Enlaces del mes: Octubre 2015

El mes empezaba con un repaso a las bases del sistema económico-politico y su (o sus) crisis que no dejaba mucho margen al optimismo. Teniendo en cuenta la energía, las materias primas, el cambio climático y la conflictividad entre los distintos estados y facciones, el otoño empezaba con un horizonte claramente complicado, como se explica en este artículo de crisis concéntricas. Por suerte o por sensatez, también parece una tendencia el debilitamiento del deseo de propiedad, como apuntaba Toño Fraguas en El ocaso de la propiedad, donde destaca que incluso en los EEUU, país donde está más extendida la cultura del consumo y la felicidad de lo material, cada vez más personas están tomando el tener propiedades como una carga.

En el ámbito laboral, octubre vino un tanto agridulce. En el mismo mes en que Forbes ha coronado a Amancio Ortega como el hombre más rico del mundo, no faltaban los recordatorios sobre cómo se forjan esas fortunas. Lo que se ha tratado como escándalos de imagen respecto a las actividades de Inditex en Brasil o, en general, en Latinoamérica y Asia, parece ser que la sobreexplotación obrera de la de toda la vida, con las pistas un poco difuminadas a base de deslocalización y de delegación en capataces casi esclavistas que son, sobre el papel, los que se manchan las manos.

Lo poco que tuvo de dulce lo pusieron los llamados «manteros» en Barcelona. Pese a las condiciones de desarraigo, clandestinidad y racismo normalizado en que trabajan, varios de ellos se han unido en un Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes con vocación de sindicato de ramo, pero también de organización que les dote de tejido comunitario.

Por el lado de las posiciones y decisiones políticas, Emmanuel Rodríguez (miembro de la Fundación de los Comunes, asi como de Ganemos Madrid y Ahora Madrid) se preguntaba qué lecciones extraer de la institucionalización de parte de los movimientos sociales y la previsible derrota de Podemos el próximo 20 de diciembre. Mientras, en Portugal, la gestión de los resultados de las últimas elecciones generales volvían a plantear la falta de democracia en la UE.

En lo represivo, el estado español no deja de demostrar de lo que es capaz: La directa publicaba una entrevista, traducida al castellano en Diagonal, al secretario general de Sortu y líder independentista vasco Arnaldo Otegi, preso desde hace años.

Y, cuando se cumplieron dos años de encarcelamiento preventivo de las anarquistas chilenas Mónica y Francisco, menos de un año después de las operaciones Pandora y Piñata, todas por las dos mismas bombas, una operación de los Mossos, ejecutada bajo las órdenes de la Audiencia Nacional la mañana del 28 de octubre, se saldó con 9 detenciones y registros en domicilios y Ateneos Libertarios como el de Sants de Barcelona y en Manresa. La respuesta solidaria no se hizo esperar. Hubo concentraciones espontáneas en Barcelona y se lanzaron convocatorias para solidarizarse en varias ciudades como Madrid, Compostela, Huesca, Zaragoza… con los y las detenidas. También ha habido repercusión en varios medios de la rueda de prensa de Embat junto a militantes del Ateneu Llibertari de Sants, Grup de Suport a Joaquim y la Assemblea de Barri de Sants. Unos días después, otra operación de la Guardia Civil en Galicia contra independentistas acabó con arrestos a los cuales se les acusan de «enaltecimiento del terrorismo».

Tampoco podemos olvidarnos de la Federación Anarquista de Gran Canaria. La organización está siendo duramente golpeada por la represión por ayudar a numerosas familias sin recursos a encontrar un techo ocupando y recuperando viviendas que los bancos dejan vacío. Algunos militantes han sufrido palizas de la policía, les acribillan a multas y sufren un acoso policial constante solo por el hecho de realojar a numerosas personas y familias, que según calculan, en 2013 más de 400 personas han conseguido techo gracias a la FAGC y también más de 200 viviendas expropiadas y socializadas. En este último año, han realojado a 102 personas en un sólo trimestre. Pero estos maravillosos resultados les están costando sangre, palizas y multas, y hacen un llamamiento a la solidaridad para afrontar la sangría económica que están sufriendo (el nº de cuenta es: ES45 0239 2026 6130 40048866 así como ven la necesidad de formar una red antirrepresiva.

Los trenes de la unión popular

La sumisa ciudadanía del Estado español expresó su soberanía como pueblo en las elecciones del 24M-2015. Las papeletas con los votos se introdujeron en las urnas, las cuales fueron posteriormente abiertas y recontadas. Los resultados nos trajeron en muchas regiones del Estado español una dinámica de pactos entre diferentes agrupaciones políticas, que tras sus tira-y-afloja dieron lugar al nuevo mapa político. Los periódicos se llenaron de infografías y mapas coloridos con viejos y nuevos colores demarcando las distintas regiones de nuestra geografía.

Las elecciones también nos dejaron otras perlas que pasarán a la historia de la política del Estado español. Esperanza Aguirre infundiendo miedo: «que llegan los soviets, ¡ojo, pactemos con el PSOE y C’s para impedirlo!» O Rajoy intentando convencer a sus votantes que el PP había sido el partido ganador a todas luces. ¿Y qué me decís de Pablo Iglesias moderando su discurso político a la vista de ganar más votos? ¿O de toda la basura desplegada por la derecha y la supuesta «izquierda socialista» sobre Guillermo Zapata? Pues eso, perlas que quedan para la historia.

Pero de entre todas estas joyas me quedo, sin duda, con los lastimeros discursos de «unión popular» de Alberto Garzón y con las ansias de poder de Podemos (que quieren unión popular siempre y cuando Pablo Iglesias y su «marca» Podemos lleguen a la Moncloa). A esa sumisa ciudadanía, estos personajes (y más), le hablan de hacer «nueva política.» ¡Eh, que la casta se cae, llegó la nueva política! También le hablan de «procesos históricos», de «aceleración histórica», de «cambios sistémicos.» Parece que antes del 24M-2015, para estas personas, la historia no se movía, ¡ahora avanza a pasos de gigante! ¡Gracias, Podemos!

Pero lo cierto y verdad es que la historia se movía y a buen ritmo. Y lo seguirá haciendo al mismo ritmo tras las elecciones de Noviembre, gane quien gane el circo electoral. Y es que nos intentan colar, de nuevo, que la socialdemocracia funciona, que el Estado si está controlado por «buenas manos» funciona de maravilla. Lo que hace falta es buena gente sentada en los despachos de importancia. Manuela Carmena, una jueza en el pasado, haciendo «buena política» en la ciudad de Madrid. De Madrid al cielo, o más bien de Madrid a la «verdadera democracia.»

Pero como dicen en Grecia, «perro viejo no muere pronto.» Como tampoco lo hacen las ideas viejas por mucho que se maquillen de novedad y cambio. Quieren cambiar las formas para mantener el contenido, y si es necesario confundir formas con contenido, pues se confunde (y a lo grande, que para eso todos estos personajes tienen espacio suficiente en los medios de comunicación). Lo más triste de todo, dejando de lado el «buenrollismo» de Garzón y compañía, es que esa ciudadanía soberana del Estado español se terminará creyendo, una vez más, que estamos ante un momento histórico de gran envergadura. Todo cambiará, o todo «puede» cambiar, pero solamente si vamos a las urnas con la papeleta acertada en mano.

Claro, que también está aquella persuasiva idea de que estos partidos políticos de la «nueva política» solamente hacen que llevar a las instituciones las voces de la calle. Que si las mareas en Galicia, que si las asambleas de Madrid, que si los círculos de Andalucía… todas esas voces tendrán cabida en el nuevo gobierno de la nueva política. Pero recordad, solamente si vamos a las urnas con la papeleta correcta en las manos. Depositemos nuestra confianza en que otras personas pueden hacerlo mejor desde las instituciones, que todo esto es un problema de gestión y corrupción. El bipartidismo está podrido, y la salida está en introducir nuevos partidos, con nuevas voces y nuevas caras. Lo nuevo es bueno. Pero qué os voy a contar, estamos ante una «aceleración histórica» que conllevará un cambio sistémico.

Ciudadanía del Estado español, ¿cuántas decepciones más os tenéis que tragar para empezar a pensar que tal vez el problema no son las personas gestoras del Estado sino el Estado en sí? ¿Cuántas tonterías más tenéis que escuchar para empezar a creer que no necesitáis líderes y lideresas? Y hablando de tonterías, al parecer Manuela Carmena dijo hace unos días que durante la campaña electoral ella se sintió más «renovadora» que el activismo de calle, el cual está anclado en viejas ideas que no se mueven. Vamos, que es terco como un burro viejo. Y esto lo dice una jueza, esas personas que aplican las buenas leyes del Estado para encarcelar a gente en operaciones como la Pandora o la Piñata. Ciudadanía del Estado español, vives en una absurda realidad administrada gota a gota a través de las pantallas de tus televisiones. Y ahora que te han dado las asambleas y los círculos piensas que la historia se acelera. ¿Y hacia qué lugar nos lleva esta historia acelerada? Porque si el destino final es un lugar gobernado por ex-jueces e intelectuales de universidad yo casi que me bajo del tren aquí mismo, me da igual que esté acelerado y en marcha que yo igual me tiro.

No obstante, tened claro que existen trenes alternativos que corren por raíles muy distintos. Puede que el servicio a bordo no sea de 5 estrellas como los trenes de la institucionalidad, como también puede que el billete salga más caro (algunas personas lo pagan con sus huesos en la cárcel). Pero por existir existen y se aceleran cada vez que los otros trenes incluyen más vagones en sus rutas hacia la toma del Estado. En estos otros trenes la locomotora no está comandada por tipos con coleta o hijos de ex-jueces, y los trayectos no discurren en la calma lineal tan típica de los raíles institucionales. Las rutas, aquí, cambian segundo a segundo, unas veces yendo más despacio y otras yendo más rápido. El destino tampoco está muy claro, pero con seguridad no es el Estado ni sus instituciones.Y esto no preocupa al pasaje. Exacto, no preocupa porque lo que se valora es la experiencia de convivir, de crear vínculos estrechos, de saborear emociones intensas repletas de amor y odio a partes iguales. Se valoran los espacios libres de tonterías discursivas y de promesas vacías, y es así porque a las palabras se le dan su justa importancia para que no dejen nunca ciega a la acción. La acción de vivir con otras personas de manera intensa, de experimentar la vida con personas dispuestas a subirse ellas mismas a la locomotora y olvidarse del vagón-cafetería.

Electorado del Estado español, no vives más en comunidad por ir de la mano a votar. Y desde luego poco vas a cambiar de esa forma. Las urnas y los despachos de importancia quedan muy lejos de donde la vida emana, de las calles, de los barrios, de los problemas y de las alegrías que nos dibujan sonrisas en la cara.

Electorado del Estado español, no estás más vivo ni eres más libre por decidir. El decidir nunca hizo libre a nadie. El hacer, en cambio, movió y moverá montañas. Y solamente en servidumbre otras personas hacen por ti lo que tú puedes hacer por ti mismo. Que no te dé miedo a cambiar de tren. Como dijo con acierto el Comité Invisible, el cambio no estaba en las asambleas del 15M, sino en los campamentos donde la vida se encontraba, una vez más, así misma.

Y, ¿»Ahora Madrid», qué?

Y ¿»Ahora Madrid», qué?. Esta pregunta se nos repite a muchas tras lo vivido en la última fiesta de la democracia, y muchas aún tenemos una resaca que nos aturulla a causa de tanta propaganda de garrafón.

El domingo 24 del pasado mes salieron de paseo, de nuevo, nuestro supuesto libre albedrio de poder tomar decisiones sobre lo concerniente a la política, que de una manera u otra se piensa que va afectar a este país. Y qué gran verdad es, que esto no es así, en este juego que se repetía esta vez, había nuevos participantes.

Hace cuatro años en este Estado se estaban viviendo momentos de verdadera convulsión política, verdadera porque en esta ocasión, y mal que le pese a muchas, nosotras éramos las protagonistas de algo que siempre debería haber sido nuestro, pero que nos ha sido usurpado poco a poco. Éramos las protagonistas y hacedoras de una política de verdad, en el sentido más amplio de la palabras. Estábamos siendo capaces de llenar calles, plazas y cualquier situación cotidiana de política, dándonos cuenta que hasta la decisión mas simplista del día a día es política, empezando a entender que lo personal, es político también.

Si de algo nos dimos cuenta en esos días es que el hacer política no era algo destinado a carteras, maletines, cómodos sillones y falsas palabras y gente .supuestamente, selecta. En esos días nos empezamos a dar cuenta que éramos capaces de que nosotras, en comunidad  y sin unas más que otras, estábamos marcando el rumbo de algo que a todas nos pone el corazón en un puño y la piel nos eriza: es la idea de prender la llama que queme esto, teniendo todas, además, un denominador común que nos unía y que nos une, mal que les pese a algunas. A todas nos juntaba la idea que tanto se repitió y que tanto nos sigue llenando a muchas, mal que le pese, la idea de que NO NOS REPRESENTAN.

En este sentido, muchas, entre las que me incluyo fervientemente, nos dimos cuenta que: ¿por qué era necesario articularse en un partido?, ¿por qué era necesario entender la política de una sola manera?, ¿por qué siempre en una postura de tercera persona?, ¿por qué no jugar en primera persona?,¿por qué no participar y hacer del debate algo tuyo/nuestro?. De esta manera, muchas supimos responder a gran cantidad de inquietudes que nos estaban asaltando en plena adolescencia y empezábamos a encontrar las respuestas a tanto porqué. Tras estos cuanto años, yo, una de esas muchas sigo creyendo en las mismas respuestas, y por eso, tras este tiempo sigo en las asambleas de base de la universidad, en la de mi pueblo y rechazando todo lo que se aleje de nosotras y de lo que intente representarnos y suplir de manera muy paternalista nuestro poder de hacer política.

En el lapso de tiempo que se desarrollaron todas estas ideas y que aún ,afortunadamente, se siguen repensando, mal que les pese, se pusieron en común y en colectividad un conjunto de ideas que empezaron a conformar un «contrato» ante un desarrollo de ideas que creíamos que eran fundamentales y que al fin y al cabo nos representaban a todas, aunque, este «contrato», al final es ficticio y sólo existente en la reflexión de cada uno, distinto en cualquier persona, pero que tenía un conjunto de factores comunes.

La transformación que muchas hemos sufrido (y menos mal) a raíz de estos cuatro años es que en colectividad, el aprendizaje sobre cualquier cosa,  se potencia y todas avanzamos en unidad y en común. Justo es en este punto donde me pregunto y ,¿»Ahora Madrid», qué?

Como es lógico y asumiendo la coyuntura social, no nos queda otra que seguir combatiendo los devenires políticos, donde el reproche a la situación, desde mi posición personal, no tiene cabida ya que en cierta manera estos mismos devenires estatistas nos van aclarando con quién «Podemos» contar y con quién no y empezar a repensar nuevas estrategias.

A pesar de esto, y  haciendo un papel de abogado del diablo, mis compañeras de asamblea, que tras cuatro años de sábados seguidos, aún habiendo decidido tomar este camino, siguen al pie del desahucio, al pie de la calle y pelándose el culo en el suelo de una asamblea. No sé si serán los más, o los menos, pero mientras esto se mantenga, no tengo ninguna duda que estas personas seguirán siendo mis compañeras y las que quiero que sigan a mi lado.

Pero hay algo que no puedo pasar por alto, hay algo que muchas notamos como una puñalada trapera que nos escama y nos duele. En estos cuatro años, si algo se ha conseguido verdaderamente, más que todos los logros que se han alcanzado, ha sido el crear este tejido social de que para mí, por muy «refor» que suene, gozamos ahora, y este tejido, lo construimos entre todas, bajo consensos, bajo horas interminables de asambleas, a base de nuevas relaciones entre personas, y lo más fundamental al margen de todo lo que pretendía contaminar esta construcción de algo nuevo y sacar rédito de todo esto que es nuestro que es de todas. Ahora esto ha cambiando, a mi juicio, que no sé si me equivoco, todas las herramientas que creamos en su día, todas las dinámicas de trabajo que nos han enriquecido tanto y lo siguen haciendo, todos los «contratos» amables que habíamos adoptado entre todas, me da la sensación que han sido utilizados con un fin que no era el que perseguía cuando empezamos a construir todo esto. Ha sido usurpado de la gente que no entendíamos esta vía de lucha  y que habíamos participado en su formación, ha sido usurpado del «todo» para unos que lo entendían distinto. Los conceptos sobre algo expuestos a lo colectivo, nuestras visiones y juicios expuestos a lo colectivo, incluso nuestros sentimientos y miedos expuesto a lo colectivo han sido recogidos y usado con un fin que no era el de todas, y esto no lo paso por alto, y esto a algunas sí que nos irrita.

Al fin y al cabo una cosa sí que tengo y tenemos muchas algo claro. Votes o no votes, organicémonos el resto del año para acabar con todo lo que nos mata. Siempre y «Ahora Madrid» organízate y lucha en confluencia pero también a su margen.

A las presas, que sólo nuestra solidaridad y nuestra lucha las hará libres y así lo podremos ser todas…

Reflexiones sobre abstención activa

La abstención activa es un concepto muy bien conocido dentro de los entornos anarquistas, y supone ya una respuesta automática de las anarquistas cuando sale el tema de las elecciones. Lemas como «no votes nunca «, «si el voto sirviese para algo estaría prohibido» es la que acompaña a todas las «campañas» por la abstención activa. No obstante, resulta un lema muy vago, nada concreto y que no lanza realmente argumentos importantes para oponerse a las elecciones, ni alternativas a la vía institucional claras. Aunque para las anarquistas ya convencidas, tengamos claro qué significa la abstención activa, a otras personas que no lo son, les será irrelevante. De hecho, a efectos prácticos, esa abstención activa se computa igual que la abstención pasiva, la que se da porque «no me da la gana ir a votar y ninguno me convence», «prefiero ver la tele o ir de bares» y expresiones similares que denotan un pasotismo y una indiferencia absolutas. No tratamos en este texto de realizar una oda al voto, ni mucho menos, sino lanzar al aire una reflexión que muchas llevamos pensando hace tiempo, y es que el discurso libertario abstencionista esta caduco, ¿qué sentido tienen estas campañas? ¿Realmente la abstención es algo efectivo o contribuye a fortalecer la lucha en las calles? ¿Qué supone votar y que supone no votar?

Seamos claras, las instituciones y el Estado son tan solo un pieza más en el entramado del sistema capitalista y más aún cuando el Estado-Nación se encuentra sin apenas capacidad de decisión debido al capital financiero. El Estado en ningún caso servirá como elemento emancipador de las clases subalternas sino más bien lo contrario, así lo ha demostrado la historia, y es esta nuestra diferencia histórica con el marxismo-leninismo, entre otras cosas. Teniendo siempre en mente esta reflexión, debemos entender que, debido a la emergencia social, muchas compañeras decidirán votar este domingo, y no por esto serán menos compañeras, no votarán ilusionadas, sino a regañadientes más bien, sabrán que su voto “legitimará” ciertas conductas y ciertas opresiones, e incluso pasarán vergüenza cuando sus vecinas les vean en el colegio electoral (muchas no han ido a votar en su larga vida). Pero debemos preguntarnos el por qué, porque aunque seamos libertarias muchas consideran que “podemos” o las candidatuars ciudadanas pueden frenar en parte la ofensiva neoliberal, y que aunque sea para cuatro cosas básicas de algo servirá: no más desahucios, electricidad y agua garantizada, más servicios sociales… Lo que debemos hacer no es señalar a nuestras compas porque van a votar o “quitarles el carnet de anarquista” sino reflexionar y analizar las razones por las cuales nosotras como libertarias no hemos sido capaces de generar una alternativa real a las situaciones de miseria que viven nuestras vecinas, amigas, compas o nosotras mismas.

No creemos que en este contexto social y económico todo se decida en las urnas, ni mucho menos, si hemos sido capaces de sobrevivir a estos años de paro y miseria ha sido gracias a la lucha en las calles, al apoyo mutuo y a pensar en común, y consideramos que es ese el camino, que mediante la organización asamblearia, popular y autónoma estaremos más cerca de un proceso de emancipación popular. Es por eso que no nos importa tanto si la gente vota o no este domingo, sino lo que hace el resto del año. Debemos apostar por los movimientos sociales, y si nos tenemos que preocupar por algo es cuando alguien deja la asamblea de vivienda o la asamblea del barrio para militar en algún partido, ahí sí que debemos ser críticas y no cuando se deposita un papelito en una caja de plástico.

Hemos llegado a aceptar la abstención activa como dogma, como si al no votar, mágicamente la democracia burguesa se desestabilizaría o se deslegitimaría. Pero no, la democracia burguesa no se legitima expresamente por el voto, sino que es sustentada por la propia clase dominante, el cual, este sistema político le otorga más garantías para sustentar las relaciones de producción capitalistas. Votar o no votar no cambiará mucho nuestra realidad material ni social, los cambios sociales no los hacen los partidos, ni los gobiernos, ni los estados sino la gente, tratemos pues de crear el escenario perfecto para que ese proceso revolucionario se pueda dar, no ataquemos a compañeros y compañeras desde el dogmatismo sino desde la reflexión y el entendimiento. El discurso de la abstención activa parece no salir del marco electoral y la dicotomía entre votar o abstenerse, y parece más bien una respuesta por inercia en vez de una estrategia de ofensiva, es decir, una respuesta forzada por la coyuntura y no la articulación de un ataque o avance, porque parece que saquemos este discurso solamente cuando hay elecciones. Por eso, pensamos que es necesario superar esta falsa dicotomía y pasar a tener visión estratégica, que apunte a la política del día a día, y esto es, la inserción social en las luchas cotidianas, teniendo como objetivo el fortalecimiento de los movimientos populares para hacer posible su articulación a nivel político. En otras palabras, a crear alternativas políticas fuera de las instituciones con fuerza real y capacidad transformadora.

Dicho esto seguiremos pues en nuestra fría trinchera, sacudiéndonos la poca ortodoxia que nos queda para empezar a pensar en la victoria, reproducir la derrota nunca sirvió para nada. Seguiremos odiando a esta sociedad, a su policía, a sus jueces y a sus políticos lleven o no lleven coleta pero trataremos de convencer y de reflexionar con las desposeidas con todas aquellas que se resignan a vivir en esta sociedad de mierda en donde es más importante salir de fiesta una noche que ir a parar el desahucio de tu vecina.

Da igual si votas o no votas, lo que importa es lo que hagas el resto del año.

Artículo conjunto entre Bari y Lusbert

Pero, ¿dónde está la madera?

Ganó Syriza las elecciones generales en el Estado griego y muches se preguntaron: «¿pero dónde está la madera?» Y es que el grupo de maderos anti-disturbios (armados hasta los dientes, incluyendo subfusiles automáticos) que «vigilaba» el barrio ateniense de Exarheia ha desaparecido de sus esquinitas. Se notan los aires de cambio, el renovado espíritu progresista que llevará a la humanidad a una sociedad justa e igualitaria. Votar a Syriza ha sido la mejor decisión de mi vida, pensarán muches. Syriza cambiará las cosas: eliminará las «nuevas» prisiones de alta-seguridad, garantizará derechos sociales a migrantes y explotades, mejorará la calidad de vida de las personas en Grecia. Votar a Syriza, en definitiva, fue lo mejor.

El capitalismo neoliberal y sus políticas de austeridad que ahogan a la gente ya son cosa del pasado. La banca alemana y los intereses burgueses internacionales han pasado a mejor vida. Les buenes gobernantes pueden cambiar las cosas, pueden darnos ilusión y ganas de participar en política. El capitalismo se va a humanizar a partir de ahora; el Estado del bienestar volverá a recobrar su misión original; la humillación será sustituida por la dignidad del pueblo libre. Y todo esto con tan poco como el pequeño esfuerzo de meter un papelito un domingo por la mañana. ¡Aquí viene el cambio! ¡Recobremos el futuro con dignidad! Yo confío en que les polítiques de Syriza aportarán lo mejor para la sociedad libre del mañana. Elles saben cómo hacer las cosas; elles saben más que la gente. Su mirada es limpia, y sus horizontes prístinos. Si han pactado con la chusma nacional-conservadora de Anel es por pura estrategia, un mal menor necesario para garantizar el cambio y la recuperación de la dignidad. Syriza mira por nosotres, si eso han decidido será por algo.

Pero, «¿dónde está la madera de Exarheia?» Tranquiles, ya no necesitamos anti-disturbios para vigilar a les rares que visten de negro. Las papeletas de las elecciones han hecho de cada votante un madero más comprometido con el sistema. No hay nada más efectivo que la esclavitud bien inculcada mediante disfraces de libertad. Hoy Syriza en el Estado griego, mañana Podemos en el Estado español. Por una sociedad sin maderos, por una sociedad de ciudadanes garantes del sistema explotador.

Seguirá habiendo injusticia

Acabadas las elecciones al Parlamento Europeo, Pablo Iglesias de Podemos decía que no habían ganado al PP ni al PSOE, pero que seguirían «luchando» porque les banqueres corruptes (entre otres) seguirán existiendo. Se deduce de esto que la cuestión de les banqueres corruptes, les males policías, y les males polítiques es cuestión de quién gobierne. El contexto institucional no importa. El funcionamiento burocrático del Estado tampoco. Lo que importa es quién gobierna y cómo lo hace. O esto parece ser lo que piensan todes les candidates del partido político que sea. Y es que no hay mayor ceguera que la de la persona que no quiere ver. La historia contemporánea está repleta de ejemplos en los que las mejores intenciones políticas acabaron en estrepitoso fracaso. Quien no lo quiera ver, que no lo vea.

Los sistemas democráticos de eso que llamamos «países capitalistas avanzados» se basan en una tensión irresoluble: la tensión que existe entre política y mercado. En términos formales, la democracia representativa que plantea el liberalismo se basa en la igualdad política. Es decir, todes tenemos los mismos derechos políticos como votar, presentarse como candidate, expresar nuestras ideas, etcétera. No obstante, la democracia liberal sustenta un sistema económico, el capitalista, que no está basado en la igualdad económica de las personas. En el capitalismo algunas personas tienen más que otras (y algunas no tienen absolutamente nada). Y esto está bien, porque el capitalismo no aboga por ningún tipo de igualdad económica. ¿Cómo influye esto sobre el ejercicio político?

Lo que les candidates polítiques de «izquierda» parecen no ver es que los mercados y la política se entrelazan en multitud de niveles. Tenemos leyes aprobadas en parlamentos que claramente favorecen los intereses materiales de las personas que tienen más. Pero también tenemos personas en política que o bien tienen intereses personales en ciertos mercados, o bien conocen a gente que sí los tienen (y normalmente esta «gente» tiene suficientes recursos materiales como para comprar un traje aquí, una cena allá, una casa más allá… etcétera). Como las dinámicas capitalistas no pueden funcionar sin estados-nación que regulen los flujos de capital, de forma inevitable intereses económicos e intereses políticos terminan encontrándose.

Cuando Pablo Iglesias habla de banqueres corruptes da a entender que une banquere puede ser buene. Lo mismo hace cuando habla de la «casta política» (tal vez su palabra favorita tras «hegemonía»), pues sugiere que hay polítiques males, y polítiques buenes (les que están con él, qué casualidad). De nuevo: todo depende de quién gobierne y cómo lo haga. Todo depende de les jugadores, como si el juego en sí no importara nada. Bueno, precisamente lo que la abstención activa del anarquismo plantea es que el problema no es solamente quiénes juegan y cómo lo hacen, sino también, y en mayor medida, el juego en sí mismo.

La tensión entre democracia representativa y mercados capitalistas está más que documentada. Estudios en los Estados Unidos han probado que a lo largo de las últimas décadas las personas con mayor posesión de capital han ejercido una influencia mayor sobre las personas que deciden las políticas del futuro estadounidense. Una vez más, los Pablos Iglesias del mundo podrán decir que el problema de los Estados Unidos es que tienen males gobernantes. ¿Pero qué hay de los contextos institucionales y burocráticos en los que se encuentran les polítiques?

Dejando de lado las críticas filosóficas que se puedan hacer a los sistemas representativos-liberales, lo cierto es que nos sobran razones tangibles para desconfiar de cualquier gobierno, elección, y parlamento del mundo. Cualquier persona que haya estudiado los modernos estados-nación de Occidente habrá visto que las arcas de los estados dependen en gran medida de dinámicas capitalistas que mueven una cantidad inmensa de dinero. Es más, el juego internacional entre estados-nación ya no se desarrolla, mayormente, en el terreno militar como era antaño. Ahora son las corporaciones, los tratados económicos, y las dinámicas comerciales las que dictaminan quién es fuerte o quién es débil en la política internacional. Por ejemplo: el imperialismo de los Estados Unidos no solamente se mide por el número de bases militares que tienen en otros países, sino también por el número de empresas que firman contratos con otros estados-nación; por el número de corporaciones que proveen servicios a los ejércitos de otros países; por el número de agentes económicos influyendo las decisiones que se toman en otras tierras… ¿Acaso es algo nuevo todo esto?

Finalmente les querría decir a aquelles polítiques de buenas intenciones (como Pablo Iglesias, quiero presuponer) que consigan un puesto en cualquier parlamento capitalista del mundo que han de saber que:

  1. Todo el edificio sobre el que vuestro estatus social se sostiene está basado en la tensión existente entre política y mercado. La política, si bien autónoma hasta cierto punto, no puede prescindir de los actuales lazos de dependencia hacia el capital.
  2. Cuando queráis promover vuestras «políticas socialistas» ya nos contaréis cómo solucionáis la brecha entre «la política formal» y la «política ideal», porque una cosa es decir qué se piensa, y otra cosa es hacer lo que realmente se piensa. Lo sabemos, tendréis mil obstáculos y millones de presiones para no votar tal o cual otra cosa. Pero cuando fracaséis, no digáis que no os avisamos.
  3. Desde los parlamentos del mundo las cosas, como mucho, se pueden reformar. Eso lo sabéis de sobra. No pretendáis cambiar la desigualdad que produce el capitalismo a base de votar políticas, porque la historia no parece contarnos que eso sea posible. Si queréis dar una cara «más humana» al capitalismo no habléis de «revoluciones» (como Elena Valenciano. Qué bochorno).
  4. Da igual lo que cobréis al mes o cómo viajéis hasta Bruselas. Le polítique profesional sigue, y seguirá, siendo una persona parásita que se cree con derecho a representar los intereses materiales de miles de personas. En el mejor de los casos será una persona parásita «marginada» en el Parlamento. Pero, entonces: ¿qué tanto de profesionalidad, acorde con los estándares liberales, tenéis si estáis marginades a un grupo minúsculo de parásites?

Cuando realmente nos creamos que se puede revolucionar el mundo, que se puede sustituir al capitalismo por otro modo de organizar la vida humana de forma justa e igualitaria, entonces, no hará falta ningún texto ni ningún mitin electoral. Una sola palabra se susurrará de oreja a oreja hasta que se convierta en un grito de millones de registros al unísono: ¡insurrección!

Hasta entonces seguirá habiendo banqueres corruptes, policía represora, y polítiques males. Da igual quién juegue, pues el problema es el mismo juego al que estamos jugando. Las reglas injustas se cambian cambiando de juego (valga la redundancia), y no jugando al juego de manera distinta (pues las reglas vienen dadas por contextos institucionales, no por manuales de Monopoly). Hasta entonces seguirá habiendo injusticia.

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