Shin Chan y la geopolítica

Nunca me habría imaginado que una serie de dibujos animados para adolescentes sobre un niño que enseña el culo pudiera tener un capítulo que fuese una parábola a la geopolítica y la diplomacia. En este capítulo, se relata cómo el ejército de Kasukabe, que no son más que Shin Chan y sus amigos del parbulario, comienzan a discutir y se separan. A partir de allí, tras una reunión fracasada en el apartamento de la profesora, comienzan a repartirse el territorio en el salón y recibidor con sus elementos estratégicos como el acceso a la TV, a la cocina y al baño. Con estos factores, entrarán en juego las alianzas y las traiciones.

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Los problemas del sectarismo y las alianzas. El caso de la relación CNT-UGT en 1934-36

@BlackSpartak

Comenzando por el final, La Revolución española, iniciada en julio de 1936 tuvo un brusco final en el verano de 1937. La alianza entre estalinistas, republicanos y la derecha socialista dio pie a un gobierno contrarrevolucionario que logró la hegemonía en el bando republicano liquidando las conquistas revolucionarias.

Hasta aquí, es algo que la mayoría conocemos. Lo que quizás no conozcamos tanto es la implicación de las bases socialistas en los procesos revolucionarios de 1936-37. La UGT participó en numerosas colectividades agrarias y también la industria. Allí donde los liderazgos socialistas se lo permitían las bases se unían alegremente al proceso socializante. Por tanto podemos ver que existía una izquierda socialista partidaria de la revolución, que CNT de hecho pretendía atraerse.

Lo que CNT no tuvo muy en cuenta es que la izquierda socialista en realidad se había “bolchevizado” (concepto de la época que más bien implicaba que se había “estalinizado”). Muchas veces en esta época CNT-FAI propugnaron la unidad CNT-UGT, sin tener en cuenta que en muchos casos decir UGT era decir Partido Comunista. Y en los otros era decir PSOE.

Pero, ¿cómo se pudo hacer la UGT bolchevique? Aquí, ya no me enrollo más y volvemos unos años en el tiempo.

En 1930 los comunistas quisieron contar con una central sindical propia y para ello crearon los “comités de reconstrucción de la CNT”. Sus cuadros se volcaron a crear sindicatos de CNT antes de que los anarquistas reaccionasen para reconstruirla. Pero, he aquí que en muchos lugares ya habían reaccionado, y en otros lugares cuando lo hicieron los sectores comunistas no tuvieron nada que hacer. En el Congreso de Madrid, en junio de 1931, se incluyó una cláusula (por influencia de Joan Peiró) en los estatutos por la que los sindicatos no podrían tener miembros de los partidos políticos en sus juntas y comités. Esto dejaba la vía libre a los anarquistas y se la cerraba a los comunistas y republicanos que pululaban por los sindicatos revolucionarios de CNT.

Entonces los comunistas tuvieron que crear su propia central sindical, que nunca logró salir de la marginalidad. Estamos hablando de que en su mejor momento rondaba los 150-180.000 afiliados según las cifras aportadas por los comunistas. Seguramente eran menos de 100.000 en realidad. Algún autor lo rebaja incluso a 40.000 y otros lo cifran en 90.000.

Los socialistas por su parte habían impulsado la República. Y tras su proclamación participaron del primer gobierno republicano-socialista en los años 1931-33 en el cual tuvieron tres ministerios. Aquel gobierno fue bastante nefasto y no logró sus objetivos básicos de aportar bienestar al pueblo o de desmantelar las estructuras caciquiles y semi-feudales de la monarquía. En dos años 400 personas murieron por causas “sociales”  (por la acción de la Guardia Civil y del ejército generalmente) y 9.600 fueron encarceladas (casi todas de la CNT). Por consiguiente, el anarcosindicalismo le declaró la guerra a este gobierno y lo hizo entrar en crisis interna hasta que en septiembre de 1933 los socialistas se apartaron del gobierno y lo hicieron caer.

El origen de esta crisis interna se basa en dos factores. Por un lado en la política internacional. En enero del 33 Hitler subió al poder y derrotó a socialistas y comunistas que en teoría juntos eran más fuertes que los nazis. El triunfo fascista fue un duro golpe para el socialismo internacional, y el ala izquierda del socialismo español tomó buena nota. El segundo factor fue interno. El socialismo acertó al crear en 1929 una organización campesina propia, la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, FNTT. Esta organización era parte de UGT y rápidamente formó parte de su ala más izquierdista, en parte por causa del ambiente que había en el campo andaluz y extremeño (que fueron quienes más muertos pusieron de los que he nombrado arriba). La FNTT en 1932 contaba con 450.000 afiliados y era aproximadamente la mitad de la UGT. Además este dinamismo comenzó a ser compartido por otros sectores del movimiento obrero adscrito al socialismo y la temporada de huelgas de 1933 fue de las más grandes que se recuerda.

Estas luchas sociales crearon un caldo de cultivo para la radicalización intelectual. El partido necesitaba reaccionar o perderían la mitad de su movimiento que inevitablemente buscaría otros referentes. Quien reaccionó fue Largo Caballero, Araquistáin, Nelken, Álvarez del Vayo, etc. que eran las figuras más reconocidas de la izquierda socialista. Largo Caballero fue ministro de trabajo en aquel primer gobierno republicano, y a pesar de ello fue capaz de comprender que desde un gobierno de la pequeña burguesía no se podía cambiar el país. Se necesitaba un gobierno proletario. Este grupo tuvo una gran importancia en el campamento de verano de las Juventudes Socialistas de agosto de 1933 que se saldó con la radicalización definitiva de los jóvenes (con Carrillo y Hernández Zancajo a la cabeza).

Los socialistas no repitieron coalición con los republicanos en noviembre de 1933 y las elecciones las ganó la derecha. Pero en contra de toda lógica, achacaron su derrota electoral a que el fascismo estaba avanzando en España. Por tanto había que confrontarlo. Y al fascismo se lo derrota con la revolución. En estos momentos tienen lugar los duros enfrentamientos en Austria entre el estado fascista y los socialistas, tras el auto-golpe de Dollfuss. La respuesta del socialismo esta vez fue de enfrentamiento armado que duró una semana, a diferencia de Alemania. Este ejemplo sirvió también para clarificar cómo se tenían que hacer las cosas.

En aquellos meses apareció la idea de la Alianza Obrera. Era un concepto acuñado por Joaquín Maurín del BOC y que servía para unificar todo el movimiento obrero en un frente común. Pero ni la CNT ni los comunistas quisieron participar, o lo hicieron de forma irregular.

A lo largo de 1934 tienen lugar una serie de huelga como la de Zaragoza, en la que colaboran CNT y UGT, y la del campo de Extremadura, que son consideradas por muchos como ensayos de la revolución. Nada que ver con las insurrecciones anarquistas previas (quitando la del Alto Llobregat que fue espontánea, y que quizás por ello salió bastante bien) que se saldaron con sonoros fracasos.

De manera que llegamos al 6 de Octubre, momento en el que se desencadena la huelga general revolucionaria contra la entrada en el gobierno de la CEDA, partido que los socialistas consideraban como filo-fascista. La huelga produce enfrentamientos en toda España, pero será famosa por Asturias. Aquí la CNT se une al movimiento revolucionario y el proletariado logra tomar las cuencas mineras cayendo luego sobre Oviedo. Tiene que intervenir el ejército a toda prisa y se ve paralizado por columnas milicianas que lo combaten durante 15 días hasta que se agotan las balas.

El impacto de Octubre es tan grande que conmociona todo el país. Asturias lo cambia todo. Los comunistas se habían unido a la Alianza solamente unos días antes. Luchan bien, tienen los objetivos muy claros, son buenos cuadros, tienen propaganda y sobretodo una buena red de ayuda solidaria. Así, el Socorro Rojo ayuda a 600 huidos, muchos de los cuales eran socialistas. Algunos llegan a incluso la URSS como refugiados. Por otro lado la CNT asturiana demuestra la potencialidad de colaborar con los socialistas. El resto de la Confederación queda en evidencia. Se escudan en que los socialistas no iban en serio, que no había armas, que los iban a traicionar nada más salir a la calle. Bien, lo mismo a priori iba a pasar en Asturias y aún así corrieron el riesgo.

En 1935 toda la izquierda hace balance. La CNT acaba aceptando la unidad pero seguirá aislada. Serán los comunistas quienes se beneficien. En primer lugar casi sin proponérselo coinciden en las cárceles con los socialistas que han participado en la revolución. La izquierda socialista se siente traicionada por su partido. El ala “centrista” (Indalecio Prieto) los dejó en la estacada e impidió que la revolución triunfase. Falló el envío de armas. Además exigen la expulsión del Partido de toda el ala “derechista” (Julián Besteiro) que se opuso a la revolución. Las bases socialistas van poco a poco posicionándose con el sector izquierdista que fue quien mejor las supo representar.

Hay que mencionar que el sector izquierdista no tenía una idea muy clara de “cómo era una revolución”. El referente de la época era Rusia que la había hecho hacía solamente 18 años antes. Por aquellos años se tenía muy buen concepto de los logros del sistema soviético, incluso en los países liberales. La Internacional Comunista era excelente en el “márketing político” y por tanto la dictadura del proletariado se veía con buenos ojos.

En cuanto al Partido Comunista, éste en 1934 aún era una secta marginal. Estaba enfrentado a todo el resto de la izquierda y en general era tenido como un partido dogmático y poco tratable. Pero justo antes de los hechos revolucionarios de Octubre dieron un giro de 180º a su línea política y defendieron la Alianza Obrera como si nunca hubieran defendido otra cosa antes. Por tanto se fueron acercando en 1935 a la izquierda socialista, en especial a las juventudes que entonces estaban buscando otros referentes fuera del partido.

Pero la cuestión de las alianzas fue más allá de lo previsible y lo que se puso sobre la mesa fue la construcción del “partido revolucionario”, que sería el instrumento para dirigirla. En este sentido su acercamiento a la izquierda socialista se produjo en el momento justo. En muchos sectores del socialismo se veían con buenos ojos este nuevo sentimiento de unidad. Para facilitar el trabajo los comunistas integraron su central sindical, la CGTU, en la UGT. En realidad no estaban aportando mucho, dado que sus sindicatos eran pequeños. Pero aportaron cuadros sindicales muy dinámicos, experimentados y con las ideas bien claras que arrastraban a sus compañeros socialistas. En pocos meses estos cuadros estaban dirigiendo algunas federaciones locales y sectoriales.

Esta entrada de los comunistas decantó el equilibrio interno dentro de la UGT hacia la izquierda. Los comunistas hicieron suya estratégicamente la figura de Largo Caballero, que veían como el “Lenin español”. Al controlar la UGT definitivamente, el turno fue de las Juventudes, que entraron en proceso de fusión con los comunistas. En este caso se unieron, en abril de 1936, unos 40.000 jóvenes militantes socialistas con algunos miles de la UJCE para formar la Juventud Socialista Unificada, JSU. A partir de entonces sería la organización juvenil más grande de España y la prensa comunista y socialista engrandeció aún más su importancia. Para julio de 1936 posiblemente había alcanzado la cifra de 100.000 jóvenes (250.000 según la prensa) siendo una organización marxista-leninista.

Todo esto creaba un ambiente propicio para la izquierda socialista en el Partido. Aún así la postura centrista pudo ocasionarle un par de reveses poco esperados. En diciembre de 1935 el Partido expulsó a Largo Caballero del Comité Ejecutivo. Y en enero en la creación del Frente Popular, el Partido logró imponer la alianza con los republicanos en contra del parecer del ala izquierda. De hecho no debió de ser mala idea esta coalición puesto que ganó las elecciones. Por su parte Largo Caballero impuso la participación del PCE y de otros partidos obreros en el Frente Popular. El PCE estaba sobrerrepresentado y los resultados electorales le beneficiaron sobremanera.

Pero a partir de febrero del 36 la situación se desbocó. La izquierda socialista apostaba por la revolución. Detrás de esto había no poco de demagogia y de grandes dosis radicalismo verbal, es cierto, pero lograron transmitir a las bases del socialismo un estado de ánimo propicio para una revuelta de masas. Las 100.000 personas que ocuparon tierras en la primavera de 1936 en la provincia de Badajoz así lo atestiguan. Aquel año tuvo lugar una auténtica avalancha de huelgas que hizo avanzar las posturas más radicales del movimiento obrero (el anarcosindicalismo y el comunismo). Además los actos masivos se multiplicaron por todo el país. Había macro-movilizaciones de hasta medio millón de personas (quizá era una exageración de la prensa, pero refleja qué expectativas creaba) de los socialistas y comunistas juntos.

Bien, el caso es que todo este proceso ayudó a cimentar un Partido Comunista que mes a mes iba absorbiendo a miles de militantes provenientes del socialismo. Si en febrero del 36 tenía 10.000 militantes y en julio rondaban ya los 50.000 (aunque declaraban 100.000) sería bastante plausible pensar que se trataba de gran parte de aquellas primeras Juventudes Socialistas (y no pocos ugetistas) que se habían hecho marxista-leninistas en aquel tiempo.

En definitiva, el socialismo llega al 19 de julio de 1936 como un gran movimiento de masas, que arrastraba alrededor de 1,5 millones de personas. Tenía una fuerza casi idéntica al anarcosindicalismo. Por tanto por fuerza el socialismo y el anarcosindicalismo eran los dos motores de cualquier hecho revolucionario en la España de aquellos años. No había otros. Pero dentro del movimiento socialista opera el comunismo.

Cuando Largo Caballero asume el gobierno en septiembre de 1936 se abre una ventana a la expansión de la revolución. Parecía que iba a ofrecer una mano amiga a la CNT y que juntos podrían entenderse para la transformación del país en un sentido socialista. Sin embargo todo el entorno del presidente (y él mismo también) estaba influido por el mensaje comunista (me refiero a “estalinista”) y pronto se impuso el “real-politik” en Gobierno. Si bien Largo Caballero no se decidía a desatar la revolución con todas sus consecuencias, se fue organizando la derecha y el centro del partido en un frente anti-revolucionario, en el cual poco a poco fueron convergiendo aquellos sectores de la izquierda comunista que comulgaban con el estalinismo.

Puede parecer una contradicción, pero tiene su sentido. Tenemos una izquierda socialista que se ha radicalizado en 1934-36. Tenemos un movimiento comunista muy disciplinado que obedece las consignas de Moscú al pie de la letra. Cuando ambos movimientos se encuentran los comunistas, mucho más avispados que los socialistas, consiguen arrastrarlos. Pero luego estalla la Guerra Civil y se produce un nuevo viraje político del comunismo. Aparece el estalinismo con toda su crudeza en la política española. Y como llevan meses trabajando conjuntamente, muchos socialistas le siguen la corriente a los comunistas. Ya se habían “estalinizado”. Por esto se explica la aparición de Juan Negrín (socialista, pero de tendencia pro-comunista) que sustituirá a Largo Caballero en mayo de 1937. Negrín será apoyado por el ala derecha del Partido y por los comunistas.

Largo Caballero se fue desengañando con el tiempo de los comunistas hasta que vio a los anarcosindicalistas como el auténtico aliado. Pero éstos fueron destruidos políticamente en mayo de 1937 al dejarse desarmar por la República y renunciar a la revolución social en curso.

Rebobinando de nuevo hasta 1934, podemos ver que el hecho crucial de toda esta época fue la Alianza Obrera. Al no participar en ella CNT, se auto-marginó del resto de la izquierda. Era lógico no fiarse a priori del Partido Socialista. Pero los hechos futuros demostraron que los contactos entre las bases de las izquierdas producidos por las alianzas lograron un positivo cambio de mentalidad en todos. El anarcosindicalismo no fue considerado como referencia por la izquierda socialista, por la sencilla razón de que le era hostil. Además jugaba en contra de la confluencia la gran arrogancia que se desprendía de la intelectualidad marxista, que trataba a los anarquistas poco menos que como niños perdidos. Queda para la política-ficción saber qué habría pasado de colaborar de verdad.

En definitiva, el triunfador del momento fue el movimiento comunista debido a su capacidad de propaganda, a su compromiso en las luchas sociales, a su claridad de objetivos, tácticas y estrategias, a su disciplina, a su Internacional… de tal forma que lograron influir en una fracción mayoritaria de otro movimiento político-social y lo arrastraron hacia posturas revolucionarias (en la primavera 1935), y luego arrastraron a una importante facción de aquella izquierda socialista que habían ayudado a consolidar hacia la contrarrevolución (en el otoño 1936).

La enseñanza de todo esto es la necesidad de tener una política de alianzas preparada para cualquier contexto. Tu organización no va a poder comerse el mundo sola. Es un hecho. Necesitará hacerlo con otras. Por último dejar claro que las alianzas se deben hacer buscando mínimos comunes. No es útil buscar acuerdos de máximos (o sea, ponerse de acuerdo en principios, tácticas y objetivos) porque esto ya sería buscar una fusión, más que una alianza. La alianza forma parte de una táctica, no es un objetivo.

Unidad en torno a qué

James acababa de entrar en su despacho con su taza de café en mano y se quedó frente a la ventana viendo las vistas de una soleada mañana sobre la ciudad. Era martes, un día bastante tranquilo. James era jefe de Recursos Humanos de una mediana empresa de fabricación de parkímetros. Hombre de mediana edad proveniente de familia rica, consiguió el puesto gracias a un contacto de su madre. Aborrece su trabajo, pues tocarse los huevos a manos llenas casi todos los días en la oficina no es que sea muy divertido, pero tampoco quería perder su posición. Entonces entra Morgan, el director general a su despacho, planteándole una renovación de la plantilla, ya que quería ahorrar los costes de antigüedad.

—…Mire señor James, las previsiones sobre los ejercicios de los siguientes años tienden a la baja, y al revisar el informe sobre los contratos de la actual plantilla que usted mandó, figuran que el 52% de los contratos tienen más de 4 años de duración, así q..
—Me está diciendo que realice un ERE, ¿verdad? ¿Sabe lo que supondría tener que despedir la mitad de la plantilla, siendo significativa la presencia sindical en nuestra empresa?
—James, creo que no ha tenido en cuenta que, a excepción de CCOO y UGT, el resto de sindicatos son poco relevantes. Y alguno que otro está más por la labor de putear al vecino que afrontar un posible conflicto con la empresa. Escuche, a los CCOO y UGT los podemos comprar fácilmente y que se sitúen en nuestro bando. Al resto solo hay que dividirlos, fomentar que se peleen por cuestiones estúpidas como los colores de las banderas, dónde colocar los muebles o cuestiones éticas y morales. ¿No conoces el lema «divide y vencerás»? Pues aplíquela.

Ambos se quedan en silencio pensativos. Morgan toma asiento y reanuda:

—¿Sabes? Karl Marx tiene razón en cuanto a la lucha de clases. Tú y yo somos de la misma clase. También Warren Buffet, Amancio Ortega y Bill Gates. Y nuestro objetivo es perpetuar nuestra posición generación tras generación. Simplemente mírelos. Mire cómo esos sindicatos pequeños que se declaran revolucionarios y toda la izquierda radical se pelean por ver quién es más revolucionario… ¿Quiere conservar su puesto, verdad? Hágase valer y saca adelante ese ERE bonito.

they-fear-change-those-who-stand-for-capitalism_o_2060621Morgan, sucio capitalista sin escrúpulos y profundamente antiobrero, tiene claro qué es lo que quiere. No le importa con quiénes se junten: progresistas o conservadores. Mientras sean liberales, a él le vale sin importar si son de Adam Smith o Milton Friedman. Quizá le chirríe un poco keynes, pero no le da mucha importancia. Lo que le importa es que su capital siga creciendo y pueda seguir disfrutando de su opulencia.

Ahora dejemos a un lado las batallitas. Parece ser que hemos oído hablar hasta la saciedad acerca del tema de la unidad, que todavía hoy sigue sin estar realmente resuelta. ¿Unidos pero no mezclados? ¿Unidad pero aquí manda mi polla? ¿Unidad sí pero bajo estos principios y estas condiciones? La realidad del microcosmos de la llamada izquierda radical parece un universo paralelo, y el del anarquismo, otro; ya que allí dentro en gran parte de los casos se discuten temas con base en lo identitario, en la abstracción ideológica o en el pasado glorioso. Sin embargo, me gustaría abordar la cuestión desde un punto de vista más político-social que ideológico, es decir, teniendo en cuenta factores tácticas y estratégicas. Podríamos distinguir entre:

—Unidad en torno a cuestiones de principios, morales y éticas. Mediante estas bases se forman una buena parte de colectivos y grupos de afinidad informales que no llevan detrás ninguna responsabilidad política -en el sentido de responder ante las problemáticas sociales políticamente y tratar de incidir en la realidad material interviniendo en el escenario político-social-, sino más bien por compartir entre sí unos códigos morales y principios, algo que en verdad se ve lógico pero que a medio plazo acaba derivando en una suerte de secta con sus propios códigos morales y elementos discursivos, más destinado a ser grupos de amistades herméticos donde lavarse las conciencias que servir para realizar alguna actividad social o política.

—Unidad ideológica. Tal y como lo describieron George Fontenis o los makhnovistas, la unidad ideológica consistirá en configurar una organización sobre unas bases ideológicas comunes y compartidos por todos sus miembros. La diferencia con el punto anterior es que no se toman estas bases como si fuesen principios fundamentales y abstractos, sino unas bases que sirvan como dirección en la actividad política o social que se quiera desarrollar como organización, el cual, sí conlleva una responsabilidad política.

—Unidad de acción, táctica y estratégica. Esta modalidad parte de la anterior y consiste básicamente en compartir metodologías de acción colectiva, las tácticas, los análisis, las visiones estratégicas y las estrategias en sí. El objetivo por el cual se realiza esta unidad es lograr aunar fuerzas persiguiendo unos objetivos comunes, evitando la dispersión del accionar colectivo.

—Unidad en torno a un programa. Esta cuestión engloba a las dos anteriores, del cual, partiendo de la unidad ideológica, se elaboran los programas que tendrá la organización necesarios para el desarrollo de su actividad. La unidad en torno a un programa será más amplia y puede abarcar más organizaciones tanto sociales como políticas que se adscriban al mismo programa. Esto permitirá construir una fuerza política con coherencia interna que aspire a ser un actor político referente en la construcción del poder popular disputándose la hegemonía en el escenario político-social.

 ¿Y qué hay de las alianzas? La diferencia con la cuestión de la unidad radica en que las alianzas se forjan entre fuerzas políticas diferentes, en otras palabras, que poseen programas y bases ideológicas distintas. De todos modos, hay una delgada línea que los separa, así que tampoco hay que mirarlo con lupa. Aquí distinguiríamos brevemente tres:

—Neutralidad. No existe colaboración pero tampoco enemistad, simplemente no se molestan los unos a los otros.

—Alianza táctica. Colaboración en torno a cuestiones puntuales a corto plazo en el cual se comparten las demandas u objetivos comunes, sin llegar a compartir programas y líneas políticas.

—Alianza estratégica. Colaboración más allá de objetivos puntuales, llegando a compartir programas y líneas políticas para lograr objetivos comunes más ambiciosos.

Conviene también hacerse a la idea sobre qué cuestiones relevantes tendremos que forjar las uniones y alianzas. No tiene mucho sentido, por ejemplo, el invertir más fuerzas en criticar las elecciones sindicales en las cuales participa el otro sindicato que también comparte la misma metodología de acción directa, además de estar involucrado en el mismo conflicto laboral. Lo que sí tendría sentido es, en este caso, desarrollar una unidad o alianza táctica para afrontar un posible conflicto laboral en la misma empresa, y evitar que los sindicatos burocráticos acaben vendiendo al resto de la plantilla. Estas divisiones por cuestiones irrelevantes como pueden ser el tratar de imponer ciertas posturas éticas, morales o de principios, de usar varas de medir sobre qué es revolucionario/anarquista y qué no, de no saber leer los momentos y echar mierda al de al lado… es un lastre que llevamos arrastrando muchos años, que nos lleva a pelearnos entre nosotras en vez de reforzar los puntos en común y forjar alianzas para aunar fuerzas y luchar contra los problemas actuales que estamos atravesando (vivienda, trabajo, servicios públicos, etc) tratando además de dar con una respuesta a nivel político que nos permita construir una alternativa real al capitalismo desde abajo y a la izquierda.

[Traducción] Un Debate sobre la Política de Alianzas

Caminos de un proyecto militante

Introducción

La política de alianzas de una organización anarquista, de una tendencia, o de un movimiento social responde básicamente a dos cuestiones: con quién y cómo nos vamos a unir para alcanzar un determinado objetivo, sea este de corto (objetivo táctico), medio o largo plazo (línea estratégica). La Política de Alianzas sólo puede ser eficiente cuando responde a un programa propio bien establecido (comprendido por sus militantes), que es posible aplicar. La discursión del programa precede a la discursión de las alianzas. Para saber con quién y cómo nos vamos a unir de forma transitoria o permanente, debemos saber para qué vamos a hacerlo, y eso sólo es posible si sabemos con toda certeza lo que queremos concretamente. Saber lo que queremos es basicamente trazar planos de medio y largo plazo. Si no sabemos lo que queremos, nos vamos a guiar por las demandas y urgencias de las agendas de los dominadores, en vez de construir nuestras agendas y, por tanto, pautar nuestro ritmo de lucha. El programa y la formación de la línea estratégica (conjunto de objetivos, estrategias y tácticas) de una determinada organización, que sirve de base a todos sus miembros y orienta toda su actuación. El programa define a los determinantes de una organización determinada los «caminos» con los que llegar a ciertos objetivos y qué «herramientas» «usarán» sus militantes para que éstos sean atendidos.
Aplicar una Política de Alianzas eficar requiere que la organización fortaleza más intensamente ciertas relaciones políticas en detrimento de otras y priorice determinadas actividades en su militancia. Pues, como diría Bakunin, «quien mucho abarca poco aprieta». No definir con nitidez una política de alianzas, significa articularse políticamente al azar; a la buena ventura de alianzas f´ragiles e inestables que, lejos de contribuir con los objetivos de la organización, la subordinan a un programa ajeno o tornan su acción impotente. Como nuestras energías militante sson escasas, definir con quién nos vamos a relacionar políticamente y cómo van a darse estas relaciones es fundamental, no solo para prevenir el exceso de sobrecarga de nuestros militantes (hecho corriente en los movimientos sociales) sino también para lograr que la organización avance siguiendo sus objetivos estratégicos.
La unidad con otros sectores políticos  –  sean ellos organizaciones ideológicas o del movimiento popular  –  no debe buscarse a cualquier coste, ya que la unidad de acción no puede significar someter o postergar nuestro propio programa, mucho menos nuestros principios. Una organización que tenga lucidez programática y de contuinidad en su propio trabajo social conseguirá firmar alianzas correctas sin quedar presa de las coyunturas, caminando, así, rumbo a los objetivos que decidió atender.

Entre a la Política de Alianzas y las Redes Informales

La política de alianzas es diferente de lo que muchos movimientos sociales, autónomos y otras corrientes del anarquismo llaman fortalecimiento de las «redes». No podemos olvidar que, dentro de los movimientos sociales, sindicatos o comunidades en que trabajamos, hay redes informales, sin «estructura» (o sea, no están restructuradas por algún tipo de regulación «institucional» qu elas defina), que forman y construyen relaciones afectivas, sociales y políticas entre sus sujetos. Ignorar la existencia de esas redes es reducir el trabajo militante a cierta miopía política, incapaz de percibir las distintas relaciones que los sujetos van estableciento perifericamente, o en su interior. Esto puede ser desastroso en una práctica política que se desea «inmediata», atropellando relaciones que merecen sensibilidad por parte de nuestra militancia.
Sin embargo, una organización política anarquista de matriz especifista, debe trabajar siempre en el sentido de avanzar más allá de esas redes informales. Esto no significa creer que estas redes dejen de existir, sino, simplemente, que la organización trabaja para formalizar sus estructuras, impidiendo que esas redes informales «asuman» el control de procesos decisorios en los movimientos sociales en que están. Tarea importante en este sentido es, por ejemplo, formalizar los procesos de ingreso de los militantes y decisión en los movimientos sociales en que actuamos, en vez de dejar que una cuestión política sea establecida por meras relaciones informales.  El problema de la manipulación de los movimientos sociales por los partidos políticos está, en gran medida, determinado por falta de estructuras claras de decisión que posibilitan, a todos sus participantes, entender la dinámica de su funcionamiento. Interesa a grupos más organizados (o liderazgos «carismáticos») mantener los movimientos sociales inestructurados internamente, o mal estructurados, para seguir manteniendo el dominio interno sobre sus miembros y las relaciones de poder «intactas» (no siempre conscientes).
Otro punto importante es trabajar para superar la mentalidad que cree que cada trabajo aislado, descentralizado y (des)estructurado en redes informales y formales de relación, contribuye decisivamente a una transformación radical de la sociedad. Al contrario que algunos marxistas, nosotros sabemos que una revolucación también está hecha de aspectos espontáneos que son difíciles de preveer o analizar adecuadamente. Pero en ningún momento, como anarquistas organizados, creemos que los proyectos revolucionaros acontazcan espontáneamente, como nos acusan «eternamente», como un disco rayado, nuestros adversarios. Una revolución sólo acontecerá con mucha organización. Por lo menos, esa es la lectura de los procesos históricos revolucionarios, que solamente ocurrieron después de que fueran antecedidos por un trabajo militante de muchos años o décadas. Los procesos revolucionaros o insurreccionales amplios también acontecen cuando una política de alianza amplia de los oprimidos es realidaza efectivamente. Vimos eso en la Revolución Rusa, en que campesinos y obreros participaban cogidos de la mano en los sóviets; en la Revolución Española, en la que los trabajadores del campo y de la ciudad formalizaron alianzas estables y también, asistimos a los límites de la política de alianzas cuando, por ejemplo, los estudiantes franceses intentaron, sin éxito, establecer una política de alianzas con sus compañeros trabajadores, resultando en la incapacidad del movimiento en transformarse en una verdadera revolución.
Más recientemente, el éxito de una política de alianzas estable fue la formación de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006, que reunió organizaciones populares de todos los colores en una sola coordinadora. La Revuelta de Oazaca aconteció justamente cuando una política de alianzas eficaz fue realizada entre profesores, estudiantes y amas de casa, caminando por un proceso insurreccional amplio. Si una organización política o movimiento social no sabe con quien va a aliarse, provablemente no sabe también qué objetivos a medio y largo plazo quiere cumplir.  Esto es porque tal vez muchos de sus miembros son contrarios a la burocratización, cuando en realidad, organizarse, parafraseando a Errico Malatesta, es la única garantía eficiente contra la burocratización, y no al revés. Algunos de esos militantes pueden creer también que, en la militancia, las cosas van ocurriendo «espontáneamente», hasta un día en que un punto crítico en la relación entre las clases «explotará» en la forma de una revolución. Salvando las distancias, esa idea es semejante al mito marxista de la contradicción causada por el desarrollo crítico de las fuerzas productivas. El fondo común de esas ideas es siempre la disminución de la dimensión posible de acción humana y, por tanto, que los propios militantes se eximan de la responsabilidad sobre la ineficiencia de la táctica escogida por sus movimientos y organizaciones.
Una organización  y un movimiento social que se hayan estructurado de acuerdo con el avance de su trabajo se verán confrontados, en algún momento, con los límites de sus demandas. Hoy, en Brasil, vemos una serie de movimientos sociales e iniciativas populares completamente divididos y, peor aún, divididos por demandas extremadamente específicas. Hay colectivos culturales, cooperativas de consumo y producción, colectivos feministas, de educación, arte o agroecología que, en muchos casos, se reestringen a cumplir sus propias demandas. Esta sectorización de los movimientos sociales es vista por algunos como una consecuencia de la nueva configuración que los movimientos asumen en un mundo cada vez más avanzado: lo que algunos llaman de modernidad líquida o posmodernidad. Es elmito de la historia que se desarrolla pacientemente ante los ojos de los acotres. Desde esa perspectiva nos queda que «naveguemos sobre las olas» de la historia y aceptar el destino que alguna fuerza oculta ha establecido secretamente. Pero no nos engañemos con esta auto-ilusión. La historia no se desarrolla por sí mismo y no es producto de una fuerza secreta (o de las fuerzas productivas, en el mito hegeliano-marxista descrito anteriormente). Aunque reconozcamos que existen cambios que no podemos controlar la acción humana y de las obras creadas por los individuos es decisifa. Las ONG´s han sabido aprovechar (y reforzar) este movimiento. Sectorizan las demandas de la clase trabajadora y enganchan la resolución de estas demandas en los acuerdos con el Estado. El resultado de este movimiento es la incapacidad de la clase trabajadora y de los oprimidos para forjar instrumentos efectivos para contraponerse al Estado y a la burguesía.
Eso no significa que, como organización política anarquista, debemos despreciar las metas de los movimientos sociales en los que estamos insertos. Esta es la práctica del leninismo, que condenanos y repugnamos como libertarios. Pero es preciso trabajar para quela sectorización sea superada y no reforzarla apelando siempre a una supuesta «singularidad» de lad luchas. Un movimiento que tenga una demanda específica (como por ejemplo la cultura) puede, en el avance de su trabajo, efectivamente integrar otras formas de lucha, o establecer una política de alianzas eficaz, que consiga superar la sectorialización.
Las luchas y sus condiciones de expansión son obviamente siempre singulares, los contextos históricos en los que emergen también. Pero no podemos extraer ninguna «regla» general de los procesos revolucionarios o de los movimientos sociales en su dinámica organizativa, eso no significa decir que ninguna forma de conocimiento o de análisis sea posible. Por tanto, un análisis de procesos reales implica examinar sinceramento los éxitos y los fracasos, intentando incorporar críticamente elementos que puedan hacer eficaces la organización política y los movimientos sociales en los que militamos.
Una perspectiva interesante es trabajar para agregar diferentes demandas a un mismo movimientos social, en vez de insertarnos en distintos movimientos sociales sectorializados. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin-Tierra (MST), a pesar de tener como bandera central la cuestión de la tierra, sabe como la cultura, la educación y otros elementos, son fundamentales en la constitución del movimiento. Otros movimientos con los que tenemos contacto y respetamos trabajan en el sentido de resolver diferentes demandas en el interior de un mismo movimiento: económicas, culturales, educativas y profesionales. En el caso de que sus militantes huiieran elegido crear un grupo, colectivo o movimiento para cada demanda (una cooperativa económica, un colectivo de cultura, un grupo de arte, etc.) no tendría el éxito que hoy poseen en muchos casos.
Es central que reforcemos el aspecto clasista de nuestra propuesta. Una propuesta de clase debe ser el»cimiento»  que une las diferentes demandas de los trabajdores. Lo que la clase dominante teme es, justamente, cuando esos movimientos superan su especifidad y se insertan en un proyecto popular amplio y clasista que articule, en las bases que aprendemos con Bakunin y Malatesta, un verdadero arco de oprimidos. La tarea de la organización política anarquista es justamente potenciar como minoría activa la estructura de los movimientos sociales en los que está inserta. Un movimiento social bien estructurado y organizado supera la mentalidad de las redes y formaliza sus objetivos, métodos y estrategias. Y, principalmente, consigue formalizar eficientemente su política de alianzas. Para formalizar una política de alianzas los agentes históricos, o sea, los militantes de carne y hhueso, deben asumir que son ellos los responsables de efectuar esa política. Hoy no hay ninguna organización anarquista (o de la izquierda) que consiga participar en todas las luchas. Una organización que opte por involucrarse «en todas las luchas» probablemente no tiene un programa estratégico bien definido, o este no es comprendido por sus miembros. Puede ocurrir que esta participe superficialmente en las distintas luchas en detrimento de su trabajo de base, lo que tendrá consecuencias terribles a largo plazo para la organización.
Un programa bien definido prioriza ciertas actividades y, por tanto, participa en aquello que contribuye al proyecto estratégico de la organización. Si no hay entendimiento sobre lo que contribuye o no a ese proyecto, la organización probablemente no interiorizó su programa. Tener un horizonte estratégico implica decir «no» a ciertas actividades y participar en otras con más intensidad. Lo contrario de esto es participar aleatoriamente en lo que aparece, sin reflexionar, ni siquiera rápidamente, sobre en lo que y por qué nos estamos involucrando en una actividad determinada. Reitero que este trabajo de reflexión no es un trabajo «separado» de la realidad, en muchos casos acontece en el interior del proceso, en el «ojo» del huracán», entre errores y aciertos de la organización política.
Un programa político y un horizonte estratégico bien definido, por lo tanto, hacen que no subordinemos nuestra militancia a lo que de más visibilidad en el momento, o que la prensa burguesa cubra con más atención. Ese es el caso de muchos partidos trotskistas, que se guían de acuerdo al oportunismo de la ocasión. La actuación de vanguardia es profundamente dependiente de la imagen de «estar en todas las luchas» (aunque en muchos casos sea superficialmente). Esta imagen construída sirve como polo de atracción paa nuevos militantes. Aún así es preciso no caer en el otro extremo. Hay luchas y actividades que, aunque distantes del plano tráctico que la organización política ha establecido, puden ser actividades interesantes para la propaganda de esa organización o de determinado movimiento social. Una organización con un trabajo de base relevante, pero que no «aparece», corre el riesgo de trasmitir una imagen política asimétrica. Creo que no hay una regla a seguir, más allá de que los militantes de «carne y hueso» vayan corrigiendo entre errores y aciertos la línea estratégica de la organización y su política de alianzas en su propia dinámica. No discutir eso puede trajer prejuicios a toda organización y limitar profundamente el alcance de su política.
Es fundamental que los/las militantes tengan conciencia de que la organización política anarquista nunca está acabada y que discutir una política de alianzas eficaz es saber con quien podemos contar para los próximos pasos en una empresa que solo puede ser colectiva.
Rafael V. da Silva
Septiembre de 2012
Referencias
DANTON, José Gutiérrez. Problemas e Possibilidades do Anarquismo. São Paulo, Editorial Faísca, 2011.
FREEMAN, Jo. A Tirania das Organizações Sem Estrutura, 1970. Disponible en http://www.nodo50.org/insurgentes/textos/autonomia/21tirania.htm. Visitado en 03/08/11.
Publicado en Anarkismo.net