[Recomendación] Lectura: Firmeza en los principios, flexibilidad en las tácticas

¿Qué papel jugaríamos los anarquistas ante la ofensiva neoliberal contra la clase trabajadora? Ante tales atropellos que se han agudizado más con la excusa de la crisis, han surgido diversos movimientos sociales que empezaron a actuar y a intentar parar estos ataques. Pero, ¿dónde estamos los anarquistas? Llega un momento en que la coherencia ideológica se vuelve un lastre más que como base para la praxis. Es un error pensar que de la teoría parte la praxis y que han de aplicarse los principios en ella como si fuesen mandamientos. Ante esta coyuntura, urge la necesidad de integrarnos en los movimientos sociales y cooperar con otras fuerzas políticas afines como una posición táctica a corto plazo. Esto no quiere decir una renuncia a nuestros principios, el apoyo táctico no significa apoyar políticamente a otras fuerzas políticas. El texto que hoy recomiendo trata expresamente de replantearnos las tácticas que hasta ahora hemos seguido:

Firmeza en los principios, flexibilidad en las tácticas

 

La preponderancia del todo.

Para escribir esta pequeña reflexión parto simplemente de la siguiente cuestión: ¿Qué es la sociedad? Y antes de empezar, me gustaría remarcar cuánto me entristece la ligereza con la cual se habla de «sociedad» o de «humanidad» en términos tan generales hoy en día. Creo que estos conceptos son inabarcables en su totalidad, demasiado complejos y heterogéneos para nuestro limitado conocimiento y nuestro eterno desconocimiento. Aquí solamente pretendo esbozar y matizar algunos prejuicios acerca de ella e interpretar la consecuencias de dichos prejuicios.

¿Qué es, pues, una sociedad? Se suele afirmar de forma cotidiana que una sociedad es simple y llanamente el resultado de un conjunto de individuos. Creo ver aquí el primer error. Si una sociedad fuese solamente la suma de individuos sin relación alguna entre ellos, no sería sociedad en ningún caso. Los individuos son necesarios para la creación de una sociedad, naturalmente; son necesarios pero no suficientes. También interviene, de forma igualmente necesaria, las relaciones sociales que entre ellos se forman. Estas pueden no verse, no percibirse, pero forman la estructura misma de cualquier tipo de sociedad.

Como consecuencia, o al menos, como influencia de esta primera mala interpretación, surge en el camino otra. Es el error de confundir la sociedad con la asociación, que es aproximadamente lo contrario de aquélla. Una sociedad no se construye por acuerdo de voluntades. Al contrario; todo acuerdo de voluntades presupone la existencia de una sociedad, de gentes que conviven, y el acuerdo no puede consistir sino en precisar una u otra forma de esa convivencia, de esa sociedad preexistente. La idea de sociedad como reunión contractual, y por lo tanto, jurídica, es el más insensato ensayo que se ha hecho de poner la carreta delante de los bueyes, por así decirlo. Porque el Derecho es, si se me perdona, la secreción, la separación espontanea de la sociedad, y no puede ser otra cosa. Querer que el Derecho rija las relaciones sociales entre seres que previamente no viven en efectiva sociedad, me parece tener una idea bastante confusa de lo que es la organización social.

Es como intentar hacer encajar por la fuerza piezas de por sí dispares. Muchos pensadores y eruditos han estudiado, escrito y especulado sobre esto, y para ellos es una cuestión muy difícil en la que tú, el individuo, te sientes totalmente perdido en sus filosofías, y ellos han llegado a la conclusión de que tú no cuentas en absoluto. Lo que es importante, dicen ellos, no eres tú, sino «el todo«, toda la gente junta. Este «todo» lo denominan ellos «sociedad», o «el Estado», y los pícaros han decidido actualmente que no importa si tú, el individuo, eres miserable, mientras que la «sociedad» esté en orden.

De alguna u otra manera olvidan explicar cómo puede estar en orden la «sociedad», o «el todo», si los miembros singulares de ella son desgraciados. Esto es todavía más claro cuando se habla del Estado propiamente dicho. Éste es el sacrificio de la libertad y de los intereses de cada uno, tanto de los individuos como de las unidades colectivas más pequeñas, como las provincias y las asociaciones,  a la libertad de el todo, de todo el mundo, a la prosperidad del gran conjunto. Pero este «todo el mundo», ese gran conjunto, ¿qué es, sino? Es la aglomeración de todos los individuos y de todas las colectividades humanas más restringidas que lo componen.

Pero en el preciso momento en que los individuos y las localidades se componen y se coordinan con «el todo», ¿qué ocurre con los intereses  individuales y locales? Deben de ser sacrificados; no queda otra. Y el todo que supuestamente les representa, ¿qué es? No es el conjunto viviente, que deja respirar a cada uno a sus anchas y se vuelve más fecundo cuando más se desarrollan en su seno la libertad y la prosperidad; es al contrario, la inmolación perpetua tanto de cada individuo como de cada asociación local, es la completa negación de la vida y del derecho de todas las partes que componen ese «todo el mundo», por el llamado bien de todo el mundo. Es el Estado sobre el cual se anula la sociedad e individualidad natural.

La contradicción existe y ha existido de todas formas, porque sin la independencia personal se anula el individuo y sin la asociación de individuos la vida es imposible. La asociación lleva consigo un acto deliberado de voluntad libre; cualquier otra cosa es subordinación, en ningún caso asociación. Por lo tanto, el pacto entre seres iguales y libres resuelve la contradicción y asegura la independencia personal y realiza la solidaridad.

Cualquier otro tipo de sociedad que se ampare en el Estado y en el todo (incluyendo al socialismo gubernamental) podrá hablar de libertad, pero esta estará de tal modo condicionada que sería mejor hablar de subordinación forzosa a la soberanía de la sociedad y «del todo». En este punto, quien aprecie su libertad individual tendrá que inclinarse de forma necesaria al anarquismo.

Fuera de él toda promesa de verdadera liberación es un engaño, una falaz mentira.

Radix

Dos nazis de Amanecer Dorado muertos ayer

Como sabéis, ayer dos miembros de Amanecer Dorado morían a tiros a las afueras de una de sus oficinas en Atenas. También, un tercer miembro se encuentra hospitalizado de gravedad. Si de por sí el ambiente político de Grecia ya olía a gran conflicto social, tras lo ocurrido se marca un nuevo límite de tensión en la capital griega.

Sin conocer la autoría de los hechos, solamente nos queda la especulación al respecto. Realmente podría haber sido cualquier: comunistas buscando venganza por el asesinato de Fyssas hace un mes y medio; insurreccionalistas llevan la lucha a otro nivel; o incluso el propio Estado (o el propio Amanecer Dorado) intentando crear un contexto favorable para excusar la represión que se nos viene encima.

Sea como sea, lo que tenemos que tener por seguro es que la maquinaria represiva del Estado ya ha comenzado a funcionar. Según me cuentan, Atenas ha amanecido llena de policías en las calles. Y no creo que estén allí precisamente para parar potenciales disturbios. También es seguro que simpatizantes militantes de Amanecer Dorado emprenderán sus propias acciones, por lo que hemos de esperar posibles ataques contra grupos de izquierda e inmigrantes. Les últimes, de convertirse en el objetivo de les nazis, serán les que sufran más las consecuencias de lo ocurrido ayer, pues son el colectivo más vulnerable del país (¿y dónde no lo son?).

Según se reporta en las noticias, les atacantes usaron un arma automática y una moto para huir. Las fuentes del Estado de Grecia hablan de un ataca terrorista, organizado, y ejecutado con profesionalidad. La experiencia de lucha y resistencia de les anarquistas griegues, sin duda, ha curtido a muchas personas que adquirieron a lo largo de los 1990s y 2000s los conocimientos necesarios para realizar este tipo de acciones. No obstante, ¿realmente fueron anarquistas? ¿No suena todo esto un poco descabellado dado el contexto de tensión y de inminente represión estatal?

Como la hipótesis que nos podría interesar más es la de les anarquistas, tenemos que prever lo que se nos viene encima así como pararnos a reflexionar sobre las razones para llevar una acción de esta envergadura (repito que solamente es una hipótesis a día de hoy. La idea contrario, la del Estado, podría ser también posible, pues ¿no está el Gobierno de Samaras interesado en tener un contexto que justifique la supresión completa de los grupos más problemáticos?

Así pues, tomando la hipótesis de la autoría anarquista, podríamos pensar que el acto tuvo una lógica de venganza. Sin embargo quedarnos ahí sería ridículamente simplista. Quien conozca un poco la historia del anarquismo griego sabrá que en Grecia existe un gran número de grupos insurreccionalistas que se han curtido en la lucha directa contra la policía a lo largo de estas dos últimas décadas y media. El resultado de la experiencia les permite llevar acciones que solamente pueden ser soñadas en países como España, Estados Unidos, o Italia (históricamente tres países con notable tradición insurreccionalista). Les anarquistas griegues de hoy tienen la experiencia y conocimiento necesarios para entrar en un supermercado y expropiar la mitad de la comida en tan sólo 30 segundos; tienen la experiencia necesaria para arrasar cualquier distrito comercial en cuestión de minutos y no ser arrestades; como también tienen el conocimiento necesario para ocupar edificios y parques y crear tejido social a la mañana siguiente. Y desde luego que tienen el conocimiento y experiencia necesarias para llevar a cabo una ejecución como la de ayer.

Pero de alguna forma se me antoja caprichoso el momento. Nadie duda que los elementos más radicales del anarquismo en Grecia arden en deseos de llevar la lucha de clases a un nivel de visibilidad mayor. Sin embargo, cualquiera que conozca el movimiento griego admitirá que existen ciertas cosas «que no encajan» en la hipótesis que estamos tratando aquí. Si tras la muerte de Fyssas Atenas no ardió con la intensidad de aquel diciembre de 2008, será por algo. La lógica que se expresó en ciertos grupos anarquistas de Atenas fue que la represión estatal está escalando tan rápidamente que las acciones hay que medirlas muy bien, precisamente para no provocar y facilitar la represión. La misma lógica se podría aplicar a la hipótesis de que les pistoleres fueron anarquistas.

Hasta que no sepamos más, poco se puede decir. La falta de un comunicado de autoría también se me antoja rara, aunque no habría que descartar que se esté redactando en estos precisos momentos. De cualquier manera, e independientemente de la autoría, el Estado ya ha empezado a moverse. La represión injustificada llegará de nuevo muy pronto a Atenas, y les nazis saldrán a las calles buscando venganza. De ahí que les anarquistas han de coordinarse mejor que nunca. Son les anarquistas les úniques que pueden parar potenciales ataques contra inmigrantes, homosexuales, y grupos indefensos de izquierda (no es una cuestión de paternalismo sino de experiencia en tácticas de guerrilla urbana). Como también son les úniques que resistirán la represión policial. La presencia anarquista en las calles atenienses será vital estos días, y no me cabe duda que las redes de contactos ya están funcionando a su máximo para prevenir lo que pueda venir.

A todo esto sólo queda por nuestra parte mostrar y reafirmar una vez más nuestra solidaridad para con les que luchan y resisten en Grecia. Y esto tiene que ser así hayan sido les que hayan sido les autores de los hechos de ayer.

  ¡Solidaridad con nuestres compañeres de Grecia!

Enlaces del mes: Octubre 2013

 

Dosis de realidad

He estado pensando largo y tendido durante los últimos días sobre la verdadera condición social en cuanto a conciencia política. Hemos teorizado mucho, debatido y dialogado, pero hemos practicado poco o no lo suficiente.

Ya no estamos en aquellos tiempos donde los individuos eran receptivos  a las ideas libertarias y revolucionarias. Hoy en día, desgraciadamente, no es así. Vivimos en plena apariencia, en la más completa y absoluta ilusión de la realidad. El desarrollo gigantesco de la técnica informática y de los medios de comunicación, lejos de ser usados para el bien, están siendo usados de forma sistemática para crear métodos de condicionamiento humano ante los cuales palidecería el mismo 1984, de Orwell.

Una de la lecciones más tristes de la historia es esta: si se está sometido a un engaño demasiado tiempo, se tiende a rechazar cualquier prueba de que es un engaño. Encontrar la verdad deja de interesarnos; el engaño nos ha engullido. Simplemente, es demasiado doloroso reconocer, incluso ante nosotros mismos, que hemos caído en el engaño.

¿Y si nosotros mismos, los que todo lo cuestionamos, hemos caído en una ilusión, en un engaño?

El pasado veinticuatro de Octubre se produjo una huelga estudiantil con su consiguiente manifestación. Yo acudí, pero por primera vez no me dejé la voz. Fui únicamente a observar, y durante los próximos días a la manifestación he observado también con detenimiento a mis compañeros, y las conclusiones que he sacado a priori no hacen sino confirmar mi primera hipótesis. ¿Y cuál era mi hipótesis? Que salir a manifestarse un solo día no sirve absolutamente para nada positivo, sino que más bien tiene efectos negativos.

Muchos coincidirán conmigo en que con un solo día, o con pocos días, nada se consigue. Pero entonces me vienen con el falaz argumento de que mejor hacer algo que no hacer nada. Desde un punto de vista político, se puede decir que has hecho algo si has logrado cambiar algo. Por el contrario, si con cierta intervención no has logrado cambiar nada (y como ya había dicho, con un día o pocos días efectivamente nada se consigue)  se puede inferir que no has hecho nada. O si se ha hecho algo, ha sido tan poco, tan ínfimo, que es despreciable y que tiende a cero.

Por lo tanto, nada se logra y nada se hace; ése fue el gran éxito de la pasada manifestación y de prácticamente todas las que se han hecho en los últimos años. No tiene ninguna consecuencia positiva.

Ahora bien, he encontrado varios efectos negativos de estas manifestaciones tan cogidas por los pelos. La primera consecuencia, y la más fácil de entender, es que sirve para perder el tiempo. El tiempo usado para preparar una huelga y una manifestación de un día podría ser usado perfectamente en otras actividades que realmente creasen conciencia, de forma mucho más dinámica. Acudir a manifestaciones de un solo día no crea conciencia porque los que asisten y participan ya cuentan con conciencia social; en mayor o menor medida, pero tener tienen. La segunda razón de su nocividad es que estas manifestaciones actúan como una válvula de escape. En efecto, los manifestantes tienen que liberar por algún sitio su rabia acumulada durante el vivir cotidiano; así que se reúnen, gritan y maldicen a quienes les condenan a la pobreza, pero su acción carece por completo de fuerza para llevar a cabo un cambio real y significativo. ¿Qué ocurre, pues? Que una vez liberada su rabia, se quedan tranquilos y relajados, y hasta dentro de unos meses, mientras la rabia vuelva a acumularse, los gobernantes nada tienen ni tendrán que temer. Por lo tanto, tiene un efecto inhibidor y anestésico.

Y la tercera consecuencia es, a mi parecer, la peor. Una vez que el enfado ha sido disipado, después de que la rabieta del día haya pasado, los manifestantes, incluso los más revolucionarios y subversivos, creen que han hecho un gran trabajo. Yo mismo fui testigo de ello en la pasada manifestación; es lo que observé. Salieron todos de allí triunfantes, sonrientes, y sobre todo, tranquilos. Piensan, incluso llegan a convencerse, que han logrado algo para con las condiciones actuales, cuando realmente los gobernantes se han reído de nosotros. La tercera y nefasta razón por la cual es una inutilidad salir a la calle un solo día es porque tiene como efecto la autocomplacencia. Necesitan, es una necesidad imperante, necesitan hacer acciones consecuentes con sus propios pensamientos, de manera que se complacen al hacer algo, aunque ése algo sea más bien nada. Hemos caído en un engaño; nos hace falta una dosis de realidad.

Ahora es cuando viene la inevitable pregunta: ¿cómo hemos caído en este engaño? Una sola explicación se me ocurre. Nosotros, los libertarios, tenemos tan claras las ideas, lo vemos todo tan explicable, hemos teorizado y pensado tanto, que creemos que los demás tienen nuestra misma percepción de la realidad. ¡Craso error! Tal y como dije al principio del artículo, vivimos en pleno engaño, en la apariencia más real (sin contradicción)

No voy a hablar sobre qué hacer y cómo hacerlo; mucho se ha pensado y hablado sobre ello y no es el fin de esta reflexión hacer un debate para ver qué alternativa o propuesta podría ser más útil. Está claro que una huelga indefinida y bien organizada sí que sirve para lograr cambios reales (no tienen por qué ser significativos) aunque muchos de estos cambios sean pequeñas cesiones; pequeñas cesiones que hacen vigorizar el movimiento obrero y que pueden culminar con una verdadera expropiación. Pero para hacer una huelga de este tipo se necesita una conciencia política y social que, por ahora, está fuera de nuestro alcance.

Que no se me malinterprete, sé que este escrito puede ofender a muchos, pero es mi opinión y ahí he dado mis argumentos. En ningún momento he sido derrotista; no he dicho, ni nunca lo diré, que debemos dejar de luchar. Pero debemos de ser realistas, no nos beneficia en nada el crear falsas expectativas porque lo único que se consigue es desgastar, tanto a los que predican como a los que escuchan. Los medios de comunicación también pueden ser usados en provecho de nuestro fin. ¿No sería mejor concienciar desde la base a todos siendo conscientes de cómo perciben ellos la realidad (o la apariencia, vaya) y no malgastar esa rabia en actos espontáneos que no llevan a ninguna parte? ¿No sería lo suyo dejar madurar la conciencia adquirida y hacerla estallar cuando realmente tengamos una base física que pueda lograr un cambio real?

De los errores se aprende; el problema es detectar el error, sobre todo si éste es consecuencia de un engaño. La autocrítica también es necesaria, nos guste o no. No debemos de estar tropezándonos siempre con la misma piedra. Finalmente, aclarar que este artículo nada tiene que ver con la pureza ideológica, la cual explica tan bien nuestro compañero Lusbert aquí. Lo que he dicho aquí creo que puede aplicarse no solamente para el ámbito libertario, sino que puede extenderse a otros movimientos que no sean puramente anarquistas.

¡Un saludo!

Radix

La LOMCE y la mentira de la democracia en los centros educativos (de antes y después) – 1ª parte

Introducción

Dentro de las muchas campanas lanzadas al vuelo en consecuencia de la LOMCE o “Ley Wert” (en referencia al Ministro de Educación), hay una cuestión en especial que ha pasado quizás un tanto desapercibida. El hecho de que esta ley cimiente el oscurantismo religioso en la escuela pública, que suponga el concierto para centros donde se practican prácticas segregativas sexistas, la aparición de filtros clasistas y pruebas de nivel (un montón de “selectividades”) a lo largo del proceso educativo, la siempre presente cuestión de la lengua, entre otras muchas cuestiones que pasan a dar una vuelta de tuerca más en el proceso de mercantilización de la enseñanza, han hecho pasar desapercibido la cuestión del supuesto funcionamiento democrático de los centros educativos.

La LOMCE, elimina figuras como los Consejos Escolares (pasando a ser meramente consultivos), la elección de los Directores de los centros educativos pasa por un fuerte control de la Administración y se blinda a las figuras de las Juntas Directivas y profesorado como figuras de “autoridad pública”.

Obviando el hecho de que muchas de estas medidas ya eran aplicadas por muchas Comunidades Autónomas, como Madrid, no deja de resultar curioso, que a pesar de que como decimos, es una cuestión secundaria dadas las “maravillas” de esta nueva Ley, el espectro izquierdista minoritario (“alternativo” o “combativo”) ponga el grito en el cielo por esta pérdida de democracia interna en la enseñanza, aunque otras organizaciones de mayor tamaño, también hacen constar su contrariedad.

Es entonces cuando surge la cuestión que pretendemos abordar en este texto. ¿Ha existido alguna vez un control del proceso educativo por parte de estudiantes y el resto de la llamada “comunidad educativa”? ¿Es posible esto en un sistema de enseñanza, que de manera general, se apoya en el autoritarismo? ¿Debemos luchar, como libertarios, por una mayor “democracia” en los institutos y facultades? ¿Atacar la vía institucional adquiera la forma que adquiera? Estas cuestiones pretendemos analizar a continuación.

Una cuestión base

Cualquier análisis que hagamos debe partir de una premisa: la educación en un sistema autoritario, se rige en consecuencia, por el principio de autoridad. El sistema de enseñanza estatal o privado, reproduce las necesidades y funcionamientos del sistema que lo diseña y lo prepara de cara a adoctrinar en sus valores y a preparar a la nueva mano de obra según las necesidades (siempre cambiantes) de la clase dirigente.

De este modo, la enseñanza se fundamenta en principios autoritarios tales como el establecimiento de roles jerárquicos (estudiante-profesor, profesor-junta directiva…etc), horarios, obligatoriedad, un complejo sistema punitivo (así como el recurrente premio-castigo), competitividad, rejas, videovigilancia, policía y seguridad privada, enseñanza monológica y hasta el propio diseño de los centros de enseñanza y facultades con semejanzas a módulos carcelarios.

La Universidad además, tiene un complicado funcionamiento interno jerárquico basado en la meritocracia, el pelotismo y el seguimiento del discurso académico oficial que hace que para acceder a la docencia se tenga que aceptar inevitablemente reproducir esta serie de mecanismos propios de la servidumbre medieval.

La intención de este texto no es analizar con detenimiento todos estos procesos autoritarios, ni todos los intereses económicos e ideológicos que atraviesan la educación en todos sus grados, sino simplemente partir de la base de que el sistema de enseñanza, antes y después de la LOMCE, es un instrumento del sistema autoritario en el que se inserta como pieza clave.

Sin embargo creemos perjudicial caer en la simplificación de los análisis y afirmar “el sistema de enseñanza es autoritario” y ya está. Vemos necesario analizar los procesos de cambio en este sistema, como fiel reflejo de los cambios que la sociedad del Estado y el Capital están realzando a un nivel estructural para corregir sus imperfecciones y ponerlos en sintonía con las nuevas necesidades del mismo. Es necesario realizar un análisis pormenorizado de aquello que se pretende destruir: entender y comprender sus trasformaciones para saber a qué nos estamos enfrentando.

En los centros de secundaria y FP: Consejos escolares.

La Consejos Escolares en los centros educativos, tienen como fin, ser un órgano representativo de la comunidad educativa. Forman parte representantes de los estudiantes, de los profesores y de los padres y madres (o tutores legales). En el caso de los estudiantes, cada cierto tiempo, te dicen que tienes que votar a no se sabe muy bien quién (no se conoce a todos tus compañeros/as) que normalmente, son preseleccionados por la propia dirección del centro, te saltas una clase, votas y nunca más se supo. Aunque varía el funcionamiento según la dinámica del centro, en los Consejos Escolares solían tratarse cuestiones como aprobar las cuentas del Centro, cuestiones relacionadas con la “convivencia” (casos de acoso, mal comportamiento…) donde normalmente se aplicaba la lógica del castigo a través de las llamadas “comisiones de convivencia) y otra serie de propuestas o asuntos que atañen en principio a toda la Comunidad Educativa.

La ficción democrática adquiere (o adquiría) un nivel de bananerismo sin igual. Los representantes de los estudiantes eran elegidos muchas veces a dedo por las juntas directivas, no había ni siquiera un “periodo electoral” donde conocer las propuestas de los candidatos a representantes, los representantes de los estudiantes cuando no comulgaban con los otros miembros del Consejo Escolar, eran manipulados cuando no directamente ignorados por las otras representaciones del Consejo. Y el resto de los estudiantes… pues en mayoría de los casos no se volvía a enterar de nada hasta las próximas elecciones al Consejo Escolar. Dependía más bien de la actitud del representante, que si tenía algún mínimo de voluntad, convocaba a los delegados de las clases y consultaba algo de lo que se iba a tratar, a pesar de que finalmente bien por desinterés bien por estas cosas que le dan a uno cuando tiene capacidad de decidir por los demás, acaba haciendo lo que le da la real gana.

Eliminados los Consejos Escolares (como decimos, dejan de tener un poder efectivo, al pasar a ser meramente órganos de consulta) sectores de la izquierda, como CCOO y UGT, Asociaciones de Madres y Padres progresistas, el Sindicato de Estudiantes y otra serie de colectivos (incluso algunos libertarios) se han apuntado a las quejas a propósito de esta medida. Ahora bien… ¿Cómo anarquistas, cómo deberíamos posicionarnos?

En primer lugar hay que considerar los Consejos Escolares como órganos donde los estudiantes y el resto de la comunidad educativa delegan en representantes su potestad. Es decir, supone admitir y legitimar la propia incapacidad de los estudiantes y profesores de gestionar de forma colectiva y horizontal el proceso de aprendizaje y los asuntos de la vida cotidiana de los centros de estudios. El procedimiento es muy similar a futuras ocasiones donde tendremos que votar cada cierto tiempo y esperar que otros decidan por nosotros: en las elecciones municipales, las generales, sindicales…etc. Es el primer peldaño a la hora de entregar nuestra propia capacidad de gestionar nuestra propia vida a terceros, que en base al principio de autoridad, están más capacitados que nosotros para decidir sobre nosotros mismos. La ficción democrática, la podredumbre parlamentaria a nivel secundario.

Segundo. Es una vía institucional donde resolver los conflictos de forma injusta, tal y como ya hemos explicado anteriormente y de forma autoritaria. ¿Queremos participar y que se escuche nuestra voz en un sitio donde tenemos que pasar centenares de horas en nuestra vida? Pues rechacemos la vía institucional y opongamos nuestra fuerza a través de la asamblea, arma horizontal para luchar y para gestionar nuestros asuntos. Debemos incentivar que estudiantes y trabajadores, de forma colectiva e igualitaria, constituyan asambleas en los centros de estudio de cara a plantar cara a los ataques mercantilizadores y empezar a funcionar fuera del control estatal y de las burocracias sindicales (CCOO, UGT, el Sindicato de Estudiantes…). Y por supuesto, empezar a plantearse de forma seria y colectiva a quién sirve la educación a manos de las empresas y el Estado, a luchar por buscar nuevas formas de aprender, en solidaridad y libertad y, sobre todo, en lucha contra la sociedad del Estado y el Capital donde se inserta la enseñanza hoy en día. Tenemos que incidir en la necesidad de ruptura total con el actual sistema y realizar críticas demoledoras al actual sistema de enseñanza y sus formas de trasmitir los conocimientos acordes a las necesidades del Capital y el Estado. De forma paralela, hay que empezar desde ya a plantearse que las formas de lucha ciudadanistas dentro de los márgenes del sistema no suponen más que un teatrillo donde se representa un espectáculo, pero no una lucha. La lucha en las enseñanzas medias y secundarias tiene que romper de una vez con todas con la burocracia sindical y sus ejércitos de liberados, con los estudiantes unidos a la lucha pasando por encima de una vez al Sindicato de Estudiantes, que lleva amordazando los estudiantes no-universitarios desde hace décadas.

(El texto continúa en una segunda parte)

Orsini

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