Treinta aniversario del levantamiento zapatista en el sureste mexicano

La lucha contra el olvido.

 

«La lucha es como un círculo, se puede empezar en cualquier punto, pero nunca termina».

Subcomandante Insurgente Marcos

Lo que tienen en común medio milenio y treinta años, es que por mucho que midamos el tiempo, el ser humano oprimido por sistemas brutales de dominación siempre deberá luchar contra el olvido, contra el desarraigo y por una memoria que le impulse a conquistar sus libertades, la justicia social, la equidad y lograr la cooperación mutua. Tras una larga noche de quinientos años, en el filo de la madrugada del primero de enero de 1994, el EZLN supuso un destello en la oscuridad y se levantó en armas contra el gobierno mexicano en Chiapas. También contra todo el sistema capitalista representado por el FMI, el Banco Mundial y el pinche Tratado de Libre Comercio de América del Norte que entraba en vigor ese mismo día.

Los pueblos originarios del Sur Global siempre han sido objeto de masacres y genocidios, aunque esa dominación no ha sido coser y cantar, pues ha dejado huellas en el camino y semillas en la historia de las resistencias y la organización de las luchas. Los indígenas mexicanos en 1910 irrumpieron en la Revolución Mexicana exigiendo tierra y libertad; y muchas décadas después, el 17 de noviembre de 1983, se conformaron como guerrilla inspirados en la figura de Emiliano Zapata y el Ejército Libertador del Sur de aquella lejana revolución.

El EZLN tiene ante todo la impronta indígena, esta organización aprendió a escuchar y tomó el rumbo de otras estrategias de lucha sirviéndose de un aparato analítico plural, abandonando paulatinamente el estricto carácter foquista o maoísta que tuvieron otras guerrillas en América Latina. No aspiran a la toma del poder en un sentido tradicionalmente marxista, en cambio, sí que deciden la construcción social del poder en un sentido horizontal bajo el principio del «mandar obedeciendo», sin coaccionar ni suplantar la toma de decisiones del poder popular. Quizá ha sido esa una de las lecciones más interesantes que nos ha legado el EZLN en sus treinta años desde el levantamiento.

Ese 1 de enero de 1994 esos uniformes verde y café de los pueblos indígenas se situaron en la página protagonista de las noticias a nivel mundial, se taparon el rostro con pasamontañas para que les vieran más que nunca, y para ser nombrados se negaron el nombre; así se daban a conocer internacionalmente y luchaban por el presente. Se exigía la reivindicación de la posesión de las tierras arrebatadas a las comunidades indígenas, el reparto de las riquezas evitando el expolio del capitalismo global, y la participación de los pueblos de Chiapas en la organización política de sus territorios.

La respuesta gubernamental fue el envío de 70 mil hombres del Ejército Mexicano para aplastar el levantamiento indígena. Sin embargo, las movilizaciones de la sociedad mexicana lograron que, tras doce días en que las comunidades indígenas atacasen al Gobierno Federal mexicano en conflicto armado, se firmase un alto el fuego. Posteriormente, el 16 de febrero se iniciaron las primeras conversaciones entre el EZLN y el Gobierno Federal, que concluyeron con la firma de los Acuerdos de San Andrés sobre el «Derecho y Cultura Indígena» en 1996, que comprometía al Estado mexicano a reconocer constitucionalmente a los pueblos indígenas y que estos gozasen de autonomía.

Esos acuerdos no han sido jamás implementados por ningún gobierno mexicano, sumándose a las muchas traiciones que en estas décadas han protagonizado contra las comunidades zapatistas. Sin embargo, a nivel interno también los diversos diálogos concretaron que se caminara hacia la fundación del Congreso Nacional Indígena (CNI) en octubre de 1996, y años más tarde, en la creación de los Caracoles como entidad política regional de los municipios zapatistas. De esta manera, las bases del EZLN que habían protagonizado ese levantamiento como una lucha contra el olvido, ya tenían aprendido que las conquistas sociales solo se podrían defender con unas estructuras de toma de decisión desde abajo.

La lucha contra los malos gobiernos.

 

«La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla».

Subcomandante Insurgente Marcos

El zapatismo mostraba al mundo que era posible luchar y enfrentarse al capitalismo, y provocó una fuente de inspiración política revolucionaria en una década en la que se había proclamado el fin de la historia de las confrontaciones ideológicas y de las grandes transformaciones sociales. Reactivó las movilizaciones de masas contra las cumbres del capitalismo representadas en las reuniones de la Organización Mundial del Comercio en Seattle en el año 1999, el FMI y Banco Mundial en Praga en el 2000, o la Cumbre del G8 en Génova en el año 2001.

En el mes de marzo del 2001 una delegación del EZLN realizó la conocida como «Marcha del color de la tierra» o «Marcha de la dignidad indígena», un recorrido por casi la mitad de los estados mexicanos, en el que el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI-CG) exigía el cumplimiento de los «Acuerdos de San Andrés», la liberación de los presos y presas políticas zapatistas, y la desmilitarización de la zona de influencia zapatista. La encabezaron distintas comandantas indígenas, que además sirvió para establecer contactos con distintas organizaciones y movimientos antiglobalización.

Otra lección aprendida en estos treinta años de resistencias del EZLN y los pueblos indígenas es que no se pueden bajar las armas contra los malos gobiernos, porque estos son los que siembran la muerte. Las agresiones del Gobierno Federal de México han sido muchas, de índoles diversas y, por supuesto, independientemente del color del gobierno, ya sea este narcoestatal y conservador, o vestido de progresismo y Cuarta Transformación obradorista. Ese levantamiento demostró que no era solo una lucha de vanguardia de unos iluminados, sino que era un movimiento apoyado fundamentalmente por la mayoría indígena de Chiapas y otros territorios mexicanos. Tras todas las traiciones del mal gobierno mexicano de manera continuada que buscaban dinamitar al EZLN, una decisión histórica fue cambiar los esquemas del poder autoritario, alzándose como única interlocutora legítima la propia comunidad indígena y las entidades de poder autónomo que se estaban dotando. El neozapatismo reinventó una estrategia de lucha para las comunidades indígenas, han declarado muchas ocasiones no estar en contra de la política, sino de la manera que esta es concebida por el poder oficial; y con ello dan un ejemplo a nivel global de las luchas contra el capitalismo en otras latitudes.

La escuela del zapatismo es otra manera de hacer política, y en paralelo a una continua revisión de la praxis política en estas décadas de lucha contra los malos gobiernos, y sobre la creación de autoorganización en los municipios autónomos. No se puede disminuir su valor, pero también merece ser integrado en una crítica y autocrítica global, porque la lucha contra el capitalismo sabemos sobradamente que debe ser de articulación internacionalista. Vivir en la constante organización revolucionaria y la actuación coordinada con una estrategia común, porque al capitalismo no se le puede vencer con golpes dispersos, sino certeros y unísonos. Desde que la Comandanta Esther dijera en el en año 2001 en el Palacio Legislativo de San Lázaro en Ciudad de México: «Soy pobre, soy mujer, soy indígena», hemos visto que el zapatismo ha imbricado las demandas sociales y opresiones estructurales por cuestión de clase, de género, y de identidad.

En los últimos tiempos el capitalismo ha agredido a las comunidades zapatistas intensificando la presencia de cárteles de narcotráfico en Chiapas, sociedades criminales tales como el Cártel de Sinaloa o el Cártel Jalisco Nueva Generación se disputan los territorios, y tratan de asediar y debilitar la autonomía de las comunidades indígenas zapatistas. En palabras del EZLN «en la frontera guatemalteca el tráfico de personas es un negocio de las autoridades mexicanas que, mediante la extorsión, el secuestro y la compraventa de migrantes, se enriquecen desvergonzadamente», mientras tanto afirman cumplir los acuerdos migratorios fijados con los EE.UU. La guerra del capital no solamente consiste en tratar de aplastar militarmente con sus soldados, o paramilitares, sino la introducción de elementos desestabilizadores que inhiban el crecimiento de la organización política y la autogestión económica para crear el absoluto caos y un mundo en ruinas.

La lucha por la vida y el común.

 

«En cualquier lugar del mundo, en cualquier tiempo, un hombre o una mujer cualquiera se rebela y termina por romper con la ropa que el conformismo le ha tejido y que el cinismo le ha coloreado de gris. Un hombre o una mujer cualquiera, de cualquier color y en una lengua cualquiera, dice y se dice: ¡Ya basta!».

Ejército Zapatista de Liberación Nacional ―

En el año 2020 las comunidades zapatistas anunciaron la ‘Gira por la vida’, un viaje que les trajo hasta la Europa insumisa como la denominan, un trayecto repleto de obstáculos en los que visitaron organizaciones sociales y colectivos políticos en países como España, Francia, Suiza, Eslovenia, Italia, Alemania o Austria; un primer capítulo de una travesía que anunciaron mundial, y que continuarán cuando los tiempos zapatistas lo indiquen.

Recientemente el EZLN y los pueblos indígenas autónomos han emitido una veintena de comunicados entre el mes de noviembre de 2023, fecha en que se cumplió el 40 aniversario de su existencia como entidad guerrillera, y el mes de diciembre, en que han estado organizando el 30 aniversario del Levantamiento del 1 de enero de 1994. Desde el 30 de diciembre hasta el 2 de enero, en el Caracol «Resistencia y Rebeldía: Un Nuevo Horizonte», inaugurado hace tres años en el poblado Dolores Hidalgo, las bases zapatistas recibieron a miles de visitantes mexicanos e internacionales que quisieron desplazarse a celebrar este aniversario, donde se realizaron distintas actividades culturales, artísticas y políticas. Una de sus conclusiones más evidentes fue refrendar que el capitalismo no se puede humanizar, que construir el común solo puede realizarse fuera de ese sistema criminal. Y esa es la propuesta zapatista, establecer extensiones de tierra recuperada como del común, siendo los propios pueblos quienes trabajen y cuiden esas tierras para el sostenimiento de la comunidad y sus infraestructuras. Lo cual lleva obligadamente a proponer acuerdos, gestiones y usos colectivos teniendo como objetivo la práctica de una toma de decisión mediante democracia directa.

La retórica y literatura zapatista se hace compleja en ocasiones, tienen una manera de comunicar que roza el realismo mágico, aunque debemos reconocer en ello uno de sus potenciales dialécticos para imaginar otros mundos posibles. Primeramente nos comunicaron que «moría» el Subcomandante Galeano, que estos años había encarnado la figura del Subcomandante Marcos como interlocutor del común del EZLN, regresando a su sangre heredada, y renaciendo como Capitán Insurgente Marcos. Reconocieron, además, en estos comunicados que con los años han aumentado las dificultades para sostener esta organización autónoma y su territorio alrededor de los Caracoles y las Juntas del Buen Gobierno, sometidos a los problemas de la resistencia, a una pandemia a nivel mundial, a la presión de grupos paramilitares, los cercos informativos voraces, y la creciente presencia del crimen (des)organizado en la región.

El EZLN ha anunciado una reestructuración de su organigrama interno, fruto de la autocrítica desde hace al menos tres años; sustituyendo los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) y las Juntas del Buen Gobierno (JBG), por los Gobiernos Autónomos Locales (GAL). Según el comunicado «de acuerdo a sus necesidades, problemas y avances, varios GAL se convocan en Colectivos de Gobiernos Autónomos Zapatistas (CGAZ) y aquí se discuten y se toman acuerdos sobre asuntos que interesan a los GAL convocantes. Cuando así lo determinen, el Colectivo de Gobiernos Autónomos Zapatistas convoca a asamblea de las autoridades de cada comunidad. Aquí se proponen, discuten y se aprueban o rechazan los planes y necesidades de Salud, Educación, Agroecología, Justicia, Comercio, y las que se vayan necesitando».

Desaparece, por lo tanto, una de sus estructuras civiles más relevantes desde 1994, los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, que dotaron de una práctica política de aprendizaje cuando no se tenía un manual teórico previo. Estos son los que articulaban las Juntas de Buen Gobierno y los Caracoles, y son sustituidos a partir de ahora por entidades autónomas que se multiplican en número respecto de las anteriores estructuras políticas con el objetivo de resultar más localizadas para autodefenderse con mayor efectividad. Se trata de una reorganización y adaptación a un momento de grave conflicto criminal y territorial en Chiapas generado por los conflictos del capital.

El zapatismo siempre ha sabido crear redes de comunidades autogestivas para su supervivencia frente a la contrainsurgencia mexicana y enemigos exteriores. Sin embargo, también demuestra que esta estrategia obedece a una continuada resistencia extenuante, ya que como crítica honesta podemos afirmar que no se han logrado romper con contundencia aún esos cercos del capitalismo, que a lo largo de estos treinta años ha continuado reprimiendo y empobreciendo a gran parte de la sociedad mexicana, tanto indígena como no indígena.

Se está viviendo un recambio generacional con jóvenes que han vivido ya en la autonomía política zapatista, en la mirada a largo plazo, y lo que hay que construir no es solo en el presente, sino para mañana y para muchas generaciones por delante. No se deja de lado la digna rabia, se inicia una etapa de aprendizaje y reajuste. Desean situar en el centro del debate político la autogestión, la autonomía y el cuidado del territorio, rompiendo el cerco del capitalismo, y sus agresiones a la vida humana y al medio en que convivimos. Tal y como afirman las bases zapatistas en sus comunicados: «Si ves que va a llover o que ya están cayendo las primeras gotas y el cielo está negro como alma de político, pues sacas tu nailon y buscas dónde te vas a meter. El problema es que no hay dónde te vas a proteger. Tienes que construir tu propio refugio».

Los zapatistas analizan un escenario de guerra total, conflictos no solo de forma armada, sino comerciales, mediáticos y por los recursos energéticos, que genera grandes desplazamientos forzados. Hay un acelerado proceso de cambio climático y desastres ecológicos, pudiéndose vivir ya en la actualidad un fenómeno de magnitudes incalculables. Y sobre ese escenario, el surgimiento de grupos mercenarios y criminales que actúan en favor de estos poderes más allá de los estados-nación, con el consecuente empobrecimiento y represión a las poblaciones, también en el Norte Global, pero sobre todo con consecuencias catastróficas en las periferias del capitalismo.

Mientras la izquierda neorreformista está enfrascada en alargar la agonía del neoliberalismo, las comunidades indígenas siguen luchando aún a día de hoy por ampliar la brecha en el muro y tomando iniciativas para los nuevos retos. El EZLN marca otros tiempos y otras visiones del mundo atesoradas en su larga lucha contra el olvido, no les falta espera y esperanza, afirmando que la rebeldía llega acorde a las geografías y calendarios de cada pueblo. Sin embargo, hay que pensar que es bastante urgente conseguir una mejor unidad de tiempos y geografías de las luchas, ya que el capitalismo no esperará para continuar llevándonos a la miseria. Y, esto dicho desde la admirada y siempre renovada ilusión que nos provoca leer las palabras que nos regalan los zapatistas, porque tal y como afirman ellos mismos, allá lo que les sobra, a parte de dignidad y lodo, es, fundamentalmente, memoria.

De igual manera, en un movimiento revolucionario también se necesitan estrategias de ofensiva continuada, no darle ninguna tregua al capitalismo porque sino te aislará y te atacará en todos sus frentes. En cada latitud del mundo donde resuenan ecos contra el capitalismo, contra el patriarcado y contra la dominación colonial, se deben articular organizaciones y estrategias de lucha integradas por un movimiento de impulso a nivel internacional, en ello está la clave de una revolución social fructífera. 

Artículo escrito por Ángel, militante de Liza. 

 

 

Cherán, pueblo indígena construyendo autonomía

Cherán, el pueblo indígena localizado en la parte alta de la meseta michoacana (México), se armó de valor y rabia el 15 de abril de 2011 para gritar BASTA. Basta de violencia, de extorsiones, secuestros, violaciones y asesinatos a manos del crimen organizado. Este lugar se encontraba en un conflicto social entre los propios habitantes del pueblo purépecha y el narcotráfico que controlaba y dominaba totalmente la zona por aquel entonces. Sometido a una situación descontrolada e injusta, donde grupos de narcotráfico expropiaron y saquearon todos los terrenos, así como sus tierras de bosques de encinos. Los talamontes eran las personas que saqueaban la zona, llegaban, talaban hectáreas de árboles para conseguir madera y, por consiguiente, dinero fácil. Estas personas abusaban metódicamente y de forma violenta el pueblo de Cherán, teniéndolas en todo momento bajo su orden y discurso, ya que iban armados y no había autoridad que superase el miedo.

Por todo esto, en 2011 un grupo de mujeres, jóvenes de la comunidad y demás personas afectadas por la situación, decidieron tomar las calles “sin otra arma que el corazón y lo que tenían a la mano que eran palos, machetes y los instrumentos de labranza”.

Me asombra enormemente esta iniciativa popular, el inicio de lo que acabaría siendo una revolución contra todo tipo de Estado. ¿Cómo logra iniciarse un movimiento tan fuerte desde abajo? ¿Cómo puede todo un pueblo armarse de valor y fuerza psíquica para luchar contra el enemigo que nos ataca desde arriba? Me parece admirable este primer paso, el inicio de todo movimiento, esa chispa que prende contra todo lo establecido, lo impuesto. Porque cuando estás completamente invisibilizado por el sistema, este camino se vuelve mucho más difícil, de manera que sufres una doble presión de poder.

El testimonio de un comunero: “tardamos unas horas en reaccionar pero lo hicimos, dijimos: compañeros vamos a levantarnos que ya estuvo bueno y todo el pueblo se alzó, mujeres, jóvenes, niños, todos, y ahí detuvimos los carros y los quemamos y agarramos presos a los talamontes”.

A partir de ese momento el pueblo se organizó en busca de su autonomía, y la lucha que en un principio estaba orientada a defender el bosque, fue mucho más allá. Es un caso de expansión y expropiación del territorio, abuso de las tierras, mercantilización y puesta en marcha de negocios controlados por bandas de narcotráfico. Se trata de un caso extremo de falta de humanidad, el pueblo entero estaba sometido y controlado de manera que la sumisión parecía el único camino, o al menos el más fácil.

Poco a poco, el pueblo fue aprendiendo sobre procesos de autoridad, de manera que pronto acabaron con el ayuntamiento constitucional y gritaron al PRI “ni un partido más que divida la comunidad”. Además, montaron barricadas en cada calle y se instalaron casetas de seguridad para controlar toda persona que entrase y saliese del pueblo.

Los encargados de cuidar las entradas a la comunidad y el patrullaje del territorio eran los integrantes de “La Ronda Comunitaria”, constituida por 95 hombres voluntarios reconocidos

por el Consejo Mayor y el pueblo. Ellos eran los responsables de evitar que a la comunidad se ingresara con armas, vino, publicidad de los partidos políticos o drogas.

En diferentes vídeos se muestra el proceso de autonomía que van trazando, se ve cómo llegaron a vivir en comunidad, cómo el pueblo estuvo más unido que nunca por la causa de autonomía. Se organizaban grupos de vigilancia, se convivía en las casas, se encendían hogueras por las noches donde cantar, hablar al fuego o simplemente convivir con los demás camaradas e intercambiar ideas, diferentes perspectivas o los sentimientos que estaban a flor de piel. Me parece muy bonito también este proceso de conocimiento, donde antes apenas se relacionaban entre los vecinos del vecindario y gracias en parte a esto, se logró una mayor comunicación y vida en comunidad. Pasaron de ser 60 fogatas de vigilancia a más de 100 que acabaron siendo núcleos organizativos y no sólo por seguridad o vigilancia.

Me parece todo un ejemplo de lucha pacifista, porque a pesar de ir armados con lo poco que se tenía, se logró respetar el buen aura del pueblo, su esencia, y todo ello propició la recuperación de los valores perdidos por la presencia exterior, la vuelta a sus raíces.

A seis años de organización autónoma, los cheranenses son a día de hoy los dueños de sus tierras, los encargados de la paz, justicia y dignidad de su pueblo.

Se ha conseguido reducir la tala de bosques casi en su totalidad, de manera que a día de hoy están reforestándose y para talar una cantidad de madera, por pequeña que sea, debes tener un permiso. Además, el sistema educativo se ha adaptado a la idiosincracia del lugar, de manera que a los niños se les enseña la historia del pueblo, la verdadera historia de autonomía y lucha.

Me parece todo un ejemplo de autonomía, lucha y recuperación de valores primarios.

Lo ocurrido en Cherán no es más que un caso extremo de dominación de los pueblos, donde existe una represión salvaje contra este y, por tanto, las personas que lo habitan. Así, bajo mi punto de vista, se crea un doble conflicto ya que esta continua violación de los derechos humanos, acaba con las raíces de un pueblo rico en tradiciones y culturas relacionadas con la naturaleza. Se rompe de lleno esta unión con la naturaleza al ser expropiados sus terrenos y bosques, donde la población cheranense ya no tiene cabida, donde su idiosincracia es tapada, olvidada y donde la corrupción y violencia se normaliza hasta tal punto de acabar todo un pueblo en manos de narcotraficantes ajenos al territorio, cayendo pues en una relación de poder absoluta.

Pienso que la autodefensa como búsqueda de la libertad en este contexto es el mejor camino, y el primer paso para llegar hacia esta ansiada libertad reside en la unión del pueblo y la conformación de un sistema horizontal, donde las decisiones tomadas provengan de un colectivo no jerarquizado ni institucionalizado, porque de ser así volveríamos a caer en el sistema contra el que estamos luchando.

Si analizamos el transfondo del problema, llegamos a la reproducción de relaciones de poder dentro del sistema capitalista establecido. En tanto que se rompe esta relación con la naturaleza, se establece una situación de dominación, donde los hombres hacen uso de la misma naturaleza desde una relación jerárquica de poder, de manera que se cae en el abuso y no respeto de la misma.

Así, volvemos al mismo círculo reproducido por el sistema capitalista, donde lo único que prima, en este caso, es la producción masiva de madera para convertirla en capital rápido y fácil. Fácil porque desde la perspectiva que comentaba antes donde se ve la naturaleza como algo ajeno a nosotros, se nos hace sencillo abusar de ella sin que nos produzca ningún dolor o remordimiento. En cambio, desde la visión indígena, la naturaleza conforma todo lo que somos y de dónde venimos, y bajo ningún concepto se entiende como un elemento que pueda venderse o maltratarse, pues forma parte de la comunidad. La relación con ella va más allá del simple sustento o habitación. Luego la idea de Estado autónomo o el simple concepto de “comunidad” queda muy alejado del ideario capitalista y neoliberal.

Se trata pues, de un claro ejemplo de necesidad de repensar el Estado tal y como lo tenemos impuesto, tal y como lo reconocemos como natural nosotras y nosotros. Los zapatistas tienen un largo camino andado en cuanto a la creación de espacios libres y búsqueda de gobiernos autónomos. Ambos ejemplos son claros en cuanto a lo que piden y reclaman de su pertenencia.

Del ejemplo de Cherán quisiera destacar tres puntos importantes:

Primero destacar su capacidad organizativa del territorio, donde han logrado hacer frente al crimen organizado tan brutal que estaban viviendo. Segundo hacer una mención especial al uso que hacen de sus derechos, que de manera muy respetable deciden elegir ellos y ellas mismas a sus autoridades. Además de la capacidad de estructurar una forma de gobierno comunal de manera legal y legítima. Todo esto bajo el discurso de la globalización y el neoliberalismo, encaminado a la privatización y explotación de recursos naturales y humanos donde, por consiguiente, aparece la visión capitalista que sostiene todo este conjunto de ideas productivas.

Sin duda Cherán me parece un referente en cuanto a la lucha contra el Estado, movimiento de resistencia y empoderamiento de las sociedades y comunidades indígenas.

 

Desde Guadalajara, Jalisco.

Teresa López González

Un pequeño caracol en la ciudad

Centro Social Ruptura: Espacio convivencial de pensamiento libertario y de experiencia autogestionaria en Guadalajara (Estado de Jalisco, México).

El centro social Ruptura no es un espacio y un tiempo concretos, es una infinidad de lugares, de personas, de luchas, de deseos por vivir otra vida; un bagaje atesorado a través del más indomable de los silenciosos hilos del pasado. Una tradición de ateneos, asambleas, bibliotecas sociales que llegan a nuestros días como un sujeto que sigue escribiendo sobre el suelo las huellas de un camino de autonomía.

Este proyecto ha cumplido recientemente ya cinco años recuperando espacios de vida en la ciudad de Guadalajara, el centro social Ruptura nace en julio de 2011, afincado hasta mayo de 2016 en el barrio de la Capilla de Jesús; y desde entonces hasta la actualidad en su ubicación en la calle 8 de julio #334, en el barrio del Centro.

El centro social Ruptura está conformado por una enriquecedora diversidad de personas, familias y pequeños colectivos, que durante este tiempo han trabajado juntos para potenciar un proyecto de autogestión que se extienda a todos los niveles de nuestra cotidianeidad. Este espacio supone un importante medio de aprendizaje de otras vidas posibles, un mundo donde quepan muchos otros mundos, y sobre todo, potenciar el motor creativo y de participación que merece nuestra actividad diaria.

Uno de los integrantes de este espacio comentó que “cuando los compas del centro social Ruptura abrieron sus puertas, las personas no solo vieron un espacio nuevo, sino, un lugar donde se podían hacer actividades dentro de la ética del hazlo tú mismo. Ahora, han crecido en espacio y gente y es un lugar que ha estado dando influencia a otros locales que se han estado abriendo, no solo a nivel local, sino nacional. La autonomía requiere de trabajo constante, y el Centro Social Ruptura es un espacio donde día a día rompe con lo establecido por este sistema.”

Por eso mismo, el Centro Social Ruptura también es un importante punto de referencia en la ciudad para la formación política, la edición de textos, la propaganda y la agitación. Un espacio que cuida su particular biblioteca de librepensamiento y un archivo donde guardar la memoria que se construye en las acciones cotidianas. Han puesto en marcha dos talleres de serigrafía, un taller de decoración y artesanía, un colectivo de bordado y tejido, un colectivo de periodistas que elaboran contenidos solidarios con las luchas sociales, la sede de la editorial Grietas y la revista Verbo Libertario, y el cuarto de ensayo de una banda de música anarcopunk llamada Fallas del Sistema. Además, cuentan con un pequeño huerto en el traspatio y la azotea, mientras que fuera del espacio-casa, se sostiene un proyecto de autogestión alimentaria en el pueblo de Palos Altos, en un terreno de media hectárea.

En mi conversación con una persona que participa en el proyecto, este afirmó que “desde la contracultura también se buscan espacios de compatibilidad de ideas; okupas, salas de conciertos, centros culturales, centros sociales, etc. En los 90s siempre vimos este tipo de espacios en actividad solo en Europa, EE.UU, y algunas veces, bastante pocas, en Sudamérica, noticias que venían en los fanzines.”

En el mundo urbano en México, a diferencia todavía de la realidad rural, se han perdido los vínculos con el mundo indígena, y a raíz de la pérdida de esa identidad, se han olvidado muchísimos saberes que conectaban nuestra existencia como individuos en una sociedad colectiva. Por lo que, espacios como el Centro Social Ruptura, suponen una semilla que trata de reactivar esa memoria de elementos sociales comunitarios aun latentes y recuperables, no tanto para mejorar simplemente nuestro mundo, sino para transformarlo radicalmente y asegurar una supervivencia con dignidad para todas las personas.

El objetivo según sus propias palabras es hacernos comprender que “pensar desde la autogestión no significa obviar la existencia del Estado y el capital, tampoco implica un intento de evasión o de escape de las relaciones sociales jerárquicas y de explotación. La autogestión es un ejercicio de acción directa, es despliegue de una praxis que se concibe tanto para destruir las relaciones de dominio, como para construir otros modos de existencia, teniendo como exigencia no recurrir, no usar, a los establecimientos que están organizados desde una lógica estatal y capitalista.”

Habrá que acercarse entonces a este pequeño espacio tapatío lleno de singularidad, teniendo claro que crear una ruptura no es destruir, sino, como dicen los zapatistas, trabajar colectivamente para agrandar la grieta que nos permita mirar más allá del muro, pues detrás de ese muro no espera nada más que lo que la comunidad desee construir.

Policía Comunitaria de Guerrero: una institución de los pueblos para la seguridad y justicia desde abajo.

La historia del Estado de Guerrero, en México, encuentra su hilo conductor en la violencia, en particular la violencia política. La actitud autoritaria y represiva de las élites locales, tratando de mantener las grandes desigualdades que atraviesan a la región, se ha enfrentado continuamente con los intentos organizativos rebeldes de las clases populares. En los ’70 operaron en este estado las dos principales guerrillas rurales mexicanas. Hoy en día no han parado los asesinatos y desapariciones de activistas o políticos locales. En cambio, se ha incrementado, al igual que en muchos Estados del país, la violencia supuestamente relacionada con la delincuencia organizada. Guerrero en 2015 representaba la entidad del país con el mayor numero homicidios en relación al numero de habitantes, y en este año 2016 han aumentado respecto al anterior. En la prensa local a diario se reportan noticias de asesinatos o eventos delictivos, pero lo interesante que se nota es que casi la totalidad de estos acontecimientos ocurren en las regiones del centro, norte y occidente del Estado. En cambio, las regiones llamadas Montaña y Costa Chica, en el sur oriente del Estado, los índices de violencia relacionada a la criminalidad organizada son mucho mas bajos que en las demás. En varios municipios de estas dos regiones, desde hace más de veinte años funciona un Sistema de Seguridad y Justicia Comunitaria que toma el nombre de CRAC-PC (Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria).

[Se articularon] a nivel regional grupos de seguridad que no dependían de las instituciones oficiales sino que de sus instancias comunitarias

La CRAC-PC surgió en 1995 en un clima de inseguridad que afectaba a los campesinos cuando se trasladaban de sus comunidades a la única ciudad de la región para ir a vender su cosecha de café. En aquellos años eran frecuentes asaltos en las brechas y caminos. Varias veces terminaban con asesinatos y violaciones a las mujeres. Representantes de las comunidades y dirigentes sociales empezaron a convocar asambleas para resolver este asunto, pero, frente a la insensibilidad mostrada por los diferentes niveles de gobierno, decidieron que la única alternativa que les quedaba era organizarse ellos mismos para atender su seguridad. El 15 de octubre 1995, representantes de 28 comunidades acordaron conformar su propios grupos de seguridad, que nombraron Policía Comunitaria. En los meses siguientes, en cada localidad se eligieron en asamblea a un grupo de policías, que funciona en base al “sistema de cargos” y la lógica del servicio de las comunidades indígenas.

No era nada nuevo la existencia de grupos de seguridad comunitarios en los pueblos indígenas mexicanos. Siempre hubieron en la historia, y en muchos lugares aún siguen funcionando al interior de sus propias comunidades. La novedad de esta Policía Comunitaria fue que sus grupos se coordinaron entre ellos para patrullar y moverse por todo el territorio, puesto que el problema en aquel entonces eran los asaltos en los caminos. En la practica se generó un proceso de articulación a nivel regional de grupos de seguridad que no dependían de las instituciones oficiales sino que de sus instancias comunitarias, coordinados bajo el mando de comandantes regionales y de una asamblea regional.

[Los condenados] son privados de su libertad, pero no van a una cárcel, sino que son enviados en las comunidades por temporadas de 15 días.

Investigaciones y reportajes periodísticos han registrado los éxitos del proceso comunitario: una bajada de los indices delictivos entre 90% y 95%, alcanzando gran respecto y consenso en toda la región. Inicialmente los delincuentes o supuestos tales que eran detenidos se entregaban a los entes de justicia oficiales. Pero, el contexto de corrupción e ineficiencia de estos órganos provocaba que en muchos casos fuesen dejados en libertad dentro de pocas horas o días, causando un gran malestar en la población. Así que en 1998 en una asamblea regional los pueblos decidieron constituir su propia instancia de justicia comunitaria, que hoy en día se llama Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias, conformada por un consejo de autoridades nombradas en la asamblea, encargado de la impartición de justicia. A partir de aquel entonces, los detenidos son juzgados por este órgano, en su propria lengua, y según procedimientos de las comunidades locales, que no preven la intervención de abogados y privilegian la conciliación entre las partes. Si son condenados, entran en un proceso que llaman reeducación. Son privados de su libertad, pero no van a una cárcel, sino que son enviados en las comunidades por temporadas de 15 días. Ahí los policías comunitarios y las autoridades locales son los encargados de resguardar a los presos, de proporcionarles comida y de hacerlos trabajar 8 horas la día, de lunes a sábado, en actividades para la comunidad.

Con los años el proceso se ha expandido, integrando a su interior comunidades campesinas mestizas, y más recientemente población urbana, llegando a ser una institución comunitaria regional y pluriétnica: actualmente participan ahí poblaciones de alrededor de 150 localidades, de cuatro étnias diferentes. A pesar de algunas escisiones internas pasadas en los últimos tres años, el espacio de la CRAC-PC se ha vuelto también un ámbito de articulación entre sus pueblos para enfrentar problemas de varios tipo. Esto se comprobó en 2011 cuando, frente la amenaza de proyectos de minas a cielo abierto en toda la región, fue desde las asambleas regionales de la CRAC-PC que se impulsó el movimiento de defensa del llamado territorio comunitario. Dichos proyectos por el momento están suspendidos, debido a la pronta reacción de las comunidades, pero la región sigue siendo bajo la mirada de las grandes empresas extractivas por la supuesta presencia de metales preciosos. Muchos analistas han interpretado que el aumento de represión y de los intentos gubernamentales de cooptacion contra de la CRAC-PC que se han dado en los últimos tiempos, se deben a que ella representa el principal obstaculo a los intereses de estas empresas capitalistas.

Desde 2013 han surgido decenas de grupos de defensa comunitaria o ciudadana en todo el Estado de Guerrero

Desde 2013 han surgido decenas de grupos de defensa comunitaria o ciudadana en todo el Estado de Guerrero, como respuesta al recrudecimiento de la violencia de la criminalidad organizada contra la población. En la actualidad, fuentes periodísticas reportan la existencia en la entidad –además de la CRAC-PC– de 4 sistemas de seguridad y justicia ciudadana y 5 grupos de autodefensa, en los cuales participan alrededor de 20 mil ciudadanos armados. Algunos de estos grupos surgidos recientemente ingresaron en la CRAC-PC, pero sus acciones se confrontaron en manera directa con las instancias gubernamentales, lo cual le causó una dura represión. El ejemplo más conocido ha sido el encarcelamiento de Nestora Salgado, Comandante de la Policía Comunitaria de Olinalá, debido a que su grupo detuvo a un funcionario del ayuntamiento acusado de estar vinculado a un grupo criminal de aquella zona. Gracias a una campaña internacional y a movilizaciones en Guerrero, a inicio del 2016 Nestora Salgado alcanzó la libertad, aunque en la actualidad siguen aún 3 integrantes de la CRAC-PC en la carcel. El ataque a la organización comunitaria no ha parado: además de la existencia de un gran numero de ordenes de aprehensión en contra de algunos de sus miembros, a finales de noviembre 2016 fue secuestrado y posteriormente asesinato el coordinador de la Policía Comunitaria de Tixtla -municipio conocido por alojar la escuela normal de Ayotzinapa- a través de una acción de explicito desafió a la organización reivindicada por un grupo criminal de la zona.

Daniele Fini

El marxismo que no nos contaron (IV)

Una nueva generación y nuevas latitudes

Hemos mencionado las luchas coloniales y postcoloniales y encontramos algún ejemplo en la guerra de Argelia (1954-62). Daniel Guérin, a quien ya hemos mencionado, y que ya había sido un valedor del papel que podía jugar la minoría afrodescendiente en EEUU, está entre quienes apoyan la causa independentista argelina. Esta, pese a estar dominada por una formación profundamente jacobina como era el Frente de Liberación Nacional, quizá por plantearse como una estructura más independentista que leninista, se muestra más abierta a la autogestión obrera en las fábricas y da varias figuras heterodoxas: el ala izquierda estrictamente argelina y el tunecino Al-‘Afif Al-Ajdar. Es en esta época cuando Guérin se va convenciendo del poder de la autogestión y el poder colectivo que le llevará a hablar abiertamente de marxismo libertario (Pour un marxisme libertaire, 1969) y a reivindicar a los referentes clásicos del anarquismo (Ni dios, ni amo, traducido en 1977).  Y es también cuando se configura un ala izquierda del nuevo estado argelino y sus organizaciones de masas en torno, sobre todo, a Hocine Zahouane, sindicalista muy partidario de la autogestión frente a la burocracia estatal, Mohammed Harbi y Bashir Hadj Ali. Este núcleo, en la etapa 1962-65, tenía voz, presencia y hasta algún cargo públicos en el nuevo régimen y contacto directo con el jefe de estado Ahmed Ben Bella –cosa que les valdría alguna burla de la Internacional Situacionista, al compararlo con su capacidad de extender la autogestión y no sólo «cantar» sobre ella–, pero todo eso se acabaría con el golpe de Boumédiène en 1965. A partir de ahí, el pequeñísimo sector autogestionado de la economía sería estatalizado junto con gran parte del privado y la izquierda argelina pasaría de librar un pulso con el ejército a ser abiertamente perseguida, detenciones y torturas incluidas. Pese a intentar luchar mediante una Organización de Resistencia Popular, serán barridos por la represión y el exilio consecuente.

El internacionalista Al-Ajdar es aún más interesante puesto que, después de participar en el FLN argelino y en el aparato de formación del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (a principios de la década de 1970), reaparece en el convulso Beirut de 1975-1990 en la organización de asambleas y consejos populares y como autor del libro Sultat al-majalis («El poder de los consejos»). Autor de una nueva traducción del Manifiesto comunista, Al-Ajdar fue, que sepamos, el principal exponente del consejismo en el mundo árabe antes de pasarse, en la vejez, a un vago laicismo que le llevaría a hacer frente común con el régimen de Ben Alí y las potencias occidentales.

Sin ir a coordenadas tan lejanas, en el País Vasco se da un fenómeno peculiar. Un grupo de jóvenes universitarios cercanos al Partido Nacionalista Vasco y, sobre todo a EGI, su organización juvenil, más familiarizados, por lo tanto, con el liberalismo ilustrado y el socialcristianismo que con el marxismo, defienden, contra la dictadura militar, la democracia política, contra los asimilacionismos español y francés, la democracia cultural y, contra la explotación capitalista y leninista, la democracia económica como tercera vía. Se trata del grupo que primero edita la revista Ekin («Acción») y en 1959 funda el movimiento Euskadi Ta Askatasuna o ETA. No está de más decir que, si bien la fascinación por Cuba, Argelia y Vietnam y sus respectivas evoluciones hace que algunos de sus líderes impriman a las primeras ETAs una clara influencia leninista (especialmente los hermanos Etxebarrieta), existe cierto contrapeso a causa de esos orígenes liberales y de la influencia de personajes como el anarcosindicalista Félix Likiniano (sin cargo formal, no obstante) y, sobre todo, con el asesoramiento formal del ideólogo Federico Krutwig, influyente en el decenio 1965-1975 y partidario de un marxismo heterodoxo.

Algunas de sus personas cercanas (Marc Légasse) o miembros (Mikel Orrantia, alias Tar, o el ex-dirigente Emilio López Adán, Beltza) acabarán reivindicando parcial o totalmente el anarquismo; en el caso de Orrantia, participará en la creación de la revista Askatasuna («Libertad», 1971-1980), que, en un difícil equilibrio anarcoindependentista, participará en la reconstrucción de la CNT (1976), de la que será expulsada tras apoyar la «alternativa táctica KAS» (1978).

En Yugoslavia, dentro del oficialista KPJ, será la generación que se unió para hacer la guerra contra el ocupante nazi o en la postguerra la que dará un grupo de intelectuales (Mihailo Marković, Rudi Supek, Milan Kangrga o Gajo Petrović) que, en contacto con los debates occidentales, cuestionará el leninismo desde dentro. Si bien se mantienen en la línea de su partido en la época inmediatamente posterior a la ruptura del titismo con la KomIntern (1948), con la apertura posterior vendrán los problemas.

Ya antes de ese grupo, un personaje de mucho mayor peso institucional, Milovan Djilas, había afirmado que Yugoslavia era un estado totalitario con una burocracia minoritaria gobernante y una clase mayoritaria gobernada en su libro La nueva clase (1957). De forma menos conflictiva, el mencionado grupo de intelectuales empieza en 1964 una búsqueda de un marxismo sin hipotecas políticas, capaz de analizar sin necesidad de justificar o invalidar a nadie y en contacto con autores de otros países –especialmente digno de señalar es el ya mencionado Erich Fromm–. Pese a las tensiones que eso suscitaría con la dirigencia del partido, sacarán la revista Praxis, con prohibiciones puntuales, y la universidad de verano de Korčula hasta 1975 en que la publicación sería clausurada y se pondría fin a la actividad del grupo en el país. Praxis, como grupo, seguiría hablando a través de sus contactos en el extranjero y, de hecho, publicaría una nueva revista, Praxis International, de 1981 a 1991.

El mítico 1968 y, en general, la agitación de los países industrializados en esos años parece confirmar los análisis –por lo demás, poco conocidos– de tantas marxistas rebeldes: ni el estado del bienestar en occidente ni la eliminación de la burguesía en el oriente leninista bastan para acabar con la lucha de clases. Una nueva generación con pocos hábitos activistas y atomizada por una sociedad donde escasean las organizaciones de clase protagoniza un proceso muy capaz de crear situaciones (movilizaciones concretas, algaradas, atentados) con visibilidad mediática y de teorizarlas, pero muy poco capaz de transformar todo esto en estructuras estables, ya sean formales o informales.

Esta nueva generación escucha a las anteriores, pero no será en absoluto capaz de ir más allá de ellas, más bien al contrario. Con todo, dejará al menos toda una serie de grupos autónomos donde, bajo principios libertarios (acción directa, autogestión, asamblearismo) conviven activistas de formación anarquista con otros de formación marxista, unidas en torno a prácticas comunes, en lugar de enfrentarse por los debates de la AIT o por anticipar debates de un futuro que quizá no vivan para ver.

Los más conocidos de ellos son los grupos armados, por lo osado y mediático de sus acciones y el pulso (anti)represivo consecuente, si bien no son en absoluto los únicos ni son separables de las acciones no armadas. En Francia –cuya mezcolanza de activistas autóctonas con refugiadas españolas ya hemos mencionado–, este espectro político dará tanto el grupo en torno a la librería La vieille taupe («El viejo topo») de Pierre Guillaume, Jacques Baynac y Gilles Dauvé (alias Jean Barrot) como el 1000 o MIL donde se unen, en torno a Oriol Solé Sugranyes –que viene del maoísmo– un grupo de Toulouse con formación anarquista y sed de acción (Vive la Commune!) y parte del incipiente movimiento autónomo barcelonés (¿Qué hacer?, Nuestra clase, Grupos Obreros Autónomos), de formación marxista por aplastante mayoría y, evidentemente, clandestino. En aquel momento en que las Comisiones Obreras son una propuesta y no una organización, mucho menos una organización vertical, estas personas aspiran a convertirlos en el equivalente de los soviets de la Rusia revolucionaria y es por ello que intentan una teorización desde la práctica que les lleva a traducir o retraducir a Pannekoek, Ciliga, Balázs y otras. Pese a ser más conocido por sus atracos, el MIL no se entiende sin esta corriente más orientada a la formación y la autoorganización (que recibe parte del botín de dichas expropiaciones, claro), como ocurrirá con aquel sector que intenta seguir con la agitación armada después de 1973: los GAC y la llamada OLlA (nombre de origen policial) en la región española, los GAI-GARI en la francesa.

Surgirán también en distintos países grupos que cambiarían rápidamente de nombre y otros más informales, sin nombre, generalmente en las décadas de 1970 y 1980. En el caso de Francia, de nuevo, nos encontramos con que el más conocido (Action Directe) lo fue por sus acciones armadas en 1979-1981 y 1982-1987, pero no es menos cierto que entre la amnistía de 1981 y su nuevo enfrentamiento abierto en 1982, la llamada rama parisina (Rouillan, Ménigon, Aubron, etc.) participó públicamente en el movimiento okupa, las luchas de las refugiadas turcas, libanesas, etc.

No está clara la continuidad entre estos grupos de la diáspora hispano-francesa y los que actuaron a partir de 1977 en Barcelona, Madrid, Valencia o Valladolid, al calor de las luchas obreras, vecinales y estudiantiles, pero sí se ve la continuidad entre el independentismo revolucionario vasco y el movimiento autónomo que surge a su izquierda (sus expresiones más conocidas, que no únicas, serían LAIA-ez, el sector del partido LAIA que se negó a integrarse en la Koordinadora Abertzale Sozialista y los Comandos Autónomos Anticapitalistas), a veces respetado, a menudo despreciado o difamado desde aquel.

También surgieron grupos autónomos en Italia (en todo el llamado «movimentismo» convivían leninistas, consejistas, anarquistas, etc., a veces en los mismos grupos, a veces en grupos separados) y en la Europa germanohablante, donde el más conocido sería el alemán Movimiento 2 de Junio. No obstante, en ese difuso tronco movimentista también existieron al menos el grupo antifascista Spartakus en Austria y el colectivo Hydra en la suiza germanohablante, ansiosas de buscar alternativas a la integración en el sistema, la evasión mediante la intoxicación o el enfrentamiento bélico de la RAF y demás. Si bien no podemos hablar de un grupo con una orientación política clara, lo seguro es que algunas de las integrantes de estos grupos, también inspiradas por la comuna libre de Contadour del escritor Jean Giono, emigrarían a la Provenza francesa, donde fundarían la comuna Longo Maï, que subsiste después de más de cuarenta años y ha dado lugar a una red cooperativa que llega a otros países.

[Recomendación] Setenta y dos horas

Setenta y dos horas. Autonomía obrera en la Barcelona de los años sesenta es un documental de 72 minutos aparecido en 2012, con dirección de Oriol Murcia (1976), montador y guionista que ya había dirigido Free.doc, y apoyado en la tesis doctoral de Fernando Paniagua (1979), historiador que firma como documentalista.

Aunque figuraba en la web autonomiaobrera.net, este reseñista reconoce que llegó al documental buscando conocer más la figura de Manuel Murcia (1942-1982), personaje destacado del movimiento obrero autónomo en la zona de Barcelona y el Besòs. Quien, como nosotros, ya haya leído libros clave en este tema como El MIL, una historia política (de Sergi Rosés) o Luchas autónomas en los años setenta (VVAA) encontrará un mayor acercamiento a la autonomía obrera. «Mayor acercamiento» por dos motivos: el primero es que, como insinúa la repetición del apellido Murcia, Setenta y dos horas es la historia de Manuel reconstruida por su hijo Oriol -que apenas le conoció-, al igual que la de José Antonio Díaz Valcárcel (1932-1985). El segundo es que esto permite, igual que otros documentales se centran en el conflicto de Vitoria en 1975-76 o en la autonomía obrera en general, centrarse en la experiencia de fábricas míticas de Barcelona como La maquinista y el núcleo de trabajadores que pasaron del cristianismo proletario a las Comisiones Obreras y de ahí a constituir los Grupos Obreros Autónomos.

Quien no haya leído libros como esos ni visto documentales que traten el tema, encontrará una historia que probablemente le resulte desconocida, pero fácil de ver. Con ese acercamiento personal, que no nos parece que llegue a ser ñoño, la película entra de manera amena y nos cuenta una historia real. Una historia que nos habla de ética, de las grietas del franquismo, de la sociabilidad entre trabajadores y de tantas cosas que son parte de lo más digno de nuestra clase. Setenta y dos horas está disponible gratis en Vimeo para ver en streaming aquí.

1 2 3