Neoliberalismo, autoritarismo y el auge de la extrema derecha

¿Cómo se alimenta y hacia dónde nos dirige la extrema derecha?

 

Resulta ya evidente que el crecimiento de la desigualdad en el mundo desarrollado a partir de los años ochenta, y más aún desde la crisis de 2008, ha creado descontento social y desestabilizado los regímenes políticos. Ya lo predijo Karl Polanyi: bajo la economía de mercado la libertad degenera “en una mera defensa de la libertad de empresa” que significa “la plena libertad para aquellos cuya renta, ocio y seguridad no necesitan aumentarse y apenas una miseria de libertad para el pueblo, que en vano puede intentar hacer uso de sus derechos democráticos para resguardarse del poder de los dueños de la propiedad”. Por eso la visión liberal utópica sólo puede sostenerse mediante la fuerza, la violencia y el autoritarismo. “El utopismo liberal o neoliberal está abocado, en opinión de Polanyi, a verse frustrado por el autoritarismo, o incluso por el fascismo absoluto”[i].

La respuesta ante el resquebrajamiento del consenso social ha sido a menudo un incremento de la coerción. En EEUU a partir de los años ochenta los gobiernos neoliberales iniciaron reformas penales de carácter cada vez más represivo que cuadriplicaron el número de reclusos entre 1980 y 2008, y junto con los efectos del racismo han llevado a que uno de cada doce varones afroamericanos de entre 25 y 54 años se encuentre en prisión. Los gobiernos de Francia y Reino Unido respondieron a sus revueltas urbanas de 2005 y 2011 respectivamente con un endurecimiento de la represión hacia los jóvenes de los barrios pobres y guetificados. El gobierno español reaccionó a las movilizaciones sociales a partir de 2011 con cuatro reformas del código penal -una de ellas la Ley Mordaza-. Más recientemente, el gobierno francés ha aprovechado los atentados islamistas para establecer un estado de excepción “temporal” que renueva cada tres meses, lo que supone una fuerte restricción de las libertades.

Éste es el contexto en el que toman fuerza las opciones políticas de extrema derecha en muchos países occidentales. Por un lado, aprovechan que el incremento de la desigualdad y el descontento social han desgastado notablemente a los partidos que se turnaban en el gobierno. Por otro lado, su discurso sobre la necesidad de imponer seguridad encaja bien con el sentido común securitario y nacionalista promovido por las autoridades en las últimas décadas. Por ejemplo, en Francia las posiciones islamófobas que exhibía el Frente Nacional en los años ochenta se fueron poco a poco extendiendo a todo el arco político, institucionalizándose como “consenso republicano” con la prohibición del velo en las escuelas públicas en 2003, la extensión de la prohibición a todos los funcionarios públicos, la prohibición del velo que cubre el rostro en 2010, las polémicas sobre las estudiantes que intentan llevar el velo en la universidad o en las escuelas privadas, o el intento de prohibición del burkini el verano pasado. En 2012 inició la escalada de atentados terroristas ejecutados por ciudadanos franceses islamistas que pretenden estar haciendo la “yihad”. En el ambiente de terror y creciente represión que siguió, Marine Le Pen ha podido vender más fácilmente las posiciones del Frente Nacional como “laicas” y “republicanas”. El partido que hace veinte años era visto como enemigo de la República se presenta hoy a sí mismo como el más eficaz valedor de “los valores republicanos” y de la seguridad de la patria. De modo similar, la extrema derecha británica del UKIP desarrolla en buena medida el populismo tory nacionalista de Margaret Thatcher, y su programa está a su vez siendo aplicado en buena parte por el gobierno de Theresa May[ii].

La experiencia estadounidense como indicador

Es difícil adivinar lo que deparan los gobiernos de extrema derecha, pero algo ya se puede conocer por la experiencia estadounidense. Contrariamente a lo que afirmó Zizek, las declaraciones racistas y misóginas de Trump no eran simplemente muestras de “mal gusto” discursivo que rompen la “corrección política”. Tanto durante su campaña como en los meses que lleva de presidencia han tenido ya efectos materiales muy evidentes, como la proliferación de agresiones neonazis o racistas contra personas afroamericanas, el incremento de influencia de los portales de noticias neonazis, o el incremento de amenazas y bullying en las escuelas contra alumnos hispanos por parte de sus compañeros de clase. El discurso de Trump no es meramente “vulgar” o “de mal gusto” de acuerdo con unos parámetros estéticos dados -como es fácil opinar desde la perspectiva de un varón blanco-, sino que tiene efectos muy considerables porque legitima prácticas sociales que refuerzan sistemas de dominación[iii]. Asimismo es un discurso que -como ocurrió con el fascismo de entreguerras- trata de dividir a la clase trabajadora para construir una solidaridad interclasista entre empresarios capitalistas multimillonarios como Trump, capas medias acomodadas -que fueron sus principales votantes- y un sector de las capas populares.

Otra característica de este discurso -que lo acerca al fascismo de entreguerras- es su apariencia antielitista. Dado que no pretende alterar la acumulación de riqueza por parte de la élite de millonarios de la que forma parte, el discurso antielitista de Trump se dirige contra las élites culturales. Así construye retóricamente una oposición entre un vago “establishment” en el que no se incluye y el pueblo llano. La posesión de capital cultural es un indicador probable de cercanía a las élites políticas y económicas, pero el significante es aquí confundido con el significado hasta reemplazarlo: el problema no son quienes concentran el poder económico y político sino quienes concentran capital cultural y son así de algún modo “privilegiados”. El desplazamiento del malestar de clase hacia los trabajadores de la industria cinematográfica y los medios de comunicación permite presentar a los empresarios multimillonarios -como Trump- como padres benévolos. Las fuerzas de extrema derecha en otros países siguen un procedimiento similar, que puede llevar en algunos casos incluso a procesamientos aislados de personas poderosas. Así por ejemplo en España el sindicato ultraderechista Manos Limpias se enfocó en la lucha contra personajes poderosos corruptos ante la opinión pública, al tiempo que practicaba la extorsión como modo de financiación interna.

La política de gestos simbólicos de Trump se puede encontrar también en su fetichización de la soberanía a través de su insistencia en la construcción de un “gran muro” en la frontera con México.  En el Reino Unido se ha analizado cómo las reivindicaciones de soberanía por la extrema derecha, que tanto contribuyeron al Brexit, parecen responden a una nostalgia por una ciudadanía que antes otorgaba derechos y que bajo el neoliberalismo se ha vaciado de su contenido económico y social. La extrema derecha añora la vieja ciudadanía, pero más que reivindicar los derechos sociales y económicos da vueltas alrededor de la propia noción de “ciudadanía que otorga derechos” (entitlement) considerándola un fin en sí mismo; para simbolizarla se dedican a una política de señalar a un «Otro» no perteneciente a la nación.

Trump se refiere obsesivamente a su muro porque lo utiliza como un símbolo de la protección de un “nosotros” frente a los “otros”, al igual que las deportaciones de indocumentados. Del mismo modo que los políticos de extrema derecha de Reino Unido o Francia, Trump centra su proyecto en alabar (en su lenguaje, “devolver la dignidad”) al “nosotros” frente a aquellos que constituyen una amenaza externa y/o interna. Aquí radica una diferencia crucial con proyectos progresistas a veces denominados “populistas”, que no intentan dividir discursivamente a la clase trabajadora. El desprecio por el principio liberal de tolerancia, acompañado de la exigencia de asimilación para las personas de orígenes étnicos diferentes, constituye una forma de disciplinar y “normalizar” a un sector amplio de las capas populares y se relaciona hasta cierto punto con el aumento de la represión interna. En el caso de Francia, por ejemplo, ha aportado una gran cantidad de trabajadoras entusiastas y dóciles al sector del telemárketing, que es casi el único donde todavía pueden encontrar trabajo las mujeres musulmanas con velo.

El discurso de Trump se ha acompañado ya de un conjunto de medidas políticas neoliberales, racistas y misóginas. Entre las medidas neoliberales destacan el intento por desmantelar el seguro social o el cierre de agencias gubernamentales que suponían límites al libre mercado, como la agencia de medioambiente. Entre las medidas racistas, la prohibición de entrada a los Estados Unidos de ciudadanos de varios países musulmanes en los que Trump no tiene intereses empresariales. Entre las medidas misóginas, las medidas tomadas para recortar la financiación del derecho al aborto. Supuestamente Trump busca disminuir el desempleo de las capas populares a través del proteccionismo arancelario -un impuesto al consumo que pagarán los consumidores estadounidenses de productos baratos made in China-, y mediante el abandono de tratados internacionales de libre comercio. Esto último es difícil que pueda tener efectos estadísticos sobre el desempleo porque no se acompañará de ninguna redistribución de riqueza en el seno de las empresas.

Las medidas más racistas y misóginas de Trump han despertado fuertes protestas entre un sector de la población estadounidense. Sin embargo, las medidas de proteccionismo económico o la prohibición de entrada a ciudadanos de varios países musulmanes también han generado la respuesta indignada de algunas grandes empresas que vean afectada su mano de obra, como Facebook, Google o TripAdvisor, entre otras. Se produce de este modo un conflicto entre distintos sectores del gran capital, que pueden buscar alianzas entre sectores de las capas medias y de las capas populares según líneas de fractura étnico-raciales.

Nuria Álvarez

Blog personal: https://latercarealidad.wordpress.com/

[i]     David Harvey, Breve historia del neoliberalismo, Ediciones Akal, Madrid, 2007, página 42. Se basa en Karl Polanyi, The Great Transformation, Beacon Press, Boston, 1954.

[ii]    Javier López Alós, “Más allá de UKIP: el populismo en el Reino Unido, 14/12/2016. Disponible en: http://ctxt.es/es/20161214/Politica/10015/Brexit-populismo-UKIP-Farage-Thatcher.htm

[iii]   Como ya explicó Bourdieu, los efectos performativos de un discurso se derivan fundamentalmente de la posición social del emisor de ese discurso.

Enlaces del mes: Abril 2017

Comenzamos el mes de abril volviendo sobre aquel famoso autobús de Hazte Oír, un grupo de hackers sacaba a la luz cerca de 15.000 documentos de esta organización. Entre otras cosas, aparecen noticias tan sonadas como la posibilidad de que el propio presidente de Hazte Oír, Ignacio Arsuaga, administrara hormonas a sus hijos para, supuestamente, evitar que fueran homosexuales. O la vinculación con agrupaciones ultraderechistas como «El Yunque». Por otro lado, esto nos lleva a ver la evolución de dicha organización, así como ha favorecido la censura en los grandes medios de comunicación.

Acerca de Siria, tenemos el primer ataque autorizado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con misiles Tomahawk. El ataque, que se produjo sobre la base aérea de Homs, fue una respuesta a un supuesto ataque con armas químicas perpetradas por el gobierno sirio al norte del país. Las reacciones internacionales no se han hecho esperar: Rusia se posiciona en contra del ataque y alerta a los Estados Unidos del peligro de atacar contra un Estado soberano, arguyendo, a su vez, la inexistencia de armas quimicas en manos del Estado sirio. Le Pen ha reaccionado del mismo modo, así como lo ha hecho Irán. China, sin posicionarse en contra, ha comunicado que su oposición al uso de la fuerza militar para la resolución de conflictos. No obstante, la decisión de Trump ha sido apoyada por gobiernos del Reino Unido, Alemania, Israel, Australia, Francia o Japón. Argumentan que es una medida disuasoria contra Al Asad. Pero, ¿qué intereses hay detrás de esta ofensiva? Bien conocida es la región por su posición estratégica en cuanto al suministro energético y el paso de tuberías de gasoductos

Continuamos con una entrevista a Federico Severino, ahora nuevo director del Instituto 25M, fundación de Podemos. En ella, Severino plantea los objetivos que esta institución pretende llevar a cabo para promover una cultura política con figuras que no sean políticas. La meta es poder acercarse a un público que, a priori, no es simpatizante de esta formación política. En este sentido, los canales que pretende el Instituto usar son variopintos, desde lo audiovisual hasta la producción de novelas gráficas. Arguye a la necesidad de una renovación que pasa por la deconstrucción invidual del neoliberalismo, y así crear espacios de solidaridad.

La preocupacion sobre el reconocimiento pluricultural en Turquía continúa, especialmente en lo referente al pueblo kurdo, y la deriva hacia un sistema autoritario y personalista, a consecuencia de las reformas que Erdogan plantea introducir en el referéndum que convoca. Con su aprobación, daría a un más poder a la figura del presidente que, entre otras cosas, podría elegir a parte de los jueces y fiscales. Además, al parecer toda la oposición, así como los medios de comunicación críticos con Erdogan, han sido ocupados o silenciados.

El mes de abril también nos sorprende con varias detenciones: por un lado, la del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y el del director del periódico La Razón, Francisco Marhuenda. Ambas dentro de la operación Lezo y su vinculación con las irregularidades en el Canal de Isabel II.

El pasado 15 de abril se conmemoró el sexto aniversario en el que el pueblo de Cherán comenzó a reinventarse y a organizarse de una manera diferente. Ese mismo día, pero en el 2011, 10 mujeres detuvieron a varios hombres armados que a diario cruzaban el pueblo para talar los árboles de la zona. Estas 10 mujeres, sin otras armas que sus cuerpos, plantaron cara a la injusticia. A ellas se sumaron todo el pueblo, que logró expular tanto a los taladores ilegales, así como a la policía cómplice de todos estos crímenes. Desde entonces, y con un deseo de apoyo mutuo y de solidaridad, el pueblo reinventó su gobierno, creando una participación directa a toda la comunidad, que elige a un concejo mayor que son sus representantes, y que su única finalidad es representativa, ya que solo transmiten las decisiones de la comunidad. A pesar del desprestigio que analistas hicieron de esta nueva política, Cherán sigue resistiendo.

Este año Semana Santa ha caído en abril, que nos dejó este año la anécdota de las avalanchas humanas en Sevilla. Más allá de lo que parece que fue un bulo, no es la primera vez que esta católica celebración ya se ve trastocada. El siguiente artículo recuerda los incidentes ocurridos en varias ciudades del Estado a finales de los 80, todo muy al calor del movimiento punk de aquellos años. Al parecer, todo comenzó en Pamplona, cuando varios jóvenes comenzaron a entonar la canción Salve de la Polla Records. A los primeros lanzamientos de objetos contra las imágenes paseantes, los creyentes respondieron golpeando con cirios. Lo mismo pareció expandirse en otras ciudades como en Cuenca, Valencia o Madrid.

Una vez más tenemos que lamentar lo que parece la represión sistemática contra personas por su orientación sexual. Esta vez es en la República de Chechenia donde, al parecer, se han creado campos de concentración para homosexuales, donde están siendo privados de su libertad y sometidos a torturas.

Este abril nos dejó también la sorpresa en el ascenso de la extrema derecha de Marie Le Pen en su campaña hacia la presidencia francesa. Sin embargo, también la remontada del candido del partido de izquierda La France Insoumise, Jean-Luc Mélenchon. El artículo analiza el cambio de estrategia comunicativo del candidato quien, fuertemente influido por la apuesta de Laclau, ya no se dirige a la militancia de izquierdas, sino al conjunto de los franceses. Al tiempo que hace suyos elementos integradores de la francia multicultural. Adoptando, a su vez y como hizo Podemos en las pasadas elecciones españolas, un discurso patriótico, pero alejándose de la xenofobia de Le Pen.

Desde el Congreso Nacional Indígena se ha propuesto la creación de un Concejo Indígena de Gobierno, que debería ser una candidata a las elecciones presidenciales mexicanas para el próximo 2018. Lo llamativo de dicha propuesta no es tanto una cuestión electoral, pero es un elemento de organización que facilite una unidad desde las bases sociales, creando así un bloque de resistencia indígena frente a las políticas neoliberales.

La gentrificación es un problema que está echando de sus casas a los vecinos de los barrios centrales de ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia. Este mes de abril nos enseña también las respuestas que los vecinos de dichos barrios están llevando a cabo contra plataformas como Airnb o Homeaway, a lo que los Ayuntamientos de Madrid y Barcelona comienzan a estudiar cómo regular, ya que existe un vacío legal. El principal problema no radica ya solo en la sustitución de una población estable por otra con una capacidad de renta mayor, sino en el vaciado de viviendas para el alquiler por días. Y es aquí donde los Ayuntamientos de ambas ciudades pretenden incidir con políticas sancionadoras contra las empresas que realicen dicha especulación.

Nos quedamos también con el acoso sufrido por la chica anónima del tranvía de Murcia. Un joven, que se cruzó con ella en el tranvía, no dudó en llenar la ciudad de carteles describiéndola y dejando su número de teléfono. Así, los medios de comunicación también se hicieron eco de esta historia, caldo de cultivo para perpetuar y mantener el amor romántico y sus mayores y atroces consecuencias: la violencia contra las mujeres.

¿Cómo ha cambiado el empleo y la calidad de vida en la última década? ¿Estamos, realmente, saliendo de la crisis como se augura desde los grandes medios o el poder? Y principalmente, ¿cuál es la deriva actual del capitalismo? Al parecer nos movemos hacia el fin del crecimiento y del capitalismo. Todo ello, y teniendo de fondo también la compleja cuestión energética, solamente queda plantearse el decrecimiento como una opción a tener muy en cuenta.

Para cerrar los enlaces del mes de abril, nos queda comentar la triste noticia de un chico asesinado en un pub de Málaga por neonazis de esta ciudad. Los acusados parecen tener vinculación con el Frente Bokerón, grupo ultraderechista seguidor del Málaga Club de Fútbol, así como su posible colaboración con Hogar Social Madrid.