Ucrania 2014: ecos del pasado

A poco que pongamos un poco de atención al discurso internacional sobre lo que está pasando en Ucrania nos damos cuenta que la cosa suena familiar: ¿están les gringues hablando de la Guerra Fría, o de la Ucrania de 2014? En estas últimas semanas hemos podido leer en Internet comparaciones directas entre la situación actual y la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, o incluso algunes se han atrevido a calificar los hechos de Nueva Guerra Fría o Tercera Guerra Mundial (¡hala!)

Lejos de ser exageraciones de los típicos grupos amantes de las conspiraciones internacionales, la verdad es que este discurso belicista (que no deja de ser preocupante) viene promovido por «altas personalidades» de la prensa y política mundial (léase Estados Unidos). En el Washington Post podíamos leer hace unas semanas al neo-conservador Charles Krauthammer decir que los Estados Unidos deberían mandar una flotilla al Mar Negro y asistir económicamente a Ucrania con 15 billones de dólares norteamericanos (que se dice pronto). John Kerry, actual Secretario del Estado, amenazaba también a la Rusia de Putin con restricciones económicas y asistencia a la (nueva fascista) Ucrania. Unas amenazas que si las pensamos de nuevo no tienen legitimidad alguna: sí, la movilización de tropas rusas en Crimea rompieron con ciertas leyes internacionales[1], pero que John Kerry lo haya señalado una y otra vez tiene su qué. Después de todo, ¿no han causado los Estados Unidos un significante número de guerras solamente para perseguir sus intereses nacionales? Un ejemplo: Iraq (Otro: Siria. Y otro más: Libia). Y que nosotres sepamos, Iraq no es limítrofe con los Estados  Unidos (como sí lo son Ucrania y Rusia).

Si miramos atrás en la historia del siglo XX la cosa adquiere morbo. En 1945, en la ciudad de Yalta (precisamente en Crimea), se realizó una conferencia entre Churchill, Stalin, y Roosevelt para lograr una paz internacional. Todo ha cambiado, y los contextos no son idénticos, pero sí que observamos similitudes que nos traen ecos del pasado. La derecha estadounidense parece haber entrado en un estado de pánico, endemoniada por fantasmas del pasado que susurran dos palabras: Guerra Fría (o jodides comunistas). El parecido más interesante entre ambos contextos históricos es el gran papel del ejército (de lo militar), el cual dicta las reglas del juego diplomático. Y es que el problema con Ucrania no es ni la soberanía de sus gentes, ni la economía. El problema parece ser el de siempre: poder. Hay que tener en cuenta que los Estados Unidos y la Unión Europea llevan largo tiempo intentando diezmar el poder ruso en el ámbito internacional. A mi parecer el aspecto más importante son los límites de la OTAN.

Ni Rusia está preocupada por los lazos económicos con Ucrania, ni los nuevos lazos económicos que ésta pueda desarrollar con la Unión Europea (después de todo, el gas ruso sigue siendo necesario en muchos países europeos). A Rusia le interesa mantener su dominio estratégico en el este, y a «Occidente» le interesa debilitar dicho dominio para aumentar su dominio. A fin de cuentas: poder, que viene a ser el problema que atormenta a nuestra raza desde tiempos inmemorables. Una Ucrania pro-Occidente significaría una expansión inmediata de las fronteras de la OTAN en términos de bases, ejercicios militares, nuevas alianzas… ¿Os imagináis qué piensa Rusia ante la idea de tener una flota estadounidense operando en una base de la OTAN en el Mar Negro? Más datos confirman que lo que prima en este conflicto es lo militar (tan ligado al concepto de poder). Para empezar, la ayuda que la Unión Europea promete a Ucrania no viene «de gratis», sino que conlleva los típicos compromisos con el neoliberalismo y, además (algo que los medios burgueses no se han dignado en mencionar hasta donde yo sé), la integración de Ucrania en el aparato militar de la Unión y todo lo que conlleva: cooperación armamentística, ejercicios comunes, simulaciones de crisis, etcétera y etcétera. Además, Rusia tiene todo el derecho de sospechar de Occidente: desde la unificación de Alemania, tres ex-repúblicas soviéticas[2] se han unido a la OTAN (y eso que los Estados Unidos aseguraron que la intención no era prolongar la Guerra Fría ni un ápice). A pesar de todo, hoy encontramos puestos militares de la OTAN en Georgia, un lugar que queda muy cerca de los intereses de Rusia.

Como anarquista toda esta retórica ultra-nacionalista me produce arcadas. Y la histeria estadounidense me parece de chiste dado el historial de rupturas con sus amadas leyes internacionales. Pero tampoco creo que el análisis anarquista de la actual situación en Ucrania requiera de tanto desdén. He leído bastantes veces en nuestros círculos que la economía es lo que está promoviendo la crisis ucraniana; que esto es una especie de «empujón capitalista» para agrandar su territorio. No creo que éste sea el principal motor de los hechos. Como he expuesto, el poder creo que prima en todo este asunto: el encuentro entre el poder de dos bloques hegemónicos que todavía existen (uno de forma muy distinta, claro está).

Notas

[1] No es que me importen, personalmente, las leyes internacionales, pero obviamente son un elemento vital para entender las relaciones internacionales entre naciones-estado.

[2] Además de un considerable número de países que firmaron el Pacto de Varsovia, el cual en pocas palabras pretendía no empeorar la situación entre la Unión Soviética y la OTAN.

Diez años de cárcel para el hacktivista y anarquista Jeremy Hammond

Con el fin de desenmascarar a gobiernos y empresas, distintas personas han colaborado para hacer públicos millones de documentos que pueden servir para estudiar el comportamiento de entidades estratégicas, como han sido los casos de Chelsea Manning (WikiLeaks) o Edward Snowden (NSA). En el caso de Hammond, uno de sus objetivos fue la agencia privada de inteligencia Stratfor, de la cual logró extraer millones de correos electrónicos que fueron publicados por WikiLeaks y delataron de forma inapelable la relación existente entre empresas privadas y agencias de inteligencia estadounidenses. Hammond, joven estadounidense de 28 años, fue detenido en abril de 2012 y su sentencia fue dada el 15 de noviembre de 2013: diez años de cárcel (máximo posible), para un caso donde se apeló desobediencia civil y la jueza enfrentó acusaciones de «conflictos de interés».

Como parte de «Anonymous» (una denominación que adoptan personas ligadas a ataques en Internet a objetivos principalmente estatales, partidos políticos o empresas privadas), Jeremy Hammond en coordinación con Hector «Sabu» Monsegur [1] y otros, lograron romper la seguridad de la agencia Stratfor y filtrar información que (en conjunto con otra) ha estado en los medios de comunicación masiva, desinformando respecto al contenido de las filtraciones que ha sido sensible para varios gobiernos [2], prácticas de las agencias de espionaje estadounidenses, espionaje masivo entre gobiernos, etc.

Hammond probablemente no pudo haber tenido éxito de no haber contado con la ayuda de Sabu. Desgraciadamente, esta persona se identificaba como Anonymous y ejecutaba acciones en pro de desclasificar información, pero posteriormente fue tomada detenida y se convirtió en informante del FBI. Luego, durante varios meses colaboró en incentivar filtraciones, otorgando información técnica muy sensible que hacía posibles los ataques por otras personas. La colaboración de Sabu con el FBI permitió posteriormente el arresto en cadena de varios hacktivistas. [3]

El día de la sentencia, Hammond tuvo la oportunidad de expresar unas palabras en torno a su caso y posible condena, de la cual traduje algunos párrafos y se reproducirán a continuación (para ver la declaración completa, puedes revisarla en Sparrow Media [en inglés]):

«… Los actos de desobediencia civil y acción directa por los cuales estoy siendo sentenciado hoy están en línea con los principios de comunidad e igualdad que han guiado mi vida. Hackeé docenas de empresas de gran renombre e instituciones gubernamentales, entendiendo muy claramente que lo que estaba haciendo estaba contra la ley, y que mis acciones podrían llevarme de vuelta a la prisión federal. Pero sentí que tenía una obligación de usar mis habilidades para exponer y confrontar la injusticia ─ y traer la verdad a la luz.

¿Podría haber logrado los mismos objetivos a través de medios legales? He tratado todo, desde peticiones mediante voto a protestas pacíficas y he llegado a la conclusión de que quienes están en el poder no quieren que la verdad sea expuesta. Cuando le hablamos con la verdad al poder somos ignorados en el mejor de los casos y brutalmente reprimidos en el peor de ellos. Estamos confrontando una estructura de poder que no respeta su propio sistema de cheques y balances contables, ni hablar de derechos de sus propios ciudadanos o de la comunidad internacional.

Mi introducción a la política fue cuando George W. Bush robó la elección presidencial en el año 2000, luego tomó ventaja de los aires de racismo y patriotismo después del 9/11 para lanzar sin provocación alguna guerras imperialistas contra Irak y Afganistán. Fui a las calles a protestar creyendo inocentemente que nuestras palabras serían escuchadas en Washington y podríamos detener la guerra. En vez de esto, fuimos etiquetados como traidores, golpeados y arrestados.

He sido arrestado por numerosos actos de desobediencia civil en las calles de Chicago, pero no fue hasta el 2005 que usé mis habilidades informáticas para romper la ley en protestas políticas. Fui arrestado por el FBI por hackear los sistemas computacionales de un grupo de derecha pro-guerra llamado «Protest Warrior», una organización que vendía camisetas racistas en su sitio web y molestaba a grupos anti-guerra. Tuve cargos bajo la ley de fraude computacional y abuso, donde la «pérdida supuesta» en mi caso fue arbitrariamente calculada multiplicando las cinco mil tarjetas de crédito en las bases de datos de Protest Warrior por 500 dólares, obteniendo un total de 2,5 millones de dólares. Mi sentencia fue calculada en base a esta «pérdida», aunque ninguna tarjeta de crédito fue usada o distribuida por mí o por alguien más. Fui sentenciado a dos años de cárcel.

Mientras estuve en ella, vi por mí mismo la cruda realidad de cómo el sistema de justicia criminal destruye las vidas de millones de personas mantenidas capturadas detrás de barras. La experiencia fortaleció mi oposición a las formas represivas de poder y la importancia de perseverar en lo que tú crees.

Cuando fui liberado, estaba entusiasmado de continuar mi involucración en luchas por cambios sociales. No quería regresar a la cárcel, así que me enfoqué en organización comunitaria pública. Pero mientras transcurría el tiempo, me frustré con las limitaciones de las protestas pacíficas, viéndolas como reformistas e inefectivas. La administración de Obama continuó las guerras en Irak y Afganistán, potenció el uso de drones y no consiguió cerrar la base de Guantánamo.

Durante ese tiempo, estuve siguiendo el trabajo de grupos como WikiLeaks y Anonymous. Fue muy inspirador ver las ideas de hacktivismo dando frutos. Me incentivaron particularmente las acciones heroicas de Chelsea Manning, quien ha expuesto las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas estadounidenses en Irak y Afganistán. Ella tomó un enorme riesgo personal en filtrar esta información ─ creyendo que el público tiene derecho a saber y esperando que sus revelaciones serían un paso positivo hacia el final de los abusos. […]

Adherí a Anonymous porque creo en la acción directa, autónoma y descentralizada. Para ese tiempo, Anonymous ya estuvo involucrado en operaciones de apoyo a la Primavera Árabe, contra la censura y en defensa de WikiLeaks. Tenía mucho que contribuir, incluyendo habilidades técnicas y cómo articular mejor las ideas y los objetivos. […]

Estuve especialmente interesado en el trabajo de los hackers de LulzSec, quienes rompieron la seguridad de objetivos significativos, volviéndose crecientemente políticos. Luego empecé a conversar con Sabu, quien estaba muy abierto sobre los hacks que supuestamente había cometido e incentivaba a hackers a unirse y atacar gobiernos y sistemas corporativos bajo el lema de «Anti Seguridad». Pero muy temprano en mi participación, otros hackers de LulzSec fueron detenidos, dejándome romper sistemas y escribir comunicados de prensa. Luego, supe que Sabu había sido el primero en ser detenido, y que todo el tiempo que estuve hablando con él era un informante del FBI. […]

Pasé un tiempo investigando Stratfor y revisando la información que ellos daban y decidí que sus actividades y bases de clientes los hacían un objetivo merecido. […]

Me tomó más de una semana ganar acceso completo a los sistemas internos de Stratfor, pero eventualmente entré en su servidores de correo electrónico. Había muchísima información, necesitábamos varios servidores nuestros para transferir los correos electrónicos. Sabu, quien estaba involucrado en la operación en cada etapa, ofreció un servidor, que había sido provisto y estaba monitoreado por el FBI. Durante las siguientes semanas, los correos electrónicos fueron transferidos, las tarjetas de créditos fueron usadas para donaciones y los sistemas de Stratfor fueron dañados y destruidos. El porqué el FBI nos contactó con el hacker que encontró la vulnerabilidad inicial y nos permitió este hack continúa siendo un misterio.

Como resultado del hack a Stratfor, algunos de los peligros de la industria de inteligencia privada sin regulación ahora son conocidos. Ha sido revelado por WikiLeaks y periodistas alrededor del mundo que Stratfor mantenía una red mundial de informantes que usaron para iniciar actividades de vigilancia intrusivas y posiblemente ilegales en nombre de grandes corporaciones multinacionales. [4] […]

El gobierno celebra mi convicción y encarcelamiento, esperando que esto cerrará la puerta a toda la historia. Me responsabilizo por mis acciones, pero ¿cuándo el gobierno dará respuesta por sus crímenes? […]

[…] Creo en el derecho individual a la privacidad ─ de la vigilancia gubernamental y de personas como yo, y aprecio la ironía de mis propias acciones que contradicen estos derechos. [5] Lo cometí en pos de trabajar para hacer de este mundo un mejor lugar para todos nosotros. Todavía creo en la importancia del hactivismo como una forma de desobediencia civil, pero es tiempo para mí de moverme a otras formas de buscar el cambio. […]

Me ha tomado mucho tiempo escribir esto, para explicar mis acciones, sabiendo que haciéndolo ─honestamente─ podría costarme más años de mi vida en prisión. Estoy preocupado de obtener 10 años, pero espero que no, porque creo que hay mucho trabajo por hacer.

¡MANTENTE FUERTE Y SIGUE LUCHANDO!«

Como ya se ha dicho, Hammond no tuvo la suerte de obtener una pena más corta, que según el sitio http://freejeremy.net/ (hecho por amigos y familiares) iba desde 0 a 10 años (considerando que ya había pasado suficiente tiempo preso como para seguir estándolo). Además, se consideran tres años de libertad «digitalmente vigilada» una vez liberado.

Los hackeos que han cometido varias personas y que se han descrito acá, han atacado fuertemente al gobierno estadounidense por sus prácticas en el estado-del-arte en vigilancia masiva. Por supuesto (como creo que quien lea ya se estará preguntando si es que no lo sabe aún), este tipo de vigilancia está siendo cometida en varios países en mayor o menor medida y en algunos casos con intervención del gobierno estadounidense, ya sea directamente o mediante empresas basadas en su territorio (¿alguien dijo Google, Facebook, Twitter y otras menos relucientes como Stratfor?).

Recientemente, se ha publicado un texto autoría de Hammond donde entrega más detalles de los gobiernos de los cuales tomó información con ayuda de Sabu (vigilante encubierto del FBI en ese entonces). Dentro de ellos se encuentran: Brasil, Colombia, Puerto Rico, Turquía, Siria, Irán, Grecia, Pakistán y otros. Un especial objetivo fue Siria, donde él argumenta que el FBI se vio beneficiado de la escalada de hackers contra el gobierno de Assad, que finalmente otorgaron más información sobre instituciones sirias al gobierno estadounidense. Según Hammond, esto es fácilmente demostrable porque se ha utilizado en su contra durante el juicio, pero como se declaró culpable, mucha información no se le proveerá. En el escrito finaliza diciendo: «… Como la transparencia gubernamental es un tema en el corazón de mi caso, alego que esta evidencia sea hecha pública. Creo que los documentos mostrarán que las acciones del gobierno fueron más allá de capturar hackers y detener los crímenes informáticos».

Notas

[1] Sabu fue reconocido por ataques exitosos contra la CIA, el FBI y otros en una época pasada, ganando (creo) confianza o reconocimiento de varios hactivistas.

[2] Varios gobiernos (dentro de ellos México y Brasil en Latinoamérica) han sido objetivo del espionaje de EE.UU., que por medio de WikiLeaks principalmente ha demostrado haber obtenido información confidencial de cada uno de ellos.

[3] Más detalles de la colaboración de Sabu con el FBI en Gizmodo (en inglés).

[4] Hammond da más detalles de cómo con su expertiz y en algunos casos la ayuda de Sabu, logró romper la seguridad de varios gobiernos que no son detallados en la página de referencia.

[5] Hammond expresa anteriormente sus disculpas con aquellos inocentes de los cuales fue revelada su información que pudiera haberlos dañado y eran irrelevantes a sus objetivos.

Barack Obama, ¿un mal menor?

Con la reelección de Barack Obama prosigue una determinada línea política mundial, continuadora de los últimos cuatro años, que algunos, sobre todo entre los sectores progresistas y socioliberales, afrontan con esperanza e ilusión, pero que muchos otros -y entre los que yo me incluyo-, vemos con desesperanza, apatía y como un acontecimiento realmente inane para el devenir histórico de nuestro futuro próximo.

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Dos caras para una misma hegemonía

Mañana 6 de noviembre 2012 tendrán lugar las elecciones de Estados Unidos. Dos candidatos  principales; dos estilos de administración; un mismo sistema hegemónico.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las elecciones de Estados Unidos son de vital importancia para todo el mundo: les ciudadanes del Estado hegemónico que domina el globo en diversos aspectos deciden quién administrará no solamente su territorio, sino también gran parte de las dinámicas transnacionales. A les que no vivimos allí se nos podría pasar por la cabeza que las elecciones nos quedan un poco lejos, pero lo cierto y verdad es que los resultados que deriven de los comicios de mañana nos influirán a todes durante los próximos cuatro años.

La dominación estadounidense no solamente es militar, por lo que un cambio de partido cambiaría las relaciones internacionales al cambiar la política exterior del ejecutivo; la dominación de la primera potencia mundial también es económica, política, social, y cultural. Económicamente, lo que hace y decide Estados Unidos reverbera en casi todos los rincones del planeta, por poner un ejemplo: los flujos transnacionales de capital, en forma de inversiones directas a través de corporaciones, parten en gran medida del gigante norteamericano, no solamente hacia países «en vías de desarrollo» sino también a países «desarrollados». De hecho, la mayor parte de los flujos de capital se dan entre tres regiones globales que acaparan a la mayoría de países de la OCDE. Estas regiones son Europa, Norteamérica, y el Asia Oriental. Por otro lado, en 2010 estos flujos de capital fueron de 1.122 billones de dólares según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, siendo Estados Unidos el mayor destinatario mundial con 200 billones de dólares.

Cultural e ideológicamente Estados Unidos también posee el dominio mundial, haciendo que su postura política sea de gran influencia en las instituciones internacionales que deciden el futuro de la economía globalizante (como el Fondo Monetario Internacional, en el cual es el primer contribuidor). Pero tal vez la mayor dominación que ejerce Estados Unidos sea la simbólica: la ideología que defiende, es decir, las ideas y valores que dan sentido a las acción humana ya sea en la esfera económica, en la política, o en la social, es la dominante a nivel global. Y por lo tanto nos afecta a todes, pues en menor o mayor medida todos los Estados están ligados de una forma u otra a dinámicas transnacionales que se escapan de su control directo.

No obstante, que  mañana gane Obama o Romney solamente tiene una importancia superficial. El estilo de administración de los dos candidatos es claramente distinto, pero la ideología que los dirige es exactamente la misma. Y no es cuestión de si las corporaciones y los lobbies dominan la estructura política de la potencia hegemónica; también es cuestión del ethos que da sentido a la vida de les norteamericanos, quienes votan virtualmente en nombre de todo el planeta. La cultura estadounidense, pues, es exportada a lo largo y ancho del planeta por diversos medios como instituciones, conferencias, o películas. Hollywood es, seguramente, la mayor exportadora de hegemonía estadounidense, y sin duda es efectiva.

De ahí que hablar a día de hoy de imperio no es tan descabellado. Y mañana ese imperio decide la cara que le representará ante el mundo entero: una cara que no importa si es negra o blanca pues los poderes que la sustentarán son los mismo, y sus intereses capitalistas no cambian.

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