Comunicándonos II

Desarrollando una estrategia comunicativa efectiva

Una estrategia comunicativa efectiva exige determinar de manera previa dos variables. Primero, el público objetivo. Segundo, los fines de la comunicación o, lo que es lo mismo, el tipo de relación que se quiere establecer con el público (o los públicos) seleccionados.

Respecto a los públicos, la edad, la condición social o la tendencia ideológica son variables que permiten distinguir distintos tipos. La estrategia comunicativa decidirá centrarse en uno o algunos de ellos.

Respecto a la relación a establecer con el público: informar, educar o provocar son fines distintos y determinan modelos de actuación que no siempre pueden o deben coexistir en una campaña comunicativa. Estos tipos de acciones comunicativas tienen sentido o no siempre en función del público al que se dirigen.

Para desarrollar una estrategia comunicativa efectiva es necesario tener en cuenta las siguientes cuestiones:

Presencia de la comunicación. Normalmente los movimientos sociales no parten de la necesidad de elaborar una estrategia comunicativa coherente, sino que directamente comunican cuando consideran que hace falta. De esta forma, entre las actuaciones comunicativas no hay un hilo conductor predefinido, sino que gana el día a día (lo urgente frente a lo importante). Es necesario reconocer la necesidad de la comunicación desde el primer momento, situando la comunicación como parte orgánica del trabajo del colectivo.

Comunicación planificada. Delimitar plazos concretos para cada paso de la campaña e indicadores para evaluar su influencia (cantidad de material repartido, apariciones en prensa, incremento de visitas en web…) Hacer un listado general (aproximado) de la gente con la que contamos para cada acción, evento, labor de la campaña…

Comunicación concreta. Buscar pocas ideas-fuerza importantes a transmitir. Análisis de 1. objetivos que se persiguen, 2. público al que nos dirigimos y 3. mensajes que se quieren difundir. Esencial especificar lo máximo posible estos objetivos para evitar sensación de “incumplimiento de metas”. En consecuencia, seleccionar metas alcanzables y que sea posible evaluar.

Comunicación enfocada. ¿Qué efecto queremos producir en el público? informar, divertir, provocar una actitud o una conducta específica, transmitir valores, enseñar… Conocer los públicos a los que podemos llegar es esencial para toda actuación comunicativa.

Algunas técnicas para la selección del público y la estrategia comunicativa

Dinámica de los círculos concéntricos de afinidad

Dos objetivos: Delimitar los públicos e intentar conocerlos y reflexionar sobre nuestro papel comunicativo.

Pasos

  1. Elaborar un gráfico con 6 o 7 círculos concéntricos. El círculo más interno representará nuestra asociación. Los círculos más cercanos a este (más internos) representarán los públicos más afines, mientras que los más externos representarán grupos sociales más alejados de nosotros, menos sensibilizados con los temas que tratamos.
  2. Durante unos 15 minutos y de manera individual, cada participante en la dinámica incluirá en los círculos los grupos que considere adecuados, valorando de manera personal la proximidad de cada público con nuestra asociación. Los grupos deben incluir tanto aquellos a los que ya llegamos como aquellos a los que nos gustaría llegar (estos pueden haberse consensuado previamente, pero no es necesario).
  3. Puesta en común. Se consensúa entre los participantes en la dinámica un gráfico con los distintos colectivos y su nivel de proximidad.
  4. Selección de públicos objetivos. Se decide a qué públicos queremos darles prioridad en nuestra labor comunicativa. Se clasifican los públicos en una lista de prioridad. Parece evidente que no necesariamente son los públicos más afines los más prioritarios, a veces nos puede interesar dirigirnos al público menos sensibilizado con las temáticas que tratamos o bien a un público en una posición intermedia.
  5. Se reparten los públicos objetivos entre las personas de la dinámica, con el fin de investigar más en profundidad a ese público y elaborar un propuesta estratégica para mejorar la comunicacación con ese grupo. Es importante asesorarse sobre los distintos canales de comunicación con cada grupo.
  6. Unos días después cada persona trae los resultados de su investigación, se debate y se elabora un manual que describe los distintos públicos y define estrategias comunicativas para llegar a cada uno de ellos. Este manual servirá de referencia para dirigir la labor comunicativa de las campañas de la asociación.

Estudio de los públicos: Recursos sociológicos

El estudio de los públicos puede realizarse utilizando material disponible de manera pública: Encuestas de opinión, investigaciones sociológicas, estudios de mercado sobre preferencias y gustos, etc. Hay que tener cierta experiencia para analizar toda esa información, pero el coste es bastante menor que tratar de realizarlos nosotros mismos. Algunas de estas fuentes:

  • Estudios del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Los barómetros del CIS permiten comparar históricamente la opinión de los encuestados y además de temas generales, incluyen temas específicos que pueden sernos de interés.

  • El INE, Instituto Nacional de Estadística nos ofrece mucha información sobre la población y sus hábitos. Cuenta con publicaciones periódicas y temáticas.

  • En el ámbito europeo, el Eurostat ofrece multitud de informes y estudios. También el portal de la Unión Europea permite acceder a esa información.

  • El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo realiza publicaciones anuales. Una de las más conocidas es el Informe Sobre Desarrollo Humano.

  • Informes del Observatorio de Sostenibilidad en España (OSE), sobre distintos aspectos de nuestro modelo de desarollo (uso de los recursos, del suelo, de las tecnologías, etcétera..). El OSE realiza informes anuales y otros informes temáticos.

Test del material comunicativo

El objetivo de esta técnica es probar el impacto real del material que elaboramos sobre el público al que lo dirigimos. Un test del material comunicativo entre un grupo de personas que representan los distintos públicos potenciales a los que queremos llegar puede ayudarnos a mejorar su diseño, el tono del lenguaje utilizado, etc. Tendremos que elaborar un cuestionario con los elementos que investigamos. Por ejemplo, si ponemos a un representande de nuestro público obejtivo ante un tríptico, podríamos elaborar un cuestionario como el siguiente:

  1. ¿Se entiende correctamente el tríptico?
  2. ¿Cuál es la idea más importante que destaca el texto? (pregunta para corroborar la correcta comprensión del texto)
  3. ¿Te ha gustado el diseño del tríptico? ¿Qué es lo que más te ha gustado? ¿Qué cambiarías?
  4. ¿La tipografía utilizada te parece adecuada? ¿Se lee bien el texto?

Integrar la comunicación

Por encima de todo, resulta necesario integrar la labor comunicativa en el trabajo diario del grupo. De acuerdo a las siguientes fases:

  1. Planificación: Estudio del público, la orientación de la campaña, análisis del material, establecimiento de objetivos y de indicadores para evaluación de la campaña
  2. Coordinación: Reparto eficaz de las tareas comunicativas, desde la elaboración del material al reparto del mismo.
  3. Realización: Llevar efectivamente a cabo las tareas repartidas.
  4. Evaluación: Análisis de los resultados en función de los indicadores establecidos previamente.

La completa anulación

Quiero vivir entre gente que es consciente de que vivimos en guerra. Una guerra contra la vida. Contra el espíritu. Quiero vivir entre gente que no se mire a las manos ni evite tu mirada cuando hables de lucha o insurrección porque, en el fondo, saben que han claudicado, y porque (tal vez, sólo tal vez) nunca han odiado realmente el sistema. Entre personas que no hayan sido compradas. Que no comieron las pastillas que les ofrecían porque preferían luchar con su sensación de angustia patologizada que vivir en la zona muerta. Que no fingen estar luchando cuando es obvio que lo que están haciendo es convertir un campo de batalla en un jardín. Quiero estar en un lugar en donde la guerra sea admisible.

Una vez escuché decir que ir a Palestina era un alivio porque, de repente, la realidad exterior iba a la par con su experiencia emocional cotidiana en los países occidentales: una situación de crisis. Y yo también siento esto. En disturbios, en grupos, en acciones. En donde vivo, el enemigo es tan grande que engloba todo, incluso a mí mismo. No hay esperanza más allá de esta realidad. Después de todo, éste es un lugar a donde la gente viene buscando asilo. Sigue siendo una tierra prometida en donde las calles están pavimentadas con oro. ¿Cómo se pelea contra eso? No hay ningún dentro o fuera del sistema. Y parece que no hay salida.

Estoy intentando entender la política de la violencia autoinfligida en países avanzados. Creo que la poca salud mental de una gran parte de los europeos y estadounidenses desmiente cualquier idea de que exista un buen sitio para estar en el capitalismo. Los problemas de salud mental son pandémicos. La depresión es una de las principales causas de muerte en Occidente.

Cientos de miles de personas se autolesionan cada año en España. El despotismo de los modelos biomédico, farmacológico y psicoterapéutico de salud mental continuará intentando persuadirnos de que el problema está dentro de nosotros, como individuos, como organismos desajustados que están fallando. Puedo estar de acuerdo con esto, en cuanto a que nuestras condiciones existenciales tienen un efecto devastador en nuestra salud física y mental: nutrición pobre, ambientes estresantes, relaciones inestables, polución (aire, luz, material y ruido), agresiones generalizadas, soledad, trabajo y tecnología omnipresente; todo esto dificulta, a mi parecer, extraordinariamente, nuestra capacidad para crear y mantener una buena salud, un buen cerebro, unas buenas relaciones sociales y un buen humor. Pero, por otra parte, creo que nuestra salud mental, o la falta de ella, es sobre todo una respuesta normal a unas circunstancias anormales y constituye, de alguna manera, la línea de frente, las trincheras, en la guerra contra la humanidad llevada a cabo por el Estado-nación y la masacre económica.

Se piensa que las autolesiones son la segunda causa de ingreso en las salas de emergencia del Reino Unido (la primera son los «accidentes»). La definición de autolesión intencionada (Deliberate Self-Harm, o DSH) se refiere a comportamientos de violencia autoinfligida como cortes, ingestión de sustancias tóxicas (incluidas las sobredosis de droga), quemaduras, cabezazos contra las paredes, tirones de pelo e intentos de suicidio. Otros comportamientos arriesgados más aceptados socialmente y más extendidos como el abuso del alcohol, el tabaco, los desórdenes alimenticios y el sexo sin protección también se consideran autolesiones, aunque no se incluyen en las estadísticas de autolesión.

Las estadísticas de autolesiones son problemáticas. La violencia autoinfligida se suele llevar a cabo en secreto, y muchos casos nunca llegan a los hospitales de urgencias. Sin embargo, un estudio gubernamental publicado en 2001 indica que aproximadamente 215.000 adultos en el Reino Unido podrían haberse autolesionado en un periodo de doce meses, y que más de 24.000 adolescentes ingresan cada año en los hospitales por herirse a sí mismos/as. Una vez más, estas cifras no incluyen la violencia doméstica, el abuso de sustancias tóxicas, el suicidio, los desórdenes alimenticios ni otros comportamientos autodestructivos. En su ensayo «La política de la tortura: Dispersando los mitos y entendiendo a los supervivientes«, Joan Simalchick escribe que «…el uso sistemático y generalizado de la tortura hoy en día no tiene precedentes… Amnistía Internacional describe la tortura como la epidemia del siglo XX.» En Occidente parece que hay una epidemia sin precedentes de autolesiones que ofrece, con sólo mirarla someramente, el inquietante panorama de una cultura caracterizada por la violencia sistemática y generalizada, pero, en este caso, autoinfligida.

La violencia autoinfligida es un tema complicado y mucha gente no lo entiende (incluso los/as que la llevan a cabo). También hay gente que manifestará públicamente no entender estos actos mientras en privado se autohiere, o se dedica a otras formas de autoabuso socialmente más aceptadas, algunas de las cuales han sido históricamente instituidas por los gobiernos y la industria con el objetivo concreto de establecer un control social y beneficiarse de él, las más conocidas son el alcohol, las drogas (las recreativas y las recetadas) y el tabaco.

La autolesión se suele explicar como una necesidad de control, comunicación y castigo. De la misma manera, la tortura trata de controlar al individuo, forzarlo a comunicar y castigar a la víctima y su comunidad. La violencia autoinfligida ha sido descrita como «una respuesta normal a circunstancias anormales.» Es un indicador de que no todo está bien en el mundo interno de alguien. Y el hecho de que sea un problema tan grande dentro de nuestra sociedad (junto con los problemas de salud mental en general) muestra que no todo está bien en nuestro mundo colectivo. Los animales en cautividad se autolesionan, y los seres humanos, sobre todo en Occidente, son cada vez más propensos a ello. Estoy pensando que, de seguir así, dentro de poco casi no existirá la necesidad de «desaparecer» personas, torturarlas, someter directamente a la población a aquellos que la controlan. Hemos sido entrenados/as para hacerlo nosotros/as mismos/as.

El sistema en el que vivimos ha estado desarrollando y perfeccionando sus técnicas de control social durante cientos de años: masacres, persecución religiosa, colonización, patrullas de reclutamiento forzoso, ahorcamientos masivos, esclavitud y servidumbre, cercamientos de tierras y destrucción de propiedades colectivas, deportaciones, el manicomio, la fábrica, la cárcel o el aula de escuela. Se esta construyendo una inmensa base de datos que constituirá los cimientos de un proyecto de tarjeta de identificación que proporcionará acceso a toda tu historia personal (perfil familiar, expediente escolar, historial de salud física y mental, muestra de ADN, escáner de retina y huellas digitales), a los cuales podrá acceder cualquier autoridad que consulte tu tarjeta de identidad, y que contendrá también un perfil de tus actividades

Occidente está fundado en la violencia, el exterminio y la tortura: hacia la tierra, hacia otras especies, hacia individuos y comunidades. Y antes de que los imperios salieran a conquistar el mundo, tenían que conquistar a la gente dentro de sus propias fronteras. El sistema en el que vivimos se basa en el genocidio y en el cercamiento. Algunos de estos sucesos ocurrieron hace tanto tiempo que no los recordamos. Pero estamos rodeados de las consecuencias. Y aquí, el gobierno, los educadores, las instituciones y los que sacan provecho han aprendido lecciones valiosas de la historia y han conseguido un perfeccionamiento de control social que hace de la resistencia un acto complicado: porque los perpetradores de violencia ya no son tan obvios, ya no es directamente el Estado sino nosotros/as contra nosotros/as mismos/as.

Una breve comparación entre las técnicas de autolesión y las técnicas oficiales de la tortura da qué pensar. Analizar las razones y las funciones sociopolíticas de la tortura, sus definiciones y técnicas y las consecuencias para la víctima y las comunidades involucradas, es, a mi modo de ver, un camino útil y revelador para entender la violencia autoinfligida en las economías capitalistas.

La función sociopolítica de la tortura es romper el poder del individuo. Es una forma de desarticular la voluntad psicológica de la víctima y de crear una cultura del miedo, no sólo en el individuo torturado, sino también en la comunidad de la que se podría extraer la próxima víctima. El torturador pocas veces quiere matar. Es un medio para el control social y las víctimas de la tortura son su herramienta.

Aquí no hay agentes secretos que decidan si puedes acceder a uno u otro trabajo, casa o escuela. Sólo hay una ingeniería social. No hay agentes secretos que nos comprometan confundiendo los hechos o engendrando comportamientos depresivos en personas-objetivo. No hay agentes secretos: sólo hay un sistema intangible pero eficazmente opresivo en donde el carcelero es todo aquello que deseas (y que se nos dice que es lo que la gente de todo el mundo desea), todo lo que piensas, todo lo que te rodea. Hay una confusión masiva perpetrada por los medios de comunicación y hay una cultura del miedo creada por el gobierno y su guerra contra el terrorismo, contra los jóvenes, los sin techo y los inmigrantes, además de por los métodos tradicionales para crear miedo a través de la imposición de normas culturales como el trabajo y la familia nuclear. Allí está la pobre salud mental de millones de seres humanos. No hay agentes secretos, pero el resultado es el mismo. No hay personas-objetivo, sólo una sociedad de individuos desvinculados de forma generalizada, alienados los unos de los otros y de sí mismos, fuera de control y apáticos.

La sociedad contemporánea predica el ideal de la igualdad no individualizada, porque necesita de átomos humanos, todos idénticos, para hacerlos funcionar en masa; todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización de las personas.

Aquí, en Occidente, los ciudadanos no son torturados de manera rutinaria. Hay ejemplos de violencia evidente hacia individuos, perpetrada por el Estado y sus instituciones (en particular, dentro del sistema policial, del sistema de prisiones y del sistema de salud mental), pero nada de esto sería enmarcado en un contexto de tortura. La mayoría de la violencia en Occidente parece ocurrir entre ciudadanos o contra sí mismos.

La tortura se refiere a la amenaza. Amenaza a nuestra integridad: como una mente, un cuerpo, un alma, como una comunidad. La tortura se refiere a la creación de una cultura del miedo, círculos de silencio y obediencia absoluta a algo o alguien que no eres tú. Pero, ¿es posible que la sociedad capitalista en la cual vivimos no sea más que una vasta cámara de tortura sin lugar fijo que utiliza técnicas psicológicas muy avanzadas, tan astutas que llegamos a confundir un estado de tortura con un estado de privilegio?

Soportamos sobredosis de información (una especie de ruido blanco) totalmente banal, anestésica y paranoica. La capacidad de concentración ha disminuido y la interacción humana está cada vez más mediada por la tecnología. En lugar de nuestras vidas «reales» tenemos «realities». Nuestras conversaciones, así como nuestros espacios privados, son interrumpidos constantemente por llamadas al móvil, nuestras amistades se mantienen a través de los mensajes de texto y los e-mails.

Vivimos en una cultura del miedo al otro/a. Estamos enchufados/as a los ordenadores y la televisión. La educación -como siempre- se basa en enseñarnos a no cuestionar, a pasar exámenes, a aprender sólo lo que el gobierno quiere que aprendamos, a rompernos para que seamos un engranaje más de la máquina.

Estamos sujetos/as a una vigilancia constante, aumenta el número de policías, agentes cívicos, seguratas, cámaras, furgonetas con vídeo, equipos de seguimiento de audio en los McDonald’s y las estaciones de tren, pulseras de seguimiento electrónico, móviles con cámaras y rastreo de llamadas y de correo electrónico.

Tenemos drogas para hacernos felices -legales e ilegales-, para hacernos olvidar que estamos estresados/as y ansiosos/as, para hacernos sentir cercanos/as a otras personas o simplemente para no sentir nada en absoluto, para mantener la economía funcionando, para levantarnos por la mañana y dormirnos por la noche. Tenemos terapias que nos ayudan a adaptarnos a un sistema que nuestros cuerpos y mentes rechazan. Si las drogas y las terapias no ayudan, tenemos drogas más fuertes, hospitales psiquiátricos y otras prisiones. El diccionario de «enfermedades mentales» está en crecimiento, la mayoría de ellas podrían describirse simplemente: la civilización y el rechazo a la civilización.

La muerte, la enfermedad o las lesiones resultantes de abusos de sustancias, incluyendo el tabaco y el alcohol, la actividad sexual, los accidentes de transporte, la obesidad, la contaminación, el estrés, el suicidio y las autolesiones son epidémicas. La gente sí que teme por sus vidas. Pregunta a las miles de personas que cada año terminan en salas de urgencias porque se hicieron daño ellas mismas, o bebieron mucho, o no podían garantizar que no se matarían antes de que acabara la noche.

La forma en que vivimos es de cautividad. Es interesante que muchos de los problemas de salud mental que padecen hombres y mujeres urbanos/as tienen un paralelismo con el comportamiento de los animales en cautividad: reacciones de escape, desórdenes alimenticios, automutilación, comportamiento sexual anormal, etc. Los animales en cautividad, como los humanos modernos, tienen una vida relativamente cómoda: se les alimenta, limpia, están a salvo del salvajismo, tienen acceso a relaciones sexuales, un poco de espacio y algo de estímulo. Como en nuestra «buena vida». Y aún así, no parece que la soporten. Nosotros/as tampoco.

Algunos aspectos de la civilización son claramente una tortura como la que se define en los manuales. Algunas definiciones de tortura mental incluyen: «detención en completa oscuridad, exposición a luces brillantes, exposición a ruidos constantes o privación del sueño. Condiciones precarias que incluyen la falta de comida, cuidado médico y comunicación.» Aplicar estas definiciones a la forma en que vivimos es bastante fácil: secuencias violentas en los telediarios, películas y juegos, alienación, policía por doquier, desinformación, exposición a luces constantes y ruidos y condiciones pobres (o cuanto menos, casi endémicamente estresantes)

Y el resultado:

«… la siguiente constelación de síntomas se encuentra con frecuencia asociada a un estresor interpersonal (por ejemplo, abuso físico o sexual a niños, palizas domésticas, ser tomado como rehén, encarcelamiento,… tortura): modulación afectiva disminuida, comportamiento autodestructivo e impulsivo, síntomas disociativos, dolencias somáticas, sentimientos de inutilidad, vergüenza, desesperación, desesperanza; sentirse permanentemente herido; pérdida de creencias anteriores, hostilidad, retraimiento social, sentirse constantemente amenazado, relaciones interpersonales deterioradas o cambio de las características de personalidad anteriores.»[1]

¿Qué hace la gente en cautividad, en las salas de tortura? Alguna gente mantiene la mirada sobre el suelo hasta que la terrible experiencia acaba. Pero si la situación continúa de manera indefinida -si es todo lo que conoces-, entonces la mente buscará su propia salida. «Marx predijo, erróneamente, que una profundización de la miseria material llevaría a la revuelta y a la caída del capital. ¿No será, más bien, que el incremento del malestar psíquico está llevando, por sí mismo, al reinicio de la revuelta, y que, de hecho, esta puede ser la última esperanza de la resistencia?»[2]

La civilización y todo lo que la define son, en esencia, los manuales de tortura psicológica aplicados a escala masiva. El comportamiento de autoabuso de muchas personas en Occidente tiene dos implicaciones: es al mismo tiempo un intento de sobrevivir en el sistema exteriorizando todo aquello que se nos ha enseñado a interiorizar, y, simultáneamente, una compulsión de llevar a cabo el proyecto del Estado -aquello del control social y el necesario desplazamiento de la ira y la desesperación desde su objetivo genuino pero nebuloso (el sistema compuesto por el Estado, la industria, las finanzas y el comercio), hacia el único objetivo accesible, el individuo aislado en una cultura en que la insurrección y la insumisión masiva son cada vez menos pensables-.

De alguna manera, la incapacidad de tantas personas de mantener un nivel aceptable de salud mental en los países capitalistas desarrollados es alentadora. Revela la lucha de un organismo vital contra las instituciones opresivas y aniquiladoras del Estado y el orden económico mundial: estar bien adaptado en una sociedad profundamente enferma no es ningún indicador de salud. Es el rechazo a una forma de vida intolerable. Es la incapacidad de ajustarse a aquello que es dañino y antinatural.

Dondequiera que estés, debes de saber que hay una guerra sin cuartel entre los imperativos capitalistas y la pasión por la vida de la gente sometida a él. La autolesión se entiende, por lo general, como una estrategia de aguante, al fin y al cabo, se trata de mantenerse vivo/a ante circunstancias intolerables. Sería un error, claro está, sugerir que la autolesión es lo mismo que la resistencia, aunque los problemas de salud mental tienen un gran coste para la economía. Es una reacción, una respuesta y un rechazo. Es el grito. Pero hasta que no sea politizado, seguirá siendo sólo un ataque del individuo contra el individuo.

Si la lucha de aquellos/as que sufren de problemas mentales o emocionales no estuviera tan contenida, desplazada y estigmatizada hasta por aquellos/as que se consideran «radicales», quién sabe qué tipo de sociedad forjaría esa pasión por la vida desencaminada, esa inteligencia, ese rechazo. Mientras situemos al enemigo dentro de nosotros/as, alentados/as por un sistema entero, desde la educación hasta los modelos bio-médicos de la enfermedad mental, y mientras sigamos viendo estos comportamientos como enfermedades de las cuales hay una esperanza de cura basada únicamente en cambiar el mundo interno del enfermo -en vez de en derrocar el sistema-, nunca lo sabremos. Las sociedades capitalistas-imperialistas avanzadas han sido tan eficaces, tan brillantes controlando y definiendo cada aspecto de la vida y la psicología humanas (un préstamo de la historia fascista y totalitaria) que ya poca gente es capaz de ver esta situación; es omnipresente.

Creo que la mayoría de gente que sufre un «problema de salud mental común», incluyendo mucha que se autolesiona (y esto incluye cualquier comportamiento que no sea saludable para la mente o el cuerpo), simplemente está revelando el estrés psicológico en masa causado por una exposición prolongada a las condiciones de vida bajo un sistema capitalista avanzado del cual no se puede escapar, una dictadura elegida, una cultura del miedo deliberada, un ambiente altamente contaminado y alienado, y un sistema omnipresente de vigilancia altamente desarrollado.

No hay ningún lugar seguro donde estar bien en el sistema capitalista global; sólo hay diferentes cámaras de tortura, con las herramientas adecuadas al objetivo y la etapa de la batalla.

Hay una historia de Augusto Boal, un dramaturgo brasileño radical pionero del Teatro del Oprimido, que al encontrarse en el exilio europeo durante los años setenta comentaba que no podía entender por qué la gente era tan infeliz si no sufría una opresión política. Sin embargo, después de un tiempo, llegó a la conclusión de que, aunque algunos estados europeos no eran tan abiertamente opresivos, esto era porque la gente había llegado a interiorizar la opresión y, a veces, ni siquiera veía a la autoridad como el enemigo: a esto lo llamó «el policía interno».

Radix

Notas:

[1] DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, de la Asociación Americana de Psiquiatras, 1994.

[2] John Zerzan, «Miseria psicológica de las masas«

Algunas aclaraciones sobre el anarquismo insurreccionalista

Muchas veces tendemos a perdernos en el mar de etiquetas que se ponen a la palabra ‘anarquismo’, sin preguntarnos tan siquiera si aquellas son realmente verdaderas, útiles, o beneficiosas. Una de las etiquetas que más llaman la atención es aquella de ‘insurreccionalista’, ya sea por la propia palabra en sí, por las personas que estereotípicamente son asociadas a ella, o por las acciones que son calificadas como ‘insurreccionarias.’ No obstante, las etiquetas, en muchas ocasiones, llevan a confusiones y rupturas entre personas que realmente son ideológicamente más cercanas de lo que pensarían. Las etiquetas se vuelven así una forma sencilla de ignorar los pensamientos de otras personas, pues nos facilitan encasillar y juzgar a les demás. Es por ello que pretendo con este texto aclarar, de forma muy somera, eso que tenemos por llamar ‘anarquismo insurreccionalista’ (AI). Además, al final de este texto encontraréis una lista de lecturas insurreccionalistas para profundizar en el tema, os animo a leerlas con atención y sin prejuicios.

En líneas generales, el AI se diferencia de otras posturas en términos de organización y acción, y no tanto en términos teóricos o filosóficos. La crítica a la organización formal y permanente, junto a la defensa de la acción directa (incluyendo la que cae en la ilegalidad de los distintos sistemas jurídicos que el capitalismo crea), serían los dos elementos más característicos del AI. Así pues, el AI aboga por la organización informal de afinidad frente al sindicato; el AI defiende el ataque directo (y violento cuando sea necesario) contra el capital, el Estado, la autoridad, y todos los símbolos de estos elementos.

Para el AI cualquier momento es bueno para comenzar la revolución social. En tanto que vivamos en una sociedad autoritaria, explotadora, y alienante (como lo es la sociedad capitalista), existirán razones suficientes para empezar a movernos en busca de nuestra libertad. Las crisis pueden acelerar los procesos revolucionarios, pero las razones ya existen a día de hoy, haya crisis o no. ¿Por qué esperar para actuar? ¿Es que no hablamos en serio cuando decimos que necesitamos construir una sociedad mejor?

Lo anterior nos lleva a la continua búsqueda de la sociedad anarquista. Dado que nosotres, les explotades, somos las contradicciones vivientes del capitalismo, la lucha ha de ser diaria y en todos los aspectos de nuestras vidas. El AI promueve la constante crítica de la realidad en la que vivimos, lo que incluye superar todo aquello que es considerado como ‘bueno’ y como ‘malo.’ El anquilosamiento mental que produce la tradición y la inmovilidad es lo que el AI quiere dejar atrás. Haz las cosas por ti misme, con quienes quieras, cómo quieras, y cuándo quieras. La revolución social no necesita de jueces que juzguen la moralidad de tus acciones ni el momento adecuado para empezar a buscar tu libertad.

Insurreccionalismo2

La distinción entre ‘anarquismo individualista’ y ‘anarquismo social’ es vacía y carente de utilidad. Las personas individuales no existen sin la comunidad, ni ésta sin aquéllas (por lo que el individualismo y el comunismo pasan a ser dos caras inseparables de la misma moneda, no hay contradicción entre ellas como a menudo se dice). La revolución social nace de los deseos libertarios de personas individuales que buscan romper con la realidad material y simbólica que les oprime cada día. Mientras que la libertad viene dada por una realidad en la que el acceso a los recursos y oportunidades/potencialidades de nuestras existencias son verdaderamente iguales para todes. Lo individual y lo comunitario no son contradictorios, sino que son interdependientes.

La revolución social no llegará jamás por medio de la organización formal permanente ni por ‘revolucionaries profesionales.’ El AI sostiene que las organizaciones permanentes terminan anquilosándose en su praxis, es decir, que la propia organización en sí acaba por convertirse en la razón de ser de la organización (o en otras palabras, «organizarse» se convierte en la meta final). Esto deriva en inmovilidad e inoperancia al deificarse la propia estructura del sindicato, la federación, o el partido. En muchas ocasiones la acción viene una vez que la organización se ha creado, es decir, primero se crea la organización permanente y luego se busca una causa por lo que pelear. El AI defiende que la organización ha de ser un medio en todo momento, nunca una meta final, y como medio, es susceptible de cambio y extinción.

Frente a la organización formal permanente, el AI propone la organización informal de afinidad. Los grupos de afinidad son por naturaleza flexibles, cercanos, y orientados exclusivamente a la acción. La asociación de individualidades con experiencias de explotación similares facilita la creación de marcos de acción que van desde la defensa de unos intereses (una plaza en un barrio popular) hasta al ataque directo (expropiación de un banco). El grupo informal de afinidad, al estar basado en lazos humanos de carácter íntimo, proporciona mayor seguridad a las personas que lo componen. La solidaridad y la confianza dentro de este tipo de grupos potencia el apoyo mutuo que permite llevar la lucha a niveles de mayor compromiso. De esta manera, para el AI el grupo es un «caldo de cultivo» que potencia el desarrollo individual, el cual es únicamente posible mediante la cooperación con otras personas. Cuando el grupo deja de ser un catalizador para la acción o para el desarrollo crítico de la individualidad, desaparece (sus componentes se disuelven y forman otros grupos). Mejor cambiar de gente y seguir avanzando la lucha, que anquilosarse en estructuras formales que idolatran la falsa «armonía» de las relaciones humanas.

Por otro lado, el AI no solamente trata de quemar coches patrulla, lanzar cócteles molotov, o expropiar bancos.  El AI no pretende idolatrar al ilegalismo ni convertir a les insurreccionaries en héroes o mártires. El ilegalismo es un medio más que ha de ser empleado según el contexto y según la valoración de cada grupo de afinidad (o individuo). Es por ello que el AI no defiende estar en la ilegalidad continuamente, pues todes nos vemos forzades a ser cómplices del capitalismo en algún punto de nuestras vidas. No obstante, el AI tiene presente que la ilegalidad y el ataque a los mecanismos del poder son dos medios siempre al alcance de nuestras manos.

Insurreccionalismo3

Tal vez la consigna más famosa del AI sea «ataca al Estado, ataca al capital, ataca a la autoridad, ¡no van a desaparecer por sí solos!» El AI se opone enérgicamente a las posturas (ya sean anarquistas, comunistas, etcétera) que abogan por «esperar», por «madurar la consciencia social», por «crear mayores movimientos de masas.» El AI no cree en la revolución social como una revolución de masas caída del cielo. La revolución social, para el AI, llegará por medio de insurrecciones diarias in crescendo. La idea de que la revolución social llegará una vez que una amplia mayoría de la población esté dispuesta a cambiar la sociedad es, desde el AI, simplemente irreal. ¿Cómo se empieza una revolución si no se tiene experiencia en la acción? Así pues, el AI entiende la insurrección diaria como la mejor propaganda: no solamente se adquieren experiencias que nos enseñan a ver nuestros errores, sino que adquirimos habilidades y destrezas que no se pueden adquirir de otra manera. Además, la insurrección muestra a la gente que se puede atacar al Estado, que éste no es intocable. Si un puñado de grupos pueden expropiar un banco, ¿qué podría hacer toda una población? En definitiva: el AI sostiene que se aprende actuando y que la acción es la única manera de perseguir nuestras metas. No esperes a que «las masas se levanten», porque si nunca se han levantado no sabrán qué hacer. Actúa. Aprende. Comparte. No te quedes parade.

Finalmente, de lo anterior se deriva que las insurrecciones son simplemente modestos intentos para llegar a la revolución social. Para el AI la revolución social es una meta constante. Sin embargo, no deifica la revolución ni la considera una utopía lejana. Para el AI la revolución social es algo concreto, y es por ello que podemos avanzar hacia ésta en todo momento. La insurrección diaria es la materialización de esta consciencia, por modesta y pequeña que sea. Sabotajes, pequeñas expropiaciones, difusión de zines, arte callejero… la insurrección está en todas partes y puede manifestarse de muchas maneras, pues la insurrección es la ruptura con la normalidad que nos ahoga. Solamente si rompemos con la alienante normalidad de nuestras vidas cotidianas podremos llegar a la revolución social. La importancia de las insurrecciones radica en su naturaleza «vírica.» Al ser acciones pequeñas, éstas son fácilmente replicables, y la replicación conlleva aprendizaje y mejora.

La revolución no es ninguna utopía-fetiche: es una necesidad vital.  ¡Esperar es morir!

Lecturas

El Placer Armado – Alfredo M. Bonanno

Anarquismo, Insurrecciones, e Insurreccionalismo – Andrew Flood

Propuesta para Entender la Organización de una Manera Distinta – Insurrection

Desarrollar Relaciones de Afinidad – Willful Disobedience

Actions Speak Louder than Words – Derrick Jensen [Inglés]

Some Notes on Insurrectionary Anarquism – Killing King Abacus, no. 2 [Inglés]

Crónica de «Rodea el Congreso 14D»

He de decir que tenía esperanzas en esta manifestación tras ver todo el revuelo que causó la cifra de 1500 antidisturbios en algunas redes sociales pero ahora mismo, a las 22:31 puedo decir que estoy decepcionada de cómo se están haciendo las cosas. Déjenme explicarme. Llegué a Neptuno dos horas antes, para ir viendo cómo se desarrollaban los hechos. Al ir bajando las calles me encuentro antidisturbios por todas partes, los cuales iban cerrando todas las calles que pudieran dirigir a Neptuno. Minutos antes de las siete había más prensa que personas manifestándose, cosa que en mi pequeña experiencia nunca lo había visto. Los minutos pasan y poco a poco la gente va llegando de todas partes, especialmente de Atocha donde la gente estaba siendo intimidada por las fuerzan del orden.

El clima que se respira no es nada activo, la gente está tranquila charlando los unos con los otros como si estuvieran en un bar de tapas. Nada pasa. Al tiempo aparece la gran “diva” de los movimientos sociales, sí lectores, Jill Love hace acto de presencia, mostrando de nuevo su busto desnudo repleto de pintadas y siendo el centro de atención por unos minutos de todos los objetivos que allí estábamos.

La gente pita, se calma, pita, se vuelve a calmar, parece que hay un amago de ataque pero nada, no hay nada. Me dirijo a la parte de atrás y veo algo comienza moverse ¡Al fin! La gente comienza a tomar las calles, con paso decidido nos vamos todos a Cibeles, adoptando poco a poco a aquellas personas que perplejas nos miraban. Es aquí cuando comienzan algunos enfrentamientos pero no es hasta que llegamos a Sol donde la masa se une con toda la gente que allí se encuentra, y allí, queridos lectores, la policía comienza a atacar causando que muchos cojan el metro para huir. La gente corre hasta llegar a Jacinto Benavente, lugar donde como en otras ocasiones comienzan a parar el tráfico, metiéndose entre los coches hasta que las lecheras nos cortan el paso, damos marcha atrás y en una de las calles un coche de policía se queda atascado, algunos van a por él, lo zarandean, saltan en su capó… La gente continúa corriendo hasta que llegamos a la plaza de Santa Ana. En este lugar la manifestación acaba, sí, así, en el momento más álgido los responsables del 25S (plataforma que convocaba esta manifestación) dan por finalizado el evento, contentos por el resultado y dando gracias a los asistentes. Las caras de todos nosotros eran un poema ¿En serio? ¿Ya se acabado? Como si fuera una discoteca donde se encienden las luces para echar a la gente, todas las personas van abandonando la plaza entre comentarios como “Bueno, ¿ahora nos vamos a tomar algo?” Indignada y cabreada de este final me quedo un poco en la plaza, donde el único movimiento que veo es de unos críos encapuchados que tiran contenedores y latas a la policía.

¿Qué está pasando en este país? ¿Cómo es posible tal cantidad de antidisturbios para un evento tan tranquilo? ¿Cómo la gente puede ir a una manifestación como si fuera el nuevo punto para tomar unas tapas? ¿Cómo puede la gente despreciar a quienes intentamos proteger los pocos derechos que nos quedan? Lo repito ¿Qué está pasando en este país?

Teresa Suárez

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Diez años de cárcel para el hacktivista y anarquista Jeremy Hammond

Con el fin de desenmascarar a gobiernos y empresas, distintas personas han colaborado para hacer públicos millones de documentos que pueden servir para estudiar el comportamiento de entidades estratégicas, como han sido los casos de Chelsea Manning (WikiLeaks) o Edward Snowden (NSA). En el caso de Hammond, uno de sus objetivos fue la agencia privada de inteligencia Stratfor, de la cual logró extraer millones de correos electrónicos que fueron publicados por WikiLeaks y delataron de forma inapelable la relación existente entre empresas privadas y agencias de inteligencia estadounidenses. Hammond, joven estadounidense de 28 años, fue detenido en abril de 2012 y su sentencia fue dada el 15 de noviembre de 2013: diez años de cárcel (máximo posible), para un caso donde se apeló desobediencia civil y la jueza enfrentó acusaciones de «conflictos de interés».

Como parte de «Anonymous» (una denominación que adoptan personas ligadas a ataques en Internet a objetivos principalmente estatales, partidos políticos o empresas privadas), Jeremy Hammond en coordinación con Hector «Sabu» Monsegur [1] y otros, lograron romper la seguridad de la agencia Stratfor y filtrar información que (en conjunto con otra) ha estado en los medios de comunicación masiva, desinformando respecto al contenido de las filtraciones que ha sido sensible para varios gobiernos [2], prácticas de las agencias de espionaje estadounidenses, espionaje masivo entre gobiernos, etc.

Hammond probablemente no pudo haber tenido éxito de no haber contado con la ayuda de Sabu. Desgraciadamente, esta persona se identificaba como Anonymous y ejecutaba acciones en pro de desclasificar información, pero posteriormente fue tomada detenida y se convirtió en informante del FBI. Luego, durante varios meses colaboró en incentivar filtraciones, otorgando información técnica muy sensible que hacía posibles los ataques por otras personas. La colaboración de Sabu con el FBI permitió posteriormente el arresto en cadena de varios hacktivistas. [3]

El día de la sentencia, Hammond tuvo la oportunidad de expresar unas palabras en torno a su caso y posible condena, de la cual traduje algunos párrafos y se reproducirán a continuación (para ver la declaración completa, puedes revisarla en Sparrow Media [en inglés]):

«… Los actos de desobediencia civil y acción directa por los cuales estoy siendo sentenciado hoy están en línea con los principios de comunidad e igualdad que han guiado mi vida. Hackeé docenas de empresas de gran renombre e instituciones gubernamentales, entendiendo muy claramente que lo que estaba haciendo estaba contra la ley, y que mis acciones podrían llevarme de vuelta a la prisión federal. Pero sentí que tenía una obligación de usar mis habilidades para exponer y confrontar la injusticia ─ y traer la verdad a la luz.

¿Podría haber logrado los mismos objetivos a través de medios legales? He tratado todo, desde peticiones mediante voto a protestas pacíficas y he llegado a la conclusión de que quienes están en el poder no quieren que la verdad sea expuesta. Cuando le hablamos con la verdad al poder somos ignorados en el mejor de los casos y brutalmente reprimidos en el peor de ellos. Estamos confrontando una estructura de poder que no respeta su propio sistema de cheques y balances contables, ni hablar de derechos de sus propios ciudadanos o de la comunidad internacional.

Mi introducción a la política fue cuando George W. Bush robó la elección presidencial en el año 2000, luego tomó ventaja de los aires de racismo y patriotismo después del 9/11 para lanzar sin provocación alguna guerras imperialistas contra Irak y Afganistán. Fui a las calles a protestar creyendo inocentemente que nuestras palabras serían escuchadas en Washington y podríamos detener la guerra. En vez de esto, fuimos etiquetados como traidores, golpeados y arrestados.

He sido arrestado por numerosos actos de desobediencia civil en las calles de Chicago, pero no fue hasta el 2005 que usé mis habilidades informáticas para romper la ley en protestas políticas. Fui arrestado por el FBI por hackear los sistemas computacionales de un grupo de derecha pro-guerra llamado «Protest Warrior», una organización que vendía camisetas racistas en su sitio web y molestaba a grupos anti-guerra. Tuve cargos bajo la ley de fraude computacional y abuso, donde la «pérdida supuesta» en mi caso fue arbitrariamente calculada multiplicando las cinco mil tarjetas de crédito en las bases de datos de Protest Warrior por 500 dólares, obteniendo un total de 2,5 millones de dólares. Mi sentencia fue calculada en base a esta «pérdida», aunque ninguna tarjeta de crédito fue usada o distribuida por mí o por alguien más. Fui sentenciado a dos años de cárcel.

Mientras estuve en ella, vi por mí mismo la cruda realidad de cómo el sistema de justicia criminal destruye las vidas de millones de personas mantenidas capturadas detrás de barras. La experiencia fortaleció mi oposición a las formas represivas de poder y la importancia de perseverar en lo que tú crees.

Cuando fui liberado, estaba entusiasmado de continuar mi involucración en luchas por cambios sociales. No quería regresar a la cárcel, así que me enfoqué en organización comunitaria pública. Pero mientras transcurría el tiempo, me frustré con las limitaciones de las protestas pacíficas, viéndolas como reformistas e inefectivas. La administración de Obama continuó las guerras en Irak y Afganistán, potenció el uso de drones y no consiguió cerrar la base de Guantánamo.

Durante ese tiempo, estuve siguiendo el trabajo de grupos como WikiLeaks y Anonymous. Fue muy inspirador ver las ideas de hacktivismo dando frutos. Me incentivaron particularmente las acciones heroicas de Chelsea Manning, quien ha expuesto las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas estadounidenses en Irak y Afganistán. Ella tomó un enorme riesgo personal en filtrar esta información ─ creyendo que el público tiene derecho a saber y esperando que sus revelaciones serían un paso positivo hacia el final de los abusos. […]

Adherí a Anonymous porque creo en la acción directa, autónoma y descentralizada. Para ese tiempo, Anonymous ya estuvo involucrado en operaciones de apoyo a la Primavera Árabe, contra la censura y en defensa de WikiLeaks. Tenía mucho que contribuir, incluyendo habilidades técnicas y cómo articular mejor las ideas y los objetivos. […]

Estuve especialmente interesado en el trabajo de los hackers de LulzSec, quienes rompieron la seguridad de objetivos significativos, volviéndose crecientemente políticos. Luego empecé a conversar con Sabu, quien estaba muy abierto sobre los hacks que supuestamente había cometido e incentivaba a hackers a unirse y atacar gobiernos y sistemas corporativos bajo el lema de «Anti Seguridad». Pero muy temprano en mi participación, otros hackers de LulzSec fueron detenidos, dejándome romper sistemas y escribir comunicados de prensa. Luego, supe que Sabu había sido el primero en ser detenido, y que todo el tiempo que estuve hablando con él era un informante del FBI. […]

Pasé un tiempo investigando Stratfor y revisando la información que ellos daban y decidí que sus actividades y bases de clientes los hacían un objetivo merecido. […]

Me tomó más de una semana ganar acceso completo a los sistemas internos de Stratfor, pero eventualmente entré en su servidores de correo electrónico. Había muchísima información, necesitábamos varios servidores nuestros para transferir los correos electrónicos. Sabu, quien estaba involucrado en la operación en cada etapa, ofreció un servidor, que había sido provisto y estaba monitoreado por el FBI. Durante las siguientes semanas, los correos electrónicos fueron transferidos, las tarjetas de créditos fueron usadas para donaciones y los sistemas de Stratfor fueron dañados y destruidos. El porqué el FBI nos contactó con el hacker que encontró la vulnerabilidad inicial y nos permitió este hack continúa siendo un misterio.

Como resultado del hack a Stratfor, algunos de los peligros de la industria de inteligencia privada sin regulación ahora son conocidos. Ha sido revelado por WikiLeaks y periodistas alrededor del mundo que Stratfor mantenía una red mundial de informantes que usaron para iniciar actividades de vigilancia intrusivas y posiblemente ilegales en nombre de grandes corporaciones multinacionales. [4] […]

El gobierno celebra mi convicción y encarcelamiento, esperando que esto cerrará la puerta a toda la historia. Me responsabilizo por mis acciones, pero ¿cuándo el gobierno dará respuesta por sus crímenes? […]

[…] Creo en el derecho individual a la privacidad ─ de la vigilancia gubernamental y de personas como yo, y aprecio la ironía de mis propias acciones que contradicen estos derechos. [5] Lo cometí en pos de trabajar para hacer de este mundo un mejor lugar para todos nosotros. Todavía creo en la importancia del hactivismo como una forma de desobediencia civil, pero es tiempo para mí de moverme a otras formas de buscar el cambio. […]

Me ha tomado mucho tiempo escribir esto, para explicar mis acciones, sabiendo que haciéndolo ─honestamente─ podría costarme más años de mi vida en prisión. Estoy preocupado de obtener 10 años, pero espero que no, porque creo que hay mucho trabajo por hacer.

¡MANTENTE FUERTE Y SIGUE LUCHANDO!«

Como ya se ha dicho, Hammond no tuvo la suerte de obtener una pena más corta, que según el sitio http://freejeremy.net/ (hecho por amigos y familiares) iba desde 0 a 10 años (considerando que ya había pasado suficiente tiempo preso como para seguir estándolo). Además, se consideran tres años de libertad «digitalmente vigilada» una vez liberado.

Los hackeos que han cometido varias personas y que se han descrito acá, han atacado fuertemente al gobierno estadounidense por sus prácticas en el estado-del-arte en vigilancia masiva. Por supuesto (como creo que quien lea ya se estará preguntando si es que no lo sabe aún), este tipo de vigilancia está siendo cometida en varios países en mayor o menor medida y en algunos casos con intervención del gobierno estadounidense, ya sea directamente o mediante empresas basadas en su territorio (¿alguien dijo Google, Facebook, Twitter y otras menos relucientes como Stratfor?).

Recientemente, se ha publicado un texto autoría de Hammond donde entrega más detalles de los gobiernos de los cuales tomó información con ayuda de Sabu (vigilante encubierto del FBI en ese entonces). Dentro de ellos se encuentran: Brasil, Colombia, Puerto Rico, Turquía, Siria, Irán, Grecia, Pakistán y otros. Un especial objetivo fue Siria, donde él argumenta que el FBI se vio beneficiado de la escalada de hackers contra el gobierno de Assad, que finalmente otorgaron más información sobre instituciones sirias al gobierno estadounidense. Según Hammond, esto es fácilmente demostrable porque se ha utilizado en su contra durante el juicio, pero como se declaró culpable, mucha información no se le proveerá. En el escrito finaliza diciendo: «… Como la transparencia gubernamental es un tema en el corazón de mi caso, alego que esta evidencia sea hecha pública. Creo que los documentos mostrarán que las acciones del gobierno fueron más allá de capturar hackers y detener los crímenes informáticos».

Notas

[1] Sabu fue reconocido por ataques exitosos contra la CIA, el FBI y otros en una época pasada, ganando (creo) confianza o reconocimiento de varios hactivistas.

[2] Varios gobiernos (dentro de ellos México y Brasil en Latinoamérica) han sido objetivo del espionaje de EE.UU., que por medio de WikiLeaks principalmente ha demostrado haber obtenido información confidencial de cada uno de ellos.

[3] Más detalles de la colaboración de Sabu con el FBI en Gizmodo (en inglés).

[4] Hammond da más detalles de cómo con su expertiz y en algunos casos la ayuda de Sabu, logró romper la seguridad de varios gobiernos que no son detallados en la página de referencia.

[5] Hammond expresa anteriormente sus disculpas con aquellos inocentes de los cuales fue revelada su información que pudiera haberlos dañado y eran irrelevantes a sus objetivos.

Comunicándonos I

Comenzamos una serie de entradas sobre comunicación para movimientos sociales. Esperamos que puedan servir para mejorar nuestras habilidades comunicativas con el objetivo de dar a conocer la propuesta política anarquista.

Los movimientos sociales juegan un importante papel en la difusión de ideas críticas y la sensibilización de la mayoría de la sociedad en determinadas problemáticas. Por ello, su dimensión comunicativa es innegable. Dentro de los MMSS, cada grupo se ve regularmente ante la necesidad de dar a conocer su trabajo, sus posicionamientos ideológicos, su argumentario y su propuesta de acción. Sin embargo, la capacidad comunicativa de estos movimientos es muy limitada. Muchas veces por falta de recursos e ideas, pero también por la falta de estrategias comunicativas coherentes. No dar a la labor comunicativa la suficiente importancia resulta en falta de habilidad a la hora de transmitir, con formas de comunicación que reproducen una y otra vez los mismos errores, que condenan a los colectivos al aislamiento y a sentirse incapaces de influir.

La comunicación es una parte esencial del quehacer político que puede llevar a un verdadero proceso de transformación social: Romper con el aislamiento, llegar a la sociedad, construir conciencia crítica… para todo ello resulta esencial integrar en el trabajo de los colectivos algunos métodos para evaluar y mejorar los procesos comunicativos.

En concreto los anarquistas, a nivel comunicativo, nos encontramos en el vagón de cola de las tendencias políticas de clase. Parece evidente que la influencia social del anarquismo es más que limitada, a pesar de que ciertas ideas-fuerza libertarias tienen bastante aceptación dentro de las luchas sociales: El asamblearismo, el rechazo a los partidos… todo eso parece ocurrir a pesar del movimiento anarquista y no gracias a él. La autorreferencialidad, la obsesión por determinadas estéticas, el minusvalorar las formas en que se produce la comunicación, ignorar la comunicación no verbal, repetir los mismos esquemas comunicativos, conformarnos con las mismas técnicas de siempre… Todas esas miserias constituyen los límites a nuestra capacidad comunicativa.

Sirvan estos apuntes sobre comunicación para tratar de mejorar nuestras habilidades en este campo.

Algunas consideraciones previas sobre la comunicación

La comunicación no es solo algo verbal y no es siempre intencionada

Tenemos asociada la comunicación a las palabras que pronunciamos (lo que decimos o escribimos) pero en realidad la comunicación va mucho más allá. Nos comunicamos con nuestra ropa, con nuestras acciones…. Nuestros logos, carteles e incluso la maquetación de nuestras revistas influyen en el proceso de la comunicación. Comunicamos al demostrar compromiso y capacidad en nuestros proyectos (por ejemplo, no abandonándolos a las primeras dificultades, cumpliendo los objetivos marcados, manteniendo la calidad…). Comunicamos con nuestra actitud ante determinada situación (por ejemplo, la solidaridad que mostramos durante un conflicto sindical). En muchas ocasiones también estamos diciendo algo sin ser conscientes de ello, por ejemplo con nuestros gestos. En realidad estamos comunicando continuamente nuestro proyecto a la sociedad.

La forma es tan importante como el contenido

En la comunicación entran en juego varios factores, el elemento informativo siempre está conectado al sentido que le aportan el canal, el contexto o el propio código del mensaje. Las cosas se pueden decir de muchas maneras, hasta el punto de negar lo que el mensaje afirma. Es el caso de esas campañas publicitarias cuyo slogan parece ir contra lo que promocionan, donde habitualmente la imagen contradice el slogan. También influye de manera determinante el contexto en el que se desarrolla la comunicación, modificando sustancialmente el mensaje a transmitir. Por ejemplo, un cartel que anuncie tabaco no funciona igual en un estadio que en un cementerio.

El lenguaje visual es complejo

Solemos menospreciar las posibilidades de los lenguajes no verbales y, sin embargo, los códigos que se manejan en el lenguaje gráfico dan para decir mucho. Muchas veces una imagen vale más que mil palabras. Conviene recordarlo.

Seguiremos en la próxima entrada

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