Sobre un sistema global basado en reglas, concertinas, muros y muertes en el mar.

Europa está orgullosa de ser el producto político y cultural de una civilización milenaria, en cuyas raíces históricas se encuentra la idea de progreso y una visión universalista de la humanidad que ha dado lugar al nacimiento de las doctrinas de los derechos humanos y de la democracia parlamentaria moderna. Europa es la patria de la filosofía griega, de la ilustración francesa, de la dialéctica alemana. Es el hogar de tradición jurídica romana, de la ciencia de la modernidad y de la separación entre Iglesia y Estado.

El Reino Unido de Gran Bretaña es el alma máter del liberalismo, el lugar donde el utilitarismo humanista reemplazó a la teocracia. Dinamarca es un espacio idílico donde el sueño de la socialdemocracia se hace carne en barrios majestuosos alimentados por un fecundo Estado del Bienestar. España, partera del “derecho de gentes” (precedente inmediato de la doctrina de los Derechos Humanos), iluminador faro del catolicismo social que evangelizó varios continentes es la tierra insigne de Cervantes, Carlos III y Ramón y Cajal.

El Reino Unido de la Gran Bretaña ha aprobado, recientemente, una normativa que permite que los solicitantes de asilo en el país sean enviados a Ruanda mientras se sustancia el expediente. Una idea que está siendo estudiada por otros países europeos. El gobierno socialdemócrata de Dinamarca ha establecido una legislación que implica el traslado de población de los barrios donde hay una mayoría de habitantes “de origen no danés”, aun cuando estos habitantes tengan la nacionalidad del país, para salvaguardar la homogeneidad étnica y cultural de la sociedad. El ministro del Interior del Gobierno progresista español mantiene abiertamente la necesidad de las “devoluciones en caliente” mientras los cadáveres se amontonan en sus fronteras. Justifica la violencia contra solicitantes de asilo que saltan las vallas de Ceuta y Melilla porque no tienen ninguna opción real de hacer sus solicitudes en los consulados españoles de sus países de origen.

Realmente, Europa nunca fue el ilustrado paraíso del humanismo universalista que nos han contado. Los discursos sobre los derechos humanos y la abolición de la esclavitud vinieron acompañados, ya desde su mismo origen, de la violencia del colonialismo y de las teorías del paternalismo civilizador de la “raza blanca”. Europa externalizó la violencia y los procesos de “acumulación por desposesión”, que dieron origen al capitalismo, tan pronto como su clase dirigente se vio incapaz de disciplinar a la clase obrera europea sin garantizarle una capacidad de consumo mínima.

Los discursos sobre los derechos humanos y la abolición de la esclavitud vinieron acompañados, ya desde su mismo origen, de la violencia del colonialismo y de las teorías del paternalismo civilizador de la “raza blanca”.

Europa inventó el racismo como categoría política e intelectual para desplegar su violencia en las colonias. SI bien griegos y romanos convivieron con negros, semitas y orientales, el origen racial nunca fue una categoría con un contenido social concreto en los textos de la antigüedad. Normalmente ni se menciona, y nunca se le presupone un valor social negativo. El racismo es una herramienta intelectual desarrollada para justificar la barbarie de las plantaciones coloniales, en las que la esclavitud garantizó la materia prima necesaria para el desarrollo industrial europeo, en los inicios del modo de producción capitalista. Sin el algodón barato manchado de la sangre esclava en las colonias, la industria textil inglesa nunca hubiera sido capaz de batir a la de la India. La estabilidad europea se sustentó sobre el despojo de los pueblos colonizados y sobre las redes transatlánticas de tráfico de personas.

Ese proceso no finalizó con el fin del colonialismo. Simplemente, ha adoptado otra fisonomía, otra forma de articulación. El señoreaje financiero del dólar o del franco CFA, y la operatoria de los organismos multilaterales hegemonizados por Occidente (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial… etc.) garantizan que los mercados globales estén construidos alrededor de una dinámica de intercambio desigual que implica que la producción industrial del Norte global obtenga mejores precios que las materias primas provenientes del Sur. A esto le acompaña la posibilidad de manipular los intereses de la deuda pública de los estados del Sur mediante las políticas monetarias de los Bancos Centrales de Occidente, y la implementación de los planes de ajuste estructural del FMI que implican la venta, a precios de saldo, del tejido empresarial y los servicios públicos de los países del Sur a los fondos de inversión y a las empresas transnacionales del Norte. El colonialismo ha mutado en un imperialismo ubicuo, persistente, sistémico, que habla de “sistema global basado en reglas” cuando quiere decir “despojo global garantizado por las reglas del Norte”.

La relación de dependencia que ata a los países del Sur y del Norte articula gran parte de las dinámicas sociales y económicas entrelazadas de ambos espacios, aunque gran parte de la población europea la vea como algo ignoto y un tanto lejano. La mayor parte de la huella ecológica de la sociedad europea está en África. Allí están las minas de litio o de cobalto, los caladeros de pesca, la agroindustria que surte los mercados de frutas y hortalizas de Europa sin tener que cumplir la normativa fitosanitaria o ecológica comunitaria. Más allá de la contaminación del aire en Chamberí, la huella ecológica de Madrid está también en las minas del Congo, en el campo marroquí, en las plantaciones de soja de Argentina o Paraguay, en los pozos petrolíferos de Nigeria.

El derecho de asilo, según la visión jurídica occidental, es una obligación humanitaria de todos los Estados de la que no se puede abstraer ninguna democracia digna de este nombre.

Y con el despojo y la huella ecológica viene la huella social: guerras, represión, miseria, feminicidios, inestabilidad política crónica. Tropas francesas que salvaguardan a “gobiernos amigos” en África o marines norteamericanos que desembarcan en Panamá o la isla de Granada. “Vuelos de la muerte” que llevan a desconocidos militantes árabes a centros clandestinos de torturas y golpes de Estado recurrentes animados por agencias de mercenarios y embajadas. El humanismo idealista del derecho internacional no puede negar la ubicuidad de la indignidad y la violencia como sustrato fundamental de nuestro modo de vida.

El derecho de asilo y refugio es una vieja creación jurídica europea, en su versión actualmente difundida. Gracias al derecho de asilo, los revolucionarios liberales pudieron escapar de los gobiernos absolutistas del Antiguo Régimen, en los siglos XIX y XX, e implantar las democracias modernas de las que se enorgullece Europa. El derecho de asilo, según la visión jurídica occidental, es una obligación humanitaria de todos los Estados de la que no se puede abstraer ninguna democracia digna de este nombre.

Sin embargo, Europa está mutando. La fortaleza construida en el continente para limitar la migración de las multitudes desposeídas del Sur global, hecha de fronteras plagadas de concertinas y vigilancia represiva contra migrantes económicos y solicitantes de asilo, está experimentando una transformación brutal, un cambio cualitativo hacia la indignidad.

La expansión de las organizaciones políticas de ultraderecha en Europa y la diseminación de las teorías contrarias a la inmigración ha transformado la legislación europea de una manera que hace treinta años hubiese sido vista como impensable.

Podríamos hablar, de nuevo, de las políticas destinadas a enviar a quien solicita asilo en países europeos a lugares como Ruanda o Albania. De la intervención de Frontex (la autodenominada “policía de fronteras” de la Unión Europea), que ha sido acusada de numerosas “devoluciones en caliente” que han acabado en muertes de decenas de migrantes en el mar Mediterráneo, y de ser un caladero de una extensa trama de corrupción institucional. De la “Ley Mordaza” española y su jurisprudencia derivada, que ha admitido las “devoluciones en caliente” de solicitantes de asilo, si estos alcanzan el territorio español sin haber hecho su solicitud en los consulados de los países de origen, a los que, por otra parte, se hace imposible el acceso de los migrantes. De la nueva legislación del gobierno de Giorgia Meloni, en Italia, que obliga a los barcos de salvamento de las ONG que trabajan en el Mediterráneo a dirigirse a puertos a miles de millas náuticas del lugar de recogida de los migrantes para, simple y llanamente, dificultar todo lo posible que sigan salvando vidas.

La expansión de las organizaciones políticas de ultraderecha en Europa y la diseminación de las teorías contrarias a la inmigración ha transformado la legislación europea de una manera que hace treinta años hubiese sido vista como impensable.

Europa necesita el cobalto africano para su transición ecológica. Nuestros rutilantes coches eléctricos están regados de sangre y sufrimiento a miles de kilómetros de las electrolineras que pagamos los contribuyentes para hacernos la idea de que salvaremos el mundo con nuestra buena voluntad, mientras Iberdrola hace pingües negocios

Europa necesita el trabajo migrante. Sustenta nuestro sistema de Seguridad Social, la limpieza de nuestras casas, la producción de nuestros invernaderos de frutas y hortalizas, el cuidado de nuestros mayores. Europa necesita recursos mudos, pero vienen personas trabajadoras, creativas, esforzadas, valientes.

La oligarquía europea necesita migrantes. Pero les necesita mudos, “ilegales”, subordinados, en aislamiento. Un ejército industrial sin derechos que se pueda utilizar como la “cabeza de turco” (reveladora expresión) de los problemas y las ansiedades de la clase obrera autóctona. Necesita que la multitud migrante sea vista como un elemento de fragmentación de las clases populares, como un cuerpo extraño, como una competencia ilegítima. No necesita a migrantes que operen como una ventana abierta al infierno del Sur del mundo o como un puente a las luchas de sus poblaciones. No necesita migrantes insurgentes.

La oligarquía que habla de “un sistema global basado en reglas” ha llegado a la conclusión de que el derecho de asilo es un lujo que no puede permitirse, y de que su único futuro posible pasa por enfrentar a las clases populares entre sí, por difundir la doctrina de la confusión y el caos racista, por buscar una “guerra civil larvada” en las barriadas proletarias entre distintos tonos de la piel y distintas tonalidades del habla. La ultraderecha, que cada vez tiene más predicamento en los despachos institucionales, busca el caos social para reinar sobre él en base a la corrupción y la represión.

Europa está en trance de convertirse en una hidra autoritaria. La doctrina de los derechos humanos y el universalismo está en crisis porque ya nadie quiere tomársela en serio. No es operativa para el dominio en un contexto de guerra global en ciernes y crisis permanente. La guerra que se anuncia contra las potencias emergentes precisa el abandono del sueño humanista europeo y la reactualización de las dinámicas del control de las poblaciones mediante la jerarquización de sus diferencias (machismo, racismo, clasismo…).

La clase trabajadora, hoy, no tiene nada que ver con el canónico cartel del tipo musculoso manejando un martillo, bañado en sudor. Pero todos los referentes culturales de nuestra sociedad interpelan a esa imagen como si siguiera estando viva, ya sea para idealizarla, criticarla, cancelarla o negar que nunca hubiera existido.

La clase obrera, hoy, es plural, mestiza, diversa. Hay quien quiere convertir esa abigarrada multitud de variaciones sobre el tema de la precariedad y la explotación en fragmentación y conflicto, en una caótica guerra de razas, géneros, edades o estatus profesionales.

El sueño humanista de Europa, el proyecto histórico de su clase obrera será diverso y saltará sobre las fronteras. O no será.

La acción del sindicalismo combativo precisa de un discurso de la totalidad, dirigido a todas las variantes del trabajo. Un discurso que haga aliarse a las fuerzas dispersas de la mayoría social, más allá de sus diferencias, pero sin negar la legítima existencia de su pluralidad y la imperiosidad de sus necesidades asociadas. Pero esa totalidad es, ahora, de una multiplicidad anonadante.

No debemos olvidar que en nuestra sociedad hay riqueza para todas las formas del trabajo. Producimos la abundancia y esa misma abundancia, regida por los criterios de la sostenibilidad ecológica y la justicia social, podría garantizar una vida digna para todas. Pero esa misma abundancia es producida por la abundancia vital, el excedente creativo, de una clase obrera proliferante, plural, diversa, múltiple.

El sueño humanista de Europa, el proyecto histórico de su clase obrera será diverso y saltará sobre las fronteras. O no será.

Este artículo se publicó originalmente en la revista Libre Pensamiento nº 115, otoño 2023

Balance trimestral de coyuntura. Abril a junio de 2018

Prólogo

Continuamos este proyecto iniciado el año presente que ha venido a sustituir nuestra anterior publicación mensual de los “Enlaces del mes”. Ahora realizaremos balances trimestrales para resumir los acontecimientos sociales y políticos más relevantes en los últimos tres meses, incluyendo, además, un análisis y un posicionamiento político, e incluso las posibles direcciones en un futuro próximo. Pretendemos que estos balances sirvan tanto a los movimientos sociales como a organizaciones revolucionarias para tener un diagnóstico de espíritu crítico, generar posibles debates y trazar hojas de ruta de cara a avanzar cuantitativa y cualitativamente en la lucha social y de clases.

Acontecimientos

Son muchísimas historias que contar en este período de tiempo, y recopilarlas todas daría casi para un libro. Por ello, destacamos en este trimestre las noticias, y procesos más sonados tanto a nivel estatal como internacionalmente. Comenzando por lo más cercano, el panorama político institucional ha sufrido un pequeño terremoto desde finales de mayo, cuando se supo la sentencia del caso Gurtel, la mayor trama de corrupción de la historia reciente de España. Después de más de una década de investigaciones iniciadas por la Fiscalía Anticorrupción y un juicio en la Audiencia Nacional contra la corrupción política vinculada al Partido Popular, los principales cabecillas de la trama (una treintena de personas, entre ellas Francisco Correa o Luis Bárcenas) han sido condenados a penas de prisión elevadas y el mismo partido fue condenado en conjunto como partícipe por su implicación.

En este contexto se produjo una semana más tarde la primera moción de censura efectiva bajo el régimen monárquico actual, teniendo como resultado que el candidato del PSOE, Pedro Sánchez se convirtiera a primeros del mes de junio en el nuevo Presidente de Gobierno con el apoyo de la mayoría de grupos parlamentearios que votaron contra el antiguo presidente M. Rajoy. Este nuevo gobierno se ha procurado una limpieza de imagen absoluta, trabajando a destajo sus asesores de marketing comenzando ya desde la elección de ministras y ministros. Sin embargo, detrás de estas elecciones ministeriales se esconden viejos conocidos de la represión política, o algunos representantes de la meritocracia y los intereses económicos privados, ha comenzado prometiendo cambios en una serie de temáticas sociales que comienza a vislumbrarse no serán en el sentido de beneficiar a las clases populares, sino lavarle la cara al régimen y consolidarlo contando con una opinión pública favorable. Además, durante el mes de mayo estuvieron debatiéndose los presupuestos generales del Estado, que salieron adelante un día antes de conocerse la sentencia de la trama Gurtel, unos presupuestos antisociales marcados por un incremento militarista, con un 7% más para el Ministerio de Defensa, y un 1% destinado a la compra de armamento pesado.

A nivel de la represión a los movimientos sociales hemos vivido numerosos episodios destacables, comenzando por el incremento de la represión a los Comités de Defensa de la República en Catalunya, realizando detenciones conjuntas de algunas de sus integrantes, e incluso tratando de denunciarles por actos terroristas en base a las acciones de desobediencia en el territorio catalán contra el control del gobierno tras la aplicación del artículo constitucional 155. El rapero balear Valtonyc decidió a finales de mayo exiliarse del país a un lugar todavía indeterminado de Europa, y así evitar legalmente entrar en prisión tras acabarse el plazo para presentarse en instituciones penitenciarias debiendo cumplir la sentencia por injurias a la corona y enaltecimiento del terrorismo, condenado por el contenido de sus letras por la Audiencia Nacional. Ha recibido numerosos apoyos, y entre otros destacables, la elaboración de un video bajo el título ‘Los Borbones son unos ladrones’, realizado por los principales grupos del mundo del rap del panorama español.

En esa misma institución judicial han sido juzgados los ocho jóvenes del pueblo de Altsasu, a quienes solicitan penas desorbitadas por una pelea con dos guardias civiles en un bar durante las fiestas municipales en el año 2016. Descartado el delito de terrorismo en la pelea, sin embargo, han sido condenados entre 13 y 2 años de prisión por agresiones con agravante de odio ideológico y superioridad numérica. Tres de ellos siguen en prisión preventiva, y otros cuatro fueron detenidos tras la sentencia primera de la Audiencia Nacional, que está actualmente recurrida tanto por la defensa, como por la fiscalía que solicita que se tenga en cuenta el agravante de terrorismo inicialmente descartado.

Por otro lado, hemos conocido la bochornosa sentencia a los violadores de La Manada por los hechos en las fiestas de sanfermines hace dos años. Fueron condenados exclusivamente al delito de abuso sexual, descartando el delito de violación, y con el voto particular de uno de los jueces que solicitaba la absolución total. Esta sentencia abre las puertas a que hechos similares se repitan sin consecuencias penales para los culpables, desprotege absolutamente a las víctimas de violaciones, que se exponen a un juicio institucional y social, debiendo además de demostrar ellas una violación cuestionándolas sistemáticamente desde su actitud ante una agresión sexual violenta hasta la legitimidad de recuperar una vida normal. La situación se ha agravado recientemente con la libertad provisional para los cinco miembros de esta Manada de violadores, aún teniendo otra causa pendiente por el mismo hecho. Por el contrario, esta sentencia ha originado una contundente respuesta del movimiento feminista a nivel estatal, con movilizaciones multitudinarias, y sentando el debate cada vez más fuerte sobre la autodefensa activa propuesta por el feminismo. A pesar de ello, los episodios de violencia machista se replican en el resto del territorio como por ejemplo las violaciones de los capataces a las recogedoras de fresas en los campos de Huelva o una imitación barata de «La Manada» detenidos en Canarias.

También a finales de este último trimestre conocimos la sentencia del jucio a los jóvenes del pueblo reocupado de Fraguas (Guadalajara) condenados a menos de dos años de prisión, al desalojo del proyecto rural y autónomo que han puesto en marcha con el apoyo de habitantes de la zona, y al pago de indemnizaciones a la Junta de Castilla-La Mancha por la reconstrucción de varias casas y la instalación de paneles solares para su autogestión.

Por último, a nivel estatal no queremos dejar pasar una valoración sobre el 1 de mayo, que se vivió con intensidad en todos los territorios peninsulares, con notables manifestaciones del sindicalismo de clase y en torno a las luchas laborales donde cada vez tienen más protagonismo las trabajadoras y trabajadores implicados en una organización horizontal de resolución directa de sus conflictos, y la pérdida de peso de los sindicatos institucionalizados clásicos en el mundo sindical a pesar de que siguen siendo mayoritarios por ahora. El sindicalismo de clase se está consolidando y esperamos que siga creciendo en estos tiempos.

Sin embargo, y ya comenzando a analizar el contexto internacional, en algunas regiones del mundo el 1 de mayo se celebró con notable actividad, como por ejemplo en Latinoamerica y sureste asiático. Destacamos con especial relevancia el aumento de la afiliación sindical entre la juventud en los Estados Unidos, la confrontación continuada al gobierno liderado por Donald Trump potencia a sectores jóvenes y racializados de la sociedad estadounidense hacia una dinámica cotidiana de lucha, sobre todo con las últimas novedades de la ignominiosa práctica en la frontera de enjaular a niños y niñas separadas de sus familias al cruzar al territorio de los EE.UU.

En Europa, y más concretamente en Italia tuvo lugar entre los días 12 y 13 de mayo un encuentro en la ciudad de Parma que ha dado como resultado la fundación de la Confederación Internacional del Trabajo (CIT) continuadora del legado de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), lanzada por seis sindicatos entre los que destacan USI ―Italia―, FAU ―Alemania― y CNT ―España―, y que englobará el sindicalismo revolucionario.

Debemos recordar In memoriam este trimestre la pérdida de una persona desconocida que nos gustaría mencionar, y es que Francisco Griéguez falleció el pasado 20 de junio, siendo el último superviviente español que pasó por el campo de concentración nazi en Mathausen durante la Segunda Guerra Mundial tras unirse a la Resistencia francesa, un murciano de 99 años de edad.

Desgraciadamente si de muertos debemos hablar, no podemos olvidarnos que este trimestre ha sido especialmente sangriento en Palestina en la celebración de la Nakba, el 15 de mayo, la marcha del retorno palestino. Esta fecha coincidió con la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén, una gran provocación que motivó manifestaciones multitudinarias en Gaza y Cisjordania, y a la que las fuerzas ocupantes israelíes respondieron con centenares de disparos de fuego real y artefactos incendiarios lanzados por drones, provocando decenas de muertos y centenares de heridos entre la población civil palestina. Dos días antes Israel había ganado el festival de Eurovisión, una victoria en el marco de una estrategia cultural y política de lavado de imagen internacional que auguraba la gran masacre que se produjo.

Siguiendo con protestas internacionales, esta vez en América Latina, hemos visto cómo la movilización popular en Nicaragua iniciada por el rechazo a la reforma del sistema de seguridad social, ha hecho caer al gobierno de Daniel Ortega. Una respuesta popular atenazada entre el discurso derechista acusador de gobierno socialista inestable, y un discurso oficial que toma la movilización como una conspiración de la CIA estadounidense, cuando tal vez habría que buscar las raíces del descontento en un proceso acumulado de contradicciones entre el gobierno y el pueblo de venta de tierras y recursos nicaragüenses a empresas externas que han forzado desplazamientos y pobreza. En Argentina recientemente se despenalizó el aborto en el Parlamento, gracias al empuje del movimiento feminista y a la organización popular que se echó durante más de veinticuatro horas a las calles de las principales ciudades, y especialmente en Buenos Aires, como colofón a una intensa campaña de concienciación argumentando que la despenalización del aborto contribuye a evitar la muerte de decenas de miles de mujeres de las clases bajas, que no tienen medios económicos para una interrupción voluntaria del embarazo en condiciones saludables e higiénicas.

En este trimestre debemos también mencionar una nueva incursión de Turquía agrediendo fuera de su territorio, a comienzos del mes de junio el ejército turco se desplazó sobre las montañas de Qandil al norte de Iraq, justificando su actuación en una ofensiva contra milicianos del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán, por sus siglas en kurdo). Esto sucedía tan solo a menos de un mes de la celebración de las elecciones turcas del 24 de junio, en las que el autoritario Tayyip Erdogan ha vuelto a ganar mayoritariamente un proceso con nulas garantías democráticas y una oposición encarcelada por la política represiva del gobierno turco.

Por último, no podemos olvidarnos de la ofensiva del gobierno francés sobre la ZAD (Zone Á Defendre) un espacio autónomo ocupado durante años por centenares de activistas en el noroeste de Francia, muy cerca de la ciudad de Nantes. Dicha violenta ofensiva en la que ha habido heridos muy graves, como un activista que perdió una mano por una granada lanzada por la policía francesa, ha sido respondida por numerosas organizaciones ecologistas y anticapitalistas recuperando una parte importante del terreno perdido los primeros días. Todo ello en un clima generalizado de protestas, que con el impulso del cincuenta aniversario del Mayo francés, ha visto un repunte de organización social y política, tanto de sectores laborales como estudiantiles.

 

Unos apuntes finales

En estos tres meses hemos presenciado conflictos sociales en una coyuntura donde el proyecto neoliberal y de una Europa unida está siendo confrontada desde la derecha populista y euroescéptica, que no solo lo encontramos con el Brexit, sino también adelantado por la derecha en los países del este como Ucrania y Hungría por ejemplo. Una nueva ola conservadora está recorriendo el mundo y las opciones conservadoras están subiendo cada vez más en las encuestas. El negocio de las guerras provocadas por Occidente y el desplazamiento forzado de millones de refugiados auguran un incremento de políticas xenófobas y el asentamiento de un racismo institucional en los países europeos con línea de costa de entrada a Europa, que cada vez suman miles de cadáveres a la gran tumba marítima del Mediterráneo, del cual el caso paradigmático es el rechazo de Italia a que desembarque el Aquarius en sus puertos, al cual España había aceptado pero muchos de esos refugiados y refugiadas acabarán en CIEs. Del otro lado del Atlántico, encontramos a Donald Trump quien está comenzando a llevar a la práctica una política proteccionista al poner de nuevo aranceles a la importación.

En Nicaragua se está dando un conflicto que podría terminar en otra «revolución de colores», pues a pesar de haber presencia de sectores populares, la derecha golpista es la que articula dichas protestas. En España, el nuevo gobierno con cara progresista podría abrir nuevas oportunidades para los movimientos sociales de presionar para que reviertan las reformas antisociales del PP, que paguen por los casos de corrupción. Pese a las reminiscencias de las épocas de Zapatero y Felipe Gonzalez, nos encontramos ante un gobierno débil que nos debería permitir rearticular la movilización popular.

Pero no todo son malos augurios. También celebramos la gran victoria del movimiento feminista argentino al conseguir la legalización del aborto. Esto servirá de ejemplo e inspiración para el resto de feministas de América Latina, o el ascenso de la candidata demócrata Alexandria Ocasio-Cortez a congresista por el distrito 14 de Nueva York con un discurso orientado a las clases populares.

Durante este verano, una gran parte de la población tendrá la mirada puesta en el mundial de fútbol y las vacaciones. Es tiempo de cuidarnos, evitar quemarnos y continuar adelante. Sin verano tampoco habrá revolución.

Mitos del ‘paraíso nórdico’: ser trabajador inmigrante en Dinamarca

Artículo publicado por ‘Victor Stanzyk’ originalmente en Izquierda Diario

 

Cuando uno se ve forzado a buscar trabajo fuera de España, entre los candidatos más recurrentes suelen estar los países nórdicos. No se escatima en halagos cuando se habla del éxito que el capitalismo, con una férrea intervención estatal, ha tenido en esos lares. Se ven como la consolidación de un Estado de bienestar y los resultados, al menos en apariencia, resultan incomparables: desempleo bajo (frente al 16.4% de España, Noruega: 4%, Suecia 6.5% y Dinamarca 5.1%); servicios públicos de calidad y gestionados por el Estado (Finlandia y Dinamarca invierten casi el 53% de su PIB en los recursos públicos, en contraposición con España, que se limita a un 40%) y modelos de gestión laboral que flexibilizan y protegen el trabajo tanto como fomentan la inversión extranjera.

En esto último, el modelo de flexiseguridad danés, país que tomaré como caso paradigmático, ha sido un referente. En el aspecto laboral, se crea un mercado flexible que permita a los trabajadores una ‘adaptación constante’, sin por ello reducir la protección social, lo cual genera una mano de obra muy cualificada. Por otra parte, se fomenta la inversión extranjera con impuestos fiscales bajos, dinero que se recupera en los impuestos al consumo.

Si confiamos en los números y comparamos estos baremos con otros países de la CE podría llegarse a la conclusión de que el Báltico es la nueva fuente de la vida eterna y Escandinavia, un nuevo Edén. Sin embargo, basta analizar la realidad social y la política de un país como Dinamarca para ver que de este oro sólo relucen las cifras; y los mitos que los mismos imperialistas narran sólo se los creen la derecha y la izquierda reformista más abnegada.

La derecha se abre paso: Políticas xenófobas y nacionalistas

La llegada al poder de Donald Trump ha sido una expresión de una crisis política global acaecida tras el periodo de recesión económica. Lo que al principio se tradujo en una alianza económica mundial ha concluido en una defensa a ultranza de la frontera. El barco se hunde y cada Estado lucha por no ser el primero en ahogarse. Esta tendencia se ha traducido en Europa con el auge de partidos de derecha nacionalista, y Dinamarca, Escandinavia en general, no ha sido una excepción. Los países nórdicos se han situado en el ojo del huracán mediático con sus intransigentes políticas nacional-conservadoras llevadas cabo por sus frentes de derecha.

En el caso que nos ocupa, el Partido Popular Danés (Dansk Folkeparti), dirigido por Kristian Thulesen Dahl, sigue la estela del sueco Björn Söder o del finlandés Timo Soini, o si se quiere de la francesa Marine Le Pen. El atentado de Copenhague en mayo de 2015 (un mes antes de las elecciones) constituyó el último envite para un discurso que ganó notoriedad con la oleada de refugiados y las medidas proteccionistas posteriores a la crisis de 2007. De tendencia xenófoba y ultranacionalista, se convirtió en la primera fuerza política en el parlamento danés, pese a ceder el cargo de primer ministro a Lars Løkke Rasmussen, del Venstre (Partido Liberal Danés), quien gobierna en coalición además con demócratas-cristianos y la Alianza Liberal.

La influencia del PPD ha sido decisiva para un rotundo giro a la derecha en el ya de por sí conservador gobierno del Venstre. Además de acentuar los recortes que el Venstre había llevado a cabo durante sus numerosas legislaturas, ha dejado su propia marca anti-inmigración. Respecto a los refugiados, Dinamarca dista mucho de haber cumplido su cuota exigida por la UE. La ministra de Integración, Inger Stoejberg, aseguró que Dinamarca «no quiere comprometerse» con ningún objetivo humanitario, teniendo tal exigencia como «intransigente» en materia de inmigración. Esto se ha materializado en brutales medidas disuasorias. La más famosa de ellas es la llamada Ley de Joyas, que estipula que ningún refugiado puede cruzar la frontera sin desprenderse de sus bienes hasta un valor de 1.340 euros, según el gobierno, para «sufragar gastos». A esto hay que analizar los obstáculos puestos para la reunificación familiar, recortes en los presupuestos para ayudar a los refugiados y las infrahumanas infraestructuras para su recepción, que carecen incluso de edificaciones aptas para el alojamiento. Basta analizar el fracaso de esta sangrante recolecta (apenas han logrado recaudar 118.000 euros) y la caída en picado de las solicitudes de asilo (un 70% menos) para confirmar, si es que hacía falta, que estas políticas xenófobas tenían como único objetivo impedir la entrada por la fuerza a los refugiados (aun a pesar de mostrar su apoyo a los recientes bombardeos y contribuir económica y militarmente a la guerra de Siria).

Mano de obra barata y xenofobia

No obstante, los refugiados no son una excepción. Las políticas de inmigración contrastan con las estadísticas del país. En efecto, hay pleno empleo, los trabajadores están protegidos laboralmente y se invierte en su esperanza de vida laboral. Pero en lo que respecta sólo a los sectores más privilegiados de los trabajadores daneses, los cuales se benefician de estas prestaciones. Teniendo en cuenta que Dinamarca es un país con apenas seis millones de habitantes, el gobierno cae en una contradicción. Por un lado, defender su frontera y el trabajo nacional frente al extranjero; por otro, Dinamarca necesita mano de obra que no duda en traer de otros países europeos (para empresas igualmente foráneas, por cierto).

Detrás de las restricciones de inmigración hay una clara política económica para sacar beneficio de la mano de obra, tal y como no tiene vergüenza en reconocer Kristian Jensen, ministro de Hacienda: «La inmigración puede ser un buen negocio para las finanzas del gobierno, siempre y cuando la gente quiera trabajar. Si la inmigración no se relaciona con el mercado de trabajo, es un mal negocio». Las cifras antes citadas no carecen de sentido, pero no son una radiografía de la realidad. Los éxitos recaudados por la planificación danesa sólo es uno de los ángulos de un espejo curvo que, visto en su totalidad, nos muestra un monstruo deforme afectado de nacionalismo y un racismo imperialista de la peor clase.

En este hacer tienen un fundamental papel los dirigentes sindicales, sin los cuales, el modelo económico de Dinamarca no se sostendría. El modelo de flexiseguridad requiere de una dirección obrera con la que negociar las condiciones laborales del país a nivel estructural. Dinamarca es un país que tiene un salario medio (una media aritmética de los salarios), pero no un salario mínimo. Lo que cobra un trabajador no está estipulado por ley (la cual regula los marcos de negociación) sino que está concretado según los convenios firmados con los sindicatos de cada sector, siendo los más fuertes los relacionados con la metalurgia y la construcción.

Dos aspectos marcan la vida del trabajador: la primera, el sindicato posee un poder político y estructural mayor que en otros países, como por ejemplo España, lo que hace que las negociaciones tengan mucho peso y la dirección responda «debidamente» a los trabajadores (en 2013 la afiliación estaba por encima del 65%, mientras que en España es de casi un 18%, aproximadamente la media de Europa). La política nacional tiene por lema el consenso (todos los partidos se enorgullecen de que la nación se sostenga también gracias al pluralismo democrático); y los sindicatos se hacen eco de esta tendencia: impiden cualquier movimiento que ponga en peligro el status quo que, aunque más favorable que en otros Estados hacia el trabajador nacional, no deja de condenar a la opresión a miles de trabajadores siendo los inmigrantes los más afectados.

El segundo aspecto viene dado de la relación entre los trabajadores subsumidos por los sindicatos y aquellos que no lo están, especialmente inmigrantes que, dadas las dificultades para obtener la residencia y el permiso de trabajo, carece de esta protección. Quedan fuera de los convenios daneses y de la ley del trabajo danés, de forma que se entregan a la voracidad de las empresas, llegando a cobrar en ocasiones cinco veces menos que un trabajador profesional por el mismo trabajo (el sindicato 3F ofrece asesorías gratuitas a trabajadores extranjeros, pero carece de ningún tipo de perspectiva política y es más una oficina de turismo laboral que otra cosa).

Una clase obrera dividida: solo ganan ellos

La conclusión es una clase obrera divida. Los sindicatos y el gobierno amparan a los trabajadores nacionales frente a los extranjeros, favoreciendo tanto directa como indirectamente las políticas xenófobas del gobierno danés. Se abre una brecha en la conciencia de la clase trabajadora muy difícil de eludir y que funciona como obstáculo para cualquier intento de unificación de clase. Los inmigrantes, así, se convierten en una piedra angular para articular cualquier reivindicación política en tanto que su conciencia en tanto que trabajadores no está articulada a través de los sindicatos daneses.

No obstante, esta división no deja de ser un instrumento de los capitalistas para maximizar ganancias. El gobierno danés, sin duda, ubica a los inmigrantes como enemigos. Ello no quita que no escatime en ataques contra la clase trabajadora en su totalidad. En los últimos años, el gobierno ha reducido los impuestos para motivar la inversión privada en el mercado laboral y socavar las bases del Estado de bienestar. Dicha bajada de impuestos va en detrimento de los sectores públicos y pretende liberalizar el mercado de manera que acepte más trabajadores extranjeros y aumenten, a su vez, las horas de trabajo. De esta manera, la reforma favorece antes los planes de jubilación que la cotización de las pensiones. Reducir los impuestos para incentivar la mano de obra extranjera no puede concurrir más que en perjuicio de los trabajadores nacionales, quienes, en vez de reconocer un ataque por parte de una burguesía ultraconservadora e imperialista, arremeten contra los inmigrantes.

Las políticas de inmigración del gobierno danés acompañadas de su planificación laboral, o más bien desplanificación laboral al crear un campo en el cual las empresas y los sindicatos pueden negociar libremente, crea una clase obrera corporativa que percibe sus condiciones objetivas radicalmente distintas de sus compañeros extranjeros. La polarización social que genera el estado de bienestar danés y la realidad de sus cloacas tiene como conclusión una clase obrera nativa abocada a la atomización.

Desde luego, el envés positivo es que existe una conciencia muy fuerte respecto a las condiciones laborales a defender. Pero ahí se queda todo, en una posición defensiva y sesgada que si no cambia no tiene horizonte de éxito. Los sindicatos se sientan en la mesa de negociación con el único fin de afianzar su posición privilegiada.

La política, reformista y más cívica que de clase, de la Alianza Roji-Verde no logró frenar el discurso del PPD. Una vez más, el conservador y huero proyecto de construir una democracia ciudadana y subirse al barco parlamentario a la espera de que los vientos soplen a otro rumbo en los gobiernos constituidos de derechas, demuestra ser una vía nefasta e irreal, un olvido de la lucha de clases y de toda perspectiva de superación política. Pese a las denuncias que pudieran hacer a un gobierno que ha reducido en un 25% el salario de los trabajadores públicos, que la diferencia salarial entre hombres y mujeres sea de un 18% o que se acentúa cada vez más la precariedad, la falta de análisis y método pasa factura a las mejores intenciones. Aferrarse a la subida nimia de votos en las últimas elecciones del 2015 respecto del 2011 (1%), como si de una victoria se tratara, es la ceguera agridulce de quien actúa sin orden ni concierto. Como he pretendido hacer ver, en lugar de polarizar más la situación, apoyando la actividad en la clase trabajadora más pauperizada (los inmigrantes) de forma que impulsen la lucha contra su miseria y buscando la unidad con los trabajadores nativos, es el sopor político la bandera que airean. En un país donde las condiciones objetivas pudieran resultar abrumadoramente favorables, donde los caudales de acción tienen una gran infraestructura, de nuevo es la dirección la que prefiere el terciopelo de la complacencia en lugar de la grava de la lucha. He aquí una traición que no se dirige sólo a sus propios militantes y trabajadores, sino también a los miles de inmigrantes que año tras año cruzan la frontera danesa para sobrevivir y a los miles de refugiados que no pueden siquiera soñar con ello.

[Canción] Boys on the Docks

Dropkick Murphys es un grupo consolidado que hace punk con influencias célticas, como muchas sabréis. Formado por estadounidenses de ascendencia irlandesa, como la tienen tantas otras, sus letras giran a menudo en torno a historias y personajes más o menos relacionadas con esas coordenadas y con la cotidianidad: los bares, la amistad, las peleas, los amores, la autoafirmación de quienes tienen esas raíces irlandeses, la vida en Boston, …

Entre ellas, sin embargo, merece la pena destacar Boys on the Docks («Los chicos de los muelles»). A base de voces, guitarra acústica y palmas, con fuerza, pero con una calidez distinta a la de su registro habitual más trallero, los Murphys nos cantan un tema dirigido a un tal Johnny, lleno de respeto y cariño a un compañero de luchas y de la vida diaria. Si indagamos un poco, descubriremos que ese Johnny a quien va dedicada es John Kelly, abuelo materno del cantante de Dropkick Murphys, trabajador y sindicalista. En el contexto de su música y el del punk en general, donde a menudo se exalta más al individuo o una camaradería más primaria (defensiva, visceral), resulta de lo más enriquecedor y agradable una canción como esta, donde se abraza a quien da lo mejor de sí para conseguir que las demás también lo hagan.

Transcribimos a continuación la letra y su posible traducción:

«[Say hey Johnny boy, the battle call

united we stand, divided we fall

together we are what we can’t be alone

we came to this country you made it our home.]

This man so humble, this man so brave

a legend to many, he fought to his grave

saved family and friends from the hardship and horror

in a land of depression he gave hope for tomorrow.

Say Johnny me boy this one’s for you

with the strength of many and the courage of a few

to what do we owe this man whose fight

was for the masses, he gave his life

[Estribillo]

A friend to the locals who dabbled in crime

he’d give you a job and he’d give you his time

he wasn’t a crook but he couldn’t be conned

John knew the difference between right and wrong

say Johnny me boy, you live no longer

others ‘ forgotten, your memory’s stronger

let’s drink to the causes in your life:

your family, your friends, the union, your wife.

[Estribillo x 2]

And the boys on the docks needed John for sure

when they came to this country he opened the door

he said men I’ll tell ya they don’t like our kind

though it starts with your fist it must end with your mind.

[Estribillo]»

 

«Johnny,  da el grito de guerra:

unidos resistimos, divididos caeremos.

Juntos somos lo que solos no podríamos;

vinimos a este país, tú hiciste de él nuestro hogar.

Este hombre tan humilde,

este hombre tan valiente,

un mito para muchos,

combatió hasta la tumba,

salvó a su familia y amigos de las privaciones y el horror,

en una tierra de depresión, dio esperanza para el mañana.

Johnny, esta es para ti,

con la fuerza de muchos y el valor de pocos,

para cuanto debemos a este hombre, cuya lucha

era por las masas, [por quienes] dio la vida.

[Estribillo]

Un amigo para los nativos, que chapoteaban en el crimen,

te daba un trabajo y te daba su tiempo

no era un criminal, pero no se le podía timar,

John distinguía lo justo de lo injusto.

Johnny, ya no vives

a otros los olvidan, tu recuerdo es más fuerte

bebamos por las causas que había en tu vida:

la familia, los amigos, el sindicato, tu mujer.

[Estribillo x 2]

Ya lo creo que los chicos de los muelles necesitaban a John

cuando vinieron a este país, él les abrió la puerta,

les dijo «Aquí [los irlandeses] no les gustamos,

pero aunque empiece con los puños, tiene que acabar con la mente».

[Estribillo]»

Fascismo, migración y asistencialismo

En el actual escenario socio-político en el que nos encontramos se puede observar por un lado un significativo aumento de las guerras imperialistas y como consecuencia el surgimiento de grupos religiosos radicales y por otro facciones ultra-nacionalistas que buscan expandirse aprovechando vacíos de poder.

Estas guerras están suponiendo como todo el mundo sabe un éxodo enorme de las poblaciones que huyen de escenarios de guerra hacia occidente. Este hecho ha captado la atención de los medios de comunicación y de la población de los países desarrollados y ha puesto el foco (otra vez) sobre la inmigración generando una serie de consecuencias sociales y políticas.

Por un lado nos encontramos a las instituciones, ONGs y partidos promoviendo, en su mayoría, el acceso de estas inmigrantes a sus países, concretamente en España se ha promovido el recibo de un gran número de inmigrantes y la asistencia de este tipo de organizaciones hacia estas.

Por otro lado movimientos relacionados con el fascismo, que en los últimos años han experimentado un ligero crecimiento han aprovechado la circunstancia para lanzar mensajes xenófobos sobre este tema y promover campañas de «prioridad nacional»
En ultimo lugar y como hecho menos mediático, grupos de personas anónimas se han organizado de forma más o menos espontanea para intentar organizar ayuda hacia las personas refugiadas y también hacia aquellas personas migrantes que ya se encontraban en el país.

En este artículo pretendo analizar la parte quizá más llamativa y novedosa de este problema (sin olvidarme de las otras partes) que es el auge del fascismo, en España, y concretamente en Madrid. Este hecho que ha sorprendido a mucha gente, era esperable por otro lado, teniendo en cuenta la coyuntura social en la que nos encontramos, pero para tener una visión más global del problema intentaré poner en situación de forma corta sobre qué es y cómo surge el fascismo.

Los origenes del fascismo como ideología moderna se remontan al periodo de entre guerras en el cual Italia se ve sacudida por una fuerte crisis económica y un aumento de los grupos revolucionarios que crean una sensación de temor en la burguesía y las clases medias. Ante esto apoyan a grupos para-militares y contra-revolucionarios como los «fascii di combatimento» que acabarán tomando el poder e instaurando un estado militarista, totalitario y corporativista.

Pero ¿qué pasa con el fascismo en la actualidad?

Tras la muerte de Franco surgen en España los primeros germenes del fascismo actual en forma de grupos tardo-franquistas como los Guerrilleros de Cristo Rey, la triple A o el Batallón Vasco Español que atacan objetivos materiales y humanos relacionados con la «izquierda revolucionaria», el ejemplo más conocido es el secuestro de la activista estudiantil Yolanda González y su posterior asesinato.
Ideologicamente estos grupos tienen poco que ver con el fascismo actual sin embargo con los años derivaran en las actuales organizaciones políticas.

En los años 80 surgen en España los primeros grupúsculos más cercanos al fascismo clásico y otros relacionados con el tercer-posicionismo, algunos ejemplos son CEDADE o Bases Autónomas que se posiciona como nacional-revolucionaria y que tienen su auge con motivo de la llegada del fenómeno skin y ultra a España. Se trata de grupos muy violentos pero muy marginales y con gran presión policial. En esta época los nazis ganan un importante espacio en las calles de Madrid. Con la llegada de los 90 los antifascistas se reorganizan en torno a la Coordinadora Antifascista que tendrá que pelearle la calle a unos nazis que continuaban con los ataques racistas planificados como el de Lucrecia Pérez en 1992.

A partir de este hecho se comienza a expulsar a los grupos nazis que irán perdiendo fuerza progresivamente hasta quedar relegados a pocos barrios donde pueden actuar con cierta comodidad. A comienzos de los 2000 el fascismo comienza a organizarse en torno a partidos y organizaciones que intentan evitar escándalos y estéticas nazis o skins, surgiendo partidos como MSR con un mensaje confusionista y ambiguo.

En el año 2007 con el asesinato de Carlos Palomino, estos grupos que habían surgido vuelven a la marginalidad por la reorganización del movimiento antifascista. Sin embargo en torno al año 2012 se produce un punto de inflexión en el cual a partir de la crisis económica estos grupos consiguen cierto margen de maniobra y construyen un espacio político especialmente en torno a los «Hogares Sociales» y otros proyectos basados en la llamada «prioridad nacional» que principalmente se aprovechan de la pobreza de algunos barrios y la ausencia de organizaciones obreras en estos.

En las ultimas semanas hemos asistido a un acontecimiento preocupante como ha sido la manifestación del Hogar Social Madrid por el barrio de Tetuán, lo cual no solo ha supuesto una demostración de fuerza si no algo más peligroso, una capacidad de dicha organización para atraer a gente normal y por tanto generar su propio espacio políticos.

Ante este hecho la respuesta en una ciudad como Madrid ha sido vergonzosa, evitando culpas, pero señalando problemas como las quejas a la policía y a la Subdelegación de individuos u organizaciones que se describen como «antifascistas», lo cual no solo refleja que asumen un papel débil y de inferioridad si no que avalan a las fuerzas represivas para actuar contra ellas también.

El fascismo está todavía muy lejos de calar en la conciencia general y de generar un peligro político más allá de lo anecdótico pero su derrota no pasa por pedir ayuda a terceros o por embarcarse (exclusivamente) en una guerra callejera, la derrota del fascismo pasa por cosas mucho más «simples» y «cotidianas» como ayudar a las vecinas de tu barrio, crear alternativas para las personas sin recursos que no sean pedir y esperar (repartos de comida, ayudas económicas, etc) si no que impliquen a las propias afectadas en la solución de sus problemas.

Solo entonces cada barrio será una muralla contra el fascismo.

Perspectiva libertaria

Cinco observaciones sobre las movilizaciones por el derecho a asilo

En los últimos meses, el flujo de personas que intentan llegar a la Unión Europea sin los papeles exigidos por las autoridades ha alcanzado cantidades enormes. El tema ha conseguido una creciente visibilidad mediática a base de acumular naufragios en el Mediterráneo oriental y en el mar Egeo, así como de traer –y en abundancia– a la UE imágenes especialmente duras de personas agolpadas en masa en las fronteras macedonias y húngaras, flotando a la deriva o muertas al naufragar. Esta situación ha provocado un cierto revuelo, inusual, que, en la región española, ha propiciado que sectores de la población presionaran a los ayuntamientos de sus municipios en favor del derecho de asilo, lo que ha permitido a su vez a estos presionar al gobierno central en este sentido y llevar el tema a las portadas de los periódicos. Todo ello mientras, en el caso concreto de Madrid, se convocaban asambleas la primera y segunda semana de septiembre donde la población intentaba movilizarse en lo explícitamente político y preparar la acogida en un sentido más material.

A pesar de lo inmediato que pueda resultar, la asistencia a esas dos asambleas y a la manifestación del sábado 12 nos empuja a unas cuantas observaciones, que pretenden ser rápidas, pero no apresuradas.

1) Se constató que había una gran vocación de organizarse y movilizarse por el derecho a la libre migración, sin entrar en debates tramposos sobre quién es migrante y quién exiliada… pese a lo cual hubo voces en todo momento, y siguen ahí, que quisieron marcar esa diferencia, entendiendo que las instituciones están mucho más comprometidas con las refugiadas por factores como la legalidad internacional y que la presión será mucho más eficaz si se trata de evitar que las refugiadas sean devueltas a sus países, internadas en CIEs o algo así. Entendemos que esto obvia el agravio comparativo que supone para quienes todavía hoy huyen del hambre, la miseria o, simplemente, la precariedad –y seguirán haciéndolo– y para quienes ya han llegado aquí y, en muchos casos, llevan adelante su propia lucha contra CIEs, abusos policiales y demás y/o se integran en aquellas luchas de nuestra clase aquí y ahora que no entienden de orígenes geográficos, administrativos ni étnicos.

2) Dada esta fijación con las refugiadas en general y con las sirias en particular, cuando se intenta señalar la hipocresía de la UE se olvida el caso libio (no menos crucial y donde las autoridades españolas se mancharon más las manos), las inquietantes relaciones de nuestra clase dirigente con la de estados que no están siendo muy cuestionados y también son clave en el tema (por ejemplo, Marruecos) y se intenta hacer un análisis maniqueo de más de cuatro años de guerra civil en aquel país del Mediterráneo asiático. Es insultante y además aburrido tener que escuchar, todavía en septiembre de 2015, que lo que hay en Siria es «una revolución donde 200.000 personas han sido masacradas por el régimen de Bashshar Al-Asad» –cosa que hoy día no dice ni la oposición siria más deshonesta– o, al contrario, como dijo cierto dinosaurio del PCE que nos honró con su presencia y la de un grupo de palmeros y palmeras (sobre todo para repetir lo que ya había dicho un interviniente anterior), que lo que hay en Siria son sólo «grupos terroristas financiados por Occidente» y punto. No obstante lo cual, algún tipo de visión política de las causas de la emigración es necesaria, no sólo para entender la situación, sino para presionar a quienes en nombre nuestro siembran hoy las crisis que nos traerán las oleadas de personas (exiliadas o migrantes, poco importa) del mañana.

3) La asociación que las convocó (Asociación Sin Papeles Madrid) tuvo la apertura y generosidad de convocarlas como asambleas abiertas. Una idea tan bienintencionada, por otra parte, fue de la mano de una falta de dinamización casi total, lo que condujo a una esterilidad ya conocida en el asamblearismo: personas que se extienden demasiado, otras que intervienen sin siquiera tener algo que aportar, otras que consumen muchos más turnos de palabra que ninguna otra persona, una primera asamblea convocada sin propósito claro ni orden del día (ni siquiera aproximado), más de cien personas intentando oírse en una plaza de Lavapiés sin megáfono (en el caso de la primera asamblea; alguien, a título personal, llevó uno a la segunda), ningún tipo de recordatorio a las intervinientes sobre estos u otros aspectos fundamentales, …

4) Se habló de apoyo material para las refugiadas que vengan, tanto mantas, ropa, comida y similares, como espacios donde puedan vivir de manera más transitoria o más a medio o largo plazo. ¿Por qué se enfoca así? Apenas hubo alguna intervención para recordar que ya existen iniciativas de clase como las RSPs y otros bancos de alimentos, los grupos de apoyo muto o las asambleas de vivienda y PAHs donde participamos juntas inmigrantes y nativas (venidas, por lo general, de la migración interna, por otra parte), ¿cómo se explica? Ese afán por doblar esfuerzos innecesariamente es incomprensible, además de servir de munición a esa extrema derecha que nos imagina más preocupadas por las nacidas fuera que por las nacidas aquí.

5) Por último, es verdad que esta reacción es una buena noticia. La falta de reacción que ha habido hasta ahora era indignante y, no obstante, la reacción en contra parece apoyarse en prejuicios, como que estos náufragos (mayoritariamente árabes, kurdos, etc.) nos preocupen más que los más habituales náufragos negros o que el que puedan estar a merced de policías de Europa del este y central (con los tópicos heredados de la Guerra fría en el imaginario colectivo) nos preocupe más que la suerte de quienes se las ven con la Guardia Civil, Carabinieri, etc. La geopolítica europea, donde a nadie le gusta el actual gobierno nacionalista húngaro, también parece haber ayudado a favor de la preocupación por las refugiadas. No obstante, por los factores superficiales mencionados y por nuestro propio funcionamiento como masa, existe un claro riesgo de que esta movilización se convierta en una moda y decaiga rápidamente (quizá antes de que lleguen la mayor parte de refugiadas, incluso) y, visto el perfil de las movilizadas en Madrid, una moda casi circunscrita a quienes ya participamos en otras iniciativas. La invisibilidad de que han sido objeto hasta ahora las exiliadas colombianas (incluso comparadas con las que ahora vuelven allí desde Venezuela) o las 260.000 huidas de Ucrania –en plena Europa– en menos de dos años da ejemplos bastante elocuentes.

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