Cerrando Villa Amalias; dando vía libre a Amanecer Dorado

Por MN

Plaza Victorias. Se expande la leyenda urbana de que Amanecer Dorado protege a las ancianitas de los malvados inmigrantes. Parece ser que el viejo cántico de «la gente no olvida, la gente cuelga a los fascistas» se ha olvidado. Como también parece que los miembros de Amanecer Dorado campan a sus anchas rompiendo las cabezas de todo aquel que es diferente y de forma impune.

Cuando sucede todo eso es cuando el Estado decide cerrar el centro okupado Villa Amalias. Así pues, la necesaria voz anti-fascista es silenciada. Mediante el cierre de Villa Amalias los miembros de Amanecer Dorado obtienen un pasaporte gratuito para llenar las calles del barrio con violencia.

Es completamente contradictorio que los periodistas defiendan el cierre de la okupación, aunque también es cierto que son ellos junto con los políticos quienes esconden y ocultan las acciones de Amanecer Dorado. No obstante, ¿quién convoca las marchas anti-fascistas? ¿Quiénes informan y quiénes organizan mesas de diálogo con los vecinos de los barrios? ¿Quiénes ofrecen seguridad a las minorías y a los débiles? Pues precisamente aquellos que son llamados «perroflauta» por los medios de comunicación.

Anarquía no es fanatismo como ellos proclaman a bombo y platillo en los medios. Anarquía significa mantener tu mente abierta, resistir contra cualquier tipo de violencia y fascismo. Anarquía significa informar y ser informado.

En un periodo de crisis económica y moral el Estado decide destruir este faro de resistencia que es Villa Amalias. No solamente estoy avergonzada de ser de Atenas, sino que también estoy asustada. Estoy asustada porque me imagino una ciudad sin okupaciones, sin centros sociales que promuevan el diálogo y hagan confluir a las personas en un mismo punto, que es lo que hace de un barrio un barrio propiamente dicho.

Traducción: La Colectividad

Desafectos – Esclavos de Franco en el Pirineo (2007)

«Desafectos. Esclavos de Franco en el Pirineo» es un proyecto basado en el libro «Esclavos del franquismo en el Pirineo», fruto del trabajo de investigación llevado a cabo por Fernando Mendiola y Edurne Beaumont, que dio voz a hombres, prisioneros del Estado franquista, obligados a participar en batallones de trabajos forzados.

Desafectos fueron aquellos luchadores antifascistas cuya actividad política o sindical no había sido suficiente para acabar ante el correspondiente pelotón de ejecución falangista… Arbeit macht frei (El trabajo os hará libres) era la consigna que solía presidir la entrada a los humeantes campos de exterminio nazis… y el régimen franquista también quiso «reeducar» a los prisioneros mediante el trabajo. Estos batallones de castigo perseguían humillar, doblegar y someter al prisionero y al conjunto de la población opositora. En Navarra fueron más de 15.000, muchos de ellos del resto del estado. No hay que olvidar que, asociado al castigo del trabajo forzado, estuvo el peso del castigo en el tiempo, un peso asociado al estigma social, a la persecución policial y a la discriminación laboral. De esta forma, la vuelta a casa, no fue fácil para los integrantes de los batallones, teniendo que vivir continuamente entre el recuerdo y el silencio. El libro recogió sus voces y, este documental, recoge, además, sus rostros.

Portal OACA

 

No me siento amenazada

Hace unos días asistía a un debate con activistas de Grecia, activistas locales (entre los que nos encontrábamos varios anarquistas), y gente varia. El tema era la represión policial y, como no, por ser la mayoría del grupo de origen griego salió el tema de Amanecer Dorado. Para mi sorpresa una chica griega afirmó rotundamente: «no creo que Amanecer Dorado sea un problema tan grave para Grecia, yo personalmente no me siento amenazada.» La pregunta que me vino a la cabeza fue inevitablemente: ¿qué esconden estas palabras?

El grupo enmudeció un instante cuando las palabras de esta chica se hicieron presentes en la sala. Nadie contestó; el debate continuó sin más. Pero tras el encuentro no pude resistir la tentación de escribir esta pequeña reflexión. Como dije, el debate tenía como tema la represión policial, la cual intenté ligar con la represión estatal en términos de clase, pero mi intento se quedó en mera anécdota por no recibir el apoyo del grupo. Una vez que cambiamos al tema del fascismo creciente en las calles de Atenas, el grupo se dividió al instante en dos posturas bien diferenciadas: aquellas personas que defendían la acción directa contra les facistas, y las personas que argumentaban por una vía institucional acorde con las leyes vigentes.

Un chico griego daba en el clavo: «¿cómo nos vamos a proteger de los fascistas si actúan impunemente, apaleando en la calle a inmigrantes y homosexuales?» La citada chica replicó: «llama a la policía.» Pero lo que ella no sabía, o tal vez no quería saber, es que la policía en Atenas está profundamente ligada a los grupos fascistas. El chico siguió: «llama tú a la policía cuando diez nazis vienen corriendo con palos y armas.» Les que defendían la no-violencia se sumaron argumentando que contestar con violencia es rebajarse al nivel de les fascistas. Como si la violencia en su sentido más puro y abstracto fuera universalmente perversa. Como si la violencia no pudiera ser un medio para la consecución de un mundo mejor. Como si una agresión violenta y la autodefensa fueran la misma cosa.

No obstante, sea une misme partidario de la acción directa violenta o no, lo que no se puede argumentar con rigor y seriedad es que los nazis de Amanecer Dorado no son una amenaza simplemente por el mero hecho de no sentirse amenazade a nivel personal. Desde luego que ella no se siente en peligro cuando vuelve a su Atenas natal de visita: es blanca, de clase media-alta, educada, y griega. Además no viste con una estética que podríamos definir «de izquierdas.» ¿Por qué se iba a tener que sentir amenazada si perfectamente podría pasar por un miembro de Amanecer Dorado? Pero el problema de fondo, que es el que quiero esbozar en este texto anecdótico, es la falta de solidaridad para con otros seres humanos que sufren cualquier tipo de opresión. Como el joven Mario, homosexual y fascista declarado, la chica griega no entendía que su libertad personal se ve absolutamente negada en tanto que la libertad de otras personas es pisoteada, sean estas personas turcas, moldavas, u homosexuales. Lo que no parecía comprender es que la libertad personal se construye de manera social.

La solidaridad se limita hoy en día a puro teatro. La gente acude a manifestaciones pro Palestina pero luego siente indiferencia hacia el sintecho de su barrio. La gente dona dinero para les afectades de algún monzón en el lejano Sudeste Asiático pero luego le da igual si su vecino está desempleado y tiene tres hijes que mantener. Pareciera que la solidaridad solamente se pudiera ejercer a distancia, como evitando establecer relaciones humanas que nos pudieran suponer algún coste social. Donar dinero para personas del otro lado del globo no supone coste alguno más allá del monetario; establecer una relación social con tus vecinos supone invertir en tiempo, conversaciones, empatía emocional, comprensión, convivencia…

No estoy aquí negando la necesidad de establecer lazos de solidaridad internacional, sino que estoy intentando subir a la palestra algo tan sencillo como la cercanía humana, la cual escasea en nuestras ciudades capitalistas (en eso que llamamos «civilización»). Caminas por la calle y la gente evita mirarte a la cara; te montas en el metro y la gente busca sitios que no impliquen sentarse al lado de otra persona; si saludas a un desconocido en el autobús lo más seguro es que te miren con suspicacia. Ahora, buscamos lazos humanos en la distancia de la Cruz Roja o Médicos Sin Fronteras; buscamos amistades por Facebook (donde precisamente no hay coste social alguno más que hacer click en un botón); intentamos reafirmarnos como seres humanos significantes en un mundo que nos enseña a no ser solidaries con nuestro entorno social.

Tal vez esa chica griega no se sienta amenazada hoy por los nazis de su ciudad, pero lo que es una realidad objetiva e innegable es la miseria moral de su actitud; un hecho que no depende del individuo como tal sino de una sociedad enferma que, guiada por los principios liberales ya bien socializados, nos conduce a una vida asocial centrada en la propia persona. El fascismo es una amenaza para todes, se dé donde se dé; afecte a quien afecte directamente. La opresión debería gatillar lazos de solidaridad humana de forma automática, despertar sentimientos de ayuda mutua en las mentes menos oprimidas. Por ello nuestra revolución es social, no simplemente material.

 

¿Gay y de extrema derecha?

Leo en Ociogay una entrevista a un joven que se define como homosexual y de extrema derecha al mismo tiempo. La historia parece sacada de uno de esos programas morbosos de televisión, pero lo cierto y verdad es que refleja una realidad que no podemos obviar: la compleja intersección de múltiples identidades e intereses grupales.

Mario Valdés, de 24 años, es un joven cántabro que parece tener las cosas muy claras: es homosexual y además de extrema derecha. Y reconoce ambas cosas sin tapujos y de forma abierta. No obstante, aunque en la entrevista su discurso pudiera parecer sólido y lleno de certidumbres personales, sus palabras no dejan de reflejar una identidad personal contradictoria que inevitablemente se deriva de la actual sociedad capitalista occidental.

A lo largo de la entrevista une puede encontrar múltiples falacias y medias-verdades que ya no nos sorprenden. Una de ellas la encontramos en su primera respuesta: «Desde luego estoy en contra totalmente de un estado multicultural, mirad lo que esta pasando con un 12% de extranjeros, imaginad la hecatombe si fueran por encima del 25%.» ¿Qué está pasando? ¿Qué pasaría si la población del Estado español tuviera un 25% de personas inmigrantes? El miedo y el odio que destilan sus palabras las encontramos todas las semanas en los medios del Estado; después de todo les homosexuales también consumen las noticias de los medios de comunicación.

Las mentiras y los prejuicios raciales siguen a lo largo de la entrevista, por ejemplo: «Los robos están a la orden del dia, parece mentira que los homosexuales, a los que creo inteligentes, no se den cuenta de esta situación, ¿a quien no le ha pasado que un extranjero le haya robado o intentado robar en el ambiente gay? Y siempre son los mismos, los de fuera» (sic). Una vez más vemos en sus palabras el discurso de la derecha, el cual se reproduce una y otra vez en los medios de comunicación. Cuando Ociogay le pregunta por la discriminación racial, él contesta: «No es discriminación, es sentido común, creo que un mundo sin fronteras sería un absoluto desastre.»

Pero lo más interesante de todo esto es que una persona de un colectivo tan reprimido en nuestro mundo «civilizado» se exprese en estos términos. Cómo él mismo dice, y no puedo concordar más, el mero hecho de ser homosexual no implica una ideología política determinada, pero sí que debería implicar una sensibilidad mayor a la opresión que otras personas sufren. Y digo debería porque los sentimientos de solidaridad humana no son tan evidentes como pudieran parecer. De esta entrevista podemos sacar en claro que la identidad personal es una construcción social y sumamente compleja que muchas veces se escapa al «sentido común» de muches (las comillas no son gratuitas).

A lo largo de nuestras vidas experimentamos multitud de situaciones sociales en muy diversos contextos, por lo que la intersección de elementos es inevitable. La sociedad capitalista actual se caracteriza por la gran flexibilidad social que permite: une puede ser estudiante, asalariade, y deportista al mismo tiempo. Además puede ser de derechas, racista, creyente, y amante de la F1. Podemos disfrutar de un café Starbucks, de un sandwich en el Rodilla, o de un libro en la FNAC. Podemos salir de fiesta con les compañeres del trabajo, y preferir salir a pasear con les compañeros de clase. El mundo a día de hoy está plagado de escenarios sociales que requieren de la reproducción de diferentes roles, los cuales terminan confluyendo de manera más o menos cristalina en la identidad personal.

Lo que yo veo en el discurso de Mario es precisamente esto, pero de la peor de las maneras posibles. La insolidaridad que fomenta la sociedad capitalista por medio de valores individualistas y excluyentes terminan por calar hondo hasta en personas que son lamentablemente discriminadas por su orientación sexual. Pero esto no es nuevo, ¿acaso no conocemos a personas de origen humilde que votan a partidos de derecha? ¿O acaso no conocemos a mujeres más machistas que muchos hombres? Algunes podrían decir de forma simplista que esto tiene que ver con una falsa conciencia de clase, pero la realidad es mucho más compleja y aterradora. Que Mario sea homosexual y de extrema derecha no es solamente una cuestión de engaño ideológico; Mario es la encarnación de todas las incongruencias sistémicas que derivan en contradicciones que se contrarrestan mutuamente, permitiendo así la reproducción del sistema imperante.

Kropotkin afirmaba que la solidaridad y la ayuda mutua eran características naturales e innatas en todos los animales, incluyendo por supuesto al ser humano. Sin embargo, esa misma solidaridad que nos ha permitido evolucionar natural y socialmente como seres humanos es asediada por valores que reflejan la ideología burguesa. Y nosotres, que consumimos cultura, noticias, y sociedad, terminamos interiorizando dichos valores como propios. Anteponer una supuesta raza blanca a una orientación sexual es tan descabellado como afirmar que el oxígeno es más necesario que el agua.

Sí, Mario, un homosexual tiene la misma libertad para escoger autónomamente su ideología política, pero defender la opresión de seres humanos con motivo de su origen, color de piel, o credo, es tan sumamente incongruente que difícilmente se puede sustentar con rigor intelectual. La opresión es opresión sea del tipo que sea. La discriminación es condenable en todas y cada una de sus manifestaciones. No solamente tu discurso está lleno de prejuicios racistas y falacias socioeconómicas, sino que tus palabras también reflejan la esquizofrenia identitaria que resulta de una sociedad tan fragmentada y efímera como la nuestra.

Y es que en el capitalismo actual no sabemos quiénes somos, y así le interesa al sistema que sea. El enemigo común es la burguesía, Mario, no la persona que tiene que emigrar de su país por las guerras promovidas por flujos transnacionales de capital. El enemigo común es el patrón que nos explota, no la persona que sufre de esclavitud asalariada por no tener un papel que le garantice protección jurídicosocial. El enemigo común, Mario, es el burgués-policía que todes llevamos dentro, no la persona que intenta sobrevivir en un mundo bajo el yugo del hombre blanco al servicio del capital.

Espero que algún día sepas ver que la discriminación que tú puedas sufrir por ser homosexual es la misma que les inmigrantes sufren por el mero hecho de existir. Tú deberías saberlo mejor que nadie.

Conocer el fascismo

El actual declive de la economía hegemónica mundial puede facilitar la toma del poder por parte de los movimientos cercanos al fascismo, algo que en Europa se ha traducido en resultados electorales inéditos como los de Amanecer Dorado (Grecia) y el Frente Nacional (Francia). El autor trotskista Ernest Mandel (1923-1995), en su visionaria obra El fascismo (1969), desgrana teóricamente esta ideología y sus relaciones con el capitalismo.

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