El significado de la Anarquía de ayer y hoy

Me gustaría contribuir al debate abierto por Lusbert en las páginas de Regeneración. Entiendo que desea sembrar polémica a propósito con el fin de que nos planteemos qué está haciendo el movimiento libertario en nuestro tiempo. Pero para ello deberemos entender la raíz de los conceptos.

Cuando un miembro de la Internacional del siglo XIX (la Primera) decía «Viva la Anarquía» se estaba refiriendo a una sociedad utópica en donde todas las personas eran iguales y vivían en libertad. Es decir, lo básico era tener una sociedad de iguales. La libertad vendría como consecuencia. Era esta «Anarquía» un concepto bastante similar al de «Comunismo» que utilizaban los marxistas. Lo que les diferenciaba eran las tácticas que utilizaban para lograr sus sociedades post-revolucionarias.

A partir de los años sesenta del siglo XX, cuando alguien decía (o dice) «Viva la Anarquía», se refiere a la «libertad total», una libertad que no requiere una revolución para darse, ya que la podemos obtener brevemente en numerosos instantes de nuestras vidas por medio de la ausencia de la autoridad. Es una libertad basada en la exaltación de la individualidad y como mucho aspira a instaurarse en pequeños grupos de personas.

Todo esto ocurre hablando a nivel general puesto que en el siglo XIX también había defensores del segundo significado, que eran sobretodo las tesis individualistas, sobretodo en aquel primer anarquismo de Estados Unidos. Y también en nuestra época hay defensoras de la primera concepción, sobretodo dentro del movimiento anarcosindicalista y también entre los marxismos libertarios y el anarquismo social. Aunque por ejemplo la «Autonomía» en los años sesenta era similar a lo que era el anarquismo del siglo XIX (querían el Socialismo) para los años noventa ya había adoptado, en general, también los rasgos del anarquismo de la época (la búsqueda de la libertad como motor de la acción). No puedo dejar de hacer notar el auge del liberalismo político en el seno de las tendencias socialistas. Su hegemonía es tal que incluso afecta a sus antagonismos.

Como vemos, el movimiento libertario tiene esta confusión en su ADN. Estamos llamándole anarquismo a dos cosas distintas. Debemos ser capaces de buscar una terminología correcta y explicar el significado de lo que defendemos y pretendemos construir, porque sino nos podemos perder por el camino.

Lusbert se sitúa en el anarquismo social que busca una sociedad de iguales. Esto hoy en día se puede denominar de muchas maneras: anarquismo, comunismo, comunismo real/completo/total, comunismo libertario, socialismo libertario, autonomía, comunalismo, democracia, confederalismo democrático, comunización, poder popular, etcétera.

En resumen, no es tan importante la etiqueta como lo que estamos definiendo, que es lo que se pretende crear.

@BlackSpartak

PD. El signficado de Anarquía=Caos, es común en las dos épocas a la concepción que tiene la burguesía del anarquismo. Para ella tanto la libertad total como la igualdad total es lo mismo que el terror, el desorden, la muerte de la autoridad y el privilegio. Hoy en día la rama nihilista también reivindica esta acepción, que o bien es para intentar meterles miedo en el cuerpo, o bien a modo de provocación.

[Recomendación] Abriendo camino a la superación del Estado, ¿Con qué contamos?

La izquierda libertaria en Europa necesita de un proyecto de sociedad contrario al capitalismo y capaz de ilusionar a una mayoría de la sociedad. Para el proceso de idear dicho proyecto y de levantar organizaciones que lo sustenten y marquen el programa para hacerlo realidad partimos de un acumulado de luchas y propuestas con mayor o menor relevancia, camino recorrido y capacidad transformadora sobre el que podemos y deberemos apoyarnos.

Buena parte de ese acumulado es la memoria de los procesos revolucionarios que movilizaron a grandes masas de la población en defensa de una sociedad libre, socialista y federal, como el anarcosindicalismo español, la revolución rusa o la ucrania de Makhno por poner ejemplos europeos clásicos. Una memoria que no debe ser mitificadora ni simbólica, sino una memoria crítica, capaz de entender la coyuntura y las dificultades a las que se enfrentaron los revolucionarios de esas épocas y cómo supieron levantar propuestas audaces adaptadas al momento histórico, que servirían como referentes para sus respectivos movimientos populares.

Más allá de estos aparejos históricos, el texto hace un repaso del contexto actual para los revolucionarios, analizando los mimbres sobre los que estos deberán construir su proyecto de transformación social: una clase obrera precarizada, la falta de formación militante y sindical, las asambleas, el lento despegue del cooperativismo, los pueblos okupados o el municipalismo.

¿Es suficiente todo esto para que se forme una cultura anticapitalista a la ofensiva? En el totum revolotum de vías de acción y proyectos de cambio social más bien se echa en falta una visión común, estratégica, multifacética pero dirigida y no dispersa, que enganche y movilice a una mayoría social. Ese es el proyecto aún por construir.

Abriendo camino a la superación del Estado. ¿Con qué contamos?

Cuando se habla de unidad de las luchas a menudo se tiende a pensar en grandes asambleas en las que todo el mundo converge y todas las organizaciones sociales y político-sociales se dan de tortas para que su opinión partidista y sectorial prevalezca. Apenas nos ponemos a pensar o debatir sobre estrategias de cómo superar esta sociedad capitalista y estatal. Sirva este artículo para comenzar a plantearnos cuestiones de este tipo.

Porque en primer lugar, ¿qué sustituye al Estado? ¿Nos planteamos esta cuestión alguna vez en tanto a movimiento? Y si nos la hemos planteado, ¿qué van haciendo las organizaciones libertarias en este sentido? Creo que este debate se tiene que ir configurando en los próximos años como un tema a tratar en los ámbitos militantes. Nunca nos valió la idea de Partido-Estado que en tiempos predominó en la izquierda, en cambio tenenos que proponer otros modelos viables.

La confluencia debe ser estratégica también y no sólo en el sentido de agrupar el máximo número de organizaciones para la enésima sopa de siglas en un cartel, sino de hacer encajar diversas tácticas revolucionarias en un mismo proyecto de transformación social. Las luchas convergen en sus distintas manifestaciones y formas y dan lugar a una nueva sociedad. En el proceso de convergencia y alianza se irá generando el modelo de la sociedad futura.

Pero pasemos ahora a hablar de qué formas organizativas de la sociedad podrían sustituir totalmente o en parte al Estado. Son las vías a seguir y fortalecer. Si nos vamos a la historia, y echamos un vistazo a la configuración de los movimientos sindicales, sociales y de forma de vida nos encontraremos con varios organismos que son capaces de garantizar el funcionamiento de la sociedad una vez haya caído el Estado. Estos son: los consejos obreros, los sindicatos, el municipalismo libertario, el cooperativismo y las comunas. Cada uno de estos organismos ha encabezado o bien procesos revolucionarios o bien ha generado sociedades paralelas en el seno de la sociedad capitalista.

Actualmente los consejos obreros (soviets en Rusia en 1905 y 1917, räters en la Alemania de 1919, cordones obreros en Chile en 1972, los comités de acción en Francia en 1968 o las Shoras en Irán en 1979, entre otras denominaciones), tienen poca influencia en la izquierda estatal. Se basan en la asamblea de trabajadores y trabajadoras de una misma empresa. Y se han utilizado en momentos en los que los sindicatos brillaban por su ausencia, o bien porque estaban ilegalizados, o bien porque eran organizaciones huecas, sin capacidad ni intenciones de transformar la sociedad.

En nuestros días las empresas prácticamente no tienen asambleas. Los sindicatos no las convocan, y la clase obrera ha caído en un desánimo y pasividad que hace que en estos momentos hablar de un movimiento de asambleas obreras sea completamente utópico. Lo que queda de aquel modelo en el estado español son instituciones corrompidas como Comisiones Obreras o los Comités de Empresa. En este sentido si los sindicatos tuvieran intención revolucionaria intentarían o bien promover la asamblea de trabajadores como forma de funcionamiento o bien desde los comités comenzar a hablar de autogestión de los medios de producción.

En este sentido se puede comenzar a avanzar en una línea autogestionaria y colectivizadora si desde los sindicatos que se dicen revolucionarios se empieza a abordar en serio esta cuestión, haciendo una formación metódica entre los trabajadores afiliados y que representan el sindicato en este tipo de instituciones como los ya nombrados Comités de Empresa. Para quien no lo sepa, hay bastantes coordinadoras de comités de empresa que unen empresas y fábricas de la misma corporación capitalista, o del mismo territorio. De esta forma se podría coordinar un sector productivo entero o bien un polígono o las empresas de toda una comarca. El caso es que, como acabo de decir, falta una formación sindical apropiada para quienes están en los comités.

De todas formas, si creemos en la asamblea de trabajadores, ésta debe nombrar a sus representantes, y éstos deben ser revocables en todo momento. El gran problema de fondo es que el asamblearismo tiene corta duración. La gente común está en procesos asamblearios mientras le dura el problema. Más allá de eso los movimientos asamblearios caen en manos de los sectores más ideologizados y politizados, convirtiendo los procesos asamblearios en luchas de poder entre las tendencias de la izquierda. Sin embargo, si queremos la autogestión generalizada tenemos que promover asambleas en los centros de trabajo de forma generalizada. Y también deben disputarse los comités, tanto para echarlos abajo si no representan los intereses de la plantilla, como para fortalecer la idea de la socialización y la toma de los medios de producción entre la clase trabajadora, cuestión clave si estamos hablando de iniciar un proceso revolucionario.

Otro de los movimientos que históricamente ha intentado la revolución social ha sido el anarcosindicalismo, o el sindicalismo revolucionario. Tuvo su apogeo como sabemos en la Revolución española de 1936, pero también importancia en procesos como las ocupaciones de fábrica en Italia en 1920, las ocupaciones también de fábricas en Francia en junio de 1936, en el Cordobazo argentino de 1966 y en numerosísimas huelgas generales de todo el mundo.

El sindicalismo con vocación de cambiar la sociedad ha sido capaz de generar toda una cultura radical a su alrededor, un aura de mística revolucionaria que atrae a la clase trabajadora más combativa. Pero tiene su peligro, que es el de caer en el sectarismo y no ver más allá de su propia organización. Hay que tener muy claro que el objetivo primordial es el de la toma de los medios de producción, distribución y consumo, cosa que hizo el anarcosindicalismo ibérico en tiempos. Pero esa conciencia vino a través de dos o tres décadas de formación constante en los sindicatos. Hay que comenzar a formar en general a las nuevas generaciones de militantes y de contrastar los conocimientos adquiridos con otras experiencias alrededor del mundo para prepararnos para cualquier eventualidad. Entidades como ICEA o los gabinetes técnicos de los sindicatos deben tomar las riendas en las formación sindical en sentido colectivista y socializador.

Si nos coordinamos de alguna manera con los procesos consejistas o semi-consejistas (de tipo de comités de empresa) de los que hemos hablado, se podrá derrocar el poder del delegacionismo en el seno del movimiento obrero. Hay que generar unos nuevos comités de empresa verdaderamente en manos de los trabajadores y no de las élites burocráticas de los sindicatos capitalistas. Esa es labor inmediata ahora que se da tanto descrédito del sistema sindical y de comités de empresa en el estado español. No sabemos si se podrán generar otros mecanismos de participación obrera, pero es necesario que los grandes sindicatos pierdan su capacidad de movilización y la ganen nuestras organizaciones.

Pero la clase obrera precarizada no tiene siquiera la capacidad de sindicalización, o al menos no ve necesidad, ya que su empleo dura lo que dura. En este caso se deben encontrar otras formas de actuación político-social. En este caso podremos hablar de dos organismos a tener en cuenta, por un lado el municipio libre, y por el otro el movimiento cooperativista.

Comencemos por el segundo, que guarda relación con la economía política. El cooperativismo ha sido históricamente visto como un movimiento poco o nada revolucionario. Pero es cierto que hubo un cooperativismo obrero que era un apoyo del movimiento revolucionario, de ese que convocaba grandes huelgas generales y movimientos insurreccionales. El cooperativismo tenía dos vertientes, una productiva, que daba trabajo a numerosos obreros (y tenemos que reconocer que algunos de ellos habían perdido su empleo y que estaban en listas negras patronales y tenían muy difícil volver a trabajar) y la otra distributiva o de consumo. Esta segunda podría llegar a ser tan potente que en sí misma era un contrapoder.

Si en vez de ir al Eroski o al Carrefour, la población de clase trabajadora fuera a la cooperativa, otro gallo cantaría. En esas estaban en la región de Bolonia en 1920, en pleno auge del cooperativismo promovido por el Partido Socialista Italiano. Fue un movimiento tan masivo que los comerciantes sentían que se les hacía boicot si no se apuntaban al cooperativismo. Y muchos acabaron en el fascismo, como consecuencia. El cooperativismo per se no es revolucionario, intenta vivir el día a día de la mejor forma posible, pero viviendo de forma parecida a la sociedad que se promueve. Aquí también se requiere un cooperativismo vinculado a la transformación social, arraigado, combativo, y que sirva de elemento de propaganda y conexión con otros sectores de la sociedad. Si en vez de tantos trabajadores autónomos, por cuenta propia, tuviéramos un movimiento cooperativista en condiciones, y politizado, también nos cantaría otro gallo.

Otra manifestación del cooperativismo era las mutualidades. En nuestros tiempos en los que los permanentes recortes amenazan con echar al traste el estado del bienestar podremos ver pronto algún resurgimiento de aquellas sociedades de socorro mutuo. Ya comienzan a abrirse algunas clínicas gestionadas por gente de nuestro ámbito y hay otros proyectos (exclusión social, residencias de ancianos, etc.). Pero lo que realmente importa, como decían algunos artículos de prensa del anarcosindicalismo de los años 70, es tomar la Seguridad Social en manos de las organizaciones populares. Hospitales y escuelas deberían estar en manos de sus trabajadores y usuarias. Eso sí que sería revolucionario. Tomar el estado del bienestar en nuestras manos es de por sí subversivo. Y eso lo decían en los años 70.

Antes las cosas funcionaban de otra manera. Por ejemplo el sindicalismo revolucionario siempre intentaba tener una bolsa de trabajo. Era como controlar el INEM. Si controlabas la forma en la que las empresas contrataban los trabajadores, habías ganado. Todo el mundo se tendría que afiliar a tu sindicato. Esta es una de las razones de la enorme fuerza del anarcosindicalismo en ciertos territorios en los que podían hacerlo. Un sindicato que tenía una bolsa de trabajo, un economato, y algunas cooperativas aliadas, y hasta sindicato de jubilados, era toda una sociedad paralela.

El municipalismo libertario funciona de otra manera. También se basa en generar un contrapoder al del Estado. Aunque Bookchin era partidario de tomar la institución del ayuntamiento en caso de que el movimiento popular fuera fuerte y necesitara crecer más, pienso que no es necesario llegar a ese punto. Lo necesario es tener una serie de asambleas de barrio con verdadera vocación de contrapoder, de control de su barrio. El municipio, tal como está montado en el estado español, no tiene tanta capacidad de maniobra como nos pensamos. Está muy limitado desde arriba, y en cuanto se haga algo que no conviene puede llegar a ser disuelto. De todas formas es necesaria una institución equivalente que sea la voz del municipio. Esto lo puede hacer bien una federación de barrios. Siendo una confederación de municipios a niveles mayores. En este caso nos podemos encontrar el mismo problema de participación que con las asambleas de trabajadores. El asamblearismo funciona en momentos importantes, pero más allá decae y solo queda la gente más convencida.

Desde luego, que ahora mismo un proyecto municipalista debiera intentar converger con los demás movimientos en un proyecto revolucionario. Es importante saber entenderse entre las diferentes visiones tácticas. Pero sobretodo intentando impulsar algunos factores importantes como el de los servicios públicos, la bolsa de trabajo, las mutualidades y una red de cooperativas de su territorio. Creo que esto se puede hacer aquí y ahora. Pero como siempre, nos falta formación.

Por último otro de los factores que actualmente existe en el estado español y del que podría salir también otro contrapoder, es el de los pueblos okupados, cedidos o comprados que se van convirtiendo poco a poco en focos de autogestión rural. El tema es que como son proyectos pequeños apenas se toma en serio sus posibilidades tácticas. Se trata de unos centenares de personas esparcidas por un gran territorio rural semi-despoblado.

Pero estamos hablando de gente que suele estar bastante politizada, y que tiene claros los conceptos de autogestión y asamblearismo. Quieren organizar su sociedad libre aquí y ahora, y lo están haciendo. Apenas existe difusión de su trabajo, pero tienen sus redes y sus coordinadoras. Si tienen algún proyecto de trascender a su comunidad apenas se sabe. Lo que sabemos es que algunas escuelas rurales (oficiales) funcionan casi como escuelas libres debido a que lxs únicxs niñxs son de la comunidad que bajan al pueblo más cercano. Y así en otros ámbitos. Queda la sensación de que si formaran un sindicato agrario serían el sindicato mayoritario en varias comarcas. Pero estamos hablando de gente que no se plantea ser un contrapoder, sino que la dejen vivir su vida en paz. En este caso el trabajo necesario para organizar la revolución en estos territorios es político (qué se quiere hacer, cómo, con quien, para qué).

Es decir, que siendo “posibilistas” respecto a lo que tenemos aquí y ahora, en realidad hay varios organismos que si se coordinaran en un proyecto coherente en realidad podrían gestionar la sociedad. Se necesitan grandes dosis de formación en todos los niveles, y de voluntad de derrotar el Estado, y no dejarlo a un lado. La lucha es multifacética y debe construir sus propias instituciones post-revolucionarias a partir de lo que hay. Este es el reto de nuestros días.

Entrevista a Apoyo Mutuo

El pasado 9 de mayo se presentó la iniciativa Apoyo Mutuo en un teatro de Madrid. Se trataba de un proceso de organización iniciado a raíz del lanzamiento del manifiesto Construyendo Pueblo Fuerte, apoyado por varios centenares de personas. Dicho manifiesto era un llamamiento a construir una democracia de las personas (política, económica, inclusiva, de participación directa y efectiva) a partir de los movimientos sociales y las organizaciones populares independientes de partidos políticos. Este proceso resulta muy cercano a lo que algunos entendemos que debe impulsar un anarquismo social y organizado, con un proyecto de transformación apegado a la realidad y que pueda llegar a ser fructífero. Por ello, les hemos realizado a los compañeros de Apoyo Mutuo esta entrevista que reproducimos a continuación:

Contadnos: ¿qué es y cómo surge Apoyo Mutuo?

AM: Apoyo Mutuo (AM) es una organización, una red de militantes-activistas que busca transformar el sistema vigente de una manera profunda, sustituyendo el capitalismo por un sistema en el que la propiedad sea ostentada colectivamente y donde no exista explotación, al igual que sustituyendo el Estado actual por un modelo de participación política en el que todos y todas seamos las que tomemos las decisiones, es decir, democracia directa. Eso entre muchas otras cosas, pues nos unen sensibilidades ecológicas, feministas, antirracistas, LGTBIQ+… Entendemos que el problema no solo se sitúa en el capitalismo y el Estado que nos asfixian, sino que hay muchas otras opresiones que van más allá. Para lograr esto, lo que Apoyo Mutuo pretende es ejercer como paraguas de todas aquellas personas que no se sienten representadas por el sistema actual y que no creen en la vía parlamentaria, con el objetivo de elaborar críticas y, sobre todo, de lanzar propuestas concretas de funcionamiento alternativo de sociedad; en resumidas cuentas, de elaborar un proyecto alternativo de vida para todos y todas, y para eso necesitamos muchas cabezas pensantes de todos los ámbitos. En nuestros movimientos solemos tener un problema grave, que es la falta de concreción, limitándonos la mayor parte de las veces a las meras proclamas y manifiestos, y no está mal, pero, si pretendemos alcanzar algo como lo que hemos dicho que queremos, es necesario ir más allá y poner sobre la mesa medidas y propuestas mucho más precisas, y eso es lo que queremos y vamos a hacer.

Respecto a vuestra segunda pregunta, AM surgió de la red, de Internet. Varias compañeras y compañeros de puntos muy diversos del Estado español que compartían las sensibilidades que ahora nos unen a todas en AM confluyeron en un foro y empezaron a idear lo que es el proyecto actual, fruto de la necesidad imperante de que surgiera una organización como ésta, que ya tiene bastante trayectoria, aunque no lo parezca. Esto que estamos contando sucedió hace más o menos dos años, y nos presentamos como organización hace apenas un mes y poco, con lo cual se puede apreciar esto que estamos diciendo. A raíz de ese primer contacto, se creó otro foro ya solo para ese proyecto –que es el que seguimos utilizando– y ahí se empezaron a discutir y acordar los textos iniciales y asuntos de funcionamiento interno. Posteriormente, en Madrid, al haber un número considerable de personas interesadas en la iniciativa, se empezaron a realizar asambleas periódicas, y a raíz de eso se creó lo que es ahora el Grupo Territorial de Madrid de Apoyo Mutuo. A colación de esto, recientemente se ha presentado también el Grupo Territorial de Granada.

Os habéis presentado hace muy poquito en un teatro de Madrid, ¿qué recepción ha tenido la presentación de la iniciativa?

Pues bastante buena, creemos. Nos presentamos en el Teatro Lagrada el día 9 de mayo por la mañana, y le dimos bastante difusión. Salieron a la luz varias noticias en periódicos como Diagonal, Cuarto Poder… Y en otros medios.

La gente en general recibió la presentación de la organización con ilusión, algo que creo que compartimos todos y todas las que ahora formamos parte de AM en el primer momento en el que supimos de la existencia de esta iniciativa. Muchas personas quedaron expectantes tras la presentación del manifiesto Construir un pueblo fuerte para posibilitar otro mundo, y esperaban que se dieran más pasos en la construcción de esa gran iniciativa social de la que hablábamos en él, y finalmente surgió y se presentó aquel día con el nombre de Apoyo Mutuo.

¿Ha habido ya alguna crítica? ¿Qué opináis?

Crítica, crítica… no. No muy importante ni generalizada, al menos. Es cierto que hay personas que sienten recelo cuando ven que en nuestro discurso se emplean las palabras “democracia” o “poder popular” porque le dan un significado que obviamente no es el que le damos nosotros y nosotras. Sabemos que la carga que tiene el concepto de “democracia” está muchas veces denostada por el hecho de que los sistemas actuales que nos reprimen y explotan se han autobautizado con dicho nombre: “democracia representativa”. No obstante, para nosotras y nosotros ese término es cuanto menos inválido y no hace más que ocultar la verdadera cara de lo que en realidad son estos regímenes: gobiernos oligárquicos en los que decide una minoría erigida en clase política, además de la clase dominadora en el plano económico, que está por encima suya.

la democracia consiste en la igual participación, […] de toda la sociedad en la toma de decisiones

Para nosotras y nosotros, la democracia consiste en la igual participación, de manera directa, de toda la sociedad en la toma de decisiones y gestión, sin intermediarios/as ni representantes que nos roben nuestra capacidad para hacerlo.

De igual manera, nuestro concepto de “poder popular” no es uno de poder coercitivo ni dominador. Cuando hablamos de “poder popular” nos referimos a la capacidad, a la fuerza que tiene el pueblo organizado de conseguir sus objetivos. A su “poder” llevar a cabo algo, a su potencia.

Al margen de esto, poco más se ha dicho en forma de crítica a AM, si bien somos nosotras y nosotros los primeros que ejercemos la autocrítica para mejorar y corregir los posibles errores que van surgiendo en el camino. Sabemos que somos seres humanos y no somos infalibles, y trabajamos constantemente en ello, por lo que también agradecemos cualquier crítica que se nos realice, siempre que sea de forma constructiva.

Parece que había un hueco importante que cubrir en la promoción de una política no institucional, de la calle. ¿Qué consideráis que aporta AM actualmente y qué aspira a conseguir?

Creemos fielmente que Apoyo Mutuo puede suponer un impulso muy importante para todos aquellos movimientos populares que realizan su labor y su actividad al margen del ciclo político parlamentario. Lo que pretendemos aportar es eso que habéis indicado vosotros/as en vuestra pregunta precisamente: realizar una política no institucional, entendida como la generación de un discurso al margen de los parlamentos y la política partidista, elaborando un programa político y socioeconómico rupturista y poniendo sobre la mesa una serie de propuestas y hojas de ruta que sirvan a los movimientos y a los colectivos y organizaciones de base para ponerlas en práctica aquí y ahora con el objetivo de ir avanzando hacia esa sociedad que deseamos, sin ir dandopalos de ciego y siempre a la defensiva como tristemente acostumbramos más veces de las que nos gustaría.

Pretendemos conseguir que AM se convierta en una herramienta útil para todos esos movimientos, colectivos y organizaciones populares

Por ende, lo que pretendemos conseguir es que AM se convierta en una herramienta útil para todos esos movimientos, colectivos y organizaciones populares; que nuestra iniciativa se llene de personas dispuestas a trabajar en el sentido que hemos indicado y a llevar a sus respectivos grupos el contenido que generemos entre todas y todos.

Hemos leído el primer texto que habéis publicado desde Apoyo Mutuo, llamado «Crisis capitalista y movimiento popular: Nuestro momento.» ¿A quién representa ese nosotros?

Ese nosotras/os representa a todas aquellas y aquellos que creen que el camino de la lucha popular desde la base y con el objetivo de superar el sistema actual es necesario; representa a todas las personas que llevan su lucha a cabo gobierne un partido o gobierne otro, porque entienden que la lucha social debe permanecer siempre activa y no cesar nunca, pues siempre existirá la necesidad, la injusticia, la pobreza y la opresión bajo el sistema que actualmente padecemos. Representa o, al menos, pretende hacerlo. Evidentemente no queremos hablar en nombre de nadie más que nosotros mismos/as, pero tenemos la certeza de que aquello que decimos lo comparte mucha más gente que la que ahora mismo forma parte oficialmente de Apoyo Mutuo.

Os lamentáis en el texto de que actualmente la política se vea tan limitada a lo institucional. ¿Qué opináis de los nuevos partidos, y especialmente de las candidaturas de unidad ciudadana, que hablan del empoderamiento popular?

Mantenemos una posición de distancia porque no confiamos en la vía que esas personas (que en bastantes casos han sido compañeros y compañeras de colectivos y movimientos de los que nosotros y nosotras también hemos formado parte) han escogido porque creemos que el camino de las instituciones del Estado ya ha sido trazado e intentado en numerosas ocasiones y no ha tenido buen final. No obstante, mantenemos una posición de respeto porque entendemos que muchas de esas personas tienen intenciones honestas, pero a nosotras y nosotros nos gusta recordar que “los derechos, las conquistas y las grandes transformaciones sociales nunca nos han sido regaladas desde las instituciones. Fueron peleadas y ganadas en las calles, en los centros de trabajo y en los barrios”, como se dice en nuestro manifiesto.

Aparte, hablar de “empoderamiento popular” en organizaciones que funcionan jerárquicamente y donde la participación no es igual y directa nos parece un poco engañoso.

Por otro lado, queremos resaltar que tampoco nos gusta centrar nuestro discurso y objetivo en alguien que no sean los movimientos populares y las propuestas. Criticar es relativamente fácil, y lo que ahora más precisamos más que eso es demostrar que nuestras ideas, además de necesarias y justas, son eficaces y prácticas.

¿Destacaríais algo de la vorágine electoral pasada?

Se podrían resaltar muchas cosas. Sin duda, el panorama parlamentario español está cambiando y lo va a seguir haciendo. La entrada en los ayuntamientos y en los parlamentos regionales de “candidaturas de unidad ciudadana” podría suponer en cierto modo un respiro para una parte de la sociedad si algunas medidas sociales urgentes son llevadas a cabo. No obstante, no se puede obviar el hecho de que los ayuntamientos y los parlamentos regionales están muy limitados, y que por encima de los consistorios se encuentran poderes económicos que ponen trabas a cualquier cosa que se intente hacer que vaya en su detrimento.

Además, nos causa gran temor el hecho de que el pueblo general haya recobrado la confianza en las instituciones estatales. Una de las mejores cosas que nos legó el 15M fue sin lugar a dudas la desconfianza en los partidos políticos y en la política parlamentaria, dejando recaer toda la responsabilidad y el poder de acción y decisión en el pueblo. Ahora parece que mucha gente vuelve a creer de nuevo en esas instituciones, y eso está provocando una gran desmovilización en la calle que es fácilmente apreciable por cualquiera que forme parte de algún colectivo, movimiento u organización desde hace tiempo.

Por último, y no menos importante, también nos gustaría destacar que entre toda esta vorágine electoral no encontramos, a pesar de todo esto, nada que pretenda romper con el actual orden de cosas y apostar por un modelo social distinto al actual. Solo se aprecian intenciones de realizar pequeños cambios que no ponen en peligro la estructura, el cuerpo del sistema vigente.

¿Qué os parecieron las convocatorias realizadas en torno al 15M en Madrid? Por ejemplo, ese grito mudo durante la jornada de reflexión prohibido por la delegación de gobierno, ¿lo apoyáis?

¿Cómo no podríamos apoyar a unas personas que se manifiestan para decir que “La lucha sigue en las calles”, que el sistema actual no les representa y que las asambleas son las verdaderas instituciones legítimas de decisión y gestión?

Muchos/as estuvimos allí ése y más días, y lo seguiremos estando. Sí.

Habéis manifestado que vuestro objetivo es construir discurso. ¿Cómo pensáis hacerlo? ¿De dónde va a surgir ese discurso y qué procesos se van a seguir para articularlo?

A través de la reflexión colectiva. Apoyo Mutuo está estructurado en Ejes Sectoriales que tratan diferentes temáticas con profundidad. Por ejemplo, el Eje de Economía Social, el de Feminismos, el de Ecología Social, el de Educación, el de Municipalismo y Barrios, el de Vivienda, el de Coyuntura, el de Migración… La idea es que dichos ejes se vayan llenando de personas que los doten de contenido; que se reúnan, debatan, acuerden y creen análisis, propuestas y hojas de ruta. El contenido de esos ejes, al volcarse y ponerse todo en común, generará una propuesta amplia de sociedad alternativa que pretendemos alcanzar.

Por otra parte, los textos de análisis que hemos ido publicando ya, como el que habéis citado anteriormente, o el más recientemente publicado de Sindicalismo y trabajo, también generan discurso y han sido elaborados colectivamente, en este caso telemáticamente, que es el principal medio que tenemos para comunicarnos y debatir a larga distancia diariamente los y las que formamos parte de AM. Ese modo de proceder y producir textos generales sobre diferentes ámbitos y sectores se mantendrá así durante un tiempo al menos, hasta que decidamos cambiarlo o los Ejes Sectoriales lo sobrepasen, pero para que esto último ocurra necesitamos ser muchos y muchas.

Por último, señalar que también realizamos Encuentros Comunes de todo el territorio cada cierto tiempo para debatir y consensuar asuntos de importancia mayor que requieren de un debate fluido y largo que por Internet es casi imposible de tener. El próximo que vamos a realizar es sobre la elaboración del programa de AM, por ejemplo.

Y respecto a la difusión ¿Cómo pensáis sacar ese discurso al exterior: charlas, contacto con los medios de comunicación…?

Las charlas, las presentaciones y los debates y coloquios son un buen medio para llegar a la gente; la difusión a través de los medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance, también, si bien queremos hacer llegar nuestro discurso principalmente a través de nuestros propios/as militantes. Como ya indicamos más arriba, el sujeto principal de nuestro discurso y el que tiene que ponerlo en práctica son los movimientos populares. Partiendo de la base de que la vasta mayoría de los miembros de Apoyo Mutuo son activistas y militantes de otros colectivos y organizaciones de base, lo más importante es que ellas/os mismas/os lleven a sus respectivos grupos las propuestas y hojas de ruta de la iniciativa.

Puesto que no nos presentamos a ningunas elecciones ni evidentemente lo vamos a hacer, sino que lo que necesitamos es que nuestras propuestas sean integradas y asimiladas de forma general por la sociedad y los movimientos alternativos, más que difundir nuestras ideas y que la gente las conozca sin más, lo que más nos interesa es que los colectivos y organizaciones populares que apuestan por la lucha social no parlamentaria las adopten y las pongan en práctica de algún modo o en parte. Eso es lo que realmente servirá. Lo que buscamos es una sinergia, un continuo fluir entre los movimientos populares y Apoyo Mutuo, una retroalimentación mutua. AM no tiene sentido si no es por los movimientos populares que lo dotan de sentido y contenido, y de los cuales forman parte sus integrantes.

¿En qué ámbitos va a empezar a trabajar Apoyo Mutuo?

Aún llevamos muy poco tiempo funcionando oficialmente como organización. Nuestro principal cometido ahora mismo es animar y conseguir que todas las personas que comparten nuestras ideas y buscan lo mismo que nosotras/os se sumen a nuestra iniciativa para comenzar a llenar todos los Ejes Sectoriales, que son los que van a realizar el principal trabajo de Apoyo Mutuo, los generadores genuinos de discurso y propuestas. En lo que ya estamos trabajando es en la producción de discurso sobre diferentes temáticas de una manera general y, más específicamente, en la elaboración de nuestro programa de sociedad alternativa.

Parece que Embat, que si no me equivoco es un proyecto hermanado con vosotros, ha lanzado una propuesta muy clara de remunicipalización y gestión democrática de los servicios públicos. También se han lanzado a apoyar explícitamente la huelga de Telefónica-Movistar. ¿Qué os parecen estas propuestas? ¿Pensáis lanzar campañas similares?

Sin duda, las propuestas del Procès Embat son siempre muy interesantes y, en este caso, como ya es usual, podemos decir que las compartimos ampliamente.

En el caso específico de la propuesta de remunicipalización y gestión democrática de los servicios públicos, siempre que estemos tratando de medidas que nos sitúen más cerca de la gestión colectiva de los medios de producción y servicio de manera democrática y justa, las apoyaremos.

En cuanto a la huelga de los y las trabajadoras de Telefónica-Movistar, están marcando un precedente en cuanto a la movilización laboral y sindical. El esfuerzo y trabajo que están realizando es auténticamente heroico, y no podemos más que situarnos de su lado y mostrarles nuestro más sincero apoyo y solidaridad. Esperamos sinceramente que venzan la presión torticera que está llevando a cabo Teléfonica-Movistar y recuperen los derechos que se merecen y más.

Respecto a sacar campañas similares, aún estamos en proceso de discusión y debate sobre las formas de funcionamiento que tenemos en la organización, y sobre el asunto de adhesiones y apoyo a causas específicas aún estamos descubiertas/os, a pesar de ser un sentir común la simpatía y el apoyo a movilizaciones tan ejemplares como la de las trabajadoras y trabajadores de Telefónica-Movistar en huelga, así como muchísimas otras. Con el tiempo lo solucionaremos, pero que nadie dude que siempre estamos y estaremos del lado del oprimido/a por la razón que sea: económica, de género, étnica, de orientación sexual o identidad u otra.

Parece que AM cuenta con rasgos propios de una organización con militantes y de una coordinadora, ¿realmente por qué modelo o fórmula se decanta?

Esto es algo que creemos que es importante dejar claro: mucha gente suele confundir Apoyo Mutuo con una coordinadora de colectivos, pero no es tal. En el caso de coordinar, lo único que coordina AM es individuos/as. Ya existen iniciativas que coordinan colectivos y organizaciones. Nuestro objetivo no es ése, sino conectar a todas las personas que comparten nuestras ideas y fines para confluir elaborando análisis, propuestas, programas y hojas de ruta, independientemente del colectivo o grupo al que pertenezcan.

Nuestro objetivo [es] conectar a todas las personas que comparten nuestras ideas y fines para confluir elaborando análisis, propuestas, programas y hojas de ruta.

En AM existen dos niveles de participación: el Territorial (a nivel del municipio, comarca o región) y el Común (a nivel estatal). En ambos se participa a nivel individual –al menos por ahora y hasta que se conformen más grupos territoriales–. No obstante, como ya dijimos, AM solo tiene sentido por y para los movimientos populares, para los cuales pretende ser útil su discurso y sus propuestas y análisis, pero eso no quiere decir que coordinemos a esos colectivos y organizaciones populares, cosa que no pretendemos hacer.

Pues hasta aquí nuestras preguntas. ¿Hay algo más que os gustaría comentar?

Aparte de daros las gracias por concedernos la oportunidad de exponer nuestra iniciativa y darle difusión a través de vuestro medio, nos gustaría hacer un llamamiento a todos aquellos y aquellas que nos leen y que comparten nuestras inquietudes. Que se avecinan unos años convulsos por una confluencia variada de diferentes factores parece algo manifiesto, y los movimientos y colectivos horizontales que pretendemos superar el sistema actual, para estar a la altura de las circunstancias, necesitamos dotarnos de un discurso común, de unas propuestas y, en resumen, de un proyecto viable alternativo de sociedad para ir implantando a partir de ya. Para ello, nos necesitamos a todos y todas.

Por suerte, nos encontramos ante una iniciativa social como AM, que aún está abierta y por terminar de definir concretamente, aunque sabemos hacia dónde vamos y qué queremos conseguir. Por ello, animamos a todo el mundo a sumarse y construir desde ahora en esta iniciativa que probablemente sea de los últimos trenes que tengamos para coger.

Apoyo Mutuo será lo que queramos que sea. Para algo somos horizontales.

Programa de emergencia

Este texto es únicamente un boceto o parte de un texto mayor y que aún está por venir por parte del Colectivo Brumario.

 

Que nos encontramos en un momento de crisis, de impasse, parece ya evidente. Podemos querer no verlo porque era mucho más agradable cuando a cualquier convocatoria acudían cientos o miles de personas y salíamos a 3 o 4 por semana como poco, pero el caso es que diversos factores que no vienen aquí muy al caso analizar han llevado a un estancamiento del proceso que se inició con el 15M y devolvió la voz a las calles, aunque fuese para gritar consignas o levantar las manos. Sin embargo, de este periodo han salido experiencias sumamente enriquecedoras como es el mismo uso de la asamblea como herramienta fundamental para la organización popular y otros proyectos más concretos, además de ciertas victorias como la lucha por la vivienda. El caso es que ahora nos encontramos no solo con que las manifestaciones o convocatorias de todo tipo han disminuido, sino que el número de asistentes resulta en muchos casos alarmante. A esto hay que sumar la ilusión electoralista que estamos viviendo, y lo que nos queda, y una oleada represiva de un nivel que muchos no hemos conocido.

Conviene, entonces, preguntarnos cómo afrontar esto que se nos viene y que parece que no va a ser cosa de un mes, sino quizás un periodo de algunos años, teniendo en cuenta que ni los desahucios van camino de desaparecer ni la miseria general va a ser barrida por una vuelta a los felices años 2000. En este contexto parece importante prestar atención a las presuntas medidas de salvación que van formulando los distintos gobiernos y partidos aspirantes a serlo, especialmente aquellos que se reclaman como defensores del pueblo y la ciudadanía. Especialmente en ciertos ambientes tendemos a considerar la política institucional como algo impuro, sobre lo que no debemos trabajar y que, además, de eso ya se encargan otras. Como llevamos viendo desde que existe la ley y pronto veremos sobre el ejemplo concreto de la llamada ley Mordaza, esto no es así, sino que la legislación tiene un impacto si no directo, al menos de modificación del contexto en el que nos desenvolvemos. Es por esto por lo que algunos creemos que no podemos dejarlo pasar sin más.

Así pues, volviendo al tema de estos programas de emergencia social elaborados por determinados partidos consideraría necesario “salir de la ideología y situarnos en el terreno práctico de la lucha de clases”, parafraseando a los Colectivos de Solidaridad de París. Esto, en nuestra situación, implicaría atender a qué tipo de problemas sociales  podemos solucionar desde nuestra alternatividad, y también de qué manera es esto posible. Es decir, podemos afirmar que es factible alimentarse reciclando comida o vestirse robando ropa, pero deberíamos considerar en estos y otros casos que esta no es una solución por no ser generalizable y por no responder a las necesidades de muchas personas por su diversidad de situaciones vitales. Si hay soluciones a estos problemas probablemente pasen por la creación de un tejido social dedicado a la resolución de problemas muy concretos, algo que, por la inversión necesaria de esfuerzos y el mantenimiento de los mismos no siempre es posible.

Como libertario, o llámalo x, el otro día me caía de culo al encontrarme la noticia de una mujer de 60 años que cada vez que quería salir de su casa tenía que cargar escaleras arriba y abajo con su hijo de 40 años y 80 kilos a su espalda como un fardo debido a los problemas psicomotrices de este a encontrarse sin ningún tipo de ayuda. Vale que es un caso verdaderamente extremo, o eso quiero pensar, pero tampoco podemos pensar que es una situación única. Y estas personas necesitan una ayuda que nosotras, en nuestras condiciones actuales, difícilmente podríamos prestarles.

La preparación de cualquier cambio social que queramos llevar a cabo debe pasar indefectiblemente por asumir nuestras propias carencias y actuar en consecuencia. Y esto implica no dar la espalda a aquellas realidades que nos molestan bien por su complejidad, bien porque supongan adentrarnos en incómodas contradicciones. Desde esta óptica, actualmente muchas situaciones de necesidad no podrían verse si no resueltas, al menos paliadas gracias a las ayudas estatales, subvenciones u otros tipos de ayudas que no vienen de un CSOA. Si esto ha venido sucediendo desde que se inaugurase el bienquerido Estado del Bienestar, parece evidente que las realidades antes descritas y otras se agudizarán en un momento como el actual en el que si este no se está desmantelando, al menos se está desprendiendo de determinadas cargas. No es aquí sitio de mantener una u otra postura en cuanto a los cambios del Estado, por no ser el tema y por no contar con los conocimientos necesarios. Sin embargo sí podemos dar cuenta de lo evidente, y es que determinadas ayudas que se prestaban desde el Estado han dejado de prestarse o han disminuido hasta cotas insultantes. El caso, al final, es que hay personas en situaciones insostenibles, situaciones a las que no podemos dar solución en este momento y, si queremos incluir a estas personas en el cambio social que preparamos en vez de asumir una política antisocial y de autoconsumo, no podemos, por muchas contradicciones que suponga, oponernos a un tipo de medidas que pretenden restablecer el suministro eléctrico a quienes se lo han cortado las eléctricas o mejorar en alguna medida las ayudas a la dependencia, por mucho que esto venga del Estado.

Si consideramos la idea que desde ciertos ambientes se viene repitiendo  de apostar por un anarquismo social, y que esto pasa por participar en espacios que no siempre son los que tenemos como nuestros y que pueden no sernos cómodos no podemos pasar por alto todo lo señalado anteriormente. Ello no quiere decir ponernos a aplaudir las iniciativas electorales que asumen estos paquetes de emergencia, sino una defensa de los mismos desprendiéndolos de su componente electoral. La tarea se antoja complicada a la vez que necesaria.

Las Marchas de la Dignidad son un ejemplo de una herramienta con potencial suficiente para crear una fuerza en la calle que haga suyos estos paquetes de necesidades y dote a estos de un sentido más allá del apoyo electoral a un partido concreto. Nótese que se está hablando de potencialidad como herramienta, pues si nos remitimos a la última experiencia vivida no podemos pensar que aquello pasase de un mitin al que se había invitado a muchísima gente y con unos contenidos escasísimamente elaborados, como así manifestaba el infame lema de “Pan, trabajo, techo y dignidad”. Nuevamente hay que tener en cuenta también el incremento de la presión policial, con la lección aprendida de la ocasión anterior.

Sea como fuere, el caso es que este tipo de medidas pueden ser separadas de su uso electoralista y puedan asumirse como una victoria colectiva de aquellas que llaman de abajo. No hacerlo pasar como tal, sino asumirse efectivamente gracias a una presión activa y real, conocedora de sus límites pero dispuesta a ir a por todas.

Las razones del anarquismo social

He prometido dar una respuesta a la altura de las circunstancias y espero dar la talla en este aspecto. Este artículo es una respuesta a las críticas al anarquismo social del compañero La Colectividad en este artículo y en éste otro, y aprovecho para dejar claro que este artículo no representa al anarquismo social en general, sino mi concepción del mismo apoyado en otras lecturas. Encuentro un cierto paralelismo en este debate con el que se dio hace un siglo aproximadamente, cuando sobre la mesa se planteaba la inserción del anarquismo en el sindicalismo. Al respecto, Malatesta ya en los años ’20 del siglo XX ya defendía la idea de que los y las anarquistas en todo momento no deberíamos separarnos del pueblo, y aunque tales movimientos no sean expresamente antiautoritarios, nuestro papel debería ser el de tratar de que sí lo sean demostrándolo mediante el ejemplo, o al menos hacer de las luchas lo más antiautoritarias posibles. Desde esta premisa parte el anarquismo social.

Orígenes y definición

El anarquismo social se desarrolló en América Latina por parte de la FAU (Federación Anarquista de Uruguay), la FARJ (Federación Anarquista Río de Janeiro), la FEL-Chile, entre otras, hace unos años y fue de reciente importación al Estado español. Entre algunos autores influyentes podemos destacar a Murray Bookchin, Felipe Correa, Frank Mintz y Wayne Price, teniendo influencias también de personajes históricos como Nestor Makhno, Rudolf Rocker, Malatesta, entre otros. El anarquismo social se podría definir como una corriente que pretende ser una vía política que incida en la realidad social, material y política a través de los movimientos populares, y a partir de allí, crear nuevas estructuras sociales que se traduciría en la articulación del poder popular y la acentuación de la lucha de clases llevada por la clase trabajadora misma sin necesidad de partidos. El anarquismo social aspira a ser un actor político que no solo ofrece respuestas ante los problemas inmediatos, sino también construir proyectos de futuro, siendo una fuerza política revolucionaria sobre la cual se lleva a cabo la lucha de clases encaminado a la revolución social y la construcción de una sociedad libertaria. Para ello, se fundamenta sobre los pilares de la organización de los y las anarquistas a dos niveles: social (frente de masas e inserción social) y político-ideológico (articulación de organizaciones específicas anarquistas y creación de programas políticos). Por supuesto, desde el anarquismo social defendemos la necesidad de participar en las luchas sociales que se dan en lo inmediato, sea en asambleas de barrio, en asambleas de parados, en el tajo mediante el anarcosindicalismo, en el movimiento estudiantil, en la defensa de los servicios públicos, etc… pero con ello no pretendemos imponer un método, sino aportar las herramientas que permitan mantener las luchas activas, estructuras horizontales, acumular experiencias en el curso de las luchas, conectar con otros sectores en lucha, mantener su autonomía, así como radicalizar los conflictos y definir proyectos de futuro. En definitiva, construir comunidad a partir de las luchas presentes, sabiendo que si no somos capaces de arrancar victorias en el presente, menos podríamos lograr objetivos futuros.

Como he señalado antes, en el Estado español es una corriente bastante reciente, lo cual es falso decir que es la corriente mayoritaria. La que sí es mayoritaria, es el anarcosindicalismo representado en la CNT y la CGT, incluido ciertos aires de romanticismo por la revolución del ’36. Aun así, con el poco tiempo de implantación del anarquismo social aquí, podemos ver reflejado sus características desde una parte el movimiento estudiantil. Tal es el caso del ELS (Estudiantes Libertarios de Sevilla), el CEL (Colectivo Estudiantil Libertario) con presencia en A Coruña, Compostela, Vigo y Ourense, FES (Frente Estudiantil y Social) en Zaragoza, por mencionar las más destacadas, que comenzaron hace pocos años a andar y siguen la estrategia de la inserción social. Ahora mismo, en verano se reunieron en un congreso en Madrid y fundaron la FEL a nivel estatal. Tampoco nos olvidamos del Procés Embat, un proceso para levantar una organización anarco-comunista a nivel de Catalunya como actor político anarquista de cara a la construcción del poder popular.

Social o antisocial. Normal o anormal

Respecto a las críticas al anarquismo «antisocial» desde el anarquismo social, sobra decir que desde el anarquismo social defendemos la libertad individual, pero no una libertad individual como excusa para rehusar de la responsabilidad colectiva y la asunción de compromisos, una suerte de egocentrismo que sirve solo como autocomplaciencia, sino una libertad individual lograda a través de la libertad social. Esto se puede resumir en un párrafo de Piotr Arshinov que dice así: «La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún suficientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres [y mujeres] de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea de respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los [y las] que no conocen la pasión de la revolución y los [y las] que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio ‘yo’ comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los [y las] anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.» Esta crítica está contextualizada en las experiencias del movimiento makhnovista, claramente marcado por la organización en la disciplina voluntaria, la unidad teórica y de acción.

Ciertamente debo admitir que lo «social» está siendo tan utilizado como «democracia», en el cual diferentes corrientes políticas han utilizado estos términos para su favor y camuflar populismos bajo el paraguas de lo «social». Sin embargo, que sea utilizado para esos fines no quiere decir que por ello les demos vía libre. ¿Acaso aceptamos anarquismo como caos, desorden y barullo porque así lo describe la RAE y la mayoría de la gente lo toma así? ¿Vamos a dejar que sigan creyendo que el anarquismo es caos y destrucción? Lo «social» de esta corriente del anarquismo viene por la necesidad de articular, de forma colectiva, un movimiento anarquista organizado como actor político y referente en la lucha de clases y contra todas las opresiones, diferenciándose de las tendencias individualistas que apuntan a la liberación personal en vez de la liberación social, en en el estilo de vida y no en una vía política, en las alternativas de huida (desentenderse de los problemas actuales y marcharse al monte) en vez de las alternativas de confrontación (enfrentarse al sistema dominante y aspirar a derrocarlo construyendo el socialismo libertario). Recuperar el significado de lo «social» como sinónimo de comunidad, lazos de solidaridad y cooperación entre las personas no es para nada descabellado.

Lo «social» aquí no significa tener una visión idealizada de la sociedad, sino en defender la acción colectiva y la autoorganización del pueblo trabajador. Obviamente, pretender abarcar toda la sociedad es, hoy por hoy, idealista, lo cual, sí somos conscientes de la inercia de la mayoría de la gente hacia las posturas revolucionarias y antiautoritarias y que a la mayoría no le interesa la política. Así que en lo que se enfoca el anarquismo social es en los movimientos sociales/populares y conflictos inmediatos que surgen en el día a día, en otras palabras, el anarquismo social pretende ser una herramienta útil para llevar adelante las luchas presentes dando unas respuestas ante los problemas inmediatos. Ya de paso, incluso se nos ha llegado a acusar de idealizar a la clase trabajadora, pero cuando se parte de análisis erróneos se llega a conclusiones erróneas, tal es el caso de partir de la confusión entre conciencia de clase y condición de clase. La condición de clase son las condiciones materiales objetivas de un individuo o grupo social, pero no expresamente va ligada a la conciencia de clase. La conciencia de clase es tener conocimiento de la situación material y la realidad que lo rodea, y saber que dicha realidad puede ser transformada. La conciencia de clase se adquiere de una manera u otra, no se nace con ella, sin embargo, las condiciones de clase, vienen en muchas ocasiones, dada. Las condiciones de clase no determinan la conciencia de clases, aunque puedan ejercer cierta influencia. Por tanto, no creemos que por ser clase trabajadora se es santo o santa. Lo mismo que un obrero puede ser liberal y de derechas, una mujer puede reproducir actitudes machistas o una persona no blanca puede reproducir actitudes supremacistas blancos. Y no, no pretendemos poner a las personas pertenecientes a colectivos socialmente oprimidos como víctimas y santos de devoción con una moral y ética muy cultivadas, sino como personas que por sus condiciones materiales se encuentran desfavorecidos en una estructura social autoritaria, racista, heteropatriarcal y clasista.

En cuanto a los interese de clase, habría que diferenciar entre intereses personales e intereses comunes. Todas tenemos nuestros propios intereses personales independientemente de la clase social a la que pertenecemos, no obstante, podemos compartir intereses comunes con el resto de personas. En particular, los intereses de clase no son inherentes a cada clase, aunque, al igual que la conciencia de clases, las circunstancias materiales influyan en mayor o menor medida. En la misma clase obrera, pueden haber intereses diferentes, como por ejemplo, ganar más dinero, levantar el país, gozar de más derechos o aspirar a realizar una revolución. En ningún momento creemos que por ser clase trabajadora ya aspiren a realizar la revolución, porque si fuese verdad eso, ya estaríamos viviendo en socialismo libertario. La clave aquí es que a través de las luchas, consigamos extender los intereses a realizar una revolución social expropiando y autogestionando los medios de producción, en detrimento de los intereses inculcados por el sistema capitalista.

Pero ni la conciencia de clases ni las ideas anarquistas ni el feminismo ni el antirracismo caen del cielo, se adquieren por influencia externa y no por revelación divina. Preguntémonos cómo hemos llegado a ser lo que somos y hallaremos las respuestas. Es por eso que tenemos que saber comunicar nuestro mensaje demostrando que este mundo lleno de injusticias, explotación y autoritarismos puede cambiarse radicalmente. Por tanto, si el anarquismo se aparta de la sociedad, y más concretamente de las luchas sociales y de clases, el único sitio que le quedaría sería el olvido y el ostracismo, o la más absoluta marginalidad. Otra cosa a tener en cuenta es que incluso siendo anarquista, no se es mágicamente feminista, antirracista o anti-homófoba, lo que quiere decir que no basta solo la conciencia de clases, sino también deconstruirnos. Así que pregunto, ¿dónde ves la idealización?

Hemos sido en el pasado lo que ahora, una vez politizados y politizadas, llamamos «gente normal». Es idealista pensar que por ser anarquista se es mejor que los y las demás, y por ello, los y las anarquistas estén desligados de las circunstancias materiales. Nada más lejos de la realidad, las circunstancias materiales nos afectan como a cualquier otro mortal. Del mismo modo, de cerca, nadie es normal, aunque socialmente esa normalidad sea lo que tú has descrito: autoritarismos, sexismo, racismo, insolidaridad, e incluso el propio individualismo. Rechazo estos valores como parte de la normalidad, no la normalidad en sí porque ¿y si la normalidad fuese todo lo contrario, que las ideas extendidas sean el feminismo, el antirracismo etc? Claro, para que eso fuese así, tendríamos que construirlo, no solo destruir los valores ya existentes. «Solo se destruye lo que se sustituye», esto es, extender los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, la cooperación, etc, para sustituir los vicios de esta sociedad. Sacar a relucir clichés estéticos como que el anarquista es aquella persona que solo rompe cosas, vive del pillaje y la okupación, no se relaciona con la gente considerada normal, no trabaja ni estudia ni se preocupa de los problemas sociales, etc; no es sino buscar la marginalidad en el desesperado intento de creerse especiales siguiendo el «no me gusta, pues cojo y me voy» en vez del «no me gusta y aspiro a cambiarlo y que la gente en mis mismas condiciones materiales trate de comprenderlo». Hay que destruir estos clichés y no tanto rechazar una normalidad para refugiarnos en estéticas destructivas de rebeldía adolescente. Hay que hacer del anarquismo una ideología política y práctica como herramienta para la emancipación social y no un juego de egos.

Estrategia y acumulación de fuerzas

El anarquismo en gran parte adolece de estrategia política, es por ello que desde el anarquismo social se pretende paliar este problema. La falta de una estrategia política clara nos lleva a actuar como una fuerza marginal, en muchas ocasiones, incluso sin llegar a ser una fuerza. En muchas ocasiones se repite el esquema del «todo o nada», sin haber antes analizado rigurosamente el entorno que nos rodea. El resultado es que al final terminamos en nada. Nada más idealista el pensar que podemos tomar el todo de un día para otro o en un período de tiempo relativamente corto, de un plumazo y por la acción de unas pocas personas que, declarándose completamente libres, van iluminando el camino mediante la destrucción del espectáculo capitalista, y que por ello se van uniendo cómplices. Sin embargo, la realidad material no es tan simple y todos los acontecimientos sociales son procesos en los cuales entran en juego multitud de factores, tales como: antecedentes (evolución histórica), causas del conflicto, tejido social y actores políticos. Entender estos procesos sociales nos lleva a jugar nuestro papel en el escenario político y social si realmente queremos aspirar a la revolución social y no quedarnos como fuerza marginal.

El compañero La Colectividad ha expuesto en un comentario un ejemplo sobre estrategia con el ajedrez. Bien, pero en el ajedrez no se trata solo de hacerle jaque al rey para luego dar el mate, sino que implica saber desplegar correctamente las piezas, encontrar flancos débiles o crear situaciones para desestabilizar las defensas enemigas, y a la vez, no descuidar las defensas de casa; hasta poder darle el mate. No obstante, una partida de ajedrez puede estar ganada incluso antes de dar el mate: quien haya conseguido una mejor posición respecto al enemigo, tendrá prácticamente la partida en su favor. En este caso, se podría decir que no siempre se gana por el jaque mate, sino también por quién haya obtenido una mejor posición con respecto al enemigo. Pero el ajedrez es insuficiente para explicar este tema porque se parte desde la igualdad de fuerzas, mientras que en la vida real, jugamos en desventaja. Para ello preferiría tomar el ejemplo en un juego de mesa de estrategia militar llamado Risk. En este tablero, cada fuerza política quedaría representada en una facción militar, con su territorio y sus efectivos, en los cuales se disputan el control de todos los territorios, la mayor parte de éstos o neutralizar a las otras facciones. Si partimos de una desventaja, tratar de combatir a un enemigo superior sería un suicidio, o en el mejor de los casos, un enorme desgaste de fuerzas. Esto nos lleva a adoptar otra estrategia. Tendremos que jugar a las alianzas: con quiénes sería más favorable aliarnos, es decir, qué facción o fuerza política es más afín y concuerda más con nuestros intereses inmediatos. Tendremos que ver quiénes son los enemigos potenciales (que serían una amenaza futura), quiénes los reales o inmediatos. Conocer cómo funciona, cuáles son sus movimientos y qué aliados tienen los enemigos. Qué territorios nos serían favorables, en dónde conseguir provisiones o tomar posiciones estratégicas… En definitiva, ganar fuerzas para tener mayores posibilidades para derrocar al enemigo o enemigos. Aquí es de donde parte la estrategia de acumulación de fuerzas.

Analizando la realidad material, nos encontramos en un escenario en el cual actúan múltiples fuerzas dentro de la misma sociedad. Volcando el ejemplo del Risk a la vida real, podemos observar que las fuerzas políticas dominantes buscan su perpetuación a través de la persuasión y la represión física, incluso dentro de las fuerzas políticas dominantes hay disputas entre, por ejemplo, una burguesía más progresista y liberal y otra más conservadora y autoritaria. Mientras, en las fuerzas de oposición están, desde las que buscan una conciliación de clase, hasta las que quieren imponer una dictadura fascista o «del proletariado». En este terreno, el anarquismo busca tanto la destrucción del sistema capitalista como del Estado para construir una nueva sociedad basada en la libertad y la cooperación. Si queremos que nuestras aspiraciones materiales se materialicen, hemos de construirlas en el aquí y ahora, impulsando los conflictos ya existentes y aportar alternativas políticas reales.

No obstante, aquí existe una bifurcación en las estrategias a seguir. Mientras que la propuesta insurreccional es mediante el combate directo con el sistema dominante contra toda autoridad y conquistar la libertad por la destrucción de este sistema mediante la revuelta armada; la propuesta del anarquismo social es la de la acumulación de fuerzas y la inserción social. Pero ¿por qué la estrategia de acumulación de fuerzas? Porque para derrotar a un enemigo superior militarmente que ejerce el poder a través de una estructura material, es inútil tratar de golpearle directamente sin tener una base social que articule las luchas. En este sentido, tratamos de crear esta fuerza necesaria a través de las luchas que se dan actualmente, aportando las herramientas adecuadas para la construcción del poder popular, que sería la fuerza para crear estructuras horizontales y autogestionadas que desafíen al poder burgués. Pero a diferencia del marxismo, entendemos poder popular como capacitación material del pueblo, el cual, a través de la autoorganización se construya un pueblo fuerte que no necesite partidos ni cuadros centralizados que lo guíe. Una estrategia de acumulación de fuerzas se basa en el constante análisis de la coyuntura y saber cómo incidir en la realidad material e impulsar cualquier lucha que nazca en el seno de la clase trabajadora, de manera que sea a través de la acción directa y la organización, el medio para conseguir victorias en lo inmediato. Y la inserción social es la parte de la estrategia de acumulación de fuerzas por la cual insertamos los métodos anarquistas en las luchas sociales, buscando puntos comunes y tratar de que se extienda la autoorganziación. Cada victoria podría ser insignificante, pero ayuda levantar la moral, ofrece experiencias y facilita los medios para que la gente que no esté involucrada en la acción política, pueda participar.

Los números y la orientación política

Nuestra posición no es la de hacer proselitismo y actuar como vanguardia ni actuar aislados de la realidad material preocupándonos solo de nuestra propia liberación, hacer una suerte de política asistencialista o caritativa desde una posición de superioridad moral, sino impulsar las luchas desde abajo «fomentando toda clase de organizaciones populares…» (Malatesta). La inserción social parte de este punto, de analizar la coyuntura teniendo en cuenta factores como el panorama laboral y sindical, el grado de presencia de movimientos sociales y las fuerzas políticas existentes, y actuar en el seno de la clase trabajadora en conjunto con aquellas personas que vean la vía de la lucha como opción de cambio, ofreciendo herramientas tanto para la organización popular como para conseguir victorias a través de ello, a la vez que vemos imprescindible la organización de los y las propias anarquistas y la definición de programas políticos anarquistas. No creemos por ello que la clase obrera sea per se revolucionaria, pero es la única clase social potencialmente revolucionaria«potencialmente» en sentido aristotélico, es decir, aquello que tiene posibilidad de materializarse, que permanece latente—, ya que el trabajo es la única fuente de valor y es la clase trabajadora la que realmente pone en marcha el sistema productivo y la que sería capz de gestionar la producción y reorganizarla. No obstante, que sea potencialmente revolucionaria no implica que inevitablemente se haga real. Esa potencialidad podría permanecer eternamente allí, a no ser que seamos capaces de impulsar y extender las luchas. Además, lucha de clases no sería completa si en ella no se incluye el feminismo, el antirracismo, el antiautoritarismo y el internacionalismo basado en el reconocimiento de la diversidad cultura de los pueblos, ya que todas las opresiones están relacionadas unas con otras.

Si aspiramos a la revolución social, debemos saber que la revolución no es precisamente un estallido violento surgido de la nada, sino que es el resultado de un proceso de acumulación de fuerzas a favor de las clases explotadas. Una revolución jamás se hizo porque al primer loco se le ocurrió que el sistema estaba mal y comenzó a atacarlo, jamás se hizo desde grupos clandestinos que practicaban el terrorismo y las guerrillas urbanas. Todas las revoluciones se hicieron, no porque fuese guiada por un grupo reducido de iluminados e iluminadas, sino, básicamente, porque las clases populares en masa se organizaron, crearon nuevas estructuras materiales y se lanzaron contra el sistema. Otra cosa sería el rumbo que tomase y quiénes terminen absorbiendo el descontento popular recuperándolo para sus intereses de clase, realmente opuestos a los de las clases populares. Estudiando la historia podemos ver, desde las insurrecciones campesinas en la Edad Media, la Revolución francesa (aunque fuese burguesa ya que cooptaron las luchas populares, realmente fue el pueblo llano quienes tuvieron un importante papel), la Revolución Rusa (no fue Lenin, sino gran parte del proletariado que se organizó en soviets antes del ascenso de Lenin para dirigir la revolución), la Revolución Makhnovista, la Revolución social del ’36, la Comuna de Shinmin… y la lista sería larga hasta llegar a la Revolución de Rojava o la insurgencia zapatista. El común denominador de todos estos acontecimientos revolucionarios siempre ha sido y es la base social, la comunidad, la organización popular y la presencia de uno o varios actores políticos revolucionarios.

Las luchas inmediatas, pese a sus marcadas limitaciones al ser éstas en su mayoría articulada desde estructuras volátiles, reivindicaciones cortoplacistas y únicamente defensivas en vez de posturas de avance; sí que a través de ellas se gestan los gérmenes que podrían llevar a una escalada del conflicto y articular una fuerza revolucionaria: la construcción de comunidad. La unión y el encuentro entre distintas comunidades en lucha formarían el tejido social y a partir de allí, se crean los movimientos sociales. Tales movimientos sociales no nacen de la conciencia de clases, sino de la puesta en común de los problemas cotidianos y la búsqueda de una solución a ellos mediante la lucha social. Pero ante la ausencia de actores políticos revolucionarios, serán propensos a caer en el reformismo y a ser extensiones de partidos para captar votos. Es por eso que debemos tener en cuenta este factor si queremos que no terminen recuperados y desmovilizados, tendríamos que ver en los movimientos sociales una oportunidad para el encuentro entre anarquistas con otras personas y colectivos en lucha para dar la posibilidad de pasar de la mera defensa de lo que tenemos, a poner sobre la mesa problemas comunes, análisis, posibles soluciones, etc, y perseguir objetivos más ambiciosos a medio plazo, tales como el control obrero o la autogestión de las empresas privadas, la gestión popular de la Sanidad, la Educación, etc, barrios autogestionados…

Se nos critica peyorativamente que sumar es malo, que el preocuparnos por la cantidad es absurdo, cuando en verdad, el número sí cuenta. Lo podemos encontrar en el mundo animal, en aquellas especies gregarias, las cuales son descritas por Kropotkin como las que más éxito en la supervivencia tienen y las cuales pueden defenderse mejor de depredadores más fuertes. En la lucha social sucede lo mismo: desde el simple acto de parar un desahucio o parar un desalojo de una okupa; hasta hacer retroceder a la policía en una manifestación, correr a los fascistas de nuestros espacios, llevar una huelga con éxito, impedir que la policía y los fascistas entren en el barrio, etc… Incluso para superar la represión es necesario tener una amplia red antirrepresiva y de apoyo a los y las presas políticas, que provendría desde las comunidades creadas a través de la lucha social, del tejido y las bases sociales creados. Aunque claro, evidentemente, esto tiene sus limitaciones y si nos obsesionamos por sumar nos podría llevar a perder nuestros objetivos a largo plazo. Por esta razón, es necesaria una orientación política. La orientación política no es más que aportar dentro de las luchas sociales. no solo las herramientas para mantener la autonomía y la creación de estructuras horizontales, sino también para dar la posibilidad de un salto cualitativo, de darle continuidad a las luchas y radicalizar los movimientos. En este sentido, las luchas presentes nos ayudarían a definir programas políticos acordes al contexto en el que se dan los conflictos. Dichos programas serían hojas de ruta no solo para mantener las luchas constantes, sino para que avancen cualitativamente.

La práctica del anarquismo social

«No debemos bajo ningún pretexto, separarnos del pueblo, pues no importa cuán atrasada o limitada puedan ser las personas, son ellas y no el ideólogo, quienes son la fuerza motor indispensable de toda revolución social» Amélée Dunois en una intervención del Congreso Anarquista de Amsterdam en 1907.

Recordemos que el anarquismo social aspira a ser un actor político revolucionario, ¿qué es eso? Ser actor político es ser una fuerza política referente para las luchas sociales y orientarlas hacia una vía revolucionaria, de transformación radical del sistema. A diferencia de la vanguardia leninista construida por un partido central y cuadros militantes satélites, una fuerza política anarquista sería aquella fuerza emanada desde la propia organización popular y de clase con sus múltiples colectivos y asociaciones según su ámbito de lucha: sindicatos de todos los sectores productivos, prensa, asambleas de barrio, ateneos populares, centros sociales okupados o no, organizaciones medioambientales, juveniles… y organizaciones políticas, las cuales serían las que mediante el análisis de coyuntura, definan programas generales y hojas de ruta para coordinar las distintas organizaciones de ámbito más específico. Éstos constituirían una red federativa o confederal desde donde se articularía el poder popular. Este modelo se dio en el Estado español del primer tercio del siglo XX y es el que permitió realizar la revolución social cuando se produjo el golpe de Estado fascista, y también comparte cierta similitud con el confederalismo democrático.

Podría teorizar hasta el infinito la inserción social, así que expondré dos ejemplos prácticos que conozco que resultaron bastante exitosos:

—El primer reconocimiento es para la Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) por su labor en la lucha por una vivienda digna. Han llevado a cabo con éxito su programa de realojo de familias desahuciadas, así como en parar desahucios, y han permitido la creación de una comunidad de vecinos y vecinas conocida como la Comunidad La Esperanza. Pero lejos de buscar protagonismo, han recalcado que es la gente la que, organizada y a través de la acción directa, pueden lograr victorias. Otro aspecto importante es que han roto los falsos estereotipos dela anarquista que todo lo critica y se desentiende de las luchas sociales, dela anarquista que solo busca el caos y la destrucción.

—Otro merecido reconocimiento sería para el FEL-Chile, que a pesar de la deriva electoralista que tiene, han conseguido ser una fuerza anarquista estudiantil destacada dentro el movimiento estudiantil chileno. Comenzaron a andar hace más de diez años y ahora tiene fuerte presencia en las principales universidades chilenas, constituyéndose a la vez como uno de los referentes en la lucha estudiantil. De igual manera, también podría mencionar a las organizaciones estudiantiles del Estado español mencionadas al principio.

No terminaría sin mostrar casos del cómo mediante la construcción de comunidad y el aumento cuantitativo, se han permitido victorias en las luchas, también tiene su reflejo en la praxis, tanto históricamente como en los conflictos recientes:

—El ejemplo más visible es la defensa de Can Vies. De cómo el barrio de Sants pudo parar el derribo y conseguir que les dejaran en paz no se debe únicamente a la violencia desatada, sino a sus 17 años de presencia y actividades para el barrio. Hay que sumarle a esto que Sants ha tenido desde hace mucho más tiempo un tejido social mayoritariamente obrero.

—Las protestas por el parque Gezi en Turquía hace unos años es otro ejemplo de que la suma de fuerzas unida a la solidaridad y la organización popular, consiguieron defenderlo exitosamente. El mismo reflejo lo tendríamos en Gamonal.

—El conocido barrio anarquista de Atenas Echarxia no sería tal de no ser por la presencia de un tejido social construido muchos años atrás. No todas las que viven en ese barrio son anarquistas, sino gente cualquiera que ve en la autogestión y la cooperación social una solución real y efectiva.

—Las comunidades zapatistas y el movimiento de liberación kurdo del Kurdistán turco y sirio también son ejemplos vivos que tuvieron y tienen como base la construcción de comunidad en torno a una identidad colectiva cultural.

Si los números no cuentan, ¿no se debió el triunfo de Gamonal por la solidaridad que se desplegó en casi todo el Estado español? ¿Cómo se podría haber parado el derribo de Can Vies de no ser por las miles y miles de personas que bloquearon las calles durante el día y se enfrentaron con los mossos al caer la noche? Si el tejido social y la comunidad no son importantes, ¿cómo habrían conseguido los y las zapatistas lograr un territorio autónomo y el autogobierno? ¿Cómo en el barrio de Echarxia podría estar limpio de policías, tener parques autogestionados, numerosas cooperativas y hasta un centro de salud formado por personal sanitario voluntario? Es más, sin comunidad ni tejido social, no existiría en Chile un movimiento estudiantil tan extendido ni sobrevivirían las comunidades mapuche. Sin comunidad ni tejido social, la revolución social de Rojava no hubiese sido posible, ¡siquiera existiría el movimiento de liberación kurdo! De hecho, sin estos factores, no hubiese siquiera existido el movimiento obrero ni llegaríamos a conocer siquiera el anarquismo.

Desde el anarquismo social, pretendemos romper con la marginalidad en que está envuelta el anarquismo y volver a ser una fuerza política en la lucha de clases como lo fue antaño en las revoluciones sociales de la historia. Para ello, creemos necesario la reconstrucción del tejido social perdido en los barrios y las comunidades en lucha, potenciar el sindicalismo de clase en los conflictos laborales así como el movimiento estudiantil de base, etc, para extender los valores de la solidaridad de clase, el apoyo y mutuo y la cooperación, y sobre estas bases, articular un movimiento que no solo responda a las necesidades inmediatas, sino que tenga capacidad para aspirar a objetivos más ambiciosos. Todavía aquí en el Estado español la presencia no es muy grande pero demuestra ser esperanzador pese a los pocos ejemplos que hay. Llevamos desde la «Transición» muchos años sin levantar cabeza y reproduciendo discursos caducos, ya es hora de que volvamos a ser movimiento social y fuerza política.

A Bandazos. Respuesta a La Colectividad

Empezaré diciendo que encuentro muy necesario el artículo que planteaba La Colectividad dentro de esta página web. Me considero heredero de una perspectiva anarcosindicalista, para situarnos en el debate que se plantea.

Primero estoy de acuerdo en que está existiendo una reconcepción del anarquismo, y es visible en tanto que se están formando muchos colectivos varios por el Estado, a la vez que algunos se están planteando organizaciones bastante grandes (FEL, FAC…). Pero dudo que el Anarquismo Social sea el mayoritario en el movimiento anarquista. Primero deberíamos definir bien qué es el “anarquismo social”, y luego deberíamos definir bien qué es el “movimiento anarquista”. Yo creo que ambas categorías serían difíciles de definir, y seguramente lo que encontraríamos sería una gran variedad muy heterogénea. Si tomamos de muestra esta página, sí encontraríamos una serie de discursos más o menos definidos, pero no creo que todas las críticas, actitudes y concepciones que entre las diferentes corrientes se puedan extrapolar al conjunto del movimiento anarquista. Parto de la idea de que no existe un discurso anarquista articulado (ni social ni anti-social) más allá de pequeños grupos y las pocas personas que les gusta escribir, y que entonces es difícil medir hasta qué punto existiría esa hegemonía.

En la reconcepción que explicaba al principio, sí que existen una serie de temas que se reproducen continuamente, el hecho de salir del gueto, trabajar con otros colectivos no anarquistas, etc. Si queréis, se le podría atribuir una etiqueta de anarquismo social, pero además de inadecuado, habría que diferenciarlo de un Anarquismo Social con mayúsculas, con una serie de aspectos más diferenciados (como puede ser la estrategia de la inserción social, la visión materialista que criticas, etc.) y con una diferenciación clara de lo que es. y en especial en contraposición a lo que no es (a veces llamado anarquismo personal, individualista, etc.).

Tenemos que contextualizar el porqué de esta configuración de un anarquismo así. En mi opinión personal, es en parte a la situación de crisis en la cual muchos nos preocupamos por defender unas condiciones de vida cada vez más precarias y con menos derechos sociales, a la vez que posiblemente sea una reacción al estancamiento, aislamiento y dogmatismo de los anarquismos anteriores (estén estos estancados, aislados, etc. o no). Si combinamos estos dos factores en el hecho de que como anarquistas da la sensación de que no tenemos una fuerte capacidad de intervención en el cambio social, es normal que la gente que compone el movimiento esté en este estado de autocrítica.

El segundo punto que plantea el artículo, es sobre la concepción social. La Colectividad, apunta en que el Anarquismo Social plantea que la única vía válida enfrente a proyectos individualistas son las luchas de masas a través de dar “orientación política”, dado un análisis concreto de la realidad. Empezaré sobre esto último, que creo que es la base que lleva a la estrategia.

Sobre el análisis social

Estoy de acuerdo en que el materialismo tiene sus limitaciones, y muchas. Cualquier explicación simplista sobre un hecho tan cambiante como la sociedad, tenderá a estar equivocada. Porque cuando se realizan enunciados generalizadores, siempre ocurre que “sí, pero yo conozco un caso…” y luego, estos casos son más habituales de lo que nos creemos, poniendo la norma social en total cuestionamiento. Como un día me dijeron, los siempre, todo, nunca, etc. no son amigos de la sociología. En el otro extremo encontramos el relativismo extremo donde nada es enunciable, existiendo tantas realidades como individuos.

Este hecho creo que seria falso, pues las personas como seres sociales, tenemos nuestras particularidades y visiones subjetivas, pero también una capacidad de comunicarnos que hace que existan realidades compartidas (más o menos homogéneas). La tensión entre el materialismo y el llamado “idealismo” (y otras dicotomías como sociedad/individuo, universalismo/particularismo…) es un conflicto continuo entre las diferentes ciencias sociales, políticas, ideologías, etc. que suele depender del contexto histórico, el cual hace girar la balanza a favor de uno u otro. Y tenemos la manía de ir a bandazos.

Ya sea en la concepción de la sociedad, en la teoría o en la práctica, vamos de lado a lado. De la efervescencia organizativa de la CNT al volver del franquismo, al Insurrecionalismo anti-organizaciones formales. Y ahora parece que vamos otra vez hacia el formalismo. Entender las teorías en su contexto creo que es vital para entenderlas. Quizás, sin el Insurrecionalismo y los movimientos contraculturales (punk, okupa, etc.) hoy el anarquismo seria aun más marginal, pues estos pudieron sacar el anarquismo fuera de los locales de sindicatos que se peleaban para erigirse como los verdaderos y acercarlo a la juventud. Aunque advierto que estoy explicando una historia que no he vivido, y que la construcción de esta es a partir de pequeños relatos que voy rescatando, pero al menos lo he llegado a entender así., Creo que sería muy necesario socializar un poco la historia de los años 90 a los 10 de este siglo, para comprender mejor dónde estamos y tejer puentes con gente que quizás dejó todo esto, a la vez que sería útil para aprender de sus errores y escuchar de sus debates.

Continuando con la concepción social, la distinción sociedad (pueblo, clase, etc.) contra el Estado es una distinción que no solo ha sido tradicional en el anarquismo, sino también de otras corrientes ideológicas y asumidas por la misma gente “de la calle”. Lo cierto que del mismo modo que me gusta entender las teorías sobre la sociedad desde una perspectiva integracionista de la dicotomía “materialista-idealista” como complementarios y no opuestos, lo mismo sucede con la mayoría de hechos sociales. (Esta) sociedad y el Estado, se entrelazan entre sí y se necesitan mutuamente. Por eso hay que cambiar esta sociedad para acabar con el Estado, porque dicha contiene elementos clave para la reproducción de este. Pero el hecho de separarlos también nos es útil para señalar que el Estado institucionalizada particular e histórica, y no un hecho insalvable. Lo que no se puede destruir es el hecho social que une a los individuos. Entiendo que haya anarquistas que se definan como anti-sociales, al hablar de destruir esta sociedad, pero siempre tiene que existir un tipo de sociedad, pues somos seres sociales. Y opino que aquí existe un error, que nos lleva a otro punto, el tema estratégico.

Sobre la estrategia

Creo que es un error comunicativo autodenominarse antisocial, o nihilista. Aunque pueda tener una argumentación al detrás en la cual puede estar de acuerdo en muchas cosas, no creo que sea efectivo a nivel de extensión de nuestro mensaje. Y sí, eso presupone parte de una de las concepciones donde se enfoca el anarquismo social. Algunos de los motivos que se me ocurren, de manera rápida, son los siguientes:

—Entendiendo el cambio social como un juego de tirar a la cuerda: Según el tiempo histórico, a veces un poco menos dominados, y otras veces más. No sé si algún día ganaremos la partida, pero es importante tirar porque están en juego nuestra capacidad de decisión sobre el entorno que nos rodea. En eso si estoy en desacuerdo en algún artículo de La Colectividad donde decía que la libertad no era cuantificable, pues hay cosas concretas que si se pueden medir. Que eliminen los domingos como días festivos o prohibían el aborto, son hechos que tienen un gran impacto sobre estas. El problema es que el bando de la dominación suele jugar muy bien en equipo, y a nosotras nos cuesta mucho más coordinarnos, y muchas veces tenemos objetivos diferentes.

—Para hacer más fuerza, hace falta gente. Cuanto más esté un discurso socializado, una práctica extendida, es más probable que esta praxis se materialice. Entonces, no veo ningún problema al intentar extender la praxis anarquista. Por otro lado, contamos con aparatos de control y propaganda que son muy difíciles de contrarrestar y hacen que la sociedad que rechazamos se reproduzca y tienda aún más hacia una más controlada. Por eso es muy importante cuidar el cómo, ya que los contenidos se pueden decir de muchas maneras, pero no todas resultaran efectivas al conectar con la gente. En ese aspecto, a partir de la autocrítica y una evaluación constante de lo que somos, hacia dónde vamos y qué conseguimos, es necesaria.

—Sobre “la inserción social”, es muy importante plantear el qué queremos decir con esto. Una cosa es trabajar con unos colectivos con los que puedes compartir cosas (como el realojo de una persona) con una perspectiva propia, pero otra seria el hecho de entrar en las llamadas organizaciones “heterogenias” con la intención de orientar políticamente estas. Creo que eso conduce a batallas internas ideológicas por la lucha del control de estas, además de ser perjudiciales para la gente a la que forma parte. Quizás el punto está en dotarse de estructuras propias, que trabajen mayoritariamente problemas propios. Estas estructuras pueden estar más orientadas a la resistencia dentro del capitalismo, como la construcción de alternativas limitadas por estar dentro del capitalismo. Obviamente ni hace falta que se reclamen como anarquistas, y deberían ser puestas al alcance de todo el mundo sin distinción ideológica.

Yo creo que como libertarios tenemos un proyecto propio y luchamos por él. En ese sentido. toda persona que se adscribe a una ideología establece una jerarquía de ideas y pensamientos, ya sea el anarquista social vs el nihilista, el antidogmático vs el vanguardista o el revolucionario vs el reformista. En ese punto, creo que no hay ningún problema. Creo que este está en el cómo se socializa, pues una cosa es aportar una perspectiva y otra cosa es mediante la toma de decisiones forzar a la mayoría a actuar bajo tus parámetros incluso cuando la mayor parte no está de acuerdo. Creo que hay que trabajar con los movimientos sociales en lo que sea necesario, pero no instrumentalizarlos. Ya veremos cuáles serán los frutos del anarquismo que hoy en día se está organizando.

Últimos apuntes

Si el Anarquismo Social se ha intentado definir en base a propuestas concretas, pediría un resumen de algunas de lo que no-sea-Anarquismo Social. Estas seguramente pueden ser debatibles en una escala donde lo cotidiano tiene un valor más cercano a la realidad. Y seguramente volveríamos a cuestiones abstractas pues práctica y teoría están ligadas.

En mis textos suelo añadir que no existen soluciones mágicas (aunque priorice mucho el tema de defender los servicios sociales). Finalmente me gustaría añadir, que nadie se escapa de la sociedad, incluso la gente que la rechaza. Relaciones de poder se establecen en todos lados, y formamos parte de lo que queremos cambiar. Reconocer que tenemos incoherencias, que existen términos medios, creo que es el primer paso para trabajarlos y cambiarlos. Del mismo modo que me dijeron que todo, siempre, nunca no son amigos de la sociología, la sociedad no se cambia radicalmente de un día a otro, por decreto. Reconocer que no somos perfectos y que el cambio es difícil, nos permite ir trabajando poco a poco para cambiar estos aspectos que rechazamos.

Si vamos de lado a lado, nunca podremos reconocer las aportaciones que nos ofrecen las diferentes perspectivas, yendo de un dogma (individual) a otro dogma (social) aunque el equilibrio es difícil. Espero haber aportado algo.

Víctor A

1 2 3