Diez prohibiciones de la educación

La educación está prohibida. De esta determinante forma comienza un homónimo documental argentino que aunque está revolucionando a la pedagogía, sólo muestra la metodología libertaria tradicional defendida por, entre otros autores, Ferrer i Guardia. De las escuelas libres, como Paideia en Extremadura, podemos discernir diez claves básicas para entender cómo la educación, en el sistema neoliberal, está prohibida.

1)     La escuela como reproducción social. La educación estatista y obligatoria tiene su origen en las necesidades históricas de las elites gubernamentales y empresariales de adiestrar y configurar súbditos y trabajadores/as. Tal y como afirman las teorías críticas con el funcionalismo de Baudelot y Establet o de Bowles y Gintis, existen dos versiones pedagógicas en el sistema capitalista: la de los/as dominantes y la de los/as dominados/as, así como imitan la jerarquía empresarial con el objetivo de difundir la superestructura y la ideología burguesa. Sería así, la escuela, un mecanismo fundamental para constituir el consenso gramsciano.

2)     La educación está fragmentada. Siguiendo la lógica fabril y empresarial que practica la escuela actual, ésta se encuentra fragmentada y clasificada. El educando está separado de sus iguales por criterios no naturales (la generación y/o el sexo) en aulas cerradas, como si de departamentos especializados se tratase, y el conocimiento se limita a materias concretas y delimitadas. Frente a esta visión antipedagógica, la escuela libre propone la educación integral u holística, la cual supone una visión general, una visión del todo. El conocimiento es transversal, puesto que tanto las ciencias como los valores tienen una relación estrecha entre sí, no limitada.

3)     La homogeneización del educando. La escuela estatista y obligatoria no hace distinción entre educandos. Los/as niños/as son únicos e irrepetibles, sin embargo, los contenidos son homogéneos. No se atiende a las capacidades y plazos individuales de aprendizaje, convirtiéndoles en masa. Asimismo, tampoco se tienen en consideración las características personales del educando: todo lo que haga está mal, fruto del culto a la moderación. Se construyen estándares normalizados a través de mecanismos poco científicos (el cociente intelectual) para asociar cualquier distinción con enfermedades (hiperactividad) o anomalías cognitivas (superdotados).

4)     La disciplina como control autoritario. El sistema escolar preconiza una idea de disciplina autoritaria, vertical, donde el objetivo es el control y sumisión del educando en base al miedo. Los hábitos y actitudes de los/as niños/as son moldeados hacia la despersonalización. Frente a esto, las escuelas libres proponen una disciplina funcional (comunitaria) o la autodisciplina, basadas no en la obediencia per se, sino en el respeto y las decisiones colectivas. Es necesario que el educando comience a hacerse responsable (y aprenda) de sus actos y las consecuencias derivadas del mismo. Por ello, se propone que no existan estructuras de poder, puesto que las normas sociales (y, por tanto, también las escolares) son dinámicas.

5)     La evaluación como adulteración de la identidad. La escuela preconiza un ideal resultadista de la educación, en el que la meta es más importante que el sendero; que el aprendizaje en sí. Las evaluaciones (premios y castigos) no sólo descontextualizan y desvirtúan la educación, sino que además generan identidades no naturales en los educandos. Los/as niños/as pasan de tener personalidad a ser alumnos/as de sobresalientes, de notables, de aprobados o malos alumnos (en la crítica marxista a la educación, categorías equivalentes a las salariales). Asimismo, cabe interrogarse: ¿qué se evalúa y con qué justificación? En la evaluación no se tiene en cuenta la unicidad del educando, y el establecimiento de un patrón estándar elimina un sinfín de potencialidades positivas. Los principios que transmite la evaluación, y por tanto la competencia y el miedo (principios superestructurales), son contrarios a la cooperación y producen un modelo conductista irracional. El/la niño/a debe corregirse, con sus errores, aciertos, la experimentación con sus pares y la guía del adulto/a, a sí mismo/a. Las titulaciones, por su parte, son una abstracción imperfecta, puesto que el conocimiento no se adquiere de manera definitoria; el aprendizaje no es un proceso terminable. En la educación no debe de haber vencedores/as y perdedores/as.

6)     El educando como objeto pasivo de la educación. La escuela considera al niño/a como un ser vacío y dispuesto a ser rellenado por la superestructura. Éste jamás participa de los contenidos de las materias, nunca decide qué quiere aprender sino que consume aquello que quieren que repita. En lugar de ser el/la protagonista, es un/a actor/actriz de reparto. La enseñanza, para ser, debe ser libre, así como para poder ejercer esa libertad fuera del entorno escolar y escoger sin condicionamientos interesados el propio camino en la vida. De esta manera, el educando debe poder tomar parte de lo que aprende y de cuándo lo aprende, así como desarrollar conocimientos en las áreas donde posea una mayor destreza sin que aquellas con mayor dificultad obstaculicen su aprendizaje.  Asimismo, también debe ser un activo en el funcionamiento del centro a través de mecanismos de diálogo como las asambleas, no sólo oyendo sus opiniones, sino escuchándolas y teniéndolas en cuenta.

7)     La repetición contraintelectual. Los métodos pedagógicos de la escuela actual son, al igual que sus evaluaciones, resultadistas. La institución no tiene cuidado por el aprendizaje, sino por los contenidos verbalizados. La repetición textual es una técnica alienante cuya consecuencia es la ausencia de creatividad. Sin comprensión lo estudiado cae en el olvido, puesto que el almacenamiento de información no es aprendizaje. Además, esta metodología no tiene en cuenta las capacidades del educando: no importa si se le pide más (habilidad memorística) a un/a niño/a de lo que puede dar. Por ello, desde las escuelas libres se considera capital evitar la pérdida de curiosidad natural en el/la niño/a. El tedio de la educación actual es lo que mata el interés y las intenciones de investigación que biológicamente desarrollan los/as infantes y adolescentes. Éstos tienden naturalmente a aprender (y equivocarse) a través del juego, la creación y el arte, es decir, lo lúdico, un aspecto metodológico descuidado en la escuela. Se pone mayor énfasis en conocimientos ajenos que en aquellos que tienen verdadero impacto en la cotidianidad. La escuela ha apartado al/la niño/a de la (su) Naturaleza.

8)     La indiferencia como trato al educando. La escuela no enseña en el amor, como hemos visto, ni siquiera en un periodo tan importante como la infancia. El/la docente, por lo general, no dispone de herramientas para preocuparse por los sentimientos y emociones del educando. El florecimiento de las relaciones afectivas en el aula es el leitmotiv de la educación, con la intención de que sea esto lo que se reproduzca una vez abandonada la escuela.

9)     El/la maestro/a como hijo/a del sistema. Los/as docentes no son, por lo general, responsables intencionales de la prohibición de la educación, sino que han sido también enseñados/as en la alienación y deben emanciparse de su figura autoritaria y prepotente. Tienen que ser felices para poder enseñar en la fraternidad. De esta forma, en las escuelas libres los/as maestros/as son guías que abren caminos (y no constructores/as de un único camino), aceptan el fluir de la vida y cuidan más que educan. Los/as maestros/as tienen voz, pero no voto en las decisiones del educando. Tampoco existen estructuras de poder entre los/as docentes, eliminando el cargo de dirección y favoreciendo el trabajo horizontal y en equipo entre iguales.

10) La familia como obstáculo educativo. En la actualidad, los/as niños/as no sólo pasan más tiempo en la escuela que el que pasarán en la universidad (lo cual no parece lógico), sino que también que el que pasan en el hogar o el que pasan con sus progenitores o tutores/as por culpa de la dinámica laboral neoliberal. La familia es la responsable de la vida y la cría de la persona, por lo que los/as padres/madres no pueden considerar la educación como un fenómeno profesional del que desentenderse. La escuela debe tener su reflejo en la familia y viceversa.

Adrián Tarín

No me siento amenazada

Hace unos días asistía a un debate con activistas de Grecia, activistas locales (entre los que nos encontrábamos varios anarquistas), y gente varia. El tema era la represión policial y, como no, por ser la mayoría del grupo de origen griego salió el tema de Amanecer Dorado. Para mi sorpresa una chica griega afirmó rotundamente: «no creo que Amanecer Dorado sea un problema tan grave para Grecia, yo personalmente no me siento amenazada.» La pregunta que me vino a la cabeza fue inevitablemente: ¿qué esconden estas palabras?

El grupo enmudeció un instante cuando las palabras de esta chica se hicieron presentes en la sala. Nadie contestó; el debate continuó sin más. Pero tras el encuentro no pude resistir la tentación de escribir esta pequeña reflexión. Como dije, el debate tenía como tema la represión policial, la cual intenté ligar con la represión estatal en términos de clase, pero mi intento se quedó en mera anécdota por no recibir el apoyo del grupo. Una vez que cambiamos al tema del fascismo creciente en las calles de Atenas, el grupo se dividió al instante en dos posturas bien diferenciadas: aquellas personas que defendían la acción directa contra les facistas, y las personas que argumentaban por una vía institucional acorde con las leyes vigentes.

Un chico griego daba en el clavo: «¿cómo nos vamos a proteger de los fascistas si actúan impunemente, apaleando en la calle a inmigrantes y homosexuales?» La citada chica replicó: «llama a la policía.» Pero lo que ella no sabía, o tal vez no quería saber, es que la policía en Atenas está profundamente ligada a los grupos fascistas. El chico siguió: «llama tú a la policía cuando diez nazis vienen corriendo con palos y armas.» Les que defendían la no-violencia se sumaron argumentando que contestar con violencia es rebajarse al nivel de les fascistas. Como si la violencia en su sentido más puro y abstracto fuera universalmente perversa. Como si la violencia no pudiera ser un medio para la consecución de un mundo mejor. Como si una agresión violenta y la autodefensa fueran la misma cosa.

No obstante, sea une misme partidario de la acción directa violenta o no, lo que no se puede argumentar con rigor y seriedad es que los nazis de Amanecer Dorado no son una amenaza simplemente por el mero hecho de no sentirse amenazade a nivel personal. Desde luego que ella no se siente en peligro cuando vuelve a su Atenas natal de visita: es blanca, de clase media-alta, educada, y griega. Además no viste con una estética que podríamos definir «de izquierdas.» ¿Por qué se iba a tener que sentir amenazada si perfectamente podría pasar por un miembro de Amanecer Dorado? Pero el problema de fondo, que es el que quiero esbozar en este texto anecdótico, es la falta de solidaridad para con otros seres humanos que sufren cualquier tipo de opresión. Como el joven Mario, homosexual y fascista declarado, la chica griega no entendía que su libertad personal se ve absolutamente negada en tanto que la libertad de otras personas es pisoteada, sean estas personas turcas, moldavas, u homosexuales. Lo que no parecía comprender es que la libertad personal se construye de manera social.

La solidaridad se limita hoy en día a puro teatro. La gente acude a manifestaciones pro Palestina pero luego siente indiferencia hacia el sintecho de su barrio. La gente dona dinero para les afectades de algún monzón en el lejano Sudeste Asiático pero luego le da igual si su vecino está desempleado y tiene tres hijes que mantener. Pareciera que la solidaridad solamente se pudiera ejercer a distancia, como evitando establecer relaciones humanas que nos pudieran suponer algún coste social. Donar dinero para personas del otro lado del globo no supone coste alguno más allá del monetario; establecer una relación social con tus vecinos supone invertir en tiempo, conversaciones, empatía emocional, comprensión, convivencia…

No estoy aquí negando la necesidad de establecer lazos de solidaridad internacional, sino que estoy intentando subir a la palestra algo tan sencillo como la cercanía humana, la cual escasea en nuestras ciudades capitalistas (en eso que llamamos «civilización»). Caminas por la calle y la gente evita mirarte a la cara; te montas en el metro y la gente busca sitios que no impliquen sentarse al lado de otra persona; si saludas a un desconocido en el autobús lo más seguro es que te miren con suspicacia. Ahora, buscamos lazos humanos en la distancia de la Cruz Roja o Médicos Sin Fronteras; buscamos amistades por Facebook (donde precisamente no hay coste social alguno más que hacer click en un botón); intentamos reafirmarnos como seres humanos significantes en un mundo que nos enseña a no ser solidaries con nuestro entorno social.

Tal vez esa chica griega no se sienta amenazada hoy por los nazis de su ciudad, pero lo que es una realidad objetiva e innegable es la miseria moral de su actitud; un hecho que no depende del individuo como tal sino de una sociedad enferma que, guiada por los principios liberales ya bien socializados, nos conduce a una vida asocial centrada en la propia persona. El fascismo es una amenaza para todes, se dé donde se dé; afecte a quien afecte directamente. La opresión debería gatillar lazos de solidaridad humana de forma automática, despertar sentimientos de ayuda mutua en las mentes menos oprimidas. Por ello nuestra revolución es social, no simplemente material.

 

De la mejora de nuestro pensamiento colectivo e individual

Un buen amigo asegura que “nuestra primera obligación como revolucionarixs es ser felices… No hay mejor propaganda… Y será nuestra mejor venganza!

Incluso ahora, inmersos en el proceso de desposesión y represión al que venimos siendo sometidos, estamos completamente de acuerdo con la anterior afirmación porque entre otras cosas sabemos distinguir entre una felicidad “hedónica” (la que el sistema dominante prescribe, de carácter exterior: lo que el mundo puede ofrecerme) de una felicidad “eudaimónica” (la que el sistema dominante esconde, de carácter interior: lo que yo puedo ofrecer al mundo y a los otros, lo que hago, lo que soy).

Siguiendo esa línea, estamos tentados de afirmar que “nuestra segunda obligación como revolucionarixs podría ser pensar bien y conseguir transmitir nuestras ideas de manera seductora«.

Pensar bien y hablar bien es sin duda un asunto complejo pues se trata simultáneamente de una técnica y de una ética. Algunos factores del “pensar bien” son de sobra conocidos por todxs y según nuestro punto de vista incluyen, entre otras muchas cosas, informarse a través de medios de comunicación alternativos que no estén al servicio de las grandes empresas, la banca o los poseedores del capital, desarrollar nuestra escucha activa y nuestra empatía en la conversación, mejorar nuestra capacidad de resolver conflictos, desterrar la resignación y el derrotismo, huir de las exageraciones, ser precisos (y concisos) en el uso del lenguaje, desechar o cuestionar algunas certezas adquiridas y no demostradas, armarnos de paciencia, de respeto, de amor, y especialmente mantener un pensamiento sano y no cometer errores cognitivos…

En realidad poco podemos decir en este escrito acerca del “pensar bien” que no conozcáis ya. Cada cual sabrá muy bien donde enfocar su propia mejora. Pero lo que si podemos hacer con mucha más exactitud es poner de manifiesto algunos de los principales factores del “pensar mal”, para de esa manera estar en guardia y poder así evitarlos.

En un nivel colectivo, tal y como los presenta la teoría cognitivo-conductual, los principales errores cognitivos en los grupos son:

Sobregeneralización: consiste en extraer conclusiones y mantener valoraciones generales y absolutas a partir de datos o acontecimientos que son insuficientes para sostenerlas, como cuando alguien en un grupo de trabajo afirma: “Nunca se tienen en cuenta mis opiniones”. Cuando al hacer una crítica se sobregeneraliza, se invalida su interés y se somete al grupo a un aumento innecesario de emociones negativas, dando lugar a consecuencias como la inmovilidad, la frustración o el bloqueo. Cuando se produce una sobregeneralización (siempre+nunca o todo+nada) en los dos extremos de un grupo polarizado, el avance se torna especialmente difícil.

Dicotomización: Es el error por el cual una escala gradual de valores se reduce a dos, generalmente opuestos y extremos (bien/mal; antiguo/moderno). Es producto de la economía de esfuerzos y la tendencia a simplificar. En ocasiones puede ser útil como estratagema en la comunicación y en la persuasión, pero el problema aparece cuando se aplica de forma automática como procedimiento de análisis. La dicotomización en estos casos dificulta la percepción del avance grupal, reduciendo la percepción de los matices que son los que nos permiten progresar. Los grupos suelen estar sedientos de construir esas polaridades porque favorecen la polémica, la interacción competitiva y porque son más entretenidos. Por eso la dicotomización puede ser indicada para un debate televisivo, pero en grupo que pretende construir pensamiento colectivo es una limitación.

Falsa exclusión: Plantea como mutuamente excluyentes términos que no lo son (o te ríes o trabajas). La falsa exclusión alimenta falsas elecciones (en el ejemplo anterior, el hecho de no reír no significa que trabajes). Las soluciones colectivas suelen ser más arduas e inestables que las individuales y se basan en análisis más complejos. La falsa exclusión permite una visión más simplista (y polémica) de la realidad y dificulta el establecimiento de planteamientos compartidos.

Selección negativa: Consiste en percibir sólo los aspectos negativos de la realidad eliminando aquellos que son positivos o neutrales, dificultando de esa manera una adecuada visión global. La selección negativa induce a pensar en términos de inconvenientes y dificultades, oscureciendo las posibilidades y oportunidades. En los grupos, la selección negativa se acentúa cuando una idea se sale de lo rutinario o no es convencional.

Negación temprana: Es un automatismo por el cual ante una situación o un problema en el que se tarda en alcanzar una solución colectiva se responde “no sabemos” o “no podemos”, sin darse un tiempo para reflexionar. La negación temprana por parte de un miembro del grupo dificulta al resto la decisión sobre si verdaderamente se tienen soluciones para el problema o no.

Las formulaciones difusas: Hay problemas que se mantienen mucho tiempo o siempre en estado difuso porque el grupo no hace un esfuerzo de precisión en la manera en que se formulan. Por el contrario, las formulaciones precisas invitan a pensar el problema o el obstáculo en términos de solución. Hay que estar muy atento y prestar atención pues en ocasiones alguien del grupo con interés en polemizar puede convertir una formulación que ya era precisa en una formulación más difusa.

(Extraído de: Cembranos, F. y Medina, J.A. – “Grupos inteligentes. Teoría y práctica del trabajo en equipo. Ed.Popular, Madrid, 2011)

En un nivel individual, muy en consonancia con las anteriores, presentamos a continuación un breve esquema de las principales “ideas deformadas” según la teoría cognitivo-conductual. (Ideas deformadas que ya no sólo afectan de forma negativa a nuestra actividad social y política sino también a nuestro bienestar psicológico personal, enganchando de esa manera con nuestra primera obligación revolucionaria: ser felices):

Filtraje: Se toman los detalles negativos engrandecidos mientras que no se filtran los aspectos positivos de la situación. Solo se ve un elemento de la situación y se omiten el resto. El resultado es que todos los temores, carencias, tristezas e irritaciones se exageran en importancia porque llenan la conciencia con exclusión de todo lo demás. Las palabras clave para este tipo de filtraje son del tipo “horroroso”, “tremendo”, “terrible” y la frase clave es “no puedo resistirlo más” La solución: 1.- No exagerar: para combatir la exageración hay que dejar de utilizar palabras como “horrible, tremendo, terrible, etc.”. Hay que desterrar la frase “no puedo más”. 2.- Modificar el origen: Para vencer el filtraje hay que modificar el origen deliberadamente. Dos formas: a) centrando la atención sobre las estrategias de afrontamiento del problema, sin obsesionarse por el propio problema. b) Categorizando el tema mental primario (perdida, injusticia, peligro…) si el tema es el peligro se prestará atención a las cosas del ambiente que representen seguridad, si es la perdida se prestará atención a lo que se mantiene, etc.

Pensamiento polarizado: No existe término medio. Se tiende a percibir cualquier cosa de manera extremista, sin términos medios. Las personas que padecen este tipo de distorsión fracasan en las percepciones medias y sus reacciones ante cualquier situación oscila de un extremo emocional a otro. Especial atención a como se juzgan a si mismas este tipo de personas. La solución: La clave para vencer el pensamiento polarizado es dejar de hacer juicios de todo o nada. Se trata de ser más ecuánime y relativo respecto a las valoraciones que se hacen.

Sobregeneralización: Se obtienen conclusiones generalizadas a partir de un solo elemento indicio o de un accidente simple o del azar. Las sobregeneralizaciones se expresan a menudo en forma de afirmaciones absolutas. Es pensamiento rígido. En los juicios globales se generalizan una o dos cualidades pero se obvia el resto. La etiqueta ignora las evidencias en contra, convirtiendo esta visión del mundo en estereotipada y unidimensional. Las palabras que la indican: todo, nadie, nunca, siempre, todos, ninguno… La solución: La sobregeneralización es la tendencia a exagerar, la propensión a sacar conclusiones de un solo indicio. Se puede combatir esta tendencia desterrando de nuestro discurso palabras como “inmenso, tremendo, total, todos, nadie, la gente es, etc.”.

Interpretación del pensamiento: La persona cree que sabe lo que los demás piensan. Cuando una persona interpreta el pensamiento de los demás suele hacer juicios repentinos y equivocados. En la medida que su pensamiento interpreta también hace presunciones. Las interpretaciones dependen de un proceso denominado “proyección”: una persona imagina que la gente siente y reacciona de la misma manera que ella. No se da cuenta de que las personas son muy diferentes. Las interpretaciones de pensamiento aceptan conclusiones que sólo son verdad para uno mismo, y pasan por alto que es probable que no sean aplicables a otras personas. La solución: Hay que tratar todas las opiniones sobre la gente como hipótesis que deben ser probadas y comprobadas, cuestionándolas con sumo cuidado. No somos infalibles en nuestros juicios, las más de las veces es al contrario. Se puede ir asentando un juicio, pero no se debe actuar precipitadamente sin antes no haber comprobado la hipótesis de partida fehacientemente.

Visión catastrófica: Como su propio nombre indica se trata de una manera de pensar exagerada y negativa. Suele ser una preocupación, es decir, una anticipación del peligro o del problema. Los pensamientos catastróficos suelen comenzar con las palabras: “y si…” La solución: Estudiar las probabilidades reales y mantener la calma y la serenidad. Hay que estar alerta porque la visión catastrófica genera bastante ansiedad, lo cual puede llegar a dificultar la claridad de pensamiento.

Personalización: Es la tendencia a relacionar algo del ambiente consigo mismo. La persona cree que lo que la gente hace o dice es una forma de reacción ante ella. El error básico en la personalización es que se interpreta cada experiencia como una pista para analizarse y valorarse a si mismo. Como derivación se encuentra la tendencia a compararse continuamente con los otros. La solución: No se deben sacar conclusiones a menos que se esté convencido de poseer evidencias y pruebas razonables. Por otra parte es importante abandonar el hábito de compararse uno mismo con los demás. Cuando se pierde en esa competición (y en algún momento se pierde) la propia autoestima puede quedar muy dañada. El valor de una persona no consiste en ser mejor que los demás. No tienes nada que demostrarle a nadie.

Razonamiento emocional: Reposa en la creencia de que lo que la persona siente tendría que ser verdadero. Pero las emociones por si mismas no tienen validez, son producto del pensamiento. Si una persona tiene pensamientos y creencias deformadas, sus emociones reflejarán esas distorsiones. La solución: Los sentimientos pueden engañarnos. Lo que una persona siente depende enteramente de lo que piensa. Si tiene pensamientos distorsionados, sus sentimientos no tendrán validez. Hay que ser relativamente escéptico sobre los sentimientos y examinarlos críticamente.

Tener razón: La persona tiene que probar continuamente que su punto de vista es el correcto. No está interesado en la posible veracidad de una opinión diferente de la suya, sino tan solo en defender su propia posición. La solución: Cuando siempre se pretende tener razón es que no se escucha a los demás. La clave para combatir esta falacia es la escucha activa. Hay que concentrarse en lo que se puede aprender de la opinión de los demás.

Falacias de control: Una persona puede verse a si misma impotente y externamente controlada, o bien omnipotente y responsable de todo lo que ocurre alrededor. La persona impotente se bloquea, termina por no hacer nada, no encuentra soluciones, es pasiva… Se siente indefensa y resentida. No se da cuenta de que siempre hay cierto margen de actuación y que en buena medida cada cual es responsable de lo que le ocurre. La persona responsable de todo lleva el mundo sobre sus hombros, es responsable de la felicidad de la gente que conoce, debe hacer justicia en todas las ofensas, saciar toda necesidad, etc. y si no es así, se siente culpable. La omnipotencia depende de 3 elementos: sensibilidad hacia las personas que le rodean, creencia exagerada en su poder y la expectativa de que es él y no los demás los responsables de la justicia y la satisfacción de las necesidades. La solución: Normalmente las personas suelen alcanzar en la vida lo que para ellas es su máxima prioridad. En este sentido no se puede olvidar que la persona es responsable de sus actos, no es impotente, siempre hay margen de actuación, sea mayor o menor en función de las circunstancias. Por otra parte y respecto a la falacia de la omnipotencia, la clave se trata en reconocer que cada uno es responsable de sus actos. Si alguien tiene dolor, él mismo tiene la última responsabilidad de vencerlo o aceptarlo. No es lo mismo ser generoso y colaborador que una adherencia espartana a la convicción de que hay que ayudar a todo el mundo. El respeto a los demás incluye dejarlos vivir sus propias vidas, sufrir sus propias penas y dejar que sean ellos quienes solucionen sus propios problemas.

Falacia de la justicia: Aplicación de normas contractuales, jurídicas o ideológicas a las relaciones interpersonales. La justicia es una evaluación subjetiva y no coincide en todas las personas. Por otra parte, sin darse cuenta, la justicia puede ser puesta a trabajar al servicio de los propios intereses. El resultado es la sensación de estar siempre en guerra y un creciente sentimiento de enfado. La solución: En ocasiones el mundo de la justicia puede convertirse en un disfraz de los gustos y preferencias personales. Lo que uno quiere es justo, pero lo que los demás quieren no lo es. Se trata entonces de ser honesto consigo mismo y con los demás. Siendo asertivo uno puede pedir lo que necesita o lo que desea sin necesidad de revestirlo con la falacia de la justicia.

Los debería: Cercano al anterior: “los debería”. La persona se comporta de acuerdo a unas reglas inflexibles que deberían regir la relación de todas las personas (él mismo y los demás). A menudo la persona adopta la posición de juez, de los otros y de si mismo. La gente le irrita, los demás no actúan consecuentemente. Las palabras que indican esta distorsión son: debería de, habría que, tendrían que… La solución: Las normas y expectativas flexibles no utilizan las palabras “debería, tendría que, habría que” porque siempre existen excepciones y circunstancias especiales. Los valores personales de la gente son precisamente personales y uno no puede irritarse porque la gente no actúe como uno quiere. Todos tenemos derecho a una opinión, pero debemos considerar la posibilidad de estar equivocados.

Falacia del cambio: La falacia del cambio supone que una persona se adaptará a nosotros si se la presiona lo suficiente. Así la atención y la energía se dirige a los otros. La felicidad parece encontrarse erróneamente en que alguien satisfaga nuestras necesidades. El supuesto fundamental de este tipo de pensamiento es que la felicidad depende de los actos de los demás. La realidad es que la felicidad depende de múltiples decisiones que el sujeto toma en cada ocasión. La solución: La suposición es que la felicidad de la persona depende de los demás y de su conducta. Pero la felicidad no depende de los demás sino de la propia persona y de cada una de sus decisiones.

Falacia de culpabilidad hacia otros: Se busca culpables externos de algo que nos ocurre y nos hace sufrir. La persona mantiene que los demás son los responsables de su sufrimiento. A menudo la culpabilidad implica que otro se convierta en el responsable de elecciones y decisiones que realmente son de nuestra propia responsabilidad. La solución: Cada persona es responsable de afirmar sus necesidades, decir no, o irse a otra parte. Ser honesto consigo mismo y rastrear en el pasado las decisiones que nos ha llevado a la situación actual. Nada sale gratis en la vida.

Falacia de culpabilidad hacia si mismo: Otra vertiente es la inversa de la anterior, cuando una persona se culpabiliza exclusivamente de lo que le pasa y se culpa de todos los problemas propios y ajenos. La solución: Sentirse responsable no implica que también se sea responsable de la felicidad de los demás. Culparse a si mismo por los problemas de los demás es una forma de autoengrandecimiento, pensando que se tiene más impacto sobre la vida de los demás del que realmente se tiene. Existe diferencia entre sentirse responsable y volver la culpabilidad hacia si mismo. Sentirse responsable es aceptar las consecuencias de nuestras propias elecciones. Culparse a si mismo significa atacar la propia autoestima.

Falacia de la recompensa divina: Una persona se comporta “muy correctamente” en espera de alguna recompensa. Sacrifica presente por futuro, pensamiento de tipo cristiano o militante-mal-entendido. El resultado es que la persona se va haciendo hostil y resentida, a fuerza de no recibir recompensas y ver como otros si consiguen sus objetivos sin comportarse “tan correctamente”. La solución: La recompensa hay que recibirla ahora. No cambiar presente por futuro. No imaginar recompensas inexistentes. Las relaciones con otras personas, la consecución de pequeños fines y el cuidado de la gente que se ama son intrínsecamente recompensantes. Es parte de la responsabilidad de cada uno preocuparse por no hacer cosas que después le lleven a estar resentido.

En definitiva, con esto del “pensar bien” no se trata de ser mejor que la voraz e irresponsable clase dominante, -eso es muy fácil-… se trata de ser mejor que nosotros mismos.

TroppoVero

Violencias, propaganda y utilidad. La huelga de Barcelona

La última huelga general anarquista en Barcelona el pasado 31 de octubre, convocada por CNT-AIT, CNT- Catalunya, CGT Barcelona, COS y Coordinadora Laboral y por Apoyo Mutuo del 15M, deja una instantánea que difícilmente pudo pasar inadvertida en los medios de comunicación sistémicos y que ha sido debatida en el seno del anarquismo militante autóctono: individualidades ácratas provocando destrozos en una sucursal de Zara y otra de Apple.

En diferentes foros y asambleas del movimiento anarquista se ha debatido con cierta pasión la acción directa realizada el 31 de octubre contra Zara y Apple, en la que un grupo de activistas –organizado o espontáneo- entró en tropel boicoteando la mercancía de ambas firmas comerciales. Los focos de la discusión se han centrado, básicamente, en su utilidad y en la propaganda. Y ambas temáticas se encuentran, asimismo, conectadas.

Respecto a la utilidad de la acción surgen diferentes interrogantes. Por un lado, aparecen voces que critican el uso –injustificado– de la violencia en general y/o en particular, así como consideran inútil la operación por considerarla carente de contenido político sustancial. Le atribuyen cierto aire de infantilismo y vandalismo. En resumidas cuentas, anular varios productos de una sucursal de una multinacional tiene poco valor práctico, pues apenas contribuirá a las pérdidas económicas de la empresa -en algunos casos, incluso estas tiendas están aseguradas-, por lo que debería entenderse como una acción simbólica. Y de ser así, de tenerla en consideración como un ejercicio de imagen, ésta es negativa para el movimiento anarquista y para las convocantes de la huelga.

Por otro lado, no debemos descontextualizar el hecho, cosa que reivindican quienes se muestran favorables a esta acción concreta y a otras similares. El boicot a Zara y a Apple ocurre durante una jornada de huelga, por lo que se encuadra dentro de un piquete coercitivo. Es decir, es una respuesta a la insolidaridad de empleadas y empresarias con el resto de huelguistas, por lo que la represalia estaría justificada. Además, en la línea de un nutrido grupo de históricas y contemporáneas pensadoras anarquistas, el daño a la propiedad –y más aún a la propiedad privada y a los medios de producción burgueses- no puede considerarse violencia per se, puesto que ésta sólo puede ser ejercida contra seres vivos. No se trataría, por tanto, de un acto de violencia, sino de una respuesta coyuntural y estructural. De un lado, contra la actitud esquirol de los dos comercios, mientras que de otro, por ser célebres cabezas visibles del Capital. Si la huelga es un método de presión económica contra empresarias o gobiernos, el boicot de productos se ve legitimado por ser, simplemente, otra técnica más para conseguir el objetivo.

Respecto a la propaganda, las detractoras del hecho en cuestión aseguran que, puesto que la revolución será con el pueblo o no será, el movimiento anarquista debe tener siempre presente la receptividad del mismo a sus acciones. Y quienes abanderan esta opinión, aseguran que las imágenes tomadas ese día no hacen más que expandir la consideración de la anarquista como una simple encapuchada agresiva incapaz de proponer actos constructivos; como un ser marginal y violento. Por tanto, en opinión de estas compañeras, no hay que valorar tanto la razón –en toda su amplitud semántica-  de la acción como su inclusión negativa en el imaginario social popular. La crítica no sólo es estética –se ha llegado a poner en cuestión a las compañeras de Barcelona por la pertinencia de su vestimenta- sino también ética, pues cargan contra quienes sin formar parte de la convocatoria desoyen las directrices marcadas y actúan independientemente, provocando la criminalización mediática y judicial de, en este caso, los sindicatos anarquistas y movimientos asamblearios convocantes.

Como contestación a esta corriente de opinión surgen quienes, o bien minusvaloran la propaganda, o bien consideran a sus rivales dialécticos unas nuevas príncipes [sic] cuya razón de Estado es la propaganda. No entienden estas voces que el movimiento deba someterse a los gustos y apetencias de la sociedad -y medios de comunicación- burguesa, del mismo modo que no debe doblar las rodillas ante su arquitectura legal, pues no son más que expresiones lógicas de la clase dominante. Si las anarquistas gozasen de la simpatía de quienes sostienen activa o pasivamente al sistema, algo estarían haciendo mal. Tampoco piensan acertado el argumento de salvaguardar las siglas por encima de todo puesto que, aseveran, las convocantes no pueden desear y a la vez controlar al pueblo no organizado llamado a secundar la huelga.

No obstante, por encima de todo debate enriquecedor como este, que deja muchos interrogantes abiertos –y es objeto del texto que las lectoras rellenen cada hueco en blanco-, aquello en lo que no debe caer el activismo es en despreciar las diferentes y honestas opciones de lucha, sino, más bien, tratar de conseguir su convivencia o, al menos, su respeto. Construyamos un mundo nuevo desde la diversidad, defendiendo nuestros principios por los medios que consideremos convenientes, siempre desde el compañerismo y la fraternidad.

Vídeo relacionado: http://www.youtube.com/watch?v=hLFP6y9IoZk

Adrián Tarín

¿Gay y de extrema derecha?

Leo en Ociogay una entrevista a un joven que se define como homosexual y de extrema derecha al mismo tiempo. La historia parece sacada de uno de esos programas morbosos de televisión, pero lo cierto y verdad es que refleja una realidad que no podemos obviar: la compleja intersección de múltiples identidades e intereses grupales.

Mario Valdés, de 24 años, es un joven cántabro que parece tener las cosas muy claras: es homosexual y además de extrema derecha. Y reconoce ambas cosas sin tapujos y de forma abierta. No obstante, aunque en la entrevista su discurso pudiera parecer sólido y lleno de certidumbres personales, sus palabras no dejan de reflejar una identidad personal contradictoria que inevitablemente se deriva de la actual sociedad capitalista occidental.

A lo largo de la entrevista une puede encontrar múltiples falacias y medias-verdades que ya no nos sorprenden. Una de ellas la encontramos en su primera respuesta: «Desde luego estoy en contra totalmente de un estado multicultural, mirad lo que esta pasando con un 12% de extranjeros, imaginad la hecatombe si fueran por encima del 25%.» ¿Qué está pasando? ¿Qué pasaría si la población del Estado español tuviera un 25% de personas inmigrantes? El miedo y el odio que destilan sus palabras las encontramos todas las semanas en los medios del Estado; después de todo les homosexuales también consumen las noticias de los medios de comunicación.

Las mentiras y los prejuicios raciales siguen a lo largo de la entrevista, por ejemplo: «Los robos están a la orden del dia, parece mentira que los homosexuales, a los que creo inteligentes, no se den cuenta de esta situación, ¿a quien no le ha pasado que un extranjero le haya robado o intentado robar en el ambiente gay? Y siempre son los mismos, los de fuera» (sic). Una vez más vemos en sus palabras el discurso de la derecha, el cual se reproduce una y otra vez en los medios de comunicación. Cuando Ociogay le pregunta por la discriminación racial, él contesta: «No es discriminación, es sentido común, creo que un mundo sin fronteras sería un absoluto desastre.»

Pero lo más interesante de todo esto es que una persona de un colectivo tan reprimido en nuestro mundo «civilizado» se exprese en estos términos. Cómo él mismo dice, y no puedo concordar más, el mero hecho de ser homosexual no implica una ideología política determinada, pero sí que debería implicar una sensibilidad mayor a la opresión que otras personas sufren. Y digo debería porque los sentimientos de solidaridad humana no son tan evidentes como pudieran parecer. De esta entrevista podemos sacar en claro que la identidad personal es una construcción social y sumamente compleja que muchas veces se escapa al «sentido común» de muches (las comillas no son gratuitas).

A lo largo de nuestras vidas experimentamos multitud de situaciones sociales en muy diversos contextos, por lo que la intersección de elementos es inevitable. La sociedad capitalista actual se caracteriza por la gran flexibilidad social que permite: une puede ser estudiante, asalariade, y deportista al mismo tiempo. Además puede ser de derechas, racista, creyente, y amante de la F1. Podemos disfrutar de un café Starbucks, de un sandwich en el Rodilla, o de un libro en la FNAC. Podemos salir de fiesta con les compañeres del trabajo, y preferir salir a pasear con les compañeros de clase. El mundo a día de hoy está plagado de escenarios sociales que requieren de la reproducción de diferentes roles, los cuales terminan confluyendo de manera más o menos cristalina en la identidad personal.

Lo que yo veo en el discurso de Mario es precisamente esto, pero de la peor de las maneras posibles. La insolidaridad que fomenta la sociedad capitalista por medio de valores individualistas y excluyentes terminan por calar hondo hasta en personas que son lamentablemente discriminadas por su orientación sexual. Pero esto no es nuevo, ¿acaso no conocemos a personas de origen humilde que votan a partidos de derecha? ¿O acaso no conocemos a mujeres más machistas que muchos hombres? Algunes podrían decir de forma simplista que esto tiene que ver con una falsa conciencia de clase, pero la realidad es mucho más compleja y aterradora. Que Mario sea homosexual y de extrema derecha no es solamente una cuestión de engaño ideológico; Mario es la encarnación de todas las incongruencias sistémicas que derivan en contradicciones que se contrarrestan mutuamente, permitiendo así la reproducción del sistema imperante.

Kropotkin afirmaba que la solidaridad y la ayuda mutua eran características naturales e innatas en todos los animales, incluyendo por supuesto al ser humano. Sin embargo, esa misma solidaridad que nos ha permitido evolucionar natural y socialmente como seres humanos es asediada por valores que reflejan la ideología burguesa. Y nosotres, que consumimos cultura, noticias, y sociedad, terminamos interiorizando dichos valores como propios. Anteponer una supuesta raza blanca a una orientación sexual es tan descabellado como afirmar que el oxígeno es más necesario que el agua.

Sí, Mario, un homosexual tiene la misma libertad para escoger autónomamente su ideología política, pero defender la opresión de seres humanos con motivo de su origen, color de piel, o credo, es tan sumamente incongruente que difícilmente se puede sustentar con rigor intelectual. La opresión es opresión sea del tipo que sea. La discriminación es condenable en todas y cada una de sus manifestaciones. No solamente tu discurso está lleno de prejuicios racistas y falacias socioeconómicas, sino que tus palabras también reflejan la esquizofrenia identitaria que resulta de una sociedad tan fragmentada y efímera como la nuestra.

Y es que en el capitalismo actual no sabemos quiénes somos, y así le interesa al sistema que sea. El enemigo común es la burguesía, Mario, no la persona que tiene que emigrar de su país por las guerras promovidas por flujos transnacionales de capital. El enemigo común es el patrón que nos explota, no la persona que sufre de esclavitud asalariada por no tener un papel que le garantice protección jurídicosocial. El enemigo común, Mario, es el burgués-policía que todes llevamos dentro, no la persona que intenta sobrevivir en un mundo bajo el yugo del hombre blanco al servicio del capital.

Espero que algún día sepas ver que la discriminación que tú puedas sufrir por ser homosexual es la misma que les inmigrantes sufren por el mero hecho de existir. Tú deberías saberlo mejor que nadie.

Dos caras para una misma hegemonía

Mañana 6 de noviembre 2012 tendrán lugar las elecciones de Estados Unidos. Dos candidatos  principales; dos estilos de administración; un mismo sistema hegemónico.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las elecciones de Estados Unidos son de vital importancia para todo el mundo: les ciudadanes del Estado hegemónico que domina el globo en diversos aspectos deciden quién administrará no solamente su territorio, sino también gran parte de las dinámicas transnacionales. A les que no vivimos allí se nos podría pasar por la cabeza que las elecciones nos quedan un poco lejos, pero lo cierto y verdad es que los resultados que deriven de los comicios de mañana nos influirán a todes durante los próximos cuatro años.

La dominación estadounidense no solamente es militar, por lo que un cambio de partido cambiaría las relaciones internacionales al cambiar la política exterior del ejecutivo; la dominación de la primera potencia mundial también es económica, política, social, y cultural. Económicamente, lo que hace y decide Estados Unidos reverbera en casi todos los rincones del planeta, por poner un ejemplo: los flujos transnacionales de capital, en forma de inversiones directas a través de corporaciones, parten en gran medida del gigante norteamericano, no solamente hacia países «en vías de desarrollo» sino también a países «desarrollados». De hecho, la mayor parte de los flujos de capital se dan entre tres regiones globales que acaparan a la mayoría de países de la OCDE. Estas regiones son Europa, Norteamérica, y el Asia Oriental. Por otro lado, en 2010 estos flujos de capital fueron de 1.122 billones de dólares según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, siendo Estados Unidos el mayor destinatario mundial con 200 billones de dólares.

Cultural e ideológicamente Estados Unidos también posee el dominio mundial, haciendo que su postura política sea de gran influencia en las instituciones internacionales que deciden el futuro de la economía globalizante (como el Fondo Monetario Internacional, en el cual es el primer contribuidor). Pero tal vez la mayor dominación que ejerce Estados Unidos sea la simbólica: la ideología que defiende, es decir, las ideas y valores que dan sentido a las acción humana ya sea en la esfera económica, en la política, o en la social, es la dominante a nivel global. Y por lo tanto nos afecta a todes, pues en menor o mayor medida todos los Estados están ligados de una forma u otra a dinámicas transnacionales que se escapan de su control directo.

No obstante, que  mañana gane Obama o Romney solamente tiene una importancia superficial. El estilo de administración de los dos candidatos es claramente distinto, pero la ideología que los dirige es exactamente la misma. Y no es cuestión de si las corporaciones y los lobbies dominan la estructura política de la potencia hegemónica; también es cuestión del ethos que da sentido a la vida de les norteamericanos, quienes votan virtualmente en nombre de todo el planeta. La cultura estadounidense, pues, es exportada a lo largo y ancho del planeta por diversos medios como instituciones, conferencias, o películas. Hollywood es, seguramente, la mayor exportadora de hegemonía estadounidense, y sin duda es efectiva.

De ahí que hablar a día de hoy de imperio no es tan descabellado. Y mañana ese imperio decide la cara que le representará ante el mundo entero: una cara que no importa si es negra o blanca pues los poderes que la sustentarán son los mismo, y sus intereses capitalistas no cambian.

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