Breve introducción al surgimiento de las jerarquías

La jerarquía no es sólo una situación interpersonal, identificada comúnmente con la subordinación de unas personas a otras. Es un concepto interiorizado hasta tal punto que tratamos de explicar la naturaleza basándonos también en estructuras jerárquicas, ya sea cuando decimos que una manada de lobos tiene un líder o hablamos de la «abeja reina». Estos ejemplos que alguien podría identificar como relaciones de jerarquía en la naturaleza no se corresponden con ella, ya que en el primer caso ese liderazgo está sujeto a un individuo concreto en situaciones concretas, y no una institución como tal que perdure en la especie, y en el segundo es la «mamá» del enjambre que no dirige, sino que provee de mano de obra y de una nueva «mamá» cuando es necesario para que el grupo perdure. Incluso los mandriles se han usado como ejemplos de jerarquía y patriarcado, sin tener muchas veces en cuenta que es con el gibón, simio que no presenta este tipo de actitudes, con quien los humanos compartimos más rasgos físicos y evolutivos.

El proceso que nos ha llevado a un pensamiento jerárquico al nivel de reflejarla en nuestros modelos de la naturaleza y justificarla en ellos ha sido largo y complicado, por lo que sólo presentaré una visión a grandes rasgos de su aparición.

En las sociedades previas a la aparición de la jerarquía existía una división del trabajo en la que los distintos elementos del grupo se complementaban. Esta complementariedad en el reparto de tareas se daba también en la división entre hombres y mujeres, diferenciación que apareció, principalmente, por la menor movilidad de éstas en periodo de gestación y crianza. El papel de la mujer no era inferior al del hombre, ya que el deber de alimentar a la comunidad mediante la recolección y posteriormente la agricultura era tan imprescindible como el de la caza. Esta situación comenzó a cambiar con las guerras entre clanes por el territorio. La figura del guerrero cobró importancia. En términos de defensa comenzó la subordinación de la mujer. Una vez que nos adentramos en el neolítico y tenemos tierras cultivables la reclamación de las tierras del clan invadido como trofeo personal comenzó de algún modo con la acumulación desigual de la tierra, ya que las tierras de la tribu pertenecían en la colectividad. Los vencidos se convierten así en desposeídos y posteriormente en esclavos. Entre los líderes militares aparecen patriarcas con posesiones materiales y autoridad respecto a las relaciones con el exterior. Pero esto no es suficiente para explicar una jerarquía más elaborada y estratificada.

Una explicación más completa sobre cómo llegan a aparecer las jerarquías nos la da el estudio de los ancianos de las tribus. Si en un principio éstas se regían por asambleas o consejos de ancianos, estos consejos no constituirían una jerarquía real, ya que todos los miembros de la tribu están destinados a formar parte de este grupo (siempre y cuando sobrevivan para alcanzar una edad avanzada). Además esta tarea podía ser interpretada como una especie de compensación ya que su capacidad para actividades como conseguir alimentos o edificar viviendas están claramente limitadas. En los ancianos aparece un rencor hacia la naturaleza cruel, que transforma su cuerpo y espíritu limitando sus capacidades. Estos ancianos además necesitan asegurarse un puesto imprescindible en el grupo, ya que en épocas de necesidad son los primeros en ser abandonados ya que su labor es, por así decirlo, la menos necesaria para la supervivencia del grupo. Aconsejan a la comunidad, apareciendo sabios y hechiceros que ponen bajo su mando a las fuerzas de la naturaleza que les ha maltratado. Comienza la dominación por el miedo a los espíritus de la naturaleza, pero este grupo tiene ciertos fallos, que se subsanan con la aparición de las religiones. Las catástrofes y las enfermedades no tenían ninguna justificación en el marco de la hechicería, pero si incluimos a unos dioses con una moral estricta que nos castigan si incumplimos sus normas, el sacerdote se convierte en un mediador que les puede aplacar, pero aún así las catástrofes ocurren, porque incumplimos determinadas leyes. De ese modo estos sacerdotes se convierten también en legisladores y se enriquecen por las ofrendas que presentan como necesarias para el beneficio del pueblo. Se crea así una estructura estatal completa al institucionalizarse esa labor. Los consejos a la comunidad se convierten en dirección de la comunidad entrando en juego intereses personales. Estos grupos se politizan y transforman, llegando a perder toda relación con la mitología de la que surgieron y afirmándose como estados políticos.

El cambio en la mente colectiva se refleja en la transformación de las divinidades. A las primitivas diosas madres dadoras de vida les aparecen compañeros que poco a poco usurpan sus labores y aparecen figuras como Pandora y Eva, mujeres culpables por su curiosidad de los males de la humanidad, culpabilidad y relación directa con el pecado que se ha establecido sobre las mujeres a lo largo de la historia. Las divinidades naturales cambian por divinidades antropomórficas apareciendo en este proceso de cambio criaturas intermedias como esfinges y minotauros y en los grupos de divinidades que se complementaban, reflejo de las comunidades que se regían de forma asamblearia, aparece un dios superior que dirige a los otros (Zeus). Esto alcanza su apogeo con Yahvé, dios único y verdadero, celoso de sus fieles.

Si juntamos esto con el poder militar citado anteriormente, tenemos todos los ingredientes necesarios para la gerontocracia patricéntrica hacia la que se evolucionó. Se llega a un núcleo familiar en el que el padre tiene poder absoluto sobre todos los miembros de ésta, poder que posteriormente le será reclamado por el estado, que exigirá a los hijos para que sean sus soldados, burócratas…

Si bien los dos grupos citados (jóvenes líderes guerreros y ancianos «guías» políticos) no siempre estuvieron unidos y a lo largo de la historia han aparecido diferentes tensiones entre el poder militar y el poder político/eclesiástico, juntos conforman la estructura jerárquica que ha evolucionado en los estados actuales.

Crónica de la feria del libro anarquista en Dublín

El pasado día 16 de abril tuvo lugar en Dublín la feria del libro anarquista organizada por el WSM (Workers Solidarity Movement), organización anarquista de Irlanda. En ese día, a su vez, hubo multitud de charlas a las cuales no asistí a todas, sino a las que pude ya que las hubo simultáneas durante la misma jornada de mañana. Voy a narrar los acontecimientos en orden cronológico y desde mi experiencia personal estos dos días en que estuve en Dublín. Siendo sincero, no pude entender el 100% de lo que dijeron en las charlas ya que apenas llevo dos semanas por estas tierras y aún tengo que mejorar mi inglés.

El día anterior a las 19:30, asistí a una charla sobre los acontecimientos en Rojava donde estaban de ponentes Janet Biehl y unos kurdos. En ella, comentaron las influencias de Bookchin sobre el Confederalismo Democrático como proyecto político para el pueblo kurdo y Oriente Próximo. También explicaron cómo se estructuraba socialmente, la administración democrática, el contrato social y el TEV-DEM como movimiento social amplio. Como habremos leído en otras ocasiones, esta nueva administración tiene como bases las comunas y cooperativas gestionadas asambleariamente; este proyecto tiene carácter laico y multiétnico, lo cual, todas las etnias tienen voz y voto en las asambleas y pueden profesar su fe libremente. No han comentado demasiado acerca de las YPG. Luego, una representante del Congreso de Mujeres Libres (KJA por sus siglas en kurdo) nos presentó su organización y las áreas en que trabaja, tales como en la economía, la política, lo social, la diplomacia, los derechos humanos, la autodefensa y la lucha contra la violencia machista, la ecología, los medios de comunicación y prensa, etc. El KJA es afín al proyecto político promovido por el PKK, considerando la liberación de la mujer una cuestión crucial para la revolución. Tienen su sede en Diyarbakir y aquí tenéis más información. En Rojava, mencionaron a la Fundación de Mujeres Libres en Rojava (WJAR), la cual promueve la mejora de la participación de la mujer en diversas áreas, y se involucra en proyectos cuyas actoras principales son mujeres, tales como de aperturas de centros de salud, cooperativas, parques, villas, etc…

La charla fue bastante concurrida, hubo alrededor de 100 personas aproximadamente, y el acto terminó un poco tarde debido a que la gente preguntaba bastantes cosas. Tras acabar, tuve la suerte de poder dormir en casa de unos kurdos.

Al día siguiente, fui a la feria como tal y ahí he visto puestos del propio WSM, de AF(Anarchist Federation), IWW, AK Press y otros tantos más que se pueden ver en el post de la página web del WSM. Los libros que adquirí finalmente fueron: «The adventures of Tintin – Breaking Free», «The anarchist movement in Japan» y «Myths and memories of the Easter Rising», además de materiales sueltos gratuitos que he ido pillando.

Luego llegué tarde a una charla sobre la reconstrucción de los sindicatos desde abajo donde miembros del IWW trataban cuestiones sobre la necesidad de la organización sindical por parte de los propios trabajadores e independiente del Estado y la patronal, cómo impulsarlas en el actual contexto y qué propuestas y proyección de futuro pueden aportar. Después, fui a otra sobre la rebelión irlandesa durante la I Guerra Mundial contra la imposición británica y la participación de la clase trabajadora en ella. No he podido enterar muy bien porque el ponente hablaba muy rápido… Tras un breve descanso, fui a otra charla donde comentaron ejemplos de diversas luchas sociales basadas en la acción directa como la campaña contra la subida de las tasas del agua, a favor del aborto, etc.

Al finalizar las charlas, he asistido a una breve sesión de debate acerca de la necesidad y el papel que tendría una organización anarquista. Se hablaron temas sobre el feminismo dentro de las organizaciones, la influencia en las diferentes luchas sociales, qué podríamos aportar desde el anarquismo a ellas, etc. Fue entonces cuando pude intervenir, aunque solo fuesen 5 minutos, explicando la necesidad de construir un proyecto político basado en el poder popular y tener una línea estratégica hacia el socialismo libertario, siendo el papel de la organización anarquista el convertirse en referente en la creación de un proyecto político capaz de hacer frente a la Europa del capital. Finalmente, tenían programado un After party con música en directo, pero no pude estar por más tiempo porque si salía demasiado tarde, no habría autobuses de vuelta.

Algunas notas tras finalizar la jornada;

—Los actos se realizaron en lugares muy concurridos, prácticamente en el centro de la ciudad y alrededores de una enorme plaza llamada «Smithfield Sqare», teniendo lugar las charlas en los pubs «The Cobblestone», «Ryans» y en un gran hotel llamado «Generator» estaban los stands de libros, además de acoger algunas charlas. Llama la atención que, al contrario de lo que aquí se realizan este tipo de jornadas donde se realizan solamente en nuestros espacios, el WSM organizó estos actos en locales que no tienen relación alguna con el movimiento. La elección del sitio, pienso, responde a la cuestión de que sea vista por la mayor cantidad de gente posible y que son actos que no se realizan para autoconsumo, sino de actos dirigidos para todo el público, lo que abrirá la posibilidad de que algunas personas puedan interesarse por el anarquismo o en las luchas.

—Por contra, los costes económicos son bastante elevados, la propia organización lo reconoce pero consiguen sufragar parte de estos gastos por las donaciones recibidas, ya que he observado que logran recaudar una cantidad considerable.

—Tienen formularios como feedbacks para recoger las impresiones de la gente con preguntas cortas tales como el medio por el que se enteró del evento, su ideología (anarquista, marxista, feminista, ecologista, otros…), y en qué aspectos sería mejorable. Además, dejaba unos campos donde podías dejar tus datos de contacto y las áreas que te interesen (diseño, antifascismo, antirracismo, escribir artículos, etc…).

¿Volvería el próximo año? Dependerá de mis circunstancias personales, pero la verdad es que me ha quedado un buen sabor de boca. Os dejo algunas fotos de las jornadas:

 

Charla del viernes con Janet Biehl

La organización social en Rojava (Foto de un militante del WSM)

Entrada del hotel Generator en la céntrica plaza de Smithfield Square. Dentro están los puestos de libros y algunas charlas se darán allí

Puesto de IWW

Puesto del WSM

Otros puestos

Más stands con banderas de YPG/YPJ de fondo

Charla sobre sindicalismo

Charla sobre las ideas de Bookchin (Foto de un miembro del WSM)

Comenzando el After party

El Sindicato Libre y la época del pistolerismo

Nos situamos a finales de 1919 y la famosa huelga de ‘La Canadiense’ ya ha pasado, provocando, entre otras cosas, una disparidad de opiniones en el seno del movimiento obrero y sindical sobre la radicalidad de los procedimientos en la lucha contra la patronal y el Estado. El diez de diciembre de ese mismo año, el carlista Ramón Sales, antiguo militante del Sindicato Mercantil de Barcelona en la CNT y miembro de la organización tradicionalista ‘Grup Crit de la Pàtria’, se reunía con varios militantes carlistas y miembros del Centro Obrero Legitimista. El objetivo de esa cita era crear la Corporación General de Trabajadores de los Sindicatos Libres de España, lo que pasaría a la historia como el Sindicato Libre o simplemente “El Libre”. De forma paralela a esto, el día doce de diciembre de 1919 se convertía en Primer Ministro de España el maurista Manuel Allende Salazar, el cual puso como Gobernador Civil de Barcelona al Conde de Salvatierra. Comenzaba así un recrudecimiento de la presión -y represión- patronal contra el movimiento obrero (especialmente anarquista), la cual se caracterizaría por una connivencia en materia represiva entre las fuerzas de seguridad del Estado, los sicarios de la patronal y los carlistas del recién nacido Sindicato Libre.

Antes de explicar los sucesos violentos entre el  Libre y el movimiento anarquista, veamos qué fue aquel sindicato fundando por carlistas y que, erróneamente, se le consideró -y se le sigue considerando- un sindicato a sueldo de la patronal (e incluso creado por ésta). Como hemos dicho anteriormente, fue fundado el diez de diciembre de 1919 por Ramón Sales -un joven de 19 años, antiguo miembro de la CNT, cristiano católico devoto y de ideología carlista- junto a cien trabajadores tradicionalistas. La creación de este sindicato se debió a varios motivos: la radicalización ideológica dentro de la CNT, la fuerte presencia de pistoleros y de procedimientos violentos para defender los intereses de la clase obrera y el supuesto impedimento a mejoras salariales a causa de los dos anteriores factores. El Sindicato Libre contó con dos etapas durante su vida. La primera, desde su nacimiento hasta principios de 1921, en la que la afiliación era escasa (10.000 afiliados, aproximadamente) y existía un ‘pacto no escrito’ entre el Libre y el sector industrial por el que no se hizo ninguna huelga o boicot, funcionando pues como sindicato amarillo. En la segunda fase, sin embargo, las cosas cambiaron radicalmente. Desde mediados de 1921 hasta octubre de 1922, el Libre comenzó a establecer acuerdos con Martínez Anido, que por aquel entonces era Gobernador Civil de Barcelona, consiguiendo así su protección. También se establecieron acuerdos de financiación con la Unión Patronal, presidida por Félix Graupera, y hasta con el propio presidente Eduardo Dato, el cual utilizó fondos públicos para financiar al Sindicato Libre. En esta temporada llegó a tener hasta 150.000 afiliados, gracias a la clandestinidad a la que pasó la CNT. Uno de los sambenitos que tuvo que acarrear -y actualmente sigue acarreando- el Libre fue su consideración como sindicato que tuvo la misión única y exclusiva de la defensa de los intereses empresariales y que, incluso, había sido creado por la propia patronal catalana. Nada más lejos de la realidad, ya que no fue una simple herramienta de transmisión de los intereses empresariales y estatales, sino que fue un sindicato que guardó siempre su autonomía y dirigió sus esfuerzos a ser una especie de alternativa al sindicalismo revolucionario de la CNT. Aunque es cierto que fue un sindicato amarillo, contrario a la emancipación de la clase trabajadora y una suerte de policías-obreros. De hecho, mantuvieron siempre una actitud ‘obrerista’ frente a la clase empresarial a la hora de pedir todo tipo de demandas, lo cual también provocó que cierto sector de la burguesía tuviera igual de aversión al Sindicato Libre como a la CNT o UGT. «Solamente más tarde llegaría la instrumentalización por parte de la patronal y de las fuerzas del Estado», escribía Amalia Pradas.

La época del pistolerismo fue uno de los episodios más duros de la historia de Cataluña, en lo que a violencia política se refiere, donde la guerra social entre la burguesía y el proletariado llegó a cotas sin precedentes y que no serían superadas hasta la Revolución Social de 1936. Ante la increíble fuerza que estaba consiguiendo el sindicato anarquista CNT, tanto en afiliación como en procedimientos de lucha, la patronal se las tuvo que ingeniar para poder poner fin, de forma total o parcial, al movimiento obrero en general y al anarquista en concreto. La clase empresarial catalana de la época usó tres ‘armas’ para luchar contra el movimiento anarcosindical: declarar lockouts, ‘comprar’ tanto a políticos como a cuerpos de seguridad del Estado y armar a pistoleros-sicarios para eliminar físicamente a sindicalistas de la CNT. La patronal utilizó todas estas ‘estrategias’ para combatir al sindicato CNT convirtiendo así las calles de Barcelona en un auténtico campo de batalla donde el único seguro de vida de cualquier trabajador afiliado a la CNT era portar un arma de fuego encima.

El primer gran incidente armado entre miembros armados de la CNT y pistoleros del Sindicato Libre ocurrió el seis de julio de 1920, en el que murió en el barrio del Raval Joan Purcet, líder destacado del Libre. Como venganza, los pistoleros amarillos asesinaban dos días después al líder cenetista Vicenç Roig en la plaza de Urquinaona. Se daba así inicio al famoso ‘ojo por ojo’, creándose una vorágine de venganzas entre los dos sindicatos en los que los muertos de un bando precedían a otros tantos del otro bando. Desde 1916 hasta 1923 ésta fue la cotidianidad de la clase obrera catalana y del movimiento anarquista, endureciéndose sobre todo a partir de 1920. El movimiento anarquista evolucionó del clásico terrorismo individual del siglo XIX al llamado ‘terrorismo de masas’ de los años ’20; la diferencia entre los cuales la explicaba de esta manera la escritora Amalia Pradas:

El primero se consideraba un mártir por la idea, que decidía libre e individualmente su suerte y no trataba de huir después de haber cometido una acción. Los delegados de los grupos de acción cenetista [pistoleros de la CNT] se consideraban más bien profesionales del atentado, fríos ejecutores de una consigna emanada de instancias superiores, y su intervención violenta se realizaba con todas las garantías posibles de seguridad: planificación previa sobre el terreno, instrumentos modernos de acción (automóvil, armas automáticas, etc…), ataques sorpresa y plan de huida previsto.

Este nuevo método de lucha, el terrorismo de masas, fue empleado de forma necesaria por el movimiento anarcosindicalista para defenderse ya no solo de los ataques propios de la clase burguesa contra la clase trabajadora, sino también para aguantar las embestidas del Estado y lo que algunos historiadores catalogaron como ‘plan de exterminio’ de los cuadros de la CNT (los llamados ‘Grupos de Acción’). Todo esto provocó tanto un incremento del ‘ojo por ojo’ como el hecho de que se ‘obligara’ a todo afiliado de la CNT a llevar una pistola encima por si tuviera que defenderse en cualquier momento.

Vemos entonces que fue a partir de la formación del nuevo Gobierno de Allende Salazar que el Estado comenzó a trazar un plan de ataque contra la CNT y todo el movimiento anarquista. El prefacio de ese plan de ataque se haría con una gran puesta en escena de 45.000 voluntarios del Somatén marchando por el Passeig de Gràcia el 24 de abril de 1921.

La época del pistolerismo se saldó con más de 800 atentados y 226 víctimas mortales, muchas de ellas ilustres como el Conde de Salvatierra (ex-Gobernador Civil de Barcelona), Francesc Layret (abogado obrerista), el Presidente del Gobierno Eduardo Dato o el famoso Secretario General de la CNT en Cataluña Salvador Seguí ‘El noi del sucre’. Esta situación de continua violencia fue uno de los motivos por los cuales Miguel Primo de Rivera daría un golpe de Estado en 1923 poniendo fin así a la época de la Restauración borbónica.

@borjalibertario

El makhnovismo y el anarquismo

Nota preliminar: Este es un fragmento del libro «Historia del Movimiento Makhnovista», escrito por Piotr Arshinov, que me pareció interesante rescatar ya que sigue siendo de actualidad, pese al contexto en que se escribió el libro. No obstante, en este fragmento se describen muchas semejanzas con el actual estado general del movimiento libertario y de buena parte del imaginario que hay en él. Sin más, os dejo que disfrutéis de su lectura.
________________

La idea del anarquismo abarca dos planos: el de las ideas propiamente dichas, la filosofía, y el de las realizaciones prácticas. Los dos están íntimamente ligados. La clase obrera en lucha está más cerca generalmente del lado concreto y práctico del anarquismo. Su principio esencial es el de la iniciativa revolucionaria de los trabajadores y su emancipación por medio de sus propias fuerzas. De este principio se siguen naturalmente el de la negación del Estado en la sociedad nueva y el de la autogestión de los trabajadores. Hasta el presente la historia de las luchas  proletarias no nos ha mostrado el ejemplo de un movimiento de las masas guiado por un espíritu anarquista puro. Todos los movimientos obreros y campesinos que se han desarrollado hasta aquí lo han hecho en los límites del régimen capitalista y no han estado más que superficialmente inspirados en el anarquismo. Esto es natural y comprensible. Las clases laboriosas viven, no en el mundo deseable, sino en el de la realidad y por ello están expuestas directamente a la acción física y psíquica de las fuerzas hostiles. Junto a la influencia de las ideas anarquistas, débil y limitada, los trabajadores sufren constantemente la influencia real y poderosa del régimen capitalista y de los grupos intermediarios.

Las condiciones de la vida moderna envuelven a los trabajadores de todas partes, como los peces son envueltos por las aguas del mar. Los trabajadores no pueden salir de ese ambiente. Por eso es natural que la lucha que sostienen lleve el sello de las diversas condiciones y particularidades de lo existente. Nunca ha podido nacer y manifestarse esa lucha bajo una forma anarquista claramente definida y corresponder a todas las exigencias ideales. Una forma semejante no seria posible más que en estrechos círculos políticos y aun entonces sólo en forma de planes y programas y no en la práctica. En cuanto a las masas populares, cuando entran en la lucha, sobre todo en una lucha de vastas dimensiones, cometerán, sin duda, errores que impliquen antinomias y desviaciones y sólo en el curso de la lucha podrán ajustar su línea de combate al ideal al que tienden. Ha sido siempre así. Lo mismo será en el porvenir. No importa con qué cuidado hayamos preparado las organizaciones y las posiciones de la clase obrera en tiempos de paz, desde el primer día de la lucha decisiva de las masas todo se hará en forma diferente a como lo hacía prever el plan elaborado de antemano; sucederá en ciertos casos que el hecho mismo de la acción de las masas desorganizará las posiciones preparadas; en otros casos las desviaciones y los choques inesperados harán necesario el cambio de las disposiciones tomadas. Y no será sino por grados que el vasto movimiento de las masas entrará en el camino que lleva al ideal.

Eso no quiere decir en modo alguno que la organización previa de las fuerzas y de las posiciones de la clase obrera no sea necesaria. Al contrario, es la condición esencial para la victoria de los trabajadores. Pero es preciso recordar que eso no es el coronamiento de la obra y que aunque haya sido realizado ese trabajo, el movimiento exigirá una gran perspicacia en todos los instantes y una facultad de orientación particularmente grande para acomodarse a las nuevas condiciones de la vida; en una palabra, será preciso dar pruebas de una estrategia revolucionaria de clase, la cual dependerá en un grado considerable el éxito del movimiento.

El ideal del anarquismo es grande y rico en su multiplicidad. Sin embargo el rol de los anarquistas en la lucha social de las masas es muy modesto. Su fin es ayudar a éstas a entrar en la vía justa de la lucha y de la edificación de la sociedad nueva. En tanto que el movimiento no haya entrado en la vía de la colisión decisiva, su deber es ayudar a las masas a darse cuenta de la significación de la lucha que les espera, a definir sus tareas y sus fines; deberá ofrecer su concurso para que éstas tomen las disposiciones de combate necesarias y organicen sus fuerzas. Si el movimiento ha pasado ya el período del conflicto decisivo, los anarquistas deberán entrar en él sin perder un minuto; deberán hacer todo lo que puedan para ayudar a las masas a liberarse de las desviaciones erróneas; deberán mantener su ímpetu en la dirección de los primeros ensayos creadores, servirles con el pensamiento, tratando de que la lucha entre en el verdadero camino que conduce a las aspiraciones esenciales de los trabajadores. En eso consiste el fin principal, por no decir único, del anarquismo durante la primera fase de la revolución. La clase obrera, en cuanto haya conquistado sólidas posiciones de lucha y de la edifcación social, no cederá a nadie la iniciativa del trabajo creador. Se dirigirá por su propio pensamiento, creará la sociedad nueva de acuerdo con su propio plan. Ese plan será anarquista o no, pero, lo mismo que la sociedad nueva, habrá surgido del trabajo libre, será modelado por el pensamiento y la voluntad del trabajo.

Al considerar el makhnovismo se destacan de inmediato dos aspectos esenciales del movimiento:

1) su carácter verdaderamente popular y su nacimiento proletario; el movimiento surgió de abajo, de la masa trabajadora; en su recorrido han sido sobre todo las masas populares quienes lo sostuvieron, lo desarrollaron y lo dirigieron;

2) a ello se debe el hecho de que desde sus primeros días se apoyó sobre algunos principios incontestables del anarquismo:

a) el derecho de los trabajadores a la iniciativa;
b) el derecho a la autogestión económica y social;
c) el principio del no estatismo en la edificación social.

En todas las fases de su desenvolvimiento, el makhnovismo ha mantenido esos principios con tenacidad y consecuencia. En nombre de esas ideas el movimiento ha soportado la muerte de doscientos mil o trescientos mil  de los mejores hijos del pueblo; ha rehusado entregarse a fuerza estatal alguna, ha sostenido durante tres años, en condiciones y en circunstancias difíciles y con un heroísmo poco común en la historia humana, la bandera negra de la humanidad oprimida, estandarte que simboliza la verdadera libertad de los trabajadores y la verdadera igualdad en el seno de la sociedad nueva. Vemos en el makhnovismo un movimiento anarquista de las masas laboriosas, no muy claramente definido, pero que aspira a cristalizar su ideal por la vía del anarquismo. Pero precisamente porque ese movimiento nació en las profundidades del pueblo no poseía los elementos teóricos indispensables en todo gran movimiento social. Esta carencia se manifestó entre otras cosas en el hecho de que el movimiento, frente a las condiciones generales, no llegaba a establecer a tiempo sus ideas y sus consignas, a elaborar sus formas prácticas concretas. Por eso avanzó lentamente y no sin esfuerzos, vistas las fuerzas enemigas múltiples que lo atacaron.

Era de esperar que los anarquistas, que habían hablado tanto de un movimiento revolucionario de las masas, que lo habían esperado durante años como la venida de un nuevo Mesías, se apresurarían a unirse al movimiento, a incorporarse y a fundirse en él. Pero fue de otro modo. La mayoría de los anarquistas rusos, que habían seguido la escuela teórica del anarquismo, permaneció en sus círculos aislados, sin razón alguna de ser en ese momento, discutiendo la naturaleza de ese movimiento sin hacer nada y tranquilizando sus conciencias con la idea de que el movimiento no parecía ser puramente anarquista. Sin embargo su aporte al movimiento insurreccional, sobre todo en el instante en que el bolchevismo no había tenido aún tiempo de obstaculizar su desarrollo normal, habría podido ser de un valor incalculable. La masa tenía una necesidad infinita de militantes que supiesen formular las ideas que la animaban, que supiesen definir y elaborar las formas y la marcha ulterior de la revolución. Los anarquistas no quisieron hacerlo. Causaron de ese modo un daño inmenso al movimiento y a sí mismos. Al movimiento porque no pusieron a su servicio sus fuerzas de organización y de cultura, lo que hizo que se desarrollara lenta y dolorosamente, con ayuda de los pobres recursos técnicos de que disponían las masas populares; a sí mismos porque perdieron mucho al quedar fuera de la actualidad y condenarse a la inactividad y a la esterilidad.

Nosotros nos creemos autorizados a decir que los anarquistas rusos, dormitando en sus círculos, dejaron pasar bajo sus ojos un movimiento grandioso de masas, el único hasta este día que, en la revolución actual, pareció realizar las aspiraciones históricas de la humanidad oprimida. Pero encontramos al mismo tiempo que ese hecho deplorable no tuvo lugar fortuitamente, que fue causado por razones determinadas que importa considerar con alguna atención. Una gran parte de nuestros teóricos pertenece por sus orígenes a la intelligentzia. Esa circunstancia es de una gran signifacación. Aun colocándose bajo el estandarte del anarquismo, muchos de ellos son sin embargo incapaces de romper definitivamente con el medio en que han nacido. Habiéndose ocupado de la teoría del anarquismo más que el resto de los camaradas llegaron gradualmente a convencerse de su rol de líderes del mundo anarquista y acabaron por creer que el movimiento anarquista mismo iría a la acción según sus indicaciones o al menos con su concurso dirigente inmediato. Ahora bien, el makhnovismo comenzó bien lejos de ellos, en una provincia lejana y en las capas más profundas de la sociedad moderna. Algunos solamente, entre los teóricos del anarquismo, tuvieron la sensibilidad y el coraje necesarios para reconocer que ese movimiento era precisamente aquel que el anarquismo había preparado desde hacia mucho, y se apresuraron a ir a su encuentro. Seria justo decir también que de todos los anarquistas “intelectuales” y teóricos, Volin fue el único que participó en el Movimiento Makhnovista con entera decisión, poniendo a su servicio todas sus aptitudes, fuerzas y conocimientos. El resto de los teóricos del anarquismo quedaron al margen.

Esto naturalmente no podría significar nada ni contra el makhnovismo ni contra el anarquismo, sino solamente contra los anarquistas y las organizaciones anarquistas que, en el momento histórico en que el movimiento social de los campesinos y de los obreros se manifestaba en todo su vigor, permanecieron pasivos y confundidos sin saber si acercarse o no a su propia causa, precisamente cuando se les presentaba revestida de carne y de sangre y llamaba a sus filas a todos aquellos a quienes eran caras la libertad del trabajo y las ideas del anarquismo. Otro rasgo aun más importante de la impotencia y la inactividad de los anarquistas es el desorden reinante en cuanto a las ideas y a la organización.

A pesar de que el ideal del anarquismo sea poderoso, positivo o incontestable, se encuentran en él muchos lugares comunes, y no pocas abstracciones y vaguedades y también desviaciones, permitiendo la posibilidad de que existan las más diversas interpretaciones de su pensamiento y de su programa práctico. Así muchos anarquistas derrochan hasta el presente sus fuerzas en tratar de resolver la cuestión de saber si el problema anárquico consiste en la liberación de las clases sociales, de la humanidad o de la personalidad. Ésta no es más que una vana cuestión de palabras, pero sin embargo tiene su base en algunas posiciones vagas del anarquismo y da libre curso a los abusos en el dominio de la idea anarquista primero y de la práctica anarquista luego.

La teoría anarquista de la libertad personal, lejos de estar aún sufi cientemente esclarecida, deja un vasto campo a los malentendidos. Evidentemente los hombres de acción, que poseen una voluntad firme y un instinto revolucionario fuertemente desarrollado, verán en la idea anarquista de la libertad personal ante todo la idea del respeto hacia la personalidad ajena, la idea de la lucha infatigable por la libertad anarquista de las masas. Pero los que no conocen la pasión de la revolución y los que piensan en primer lugar en las manifestaciones de su propio “yo” comprenden esa idea a su modo. Cada vez que se discute el problema de organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse a toda responsabilidad. Cada cual se retira a su oasis, imagina su obra y predica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.

De tal estado de cosas resulta un gran número de diferentes sistemas prácticos preconizados por los anarquistas rusos. De 1904 a 1907 hemos visto los programas prácticos de los Besnachaltzy [los “Sin autoridad”] y de los Chernoznamentzy [“La bandera negra”] que predicaban las expropiaciones parciales (la toma individual) y el terror general como método de lucha anarquista. Es fácil ver que esos programas no podían significar nada más que la expresión de las inclinaciones particulares de personas que se encontraban mezcladas al anarquismo por casualidad y que no eran posibles más que a consecuencia del débil desarrollo del sentimiento de la responsabilidad hacia el pueblo y la revolución. Últimamente hemos visto aparecer una gran cantidad de teorías, en algunas de las cuales se nota cierta tendencia hacia la autoridad estatista y la dirección autoritaria y centralizadora de las masas, mientras en otras se rechaza todo principio de organización y se proclama la libertad absoluta de la personalidad y otras aun se preocupan de aspiraciones demasiado “universales” del anarquismo, que en realidad no son más que simulaciones para esquivar las arduas obligaciones del momento histórico.

He aquí por qué cuando el movimiento popular constituido por el makhnovismo brotó de las capas profundas del pueblo, los anarquistas se encontraban tan débiles y poco preparados. El anarquismo no significa misticismo, ni vanas palabras sobre lo bello, ni tampoco un grito de desesperación. Su grandeza depende ante todo de la consagración a la causa de la humanidad oprimida. Lleva en sí la aspiración a la verdad de las masas; su heroísmo y su voluntad representan en este momento la única doctrina social sobre la cual las masas pueden apoyarse con confianza para dirigir su lucha.

Pero para justificar esa confianza no basta que el anarquismo sea una gran idea y los anarquistas sus representantes platónicos. Es preciso que los anarquistas tomen constantemente parte en el movimiento revolucionario de las masas y eso en calidad de obreros. Sólo entonces respirará ese movimiento la atmósfera verdadera del ideal anarquista. Nada se consigue en el mundo gratuitamente. Toda causa exige esfuerzos y sacrificios constantes. El anarquismo debe encontrar una unidad de voluntad y una unidad de acción, obtener una noción exacta de su rol histórico. El anarquismo debe penetrar en el corazón de las masas, fundirse con ellas.

La esencia del makhnovismo resplandecía con el fulgor del anarquismo y sugería involuntariamente la idea de este último. Fue entre todas las doctrinas la que prefirieron los guerrilleros. Muchos de ellos se titulaban anarquistas, sin renunciar a ese título ni ante la muerte. Y al mismo tiempo el anarquismo dio al makhnovismo algunos militantes admirables que, con amor y abnegación, pusieron sus fuerzas y sus conocimientos al servicio de ese movimiento. Ese cruce de los destinos del anarquismo y del makhnovismo comenzó hacia mediados de 1919. Fue sellado en el verano de 1920 por el ataque simultáneo, que dirigían los bolcheviques contra los makhnovistas y los anarquistas en Ucrania y subrayado de una manera particularmente brillante en octubre de 1920 en el momento del acuerdo militar y político entre las autoridades soviéticas y las makhnovistas, cuando estos últimos exigieron, como condición absoluta del acuerdo, que todos los makhnovistas y anarquistas fuesen liberados de las prisiones de Ucrania y de la Rusia Central, y que se les concediese libertad completa para profesar y proclamar sus ideas y sus teorías.

Anotemos por orden cronológico la participación de los anarquistas en el Movimiento Makhnovista. Desde los primeros días de la revolución de 1917 se formó en Guliay Polié un grupo de anarquistas comunistas que desarrolló un trabajo revolucionario considerable en la región. De ese grupo salieron después los militantes y los conductores más notables del makhnovismo: N. Makhno, S. Karetnik, Marchenko, Kalachnikov, Liuty, Grigori Makhno, etc. Ese grupo estuvo íntimamente ligado con los comienzos del Movimiento Makhnovista. Hacia fines de 1918 y comienzos de 1919 se formaron otros grupos en la región y trataron de ponerse en relación con el makhnovismo. Sin embargo algunos de esos grupos, como por ejemplo en Berdiansk y en otras partes, no estaban a la altura de la situación y no podían ser sino perjudiciales al movimiento. Afortunadamente el movimiento era de tal modo sano que los pasó por alto.

En los primeros meses de 1919 Guliay Polié albergó ya, no sólo a los militantes campesinos del lugar, anarquistas tan notables como Makhno, Karetnik, Marchenko, Vasilevsky y otros, sino también a algunos que habían llegado de ciudades distantes y que representaban a ciertas organizaciones anarquistas: Burbyga, Mikhalev-Pavlenko, etc., trabajaban exclusivamente entre las tropas insurreccionales del frente o de la retaguardia. En la primavera de 1919 varios camaradas llegaron a Guliay Polié para entregarse principalmente a la organización de los asuntos de la cultura y de la instrucción en la región: crearon el periódico Put k Svobode, órgano fundamental de los makhnovistas y fundaron la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié que se dedicó a la propaganda en el ejército y entre los campesinos.

Al mismo tiempo se fundó en Guliay Polié un grupo anarquista asociado con la federación Nabat. Trabajó en contacto estrecho con los makhnovistas en el dominio cultural e hizo aparecer el periódico Nabat. Poco después esa organización se fundió con la Asociación de los Anarquistas de Guliay Polié en un solo cuerpo. En el mes de mayo, treinta y seis obreros anarquistas llegaron de Ivanovo-Voznesensk a Guliay Polié; entre ellos se encontraba Cherniakov y Makeev. Una parte de ellos se instaló en la comuna anarquista situada a siete kilómetros de Guliay Polié; otros se entregaron a trabajos de cultura en la región, otros entraron en el ejército insurreccional.

En el mes de mayo de 1919 cuando la Confederación Nabat,que era la más activa de todas las organizaciones anarquistas de Rusia, se dio cuenta que el flujo principal de la vida revolucionaria de las masas estaba en la región de los guerrilleros. A comienzos de junio de 1919 envió a Guliay Polié a Volin, a Mrachny, a Josif, El emigrado y a varios otros militantes más. Se tenía la intención de transportar a Guliay Polié las instituciones principales de la Confederación después de las sesiones del congreso extraordinario de los obreros y campesinos convocados por el Consejo Militar Revolucionario para el 15 de junio. Pero el ataque simultáneo contra la región por parte de Denikin y de los bolcheviques no permitió poner en ejecución este proyectó. Mrachny fue el único que pudo llegar en ese momento a Guliay Polié, pero se vio obligado, a consecuencia de la retirada general, a regresar al punto de donde había venido, uno o dos días después de su llegada.

En cuanto a Volin y sus compañeros, no pudieron abandonar Ekaterinoslav y sólo en agosto de 1919 lograron unirse cerca de Odessa al Ejército Makhnovista en plena retirada. Los anarquistas se mezclaron pues al movimiento tarde, cuando su desarrollo normal había sido ya interrumpido, cuando había sido arrojado violentamente de las bases del trabajo de edificación social y cuando, bajo la presión de las circunstancias, había entrado principalmente en la vía de la acción militar.

Durante el período que se extiende desde fines de 1918 hasta el mes de junio de 1919, las condiciones para un trabajo positivo en la región habían sido más favorables: el frente había quedado a doscientos o trescientos kilómetros de distancia, cerca de Taganrog, y la población de la región, de varios millones de habitantes diseminados a través de ocho o diez distritos, se encontraba abandonada a sí misma.

Pero a partir del verano de 1919 los anarquistas no podían trabajar ya más que sobre el terreno de las operaciones militares, bajo un fuego continuo, obligados a cambiar de lugar todos los días. Los anarquistas que se habían unido al ejército hacían todo lo que podían en ese medio. Unos, como Makeev y Kogan, tomaron parte en la acción militar; la mayoría se ocupaba de trabajos culturales entre los insurrectos y en las aldeas que atravesaban los makhnovistas. Pero ése no era un trabajo verdaderamente creador, en el sentido real y vasto de la palabra. La atmósfera saturada de combates la había reducido principalmente a una propaganda volante. Era imposible pensar en una obra de creación, en una obra positiva. En algunos casos, como por ejemplo después de la toma de Aleksandrovsk, Berdiansk, Melitopol y otras ciudades, los anarquistas y los makhnovistas tuvieron la posibilidad –por un tiempo por lo demás muy restringido– de plantear los esbozos de un trabajo más profundo y más vasto. Pero luego llegaba por una parte o por otra una ola militar que lo arrasaba todo; y de nuevo era preciso limitarse a una propaganda sumaria entre los guerrilleros y los campesinos.

Las condiciones en aquel momento eran claramente hostiles a un vasto trabajo creador entre las masas. Algunos individuos que no habían participado en el movimiento o que no lo hicieron más que durante un tiempo breve, llegaron a erróneas conclusiones fundadas en la experiencia de aquel período, de que el makhnovismo era de carácter militar, que se preocupaba demasiado por esos aspectos y muy poco por el trabajo creador entre las masas, pero, en realidad, el período militar en la historia del makhnovismo no fue de ningún modo el producto de su esencia misma, sino sólo de las condiciones exteriores, tales como las que se plantearon desde mediados de 1919.

Los bolcheviques han tenido en cuenta la significación del Movimiento Makhnovista y la situación del anarquismo en Rusia. Sabían que él, privado de contacto con un movimiento popular de una importancia tal como el makhnovismo, carecería de base y no podría ser más que un fenómeno inofensivo sin peligro para ellos. Y viceversa, comprendieron bien que el anarquismo era la única concepción social sobre la cual podía apoyarse el makhnovismo en su lucha implacable contra el bolcheviquismo. He ahí por qué no ahorraron esfuerzo alguno para separar un movimiento del otro. Y es preciso reconocer que persiguieron ese objetivo con gran energía: han puesto al makhnovismo fuera de toda ley humana. En Rusia y particularmente en el extranjero los bolcheviques se comportan como si ese hecho fuera natural y no debiera despertar ninguna duda y como si sólo los ciegos o los que nada conocen de Rusia pudieran vacilar en reconocer la justa y razonable medida adoptada.

En cuanto a la idea anarquista, no ha sido declarada oficialmente ilegal; pero los bolcheviques califican todo acto revolucionario de los anarquistas, todo acto de honestidad vehemente o cometido por ellos, como makhnovista y con un aire de naturalidad, como si no pudiera ser de otro modo, los arrojan al calabozo, o les cortan la cabeza. En suma, el makhnovismo y el anarquismo, que no consienten en humillarse ante los bolcheviques, son tratados de la misma manera.

Putas, sí, pero no sumisas

Tal día como hoy, hace 94 años, ocurriría algo de lo más inspirador en Puerto San Julián (Santa Cruz, Argentina).

Un grupo de soldados va a volver a Buenos Aires y, mientras están en San Julián, tienen permiso para distraerse y visitar algún burdel. Han estado un año destacados en la Patagonia y, desde enero de ese 1922, ya han cumplido su misión: pacificar la huelga de peones rurales, la mayor huelga en la historia de la Argentina rural. Han fusilado a unos mil quinientos huelguistas después de hacerles cavar las mismas fosas donde arrojarían sus cadáveres; a quienes más se habían destacado en la huelga, los han apaleado y masacrado a sablazos. Eso tiene que cansar. La orden era acabar con la huelga y han acabado con ella; el presidente Yrigoyen en persona se esforzó para no precisar al oficial al mando, teniente coronel Varela, cómo acabar con ella. Un buen soldado cumple con las órdenes que se le dan.

Estos soldados de San Julián quieren aliviarse y distraerse y sus oficiales se ponen de acuerdo con las mesdames de la localidad para que puedan ir en tandas. Un primer grupo de ellos se dirige al prostíbulo La catalana y allí les espera la sorpresa: la madame les informa de que no va a ser posible. Hay cinco chicas y las cinco han dicho «no». La prensa, el régimen, los terratenientes, la extrema derecha: todos han cantado las alabanzas de los soldados, obviando cómo han pacificado la Patagonia, cosa que ni saben, ni quieren saber. Los soldados se enfurecen, se envalentonan unos a otros y entran en La catalana por las malas. Casi a continuación, salen también por las malas: las putas les echan a palos y escobazos de su lugar de trabajo. Les gritan «asesinos», «porquerías», insisten en que ellas no se acuestan con asesinos. El comisario de policía en persona da la orden de que las detengan, los músicos del burdel, también detenidos, reniegan de sus compañeras, pero su gesto ya ha demostrado, por si alguien de verdad tenía dudas, que la dignidad no tiene nada que ver con la apertura de piernas, sea o no remunerada.

Ellas se llamaban Ángela Fortunato, Consuelo García, Amalia Rodríguez, Maud Foster (su tumba es la que aparece en la foto) y María Juliache; tenían de 26 a 31 años. Tres eran argentinas, una británica y otra española, cuatro estaban solteras y la otra, casada. Ellas no obedecieron órdenes ni cumplieron rutinariamente con su trabajo porque todo tiene un límite. Cuando, todavía hoy, se habla de prostitución como sinónimo de sumisión, cuando se habla de «putas» como de quien hace lo que sea por dinero, está claro que no se conoce a estas heroínas, que podrían perfectamente haberse guardado sus escrúpulos donde tantos soldados y honradísimos funcionarios se los guardan cada día de modo que la máquina pueda seguir funcionando, de modo que podamos seguir esperando a la muerte sin molestar mucho.

* Lo cuenta Osvaldo Bayer en La Patagonia rebelde (Txalaparta, 2009, pp. 247-248). El libro se puede encontrar en varias páginas web, por ejemplo esta.

La huelga de ‘La Canadiense’

La llamada huelga de ‘La Canadiense’ fue un paro importante del sector eléctrico, convirtiéndose después en Huelga General, que comenzó el 5 de febrero de 1919 y que se prolongó durante 44 días paralizando el 70% de toda la industria de Cataluña. Dicha huelga se convirtió en la más importante, por sus logros, de la historia del movimiento obrero hispano. En ella se consiguió el aumento salarial, la readmisión de los trabajadores despedidos y lo más importante de todo: la promulgación del Decreto de la jornada de ocho horas de trabajo, siendo así el Estado español el primer Estado en promulgar dicha ley.

Nos encontramos a finales de enero de 1919, y la compañía Riegos y Fuerzas del Ebro -conocida popularmente como La Canadiense ya que el principal accionista era el Canadian Bank of Commerce of Toronto– baja drásticamente los sueldos a sus trabajadores, bajo la excusa de que los obreros eventuales han pasado a ser fijos. Paralelamente, el sindicato anarquista CNT crea el Sindicato Único de agua, gas y electricidad, al que se afilian gran parte de los trabajadores de La Canadiense. La guerra social entre la patronal y el proletariado militante aumenta desde que el sindicalismo revolucionario deja de estar fragmentado y pasa a conformar sindicatos únicos de ramo o industria. Ante esta situación, con los primeros despidos de trabajadores por quejarse, el 5 de febrero de 1919 parte de la plantilla da inicio a una huelga de “brazos caídos”, siendo reprimidos y expulsados de los puestos de trabajo por la propia policía. Y como si se tratara de un efecto dominó, la solidaridad se va extendiendo por todas las secciones de la empresa y por otras empresas de energía.

La huelga comenzaba a ser ya un gran problema desde el primer día, pues la población –y el resto de industrias- dependía de La Canadiense para vivir. La acción de protesta en el sector eléctrico e hidráulico no solo lo paralizó, sino que obligó a suspender las demás industrias que dependían de él para seguir en funcionamiento. Durante las siguientes dos semanas se unió a la huelga la industria textil, tan importante en la Cataluña de principios del siglo XX, reivindicando la jornada laboral de ocho horas y el fin del trabajo infantil. La situación de Barcelona y casi toda Cataluña no tenía precedentes; tranvías paralizados, hogares e industrias sin energía, interrupción de la prensa y fallida del alumbrado público.

Ante tal situación, el Conde de Romanones confiscó La Canadiense y puso en los puestos de trabajo a ingenieros del ejército español. A finales de febrero -con el 70% de la industria catalana totalmente paralizada- entre la participación del capitán general, Milans del Bosch, que pretendía declarar el estado de guerra, y la del Gobernador Civil de la ciudad, que buscaba negociar con los trabajadores, la empresa dictó sentencia: o volvían a sus puestos de trabajo el 6 de marzo todos los trabajadores o serían despedidos. Tal sentencia no hizo más que avivar la llama revolucionaria, provocando que el Sindicato Único de artes gráficas de la CNT proclamara la llamada censura roja. Esta consistió en una acción conjunta de todos los periodistas de Barcelona que comunicaron a sus directores que no publicarían ninguna noticia considerada negativa para la clase trabajadora. Llegado el mes de marzo, la situación era ya incontrolable por parte del Gobierno, así que decidió declarar el estado de guerra, con un nuevo Gobernador Civil llamado Carlos Montañés (encargado de la empresa) y un nuevo jefe de policía, Gerardo Doval. A mediados de mes, el castillo de Montjuïc ya albergaba a tres mil trabajadores presos.

Finalmente, el 17 de marzo de 1919, los representantes de La Canadiense y el comité obrero llegaron a un acuerdo, en el que se aumentó el salario, se promulgó el decreto de la jornada laboral de ocho horas, la libertad de los presos y la readmisión de los primeros huelguistas despedidos.

El 19 de marzo de 1919, entre 20.000 y 35.000 trabajadores, según diversas fuentes, se reunieron en la plaza de toros de las Arenas de Barcelona para ver si los huelguistas aprobaban la negociación entre la patronal y el comité obrero. Finalmente, se aceptaron los resultados de forma unánime y se dio un margen de tres días a las autoridades para liberar a los presos bajo jurisdicción militar, con la amenaza de otra huelga general si no se llevaba a cabo.

De esta manera, el 3 de abril de 1919 el Conde de Romanones promulgaba el Decreto de la jornada de ocho horas.

Sin embargo, antes de la promulga, la huelga no se había terminado del todo, pues ante la traición del acuerdo y la falta de libertad de muchos huelguistas, el 24 de marzo se inició otra huelga general para conseguir excarcelarlos –tal y como habían amenazado-.

Los trabajadores más radicales de Barcelona y alrededores se lanzaron a la calle, no solo por la libertad de sus compañeros presos, sino como forma de protesta contra la línea posibilista que, liderada por Salvador Seguí, hacía un llamamiento a la calma y a la negociación con la patronal. El 25 de marzo, frente a esta situación, el Gobierno español decidió suspender las garantías constitucionales en todo el Estado; así, el ejército y el Somatén tomaban las calles para reprimir a cualquiera que fuera sospechoso de ser sindicalista, además de obligar a los comercios a abrir. Se ilegalizaron los sindicatos, se clausuraron sus locales y se incautó toda su documentación, seguidamente del procesamiento a todos los delegados sindicales. También se prohibió cualquier tipo de ayuda económica a los huelguistas. La Canadiense acusó a la Gobernación de Barcelona de “débil”, lo cual provocó la dimisión del jefe de policía y del propio Conde de Romanones. Se formaba así un nuevo gobierno presidido por Antonio Maura.

El 9 de abril, desde la patronal se amenazó con el ‘locaut’, es decir, con el cierre de las empresas si los trabajadores se ponían en huelga y así no tener ningún derecho económico. Tras la marcha del Gobierno de Maura tres meses después, y la continua guerra social que parecía no tener fin, el 11 de octubre de 1919 se creó la Comisión Mixta de Trabajo. Esta estaba conformada por representantes obreros y de la patronal, en un intento de dar solución al problema; sin embargo, debido a la radicalidad de unos y de otros, tal comisión no sirvió para su cometido original.

Los ‘locauts’ patronales comenzaron a hacer estragos en la clase trabajadora, la cual se veía abocada al paro forzoso y a la más estricta miseria; esto no hizo más que avivar aun más la llama de la guerra entre la clase empresarial y el proletariado militante. La CNT no se quedó de brazos cruzados y sus militantes radicales, los que casi 10 años después conformarán la FAI, empezaron a ganar terreno a los militantes más moderados, comenzando así la etapa de los atentados personales contra policías, empresarios y esquiroles, siendo esto el preludio de lo que meses después se llamaría el pistolerismo.

El conflicto, lejos de solucionarse, se agrandó cada vez más y más. Durante la huelga de La Canadiense se sucedieron hasta tres gobiernos (el de Romanones, Maura y Sánchez de Toca), y ninguno supo poner fin a la guerra social entre clase trabajadora y patronal.

La huelga de La Canadiense fue un punto de inflexión para la clase obrera catalana en general, y para la clase obrera anarcosindicalista de la CNT en particular, pues debilitó al sindicato anarquista pero, por contrapartida, auspició el aumento de los militantes radicales frente a los moderados o posibilistas.

Los continuos estados de guerra, la represión generalizada y los ‘locauts’ mantuvieron a casi toda Cataluña paralizada, con un sindicalismo echando un pulso con la burguesía y el Estado, del cual salió derrotado y débil. La respuesta a partir de aquí fue el terrorismo ‘de masas’, es decir, el pistolerismo generalizado contra los enemigos de la clase obrera y la revolución, a la cual la burguesía no iba a esperar de frente, pues se defendería –y atacaría- con sus propios pistoleros mercenarios y con el llamado Sindicato Libre.

@borjalibertario

1 3 4 5 6 7 10