[Recomendación] El tiro por la culata. Sobre Podemos y la crisis civilizatoria

El tiro por la culata: nueve tesis sobre el fenómeno PODEMOS y la crisis civilizatoria

Me ha impactado tanto (positivamente) la lectura de este texto en el blog de Emilio Santiago Muiño que considero necesario recomendarlo aquí con una entrada dedicada.

El texto utiliza a Podemos para recorrer algunas de las críticas y aportaciones más necesarias a la reflexión política actual, sobre todo a aquella que quiere contribuir desde la óptica anarquista (en un sentido amplio) a los movimientos sociales que están hoy respondiendo a los ataques del capitalismo. La lectura del momento social del texto tiene su punto de partida en una visión libertaria constructiva (escéptica con lo institucional, pero no ideológicamente enfrentada a sus partidarios), estratégica (capaz de ver el potencial y las miserias del experimento Podemos), que renuncia a la ortodoxia anarquista pero que es al mismo tiempo, o quizá por ello, una visión crítica y transformadora.

Es de destacar el análisis crítico de la deriva de Podemos, que es una crítica a la propia dinámica electoral. Resumiendo podríamos decir que cualquier partido político con vocación de gobernar en el momento actual debe incorporar elementos interclasistas y, por tanto, alejarse de la difusión de ideas transformadoras para acercarse al centro político, donde se juegan las mayorías. En palabras de Emilio, «el caballo del Estado tiene reglas que hay que cumplir si quieres montarte sobre él«. Es clarificadora de esta presión ineludible esa imagen que utiliza el texto de Jorge Riechmann espantando electores en un mitin o tertulia política debido a su compromiso ecológico sin concesiones.

Partiendo de ese análisis creo necesario remarcar que, como los libertarios siempre hemos defendido, el verdadero desafío estaría entonces en desplazar el centro político a la izquierda. O, en otros términos, disputar la hegemonía cultural. Esto implica difundir los valores revolucionarios mediante la pedagogía y la propaganda al mismo tiempo que se defienden (y, llegado el caso, se toman) las instituciones económicas y sociales. En eso, tiene mucho más que decir la participación diaria en los conflictos sociales con una perspectiva de empoderamiento popular que el triunfo institucional. Acepto la idea del texto de que los gobiernos de izquierdas también han posibilitado el desarrollo de luchas radicales que realizaban enmiendas a la totalidad del sistema. Lo determinante es, por tanto, reconocer que si la mayoría social vuelca sus ilusiones en lo institucional se debe a que los libertarios llevamos años desertando de disputar los espacios en conflicto. Los que apostamos por el cambio consciente de las mayorías sociales tenemos la llave de la debilidad de Podemos. Se trata de reconstruir el «sentido común» desde unos valores radicalmente distintos a los de la «democracia» liberal; un cambio tal como el logrado, por poner un simple ejemplo, por el feminismo en lo referente a la aceptación social del aborto.

En palabras de Emilio: «Me parece mucho más preocupante la carencia de fuerzas no institucionalizadas que puedan radicalizar un hipotético gobierno de PODEMOS, y sobre todo  ayudar a solventar, desde la base,  problemas sociales capilares a los que un Estado en contracción fiscal y energética nunca podrá llegar. Especialmente cuando esté se vea atrapado en una pinza formada por sus incumplimientos electorales, la pauperización creciente y el auge de un rupturismo de extrema derecha.«

Hay un punto especialmente controvertido, convenientemente argumentado, que daría para el debate. Según el texto el agotamiento del ciclo de luchas no institucional es resultado no sólo de la irrupción de las propuestas electorales en donde algunos militantes han depositado sus esperanzas (Podemos, Ganemos…); si no también y fundamentalmente de los propios límites de las propuestas asamblearias barriales (como las que impulsó el 15M). Aún más, de los propios límites de la autogestión.

Comparto la afirmación de Wilde de que el socialismo requiere muchas tardes libres, incluso podría aceptar que cierto grado de profesionalización sea un mal necesario para que el anticapitalismo deje de ser una opción marginal. Con todo, creo que se descarta con demasiada facilidad el ejemplo de Lavapiés. Quizá sea este barrio «un gueto cultural anticapitalista con una población de perfil militante absolutamente desproporcionada en comparación al resto de Madrid y del país», pero en esa asamblea hay personas que trabajan, que disfrutan y viven… y que sacan buena parte del trabajo político del barrio adelante. Sin pretender con esto enterrar definitivamente las críticas a la propuesta de autoorganización barrial que puso sobre la mesa el 15M (sobre las que resulta necesario reflexionar para construir un modelo de lucha y participación política democrático y anarquista), sí pretendo indicar que estamos bien lejos aún de poder determinar los límites de la autogestión en los barrios.

Para finalizar, merece especial relevancia la crítica realizada a Podemos desde una perspectiva ecológica muy lúcida. Comparto cierta preocupación curiosa sobre si un gobierno de Podemos sabría marcar la linea entre la táctica electoral, que requiere simplicidad en los discursos, y la urgente necesidad de un cambio radical en la política ecológica. Un cambio que es, además, incompatible a todas luces con el mantenimiento de los procesos de acumulación capitalista. Aquí el problema vuelve a entroncar con el que repetidamente señala el texto: La necesidad de fuerzas sociales autónomas que impulsen el cambio social. Unas fuerzas que se encuentran disgregadas, que son las únicas capaces de impedir que la estrategia electoral se vuelva contraproducente para las aspiraciones anticapitalistas y que evitarán un reflujo hacia tendencias políticas reaccionarias. Un poder popular fuerte que está aún por crear.

El texto al que hace referencia esta entrada: https://enfantsperdidos.wordpress.com/2015/04/12/el-tiro-por-la-culata-nueve-tesis-sobre-el-fenomeno-podemos-y-la-crisis-civilizatoria/

Crecimiento de la ultra-derecha en el Estado español

La extrema derecha vuelve a primer plano en Europa aunando populismo y crisis, pero con distintas variantes. De un lado los partidos de la ultra-derecha, populistas y racistas que aparecen como opciones de poder, con parlamentarios en la mitad de los países de la UE y con gobiernos en Bulgaria y Letonia. Es el caso del Frente Nacional francés renacido con Marine Le Pen, Interés Flamenco de Bélgica, el Partido Popular danés, el Partido de la Libertad holandés o el austríaco que, con el mismo nombre, acaba de quedar en segundo lugar en las recientes elecciones. También del Partido del Progreso noruego -en el que había militado Anders Breivik, autor de la masacre de la isla de Utoya- que acaba de entrar en el gobierno.

Del otro, los partidos neo-nazis, con grupos de choque, como Alba Dorada que en estos días llenaban los periódicos por el asesinato de un militante de izquierdas, o los paramilitares de la Guardia Húngara.

En el Estado español, a las argumentaciones estándar propias del fascismo se les suma el tema de la unidad de la patria, así como las características del Estado de la Transición y las del PP: ¿hacia donde vamos y qué hacer?

El fascismo aquí: anida en el Estado, se desarrolla en sus políticas y se organiza sobre todo en el PP

Siempre hemos denunciando al régimen actual, como continuador del franquismo, con el que nunca rompió. Ha sido este régimen quien, con la cobertura «democrática» de la Constitución del 78, ha mantenido el aparato de estado del franquismo, y especialmente ejército y policía, para reafirmar la «unidad de España», negando el derecho a autodeterminación de los pueblos y conservando la dependencia de la Santa Sede alrededor La violencia institucional durante la Transición se cobró 188 víctimas: unos durante la represión en el 76% de las manifestaciones, otros en asesinatos en comisaría, o a manos de grupos anti-terroristas, o de grupos de ultra-derecha «incontrolados».

Entre estos últimos, unos actuaban directamente junto a la policía en la represión –como los Guerrilleros de Cristo Rey en diversas ocasiones-; otros, como los que asesinaron a nuestra compañera Yolanda, o a los abogados de Atocha, eran de Fuerza Nueva, y en connivencia con las fuerzas del Estado y la justicia, o no cumplieron condena o esta fue simbólica, cuando no siguieron trabajando para el Estado, como en el caso del asesino de Yolanda, Hellín. Pero no acabaron los asesinatos impunes de la ultra-derecha en la Transición, sino que aún en 1993, caía Guillem Agulló a manos de un militante de Alianza Nacional.

Han sido las leyes propugnadas por este Estado, que más allá de la Ley de Memoria Histórica, hecha para salir del paso y que ha muerto de inanición, han permitido dejar intactos símbolos franquistas como el monolito del Valle de los Caídos, símbolo que incluso el Consejo Europeo recomienda eliminar. Es el mismo Estado el que ha impulsado el rechazo a las menores iniciativas nacionalistas, sean plan Ibarreche o Estatut de Catalunya, o decretado leyes como la de extranjería que han golpeado sistemáticamente a los y las trabajadoras inmigrantes, generando xenofobia a la par que iba fragmentando a la clase obrera.

Ha sido el PP que, continuador de Alianza Popular, recompuso políticamente el franquismo a partir de los 7 partidos organizados por 7 ex-ministros (los siete magníficos) y encabezados por el vicepresidente de Franco, Fraga. Cosa que todavía hoy prevalece como demuestran hechos recientes. Así en agosto, cargos y miembros de Nuevas Generaciones (Juventudes del PP) valencianos y de Castilla La Mancha, posaban en público con banderas del ludos fascistas. Una actitud «juvenil » afirmó el PP.

Más granadita es sin embargo, la alcaldesa popular de Quijorna (Madrid), Mercedes García, quién autorizó una feria en una escuela pública en la que se vendían banderas nazis y franquistas y al día siguiente presidía un homenaje a los caídos «Por Dios y por España». No ha dimitido y no se sabe que haya sido sancionada por el PP. Tampoco lo ha hecho Senén Pousa, alcalde popular de Beade (Ourense), que se declara «franquista» y tiene un altar dedicado al dictador en su despacho… O la presencia de miembros del gobierno en la macrobeatificación masiva, en Tarragona el 12/10/13, de 522 religiosos profranquistas muertos durante la guerra.

De todo esto podemos deducir la existencias de unas raíces fascistas todavía activas como afirma Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, que considera que existe una masa sociológica franquista, que sitúa en «más de un 10%» de los votantes del PP (El País, 5/10/13)

Se desprenden y radicalizan alas del PP

Este Estado y estas políticas, facilitan que en una situación de crisis, y con una mayoría absoluta, el PP recrudezca sus rasgos más fascistoides, como en la LOMCE, la ley del aborto, la reforma del código penal… Pero esas acciones, que tensan la situación social, facilitan la expresión o la ruptura de alas de esos votantes del PP.

Y se reproduce el proceso europeo. El equivalente a los de ultraderecha populistas, serían aquí partidos que pueden poner distancia de los recortes de los gobiernos de turno, y que toman como bandera la unidad nacional –uno de los leiv motiv del franquismo-: los lerrouxistas de UPyD o de Ciutadan’s. Y ello aún cuando el PP les deja poco espacio y pueden coincidir, como en no votar la condena del franquismo hace unos días en el Parlament de Catalunya, o en la convocatoria de «Som Catalunya, somos España» de Barcelona del 12 O. Antes de ellos otra organización, apoyándose en el racismo más visceral, se había aupado a muchas concejalías catalanas: se trataba de Plataforma por Catalunya mucho más cercana a los grupos nazi-fascistas pues han protagonizado algunas agresiones, dando así el salto hacia la violencia explícita.

También se fortalecen alas aún más radicalizadas y de choque, nazi-fascistas, como Falange Española, Alianza Nacional, Democracia Nacional y España 2000. No es que antes no existieran, como demuestran inmigrantes y jóvenes asesinados –como Carlos a manos de un soldado del Ejército de Tierra miembro de Democracia Nacional-, o la existencia de la librería nazi-fascista Europa en Barcelona. Pero el asalto a la librería Blanquerna en Madrid, el pasado 11, o la organización de autocares con militantes fascistas de todo el Estado, para concentrase el 12 O en Barcelona –que sólo reunió unos 300-, les dan protagonismo. Y marcan la profundización del giro que también se agudiza en estos grupos, de poner en primer plano la defensa a ultranza del tema nacional. Su mejor expresión, fue la participación en la convocatoria de PP y C’s, de Plataforma por Catalunya, del neonazi Casal Tramuntana, Falange Española y de las JONS y España 2000, amalgamados todos en la defensa de la unidad de España.

Una política frente al fascismo

Pero el fascismo es algo más que racismo y centralismo. Es esencialmente la opción del capital financiero cuando precisa aplastar a la clase obrera y a sus organizaciones con métodos de guerra civil. Por eso, cuanto más se profundiza la crisis, y menos alternativas sólidas aparecen de la izquierda que ofrezcan salidas a la miseria, más peligro hay de que crezcan las opciones desesperadas que giran a la derecha, o de que sectores de pequeña burguesía pidan salidas de orden.

Esa es la base social del fascismo y aún no se ha desarrollado en el Estado español. Pero, como marca el avance de Alba Dorada en Grecia, a nuestro alrededor están dadas todas las condiciones, con la diferencia de que aquí, como históricamente ha ocurrido, la bandera inicial de su resurgir es la unidad de España.

Esto nos obliga a tener una política frente a su ascenso. No se trata de centrarnos en conseguir que se prohíban o ilegalicen las bandas fascistas, por más que podamos denunciar la doble vara de medir cuando se prohíben partidos de la izquierda abertzale y no se hace nada con las bandas fascistas. Pero poner el eje ahí es alentar la falsa expectativa de que será el Estado quien nos defenderá del fascismo – cosa que es imposible por sus propias características- y anestesia para enfrentarlo directamente. Tampoco se trata de «unir a los demócratas » contra el fascismo, borrando la frontera de clase, puesto que la burguesía, aún la más aparentemente demócrata, ha demostrado desde el mismo aparato de Estado de qué lado está. Y no sólo recientemente –Ley de Partidos por ejemplo-, sino en su historia posicionados junto a Primo de Rivera o Franco.

Que los hay honestos, sí, pero no es el frente con sus organizaciones –que son de clase- el que combatirá al fascismo, sino que hacerlo debilita el frente obrero que sí debiera existir para derrotarlo. Porque en primer lugar se trata de impulsar una política con salidas realistas a la crisis y especialmente para los y las trabajadoras que sufren la miseria del sistema, a la vez que se defiende el derecho democrático de la autodeterminación de los pueblos. Y difícilmente ofreceremos salidas convincentes de la mano de quienes con, mejores o peores palabras, tienen los intereses opuestos.

Por lo tanto se trata todavía hoy y aquí –en Grecia ya se pasó a otra fase- de fortalecer los debates y las resoluciones en las organizaciones del movimiento obrero, juvenil y popular, porque /tenemos que prepararnos para resistir los ataques fascistas que serán violentos y deberán encontrarnos preparados para defendernos. Porque al fascismo no se le discute, se le destruye, y eso pasa en primer lugar por arrebatarle hoy, su posible base social.

28 de octubre de 2013

Luis Carlos Gómez Pintado “Luca”
Militante de Lucha Internacionalista

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Amanecer Dorado: fascismo sistémico y excusa para aumentar la represión

Hace unas semanas nos «sorprendían» con el arresto de varios políticos de Amanecer Dorado, incluido el líder máximo Nikolaos Michaloliakos. Lo que para algunes podría parecer una acción de buena fe por parte del gobierno conservador de Antonis Samaras, para otres nos parece una jugada de ajedrez perfectamente planificada.

En las últimas semanas Internet se ha llenado con artículos al respecto, siendo éste de Libcom uno de los más interesantes de leer (aunque está en inglés). El análisis crítico de los medios críticos-contestatarios ha sido preciso y completo. Ante la pregunta ¿por qué ahora y no antes? caben múltiples respuestas: que si el gobierno de Nueva Democracia temía una escalada de violencia anarquista, que si lo que temían era la pérdida de apoyo/votos entre sus filas, etcétera…

No obstante, personalmente me inclino a pensar que el movimiento del gobierno de Samaras ha sido más bien la antesala de lo que realmente nos toca por vivir en Grecia. Un movimiento repleto de peligros para les anarquistas (y otros grupos de carácter subversivo) pero también para el propio gobierno conservador. Me explico más abajo.

Hace unos días nos enterábamos que dos de los detenidos eran soltados bajo fianza, y se espera que Michaloliakos no tarde en salirse con la suya. La especulación es lo que tenemos por el momento hasta que la información se vaya filtrando poco a poco, pero cualquier persona familiarizada con la historia contemporánea de Grecia habrá atado cabos mentales de forma automática. ¿Cómo se explica que un día el gobierno trate «con mano dura» a les fascistas, y al siguiente les dejen sueltos? La respuesta podría ser (y repito que esto es mera especulación, eso sí, con fundamento histórico) la más sencilla del mundo: el Estado de Grecia destinaba parte del presupuesto secreto de seguridad nacional para financiar a les fascistas de Amanecer Dorado. No sería la primera vez que un Estado financia a grupos paramilitares de corte fascista, ¿verdad?

En el caso de Michaloliakos la historia no parece jugar a su favor. El dirigente fascista era arrestado en julio de 1978 y puesto en prisión en 1979 por tenencia de armas y explosivos, así como por pertenencia a un grupo terrorista de ultra-derecha. Esto le conllevó la expulsión del ejército, donde había ingresado tras su primera estancia en prisión en el año 1976 (por agredir a ciertos periodistas críticos). Los hechos de 1978 se relacionan directamente con una escalada de violencia en contra de los distintos grupos radicales que se empezaban a movilizar tras el final de la dictadura en 1974. Ciertas fuentes internas filtraron que el grupo fascista operaba con dinero del Estado y estaba en contacto con los servicios de inteligencia griegos. [1]

Dado que la naturaleza de los presupuestos griegos para seguridad nacional es secreta, es decir, no se publica el destino ni la cuantía de las transacciones, no nos queda otra que esperar para confirmar lo escrito en el párrafo anterior. Sin embargo, el asunto de la financiación de Amanecer Dorado es mucho más turbio, pues se baraja la posibilidad de que ciertos patriarcas (dirigentes ortodoxos de Grecia) destinaban dinero al grupo fascista, así como ciertos magnates de la industria marítima (recordemos que el comercio marítimo es la actividad económica «tradicional» en Grecia desde hace dos milenios. De hecho, tienen la flota más grande del mundo hoy en día, y solamente los ingresos del turismo reportan más millones). De ser todas estas conexiones reales, ¿qué podemos esperar del gobierno de Samaras? Desde luego que tendrán que contestar a les fascistas de nuevo para que no abran la boca.

Uno de los elementos que me llama la atención es el caso del diario Proto Thema, una publicación que sin tener simpatía alguna por el partido Amanecer Dorado, de la noche a la mañana, se dedica exclusivamente por periodo de un año a publicar artículos en defensa de les fascistas y sus acciones. [2] ¿De la noche a la mañana? ¿Y solamente en un año? Sin pruebas nada se puede confirmar por completo, pero el asunto huele a que alguien desembolsó una gran cantidad de millones para comprar la línea editorial del periódico (cantidad de millones, que por otra parte, no puede ser aportada por les afiliades al partido fascista, ¿verdad?).

Así que cuando hablamos del fascismo y violencia de Amanecer Dorado no debemos hacerlo como si fuera un fenómeno individual, aislado en ciertos sectores sociales griegos. Hemos de hacerlo de forma sistémica, pues el fascismo de Amanecer Dorado es una cuestión de relaciones políticas y de poder. Que el fascismo estaba institucionalizado quedó claro cuando se filtró la cifra de policías atenienses que votaron por les fascistas . O cuando nos enteramos que tenían en preparación un mini-ejército fascista entrenado por comandos especiales del ejército griego. La connivencia entre Estado y fascismo en Grecia es algo estructural, algo que posibilita solamente el Estado mediante sus instituciones y recursos materiales.

Ahora, la parte no menos preocupante es el uso que pueda dar (y que dará) el Estado griego al contexto que él mismo ha generado. En estos últimos días Antonis Samaras ha estado predicando a los cuatro vientos en esferas internacionales que el problema de Grecia es «un problema de extremos.» De esto solamente cabe sacar una conclusión: ahora se están ocupando de un extremo, pero queda otro (¿el nuestro?). Cuando Samaras dice que su gobierno se encargará de los extremos está diciendo, implícitamente, que los siguientes serán les anarquistas, les famoses encapuchades que agitan las calles de Grecia. La represión ya comenzó con el cierre de okupas míticas, lo que tenía un doble propósito por aquel entonces: 1) despojar de organización al creciente movimiento anarquista, y 2) dejar la vía libre a les fascistas para imponer su orden social (tengamos en cuenta que las okupas griegas cumplen una doble función: la de difundir y aplicar las ideas anarquistas, pero también la de otorgar seguridad a les vecines del barrio, pues la gran mayoría de ellas, sobre todo en Atenas, se encuentran en barrios de clase trabajadora e inmigración). A nadie le debiera extrañar si en los próximos meses (o semanas) la policía griega empieza a detener masivamente a anarquistas acusándoles de pertenencia a banda terrorista.

A nuestres compañeres griegues solamente les queda una vía: la de la resistencia activa en las calles y en los barrios. Aunque queda para el análisis las tácticas a usar debido al cambio de paradigma en el contexto socio-político del Estado griego. De momento parece que el movimiento (si es que existe tal unidad entre los grupos autónomos griegos) está leyendo las cosas de manera sosegada y con mucha calma. Recordemos que tras el asesinato de Alexis en diciembre de 2008 una asamblea espontánea de considerable tamaño se organizó en cuestión de minutos. La conclusión fue apoyada por consenso absoluto: fuego a las calles. Tras el asesinato de Fyssas la magnitud de la respuesta anarquista fue mucho menor en comparativa, y según me han informado los grupos atenienses están a la espera intentando sacar algo en claro de toda esta situación un tanto rocambolesca. Un movimiento en falso ahora podría conllevar una operación policial represiva sin precedentes.

Lo único que queda decir es que la solidaridad no les faltará.

¡Muerte al fascismo, al Estado, y al capital que lo financia!

Notas

[1] Las referencias periodísticas no se citan debido a que están en griego, y la mayoría de ellas me fueron transmitidas de forma oral. De encontrar algo en inglés (suponiendo que es el segundo idioma que la gente lee tras el castellano, que tal vez no sea cierto) editaré el texto añadiendo dichas referencias. De cualquier manera, para aquellas personas interesadas en las referencias griegas, por favor, que dejen un comentario en el texto y las pediré de nuevo para colgarlas al final de este texto. Mientras tanto, para aquella gente que quiera satisfacer su curiosidad, la entrada en Wikipedia no es un mal comienzo.

[2] Proto Thema es una publicación que siempre ha estado en el punto de mira por sus publicaciones populistas. Incluso regalaban con sus números DvD pornográficos para cierto tipo de cliente. Las pruebas sobre su colaboración directa con Amanecer Dorado no existen per se, pero es conocimiento popular que algo sucio sucedió en el periódico.

El retorno del haz de lictor

Hay a quienes hoy en día la idea de un nuevo resurgimiento del fascismo les pareciere una idea ridícula. Lo vencimos, lo erradicamos. Perseguimos a las tropas alemanas hasta el Nido de Águilas, Hitler se suicidó y Mussolini fue colgado por partisanos italianos. Lo vencimos. Entonces vino la democracia, la libertad, los derechos civiles, la derrota del bloque soviético, el fin de la historia, en palabras de Fukuyama, líder espiritual de los neocon.

Nuestro país, más que ningún otro, debería conocer la mentira que todo ello supone. Durante treinta años se mantuvo aquí un régimen de base fascista sin que eso supusiera conflicto alguno con los regímenes demoliberales de su entorno. La relación entre fascismo y Gran Capital ya ha sido de sobras demostrada, nombres tan conocidos como Hugo Boss, Volkswagen, Fiat o Banesto aparecen completamente asociados durante el dominio de los fascismos. Todos ellos son líderes en sus respectivos sectores económicos.

¿Cuál es exactamente esta relación? La historiografía burguesa, es decir, la historiografía de los Estados demoliberales que ganaron la segunda guerra mundial, a menudo explica el fascismo, o su variante nacional-socialista, como producto del empoderamiento de un psicópata. Todos hemos oído esa historia: Hitler, un loco con carisma obsesionado con la supremacía aria, logra engañar al pueblo alemán y hacerse con el poder, tras lo cual desarrolla sus planes de supervillano de la edad de oro del cómic norteamericano.

No afirmo, y menos aún teniendo en cuenta su autobiografía, que Hitler fuera lo que entendemos por una persona libre de traumas psicológicos. Sin embargo, su llegada y, sobre todo, su permanencia en el poder no se explican si no se tienen en cuenta el sostén que supuso para su partido la gran burguesía alemana a partir de los años treinta. La cuestión de cómo este sector social acabó dando su apoyo al fascismo, cosa que no solo hizo en Alemania, sino también en Italia y España, se explica con facilidad.

Todos los países en los que el fascismo triunfa tienen varios elementos en común: la descomposición del orden capitalista, especialmente de sus relaciones productivas y de mantenimiento del Estado, la agudización de la lucha de clases y el inevitable fracaso de otras salidas. Es decir, estos países se encontraban en una situación que posibilitaba el triunfo la revolución social de la clase trabajadora. La alta burguesía, atemorizada, cierra filas en torno a los movimientos fascistas con el objetivo de fortalecer hasta el máximo el Estado burgués, unificar a la clase capitalista y liquidar el movimiento obrero revolucionario.

Volviendo al ejemplo de Alemania. Tras la primera guerra mundial Alemania se sume en una crisis producto del endeudamiento que supone la guerra y el debilitamiento tanto del Estado como del ejército. Ante esta crisis la burguesía acaba por partirse y el movimiento obrero se torna revolucionario, protagonizando la formación de consejos y levantamientos populares. Es aquí cuando aparece la socialdemocracia como salida, como pacto de clase entre la clase obrera y la burguesía. Desde el punto de vista de los socialdemócratas, una retirada pactada de la burguesía que dará paso, gradualmente, al socialismo, a la república de los trabajadores. El fracaso de la socialdemocracia alemana de solucionar la crisis del capitalismo, al ser ésta una crisis solo salvable por la revolución de la clase trabajadora, fue lo que aupó al poder al Partido Nacional Socialista. Se ha hablado mucho de la matanza de seis millones de judíos pero muy poco de la persecución que sufrieron los elementos revolucionarios del pueblo trabajador. No digo con esto que lo primero no sea relevante, pues el señalar un mítico  enemigo es el recurso del fascismo para crear un pensamiento único que le permita unir y, en definitiva, subordinar al pueblo al Estado corporativista.

Sin embargo, la destrucción del movimiento obrero es su principal raison d´etre. Solo tras ello pudieron  refundarse, tras la segunda guerra mundial, los regímenes demoliberales en Europa occidental. Volviendo a la cuestión introducida más arriba. ¿Es posible en la actualidad el resurgimiento del fascismo? Lo cierto es que nos encontramos en una crisis que recuerda en cierta medida a la crisis del período de entreguerras. La situación de España o Grecia, endeudadas ante el imperialismo europeo no está muy alejada de aquella República de Weimar, igualmente endeudada ante Francia y Reino Unido. Con todo, las fricciones sociales y la agudización de la lucha de clases aún no ha llegado, menos todavía en España, al nivel de entonces. Mientras esto sea así lo que vamos a ver es la imposición de las salidas pactadas. Aquí distinguimos dos posibles salidas. Por un lado, puede darse (y, de hecho, se está dando) la formación de un Estado autoritario al estilo de la dictadura Primorriverista o del Estado Novo portugués. Las instituciones del régimen demoliberal se tambalean, se forma entonces un gobierno de concentración, se resta importancia al parlamento y se refuerza el aparato represor del Estado, mientras se pretende buscar el pacto con ciertos sectores del movimiento popular (no olvidemos aquí el pacto que se da entre Primo de
Rivera y la UGT o el apoyo del Partido Socialista a la monarquía Italiana). Todos estos elementos los estamos presenciando actualmente en Grecia, España o Italia.

Ocurre, sin embargo, que la salida del Estado autoritario puede no llegar a solucionar las tensiones sociales generadas por el capitalismo en crisis. Aquí es cuando puede producirse la segunda salida, producto de la división de la burguesía y del pacto entre los sectores progresistas-liberales de la burguesía y el movimiento obrero. Es la salida que proponen Syriza en Grecia o Izquierda Unida en España, la configuración de una socialdemocracia. Cuando, repito: inevitablemente, la socialdemocracia Alemana fracasa, cuando fracasa la república de la izquierda burguesa en España, en sus proyectos de alianza de clase es el momento en que, temiendo la revolución obrera
(única salida posible a la crisis del capital) la alta burguesía pasa a dar su apoyo a los fascismos.

Debemos entonces estar advertidos. Ningún pacto de clase es solución a la crisis, ésta solo puede lograrse mediante el triunfo total de la clase obrera, la eliminación del Estado burgués y la imposición de un nuevo orden económico, social y político basado en la libre organización del pueblo trabajador, en la descentralización de la economía y, en definitiva, en el avance del socialismo. Quienes defienden cualquier forma de pacto de clase están defendiendo no la solución al problema del capitalismo, si acaso su prolongación, que solo facilita la posibilidad del resurgimiento del fenómeno social que es el fascismo. Un triunfo de Syriza en los próximos años podría significar, no mucho después, un triunfo de Amanecer Dorado, ya fuera electoral, mediante una tranquila «marcha sobre Roma» (la socialdemocracia tiende a desarmar a la clase trabajadora) o bien mediante un levantamiento violento. A no ser, claro está, que esto sea impedido por el pueblo griego. Paralelo sería el caso de España, si el bipartidismo se descompone y triunfa Izquierda Unida, ¿cuánto tardaría la burguesía en apoyar a un movimiento de carácter fascista? La revolución es la única salida posible. Trabajemos pues, los revolucionarios, en facilitarla y, para ello, necesitamos construir un pueblo fuerte. Solo así es posible el definitivo triunfo ante los haces de lictor.

Fran.

La base del fascismo griego no nos dista tanto

«Gracias, Grecia. Nuestra Herencia» es el título del famoso vídeo que unes estudiantes de instituto en Murcia hicieron en honor a la «cultura griega.» En un intento de dar ánimo a la sociedad griega—que tan malamente lo está pasando a causa de la crisis capitalista—, les chavales enumeran en el vídeo una gran lista de elementos altamente valorados: que si filosofía, que si dialéctica, que si democracia… Pero con tanto «que si esto» y «que si lo otro» lo que hicieron no fue otra cosa que reproducir, una vez más, la base del ultranacionalismo griego que todo el mundo acepta sin rechistar.

El primer atropello que me viene a la cabeza es el querer identificar la sociedad actual del Estado griego con la sociedad ateniense—entre otras polis independientes—de la época clásica. Nada, absolutamente nada, tiene que ver la una con la otra, y si hoy en día la historia oficial dibuja un continuo histórico entre la Atenas de Sócrates y la Atenas del capital en crisis es por cuestiones nacionalistas. Si atendemos un poco a la historia de la creación del Estado griego, veremos con facilidad que el movimiento nacionalista se sirvió desde un primer momento de la historia de las personas que vivieron en la península siglos atrás, aunque poco o nada tuvieran en común. Las gentes de eso que hoy llamamos «Grecia» estuvieron por siglos separadas en ciudades independientes, para posteriormente pasar a estar bajo dominio Otomano por unos cuatro siglos. En esos cuatrocientos años nada de lo que se cocía en Europa pasó a «Grecia.» Ni el Renacimiento, ni la Ilustración, ni la Revolución Industrial.

La idea de que la sociedad moderna griega desciende directamente de la «Grecia clásica» coge fuerza a principios de siglo XIX, y no lo hace precisamente en territorio griego sino en Europa, donde la gente ilustrada traza una genealogía del pensamiento occidental que lleva directamente a los filósofos de la Grecia clásica. De esta manera se empieza a hablar con fuerza de «la herencia griega», de «las raíces griegas», de «nuestros padres griegos.» La democracia, esa forma de organización política que tantas mentes radicales agitaba en el siglo XIX también era asociada directamente con la Grecia clásica. Esto indudablemente alentó a las fuerzas liberales y conservadoras de Grecia para luchar por la unificación pan-helénica, librándose así del yugo turco. Hasta mediados de siglo XIX no se realiza en la academia ninguna conexión directa entre la «Grecia clásica» y la «moderna.» Lo hace Konstantinos Paparrigopoulos, a pesar de las dudas que el historiador austriaco Fallmerayer—quien dudaba de esta «herencia griega»—puso años antes, específicamente en 1830. El movimiento nacionalista adquirió mucha fuerza dentro de las fronteras, pero sobre todo fuera de ellas—¿sabíais que la «herencia griega» alcanzó tanto caché que en los primeros años de independencia estadounidense se planteó instaurar el griego como idioma oficial en vez de el inglés?

Esta obsesión por lo clásico se refleja muy bien en la educación del Estado griego. Hasta 1976 les chavales aprendían en el colegio una forma «purificada» del griego moderno—o katharevousa. La gente hablaba en su vida cotidiana otro griego, el «griego hablado o demótico.» Pero si algo ha propiciado esta obsesión con las «glorias del pasado» es una sociedad profundamente nacionalista, segura y orgullosa de eso que llaman «su pasado», lo que es indudablemente un gran factor propiciador de cosas como el fascismo—aunque no el único, ni suficiente elemento, desde luego. Pero como todo nacionalismo—todos ellos artificiales y sesgados—, el nacionalismo griego sólo coge del pasado lo que le interesa, y así se olvida de cuatrocientos años de influencia otomana. Ya desde el siglo XIX, cuando se empezó a elaborar el discurso nacionalista-conservador, se identificaba «turco y Turquía» con «barbarie y retraso»—como si las gentes de Grecia hubieran vivido al margen del Imperio Otomano. De la noche a la mañana todas las gentes de la región griega quedaron unificadas bajo el paraguas de un «dorado pasado común», el cual era profundamente anti-turco. El mantenimiento de la estructura de la iglesia ortodoxa también influyó en el sentimiento nacional, pues es otro elemento que les distingue de muchas gentes de Europa.

Y de todo esto bebe el fascismo de Amanecer Dorado. Que si la democracia es un invento suyo. Que si son los maestros de la política y la dialéctica. Que si la civilización europea no es nada sin Grecia. En definitiva, que si lo uno y que si lo otro—lo más estúpido que he leído al respecto es que el sushi japonés es una copia de las dolmades griegas. Vamos, que la humanidad entera estaría perdida sin la Grecia clásica. Gracias Dios por mandarnos a los gladiadores de Amanecer Dorado que protegen nuestra raíces. «Nuestra  herencia.»

El discurso se reproduce por todo el mundo de boca en boca, y lo hace sin despertar sospecha ni crítica. Me consta muy bien que el vídeo de les estudiantes del instituto murciano no fue muy bien recibido por los movimientos anarquistas y de izquierdas, precisamente porque elles están intentando romper con esta idea nacionalista. Los diferentes estados del planeta ya se encargan, a través de los medios de comunicación y de educación, de inculcarnos estas ideas nacionalistas que justifican la existencia de esos aparatos represores que son los estados—los mismos aparatos que alimentan, protegen, y utilizan a grupos fascistas para ejercer su dominación.

Cerrando ya esta opinión, lo peor de todo, diría yo, es que los discursos nacionalistas atraviesan fronteras y adquieran una existencia tan objetiva que la gente los toma por verdades absolutas. Que la «democracia» es un invento «griego» es tan verdad como que el sol saldrá mañana—o así lo piensan muches. Pero lo que es mucho peor: la gente, alentada por la propaganda nacionalista-fascista, acepta que esos «inventores griegos» son los «abuelos de los griegos de hoy.» Alguien les debería recordar los cuatrocientos años de influencia otomana. Pero sobre todo alguien nos debería recordar a todes que todos los nacionalismos son artificiales; no existe en el mundo ni tan siquiera una nación «natural.» Si se quiere, la única nación: la raza humana.

Cuando el fascismo crece

En una sociedad en la que las relaciones sociales se rigen por valores liberales la semilla del fascismo dormita latente en todos los aspectos de la vida humana. Y como toda semilla, una vez que dispone de todos los nutriente necesarios, el fascismo crece aprovechándose de las condiciones propicias para romper, primero, con brotes tímidos la superficie terrestre, para después seguir creciendo hasta completar su ciclo vital.

La sociedad griega es un claro ejemplo de cómo los valores que promueve la ideología liberal permiten la gestación de sentimientos intolerantes y destructivos. Moldeada por ideas que centran la importancia de la vida en el individuo, la sociedad griega se convierte en una máquina antropófaga que empieza por devorar a les que no son de «casa» para centrarse después en les que no cumplen con los cánones de pureza establecidos por un pensamiento puramente restrictivo: gays y lesbianas, transexuales, izquierdistas, libertaries, y una larga lista de etcétera.

Cuando digo «ideología liberal» hablo de aquel conjunto de ideas, conceptos, y valores que ensalzan el desarrollo humano en términos individuales, egoístas, y para nada solidarios. El «todo vale en la búsqueda de mi felicidad» que muches promueven como excusa sine qua non para el modo de producción capitalista es apenas contestado con tímidas reformulaciones por aquelles considerades como adalides del progreso del pensamiento liberal. De esta forma, dentro del campo liberal, encontramos un amplio abanico de propuestas morales y filosóficas que amplían la lista de derechos y deberes humanos de tal forma que parece que la situación cambia pero en verdad no lo hace.

Una de estas máximas aclamadas por «progresista» es la de que todo individuo tiene la obligación moral de asistir y promover el bien común. Eso sí, siempre y cuando el beneficio que se reporte a la comunidad no suponga un coste mayor o excesivo para el individuo que actúa. Otra máxima es la de que los seres humanos, que somos racionales, han de entender que en muchas situaciones las desigualdades sociales son permisibles si éstas resultan en una mejora para les más desfavorecides—ésta idea en concreto viene de uno de los campeones de la teoría liberal, John Rawls. Pero yo me pregunto: ¿cómo definimos «coste excesivo»? ¿Qué entendemos por «ser racional»? ¿Quién y cómo establece que «les más desfavorecides» se benefician por la desigualdad?

Y de esta forma nos vemos sumidos en una sociedad en la que se premia la individualidad egoísta, la persecución de los intereses personales—que casi nunca llevan al bien común—, la primacía de los derechos individuales sobre los grupales o sociales, como si la comunidad fuera una mera agregación de individuos o un obstáculo para el «desarrollo» de la persona. Y cuando todo va mal, cuando la economía se hunde y sume en la miseria a millones de familias, entonces empieza a crecer esa semilla del fascismo que aguardaba plácidamente a ser mimada y cultivada. Los derechos individuales pasan a ser «derechos para les que son como nosotres», ya que el contexto está tan jodidamente mal que la gente comienza a comprender que eso de «ganarse la vida por une misme» ya no funciona. ¿Y cómo definen su nueva amada comunidad? Pues como no podría ser de otra manera: de forma autoritaria, intolerante, y exclusiva.

En una sociedad capitalista, como la griega, en la que el deber moral dicta que «primero nos salvamos nosotres mismes y después, si eso, el resto», cuando las instituciones sociales se derrumban por el peso del capital, ese «resto» comienza a tomar más importancia, pues de las catástrofes no se sale sin esfuerzo colectivo. Pero en una sociedad despojada de solidaridad y de sentido colectivo, ese «resto» se configura acorde con los valores que imperaban previamente. Si me han enseñado que primero voy yo porque soy un ser excepcionalmente único, medida de todas las cosas habidas y por haber, entonces, ¿con quién me voy a juntar para salvar el pellejo? A todes veo como enemigues, pero oye, parece que mi vecino que es griego y habla sin acentos ni cosas extrañas puede echarme una mano para salir de ésta. Esa de allí no, que no es de aquí y seguro que no me es de utilidad.

Y una cosa lleva a la otra: empiezan por les de «fuera» y acaban por les de «dentro.» Y a todo esto, el poder, el capital, y la autoridad, que sumidos en los mismos valores ven amenazada su situación privilegiada, empiezan a mimar y a cuidar a les que intoleramente echan la culpa a les que no tiene nada que ver con el fregado. Les protegen cuando asesinan, amenazan, e intimidan. Les ocultan cuando la jugada les sale mal. Les dejan hacer para que no se note que elles están intentando perpetuar una situación de injusticia social.

De esta manera, en Atenas, son asesinados varies inmigrantes cada mes a manos de cerdos fascistas—prácticamente a un ritmo de une por semana. Cuando la policía detiene por cosas del azar a un fascista y se encuentran sesenta bombas caseras en casa de uno de sus amigos-colaboradores les sueltan con cargos menores y, hala, a seguir haciendo.

Mientras tanto, a les que por dignidad e inteligencia deciden definir ese «resto» de manera racional—es decir, como «nosotres, les que no tenemos nada más que nuestro cuerpo y cabeza para trabajar por un mísero salario»—se les persigue, encarcela, y tortura. Y así, en Atenas, más de veinte antifascistas eran apaleados en comisaría hace unos meses por intentar mantener las calles limpias de fascistas que apuñalan inmigrantes. Hace varias semanas varias decenas eran detenidas por promover espacios liberados donde se difundían los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, y la tolerancia. Y hace unos días eran torturados cuatro compañeros que decidieron llevar la lucha a un nivel superior, a la expropiación de bancos—para que después salga el ministro de Orden Público diciendo que las heridas fueron resultado de la confrontación en el momento del arresto. Claro, cuatro veinteañeros de  no más de sesenta kilos oponiendo resistencia a los gorilas fascistas de la policía armados hasta los dientes. Y no nos quejemos, que si hicieron públicas las fotos retocadas con Photoshop fue para que la gente les pudiera reconocer.

Pero si en la sociedad liberal-capitalista la semilla del fascismo aguarda a ser regada, la semilla libertaria-anarquista está siempre en continúo desarrollo. Si el fascismo es activado en momentos de profunda crisis socioeconómica, la semilla anarquista encuentra en la sociedad capitalista un continuo flujo de nutrientes con los que crecer: explotación laboral, represión estatal, injusticia social… La semilla anarquista siempre tendrá razones para seguir creciendo, la diferencia radica en que a les que tienen la regadera por el mango les interesa más regar al fascismo.

Como dijera uno de nuestros compañeros atenienses: «maderos, jueces, políticos, no tenéis razones para dormir tranquilos.» Y es que aunque no nos quieran regar, nosotres sabemos tomar lo que es nuestro por nuestra propia cuenta.

Viva la anarquía.

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