¿Por qué no reaccionamos como en Francia?

Un día de finales de noviembre del 2020, nos despertamos viendo las calles de París arder otra vez. Las protestas se extendieron por casi todo el país contra la equivalente a la ley mordaza española y con la buena noticia de que acabó siendo echada atrás por el gobierno de Macron. Apenas cinco días duró y tras unas fuertes protestas y brutalidad policial, consiguieron que paralizasen el artículo que penalizaba grabar a la policía que entra dentro de la Ley de Seguridad Global. Dicha ley está ahora en reformulación y las protestas continúan exigiendo su completa retirada. De aquí surge la pregunta de base que se repite entre los movimientos sociales: ¿cuándo saldremos a las calles? Hay quienes además añaden la contundencia y persistencia de las manifestaciones. Sin embargo, son multitud de factores que nos llevan a ver la gran diferencia de movilización en las calles entre este lado del Pirineo y del otro. De primeras, partimos de coyunturas y culturas políticas diferentes.

En el imaginario colectivo de España, tras los casi 40 años de franquismo y engaño de Transición, las clases dominantes borraron gran parte de las luchas obreras y su memoria. Así pues, ante la derrota del movimiento obrero, la falta de referentes revolucionarios y una cultura popular donde escasean los valores de lo común, la esperanza del bienestar de la socialdemocracia junto con el relato de la clase media sustentada por el crédito fácil fue lo que terminó calando en este imaginario. Aunque con el 15M mucha gente entró en contacto con la política, al no haber unas hojas de ruta que apuntasen hacia un socialismo libertario, acabó siendo aprovechado por una minoría para hacer su carrera política en el activismo. Así pues, las calles se vaciaron en detrimento de un asalto institucional que pronto verán el fracaso al pasar por el aro de un Estado profundo, el cual impide cualquier medida social que choque contra los intereses de los viejos partidos del régimen y el capital.

En cambio, Francia tiene una historia diferente ya que no vinieron de una dictadura, pasando además en los últimos años unas huelgas generales contundentes que impidieron la entrada de reformas laborales antisociales y de pensiones. La sociedad francesa, con sus altibajos y sus lados oscuros, tienen una concepción diferente de los derechos sociales y de cómo defenderlos. A nivel de movimientos sociales, destacamos principalmente los Chalecos Amarillos y las diferentes ZAD vinculados a las luchas territoriales contra megaproyectos. Y en particular en lo que se refiere al movimiento libertario, el anarquismo organizado tiene más recorrido y fuerza que en el Estado español, siendo la UCL una organización política con presencia en casi todo el territorio francés.

No podemos quedarnos meramente contemplando y envidiando la capacidad de lucha de la sociedad francesa y en concreto, de su clase trabajadora. Preguntémonos cómo recuperar una cultura política basada en lo común, en la defensa de los derechos sociales y cómo impedir que la derecha golpista de este país sea la que marque agenda en la opinión pública y sobre todo, construir un proyecto político basado en el socialismo libertario. No está todo perdido, y de lo poco que ha sobrevivido del 15M ha sido el movimiento por la vivienda y recientemente ha habido un repunte del movimiento feminista. En el Estado español existe todavía la herida abierta de la Guerra Civil y la cuestión territorial de Catalunya y Euskadi que se junta con la crisis sanitaria y económica del momento. Tenemos que ver nuestro contexto y por dónde podemos romper, y es necesario hoy por hoy volver a activar las calles estando siempre en contacto con la población que sufre las consecuencias de estas crisis.

Reflexiones tras 50 años del Mayo francés de 1968. Continuamos tomando los adoquines para imaginar la arena de playa.

¿Qué podemos esclarecer cincuenta años después de la rebelión de Mayo de 1968? ¿Qué caminos revolucionarios y referentes de lucha abrió este acontecimiento internacional en la Francia de su época y que siguen latentes en el presente? La imaginación al poder… porque la arena de playa bajo los adoquines, se conquista.

Este mes se cumple el 50 aniversario del Mayo francés que tanto revolvió internacionalmente a los movimientos políticos y sociales. Es evidente que no podemos vivir de la nostalgia, y aún reconociendo que fue un acontecimiento irrepetible, sin embargo no quiere decir que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo. Este acontecimiento se reinventa actualmente en los conflictos actuales, no solo en Francia, sino como referente en todo el mundo.

Como dice el militante anarquista Tomás Ibáñez, Mayo del 68 forma parte de esos excepcionales sucesos históricos que están armados del suficiente potencial como para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar. Sin vivir de la nostalgia, y no permitiendo que esta guíe nuestros pasos y estrategias, pero el Mayo Francés puede evocar un estado de disposición a la acción y a la explosión de imaginación en las formas de lucha.

Fue un acontecimiento completamente inesperado, en un año que estuvo marcado por un sentir revolucionario muy fuerte a nivel internacional. Las intensas movilizaciones en EE.UU. contra la guerra del Vietnam, las manifestaciones de Zengakuren en Japón, o la batalla de Valle Giulia en Roma; todas ellas con un gran protagonismo de jóvenes nacidos tras la Segunda Guerra Mundial. Tras años de ‘prosperidad’ económica en Francia, y el afianzamiento de un sistema social capitalista, una generación de jóvenes franceses concluyen que un ciclo debe acabar, no para iniciar otro predeterminado, sino para debatir hacia dónde quieren dirigir sus vidas fuera del imaginario capitalista.

Quienes participaron activamente del Mayo francés sintieron una transformación de sus vidas, la continua lucha en las calles parisinas consiguió que muchos jóvenes percibieran ese tiempo como un tiempo de gran intensidad de aprendizaje y experiencia de unas sensaciones lejos de los tiempos y la monotonía que determina el capital. La distinción entre el tiempo de rutina y el tiempo poético marcan una sensibilidad diferente en algunos acontecimientos en nuestra vida. No solo luchaban contra las expresiones del capital en su vertiente laboral o estudiantil, sino contra la vida rutinaria que este les sumía. La mejor manera de imaginar otro mundo posible, es mediante la beligerancia contra aquello que nos amordaza la imaginación, desatando una reacción inesperada en nuestro esquema actitudinal, poniendo en práctica todo aquello que dentro de la cotidianeidad capitalista no se puede dar. El Situacionismo le aportó al Mayo Francés el potencial para crear espacios temporales donde experimentar más allá de los límites culturales que nos propone el capitalismo. La Internacional Situacionista existió desde los años 40 en Francia hasta 1972 cuando decide autodisolverse. Esta recoge el bagaje revolucionario del marxismo, el consejismo y el anarquismo, tratando de superar estas antiguas corrientes. El pensamiento revolucionario se alcanza mediante la realización y la supresión, es decir que realiza lo que el anarquismo no logró realizar, y supera las formas políticas marxistas abogando por la supresión de la dominación estatal.

Mayo del 68 supone un segundo asalto al capitalismo tras los años de prosperidad posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recoge la plasmación del repunte de las ideologías sociales y movilizaciones políticas que se tejen durante toda esa década, pero que estallan de forma muy inesperada. Sin duda un tiempo muy corto en comparación con el primer asalto al capitalismo que sucedió en los años 30 del siglo XX y que se venía fraguando desde decenas de años atrás. Con la Comuna de París de 1871 en el corazón, pero un contexto radicalmente distinto, Mayo del 68 se convierte en referente contemporáneo de lucha contra el capitalismo, pero también como una herramienta para mercantilizar la lucha por parte del sistema décadas después. Se hace necesario enlazar este acontecimiento con los conflictos actuales, no en un discurso teórico de recreación en forma de anhelo de un pasado ideal, sino en la práctica revolucionaria actual.

Los acontecimientos del Mayo francés destacaron entre otros a nivel mundial, tuvieron un impacto enorme y sirvieron de aliento. No se trataba de conquistar el Poder en bruto, nada se hubiera hecho con ese Poder, pero se consiguió politizar espacios, colectivos y dinámicas que habían caído en la despolitización impuesta por los regímenes de postguerra y el falso sueño de la recuperación económica que adormeció a las sociedades. El objetivo era romper con la pasividad y el aislamiento individual, aboliendo las caducas herencias recibidas y planteando una actividad de transgresión de la vida cotidiana desde la creatividad. Muchas expresiones libertarias fueron rescatadas de los guetos donde se habían anclado, y fueron lanzadas como piedras sobre la sociedad para despertarla.

A pesar de haber pasado al imaginario como una revuelta estudiantil, lo que hizo que Mayo del 68 no se convirtiera en un simple descontento de jóvenes que habían logrado llegar a una universidad a la que se comenzaba a acceder masivamente, fue el hecho de lograr la vinculación con el mundo laboral, y que la clase trabajadora se sumara a este reclamo ocupando fábricas y uniéndose al hórdago lanzado desde los movimientos estudiantiles. Esta reacción laboral, igualmente estuvo protagonizada por un rechazo al vanguardismo y las burocracias de los sindicatos tradicionales, que trataron de evitar este encuentro en la barricada, pero que marcaron una senda de autonomía obrera organizándose al margen de las centrales sindicales y partidos de izquierdas.

Se plantea como crítica al Mayo francés la falta de una dirección clara o de estructuras organizativas contra el enemigo común, si bien es probable que no pudiéramos hablar de la espontaneidad en el camino que tomaron los acontecimientos si se hubieran encauzado esas energías hacia planteamientos preestablecidos. Son esos planteamientos los que fueron cuestionados por ese cóctel ideológico, es evidente que no pretendía construirse un proyecto concreto, y eso no debe ser entendido como algo malo, sino que surgió como una semilla que si se germinaba podría llegar a ofrecer caminos revolucionarios a explorar donde nada estaba escrito. De hecho, la marcha de acontecimientos se asentó sobre esa premisa: se construía, se experimentaba y se incidía con creatividad sobre el devenir cotidiano de los sucesos.

Wallerstein le da la denominación de rebelión cultural, ya que el ciclo revolucionario de 1968 no plantea la toma del poder político. La rebelión social se traslada a cambiar radicalmente la vida cotidiana, la irrupción de esta insubordinación no se materializa en un proyecto político concreto. Sin embargo, no hay nada más revolucionario que querer cambiar la cotidianeidad. Supone un cambio de prácticas, no se trata de conquistar territorialmente, ni de dar un golpe para la obtención del poder, sino sentar las bases de la organización que permita una emancipación integral de la vida cotidiana alejada del capitalismo y su vacía existencia. El enemigo era el tipo de vida gris y vacía que ofrecía el sistema, una vida que no era producción creativa y autónoma, sino reproducción de un modelo determinado y encauzado para alimentar al propio capitalismo; un enemigo que sigue siendo común actualmente.

Acontecimientos en Mayo de 1968 en Francia:

El 22 de abril de 1968 miles de estudiantes se concentraron ante la Universidad de Nanterre a las afueras de París como protesta por la detención de varios estudiantes acusados de atentar contra empresas estadounidenses implicadas en la Guerra del Vietnam. Los últimos días de abril los enfrentamientos con la policía fueron habituales, hasta tal punto que el decano de la Universidad ordenó su cierre el 28 de abril, pretendiendo frenar el movimiento estudiantil, y además, con la intervención de grupos de extrema-derecha que atacaban a los estudiantes.

El 3 de mayo miles de estudiantes se concentraron en la plaza de la Sorbona de París en apoyo a los compañeros que debían declarar ese día en los tribunales por su detención en los altercados a finales de abril en Nanterre. El ataque por parte de la policía francesa provocó que el conflicto se extendiera más allá de los recintos universitarios y estallara en las calles parisinas; mientras los principales dirigentes sindicales y estudiantiles trataban de controlar ordenadamente esta situación, los y las estudiantes rebasaron estas directrices y actuaron desde su sensibilidad encontrando que la revuelta prendió en el Barrio Latino parisino. Situaba el centro de la acción en la solidaridad con los detenidos, la actuación directa sin mediaciones, sin exigencias o demandas al Poder, sencillamente practicando la autoorganización y la autonomía para tomar decisiones que se llevaban a cabo sin limitaciones.

El 6 de mayo se repitieron los enfrentamientos con la policía en la declaración de los estudiantes ante el Comité de Disciplina de la Universidad de Nanterre. La solidaridad se extendió entre miles de estudiantes que encontraron el apoyo de una sociedad francesa hastiada, los acontecimientos dejaron medio millar de detenidos y cientos de heridos.

El 10 de mayo por la noche se daba lo que se ha conocido como ‘la noche de las barricadas’, decenas de miles de estudiantes se unen a las luchas en el Barrio Latino de París tratando de liberar a sus compañeros detenidos, las fuerzas policiales atacan las barricadas levantadas y al día siguiente sacan carros blindados a las calles de París, procediendo a una militarización urbana no vista jamás por estos jóvenes estudiantes.

Un punto de inflexión que le otorgaría una relevancia impredecible a esta revuelta fue la convocatoria de una huelga general el 13 de mayo, a la que se unieron varios millones de trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda Francia, congregando en una manifestación a más de 200 mil personas en la ciudad de París. Los estudiantes tomaron la Universidad de la Sorbona y establecieron un Comité de Ocupación, mientras que al día siguiente miles de trabajadores tomaban algunas de las principales fábricas de la Francia industrial. Durante esa semana se dan tensiones con las centrales sindicales que pretenden moderar el movimiento, produciéndose una respuesta activa de los estudiantes para seguir trazando su camino en la práctica cotidiana de esta insurrección.

La huelga se extiende a numerosos centros de trabajo, los Comités de Huelga debaten sobre la cuestión del poder popular, y a través de sus críticas a la autoridad estatal se genera un vacío moral del poder, cuestionado de raíz por la violencia ejercida y abriéndose numerosas oportunidades por las que discurrir desde el sentir revolucionario.

La noche del 24 de mayo París vivió un estado de auténtica insurrección frente al Poder estatal, que obligó al Estado francés a reaccionar dividiendo al movimiento obrero, proponiendo unas negociaciones establecidas a varias bandas y haciendo propaganda de determinadas concesiones, obviando de que para la mayoría de estudiantes y trabajadores el gobierno no era un interlocutor de referencia, y sus pasos se dirigían hacia otras posturas. Sin embargo, el 12 de junio el presidente Charles De Gaulle decreta la disolución e ilegalización de todos los grupos de izquierda revolucionaria, mientras continúan las negociaciones son las centrales sindicales moderadas. A lo largo de este mes de junio, grupos incontrolados de extrema-derecha son lanzados contra los movimientos rebeldes, que junto con la violencia policial continuada, las negociaciones aprobadas por los dirigentes autodenominados representantes de los obreros, y la celebración de elecciones legislativas a finales de junio; llevaron al movimiento a diluirse en una experiencia que había marcado un camino, irrepetible como ya se anticipaba, pero al fin y al cabo necesario para sentar algunos análisis y prácticas revolucionarias en el presente.

Ya en el 2018, este pasado mes de abril los estudiantes franceses han iniciado huelgas ocupando facultades por toda Francia, los ferroviarios comenzaron una huelga hace semanas, y han establecido contactos de apoyo con los estudiantes. Miles de personas han salido a la calle en solidaridad con la ZAD, territorio ocupado con un proyecto de autoorganización que ha sido agredido e intentado desalojar por el actual gobierno de Emmanuel Macron. Los sectores obreros franceses llevan alimentando una confrontación social contra el capitalismo estos últimos años, las comunidades racializadas y el antifascismo francés vienen trabajando arduamente en potenciar esta lucha. Todos los años cuando llega el mes de mayo a Francia, se tiene en la vista aquél año 1968, que si bien no se dará nuevamente en los mismos términos, puede servir como potencial para extender el bloqueo y la actividad obrera por todo el país.

La ZAD, autoorganización popular que puso en jaque al Estado francés

La Zone Á Defendre en Notre-Dame-des-Landes era hasta el día de ayer un espacio autónomo ocupado por cientos de activistas en el noroeste de Francia, muy cerca de la ciudad de Nantes. Ya desde los años 70 se inició una lucha entre los habitantes de esta zona, en su mayoría dedicados a la agricultura, y el gobierno francés, que planteaba la construcción de un nuevo aeropuerto. La zona prevista para la construcción del aeropuerto es un ecosistema de especial protección ecológica en el que habitan especies amenazadas. Tras décadas de conflicto latente, el proyecto de ese gran aeropuerto fue relanzado en el 2003, dentro de una estrategia de actuación desenfrenada del capitalismo para modificar la región drásticamente.

A partir del año 2009, cientos de activistas autónomos ocuparon este territorio dotándole del nombre de ZAD, se volvieron a ocupar casas abandonadas, se construyeron cabañas y se pusieron en marcha proyectos colectivos como huertos, una panadería, y diversas estrategias de protección del entorno natural. Todo ello activó una lucha popular aglutinante convirtiéndose este espacio en un lugar de referencia para la autoorganización frente al capitalismo en toda Francia e incluso internacionalmente, con la participación de la población local y la decidida acción de grupos anarquistas y ecologistas.

Esta zona anticapitalista vivió la resistencia a un violento intento de desalojo por parte de la policía y el ejército francés en octubre de 2012, donde hubo numerosos heridos y detenidos que defendían activamente la zona obstruyendo con barricadas las carreteras de acceso. Tras semanas de manifestaciones que se multiplicaron por todo el país y extendieron la solidaridad con la lucha, se dio una movilización menos de un mes después que congregó a unos 40 mil activistas y campesinos de la región que re-ocuparon la ZAD. Durante el año 2013 se reforzó la defensa del territorio, se reconstruyeron algunas casas y se potenció el proyecto de autonomía aprovechando que disminuyó la presión policial.

En estos años otras estrategias y tácticas desde las cloacas del Estado francés han tratado de romper con la solidaridad y la lucha autónoma de la ZAD, incluido un referéndum organizado por el gobierno del Departamento de Loira-Atlántico, y que incluyeron a población que no residía en la zona afectada por el proyecto aeroportuario.

Sin embargo, hace escasos dos meses el presidente francés Emmanuel Macron anunció que se renunciaba definitivamente al proyecto de aeropuerto en Notre-Dame-des-Landes, a cambio de aceptar programas de industrialización agrícola impuestos por el ejecutivo francés. El rechazo a este chantaje por parte de los activistas ha significado que el presidente ordenara la custodia de los caminos que llevan a la ZAD y la identificación sistemática de toda persona que quisiera entrar o salir de la zona. Desde el pasado 1 de abril se decretó que todos los habitantes de la ZAD podrían ser expulsados de los bosques y campos ocupados en esta región. Finalmente la amenaza se cumplió ayer lunes 9 de abril, cuando el presidente francés envió a 2.500 antidisturbios de la policía para desalojar la ZAD, en esta ocasión tan solo tres centenares de activistas pudieron defender el territorio ocupado, a pesar de la decidida resistencia que presentaron fueron desalojados.

Desde Regeneración rechazamos esta demostración de fuerza represiva realizada por el gobierno francés, el mismo gobierno que continúa ejecutando las medidas más agresivas del capitalismo contra la clase trabajadora, y que ha llevado al pueblo francés a las calles en continuadas jornadas de luchas y huelgas multitudinarias, en conjunción con el movimiento estudiantil, siempre muy activo en Francia. Estos movimientos anticapitalistas franceses mantienen con vitalidad la lucha de clases, promueven la conexión de núcleos de lucha y los conflictos laborales, estudiantiles, ecológicos… una contienda interseccional en muchos sentidos que no nos resulta ajena a la situación presentada, por ejemplo en el Estado español. Nuestro apoyo a las personas heridas y detenidas en la resistencia de la ZAD frente a las fuerzas represivas francesas. El autoritarismo represivo no es una táctica exclusiva de determinados gobiernos, sino una constante de las élites capitalistas frente a la autoorganización.

Los gases y la política. ¿Dónde está la izquierda revolucionaria?

Tras la primera ronda de las elecciones en Francia, en el mapa político del país vecino, Mélenchon queda fuera de la segunda ronda, el candidato de izquierdas que pudo haber sorprendido en estos comicios con un discurso que apuntaba a la clase obrera y también a disputar el nacionalismo a la derecha. No obstante, al no haber pasado esta ronda, quedan como finalistas el nacionalismo conservador y supuestamente ‘euroescéptico’ de Le Pen y Macron, un neoliberal pro-UE. Efectivamente, a la izquierda revolucionaria ni se le huele, como ya ha expresado el compañero Ángel en su artículo más los comentarios debajo del mismo que tenéis que leer antes de continuar con éste. Sabemos que a estas alturas algo falla y hay huecos vacíos que estamos dejando. Por eso quiero hacer una aportación más al debate.

Como dije hace tiempo, la política es como los gases, los cuales tienden a ocupar el mayor espacio posible. Así es cuando una fuerza política abandona un espacio, otra la ocupará. La política día a día en las calles, en los centros de trabajo, en el instituto o la Universidad, en los servicios públicos, en la vivienda, etc es un primer paso imprescindible de cara a la construcción de pueblo. Sobre ello no dudamos y estaremos de acuerdo prácticamente todas. No obstante, no he venido a hablar una vez más de la inserción social, sino de escalas: local, regional, nacional e internacional, o simplificando, de lo micro y lo macro. Cuando se habla desde un plano macro noto una ausencia desoladora. Una vez más, la metáfora de los gases nos indica una clara ausencia de la izquierda revolucionaria, pues ha dejado su vacío en lo que respecta a la política a escala nacional y la han ocupado los nacionalistas y neoliberales.

Siguiendo con Francia, las luchas que se han dado en este país el pasado primavera-verano han sido bastante potentes: las ZAD, la huelga general en rechazo de la propuesta de reforma laboral y Nuit Debout. No obstante, todo aquello no cristalizó en un proyecto político de país que se viese representado en algún programa de algún partido, hasta que apareció Mélenchon con un programa de izquierdas en el que quizás se pudiese ver representado todas esas luchas. Y continuando con la política nacional, ya mismo en el comentario de Black Spartak ha apuntado al tema de la soberanía nacional, concepto sobre el cual tanto el liberalismo como el nacionalismo de derechas tienen sus relatos y sobre el cual apoyan sus proyectos políticos. Si Podemos ha comenzado a hablar de patria y de España como Estado plurinacional, es precisamente para llenar ese vacío en lo que respecta a los debates sobre la cuestión nacional y al proyecto de país, ocupado por la derecha, la socialdemocracia y poco más. Eso me pregunté yo en su día aquí y aquí, ¿cómo un tema tan importante como la soberanía y la cuestión nacional generaba tal rechazo entre buena parte de la izquierda revolucionaria y más entre el anarquismo? ¿Porque no es algo que vaya con nosotras? ¿Porque es burgués? ¿O porque se nos escapa de las manos y no sabemos qué decir al respecto? Pues esto es un error garrafal, ya que en los debates sobre política a nivel nacional y de cara a la opinión pública nos quedamos fuera. No porque nos echen, sino porque nosotras mismas nos salimos al carecer de proyectos políticos y programas.

Volviendo a la política en lo macro, necesitamos recuperar este hueco si queremos avanzar y que nuestras alternativas se escuchen y sean tenidas en cuenta. Con esto no estoy diciendo que tengamos que abandonar los barrios. Al contrario, tenemos que seguir en las calles tratando de que los movimientos sociales avancen, abriendo otro ciclo de luchas y mantenerlo, ir construyendo pueblo, creando poder popular, y a la vez, organizarnos políticamente, trazar estrategias políticas e ir configurando un proyecto político sentado en la realidad. Y aquí es donde entran las claves de por qué hemos de incidir en la política a nivel macro:

1.- Legitimar las luchas en lo micro a través de la creación de discurso y relatos en favor de las luchas sociales influyendo en la agenda pública. Esto servirá para superar la inercia de esperar el golpe para responder, y así pasar a la ofensiva tomando la iniciativa.

2.- Crear un contrapeso a la derecha tanto conservadora como neoliberal en lo que respecta a la construcción de proyectos políticos, inclinando la balanza en favor de la clase trabajadora. Hay que evitar que la opinión pública vire cada vez más hacia la derecha.

3.- Construir un proyecto político que recupere la soberanía popular como proyecto de país en clave socialista libertario, cuyo programa incluya propuestas sobre la nueva institucionalidad (administración democrática, democracia obrera, como se le quiera llamar), con su modelo territorial, económico y social.

En resumen, si de verdad desde la izquierda revolucionaria nos planteamos salir de la marginalidad, deberíamos poner sobre la mesa la necesidad construir la política a nivel macro. Una mirada hacia el movimiento de liberación kurdo, hacia Izquierda Libertaria de Chile o el Congreso Nacional Indígena y los zapatistas, y veremos que tras años y años de luchas han dado el salto a la configuración de actores políticos a nivel macro, con sus programas, proyectos y líneas estratégicas acordes a la coyuntura de cada país.

La izquierda revolucionaria estamos fuera de juego

Es posible que encontréis el título de este texto demasiado osado, falto de un análisis pormenorizado, o incluso, una mala idea difundir una sentencia tan abrumadoramente negativa para nuestras expectativas políticas. A través de este artículo intento sentar bases de reflexión para que encontremos en esta frase demoledora el potencial suficiente para cambiar radicalmente la situación actual que tenemos delante.

Probablemente muchas personas os hayáis enterado que este domingo por la noche hubo elecciones presidenciales en Francia, y si bien, mi preocupación por el sistema electoral o las cifras parlamentarias es más bien escasa, sí aspiro a sacar conclusiones en clave socio-política que pueden interesarnos al pueblo trabajador. La realidad práctica de la política legislativa me ha llevado a descreer bastante joven de las posibilidades reales de unas instituciones inservibles para generar una transformación palpable para las personas que día tras día nos levantamos a trabajar incansablemente para sobrevivir. Sin embargo, por más que estas instituciones políticas no respondan a las necesidades colectivas de la gente, me parece un error no analizar convenientemente estas dinámicas sociológicas. Una vez conocidos los resultados de las mencionadas elecciones francesas, y sabiendo que el sistema electoral francés se basa en dos elecciones consecutivas, los medios generalistas proclamaron vencedores de los mismos a Enmanuel Macron y a Marine Le Pen, que tendrán que enfrentarse en una segunda vuelta. Para estar mejor informados/as conozcamos mejor a estos dos representantes:

Marine Le Pen es una abogada francesa, presidenta del Frente Nacional, sucesora e hija de Jean-Marie Le Pen, ex político y veterano militar de los paracaidistas franceses de la Legión Extranjera que participó en varios conflictos bélicos contra los procesos emancipatorios y anticolonialistas en Indochina (1953), en Suez (1956) o en Argelia (1957). Su partido tiene un ideario revestido de antiliberalismo popular y ultranacionalismo, que esconden un peligroso discurso xenófobo, autoritario y socialmente intolerante con cualquier minoría discriminada.

Enmanuel Macron es un alto funcionario francés, especialista en inversión bancaria que acabó siendo socio en la Banca Rothschild, hasta llegar a formar parte del gobierno de François Hollande como Ministro de Economía, entre otras cosas impulsando la Reforma Laboral francesa que llevó a protestas en las calles a cientos de miles de personas de clase trabajadora. Defensor de la ideología neoliberal que intenta retratar las bondades de un capitalismo como mejor sistema posible, obviando la incompatibilidad de este con la vida humana como demuestra nuestra cotidianeidad internacional.

Por lo tanto, nos encontramos con que los dos máximos vencedores de dichas elecciones francesas son una persona que radica su discurso en presentar como un bien social el neoliberalismo y otra que defiende un discurso nacionalista y xenófobo. Esto nos lleva a preguntarnos dónde se encuentra por lo tanto el discurso de la izquierda revolucionaria, y por este no me refiero al representado por el candidato Melenchon, a esa izquierda progresista que se atrinchera en la social-democracia ante el impetuoso avance de los otros dos actores. La confrontación social no la estamos presentando desde hace ya bastantes años la izquierda transformadora, sino que los actores protagonistas en este mundo son el liberalismo y el nacionalismo, son estos los que protagonizan todo el discurso social, que se asienta sobre el imaginario de todas las personas y se expresa diariamente en nuestras actitudes.

No es raro encontrarnos a muchos familiares y amigos o amigas, con quienes en cualquier conversación sobre temática socio-política, las soluciones a los problemas reales que sufrimos los/as trabajadores/as fluctúan sobre dos ejes mayoritariamente: por un lado entre el individualismo competitivo que nos impone el mundo laboral y los méritos que suponen la acumulación de títulos universitarios perdiendo de vista un verdadero sentido de lo común; y por otro lado la defensa de un ideal profundamente nacionalista, de privilegios sociales intolerantes y una postura intransigente contra las minorías, que destierra de nuestra actitud la empatía y convivencia social sana. El discurso de izquierdas no está presentando batalla, la gente en la calle no plantea como solución a los problemas cotidianos apoyarse en sus semejantes. Solemos ver a otras personas, bien como competidoras o bien como invasoras de una construcción cultural defendida a ultranza sin cuestionarnos que se trata de una construcción social que responde a intereses que no son los nuestros. No imaginan una autoorganización en las comunidades barriales o locales para construir soluciones aquí y ahora, y no esperar a un futuro inexistente en que nos las entregarán en bandeja. La gente ha perdido esperanzas en actuar desde un pensamiento de izquierdas, y parecemos atrapados en esta confrontación entre liberalismo y nacionalismo.

Una aplastante victoria del capitalismo ha sido encontrar su éxito en la globalización, es decir, en el internacionalismo del capital. De esta manera, el discurso de izquierdas quedó naufragando a la deriva, completamente noqueado, pues el neoliberalismo habría fagocitado su principal valedor, el apoyo internacionalista de la clase trabajadora, utilizándolo en favor de los beneficios de la economía de mercado. Ante esta situación, y tras la grave crisis económica mundial que llevamos arrastrando ya casi una década y que está dejando al pueblo trabajador en una posición de desamparo y precariedad, reaparecen las viejas recetas nacionalistas y autoritarias, pero como también históricamente irrumpieron, disfrazando su discurso de social y popular. Es por eso que afirmo, por lo tanto, que la balanza de los discursos y acciones políticas actuales solamente se batallan entre estos dos actores. Aquellas personas que queremos actuar desde una actitud social de izquierda libertaria, muchas veces sentimos encontrarnos ante un enorme muro delante que nos conduce a quedarnos en nuestras zonas de confort activista, o bien tratando de construir proyectos limitados y reducidos a un grupo, pero no con aspiraciones sociales amplias.

Desde hace algunos años, y bien podemos analizarlo si vemos la clase de movilizaciones que hemos llevado a cabo, nos encontramos en una postura completamente reactiva. Esperamos a recibir golpes en nuestro día a día: desahucios, despidos y precariedad, detenciones por delitos surrealistas, una sanidad deplorable… Creamos estructuras de apoyo que sirvan para reajustar o frenar estos palos que nos da el capitalismo cotidianamente, acabamos sumidos en una doctrina del shock, puesto que el impacto social es abrumador y deshace nuestro potencial activo. No tenemos tiempo, ni compromiso social, ni fuerzas emocionales para presentar una lucha que active la confrontación donde se encuentra el centro neurálgico de nuestros problemas. Quizá sea el momento determinante de pararnos a pensar si es sostenible para nosotros/as como comunidad social continuar retrocediendo. Tenemos capitalismo para rato, y además, el único actor que le hace frente es ese nacionalismo autoritario, con lo cual nos deja a las clases populares de izquierda revolucionaria fuera del juego político y social, han exiliado nuestro discurso de izquierda transformadora. Sin una actitud nostálgica de un pasado que no regresará por arte de magia, porque el contexto social es completamente distinto, debemos recuperar la acción desde la izquierda revolucionaria con aspiraciones sociales, creérnoslo nosotros/as mismos/as y generar unas amplias bases de autogestión, solidaridad y autoorganizaciones con el objetivo de arrebatar espacios en nuestras vidas a las instituciones oficiales y enfrentándonos al discurso de los grupos sociales fascistas y xenófobos.

Enlaces del mes: Febrero 2017

Este mes pudimos leer cómo las críticas de cierta izquierda reafirman a la ultraderecha que se abre paso. Pasó en la elección de Trump como presidente de EEUU y volverá a ocurrir en Francia con Le Pen si algo no lo remedia. La izquierda debe volver a situarse como herramienta de los de abajo, organizando a la clase trabajadora y abandonando un elitismo clasista. Mientras, la ultraderecha se mueve.

En el otro país vecino, Portugal, una coalición de izquierdas gobierna entre el silencio mediático. Ese gobierno ha logrado algunos avances gobernando contra las políticas de austericidio que merece la pena conocer: Recuperación de los sueldos públicos y reducción de la jornada de trabajo, subida del salario mínimo y de las pensiones. Una demostración de que las políticas de austeridad no son ineludibles, sino la opción ideológica impuesta por el poder para robar al pueblo.

Si el ejemplo de Portugal nos demuestra que sí se puede llevar adelante una política progresista, los estibadores nos muestran un camino para quienes la defendemos mediante el poder popular y no mediante las instituciones. No debemos permitir que se siga precarizando el empleo. Necesitamos seguir trabajando para construir una organización sindical fuerte y revolucionaria.

Mientras tanto, en España sigue mandando el IBEX. En esta entrevista Rubén Juste analiza las relaciones del poder político y económico para desvelar cómo este último impone su dictadura de mercado, el régimen posfranquista español.

Las mujeres lideran la lucha popular con un ejemplo de acción directa contra la violencia machista. 25 puntos exigidos mediante una acampada en la plaza de Sol y una huelga de hambre sostenida por ocho mujeres desde el pasado 9 de febrero, que mantendrán hasta que los partidos cumplan sus demandas.

Pero la lucha contra el patriarcado no se limita a denunciar el asesinato y la violencia física, porque el machismo nace en actitudes cotidianas y es necesario combatirlo desde la calle y la plaza hasta la misma alfombra roja y los comportamientos aprendidos. Leticia Dolera, actriz española, nos habla de las contradicciones que vive una feminista en la gala de premios Goya.

Los videojuegos no se libran de un marcado sesgo machista. En el reportaje «Me pido a la chica», las compañeras de Píkara analizan a los personajes femeninos de los videojuegos: «En la mente de la mayoría de los programadores (recordemos, hombres), los “temas serios”, como la guerra (Call of Duty), las mafias (Grand Theft Auto) o las intrigas políticas y de espionaje (Metal Gear Solid), se instalan en terrenos muy masculinizados, mientras que ciertos juegos de corte minoritario parecen venir de fábrica destinados a nosotras. […]

Con todo […] la que personalmente me parece la verdadera cumbre como personaje femenino de todo el universo de los videojuegos no es otra que Ellie, coprotagonista del maravilloso The Last of Us. Una espabilada chiquilla de apenas catorce años que demuestra tener más agallas que nadie en el desarrollo de la trama, empoderada, resuelta y, además, lesbiana (o al menos bisexual), como quedó demostrado en la preciosa escena de su beso con Riley en la precuela Left Behind y que desató las críticas de los mismos descerebrados de siempre.»

También un ejemplo de solidaridad nos llega desde Grecia, donde el activismo anarquista busca soluciones para la crisis humanitaria. El barrio de Exharchia se organiza para acoger a los refugiados.

Pero la solidaridad debe ser más que un modo de resistencia, debe ser una herramienta para transformar la sociedad por completo. Podemos aprender mucho mirando hacia el Kurdistán sobre esa necesidad de revolución y sobre cómo llevarla adelante. Abdullah Öcalan, lider del PKK, contribuye con un pequeño análisis para pensar en la revolución en nuestro siglo.

La revolución es, si cabe, más urgente a nivel ecológico en una sociedad que ha sobrepasado los límites biofísicos del planeta y que sigue dependiendo del crecimiento tecnológico y económico. Frente al futuro de colapso al que nos condena el capitalismo, Ted Trainer nos propone la vía de la simplicidad, un modelo de sociedad democrática y descentralizada para vivir mejor y respetar el medio ambiente.

Finalmente, un espacio para la memoria histórica en el testimonio de la superviviente de la mayor masacre llevada a cabo por el franquismo durante la Guerra Civil Española: La desbandá, en Málaga: Legionarios del Tercio, los novios de la muerte sedientos de sangre, allanaban las casas y lo edificios en busca de la “canalla roja”. Los Regulares yihadistas –Franco les prometió el paraíso– con sus cuchillos afilados se preparaban a degollar a esos ateos y apóstatas que ofendían a Jesucristo (su amado profeta). “¡Qué vienen los moros!”. La gente gritaba y corrían como almas que lleva el diablo. Las palabras de Queipo de Llano (el pionero del terrorismo mediático) retumbaban en su cerebro: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombres. De paso, también a las mujeres de los rojos, que ahora por fin han conocido hombres de verdad y no castrados milicianos”

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