho pretende ser negado por aquella(s) persona(s) que está(n) llevando a cabo ese rol. Lo cual hasta puede ser chistoso. Pero básicamente no interesa que se descubra claramente, en un ambiente supuestamente hostil a reconocer ese tipo de cosas, que aquello se escapa a ‘la Idea’. Ser descubierta(s). A veces es el colectivo de personas que forman parte de ese espacio quien niega, porque sería reconocer que están lejos de ese ideal precioso que rompería en mil pedazos la auto-estima del grupo o su ‘cohesión’ basada en premisas idealizadas.

El caso es que las personas con aptitudes de liderar procesos, grupos, etc existen. Y nunca fue problema dentro del anarquismo la existencia de esas capacidades. Diría que al contrario, se intentaba potenciar las aptitudes de cada persona para el beneficio común, entendido éste como aquello que propicie llegar a un escenario de ruptura o transformación social. Pero ahí seguirán quien el mismo día que te niega todo ésto publica frases con foto incluida de Emma Goldman, Berkman, Durruti, etc.

He visto en alguna ocasión una especie de ‘caza’ a quien destaca dentro de un grupo. Para mantener al grupo lo más uniforme posible, con un pensamiento único (no confundir con consenso).

O a quien se le asigna una tarea la asamblea y tiene que ‘comerse el marrón’ y además aguantar las zancadillas de las personas que conforman el grupo, o la presión de éste, cuestionando hasta la última coma. Una hiperfiscalización que llega al absurdo. Es decir, siempre se ha de fiscalizar a quien asume una tarea, pero no a cada segundo, minuto u hora. Esto mina la confianza y provoca que nadie quiera asumir responsabilidades (consciente o inconscientemente). Ah, pero también se puede caer en lo opuesto, el dejar hacer sin pautar o orientar la tarea, y esperar que la persona que ha asumido esa responsabilidad ya lo haga todo, y además que lo haga como ‘tú’ tenias en mente que debía de realizarse (‘tu’, en sentido de cada persona del grupo).

En definitiva, si hay liderazgo se persigue; y si alguien se lo curra demasiado se quema por no haber respaldo y recibir zancadillas constantes. Convirtiendo el participar en un colectivo/espacio/asamblea etc en una fábrica de personas quemadas, que en el mejor de los casos acaba dando apoyo de forma simbólica y distante, o irse para casa definitivamente.

Y estos procesos no se diferencian ni mucho menos de cualquier partido político al uso, parlamento, ayuntamiento, empresa, etc. Lo digo porque a veces se pretende que los espacios anarquistas, activistas, etc se ven así mismos como muy “especiales” pero pueden incluso ser peores a nivel de sentirse integrada, participe, apoyada y respetada.

Para mi, la solución es bien simple: hay quien diseña, quien habla mejor, potenciemos a esas personas, y formémonos el resto para no depender exclusivamente de los primeros. Además, como grupo proporcionemos unas pautas claras establecidas, unos protocolos que afiancen la confianza tanto de la persona que desarrolla la tarea como del resto del grupo, conociendo todas cuales son las pautas que se han marcado colectivamente; dejando margen y confianza para la improvisación táctica. Siempre hay tiempo, para más tarde, evaluar en que se ha errado, sin cargar a la persona, porque las decisiones fueron colectivas.

– en el anarquismo no se delega nunca.

A colación del punto anterior sobre liderazgo, habrá que dejar a un lado esto de que no se delega. Porque todo el rato se está delegando y dando la confianza necesaria para que una compañera o compañero realicen una tarea con tranquilidad. Porqué hacer todo, conjuntamente, al mismo tiempo…como qué no. Delegar, per se, no es negativo, y menos en tareas prácticas. Otra cosa es en cuestiones generales, de toma de decisiones. Ahí si que puede haber un tema de debate. Pero la realidad es que por operatividad se suele delegar las cuestiones diarias, siempre que exista un marco general. Unos acuerdos que actúen de marco en el cual tengan margen para los cambios, o ajustes tácticos. Esto se lleva a cabo en sindicatos, organizaciones políticas, y también en las informales. Aunque cuando conviene, a veces, alguien levanta la bandera de la “horizontalidad” para poder tumbar o cuestionar decisiones. Pero eso último cada vez “huele” más y va dejando de colar como forma de control social.

(Continuaré con más mitos…)

Nota: tenía pensando hacer sólo dos artículos de esta serie, pero una entrevista que estoy elaborando a ratos con un personaje que he conocido…y que transcribiré para publicar aquí, me ha llevado a extraer más mitos. Intentaré que sean tres y ya!

Los mitos y las experiencias (I)

Empiezo mi colaboración en este espacio con una serie de artículos que surgen más como una necesidad personal de poner en orden vivencias y reflexiones, que como respuesta a la coyuntura político-social actual. Y aunque sean reflexiones personales, viscerales, incluso lleguen a incomodar a algunas, espero que sirvan para una reflexión más compartida, conjunta y colectiva.

Aclarar también, que uso el femenino en algunas formas no como género si no como forma resumida de personas.

Hace unos meses, en un interesante debate en un local de Madrid, surgió una línea de discusión que quiero recuperar aquí. Y básicamente se centraba en diferenciar entre mitos y experiencias. Me pareció una conversación ya vivida y con posicionamientos muy diferentes, pero significativos. Desde quien se aferra, de forma consciente, o no, al mito y quien quiere profundizar en la experiencia.

¿A qué nos podemos referir con «mito» y con «experiencia»? En este caso pretendo hacer un breve repaso por algunos mitos que he ido recogiendo dentro del anarquismo. No de forma sistemática ni ordenada, más bien visceral y vivencial. Basada en conversaciones, textos, debates, etc. Y diferenciarlo de la experiencia, elemento valioso para la acumulación de voces y pensares que expliquen las victorias y derrotas, y que éstas sirvan para avanzar en la transformación social.

No pretendo desarrollar cada mito en esta introducción, tendrás que leerla más como una lista que me hago para en posteriores artículos intentar, en la medida de mis pocas y limitadas posibilidades, ir desgranando cada uno de esos recuerdos y vivencias, que me han llevado a formular esta lista. Y, advertencia: aunque algunas sentencias suenen a caricaturescas, las he vivido o escuchado en entornos anarquistas, y aquí sólo están sintetizadas y resumidas.

 Intento de compendio de mitos:

la infalibilidad del anarquismo: si fracasó algo fue porque «los otros» hicieron…

Ésta puede ser la típica reflexión que se desprenda de algunos de los más cansinos debates sobre el 36, Revolución Rusa o Kronstad; por citar algunos episodios ampliamente recordados por el imaginario anarquista. En que se construye un malo maloso que nos llenó el camino de zancadillas, y pudo tumbarnos a pesar de lo buenos que fuimos y lo bien que íbamos para conseguir la victoria. Vamos, una discusión a la altura de las que se suelen escuchar sobre un partido de fútbol con un arbitraje, digamos, dudoso.

Pues bien, el uso de este mito, como recurso, es típico de discusiones sin ningún objetivo constructivo, pero que además lo único que construyen es una caricatura. Desfigurando toda posibilidad e intento de aprendizaje o la posibilidad de debate, impidiendo estrujar la experiencia hasta el punto de ver la humanidad y los errores en su contexto. Siendo todo esto un posible reflejo, como dice un compañero, de una carencia, de no querer enfrentarse a ciertas contradicciones, y utilizar el mito como refugio cómodo, casi podríamos decir infantil.

Cualquiera que se haya molestado en leer actas y textos que se salen de los ampliamente difundidos, o incluso de los difundidos pero poco leídos escritos en el momento histórico se puede dar cuenta de los matices, contradicciones y cuestiones importantes que intentaban desgranar ya en ese momento histórico. Que parezca casi imposible en ciertos momentos hacer lo propio a 80 años vista nos debería hacer reflexionar. Estoy pensando en algunos textos de Peiró o de los Amigos de Durruti, para poner ejemplos concretos. Textos muy críticos con cuestiones que normalmente se obvian: la cuestión de la toma del poder, y las que usan la revolución como un paraguas para sus desmanes. Textos que hay que leer, entiendo yo, como cualquiera,  en su contexto, intentando no caer en un enfoque presentista que nos nuble e impida beber de la experiencia de otras.

– las anarquistas no participan en política

Este mito es bastante curioso, ya que por un lado presupone que «la política» sólo se hace desde ciertos órganos de poder, y que lo que hacen los movimientos sociales, populares o las organizaciones político-sociales es, simplemente, otra cosa. Hay muchas maneras de hacer política, desde la creación de instituciones populares propias hasta incidir en cambios legislativos en un marco de democracia representativa convencional. Por poner dos ejemplos fáciles de comprender.

Por otro lado, tiene otra connotación que a mi me resulta bastante «dolorosa». La connotación casi canónica, que determina qué hacen y qué no hacen las anarquistas.

A lo largo de la historia, hay unos cuantos ejemplos de participación táctica en instituciones copadas por la clase social opuesta (burguesía-capitalistas). Así de memoria, y sin entrar en detalles me vienen a la cabeza Proudhon, Salvochea y Fanelli. Pero sin duda hay muchos más, me consta que en ciertos momentos históricos los anarquistas en algunas localidades colocaban a gente afín en instituciones, cuando no, compañeros destacados que se ponían al servicio de los intereses del movimiento social local para ser usados como cabeza visible en una candidatura a la alcaldía. Y así poder disputar algunas cuestiones a la burguesía en su terreno, o simplemente tener mejores escenarios en su localidad o zona de influencia. No como libertarios, si no como personas destacadas en la sociedad, es decir lideres o personas que infundían respeto, y que se ponían al servicio de ese movimiento en ese complicado equilibrio entre las fuerzas populares y las instituciones de gestión propias de la otra clase social.

Contra el anterior párrafo he escuchado: en aquel momento no era anarquista. Que resume muy bien a lo que me refería con los cánones de las anarquistas. La imposibilidad, o negación, de que pudiese existir una persona-herramienta al servicio de una táctica concreta, inserta en el monstruo institucional, en un momento muy específico, e impulsado por gentes anarquistas se escapa a toda lógica que base sus preceptos casi en exclusiva en principios filosóficos y no en relaciones líquidas y cambiantes de hacer política según el momento. Es decir: imposible, eso no puede ser, eso no es anarquista. Prefiriendo negar a plantear y estudiar experiencias, no para repetirlas de forma mimética, si no para entenderlas y aprender de las mismas.

Y para no caer en ejemplos históricos lejanos, sólo hay que acudir a revisar un poco la revolución de Rojava, tan en boca de muchos círculos anarquistas últimamente. Con su dualidad de democracia directa y popular, compaginada con partidos políticos y elecciones convencionales. Buscando copar todos los espacios políticos posibles: instituciones populares, convencionales y la calle.

Un inciso: no me gustaría que se interpretasen mis palabras como una defensa de esas tácticas institucionales y menosprecio de otras tácticas, o viceversa. Insisto, separar tácticas, herramientas, estrategias, etc de cada contexto es, para mi, crear una cultura política libertaria universal e infalible que me resulta más un refugio frágil y torpe, que una verdadera herramienta de transformación.

– el anarquismo es una filosofía personal

Lo que nos lleva a este mito, la transformación personal, la opción filosófica, o de vida. No voy a ocultar aquí cierto hartazgo cuando me han hecho planteamientos encorsetados en filosofías new age que inundan a los movimientos supuestamente alternativos y de izquierdas; y que alcanzan también, como no podía ser de otra manera, al anarquismo. Vale decir que en los orígenes liberales del pre-anarquismo había bastante de ese componente filosófico, pero hace tiempo que esa búsqueda personal ha pasado de transformadora, gracias a la sociedad de consumo, a unas formas que individualizan de tal manera esa energía potencial en frenos, huidas o refugios. Que en definitiva desactivan la potencialidad que podrían tener en una cultura política social-colectiva de transformación.

Cuando todo se vuelve una filosofía personal o en una manera de estar en el mundo, y no en una herramienta colectiva de transformación; es fácil para la sociedad consumista transformar esa búsqueda en un objeto de consumo más. O en la necesidad de cubrir, mantener satisfecha esa filosofía en necesidades espirituales (vacíos existenciales) típicos de las sociedades de consumo occidental que se alimenta en gran medida de esos vacíos. Llegando a puntos que para mí tienen en algunos aspectos componentes de hobby, fase vital, tribu-urbana, y nada de fuerza transformadora.

– las anarquistas no se deben organizar/colaborar con otras corrientes

Este mito está conectado con el primero, visto que las experiencias en que siempre estuvimos «a punto de ganar» y por causa de las «malas compañías» o «los enemigos» no lo conseguimos. Conclusión definitiva y lapidaria: mejor no juntarse con nadie que no sea anarquista. Esto trae consigo la necesidad de alejarse de cualquier participación en movimientos que no tengan un sesgo ideológico con un marcado ideario finalista de tintes anarquistas.

Por suerte, esta opción es cada vez más minoritaria, o quiero pensar que es así, ya que se ve la auto-encerrona que supone para un supuesto movimiento que intenta transformar la sociedad, y que se aleja, o se aísla de ella, al mismo tiempo.

Otro componente curioso es que se puede entrever cierto punto de sentimiento de inferioridad. Siempre existe el peligro de ser copado o dirigido por otros (de nuevo ese enemigo todo poderoso). Parece que no se plantea ni la más remota posibilidad de que pueda ser al revés, que «los otros» caigan en la permeabilidad de prácticas libertarias.

La necesidad de crear movimientos sociales, pero netamente anarquistas, tiene un punto identitario que nos puede remitir a esa auto-afirmación de tribu, que tiene toda su lógica en fases de resistencia o, en una sociedad de consumo, como vía de escape, y filosofía personal compartida por un grupo. Pero que carece de proyección social por si sola, y en si misma, y mucho menos poder de transformación más allá del circulo grupal de convencidas.

– la asamblea como forma natural y horizontal de relacionarse de las anarquistas. «la asamblea es el espacio de decisión natural de las anarquistas.» todo ha de pasar por la asamblea

NOTA: Para acabar este primer artículo, y no hacerlo más largo de lo que ya es, me quiero detener en el que es mi mito favorito de estos tiempos: la asamblea.

Un compañero me regaló hace tiempo un enlace a un texto de Andrew Flood que me pareció muy inspirador, y que apuntaba alguna cosa que había compartido con algunas compañeras y se basa en el mito de la asamblea. Este mito se ha caído para algunas cuando han vivido un empacho en 2011 de asambleas inoperantes y nada resolutivas. Mezclando debate con toma de decisiones, misturando planteo de líneas estratégicas con decisiones rutinarias, etc.

Por suerte, a algunas se les ha caído ese mito, como decía, y se han planteado que hay que desmitificar las herramientas, y usarlas, que si las conviertes en mito se pueden volver en tu contra. Ser esclava de la herramienta, porque esta se convierte en un referente en si mismo, en lugar de un método de trabajo colectivo. En definitiva, hay que buscar las herramientas para cada momento y situación, por su eficacia, y no por el supuesto halo de horizontalidad que desprenda.

Volviendo al término, asamblea tiene un componente religioso, basta con buscar el término para que te salgan unos cuantos nombres de algunas iglesias, del estilo «asamblea de dios». Y es que este método de reunión, fue altamente difundido en movimientos antimilitaristas por los quackers y que impregnaron a los movimientos alternativos de los 60′ y 70′, llegando a nuestros días, como por arte de magia, junto a autogestión, como términos que siempre fueron anarquistas. No voy a discutir si la incorporación de nuevos términos es buena o mala, ya que no veo problema alguno, señalo lo curioso de que, a veces la misma «norma» sirva para un término pero no para otro según convenga.

En algunos espacios, si las decisiones, por nimias que sean, si no pasan por la asamblea se convierten en una suerte de alta traición. Pivotando la asamblea entre una reunión de grupo, una toma de decisiones, una terapia colectiva, o un elemento socializador del mismo grupo. Todo mezclado. Haciendo que un grupo, en una búsqueda natural de equilibrio tienda a su auto-afirmación, o encierro en si mismo. Y aparezcan todo tipo de jerarquías informales que se encargan de mantener, de forma consciente, o no, ese equilibrio. O la búsqueda del mismo. Hay literatura feminista muy interesante en este aspecto y que te invito a buscar.

La asamblea como método de decisiones no está reñido con el voto a mano alzada, un sub-mito dentro de éste. Son maneras de desbloquear tomas de decisiones, ni más ni menos. La búsqueda del consenso no puede ser un dogma, porque puede convertir al grupo en prisionero de falsos consensos: por agotamiento, por mantener el equilibrio del grupo, etc. Hay que aprender a ganar, perder, experimentar y replantear las decisiones pasado un periodo determinado, y no en cada asamblea. Volver al método científico básico y abandonar la mística.

Y es que, para un desarrollo eficaz de reuniones considero que tener una visión de conjunto, del bien común, es primordial, pero tener unos objetivos claros, no sólo las finalidades últimas siempre bañadas de tintes ideológicos/filosóficos, si no de las tareas y objetivos marcados para cada periodo; es esencial. Al igual que huir de la fiscalización constante a las personas que se encargan de tareas, dando un voto de confianza que se sopesa con los resultados al finalizar dicho periodo establecido, y en la posible revocación en cualquier momento de las personas encargadas. Porque si no, estamos estableciendo un ambiente de desconfianza constante y permanente que poco tiene de transformador, y si de tribal.

Por último, a esa gente que me he topado a lo largo de estos años y que denomino «guardianes» de la supuesta «tradición» anarquista les invitaría a dar un repaso a actas de reuniones de hace unos cuantos años. Así mismo, a las fanáticas de «lo nuevo» les diría que lo nuevo no es «bueno» ni eficaz persé. La humanidad ha transformado su entorno, para bien o para mal, a base de experimentar.

Una herramienta, o conjunto de herramientas, para la transformación social, como considero que debería de ser el anarquismo, no puede quedar secuestrado por metodologías que lo desactivan en toda su potencialidad o lo convierten en esclavo de la sacralización de términos, dogmas o prácticas supuestamente democráticas, antiautoritarias o como se las quiera denominar.

(Continuaré con más mitos…)

Crédito de la imagen: https://www.flickr.com/photos/nestorespinosa/5738000859