Los trenes de la unión popular

La sumisa ciudadanía del Estado español expresó su soberanía como pueblo en las elecciones del 24M-2015. Las papeletas con los votos se introdujeron en las urnas, las cuales fueron posteriormente abiertas y recontadas. Los resultados nos trajeron en muchas regiones del Estado español una dinámica de pactos entre diferentes agrupaciones políticas, que tras sus tira-y-afloja dieron lugar al nuevo mapa político. Los periódicos se llenaron de infografías y mapas coloridos con viejos y nuevos colores demarcando las distintas regiones de nuestra geografía.

Las elecciones también nos dejaron otras perlas que pasarán a la historia de la política del Estado español. Esperanza Aguirre infundiendo miedo: «que llegan los soviets, ¡ojo, pactemos con el PSOE y C’s para impedirlo!» O Rajoy intentando convencer a sus votantes que el PP había sido el partido ganador a todas luces. ¿Y qué me decís de Pablo Iglesias moderando su discurso político a la vista de ganar más votos? ¿O de toda la basura desplegada por la derecha y la supuesta «izquierda socialista» sobre Guillermo Zapata? Pues eso, perlas que quedan para la historia.

Pero de entre todas estas joyas me quedo, sin duda, con los lastimeros discursos de «unión popular» de Alberto Garzón y con las ansias de poder de Podemos (que quieren unión popular siempre y cuando Pablo Iglesias y su «marca» Podemos lleguen a la Moncloa). A esa sumisa ciudadanía, estos personajes (y más), le hablan de hacer «nueva política.» ¡Eh, que la casta se cae, llegó la nueva política! También le hablan de «procesos históricos», de «aceleración histórica», de «cambios sistémicos.» Parece que antes del 24M-2015, para estas personas, la historia no se movía, ¡ahora avanza a pasos de gigante! ¡Gracias, Podemos!

Pero lo cierto y verdad es que la historia se movía y a buen ritmo. Y lo seguirá haciendo al mismo ritmo tras las elecciones de Noviembre, gane quien gane el circo electoral. Y es que nos intentan colar, de nuevo, que la socialdemocracia funciona, que el Estado si está controlado por «buenas manos» funciona de maravilla. Lo que hace falta es buena gente sentada en los despachos de importancia. Manuela Carmena, una jueza en el pasado, haciendo «buena política» en la ciudad de Madrid. De Madrid al cielo, o más bien de Madrid a la «verdadera democracia.»

Pero como dicen en Grecia, «perro viejo no muere pronto.» Como tampoco lo hacen las ideas viejas por mucho que se maquillen de novedad y cambio. Quieren cambiar las formas para mantener el contenido, y si es necesario confundir formas con contenido, pues se confunde (y a lo grande, que para eso todos estos personajes tienen espacio suficiente en los medios de comunicación). Lo más triste de todo, dejando de lado el «buenrollismo» de Garzón y compañía, es que esa ciudadanía soberana del Estado español se terminará creyendo, una vez más, que estamos ante un momento histórico de gran envergadura. Todo cambiará, o todo «puede» cambiar, pero solamente si vamos a las urnas con la papeleta acertada en mano.

Claro, que también está aquella persuasiva idea de que estos partidos políticos de la «nueva política» solamente hacen que llevar a las instituciones las voces de la calle. Que si las mareas en Galicia, que si las asambleas de Madrid, que si los círculos de Andalucía… todas esas voces tendrán cabida en el nuevo gobierno de la nueva política. Pero recordad, solamente si vamos a las urnas con la papeleta correcta en las manos. Depositemos nuestra confianza en que otras personas pueden hacerlo mejor desde las instituciones, que todo esto es un problema de gestión y corrupción. El bipartidismo está podrido, y la salida está en introducir nuevos partidos, con nuevas voces y nuevas caras. Lo nuevo es bueno. Pero qué os voy a contar, estamos ante una «aceleración histórica» que conllevará un cambio sistémico.

Ciudadanía del Estado español, ¿cuántas decepciones más os tenéis que tragar para empezar a pensar que tal vez el problema no son las personas gestoras del Estado sino el Estado en sí? ¿Cuántas tonterías más tenéis que escuchar para empezar a creer que no necesitáis líderes y lideresas? Y hablando de tonterías, al parecer Manuela Carmena dijo hace unos días que durante la campaña electoral ella se sintió más «renovadora» que el activismo de calle, el cual está anclado en viejas ideas que no se mueven. Vamos, que es terco como un burro viejo. Y esto lo dice una jueza, esas personas que aplican las buenas leyes del Estado para encarcelar a gente en operaciones como la Pandora o la Piñata. Ciudadanía del Estado español, vives en una absurda realidad administrada gota a gota a través de las pantallas de tus televisiones. Y ahora que te han dado las asambleas y los círculos piensas que la historia se acelera. ¿Y hacia qué lugar nos lleva esta historia acelerada? Porque si el destino final es un lugar gobernado por ex-jueces e intelectuales de universidad yo casi que me bajo del tren aquí mismo, me da igual que esté acelerado y en marcha que yo igual me tiro.

No obstante, tened claro que existen trenes alternativos que corren por raíles muy distintos. Puede que el servicio a bordo no sea de 5 estrellas como los trenes de la institucionalidad, como también puede que el billete salga más caro (algunas personas lo pagan con sus huesos en la cárcel). Pero por existir existen y se aceleran cada vez que los otros trenes incluyen más vagones en sus rutas hacia la toma del Estado. En estos otros trenes la locomotora no está comandada por tipos con coleta o hijos de ex-jueces, y los trayectos no discurren en la calma lineal tan típica de los raíles institucionales. Las rutas, aquí, cambian segundo a segundo, unas veces yendo más despacio y otras yendo más rápido. El destino tampoco está muy claro, pero con seguridad no es el Estado ni sus instituciones.Y esto no preocupa al pasaje. Exacto, no preocupa porque lo que se valora es la experiencia de convivir, de crear vínculos estrechos, de saborear emociones intensas repletas de amor y odio a partes iguales. Se valoran los espacios libres de tonterías discursivas y de promesas vacías, y es así porque a las palabras se le dan su justa importancia para que no dejen nunca ciega a la acción. La acción de vivir con otras personas de manera intensa, de experimentar la vida con personas dispuestas a subirse ellas mismas a la locomotora y olvidarse del vagón-cafetería.

Electorado del Estado español, no vives más en comunidad por ir de la mano a votar. Y desde luego poco vas a cambiar de esa forma. Las urnas y los despachos de importancia quedan muy lejos de donde la vida emana, de las calles, de los barrios, de los problemas y de las alegrías que nos dibujan sonrisas en la cara.

Electorado del Estado español, no estás más vivo ni eres más libre por decidir. El decidir nunca hizo libre a nadie. El hacer, en cambio, movió y moverá montañas. Y solamente en servidumbre otras personas hacen por ti lo que tú puedes hacer por ti mismo. Que no te dé miedo a cambiar de tren. Como dijo con acierto el Comité Invisible, el cambio no estaba en las asambleas del 15M, sino en los campamentos donde la vida se encontraba, una vez más, así misma.

Blablacar, Uber y taxis: polvo en el camino

El pasado 11 de junio los telediarios abrieron con la noticia de que estaba habiendo una Huelga de Taxis en las principales megápolis del continente. Como es de esperar por parte de las empresas de comunicación, la información que dieron fue bastante limitada, mezclando el morbo del conflicto que se disparó en algún caso con datos aleatorios sobre el conflicto: Uber, Taxis, Comisión Europea, compartir coches, competencia desleal… Este artículo pretende verter un poco de luz sobre cuál es el conflicto en marcha, cuales son las fuerzas que hay en liza y por último intentar ofrecer una visión del problema estructural en torno al transporte que padecemos.

El conflicto ha estallado entrado 2014. Por un lado, el pasado marzo la patronal de autobuses Fenebús denunció ante el Defensor del Pueblo, la CNMC y ante la prensa la “competencia desleal” que suponía Blablacar. Fenebús es la asociación patronal del autobús que aglutina al 76% de las líneas regulares, teniendo una representatividad menor para estaciones, líneas de servicio urbano y servicios discrecionales. Por otro lado, en abril Uber se presenta en Barcelona sumándose a las más de 20 ciudades europeas en las que ya estaba presente. El sector del taxi de esas ciudades ha sido capaz de coordinar una huelga a nivel europeo que se materializó en un paro con muchísimo seguimiento el pasado 11 de junio, al que se sumaron otras ciudades para pedir que se regulen –prohíban- estas nuevas plataformas y para mostrar en general el malestar de un sector muy afectado por estos últimos años de precios disparados del petróleo, depauperación social masiva y condiciones precarias en el segmento asalariado del sector.

Este conflicto se articula a 2 niveles, pues el conflicto urbano Taxis-Uber es distinto y tiene distintos sujetos que el conflicto Patronales-Blablacar que es principalmente sobre el transporte interurbano. Sin embargo, los paralelismos son bastante significativos y es lo que hace que tanto la prensa convencional, como las instituciones, como algunas voces en el Taxi los hayan englobado como un solo problema entremezclado.

Es necesario definir que actores hay sobre el terreno:

Las nuevas empresas: Uber y Blablacar.

Uber: empresa dedicada a poner en contacto personas que ofrecen viajes y personas que necesitan viajar. Uber controla las condiciones del contacto, ofrece aseguramiento al viajero y al conductor y por supuesto, cobra por el servicio. La diferenciación de la empresa se basa en que funciona mediante una aplicación móvil, por lo que ofrece inmediatez y se permite definirse como empresa de alta tecnología. La empresa es de origen americano, fundada por Travis Kalanick, un californiano de buena posición social. Actualmente, y sólo según su web[1], está financiada por Google Venture, Goldman Sachs, Benchmark, Lowercase capital, Menlo y First Round Capital.

Blablacar: empresa dedicada a servir de plataforma para que conductores y viajeras se pongan en contacto. Blablacar en un principio servía como simple red social en la que la gente se apunta y puede hacer los contactos necesarios para satisfacer sus necesidades: llenar su coche de gente y amortizar el viaje o viajar más barato, rápido y flexible. Sin embargo, tras la denuncia que se venía gestando por las patronales del transporte, el servicio se ha modificado notablemente y aunque aún hoy está en fase de pruebas, ya la web se lleva un 10% del coste del viaje en concepto de reserva del asiento y, a mayores, el IVA del 0,21 vigente en el reino de España. Aún con esta medida, que modifica sustancialmente las condiciones iniciales del “servicio”, el 17 de junio el Ministerio de Fomento español registraba[2] su sede en el marco de la investigación abierta para ver si este tipo de negocio es legal.
La empresa es originaria de Francia, de la mano de Frédéric Mazzella, otro acomodado emprendedor que puso en marcha su idea tras volver de estudiar en EEUU. La web no hace públicos sus inversores, pero sin rebuscar mucho encontramos esta[3] noticia de 2012 en la que leemos que 2 grupos de inversión pusieron en su día su granito de arena de 7,5 millones de euros para que Blablacar se asentase en territorio peninsular.

Ambas empresas se enmarcan en una “nueva” generación de empresas adaptadas a las posibilidades de internet y de la “Web 2.0” para ofrecer servicios materiales, frente a las empresas pioneras en este campo que han servido tan solo para el entretenimiento –redes sociales, videos, noticias virales…-. En este sentido, las empresas con raíz en internet entran a competir con la economía del “mundo real”, lo que supone un cambio de paradigma que están vendiendo como una democratización de la actividad comercial e industrial. Ambas empresas han sido defendidas públicamente por la web http://www.consumocolaborativo.com/, que mantiene ese discurso de que las nuevas tecnologías permiten un consumo participativo y, por tanto, democrático. Encontramos una explicación de este “nuevo” tipo de consumo en este artículo de la Revista Exarchia [4].

Sin embargo, y como era de esperar viendo los credenciales que acompañan a las dos empresas de las que hablamos, algo huele raro en todo esto. El hecho de que grandes empresas inversoras apuesten por modelos de “consumo alternativo” es porque estos modelos tan solo son alternativos en el formato, pero no en la estructura económica que los envuelve. En este sentido conviene sacar a la luz este extracto de “El manifiesto Telecomunista”[5]:

La Web 2.0 es el Boom de la Inversión en Internet 2.0. La Web 2.0 es un modelo de negocio de apropiación privada del valor creado colectivamente. Nadie niega que la tecnología de sitios como YouTube, por ejemplo, es trivial. Esto está más que evidenciado por el gran número de servicios idénticos, tales como Daily Motion, de compartición de videos. El valor real de YouTube no es creado por los desarrolladores del sitio; en cambio, es creado por la gente que carga videos en el sitio. Aun así, cuando YouTube fue comprado por un valor de mil millones de dólares en acciones de Google, ¿cuántas de esas acciones fueron adquiridas por los que hicieron esos videos? Cero.“

En efecto, la desmaterialización de la economía que predican quienes ponen por ejemplo estas empresas web no es más que un truco en el que lo que genera valor es la propaganda y la información, no el “servicio” prestado. Lo que genera valor -mientras no cobran comisión, claro- de estas empresas “colaborativas” es usar a los usuarios como mercancía, negociar con la información que generan y la que se les puede hacer llegar. En este sentido, la descripción completa del funcionamiento de este tipo de negocio, el contexto en el que nace y la alternativa más honesta planteable se recogen ampliamente en el citado manifiesto.

En todo caso, y esto es significativo, estas empresas no son empresas del sector del transporte puesto que su actividad solo afecta tangentemente a la actividad del sector. Son empresas de internet, de aplicaciones móviles, webs de contactos…vallas publicitarias en un sentido y traficantes de información por otro. Es por ello que no tienen ningún tipo de preocupación, ni influencia, ni programa sobre los problemas estructurales del sector: la mortalidad, la vulnerabilidad energética, el impacto ambiental asociado…Excepto para su discurso mediático, en el que se aclaman como “una ayuda para luchar contra el cambio climático”, como si sus usuarios hubiesen evitado viajar en su propio vehículo o se hubieran quedado en casa sin su web.

El Estado: El Estado Español y la Unión Europea.

Sin entrar en todos los detalles, la actuación institucional en este conflicto está siendo contradictoria. Básicamente, el Estado está apoyando a la industria tradicional, o más bien, persiguiendo o dispuesto a perseguir a las novedosas empresas mientras que desde la Comisión Europea se afirma que este modelo de empresa es el futuro y que son perfectamente legales.

Nos encontramos con las dos posibilidades de las que puede actuar el estado, en tanto que “comité de gestión de los asuntos de la burguesía”: o a favor de unas empresas o a favor de otras. Mientras el Estado español, mediante su ministerio de Fomento, nos habla de lo importante que son para las consumidoras las leyes relativas a la seguridad viaria que con estos servicios se estarían incumpliendo, desde la Comisión Europea o el propio ministro de economía estatal nos dicen que es introducir competencia en el mercado y que eso sólo puede beneficiar también a las consumidoras.

El pueblo: los trabajadores del taxi y las usuarias del “consumo colaborativo”.

Los trabajadores del Taxi: Organizados en sus asociaciones corporativas o en sindicatos al uso, la respuesta está siendo tajante: esto es competencia ilegal e ilegítima. El grupo más significativo que ha organizado la movilización sería La Élite[6], un grupo de taxistas autoorganizados para defender sus intereses corporativos, creada recientemente para luchar contra el “intrusismo”. Sin embargo, el grupo del que podemos encontrar un trabajo más constante y con más amplitud de miras lo representa la sección del Taxi de CNT[7], que también ha participado activamente en las protestas.

Las críticas que hacen es principalmente que estas nuevas formas de negocio atentan contra su modo de vida, lo que sería el colofón a años y años de subidas de los combustibles, bajadas de los ingresos, precarización del modo de vida de los asalariados del taxi…En el comunicado de la sección de CNT ante la huelga se incluye a Uber al mismo nivel que el resto de plataformas para compartir coche, alertando de que “el transporte público está seriamente amenazado y puede quedar eliminado y sustituido por monopolios de telefonía como Uber o Blablacar”. La Élite hace hincapié en la legalidad que los nuevos servicios no cumplen, y aprovechan para cargar contra otros competidores que les amenazan desde hace tiempo como los hoteles con servicio propio de recogida en aeropuertos, por los mismos motivos.

En general la movilización tiene un discurso defensivo del sector y de la legislación actual como garante de sus derechos. Receta que ha recorrido otros tantos sectores amenazados por la austeridad en estos últimos años, abrazarse al “status quo del bienestar” e implorar su defensa. Evidentemente aquí se está teniendo una perspectiva puramente obrera, las “patronales” del taxi no están teniendo, al parecer ningún peso en estas movilizaciones aun considerando las particularidades de un sector donde son mayoría los autónomos.

Sin embargo, al no ser el propio Estado el agresor en este caso el conflicto tiene bastantes más visos de radicalizarse y conseguir objetivos por la vía de la acción directa, dejando en una posición seguramente muy incómoda al estado, si no ha resuelto sus incongruencias entre el liberalismo y el proteccionismo.

Las usuarias del “consumo colaborativo”: De Uber por lo pronto no hay datos de la cantidad de clientes en Barcelona, única ciudad peninsular donde tienen presencia, y en todo caso por ser un servicio con costes fijos asociados parece difícil que pueda despertar verdadero interés entre la gente trabajadora. Por contra, de Blablacar la última cifra dada[8] es de 1.000.000 de desplazamientos en los 12 estados en los que opera. Si todos los países tuviesen la misma cantidad de viajes -lo cual es seguramente falso siendo los estados más grandes los que más cantidad tengan- la cantidad en el reino de España sería algo menor de 100.000 viajes, cuando el total de viajes interurbanos en autobús en un mes ronda los 50.000.000. Es una cifra bastante pequeña, en torno a un 0,2% de lo que mueve el autobús, y sin embargo ha hecho saltar las alarmas de la patronal del autobús, que a la vez es el modo de transporte menos útil para los usuarios, o sea: el más caro, más lento y menos cómodo de entre los disponibles.

Según las variables típicas por las que en teoría las personas elegimos el modo en que viajar según las opciones disponibles -condición socioeconómica de la persona, comodidad subjetiva, coste y tiempo del modo elegido- parece que el coche compartido es una opción más que competitiva excepto por la condición socioeconómica para la que está disponible la alternativa. No olvidemos que el acceso a este modo pasa por tener acceso a internet, saber manejar internet para configurarse un perfil personal en una web y además saber interactuar un mínimo en redes sociales. Estas características, aunque a una cierta generación nos parezcan naturales como a otras les parece pelar judías verdes son una limitación muy importante, más allá de los extendidos prejuicios hacía “el desconocido” que vas a llevar o te va a llevar en el coche, que también son un freno importante. Es por lo tanto una cuestión cultural y generacional lo que ha potenciado y limitado la extensión de esta plataforma.

Aparte de las variables típicas que influyen en el comportamiento de los usuarios de transporte hay en el fenómeno Blablacar un matiz que lo hace defendible para quienes lo usan. Es el hecho de conocer gente y compartir un tiempo que de otra forma sería muerto. Aunque evidentemente esto ha generado situaciones violentas –absolutamente anecdóticas-, en nuestra sociedad de individuos atomizados sumidos en un mar de antidepresivos parece saludable crear escenarios para la sociabilidad aleatoria, aunque en ocasiones pueda suponerle a las anarquistas pasarse un viaje entero con un policía al lado hablando del tiempo y de recetas de la abuela.

Hay que reconocer en el formato de coche compartido esa potencial virtud, aunque con ese razonamiento, eso debería ser una defensa férrea de los transportes colectivos tipo bus, avión o tren, en el que viaja mucha gente muy diversa y sin embargo por lo normal estos modos no son espacios de sociabilidad ninguna. ¿qué diferencia hay? Pues que el Blablacar y sucedáneos son modos muy marginales, disponibles para ese sector de población dispuesto a socializarse así.

Ahora que las condiciones han cambiado, el servicio mayoritario –Blablacar- se ha “burocratizado” y ha subido de precios, sin duda perderá usuarias aunque se mantenga como uno de los modos más útiles del “mercado” del transporte interurbano.

Como “consumidoras” de Blablacar no ha habido ni movilizaciones ni respuestas más allá de pataletas en redes sociales, como Twitter. FACUA-Consumidores en acción, como organización portavoz de los consumidores sí que se posicionó en el conflicto abierto con un comunicado [9] atacando principalmente a Uber desde el mismo planteamiento que el grupo de taxistas La Élite: que deben acogerse a derecho para proteger a quienes consumen.

Como reflexión desde el punto de vista obrero –superando las ficticias divisiones entre consumidoras y trabajadoras, parados y estudiantes, nativas y extranjeras…- estamos ante un conflicto en el que se nos intenta enfrentar, una vez más, a quienes defienden sus derechos laborales con quienes defienden sus derechos como usuarias. Hay que señalar a las herramientas del “consumo colaborativo” super-alternativo como una trampa en la mayoría de los casos, tendida desde las escuelas de negocios más chungas –ESADE, IESE…- para captar mercados “alternativos” y como se ha esbozado antes, generar valor de las relaciones humanas que más espontáneas debieran ser. Tenemos que ser autocríticos. Frente a la posibilidad de generar herramientas P2P, descentralizadas y autoorganizadas, para cosas como compartir coche –o información tipo redes sociales- esperamos que grandes empresas multinacionales nos lo ofrezcan gratis. En vez de examinar nuestro sector laboral y encaminarlo hacía escenarios autogestivos que limiten la labor gestora del estado –y aumenten la nuestra como trabajadores y consumidores- y la labor intrusiva del mercado y por tanto del capital, nos entregamos al amparo protector del Estado que una vez más, en este caso en el Taxi, nos va a apuñalar por la espalda a la mínima oportunidad.

Pero por desgracia este conflicto levanta polvo en el camino y nos impide ver donde estamos o a donde vamos.

Lo que el “consumo colaborativo” no plantea, porque no es “su negocio”, es cómo afrontamos los problemas estructurales del transporte. Y desde luego ni las patronales del transporte, ni las estructuras del estado están tampoco por la labor de hacerlo. Compartir coche está bien en términos eco-eficientes, pero es más de lo mismo en términos eco-efectivos[10] y la efectividad hoy en día es una virtud que debería estar más en boga, frente a una eficiencia dogmática que no deja de ser la razón del mercado.

Reducir el consumo energético, amortizar mejor la maquinaria fabricada y las infraestructuras ya instaladas es menos malo que no hacerlo, pero no es necesariamente bueno. La reducción de consumo energético hoy en día ya no es una opción, hace 8 años que la producción de petróleo está en declive y es el eslabón más débil de la cadena del transporte. Es normal que ahora estemos dispuestas a apretarnos 5 desconocidas en un coche. Es normal que el taxista haga casi el doble de horas de las que haría hace 10 años, porque la gasolina vale tanto que hace 10 años decían que con los precios de hoy la economía no podría sostenerse. Y resulta que la economía que no se sostiene es precisamente la nuestra, la de la gente trabajadora.

El transporte, en taxi o Blablacar, no deja de ser una necesidad impuesta en la mayoría de los casos, veamos cómo:

Punto 1: La distancia a recorrer nos ha venido dada por el urbanismo moderno que es un instrumento más de control social. [11]

Punto 2: Ir a trabajar, ir a consumir –mercancías u ocio- son también ritmos de vida bajo el poder de la mercantilización y la explotación, sobre los que poco podemos decidir, ni siquiera opinar. [12]

Punto 3: Los modos de transporte existentes –coche, bus, tren, avión, bicicleta…- no responden más que a sus propias necesidades y no a las necesidades humanas. La historia del transporte es la historia de cómo los inventos se imponen a las necesidades, especialmente por las infraestructuras, lo que nos devuelve al punto 1 y los usos del urbanismo.

¿Cuál es entonces la solución al conflicto del taxi y el blablacar? Según lo dicho no parece ser una solución técnica o legislativa. Es un problema con raíces sociales y por tanto, sólo el cambio social puede solucionarlo.

Valladolid. Junio de 2014

@botasypedales

[1] https://www.uber.com/

[2] http://www.elmundo.es/economia/2014/06/16/539f5336e2704ee2348b4578.html

[3]http://www.europapress.es/economia/noticia-comunicado-blablacar-cierra-ronda-financiacion-75-millones-euros-accel-cabiedes-20120227120124.html

[4] http://revistaexarchia.org/2014/03/17/tiempo-de-conexion-para-un-consumo-colaborativo/

[5] http://endefensadelsl.org/manifiesto_telecomunista.html#el-comunismo-de-pares-contra-el-estado-capitalista-cliente-servidor

[6] http://www.elitestaximadrid.blogspot.com.es/

[7] http://cnt-taxi-bcn.blogspot.com.es/

[8] http://www.blablacar.es/blog/quienes-somos

[9] https://www.facua.org/es/noticia.php?Id=8538

[10] Términos en el sentido usado en el libro Cradle to Cradle de M. Braungart y W. McDonought

[11] http://cuadernosdenegacion.blogspot.com.es/2012/12/nro7-recorrido-por-el-territorio.html

[12] http://estudios.cnt.es/wp-content/uploads/2014/01/2Analisis_Paradelo.pdf

¡Quién nos lo IVA a decir! Un breve repaso a la subida

Los adalides de la bonanza económica y el arribismo mercantil más recalcitrante se han vuelto a negar a sí mismos; tanto las personas que forman este grupo como la ideología que profesan han quedado caricaturizados ante su hipocresía política y económica. Estoy hablando, como no, del Partido Popular. No quedan muy lejos las imágenes en las que Esperanza Aguirre, liberal por antonomasia, llamaba sin tapujos a la ‘’desobediencia civil’’ a la ciudadanía española contra la subida del IVA que en 2010 llevó a cabo, esta vez, el PSOE; ni tampoco son lejanas las continuas declaraciones, campañas, etc., que muchos otros dirigentes del PP protagonizaron. Y es que la hemeroteca es a veces una perra despiadada.

Pues bien, hoy, 1 de septiembre de 2012, los antaño líderes de la rebelión fiscal han subido el IVA. Ciertamente fue hace unos meses cuando aprobaron la medida recaudatoria, mas ha sido hoy cuando se ha materializado. Éste aumenta del 18 al 21 por ciento en el tipo general, y del 8 al 10 por ciento en el tipo reducido; el tipo superreducido, que grava los elementos más básicos para la población: alimentos, vivienda*, libros, medicamentos, etc., se mantienen por ahora al 4 por ciento.

El porqué y las consecuencias.

Según el gobierno esta medida permitirá la recaudación de alrededor de 7500 millones de euros, aunque probablemente esta estadística sea demasiado optimista. Lo que se busca es reducir el déficit público, aun cuando sea éste más bajo que el alemán. En cualquier caso, el gobierno  afirma que es necesaria e imprescindible para salir de la crisis económica en la que nos encontramos. Es en este punto donde viene a mí una pregunta recurrente cada vez que escucho aquello de ‘’es necesario e imprescindible’’, y es: ¿Necesario para quién? Desde luego, no lo dirá por la familia que vive sin nómina alguna, ni tampoco lo dirá por el autónomo que ve como su negocio de toda la vida se escurre entre sus dedos, ni tampoco por aquél que se ve ahogado por la hipoteca, entonces, ¿para quién? Pues podría decir que es para  tal cúpula plutocrática o para tal lobby de poder, que también es para ellos, y quedarme tan ricamente, pero no, esta medida va dirigida a sosegar el hambre del mercado capitalista, el cual, por desgracia, somos todos o casi todos los que participamos por obligación o por connivencia en él. En definitiva, va dirigida a intentar  paliar la vorágine del mercado capitalista, y lo hace como mejor sabe: sacudiendo los bolsillos de la mayoría, que por descontado son los que menos poseen.

Por otro lado, los analistas económicos más cercanos al socioliberalismo, o incluso a la izquierda, advierten que esta medida provocará un efecto rebote, el cual hará más perniciosa la medida si se puede, tanto para el trabajador como el explotador, pues reducirá la demanda y con ello el consumo, la ganancia, la contratación, etc. No seré yo quien entre en el juego económico ni el que apoye postulados neokeynesianos. Las consecuencias ya se verán y a buen seguro que serán lamentables. Sin embargo, sí haré hincapié en que la subida es una consecuencia inherente al sistema capitalista y su mercado; por lo que estas críticas a medias tintas que surgen desde determinados focos socioliberales, me resultan cuanto menos fariseas. La crítica ha de ser integral, lo demás son parches que no consiguen tapar a un sistema basado en la explotación y el sufrimiento humano.

Por tanto, lo que queda por hacer es lo dicho tan reiteradamente desde los medios libertarios: buscar nuevas formas de cooperación, de asociación, nuevos modos de relación humana, en fin, nuevos métodos de vida que preconicen lo humano por encima de lo material. Si no se realiza esta crítica integral, la cual no tiene porque significar la abdicación en otros ámbitos, el discurso caerá en la inocuidad y en el apoyo sistemático a posiciones mercantilistas.

* Este hecho cambiará  a partir del 31 de diciembre de 2013, cuando pasará al 21%.

#25S

 Septiembre se presenta como un mes muy agitado

“Ocupa el Congreso”, “Marea Destituyente” y “Movimiento 25 de septiembre”. Estos son los nombres, entre otros, con los que se conoce la acción que se pretende llevar a cabo en la ciudad de Madrid el próximo día 25 de este mes. Ésta no tiene entre sus postulados ocupar literalmente el edificio (sólo es un guiño al movimiento “Occupy Wall Street”), sino rodearlo durante varios días.

Leer más