Antidesarrollismo: la alternativa humana al determinismo del capital.

La creencia en el dogma del progreso económico sin límites como corrección a los males sociales ha sido inherente al régimen capitalista, y sin embargo, en la actualidad, un número creciente de personas están desligándose de esta verdad absoluta, redirigiendo su visión hacia el futuro de las economías locales insertadas en una red de comunicación libre y de apoyo mutuo.

Una mirada histórica.

La evolución del capitalismo desde el siglo XVIII no ha sido uniforme, sino que ha estado sujeta a numerosos cambios y obstáculos. Este siempre ha sabido mimetizarse, al principio, generar una hegemonía cultural y crear estrategias propias, más tarde, y por último imponerse globalmente.

No podemos hablar del mismo modo del capitalismo industrial del siglo XIX, aquél que se expandía desde Inglaterra y eclosionó políticamente en las Revoluciones Liberales protagonizando una proletarización masiva, que del capitalismo financiero desarrollado en el siglo XX. De la misma manera, que en la actualidad, debemos aprender a analizar nuestro tiempo dejando a un lado los parámetros clásicos del siglo pasado, para conocer de cerca el nuevo capitalismo tecnológico triunfante, que se impuso tras el nuevo orden mundial de inicios del siglo XXI.

El liberalismo político y económico defendía a bayoneta y cañonazo que ser libre era, exclusivamente, poder contratar, comprar y vender libremente, sin regulaciones, ni obstáculos por parte de un órgano civil. Posteriormente, tras la grave crisis de superproducción de la Segunda Revolución Industrial en el último tercio del siglo XIX, se da un giro hacia un modelo renovado que basa su desarrollo en las nuevas fuentes de energía como petróleo, electricidad o química. El Taylorismo y el Fordismo del siglo XX, que supusieron el desclasamiento proletario, inician la integración de los trabajadores en un modelo capitalista social, que no obligatoriamente democrático, sino también potenciado por los fascismos.

El nuevo capitalismo actual.

A día de hoy, el capitalismo tecnológico ha tendido hacia una reestructuración global tanto del sistema laboral clásico, como de la cultura social, tendiendo a un abuso extremo de instrumentos electrónicos y tecnológicos, así como una dislocación del poder. La exigencia social de reinventarse constantemente, y la dedicación constante a nuevos elementos efímeros en continuo dinamismo, crea seres absolutamente perdidos en una telaraña social imposible de comprender. Se está imponiendo la sustitución del software a la propia mente humana.

Se nos presenta el tecnoparaíso como el nuevo paradigma social de progreso, cuando en realidad este ideal está vinculado a un capitalismo salvaje que explota el presente sin tener en cuenta la necesidad de construir en un futuro a largo plazo. La tensión y desintegración social dada en nuestras comunidades actualmente, como la gentrificación de los barrios o el ensalzamiento cultural elitista, son un reflejo de las consecuencias de dejarnos arrastrar hacia este camino.

En 1998 se publica La Corrosión del Carácter, del sociólogo Richar Sennet, quien a través de este libro afirma que está convencido de que el ser humano no podrá construirse en estas condiciones por lo que apuesta por una revuelta contra esta cultura de la superficialidad. Se nos propone un análisis de este nuevo capitalismo que quiere presentarse desatado de jerarquías y estructuras autoritarias, sumiéndonos en el caos agresivo del darwinismo social. Se nos impone la normalización de la competencia atroz entre individuos, que deben mirar solo por ellos mismos y sus propios intereses, y por tratar de diferenciarse de una masa vulgar e iletrada donde todos son enemigos.

Nuestra labor en el presente y hacia el futuro.

El contrato social en nuestros días requiere no establecer lazos de amistad ni vínculos emocionales a largo plazo, puesto que la deriva es tan efímera y las condiciones tan alterables según las necesidades económicas, que se presentan como algo insignificante. Por lo tanto, nuestras líneas de acción para romper con este camino tomado por el neocapitalismo vienen marcadas por la propuesta del profesor Carlos Taibo (Universidad Autónoma de Madrid), es decir: desurbanizar, destecnologizar y descomplejizar.

Debemos tomar conciencia sobre el derecho a nuestra supervivencia como seres humanos libres, la vida es otra cosa muy diferente a lo que nos presentan a día de hoy. Por lo tanto, habremos de construir partiendo desde esta realidad, para romper con ella desde la pedagogía de la práctica libertaria y la construcción de proyectos nuevos con una profundidad teórica considerable, obtenida a través de la reflexión común. Es completamente necesario generar una economía comunitaria y local, no perder de vista las tesis antidesarrollistas para rehumanizarnos, en definitiva, crear tejido social, porque una salida alternativa a este capitalismo individualista, pasa por edificar a largo plazo y de manera colectiva.

Comuna de Shinmin: La gran olvidada (I)

No son pocas las veces que, como anarquistas (o al menos, como analistas de la historia) hemos reconocido el gran valor y hemos exaltado las prácticas a contracorriente de las regiones libertarias de Ucrania y las colectividades españolas de la Guerra Civil. Tanto es así, que a veces, olvidamos mencionar la apoteósica pugna que tuvo lugar en el extremo oriente, concretamente al sur de la región de Manchuria, entre las actuales Corea del Norte y China.
Este proyecto comunista libertario, bañado en las ideas de Kropotkin y nacido en 1929, fue conocido como La Comuna de Shinmin (o Provincia Libre de Shinmin).

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Antes de abarcar el tema en sí, debemos remontarnos al contexto histórico y a la serie de causas que confluyeron en la comuna libertaria.

La Corea de finales del siglo XIX siempre estuvo bajo la bota del japón imperial y de su propio gobierno local, factor que contribuyó enormemente en sembrar el descontento generalizado y a potenciar el movimiento antiestatista y anticolonialista, por añadidura.

Esto nos lleva a que en 1894, al sur de Corea, estallara una revolución de caracter campesino contra todas las formas de poder monárquico que avasallaban constantemente al pueblo coreano, ya fueran japonesas, chinas o incluso, locales. Esta revolución se conoce históricamente como la Revolución Campesina de Dongha y sus consignas eran, ya entonces, próximas a las ideas libertarias, tales como: «por la igualdad de todos los hombres».
Por supuesto, esta revolución fue aplastastada por el imperialismo japonés.

El siguiente antecedente lo encontramos ya a principios del siglo XX.
En 1919, el 1 de Marzo, surge el Movimiento de Independencia de Samil, un levantamiento de caracter nacionalista apoyado por decenas de organizaciones anarquistas y que fue brutalmente reprimido y acallado, de nuevo, por la ocupación nipona, saldándose con aproximadamente 7500 muertos y 16000 heridos.

El tercer y último detonante lo encontramos en 1925, cuando el imperio japonés legisla la «Ley de Preservación de la Paz», que grosso modo, vino a poner de manifiesto que cualquier organización que tuviera como carácter combatir o cuestionar el nacionalismo japonés debía quedar prohibida. Por razones obvias, esto incluía a todas las organizaciones anarquistas tan presentes en diferentes ámbitos de la sociedad coreana de aquél entonces.

INFLUENCIAS ANARQUISTAS Y DESARROLLO PRE-REVOLUCIONARIO

Situándonos de nuevo allá por 1920, dos factores estaban siendo clave en la participación activa de la población en la política revolucionaria.

  1. Las condiciones materiales de la zona eran un caldo de cultivo idóneo para que estallase una revolución o un proyecto libertario de grandes magnitudes.
  2. El impulso revolucionario que supuso el retorno de exiliados como Baek Jeong-gi (un referente en la militancia anarquista coreana).

Las ideas anarquistas se acoplaban a todas las capas de la sociedad, expandiéndose. Los trabajadores estaban sumamente concienciados de que el imperialismo nipón tenía como único fin someter a su voluntad al pueblo coreano y, la burguesía local, tan sólo anhelaba independizarse con la intención de erigirse al poder.

A medida que aumentaba el impulso organizativo anarquista, paralelamente, lo hacian también las detenciones, los encarcelamientos y las ejecuciones (todo llevado a cabo por la policía ideológica japonesa).
Vemos algunos ejemplos en los 10 detenidos de Liga Bandera Negra, en 1925, por su militancia o en los 5 trabajadores, también detenidos, esta vez al año siguiente, por difundir un manifiesto de tendencias claramente libertarias.

La labor de expansión anarquista no solo se daba en la península, sino que también trataba de generar un apoyo internacional.
Un claro ejemplo de ello fue la creación de la organización «Revuelta» (Futeishya), en 1922, formada por algunos militantes anarquistas coreanos (como Park Yeol o Jeong Tae-sung) junto a militantes anarquistas japoneses en pleno corazón del imperialismo.
Esta labor internacionalista sirvió como revulsivo para crear la Federación Anarquista del Este, con organizaciones libertarias de multitud de paises del extremo oriental y del sudeste asiático, tales como: Corea, China, Japón, Taiwán, Filipinas, India y Vietnam.

En 1928 esta federación consiguió publicar un periódico (llamado «El Este») y aprobar la base teórica del «Manifiesto de la Revolución Coreana».
Su consigna principal era muy similar a la famosa «UHP«. Decía así:

«Unámonos, proletariado de todo el mundo y sobre todo de las colonias del este para derrotar al capitalismo internacional e imperialista”

En 1925, en Taegu (Corea), numerosos anarquistas que volvían del exilio en japón conformaban organizaciones confraternizadas con otras, situadas al otro lado del océano.
Por ejemplo, los actos cooperativos entre la «Liga de los Revolucionarios» (Corea) y la «Sociedad de la Juventud Negra de Tokio» (Japón).

Dejando de banda por un momento el internacionalismo y retornando a la península, debemos destacar también los aportes teóricos de militantes coreanos de personajes como Yu Ja-myeong o Shin Chae-ho, articuladores de procesos federativos regionales basados en las ideas de Bakunin y Kropotkin.

Shin Chae-ho fue el escritor del anteriormente mencionado «Manifiesto de la Revolución Coreana», en un intento de organizar el movimiento anarquista.
Este Manifiesto consistía en un plan de acción y análisis dentro del contexto de guerra independentista y en la necesidad de organizar el movimiento anticolonial, así como profundizar en el conflicto de clases.

El escrito aportaba parágrafos tan interesantes como el siguiente (sobre distinguir entre revolución social y revolución política):

«La revolución en el pasado fue una revolución en el que la gente permaneció siendo gobernada al igual que antes, a pesar de que el poder de “A” fue trasladado a la fuerza de “B” por la llamada revolución, porque la gente  era esclava del estado y dominada  por  el  poder  de  la  clase privilegiada  que mantuvo  el  control  sobre  el pueblo.”

Un aporte sumamente significativo para la época, haciendo hincapié en que la revolución ha de ser «directa». Es decir, hecha por y para el pueblo.
El concepto de «nación» también es cuestionado. A cambio de este se glorifica el de «pueblo»: «el pueblo es tangible y la nación no».

Este manifiesto, incitaba al levantamiento del pueblo en armas como único camino para su emancipación.

Con esta consigna y siguiendo las líneas de acción descritas por el planteamiento teórico de Chae-ho, surge, en 1924, la Federación Anarquista Coreana. Lo hace en la clandestinidad, debido a la persecución nipona.
La federación consigue expandirse hasta crear núcleos organizados a lo largo y ancho de la península, de los cuales destacan los situados en Seoul, Pyongyang, Manchuria e Icheon.
La principal labor que tendrá esta nueva organización será la de repartir propaganda y publicidad de índole anarquista con la intención de agitar a las masas. Pero esta no será su única función. También destacarán por impulsar la creación de sindicatos, movimientos estudiantiles y campesinos y, por una labor más (importantísima): organizarán las autodefensas activas y la resistencia contra la ofensiva imperialista de Japón

En 1929 tomarán el nombre de Federación Anarquista-Comunista de Corea (FACK) y uno de sus militantes más destacados, Kim Jong-jin propondrá impulsar la revolución en el norte de Corea, al sur de Manchuria, destinando todos los recursos de la FACK a ese lugar.


Hasta aquí la primera parte sobre la Comuna de Shinmin. Hemos tratado de sintetizar un poco los inicios, las causas y la tesitura del momento en los años precedentes a la desconocida revolución.

En la siguiente entrega traremos el desarrollo de la comuna y su caída y haremos algunos apuntes más que creamos necesarios.


Bibliografía:

  • Revolución anarquista en Corea – Emilio Crisi
  • El anarquismo en Corea – Hwang Dongyoun