Balance trimestral de coyuntura: Junio a Septiembre 2018

Acontecimientos

Este verano, aun con las vacaciones, los conflictos sociales no han cesado, como por ejemplo la oleada del turismo masivo y las huelgas en Ryanair. Resumimos aquí los acontecimientos ocurridos más destacados en los últimos tres meses. Os animamos a incluir cualquier cuestión que consideréis relevante en los comentarios.

En España, tan sólo durante los primeros cien días del gobierno de Pedro Sánchez, ya han sido muchas las promesas del gobierno que hemos visto esfumarse: la derogación de la LOMCE o de la Ley Mordaza, o la publicación de la lista de beneficiarios de la última Amnistía fiscal. Ese tiempo lo ha aprovechado el PP, entre otras cosas, para agitar su renovado discurso xenófobo o para hundir aún más el prestigio de la universidad pública española mediante las mentiras de su líder con respecto a sus estudios regalados. Casado también nos ha traído de regreso a Aznar, que dejó claro que está lejos de arrepentirse por meternos en la guerra de Irak, o por su responsabilidad política en los atentados del 11M o la muerte de José Couso, o por la corrupción de su partido y de sus ministros. Dejó claro que, como el sinvergüenza que es, a él nada de esto le quita el sueño.

En este tiempo, la represión en el estado español no ha dado tregua. En los últimos días la justicia procesó a Willy Toledo por insultar a Dios y a la Virgen María. El actor se ha reafirmado repetidamente en sus declaraciones, acusando al estado borbónico de mantenerse en la época de la Inquisición, y se ha negado a acudir de manera voluntaria a juicio. Por otro lado, los procesados por el NoCaso del 14N, detenidos durante la Huelga General del 14 de noviembre de 2012 en Logroño, han sido condenados a penas de uno y cuatro años. Estos sindicalistas de la CNT han sido apoyados durante todo este tiempo, además de por su confederación, por la plataforma Stop Represión La Rioja, dedicada a documentar y luchar contra la represión en este territorio. Y es que, en respuesta al clima represivo impulsado por el régimen, surgen nuevas iniciativas en diversos territorios. Por ejemplo en Madrid, donde recientemente se presentó el Movimiento Antirrepresivo de Madrid, o Sevilla, donde se realizó hace pocos días un encuentro junto a Stop Represión Granada y Stop Represión Málaga organizado por Sin Miedo, organización antirrepresiva sevillana. Es una necesidad que estas iniciativas cristalicen, se organicen e impulsen un cambio en esta sociedad que camina decididamente hacia el autoritarismo.

En el plano laboral, podemos considerar algunas victorias logradas en los últimos meses. En julio vivimos el éxito de los trabajadores de Amazon de San Fernando de Henares en su convocatoria de huelga de 72h, que logró un seguimiento de la práctica totalidad de la plantilla y la reactivación de la mesa de negociación europea sobre las condiciones de trabajo en los almacenes. Además, los detenidos tras las cargas policiales han sido recientemente absueltos. No obstante, la movilización podría retomarse próximamente si la empresa no se decide a acabar con la precariedad laboral. También resultó un éxito la movilización de taxistas en Madrid y Barcelona ante el conflicto abierto con las licencias VTC, utilizadas por Uber y Cabify para reducir costes empeorando el servicio de transporte y las condiciones laborales de los conductores. La movilización logró el compromiso de Fomento para negociar una regulación. A finales de julio, una oleada de huelgas de tripulantes de cabina de Ryanair hizo que la compañía cancelase muchos vuelos, a la cual también se sumaron algunos pilotos. La huelga tuvo lugar en países como España, Portugal, Bélgica, Holanda, Italia y Alemania. Las reivindicaciones principales eran contra la aplicación de la legislación laboral irlandesa y obligarles a cotizar en Irlanda en vez de en sus propios países de residencia.

Este verano nos trae más victorias en el campo popular: la presión popular ejercida por los vecinos de Murcia ha logrado, después de meses de luchas y movilizaciones, conseguir el soterramiento del AVE y detener la construcción de los muros que pretendían partir la ciudad en dos. También la PAH ha logrado que se admita a trámite su propuesta de ley de vivienda (ILP) al Congreso.

Por otro lado, uno de los debates políticos más candentes de los últimos meses en el seno del feminismo y la izquierda ha tenido que ver con la legalización del sindicato de prostitutas OTRAS, con posiciones bastante encontradas entre quienes defienden la libertad de sindicación de las trabajadoras sexuales y quienes consideran esto una legitimación del trabajo sexual por cuenta ajena (proxenetismo). En Regeneración publicamos un interesante artículo al respecto. Las respuestas de los sindicatos han sido diversas. El debate ha generado un duro enfrentamiento sin dejar conclusiones definitivas.

En el plano internacional, vivimos la liberación de la joven activista palestina Ahed Tamimi. No obstante pese a esta feliz noticia, las violaciones sobre los derechos palestinos continúan. Recientemente se comprobó que ninguno de los 140 manifestantes, periodistas y médicos muertos en las protestas de marzo en Gaza iban armados; ya en abril el fiscal de la Corte Penal Internacional advertía que los líderes israelíes podrían ser procesados. Además, en julio, la Flotilla de la Libertad que transporta ayuda humanitaria a esta zona fue asaltada violentamente por las Fuerzas de Ocupación Israelíes.

En México, un alto número de cuestiones son dignas de analizarse. Destaca el proceso electoral que ha sido calificado de histórico por ser el que mayor cantidad de puestos ha dado, por ser el primero con la figura de las candidaturas independientes en todo el país y por ser extremadamente violento.

AMLO –el candidato de la izquierda oficial- se impuso de manera sorprendente sobre una derecha dividida en otros tres candidatos con personalidades autoritarias e intereses claramente neoliberales. Con 132 políticos asesinados y la iniciativa de privatizar las cuencas de agua del país, AMLO se perfila como la nueva esperanza del México que espera un cambio desde arriba. Falta ver qué puede hacer con esta esperanza que le ha sido depositada, pero al menos esperamos que este triunfo signifique una disminución en la desbordada violencia contra los pueblos, activistas y periodistas. Es de recordar que hace tan sólo unos días se cumplió el cuarto aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Para el otro México, el México que apunta a la autonomía y la autodeterminación, esta jornada sirvió para demostrar la convicción de cambio desde abajo y a la izquierda. Poblaciones como Nahuatzen y Santa Fe de la Laguna impidieron la instalación del circo electoral. Mientras tanto, el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera Marichuy continúan su caminar por México visitando diversas ciudades del norte del país, visitas que han servido para reunificar causas entre las tendencias de izquierda no electoral. El caminar de los pueblos avanza y con ellos los colectivos urbanos de diversas partes del país afianzan el camino de la autonomía, pero falta mucho por hacer.

En Nicaragua continuaron las protestas y la represión gubernamental. Las razones para la protesta contra el gobierno de Daniel Ortega son múltiples: la corrupción, las traiciones al sandinismo y la imposición de medidas neoliberales, la penalización del aborto, el desmantelamiento de leyes y medidas contra la violencia machista, e incluso la violación de su propia hijastra. No obstante, el sandinismo de izquierdas se encuentra desarticulado. Mientras tanto, quienes lideran la oposición y aspiran a capitalizar el descontento son la patronal, la conferencia episcopal y grupos terroristas como la mara 19. Nuestra esperanza está con las organizaciones campesinas nicaragüenses que trabajan, a pesar del gobierno de Ortega, en defensa de la tierra y la vida.

En Argentina, el senado tumbó la ley del aborto previamente aprobada en el Parlamento. No obstante, la movilización popular ha demostrado, en una movilización sin precedentes, la legitimidad social de la medida, en lo que la mayoría de activistas feministas considera una victoria para la que ya no hay marcha atrás y han salido reforzadas tras estas movilizaciones, generando lazos y complicidades entre las compañeras, que han sabido meter en la agenda pública un tema muy importante para la vida de las mujeres en el país.

Unas notas finales

En el día de hoy hace un año, recordamos en Catalunya el día del Referéndum sobre la independencia en el cual hemos vivido un ejemplo de autoorganización popular para garantizar que ese día la gente pudiese votar. Aquel día, ante la brutalidad policial, recordamos los más de 850 heridos y cientos de colegios con daños materiales. A pesar de ello, el Sí consiguió algo más de 2 millones de votos, siendo el 90% de lo escrutado, finalizando el día con el pueblo en la calle celebrando que han podido votar. Dos días más tarde, tuvo lugar la huelga general en Catalunya convocada por los sindicatos alternativos y los CDRs, que aparecerán como un nuevo actor político en la región. No debemos olvidar este ejemplo de autoorganización popular, que hoy en día debe ser mantenida para las luchas sociales actuales con las miras puestas hacia lo material más que a la cuestión independentista.

El mapa geopolítico global va a sufrir cambios en este nuevo curso político, y veremos cómo quedará África en los próximos años tras el plan Marshall que está llevando a cabo China mientras Trump va virando hacia el proteccionismo para con Europa.

Para finalizar, queremos recordar a Samir Amin, fallecido el pasado 12 de agosto. Amin, marxista egipcio, aportó al mundo una interesante visión radical y no eurocéntrica, con teorías anticolonialistas para la emancipación de los países periféricos.

Algo que tenemos que aprender de los movimientos populares de América Latina, es que están siendo la oposición en las calles ante el imperialismo y el neoliberalismo. En este inicio del curso político, hace falta consolidar un movimiento popular de izquierdas en territorio español y europeo como alternativa, y oposición real a la ofensiva conservadora que está viviendo Europa ante el fracaso de la socialdemocracia. Solo un pueblo organizado es capaz de parar el fascismo.

Elecciones en México: Guerra, dominación y lucha contra el Estado

Colaboración compartida por Marcelo Sandoval Vargas, militante libertario en Guadalajara y profesor adjunto en el CUCSH (Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades) en la Universidad de Guadalajara, México.

 

¿Qué gana el proletario con el hecho de depositar en la urna una boleta electoral en la que ha puesto el nombre de la persona que ha de formar parte del gobierno? […] el gobierno es fuente de la injusticia, del odio, de la guerra entre los seres humanos.

El trabajador que empuña una boleta electoral es digno de lástima, porque él mismo se nombra a sus verdugos, él mismo fabrica el látigo que ha de cruzarle el rostro, él mismo permite que perdure este sistema infame

Ricardo Flores Magón

 

El 1º de julio de 2018 a través de la jornada electoral que se vivió en México, asistimos a un espectáculo que mantiene al espectáculo general de la sociedad de clases, de la sociedad patriarcal, estatal y colonial. La sociedad actual es un espectáculo generalizado y es, al mismo tiempo, una acumulación de espectáculos. Para los poderosos el espectáculo es la única posibilidad de participación, una que se realiza en términos de apariencia y pasividad, donde la capacidad de hacer e imaginar está subsumida al mundo instituido. La política del espectáculo es la que llevan a cabo los ciudadanos, ese sujeto que se conforma en el momento en que un individuo atomizado delega el destino de su vida, cuando decide abandonar el compromiso de hacerse cargo de su propia existencia.

El proceso electoral mexicano se realizó en medio de una guerra, se organizó sobre fosas clandestinas, sobre la vida de desaparecidos, de mujeres asesinadas, de jóvenes y niños esclavizados. Los mecanismos y formas de despliegue de la etapa actual de la guerra histórica del capitalismo contra la vida dio inicio en 2006, momento en que se comenzó a experimentar un aumento de la violencia estatal contra los pueblos; violencia y represión que irrumpió de manera clara con dos acontecimientos que marcaron el inicio de una nueva política estatal, reflejo del recrudecimiento de los procesos de acumulación, a través de la destrucción de la vida, los territorios y los cuerpos de las personas.

En ese año el gobierno mexicano reprimió al pueblo de San Salvador Atenco, estado de México; pueblo que defendía su tierra desde el 2001 ante las pretensiones de construir sobre su territorio un aeropuerto. En mayo de 2006, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), organización que aglutinaba a los ejidatarios de Atenco, decidió acompañar a unos floristas que resistían un desalojo por parte de la policía, frente a este acto de solidaridad, la policía respondió con represión y violencia, por lo que algunos floristas y los lideres del FPDT se alojaron en una casa durante varias horas para protegerse. La acción represiva obligó a los miembros del FPDT a bloquear una carretera que comunica al estado de México con la ciudad de México, para exigir la liberación de los floristas y ejidatarios de Atenco. La respuesta por parte del gobierno fue un operativo policiaco-militar que tuvo la intención de aprehender a sus lideres, acusándolos de secuestro; el pueblo fue invadido por policías, que estaban en busca de cualquier poblador o persona que hubiera ido a solidarizarse con la gente de Atenco, cuando encontraban a alguien lo golpeaban y detenían. El saldo final fue dos personas asesinadas, decenas de mujeres vejadas y violadas por los propios policías, decenas de personas golpeadas y torturadas. A todos ellos se le encarceló por varios años por delitos que no cometieron. La represión se utilizó para romper la organización y resistencia del pueblo, así como amenaza a todas las luchas, movimientos y organizaciones del país.

La segunda acción represiva ocurrió en noviembre de 2006, fue otro operativo policiaco-militar; esta vez contra los pobladores de ciudad de Oaxaca, los pueblos indígenas y las organizaciones que protagonizaron este movimiento insurreccional, que desde junio de ese año organizaron una de las mayores experiencias de lucha y auto-gobierno de las últimas décadas. Fue conocido como la Comuna de Oaxaca y fue obra de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). El movimiento irrumpió como respuesta al intento del gobierno de desalojaron un plantón de maestros de educación básica en el zócalo de esa ciudad, que se montó en mayo en exigencia de aumento salarial y mayores derechos laborales. Cuando los policías comenzaron a atacar a los profesores, la gente salió de sus casas en defensa de los maestros. Primero volvieron a instalar el plantón, pero la organización no quedó en eso, decidieron de manera espontánea tomar bajo su control la ciudad. La insurrección se llevó a cabo mediante la instalación de barricadas en todos los barrios, tomaron varias radios, universitarias, gubernamentales y comerciales así como la televisión estatal, utilizaron los medios de comunicación para dar a conocer su lucha y hacer denuncias del hostigamiento que llevaba a cabo el gobierno, pero no sólo, lo más importante fue que los usaron como organizadores del movimiento. Durante los meses de insurrección el gobierno se escondió y la gente organizó la vida de toda la ciudad. La experiencia duró alrededor de 5 meses, tiempo en el que fue permanente la violencia del Estado: convirtió a los policías, vestidos de civil, en un grupo paramilitar que por las noches salía a atacar con armas de fuego a la gente de las barricadas; todos los días había enfrentamientos con las fuerzas del orden en distintos puntos de la ciudad; constantemente se hostigaba los territorios controlados por los insurrectos. Finalmente, en el mes de noviembre el gobierno realizó un operativo policiaco-militar que recorrió calle por calle con tanques y hombres armados con la intención de destruir las barricadas, golpear, encarcelar y asesinar a quienes mantenían la resistencia. Hasta el momento no se sabe con seguridad cuantas personas fueron asesinadas, desparecidas y encarceladas, pero se calcula en cientos.

Lo que representan estas dos represiones es el inició de una nueva política estatal; una que está caracterizada por el estado de excepción para los pueblos, donde la violencia es la primer respuesta gubernamental con el fin de garantizar la acumulación y la ganancia de los capitalistas, lo que implica es la intensificación y reconfiguración de la guerra capitalista, esa conflagración de largo aliento entre los desposeídos y los poseedores. Lo que definitivamente redondeó dicho cambio en la política estatal, fue el fraude electoral que se organizó en el mismo año, fraude que se cometió contra el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador (de tendencia socialdemócrata). La intencionalidad de fraude fue permitirle al candidato de derecha Felipe Calderón llegar a la presidencia, pues éste fue quien se comprometió con los poderosos, bajo el discurso de que iba a imponer una guerra contra el narcotráfico, concretar la nueva etapa de guerra capitalista contra la vida. Todo ello contribuyó a que se diera rienda suelta a un episodio de la historia de México que ha dejado un saldo de 118 mil personas asesinadas y decenas de miles de desaparecidos, según las cifras oficiales.

Hasta ahora son 12 años de guerra, puesto que el presidente que siguió a Felipe Calderón, el derechista Enrique Peña Nieto, ha sido continuador de la misma política terrorista por el control de territorios y de la vida, de esta guerra contra los pueblos, contra las mujeres y contra la naturaleza, pero que se ha enmarcado en los medios de comunicación y en los discursos de los gobernantes como guerra contra el narcotráfico. Durante este periodo, la gente se dio cuenta que el principal asesino y criminal es el propio Estado. Pues ha sido evidente, por ejemplo, la participación directa de la policía, el ejército y los gobernantes en el asesinato de 3 y la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014. Se comprobó la masacre que realizó el ejército en Tlatlaya, estado de México, en el mismo 2014. Por esta razón emergió un grito de batalla que comenzó a repetirse en las calles: ¡Fue el Estado!

Como respuesta a la guerra capitalista, existen pueblos que se han organizado para resistir y defenderse. Algunos movimientos y luchas se han dado cuenta que no pueden esperar nada del gobierno, que el problema es el mismo Estado, por tanto, han surgido experiencias de autonomía y auto-gobierno, así como formas de seguridad y auto-defensa comunitarias. Las familias de los desaparecidos se han puesto a buscar a sus hijos e hijas, van de ciudad en ciudad, de fosa en fosa, saben que el gobierno nunca encontrará a sus familiares, pues es parte del mismo sistema que los desaparece. Sin embargo, en estos 12 años de terror y caos no se ha tenido la capacidad de conformar un proyecto revolucionario que aglutine parte del descontento, una alternativa real desde la cual los movimientos, pueblos y luchas sean capaces de combatir. No obstante es manifiesta la rabia y el dolor de la gente, los procesos de resistencia están dispersos y aislados, las sensación de desolación frustra las posibilidades de organización, convirtiendo es misma rabia y dolor en miedo paralizante.

Razón fundamental para que con todo y que a finales del año 2017 la legitimidad del Estado y los partidos políticos se encontraba en su peor situación en las últimas décadas, puesto que la clase política gobernante era despreciada de manera casi unánime y que se expresaba un temor y una rabia general contra el ejército, la marina y la policía por sus participaciones en desapariciones, masacres, despojos y detenciones injustas, no fue posible construir una salida revolucionaria a la barbarie capitalista. Dicha imposibilidad fue aprovechada por los partidos políticos en la apertura de las campañas electores, el candidato socialdemócrata Andrés Manuel López Obrador, apareció como en el 2006 arriba en las encuestas, a una distancia muy grande de sus dos competidores, los derechistas Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los cuales propusieron continuar con la misma política de terror, mientras que López Obrador desarrolló un discurso que llamaba a buscar la paz y el desarrollo en el país.

En el plano económico los tres principales candidatos representaban la continuidad del neoliberalismo, la misma búsqueda de ganancia y acumulación capitalista, sólo que Anaya y Meade hablaron explícitamente de continuar con la misma dinámica de violencia generalizada, de guerra civil no declarada; y López Obrador planteó que esa misma acumulación y ganancia se pueden concretar de una mejor manera si hay paz y cierta tranquilidad para la gente. Ese discurso, asociado a 12 años de desesperación para la gente, le permitió mantenerse muy arriba en las encuestas durante toda la campaña electoral y finalmente ganar las elecciones el 1º de julio de 2018.

El desprecio por las campañas electores de los diferentes partidos fue generalizado. El porcentaje de votación se mantuvo dentro del promedio para una elección presidencial, alrededor del 60% del electorado. En general se percibió desencanto, a pesar de que el candidato socialdemócrata López Obrador ganó por una distancia muy grande, obteniendo más del 50% de las preferencias; no se ha manifestado entre la gente de abajo esperanzas para que cambie la situación de forma profunda, aspiran a vivir con menos violencia, aspiran a que los asesinatos y las desapariciones disminuyan, que haya trabajo para que se pueda consumir, que haya tranquilidad para que se pueda producir.

Lo que se observa, con la victoria del López Obrador, es que se ha vuelto a legitimar el Estado. Además, al ser un personaje que tiene un discurso izquierdista en el plano social, estamos seguros que las formas de represión que se utilizaran por parte del gobierno que represente serán la cooptación y la guerra de baja intensidad. La clase media se ha vuelto su principal aliado y es su primer línea de defensa. Sin embargo, lo que olvida la clase media es que en un país como México, donde los fraudes electorales son la regla, el triunfo de López Obrador significa que las élites han dado su aprobación, significa que existe un acuerdo entre las dos partes y seguramente una  serie de compromisos que debe cumplir el nuevo gobierno que tomará posesión el 1º de diciembre de 2018.

Para quienes tratamos de posicionarnos de modo radical y revolucionario, el panorama es adverso de una manera diferente a como veníamos lidiando con los dos gobiernos anteriores, donde primera respuesta era la violencia para quienes estaban en defensa del territorio y de la vida. Esta vez nos enfrentamos a un consenso entre entre los medios de comunicación y la clase media en su apoyo al nuevo gobierno; los partidos políticos de todas las tendencias aceptaron su derrota fácilmente y se han alineado al que será el próximo presidente. Por ello la critica radical, antiestatista y anticapitalista, se volverá necesaria en un contexto donde se le va desdeñar aún más que antes.

Bajo el discurso de darle una oportunidad a un gobierno que por primera vez representa una postura socialdemócrata e izquierdista, se va a promover la pasividad. Y como en todos los gobiernos progresistas que ocurrieron en Sudamérica, cualquier crítica será tachada de reaccionaria y pro-imperialista. Eso deja un camino sinuoso para las opciones revolucionarias, que en la actualidad están dispersas, aisladas y débiles, mientras que los movimientos y pueblos que luchan y defienden el territorio se enfrentaran a mecanismos represivos basados en la cooptación y el asistencialismo, sin descartar, por supuesto, la violencia cuando los intereses del capital se vean amenazados.

No queda más que evitar que decaiga la crítica antiestatista y anticapitalista. Es necesario construir un proyecto real desde el cual se pueda articular una resistencia efectiva contra la dominación capitalista, que sea capaz de organizar la vida de una forma distinta. El Estado sigue siendo el mismo, sólo que ahora se ha vuelto más fuerte y tiene legitimidad otra vez, por lo que es un enemigo más peligroso, seguramente no dejará de recurrir a la violencia, las desapariciones y el despojo, sino que a esos mecanismos de opresión se le incorporan nuevos mecanismos de control. La jornadas electorales del 1º de julio y el desenlace que tuvo, confirma que el sistema capitalista está tratando de renovarse para seguir explotando y dominando. Las elecciones significaron una de tantas alternativas ilusorias que sólo llevan a la restauración de la misma dominación. A la persistencia de la guerra.

Para los pueblos indígenas y los oprimidos, para los desheredados y los desposeídos, no hay más alternativa que la resistencia. El mundo capitalista significa la destrucción de la vida, está contra quienes resisten, se rebelan y luchan. Por eso, nuestra única respuesta es la revolución social, entendida como acumulación de esfuerzos que apuesten por vivir en el ahora de la lucha bajo otros modos, desde otras relaciones sociales. Nuestro camino, en este sentido, se va a ir creando en tanto nos decidamos a ir enfrentando problemas cotidianos, enfrentándolos de modo colectivo y mediante el ejercicio de nuestra acción directa, sin representantes ni dirigentes. La auto-organización de los oprimidos para descolonizar la vida entera, la organización a través de la cual se logre desplegar la autogestión integral de nuestras existencias, significa la única opción de emancipación.