Una estrategia para construir un pueblo fuerte, más allá del colapso o del ecofascismo

El pasado fin de semana desarrollé un taller sobre los mecanismos de control empresarial en los centros de trabajo en La Garma, un espacio ubicado en Los Llanos, en medio del campo cántabro. Se trata de un lugar de resistencia y creatividad desde el mundo rural más dinámico y abierto. En La Garma se trabaja el campo, se cosecha, se experimenta con la bioconstrucción, se despliega una fértil comunidad de convivencia y se realizan actividades de formación, campamentos infantiles y juveniles, se dinamiza una escuela alternativa infantil y se desarrollan jornadas de profundización en los más variados temas sociales y culturales.

La comunidad de La Garma se centra en la convivencia y el equilibrio con el ecosistema, en la democracia directa y en la iniciativa individual y colectiva. Es uno de esos espacios rurales donde se demuestra en la práctica que es posible una alternativa ecosocial y creativa a un mundo que se está degradando en recurrentes jirones de violencia, miseria y desesperación.

Hay otros espacios como este en nuestro país. Espacios que, en ocasiones, enfrentan una fuerte represión estatal, como el pueblo autogestionado de Fraguas, en Guadalajara, que en estos momentos solicita la solidaridad de todos nosotros y nosotras para hacer frente a los gastos que su defensa judicial impone. Lugares como el pueblo de Marinaleda, en Andalucía, que, impulsado por el sindicalismo jornalero, ha desarrollado una trayectoria de décadas de autogestión.

También hay espacios urbanos animados por la iniciativa popular y la gestión comunitaria de las necesidades y deseos de las clases subalternas, como los Centros Sociales Autogestionados y ateneos populares de los barrios. Podemos citar, sólo como ejemplos entre muchos otros, el EKO de Carabanchel, el afamado Can Batlló de Barcelona, La Xisqueta de Santa Coloma, o la Escuela Popular de Prosperidad, más conocida por “La Prospe”. También podríamos hablar de los supermercados cooperativos, las redes de economía social y solidaria, las organizaciones del sindicalismo combativo, los movimientos por la vivienda y sus derivas autogestionarias (como la campaña de “La Obra Social de la PAH”), las plataformas de defensa de la Sanidad o la Educación, las asociaciones de migrantes, las organizaciones vecinales, los organismos internacionalistas de solidaridad con Palestina, Rojava o América Latina, etc., etc., etc.

Este tejido de iniciativas de base desmiente la recurrente letanía pesimista y disolvente de muchos grandes nombres de la izquierda alternativa y la ecología política (muy respetables en muchos otros sentidos) que nos intentan, una y otra vez, moralizar actuando como Casandras de un colapso inevitable y una absoluta impotencia de las clases populares.

También desmiente la absurda cabalgada en retirada ideológica de los actores del “asalto institucional” que dicen haber descubierto que la “izquierda no existe” y que lo mejor que podríamos hacer es una especie de traducción de las tesis de Laclau explicado a Bambi en el lenguaje de “Barrio Sésamo”, mientras nos entregamos, “rendido el Ejército Rojo”, a una muda admiración de “nuestros” representantes parlamentarios.

Sin embargo, no negaremos que esta trama ubicua de iniciativas no muestra también sus limitaciones a la hora de la acción social y política, como, por ejemplo, la fragmentación de las propuestas, la falta de un objetivo más amplio, la colonización por parte de la socialdemocracia de los cuadros y los anhelos personales. Pero también, y, sobre todo, la ausencia de una estrategia de conjunto.

Decía John William Cooke (un peronista de izquierda que le gustaría poco a nuestros insomnes mezcladores de Laclau con el nazi Carl Schmidt) que uno de los principales problemas de los movimientos populares es la burocracia. Pero, nos indicaba Cooke, lo que caracteriza a la burocracia no es, como se suele creer, el reformismo, la ocupación de los cargos en las estructuras partidarias, sindicales o estatales, o la cobardía, sino la absoluta falta de una estrategia para transformar la coyuntura.

Lo que caracteriza a la burocracia, por tanto, es que se limita a hostigar al poder según lo acostumbrado, actuando rutinariamente, pensando que este caerá por si sólo en un colapso que nunca llega (y cuando llega no es como se esperaba) o que, ante la proximidad de la debacle, el poder negociará con ella un acuerdo que salve a la sociedad (lo que no ocurre nunca, por el simple hecho de que el poder no tiene ninguna necesidad de negociar con quien no amenaza sus negocios esenciales).

Hay que reconocer que, en este sentido, los militantes de los movimientos sociales y sindicales de nuestro país somos mucho más burocráticos de lo que nos gustaría reconocer. Carecemos de estrategia de conjunto, de sentido de movimiento colectivo y no abundan las propuestas de ruptura y transformación de la coyuntura, sino más bien las costumbres pasivas y las loas a un pesimismo paralizante.

¿Podemos aventurar líneas para una estrategia de ruptura con lo dado, de desvío del futuro al que parecemos estar condenados? Podemos y debemos. Por supuesto, delinear una estrategia de movimiento es un trabajo colectivo, pero que debe partir de iniciativas individuales, de la energía de las y los militantes, de la imaginación, la experiencia y el deseo de las organizaciones populares, y de las mujeres y hombres que las conforman y nutren.

Esto no es una homilía, un sermón, ni una apelación a la bondad desclasada o a una espiritualidad “bonita, pero sin consecuencias”. Hace ya décadas se contaba que, en la selva de Chiapas, los indígenas que querían proponer hacer una mesa, en una asamblea, debían hacerlo con un tablón, un martillo y unos clavos en la mano. En nuestro sindicato lo tenemos en los estatutos: quien propone una iniciativa se compromete a participar en su desarrollo. Así que, si uno habla de la necesidad de una estrategia, debe proponer una, aunque sólo sea a título tentativo, de bosquejo, de primera aproximación a un debate necesario.

Ahí va, por si a alguien se le ocurre aceptar un debate sobre algo más sólido y menos evanescente, que, si “debemos querernos más”, o que, si “en 2080 iremos todos en taparrabos”, una pequeña colección de propuestas para el día de hoy. No están muy trabajadas, no son la última palabra sobre nada. Son la iniciativa de un militante “irrelevante” para muchos, “reformista” para algunos, y probablemente, “ultrarradical” para los que cuentan cuentos enternecedores a “la gente”.

1.-En primer lugar, la base de la estrategia es la inserción social, la construcción de un pueblo fuerte. Para transformar el mundo hay que organizar a las clases populares, articularlas, empoderarlas. No sirve con una vanguardia esclarecida pero alejada de las masas, ni con sustituir al pueblo por los departamentos de márketing político o las élites intelectuales. La transformación implica insertarse en las luchas de las masas, impulsar su iniciativa, su autoorganización. Moverse entre ellas “como el pez en el agua”.

2.-En segundo lugar, el objetivo político fundamental es “ganar población”, como decía Abraham Guillén. Aliarse con los sectores populares, convencer a los trabajadores. La “guerra de posiciones” es un absurdo conservador en el tiempo de las “guerras híbridas”. La participación expandida de los seres humanos es el objetivo y la principal fuente de energía. No se trata de hacer “personal branding”, se trata de crear redes de autoorganización de personas reales.

3.-La mejor forma de convencer a alguien de algo es con las orejas. Escuchar a las masas es iniciar procesos de amplio diálogo con los trabajadores y trabajadoras, con los habitantes de los barrios, con los y las cooperativistas y autónomos/as. Impulsar procesos de encuesta obrera y debates abiertos en los barrios, centros de trabajo e instituciones culturales y educativas. Investigar cuáles son los problemas inmediatos en los barrios y pueblos y los obstáculos reales y locales que limitan nuestra actividad. Desarrollar talleres y dinámicas de grupo para promover la autoexpresión y clarificación de los deseos de los trabajadores y trabajadoras. Menos clases magistrales de académicos en pleno proceso de “personal branding” y más investigación colectiva y participante de lo que está ocurriendo.

4.-La construcción de un pueblo fuerte ha de impulsarse en los espacios naturales de socialización, es decir, en el trabajo (asalariado, autónomo o cooperativo), en el barrio o municipio y en la familia (extensa). Son los espacios de los que todos y todas participamos, querámoslo o no. Retirarnos de ellos para construir burbujas en torno a ideas abstractas es una vía directa a la difusión del sectarismo, la fragmentación y las luchas cainitas. No nos vamos a poner de acuerdo sobre las formas de la abolición del Estado, sobre las dinámicas de la “subsunción real” o sobre “que vendrá tras la crisis ecológica terminal”. Pero nos podemos poner de acuerdo para intervenir en los espacios naturales de socialización impulsando dinámicas reales y concretas de autogestión, reapropiación de nuestras vidas y adaptación ecológica.

5.-El trabajo es el espacio del sindicalismo combativo y el cooperativismo consciente. El sindicalismo de combate debe expandir y reforzar sus coordinaciones locales (como el Bloque Combativo y de Clase, en Madrid, o la Taula Sindical de Catalunya), estructurar y difundir dinámicas de solidaridad con las luchas de otros centros de trabajo más allá de las siglas, buscar maneras de reconducir las fracturas (o, más bien, lejanías muchas veces inconscientes) generadas por la diversidad cultural del Estado y el “patriotismo de organización”. Multiplicar las cajas obreras de resistencia en sus distintos modelos. Impulsar medios de comunicación del conjunto del movimiento obrero y aceptar participar en los debates que se planteen en otras organizaciones.

Por otra parte, se deben constituir “Consejos Productivos Locales” en los que estén representados los sindicatos combativos, las redes de economía social, los centros sociales, las plataformas en defensa de los servicios públicos y las organizaciones de parados y migrantes. La función de estos Consejos es investigar la estructura productiva local, las vías de expansión de la actividad autogestionaria e impulsar la solidaridad entre los distintos pilares de una nueva, pero real, economía social, ecológica, feminista y bajo control de los trabajadores y vecinos.

En el campo, habría que construir organismos comarcales y regionales de coordinación de los sindicatos de trabajadores agrarios, las iniciativas autogestionarias y las comunidades y ecoaldeas. Generar bancos comarcales de recursos (semillas, maquinaria, trabajo voluntario, etc.) para coordinar dinámicas de apoyo mutuo.

6.- En barrios y municipios habría que impulsar asambleas vecinales recurrentes, articular redes de centros sociales e iniciativas culturales, experimentar con mecanismos de financiación colectiva (cooperativas de crédito, banca ética, redes de apoyo mutuo…). Federar y sostener las plataformas de defensa de los servicios públicos, impulsando la investigación de alternativas de gestión comunal-comunitaria, con participación de los trabajadores y usuarios. Defender la remunicipalización de los servicios privatizados. Impulsar el tejido económico autogestionario y cooperativo local mediante la creación de Mercados Sociales. Crear medios de comunicación centrados en el entorno. Ya sabemos que todo esto ya se hace, en una medida u otra, se trata de impulsar la articulación de las experiencias, conformar redes aún más amplias, ligarlas al mundo del sindicalismo y de la lucha ambiental, construir una trama organizada de pueblo en movimiento.

7.-Defender la familia libre y extensa, es decir, superar la deriva a una vida individual aislada y a la familia nuclear (egoísmo a dos) que ha promovido el capitalismo. El feminismo tiene mucho que decir sobre esto. Primos y primas, amigos y amigas, examantes, hijos e hijas, parejas en todos los modelos, comunidades de convivencia, vecinos y vecinas…tramas, diálogos, riqueza de relaciones, apoyo mutuo. Rehacer la familia desde un modelo rizomático en resistencia frente al aislamiento y el autoritarismo. Debatir sobre esto, multiplicar las iniciativas de apoyo mutuo, exigir ayudas sociales para los nuevos modelos de familia y de convivencia. Abrir espacios autogestionados para el bienestar de los menores y dependientes.

8.-Y, sobre todo, contar lo que hacemos. Hablar de ello. Hacer Congresos y Encuentros de la economía popular, el sindicalismo combativo y las iniciativas territoriales. Impulsar los medios de contrainformación. Desbordar el mundo de las organizaciones estructuradas entorno a ideas abstractas y contaminarnos mutuamente desde la práctica de masas. Caminar hacia un gran Congreso del Pueblo, como doble poder, productivo, sindical y territorial, capaz de construir un futuro que convierta al previsible colapso del capitalismo en el inicio de una sociedad del común y la libertad.

Casi nada. Quizás me he puesto demasiado lírico. Pero no basta con “querernos”, con “hacer iniciativas de huertos locales” o con “abandonar la idea de la izquierda y votar” a alguien difuso y confuso. Hay que tomar cartas en el asunto. Todas juntas.

José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared

¿Qué hacer ante un invierno sin gas en Europa?

La economía global se asoma al escenario de una profunda crisis provocada por el desarrollo de la guerra en Ucrania. La inflación se ha disparado en todo el mundo, y los bancos centrales anuncian subidas de los tipos de interés para tratar de atajarla. Los “halcones” de la austeridad y el neoliberalismo vuelven a hacerse fuertes en los think tanks de las finanzas internacionales. El breve interregno de hegemonía keynesiana vivido durante la pandemia ha llegado a su fin.

Los tipos de interés van a subir y, como ha avisado recientemente Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, la puesta en marcha de un mecanismo para evitar una nueva crisis de las primas de riesgo de las economías de la periferia europea vendrá, esta vez, acompañada de “condicionalidades”, es decir, de reformas neoliberales impuestas por Bruselas. Y nada asegura que este nuevo mecanismo logre contener, de hecho, las ofensivas de los capitales especulativos internacionales contra el euro, en un invierno que se anuncia como el del posible colapso de la Unión Europea.

Porque el otoño se prevé sumamente complicado para la economía de la Eurozona. El alza continuada del precio del gas impide asegurar que las reservas van a ser suficientes para evitar una situación casi caótica, si la Federación Rusa decide cortar el suministro durante el verano. Un accidente en una planta en Freemont (Texas) ha reducido los envíos de gas licuado (GNL) estadounidense a mínimos de los últimos meses. La convocatoria de varias jornadas de huelgas en Noruega, el más cercano suministrador alternativo a Rusia, significa una amenaza añadida para las reservas europeas, que hoy alcanzan un 60 % de la capacidad, lejos del 80 % que la Comisión se ha fijado como objetivo para noviembre. La posibilidad del racionamiento en los meses más crudos del invierno parece cada vez más cercana en países extremadamente dependientes del suministro energético ruso, como Alemania.

Europa ha empezado el año con un crecimiento del 0,3 %, según Eurostat. España, que a finales del 2021 crecía al 2 %, está incluso una décima por debajo de ese 0,3. La inflación está desbocada, superando el 10 % en España, mientras el Banco Central Europeo prevé que alcance más del 8 % en el conjunto de la Eurozona este año. La posibilidad de que, a partir de octubre, y en un escenario de corte del suministro energético ruso, Europa entre una situación de estanflación (es decir, alta inflación y caída en el crecimiento económico) es cada vez más plausible.

Pese a que al auge del turismo veraniego y los efectos de la reciente reforma laboral en la transformación de contratos temporales en indefinidos precarios mantienen el espejismo de una salida virtuosa de la crisis provocada por la pandemia, lo cierto es que la economía española difícilmente podrá abstraerse del caos general provocado por un invierno europeo sin gas. Las tímidas medidas tomadas por el gobierno para limitar el impacto de la guerra en Ucrania entre las capas populares no podrán sostener al país. La Comisión ha acordado recientemente que todos los estados miembros de la Unión deberán ser solidarios con sus reservas energéticas en caso de un shock de suministro. Será, también, difícil justificar los esfuerzos que esa solidaridad implica para las clases populares si, al tiempo, se hacen publicas las fuertes “condicionalidades” (en la forma de reformas de pensiones y degradación de los servicios públicos) que se esperan acompañen al mecanismo de salvaguarda monetaria del euro, de que hablamos anteriormente. Además. A deriva militarista de los presupuestos públicos, erosionará aún más el gasto social.

La clase trabajadora sufre los golpes de la inflación desbocada, aunque aún siga atada psicológicamente a la posibilidad de un brillante verano de desconexión de la pandemia. Christine Lagarde reconoce que los salarios reales llevan ya más de dos trimestres de descenso en Europa. El poder adquisitivo que la inflación arrebata a los trabajadores no se ve compensado por la correspondiente alza de salarios. La “responsabilidad” del sindicalismo oficialista es monolítica y suicida. Negociar congelaciones salariales y alzas de retribuciones que a duras penas superan el 2 % cuando la inflación se instala cerca del 10 % es subrayar, de nuevo, la ya tradicional visión, generalizada entre los trabajadores, de los sindicatos mayoritarios como anexos rústicos de los Departamentos de Recursos Humanos de las empresas.

En este escenario el sindicalismo combativo y los movimientos sociales se ven forzados a determinar su estrategia futura en un contexto muy problemático. Sostener al gobierno progresista y mostrar tibieza ante sus aventuras bélicas y sus medidas limitadas lleva a la izquierda social al descrédito entre los trabajadores y aumenta la confusión y la irracionalidad que, poco a poco, va instalándose en la conciencia de las clases populares. Intentar encabezar el descontento creciente y organizar la resistencia puede llevar a la elección de un gobierno de derechas y genera conflictos y tensiones cada vez más candentes con la izquierda institucional, que amenaza con vetar y maginar todo disenso con la estrategia parlamentaria de la “Nueva Política”.

Sin embargo, más allá de la confusión que ha instalado el reflujo del proceso de lucha del 15-M en la izquierda social, lo cierto es que el descontento de las clases populares es real. Se expresa, de momento, en abstención, comportamientos desviados y generalización de una cultura protofascista, tremendamente irracional y conservadora, que se presenta como “rompedora” y “antisistema”. Este descontento puede multiplicarse en un invierno de crisis y estanflación, como el fuego en una pradera seca.

No existe el vacío en política. Si el sindicalismo combativo y los movimientos sociales no expresan y dirigen el descontento, en toda su radicalidad, otros los harán. La extrema derecha está esperando su momento. Mejor digamos: la extrema derecha está aprovechando su momento y alimentando los caudales de la ira popular con irracionalismo, tradicionalismo y racismo.

El “momento hamletiano” de los movimientos sociales y el sindicalismo consecuente debe terminar. No hay que transmitir más confusión y dudas a la clase trabajadora. Debemos ser la expresión del descontento y organizar a los que sufren la crisis contra quienes la han creado. Y el gobierno ha contribuido a crearla con su megalomanía bélica y su progresismo de plastilina. Los compañeros y compañeras que están en la izquierda institucional deben elegir de qué lado combaten, y dejar de transmitir confusión y promover la inconsecuencia y la pusilanimidad entre los militantes sociales. Si el gobierno va a caer, mejor que lo haga acompañado de un proceso de autoorganización y movilización popular, que en una debacle de triste impotencia y luchas cainitas por las migajas institucionales que deja en su crisis la socialdemocracia.

En medio del caos que se avecina, transmitir claridad y elegir el bando de los de abajo sin vacilaciones es el medio más cabal para reconstruir una izquierda revolucionaria digna de ese nombre.

José Luis Carretero Miramar para Kaosenlared

Esbozos para un nuevo pensar (I): Revolución y Libertad de Culto

Por Static Week

Si Dios ha muerto, ¿qué es lo que le ha sustituido? Ante esta consideración, el propio Nietzsche nos hablaría de que el «Superhombre» es lo que ha sustituido a Dios. La ‘‘Superación del Hombre’’: el ‘‘hombre’’ (entiéndase ‘‘lo humano¹’’), ya en calidad de «Humanidad Trascendida», ha desarrollado herramientas suficientes para transformar y escribir su futuro desde el presente conforme a su propia voluntad de poder. No obstante, ¿es esta la situación en la que nos encontramos? ¿Es esta la realidad que hay tras la muerte de Dios? ¿Tras la superación del dogma? ¿Tras el ir más allá de un «humanismo» que te habla de Derechos Humanos mientras los vulnera en prácticamente todas las partes de este mundo?

Por desgracia para todos nosotros, nada más alejado de la realidad. El «Superhombre», la «Superación del Hombre», que no es ni más ni menos que la «Superación de la Humanidad» radica en la toma de conciencia del querer hacer todo cuanto estamos preparados para hacer. De adquirir la propia virtud humana de Ser Humanos: Más allá de nuestro humanismo.

Ante esta realidad, mi buen colega y camarada Lusberth, en una de nuestras conversaciones aleatorias sobre cuestiones varias me decía «una cosa es la religión, otra cosa es la espiritualidad». Y aquí es adonde quería llegar: ¿hasta qué punto la propia espiritualidad más allá del dogma acaso no ofrece un entendimiento interno, profundo y satisfactorio, de la voluntad de poder? ¿Hasta qué punto la «Superación de la Humanidad», la «Superhumanidad» si me permiten el atrevimiento, no es capaz de transgredir sus propios límites e ir más allá hacia la construcción y consecución de un Mundo Nuevo?

Mundos como estos los vemos hoy tanto en México (concretamente Chiapas) donde actualmente el EZLN² «resiste todavía y siempre al invasor» o en el propio Kurdistán Sirio (concretamente Rojava) donde se está llevando a cabo una revolución del siglo XXI gracias a las herramientas de resistencia que concede el Confederalismo Democrático. Todo ello, y en ambos casos, al igual que en muchos otros tantos casos que nos son más cercanos³, o incluso que ignoramos porque nos son totalmente desconocidos; protagonizados por Entidades Heroicas y Anónimas, nos muestran que un nuevo mundo es posible hoy. Que un mañana desde el ayer se está construyendo en el ahora.

Claro está que la propia construcción de una realidad nueva y mejor siempre va a ir implícita a buenos y malos momentos, aciertos y errores, a una serie de contradicciones internas que más allá del momento en el que se den deben superarse. Para un francés o francesa de finales del siglo XVIII hacer la Revolución y tomar la Bastilla en 1789 también marcaba todo un tránsito de incertidumbre e «irrealidad» bañada por un «¿y ahora qué?» constante, por multitud de contradicciones y gobiernos con tiranos despóticos y reaccionarios contra los que hubo que volver a rebelarse. Todo ello forma parte de ese gran ser viviente que es la revolución, eso sin duda.

Pero no obstante, tanto en las actuales como en las pasadas (hablaremos de Rusia en su debido momento) encontramos ejemplos ya no solo de prácticas completamente revolucionarias⁴ sino también de elementos tradicionalmente considerados como «reaccionarios» que brindan sus servicios al pueblo. Me refiero en este caso al lugar que ocupan ciertos miembros de estamentos religiosos o vinculados a la propia religión (considerada por aquel Gran Barbudo como El Opio del Pueblo) que saben cuál es su lugar en la Revolución⁵. Me remito aquí a dos casos citados por George Woodcock en su texto Albores del Anarquismo⁶: el de Winstanley y el de Roux. Ambos religiosos, el último también sacerdote. Decía Winstanley, acérrimo luchador del movimiento Digger durante la Revolución Inglesa:

‘Dios no es otra cosa que el espíritu incomprensible de la razón. ¿Dónde reside la razón? Reside en el fondo de toda criatura de acuerdo a la naturaleza y modo de ser de la criatura misma, pero supremamente en el hombre. Por lo tanto el hombre es una criatura racional (…). Esto es el reino de Dios dentro del hombre’’. En el caso de Roux, sacerdote y miembro de los Enragés durante la Revolución Francesa, vemos que⁷:

‘‘Antes de dejar la prisión, Luis [Luis XVI], viendo que Roux era un sacerdote, le preguntó si podía confiarle su testamento, Roux replicó fríamente: “Yo estoy aquí solamente para llevarte al patíbulo”. Y, sin embargo, el hombre que miró con satisfacción la ejecución del rey como viva manifestación de la autoridad, tenía que protestar más tarde desde su propia celda de la prisión contra las brutalidades que el Terror inflingía a hombres y mujeres cuyo único crimen consistía en el rango a que pertenecían por su nacimiento. (…) Roux fue llevado ante el tribunal revolucionario, y, convencido de que su muerte era inevitable, se burló de la guillotina suicidándose penosamente. “No me quejo del tribunal —dijo antes de morir—; ha actuado de acuerdo con la ley. Pero yo he actuado de acuerdo con mi libertad”. Morir colocando la libertad por sobre la ley fue la muerte de un anarquista’’.

Y es así, tante ayer como hoy hay «siervos de Dios» que al comprender el mensaje de Cristo, el mensaje del Corán⁸, el mensaje de cualquier texto sagrado (y revolucionario) que se precie se ponen al servicio de la Revolución para con los suyos: «Un pastor debe estar con su rebaño». Es así como quienes guardan un espíritu fuerte: disciplinado, autodisciplinado, organizado y consecuente, son quienes están junto a su pueblo. Hablo de los Creyentes de Base de hoy⁹, de aquellos párrocos zapatistas que en la década de 1990 se pusieron al servicio del pueblo chiapaneco, de aquellos musulmanes que en Rojava están combatiendo a la reacción junto a los suyos, junto a su pueblo. Hablo aquí del ejemplo de tantas entidades heroicas y anónimas que más que saber desconozco, pero que están constantemente ahí; batiendo el cobre, contra viento y marea, cual navío impertérrito.

A esos me refiero, esa gente es la mía, ellas son mi gente. Y son a los que quiero tener a mi lado el día de la Revolución. Porque son personas que verdaderamente han comprendido lo que supone la Superación Humana más allá de cualquier dogma e institución cuya doctrina más que liberar oprime. Que han entendido cual es el mensaje, que lo han asimilado, calado y profundizado. Estas personas son mis hermanos y mis hermanas y junto a ellas nos queda todo el quehacer de la Revolución.

Estas palabras las escribe alguien agnóstico, que duda de la existencia de Dios, que es incapaz de ver un Dios de rostro humano en el cielo porque ya lo ve en cada instante, en cada detalle. Dentro de mí y en todas partes. Dios lo es Todo, omnipotente y omnipresente, y quizás sea algo tan simple y a la vez complejo de entender que incluso todavía hoy no comprendemos. En el espíritu mora la voluntad de poder y la voluntad de poder mora en el espíritu. En nuestro espíritu: Porque llevamos un Mundo Nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está creciendo ahora mismo. En este preciso instante.

No hay que temerle a las ruinas, pues siempre son los cimientos de algo nuevo: Todavía por construir.


 

1 Nos referimos también a la mujer, a cualquier persona en calidad humana. Debemos saber que los autores generalmente hablan dentro de los límites histórico-sociales de su tiempo.
2 Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
3 Como es el ejemplo de la FAGC (Federación Anarquista de Gran Canaria).
4 Y cuando hablo de Revolución hablo de Libertad, también de Igualdad y Fraternidad.
5 Podría hablar aquí de otros ejemplos poco estudiados. Entre ellos se aprecia a primera vista un antecedente medieval interesante en Dulcino. Véase como un acercamiento audiovisual
6 Texto completo aquí
7 George Woodcock, Albores del Anarquismo, pp.20-22
8 Salvador Gómez Nogales, ‘‘Sabiduría Oriental y Filosofía Árabe’’, en Andrés Martínez Lorca (Coord.), Ensayos sobre la Filosofía en Al Andalus (2017), pp.162-163: ‘‘(…) El texto de nuestro compatriota musulmán IbnʿArabī, que nos puede servir de recapitulación de todo lo dicho: Hubo un tiempo en que yo reprochaba a mi prójimo si su religión no estaba cercana a la mía. Pero mi corazón es capaz de convertirse en todas las formas: es una pradera para las gacelas, el claustro de un monje cristiano, un templo para los ídolos, las tablas de la Ley mosaica, el volumen del Corán. Yo profeso la religión del amor. Y sea cual fuere la dirección que tome la cabalgadura, el amor es mi credo y mi fe’’.
9 Quienes siguen las enseñanzas más puras (y por tanto sin adulterar, menos instrumentalizadas) de la fe.

Bibliografía:
Gómez Nogales, S. ‘‘Sabiduría Oriental y Filosofía Árabe’’, en Andrés Martínez Lorca (Coord.), Ensayos sobre la Filosofía en Al Andalus (2017), pp.143-165
Woodcock, G. Albores del anarquismo.

A 10 años del 15M. Una lectura política para hoy y el futuro próximo

Tal día como hoy al 2011, una multitud de gente tomaba las plazas de muchas ciudades del Estado español bajo lemas como “Democracia real ya”, “No nos representan”, “Toma la plaza”… En las plazas la gente acampada durante semanas y se convocaban asambleas abiertas y debates donde participarían mucha gente. Para muchas de las personas que se acercaron a las movilizaciones, serían su primer contacto con la política a pie de calle, yendo un paso más allá de la participación política pasiva de votar en las elecciones.

El 15M supuso un punto de inflexión en la coyuntura política de España, puesto que desde las movilizaciones contra la guerra de Irak al 2003 y el atentado del 11M no se dieron protestas masives. Estas protestas espontáneas organizadas a través de redes sociales, han supuesto una sacudida a toda la política del país, tanto para los partidos políticos como para las supuestas izquierdas revolucionarias.

La irrupción del 15M ha sido un soplo de aire fresco frente a la pasividad y la desmovilización generalizada en España, a 3 años de reventar la burbuja inmobiliaria y el comienzo de la crisis capitalista global. Desde 2003 hasta ese 15 de mayo del 2011 no han habido movilizaciones masivas y un cuestionamiento del Régim del ‘78 tan extendido: desde los principales partidos políticos, pasando por la monarquía, los cuerpos de seguridad, los recortes, hasta la pérdida de derechos sociales en general. Ningún movimiento revolucionario en aquel momento va a poder agitar tanto las calles como este movimiento ciudadano, ni ninguna organización revolucionaria fue capaz de capitalizar estas protestas. Al contrario, nos han pillado dentro de nuestros chiringuitos estéticos y de autoconsumo marginales haciendo proselitismo diciendo que es un movimiento puramente reformista.

El papel del anarquismo en este momento debió ser la traducción de las demandas del 15M en un programa para agitar y radicalizar las luchas, llevándolo a crear estructuras populares de contrapoder que apunten a un proyecto político socialista libertario. Aunque han habido anarquistas que han participado a las asambleas del 15M, no éramos una fuerza política con capacidad para tirar adelante ésto, y abandonamos el movimiento dejando vía libre a que el discurso pro-institucional ganase el terreno y acabe desactivando las calles llamando a votar a las candidaturas municipalistas. Hoy en día hemos visto que ha terminado en fracaso al no haber un contrapoder en las calles que les presione y controle.

A pesar de todo, el 15M ha inspirado cambios de perspectivas de una parte del mundo libertario y ha abierto debates clave que evidenciaba la necesidad de superar el autoconsumo, lo estético y las dinámicas informales, endogámicos y vivenciales, dando el salto hacia un anarquismo político capaz de influir en los acontecimientos de la sociedad siendo un actor político. No se puede entender el anarquismo social sin la influencia del 15M, puesto que tanto las tendencias más ortodoxas y desactualizadas (basadas en los mitos del ‘36 y la CNT del exilio) como el insurreccionalismo de los ‘90-’00 han fracasado, y parte de esta militancia e individualidades han pasado a una línea más de intervención social y pro-organización a nivel político. Hoy en día, el legado del 15M ha sido el impulso del movimiento por la vivienda principalmente, muchas experiencias de lucha de las personas que han ocupado las plazas y esta ampliación de cosmovisiones que han permitido interpretar el anarquismo como opción política capaz de producir cambios reales en la sociedad.

Reivindicar esta memoria como un acontecimiento popular de la historia contemporánea es clave para poder transmitir las experiencias, conocimientos y aprendizajes de esta etapa, defendiendo su autonomía como movimiento de mases que, aunque sea imperfecto, ha sido determinante para el desarrollo de los movimientos sociales en la actualidad. Ahora nos vemos ante nuevos ciclos políticos con escenarios complicados y una conflictividad social creciente a escala mundial, bajo la amenaza del cambio climático. Por ello es el momento de prepararnos. Para que no nos pillen desorganizadas y podamos ser capaces de activar y catalizar las luchas sociales hacia un proyecto político revolucionario en clave socialista libertario.

El nuevo fascismo buscando seguridad

La emergencia de Vox aprovechando un contexto de crisis económica y, por tanto social, prueba que la extrema derecha ha encontrado fórmulas para lograr la legitimidad política. Una vez logrado esto, su ideario de siempre con algún toque de modernidad, ha empezado a calar hondo en la gente, y es muy significativo su avance en número de votantes en las últimas elecciones generales y autonómicas. La extrema derecha ya tiene un partido más en sintonía con los demás partidos, pero alejado de la democracia, la tolerancia, y el respeto a los derechos humanos de toda persona -véase su posicionamiento contra el libre aborto de las mujeres, el debate en torno a la nueva Ley de Eutanasia en España.

El fascismo renueva su marca, pero sigue oponiéndose a la conquista de nuevas libertades y derechos individuales, tal vez en pos de una sumisión ante una bandera… Si analizamos el perfil del votante de Vox o de Falange española, podemos quizás ver que la bandera por sí misma como símbolo -erróneamente interpretado o idealizado, a mi modo de ver- les aporte una «falsa seguridad personal», y hasta pueda, en algunas personas, aliviar su miedo al futuro y por el futuro de España.

Seguimos en un contexto que propicia el miedo y la inseguridad, además de que no hemos salido bien de la crisis económica y de que no hemos superado el capitalismo ni hallado un nuevo modelo económico para España. A ello se une la actual crisis de emergencia sanitaria mundial. Esperemos que vengan mejores tiempos para todos, pero sin la añoranza de un idealizado pasado mejor, ni el miedo al futuro, que podamos construir entre todos.

S.L.

La heteronormatividad es un entorno hostil

«No te das cuenta de la importancia de un dedo hasta que te haces una herida en él»
Sabiduría popular moderna.

Hasta no hace poco, nunca me había planteado reflexionar más profundamente sobre mi sexualidad y cómo me he (o me han) construido socialmente en este ámbito. No es hasta ahora que me he planteado posicionarme con una parte que rechazaba y reprimía durante tantos años, guardándolo para mí y así centrar mis esfuerzos en otros ámbitos. La cita que abre este artículo es una parábola hacia mi experiencia. Creía irrelevante hasta que comenzaba a cuestionarme, documentarme y profundizar en cómo curar aquella herida que cada vez se abría más, ya que no era ajeno a mí sino que estaba dentro.

Una aproximación desde la experiencia

El contexto de mi pasado coincidirá seguramente con la gran mayoría de (si no todas) personas LGTBiQ+, donde se asumía que la heterosexualidad era lo normal y que todo lo que estuviese fuera de ella se consideraba patológico. Tener todo el ambiente en contra, en el cual escuchamos cada día «maricón», «nenaza» o «gay» como insultos y bromas vistas como lo más normal del mundo, así como babosear a las tías, pasar desnudos o ganar estatus hablando de ligar o tener novia, hacía que me sintiera solo. Solo no únicamente por la violencia testosterónica que podía llegar a desprender los grupos de tíos, sino que descubrieran que era un impostor entre ellos. Era tal esta hostilidad ambiental que al final la única forma de supervivencia era la mimetización. Hacerse pasar por un hetero más. Incapaz de encontrar apoyos, elegí la opción más fácil para que mi vida no termine siendo una lucha constante contra la familia y las amistades solamente por este tema, una pelea en las que tendría las de perder en esos momentos cuando las circunstancias de mi vida eran desfavorables. Entonces, la única garantía de estabilidad emocional era esconderlo y enterrarlo para centrarme en cuestiones más prioritarias. Esta mimetización se volvió en mi contra con el tiempo, ya que acabé asumiendo parte de la cultura heteronormativa y el machismo. Solo cuando las circunstancias de la vida mejoran y cuando ya ni la familia ni los entornos de amistades dejaron de tener poder sobre mi, cuando pude comenzar este proceso de reparación y deconstrucción. Encontrarme conmigo mismo implicaba, además de mis posicionamientos políticos, mi filosofía de vida, proyectos de futuro, etc, saber que ser marica es tan válido como cualquier otra orientación sexual.

Mi posicionamiento político

La heteronormatividad es este entorno hostil que impide la expresión de otras sexualidades e identidades de género. Construido en el mundo occidental y por las instituciones religiosas monoteístas como una norma social, asocia una serie de comportamientos, vestimentas, formas de ser y de actuar a una orientación sexual y a un género concreto dentro del binarismo hombre-mujer, teniendo como fin el de afianzar el modelo de familia nuclear heteropatriarcal, y en consecuencia, la reproducción de la fuerza de trabajo. El sistema capitalista necesita ese estándar. Por eso nos han patologizado, criminalizado y excluido. Todo lo que no encaje en esta heteronormatividad se queda fuera de la vida en sociedad. No interesamos porque no cumplimos con ese rol de reproducción de la fuerza de trabajo. Y solo si cumplimos dicho rol (gestación subrogada, matrimonio homosexual, no transgredir los cánones…) o somos un nicho de mercado, nos dejan existir. Combatir esta heteronormatividad pasa por construir un mundo donde no tengamos que luchar por ser nosotres mismes/por haber nacido así, ni dar explicaciones por no ser heteros, ni por saltarnos todos los convencionalismos y estándares heteronormativos. Porque tenemos una vida por delante y queremos que sea una que merezca la pena ser vivida, porque yo además creo en un proyecto político socialista libertario y pienso centrar mis esfuerzos en participar y contribuir a ello, sin tener que llevar la inseguridad encima de quién me va a juzgar, me miren diferente por ello o tenga que justificarme ante prejuicios.

No se trata de defender solamente unas orientaciones sexuales e identidades de género, sino que es una reivindicación tan básica como el derecho a existir y a una vida digna en la sociedad, poder desarrollar nuestras potencialidades en un entorno seguro y no tener que pelear de más porque exista una norma social que va en contra de una parte nuestra, y que por ello nos expongamos a esa violencia a todos los niveles: ambiental, psicológica y física. Queda aún mucha pedagogía que realizar y empoderamiento por nuestra parte, pero no por ello nos tendría que suponer dedicar la mayor parte de tiempo y esfuerzos en este ámbito. Por otro lado, sabemos que en espacios amplios las contradicciones se van a dar, y esa labor pedagógica se nos hará necesaria para ir construyendo espacios más inclusivos.

Finalmente, decir también que he podido expresar este posicionamiento gracias a que me independicé de la familia, haber encontrado complicidades, haber ganado seguridad en mí mismo al practicar artes marciales y de haber encontrado un entorno más afín. Muchas personas LGTBiQ+ aún no han tenido esa suerte. Es una llamada a que también puedan encontrar entornos seguros a pesar de estar rodeades de un entorno hostil, de heteronormatividad. Es una llamada sobre todo a las personas (sobre todo hombres) heteronormativas que ya militan en organizaciones políticas y sociales, y colectivos, al igual que los hombres con el tema de la masculinidad, cuestionen sus roles y hagan su trabajo/proceso de responsabilización/autocrítica/deconstrucción para que no tengamos que invertir más tiempo y esfuerzos de lo necesario en esta lucha, en otras palabras, que esas labores nos libere de carga de trabajo político en el ámbito del género. Porque también una buena parte somos clase trabajadora y desde lo libertario, no vemos posible la lucha contra la cisheteronormatividad y el patriarcado sin un discurso de clase, y viceversa. Hemos de entender que somos una clase obrera diversa. Queremos un entorno seguro al estar en la lucha de clases, en la lucha por la vivienda y los servicios públicos, por el medio ambiente, etc… y en mi caso, por un proyecto político socialista libertario. Sobre todo, para las personas que nos organizamos también a nivel político tener ese espacio nos es crucial. Porque nos interesa que en la lucha social y política se nos trate como a cualquier otre compañere más que pueda aportar todo su potencial sin tener que dar explicaciones a nadie, ni encontrarnos el mismo entorno hostil que en espacios fuera de la militancia.

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