El hombre en la cultura patriarcal

El patriarcado, como sistema, tiene como función determinar ciertos aspectos y comportamientos de aquellos sujetos sometidos a él; esto es tanto la mujer como el hombre. No pretende este ser un ensayo de carácter científico-social como el excelente ejercicio al cual parafraseo en el título, sino más bien unas anotaciones en torno a unas influencias, quizás menos estudiadas, de las jerarquías de género en la sociedad capitalista contemporánea.

Los tentáculos del patriarcado no sólo succionan e inmovilizan a la mujer en una posición determinada del organigrama vertical de género, sino que encasillan, como consecuencia, también al hombre. Quizá puede pensarse, y se tendrán grandes dosis de razón superficial, que su situación es de privilegio, si consideramos el ejercicio de dominio como una circunstancia positiva. No obstante, la dominación, aunque a corto plazo pueda resultar beneficiosa para el poderoso y dañina para el desposeído, es un fenómeno maligno bidireccional.

Los imaginarios creados por el patriarcado vinculan tanto a la mujer como al hombre, aunque en graduaciones diferentes. A la simplificación y asignación de roles (que afectan por igual), las mujeres han de sufrir la estigmatización, circunstancia de la que los hombres tienen la lógica oportunidad de librarse por situarse en el pedestal jerárquico. No obstante, como digo, los roles impuestos afectan a ambos sexos, y no precisamente de forma emancipadora. Si bien la mujer ha de ser sumisa y débil, el hombre ha de ser dominante y fuerte. A priori, los hombres pueden pensarse beneficiados por este reparto cultural de papeles. Sin embargo, la dominación y la fortaleza son armas de doble filo que empobrecen su capacidad de relación social.

Los hombres, desde su infancia, crecen en la creencia de que mostrar algún signo de empatía o sentimentalismo supone ausencia de virilidad. Llorar en público, abrazar o besar a un amigo, no poseer destrezas deportivas, jugar con muñecas, vestir alguna prenda color rosa, no tener una complexión atlética o mostrar simpatía hacia los animales o hacia canciones románticas, por citar algunos comportamientos o aficiones, es sancionado en base a una supuesta pérdida de la masculinidad (cuyo germen es la penalización de la homosexualidad y la atribución de fragilidad femenina), eliminando o alterando la identidad del niño. Estos imaginarios sociales se perpetúan durante gran parte de la vida del hombre -si no toda-, afectando a su capacidad de amar y a su creatividad. Generan tabúes, limitaciones a la libertad. Las representaciones que difunde el patriarcado -y que soportan tanto mujeres como hombres- empobrecen las interacciones entre ambos sexos y entre iguales. Si el sistema concibe una dicotomía entre el Bien (el hombre) y el Mal (la mujer), todo aquel comportamiento asociado a la mujer alejará al hombre de sí mismo, es decir, del Bien.

Además, el Estado posee los mecanismos necesarios para beneficiarse de los roles de género masculinos en su autodefensa. La propaganda militar o policial se nutre de valores ya existentes en la sociedad -la virilidad como sinónimo de gallardía y como antónimo de feminidad- para cumplir el primero de sus propósitos: persuadir al hombre común de que debe ir a/apoyar la guerra. Los diez mandamientos de la propaganda de guerra de Lord Ponsonby, que pueden resumirse en todo lo que haga yo está bien y todo lo que haga el enemigo está mal, finalizaba con un recurrente «los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores». Es decir, quien contravenga las leyes de la masculinidad será una mujer y, por tanto, será una traidora. El honor, la valentía, el patriotismo, el orgullo, etcétera, son valores que pueden practicar tanto hombres como mujeres, pero serán los primeros quienes lo adopten como característica innata, y aquellas mujeres honorables o valientes habrán adoptado roles viriles -y tendrán que comportarse como tal, reprimiendo sus sentimientos y su identidad-.

Así, se repite necesario hacer pedagogía feminista para evitar caer en la maniquea percepción de la guerra entre sexos (concepción habitualmente compartida entre los hombres [1]) y comprender que el enemigo a batir es un fenómeno cultural, no biológico, y que la lucha en defensa de la igualdad de género no es un acto solidario del hombre hacia la mujer, sino un frente común de afectación general.

Adrián Tarín

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[1] Algunas teorías feministas atribuyen a causas naturales la aparición de la guerra, haciendo hincapié más en una serie de características biológicas del hombre que en la atribución cultural de roles, así como observan una prolongación fálica en la morfología de misiles y balas. En mi opinión, no son teorías adecuadas.

Anarquismo y ciencia: una breve reflexión

A menudo leo a gente (anarquista) que despotrica contra el marxismo, y lo hacen arguyendo, entre otras cosas, que es una pretensión científica de comprender la historia humana. Y así parece que existe una bolsa de personas dentro de nuestro movimiento libertario que no está por la labor de concebir la ciencia, ya sea social, natural, o experimental, como una excelente herramienta para la consecución de nuestras metas. Por el contrario, yo diría que es la única herramienta que nos garantiza el triunfo de nuestra revolución, en tanto que la ciencia se sustenta en el análisis racional de la realidad material, y la razón, le duela a quien le duela, es parte importante  del camino hacia la emancipación humana.

Al marxismo se le puede criticar por un millón de cosas: su determinismo estructural, el más bien poco-importante papel de la «superestructura», la inexistencia de una crítica sistemática del poder y la autoridad, su concepción utilitarista del Estado… etcétera. Pero es precisamente el carácter científico y racional de la teoría marxiana (guste o no) lo que hace de ésta una potente explicación no solamente del sistema capitalista de producción, sino de la historia humana en su conjunto.

Como dijera Kropotkin, bien es cierto que el anarquismo no nace de la ciencia ni ha de enquistarse en esta. El anarquismo, al igual que el socialismo, fue, es y será un movimiento popular que yace en la base de la sociedad jerarquizada en la que vivimos, entre la gente que ni ha ido a la universidad ni tiene por qué saber quiénes fueron Malatesta o el mismo Kropotkin. El anarquismo nace del pueblo, y de sobra es sabido que la ciencia no pertenece al pueblo, no al menos hoy en día. ¿Quiénes hacen ciencia? Como Bakunin y Kropotkin dijeron, la ciencia es cosa de «hombres acomodados», de burgueses que han sido socializados con la ideología burguesa y, por lo tanto, atienden a razones e intereses burgueses. No obstante nada de esto invalida el argumento de mi texto.

Que la ciencia esté dominada a día de hoy por la clase burguesa no significa que sea per se mala o inútil. Es cierto que el siglo XX ha demostrado que la ciencia no era la explicación racional y precisa que creían los hombres y mujeres del siglo XIX. Desde la teoría física de Einstein hasta los desarrollos filosóficos del postmodernismo, el siglo XX ha dejado bien claro que más bien todo es relativo, construcción social, o simplemente inaprensible. ¡Pero qué ironía que estos «descubrimientos» vengan de la propia ciencia! Qué ironía que la bomba que destruye el edificio racionalista y objetivo de la ciencia moderna sea una bomba fabricada con los mismos materiales: con el discernimiento racional, la aplicación sistemática de un método, y el debate serio y riguroso.

Grandes conceptos del anarquismo vienen, sin duda, del hacer científico. La idea de «ayuda mutua» que maneja Kropotkin deriva de sus observaciones geográficas-zoológicas, cuando se percató de un hecho interesante: la evolución animal atiende a la solidaridad de especies y no a la competición que defendían los seguidores de Darwin. De la misma manera, en un mundo en el que la producción cultural e ideológica está absolutamente dominada por los intereses materiales de una clase dominante, el discernimiento crítico y racional es la única vía que nos queda para romper con el hechizo del capitalismo. Alguien nos podría decir que para argumentar que el capitalismo mata de hambre no hace falta estudiar un curso de máster. Pero, ¿qué hay del patriarcado? ¿Qué es el movimiento 15M? ¿En qué dirección reman las asambleas de barrio que se multiplican por el Estado español? ¿Cómo tratamos la libertad de prensa? Hay cuestiones no tan claras ni tan fácilmente identificables. ¿Cómo le explicamos a una ciudadana del 15M que votar a IU no cambiará nada? ¿Cómo le explicamos a un joven comunista que el Estado no se puede tomar en nombre de la clase obrera, sino que hay que abolirlo y organizar la sociedad de otra manera? Sería muy cínico negar que estas preguntas no encuentran respuestas útiles y valiosas en disciplinas como la historia, la sociología, la psicología social, la antropología… etcétera.

Que hay que des-aburguesar la ciencia. Sí. Que hay que acercar la producción científica a eso que llamamos «pueblo». También. Que todo hombre y mujer tendría que tener acceso, deseo, y capacidad de comer del fruto de la ciencia. Desde luego. Pero nada de esto niega la validez de la ciencia como instrumento revolucionario. Ciencia no es producir más coches, mandar cohetes a Marte, o estudiar los circuitos cognitivos del consumidor. Ciencia es observar al mundo en el que vivimos de una manera muy concreta: mediante el uso de la razón, la cual nos lleva inevitablemente a la igualdad social [1].

Notas

[1] Si bien es cierto que no menciono el gran papel de la dimensión irracional del ser humano, esto no significa que niegue la importancia de otros elementos como la intuición, los deseos, las pasiones, los sentimientos, y todas esas cosas que «tenemos dentro» y que nos cuesta expresar mediante la palabra escrita o hablada. Si he omitido esta parte es por no ser directamente relevante a la idea este texto, el cual he pretendido que sea corto y directo-al-grano.

El irresponsable acto de ir a votar

Por Youqing

Controlar o al menos influir en el propio destino es no solo un anhelo humano sino también un desafío y un temor. A pesar del empeño, los sacrificios, emociones y tiempo que son puestos al servicio de cumplir un objetivo, ya sea individual o colectivo, para avanzar como persona o como sociedad; en numerosas ocasiones todo es en vano, es inútil, y nace el sentimiento de injusticia inherente a la vida misma.

Es bajo esta sensación de descontrol bajo la cual nacen las creencias mágico-religiosas, mecanismo de defensa que no viene a ser más que la rendición de la propia voluntad humana. Como seres racionales y emocionales nos vemos desbordados por la muerte de un niño, por la enfermedad, por la propia finitud de todo lo que amamos, incluída nuestra propia existencia.

Todas las culturas han buscado una explicación en formas alejadas de lo humano: dioses para todos los gustos, vidas tras la vida, reencarnación, mitos y leyendas que cuentan que no somos tan despreciables como parecemos, tarot, cartas, astrología…en fin…”no somos nada”.

Quizás no seamos mucho, pero lo somos todo.

La iniciativa griega de empezar a manejar conceptos filosóficos, científicos y democráticos surgió de la concesión al ser humano del protagonismo que merecía. Quizás ese potencial racional y organizativo, el intentar explicar lo que nos rodea y nos afecta de forma causal y no dependiente de fuerzas externas ante las cuales solo podemos someternos podría llevarnos a algún fin, alguna meta, una mejor vida, una mejor organización.

La ética pone el acento en el ser humano libre, Aristóteles nos dice nada menos que ético es desarrollar nuestro potencial, nos propone una ética teleológica, que se desarrollaría hacia un fin, una meta.

Pero si restamos importancia a factores externos, sobrehumanos, y somos nosotros los responsables de mejorar individual y colectivamente surge algo terrible: la responsabilidad.

El fracaso no vendrá dado por una alineación planetaria, ni por una ofensa a un dios, o por algo que hicimos en una anterior vida. Si creemos en nosotros como seres humanos con voluntad racional, creadora y organizativa, seremos responsables de los fracasos.

Las formas de control sobre las capacidades que definen al ser humano, es decir, la aniquilación de su capacidad de pensar, de actuar de forma afín a una voluntad y una ética , la decisión del propio destino y la organización con sus iguales para definir, decidir y discutir el destino común; la destrucción de todo ello bajo las formas de esclavitud, feudalismo, monarquías absolutas, fascismo o comunismo, dio paso tras la primera experiencia griega y más cercano a nuestros días a lo que se llama democracia.

El concepto de democracia actual se basa en la elección de una serie de representantes que obtienen tras un acto de segundos de duración por nuestra parte, el voto, legitimidad para actuar durante cuatro años en nuestro nombre.

Si bien nos repiten hasta la saciedad que en un sistema democrático es el pueblo el que decide, la realidad parece demostrar cada día que algo se nos escapa. ¿ Será cierto que de pocas décadas a ahora han desaparecido, por arte de magia las clases dominantes?, tras siglos , milenios, de sistemas injustos que condenaban a la mayoría de la población a ser explotada para beneficio de unos pocos, tras siglos de guerras justificadas únicamente por la ambición y el patológico orgullo de un puñado de descerebrados con poder que han causado millones de muertes inocentes, de seres que no han decidido su destino más que el cerdo que va a un matadero, con la diferencia de que el cerdo no se siente orgulloso de la granja donde nació y por cuyo dueño morirá; tras todo lo que cualquier libro de historia nos dice, hemos venido a nacer en una democracia.

Somos dueños de nuestro destino como sociedad, nosotros decidimos.

Pero parece obvio que para decidir realmente hacen falta , al menos, algunos elementos: información, comunicación, capacidad resolutiva y formación como seres racionales.

Son solo algunos elementos, os invito a encontrar más.

La información, ¿quién nos informa?, a quién pertenecen los grandes medios de información, si bien ahora tenemos acceso a múltiples fuentes no hay que olvidar la importancia del mensaje repetido hasta la saciedad desde la infancia, por no entrar en valores culturales y debates postmodernistas. Qué pertenece a la actualidad y qué no…al fin y al cabo: ¿ Cuál es el debate?. No importa el resultado del debate, importa por qué se debate esto, y no otra cosa.

Si tenemos información veraz y rica de algo que nos afecta como colectivo, ¿ tenemos la capacidad organizativa de debatirlo y posibilidad de comunicación?. La enfermiza individualización regada por las dificultades de la vida actual, que muchas veces no solo dificulta la interacción social,sino la propia formación de una familia, la escasez de tiempo, la sustitución de las plazas públicas por centros comerciales como lugar común y la desconfianza hacia “ el otro”, gracias a la supuesta escasez de todo aquello que necesitamos para vivir: techo,comida,trabajo; hacen que el debate colectivo aparezca como algo irrisorio, extravagante. Me llama la atención la enorme dificultad y miedo que expresan muchas personas a la hora de compartir experiencias, emociones en público; produce vergüenza, inseguridad, y de nuevo el miedo a asumir la propia responsabilidad como ser humano a tomar parte de una decisión, de algo colectivo…quizás seamos poca cosa, pero lo somos todo.

Si somos personas bien informadas, que debaten y toman decisiones conjuntas, ¿qué capacidad de ejecutar dichas decisiones tenemos?. Este es el momento en el que los bienpensantes se sobresaltan.

“La capacidad de decidir viene dada en las urnas”: todos los pensamientos, todas las experiencias vividas, todos los engaños aguantados por los supuestos representantes, todo…tenemos que compactarlo, sintetizarlo y expresarlo en una papeleta, que ya viene dada, que representa a un partido, formado por unos individuos que no conocemos y que tienen legitimidad, poder y capacidad de decisión en los próximos años. Que estará por encima de cualquier otro poder, de cualquier decisión colectiva.

A partir de ese momento quedan anuladas y por periodo de cuatro años, todas aquellas cualidades que verdaderamente nos harían responsables y partícipes de nuestro futuro: nuestro ser, nuestra voluntad queda congelada en un ínfimo acto. Podríamos entrar en todo el aparato manipulativo, de control, en las reales posibilidades de elección, en verdaderas opciones de cambios de sistema, de organización al fin y al cabo de la sociedad. Pero no es el tema, esas opciones no son reales.

No somos quizás los afortunados hijos de unas décadas en las que han desaparecido milenios de opresión, quizás es ingenuo pensar que tras siglos de dominación de unos pocos sobre el resto , esto ha cambiado justo ahora.

Al votar no hacemos más que alimentar la permanencia de este sistema, porque, incluso aunque nos gustara el sistema, estamos regalando en el peor de los casos a un farsante y en el mejor a un ingenuo; una parte fundamental de nuestro valor intrínseco como personas: la capacidad de decidir nuestro futuro, de ser parte activa del día a día de nuestra comunidad más allá de relaciones personales o intereses empresariales, nos negamos nuestra capacidad de cambiar de opinión, el pensamiento político queda reducido a la sobremesa.

¿Por qué se acepta de forma masiva?, quizás por la misma razón que nacieron las religiones, por lo tranquilizador que resulta evadir la responsabilidad. Cuando las desgracias vienen dadas por los actos de otros, la culpa no aparece.

Si la clase política fuera verdaderamente representativa los políticos serían objetos de adoración, pero no parece ser así. La clase política adopta la forma de representación divina, en este caso la divinidad no viene dada por mágicas leyendas de sus antecesores, ni por extraños poderes, sino por delegación de un supuesto poder del pueblo, que en un teatrillo dice a una clase intermedia ( entre la verdaderamente dirigente y el pueblo): “aquí tenéis lo que pedís, mi papeleta, yo mando ahora y os maldeciré en estos cuatro años”. Sin responsabilidad no hay culpa, la clase política es el voluntario escupidero de las miserias que cada día todos construimos, al huir de nuestra responsabilidad como seres sociales de informarnos, pensar, expresar, debatir y decidir, qué hacemos con esto…que no es mucho, pero es todo.

Sobre el autor:
Youqing es médico de familia, psicoterapeuta y estudiante de filosofía. Interesado en la psicología de la sociedad.

Cuando internalizamos el sistema

Este artículo es una respuesta-complemento (y no una crítica) al texto que P. Heraklio publicó en Portal Oaca.

Los sistemas públicos de salud están bajo el asedio neoliberal que pretende privatizarlos. Uno de los resultados es el descenso de la calidad del servicio prestado pues, como bien explica P. Heraklio en su texto, el personal más cualificado tiende a ser despedido y sustituido por personal menos cualificado (que cobra un salario menor). El ahorro continuo perseguido por cualquier gestión privada atiende a una lógica sencilla: maximizar los beneficios. De ahí que el médico inglés sea sustituido por un paramédico en la ambulancia, y que las enfermeras se tengan que encargar de las abarrotadas salas de emergencia. No obstante esto requiere de una más extensa explicación.

Los economistas clásicos, Smith y Ricardo por ejemplo, ya se dieron cuenta de una ley inevitable del sistema capitalista de producción: el descenso progresivo de la tasa de beneficio. Marx, bebiendo de los clásicos, tomó la ley y la introdujo en su teoría del capital. En pocas y sencillas palabras: el capital tiende a acumularse a medida que crece, la competencia también sube y, por lo tanto, el capital disponible arroja menos beneficios en la producción de mercancías (bienes y servicios).

Es por ello que para mantener el beneficio estable o para incrementarlo el capitalista tiene que buscar una alternativa productiva. Históricamente, esto se ha venido haciendo externalizando la producción de mercancías, de ahí el imperialismo capitalista y la globalización de hoy en día (la cual está liderada por la figura de la corporación transnacional). La apertura de nuevos mercados permite el incremento de los beneficios al gozar por un periodo de tiempo una ventaja comparativa en un mercado donde los sujetos pueden ser explotados (aunque existen otros factores que hacen que los beneficios aumenten al externalizar la producción, como un Estado menos exigente a la hora de cobrar impuestos, el ahorro en costes de transporte de materias primas, etcétera).

Sin embargo, el capitalista también puede evitar la inevitable tendencia del beneficio a bajar mediante la reducción del coste de producción en el mercado interno, es decir, bajando los salarios de las personas a las que explota (de esto ya se dio cuenta Ricardo, y de hecho lo condenó). Esto es lo que vemos en los sistemas de salud que P. Heraklio expone en su texto, pero con un matiz que el texto no recoge: que el médico, en su calidad de burgués, no está dispuesto a cobrar menos. Es más, seguramente quiera cobrar cada vez más.

La lógica que sigue el capitalista para mantener su beneficio es sencilla: el capitalista prefiere menos gente trabajando pero más intensamente, porque así puede pagar menos salarios o jornales por una mayor usurpación de plusvalor. De ahí que tenga más sentido, bajo la lógica capitalista, tener cuatro trabajadores trabajando diez horas que dar empleo a quince personas por cinco horas al día (de esta formar también se mantiene un ejército-reserva de gente parada).

Pero aquí viene el matiz del que hablaba yo antes: las personas somos bombardeadas con los valores capitalistas desde la cuna, por lo que terminamos socializando los intereses de la clase burguesa y de la clase capitalista (que a fin de cuentas tienen los mismos intereses). De esta manera, el médico de la NHS no quiere dejar de cobrar un sueldo que considera digno para su profesión porque tiene unos esquemas de clase muy específicos, unos esquemas que incluyen unos estándares de vida, una idea sobre su salario, sobre su dignidad y honor como «miembro respetable de la sociedad», etcétera. La enfermera de la NHS, por su parte, también tiene unos esquemas determinados. Y lo que une a ambos es el deseo de trabajar más para ganar cada vez más, con la ligera diferencia que el médico ya no encuentra satisfacción en la NHS que corta salarios a diestro y siniestro.

Tan miserable es nuestra vida en la sociedad capitalista que terminamos por hacer nuestros los intereses de la clase que nos explota. Claro está que ni todos los médicos ni todas las enfermeras son iguales (los géneros de las palabras no son gratuitos), pero aquí estoy hablando de grandes patrones sociales que no podemos obviar cuando analizamos la realidad en la que vivimos. Sí, hemos de estar en contra de los recortes salariales que lo único que consiguen es aumentar la explotación capitalista (pues se sigue produciendo lo mismo pero el plusvalor que obtiene el capitalista incrementa al pagar un salario menor, un salario que es usurpado de lo que la propia persona produce). Pero también hemos de estar en contra de la mentalidad pequeño-burguesa que suele predominar en las profesiones liberales: medicina, enfermería, abogacía… De nada nos sirve oponernos a los recortes si lo hacemos porque queremos cobrar más, porque no queremos perder poder adquisitivo (es decir, porque no queremos perder nuestro puesto en el juego capitalista).

Nos oponemos a los recortes salariales porque nos oponemos a la explotación del capitalismo. Porque somos anticapitalistas, y porque tenemos conciencia de clase. Nos oponemos a que nos recorten el salario porque creemos firmemente que luchando a la clase burguesa llegará el día en el que ninguna persona sea explotada, en el que todas las personas se ganen «el pan de cada día» de manera justa y digna. No nos oponemos porque queremos comprarnos un BMW el año que viene; nos oponemos porque sabemos que el sistema de salarios es la esclavitud de nuestro tiempo.

Sobre desahucios, buitres, cuervos, y zorras

Por Alonso Gómez

Martes, 13-11-2012 RNE: “La sociedad entera, encabezada por sus instituciones se enfrenta al drama de los desahucios…”

Con esta aseveración comienza una de esas vergonzosas tertulias que demuestran la total libertad de expresión de la que gozamos, participadas por invitados del  amplísimo espectro político de su democracia. Están todos de acuerdo, faltaría más, en la tragedia que supone que la gente sea expulsada de su dulce hogar, aludiendo a los últimos suicidios. Se congratulan de que el gobierno y el partido principal de la oposición se reúnan para adoptar soluciones.

No exoneran de responsabilidad a los embargados,  “personas que no han sabido administrar sus recursos”. Hacen hincapié en el agravio comparativo que supondría el que quien no pague la hipoteca no pierda la casa frente a los esforzados y responsables ciudadanos  solventes, además, alertan del posible efecto llamada. Resaltan la exquisita sensibilidad de jueces y policías para con los afectados, y se detienen en reseñar que el PSOE ha pedido perdón  a la ciudadanía por no haber actuado antes.

Dos días después, con la huelga de por medio, tenemos la solución, una moratoria de dos años a los casos mas graves , entiéndase rentas bajas con enfermos, bebés, impedidos, mujeres maltratadas…

ANTE  ESTO, NOSOTRAS DECIMOS:

Que estamos hastiadas de padecer estas comedias en todos  sus medios de comunicación, falsos debates donde varios tertulianos (la voz de sus amos, todos fundamentalistas demócratas) hacen cerrada defensa del orden vigente, sólo les separan matices insustanciales.

Desgraciadamente, no es toda la sociedad, únicamente una  ínfima y digna minoría se ha implicado en la defensa de las amenazadas por los desahucios, o sea, por jueces, bancos y policías. Esto ha llevado, eso sí, a que más gente, aunque no se implique, tome posición.

Las leyes de mercado electoral, hacen que ahora los políticos pretendan tenernos en cuenta, e incluso nos pidan disculpas, como hace poco ya hiciera  Su Majestad.

Por cierto, las instituciones, no son de la Sociedad, del Pueblo, son del Estado, y defienden sus intereses frente a los del Pueblo, enfrentados.

Lo cierto es que la referencia en la defensa de los afectados y en la denuncia de esta felonía, la iniciativa parte del pueblo organizado en asambleas, no de las instituciones. Las instituciones son las que nos desahucian, que quede bien claro. Y ahora pretenden ponerse de nuestro lado para amortiguar su descrédito y la creciente desafección de la gente, oportunismo puro y duro, lavado de imagen tan solo. Pretenden contrarrestar la iniciativa popular, ningunear el poder popular, la autoorganización de quienes ni piden ni suplican, acometen.

Cuando este hatajo de sinvergüenzas acusan de falta de responsabilidad a  quienes  nos hemos embarcado en préstamos a los que no somos capaces de hacer frente, eluden y distraen la que tienen los banqueros, los constructores, todos los artífices de la burbuja inmobiliaria, los que sobretasaron y embaucaron, los que inflaron los precios artificialmente. Así, llegado el caso, los hipotecados no podemos vender el piso para pagar la deuda, pues vale mucho menos de lo que nos costó. Nos engañan, nos estafan, nos despiden, y resulta que no nos sabemos administrar. Nos recuerda a la viñeta de “El Roto” en la que un opulento empresario le reprochaba a un pobre obrero: ¿En qué te has gastado el sueldo, sinvergüenza, que has disparado la inflación?

El posible agravio comparativo entre el que no paga y no pierde la casa y el que paga y tampoco, no va a existir, no se caracterizan los usureros por ser dadivosos, precisamente. Eso sí, se puede escribir un extenso libro con incontables e insultantes agravios e injusticias flagrantes que ellos provocan y mantienen y ante los que se hacen la manicura.

El efecto llamada que temen no es  que miles ante su espontánea generosidad dejemos de pagar la hipoteca y nos lo gastemos en caprichitos, temen el efecto llamada de quienes constatan que la unión hace la fuerza, y que pueden esperar todo de sus iguales, y nada mas que palos de las instituciones, y si no, ¿Cómo y quiénes han parado los desahucios hasta ahora, y quienes van a seguir haciéndolo? Lo que pretenden es que volvamos al redil de la legalidad democrática que renunciemos al enfrentamiento con el poder y al apoyo mutuo entre iguales.

 Las asambleas autónomas, la acción directa sin intermediarios, es temible para ellos, pues constituyen per se la más profunda crítica y desautorización del orden político vigente.

Por eso ahora todos quieren parecer buenos, solidarios, los lobos se visten la piel del cordero.

Los jueces, los cuervos, que aplican una justicia invertida, unas leyes que mantienen los privilegios de los privilegiados…  el presidente del Tribunal supremo nos informa de la sensibilidad del poder judicial ante el drama.

Días antes en la portada de “El País” el 11-12-2012 destacó un gran titular: “Los jueces se alían para paliar el efecto de la crisis a los más débiles”, y desarrollaba, “Los cuarenta y siete jueces decanos de España se han convertido en estos días en la inesperada punta de lanza de un movimiento reivindicativo para paliar los efectos sociales del derrumbe económico (…). La justicia esta llamada a encabezar el discurso público contra la crisis (…) han suscrito en una iniciativa que ha removido los cimientos del Poder Judicial, han obligado al Gobierno a plantear reformas legales y han forzado a los dos principales partidos políticos a buscar fórmulas de consenso para cambiar a toda prisa la dura legislación sobre ejecuciones hipotecarías ya cuestionada en la UE”. Acompañado de una encuesta de Metroscopia que informa de que el  95% de los ciudadanos exige cambiar la ley de desahucios. En la misma portada,  otro titular, “Golpe mortal de Mohammed a la ley de desalojos” , este hombre desalojado el año pasado de su casa junto a su esposa y dos hijas llevó el caso al tribunal de la UE, y lo ha ganado.

Los quebrantahuesos, el secretario general del Sindicato Unificado de Policía asegura que apoyarán a los agentes que se nieguen a participar en desahucios. Dice que se escucha a polis con problemas de conciencia (no sabíamos que tuviesen de eso), refieren situaciones desagradables, llanto de niños que les ponen mal cuerpo; algunos llevan el casco y la visera en el interior del domicilio de los desdichados, pero no por peligrosidad, ¡para ocultar las lágrimas! ( conmovedor, sin duda); el silencio sepulcral en el furgón de antidisturbios al regreso de tan heroica acción; incluso alguno ha llegado a vomitar descompuesto y afectadísimo , parece ser , por la injusticia perpetrada… Literalmente narrado por un policía en RNE, 13-11-2012.

Terminan diciendo que se sienten identificados, pero el  “trabajo” hay que hacerlo ( las comillas son nuestras, por supuesto).

La policía, y los antidisturbios no son precisamente una excepción, son voluntarios, si están donde están es por gusto o como poco por propia decisión. Fueron hombres y mujeres, ahora sólo son polis, saben para quien trabajan y sus lágrimas las compran en las rebajas. Desde que existen, miles han vomitado sangre, perdido ojos, dientes y la vida, abortado, sufrido tremendas palizas a manos de estos mercenarios índigos que no se detienen ni ante el llanto, ni ante las súplicas, ni ante los gritos de horror de sus  “trabajos del día”. Son el enemigo, y aunque quieran lavar su imagen, la sangre de sus víctimas es indeleble. Ellos son las Fuerzas de Seguridad del Estado, ante las que no podemos sentirnos más que inseguras. Lo que escuchamos de su boca, nos recuerda al miserable e indecente maltratador que tras golpear a su mujer, le dice lo mucho que la quiere. Ellos nos comprenden, entre paliza y paliza.

La zorras, los políticos y sus partidos, gobiernen o no  las astutas raposas utilizaran mil argucias para convencer a sus víctimas de que van de buenas, que son dignas de confianza y nada hay que temer de ellas, hasta que sea demasiado tarde. Malabaristas especializados en llevarse el gato al agua. El 26-12-2012 Cayo Lara se reunió en el Congreso con una delegación de la  Plataforma de los Afectados por las Hipotecas (PAH). Izquierda Unida se ha comprometido a llevar al parlamento las exigencias de colectivos y asociaciones afectados por este problema. Que oportunos y enrrollaos, quieren ser nuestra voz en el Parlamento, quieren volver al Parlamento, a la legalidad, democratizar las luchas que se pueden ir de madre, dejarnos claro que es allí donde debe resolverse todo conflicto con su desinteresada mediación.

Los buitres, los banqueros usureros que nada aportan, únicamente hurtan, interpretan su papel en este teatro, se lamentan de ser ellos sobre los que recae todo el peso de los alquileres sociales, es decir, de tener que prestar a los desahuciados algunos de los miles de pisos que atesoran vacíos tras haber puesto a sus moradores en la rue.

Lo cierto es que ya es cuestionada en Europa la ley de desahucios española por su severidad  y es mucho el dinero que les resta por recaudar de los millones de estafadas por sus hipotecas abusivas, por su ultrausura. La poderosa Banca no tiene intención alguna de “perdonar” un solo céntimo del botín de guerra del saqueo, lo que esta aconteciendo, ha de percibirse como sus maniobras para de una u otra manera no tener que renunciar ni a una miga del pastel.

La paralización de desahucios en casos de extrema necesidad, la moratoria de dos años, es pura publicidad, propaganda barata del poder, queda mal sacar a un enfermo en camilla, a un impedido, a un anciano decrépito, a un bebé llorón ante las cámaras de televisión. Además, lo de los dos años será a ver si se recupera la economía y se crean unos puestos de trabajo basura post-tropecientas reformas laborales y con sus miserables sueldos podamos seguir pagándoles ante el temor de acabar bajo un puente, o quizá esperan que en dos años los viejos y enfermos mueran y los bebés crezcan…. Y el alquiler social… reproducimos textualmente lo que un trabajador inmigrante dijo en desayunos de TVE,el 16-11-2012 a las 09:12: “Agradecer que me han dado un alquiler social, PUES NO, después de que un piso me cueste doscientos sesenta y tres mil euros y ahora he visto con mis ojos que cuesta cincuenta y cinco mil. No puedo estar agradecido al Sistema ni a los políticos ni a los bancos. Yo ya he pagado con creces.”

Eso sí, de las preferentes ya  no les gusta hablar tanto, de miles y miles de personas, la mayoría ancianos estafados vilmente, peor que el timo de la estampita…no son más que unos miserables trileros. El 28-11-2012 Bankia anuncia, exigencia europea, la quita de preferentes: un 39 % a particulares que llega al 46% a propietarios de deuda subordinada perpetua.

Unos 37.000 millones de euros de ayuda europea a la banca, que cerrará la mitad de sucursales,… unos miles de despedidos más. Recordemos que las cajas, sus consejos, estaban politizados, y según los gobiernos regionales, así se los repartían. Tenían consejeros los partidos, Izquierda Unida incluida, y los dos grandes sindicatos… eso en los años de la locura inmobiliaria, de la que todos participaron.

No olvidemos que si se ha montado todo este revuelo político- mediático ha sido por las muertes acaecidas, sobre todo por los dos últimos suicidados: un hombre ahorcado en Granada y una mujer defenestrada en Euskadi. Gente desesperada que toma una decisión desesperada.

Le dan menos publicidad a otras acciones de gente desesperada, sin muertos. Nos referimos a lo que hizo entre suicidio y suicidio el bueno de Víctor, vecino de Sotopalacios, Burgos. Este castellano de 72 , que lleva 30  currando en su carpintería metálica e hinchándose a pagar impuestos, como todo hijo de vecino, tras intentar infructuosamente renegociar la deuda de un préstamo de 24.000 euros para su negocio  con el banco, y después de que el juzgado ordenase el embargo de una finca suya valorada en 90.000 euros, se presento en la sucursal con un bidón de 20 litros de gasolina , y tras desalojar a los cuatro empleados, procedió a su desinfección con un éxito rotundo… quedo totalmente destruida. Igual que nos entristece conocer los suicidios, nos alegra la decisión de Víctor, que en vez de destruir su vida, ha hecho algo constructivo, le felicitamos, y hacemos un llamamiento a que se le apoye frente a la justicia que va a querer escarmentarle  temerosa de que cunda el ejemplo. Quemar bancos ya no es un saludable deporte practicado en exclusiva por jóvenes radicales, es una expresión de justicia del Pueblo.

El 28-11-2012 se suicida en Santesteban, Navarra un hombre de 59 años , debía 4.200 euros de alquiler y el juzgado decretó el desalojo por impago… El mismo día de la toma de posesión de José Antonio Sánchez como nuevo fiscal jefe de Navarra que ha expresado sus “condolencias mas sentidas” a la familia y ha aseverado que “esta muerte no es imputable a la administración de justicia”. Todos son inocentes, nadie es responsable de nada, ni bancos, ni jueces, ni políticos…, la culpa es de los suicidas y de su escaso apego a esta bonita vida con la que hemos sido obsequiados por cortesía de todos ellos, mil gracias!

Hacemos una llamada a la reflexión, ¿Qué es lo que está pasando aquí? De repente el gobierno toma cartas en el asunto, el PSOE hace la del Rey, jueces y policías se muestran condescendientes, y los periodistas lo festejan. Nada se puede esperar de bancos, polis, jueces, partidos y medios de comunicación más que usura, palos, condenas, oportunismo y manipulación.

El principal Problema es que las trabajadoras hemos de mantener al hipertrofiado y costosísimo Estado, a todos los mentados, y a muchos más. En resumidas cuentas, demasiadas sanguijuelas para tan débil huésped.

El Pueblo no puede ni debe mantener a estas huestes de parásitos, que para colmo tienen la desfachatez de presentarse como nuestros valedores, volviendo al símil, cómo el maltratador que no sólo pega a su mujer, además le hace creer que no será capaz jamás de salir adelante sin él, la minusvalora, la desprecia y se muestra paternalista, la hace sentir dependiente.

Atentos hemos de estar, vigilantes ante movimientos que sólo piden más de lo mismo, la perpetuación del Estado y la dictadura democrático- parlamentaria. No todo vale, no todo lo aparentemente contestatario hay que aplaudirlo, el  “Rodea el  Congreso” del 25-S  sin ir más lejos, habla de “nuevo proceso constituyente”, de la convocatoria de nuevas elecciones. La presencia de personajes de la catadura de García Trevijano, autor del libro “Libertad Constituyente “tras el cotarro, ya dice bastante. En el bicentenario de la infausta Constitución de Cádiz, que significo el absoluto triunfo del Estado sobre el Pueblo ejecutado a sangre y fuego.

Algunos pretenden que nuestra derrota sea per sécula, y modernizar, actualizar las constituciones para mejor continuar  la total dominación.

Cual ave fénix, el poder se renueva y renace de sus cenizas para cuando acaba un ciclo, con otra careta, empezar otro. Sólo cambia la apariencia, y las apariencias engañan. Los mismos perros con distintos collares.

Lo que es urgente e imprescindible es la constitución de una comunidad humana en lucha frente a sus opresores, con conciencia de si misma y del común enemigo, cuyos miembros seamos plenamente conscientes de nuestra pertenencia a ella, y cuyo ideario, cuyos signos identitarios sean valores propios y comunes enfrentados a los del enemigo: Solidaridad, Apoyo Mutuo, Horizontalidad, Asamblearismo, Comunitarismo, Interdependencia, Autogestión, Antiparlamentarismo, Equidad, Libertad…pues esta comunidad en lucha real, con aspiraciones reales, con el sueño de un futuro común y mejor nunca podrá generarse a partir de, haciendo bandera de reivindicaciones económicas, desde dentro del mundo de las matemáticas y el dinero, del pordioseo al Estado. Ha de transcenderlo necesariamente.

Imprescindible es, de igual manera, la denuncia de las ridículas e insultantes piruetas y el dañino papel desempeñado por los grandes sindicatos amarillos, vendidos literalmente al poder por unos miles de sueldos, favores y prebendas. Más culpables de la actual situación de integral desprotección de la clase trabajadora que la patronal, más enemigos del obrero que su jefe. Su última colosal payasada en el cotidiano espectáculo circense que protagonizan estos mamporreros apagafuegos, es la exigencia de la celebración de un referéndum en el que la ciudadanía apruebe o repruebe las medidas de recorte de gastos del Gobierno no anunciadas en la última campaña electoral. Debe de ser su contribución a la “profundización democrática”. Salta a la vista el impresionante clamor popular en aras de tan deseado e imprescindible plebiscito tras el cual  la vida tendría otro color. Lanzar balones fuera se llama a esto. La denuncia de y el enfrentamiento con estas tóxicas organizaciones paraestatales de sindicalistos, cuyo descrédito llevan lustros ganándose ellos solitos a pulso, no ha de tener tregua.

Somos y seremos maltratadas por los de arriba, inexorablemente, hasta el día en que no tengamos a nadie por encima. Este debería ser nuestro sueño, nuestro ideario, el ser libres, capaces de organizar la vida social entre todas, y aquí y ahora. Enfrentarnos a los parásitos opresores, y en simbiosis con nuestras semejantes, con las que también quieran ser libres, entre nosotras, ayudar y que nos ayuden, defender y que nos defiendan.

El Estado del Bienestar, el bienestar del Estado  es el bienestar del ganado, y el ganado es conducido, apacentado y estabulado según conviene al ganadero, primando la rentabilidad de la explotación. Nuestra más elevada aspiración, es dejar de ser ganado humano, es decir, ser mujeres y hombres libres, dueños y actores de nuestro presente y nuestro futuro común.

La educación como esclavitud excelente

En Regeneración ya hemos tratado el tema del sistema educativo y su vinculación con el sistema capitalista (véase por ejemplo 1, 2, y 3). Sin embargo, leo el otro día una noticia en la prensa que pone la guinda a este pastel macabro llamado «sistema de clases.» Ya sabíamos que el sistema reproduce las diferencias de clase, que acentúa las desigualdades sociales, y que brinda mejores y más oportunidades a determinado tipo de estudiantes. Pero ahora viene Horacio Silvestre, director del Bachillerato de Excelencia de Madrid, y dice que les chavales se tienen que olvidar del amor para enfocarse solamente en el trabajo (lee aquí la noticia).

Ese engendro de la lucha de clases que creó Esperanza Aguirre, y al que le dio por llamar «Bachillerato de Excelencia», está dirigido por un hombre que fue escogido a dedo por la administración del Partido Popular y que ahora suelta perlitas como que les alumnes deben centrarse en el trabajo y olvidarse de hacer huelga, ir a manifestaciones, y sobre todo olvidarse del amor, que eso requiere mucho tiempo (sic).

Mi indignación no viene, como la de un padre anónimo que sale mencionado en el artículo citado, por el trato infantil que el director le da a les alumnes de su centro. Mi indignación viene por la negación de la vida social de cualquier adolescente; por la imposición de la supuesta «virtud» del trabajo asalariado y del esfuerzo tedioso en conseguir un buen currículum para después obtener un buen puesto en una empresa envidiable. Como si quisiera devolver a la vida ese afán católico del sufrir y del esfuerzo terrenal en pos de una salvación divina, Horacio Silvestre reproduce el viejo discurso que se le viene inculcando a la clase trabajadora para mantenerla en su condición de esclavitud asalariada. Ese mismo discurso que ya le escuchamos al presidente de Mercado que llamaba a trabajar más, a producir más (se le olvidó decir que sus palabras iban guiadas por el bienestar de su bolsillo, no por el de les trabajadores).

De la misma manera, Horacio Silvestre quiere imponer (a base de recomendar a las madres y padres de sus alumnes) la doctrina ascética enfocada a la producción capitalista, la cual sobrevive en nuestra sociedad mediante los valores liberales que propugnan una vida social centrada en el individuo y su alienable derecho a ser individuo (es decir, su inalienable derecho a explotar y ser explotado). ¿Para qué te vas a enamorar si lo que tienes que hacer es ser el mejor de tu clase? ¿Para qué quieres tener una vida social placentera y satisfactoria si lo que te interesa es conseguir un CV excelente y así entrar en la más grande de las multinacionales? Esfuerzo, competición, e individualidad: las tres palabras destiladas por ese discurso capitalista que llama al trabajo.

Luego nos llegan las depresiones, los problemas familiares, la imposibilidad de entablar nuevas relaciones sociales… Y tratamos estos problemas como si fueran problemas mentales, cosas de psicología. Nos dan unas pastillas y nos sentamos unas horas a la semana en el diván. Ese parece ser el remedio. Pero claro, cuando el problema es social, cuando el problema viene dado por la manera de organizar la vida social, el sistema productivo, y por los valores que socializamos a través de los discursos ideológicos que nos tragamos por los medios de comunicación, entonces las pastillas y los divanes se quedan cortos (es más, reproducen el sistema al incrementar la industria farmacéutica y la individualización de los problemas, que es lo que hacen la mayoría de psicólogues desgraciadamente).

Total, que al señor Horacio Silvestre habría que darle de su propia medicina y ponerle a leer un poquito más. Así tal vez se entere que experimentar el amor, tener buenos amigues, y disfrutar de la vida es tan importante para la sociedad, para el individuo, y para el trabajo, como el propio esfuerzo ascético que él promulga. Ahora, claro que también es comprensible que una manada de hienas que se dedican a explotar el plusvalor de otros seres humanos quieran que prime sobre todo el sudar la gota gorda. Y hasta sangre si hace falta.

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